{"id":1888,"date":"2019-07-15T03:36:12","date_gmt":"2019-07-15T03:36:12","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=1888"},"modified":"2019-07-15T13:32:30","modified_gmt":"2019-07-15T13:32:30","slug":"chernobyl-y-la-narratocracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1888","title":{"rendered":"Chernobyl y la narratocracia"},"content":{"rendered":"<p><em>El desastre de 1986 no fue tanto el comienzo del fin de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, como el inicio de toda una Perestroika de la sensibilidad<\/em><\/p>\n<p><strong>por Bruno Cava<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una econom\u00eda planificada implica el control estricto del tiempo. La cadena productiva es descompuesta en sus menores elementos constituyentes para que cada uno sea acelerado hasta la mayor productividad posible, es decir recompuesta y organizada seg\u00fan los plazos globales definidos por el planeamiento central. La racionalizaci\u00f3n del empleo de los medios recorre el proceso de punta a punta, bajo la mirada vigilante de una tecnocracia educada en los valores de la eficiencia. En peque\u00f1a escala, la actividad es regulada por el cron\u00f3metro, la pizarra y apuntadores comprometidos con la maximizaci\u00f3n de las cuotas. Pero esa l\u00f3gica se reproduce en gran escala, en la forma de monumentales cronogramas y planes plurianuales que deben conducir a la naci\u00f3n paso a paso en la direcci\u00f3n del prometido futuro de superabundancia. Las recompensas y los castigos, las promociones y las destituciones son repartidas \u00a0a los funcionarios en funci\u00f3n del \u00e9xito o del fracaso en la observancia de los plazos y de las metas punteados. El pa\u00eds del socialismo debe ser un reloj gigante en el que m\u00e1quinas y hombres se engranan unos a otros, engarzados en conjunto por la soldadura de la narrativa progresista.<\/p>\n<p>La serie Chernobyl (2019), exhibida por el canal de TV HBO, expone con claridad el esquema que funcionaba en la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Ella mostraba como el fat\u00eddico ejercicio testeo del reactor de la usina nuclear fue agendado para una madrugada de abril de 1986 porque, si si se realizaba en el horario diurno, m\u00e1s conveniente, implicaba una ca\u00edda en la cuota esperada de generaci\u00f3n de energ\u00eda. Guiados por la expectativa de promoci\u00f3n en la cadena jer\u00e1rquica, los bur\u00f3cratas biso\u00f1os de Pripyat ten\u00edan como ultima preocupaci\u00f3n los aspectos relativos a la seguridad. La serie consigue mostrar c\u00f3mo, al contrario de lo que se podr\u00eda imaginar, ellos no estaban actuando irracionalmente contra el propio inter\u00e9s, sino que alineados a un implacable sistema racional de la industria planificada, que impon\u00eda la continuidad del movimiento. No se deber\u00eda perder tiempo en distracciones, lo que podr\u00eda ser interpretado como traici\u00f3n a los ideales revolucionarios.<\/p>\n<p>La escenificaci\u00f3n del ejercicio del reactor muestra la reproducci\u00f3n de esa misma l\u00f3gica, al explicitar c\u00f3mo el ingeniero jefe apresura las operaciones con el fin de cumplir la secuencia del manual. Lo que importa es culminar la realizaci\u00f3n del ejercicio para el dia siguiente agradar a los superiores, con el cumplimiento del plan establecido. La conclusi\u00f3n es que el desastre de Chernobyl no aconteci\u00f3 por una cr\u00edtica falla humana, sino que por la acumulaci\u00f3n de fallas que se prolong\u00f3 por a\u00f1os y se propag\u00f3 en cada hilo de la corriente productiva nacional. Todo un modo de producci\u00f3n era as\u00ed colocado en jaque.<\/p>\n<p>Ocurrido el desastre, la misma l\u00f3gica se repiti\u00f3 en la econom\u00eda de las reacciones discursivas. Los bur\u00f3cratas inmediatamente se pusieron a hablar, a discursear obsesivamente como las respuestas pre-fabricadas y las listas preparadas con los culpables a la mano: aquellos que, al errar, se desv\u00edan de la l\u00ednea justa, y aquellos contaminados por ideolog\u00edas extranjeras y contrarrevolucionarias. Una confecci\u00f3n serial de narrativas\u00a0 inicia en los comit\u00e9s locales de la ciudad, pasa por las oficinas de gobierno y termina en el anodino noticiario de la televisi\u00f3n p\u00fablica. Cada acontecimiento triturado y descompuesto en elementos controlables, seguidamente recombinados para sustentar la gran narrativa del partido. Un taylorismo ling\u00fc\u00edstico que fabrica, en moto perpetuo, la reconfirmaci\u00f3n obsesiva del plan mayor, eximiendo la culpa en \u201cGrandes Enemigos Maquiav\u00e9licos\u201d. En verdad, el estado respondi\u00f3 con un extenuante atletismo narrativo, puesto en marcha a la semejanza del funcionamiento de la industria pesada, solo que el producto esta vez fueron discursos. \u201cUn reactor RBMK no puede explotar, no explota, no exploto\u201d.<\/p>\n<p>La serie de la HBO consigui\u00f3 retomar la potencia literaria de Svetlana Aleksi\u00e9vitch (Voces de Chernobyl, Cia de las Letras), claramente una base de apoyo para los libretistas. En la d\u00e9cada de 1990, la escritora bielorrusa fue una de las primeras en relatar el acontecimiento de Chernobyl asumiendo como material del libro el punto de vista de las personas involucradas. Para oponerla a la narratocracia del partido. Svetlana no fabrico ella misma su contra narrativa, que podr\u00eda servir de polo opuesto a aquella. La narrativa de la izquierda metabolizar\u00eda con facilidad una polarizaci\u00f3n directa, en los mismos t\u00e9rminos envolventes. En lugar de eso, la escritura de Svetlana se deja contaminar por las voces acalladas de interlocutores ordinarios, cuya vida fue tragada por el desastre. Relleno el propio texto con la energ\u00eda vital del discurso indirecto libre.<\/p>\n<p>Son historias contadas en primera persona por los sobrevivientes, los enfermeros y habitantes de la regi\u00f3n, los ciudadanos convocados para descontaminar el paisaje. Historias puestas en tensi\u00f3n unas con otras en la composici\u00f3n del texto. La serie televisiva acert\u00f3 en seguir ese procedimiento de estilo, por ejemplo, al presentar el drama de la esposa del bombero, de la se\u00f1ora campesina que hab\u00eda enfrentado las tragedias del siglo, o del muchacho ingenuo reclutado para liquidar los animales contaminados por la radiaci\u00f3n. En vez de caer en la banalidad del horror, tan com\u00fan en los filmes-cat\u00e1strofe, el desaf\u00edo de filmar el horror de la banalidad. Es que en un acontecimiento como Chernobyl nada m\u00e1s es banal. Al abordar la vida ordinaria de las personas comunes, nosotros deparamos como las marcas calientes, los vestigios aun emisores de radiaci\u00f3n mortal, que llegan hasta nosotros como rayos asombrosos. Si el partido corre para conectar su f\u00e1brica con una narrativa destinada a neutralizar el evento, banaliz\u00e1ndolo como un simple percance en la inexorable marcha de la \u201cCausa\u201d, el tratamiento menor del lenguaje consigue conferir al ordinario enormes proporciones. Individuos que, al relatar sus peque\u00f1as trayectorias, participan de un drama humano inmenso e irrepetible. Un segundo aspecto perturbador\u00a0 en la escena es el efecto que Chernobyl tuvo al interrumpir el moto perpetuo de las narrativas preparadas. En un primer momento despu\u00e9s del desastre, los bur\u00f3cratas y funcionarios del estado no paran de hablar, casi en reflejo condicionado. Eso queda claro en la escena en que Legasov atiende el tel\u00e9fono que lo convocara a participar del gabinete de crisis, presidido por Gorbachev. Al atender el llamado, el cient\u00edfico apenas consigue reprimir el espanto ante los niveles medidos de radiaci\u00f3n. El comisario del otro lado de la l\u00ednea lo sepulta con discursos pol\u00edticamente correctos a los que deber\u00eda adherir, como condici\u00f3n para la participaci\u00f3n en el equipo. Pero el acontecimiento termina por imponerse, introduciendo una pausa. Un momento intenso de mudez: perdemos la voz normal ante lo innominable, no sabemos de qu\u00e9 hablar, como hablar. Uno despu\u00e9s de otro, los personajes son estremecidos, transform\u00e1ndose gradualmente, para usar la expresion de Svetlana, \u201chombres de Chernobyl\u201d. Son obligados a buscar palabras para sensaciones nuevas, y sensaciones para palabras nuevas. Es el espanto de los ingenieros y cient\u00edficos que no lograban acreditar lo que ve\u00edan y sent\u00edan. Es la hesitaci\u00f3n que, poco a poco, penetra en la c\u00fapula burocr\u00e1tica: la expresiva pausa de aquel mismo comisario cuando le comunican al acortamiento de su expectativa de vida, del general cabizbajo que pregunta \u201cy ahora, qu\u00e9 hacer?\u201d,\u00a0 y del propio Gorbachev, perplejo y sin recursos. El suelo de las narrativas se agrieta y en el se infiltra una conciencia diferente, una nueva imagen del mundo portada por los hombres de Chernobyl. Su materializaci\u00f3n en el espacio es la zona muerta, en la extra\u00f1a fascinaci\u00f3n que ejerce sobre los espectadores. En ella vislumbramos un mundo sin el ser humano, un tiempo libre, objetos que siguen existiendo en ausencia de nuestro abandono. Testimoniar\u00e1n nuestro pasado o el futuro? El tiempo implacablemente encadenado del sistema industrial planificado se sale de los goznes y es lanzado hacia otro lugar de la historia. El socialismo deber\u00eda conducir desde el pasado glorioso de la revoluci\u00f3n al futuro ut\u00f3pico de la generosidad generalizada, pero el esquema motor se ha roto en ambos extremos. Comienzo y fin ya no explican nada nunca m\u00e1s. El pasado de la revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica se torna una cascara vac\u00eda al mismo tiempo que el ma\u00f1ana se disipa junto a las columnas de humo radioactivo surgido de las ruinas. En la seria de HBO, en la escena de la reuni\u00f3n del comit\u00e9 local, instantes despu\u00e9s del desastre, un viejo se\u00f1or idealista discursea sobre la importancia de preservar el patrimonio simb\u00f3lico de la revoluci\u00f3n socialista, pero ante los hechos, \u00e9l no pod\u00eda sonar m\u00e1s falso y postizo. Momentos despu\u00e9s uno de los presentes, sufriendo los efectos contaminantes de la radiaci\u00f3n, comienza a vomitar\u2026<\/p>\n<p>El desastre de 1986 no solo fue el comienzo del fin de la URSS, sino que el inicio de toda una perestroika de la sensibilidad. Por esa senda abierta, se derramaron las \u00faltimas grandes narrativas del siglo XX y todo el continente socialista se sumergi\u00f3 en el. En un momento de recrudecimiento de renovadas guerras discursivas, la puesta en escena f\u00edlmica de Chernobyl no podr\u00eda haber sido m\u00e1s oportuna.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: Santiago De Arcos-Halyburton<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El desastre de 1986 no fue tanto el comienzo del fin de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, como el inicio de toda una Perestroika de la sensibilidad por Bruno Cava &nbsp; Una econom\u00eda planificada implica el control estricto del tiempo. 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