{"id":2018,"date":"2019-08-13T02:21:07","date_gmt":"2019-08-13T02:21:07","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2018"},"modified":"2019-08-13T02:21:07","modified_gmt":"2019-08-13T02:21:07","slug":"defensoras-de-la-pachamama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2018","title":{"rendered":"Defensoras de la Pachamama"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>por Ra\u00fal Zibechi<\/strong><\/em><\/p>\n<div class=\"itemFullText\">\n<p><strong>En Ecuador las explotaciones mineras enfrentan una creciente resistencia ind\u00edgena y popular. Protagonizado por las mujeres, el movimiento se ha convertido en la principal oposici\u00f3n a los megaemprendimientos. Las victorias que cosecha en los planos social y judicial lo han puesto en el centro del escenario pol\u00edtico de las regiones andinas.<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cSin las mujeres no habr\u00eda resistencia a la miner\u00eda ni movimiento social\u201d<\/em>, enfatiza uno de los mayores de la ronda, que va creciendo alrededor del fog\u00f3n en el que se cocinan empanadas. El fuego arde pegado al camino de tierra que conduce a la mina R\u00edo Blanco, donde la comunidad San Pedro de Yumate mantiene un bloqueo permanente del paso de maquinaria y veh\u00edculos de la empresa minera. La treintena de personas que integramos la ronda, a casi 3 mil metros de altura, rodeados por un bosque h\u00famedo semitropical, estamos distribuidos de forma asim\u00e9trica. En una punta los varones, hablamos, analizamos y seguimos hablando. En tanto, las mujeres, la mayor\u00eda del grupo, se afanan en torno al fog\u00f3n armando empanadas de queso y banano, dor\u00e1ndolas sobre el aceite y disponiendo los trastos para comer y beber.<\/p>\n<p>Adornando las construcciones donde los comuneros se cobijan de la lluvia y el fr\u00edo, se destacan grandes murales multicolores y una pintada que reza: <em>\u201c\u00a1Fuera, chinos!\u201d<\/em>. Una casilla y una barrera de control completan el cierre del camino. <em>\u201cEste lugar naci\u00f3 el 8 de mayo de 2018, cuando las comunidades de la zona se organizaron para quemar el campamento minero\u201d<\/em>, explica Paul, de 27 a\u00f1os, quien luce una sonrisa tan estridente como su sombrero rojo. Yumate pertenece a la parroquia de Molleturo, de unos 15 mil habitantes, centro de una regi\u00f3n que incluye 72 comunidades. <em>\u201cEl levantamiento lo hicieron unas 30 comunidades y todo empez\u00f3 hace muchos a\u00f1os, por un grupo de mujeres que se llaman <\/em>pachamamas<em>, campesinas mayores de la parroquia\u201d<\/em>, explica Klever, otro joven que se regocija relatando su historia.<\/p>\n<p><strong>CHINOS CONTRA EL P\u00c1RAMO.<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201c4.000 m.s.n.m.\u201d<\/em>, advierte un cartel instalado en el punto m\u00e1s alto de la carretera que conduce de Cuenca hasta Guayaquil, en un punto que llaman Tres Cruces. Todo el camino es cuesta arriba por una excelente carretera que atraviesa el Parque Nacional de Cajas, un enorme macizo de p\u00e1ramo que, como dicen los comuneros, es una verdadera f\u00e1brica de agua. Por cierto, el agua de la colonial Cuenca (medio mill\u00f3n de habitantes) es pura, cristalina y potable, algo ya casi imposible en las ciudades latinoamericanas.<\/p>\n<p>El recorrido de una hora se hace demasiado corto. Decenas de cataratas caen a la vera del camino, otras tantas se observan a la distancia, desplom\u00e1ndose de las monta\u00f1as verticales a las que s\u00f3lo acceden c\u00f3ndores y halcones, y se esconden lagos glaciares y hasta mil fuentes de agua. Gloria tiene un peque\u00f1o restaurante cerca de Tres Cruces y conoce el p\u00e1ramo desde hace tres d\u00e9cadas. <em>\u201cEl parque tiene unas 280 lagunas, pero hace tres a\u00f1os militarizaron toda la regi\u00f3n\u201d<\/em>, se queja, <em>\u201cpor la cuesti\u00f3n de la miner\u00eda\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>El \u201ccontrol comunitario\u201d para impedir el tr\u00e1nsito queda bastante m\u00e1s abajo, cuando la serran\u00eda se trasmuta en selva de altura y aparecen las frutas, los pl\u00e1tanos y los casta\u00f1os, donde las petulantes orqu\u00eddeas y las bromelias altaneras pavonean sus colores. <em>\u201cAqu\u00ed pasaban unas 20 volquetas cada d\u00eda, que nos robaron 330 toneladas de minerales\u201d<\/em>, insiste Paul debajo de un poncho demasiado holgado.<\/p>\n<p>La minera R\u00edo Blanco deber\u00eda ser una anomal\u00eda en Ecuador, despu\u00e9s de que el Mandato Constituyente de 2008, o Mandato Minero, ordenara dejar sin efecto las concesiones que afectan fuentes de agua y zonas protegidas. Sin embargo, entre 2016 y 2017 el gobierno de Rafael Correa anunci\u00f3 la reapertura del catastro minero con concesiones por casi 3 millones de hect\u00e1reas, lo que representa el 11 por ciento del territorio nacional. Una doble anomal\u00eda, si se quiere, porque el refer\u00e9ndum constitucional convocado por el actual presidente, Len\u00edn Moreno, en febrero de 2018, incluy\u00f3 una pregunta sobre la prohibici\u00f3n de la miner\u00eda met\u00e1lica <em>\u201cen \u00e1reas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos\u201d<\/em>, que fue respondida afirmativamente por el 68 por ciento de los votantes.<\/p>\n<p>Pese a todo, la miner\u00eda es una realidad omnipresente. En 2017 Ecuador gan\u00f3 dos premios internacionales, concedidos por fundaciones mineras, como Mejor Pa\u00eds en Desarrollo Minero y Pa\u00eds m\u00e1s Innovador en esa \u00e1rea. La provincia de Azuay, en el sur, cuya capital es Cuenca, se lleva la palma de la resistencia a ese modelo: <em>\u201cLas comunidades de Kimsacocha y R\u00edo Blanco llevan ya una d\u00e9cada resistiendo a la miner\u00eda\u201d<\/em>, explica la economista Nataly Torres, que integra el Colectivo de Geograf\u00eda Cr\u00edtica. Ambas minas est\u00e1n localizadas en \u00e1reas protegidas, donde nacen cinco r\u00edos que riegan la provincia. Los dos proyectos pretenden extraer oro. En 2013, R\u00edo Blanco fue adquirida por Ecuagoldmining, perteneciente al consorcio chino Junefield. El drag\u00f3n asi\u00e1tico es el mayor inversor en miner\u00eda en Ecuador, superando a Canad\u00e1.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la soci\u00f3loga Lina Solano, de la Universidad de Cuenca, en la regi\u00f3n del Cajas, en Azuay, se registran los mismos impactos negativos que conlleva la miner\u00eda en toda Am\u00e9rica Latina: vulneraci\u00f3n de los derechos humanos, militarizaci\u00f3n, criminalizaci\u00f3n de la protesta, divisi\u00f3n de las comunidades y pesadas consecuencias ambientales.<\/p>\n<p><strong>TRIUNFOS QUE ANIMAN.<\/strong><\/p>\n<p>En agosto de 2018 la Corte Provincial de Azuay dictamin\u00f3 la suspensi\u00f3n del proyecto R\u00edo Blanco, que entraba en la etapa de explotaci\u00f3n. La justicia contempl\u00f3 la petici\u00f3n de medidas de protecci\u00f3n interpuestas por los habitantes de la parroquia de Molleturo. Pero no llegaron a esta instancia s\u00f3lo mediante el papeleo judicial, sino a trav\u00e9s de una larga pelea casa por casa y persona por persona.<\/p>\n<p><em>\u201cEn 2017 se hizo el primer paro de la comunidad de R\u00edo Blanco\u201d<\/em>, relata Paul. <em>\u201cPero vimos que la empresa compraba a los dirigentes, porque hab\u00eda una conciencia de que esta lucha era similar a la que se hace por los derechos laborales, que siempre termina en negociaci\u00f3n y acuerdo.\u201d<\/em> Cuando asumieron esa realidad, tomaron otro camino. Lo primero fue apostarles a las mujeres mayores y a la naturaleza.<\/p>\n<p><em>\u201cDe noche marchaba con mi amigo Ismael a escuchar las lagunas, desafiando el fr\u00edo tremendo, hasta que las lagunas nos empezaron a hablar\u201d<\/em>, sigue Paul, golpeando el poncho como para sacarse el fr\u00edo. <em>\u201cTen\u00eda 23 a\u00f1os y cuando regres\u00e9 a mi casa, no s\u00e9 por qu\u00e9, me puse a escuchar una grabaci\u00f3n que se llama <\/em><strong><em>Entre la luz y la sombra<\/em><\/strong><em>, que despu\u00e9s supe que era del subcomandante Marcos.\u201d<\/em> Descerraja una sonrisa traviesa, pero no para de hablar, repitiendo como un mantra la palabra \u201cautonom\u00eda\u201d.<\/p>\n<p><em>\u201cDurante a\u00f1o y medio un peque\u00f1o grupo nos dedicamos a caminar y recorrer las comunidades, golpeando puertas, hablando con cada familia sobre lo que se nos ven\u00eda con la minera.\u201d<\/em> Descubrieron que era el modo de establecer lazos de confianza para proseguir la resistencia, con base en relaciones cara a cara, sin representantes que luego se venden. De alguna manera, es la forma de recrear la construcci\u00f3n de comunidad, una tradici\u00f3n que todos respetan y con la que se identifican.<\/p>\n<p>Cuando decidieron quemar el campamento minero, <em>\u201cuna acci\u00f3n colectiva sin heridos ni muertos\u201d<\/em>, las mujeres ocuparon la primera fila y arrostraron a los polic\u00edas que proteg\u00edan el lugar, que pronto desistieron ante la firmeza femenina. <em>\u201cNadie en sus casas\u201d<\/em> era la consigna, y pasaron tres d\u00edas en el monte hasta que los mandos militares aplacaron la rabia. Est\u00e1n convencidos de que las comunidades tomaron la decisi\u00f3n, extraordinaria en sus vidas, cuando comprobaron que era verdad que el agua de las lagunas estaba cambiando por la mina. <em>\u201cLa naturaleza es muy potente\u201d<\/em>, sentencia Daniel, el \u00fanico var\u00f3n que colabora con las empanadas, quiz\u00e1 por su especial sensibilidad de m\u00fasico pelilargo.<\/p>\n<p>Ahora que la mina est\u00e1 parcialmente detenida, aunque la empresa estableci\u00f3 otro acceso algo m\u00e1s abajo, han decidido construir porque, dicen, no pueden sostenerse s\u00f3lo a base de resistir. En setiembre inaugurar\u00e1n el primer \u201ccolegio aut\u00f3nomo\u201d, en R\u00edo Blanco, con docentes voluntarios de la ciudad, porque <em>\u201cellos usaban las escuelas como centro de adoctrinamiento minero\u201d<\/em>. Saben que las cosas van para largo, porque la minera de R\u00edo Blanco est\u00e1 entre los cinco proyectos estrat\u00e9gicos definidos por el Estado ecuatoriano. De modo que sienten la paralizaci\u00f3n como algo moment\u00e1neo, que se levantar\u00e1 apenas bajen los brazos. Adem\u00e1s de la escuela, decidieron crear una huerta comunitaria que les permita mantener el esp\u00edritu colectivo e iniciar el largu\u00edsimo camino hacia la soberan\u00eda alimentaria.<\/p>\n<p><strong>AMAS DE CASA Y COMADRONAS. <\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cYa no confiamos en los hombres\u201d<\/em>, escupe Yoana, 20 a\u00f1os, mientras aparta a la peque\u00f1a que quiere trepar, una vez m\u00e1s, sobre la espalda de la madre. El veterano Manuel Huam\u00e1n recoge el desaf\u00edo frunciendo los pliegues de su frente: <em>\u201cEl valor m\u00e1s grande en la organizaci\u00f3n son las mujeres. Nosotros vamos atrasito nom\u00e1s\u201d<\/em>. En San Pedro de Yumate todos han podido comprobar que cuando las papas queman, cuando los militares apuntan, ellas siguen firmes. Alguien vuelve a mentar a las pachamamas, un nombre casi m\u00edtico, para explicar la fuerza inquebrantable de las mujeres. Daniel, el m\u00fasico, explica: <em>\u201cLa clave son las comadronas. Mi abuela era comadrona, y puedo decirte que tienen una gran autoridad simb\u00f3lica y lazos muy fuertes, con los que ayudaron a nacer\u201d<\/em>. Luego destaca que las pachamamas empezaron hace 23 a\u00f1os, explicando en voz baja los da\u00f1os que provocar\u00eda la miner\u00eda al bien m\u00e1s apreciado, el agua. Se puede decir, entonces, que el movimiento ha nacido gradualmente, desde los vientres de las personas, alimentadas con esa agua fresca y cristalina que baja del p\u00e1ramo.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de la organizaci\u00f3n Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama fue en 2008, con mujeres de las parroquias afectadas por la miner\u00eda en la regi\u00f3n del Cajas: Tarqui, Victoria del Portete y Molleteuro, y con algunas que llegaron de la ciudad de Cuenca. Muchas se hab\u00edan conocido a\u00f1os antes en la Coordinadora Nacional por la Defensa de la Vida y la Soberan\u00eda, en tiempos de Correa, cuando arreciaba la represi\u00f3n y se multiplicaban las inversiones chinas. La soci\u00f3loga Solano asegura que el protagonismo femenino en todas las resistencias mineras puede explicarse por <em>\u201cel rol que tienen en las familias y las comunidades como guardianas de la reproducci\u00f3n\u201d<\/em>. La posici\u00f3n social de las mujeres, enfatiza, les permite una comprensi\u00f3n de las necesidades para la supervivencia. <em>\u201cCuando las fuentes de agua son afectadas, ellas deben recorrer largas distancias para abastecerse, lo que aumenta su carga de trabajo.\u201d<\/em> Adem\u00e1s, las mineras casi no emplean mujeres, salvo para limpieza y cocina.<\/p>\n<p>En la investigaci\u00f3n para su tesis de maestr\u00eda, Solano recoge testimonios de mujeres originarias sobre persecuciones policiales y enjuiciamientos, tanto de las pachamamas como del Frente de Mujeres Guardianas de la Amazon\u00eda, casi todas sin la menor experiencia organizativa previa. <em>\u201cNuestra ni\u00f1ez era el agua, lo m\u00e1s era el agua del r\u00edo que corr\u00eda\u201d<\/em>, recuerda Francisca, de 70 a\u00f1os. <em>\u201cEra maravilloso. Com\u00edamos agua de los pozos, \u00edbamos a ba\u00f1ar en el r\u00edo, el agua del r\u00edo tra\u00edamos, carg\u00e1bamos en los c\u00e1ntaros. Era una vida muy bonita\u201d<\/em>, exclama Isaura, de 72. Ambas de comunidades rurales de Tarqui y Victoria de Portete.<\/p>\n<p>Cuando los citadinos decimos <em>\u201cel agua es vida\u201d<\/em>, formulamos un eslogan abstracto, como tantos otros. Para las comuneras, en cambio, es la vida misma. El agua es sujeto de sus vidas, como el p\u00e1ramo y las cumbres nevadas, las plantas y los animales. Quiz\u00e1 por eso los liderazgos colectivos surgen de modo natural, como los manantiales, pasando por el costado de egos y protagonismos, tan propios del mundo de los varones.<\/p>\n<p>En una esquina de la ronda, mam\u00e1 Laureana, en silencio, no pierde detalle de los di\u00e1logos. A sus 76 a\u00f1os, es una de las comadronas m\u00e1s experimentadas de la parroquia. Responde con un susurro, diciendo que ayud\u00f3 a nacer en unos 200 partos. Lo dice sin el menor atisbo de vanidad, como si fuera la tarea que le depar\u00f3 la vida. Debe ser la forma de sentir el <em>Sumak Kawsay<\/em>, el buen vivir, como le llamamos los blancos. Vida sencilla, con la naturaleza, de modo que cada actividad contribuya a reproducir la existencia colectiva.<\/p>\n<p><strong>DE LA BARRICADA AL PODER.<\/strong><\/p>\n<p>La nutrida asamblea en Victoria del Portete, donde en 2011 los vecinos resist\u00edan la mina Kimsacocha, era presidida desde un elevado balc\u00f3n por un grupo de comuneros, entre los que destacaba, alto y erguido, Carlos P\u00e9rez Guartambel. Abogado y miembro de la organizaci\u00f3n de los kichwa de la sierra, Ecuarunari, la presidi\u00f3 entre 2013 y 2017, en el momento de mayor confrontaci\u00f3n con el presidente Rafael Correa, y continu\u00f3 en ese cargo hasta 2019. Se especializ\u00f3 en \u201cjusticia ind\u00edgena\u201d y public\u00f3 un grueso volumen con ese t\u00edtulo. El encabezar las movilizaciones comunitarias contra la miner\u00eda le vali\u00f3 la acusaci\u00f3n de <em>\u201cterrorismo\u201d<\/em> por parte del gobierno de Correa, por<em> \u201cobstaculizaci\u00f3n de v\u00edas p\u00fablicas\u201d<\/em>. Nos conocimos hace ocho a\u00f1os en Cuenca, en el Encuentro Continental por el Agua y la Pachamama, que pretendi\u00f3 coordinar las resistencias de la regi\u00f3n. En la apertura lanz\u00f3 un mensaje radical: <em>\u201cEl mismo discurso de las multinacionales de una miner\u00eda sustentable y responsable lo repiten Rafael Correa, en Ecuador; Juan Manuel Santos, en Colombia, y Alan Garc\u00eda, en Per\u00fa. Ni Ch\u00e1vez se salva\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>P\u00e9rez Guartambel gan\u00f3 las elecciones provinciales de marzo pasado y en mayo asumi\u00f3 la gobernaci\u00f3n de Azuay. De esta manera, hizo pedazos los pron\u00f3sticos de las encuestas que auguraban el triunfo de pol\u00edticos tradicionales y se convirti\u00f3 en el primer prefecto ind\u00edgena de la provincia. Antes de dar ese paso, cambi\u00f3 su nombre por Yaku (agua, en quechua). El diario local <em>El Mercurio<\/em> asegura que <em>\u201clas l\u00edneas discursivas de Yaku calaron profundo tanto en redes sociales como en la esfera p\u00fablica a trav\u00e9s de su austera pero efectiva campa\u00f1a\u201d<\/em>. Los medios destacan su sencillez y el hecho de que se movilice en bicicleta y se ocupe de los problemas rurales que nadie tiene entre sus prioridades. En su apasionada defensa del agua, dijo que a esta la protegen <em>\u201csobre todo las mujeres ind\u00edgenas, que son la clave de esta resistencia\u201d<\/em>. Agreg\u00f3 algo m\u00e1s, que qued\u00f3 flotando en el aire, en referencia a los objetivos de su pueblo: <em>\u201cCaminamos en las huellas de nuestros antepasados\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Es probable que la r\u00fabrica definitoria de su gesti\u00f3n sea la convocatoria de una consulta provincial para frenar la miner\u00eda met\u00e1lica en la provincia. Como las instituciones son reacias, a principios de este mes Yaku anunci\u00f3 una minga para recolectar las 65 mil firmas necesarias para esa votaci\u00f3n, es decir, el 10 por ciento del padr\u00f3n electoral de Azuay. Ya hubo un referendo en marzo en su regi\u00f3n, Kimsacocha, con un resultado abrumador: el 86 por ciento de los 15 mil vecinos dijeron no a la mina.<\/p>\n<p>Pese a todo, en los movimientos de base y en las comunidades afectadas por la miner\u00eda predomina el escepticismo sobre el alcance de cualquier gesti\u00f3n institucional, aun la que ejercen personas como Yaku, surgido del coraz\u00f3n de los movimientos. Cinco siglos aconsejan prudencia y los previenen de cualquier entusiasmo, sobre todo despu\u00e9s de experimentar la \u201crevoluci\u00f3n ciudadana\u201d corre\u00edsta, que para muchas comunidades fue m\u00e1s de lo mismo: miner\u00eda y militares. Las mujeres de esas comunidades atesoran la memoria colectiva que fluye entre cocinas y chacras, desde las Laureanas hasta las Yoanas. Estar\u00e1n all\u00ed, como siempre, atentas y vigilantes, a veces en silencio y otras poniendo el cuerpo, para asegurar que la vida siga siendo vida, o sea, pachamama, a pesar de los pesares.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"clr\"><\/div>\n<div class=\"itemExtraFields\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Ra\u00fal Zibechi En Ecuador las explotaciones mineras enfrentan una creciente resistencia ind\u00edgena y popular. Protagonizado por las mujeres, el movimiento se ha convertido en la principal oposici\u00f3n a los megaemprendimientos. 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