{"id":1256,"date":"2019-03-22T11:32:56","date_gmt":"2019-03-22T11:32:56","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256"},"modified":"2019-03-22T11:33:29","modified_gmt":"2019-03-22T11:33:29","slug":"planeta-houellebecq","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256","title":{"rendered":"Planeta Houellebecq"},"content":{"rendered":"<div class=\"article-abstract\">Los thrillers metaf\u00edsicos del escritor franc\u00e9s forman una cartograf\u00eda del malestar. Su literatura, antimoderna y actual, denuncia que no sabemos qu\u00e9 hacer con la libertad.<\/div>\n<div class=\"top-share\">\n<div class=\"addthis_sharing_toolbox\" data-url=\"https:\/\/www.letraslibres.com\/espana-mexico\/revista\/planeta-houellebecq\" data-title=\"Planeta Houellebecq\" data-description=\"Los thrillers metaf\u00edsicos del escritor franc\u00e9s forman una cartograf\u00eda del malestar. Su literatura, antimoderna y actual, denuncia que no sabemos qu\u00e9 hacer con la libertad.\">\n<div role=\"region\" aria-labelledby=\"at-64019014-d5ba-4218-91a7-c5de133bcb07\"><\/div>\n<div id=\"atstbx2\" class=\"at-share-tbx-element addthis-smartlayers addthis-animated at4-show\" role=\"region\" aria-labelledby=\"at-64019014-d5ba-4218-91a7-c5de133bcb07\"><em><strong>Por Manuel Arias Maldonado<\/strong><\/em><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div role=\"region\" aria-labelledby=\"at-64019014-d5ba-4218-91a7-c5de133bcb07\"><\/div>\n<div role=\"region\" aria-labelledby=\"at-64019014-d5ba-4218-91a7-c5de133bcb07\">Cuando <em>Serotonina<\/em> lleg\u00f3 a las librer\u00edas a primeros de enero, la revuelta de los \u201cchalecos amarillos\u201d hab\u00eda vivido ya su diciembre glorioso: una sucesi\u00f3n de manifestaciones que empujaron al jupiterino Emmanuel Macron a rectificar su agenda reformista ante el imprevisto levantamiento de la Francia rural. Michel Houellebecq, sin embargo, no debi\u00f3 de sorprenderse demasiado: los lectores de su novela comprobaron de inmediato que el alzamiento de las provincias francesas hab\u00eda sido descrito ya en ella. Ha venido as\u00ed a confirmarse la reputaci\u00f3n prof\u00e9tica que acompa\u00f1a al escritor: <em>Plataforma<\/em> describ\u00eda un atentado islamista contra turistas occidentales en Tailandia similar al perpetrado en Bali un a\u00f1o despu\u00e9s, y <em>Sumisi\u00f3n<\/em>, que relata c\u00f3mo una coalici\u00f3n antilepenista lleva al El\u00edseo a un presidente musulm\u00e1n, se public\u00f3 el d\u00eda del atentado contra el semanario sat\u00edrico <em>Charlie Hebdo<\/em>. Nada de eso significa que Houellebecq posea dotes adivinatorias; sin embargo, resulta evidente que estamos ante un agudo observador de su realidad social, cuyas corrientes de fondo es capaz de identificar. De manera que sus novelas, que no pertenecen al g\u00e9nero del realismo social ni han sido escritas sobre la base de ning\u00fan \u201ccompromiso\u201d, constituyen un inmejorable retrato de \u00e9poca: como si un soci\u00f3logo de la modernidad tard\u00eda se sentara a escribir obras de ficci\u00f3n.<\/div>\n<div role=\"region\" aria-labelledby=\"at-64019014-d5ba-4218-91a7-c5de133bcb07\">\n<div class=\"article-text-wrapp\">\n<p>Ser\u00eda un error, naturalmente, identificar la visi\u00f3n que Houellebecq tiene de su \u00e9poca con la \u00e9poca misma. Sus narradores no son la conciencia hegeliana de su tiempo, sino conciencias desgraciadas que exhiben \u2013en el curso de <em>thrillers\u00a0<\/em>metaf\u00edsicos que no parecen serlo\u2013 una notable capacidad reflexiva. Y si bien la descripci\u00f3n que Houellebecq hace de sus semejantes no encaja con el resultado de las encuestas sobre satisfacci\u00f3n vital realizadas en los pa\u00edses occidentales, la suya es una visi\u00f3n plausible \u2013aunque inevitablemente parcial\u2013 del mundo. Hablamos de la cosmovisi\u00f3n que nos transmiten sus narradores, en primera o m\u00e1s raramente en tercera persona; si bien el narrador no es el autor, hay una indudable continuidad tem\u00e1tica y estil\u00edstica entre los distintos registros de Houellebecq: novel\u00edstico, po\u00e9tico, ensay\u00edstico. De hecho, tal como ha recordado Juan Francisco Ferr\u00e9 en su rese\u00f1a de <em>Serotonina<\/em>, el Houellebecq poeta suele anticipar las inflexiones del Houellebecq novelista. Ya en su primera novela, <em>Ampliaci\u00f3n del campo de batalla<\/em>, expone la \u00edndole de su programa art\u00edstico <em>a partir<\/em>de la observaci\u00f3n sociol\u00f3gica:<\/p>\n<blockquote><p>Esta progresiva desaparici\u00f3n de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. [&#8230;] La forma novelesca no est\u00e1 concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habr\u00eda que inventar una articulaci\u00f3n m\u00e1s anodina, m\u00e1s concisa, m\u00e1s taciturna.<\/p><\/blockquote>\n<p>Desaparici\u00f3n de las relaciones humanas: Houellebecq se nos muestra desde el principio como un cr\u00edtico de la modernidad. Es una cr\u00edtica \u201csituada\u201d, esto es, realizada desde la posici\u00f3n particular del var\u00f3n blanco de clase media; el autor no se enga\u00f1a al respecto ni aspira a que su voz valga por todas las voces posibles. En ese sentido, el protagonista de su \u00faltima ficci\u00f3n nos suministra un autorretrato que vale para el tipo de subjetividad que Houellebecq pone en escena \u2013a distintas edades\u2013 una y otra vez:<\/p>\n<blockquote><p>Ahora yo era un hombre occidental de edad mediana, al abrigo de la necesidad durante algunos a\u00f1os, sin parientes ni amigos, desprovisto tanto de planes personales como de verdaderos intereses, profundamente decepcionado por su vida profesional anterior, y que hab\u00eda vivido en el \u00e1mbito sentimental experiencias diversas cuyo denominador com\u00fan era su interrupci\u00f3n, desprovisto en el fondo tanto de razones para vivir como para morir.<\/p><\/blockquote>\n<p>No obstante, Houellebecq retrata a personajes de muy distinto tipo, unidos todos ellos por su pertenencia com\u00fan a \u2013seg\u00fan leemos en<em> Las part\u00edculas elementales<\/em>\u2013 \u201cuna humanidad cansada, agotada, llena de dudas sobre s\u00ed misma y sobre su propia historia\u201d. Resulta de aqu\u00ed, al decir de Carole Sweeney, una \u201cliteratura de la desesperaci\u00f3n\u201d. Pero si lo es, se encuentra atemperada por el empleo de recursos que encontramos tambi\u00e9n en pesimistas como Cioran o Bernhard: distancia, exageraci\u00f3n, comicidad. Houellebecq mismo es incapaz de tomarse del todo en serio y hace gala de una procaz reflexividad: si en <em>El mapa y el territorio<\/em> se describe como \u201cuna vieja tortuga enferma\u201d, en <em>La posibilidad de una isla<\/em> parece retratarse a trav\u00e9s del protagonista, exitoso c\u00f3mico que se ve a s\u00ed mismo como \u201cun Zaratustra de las clases medias\u201d. Su encarnaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica en <em>El secuestro de Michel Houellebecq<\/em>, por lo dem\u00e1s, no puede ser m\u00e1s par\u00f3dica: nuestro autor se comporta con mansedumbre ante unos delincuentes inofensivos de los que se hace amigo compartiendo una botella de alcohol tras otra.<\/p>\n<p>Que Houellebecq sea un cr\u00edtico de la modernidad no le convierte en un reaccionario; se trata m\u00e1s bien de un pensador religioso. O, si se prefiere, de alguien que piensa sobre la ausencia de la religi\u00f3n. Su m\u00e9todo es inductivo: son los efectos observados de la modernidad en las vidas de los individuos, descritas en sus novelas, los que motivan la pregunta acerca de sus causas. Son efectos devastadores, tal como atestigua la recurrente figura del <em>loser<\/em> en su obra. Florent-Claude, narrador de <em>Serotonina<\/em>, expone con claridad el panorama:<\/p>\n<blockquote><p>Ya nadie ser\u00e1 feliz en Occidente, pensaba adem\u00e1s, hoy debemos considerar la felicidad como un ensue\u00f1o antiguo, pura y simplemente no se dan las condiciones hist\u00f3ricas. [&#8230;] y era quiz\u00e1, para el Occidente anteriormente calificado de judeocristiano, el milenio de m\u00e1s, en el mismo sentido en que se habla del combate de m\u00e1s para un boxeador.<\/p><\/blockquote>\n<p>Nada sorprendente en un devoto lector de Schopenhauer, a quien ha dedicado un breve ensayo traducido tambi\u00e9n a nuestra lengua. Pero si Houellebecq es el cronista de \u201cla escoria del primer mundo\u201d, como ha escrito Jorge Freire, es porque a sus ojos tal escoria posee cualidad de <em>indicio<\/em>. Y aunque sus descripciones no incluyen prescripciones sobre el modo en que deber\u00edamos vivir, es discernible en ellas un aliento rom\u00e1ntico: la nostalgia por un mundo m\u00e1s sencillo donde las relaciones humanas siguen mereciendo tal nombre. En el peor de los casos, esa nostalgia es reemplazada por el vislumbre de un mundo poshumano donde la clonaci\u00f3n hace posible una inmortalidad sin recuerdos personales. Houellebecq, sencillamente, no est\u00e1 convencido de que la modernidad haya mejorado nuestra existencia. Es as\u00ed como entronca con una variopinta tradici\u00f3n contramoderna t\u00edpicamente francesa que florece con la revoluci\u00f3n: De Maistre, Bloy, Huysmans.<\/p>\n<p>Pero Houellebecq no vive la transici\u00f3n del viejo al nuevo orden, sino el triunfo de la modernidad liberal tras la ca\u00edda del comunismo. Leemos as\u00ed en <em>La posibilidad de una isla<\/em> que la moralidad de nuestra \u00e9poca ha puesto \u201cla competencia, la innovaci\u00f3n y la energ\u00eda\u201d donde antes reg\u00edan \u201cla fidelidad, la bondad y el deber\u201d. Se aprecia aqu\u00ed la marca del nost\u00e1lgico: quien de un solo golpe idealiza el pasado y denigra el presente. Para Houellebecq, la \u201cideolog\u00eda del cambio continuo\u201d reduce la existencia a su dimensi\u00f3n individual. Y al perder el sentido de lo trascendente no solo estamos neutralizando la continuidad entre generaciones, seg\u00fan reza un viejo tema conservador, sino priv\u00e1ndonos de consuelo: \u201cEn otras \u00e9pocas el ruido de fondo lo constitu\u00eda la espera del reino del Se\u00f1or; hoy lo constituye la espera de la muerte.\u201d En este sentido, Houellebecq es tambi\u00e9n un pensador del fin de las ideolog\u00edas, pues fueron las grandes ideolog\u00edas modernas las que bajaron a la tierra la promesa de la redenci\u00f3n. Su fracaso, sugiere el novelista franc\u00e9s, nos deja a los pies de los caballos: sin salvaci\u00f3n religiosa ni esperanza secular.<\/p>\n<p>Por eso, los personajes de Houellebecq buscan un refugio. Y entre ellos, destaca aquel que todos parecemos tener m\u00e1s a mano: el amor. En una sociedad inh\u00f3spita, sostiene Florent-Claude en <em>Serotonina<\/em>, \u201cel amor segu\u00eda siendo lo \u00fanico en lo que todav\u00eda se pod\u00eda, quiz\u00e1, tener fe\u201d. Houellebecq parece suscribir la doctrina plat\u00f3nica sobre la incompletud del alma, citada expl\u00edcitamente en <em>La posibilidad de una isla<\/em>, seg\u00fan la cual buscamos con el amor encontrar nuestra otra mitad. Sin embargo, el amor fracasa una y otra vez en las novelas del escritor franc\u00e9s. Al igual que sucede con la felicidad, no se dan las condiciones para su desenvolvimiento: \u201cel amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se re\u00fanen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la \u00e9poca moderna\u201d. Houellebecq sugiere que la emancipaci\u00f3n moral y sexual alcanzada en el siglo XX ha arruinado los mecanismos del enamoramiento: el vagabundeo sexual inhibe la proyecci\u00f3n sentimental en el otro y, mientras tanto, aspiramos a una libertad incompatible con el compromiso. La soci\u00f3loga Eva Illouz ha presentado conclusiones similares en sus estudios sobre el amor en la modernidad tard\u00eda.<\/p>\n<p>Es en ese marco donde deben encuadrarse las cr\u00edticas de Houellebecq al feminismo, que a su juicio habr\u00eda impulsado un concepto de la autonom\u00eda personal que refuerza el individualismo liberal; el feminismo ser\u00eda otra fuerza disolvente, otra dificultad a\u00f1adida al entendimiento intersubjetivo. De ah\u00ed viene, tambi\u00e9n, su feroz cr\u00edtica al sesentayochismo. Parad\u00f3jicamente, la sexualidad \u201cliberada\u201d auspiciada por la contracultura encaja como un guante en la estructura del libre mercado: el fin del matrimonio indisoluble conduce a una liberalizaci\u00f3n del sexo que consagra a este como un sistema de diferenciaci\u00f3n tan implacable como el dinero. Si en el viejo r\u00e9gimen monog\u00e1mico, se\u00f1ala Houellebecq, todos terminan por encontrar un hueco, el desigual reparto del capital er\u00f3tico produce ahora una marcada desigualdad sexual: hay quienes tienen mucho y quienes no tienen nada. Por a\u00f1adidura, las aspiraciones igualitarias del 68 no sirven para nada: \u201cNunca ha habido comunismo sexual\u201d, concluye el Bruno de <em>Las part\u00edculas elementales<\/em> tras charlar con un veterano activista. As\u00ed que la belleza es un dato natural, prepol\u00edtico, que diferentes regulaciones morales canalizan de distinto modo: hacia el orden de la monogamia forzosa o el desorden de la poligamia voluntaria. Esta \u00faltima encuentra en el turismo de masas, descrito sin misericordia en <em>Plataforma o Lanzarote<\/em>, un medio de lo m\u00e1s favorable: dudoso placebo para individuos desorientados.<\/p>\n<p>En <em>Serotonina<\/em>, por lo dem\u00e1s, aparece el problema de la desigualdad econ\u00f3mica. Aunque los protagonistas de Houellebecq siempre han mostrado cierta afici\u00f3n por el mundo provincial y no se han confinado en Par\u00eds, esta novela hace una cr\u00edtica frontal de la brecha entre campo y ciudad, constatando de paso la aver\u00eda definitiva del ascensor social bienestarista. Florent-Claude, que ha trabajado en la pol\u00edtica agr\u00edcola, ha encontrado durante a\u00f1os a \u201cpersonas dispuestas a morir por la libertad de comercio\u201d. As\u00ed, no es de extra\u00f1ar que Houellebecq, quien en su intercambio epistolar con Bernard-Henri L\u00e9vy define al provocador como aquel que calcula el efecto de sus palabras sobre los dem\u00e1s y niega rotundamente serlo \u00e9l mismo, haya elogiado a Donald Trump: aunque es un sujeto \u201crepulsivo\u201d, puede liberar al mundo del paternalismo norteamericano y dar comienzo a una resoberanizaci\u00f3n de las naciones occidentales. Houellebecq es aqu\u00ed bastante franc\u00e9s: le gusta Trump porque en \u00e9l reconoce a un De Gaulle.<\/p>\n<p>Una soberan\u00eda fuerte capaz de hacer el mundo m\u00e1s comprensible a un individuo protegido en el interior de su comunidad nacional: es lo m\u00e1s cerca que ha estado Houellebecq de plantear un programa pol\u00edtico. Hasta el momento, su \u201cmodestia ideol\u00f3gica\u201d ha producido personajes que oscilan entre la impotencia y la desidia. \u201c\u00bfQu\u00e9 podemos hacer, todos nosotros, en cualquier circunstancia?\u201d, se pregunta un Florent-Claude que tampoco culpa al mundo: \u00e9l mismo se ha abandonado. Antes que \u00e9l, el Bruno de <em>Las part\u00edculas elementales<\/em> ve\u00eda las cosas de manera parecida:<\/p>\n<blockquote><p>La culpa no era del todo suya, pensaba; hab\u00edan vivido en un mundo terrible, un mundo de competici\u00f3n y de lucha, de vanidad y de violencia; no hab\u00edan vivido en un mundo armonioso. Por otra parte, tampoco hab\u00edan hecho nada para modificar ese mundo ni hab\u00edan contribuido a mejorarlo en lo m\u00e1s m\u00ednimo.<\/p><\/blockquote>\n<p>Otras posibilidades de redenci\u00f3n buscan lo mismo que el amor: devolver al individuo la sensaci\u00f3n de confort psicol\u00f3gico que desapareci\u00f3 junto al sentimiento religioso. Esa funci\u00f3n cumplen las sectas: los elohimitas en <em>La posibilidad de una isla<\/em> y los azralianos en <em>Lanzarote<\/em>. Y, naturalmente, el islam. Si en <em>Lanzarote<\/em> ya nos encontramos con la esposa marroqu\u00ed de un polic\u00eda belga que regresa al islam cansada de una vida sexual libertina, <em>Sumisi\u00f3n<\/em> nos presenta a un solitario acad\u00e9mico que trata en vano de recuperar su fe cat\u00f3lica a base de visitar un santuario dedicado a la Virgen en la Francia interior. Poco despu\u00e9s, en el marco del ascenso pol\u00edtico del islamismo, Fran\u00e7ois encuentra en la religi\u00f3n musulmana un s\u00f3lido orden cuyo sentido le explica un intelectual franc\u00e9s ya convertido:<\/p>\n<blockquote><p>La idea es asombrosa y simple, jam\u00e1s expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisi\u00f3n m\u00e1s absoluta. [&#8230;] Hay una relaci\u00f3n entre la sumisi\u00f3n de la mujer al hombre, tal como la describe <em>Historia de O<\/em>, y la sumisi\u00f3n del hombre a Dios, tal como la entiende el islam.<\/p><\/blockquote>\n<p>Una sociedad humana habr\u00eda de organizarse entonces como una cadena de sumisiones en cuyo v\u00e9rtice est\u00e1 Dios, autoridad trascendente que \u2013como defend\u00eda De Maistre\u2013 evita a los seres humanos la discusi\u00f3n fatigosa e irresoluble sobre la legitimidad pol\u00edtica secular. Ante el desfondamiento del catolicismo, el islam ofrece a Fran\u00e7ois una soluci\u00f3n pragm\u00e1tica que le exonera del triste destino de Florent-Claude, a quien ni siquiera la producci\u00f3n artificial de serotonina libra del suicidio. Por eso acierta Mark Lilla al se\u00f1alar que el Fran\u00e7ois que se acerca al islam no sue\u00f1a con el har\u00e9n ex\u00f3tico colonial, sino con eso que los psic\u00f3logos llaman \u201cromance familiar\u201d. Vale decir: un hogar; un descanso. Frente al caos del pluralismo, el consuelo de la unidad: reconciliaci\u00f3n del individuo con el cuerpo social y, por ese camino, consigo mismo.<\/p>\n<p>Houellebecq sostiene, en fin, que no sabemos lo que hacer con nuestra libertad: tras la excitaci\u00f3n asociada al proceso hist\u00f3rico de su conquista, demolido ya el Antiguo R\u00e9gimen, el sue\u00f1o de la independencia personal se convierte en la pesadilla del aislamiento. No hay m\u00e1s que ver la pen\u00faltima hoja de ruta de Florent-Claude: \u201cutilizando el triturador de basuras, por una parte, y el nuevo servicio de entrega de comidas a domicilio creado por Amazon, por otra, podr\u00eda alcanzar una autonom\u00eda casi perfecta\u201d. Por suerte, Houellebecq s\u00ed ha sabido qu\u00e9 hacer con su libertad: escribir absorbentes novelas sobre sus contempor\u00e1neos. ~<\/p>\n<p>Fuente:\u00a0https:\/\/www.letraslibres.com\/espana-mexico\/revista\/planeta-houellebecq<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los thrillers metaf\u00edsicos del escritor franc\u00e9s forman una cartograf\u00eda del malestar. Su literatura, antimoderna y actual, denuncia que no sabemos qu\u00e9 hacer con la libertad. 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Por Manuel Arias Maldonado Cuando Serotonina lleg\u00f3 a las librer\u00edas a primeros de enero, la revuelta de los \u201cchalecos amarillos\u201d hab\u00eda vivido ya su diciembre glorioso: una sucesi\u00f3n de manifestaciones [&hellip;]","og_url":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256","og_site_name":"UninomadaSUR","article_published_time":"2019-03-22T11:32:56+00:00","article_modified_time":"2019-03-22T11:33:29+00:00","og_image":[{"width":619,"height":349,"url":"https:\/\/uninomadasur.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/houellebecq-kVGC-620x349@abc.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"admin","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"admin","Tiempo de lectura":"13 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256"},"author":{"name":"admin","@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/#\/schema\/person\/c7a35ca2374cf2966d7c68ad81604c21"},"headline":"Planeta Houellebecq","datePublished":"2019-03-22T11:32:56+00:00","dateModified":"2019-03-22T11:33:29+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256"},"wordCount":2593,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/uninomadasur.net\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/houellebecq-kVGC-620x349@abc.jpg","articleSection":["Blog"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256","url":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1256","name":"Planeta Houellebecq - 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