{"id":1412,"date":"2019-04-19T23:45:48","date_gmt":"2019-04-19T23:45:48","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=1412"},"modified":"2019-04-19T23:45:48","modified_gmt":"2019-04-19T23:45:48","slug":"interpretar-la-era-de-la-violencia-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1412","title":{"rendered":"Interpretar la era de la violencia global"},"content":{"rendered":"<div class=\"soustitre\"><strong><em>Por Enzo Traverso<\/em><\/strong><\/div>\n<div class=\"texte\">\n<p>En este art\u00edculo, se esbozan evaluaciones generales sobre la violencia del siglo pasado y se inscribe a Am\u00e9rica Latina dentro del escenario m\u00e1s amplio y horroroso de la violencia contempor\u00e1nea. Alguna vez el continente de rebeliones sociales y revoluciones pol\u00edticas, donde la violencia parec\u00eda tener un potencial emancipatorio, Am\u00e9rica Latina se ha convertido en un continente de v\u00edctimas: desde las de la Conquista hasta las de las dictaduras de la d\u00e9cada de 1970.<\/p>\n<p><b>Comparaciones<\/b><\/p>\n<p><strong>L<\/strong>os investigadores suelen ver a Am\u00e9rica Latina como una suerte de <em>matrix<\/em> de la violencia moderna, como el emplazamiento original de una larga cadena de guerras y genocidios que configuraron la trayectoria de la civilizaci\u00f3n occidental desde el siglo xvi en adelante. Retrospectivamente \u2013este concepto apareci\u00f3 reci\u00e9n durante la Segunda Guerra Mundial\u2013, Am\u00e9rica Latina se ha convertido en el lugar del primer genocidio global. All\u00ed surgieron las formas originales de conquista y exterminio, que representaron de manera anticipada el racismo moderno y la destrucci\u00f3n colonial.<\/p>\n<p>Como han se\u00f1alado muchos investigadores, la ideolog\u00eda de los conquistadores \u2013el casticismo espa\u00f1ol y la idea de la limpieza de sangre\u2013 preanunci\u00f3 el mito ario y la biolog\u00eda racial de los nazis, del mismo modo en que el genocidio microbiano introducido por Hern\u00e1n Cort\u00e9s anticip\u00f3 los \u201cholocaustos victorianos\u201d del imperialismo brit\u00e1nico en la India y la devastaci\u00f3n belga del Congo en el siglo xix. La conquista del Nuevo Mundo proporciona el paradigma de todas las narrativas de genocidio: el colonialismo como el campo donde se produce un violento choque entre Occidente y la \u201cotredad\u201d no occidental (de acuerdo con el modelo epistemol\u00f3gico de Tzvetan Todorov) o, en t\u00e9rminos marxistas, como el espacio hist\u00f3rico donde se desarrolla un proceso criminal de acumulaci\u00f3n originaria de capital (seg\u00fan la interpretaci\u00f3n cl\u00e1sica de Eduardo Galeano).<\/p>\n<p>Esta narrativa fundacional se propag\u00f3 a escala global y finalmente regres\u00f3 a la propia Am\u00e9rica Latina, donde la violencia multiforme del siglo xx tiende a ser subsumida bajo el concepto de genocidio. Existe hoy una propensi\u00f3n a clasificar muchas experiencias hist\u00f3ricas diferentes de violencia como genocidio. Ese es el marco acad\u00e9mico de nuestros tiempos, dominados por el discurso sobre los derechos humanos: all\u00ed el pasado aparece representado como una era indeterminada de violencia, frente a la cual surge nuestra \u00e9poca de sensatez postotalitaria y democracia liberal pac\u00edfica. Por supuesto, esta tendencia est\u00e1 muy relacionada con nuestro r\u00e9gimen global de historicidad, tan sensible a los derechos humanos como despolitizado. Entre 1910 y 1980 (es decir, entre la Revoluci\u00f3n Mexicana y la Nicarag\u00fcense, pasando por Cuba y los movimientos guerrilleros de la d\u00e9cada de 1960), Am\u00e9rica Latina aparec\u00eda frente a los ojos del mundo como el continente de las rebeliones sociales y las revoluciones pol\u00edticas, donde la violencia ten\u00eda un potencial emancipatorio. Desde los a\u00f1os 80, en cambio, se ha convertido en un continente de v\u00edctimas: desde las de la Conquista hasta las de Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla y Efra\u00edn R\u00edos Montt.<\/p>\n<p>Soy bastante esc\u00e9ptico en cuanto a ese desplazamiento, que traslada el concepto de genocidio desde su campo original (el derecho penal) hacia las humanidades. Resulta peligroso transformar una categor\u00eda jur\u00eddica en una herramienta anal\u00edtica para la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica, porque ese procedimiento reduce la complejidad de la experiencia hist\u00f3rica \u2013con sus m\u00faltiples causalidades, actores y dimensiones temporales\u2013 a una confrontaci\u00f3n binaria entre victimarios y v\u00edctimas, y empobrece as\u00ed nuestra comprensi\u00f3n. Creo que esta metamorfosis del genocidio en un prisma hermen\u00e9utico global muestra el sometimiento del \u00e1mbito acad\u00e9mico al arbitrio de la <em>memoria<\/em>, que est\u00e1 mucho m\u00e1s interesada en alcanzar el reconocimiento p\u00fablico de las v\u00edctimas que en explicar el proceso hist\u00f3rico que las produjo.<\/p>\n<p>Enredados en una lucha leg\u00edtima por la justicia, los historiadores proporcionaron apoyo acad\u00e9mico a los reclamos reivindicativos y olvidaron a veces que su tarea consiste en elaborar un discurso cr\u00edtico sobre el pasado. En cierta medida, no se trata de algo sorprendente ni nuevo: la actual bibliograf\u00eda latinoamericana sobre genocidio evoca la historiograf\u00eda antifascista de las d\u00e9cadas de 1930 y 1940, as\u00ed como la espa\u00f1ola producida en el exilio durante los a\u00f1os de la dictadura de Francisco Franco. Los historiadores no viven en una torre de marfil y no pueden escapar a las limitaciones intelectuales, pol\u00edticas e incluso psicol\u00f3gicas que les impone su sociedad (a veces, a partir de su propia experiencia); pero deben marcar una distancia cr\u00edtica en la relaci\u00f3n que cualquier sociedad establece con su propio pasado. En mi opini\u00f3n, el hecho de no abusar del concepto de genocidio \u2013y evitar aplicarlo a cualquier forma de violencia\u2013 no implica establecer una jerarqu\u00eda moralmente indigna entre las v\u00edctimas, sino que busca preservar la lucidez y agudeza hist\u00f3ricas. En otras palabras, lo que sugiero no es eliminar el concepto de nuestro l\u00e9xico, sino incorporarlo dentro de un enfoque metodol\u00f3gico multicausal y con m\u00e1s matices.<\/p>\n<p>Un segundo error se vincula a la habitual percepci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina como <em>el<\/em> escenario privilegiado de la violencia moderna. Esto surge a partir de dos motivos: la violencia social end\u00e9mica de sus sociedades y el recuerdo todav\u00eda fresco de las dictaduras militares. En las \u00faltimas d\u00e9cadas, la violencia social se ha convertido en el prisma a trav\u00e9s del cual la opini\u00f3n p\u00fablica internacional percibe a Am\u00e9rica Latina, m\u00e1s all\u00e1 de la literatura, el folclore y el turismo; y esa imagen suele ser amplificada por la industria cultural (pel\u00edculas, series de televisi\u00f3n, etc.), que ha reemplazado los relatos de mafias sicilianas o \u00edtalo-estadounidenses por historias mucho m\u00e1s atrapantes sobre narcos colombianos y mexicanos, como Pablo Escobar o el Chapo Guzm\u00e1n.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, las dictaduras militares de los a\u00f1os 70 y comienzos de los 80, percibidas adecuadamente como el equivalente latinoamericano del fascismo europeo, dejaron un legado de sufrimiento y pasado conflictivo, que se unieron a la reviviscencia del recuerdo del Holocausto en Occidente.<\/p>\n<p>Estas memorias entrecruzadas reafirmaron la tendencia a transformar el Holocausto en un paradigma de violencia moderna y a subsumir a las v\u00edctimas de la represi\u00f3n militar bajo la categor\u00eda de genocidio. Evidentes tanto en t\u00e9rminos de las pr\u00e1cticas como de la ret\u00f3rica pol\u00edtica, las afinidades entre el fascismo cl\u00e1sico y las dictaduras militares latinoamericanas se vieron realzadas por la presencia de decenas de miles de exiliados de Am\u00e9rica Latina en Europa, entre ellos muchos escritores brillantes, que recrearon la atm\u00f3sfera intelectual del antifascismo de la d\u00e9cada de 1930.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta violencia social end\u00e9mica y el retorno del fascismo disimulan algunas diferencias hist\u00f3ricas enormes con Europa y ocultan algo obvio: durante el siglo xx, Am\u00e9rica Latina no debi\u00f3 atravesar ninguna guerra mundial y qued\u00f3 a salvo del cataclismo sufrido entre 1914 y 1945. Esto significa que, durante el siglo pasado, Am\u00e9rica Latina ocup\u00f3 un lugar \u201cmarginal\u201d dentro de la historia global de violencia y, si se compara con Europa o Asia, aparece como un continente afortunado (lo que resulta muy parad\u00f3jico, ya que en la actualidad se ha convertido en el objeto elegido para los estudios sobre violencia).<\/p>\n<p>Desde luego, todos los datos son relativos y deben evaluarse dentro de su correspondiente contexto temporal y demogr\u00e1fico: la Guerra del Paraguay (1864-1870) tuvo efectos devastadores que, de acuerdo con varias investigaciones, redujeron la poblaci\u00f3n de este peque\u00f1o pa\u00eds en 40%; en menos de una d\u00e9cada, en los conflictos militares de la Revoluci\u00f3n Mexicana murieron m\u00e1s de 1,5 millones de personas sobre una poblaci\u00f3n de 15 millones, es decir, m\u00e1s de 10%; en 1982, la contrainsurgencia llevada a cabo por R\u00edos Montt en Guatemala mat\u00f3 a 85.000 personas en unos pocos meses, etc.<\/p>\n<p>Las cifras son enormes, sobre todo cuando \u2013como en el caso de Colombia o Guatemala\u2013 las consideramos en el marco de procesos hist\u00f3ricos desarrollados a lo largo de varias d\u00e9cadas. De todos modos, el hecho es que Am\u00e9rica Latina no experiment\u00f3 la macroviolencia de las guerras mundiales del siglo xx. Com\u00fanmente se acepta que el n\u00famero de v\u00edctimas de la dictadura militar argentina (que dur\u00f3 siete a\u00f1os) o del r\u00e9gimen de Pinochet en Chile (que se prolong\u00f3 durante 17) es de 30.000 desaparecidos, una cifra que equivale al primer d\u00eda de la Batalla del Somme durante la Primera Guerra Mundial, a una semana de matanzas en un solo campo de exterminio nazi o a los cuatro ataques a\u00e9reos que destruyeron Dresde entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Cuando hablamos de guerras mundiales, nos referimos a conflictos que mataron a 12 y m\u00e1s de 50 millones de personas respectivamente (con mayor\u00eda de civiles en el caso de la Segunda Guerra Mundial). A partir de 1954 en Guatemala, eeuu intensific\u00f3 sus intervenciones militares contra las revoluciones y los movimientos guerrilleros en Am\u00e9rica Latina, pero nunca bombarde\u00f3 con napalm como en Vietnam, ni realiz\u00f3 ocupaciones duraderas como en Afganist\u00e1n o Iraq. En otras palabras, pese a su reputaci\u00f3n como tierra de violencia end\u00e9mica, Am\u00e9rica Latina parece ser a escala global un continente pac\u00edfico y muy civilizado.<\/p>\n<p><b>Matanza industrial<\/b><\/p>\n<p>Con las disculpas del caso, es necesario adoptar en cierta medida una mirada \u201ceuroc\u00e9ntrica\u201d para construir un enfoque geneal\u00f3gico sobre el siglo xx como era de la violencia global. Aunque en 1918 Europa dej\u00f3 de ser el eje central del mundo, la Primera Guerra Mundial fue la cuna de los cataclismos del siglo. Entre 1914 y 1945, el continente vivi\u00f3 una segunda Guerra de los Treinta A\u00f1os, que r\u00e1pidamente se convirti\u00f3 en una guerra civil internacional y fue mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus propios l\u00edmites territoriales. Despu\u00e9s de 1945, esta contienda termin\u00f3 oponiendo a dos bloques geopol\u00edticos \u2013oriental y occidental\u2013 cuyas fronteras estaban definidas desde un punto de vista ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Esta era de violencia tuvo su origen en una crisis europea global: una crisis pol\u00edtica, determinada por el colapso del viejo orden liberal y la irrupci\u00f3n de las masas en la esfera p\u00fablica, que se extendi\u00f3 hasta el advenimiento del fascismo y el comunismo; una crisis econ\u00f3mica, determinada por el final del <em>laissez-faire<\/em> y la introducci\u00f3n en todos los pa\u00edses de diferentes formas de intervenci\u00f3n estatal; y finalmente una crisis cultural, que puso en tela de juicio la idea hasta entonces dominante de progreso.<\/p>\n<p>Durante este tiempo, nuevos paradigmas cient\u00edficos se fundieron con cosmovisiones conservadoras heredadas de la tradici\u00f3n de la contra-Ilustraci\u00f3n, lo que cre\u00f3 formas h\u00edbridas y desconocidas de modernismo reaccionario. A partir de 1914, la modernidad revel\u00f3 su cara m\u00e1s destructiva y aterradora: la de la guerra total. Un continente en gran medida rural descubri\u00f3 las leyes de un mundo mecanizado, una temporalidad completamente desconectada del ritmo de la naturaleza y un sometimiento de los cuerpos al Moloch arrollador e impersonal de los ej\u00e9rcitos de masas.<\/p>\n<p>De pronto, el concepto de modernidad ya no se identificaba con el progreso material; estaba relacionado, m\u00e1s bien, con una guerra industrial llevada a cabo por gigantescos ej\u00e9rcitos organizados como f\u00e1bricas fordistas, que incorporaban soldados transformados en \u201ctrabajadores de la destrucci\u00f3n\u201d (definici\u00f3n que apareci\u00f3 de manera simult\u00e1nea en 1915 en los escritos de Henri Barbusse y Arnold Zweig). La guerra total se convirti\u00f3 en una masacre racionalizada y tecnologizada, cuyo resultado ya no era una muerte en la gloria, sino en serie: una muerte \u201csin atributos\u201d, una muerte an\u00f3nima en masa. Seg\u00fan la definici\u00f3n de Walter Benjamin, era una muerte \u201cmec\u00e1nicamente reproducible\u201d, cuyo \u201caura\u201d se perdi\u00f3 para siempre en el barro de las trincheras. Inaugurada con el mito de la muerte heroica, la Primera Guerra Mundial finaliz\u00f3 con conmemoraciones al \u201csoldado desconocido\u201d.<\/p>\n<p><b>Guerra civil internacional.<\/b><\/p>\n<p>Durante esta segunda Guerra de los Treinta A\u00f1os, Europa experiment\u00f3 una extraordinaria fusi\u00f3n de conflictos: cl\u00e1sicas guerras infraestatales, revoluciones, guerras civiles, guerras de liberaci\u00f3n nacional, genocidios y confrontaciones violentas surgidas a partir de divisiones de clase, nacionales, pol\u00edticas, ideol\u00f3gicas y tambi\u00e9n religiosas. La idea de \u201cguerra civil europea\u201d sintetiza todos estos conflictos. Se trata de un concepto acu\u00f1ado aparentemente por el pintor alem\u00e1n Franz Marc, quien lo utiliz\u00f3 en una carta que escribi\u00f3 desde el frente poco antes de morir en Verd\u00fan; pese a lo que afirmaba la propaganda, Marc se\u00f1al\u00f3 que la guerra mundial era \u201cuna <em>guerra civil europea<\/em>, una guerra contra el enemigo interno invisible del esp\u00edritu europeo\u201d<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-1&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>Cit. en Modris Eksteins: Rites of Spring: <em>The Great War and the Birth of the Modern Age<\/em>, Bantam, Londres, 1989, p. 94.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;1&lt;\/href=\u00bb#footnote-1\u00bb&gt;. A comienzos de 1943, tras regresar de una misi\u00f3n al C\u00e1ucaso en el momento de la derrota alemana en Stalingrado, Ernst J\u00fcnger defini\u00f3 la Segunda Guerra Mundial en el frente oriental como \u201cabsoluta, hasta un punto que Clausewitz no podr\u00eda haber concebido, ni siquiera despu\u00e9s de las experiencias de 1812: es una guerra entre Estados, entre pueblos, entre ciudadanos y entre religiones con el objetivo de la extinci\u00f3n zool\u00f3gica\u201d<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-2&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>E. J\u00fcnger: <em>The Paris Diaries<\/em>, Farrar, Straus &amp; Giroux, Nueva York, 1992.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;2&lt;\/href=\u00bb#footnote-2\u00bb&gt;.<\/p>\n<p>Por supuesto que \u201cguerra civil europea\u201d y \u201cguerra civil internacional\u201d son conceptos contradictorios: \u201cguerra civil\u201d implica una ruptura en el orden interno de un Estado, y Europa y el mundo no eran un Estado ni una federaci\u00f3n ni en 1914 ni en 1945. Sin embargo, los conflictos que atravesaron en esos a\u00f1os adquirieron los rasgos de una guerra civil. De acuerdo con todas las teor\u00edas modernas del derecho, la guerra tiene sus reglas, que establecen qui\u00e9nes pueden declararla (<em>jus ad bellum<\/em>) y c\u00f3mo conducirla (<em>jus in bello<\/em>). Por un lado, la guerra solo puede ser declarada por una autoridad leg\u00edtima, es decir, por un Estado soberano; por el otro, necesita contar con un conjunto de reglas compartidas por todos los beligerantes, que deben respetar los derechos de los prisioneros (sobre todo, su derecho a la vida), evitar ataques sobre la poblaci\u00f3n civil y no transformar a esta en un objetivo militar. Las leyes de la guerra no eran m\u00e1s que un aspecto del <em>Jus Publicum Euro-paeum<\/em>, es decir, un sistema codificado de relaciones entre Estados que pose\u00edan el monopolio de la leg\u00edtima violencia en sus territorios. Esta concepci\u00f3n est\u00e1 impl\u00edcita en la famosa frase inicial del tratado de Carl von Clausewitz sobre la guerra, que data de la primera mitad del siglo xix: \u201cLa guerra no es m\u00e1s que un duelo a gran escala\u201d. De hecho, la pr\u00e1ctica social de retarse a duelo estaba muy difundida entre las capas aristocr\u00e1ticas hasta 1914 y revelaba una mayor adaptaci\u00f3n a las leyes y a ciertas normas compartidas respecto al uso de la violencia. M\u00e1s que un remanente del feudalismo, la pr\u00e1ctica del duelo parec\u00eda representar un espejo del proceso de civilizaci\u00f3n \u2013autocontrol y regulaci\u00f3n normativa de conflictos\u2013 encarnado por el orden din\u00e1stico a lo largo del siglo xix. En otras palabras, su c\u00f3digo tan formalizado reproduc\u00eda las normas de guerra fijadas por el <em>Jus Publicum Europaeum<\/em>.<\/p>\n<p>En el verano europeo de 1914, cuando estas normas a\u00fan parec\u00edan darse por sentadas, el atentado de Sarajevo deton\u00f3 un conflicto que puso el continente en llamas. Ninguno de los responsables hab\u00eda imaginado a ej\u00e9rcitos de millones de hombres atrincherados durante a\u00f1os; nadie hab\u00eda pensado en armas qu\u00edmicas, bombardeos, ciudades destruidas y asesinatos en serie producidos por el fuego de las ametralladoras. El <em>habitus<\/em> mental y las referencias culturales se asociaban a la experiencia europea del siglo xix, con sus guerras \u201ccivilizadas\u201d entre Estados del Antiguo R\u00e9gimen que se profesaban un mutuo respeto.<\/p>\n<p><b>Fascismo<\/b><\/p>\n<p>El \u201cembrutecimiento\u201d cultural y pol\u00edtico engendrado por la Primera Guerra Mundial cre\u00f3 las premisas hist\u00f3ricas tanto para el comunismo como para el fascismo e invent\u00f3 nuevas formas de violencia que se propagaron r\u00e1pidamente por todo el mundo. En la d\u00e9cada de 1920, esta imaginaci\u00f3n lleg\u00f3 a Am\u00e9rica Latina: dentro del panorama intelectual y la vida pol\u00edtica, el comunismo se convirti\u00f3 en un nuevo actor junto al nacionalismo, el populismo y un liberalismo exhausto. Artistas mexicanos como Jos\u00e9 Clemente Orozco y Diego Rivera pintaron murales titulados <em>La trinchera<\/em>, en los que las formas europeas de guerra se trasladaban a un contexto latinoamericano, y la Revoluci\u00f3n Mexicana \u2013una guerra campesina por la tierra y el poder\u2013 comenz\u00f3 a ser representada a trav\u00e9s de los c\u00f3digos pol\u00edticos y est\u00e9ticos del comunismo sovi\u00e9tico, como en <em>La distribuci\u00f3n de las armas<\/em>de Diego Rivera (1926) o en las fotograf\u00edas de Tina Modotti.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre los fascismos de Europa y de Am\u00e9rica Latina sigue siendo un tema controvertido en el \u00e1mbito acad\u00e9mico. Federico Finchelstein pone en duda una hip\u00f3tesis com\u00fanmente aceptada, que presenta el fascismo como resultado de la Primera Guerra Mundial<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-3&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>F. Finchelstein: Ideolog\u00eda, violencia y sacralidad en Argentina y en Italia, 1919-1945, FCE, Buenos Aires, 2010.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;3&lt;\/href=\u00bb#footnote-3\u00bb&gt;. Desde una perspectiva europea, eso es algo incuestionable. Desde una perspectiva mundial, se trata de una afirmaci\u00f3n que debe ser relativizada o desestimada. Finchelstein logr\u00f3 demostrar de forma convincente que s\u00ed existi\u00f3 un fascismo argentino; que su influencia en materia pol\u00edtica, social y cultural fue profunda y duradera; y, finalmente, que no fue un producto importado, sino el resultado de un proceso hist\u00f3rico end\u00f3geno. En otras palabras, ten\u00eda profundas ra\u00edces nacionales. Fue contempor\u00e1neo al fascismo europeo y emergi\u00f3 como parte de una experiencia fascista <em>global<\/em>. Desde luego, Argentina no conoci\u00f3 la Primera Guerra Mundial pero, al igual que muchos otros pa\u00edses latinoamericanos, ya ten\u00eda su propia tradici\u00f3n de militarismo, dictadura y nacionalismo, con experiencias de \u201ccolonialismo interno\u201d y guerras de exterminio. Ten\u00eda su propia cultura de violencia y su propio racismo (la creaci\u00f3n de una identidad nacional moderna, opuesta a la otredad de sus enemigos: por un lado, los pueblos rurales, n\u00f3mades e ind\u00edgenas; por el otro, los extranjeros urbanos, principalmente los jud\u00edos).<\/p>\n<p>Por supuesto que el fascismo europeo jug\u00f3 un papel importante en el proceso gen\u00e9tico e ideol\u00f3gico de construcci\u00f3n de la versi\u00f3n argentina o chilena, pero su influencia \u2013particularmente italiana y espa\u00f1ola\u2013 se combin\u00f3 con tradiciones nacionales y termin\u00f3 creando algo peculiar. Los fascistas latinoamericanos no se consideraban a s\u00ed mismos como simples disc\u00edpulos o imitadores, y en verdad no lo eran. Hubo m\u00faltiples razones para que los fascismos latinoamericanos fueran \u201csincr\u00e9ticos\u201d. De acuerdo con la definici\u00f3n de Finchelstein, combinaron lo secular y lo sagrado y as\u00ed se convirtieron en \u201cfascistas y religiosos al mismo tiempo\u201d. En otras palabras, desde Jos\u00e9 F\u00e9lix Uriburu hasta Jorge Rafael Videla y desde Pinochet hasta R\u00edos Montt mostraron diferentes formas de \u201cfascismo cristianizado\u201d (no solamente cat\u00f3lico).<\/p>\n<p>Ese \u201cfascismo cristianizado\u201d fue mucho m\u00e1s que una ideolog\u00eda religiosa o conservadora, habida cuenta de que deriv\u00f3 en el \u201cterrorismo de Estado\u201d. En las dictaduras de Videla, Pinochet o R\u00edos Montt, la violencia adquiri\u00f3 una dimensi\u00f3n redentora y sacralizada. Legitimado por esa ideolog\u00eda, el exterminio de los enemigos se convirti\u00f3 en el instrumento de una naci\u00f3n \u201cregenerada\u201d. Tal como explica Virginia Garrard-Burnett, el pentecostalismo de R\u00edos Montt sosten\u00eda la visi\u00f3n de una nueva Guatemala, formada a partir de una mezcla potente de religi\u00f3n, racismo, seguridad, nacionalismo y capitalismo<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-4&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>V. Garrard-Burnett y Ronald Flores: <em>Terror en la tierra del Esp\u00edritu Santo. Guatemala bajo el general Efra\u00edn R\u00edos Montt, 1982-1983<\/em>, Asociaci\u00f3n para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, Ciudad de Guatemala, 2013.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;4&lt;\/href=\u00bb#footnote-4\u00bb&gt;.<\/p>\n<p>Por lo general, los estudiosos del fascismo hac\u00edan caso omiso de Am\u00e9rica Latina. Consideraban que su objeto de an\u00e1lisis era un fen\u00f3meno pol\u00edtico exclusivamente europeo y clasificaban el fascismo latinoamericano dentro de diferentes categor\u00edas, como dictadura militar, populismo, autoritarismo, etc. Otros investigadores lo limitaban a una experiencia importada ex\u00f3tica o a una copia incompleta de su arquetipo europeo. Esta evaluaci\u00f3n simplemente omite que incluso en Europa, desde Espa\u00f1a y Portugal hasta Hungr\u00eda y Rumania, el fascismo se extendi\u00f3 en el marco de una simbiosis permanente con las dictaduras militares. De hecho, la peculiar historia latinoamericana echa luz sobre la naturaleza del fascismo como experiencia hist\u00f3rica <em>global<\/em> y pone en duda el relato conservador, que plantea una especie de equivalencia entre el fascismo y el comunismo como hermanos enemigos o gemelos totalitarios, igualmente opuestos a la democracia liberal. El fascismo latinoamericano surgi\u00f3 en la d\u00e9cada de 1930 bajo la influencia de las potencias del Eje, pero alcanz\u00f3 su auge en los a\u00f1os de la Guerra Fr\u00eda; durante ese periodo, estableci\u00f3 una alianza org\u00e1nica con eeuu, que lo legitim\u00f3 en nombre de la lucha contra el totalitarismo. Los reg\u00edmenes militares m\u00e1s sangrientos del continente se vieron respaldados de manera activa (o fueron instalados directamente en el poder) por eeuu. Si se pone la lupa en Argentina, Chile, Brasil o Guatemala, la concepci\u00f3n antitotalitaria de Fran\u00e7ois Furet no parece demasiado convincente.<\/p>\n<p><b>Guerras an\u00f3micas<\/b><\/p>\n<p>Desde luego, el <em>Jus Publicum Europaeum<\/em> ten\u00eda sus ambig\u00fcedades y sus prop\u00f3sitos ideol\u00f3gicos ocultos. Dado que su corolario impl\u00edcito era la visi\u00f3n del mundo no occidental como un vasto espacio abierto a la colonizaci\u00f3n, las guerras de conquista y las masacres aparec\u00edan <em>ipso facto<\/em> como meras guerras en nombre de la ley natural. Concebidas como invasiones y muchas veces tambi\u00e9n como campa\u00f1as de exterminio, en las que las tropas europeas no se enfrentaban a otros ej\u00e9rcitos regulares sino a tribus y combatientes sin un estatus definido, las guerras coloniales no distingu\u00edan entre soldados y civiles.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, la violencia del colonialismo constituy\u00f3 un modelo para las guerras totales del siglo xx. Est\u00e1 claro que no eran guerras civiles, porque enfrentaban a fuerzas que se encontraban a una gran distancia desde lo pol\u00edtico y lo cultural. No eran conflictos que opon\u00edan a miembros de la misma comunidad, y su violencia no proven\u00eda de la crisis interna de un Estado incapaz de mantener el monopolio de la fuerza. Sin embargo, algunas caracter\u00edsticas eran similares. Como en una guerra civil, no hab\u00eda normas compartidas y cada una de las partes beligerantes intentaba destruir a su enemigo: la guerra colonial no conoc\u00eda la figura del \u201cenemigo leg\u00edtimo\u201d (<em>justus hostis<\/em>). Los elementos sediciosos internos de la guerra civil, al igual que los nativos rebeldes de la guerra colonial, eran forajidos que deb\u00edan ser subyugados o destruidos, y con los cuales era imposible alcanzar alg\u00fan acuerdo. La guerra civil no busca una paz justa, sino la destrucci\u00f3n del enemigo.<\/p>\n<p>En la Conferencia de Casablanca realizada en enero de 1943, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se\u00f1alaron en una declaraci\u00f3n conjunta que sus fuerzas aliadas no acceder\u00edan a ning\u00fan acuerdo con Alemania y Jap\u00f3n; solamente aceptar\u00edan su \u201crendici\u00f3n incondicional\u201d. Es interesante observar que en esa declaraci\u00f3n, que ya anunciaba los juicios de N\u00faremberg y de Tokio, el presidente estadounidense y el primer ministro brit\u00e1nico no usaron el t\u00e9rmino convencional de la jerga militar: \u201ccapitulaci\u00f3n\u201d (<em>capitulation<\/em>). Prefirieron adoptar el concepto que los unionistas hab\u00edan impuesto a los confederados al final de la Guerra de Secesi\u00f3n de eeuu y hablar de rendici\u00f3n incondicional. Esta expresi\u00f3n \u2013\u201drendici\u00f3n incondicional\u201d (<em>unconditional surrender<\/em>)\u2013 no pertenec\u00eda al derecho internacional; hab\u00eda sido tomada del derecho mercantil, donde indicaba una cesi\u00f3n de propiedad. En una capitulaci\u00f3n, los soldados deponen sus armas durante una ceremonia p\u00fablica y simbolizan as\u00ed su derrota, pero siguen perteneciendo al ej\u00e9rcito de un Estado cuya existencia legal es reconocida por el derecho internacional (y por el vencedor). En cambio, en una rendici\u00f3n incondicional, el ej\u00e9rcito derrotado se convierte en una especie de propiedad del vencedor, que impone su dominaci\u00f3n. En Casablanca, Roosevelt y Churchill decidieron rechazar cualquier tipo de negociaci\u00f3n con Alemania y Jap\u00f3n. La rendici\u00f3n incondicional permiti\u00f3 redefinir por completo el mapa internacional. En la segunda mitad del siglo xx, muchas guerras \u2013desde la de Vietnam hasta la \u00faltima en Iraq\u2013 reprodujeron caracter\u00edsticas similares tanto en las pr\u00e1cticas militares como en la conclusi\u00f3n: un cambio de r\u00e9gimen pol\u00edtico, impuesto por el vencedor sobre el enemigo derrotado.<\/p>\n<p><b>Partisanos<\/b><\/p>\n<p>La historia de la violencia del siglo xx est\u00e1 dominada por otra figura de la guerra civil: el partisano. Se trata de un combatiente irregular que aparece en todos los escenarios de conflicto y a veces juega un papel decisivo. Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de partisanos llevaron a cabo una lucha paralela a la que desarrollaban los ej\u00e9rcitos regulares con su gigantesca movilizaci\u00f3n de soldados. Desde 1943 en adelante, la Resistencia adquiri\u00f3 una dimensi\u00f3n masiva como movimiento armado tanto en Europa oriental y en los Balcanes como en las sociedades occidentales, desde Holanda y B\u00e9lgica hasta Francia e Italia. En China, a su vez, el ej\u00e9rcito de partisanos comunistas experiment\u00f3 un enorme crecimiento bajo la ocupaci\u00f3n japonesa y termin\u00f3 tomando el poder en 1949. Durante la guerra, la propaganda fascista y nazi justificaba la represi\u00f3n, la violencia, la deportaci\u00f3n y la masacre de civiles con el pretexto de la lucha contra los partisanos. Los pa\u00edses ocupados por las tropas alemanas estaban cubiertos de carteles que amenazaban con matar a todo tipo de combatientes de la Resistencia, a quienes se llamaba \u201cbandidos\u201d y \u201cterroristas\u201d. Despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, el foco del combate partisano pas\u00f3 a ser Vietnam y Am\u00e9rica Latina, donde la Revoluci\u00f3n Cubana estableci\u00f3 una suerte de paradigma continental de la guerrilla.<\/p>\n<p>Carl Schmitt esboz\u00f3 el retrato del partisano como un \u201ctipo ideal\u201d<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-5&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>C. Schmitt: <em>Teor\u00eda del partisano. Comentario sobre la noci\u00f3n de lo pol\u00edtico<\/em>, Prometeo, Buenos Aires, 2017.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;5&lt;\/href=\u00bb#footnote-5\u00bb&gt;. Ante todo, es un combatiente <em>irregular<\/em>, que se diferencia de un soldado uniformado. La profunda <em>motivaci\u00f3n<\/em> de su lucha radica en un \u201ccompromiso pol\u00edtico intenso\u201d, como indica la etimolog\u00eda de su nombre, que remite a la pertenencia a un partido. Su actividad combina \u201cmovilidad, rapidez y alternancia inesperada de ofensiva y retirada\u201d, especialmente cuando se coordina con la de un ej\u00e9rcito regular. Finalmente, el partisano tiene un \u201ccar\u00e1cter tel\u00farico\u201d: en la mayor\u00eda de los casos est\u00e1 profundamente arraigado en un territorio que desea liberar, y su acci\u00f3n aprovecha los v\u00ednculos org\u00e1nicos con la poblaci\u00f3n local tanto en las monta\u00f1as como en las ciudades. Por lo tanto, el partisano es una figura central dentro de una guerra que reivindica una justa causa, pero no reconoce un <em>justus hostis<\/em>. La Segunda Guerra Mundial exalt\u00f3 tanto al guerrillero de liberaci\u00f3n como al combatiente pol\u00edtico; sus rasgos se fundieron en el partisano y le confirieron a veces un aura casi m\u00edtica.<\/p>\n<p>En los pa\u00edses donde un ej\u00e9rcito de liberaci\u00f3n creado por partisanos tom\u00f3 el poder contra las fuerzas de ocupaci\u00f3n, su l\u00edder carism\u00e1tico se convirti\u00f3 de manera natural en el jefe de un nuevo Estado, como ocurri\u00f3 con el mariscal Tito en Yugoslavia. Despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, el partisano se transform\u00f3 en el h\u00e9roe de innumerables guerras y revoluciones en Asia, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina. En la Italia de posguerra \u2013valga en este caso un recuerdo personal\u2013, el <em>partigiano<\/em> era una figura m\u00edtica, que condensaba muchas expectativas y valores: el renacimiento de la democracia y la redenci\u00f3n de la naci\u00f3n, pero tambi\u00e9n el paradigma de una concepci\u00f3n militar de revoluci\u00f3n y comunismo heredada del bolchevismo ruso.<\/p>\n<p><b>No contemporaneidad de la violencia<\/b><\/p>\n<p>El siglo xx experiment\u00f3 una mezcla de guerras totales, guerras civiles y genocidios. Cre\u00f3 un contexto en el que una violencia salvaje y ancestral se combin\u00f3 con la violencia moderna de la guerra total, con la tecnolog\u00eda de los bombardeos a\u00e9reos y el exterminio industrial de las c\u00e1maras de gas. Tomando prestadas las expresiones de Alain Corbin, uno podr\u00eda decir que durante esa \u00e9poca turbulenta las \u201cpulsiones dionis\u00edacas\u201d de muchedumbres vengadoras coexistieron con las \u201cmasacres pasteurizadas\u201d de la violencia estatal.<\/p>\n<p>En otras palabras, la violencia nacida de la regresi\u00f3n del proceso civilizatorio se sum\u00f3 \u2013en una pasmosa dial\u00e9ctica de \u201cno contemporaneidad\u201d\u2013 a la violencia moderna y mucho m\u00e1s letal de la sociedad industrial. Esa violencia conllevaba los resultados del proceso civilizatorio: el monopolio estatal de las armas, la racionalidad empresarial y productiva, la fragmentaci\u00f3n de tareas y la divisi\u00f3n del trabajo, el control de las pulsiones, la neutralizaci\u00f3n social de las normas \u00e9ticas, la separaci\u00f3n espacial entre v\u00edctimas y ejecutores. Tanto la imagen de aldeas quemadas como los hornos crematorios de Auschwitz forman parte de la memoria de la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Observada a trav\u00e9s de la lente de la antropolog\u00eda, la violencia del siglo xx \u2013desde la guerra civil rusa hasta el Holocausto y desde Hiroshima hasta los campos de matanza de Camboya\u2013 revela esta mezcla de arca\u00edsmo y modernidad. Mientras los ingenieros de las f\u00e1bricas Topf de Fr\u00e1ncfort inventaban crematorios especiales, resistentes a un uso prolongado a muy altas temperaturas, los grupos de operaciones (<em>Einsatzgruppen)<\/em> libraban su lucha contra los partisanos (<em>Partisanenkampf<\/em>) en el frente oriental, donde los combatientes capturados eran colgados en las plazas centrales de los pueblos. La lucha de los nazis contra los partisanos perpetuaba una tradici\u00f3n de \u201ccacer\u00eda humana\u201d que, inventada en la Edad Media y adoptada por la aristocracia bajo el absolutismo, era cualquier cosa menos moderna. Por su parte, el Ej\u00e9rcito Rojo cometi\u00f3 violaciones en masa. Con su imaginaci\u00f3n colonial, el secretario de Estado estadounidense George Kennan describi\u00f3 el avance del Ej\u00e9rcito Rojo en Prusia oriental en 1944 como el saqueo de una \u201chorda asi\u00e1tica\u201d.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n similar de \u201cno simultaneidad\u201d o \u201casincronismo\u201d de pr\u00e1cticas violentas propias de diferentes \u00e9pocas tambi\u00e9n caracteriz\u00f3 la guerra en el Pac\u00edfico. Mientras los cient\u00edficos reunidos en Los \u00c1lamos creaban la primera bomba at\u00f3mica, en la jungla asi\u00e1tica los <em>marines<\/em> decoraban sus veh\u00edculos con cr\u00e1neos de soldados japoneses asesinados, desenterrando costumbres que proven\u00edan de las guerras con los pueblos ind\u00edgenas en el siglo xix.<\/p>\n<p>El ej\u00e9rcito japon\u00e9s llev\u00f3 hasta el paroxismo la coexistencia de la racionalidad tecnol\u00f3gica con el c\u00f3digo de honor heredado de la \u00e9tica samur\u00e1i, familiarizando a sus oficiales y soldados tanto con el uso de armas qu\u00edmicas como con la pr\u00e1ctica del suicidio ritual (<em>seppuku<\/em>) en nombre del emperador.<\/p>\n<p>Estas formas diferentes de violencia \u2013\u201dcaliente\u201d y \u201cfr\u00eda\u201d, arcaica y moderna\u2013 coexistieron en la misma guerra. Civilizaci\u00f3n y barbarie no son dos conceptos absolutamente antag\u00f3nicos, sino dos aspectos asociados del mismo proceso hist\u00f3rico, que encierra tendencias emancipatorias y destructivas al mismo tiempo. Pese a las ideas ingenuas de Norbert Elias sobre el proceso civilizatorio<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-6&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>N. Elias: El proceso de la civilizaci\u00f3n. Investigaciones sociogen\u00e9ticas y psicogen\u00e9ticas [1939], fce, Madrid, 1987.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;6&lt;\/href=\u00bb#footnote-6\u00bb&gt;, estas tendencias forman parte de todas las guerras modernas: durante el \u00faltimo conflicto b\u00e9lico en Iraq, las m\u00e1s sofisticadas armas convivieron con las m\u00e1s primitivas formas de tortura en la prisi\u00f3n militar de Abu Ghraib.<\/p>\n<p><b>Secularizaci\u00f3n de la ciencia<\/b><\/p>\n<p>Desde la perspectiva de la historia universal, la Segunda Guerra Mundial aparece como la condensaci\u00f3n traum\u00e1tica de muchas transformaciones que anticiparon el concepto moderno de <em>globalizaci\u00f3n<\/em>. Todos los elementos de este proceso \u2013creciente interdependencia econ\u00f3mica, desplazamientos masivos de poblaciones, exilio y di\u00e1spora, transferencia tecnol\u00f3gica y cient\u00edfica, hibridez cultural entre naciones y continentes\u2013 se desarrollaron y aceleraron a trav\u00e9s del prisma de la guerra.<\/p>\n<p>Cuando miles de acad\u00e9micos europeos perseguidos emigraron a eeuu (seg\u00fan muchos historiadores, este fen\u00f3meno represent\u00f3 un \u00e9xodo cultural y cient\u00edfico de una orilla a otra del oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico) y millones de soldados norteamericanos, asi\u00e1ticos, africanos y australianos combat\u00edan en Europa, s\u00fabitamente surgi\u00f3 y se hizo visible una nueva percepci\u00f3n del planeta, una nueva imaginaci\u00f3n y un nuevo paisaje mental.<\/p>\n<p>La Segunda Guerra Mundial tambi\u00e9n fue un potente catalizador de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y la ciencia aplicada. Durante el conflicto, la distinci\u00f3n entre ciencia e ingenier\u00eda, entre ciencia como conocimiento y tecnolog\u00eda como dominaci\u00f3n de la naturaleza, los objetos y los seres humanos, se convirti\u00f3 en un l\u00edmite cada vez m\u00e1s poroso.<\/p>\n<p>La guerra engendr\u00f3 a una nueva elite tecnocr\u00e1tica, que abarcaba a responsables pol\u00edticos y militares, ingenieros, dirigentes industriales, inventores de sistemas (computadoras, l\u00e1seres, radares, equipos aeron\u00e1uticos y misiles), as\u00ed como a una gran cantidad de investigadores (f\u00edsicos, matem\u00e1ticos, bi\u00f3logos, economistas, ge\u00f3grafos, etc.) formados en universidades europeas y estadounidenses. Seg\u00fan Dominique Pestre, la guerra les ofreci\u00f3 oportunidades casi inagotables para inventar y crear sin ning\u00fan tipo de restricci\u00f3n econ\u00f3mica, y se gener\u00f3 as\u00ed una ilusi\u00f3n sostenida sobre el poder ilimitado de la ciencia.<\/p>\n<p>En otras palabras, la guerra promovi\u00f3 la <em>secularizaci\u00f3n<\/em> de la ciencia \u2013un descenso desde su torre de marfil a un mundo profano, donde se torn\u00f3 intr\u00ednsecamente t\u00e9cnica y pr\u00e1ctica\u2013, que encontr\u00f3 su ilustraci\u00f3n emblem\u00e1tica en la fabricaci\u00f3n (y el uso) de la bomba at\u00f3mica.<\/p>\n<p>La guerra a\u00e9rea ilustra con claridad este cambio tecnol\u00f3gico. Su presencia en la Primera Guerra Mundial exhibi\u00f3 algunas formas primitivas, que se desplegaron principalmente sobre las ciudades fronterizas y ocasionaron un n\u00famero muy limitado de bajas. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos a\u00e9reos significaron una destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica y planificada de las sociedades civiles de los pa\u00edses enemigos (Coventry, Dresde, Hamburgo, Tokio e Hiroshima siguen siendo los s\u00edmbolos de esa desmesura de devastaci\u00f3n). Seg\u00fan el fil\u00f3sofo Peter Sloterdijk, la Segunda Guerra Mundial engendr\u00f3 una forma nueva y eminentemente moderna de \u201catmoterrorismo\u201d: el objetivo del bombardeo a\u00e9reo no era solo el ej\u00e9rcito enemigo, sino tambi\u00e9n su sociedad civil, cuyo h\u00e1bitat natural (en el sentido biol\u00f3gico de la palabra) deb\u00eda ser destruido<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-7&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>P. Sloterdijk: <em>Temblores de aire<\/em>, Pre-Textos, Valencia, 2003.<\/p>\n<p>\u00ab&gt;7&lt;\/href=\u00bb#footnote-7\u00bb&gt;. Los avances tecnol\u00f3gicos espec\u00edficos experimentados durante las d\u00e9cadas de posguerra no cambiaron esta concepci\u00f3n; simplemente la perfeccionaron hasta llegar a la reciente invenci\u00f3n de los drones, que parecen hacer realidad el sue\u00f1o de una contienda b\u00e9lica sin bajas humanas (en el bando agresor).<\/p>\n<p><b>Intelectuales<\/b><\/p>\n<p>El \u201cembrutecimiento\u201d de las sociedades europeas afect\u00f3 profundamente a la cultura en su conjunto, desde los ni\u00f1os de las escuelas primarias hasta las elites intelectuales. Durante la Guerra Civil espa\u00f1ola, la lucha contra el fascismo dio una nueva forma a todas las herramientas pedag\u00f3gicas: los textos escolares adoptaron una orientaci\u00f3n pol\u00edtica (por ejemplo, la \u201cCartilla aritm\u00e9tica antifascista\u201d, que usaba balas para ense\u00f1ar a hacer cuentas). Seg\u00fan George Orwell, en la d\u00e9cada de 1930 la pol\u00edtica europea irrumpi\u00f3 en la cultura. Los escritores ya no pod\u00edan encerrarse en un universo de valores est\u00e9ticos, a resguardo de los conflictos que laceraban a la sociedad. Fue la edad de oro del compromiso intelectual.<\/p>\n<p>En este contexto, la Guerra Civil espa\u00f1ola adquiere una enorme dimensi\u00f3n simb\u00f3lica al trazar nuevas divisiones y clarificar las actitudes pol\u00edticas. El tri\u00e1ngulo entre liberalismo, comunismo y fascismo, que hab\u00eda polarizado la escena pol\u00edtica tras la finalizaci\u00f3n de la Primera Guerra Mundial, parece ser reemplazado por una confrontaci\u00f3n \u00fanica entre fascismo y antifascismo.<\/p>\n<p>Este antagonismo pol\u00edtico deviene militar y genera una profunda metamorfosis en el campo de la cultura: el intelectual deja de ser un <em>personaje de escritorio<\/em> y se transforma en un <em>soldado<\/em>. El \u201cintelectual\u201d ya no es el de la \u00e9poca del caso Dreyfus, cuando encarnaba la defensa de valores universales como igualdad y justicia. Ahora se convierte en un combatiente dentro de un contexto de guerra. Entre sus herramientas no solo est\u00e1n los l\u00e1pices y las m\u00e1quinas de escribir, sino tambi\u00e9n las armas. Los intelectuales del siglo xx han definido su papel y legitimidad seg\u00fan su apoyo o denuncia a guerras y revoluciones.<\/p>\n<p>Por supuesto que se podr\u00edan hacer consideraciones similares con respecto a Am\u00e9rica Latina tanto en la d\u00e9cada de 1930 (cuando el antifascismo era concebido como una lucha contra todo tipo de dominio \u201cneocolonial\u201d) como en la de 1960 (cuando la Revoluci\u00f3n Cubana produjo una divisi\u00f3n duradera y una ola de radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica entre los intelectuales del continente).<\/p>\n<p>Eric Hobsbawm escribi\u00f3 que el nacionalsocialismo no logr\u00f3 prevalecer debido al persistente legado de la Ilustraci\u00f3n. Las fuerzas del Eje \u2013que hab\u00edan proclamado claramente su deseo de erradicar la idea universal de humanidad\u2013 fueron derrotadas por una coalici\u00f3n entre el liberalismo y el comunismo, los herederos de la Ilustraci\u00f3n en el siglo xx. Sin embargo, este conflicto no se reduc\u00eda a un choque tit\u00e1nico entre la Ilustraci\u00f3n y la anti-Ilustraci\u00f3n; tambi\u00e9n revelaba las antinomias de la modernidad cuando \u2013al decir de Benjamin\u2013 el racionalismo instrumental era incapaz de usar el progreso t\u00e9cnico como una \u201cllave para la felicidad\u201d y lo transformaba, en cambio, en un \u201cfetiche del hundimiento\u201d<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-8&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>W. Benjamin: \u00ab&gt;8&lt;\/href=\u00bb#footnote-8\u00bb&gt;.<\/p>\n<p>La Primera Guerra Mundial hab\u00eda revelado la modernidad como <em>desnaturalizaci\u00f3n<\/em> de la violencia, una violencia confiscada y monopolizada por un aparato mec\u00e1nico an\u00f3nimo; la Segunda Guerra llev\u00f3 a muchas corrientes del pensamiento cr\u00edtico a reconocer que exist\u00eda un v\u00ednculo entre la modernidad t\u00e9cnica y la deshumanizaci\u00f3n del planeta. De pronto, la famosa \u201cjaula de hierro\u201d descripta por Max Weber como el destino del racionalismo occidental parec\u00eda adoptar una forma concreta y espantosa. En agosto de 1945, inmediatamente despu\u00e9s del bombardeo de Hiroshima, Albert Camus escribi\u00f3 que la ciencia se hab\u00eda convertido en un \u201ccrimen organizado\u201d y que en el futuro el mundo deber\u00eda elegir entre \u201cel suicidio colectivo o la utilizaci\u00f3n inteligente de las conquistas cient\u00edficas\u201d<sup>&lt;href=\u00bb#footnote-9&#8243; title=\u00bb<\/sup><\/p>\n<p>A. Camus: \u00ab&gt;9&lt;\/href=\u00bb#footnote-9\u00bb&gt;.<\/p>\n<p><b>Paisajes mentales<\/b><\/p>\n<p>Hace unas semanas tuve la oportunidad de admirar por segunda vez un maravilloso mural de Diego Rivera en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de M\u00e9xico. Fue pintado en 1934 y se denomina <em>El hombre controlador del universo<\/em>, aunque tambi\u00e9n se lo conoce como <em>Hombre en la encrucijada<\/em>. Ambos t\u00edtulos son absolutamente pertinentes, pero adem\u00e1s se lo podr\u00eda llamar <em>La era de la guerra civil internacional<\/em>. La composici\u00f3n est\u00e1 dominada por una h\u00e9lice central gigantesca, que simboliza el siglo xx como era de la tecnolog\u00eda. Ser\u00eda un mundo de m\u00e1quinas, y los seres humanos deb\u00edan elegir \u2013al decir de Benjamin\u2013 entre transformarlo en una \u201cllave para la felicidad\u201d o en un \u201cfetiche del hundimiento\u201d. Listas para la batalla final, dos fuerzas sociales y pol\u00edticas opuestas encarnan este dilema: por un lado, los ej\u00e9rcitos fascistas con fusiles, bayonetas, lanzallamas y armas qu\u00edmicas; por el otro, los ej\u00e9rcitos proletarios de la revoluci\u00f3n con sus banderas rojas. En la parte de abajo, la naturaleza aparece amenazada. La ciencia y la cultura se involucran en este conflicto tit\u00e1nico entre progreso y fascismo. En mi opini\u00f3n, tal vez por su suntuosa ingenuidad, este mural representa a la perfecci\u00f3n el paisaje mental del siglo xx y el marco donde se inscribi\u00f3 su violencia.<\/p>\n<p><span class=\"spip_document_2937 spip_documents spip_documents_left\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/vientosur.info\/IMG\/jpg\/inscribio_la_violencia_4.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"685\" \/><\/span><\/p>\n<p><em>Este art\u00edculo se basa en la conferencia \u201cNew Approaches to Violence in Latin American History\u201d, Universidad de Columbia \/ New School for Social Research, Nueva York, 13 de mayo de 2016. <\/em><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n del ingl\u00e9s de Mariano Grynszpan.<\/em><\/p>\n<p><em><b>Referencia bibliogr\u00e1ficas:<\/b><\/em><\/p>\n<p>1. Cit. en Modris Eksteins: Rites of Spring: <em>The Great War and the Birth of the Modern Age<\/em>, Bantam, Londres, 1989, p. 94.<\/p>\n<p>2. E. J\u00fcnger: <em>The Paris Diaries<\/em>, Farrar, Straus &amp; Giroux, Nueva York, 1992.<\/p>\n<p>3. F. Finchelstein: Ideolog\u00eda, violencia y sacralidad en Argentina y en Italia, 1919-1945, FCE, Buenos Aires, 2010.<\/p>\n<p>4. V. Garrard-Burnett y Ronald Flores: <em>Terror en la tierra del Esp\u00edritu Santo. Guatemala bajo el general Efra\u00edn R\u00edos Montt, 1982-1983<\/em>, Asociaci\u00f3n para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, Ciudad de Guatemala, 2013.<\/p>\n<p>5. C. Schmitt: <em>Teor\u00eda del partisano. Comentario sobre la noci\u00f3n de lo pol\u00edtico<\/em>, Prometeo, Buenos Aires, 2017.<\/p>\n<p>6. N. Elias: El proceso de la civilizaci\u00f3n. Investigaciones sociogen\u00e9ticas y psicogen\u00e9ticas [1939], fce, Madrid, 1987.<\/p>\n<p>7. P. Sloterdijk: <em>Temblores de aire<\/em>, Pre-Textos, Valencia, 2003.<\/p>\n<p>8. W. Benjamin: \u201cTeor\u00edas del fascismo alem\u00e1n\u201d en Est\u00e9tica y pol\u00edtica, Las Cuarenta, Buenos Aires, 2009.<\/p>\n<p>9. A. Camus: \u201cCombat, 8 August 1945\u201d en Writings 1944-1947, Princeton up, Princeton, 2006, p. 326.<\/p>\n<p>Marzo &#8211; Abril 2019<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/nuso.org\/articulo\/interpretar-la-era-de-la-violencia-global\/?utm_source=email&amp;utm_medium=email\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/nuso.org\/articulo\/interpretar-la-era-de-la-violencia-global\/?utm_source=email&amp;utm_medium=email<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Enzo Traverso En este art\u00edculo, se esbozan evaluaciones generales sobre la violencia del siglo pasado y se inscribe a Am\u00e9rica Latina dentro del escenario m\u00e1s amplio y horroroso de la violencia contempor\u00e1nea. 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