{"id":1977,"date":"2019-07-25T00:18:41","date_gmt":"2019-07-25T00:18:41","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=1977"},"modified":"2019-07-25T00:18:41","modified_gmt":"2019-07-25T00:18:41","slug":"anatomia-del-nuevo-neoliberalismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=1977","title":{"rendered":"Anatom\u00eda del nuevo neoliberalismo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pretitulo\">El desorden global<\/div>\n<div><\/div>\n<div><em><strong>Por Pierre Dardot y Christian Laval<\/strong><\/em><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\n<p>Desde hace una decena de a\u00f1os viene anunci\u00e1ndose regularmente el <i>fin del neoliberalismo:<\/i> la crisis financiera mundial de 2008 se present\u00f3 como el \u00faltimo estertor de su agon\u00eda, despu\u00e9s le toc\u00f3 el turno a la crisis griega en Europa (al menos hasta julio de 2015), sin olvidar, por supuesto, el se\u00edsmo causado por la elecci\u00f3n de Donald Trump en EE UU en noviembre de 2016, seguido del refer\u00e9ndum sobre el <i>Brexit<\/i> en marzo de 2017. El hecho de que Gran Breta\u00f1a y EE UU, que fueron tierras de promisi\u00f3n del neoliberalismo en tiempos de Thatcher y Reagan, parezcan darle la espalda mediante una reacci\u00f3n nacionalista tan repentina, marc\u00f3 los esp\u00edritus debido a su alcance simb\u00f3lico. Despu\u00e9s, en octubre de 2018, se produjo la elecci\u00f3n de Jair Bolsonaro, quien promete tanto el retorno de la dictadura como la aplicaci\u00f3n de un programa neoliberal de una violencia y una amplitud muy parecidas a las de los <i>Chicago boys<\/i> de Pinochet.<\/p>\n<p>El neoliberalismo no solo sobrevive como sistema de poder, sino que se refuerza. Hay que comprender esta singular radicalizaci\u00f3n, lo que implica discernir el car\u00e1cter tanto pl\u00e1stico como plural del neoliberalismo. Pero hace falta ir m\u00e1s lejos todav\u00eda y percatarse del sentido de las transformaciones actuales del neoliberalismo, es decir, la especificidad de lo que aqu\u00ed llamamos el nuevo neoliberalismo.<\/p>\n<p><b>La crisis como modo de gobierno <\/b><\/p>\n<p>Recordemos de entrada qu\u00e9 significa el concepto de neoliberalismo, que pierde gran parte de su pertinencia cuando se emplea de forma confusa, como sucede a menudo. No se trata tan solo de pol\u00edticas econ\u00f3micas monetaristas o austeritarias, de la mercantilizaci\u00f3n de las relaciones sociales o de la <i>dictadura de los mercados financieros<\/i>. Se trata m\u00e1s fundamentalmente de una racionalidad pol\u00edtica que se ha vuelto mundial y que consiste en imponer por parte de los gobiernos, en la econom\u00eda, en la sociedad y en el propio Estado, la l\u00f3gica del capital hasta convertirla en la forma de las subjetividades y la norma de las existencias.<\/p>\n<p>Proyecto radical e incluso, si se quiere, revolucionario, el neoliberalismo no se confunde, por tanto, con un conservadurismo que se contenta con reproducir las estructuras desigualitarias establecidas. A trav\u00e9s del juego de las relaciones internacionales de competencia y dominaci\u00f3n y de la mediaci\u00f3n de las grandes organizaciones de <i>gobernanza mundia<\/i>l (FMI, Banco Mundial, Uni\u00f3n Europea, etc.), este modo de gobierno se ha convertido con el tiempo en un verdadero sistema mundial de poder, comandado por el imperativo de su propio mantenimiento.<\/p>\n<p>Lo que caracteriza este modo de gobierno es que se alimenta y se radicaliza por medio de sus propias crisis. El neoliberalismo solo se sostiene y se refuerza porque gobierna mediante la crisis. En efecto, desde la d\u00e9cada de 1970, el neoliberalismo se nutre de las crisis econ\u00f3micas y sociales que genera. Su respuesta es invariable: en vez de poner en tela de juicio la l\u00f3gica que las ha provocado, hay que llevar todav\u00eda m\u00e1s lejos esa misma l\u00f3gica y tratar de reforzarla indefinidamente. Si la austeridad genera d\u00e9ficit presupuestario, hay que a\u00f1adir una dosis suplementaria. Si la competencia destruye el tejido industrial o desertifica regiones, hay que agudizarla todav\u00eda m\u00e1s entre las empresas, entre los territorios, entre las ciudades. Si los servicios p\u00fablicos no cumplen ya su misi\u00f3n, hay que vaciar esta \u00faltima de todo contenido y privar a los servicios de los medios que precisan. Si las rebajas de impuestos para los ricos o las empresas no dan los resultados esperados, hay que profundizar todav\u00eda m\u00e1s en ellas, etc.<\/p>\n<p>Este gobierno mediante la crisis solo es posible, claro est\u00e1, porque el neoliberalismo se ha vuelto sist\u00e9mico. Toda crisis econ\u00f3mica, como la de 2008, se interpreta en los t\u00e9rminos del sistema y solo recibe respuestas que sean compatibles con el mismo. La <i>ausencia de alternativas<\/i> no es tan solo la manifestaci\u00f3n de un dogmatismo en el plano intelectual, sino la expresi\u00f3n de un funcionamiento sist\u00e9mico a escala mundial. Al amparo de la globalizaci\u00f3n y\/o al reforzar la Uni\u00f3n Europea, los Estados han impuesto m\u00faltiples reglas e imperativos que los llevan a reaccionar en el sentido del sistema.<\/p>\n<p>Pero lo que es m\u00e1s reciente y sin duda merece nuestra atenci\u00f3n es que ahora se nutre de las reacciones negativas que provoca en el plano pol\u00edtico, que se refuerza con la misma hostilidad pol\u00edtica que suscita. Estamos asistiendo a una de sus metamorfosis, y no es la menos peligrosa. El neoliberalismo ya no necesita su imagen liberal o <i>democr\u00e1tica<\/i>, como en los buenos tiempos de lo que hay que llamar con raz\u00f3n el <i>neoliberalismo cl\u00e1sico<\/i>. Esta imagen incluso se ha convertido en un obst\u00e1culo para su dominaci\u00f3n, cosa que \u00fanicamente es posible porque el gobierno neoliberal no duda en instrumentalizar los resentimientos de un amplio sector de la poblaci\u00f3n, falto de identidad nacional y de protecci\u00f3n por el Estado, dirigi\u00e9ndolos contra chivos expiatorios.<\/p>\n<p>En el pasado, el neoliberalismo se ha asociado a menudo a la <i>apertura<\/i>, al <i>progreso<\/i>, a las <i>libertades individuales<\/i>, al <i>Estado de derecho<\/i>. Actualmente se conjuga con el cierre de fronteras, la construcci\u00f3n de <i>muros<\/i>, el culto a la naci\u00f3n y la soberan\u00eda del Estado, la ofensiva declarada contra los derechos humanos, acusados de poner en peligro la seguridad. \u00bfC\u00f3mo es posible esta metamorfosis del neoliberalismo?<\/p>\n<p><b>Trumpismo y fascismo <\/b><\/p>\n<p>Trump marca incontestablemente un hito en la historia del neoliberalismo mundial. Esta mutaci\u00f3n no afecta \u00fanicamente a EE UU, sino a todos los gobiernos, cada vez m\u00e1s numerosos, que manifiestan tendencias nacionalistas, autoritarias y xen\u00f3fobas hasta el punto de asumir la referencia al fascismo, como en el caso de Matteo Salvini, o a la dictadura militar en el de Bolsonaro. Lo fundamental es comprender que estos gobiernos no se oponen para nada al neoliberalismo como modo de poder. Al contrario, reducen los impuestos a los m\u00e1s ricos, recortan las ayudas sociales y aceleran las desregulaciones, particularmente en materia financiera o ecol\u00f3gica. Estos gobiernos autoritarios, de los que forma parte cada vez m\u00e1s la extrema derecha, asumen en realidad el car\u00e1cter absolutista e hiperautoritario del neoliberalismo.<\/p>\n<p>Para comprender esta transformaci\u00f3n, primero conviene evitar dos errores. El m\u00e1s antiguo consiste en confundir el neoliberalismo con el <i>ultraliberalismo<\/i>, el libertarismo, el <i>retorno a Adam Smith<\/i> o el <i>fin del Estado<\/i>, etc. Como ya nos ense\u00f1\u00f3 hace mucho tiempo Michel Foucault, el neoliberalismo es un modo de gobierno muy activo, que no tiene mucho que ver con el Estado m\u00ednimo pasivo del liberalismo cl\u00e1sico. Desde este punto de vista, la novedad no consiste en el grado de intervenci\u00f3n del Estado ni en su car\u00e1cter coercitivo. Lo nuevo es que el antidemocratismo innato del neoliberalismo, manifiesto en algunos de sus grandes te\u00f3ricos, como Friedrich Hayek, se plasma hoy en un cuestionamiento pol\u00edtico cada vez m\u00e1s abierto y radical de los principios y las formas de la democracia liberal.<\/p>\n<p>El segundo error, m\u00e1s reciente, consiste en explicar que nos hallamos ante un nuevo <i>fascismo neoliberal<\/i>, o bien ante un <i>momento neofascista del neoliberalismo<\/i> <b>2\/<\/b>. Que sea por lo menos azaroso, si no peligroso pol\u00edticamente, hablar con Chantal Mouffe de un <i>momento populista<\/i> para presentar mejor el populismo como un <i>remedio<\/i> al neoliberalismo, esto est\u00e1 fuera de toda duda. Que haga falta desenmascarar la impostura de un Emmanuel Macron, quien se presenta como el \u00fanico recurso contra la <i>democracia iliberal<\/i> de Viktor Orb\u00e1n y consortes, esto tambi\u00e9n es cierto. Pero, \u00bfacaso esto justifica que se mezcle en un mismo fen\u00f3meno pol\u00edtico el <i>ascenso de las extremas derechas<\/i> y la <i>deriva autoritaria del neoliberalismo<\/i>?<\/p>\n<p>La asimilaci\u00f3n es a todas luces problem\u00e1tica: \u00bfc\u00f3mo identificar si no es mediante una analog\u00eda superficial el <i>Estado total<\/i> tan caracter\u00edstico del fascismo y la difusi\u00f3n generalizada del modelo de mercado y de la empresa en el conjunto de la sociedad? En el fondo, si esta asimilaci\u00f3n permite arrojar luz, centr\u00e1ndonos en el <i>fen\u00f3meno Trump<\/i>, sobre cierto n\u00famero de rasgos del <i>nuevo neoliberalismo<\/i>, al mismo tiempo enmascara su individualidad hist\u00f3rica. La inflaci\u00f3n sem\u00e1ntica en torno al fascismo tiene sin duda efectos cr\u00edticos, pero tiende a <i>ahogar<\/i> los fen\u00f3menos a la vez complejos y singulares en generalizaciones poco pertinentes, que a su vez no pueden sino dar lugar a un desarme pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Para Henry Giroux <b>3\/<\/b>, por ejemplo, el <i>fascismo neoliberal<\/i> es una \u201cformaci\u00f3n econ\u00f3mico-pol\u00edtica espec\u00edfica\u201d que mezcla ortodoxia econ\u00f3mica, militarismo, desprecio por las instituciones y las leyes, supremacismo blanco, machismo, odio a los intelectuales y amoralismo. Giroux toma prestada del historiador del fascismo Robert Paxton (2009) la idea de que el fascismo se apoya en <i>pasiones movilizadoras<\/i> que volvemos a encontrar en el <i>fascismo neoliberal<\/i>: amor al jefe, hipernacionalismo, fantasmas racistas, desprecio por lo <i>d\u00e9bil<\/i>, lo <i>inferior<\/i>, lo <i>extranjero<\/i>, desd\u00e9n por los derechos y la dignidad de las personas, violencia hacia los adversarios, etc.<\/p>\n<p>Si bien hallamos todos estos ingredientes en el trumpismo y m\u00e1s todav\u00eda en el bolsonarismo brasile\u00f1o, \u00bfacaso no se nos escapa su especificidad con respecto al fascismo hist\u00f3rico? Paxton admite que \u201cTrump retoma varios motivos t\u00edpicamente fascistas\u201d, pero ve en \u00e9l sobre todo los rasgos m\u00e1s comunes de una \u201cdictadura plutocr\u00e1tica\u201d <b>4\/<\/b>. Porque tambi\u00e9n existen grandes diferencias con el fascismo: no impone el partido \u00fanico ni la prohibici\u00f3n de toda oposici\u00f3n y de toda disidencia, no moviliza y encuadra a las masas en organizaciones jer\u00e1rquicas obligatorias, no establece el corporativismo profesional, no practica liturgias de una religi\u00f3n laica, no preconiza el ideal del <i>ciudadano soldado<\/i> totalmente consagrado al Estado total, etc. (Gentile, 2004).<\/p>\n<p>A este respecto, todo paralelismo con el final de la d\u00e9cada de 1930 en EE UU es enga\u00f1oso, por mucho que Trump haya hecho suyo el lema de <i>America first<\/i>, el nombre dado por Charles Lindbergh a la organizaci\u00f3n fundada en octubre de 1940 para promover una pol\u00edtica aislacionista frente al intervencionismo de Roosevelt. Trump no convierte en realidad la ficci\u00f3n escrita por Philip Roth (2005), quien imagin\u00f3 que Lindbergh triunfar\u00eda sobre Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940. Ocurre que Trump no es a Clinton o a Obama lo que fue Lindbergh a Roosevelt y que en este sentido toda analog\u00eda es endeble. Si Trump puja cada vez m\u00e1s en la escalada <i>antiestablishment<\/i> para halagar a su clientela electoral, no trata, sin embargo, de suscitar revueltas antisemitas, contrariamente al Lindbergh de la novela, inspirada directamente en el ejemplo nazi.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, no estamos viviendo un <i>momento polanyiano<\/i>, como cree Robert Kuttner (2018), caracterizado por la recuperaci\u00f3n del control de los mercados por los poderes fascistas ante los estragos causados por el no intervencionismo. En cierto sentido ocurre todo lo contrario, y el caso es bastante m\u00e1s parad\u00f3jico. Trump pretende ser el campe\u00f3n de la racionalidad empresarial, incluso en su manera de llevar a cabo su pol\u00edtica tanto interior como exterior. Vivimos el momento en que el neoliberalismo segrega desde el interior una forma pol\u00edtica original que combina autoritarismo antidemocr\u00e1tico, nacionalismo econ\u00f3mico y racionalidad capitalista ampliada.<\/p>\n<p><strong>Una crisis profunda de la democracia liberal<\/strong><\/p>\n<p>Para comprender la mutaci\u00f3n actual del neoliberalismo y evitar confundirla con su fin es preciso tener una concepci\u00f3n din\u00e1mica del mismo. Tres o cuatro decenios de neoliberalizaci\u00f3n han afectado profundamente a la propia sociedad, instalando en todos los aspectos de las relaciones sociales situaciones de rivalidad, de precariedad, de incertidumbre, de empobrecimiento absoluto y relativo. La generalizaci\u00f3n de la competencia en las econom\u00edas, as\u00ed como, indirectamente, en el trabajo asalariado, en las leyes y en las instituciones que enmarcan la actividad econ\u00f3mica, ha tenido efectos destructivos en la condici\u00f3n de los personas asalariadas, que se han sentido abandonadas y traicionadas. Las defensas colectivas de la sociedad, a su vez, se han debilitado. Los sindicatos, en particular, han perdido fuerza y legitimidad.<\/p>\n<p>Los colectivos de trabajo se han descompuesto a menudo por efecto de una gesti\u00f3n empresarial muy individualizadora. La participaci\u00f3n pol\u00edtica ya no tiene sentido ante la ausencia de opciones alternativas muy diferentes. Por cierto, la socialdemocracia, adherida a la racionalidad dominante, est\u00e1 en v\u00edas de desaparici\u00f3n en un gran n\u00famero de pa\u00edses. En suma, el neoliberalismo ha generado lo que Gramsci llam\u00f3 <i>monstruos <\/i>mediante un doble proceso de desafiliaci\u00f3n de la <i>comunidad pol\u00edtica<\/i> y de adhesi\u00f3n a principios etnoidentitarios y autoritarios, que ponen en tela de juicio el funcionamiento <i>normal<\/i> de las democracias liberales. Lo tr\u00e1gico del neoliberalismo es que, en nombre de la raz\u00f3n suprema del capital, ha atacado los fundamentos mismos de la vida social, tal como se hab\u00edan formulado e impuesto en la \u00e9poca moderna a trav\u00e9s de la cr\u00edtica social e intelectual.<\/p>\n<p>Por decirlo de manera un tanto esquem\u00e1tica, la puesta en pr\u00e1ctica de los principios m\u00e1s elementales de la democracia liberal comport\u00f3 r\u00e1pidamente bastantes m\u00e1s concesiones a las masas que lo que pod\u00eda aceptar el liberalismo cl\u00e1sico. Este es el sentido de lo que se llam\u00f3 <i>justicia social<\/i> o tambi\u00e9n <i>democracia social<\/i>, a las que no ces\u00f3 de vituperar precisamente la cohorte de te\u00f3ricos neoliberales. Al querer convertir la sociedad en un <i>orden de la competencia<\/i> que solo conocer\u00eda <i>hombres econ\u00f3micos<\/i> o <i>capitales humanos<\/i> en lucha unos contra otros, socavaron las bases mismas de la vida social y pol\u00edtica en las sociedades modernas, especialmente debido a la progresi\u00f3n del resentimiento y de la c\u00f3lera que semejante mutaci\u00f3n no pod\u00eda dejar de provocar.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo extra\u00f1arse entonces ante la respuesta de la masa de<i> perdedores<\/i> al establecimiento de este orden competitivo? Al ver degradarse sus condiciones y desaparecer sus puntos de apoyo y de referencia colectivos, se refugian en la abstenci\u00f3n pol\u00edtica o en el voto de protesta, que es ante todo un llamamiento a la protecci\u00f3n contra las amenazas que pesan sobre su vida y su futuro. En pocas palabras, el neoliberalismo ha engendrado una crisis profunda de la <i>democracia liberal-social<\/i>, cuya manifestaci\u00f3n m\u00e1s evidente es el fuerte ascenso de los reg\u00edmenes autoritarios y de los partidos de extrema derecha, respaldados por una parte amplia de las clases populares <i>nacionales<\/i>. Hemos dejado atr\u00e1s la \u00e9poca de la posguerra fr\u00eda, en la que todav\u00eda se pod\u00eda creer en la extensi\u00f3n mundial del modelo de <i>democracia de mercado<\/i>.<\/p>\n<p>Asistimos ahora, y de forma acelerada, a un proceso inverso de<i> salida de la democracia<\/i> o de <i>desdemocratizaci\u00f3n<\/i>, por retomar la justa expresi\u00f3n de Wendy Brown. A los periodistas les gusta mezclar en el vasto marasmo de un populismo <i>antisistema<\/i> a la extrema derecha y a la izquierda radical. No ven que la canalizaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n de esta c\u00f3lera y de estos resentimientos por la extrema derecha dan a luz un nuevo neoliberalismo, a\u00fan m\u00e1s agresivo, a\u00fan m\u00e1s militarizado, a\u00fan m\u00e1s violento, del que Trump es tanto el estandarte como la caricatura.<\/p>\n<p><strong>El nuevo neoliberalismo<\/strong><\/p>\n<p>Lo que aqu\u00ed llamamos <i>nuevo neoliberalismo<\/i> es una versi\u00f3n original de la racionalidad neoliberal en la medida que ha adoptado abiertamente el paradigma de la guerra contra la poblaci\u00f3n, apoy\u00e1ndose, para legitimarse, en la c\u00f3lera de esa misma poblaci\u00f3n e invocando incluso una <i>soberan\u00eda popular <\/i>dirigida contra las \u00e9lites, contra la globalizaci\u00f3n o contra la Uni\u00f3n Europea, seg\u00fan los casos. En otras palabras, una variante contempor\u00e1nea del poder neoliberal ha hecho suya la ret\u00f3rica del soberanismo y ha adoptado un estilo populista para reforzar y radicalizar el dominio del capital sobre la sociedad. En el fondo es como si el neoliberalismo aprovechara la crisis de la democracia liberal-social que ha provocado y que no cesa de agravar para imponer mejor la l\u00f3gica del capital sobre la sociedad.<\/p>\n<p>Esta recuperaci\u00f3n de la c\u00f3lera y de los resentimientos requiere sin duda, para llevarse a cabo efectivamente, el carisma de un l\u00edder capaz de encarnar la s\u00edntesis, anta\u00f1o improbable, de un nacionalismo econ\u00f3mico, una liberalizaci\u00f3n de los mecanismos econ\u00f3micos y financieros y una pol\u00edtica sistem\u00e1ticamente proempresarial. Sin embargo, actualmente todas las formas nacionales del neoliberalismo experimentan una transformaci\u00f3n de conjunto, de la que el trumpismo nos ofrece la forma casi pura. Esta transformaci\u00f3n acent\u00faa uno de los aspectos gen\u00e9ricos del neoliberalismo, su car\u00e1cter intr\u00ednsecamente estrat\u00e9gico. Porque no olvidemos que el neoliberalismo no es conservadurismo. Es un paradigma gubernamental cuyo principio es la guerra contra las estructuras <i>arcaicas<\/i> y las fuerzas <i>retr\u00f3gradas<\/i> que se resisten a la expansi\u00f3n de la racionalidad capitalista y, m\u00e1s ampliamente, la lucha por imponer una l\u00f3gica normativa a poblaciones que no la quieren.<\/p>\n<p>Para alcanzar sus objetivos, este poder emplea todos los medios que le resultan necesarios, la propaganda de los medios, la legitimaci\u00f3n por la ciencia econ\u00f3mica, el chantaje y la mentira, el incumplimiento de las promesas, la corrupci\u00f3n sist\u00e9mica de las \u00e9lites, etc. Pero una de sus palancas preferidas es el recurso a las v\u00edas de la <i>legalidad<\/i>, l\u00e9ase de la Constituci\u00f3n, de manera que cada vez m\u00e1s resulte irreversible el marco en el que deben moverse todos los <i>actores<\/i>. Una legalidad que evidentemente es de geometr\u00eda variable, siempre m\u00e1s favorable a los intereses de las clases ricas que a los de las dem\u00e1s. No hace falta recurrir, al estilo antiguo, a los golpes de Estado militares para poner en pr\u00e1ctica los preceptos de la escuela de Chicago si se puede poner un cerrojo al sistema pol\u00edtico, como en Brasil, mediante un golpe parlamentario y judicial: este \u00faltimo permiti\u00f3, por ejemplo, al presidente Temer congelar durante 20 a\u00f1os los gastos sociales (sobre todo a expensas de la sanidad p\u00fablica y de la universidad). En realidad, el brasile\u00f1o no es un caso aislado, por mucho que los resortes de la maniobra sean all\u00ed m\u00e1s visibles que en otras partes, sobre todo despu\u00e9s de la victoria de Bolsonaro como punto de llegada del proceso. El fen\u00f3meno, m\u00e1s all\u00e1 de sus variantes nacionales, es general: es en el interior del marco formal del sistema pol\u00edtico representativo donde se establecen dispositivos antidemocr\u00e1ticos de una temible eficacia corrosiva.<\/p>\n<p><strong>Un gobierno de guerra civil<\/strong><\/p>\n<p>La l\u00f3gica neoliberal contiene en s\u00ed misma una declaraci\u00f3n de guerra a todas las fuerzas de resistencia a las <i>reformas<\/i> en todos los estratos de la sociedad. El lenguaje vigente entre los gobernantes de todos los niveles no enga\u00f1a: la poblaci\u00f3n entera ha de sentirse movilizada por la <i>guerra econ\u00f3mica<\/i>, y las reformas del derecho laboral y de la protecci\u00f3n social se llevan a cabo precisamente para favorecer el enrolamiento universal en esa guerra. Tanto en el plano simb\u00f3lico como en el institucional se produce un cambio desde el momento en que el principio de competitividad adquiere un car\u00e1cter casi constitucional. Puesto que estamos en guerra, los principios de la divisi\u00f3n de poderes, de los derechos humanos y de la soberan\u00eda del pueblo ya solo tienen un valor relativo. En otras palabras, la democracia <i>liberal-social<\/i> tiende progresivamente a vaciarse para pasar a no ser m\u00e1s que la envoltura jur\u00eddico-pol\u00edtica de un gobierno de guerra. Quienes se oponen a la neoliberalizaci\u00f3n se sit\u00faan fuera del espacio p\u00fablico leg\u00edtimo, son malos patriotas, cuando no traidores.<\/p>\n<p>Esta matriz estrat\u00e9gica de las transformaciones econ\u00f3micas y sociales, muy cercana a un modelo naturalizado de guerra civil, se junta con otra tradici\u00f3n, esta m\u00e1s genuinamente militar y policial, que declara la <i>seguridad nacional<\/i> la prioridad de todos los objetivos gubernamentales. El neoliberalismo y el securitarismo de Estado hicieron buenas migas desde muy temprano. El debilitamiento de las libertades p\u00fablicas del Estado de derecho y la extensi\u00f3n concomitante de los poderes policiales se han acentuado con la <i>guerra contra la delincuencia<\/i> y la <i>guerra contra la droga<\/i> de la d\u00e9cada de 1970. Pero fue sobre todo despu\u00e9s de que se declarara la <i>guerra mundial contra el terrorismo<\/i>, inmediatamente despu\u00e9s del 11 de septiembre de 2001, cuando se produjo el despliegue de un conjunto de medidas y dispositivos que violan abiertamente las reglas de protecci\u00f3n de las libertades en la democracia liberal, llegando incluso a incorporar en la ley la vigilancia masiva de la poblaci\u00f3n, la legalizaci\u00f3n del encarcelamiento sin juicio o el uso sistem\u00e1tico de la tortura.<\/p>\n<p>Para Bernard E. Harcourt (2018), este modelo de gobierno, que consiste en \u201chacer la guerra a toda la ciudadan\u00eda\u201d, procede en l\u00ednea directa de las estrategias militares contrainsurgentes puestas a punto por el ej\u00e9rcito franc\u00e9s en Indochina y en Argelia, transmitidas a los especialistas estadounidenses de la lucha anticomunista y practicadas por sus aliados, especialmente en Am\u00e9rica Latina o en el sudeste asi\u00e1tico. Hoy, la \u201ccontrarrevoluci\u00f3n sin revoluci\u00f3n\u201d, como la denomina Harcourt, busca reducir por todos los medios a un enemigo interior y exterior omnipresente, que tiene m\u00e1s bien cara de yihadista, pero que puede adoptar muchas otras caras (estudiantes, ecologistas, campesinos, j\u00f3venes negros en EE UU o j\u00f3venes de los suburbios en Francia, y tal vez, sobre todo en estos momentos, migrantes ilegales, preferentemente musulmanes). Y para llevar a buen t\u00e9rmino esta guerra contra el enemigo, conviene que el poder, por un lado, militarice a la polic\u00eda y, por otro, acumule una masa de informaciones sobre toda la poblaci\u00f3n con el fin de conjurar toda rebeli\u00f3n posible. En suma, el terrorismo de Estado se halla de nuevo en plena progresi\u00f3n, incluso cuando la <i>amenaza comunista<\/i>, que le hab\u00eda servido de justificaci\u00f3n durante la Guerra Fr\u00eda, ha desaparecido.<\/p>\n<p>La imbricaci\u00f3n de estas dos dimensiones, la radicalizaci\u00f3n de la estrategia neoliberal y el paradigma militar de la guerra contrainsurgente, a partir de la misma matriz de guerra civil, constituye actualmente el principal acelerador de la salida de la democracia. Este enlace solo es posible gracias a la habilidad con que cierto n\u00famero de responsables pol\u00edticos de la derecha, aunque tambi\u00e9n de la izquierda, se dedican a canalizar mediante un estilo populista los resentimientos y el odio hacia los enemigos electivos, prometiendo a las masas orden y protecci\u00f3n a cambio de su adhesi\u00f3n a la pol\u00edtica neoliberal autoritaria.<\/p>\n<p><b>El neoliberalismo de Macron <\/b><\/p>\n<p>Sin embargo, \u00bfno es exagerado meter todas las formas de neoliberalismo en el mismo saco de un <i>nuevo neoliberalismo<\/i>? Existen tensiones muy fuertes a escala mundial o europea entre lo que hay que calificar de tipos nacionales diferentes de neoliberalismo. Sin duda no asimilar\u00edamos a Trudeau, Merkel o Macron con Trump, Erdogan, Orb\u00e1n, Salvini o Bolsonaro. Unos todav\u00eda permanecen fieles a una forma de competencia comercial supuestamente <i>leal<\/i>, cuando Trump ha decidido cambiar las reglas de la competencia, transformando esta \u00faltima en guerra comercial al servicio de la grandeza de EE UU (\u201cAmerica is Great Again\u201d); unos invocan todav\u00eda, de palabra, los derechos humanos, la divisi\u00f3n de poderes, la tolerancia y la igualdad de derechos de las personas, cuando a los otros todo esto les trae sin cuidado; unos pretenden mostrar una actitud <i>humana<\/i> ante los migrantes (algunos muy hip\u00f3critamente), cuando los otros no tienen escr\u00fapulos a la hora de rechazarlos y repatriarlos. Por tanto, conviene diferenciar el modelo neoliberal.<\/p>\n<p>El macronismo no es trumpismo, aunque solo fuera por las historias y las estructuras pol\u00edticas nacionales en las que se inscriben. Macron se present\u00f3 como el baluarte frente al populismo de extrema derecha de Marine Le Pen, como su aparente ant\u00edtesis. Aparente, porque Macron y Le Pen, si no son personas id\u00e9nticas, en realidad son perfectamente complementarias. Uno hace de baluarte cuando la otra acepta ponerse los h\u00e1bitos del espantajo, lo que permite al primero presentarse como garante de las libertades y de los valores humanos. Si es preciso, como ocurre hoy en los preparativos para las elecciones europeas, Macron se dedica a ensanchar artificialmente la supuesta diferencia entre los partidarios de la <i>democracia liberal<\/i> y <i>la democracia iliberal<\/i> del estilo de Orb\u00e1n, para que la gente crea m\u00e1s f\u00e1cilmente que la Uni\u00f3n Europea se sit\u00faa como tal en el lado de la democracia liberal.<\/p>\n<p>Sin embargo, tal vez no se haya percibido suficientemente el estilo populista de Macron, quien ha podido parecer una simple mascarada por parte de un puro producto de la \u00e9lite pol\u00edtica y financiera francesa. La denuncia del viejo mundo de los partidos, el rechazo del <i>sistema<\/i>, la evocaci\u00f3n ritual del <i>pueblo de Francia<\/i>, todo esto era quiz\u00e1 suficientemente superficial, o incluso grotesco, pero no por ello ha dejado de hacer gala del empleo de un m\u00e9todo caracter\u00edstico, precisamente, del nuevo neoliberalismo, el de la recuperaci\u00f3n de la c\u00f3lera contra el sistema neoliberal. No obstante, el macronismo no ten\u00eda el espacio pol\u00edtico para tocar esta m\u00fasica durante mucho tiempo. Pronto se revel\u00f3 como lo que era y lo que hac\u00eda.<\/p>\n<p>En l\u00ednea con los gobiernos franceses precedentes, pero de manera m\u00e1s declarada o menos vergonzante, Macron asocia al nombre de Europa la violencia econ\u00f3mica m\u00e1s cruda y m\u00e1s c\u00ednica contra la gente asalariada, pensionista, funcionaria y la <i>asistida<\/i>, as\u00ed como la violencia policial m\u00e1s sistem\u00e1tica contra las manifestaciones de oponentes, como se vio, en particular, en Notre-Dame-des-Landes y contra las personas migrantes. Todas las manifestaciones sindicales o estudiantiles, incluso las m\u00e1s pac\u00edficas, son reprimidas sistem\u00e1ticamente por una polic\u00eda pertrechada hasta los dientes, cuyas nuevas maniobras y t\u00e9cnicas de fuerza est\u00e1n pensadas para aterrorizar a quienes se manifiestan e intimidar al resto de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El caso de Macron est\u00e1 entre los m\u00e1s interesantes para completar el retrato del nuevo neoliberalismo. Llevando m\u00e1s lejos todav\u00eda la identificaci\u00f3n del Estado con la empresa privada, hasta el punto de pretender hacer de Francia una <i>start-up nation<\/i>, no cesa de centralizar el poder en sus manos y llega incluso a promover un cambio constitucional que convalidar\u00e1 el debilitamiento del Parlamento en nombre de la <i>eficacia<\/i>. La diferencia con Sarkozy en este punto salta a la vista: mientras que este \u00faltimo se explayaba en declaraciones provocadoras, al tiempo que afectaba un estilo <i>relajado<\/i> en el ejercicio de su funci\u00f3n, Macron pretende devolver todo su lustre y toda su solemnidad a la funci\u00f3n presidencial. De este modo conjuga un despotismo de empresa con la subyugaci\u00f3n de las instituciones de la democracia representativa en beneficio exclusivo del poder ejecutivo. Se ha hablado con raz\u00f3n de <i>bonapartismo<\/i> para caracterizarle, no solo por la manera en c\u00f3mo tom\u00f3 el poder acabando con los viejos partidos gubernamentales, sino tambi\u00e9n a causa de su desprecio manifiesto por todos los contrapoderes. La novedad que ha introducido en esta antigua tradici\u00f3n bonapartista es justamente una verdadera gobernanza de empresa. El macronismo es un bonapartismo empresarial.<\/p>\n<p>El aspecto autoritario y vertical de su modo de gobierno encaja perfectamente en el marco de un nuevo neoliberalismo m\u00e1s violento y agresivo, a imagen y semejanza de la guerra librada contra los enemigos de la seguridad nacional. \u00bfAcaso una de las medidas m\u00e1s emblem\u00e1ticas de Macron no ha sido la inclusi\u00f3n en la ley ordinaria, en octubre de 2017, de disposiciones <i>excepcionales<\/i> del estado de emergencia declarado tras los atentados de noviembre de 2015?<\/p>\n<p><b>La aplicaci\u00f3n de la ley en contra de la democracia <\/b><\/p>\n<p>No cabe descartar que se produzca en Occidente un <i>momento polanyiano<\/i>, es decir, una soluci\u00f3n verdaderamente fascista, tanto en el centro como en la periferia, sobre todo si se produce una nueva crisis de la amplitud de la de 2008. El acceso al poder de la extrema derecha en Italia es un toque de advertencia suplementario. Mientras tanto, en este momento que prevalece hasta nueva orden, estamos asistiendo a una exacerbaci\u00f3n del neoliberalismo, que conjuga la mayor libertad del capital con ataques cada vez m\u00e1s profundos contra la democracia liberal-social, tanto en el \u00e1mbito econ\u00f3mico y social como en el terreno judicial y policial. \u00bfHay que contentarse con retomar el t\u00f3pico cr\u00edtico de que el estado de excepci\u00f3n se ha convertido en regla?<\/p>\n<p>Al argumento de origen schmittiano del <i>estado de excepci\u00f3n permanente<\/i>, retomado por Giorgio Agamben, que supone una suspensi\u00f3n pura y simple del Estado de derecho, debemos oponer los hechos observables: el nuevo gobierno neoliberal se implanta y cristaliza con la promulgaci\u00f3n de medidas de guerra econ\u00f3mica y policial. Dado que las crisis sociales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas son permanentes, corresponde a la legislaci\u00f3n establecer las reglas v\u00e1lidas de forma permanente que permitan a los gobiernos responder a ellas en todo momento e incluso prevenirlas. De este modo, las crisis y urgencias han permitido el nacimiento de lo que Harcourt denomina un \u201cnuevo estado de legalidad\u201d, que legaliza lo que hasta ahora no eran m\u00e1s que medidas de emergencia o respuestas coyunturales de pol\u00edtica econ\u00f3mica o social. M\u00e1s que con un estado de excepci\u00f3n que opone reglas y excepciones, nos las tenemos que ver con una transformaci\u00f3n progresiva y harto sutil del Estado de derecho, que ha incorporado a su legislaci\u00f3n la situaci\u00f3n de doble guerra econ\u00f3mica y policial a la que nos han conducido los gobiernos.<\/p>\n<p>A decir verdad, los gobernantes no est\u00e1n totalmente desprovistos para legitimar intelectualmente semejante transformaci\u00f3n. La doctrina neoliberal ya hab\u00eda elaborado el principio de esta concepci\u00f3n del Estado de derecho. As\u00ed, Hayek subordinaba expl\u00edcitamente el Estado de derecho a la <i>ley<\/i>: seg\u00fan \u00e9l, la <i>ley<\/i> no designa cualquier norma, sino exclusivamente el tipo de reglas de conducta que son aplicables a todas las personas por igual, incluidos los personajes p\u00fablicos. Lo que caracteriza propiamente a la ley es, por tanto, la universalidad formal, que excluye toda forma de excepci\u00f3n. Por consiguiente, el verdadero Estado de derecho es el Estado de derecho material (<i>materieller Rechtsstaat<\/i>), que requiere de la acci\u00f3n del Estado la sumisi\u00f3n a una norma aplicable a todas las personas en virtud de su car\u00e1cter formal. No basta con que una acci\u00f3n del Estado est\u00e9 autorizada por la legalidad vigente, al margen de la clase de normas de las que se deriva. En otras palabras, se trata de crear no un sistema de excepci\u00f3n, sino m\u00e1s bien un sistema de normas que proh\u00edba la excepci\u00f3n. Y dado que la guerra econ\u00f3mica y policial no tiene fin y reclama cada vez m\u00e1s medidas de coerci\u00f3n, el sistema de leyes que legalizan las medidas de guerra econ\u00f3mica y policial ha de extenderse por fuerza m\u00e1s all\u00e1 de toda limitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por decirlo de otra manera, ya no hay freno al ejercicio del poder neoliberal por medio de la ley, en la misma medida que la ley se ha convertido en el instrumento privilegiado de la lucha del neoliberalismo contra la democracia. El Estado de derecho no est\u00e1 siendo abolido desde fuera, sino destruido desde dentro para hacer de \u00e9l un arma de guerra contra la poblaci\u00f3n y al servicio de los dominantes. El proyecto de ley de Macron sobre la reforma de las pensiones es, a este respecto, ejemplar: de conformidad con la exigencia de universalidad formal, su principio es que un euro cotizado otorga exactamente el mismo derecho a todos, sea cual sea su condici\u00f3n social. En virtud de este principio est\u00e1 prohibido, por tanto, tener en cuenta la penosidad de las condiciones de trabajo en el c\u00e1lculo de la cuant\u00eda de la pensi\u00f3n. Tambi\u00e9n en esta cuesti\u00f3n salta a la vista la diferencia entre Sarkozy y Macron: mientras que el primero hizo aprobar una ley tras otra sin que les siguieran sendos decretos de aplicaci\u00f3n, el segundo se preocupa mucho de la aplicaci\u00f3n de las leyes.<\/p>\n<p>Ah\u00ed se sit\u00faa la diferencia entre <i>reformar<\/i> y <i>transformar<\/i>, tan cara a Macron: la transformaci\u00f3n neoliberal de la sociedad requiere la continuidad de la aplicaci\u00f3n en el tiempo y no puede contentarse con los efectos del anuncio sin m\u00e1s. Adem\u00e1s, este modo de proceder comporta una ventaja inapreciable: una vez aprobada una ley, los gobiernos pueden esquivar su parte de responsabilidad so pretexto de que se limitan a <i>aplicar la ley<\/i>. En el fondo, el nuevo neoliberalismo es la continuaci\u00f3n de lo antiguo en clave peor. El marco normativo global que inserta a individuos e instituciones dentro de una l\u00f3gica de guerra implacable se refuerza cada vez m\u00e1s y acaba progresivamente con la capacidad de resistencia, desactivando lo colectivo. Esta naturaleza antidemocr\u00e1tica del sistema neoliberal explica en gran parte la espiral sin fin de la crisis y la aceleraci\u00f3n ante nuestros ojos del proceso de desdemocratizaci\u00f3n, por el cual la democracia se vac\u00eda de su sustancia sin que se suprima formalmente.<\/p>\n<p><i>Pierre Dardot <\/i>es fil\u00f3sofo y <i>Christian Laval<\/i> es soci\u00f3logo. Ambos son coautores, entre otras obras, de <i>La nueva raz\u00f3n del mundo <\/i>y <i>Com\u00fan<\/i><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n: viento sur<\/em><\/p>\n<p><b><u>Referencias<\/u><\/b><\/p>\n<p>Gentile, Emilio (2004) <i>Fascismo: historia e interpretaci\u00f3n<\/i>. Madrid: Alianza.<\/p>\n<p>Harcourt, Bernard E. (2018) <i>The Counterrevolution, How Our Government Went to War against its Own Citizens<\/i>. Nueva York: Basic Books.<\/p>\n<p>Kuttner, Robert (2018) <i>Can democracy survive Global Capitalism?<\/i> Nueva York\/Londres: WW. Norton &amp; Company.<\/p>\n<p>Paxton, Robert O. (2009) <i>Anatom\u00eda del fascismo<\/i>. Madrid: Capit\u00e1n Swing.<\/p>\n<p>Roth, Philip (2005) <i>La conjura contra Am\u00e9rica<\/i>. Barcelona: Mondadori.<\/p>\n<p><b><u>Notas<\/u><\/b>:<\/p>\n<p><b>1\/ <\/b>Prefacio a la traducci\u00f3n en ingl\u00e9s, publicada por la editorial Verso, de <i>La pesadilla que no acaba nunca<\/i> (Gedisa, 2017), obra publicada originalmente por La D\u00e9couverte, Par\u00eds, en 2016.<\/p>\n<p><b>2\/ <\/b>\u00c9ric Fassin, \u201cLe moment n\u00e9ofasciste du n\u00e9olib\u00e9ralisme\u201d, <i>Mediapart<\/i>, 29 de junio de 2018, <a href=\"https:\/\/blogs.mediapart.fr\/eric-fassin\/blog\/290618\/le-moment-neofasciste-du-neoliberalisme\">https:\/\/blogs.mediapart.fr\/eric-fassin\/blog\/290618\/le-moment-neofasciste-du-neoliberalisme <\/a>.<\/p>\n<p><b>3\/ <\/b>Henry Giroux, <i>Neoliberal Fascism and the Echoes of History<\/i>, <a href=\"https:\/\/www.truthdig.com\/articles\/neoliberal-fascism-and-the-echoes-of-history\/\">https:\/\/www.truthdig.com\/articles\/neoliberal-fascism-and-the-echoes-of-history\/ <\/a>, 08\/09\/2018.<\/p>\n<p><b>4\/ <\/b>Robert O. Paxton, \u201cLe r\u00e9gime de Trump est une ploutocratie\u201d, <i>Le Monde<\/i>, 6 de marzo de 2017.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/vientosur.info\/spip.php?article14984\">https:\/\/vientosur.info\/spip.php?article14984<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El desorden global Por Pierre Dardot y Christian Laval Desde hace una decena de a\u00f1os viene anunci\u00e1ndose regularmente el fin del neoliberalismo: la crisis financiera mundial de 2008 se present\u00f3 como el \u00faltimo estertor de su agon\u00eda, despu\u00e9s le toc\u00f3 el turno a la crisis griega en Europa (al menos hasta julio de 2015), sin [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1978,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1977","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-blog"],"jetpack_publicize_connections":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.4 - 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