{"id":2294,"date":"2019-11-04T14:08:33","date_gmt":"2019-11-04T14:08:33","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2294"},"modified":"2019-11-04T14:08:33","modified_gmt":"2019-11-04T14:08:33","slug":"evidencia-empirica-contra-la-microeconomia-neoclasica-y-sus-implicaciones-politicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2294","title":{"rendered":"Evidencia emp\u00edrica contra la microeconom\u00eda neocl\u00e1sica (y sus implicaciones pol\u00edticas)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Oscar Planells<\/strong><\/p>\n<p>La teor\u00eda microecon\u00f3mica est\u00e1ndar, la que se ense\u00f1a por defecto en las facultades de econom\u00eda de todo el mundo, parte de una premisa clara y concisa: todo individuo se mueve exclusivamente por sus intereses particulares, y lo hace de manera racional (es decir, calculando los medios m\u00e1s eficientes para lograr sus objetivos). As\u00ed pues, tal perspectiva entiende que \u201cal tomar una decisi\u00f3n cualquiera, todos intentamos maximizar nuestras utilidades esperadas sin que nos importen los intereses de las otras personas. La utilidad esperada de una acci\u00f3n se define como el producto de su utilidad subjetiva por la probabilidad de \u00e9xito de la acci\u00f3n en cuesti\u00f3n\u201d (Bunge, 2009: 91).<\/p>\n<p>Los economistas han asentado y confiado tanto en esta premisa psicol\u00f3gica que han construido en base a ella gran parte de sus teoremas y de su producci\u00f3n acad\u00e9mica en general. Esto resulta m\u00e1s preocupante cuando tenemos en cuenta que, en la mayor\u00eda de facultades de econom\u00eda, los estudiantes no reciben ning\u00fan tipo de formaci\u00f3n en metodolog\u00eda cient\u00edfica, filosof\u00eda de la ciencia o realizaci\u00f3n de experimentos; m\u00e1s bien al contrario, les ense\u00f1an la materia como una rama de las matem\u00e1ticas, como una \u201cciencia dura\u201d (Bunge, 2009: 91) que no precisa ya de una validaci\u00f3n emp\u00edrica de sus premisas (Gintis et al., 2005: 6).<\/p>\n<p>Pero lo cierto es que tal axioma, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, se ha visto minado por la evidencia emp\u00edrica en los dos flancos que lo constituyen: tanto la idea de que los individuos son maximizadores racionales, como la idea de que son maximizadores racionales de su utilidad particular. Pero esto, claro, no ha desanimado a los ap\u00f3stoles de tal teor\u00eda a seguir predic\u00e1ndola con miop\u00eda dogm\u00e1tica, surgiendo as\u00ed nuevos monaguillos a lo largo y ancho del globo (normalmente, con alguna nueva palabreja o pseudoteor\u00eda bajo el brazo, pero siempre con la altivez de quien ni siquiera se plantea revisar las premisas de su pensamiento). No en vano, Mario Bunge, con tono ir\u00f3nico, categoriza a la microeconom\u00eda cl\u00e1sica como \u201cel m\u00e1s ilustre de los cad\u00e1veres intelectuales\u201d (Bunge, 2009: 148). Efectivamente, cada vez se acumula m\u00e1s evidencia emp\u00edrica y transcultural de que los seres humanos no somos ni egoc\u00e9ntricos ni maximizadores racionales a la hora de tomar nuestras decisiones. En este art\u00edculo me limitar\u00e9 a tratar la primera cuesti\u00f3n (el egocentrismo), se\u00f1alando porqu\u00e9 tendr\u00edamos que sospechar de tal idea, as\u00ed como haciendo un breve apunte acerca de la relaci\u00f3n de ello con la filosof\u00eda pol\u00edtica y el dise\u00f1o institucional.<\/p>\n<p>Pero antes, ser\u00eda \u00fatil hacer una aclaraci\u00f3n terminol\u00f3gica. Yo aqu\u00ed me referir\u00e9 a \u201cegocentrismo\u201d en el sentido de que las decisiones se toman en base al inter\u00e9s exclusivamente particular, es decir, sin tomar en consideraci\u00f3n el inter\u00e9s de terceras personas u otros motivos de tipo social (se podr\u00eda arg\u00fcir a favor del uso de otros t\u00e9rminos, pero no entrar\u00e9 en esta cuesti\u00f3n). As\u00ed, es habitual la confusi\u00f3n de tal enfoque egoc\u00e9ntrico con el individualismo metodol\u00f3gico. Pero este \u00faltimo, en realidad, se limita a defender la idea bastante evidente (y quiz\u00e1s por eso, sistem\u00e1ticamente ignorada por ciertas corrientes sociol\u00f3gicas) de que todo an\u00e1lisis de tipo social deber\u00eda fundamentarse primero de todo en los individuos y sus motivaciones, preferencias y razones para actuar e interactuar de una u otra manera. As\u00ed, tal concepto se circunscribe plenamente al \u00e1mbito meramente metodol\u00f3gico: no hace asunciones sustanciales acerca del aparato motivacional de los agentes, se limita a afirmar que estos deben ser el \u201cmicrofundamento\u201d de toda teor\u00eda social falsable (y por lo tanto, seria). Esto no deja de ser una definici\u00f3n rudimentaria, pero \u00fatil a efectos de distinguir conceptos. N\u00f3tese que el axioma egoc\u00e9ntrico de la microeconom\u00eda neocl\u00e1sica practica tal individualismo metodol\u00f3gico pero, adem\u00e1s, integra asunciones sustanciales acerca de las motivaciones de los individuos: que estas son, necesariamente, de tipo egoc\u00e9ntrico (en el sentido que hemos definido).<\/p>\n<p>En todo caso, \u00bfqu\u00e9 significa ser egoc\u00e9ntrico en las decisiones cotidianas? Tal noci\u00f3n puede derivar f\u00e1cilmente en una premisa tautol\u00f3gica, de manera que, con la intenci\u00f3n de encajar cualquier observaci\u00f3n emp\u00edrica en el modelo, se ensanche de tal manera la noci\u00f3n de \u201cegocentrismo\u201d que esta acabe abarcando todo tipo de motivaci\u00f3n y, por lo tanto, acabe siendo una noci\u00f3n est\u00e9ril, seca, sin ning\u00fan poder explicativo. As\u00ed, los actos de altruismo p\u00fablicos (como por ejemplo la filantrop\u00eda) se explicar\u00edan seg\u00fan algunos economistas por el inter\u00e9s en ganar estatus o en ser envidiado; la cooperaci\u00f3n respecto a un bien com\u00fan, por su parte, se explicar\u00eda porque sirve para ganarse una fama de cooperador que puede ser \u00fatil en futuras interacciones sociales o econ\u00f3micas para el individuo en cuesti\u00f3n, etc. Como indica Elster (2011: 11), tal tipo de teor\u00edas, que suelen acabar forzando \u201cextra\u00f1as producciones mentales\u201d, han pecado a menudo de un \u00e1nimo de falsa \u201csofisticaci\u00f3n\u201d entre los economistas, seg\u00fan el cual aquellos que explican ciertos fen\u00f3menos mediante motivaciones altruistas de los actores ser\u00edan unos ingenuos, y aquellos que fuerzan la interpretaci\u00f3n para encontrar motivaciones egoc\u00e9ntricas, en cambio, ser\u00edan economistas sofisticados e ingeniosos (o a\u00fan m\u00e1s, a\u00f1adir\u00edamos: \u00a1h\u00e9roes de la econom\u00eda neocl\u00e1sica ortodoxa!). Para hacernos una idea de a qu\u00e9 extravagantes teor\u00edas puede llevar este axioma cuando se lo defiende con activismo pseudocient\u00edfico, Elster nos ofrece un breve listado de respuestas que ciertos economistas han dado a fen\u00f3menos sociales que, a primera vista, se explicar\u00edan por una motivaci\u00f3n altruista (Elster, 2011: 12).<\/p>\n<p>Pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 un emigrante a menudo hace env\u00edos de dinero a sus familiares que se quedaron en su pa\u00eds de origen?<\/p>\n<p>Respuesta [del economista \u201csofisticado\u201d]: Para desanimarlos de emigrar, lo que podr\u00eda hacer bajar su salario.<\/p>\n<p>Pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 los padres eligen ayudar a sus hijos por medio de legados testamentarios en vez de donaciones inter vivos?<\/p>\n<p>Respuesta: Con el fin de dividir para vencer: extraer el m\u00e1ximo esfuerzo de sus herederos dejando flotar la incertidumbre hasta el \u00faltimo momento.<\/p>\n<p>Pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 un gran n\u00famero de individuos contribuyen a obras caritativas incluso cuando nadie los est\u00e1 observando?<\/p>\n<p>Respuesta: A fin de comprarse por este medio un sentimiento de superioridad moral.<\/p>\n<p>Pasemos ahora a la cuesti\u00f3n de las motivaciones no ego\u00edstas. En este punto, hay que ir con cautela: no podemos hablar de \u201cmotivaciones puras\u201d, puesto que el aparato motivacional es una cuesti\u00f3n de extrema complejidad y dependiente de muchos factores, a d\u00eda de hoy opaca (o transl\u00facida, siendo m\u00e1s optimistas) a los psic\u00f3logos (pues, de hecho, a menudo la motivaci\u00f3n de cierta acci\u00f3n no es transparente ni al propio agente que la lleva a cabo). En todo caso, s\u00ed que es posible plantear un esbozo de diferentes tipos de motivaciones que podemos encontrar en los individuos.<\/p>\n<p>Nociones clave para comenzar este esbozo son las de inter\u00e9s y desinter\u00e9s. Cuando pensamos en el \u201cinter\u00e9s\u201d como motivaci\u00f3n, pensamos en un individuo que toma decisiones en base a qu\u00e9 utilidad particular le proveer\u00e1n. Cuando pensamos en el \u201cdesinter\u00e9s\u201d, nos viene a la cabeza todo lo contrario: un individuo altruista. Pero en realidad, podemos distinguir muchas formas de desinter\u00e9s. Una de ellas, por ejemplo, es la de un juez que no tiene ning\u00fan tipo de inter\u00e9s particular en el resultado de un juicio del que se tiene que encargar, por lo que simplemente no tiene ning\u00fan incentivo para intentar sesgarlo. Elster denomina a esta forma de desinter\u00e9s desinter\u00e9s de facto (2011: 73-78). El desinter\u00e9s tambi\u00e9n se puede entender como un sacrificio consciente y m\u00e1s o menos reflexivo del propio inter\u00e9s en favor de un bien considerado m\u00e1s importante. Pero n\u00f3tese que esto puede tomar la forma de altruismo, entendido como preocupaci\u00f3n genuina por el bienestar o inter\u00e9s de otras personas, pero tambi\u00e9n puede consistir en defender una causa supraindividual m\u00e1s all\u00e1 del coste personal que ello tenga, ya sea algo como la b\u00fasqueda de la verdad o algo como la \u201cgloria de la patria\u201d. En este sentido, ser\u00eda igual de \u201cdesinteresado\u201d en esta acepci\u00f3n un cient\u00edfico dedicado al progreso de la ciencia que un kamikaze estrellando su avi\u00f3n contra un objetivo enemigo. As\u00ed pues, hay que tener en cuenta que se tiene que utilizar la noci\u00f3n del \u201cdesinter\u00e9s\u201d como algo moralmente neutro (ib\u00eddem: 30), pues puede tomar muchas formas, y muchas de ellas no son precisamente deseables. Elster denomina a esta forma de desinter\u00e9s desinter\u00e9s por elecci\u00f3n (ib\u00eddem: 78-87). M\u00e1s adelante, har\u00e9 menci\u00f3n a la tercera forma de desinter\u00e9s esbozada por Elster: el desinter\u00e9s por negligencia.<\/p>\n<p>Otra noci\u00f3n importante es la de reciprocidad. Dentro de esta, tenemos que desdoblar el concepto entre reciprocidad d\u00e9bil (compatible con el modelo de la microeconom\u00eda neocl\u00e1sica) y reciprocidad fuerte (incompatible). En cuanto a la primera: en las \u00faltimas d\u00e9cadas se han llevado a cabo estudios experimentales que, de la mano de la teor\u00eda de juegos, han analizado cu\u00e1les son las mejores estrategias en aquellos contextos en que un conjunto de individuos tiene que cooperar para obtener el mejor resultado posible para ellos mismos. En tales experimentos, est\u00e1 comprobado que la mejor estrategia posible por parte de los individuos es la tit-for-tat, que en castellano se podr\u00eda traducir como \u201ctoma y daca\u201d, pero no entraremos ahora en esta cuesti\u00f3n. Lo que quiero resaltar aqu\u00ed es que, como se puede apreciar, este planteamiento parte igualmente de la idea de que los individuos buscan maximizar su utilidad particular en las interacciones sociales, por lo que aunque apele a la noci\u00f3n de \u201creciprocidad\u201d, no se trata de una motivaci\u00f3n genuina por cooperar o de un compromiso moral con la igualdad o la justicia, sino de una motivaci\u00f3n ego\u00edsta que, simplemente, incorpora en la ecuaci\u00f3n la ineludible interacci\u00f3n humana. Podemos entender estos desarrollos, pues, como un modelo m\u00e1s realista y sofisticado de la teor\u00eda del homo economicus, pues tiene en cuenta que en muchos contextos los individuos no entran en interacciones econ\u00f3micas de tipo casual, sino que, todo lo contrario, se adentran en relaciones de interacciones repetidas, en las que es necesario o preferible ganarse la confianza de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero una noci\u00f3n muy diferente es la de la \u201creciprocidad fuerte\u201d, entendida como \u201cpredisposici\u00f3n a cooperar con los otros, y de castigar (con un coste personal, si es necesario) a aquellos que violan las normas de cooperaci\u00f3n, incluso si es inveros\u00edmil esperar que estos costes sean recuperados m\u00e1s adelante\u201d (Gintis et al., 2005: 8). Esta es pues una forma de motivaci\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 del inter\u00e9s egoc\u00e9ntrico de los individuos, puesto que es indisociable, como veremos, de la sociabilidad y de la moralidad.<\/p>\n<p>Para calibrar tal forma de reciprocidad, los investigadores usan, habitualmente, los juegos an\u00f3nimos o los de tirada \u00fanica, es decir, juegos en que desde una \u00f3ptica meramente ego\u00edsta, en ning\u00fan caso est\u00e1 en el propio inter\u00e9s cooperar con el otro (pues si es una interacci\u00f3n an\u00f3nima, no tenemos que temer por posibles sanciones sociales; si es un juego de tirada \u00fanica, ya no nos interesa, desde una \u00f3ptica egoc\u00e9ntrica, ganarnos la confianza del otro individuo a largo plazo). Pioneros en este \u00e1mbito han sido un conjunto de investigadores del Instituto por la Investigaci\u00f3n Emp\u00edrica en Econom\u00eda de la Universidad de Z\u00farich, liderados por Fehr, que han realizado m\u00faltiples experimentos para extraer conclusiones sobre este tipo de cuestiones. Podemos poner como ejemplo el \u201cjuego del ultim\u00e1tum\u201d. En este, el Jugador A tiene a su disposici\u00f3n una cantidad de, por ejemplo, 10 unidades, y de estas tiene que ofrecer como m\u00ednimo 1 al Jugador B, qued\u00e1ndose \u00e9l el resto, pero el Jugador B se guarda la opci\u00f3n de rechazar la oferta, qued\u00e1ndose los dos, en este caso, con las manos vac\u00edas. As\u00ed pues, desde la perspectiva neocl\u00e1sica, el resultado previsible es que el Jugador A ofrezca 1 unidad al B y se quede las 9 restantes, pues para B es mejor 1 que 0 (cantidad que se llevar\u00eda en caso de rechazar la oferta de A, sea cual sea), y por tanto aceptar\u00eda tal oferta sin duda alguna.<\/p>\n<p>Pero la realidad muestra resultados muy diferentes. En experimentos realizados en los \u00faltimos a\u00f1os, en que los jugadores se juegan dinero real, se ha demostrado que la mayor\u00eda de individuos que hacen de Jugador A ofrecen a B 5 unidades, y que en la mayor\u00eda de casos en que A ofrece a B tres o menos unidades, B las rechaza, a pesar de que esto implique quedarse sin nada. Esto, claro, se podr\u00eda explicar en base a lo que Elster denomina \u201cdesinter\u00e9s por negligencia\u201d, es decir, aquella situaci\u00f3n en la que el Jugador B emprende una acci\u00f3n contra su propio inter\u00e9s no por una elecci\u00f3n meditada, sino llevado por una emoci\u00f3n irracional e irreflexiva (en este caso, de ira contra el Jugador A, por una oferta considerada como injusta). Pero la otra lectura es que, justamente, el Jugador B tiene una motivaci\u00f3n esencialmente social, en cuanto que el rechazo de una oferta igual o inferior a 3 unidades se entiende como una violaci\u00f3n de la norma social de reciprocidad (Gintis et al., 2005: 12).<\/p>\n<p>Otro experimento de gran inter\u00e9s es el \u201cjuego del mercado laboral\u201d. En este, un grupo de individuos adoptan al azar el papel de empresario o trabajador, teniendo cada grupo el mismo n\u00famero de individuos, y pudiendo cada empresario contratar a m\u00e1ximo un trabajador. Cada empresario, al contratar un trabajador, le comunica su salario (s) y el nivel de esfuerzo (e) que espera a cambio. As\u00ed, los beneficios del empresario son 100e \u2013 s, y los del trabajador s \u2013 e (siendo e un n\u00famero entre 0,1 y 1, y s un n\u00famero entre 1 y 100). El quid de este juego, empero, es que, una vez contratado, el empresario no tiene ning\u00fan mecanismo de control sobre el trabajador (y ya sabemos de la importancia que otorgan los economistas a los problemas de principal-agente). As\u00ed, si seguimos los planteamientos de la microeconom\u00eda neocl\u00e1sica, el trabajador, sea cual sea su sueldo, har\u00e1 el m\u00ednimo esfuerzo (0,1), pues esto maximiza su utilidad y, por tanto, el empresario, sabiendo esto, ofrece el sueldo m\u00ednimo (1), pues tambi\u00e9n quiere maximizar la suya (ib\u00eddem: 13). Pero de nuevo, la realidad emp\u00edrica muestra otro cuadro. A continuaci\u00f3n se puede apreciar un gr\u00e1fico de los resultados obtenidos (ib\u00eddem: 14).<\/p>\n<p>C\u00f3mo se puede apreciar, cuando los empresarios confiaban en los trabajadores, ofreciendo salarios m\u00e1s altos a pesar de que fuera arriesgado para ellos, estos respond\u00edan con un mayor esfuerzo (a pesar de que ya ten\u00edan el salario plenamente asegurado). Esto muestra, por un lado, el poder de la reciprocidad fuerte, pero por otro, sus l\u00edmites. Efectivamente, a pesar de que el esfuerzo medio de los trabajadores es notablemente mayor que el predicho por la teor\u00eda neocl\u00e1sica ortodoxa, no se llega tampoco al esfuerzo prometido, lo cual nos pone en aviso para adoptar una postura mixta, seg\u00fan la cual los individuos no son ni puramente egoc\u00e9ntricos ni puramente reciprocadores o altruistas, sino una mezcla compleja que depende de muchos factores.<\/p>\n<p>Todo esto tiene su lectura en el terreno de la filosof\u00eda pol\u00edtica. Tradicionalmente, el liberalismo parte del axioma egoc\u00e9ntrico y, por lo tanto, determina que cualquier instituci\u00f3n social tiene que estar dise\u00f1ada dando por supuesto que, sea cual sea su dise\u00f1o, el individuo intentar\u00e1 maximizar su utilidad particular (pi\u00e9nsese en la \u201cF\u00e1bula de las abejas\u201d de Mandeville, que lleva por subt\u00edtulo \u201cVicios privados, beneficios p\u00fablicos\u201d). Pero esto implica, claro, claudicar ante la idea de que la moralidad y las motivaciones pro-sociales no juegan ning\u00fan papel en la motivaci\u00f3n de los individuos. En contra de tal idea, Gintis et al. (ib\u00eddem: 4) se preguntan si no se deber\u00eda prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a tal tipo de evidencia emp\u00edrica contra los supuestos de la microeconom\u00eda neocl\u00e1sica para dise\u00f1ar instituciones y pol\u00edticas p\u00fablicas alternativas a las actuales.<\/p>\n<p>De lo contrario, tendremos que aceptar, junto a los economistas neocl\u00e1sicos y sus ac\u00f3litos, que no es posible, por ejemplo, la aplicaci\u00f3n de una renta b\u00e1sica universal, pues tal pol\u00edtica ser\u00eda parasitada por una masa de individuos que, teniendo ya su existencia material garantizada, se limitar\u00edan a recibir pasivamente una renta incondicional, sin ninguna motivaci\u00f3n para trabajar o contribuir a la sociedad (contra la creciente evidencia que desmiente tales postulados). Tambi\u00e9n tendremos que acatar, de la mano de esos mismos sectores (e ignorando a Ostrom), la supuesta imposibilidad de toda forma de gesti\u00f3n colectiva de los bienes comunes, arrodill\u00e1ndonos pues a la propiedad privada como \u00fanica soluci\u00f3n a tales dilemas. Y podr\u00edamos seguir con la lista: habr\u00eda que apoyar tambi\u00e9n, junto a ciertos tertulianos juntapalabras, la asistencia social de m\u00ednimos con comprobaci\u00f3n de recursos, los copagos sanitarios contra el \u201criesgo moral\u201d, una legislaci\u00f3n laboral que facilite el despido ante posibles polizones (free-riders), etc. Sin duda, parece un precio dif\u00edcil de pagar para la izquierda.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>Bunge, M. (2009). Filosof\u00eda Pol\u00edtica: solidaridad, cooperaci\u00f3n y democracia integral. Barcelona: Gedisa.<\/p>\n<p>Elster, J. (2011). El desinter\u00e9s. Tratado cr\u00edtico del hombre econ\u00f3mico (I). M\u00e9xico DF: Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p>Gintis, H., Bowles, S., Boyd, R., i Fehr, R. (2005). Moral Sentiments and Material Interests: Origins, Evidence, and Consequences. En Gintis, H., Bowles, S., Boyd, R., i Fehr, R. (ed.). Moral Sentiments and Material Interests: The Foundations of Cooperation in Economic Life. Cambridge, Massachusetts: The MIT Press.<\/p>\n<p>(Este texto es una adaptaci\u00f3n de un art\u00edculo, originalmente en catal\u00e1n, publicado en el primer n\u00famero de la revista Audens: Revista estudiantil d\u2019an\u00e0lisi interdisciplin\u00e0ria.)<\/p>\n<p>Oscar Planells Graduado en Ciencias Pol\u00edticas y estudiante de Sociolog\u00eda. Miembro del Comit\u00e9 Editorial de \u00abAudens: Revista estudiantil d\u2019an\u00e0lisi interdisciplin\u00e0ria\u00bb.<br \/>\nFuente:<br \/>\nwww.sinpermiso.info<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Oscar Planells La teor\u00eda microecon\u00f3mica est\u00e1ndar, la que se ense\u00f1a por defecto en las facultades de econom\u00eda de todo el mundo, parte de una premisa clara y concisa: todo individuo se mueve exclusivamente por sus intereses particulares, y lo hace de manera racional (es decir, calculando los medios m\u00e1s eficientes para lograr sus objetivos). 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