{"id":1082,"date":"2019-02-06T12:49:28","date_gmt":"2019-02-06T12:49:28","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=1082"},"modified":"2019-02-06T12:49:28","modified_gmt":"2019-02-06T12:49:28","slug":"la-conciencia-de-los-ex-comunistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1082","title":{"rendered":"La conciencia de los ex-comunistas"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por\u00a0Isaac Deutscher<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>Texto publicado en abril de 1950. El ensayo apareci\u00f3 como rese\u00f1a de The God that Failed [El Dios que cay\u00f3] en The Reporter (Nueva York), abril de 1950<\/em><\/p>\n<p>Ignazio Silone cuenta que una vez dijo jocosamente a Togliatti, el l\u00edder comunista italiano: \u201dLa lucha final ser\u00e1 entre los comunistas y los ex-comunistas\u201d. Hay en esa broma una amarga gota de verdad. En las escaramuzas de propaganda contra la U.R.S.S. y el comunismo, los ex-comunistas o los ex-compa\u00f1eros de viaje son los <i>tiradores<\/i> m\u00e1s activos. Con la displicencia que le distingue de Silone, Arthur Koestler hace una observaci\u00f3n similar: \u201dA todos los comodones insulares anticomunistas anglosajones os pasa lo mismo. Odi\u00e1is nuestros lamentos de Casandra y os resent\u00eds de tenernos por aliados; pero, en fin de cuentas, nosotros, los ex-comunistas, somos las \u00fanicas personas de vuestro bando que saben de qu\u00e9 se trata\u201d.<\/p>\n<p>El ex-comunista es el <i>enfant terrible<\/i> de la pol\u00edtica contempor\u00e1nea. Aflora en los lugares y los rincones m\u00e1s singulares. Nos aborda y nos obliga a escucharle en Berl\u00edn, para contar la historia de su \u201dbatalla de Stalin-grado\u201d, librada all\u00ed, en Berl\u00edn, contra Stalin. Se le puede encontrar junto a de Gaulle: nada menos que Andr\u00e9 Malraux, el autor de La condici\u00f3n humana. En el m\u00e1s extra\u00f1o proceso pol\u00edtico de los Estados Unidos, los ex-comunistas han apuntado con el dedo, durante meses, a Alger Hiss. Otra ex-comunista, Ruth Fischer, denuncia a su hermano, Gerhart Eisler, y echa en cara a los brit\u00e1nicos que no le entregasen a los Estados Unidos. Un ex-trotskista, James Burnham flagela a los hombres de negocios norteamericanos por su verdadera o supuesta falta de conciencia de clase capitalista, y esboza un programa de acci\u00f3n para nada menos que la derrota universal del comunismo. Y, ahora, seis escritores \u2014 Koestler, Silone, Andr\u00e9 Gide, Louis Fischer, Richard Wright y Stephen Spender \u2014 se re\u00fanen para exhibir y destruir al <i>Dios que cay\u00f3<\/i>.<\/p>\n<p>La \u201dlegi\u00f3n\u201d de los ex-comunistas no marcha en estrecha formaci\u00f3n. Est\u00e1 desperdigada y ofrece un espectro amplio y prolongado. Sus miembros se parecen mucho los unos a los otros, pero tambi\u00e9n difieren. Tienen rasgos comunes y caracter\u00edsticas individuales. Todos han abandonado un ej\u00e9rcito y un campamento: algunos como objetores de conciencia, algunos como desertores, y otros como merodeadores. Unos cuantos se aferran serenamente a sus objeciones de conciencia, mientras que otros reclaman vociferantemente comisiones en un ej\u00e9rcito al que se han opuesto de un modo encarnizado. Todos ellos llevan sobre s\u00ed pedazos y andrajos del antiguo uniforme, complementados con los m\u00e1s fant\u00e1sticos y sorprendentes trapos nuevos. Y todos llevan dentro de s\u00ed sus comunes resentimientos y sus reminiscencias individuales.<\/p>\n<p>Algunos se unieron al partido en un cierto momento y otros en un momento distinto; la fecha de su incorporaci\u00f3n es de gran inter\u00e9s para comprender sus experiencias ulteriores. Por ejemplo, aquellos que entraron en el partido en los a\u00f1os veinte llegaron a un movimiento en el que el idealismo revolucionario encontraba muchas oportunidades. La estructura del partido era todav\u00eda fluida; no hab\u00eda entrado a\u00fan en el molde totalitario. La integridad intelectual se valoraba a\u00fan en un comunista; a\u00fan no se hab\u00eda rendido al bien de la <i>raison d&#8217;\u00e9ta<\/i>t de Mosc\u00fa. Los que se unieron al partido en la d\u00e9cada de 1930 comenzaron su experiencia a un nivel mucho m\u00e1s bajo. Desde el principio fueron manipulados como reclutas en los cuarteles del partido por los sargentos mayores del partido.<\/p>\n<p>Esa diferencia es significativa para la cualidad de las reminiscencias de los ex-comunistas. Silone, que se uni\u00f3 al partido en 1921, recuerda su primer contacto con verdadero entusiasmo; sus recuerdos transmiten plenamente la excitaci\u00f3n intelectual y el entusiasmo moral que lat\u00edan en aquellos tempranos d\u00edas. Los recuerdos de Koestler y Spender, que llegaron al partido despu\u00e9s de 1930, revelan la completa esterilidad moral e intelectual de su primer contacto. Silone y sus camaradas se ocuparon intensamente de ideas fundamentales, antes y despu\u00e9s de ser absorbidos por los afanes del deber cotidiano. En la historia de Koestler, su encuadramiento y cometido en el partido dejan desde el primer momento en la sombra toda cuesti\u00f3n de ideal y convicci\u00f3n personal. El comunista de primera hora era un revolucionario antes de convertirse, o de que se supusiese que deb\u00eda convertirse, en una marioneta. El comunista de alistamiento tard\u00edo apenas tuvo la oportunidad de respirar el genuino aire de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>No obstante, los motivos originarios para su incorporaci\u00f3n al partido fueron similares, si no id\u00e9nticos, en casi todos los casos: la experiencia de la injusticia o de la degradaci\u00f3n social; el sentimiento de inseguridad fomentado por crisis sociales o econ\u00f3micas; y el anhelo de un gran ideal u objetivo, o de una gu\u00eda intelectual digna de confianza, para moverse en el dif\u00edcil laberinto de la sociedad moderna. Los ne\u00f3fitos del comunismo sent\u00edan que las miserias del viejo orden capitalista eran insoportables; y la luz brillante de la revoluci\u00f3n rusa iluminaba con una extraordinaria nitidez aquellas miserias.<\/p>\n<p>El socialismo, la sociedad sin clases, la desaparici\u00f3n del estado: todo eso parec\u00eda a la vuelta de la esquina. Pocos ne\u00f3fitos sospechaban la sangre, el sudor y las l\u00e1grimas que vendr\u00edan m\u00e1s tarde. El intelectual convertido al comunismo parec\u00eda a sus propios ojos un nuevo Prometeo, excepto que no estaba encadenado a la roca por la ira de J\u00fapiter. \u201dA partir de aquel momento [as\u00ed recuerda ahora Koestler su propio estado de \u00e1nimo en aquellos d\u00edas] nada pod\u00eda perturbar la serenidad y la paz interior del converso, a no ser el miedo ocasional a perder de nuevo la fe&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Nuestro ex-comunista denuncia ahora amargamente la traici\u00f3n de sus esperanzas. Y le parece que tal cosa casi no ha tenido precedentes. No obstante, cuando describe con elocuencia sus primeras esperanzas e ilusiones, detectamos un tono extra\u00f1amente familiar. Exactamente de la misma manera rememoraban el desilusionado Wordsworth y sus contempor\u00e1neos sus primeros entusiasmos juveniles por la revoluci\u00f3n francesa:<\/p>\n<p class=\"quoteb\">Bliss was it in that dawn to be alive,<br \/>\nBut to be young was very heaven! <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/deutscher\/1950\/conciencia_ex-comunistas.htm#ftn1\" name=\"ftnref1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>El comunista intelectual que se aparta emocionalmente de su partido puede pretender para s\u00ed una noble ascendencia. Beethoven hizo pedazos la primera p\u00e1gina de su <i>Heroica<\/i>, en la que hab\u00eda puesto la dedicatoria de su sinfon\u00eda a Napole\u00f3n, tan pronto como supo que el primer c\u00f3nsul se dispon\u00eda a subir a un trono. Wordsworth llam\u00f3 a la coronaci\u00f3n de Napole\u00f3n \u201dun triste rev\u00e9s para toda la humanidad\u201d. En toda Europa los entusiastas de la revoluci\u00f3n francesa quedaron aturdidos al descubrir que el corso liberador de los pueblos y enemigo de los tiranos era a su vez un tirano y un opresor.<\/p>\n<p>Del mismo modo, los Wordsworth de nuestros d\u00edas se disgustaron al ver a Stalin fraternizar con Hitler y Ribbentrop. Aunque en nuestros d\u00edas no se hab\u00edan creado nuevas <i>Heroicas<\/i>, las p\u00e1ginas con dedicatorias de sinfon\u00edas no escritas fueron rotas igualmente con grandes alardes.<\/p>\n<p>En <i>The God that Failed<\/i>, Louis Fischer trata de explicar, con unos ciertos aires de remordimiento y no muy convincentemente, por qu\u00e9 se adhiri\u00f3 tanto tiempo al culto de Stalin. Analiza la variedad de motivos, unos de acci\u00f3n lenta y otros de acci\u00f3n r\u00e1pida, que determinan el momento en que la persona se recobra de su apasionamiento por el stalinismo. La fuerza de la desilusi\u00f3n europea ante Napole\u00f3n fue casi igualmente irregular y caprichosa. Un gran poeta italiano, Ugo Fos-colo, que habla sido soldado de Napole\u00f3n y hab\u00eda compuesto una <i>Oda a Bonaparte, el liberador<\/i>, se revolvi\u00f3 contra su \u00eddolo despu\u00e9s del tratado de Campoformio, que debi\u00f3 pasmar a un \u201djacobino\u201d de Venecia m\u00e1s o menos como el pacto nazi-sovi\u00e9tico pasm\u00f3 a los comunistas polacos. Pero un hombre como Beethoven permaneci\u00f3 bajo el hechizo de Bonaparte durante siete a\u00f1os m\u00e1s, hasta que vio al d\u00e9spota quitarse la m\u00e1scara republicana, un hecho que abri\u00f3 los ojos de los hombres de un modo comparable al de las purgas stalinianas de los a\u00f1os treinta.<\/p>\n<p>No puede haber tragedia mayor que la de una gran revoluci\u00f3n que sucumbe al pu\u00f1o que ten\u00eda que defenderla de sus enemigos. No puede haber espect\u00e1culo tan repugnante como el de una tiran\u00eda post-revolucionaria vestida con las banderas de la libertad. El ex-comunista est\u00e1 moralmente tan justificado como lo estaba el jacobino al denunciar el espect\u00e1culo y revolverse contra \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero \u00bfes verdad, como Koestler pretende, que \u201dlos ex-comunistas son las \u00fanicas personas &#8230; que saben de qu\u00e9 se trata\u201d? Puede aventurarse la afirmaci\u00f3n de que la verdad es exactamente lo contrario: de todas las personas, las que menos saben de qu\u00e9 se trata son los ex-comunistas.<\/p>\n<p>En cualquier caso, las pretensiones pedag\u00f3gicas de los escritores ex-comunistas parecen groseramente exageradas. La mayor\u00eda de ellos (Silone es una notable excepci\u00f3n) no han estado nunca dentro del verdadero movimiento comunista, en el meollo de su organizaci\u00f3n clandestina o abierta. Por regla general, se han movido en la orla literaria o period\u00edstica del partido. Sus nociones de la doctrina y la ideolog\u00eda comunista han solido brotar de su propia intuici\u00f3n literaria, que es a veces aguda, pero frecuentemente desorientadora.<\/p>\n<p>A\u00fan peor es la caracter\u00edstica incapacidad del ex-comunista para la imparcialidad. Su reacci\u00f3n emocional contra su anterior <i>milieu<\/i> no le suelta de su garra mortal y le impide la comprensi\u00f3n del drama en que se vio implicado o medio implicado. El cuadro del comunismo y del stalinismo que pinta el ex-comunista es el cuadro de una gigantesca c\u00e1mara de horrores intelectuales y morales. Al contemplarlo, el no iniciado se siente transportado de la pol\u00edtica a la demonolog\u00eda. A veces el efecto art\u00edstico puede ser vigoroso: horrores y demonios entran en muchas obras maestras; pero es pol\u00edticamente indigno de confianza, e incluso peligroso. Desde luego, la historia del stalinismo abunda en horrores. Pero \u00e9se no es m\u00e1s que uno de sus elementos; e incluso \u00e9se, el demon\u00edaco, tiene que traducirse en t\u00e9rminos de motivos e intereses humanos. Y el ex-comunista ni siquiera intenta esa traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>En un raro rel\u00e1mpago de aut\u00e9ntica autocr\u00edtica, Koestler hace esta admisi\u00f3n:<\/p>\n<p class=\"quoteb\">\u201dPor regla general, nuestros recuerdos representan rom\u00e1nticamente el pasado. Pero cuando uno ha renunciado a un credo o ha sido traicionado por un amigo, lo que funciona es el mecanismo opuesto. A la luz del conocimiento posterior, la experiencia original pierde su inocencia, se macula y se vuelve agria en el recuerdo. En estas p\u00e1ginas he tratado de recobrar el estado de \u00e1nimo en que viv\u00ed originariamente las experiencias [en el partido comunista] relatadas, y s\u00e9 que no lo he conseguido. No he podido evitar la intrusi\u00f3n de iron\u00eda, c\u00f3lera y verg\u00fcenza; las pasiones de entonces parecen transformadas en perversiones; su certidumbre interior, en el universo cerrado en s\u00ed mismo del drogado; la sombra del alambre de espinos atraviesa el campo de la memoria. Aquellos que fueron cautivados por la gran ilusi\u00f3n de nuestro tiempo y han vivido su org\u00eda moral e intelectual, o se entregan a una nueva droga de tipo opuesto, o est\u00e1n condenados a pagar su entrega a la primera con dolores de cabeza que les durar\u00e1n hasta el final de sus vidas.\u201d<\/p>\n<p>Ese no es necesariamente el caso de todos los ex-comunistas. Es posible que algunos sientan que su experiencia ha estado libre de los m\u00f3rbidos arm\u00f3nicos descritos por Koestler. Sin embargo, \u00e9ste ha dado en ese pasaje una caracterizaci\u00f3n veraz y honrada del tipo de ex-comunista al que \u00e9l mismo pertenece. Pero es dif\u00edcil concordar ese autorretrato con su otra pretensi\u00f3n de que la cofrad\u00eda en cuyo nombre habla sean \u201dlas \u00fanicas personas &#8230; que saben de qu\u00e9 se trata\u201d. Con el mismo derecho, quien haya sufrido un shock traum\u00e1tico puede pretender que es \u00e9l el \u00fanico que realmente entiende de heridas y de cirug\u00eda. Lo \u00fanico que el intelectual ex-comunista sabe, o, mejor dicho, siente, es la naturaleza de su propia enfermedad; pero ignora el car\u00e1cter de la violencia externa que la ha producido y su posible terap\u00e9utica.<\/p>\n<p>Ese emocionalismo irracional domina la evoluci\u00f3n de muchos ex-comunistas. \u201dLa l\u00f3gica de la oposici\u00f3n a toda costa \u2014 dice Silone \u2014 ha llevado a muchos ex-comunistas muy lejos de sus puntos de partida; en algunos casos, hasta el fascismo.\u201d \u00bfCu\u00e1les fueron aquellos puntos de partida? Casi todos los ex-comunistas rompieron con el partido en nombre del comunismo. Casi todos ellos se propusieron defender el ideal del socialismo de los abusos de una burocracia sometida a Mosc\u00fa. Casi todos empezaron por vaciar el agua sucia de la revoluci\u00f3n rusa para proteger al ni\u00f1o que se estaba ba\u00f1ando en ella.<\/p>\n<p>M\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, aquellas intenciones se olvidan o se abandonan. Despu\u00e9s de romper con una burocracia de partido en nombre del comunismo, el hereje rompe con el comunismo. Pretende haber descubierto que la ra\u00edz del mal alcanza una profundidad mucho mayor de lo que \u00e9l imagin\u00f3 al principio, aun cuando es posible que su ahondamiento en busca de aquella ra\u00edz haya sido muy perezosa y superficial. El ex-comunista no defiende ya el socialismo de los abusos poco escrupulosos; lo que ahora hace es defender a la humanidad de la falacia del socialismo. Ya no trata de vaciar el agua sucia de la revoluci\u00f3n rusa para proteger al ni\u00f1o del ba\u00f1o: descubre que el ni\u00f1o es un monstruo al que hay que estrangular. El hereje se convierte as\u00ed en renegado.<\/p>\n<p>En qu\u00e9 medida se aparte de su punto de partida, y, como dice Silone, se convierta en fascista o no, depende de las inclinaciones y gustos del ex-comunista: una est\u00fapida caza de herejes stalinistas lleva a menudo a extremos al ex-comunista. Pero, cualesquiera que sean los matices de las distintas actitudes individuales, generalmente el intelectual ex-comunista deja de oponerse al capitalismo. A menudo une sus fuerzas a los defensores de \u00e9ste, y aporta a esa tarea la falta de escr\u00fapulos, la estrechez mental, el desprecio a la verdad y el odio intenso que le fue imbuido por el stalinismo. Contin\u00faa siendo un sectario. Es un stalinista vuelto del rev\u00e9s. Sigue viendo el mundo en blanco y negro, s\u00f3lo que ahora los colores se distribuyen de modo distinto. Como comunista, no ve diferencia entre los fascistas y los socialdem\u00f3cratas. Como anticomunista, no ve diferencia entre el nazismo y el comunismo. En otro tiempo acept\u00f3 la infalibilidad del partido; ahora se cree infalible a s\u00ed mismo. Despu\u00e9s de haber sido arrebatado por la \u201dmayor ilusi\u00f3n\u201d, est\u00e1 ahora obsesionado por la mayor desilusi\u00f3n de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Su anterior ilusi\u00f3n supon\u00eda al menos un ideal positivo. Su desilusi\u00f3n actual es enteramente negativa. En consecuencia, su papel es intelectual y pol\u00edticamente infecundo. Tambi\u00e9n en eso se parece al amargado ex-jacobino de la \u00e9poca napole\u00f3nica. Wordsworth y Coleridge estaban fatalmente obsesionados por el \u201dpeligro jacobino\u201d; su miedo amortigu\u00f3 incluso su genio po\u00e9tico. Fue Coleridge quien denunci\u00f3 en la C\u00e1mara de los Comunes un proyecto de ley de prevenci\u00f3n de la crueldad contra los animales como \u201del mejor ejemplo de jacobinismo legislativo\u201d. El ex-jacobino pas\u00f3 a ser el apuntador de la reacci\u00f3n antijacobina en Inglaterra. Directa o indirectamente, su influencia se encuentra detr\u00e1s de las leyes contra los escritos sediciosos y la correspondencia traidora, de pr\u00e1cticas traidoras y de reuniones sediciosas (1792-94), detr\u00e1s de la derrota de las reformas parlamentarias, detr\u00e1s de la suspensi\u00f3n del acta de habeas corpus, y del aplazamiento, durante toda una generaci\u00f3n, de la emancipaci\u00f3n de las minor\u00edas religiosas de Inglaterra. Y, en vista de que el conflicto con la Francia revolucionaria \u201dno era ocasi\u00f3n de hacer experimentos azarosos\u201d, tambi\u00e9n al mercado de esclavos se le concedi\u00f3 derecho a la vida &#8230; en nombre de la libertad.<\/p>\n<p>Exactamente de la misma manera, nuestros ex-comunistas, por la mejor de las razones, hacen las cosas m\u00e1s execrables. El ex-comunista avanza brevemente en primera l\u00ednea en toda caza de brujas. Su ciego odio hacia su anterior ideal es una levadura para el conservadurismo contempor\u00e1neo. No es raro que los ex-comunistas denuncien la m\u00e1s suave tendencia del \u201destado benefactor\u201d como \u201dbolchevismo legislativo\u201d. El ex-comunista hace una contribuci\u00f3n de peso al clima moral en que se incuba la contrapartida moderna de la reacci\u00f3n anti-jacobina inglesa.<\/p>\n<p>La grotesca actuaci\u00f3n del ex-comunista es un reflejo de la situaci\u00f3n sin salida en que \u00e9l mismo se encuentra. La situaci\u00f3n sin salida no es exclusivamente suya; \u00e9l se encuentra en el mismo callej\u00f3n en que toda una generaci\u00f3n lleva una vida incoherente y perpleja.<\/p>\n<p>El paralelo hist\u00f3rico aqu\u00ed trazado se extiende al paisaje general de las dos \u00e9pocas. El mundo est\u00e1 escindido entre el stalinismo y la alianza anti-stalinista de modo muy parecido a como estuvo escindido entre la Francia napole\u00f3nica y la Santa Alianza. Es una escisi\u00f3n entre una revoluci\u00f3n \u201ddegenerada\u201d, explotada por un d\u00e9spota, y una agrupaci\u00f3n de intereses conservadores predominantes, aunque no exclusivos. En t\u00e9rminos de pol\u00edtica pr\u00e1ctica, la elecci\u00f3n parece estar ahora, como lo estuvo entonces, limitada a esas alternativas. Sin embargo, los aspectos buenos y malos de esa controversia est\u00e1n tan desesperadamente confundidos que, cualquiera que sea la elecci\u00f3n que se haga, y cualesquiera que sean los motivos pr\u00e1cticos de la misma, es casi seguro que a la larga, y en el sentido m\u00e1s ampliamente hist\u00f3rico, est\u00e9 equivocada.<\/p>\n<p>Un hombre honrado y de mente cr\u00edtica podr\u00eda reconciliarse tan poco con Napole\u00f3n como con Stalin. Pero, a pesar de la violencia y enga\u00f1os de Napole\u00f3n, el mensaje de la revoluci\u00f3n francesa sobrevivi\u00f3 para resonar poderosamente durante todo el siglo XIX. La Santa Alianza liber\u00f3 a Europa de la opresi\u00f3n napole\u00f3nica y, por alg\u00fan momento, su victoria fue aclamada por la mayor\u00eda de los europeos. No obstante, lo que Castlereagh, Metternich y Alejandro I ten\u00edan que ofrecer a la Europa \u201dliberada\u201d era meramente la conservaci\u00f3n de un viejo orden en descomposici\u00f3n. As\u00ed, los abusos y la agresividad de un imperio engendrado por la revoluci\u00f3n permitieron seguir viviendo al feudalismo europeo. \u00c9se fue el m\u00e1s inesperado triunfo de los ex-jacobinos. Pero el precio que pagaron fue que ellos mismos, y su causa antijacobina, aparecieron como anacronismos viciosos y rid\u00edculos. En el a\u00f1o de la derrota de Napole\u00f3n, Shelley escribi\u00f3 a Wordsworth:<\/p>\n<p class=\"quoteb\">In honoured poverty thy voice did weave<br \/>\nSongs consecrate to truth and liberty \u2014<br \/>\nDeserting these, thou leavest me to grieve,<br \/>\nThus having been, that thou shouldst cease to be.<a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/deutscher\/1950\/conciencia_ex-comunistas.htm#ftn2\" name=\"ftnref2\">[2]<\/a><\/p>\n<p>Si nuestros ex-comunistas tuviesen alg\u00fan sentido hist\u00f3rico, har\u00edan bien en ponderar esa lecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Algunos de los animadores ex-jacobinos de la reacci\u00f3n antijacobina ten\u00edan tan pocos escr\u00fapulos ante su cambio de chaqueta como los Burnhams y los Ruth Fischers de hoy. Otros sent\u00edan remordimientos, y se excusaban mediante el recurso al sentimiento patri\u00f3tico, o a una filosof\u00eda del mal menor, o a ambas cosas, para explicar por qu\u00e9 hab\u00edan tomado el partido de las viejas dinast\u00edas contra un emperador advenedizo. Aunque no negasen los vicios de las cortes y de los gobiernos que en otro tiempo hab\u00edan denunciado, alegaban que aquellos gobiernos eran m\u00e1s liberales que Napole\u00f3n. Eso era sin duda verdad en el caso del gobierno de Pitt, aunque a la larga la influencia social y pol\u00edtica de la Francia napole\u00f3nica en la civilizaci\u00f3n europea fuese m\u00e1s permanente y fecunda que la de la Inglaterra de Pitt; y no hay ni que hablar de la Austria de Metternich o la Rusia del zar Alejandro. \u201d\u00a1Qu\u00e9 pena que todas las mejores esperanzas de la tierra est\u00e9n puestas en ti!\u201d: \u00e9se fue el suspiro de resignaci\u00f3n con que Wordsworth se reconcili\u00f3 con la Inglaterra de Pitt. \u201dMucho m\u00e1s abyecto es tu enemigo\u201d, era su f\u00f3rmula de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201dMuch\u00edsimo m\u00e1s abyecto es tu enemigo\u201d, podr\u00eda haber sido el lema de <i>The God that Failed<\/i> y de la filosof\u00eda del mal menor expuesta en sus p\u00e1ginas. El ardor con que los escritores de ese libro defienden al Occidente contra Rusia y el comunismo es a veces enfriado por la incertidumbre o por una inhibici\u00f3n ideol\u00f3gica residual. La incertidumbre aparece entre l\u00edneas de sus confesiones, o en curiosos apartes.<\/p>\n<p>Silone, por ejemplo, describe a\u00fan la Italia pre-mussoliniana contra la que, en su condici\u00f3n de comunista, se hab\u00eda rebelado, como \u201dpseudodemocr\u00e1tica\u201d. Apenas cree que la Italia post-mussoliniana sea mejor, pero ve a su enemigo staliniano como \u201dm\u00e1s, mucho m\u00e1s abyecto\u201d. En mayor medida que los dem\u00e1s coautores del libro que comentamos, Silone tiene conciencia del precio que los europeos de su generaci\u00f3n han pagado ya por la aceptaci\u00f3n de filosof\u00edas de mal menor. Louis Fischer aboga por la \u201ddoble repulsa\u201d del comunismo y del capitalismo, pero su repulsa de este \u00faltimo suena a d\u00e9bil f\u00f3rmula para salvar la cara; y su culto reci\u00e9n descubierto del gandhismo no hace otra impresi\u00f3n que la de un escapismo embarazoso. Pero es Koestler quien, ocasionalmente, en medio de toda su afectaci\u00f3n de frenes\u00ed anticomunista, revela algunas curiosas reservas mentales: \u201d&#8230;si revisamos la historia \u2014 dice \u2014 y comparamos los fines elevados en cuyo nombre empiezan las revoluciones, con el triste final al que conducen, vemos una y otra vez c\u00f3mo<i> una civilizaci\u00f3n corrompida corrompe a sus propios productos revolucionarios<\/i>\u201d (el subrayado es m\u00edo). \u00bfHa meditado Koestler las implicaciones de sus propias palabras, o no hace otra cosa que acu\u00f1ar un <i>bon mot<\/i>? Si el \u201dproducto revolucionario\u201d, el comunismo, ha sido realmente \u201dcorrompido\u201d por la civilizaci\u00f3n contra la que se ha rebelado, entonces, por repulsivo que el producto pueda ser, la fuente del mal no est\u00e1 en el mismo, sino en aquella civilizaci\u00f3n. Y eso ser\u00e1 as\u00ed con independencia del celo con que el propio<\/p>\n<p>Koestler pueda hacer de abogado de los \u201ddefensores\u201d de la civilizaci\u00f3n a lo Chambers.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s sorprendente es otro pensamiento \u2014 \u00bfo quiz\u00e1s es tambi\u00e9n solamente un bon mot? \u2014 con el que Koestler pone inesperadamente fin a su confesi\u00f3n:<\/p>\n<p class=\"quoteb\">\u201dServ\u00ed al partido comunista durante siete a\u00f1os, el mismo tiempo que Jacob pastore\u00f3 las ovejas de Lab\u00e1n para conseguir a Raquel. Cuando el tiempo estuvo cumplido, la novia fue conducida a la oscura tienda de Jacob; hasta la ma\u00f1ana siguiente no descubri\u00f3 \u00e9ste que sus ardores se hab\u00edan dirigido no a la amable Raquel, sino a la desagradable L\u00eda.<\/p>\n<p class=\"quoteb\">Me pregunto si Jacob se recuper\u00f3 alguna vez de la conmoci\u00f3n emocional de haber dormido con una ilusi\u00f3n. Me pregunto si despu\u00e9s crey\u00f3 haber cre\u00eddo alguna vez en aqu\u00e9lla. Me pregunto si el final feliz de la leyenda se repetir\u00e1; porque, al precio de otros siete a\u00f1os de esfuerzos, Jacob obtuvo tambi\u00e9n a Raquel, y la ilusi\u00f3n se hizo carne.<\/p>\n<p class=\"quoteb\">Y los siete a\u00f1os no le parecieron m\u00e1s que unos pocos d\u00edas, por el amor que le ten\u00eda.\u201d<\/p>\n<p>Uno puede pensar que Jacob-Koestler se entrega a la ingrata reflexi\u00f3n de si no habr\u00e1 dejado demasiado precipitadamente de pastorear las ovejas de Lab\u00e1n-Stalin, en vez de esperar con paciencia a que su \u201dilusi\u00f3n se hiciese carne\u201d.<\/p>\n<p>Mis palabras no pretenden censurar, ni menos castigar, a nadie. Mi prop\u00f3sito, conviene repetirlo, es poner de relieve una confusi\u00f3n de ideas que el intelectual ex-comunista no es el \u00fanico en padecer.<\/p>\n<p>En uno de sus art\u00edculos recientes, Koestler desahoga su irritaci\u00f3n contra aquellos buenos viejos liberales que se escandalizaron por el exceso de celo anticomunista en un antiguo comunista y le vieron con el disgusto con que la gente ordinaria ve al \u201dsacerdote que cuelga la sotana y se lleva a una muchacha al baile\u201d.<\/p>\n<p>Bueno, los buenos viejos liberales pueden tener raz\u00f3n, despu\u00e9s de todo: es posible que ese tipo peculiar de anticomunista les parezca como un cura que cuelga la sotana y se \u201dlleva al baile\u201d no precisamente una muchacha, sino una ramera. La completa confusi\u00f3n intelectual y emocional del ex-comunista le hace inadecuado para toda actividad pol\u00edtica. Est\u00e1 acosado por una vaga sensaci\u00f3n de haber traicionado o sus ideales anteriores o los ideales de la sociedad burguesa; como Koestler, puede incluso tener una noci\u00f3n ambivalente de haber traicionado unos y otros. Entonces intenta suprimir su sentimiento de culpabilidad e incertidumbre, o esconderlo con una manifestaci\u00f3n de extraordinaria certidumbre y fren\u00e9tica agresividad. Insiste en que el mundo deber\u00eda ver la inc\u00f3moda conciencia que \u00e9l padece como la m\u00e1s clara de las conciencias. Es posible que el ex-comunista deje de interesarse por toda causa que no sea \u00e9sta: la de su propia autojustificaci\u00f3n. Y, para cualquier actividad pol\u00edtica, \u00e9se es el m\u00e1s peligroso de los motivos.<\/p>\n<p>Parece que la \u00fanica actitud digna que el intelectual ex-comunista puede adoptar es la de elevarse <i>au-dessus de la m\u00eal\u00e9e<\/i>. No puede unirse al campo stalinista, ni a la Santa Alianza anti-stalinista, sin hacer violencia a lo mejor de s\u00ed mismo. Dej\u00e9mosle, pues, que se mantenga aparte de ambos campos. Dej\u00e9mosle que trate de recuperar el sentido cr\u00edtico y la imparcialidad intelectual. Dej\u00e9mosle superar la peque\u00f1a ambici\u00f3n de meter un dedo en el pastel pol\u00edtico. Dej\u00e9mosle en paz al menos con su propio yo, si el precio que ha de pagar por una falsa paz con el mundo es la renuncia de s\u00ed mismo y la denuncia de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Eso no quiere decir que el ex-comunista que sea escritor, o intelectual en general, deba retirarse a la torre de marfil. (De su pasado le queda un desprecio por la torre de marfil.) Pero s\u00ed puede retirarse a una <i>torre de observaci\u00f3n<\/i>, a una atalaya. Observar alerta y con im parcialidad este inquieto caos de mundo, estar al acecho de lo que pueda brotar del mismo e interpretarlo sine <i>ira et studio<\/i>; \u00e9se es ahora el \u00fanico servicio honorable que el intelectual ex-comunista puede ofrecer a una generaci\u00f3n en la que la observaci\u00f3n escrupulosa y la interpretaci\u00f3n honrada se han hecho tan tristemente raras. (\u00bfNo es chocante lo poco que se encuentra de observaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n, y lo mucho de \u00edilosofismos y sermoneos, en los libros de la pl\u00e9yade de los escritores ex-comunistas de talento?)<\/p>\n<p>Pero, \u00bfpuede ahora verdaderamente el intelectual ser un observador imparcial de este mundo? Aunque el tomar partido le haga identificarse con causas que no son la suya, \u00bfno tiene igualmente que tomar partido? Bien, podemos recordar a algunos grandes \u201dintelectuales\u201d del pasado que, en una situaci\u00f3n similar, se negaron a identificarse con ninguna causa establecida. Su actitud parec\u00eda incomprensible a muchos de sus contempor\u00e1neos: pero la historia ha probado que su juicio hab\u00eda sido mejor que las fobias y odios de su tiempo. Podemos mencionar aqu\u00ed tres nombres: Jefferson, Goethe y Shelley. Los tres, cada uno de ellos de una manera diferente, tuvieron que enfrentarse a la opci\u00f3n entre la idea napole\u00f3nica y la Santa Alianza. Los tres, cada uno de ellos de manera diferente, se negaron a elegir.<\/p>\n<p>Jefferson fue el m\u00e1s leal de los amigos de la revoluci\u00f3n francesa en el per\u00edodo heroico de sus comienzos. Estaba dispuesto a perdonar incluso el terror, pero se apart\u00f3 con disgusto del \u201ddespotismo militar\u201d de Napole\u00f3n. Sin embargo, no tuvo trato alguno con los enemigos de Bonaparte, los \u201dhip\u00f3critas liberadores\u201d de Europa, como \u00e9l les llamaba. Su imparcialidad no era meramente lo que conven\u00eda al inter\u00e9s diplom\u00e1tico de una rep\u00fablica joven y neutral; brotaba naturalmente de las convicciones republicanas y de la pasi\u00f3n democr\u00e1tica del propio Jefferson.<\/p>\n<p>A diferencia de Jefferson, Goethe vivi\u00f3 en el mismo centro de la tormenta. Las tropas de Napole\u00f3n y los soldados de Alejandro, por turno, establecieron sus cuarteles en Weimar. Como ministro de su pr\u00edncipe, Goethe se inclin\u00f3 de modo oportunista ante uno y otro invasor; pero como pensador y como hombre se mantuvo no comprometido y apartado. Era consciente de la grandeza de la revoluci\u00f3n francesa y estaba impresionado por sus horrores. Salud\u00f3 el sonido de los ca\u00f1ones franceses en Valmy, como la obertura de una \u00e9poca nueva y mejor, y supo ver a trav\u00e9s de las locuras de Napole\u00f3n. Aclam\u00f3 el momento en que Alemania se liber\u00f3 de Napole\u00f3n, y tuvo una aguda conciencia de la miseria de aquella \u201dliberaci\u00f3n\u201d. Su alejamiento, en ese y en otros asuntos, le valieron el sobrenombre de \u201del ol\u00edmpico\u201d; y no siempre se pretend\u00eda que esa etiqueta fuese enaltecedora. Pero su aspecto ol\u00edmpico no se deb\u00eda a su indiferencia por el destino de sus contempor\u00e1neos. Velaba su drama personal: su incapacidad y falta de ganas de identificarse con causas que eran un inextricable revoltijo de elementos buenos y malos.<\/p>\n<p>Finalmente, Shelley contempl\u00f3 el choque de los dos mundos con toda la ardiente pasi\u00f3n, ira y esperanza de que era capaz su gran alma joven: indudablemente \u00e9l no era un \u201dol\u00edmpico\u201d. Aun as\u00ed, ni por un momento acept\u00f3 las pretensiones santurronas de ninguno de los beligerantes. A diferencia de los ex-jacobinos, m\u00e1s viejos que \u00e9l, fue fiel a la idea republicana jacobina. En su condici\u00f3n de republicano, y no como patriota de la Inglaterra de Jorge III, dio la bienvenida a la ca\u00edda de Napole\u00f3n, aquel \u201desclavo sin verdaderas ambiciones\u201d que \u201dbail\u00f3 e hizo cabriolas sobre el sepulcro de la libertad\u201d. Pero, como republicano, sab\u00eda tambi\u00e9n que \u201dla virtud tiene un enemigo m\u00e1s eterno\u201d que las violencias y los fraudes bonapartistas: \u201dla vieja costumbre, el crimen legal y la fe sanguinaria\u201d, encarnados en la Santa Alianza.<\/p>\n<p>Los tres \u2014 Jefferson, Goethe y Shelley \u2014 fueron en cierto sentido ajenos al gran conflicto de su \u00e9poca, y por eso la interpretaron con mayor verdad y penetraci\u00f3n que los asustados y odiadores partidistas de uno y otro lado.<\/p>\n<p>Es una l\u00e1stima y una verg\u00fcenza que la mayor parte de los intelectuales ex-comunistas se inclinen a seguir la tradici\u00f3n de Wordsworth y Coleridge mejor que la de Goethe y Shelley.<\/p>\n<hr \/>\n<h4><a name=\"notas\"><\/a>Notas:<\/h4>\n<p class=\"endnote\"><a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/deutscher\/1950\/conciencia_ex-comunistas.htm#ftnref1\" name=\"ftn1\">[1]<\/a> En aquella aurora era una felicidad estar vivo;<br \/>\n\u00a1pero ser joven era el cielo mismo!<\/p>\n<p class=\"endnote\"><a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/deutscher\/1950\/conciencia_ex-comunistas.htm#ftnref2\" name=\"ftn2\">[2]<\/a> En una honrada pobreza tu voz teji\u00f3 \/ cantos consagrados a la verdad y la libertad. \/ Al abandonarlos, me haces que lamente \/ que, habiendo sido as\u00ed, hayas dejado de serlo.<\/p>\n<hr class=\"end\" \/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por\u00a0Isaac Deutscher Texto publicado en abril de 1950. 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