{"id":2313,"date":"2019-11-11T18:08:31","date_gmt":"2019-11-11T18:08:31","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2313"},"modified":"2019-11-11T18:08:31","modified_gmt":"2019-11-11T18:08:31","slug":"la-revolucion-digital-una-revolucion-tecnica-entre-libertad-y-control","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2313","title":{"rendered":"La revoluci\u00f3n digital: Una revoluci\u00f3n t\u00e9cnica entre libertad y control"},"content":{"rendered":"<div class=\"soustitre\"><em><strong>Por Andr\u00e9 Vitalis<\/strong><\/em><\/div>\n<div class=\"texte\">\n<p>Al calificar la<i> revoluci\u00f3n digital<\/i> de revoluci\u00f3n t\u00e9cnica se se\u00f1ala de partida la inspiraci\u00f3n elluliana de mi escrito. Como se sabe, Jacques Ellul escribi\u00f3 mucho tanto sobre la t\u00e9cnica como sobre la revoluci\u00f3n. No conoci\u00f3 Internet pero se interes\u00f3 por la inform\u00e1tica, e hizo diferentes valoraciones a medida que \u00e9sta iba evolucionando. A comienzos de los a\u00f1os 1950, en <i>La t\u00e9cnica o la apuesta del siglo<\/i>, la presenta como una \u201ct\u00e9cnica en segundo grado\u201d a la que augura un hermoso futuro; en 1977, en <i>El sistema t\u00e9cnico<\/i>, constituye el aglutinante que facilitar\u00e1 la integraci\u00f3n de los distintos subconjuntos; en <i>Cambiar de revoluci\u00f3n<\/i>, en 1982, es susceptible, gracias a la aparici\u00f3n del microordenador, de ser puesta al servicio de un proyecto revolucionario; en fin, en <i>El bluf tecnol\u00f3gico<\/i>, publicado en 1988, se revisa su importancia a la baja, en la medida en que no ha ayudado al sistema a reformarse. Al comienzo de esta \u00faltima obra, Ellul nos conf\u00eda que hab\u00eda comenzado, diez a\u00f1os antes, la redacci\u00f3n de un libro sobre el impacto de la inform\u00e1tica en la sociedad pero que ante la rapidez de la evoluci\u00f3n t\u00e9cnica renunci\u00f3 a su proyecto y abandon\u00f3 las doscientas p\u00e1ginas ya redactadas: \u201cNo llegaba a dominar la materia a tratar, escribe. Hu\u00eda entre mis dedos tan pronto pensaba haberla comprendido\u201d (Ellul, 1988, p. 11). Hay que recordar esta bella lecci\u00f3n de modestia y de apertura por parte de un pensador mundialmente conocido por sus an\u00e1lisis de la t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>De esta \u201crevoluci\u00f3n digital\u201d, esta puesta en red y en datos que estamos viviendo con Internet, no conocemos ni todas las prolongaciones ni todas las consecuencias. Como antes de ella la revoluci\u00f3n de la escritura o de la imprenta (Goody 1978 ; Eisenstein 1991), esta revoluci\u00f3n nos transforma mucho m\u00e1s de lo que podemos transformarla. Es una revoluci\u00f3n t\u00e9cnica en que la mejora de los medios precede muy ampliamente a las ventajas e inconvenientes que puede aportar. Se puede constatar hoy d\u00eda que ha abierto nuevos espacios de libertad, aunque al precio de un mayor control sobre el individuo.<\/p>\n<p>Se puede y se debe dar un mayor rigor sem\u00e1ntico a la palabra <i>revoluci\u00f3n<\/i> que, en sentido estricto, supone siempre una intencionalidad y la realizaci\u00f3n de un cambio social en profundidad. En relaci\u00f3n a esta perspectiva de un cambio radical, la revoluci\u00f3n digital es entendida de diferentes maneras. Tras hacer menci\u00f3n a una concepci\u00f3n optimista que Ellul siempre critic\u00f3, trataremos de mostrar que su contribuci\u00f3n a un verdadero proyecto revolucionario no se puede dar por sentada.<\/p>\n<p>La \u201crevoluci\u00f3n digital\u201d es a la vez previsible e inesperada. Nacida del cruce de una l\u00f3gica liberal con una l\u00f3gica libertaria, ofrece nuevas posibilidades de expresi\u00f3n que no deben hacer olvidar otros aspectos menos positivos.<\/p>\n<p>Esta revoluci\u00f3n de lo digital prolonga una sociedad industrial en crisis preservando sus posibilidades de crecimiento. A comienzos de los a\u00f1os 1970, soci\u00f3logos y economistas anunciaron el advenimiento de una sociedad post-industrial, en la que las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n tendr\u00edan un lugar central. Informes oficiales, como el japon\u00e9s Jacudi de 1972, mostraron que una sociedad de la informaci\u00f3n pod\u00eda constituir una alternativa a una sociedad industrial considerada demasiado contaminante. En 1978, el informe Nora\/Minc, en Francia, aboga en el mismo sentido, y diez a\u00f1os m\u00e1s tarde en Estados Unidos, un informe del MIT (Massachusetts Institute of Technology) recomendaba al Estado federal invertir masivamente en las industrias electr\u00f3nicas para conservar la supremac\u00eda del pa\u00eds en la econom\u00eda mundial. En 1993, el anuncio por el gobierno americano de la construcci\u00f3n de autopistas de la informaci\u00f3n y, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el del G7 de construcci\u00f3n de una sociedad mundial de la informaci\u00f3n, nos hicieron entrar de lleno en la era digital.<\/p>\n<p>Todos estos proyectos se caracterizaron par una gran impronta liberal. Se reconoce a las empresas privadas el papel principal en la edificaci\u00f3n de esta sociedad de la informaci\u00f3n con una intervenci\u00f3n m\u00ednima de los Estados. El sello liberal se encuentra tambi\u00e9n en la prioridad dada al crecimiento de los medios, sin definir antes los objetivos o las reformas deseables a las que deber\u00edan servir estos medios. Como se\u00f1ala Jean-Claude Mich\u00e9a en su libro <i>El imperio del mal menor<\/i> (2007), el pensamiento liberal siempre se ha mostrado pesimista sobre las capacidades humanas para construir una buena sociedad. Prefiere verles perseguir sus intereses personales regulados por la mano invisible del mercado y actuar en el mundo con las armas de la ciencia y de la t\u00e9cnica. A falta de definici\u00f3n de finalidades, las nuevas t\u00e9cnicas y las redes de informaci\u00f3n son consideradas buenas y \u00fatiles en s\u00ed mismas, y volvemos a encontrar aqu\u00ed, multiplicado por diez, el encantado discurso que desde el tel\u00e9grafo ha acompa\u00f1ado siempre a la innovaci\u00f3n en la comunicaci\u00f3n. Como por un efecto m\u00e1gico, estas nuevas t\u00e9cnicas permitir\u00e1n trabajar con m\u00e1s eficacia, participar mejor en la vida democr\u00e1tica, difundir m\u00e1s y mejor el conocimiento y, en general, aportar una soluci\u00f3n a todos los problemas sociales (Breton, 1992).<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, todas estas promesas est\u00e1n lejos de cumplirse. Sin embargo, se puede considerar que las opciones adoptadas ten\u00edan una pertinencia econ\u00f3mica real. La puesta en marcha de une infraestructura mundial de informaci\u00f3n ha asegurado un desarrollo de los intercambios y permitido a las empresas americanas reforzar su supremac\u00eda. Tras el reinado de la m\u00e1quina, con IBM, y el del software despu\u00e9s, con Microsoft, ahora son los datos, con Google y Facebook, quienes dominan el mundo digital.<\/p>\n<p>La <i>revoluci\u00f3n digital<\/i> ha abierto nuevos espacios de libertad gracias a las funcionalidades que proponen las nuevas herramientas, pero tambi\u00e9n, y sobre todo, gracias al car\u00e1cter democr\u00e1tico de Internet. Esta red universal es un espacio de comunicaci\u00f3n mundial al alcance de todos. Constituida por un n\u00famero indeterminado y potencialmente ilimitado de puntos interconectados, ofrece un modo de comunicaci\u00f3n desterritorializado y sin punto central de control.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter democr\u00e1tico de la red que, en 2014, ten\u00eda 3.000 millones de usuarios, lo debemos a una sorprendente conjunci\u00f3n, que habr\u00eda podido no producirse, entre instituciones financiadas por fondos p\u00fablicos y la actividad aut\u00f3noma de investigadores y apasionados de la inform\u00e1tica, en muchos casos influenciados por los medios americanos de la contracultura (Halpin, 2009). Internet fue construido de partida para poder resistir a un ataque militar, despu\u00e9s fue puesto al servicio de la comunidad cient\u00edfica. Gracias a la contribuci\u00f3n de cient\u00edficos independientes y de hackers con la consigna de \u201cla Web para todos, para todo y en todas partes\u201d, a comienzos de los a\u00f1os 1990 la red fue puesta a disposici\u00f3n de la mayor\u00eda. Estos contribuidores compart\u00edan una cultura com\u00fan de la solidaridad y de la ayuda mutua, que se encuentra en su obra. Para ellos, la prioridad deb\u00eda estar en el inter\u00e9s colectivo y en la gratuidad, por delante de cualquier otra consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pronto aparecieron empresas sensibles al inter\u00e9s de la red como fuente de ganancias pero, a pesar de ocupar un lugar cada vez m\u00e1s importante, no han podido cuestionar en lo fundamental estas opciones de partida. Estas decisiones de apertura, de universalidad y de gratuidad, por encima de la potencia de una herramienta digital interactiva, son las que han permitido a un n\u00famero cada vez mayor de individuos acceder a enormes stocks de informaciones, comunicarse entre s\u00ed en foros y poder expresarse en el espacio p\u00fablico. Desde 2003, la Web participativa ha multiplicado estas posibilidades con los blogs, las wikis y las redes sociales. El mundo de la informaci\u00f3n se ha transformado. He estudiado en detalle un caso ejemplar de esta transformaci\u00f3n en el momento de la marea negra del Erika, a finales de 1999, cuando en Francia hab\u00eda 6 millones de internautas y acababa de aparecer la primera p\u00e1gina web colaborativa (Vitalis, 2005). La informaci\u00f3n difundida por Internet en esos momentos de crisis cuestion\u00f3 la informaci\u00f3n ofrecida por el gobierno, los expertos y los medios de comunicaci\u00f3n, mostr\u00e1ndose por lo general m\u00e1s fiable. Aparecieron de forma inesperada en la escena p\u00fablica nuevos actores informativos que no hab\u00edan sido invitados, rompiendo el monopolio de la palabra gubernamental y medi\u00e1tica.<\/p>\n<p>La <i>revoluci\u00f3n digital<\/i> es ambivalente porque las nuevas libertades que permite van a la par de un aumento del control social. Le contrapartida de la sociedad de la informaci\u00f3n es la sociedad de control. Internet facilita la participaci\u00f3n, pero es al mismo tiempo un sistema que despoja a los internautas de sus datos.<\/p>\n<p>Todo soporte digital (redes de telecomunicaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n las tarjetas bancarias o los tel\u00e9fonos m\u00f3viles) comporta una caracter\u00edstica fundamental: conserva el rastro de las diferentes transacciones efectuadas, ya sea el haber pasado por tal lugar a tal hora, haber accedido a tal servicio o a tal banco de datos. Estos rastros no son inmediatamente perceptibles para el usuario, que ignora en general su captaci\u00f3n, almacenaje y tratamiento. Esta producci\u00f3n autom\u00e1tica e invisible de informaciones personales constituye un recurso comercial de primer orden. Gracias a ellas se conoce el gusto de los individuos, sus centros de inter\u00e9s o sus opiniones, y el marketing puede establecer perfiles y segmentaciones de comportamientos.<\/p>\n<p>La recogida y el tratamiento de estos rastros son, si se puede hablar as\u00ed, el precio de la gratuidad de los servicios ofrecidos en Internet. El individuo digital goza de la mayor libertad en la red, pero bajo la mirada de los poderes econ\u00f3micos y policiales. El ejemplo del navegador Google es, en este sentido, particularmente esclarecedor. Los rastros dejados por sus millones de usuarios son almacenados y tratados en 30 enormes centros de datos y de c\u00e1lculo repartidos por el mundo. El tratamiento de estos datos partiendo de palabras clave permite a la empresa remunerarse con la publicidad contextual que aparece en los m\u00e1rgenes de las respuestas logradas en una b\u00fasqueda. La mayor libertad de acci\u00f3n lleva parad\u00f3jicamente a la mayor posibilidad de observaci\u00f3n y de an\u00e1lisis. Esta cartograf\u00eda planetaria de identidades atenta gravemente al derecho a la vida privada, que las muchas leyes inform\u00e1ticas y las libertades intervenidas desde hace treinta a\u00f1os se muestran incapaces de proteger. La empresa, despu\u00e9s de haber querido conservar indefinidamente estos datos, ha aceptado reducir la duraci\u00f3n de su conservaci\u00f3n a nueve meses. El problema de la propiedad de los datos producidos por la digitalizaci\u00f3n de los soportes nunca se ha planteado. La centralizaci\u00f3n y el tratamiento de los datos personales por empresas privadas atentan al derecho a la intimidad de las personas, pero implican tambi\u00e9n intereses para la gesti\u00f3n colectiva. As\u00ed, aunque Google no entiende nada del mecanismo de propagaci\u00f3n de los virus, esta empresa puede sin embargo prever dos semanas antes que las autoridades sanitarias competentes el grado de propagaci\u00f3n del virus de una gripe.<\/p>\n<p>Como muestra el \u00e9xito de las redes sociales donde los individuos desvelan por s\u00ed mismos informaciones consideradas hasta entonces confidenciales, la preservaci\u00f3n del derecho a la vida privada no parece hoy una preocupaci\u00f3n prioritaria. No obstante, desde las revelaciones de Edward Snowden en junio de 2013, esta cuesti\u00f3n retiene m\u00e1s la atenci\u00f3n (Lef\u00e9bure, 2014). Es dif\u00edcil permanecer indiferente, sobre todo para los Estados, ante el saqueo mundial de datos personales efectuado por la Agencia Nacional de Seguridad Americana (NSA) con la complicidad de los operadores de telecomunicaciones y de los gigantes de Internet. En el Net mundial organizado en Sao Paulo en abril de 2014 por la presidenta de Brasil, las pr\u00e1cticas de esta agencia fueron objeto de una condena un\u00e1nime, as\u00ed como el actual modo de gobierno de la red.<\/p>\n<p>La digitalizaci\u00f3n de los soportes posibilita la puesta en pr\u00e1ctica de un modelo in\u00e9dito de vigilancia, tanto mejor tolerado al ser invisible y no estar en manos de un \u00fanico Big Brother. Los objetivos de esta vigilancia son esencialmente comerciales y securitarios. Es una vigilancia masiva, basada en la captaci\u00f3n y el tratamiento de los rastros de cerca de 3.000 millones de internautas; es una vigilancia de anticipaci\u00f3n, que trata de prever el comportamiento del individuo para determinar estrategias muy orientadas a influir en sus compras o para tomar las medidas necesarias en caso de comportamiento desviado. Como se ve, el internauta y el usuario de soportes digitales es un individuo que goza de una gran libertad, pero es tambi\u00e9n un individuo convertido en un sospechoso y en una diana comercial (Mattelart et Vitalis, 2014).<\/p>\n<p><b>La <i>revoluci\u00f3n digital <\/i>como fundamento de una revoluci\u00f3n pol\u00edtica que permitir\u00e1 realizar todas sus promesas<\/b><\/p>\n<p>Para algunos, hace falta una revoluci\u00f3n pol\u00edtica para que se puedan manifestar todas las potencialidades liberadoras de las t\u00e9cnicas digitales. Para ello, hay que suprimir las relaciones de clase y de dominaci\u00f3n del capitalismo que hoy d\u00eda impiden esta manifestaci\u00f3n. Se puede reconocer aqu\u00ed una recuperaci\u00f3n del pensamiento marxista que las teor\u00edas de las multitudes se esfuerzan en actualizar (Granjon, 2006). Voy a presentar brevemente las distintas componentes de estas teor\u00edas que se complementan y refuerzan entre ellas, a saber: la tesis del nuevo imperio, del capitalismo cognitivo y de la era post-medi\u00e1tica. Es \u00fatil mencionar las teor\u00edas de las multitudes, en la medida en que ponen en el centro de sus an\u00e1lisis las nuevas herramientas y las redes de comunicaci\u00f3n, concedi\u00e9ndoles un papel decisivo. Se encuentran tambi\u00e9n en forma edulcorada en muchos discursos.<\/p>\n<p>La teor\u00eda del nuevo imperio fue defendida por Antonio Negri y Michael Hard en el libro <i>Imperio<\/i>, publicado en 2000, que hizo mucho ruido y se convirti\u00f3 en una de las referencias del movimiento altermundialista. Para estos autores, el imperio es un aparato descentralizado y desterritorializado de gobierno que est\u00e1 en todas partes y en ninguna. El poder de un capital mundializado se ejerce ahora en un espacio global en el que las antiguas soberan\u00edas de los Estados-naciones se han vuelto caducas. En este contexto emerge un nuevo sujeto revolucionario, la multitud, a partir de formas de producci\u00f3n cada vez m\u00e1s inmateriales y comunicacionales. Internet constituir\u00eda una primera aproximaci\u00f3n y un primer modelo. La multitud re\u00fane a individuos singulares cuya principal caracter\u00edstica es organizarse en red y participar en un trabajo basado en la cooperaci\u00f3n. Este nuevo actor es un sujeto sometido a los nuevos modos de producci\u00f3n y, al mismo tiempo, un sujeto pol\u00edtico que posee la capacidad de emanciparse de esta dominaci\u00f3n para promover el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Estamos en definitiva ante una nueva etapa de la lucha de los explotados contra el poder del capital. Negri y Hardt quisieron escribir un nuevo <i>manifiesto comunista<\/i> para nuestro tiempo. El proletariado industrial es sustituido por un sujeto m\u00e1s colectivo e h\u00edbrido, adaptado al trabajo en red y comunicacional. Estas nuevas herramientas, desprendidas del dominio del capital, permitir\u00e1n construir una sociedad m\u00e1s libre, m\u00e1s justa y m\u00e1s democr\u00e1tica. No hay que esperar una <i>gran noche<\/i> pero, a la larga, la victoria sobre las fuerzas de explotaci\u00f3n es ineluctable y desembocar\u00e1 en la invenci\u00f3n de nuevas formas de representaci\u00f3n y de gobierno.<\/p>\n<p>La teor\u00eda del capitalismo cognitivo, anunciando el advenimiento de una tercera revoluci\u00f3n industrial y la emergencia de nuevas relaciones de producci\u00f3n, refuerza la filosof\u00eda pol\u00edtica del nuevo imperio. Una forma todav\u00eda in\u00e9dita de capitalismo, el capitalismo cognitivo, habr\u00eda sucedido desde 1975 al capitalismo industrial, que, por su parte, hab\u00eda suplantado al capitalismo mercantilista y esclavista (Vercellone, 2003). El trabajo industrial ha cedido el lugar a un trabajo inmaterial donde la informaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n ocupan un lugar esencial. Al igual que antes debieron industrializarse todas las formas de la vida social, el trabajo y la sociedad deben hoy informatizarse. A medida que se generaliza la automatizaci\u00f3n, ya no se valoriza la fuerza de trabajo, sino la inteligencia y la creatividad. El valor ya no se mide en tiempo de trabajo, sino que se refugia en adelante en lo que no puede ser programado y en la capacidad de resoluci\u00f3n de los problemas. Para el economista Yann Moulier Boutang, te\u00f3rico de esta nueva forma de capitalismo, \u201cel nuevo sistema de producci\u00f3n se basa en el trabajo de cerebros reunidos en red por medio de ordenadores. La sociedad en red, hecha posible por la inform\u00e1tica, transforma las condiciones de intercambio de conocimiento, de producci\u00f3n de la innovaci\u00f3n y las posibilidades mismas de captaci\u00f3n de valor por las empresas\u201d (Boutang, 2007: 87).<\/p>\n<p>Los trabajadores de esta vida reticular y colaborativa, que gozan de una amplia autonom\u00eda, no pueden dejar de cuestionar un sistema basado en la apropiaci\u00f3n privada de las riquezas que no permite que el mayor n\u00famero se beneficie de las ventajas aportadas por las tecnolog\u00edas de informaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n. La experiencia del software libre muestra que el derecho de propiedad puede ser reinterpretado radicalmente, as\u00ed como que se puede revisar de arriba abajo la condici\u00f3n salarial en un momento en que las fronteras entre trabajo y no-trabajo se vuelven cada vez m\u00e1s sutiles.<\/p>\n<p>Las teor\u00edas de la era postmedi\u00e1tica se interesan, por su parte, en el cambio radical aportado por una red interactiva como Internet en un espacio hasta entonces monopolizado y modelado por medios de comunicaci\u00f3n unilaterales, a los que no se puede responder y que desde un centro irrigan una lejana periferia. La entrada en una era postmedi\u00e1tica consiste en una reapropiaci\u00f3n individual y colectiva de las m\u00e1quinas de informaci\u00f3n, de arte y de cultura.<\/p>\n<p>Podemos liberarnos ya del dominio de un medio de comunicaci\u00f3n como la televisi\u00f3n que, bas\u00e1ndose en una disociaci\u00f3n entre la producci\u00f3n y la recepci\u00f3n, ha aplastado las subjetividades (Stiegler, 2009). Internet pone en entredicho esta l\u00f3gica unilateral al permitir a la mayor\u00eda ser a la vez receptora y productora de informaci\u00f3n. La red permite la expresi\u00f3n de uno mismo, la participaci\u00f3n, la organizaci\u00f3n de una inteligencia colectiva y la creaci\u00f3n de medios de comunicaci\u00f3n alternativos. En lugar de comportamientos de consumo pueden manifestarse comportamientos de contribuci\u00f3n. La creaci\u00f3n de una enciclopedia en l\u00ednea como Wikipedia demuestra lo que puede producir una l\u00f3gica de intercambio y de participaci\u00f3n. Si, en el pasado, los llamados medios <i>comunitarios<\/i> no pudieron cuestionar seriamente el unilateralismo de los medios de comunicaci\u00f3n masivos, el medio digital y reticular les pone fin.<\/p>\n<p><b>Otra idea de la revoluci\u00f3n que pone en cuesti\u00f3n la revoluci\u00f3n digital<\/b><\/p>\n<p>Tras los acontecimientos de mayo 68 en Francia, Jacques Ellul emprendi\u00f3 una reflexi\u00f3n de largo alcance sobre el fen\u00f3meno revolucionario, al que dedic\u00f3 varios libros (Vitalis, 2013). A partir de una amplia aproximaci\u00f3n hist\u00f3rica, muestra ante todo que no se debe confundir una revuelta con una revoluci\u00f3n. A diferencia de la primera, en la segunda hay un pensamiento previo y la voluntad de imponer un proyecto por la v\u00eda de los hechos, creando nuevas instituciones. Sobre todo, muestra que despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n francesa de 1789, la revoluci\u00f3n, que hab\u00eda sido asimilada hasta entonces en t\u00e9rminos negativos de terror y de violencia, va a ser considerada desde una imagen positiva. Marx se apoy\u00f3 en este ejemplo para elaborar su teor\u00eda de la lucha de clases y del proletariado revolucionario. \u00c9l y sus sucesores contribuyeron a poner en orden la revoluci\u00f3n, que se vuelve un fen\u00f3meno previsible que va en el sentido de la historia mientras que anteriormente expresaba un rechazo a avanzar hacia el futuro. De alguna manera, se va a insertar en un modelo preestablecido, donde la libertad se confunde con la necesidad. Ya no hay lugar para la expresi\u00f3n espont\u00e1nea y la b\u00fasqueda de v\u00edas originales e in\u00e9ditas. Se necesitan profesionales de la revoluci\u00f3n y un partido, y aplicar t\u00e1cticas y estrategias para apoderarse del poder. El Estado, as\u00ed como las posibilidades t\u00e9cnicas, nunca son cuestionados. Al contrario, se quiere hacer de \u00e9stos los principales vectores de realizaci\u00f3n y de avances de la revoluci\u00f3n. En una c\u00e9lebre f\u00f3rmula pronunciada en un congreso de los Soviets en 1920, Lenin dec\u00eda: \u201cEl socialismo es el poder de los soviets m\u00e1s la electrificaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Ellul critica radicalmente esta concepci\u00f3n de una revoluci\u00f3n pol\u00edtica que se piensa en el sentido de la Historia, realizando por medio de un cambio de poder todas las promesas de la t\u00e9cnica. Para \u00e9l, la t\u00e9cnica puede constituir una ayuda, pero puede ser tambi\u00e9n un obst\u00e1culo. No yendo necesariamente en el sentido de la historia, no estando a remolque del cambio t\u00e9cnico, una verdadera ruptura revolucionaria es siempre algo improbable.<\/p>\n<p>Voy a retomar tres problem\u00e1ticas ellulianas, en el cuestionamiento de la revoluci\u00f3n digital: la problem\u00e1tica de la t\u00e9cnica apropiada, la problem\u00e1tica de la relaci\u00f3n fin\/medio y la problem\u00e1tica de los l\u00edmites.<\/p>\n<p>El autor de <i>La t\u00e9cnica y la apuesta del siglo<\/i> considera que las sociedades m\u00e1s desarrolladas econ\u00f3micamente son sociedades t\u00e9cnicas donde lo que importa ante todo es la elecci\u00f3n de los medios m\u00e1s eficaces. La neutralidad de la t\u00e9cnica es cuestionada por tanto en la medida en que \u00e9sta, al volverse aut\u00f3noma, ya no depende de las decisiones pol\u00edticas y del libre arbitrio del usuario. La elecci\u00f3n de los medios es esencial y se puede comprender por qu\u00e9 rechazar determinadas t\u00e9cnicas para no estar sometido a su l\u00f3gica. En la historia ha habido muchos rechazos a recurrir a nuevas t\u00e9cnicas de comunicaci\u00f3n, como lo testimonian el rechazo a la escritura, la contestaci\u00f3n de la imagen o la oposici\u00f3n a la imprenta. Tambi\u00e9n hoy se observan rechazos a la utilizaci\u00f3n de Internet por personas muy minoritarias que poseen todos los medios intelectuales y financieros para volverse internautas. Las razones del rechazo son m\u00faltiples y siempre motivadas: temor de dependencia y de manipulaci\u00f3n, vinculaci\u00f3n a otros soportes que se estiman m\u00e1s propicios a la reflexi\u00f3n, falta de utilidad, etc. (Boudokhane, 2008).<\/p>\n<p>Las t\u00e9cnicas son m\u00e1s o menos favorables a la libertad y a la creatividad del individuo. Es conocida en este sentido la elecci\u00f3n de Ivan Illich en favor de t\u00e9cnicas amigables que favorecen la autonom\u00eda y el dominio humanos. La noci\u00f3n de tecnolog\u00eda apropiada o de tecnolog\u00eda dulce de Ellul es muy cercana. Hasta 1970, \u00e9ste \u00faltimo consideraba que el sistema t\u00e9cnico era un sistema inquebrantable que no ten\u00eda m\u00e1s que una orientaci\u00f3n de poder. A partir de esta fecha, la automatizaci\u00f3n y la informatizaci\u00f3n pueden permitir cambiar esta orientaci\u00f3n. En su libro <i>Cambiar de revoluci\u00f3n<\/i>, la microinform\u00e1tica, a diferencia de la gran inform\u00e1tica, es considerada como un posible instrumento de liberaci\u00f3n en la medida en que hace posible la descentralizaci\u00f3n, la coordinaci\u00f3n entre peque\u00f1os grupos a trav\u00e9s de redes o llevar la decisi\u00f3n a la base.<\/p>\n<p>Esta evaluaci\u00f3n positiva podr\u00eda tambi\u00e9n hacerse hoy a una red como Internet, habida cuenta de su car\u00e1cter democr\u00e1tico. Sin embargo debe ser revisada cuando se constata que la red se ha convertido en el instrumento de una vigilancia masiva y de una centralizaci\u00f3n de los datos personales por Estados y empresas. Lo primero para hacer de ella un instrumento de comunicaci\u00f3n apropiado ser\u00eda elaborar una carta mundial de la inform\u00e1tica y de las libertades que protegiera la vida privada en todas las partes del mundo, garantizando a todo internauta el acceso a su duplicado digital, con la posibilidad de borrar las partes que desee (Vitalis, 2008a).<\/p>\n<p>Intervenir lo m\u00e1s arriba posible la oferta de tecnolog\u00edas antes de que \u00e9stas se impongan ser\u00eda la mejor manera de beneficiarse de tecnolog\u00edas dulces y apropiadas. Por ejemplo, las empresas de distribuci\u00f3n han sido hasta ahora las m\u00e1s interesadas en el Internet de los objetos y han financiado los primeros estudios. No es cierto que la mayor\u00eda vea con buenos ojos esta invasi\u00f3n pr\u00f3xima de su vida cotidiana por miles de microchips comunicantes e indiscretos.<\/p>\n<p>Una t\u00e9cnica orientada hacia el poder es siempre un obst\u00e1culo para un proyecto revolucionario que debe hacerse contra \u00e9l. Una t\u00e9cnica apropiada es necesaria pero no suficiente para hacer una revoluci\u00f3n. Hace falta tambi\u00e9n y sobre todo una voluntad revolucionaria, una decisi\u00f3n. Volvemos a encontrar aqu\u00ed la problem\u00e1tica esencial de las relaciones entre los medios y los fines, debiendo darse la prioridad, a diferencia de lo que ocurre en una sociedad, a las finalidades. El contexto pol\u00edtico y social es por tanto determinante. Ellul pens\u00f3 que a comienzos de los a\u00f1os 1980 era posible una revoluci\u00f3n, porque acababa de aparecer una t\u00e9cnica apropiada como la microinform\u00e1tica, pero tambi\u00e9n, y sobre todo, porque en ese momento hist\u00f3rico preciso se manifestaba una profunda voluntad de cambio.<\/p>\n<p>Para dar una idea de la radicalidad de un cambio verdaderamente revolucionario, voy a recordar los cinco cambios que, seg\u00fan Ellul (1982), deber\u00eda realizar la revoluci\u00f3n de finales del siglo 20: una ayuda totalmente desinteresada a los pa\u00edses del Sur gracias a una reconversi\u00f3n de la potencia industrial occidental; la opci\u00f3n de no-potencia, privilegiando el medio m\u00e1s humano y m\u00e1s respetuoso con la naturaleza respecto al medio m\u00e1s eficaz; la separaci\u00f3n y la diversificaci\u00f3n en todos los \u00e1mbitos con una preferencia por la autogesti\u00f3n; la reducci\u00f3n dr\u00e1stica del tiempo de trabajo; y, en fin, el abandono del trabajo asalariado gracias a nuevas modalidades de reparto de la riqueza.<\/p>\n<p>En este comienzo del siglo 21 nos encontramos ante una situaci\u00f3n parad\u00f3jica. Mientras a las revoluciones del pasado les faltaron medios, hoy d\u00eda la superabundancia de medios parece quitarnos todo deseo de revoluci\u00f3n. Se multiplican las revueltas, pero cuanto m\u00e1s t\u00e9cnica es la sociedad, m\u00e1s imposible se vuelve la revoluci\u00f3n. El dominio de la t\u00e9cnica exige la determinaci\u00f3n de l\u00edmites. En otras palabras, no siempre se debe hacer lo que t\u00e9cnicamente es posible hacer. A falta de capacidad de autolimitaci\u00f3n de nuestras sociedades, de alguna manera las presiones externas, como el calentamiento clim\u00e1tico o las contaminaciones del medio ambiente, nos obligan a modificar nuestros modos de producci\u00f3n y de consumo. Parece que las t\u00e9cnicas digitales, a priori no contaminantes y que pueden permitir economizar energ\u00eda, deber\u00edan ser excluidas de este cuestionamiento. Ante su continuo y r\u00e1pido crecimiento, algunos consideran sin embargo que habr\u00eda que reexaminar esta opini\u00f3n (Flipo, 2007). En algunos pa\u00edses, las infraestructuras digitales consumen cerca del 10% del consumo total de electricidad. Un estudio reciente afirma que hasta 2020, el impacto de los enormes centros de datos y de c\u00e1lculo en CO2 sobre el medio ambiente ser\u00eda m\u00e1s importante que el de toda la industria de transporte a\u00e9reo.<\/p>\n<p>El movimiento por el decrecimiento muestra que se puede escoger voluntariamente la v\u00eda de la autolimitaci\u00f3n. Poniendo en entredicho un imaginario demasiado exclusivamente econ\u00f3mico y la noci\u00f3n de progreso que lo acompa\u00f1a, este movimiento, directamente inspirado en las tesis de Ellul, propone una verdadera ruptura. El problema, en este caso, es saber si las tecnolog\u00edas digitales pueden ser afectadas por este movimiento. No se entiende por qu\u00e9 hay que fijar l\u00edmites a t\u00e9cnicas de almacenaje y de tratamiento de signos que ofrecen nuevos espacios de expresi\u00f3n y de relaci\u00f3n muy \u00fatiles y apreciados en estos tiempos de crisis social. El \u00e9xito de las redes sociales parece ir a la par con el ascenso de las incertidumbres, como si sus participantes tuvieran necesidad de asegurar su identidad y sus lazos sociales.<\/p>\n<p>Las nuevas redes y las herramientas de comunicaci\u00f3n no deben sin embargo convertirse en el todo de la informaci\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n. Aunque las consecuencias de su utilizaci\u00f3n sobre las percepciones y las representaciones son dif\u00edciles de evaluar, es verdad que no siempre son positivas (Virilio, 1995, 1996). En estas condiciones, un derecho a la desconexi\u00f3n debe ser acogido favorablemente, as\u00ed como la iniciativa de algunas escuelas de privar de pantalla y de televisi\u00f3n durante una decena de d\u00edas a los nativos digitales.<\/p>\n<p><i>Andr\u00e9 Vitalis<\/i> es profesor em\u00e9rito de la Universidad de Burdeos, Francia.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/journals.openedition.org\/communiquer\/1494\">https:\/\/journals.openedition.org\/communiquer\/1494<\/a><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: Javier Garitazelaia para <b><i>viento<\/i> sur<\/b><\/p>\n<p><b>Referencias<\/b><\/p>\n<p>Bell, D. (1976) <i>Vers la soci\u00e9t\u00e9 post-industrielle<\/i>. Paris: R. Laffont.<\/p>\n<p>Bonnel, O. (2007). <i>Gratuit. Du d\u00e9ploiement de l\u2019\u00e9conomie digital<\/i>. Paris: Gallimard.<\/p>\n<p>Boudokhane, F. (2008). <i>L\u2019Internet refus\u00e9. Le non-usage du r\u00e9seau et ses raisons<\/i> (tesis doctoral, Universit\u00e9 de Montaigne Bordeaux 3).<\/p>\n<p>Breton, P. (1992). <i>L\u2019utopie de la communication<\/i>. Paris: La D\u00e9couverte.<\/p>\n<p>Breton, P. (2000) <i>Le culte de l\u2019Internet<\/i>. Paris: La D\u00e9couverte.<\/p>\n<p>Commission europ\u00e9enne (1997) <i>Construire la soci\u00e9t\u00e9 de l\u2019informaci\u00f3n pour tous<\/i>.<\/p>\n<p>Chastenet, P. (1992) <i>Lire Ellul<\/i>. Bordeaux: Presses universitaires de Bordeaux.<\/p>\n<p>Doueihi, M. (2008) <i>La grande conversion digital<\/i>. Paris: Seuil.<\/p>\n<p>Flipo, F. (2007) \u201cL\u2019infrastructure digital en question\u201d, <i>Entropia<\/i>, (3), 65-85.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1948) <i>Pr\u00e9sence au monde moderne<\/i>. Gen\u00e8ve: Roulet.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1954) <i>La technique ou l\u2019enjeu du si\u00e8cle<\/i>. Paris: Armand Colin.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1966) <i>Ex\u00e9g\u00e8se des nouveaux lieux communs<\/i>. Paris: Calmann-L\u00e9vy.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1969) <i>Autopsie de la revolution<\/i>. Paris: Calmann-L\u00e9vy.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1972) <i>De la Revolution aux r\u00e9voltes<\/i>. Paris: Calmann-L\u00e9vy,<\/p>\n<p>Ellul, J. (1977)<i> Le syst\u00e8me technic<\/i>. Paris: Calmann-L\u00e9vy.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1982) <i>Changer de revolution<\/i>. Paris: Seuil.<\/p>\n<p>Ellul, J. (1988) <i>Le bluff technologique<\/i>. Paris: Hachette.<\/p>\n<p>Ellul, J. (2008)<i> Ellul par lui-m\u00eame<\/i>. Paris: La Table Ronde.<\/p>\n<p>Eisenstein, E. (1991)<i> La revolution de l\u2019imprim\u00e9<\/i>. Paris: La D\u00e9couverte.<\/p>\n<p>Granjon, F. (2006) \u201cMythologies des teor\u00edas des multitudes\u201d. Communicaci\u00f3n pr\u00e9sent\u00e9e au 74e Congr\u00e8s de l\u2019ACFAS, Montr\u00e9al, Qu\u00e9bec.<\/p>\n<p>Goody, J. (1978) <i>La raison graphique. La domesticaci\u00f3n de la pens\u00e9e sauvage<\/i>. Paris:<\/p>\n<p>Minuit.<\/p>\n<p>Halpin, H. (2009) \u201cLa souverainet\u00e9 digitale. L\u2019aristocratie immat\u00e9rielle du World Wide Web\u201d, <i>Multitudes<\/i>, (35), 201-213.<\/p>\n<p>Hardt, M. y Negri, A. (2002) Imperio. Barcelona: Paid\u00f3s<\/p>\n<p>Lef\u00e9bure, A. (2014) <i>L\u2019affaire Snowden. Comment les \u00c9tats-Unis espionnent le monde<\/i>. Paris: La D\u00e9couverte.<\/p>\n<p>Legendre, P. (2007) <i>Dominium Mundi<\/i>. Paris: Fayard.<\/p>\n<p>Lepage, A. (dir.) (2006) <i>L\u2019opinion digitale<\/i>. Paris: Dalloz.<\/p>\n<p>Moulier Bontang, Y. (2007) <i>Le capitalisme cognitif. La nouvelle grande transformation<\/i>. Paris: \u00c9ditions Amsterdam.<\/p>\n<p>Mattelart, A. y Vitalis, A. (2014) <i>Le profilage des populations. Du livret ouvrier au<\/i><\/p>\n<p><i>cybercontr\u00f4le<\/i>. Paris: La D\u00e9couverte.<\/p>\n<p>Mich\u00e9a, J. C. (2007) <i>L\u2019empire du moindre mal<\/i>. Paris: Climats\/Flammarion.<\/p>\n<p>Nora, S. y Minc, A. (1978) <i>L\u2019informatisation de la soci\u00e9t\u00e9<\/i>. 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(2007) \u201cActualit\u00e9 de Jacques Ellul: la communication dans le contexte d\u2019une soci\u00e9t\u00e9 technique\u201d, <i>Herm\u00e8s<\/i>, (48), 163-179.<\/p>\n<p>Vitalis A. (2008a) \u201cFrance\u201d, en J. B. Rule et G. Greenleaf (dir.), <i>Global Privacy Protection, <\/i>107-140. Northampton, MA : Edward Elgar.<\/p>\n<p>Vitalis A. (2008b) \u201cPluralisme des valeurs et soci\u00e9t\u00e9 mondiale de l\u2019information\u201d, en E. Georges et F. Granjon (dir.), <i>Critique de la soci\u00e9t\u00e9 de l\u2019information, <\/i>105-122, Paris: L\u2019Harmattan.<\/p>\n<p>Vitalis A. (2013) \u201cL\u2019image de la r\u00e9volution dans l\u2019\u0153uvre de Jacques Ellul\u201d, en. S. N. 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