{"id":2123,"date":"2019-09-13T12:08:24","date_gmt":"2019-09-13T12:08:24","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2123"},"modified":"2019-09-13T12:08:24","modified_gmt":"2019-09-13T12:08:24","slug":"chalecos-amarillos-un-balance-provisional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2123","title":{"rendered":"Chalecos amarillos, un balance provisional"},"content":{"rendered":"<div class=\"subtitulo\">Este movimiento enormemente dispar se ha ido constituyendo como un genuino contrapoder d\u00e9bil pero eficaz. Inasible por las instituciones tradicionales, su fortaleza se derivar\u00eda de su liquidez y de su multiplicidad<\/div>\n<div><\/div>\n<div><em><strong>Por Carlos Taibo<\/strong><\/em><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\n<p>La atenci\u00f3n que el movimiento franc\u00e9s de los chalecos amarillos \u2013los <em>gilets jaunes<\/em>\u2013 ha suscitado por estos pagos ha sido m\u00e1s bien escasa. Pareciera como si se sobreentendiese, por un lado, que se trata de una iniciativa vinculada estrechamente con la singular realidad del pa\u00eds en que ha germinado y, por el otro, que su destino ineluctable es desaparecer. Sobran las razones, sin embargo, para recelar de esas dos intuiciones que impiden \u2013parece\u2013 prestar atenci\u00f3n a hechos importantes.<\/p>\n<p>Uno de esos hechos asume la forma de la enorme dificultad que arrastramos en materia de predicci\u00f3n de lo que est\u00e1 llamado a ocurrir con movimientos de muy diverso cariz y, m\u00e1s all\u00e1 de ellos, con la biolog\u00eda de la realidad social. Y eso que en Francia se hab\u00edan revelado al respecto se\u00f1ales de muy diverso orden, como las que asumieron la forma del rechazo popular de la llamada Constituci\u00f3n europea en 2005, del crecimiento paulatino de la abstenci\u00f3n electoral, del auge del Frente Nacional, de la manifestaci\u00f3n de movimientos varios en las <em>banlieues <\/em>de las grandes ciudades o, m\u00e1s recientemente, de la aparici\u00f3n de iniciativas como Nuit Debout. Parece servida la conclusi\u00f3n de que los <em>treinta gloriosos<\/em>\u2013la edad de oro de los Estados del bienestar\u2013 han quedado muy atr\u00e1s, de tal suerte que las reglas del juego correspondientes han sido dinamitadas.<\/p>\n<p>Estamos, por lo dem\u00e1s, y habr\u00e1 que volver sobre el argumento, ante un movimiento enormemente dispar, del que todo, o casi todo, puede decirse. Bastar\u00e1 con recordar que, al menos inicialmente, parec\u00eda incalificable, portador como era de muchos elementos propios de la derecha que, con el paso del tiempo, y de la mano de una confluencia de luchas, parecen haber remitido a medida que los chalecos amarillos se politizaban, se expand\u00edan y recib\u00edan apoyos intensos en la sociedad francesa<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Los chalecos amarillos han configurado, en fin, y en palabras de \u00c9tienne Balibar, un genuino contrapoder<sup>2<\/sup>. Un contrapoder d\u00e9bil pero eficaz que, inasible por las instituciones tradicionales, disfrutar\u00eda de una fortaleza que se derivar\u00eda, no sin paradoja, de su liquidez, de su multiplicidad y de su fuerza difusa<sup>3<\/sup>. Por detr\u00e1s lo que despunta, con toda evidencia,\u00a0 es una crisis general de los mecanismos de representaci\u00f3n pol\u00edtica, en el buen entendido de que los chalecos amarillos no son su causa, sino una de sus manifestaciones. Y una crisis, tambi\u00e9n, y por cierto, de la representaci\u00f3n sindical al uso.<\/p>\n<p>1. El movimiento de los chalecos amarillos vio la luz en el oto\u00f1o de 2018, y en primera instancia lo hizo al amparo de un cuestionamiento franco de la figura de Macron, \u201cel presidente de los ricos\u201d, retratado una y otra vez como arrogante y envanecido, y emplazado muy lejos de cualquier proyecto orientado a moralizar, como pretend\u00eda la ret\u00f3rica oficial, la pol\u00edtica francesa. El movimiento beb\u00eda de una percepci\u00f3n muy extendida que entend\u00eda, con razones s\u00f3lidas, que la clase pol\u00edtica vive al margen de los problemas de la gente de a pie, v\u00edctima, esta \u00faltima, de la precariedad, del desempleo, del deterioro de los servicios p\u00fablicos y de constantes subidas de impuestos que, en cambio, no afectaban a las capas m\u00e1s ricas de la poblaci\u00f3n. \u201cNo nos escuchan, nos desprecian\u201d, se ha escuchado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Lo que se revelaba era, en paralelo, una conciencia repentina \u2013sin duda deb\u00eda haberse hecho valer mucho antes\u2013 de que el Estado no s\u00f3lo no proteg\u00eda a las gentes de abajo en \u00e1mbito alguno: se entregaba, antes bien, a su represi\u00f3n. Si la elecci\u00f3n de Macron como presidente supuso un golpe dur\u00edsimo para los partidos cl\u00e1sicos, la aparici\u00f3n de los chalecos amarillos ha acarreado un golpe no menos duro para la credibilidad del proyecto macroniano<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>2. Pocas tareas hay m\u00e1s dif\u00edciles que la de trazar un perfil de las personas integrantes del movimiento de los chalecos amarillos. Intentar\u00e9, aun as\u00ed, acometer la tarea correspondiente. El movimiento lo integran ante todo gentes que son trabajadoras en activo o jubiladas, con una media de 45 a\u00f1os de edad, integrantes de las <em>clases populares<\/em>o de una clase media en proceso de desclasamiento. En \u00e9l parece registrarse una mayor presencia de personas empleadas que de obreras, en el buen entendido de que entre sus integrantes se hallan tambi\u00e9n gentes que trabajan en la artesan\u00eda, en el comercio \u2013unas y otras est\u00e1n m\u00e1s presentes que en el conjunto de la poblaci\u00f3n\u2013 y miembros del peque\u00f1o empresariado. En general, quienes participan del movimiento se vinculan con instancias productivas tradicionales, alejadas de la l\u00f3gica de la globalizaci\u00f3n, y en un 74% de los casos se hallan en situaci\u00f3n de precariedad<sup>5<\/sup>. Los cuadros directivos est\u00e1n, por otra parte, poco representados. Apenas hay j\u00f3venes y \u2013parece\u2013 se dan cita pocas personas desempleadas.<\/p>\n<p>Entre los chalecos amarillos se registra una presencia masiva de mujeres: un 56% de la militancia, seg\u00fan Vandepitte<sup>6<\/sup>, y un 45%, seg\u00fan Farbiaz<sup>7<\/sup>, ser\u00edan tales, con franca mayor\u00eda de las <em>mujeres trabajadoras pobres<sup>8<\/sup><\/em>, a menudo madres de familias monoparentales, con salarios m\u00e1s bajos que los de los hombres, trabajos precarios, con frecuencia a tiempo parcial, y graves problemas en materia de conciliaci\u00f3n. No parece particularmente relevante, con todo, la presencia de mujeres que disfrutan \u2013es una manera de hablar\u2013 de pensiones muy reducidas. En t\u00e9rminos generales, tampoco parece que las capas m\u00e1s pobres de la sociedad francesa participen activamente del movimiento, en el que es, en fin, escasa la presencia de poblaci\u00f3n inmigrante.<\/p>\n<p>Aunque a menudo se ha sugerido que los chalecos amarillos proceden de zonas rurales, en la mayor\u00eda de los casos no se trata de miembros del campesinado entendido en el sentido tradicional. En semejante contexto a duras penas sorprender\u00e1 que la condici\u00f3n de clase de la militancia del movimiento sea difusa, como lo demostrar\u00eda el hecho de que junto a integrantes del proletariado precarizado se den cita miembros de una clase media endeudada y empobrecida. El panorama se enrarece a\u00fan m\u00e1s si se certifica la presencia en ascenso de gentes que habitan en los barrios populares de las grandes ciudades, gentes que en unos casos se suman por solidaridad y en otros por compartir las demandas del movimiento<sup>9<\/sup>. De este \u00faltimo han sacado provecho, por lo dem\u00e1s, grupos humanos que, como los vinculados con la polic\u00eda, la enfermer\u00eda, el profesorado o el estudiantado, han procurado mejorar su situaci\u00f3n profesional. En este terreno los chalecos amarillos habr\u00edan operado como est\u00edmulo para que se reaviven otros conflictos.<\/p>\n<p>Seg\u00fan una encuesta que cita Farbiaz, un 15% de los chalecos se sit\u00faa en la extrema izquierda, un 42,6% en la izquierda, un 6% en el centro, un 12,7% en la derecha y un 5,4% en la extrema derecha<sup>10<\/sup>. Muchos de los chalecos amarillos, acaso la mayor\u00eda, se niegan, de cualquier modo, a ubicarse en un eje izquierda-derecha, del que recelan. Casi la mitad de la militancia se manifest\u00f3 en la calle por vez primera en su vida al calor del movimiento, en tanto s\u00f3lo un 44% hab\u00eda participado en una huelga con anterioridad<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>3. Importa, y mucho, prestar atenci\u00f3n a la procedencia geogr\u00e1fica de los chalecos amarillos. E importa porque por momentos se hace evidente que, junto a los problemas tradicionales, frecuentemente vinculados con la inmigraci\u00f3n, de los suburbios de las grandes ciudades hay otros que remiten a la situaci\u00f3n de la Francia castigada sin paliativos por el proceso de globalizaci\u00f3n. Al respecto se ha revelado una conciencia clara de los efectos negativos de esta \u00faltima, que acercan a grupos humanos muy diversos en una Francia perif\u00e9rica que se opone a la de las metr\u00f3polis, claramente integrada en la econom\u00eda-mundo<sup>12<\/sup>.\u00a0 No est\u00e1 de m\u00e1s que recuerde al respecto que la globalizaci\u00f3n suscita, como parece inevitable, percepciones muy diferentes. Bastar\u00e1 con recordar que mientras el 68% de quienes pueden describirse como cuadros dirigentes ven en ella una oportunidad, el 74% de los integrantes de la clase obrera la percibe, en cambio, como una amenaza<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<p>Se ha hablado de una Francia que se levanta contra las \u00e9lites parisinas \u2013 pareciera como si para muchos chalecos amarillos los conceptos de <em>parisino<\/em>, <em>burgu\u00e9s<\/em>y <em>explotador<\/em>estuviesen muy pr\u00f3ximos<sup>14<\/sup>\u2013 y, de manera m\u00e1s precisa, se ha identificado lo que se ha dado en llamar la <em>diagonal del vac\u00edo<\/em>. A los ojos de Herv\u00e9 Le Bras, esta Francia incorpora departamentos caracterizados por un activo despoblamiento. En ellos se dan cita zonas rurales o semirrurales preteridas que pierden comercios, maternidades y servicios p\u00fablicos, en las que hay que recorrer distancias importantes para acudir al trabajo, trasladarse a la escuela o presentarse en un hospital, en las que los habitantes a menudo no pueden disfrutar de vacaciones y en las que se registran, en suma, un incremento visible de las desigualdades y la desaparici\u00f3n, en los hechos, de los ascensores sociales. Hablo, en otras palabras, de la Francia que acoge a gentes que no parecen importar a nadie.<\/p>\n<p>En la trastienda lo que despunta \u2013lo repetir\u00e9\u2013 es una confrontaci\u00f3n entre las metr\u00f3polis, por un lado, y las ciudades peque\u00f1as y el mundo rural, por el otro, en el buen entendido de que no se antoja sencillo identificar, en t\u00e9rminos demogr\u00e1ficos, cu\u00e1l es la Francia urbana y cu\u00e1l la rural. Comoquiera que los l\u00edmites entre una y otra son a menudo difusos, Christophe Guilluy prefiere hablar de una colisi\u00f3n entre territorios din\u00e1micos y territorios marcados por la fragilidad social<sup>15<\/sup>. Estos \u00faltimos depender\u00edan en exceso del empleo p\u00fablico y de actividades tradicionales manifiestamente en retroceso. Seg\u00fan el propio Guilluy, en la Francia perif\u00e9rica \u2013el asiento principal de los chalecos amarillos\u2013 se dar\u00eda cita nada menos que el 61% de la poblaci\u00f3n del pa\u00eds<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>4. La principal forma de acci\u00f3n de los chalecos amarillos ha sido la ocupaci\u00f3n de rotondas y, con ella, tambi\u00e9n la de los servicios de peaje de las autopistas, acompa\u00f1ada con frecuencia de la inutilizaci\u00f3n de los radares de control de velocidad de las carreteras. En todos estos casos, como en el de las numerosas manifestaciones desarrolladas, las acciones se han hecho valer sin respetar las normas legales y al amparo de lo que las m\u00e1s de las veces han sido pr\u00e1cticas espont\u00e1neas fuera de control.<\/p>\n<p>Dos son las dimensiones que me interesa rescatar en relaci\u00f3n con estas cuestiones. La primera obliga a subrayar que los chalecos amarillos habr\u00edan abierto el camino a una suerte de tercera modalidad de <em>huelga<\/em>que se agregar\u00eda a dos ya conocidas. Estas \u00faltimas son la huelga <em>de producci\u00f3n<\/em>, que traba \u2013como su nombre indica\u2013 la generaci\u00f3n de bienes y de servicios, y la huelga <em>de consumo<\/em>, que hace lo propio con el consumo de esos bienes y servicios. Las ocupaciones de rotondas apuntan, como acabo de sugerir, a una tercera modalidad, que tal vez podr\u00eda llamarse huelga <em>de distribuci\u00f3n<\/em>. Su objetivo mayor es impedir que, en virtud del despliegue de trabas a la circulaci\u00f3n de veh\u00edculos, los bienes lleguen a los centros comerciales. Esta forma de control de determinados espacios ha sido particularmente lesiva para los intereses de las <em>grandes superficies<\/em>.<\/p>\n<p>La segunda dimensi\u00f3n que invocaba vuelve en m\u00e1s de un sentido sobre un argumento que ya me ha atra\u00eddo: los chalecos amarillos no se nutren de las capas m\u00e1s pobres de la sociedad, como lo vendr\u00eda a demostrar el hecho de que en muchos casos sus demandas guardan relaci\u00f3n expresa con el autom\u00f3vil y su mundo. No se olvide al respecto que el movimiento surgi\u00f3 de resultas del designio de oponerse a la en\u00e9sima subida en el precio de los carburantes y que en la mayor\u00eda de los casos estamos hablando, obviamente, de gentes que disponen de un autom\u00f3vil. A tono con lo sugerido, muchas de las demandas, o al menos de las demandas iniciales, formuladas por el movimiento subrayaban la dificultad de hacer frente a las exigencias derivadas de la disposici\u00f3n de un autom\u00f3vil que, seg\u00fan una estimaci\u00f3n, se llevaba a menudo un 20% de los salarios m\u00e1s bajos<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>5. Una de las cr\u00edticas com\u00fanmente vertidas sobre los chalecos amarillos es la que identifica en \u00e9stos v\u00ednculos estrechos con la derecha y, m\u00e1s a\u00fan, con la extrema derecha. Hay quien ha cre\u00eddo ver en aquellos, y quien piensa todav\u00eda que la descripci\u00f3n es correcta, un movimiento <em>poujadista <\/em>de la peque\u00f1a burgues\u00eda reaccionaria<sup>18<\/sup>. A los ojos de cierta derecha, y por otra parte, los chalecos amarillos ser\u00edan los verdaderos franceses, muy alejados de los movimientos radicales de los suburbios urbanos. Desde esta perspectiva, Francia estar\u00eda desapareciendo, los inmigrantes se beneficiar\u00edan de pol\u00edticas que no beneficiar\u00edan, en cambio, a los franceses, los jud\u00edos controlar\u00edan los bancos y los medios de comunicaci\u00f3n, los comisarios de polic\u00eda ser\u00edan masones\u2026<sup>19<\/sup>. Estas percepciones a duras penas pueden sorprender. Al fin y al cabo, las \u00e1reas geogr\u00e1ficas de manifestaci\u00f3n de los chalecos amarillos lo han sido tambi\u00e9n, en muchos casos, de asentamiento del Frente Nacional, una fuerza que procuraba responder, bien que con claves las m\u00e1s de las veces diferentes, a los problemas correspondientes.<\/p>\n<p>Tiene sentido que recoja un pu\u00f1ado de observaciones que redundan en esa interpretaci\u00f3n del movimiento como una iniciativa vinculada con la derecha. Se han identificado en aquel, bien que con presencia limitada, conductas racistas y sexistas, y tambi\u00e9n mensajes antisemitas. No han faltado tampoco entre los chalecos amarillos las demandas encaminadas a alentar medidas duras contra la inmigraci\u00f3n. Aunque la cuesti\u00f3n es compleja, muchas de las defensas de la soberan\u00eda nacional beben tambi\u00e9n del discurso de determinados segmentos de la derecha tradicional. M\u00e1s all\u00e1 de lo anterior, y de manera tal vez m\u00e1s consistente, a menudo se ha se\u00f1alado que son muchos los chalecos amarillos que no buscan otra cosa que el beneficio propio, lejos de cualquier proyecto colectivo y solidario. Con frecuencia, y por a\u00f1adidura, no consta que la militancia de hoy haya mostrado su solidaridad con muchas de las huelgas registradas en el pasado<sup>20<\/sup>.<\/p>\n<p>Hay quien estima, por lo dem\u00e1s, que los sectores de derecha extrema que se han acercado al movimiento, o que han formado parte de \u00e9l desde el principio, rara vez acogen, sin embargo, a militantes del partido de Marine Le Pen, una fuerza pol\u00edtica que contemplar\u00eda a los chalecos amarillos con ojos m\u00e1s bien esc\u00e9pticos y desconfiados<sup>21<\/sup>. Las cosas como fueren, parece que cabe identificar \u2013como inmediatamente tendr\u00e9 la oportunidad de subrayar\u2013 un fracaso general de la extrema derecha a la hora de colocar en primer plano sus demandas y, con \u00e9l, un retroceso general de sus activistas.<\/p>\n<p>6. Ya he se\u00f1alado que en inicio el movimiento de los chalecos amarillos reclam\u00f3 la desaparici\u00f3n de una tasa que deb\u00eda gravar los carburantes. M\u00e1s all\u00e1 de ello, exigi\u00f3 que se pusiese fin a una larga etapa de reducci\u00f3n del poder adquisitivo, de subida de los precios de los alquileres y de deterioro de los servicios sociales.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo, parece evidente, sin embargo, que las demandas se precisaron, se ampliaron y, en su caso, se vieron completadas con otras. Recordar\u00e9 al respecto, por ejemplo, c\u00f3mo por detr\u00e1s de la solicitud de que desapareciese la tasa sobre los carburantes despuntaba una clara conciencia en lo que ata\u00f1e a un hecho: los recursos obtenidos en virtud de tasas como esa no se destinaban, o solo eran asignados tangencialmente, a encarar los problemas medioambientales. El Gobierno franc\u00e9s no ten\u00eda, por otra parte, ninguna intenci\u00f3n de prohibir el queroseno o los viajes de los cruceros. Las v\u00edctimas eran, como siempre, las gentes de abajo, llamadas a pagar una imaginable reconversi\u00f3n ecol\u00f3gica de la econom\u00eda. El movimiento acab\u00f3 planteando, en fin, otras medidas, como las relativas al aislamiento t\u00e9rmico de viviendas, llamado a permitir la reducci\u00f3n del consumo de energ\u00edas f\u00f3siles, al establecimiento de impuestos m\u00e1s altos sobre el fuel mar\u00edtimo y el queroseno, a la gratuidad del transporte p\u00fablico o a la b\u00fasqueda de alternativas al autom\u00f3vil. Y asumi\u00f3 con claridad que la lucha contra el cambio clim\u00e1tico deb\u00eda suponer que se restrinjan las posibilidades al alcance de quienes \u2013las grandes empresas\u2013 son responsables mayores de aquel.<\/p>\n<p>Se verificaron tambi\u00e9n cambios en lo que ata\u00f1e a la forma de afrontar la inmigraci\u00f3n, y eso que, seg\u00fan un estudio que cita Farbiaz, un 48% de los chalecos amarillos parec\u00eda estimar que en materia de empleo la poblaci\u00f3n francesa deb\u00eda disfrutar de prioridad ante la inmigraci\u00f3n regular<sup>22<\/sup>. Aun con ello, si al principio se reivindicaban en su caso pol\u00edticas represivas, con el paso del tiempo se postularon medidas encaminadas a mejorar la situaci\u00f3n de las personas refugiadas y <em>sin papeles<\/em>, al amparo de una incipiente conciencia de que muchos problemas eran comunes y de que hab\u00eda que integrar a la inmigraci\u00f3n en la lucha de los chalecos. En esta deriva es l\u00edcito sostener que tuvo su influencia el hecho de que se incorporasen al movimiento sectores urbanos vinculados con los movimientos sociales cr\u00edticos desplegados en los a\u00f1os anteriores.<\/p>\n<p>Cada vez ha sido m\u00e1s notoria, en suma, la manifestaci\u00f3n de discursos anticapitalistas que, con vocaci\u00f3n de contestaci\u00f3n general, colocan la igualdad y el medio natural en lugares centrales de las demandas. Y a menudo ha sucedido, tambi\u00e9n, que aquellas de entre estas que parec\u00edan poco ambiciosas encontraban en los hechos una radicalidad mayor que la que correspond\u00eda a tantas consignas grandilocuentes.<\/p>\n<p>7. El retrato que, desde los estamentos oficiales, se ha ofrecido de los chalecos amarillos ha sido cualquier cosa menos matizado. En su esencia se ha asentado en la afirmaci\u00f3n de que la militancia correspondiente forma parte de lo peor, de lo m\u00e1s descarnado, de lo m\u00e1s ignorante, de lo menos respetable, de la sociedad, de tal suerte que es carne de ca\u00f1\u00f3n al servicio de discursos irracionales procedentes de la izquierda y de la derecha. Esa militancia reflejar\u00eda, por a\u00f1adidura, la incapacidad lamentable de una parte de la sociedad francesa en lo que se refiere a la integraci\u00f3n en la l\u00f3gica de una globalizaci\u00f3n modernizadora y liberadora. El retrato que me interesa ilustrar\u00eda, del lado de su emisor, la presencia de lo que Edwy Plenel describe como una combinaci\u00f3n de \u201cdesprecio de clase, temor a lo desconocido, rechazo de lo in\u00e9dito, miedo del que tiene algo que perder, confort del sabio, postura de vanguardia, crispaci\u00f3n del pol\u00edtico profesional\u201d<sup>23<\/sup>. O, por decirlo con otras palabras, revelar\u00eda el ascendiente de una percepci\u00f3n maniquea que contrapondr\u00eda \u201cdebate frente a manipulaci\u00f3n, apertura frente a crispaci\u00f3n, racionalidad frente a conspiraci\u00f3n, opiniones pol\u00edticamente correctas frente al discurso del odio, pragmatismo frente a fantasmas, historia frente a mitolog\u00eda, gobernanza frente a irracionalismo\u201d<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>Por detr\u00e1s de ese retrato se barrunta, claro, un visible esfuerzo de distorsi\u00f3n, de caricaturizaci\u00f3n, de la realidad que identificar\u00eda sin m\u00e1s, en los chalecos amarillos, un movimiento violento y extremista articulado por salvajes que no creen en la representaci\u00f3n democr\u00e1tica y que no son conscientes de las dificultades que los gobernantes tienen que encarar. Pero se manifiesta tambi\u00e9n un p\u00e1nico no ocultado ante lo que no se conoce ni se controla, con una consecuencia principal: comoquiera \u2013se nos dice\u2013 que los chalecos son gentes incultas y desinformadas, sus opiniones no merecen ser tomadas en consideraci\u00f3n. Este discurso trae a la memoria, por cierto, las posiciones de un sinf\u00edn de responsables pol\u00edticos de la UE que han se\u00f1alado, con singular desparpajo, que no tiene sentido organizar referendos sobre materias pol\u00e9micas.<\/p>\n<p>Cierto es, con todo, que la reacci\u00f3n de los estamentos oficiales ha tenido una consecuencia material mucho m\u00e1s relevante: la que ha asumido la forma de un respaldo franco a formas varias de represi\u00f3n. Desde los hechos de mayo de 1968 ning\u00fan movimiento hab\u00eda provocado una respuesta represiva tan dura. Entre mediados de noviembre de 2018 y mediados de febrero de 2019 m\u00e1s de tres mil personas fueron heridas en el transcurso de manifestaciones y cortes de tr\u00e1fico<sup>25<\/sup>. Entre el 17 de noviembre y el 21 de diciembre, por otra parte, diez personas perdieron la vida; nueve de ellas lo hicieron de resultas de accidentes de carretera<sup>26<\/sup>.<\/p>\n<p>La dura represi\u00f3n policial se ha visto completada con medidas que recuerdan poderosamente a la llamada <em>ley mordaza <\/em>espa\u00f1ola: detenciones, procesamientos, encarcelamientos, multas\u2026 No ha suscitado, sin embargo, mayores controversias en los c\u00edrculos de poder. Las fuerzas vivas, incluidas algunos sindicatos, han criticado con dureza la violencia de los chalecos amarillos sin hacer otro tanto con la ejercida por la polic\u00eda. Esta \u00faltima ha exhibido, en suma, un sesgo llamativo que queda bien retratado de la mano de una frase incluida en el libro <em>Les gilets jaunes: points de vue anarchistes,<\/em>coordinado por Monica Jornet: \u201cLa polic\u00eda desaparece cuando cierran los supermercados\u201d<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>8. A duras penas sorprender\u00e1 que en semejante escenario hayan menudeado, del lado de los chalecos amarillos, las cr\u00edticas vertidas contra los medios de comunicaci\u00f3n y, por extensi\u00f3n, contra la intelectualidad y la politolog\u00eda. Esas cr\u00edticas dan por demostrado que la mayor\u00eda de los primeros se han entregado a la manipulaci\u00f3n m\u00e1s abyecta, lejos de cualquier descripci\u00f3n m\u00e1s o menos as\u00e9ptica de los hechos. Al respecto se han identificado estrategias medi\u00e1ticas varias, como las que han invitado a\u00a0 distinguir entre chalecos buenos y malos, a sugerir la influencia de potencias extranjeras, a asimilar el movimiento a posiciones extremistas, a distorsionar los da\u00f1os producidos por manifestaciones y cortes de tr\u00e1fico<sup>28<\/sup>o, en otro plano, a exagerar una y otra vez la presencia de discursos xen\u00f3fobos y sexistas. Por encima de todo, se ha tomado nota de que muchos medios no parec\u00edan reivindicar otro horizonte que el que planteaba la necesidad de recuperar cuanto antes \u201cla normalidad\u201d.<\/p>\n<p>De las cr\u00edticas que ahora me interesan no se han librado en modo alguno muchas figuras intelectuales que han contribuido poderosamente a apuntalar el discurso oficial. Hay quien ha recordado al respecto que en 1871 fueron muchos los intelectuales que se opusieron ferozmente a la Comuna de Par\u00eds y cerraron filas con las gentes de orden. Ente los chalecos amarillos, que han hecho y hacen un uso intenso de las redes sociales, se ha tomado nota, en fin, de que la militancia habla una lengua distinta de la que emplean la clase pol\u00edtica, quienes mueven los hilos de la tecnocracia y el estamento profesoral.<\/p>\n<p>9. Se ha invocado a menudo el car\u00e1cter libertario, o anarquizante, de muchas de las pr\u00e1cticas y de las demandas de los chalecos amarillos. Al respecto pueden identificarse, ciertamente, realidades interesantes, mezcladas, aun as\u00ed, con otras que no lo son tanto. Si bien est\u00e1, en cualquier caso, que se enuncie lo que se estima que falta, o que sobra, entre los chalecos amarillos, hay que valorar, ante todo, qu\u00e9 es lo que estos \u00faltimos aportan en este terreno. \u00bfCu\u00e1les son los elementos mayores que invitan a atribuir una condici\u00f3n libertaria a los chalecos amarillos?<\/p>\n<p>El primero lo aporta el rechazo del sistema pol\u00edtico como un todo, visiblemente acompa\u00f1ado, las m\u00e1s de las veces, de un rechazo paralelo de la \u201coligarqu\u00eda de los competentes\u201d de la que hablaba Paul Ricoeur<sup>29<\/sup>. El segundo llega de la mano de una apuesta por un movimiento sin l\u00edderes, asentado en mandatos imperativos y en delegaciones revocables. Al respecto parece que resuenan las palabras recogidas en un texto difundido por los <em>communards <\/em>parisinos en 1871: \u201cNo perd\u00e1is de vista que los hombres que os servir\u00e1n mejor son los que elegir\u00e9is entre vosotros, los que viven vuestra vida y comparten las mismas palabras. Desconfiad de los ambiciosos y de los reci\u00e9n llegados: unos y otros s\u00f3lo se mueven por su propio inter\u00e9s y siempre acaban por considerarse indispensables\u201d<sup>30<\/sup>. En un tercer estadio, el movimiento se ha configurado al margen de sindicatos \u2013que se entiende son a menudo copart\u00edcipes de la l\u00f3gica del sistema y\u00a0 suelen dar la espalda a la clase trabajadora\u2013 y partidos. En este orden de cosas no est\u00e1 de m\u00e1s agregar que no han progresado, o apenas lo han hecho, los intentos de forjar listas electorales basadas en los chalecos amarillos. En un cuarto escal\u00f3n, estos \u00faltimos han apostado por la autoorganizaci\u00f3n y en algunos casos han reivindicado formas de municipalismo libertario y de democracia directa que en ocasiones se ha interpretado ten\u00edan antecedentes en los <em>sans-culottes <\/em>y, de nuevo, en la Comuna de Par\u00eds. Cierto es, con todo, que no parece que esas formas hayan prosperado con claridad, algo que a buen seguro ha estimulado las controversias internas. En un quinto plano, en fin, al amparo de los chalecos amarillos se ha verificado la gestaci\u00f3n frecuente de grupos de afinidad, en el buen entendido de que algunos de estos eran sin duda anteriores al propio movimiento. Cierto es que tampoco aqu\u00ed han faltado las disputas. Recordar\u00e9 al efecto que hay quien aprecia en los chalecos amarillos muchos ejemplos de apoyo mutuo, de empat\u00eda, de confianza, de amistad genuina<sup>31<\/sup>, de sororidad y de colectividad solidaria que recuerdan a la <em>econom\u00eda moral<\/em>, de car\u00e1cter precapitalista, estudiada por E.P. Thompson\u00a0 al amparo de las revueltas populares del XVIII<sup>32<\/sup>. Pero hay tambi\u00e9n quien ve en ellos \u00fanicamente un movimiento articulado por individuos que no buscan \u2013ya me he referido al argumento\u2013 sino su beneficio individual.<\/p>\n<p>No est\u00e1 de m\u00e1s que apostille que buena parte de lo que con alguna ligereza llamar\u00e9 <em>izquierda tradicional<\/em>se ha sentido atra\u00edda por, y vinculada con, los chalecos amarillos. Aquella ha visto en estos una reaparici\u00f3n de la <em>cuesti\u00f3n social<\/em>y, bien que con dimensiones m\u00e1s nebulosas, de la propia clase obrera. Lo que en el momento inicial fue una alarma ante una iniciativa que exhib\u00eda dimensiones xen\u00f3fobas y derechistas abri\u00f3 camino m\u00e1s adelante, en muchos casos, a una actitud de acercamiento y de movilizaci\u00f3n de la militancia.<\/p>\n<p>10. Hay que preguntarse, siquiera sea brevemente, por las semejanzas, y por las diferencias, existentes entre los chalecos amarillos franceses y el movimiento del 15 de mayo \u2013el 15M\u2013 en Espa\u00f1a. Entre las semejanzas bien est\u00e1 identificar tres. La primera, como elemento impulsor de estas iniciativas, es el relieve de fen\u00f3menos de desclasamiento que afectan, ante todo a miembros de las clases medias. Cabe adelantar, con todo, la idea de que, mientras en el caso del 15M la movilizaci\u00f3n ante esos fen\u00f3menos correspondi\u00f3 ante todo a los v\u00e1stagos de las personas afectadas, en el de los chalecos amarillos el protagonismo ha reca\u00eddo directamente sobre estas \u00faltimas. Una segunda similitud subraya el peso de un uso intenso, y com\u00fanmente inteligente, de las redes sociales en el caso de los dos movimientos. Me permito agregar, en tercer lugar, que tanto el 15M como los chalecos amarillos han exhibido, en su forma de organizarse y actuar, pr\u00e1cticas de corte libertario que revelan una escasa voluntad de ajustarse a las normas y las leyes establecidas. En ambos movimientos, y por a\u00f1adidura, se han hecho valer, en un terreno pr\u00f3ximo, discusiones agrias en lo que respecta a la posibilidad y conveniencia de desarrollar f\u00f3rmulas de coordinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a las diferencias, la primera, a la que me he referido unas l\u00edneas m\u00e1s arriba, apunta el car\u00e1cter visiblemente m\u00e1s juvenil del 15M en comparaci\u00f3n con los chalecos amarillos. La segunda anota que, a diferencia de estos \u00faltimos, el 15M ha sido y es un movimiento fundamentalmente urbano, que a duras penas ha asentado sus activos en zonas rurales; salta a la vista que esto no puede predicarse de los chalecos amarillos, por mucho que sea cierto \u2013ya lo he sugerido\u2013 que estos \u00faltimos no han aprestado un movimiento de car\u00e1cter estrictamente rural. Me atrevo a agregar, en fin, que las disputas relativas a la presencia de sectores de la derecha tradicional, y de la propia ultraderecha, entre los chalecos amarillos no tienen parang\u00f3n en el caso del 15M, un movimiento en el que el ascendiente de esas cosmovisiones ideol\u00f3gicas, acaso con alguna excepci\u00f3n poco relevante que afect\u00f3 a los primeros momentos, fue nulo. Parece servida la conclusi\u00f3n de que el 15M, por muchos conceptos, recuerda antes\u00a0 al movimiento Nuit Debout, m\u00e1s juvenil y urbano, que a los chalecos amarillos.<\/p>\n<p>No est\u00e1 de m\u00e1s que concluya con la menci\u00f3n de que, mientras las demandas formuladas por el 15M no han tenido eco mayor en las pol\u00edticas oficiales, no puede decirse lo mismo de las desarrolladas por los chalecos amarillos, que han obligado a las autoridades francesas a dar marcha atr\u00e1s en algunas de sus iniciativas.<\/p>\n<p>11. Formulo unas r\u00e1pidas conclusiones relativas a lo que ha sido hasta hoy, y a lo que puede ser en el futuro, el movimiento de los chalecos amarillos.<\/p>\n<p>a) No parece que las elecciones al parlamento de la UE celebradas en mayo de 2019 hayan movido el carro, ni lo hayan frenado, de los chalecos amarillos. En cualquier caso, si alguien ve\u00eda en estos un poderoso movimiento en favor de la abstenci\u00f3n, los hechos no parecen haber confirmado esa percepci\u00f3n. En este terreno, y de cara al futuro, quedan abiertas muchas inc\u00f3gnitas. Aunque no es probable que una fuerza pol\u00edtica emerja de los chalecos amarillos, hay que prestar atenci\u00f3n, sin duda, a los fen\u00f3menos que, a\u00f1os atr\u00e1s, se hicieron valer en el origen del Movimento 5 Stelle en Italia y de Podemos en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>b) Los chalecos amarillos han supuesto una reaparici\u00f3n, con fuerza, de la <em>cuesti\u00f3n social<\/em>y, con ella, una notable repolitizaci\u00f3n. Detr\u00e1s de uno y otro fen\u00f3meno se aprecia, hasta cierto punto, la reaparici\u00f3n paralela de lo que cabe entender que es un orgullo de clase frente al poder en sus diferentes manifestaciones. Todo lo anterior es el producto de hondas transformaciones que, operadas en la sociedad francesa, han dejado fuera de juego a todo el mundo, sin excluir a quienes las promueven y a quienes de ellas obtienen beneficio. Una se\u00f1al de la hondura de esas transformaciones es la incapacidad de los partidos tradicionales, y de los sindicatos, para darles r\u00e9plica.<\/p>\n<p>Cierto es que por detr\u00e1s de este escenario pende una discusi\u00f3n, compleja, sobre el perfil contempor\u00e1neo de las clases sociales. Bastar\u00e1 con que recuerde al respecto las dificultades de caracterizaci\u00f3n de la militancia de los propios chalecos amarillos, entre quienes no faltan, muy al contrario, integrantes de la clase media o de la peque\u00f1a burgues\u00eda, junto con miembros del proletariado de condici\u00f3n m\u00e1s tradicional. Farbiaz se ha servido afirmar que \u201clos chalecos amarillos no son un s\u00edntoma del fin del mundo, pero s\u00ed lo son del fin de un mundo, como es el de las clases sociales bien identificadas\u201d<sup>33<\/sup>. Hay quien concluir\u00e1, con todo, que la presencia de realidades ambiguas, con elementos saludables y otros que acaso no lo son tanto, remite a una heterogeneidad que es un activo nada despreciable.<\/p>\n<p>c) Carecemos de perspectiva suficiente para trazar un balance general de lo que son, y de la herencia que dejar\u00e1n, los chalecos amarillos. Estos \u00faltimos, \u00bfconstituyen la antesala de una insurrecci\u00f3n general o remiten a un ejemplo m\u00e1s del fracaso de los movimientos de contestaci\u00f3n? De ser esto \u00faltimo, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1, pese a todo, su legado? Uno de los participantes en el libro coordinado por Monica Jornet se pregunta llamativamente, al respecto, si esta revuelta ser\u00e1 la buena<sup>34<\/sup>.<\/p>\n<p>En la trastienda se hacen valer, aun as\u00ed, inc\u00f3gnitas importantes. Una de ellas se pregunta si los chalecos amarillos se proponen resolver <em>sus <\/em>problemas o aspiran, por el contrario, a algo m\u00e1s. \u00bfSe dar\u00e1n por satisfechos con un mundo algo menos injusto o querr\u00e1n ir m\u00e1s lejos? Aunque parece sensata la afirmaci\u00f3n de que muchos de los elementos que se revelan en los chalecos amarillos remiten antes al designio de recuperar un orden que qued\u00f3 en el olvido, y no al de alentar una transformaci\u00f3n revolucionaria de la sociedad<sup>35<\/sup>, lo suyo es reconocer que los l\u00edmites entre lo uno y lo otro no siempre son claros. Me viene a la memoria al respecto un argumento que, formulado por Daniel Bensa\u00efd, afirma que \u201csi queremos cambiar el mundo, no es en nombre de las generaciones venideras, sino en el de las que han fracasado\u201d<sup>36<\/sup>. A t\u00edtulo provisional, y en fin, conviene subrayar que la repercusi\u00f3n externa del movimiento ha sido hasta ahora d\u00e9bil, algo que, al menos en una primera lectura, obliga a concluir que aquel obedece ante todo a circunstancias espec\u00edficamente francesas que dificultan una imaginable expansi\u00f3n<sup>37<\/sup>.<\/p>\n<p>d) Cuando, en el mundo en el que mayormente me muevo, el anarquista\/libertario\/autogestionario, se han abordado discusiones sobre los chalecos amarillos pronto se me ha hecho evidente que las percepciones que estos suscitaban ten\u00edan m\u00e1s que ver con lo que cada cual lleva dentro de la cabeza que con la realidad propia del movimiento franc\u00e9s. Lo digo de otra manera de la mano de una distinci\u00f3n que a buen seguro fuerza la realidad. En el mundo reci\u00e9n mencionado hay gentes que creen por encima de todo en las organizaciones identitariamente anarquistas y que recelan de lo que ocurre fuera de ellas. Pero hay al tiempo gentes que, antes bien, guardan las distancias con respecto a las organizaciones anarquistas y a su capacidad de acci\u00f3n transformadora, y esperan que esta \u00faltima se vincule de manera fundamental con movimientos que surjan entre la gente com\u00fan. Es f\u00e1cil concluir que las personas que se emplazan en esta segunda posici\u00f3n tienden a ver con buenos ojos a los chalecos amarillos, en tanto en cuanto, y en cambio, quienes se sit\u00faan en la primera los contemplan con mayor recelo.<\/p>\n<p>e) Muchas veces he citado una frase de Walter Benjamin. Hablo de la que reza que bien puede ocurrir que las revoluciones que nos esperan configuren un acto en virtud del cual la humanidad que viaja en el tren tire, venturosamente, del freno de emergencia. Siempre que he recurrido a ese argumento lo he hecho pensando en la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica en la que estamos y en el colapso resultante que, probablemente, se halla a la vuelta de la esquina. El movimiento de los chalecos amarillos, junto con otros muchos, ha tenido la virtud de subrayar que la aserci\u00f3n de Benjamin tiene otros usos posibles, y entre ellos el que invita a aplicar tambi\u00e9n ese freno de emergencia en lo que se refiere a la condici\u00f3n, de dram\u00e1tica y creciente desigualdad, de nuestras sociedades.<\/p>\n<p>\u2013\u2013\u2013\u2013\u2013\u2013<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Collettivo EuroNomade (2019): <em>Gilets jaunes. <\/em>Manifestolibri, Roma.<\/p>\n<p>Farbiaz, Patrick (2019): <em>Les Gilets jaunes. Documents et textes. <\/em>Du Croquant, Vulaines sur Seine.<\/p>\n<p>Ghitti, Jean-Marc (2019): <em>Gilets jaunes, un signe de notre temps. <\/em>Amazon, Wroclaw.<\/p>\n<p>Guilluy, Christophe (2015): <em>La France p\u00e9riph\u00e9rique. Comment on a sacrifi\u00e9 les classes populaires<\/em>. Flammarion, Par\u00eds. <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Huyghe, Fran\u00e7ois-Bernard; Desmaison, Xavier; Liccia, Damien (2018): <em>Dans la t\u00eate des gilets jaunes. <\/em>V.A., Versalles.<\/p>\n<p>Jornet, Monica (dir.) (2018): <em>Les gilets jaunes: points de vue anarchistes<\/em>.Monde Libertaire, Par\u00eds.<\/p>\n<p>Plenel, Edwy (2019): <em>La victoire des vaincus. \u00c0 propos des gilets jaunes. <\/em>La D\u00e9couverte, Par\u00eds. <em>\u00a0<\/em>\u00a0<em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Sallenave, Dani\u00e8le (2019): <em>Jojo, le gilet jaune. <\/em>Gallimard, Par\u00eds.<\/p>\n<p>Vandepitte, Flaurent (2019): <em>Le petit livre des gilets jaunes<\/em>. First, Par\u00eds.<\/p>\n<p>VVAA (2019):\u201dGilets jaunes, autour d\u2019une r\u00e9volte sociale\u201d, monogr\u00e1fico de <em>Les utopiques. Cahier des r\u00e9flexions <\/em>(n\u00ba11, verano).<\/p>\n<div><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p>1. Ghitti, 2019: 14.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>2. Cit. en Collettivo EuroNomade, 2019: 32.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>3. Collettivo EuroNomade, 2019: 102.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>4. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018: 2.<\/p>\n<p>5. Vandepitte, 2019: 24.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>6. Vandepitte, 2019: 23,<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>7. Farbiaz, 2019: 20.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>8. Jornet, 2019: 211.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>9. VVAA, 2019: 92 y ss.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>10. Farbiaz, 2019: 21.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>11. Farbiaz, 2019: 26.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>12. Guilluy, 2019: 14-15.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>13. Guilluy, 2019: 74.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>14. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018; 7.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>15. Guilluy, 2019: 24.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>16. Guilluy, 2019: 28.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>17. Jornet, 2019: 141.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>18. Farbiaz, 2019: 222.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>19. VVAA, 2019: 58.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>20. Jornet, 2019: 85.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>21. Collettivo EuroNomade, 2019: 80.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>22. Farbiaz, 2019: 22.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>23. Plenel, 2019: 11.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>24. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018: 16-17.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>25. Vandepitte, 2019: 94.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>26. Vandepitte, 2019: 94-95.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>27. Cit. en Jornet, 2019: 52.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>28. Collettivo EuroNomade, 2019: 149.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>29. Cit. en Plenel, 2019: 33.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>30. Cit. en Plenel, 2019: 165.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>31. Farbiaz, 2019: 43<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>32. Collettivo EuroNomade, 2019: 97.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>33. Farbiaz, 2019: 31.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>34. Jornet, 2019: 108.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>35. Collettivo EuroNomade, 2019: 26.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>36. Cit. en Sallenave, 2019: 21.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>37. V\u00e9ase VVAA, 2019: 140 y ss.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>\n<div>\n<p>Fuente: https:\/\/ctxt.es\/es\/20190911\/Politica\/28153\/chalecos-amarillos-gilets-jaunes-anarquismo-patrick-farbiaz-carlos-taibo.htm<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este movimiento enormemente dispar se ha ido constituyendo como un genuino contrapoder d\u00e9bil pero eficaz. 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