{"id":2332,"date":"2019-11-19T11:16:06","date_gmt":"2019-11-19T11:16:06","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2332"},"modified":"2019-11-19T11:16:06","modified_gmt":"2019-11-19T11:16:06","slug":"la-critica-de-la-democracia-burguesa-en-rosa-luxemburg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2332","title":{"rendered":"La cr\u00edtica de la democracia burguesa en Rosa Luxemburg"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Michael L\u00f6wy<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Nota de edici\u00f3n: En su discusi\u00f3n sobre la democracia, Rosa Luxemburg se separa del optimismo f\u00e1cil de la religi\u00f3n del progreso democr\u00e1tico: la ilusi\u00f3n en una democratizaci\u00f3n creciente de las sociedades \u201ccivilizadas\u201d. Su posici\u00f3n es poco conocida y a menudo olvidada.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Son conocidas la defensa de la democracia socialista y la cr\u00edtica a los bolcheviques en el folleto de Rosa Luxemburg sobre la Revoluci\u00f3n Rusa (1918). Lo que es menos conocido, y a menudo olvidado, es su cr\u00edtica de la democracia burguesa, sus l\u00edmites, sus contradicciones, su car\u00e1cter limitado y mezquino. Intentaremos seguir este argumento cr\u00edtico en algunos de sus escritos pol\u00edticos, sin ninguna pretensi\u00f3n de exhaustividad.<\/p>\n<p>Debemos partir, para esta discusi\u00f3n, de \u00bfReforma o revoluci\u00f3n? (1898), uno de los textos fundadores del socialismo revolucionario moderno, en que esta problem\u00e1tica es abordada de un modo m\u00e1s intenso. Este brillante ensayo, obra de una joven casi desconocida en la \u00e9poca, es una s\u00edntesis \u00fanica entre la pasi\u00f3n revolucionaria y la racionalidad discursiva; sembrado de destellos de iron\u00eda y de intuiciones fulminantes, sigue teniendo, m\u00e1s de un siglo despu\u00e9s, una sorprendente actualidad. Pero no est\u00e1 libre de fallas; ante todo, en la pol\u00e9mica econ\u00f3mica con Bernstein, donde se despliega una suerte de fatalismo optimista: la creencia en la inevitabilidad del derrumbe (Zusammenbruch) econ\u00f3mico del capitalismo. Dicho sea de paso, es una opini\u00f3n que se encuentra a\u00fan en nuestros d\u00edas en cantidad de marxistas que anuncian que la actual crisis financiera del capitalismo es \u201cla \u00faltima\u201d y significa la decadencia definitiva del sistema\u2026 Me parece que Walter Benjamin, que conoci\u00f3 la Gran Crisis de 1929 y sus secuelas, formul\u00f3 la conclusi\u00f3n m\u00e1s pertinente sobre este terreno: \u201cLa experiencia de nuestra generaci\u00f3n: el capitalismo no morir\u00e1 de muerte natural\u201d (Benjamin, 2000: 681).<\/p>\n<p>Entretanto, en su discusi\u00f3n sobre la democracia, Rosa Luxemburg se separa del optimismo f\u00e1cil de la religi\u00f3n del progreso democr\u00e1tico \u2013la ilusi\u00f3n en una democratizaci\u00f3n creciente de las sociedades \u201ccivilizadas\u201d \u2013 dominante en su \u00e9poca, tanto entre los liberales como entre los socialistas; ese es, por lo dem\u00e1s, uno de los puntos fuertes de su argumento. Por otro lado, en su an\u00e1lisis de la democracia burguesa, no se encuentra trazo alguno de economicismo; se manifiesta aqu\u00ed, en toda su fuerza, lo que Luk\u00e1cs llamaba (1923) el principio revolucionario en el terreno del m\u00e9todo: la categor\u00eda dial\u00e9ctica de totalidad (Luk\u00e1cs, 1960: 48). La cuesti\u00f3n de la democracia es abordada por Rosa Luxemburg desde la perspectiva de la totalidad hist\u00f3rica en movimiento, donde econom\u00eda, sociedad, lucha de clases, Estado, pol\u00edtica e ideolog\u00eda son momentos inseparables del proceso concreto.<\/p>\n<p>Dial\u00e9ctica del Estado burgu\u00e9s<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis eminentemente dial\u00e9ctico del Estado burgu\u00e9s y sus formas democr\u00e1ticas por parte de Rosa Luxemburg le permite a esta escapar tanto de las aproximaciones social-liberales (\u00a1Bernstein!), que niegan su car\u00e1cter burgu\u00e9s, como de las de un cierto marxismo vulgar que no toma en cuenta la importancia de la democracia. Fiel a la teor\u00eda marxista del Estado, Rosa Luxemburg insiste sobre su car\u00e1cter de \u201cEstado de clase\u201d. Pero a\u00f1ade inmediatamente: \u201chay que tomar esta afirmaci\u00f3n, no en un sentido absoluto y r\u00edgido, sino en un sentido dial\u00e9ctico\u201d. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto? Por un lado, que el Estado \u201casume sin duda funciones de inter\u00e9s general en el sentido del desarrollo social\u201d; pero, al mismo tiempo, no lo hace sino \u201cen la medida en que el inter\u00e9s general y el social coinciden con los intereses de la clase dominante\u201d. La universalidad del Estado se ve, entonces, severamente limitada y, en una medida amplia, negada por su car\u00e1cter de clase (Luxemburg, 1978a: 39).<\/p>\n<p>Otro aspecto de esta dial\u00e9ctica es la contradicci\u00f3n entre la forma democr\u00e1tica y el contenido de clase: \u201clas instituciones formalmente democr\u00e1ticas no son, en cuanto a su contenido, otra cosa que instrumentos de los intereses de la clase dominante\u201d. Pero ella no se limita a esta constataci\u00f3n, que es un locus cl\u00e1sico del marxismo; no solo no desprecia Luxemburg la forma democr\u00e1tica, sino que muestra que dicha forma puede entrar en contradicci\u00f3n con el contenido burgu\u00e9s: \u201cExisten pruebas concretas de esto: en el momento en que la democracia tiene la tendencia a negar su car\u00e1cter de clase y a transformarse en instrumento de verdaderos intereses del pueblo, las propias formas democr\u00e1ticas son sacrificadas por la burgues\u00eda y por su representaci\u00f3n de Estado\u201d (ib\u00edd.: 43). La historia del siglo XX est\u00e1 atravesada de un extremo al otro por ejemplos de ese g\u00e9nero de \u201csacrificio\u201d, desde la Guerra Civil Espa\u00f1ola hasta el golpe de Estado de 1973 en Chile; no son excepciones, sino antes bien la regla. Rosa Luxemburg hab\u00eda previsto en 1898, con una agudeza impresionante, lo que habr\u00eda de pasar a lo largo de todo el siglo siguiente.<\/p>\n<p>A la visi\u00f3n id\u00edlica de la historia como \u201cProgreso\u201d ininterrumpido, como evoluci\u00f3n necesaria de la humanidad hacia la democracia y, sobre todo, al mito de una conexi\u00f3n intr\u00ednseca entre capitalismo y democracia, ella opone un an\u00e1lisis sobrio y sin ilusiones de la diversidad de reg\u00edmenes pol\u00edticos:<\/p>\n<p>El desarrollo ininterrumpido de la democracia que el revisionismo, siguiendo el ejemplo del liberalismo burgu\u00e9s, toma por ley fundamental de la historia humana, o al menos de la historia moderna, se revela, cuando se lo examina de cerca, como un espejismo. No es posible establecer relaciones universales y absolutas entre el desarrollo del capitalismo y la democracia. El r\u00e9gimen pol\u00edtico es en cada ocasi\u00f3n el resultado del conjunto de factores pol\u00edticos, tanto internos como externos; dentro de esos l\u00edmites, presenta todos los diferentes grados de la escala, desde la monarqu\u00eda absoluta hasta la rep\u00fablica democr\u00e1tica (ib\u00edd.: 67 y s.).<\/p>\n<p>Lo que ella no pod\u00eda prever es, claro, el surgimiento de formas de Estado autoritarias a\u00fan peores que las monarqu\u00edas: los reg\u00edmenes fascistas y las dictaduras militares que se desarrollaron en los pa\u00edses capitalistas \u2013tanto del centro como de la periferia\u2013 a lo largo de todo el siglo XX. Pero ella tiene el m\u00e9rito de ser una de las escasas figuras, en el movimiento obrero y socialista, que desconfiaron de la ideolog\u00eda del Progreso (con una \u201cP\u201d may\u00fascula), com\u00fan a los liberales burgueses y a una buena parte de la izquierda, y que pusieron en evidencia la perfecta compatibilidad del capitalismo con formas pol\u00edticas radicalmente antidemocr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Bernstein, partidario convencido de la ideolog\u00eda del Progreso, cree en una evoluci\u00f3n irreversible de las sociedades modernas hacia m\u00e1s democracia y, por qu\u00e9 no, hacia m\u00e1s socialismo. Ahora bien, Rosa Luxemburg observa que \u201cel Estado, es decir, la organizaci\u00f3n pol\u00edtica, y las relaciones de propiedad, es decir, la organizaci\u00f3n jur\u00eddica del capitalismo, se tornan cada vez m\u00e1s capitalistas, y no cada vez m\u00e1s socialistas\u201d (ib\u00edd.: 43). Puede verse, una vez m\u00e1s, que la oposici\u00f3n entre la izquierda y la derecha en la Socialdemocracia corresponde al antagonismo entre la fe en el Progreso ineluctable de los pa\u00edses \u201ccivilizados\u201d y la apuesta por la revoluci\u00f3n social.<\/p>\n<p>No solo no existe una afinidad particular entre la burgues\u00eda y la democracia, sino que a menudo es en lucha contra esta clase que tienen lugar los avances democr\u00e1ticos:<\/p>\n<p>En B\u00e9lgica, en fin, la conquista democr\u00e1tica del movimiento obrero, el sufragio universal, es un efecto de la debilidad del militarismo y, en consecuencia, de la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica y pol\u00edtica particular de B\u00e9lgica y, sobre todo, ese \u201cbocado de democracia\u201d es adquirido, no por la burgue\u00ads\u00eda, sino contra ella (ib\u00edd.: 67).<\/p>\n<p>\u00bfSe trata solo del caso de B\u00e9lgica, o m\u00e1s bien de una tendencia hist\u00f3rica general? Rosa Luxemburg parece inclinarse por la segunda hip\u00f3tesis y considerar que la \u00fanica garant\u00eda para la democracia es la fuerza del movimiento obrero:<\/p>\n<p>El movimiento obrero socialista es hoy en d\u00eda el \u00fanico soporte de la democracia; no existe otro. Se ver\u00e1 que no es la suerte del movimiento socialista la que est\u00e1 ligada a la democracia burguesa, sino, inversamente, que la suerte de la democracia est\u00e1 ligada al movimiento socialista. Se constatar\u00e1 que las oportunidades de la democracia no est\u00e1n ligadas al hecho de que la clase obrera renuncia a la lucha por su emancipaci\u00f3n, sino, al contrario, al hecho de que el movimiento socialista sea lo bastante poderoso para combatir las consecuencias reaccionarias de la pol\u00edtica mundial y de la traici\u00f3n de la burgues\u00eda.<\/p>\n<p>Aquel que desee el fortalecimiento de la democracia deber\u00e1 desear igualmente el fortalecimiento, y no el debilitamiento, del movimiento socialista; renunciar a la lucha por el socialismo es renunciar, al mismo tiempo, al movimiento obrero y a la propia democracia (ib\u00edd.: 70).<\/p>\n<p>En otros t\u00e9rminos, la democracia es, a ojos de Rosa Luxemburg, un valor esencial que el movimiento socialista debe poner a salvo de sus adversarios reaccionarios, entre los cuales se encuentra la burgues\u00eda, siempre dispuesta a traicionar sus proclamas democr\u00e1ticas si sus intereses lo exigen. Hemos visto anteriormente ejemplos de esta sobria constataci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 quiere decir la referencia a las \u201cconsecuencias reaccionarias de la pol\u00edtica mundial\u201d? Se trata, sin duda, de una referencia a las guerras imperialistas y\/o coloniales, que no dejar\u00e1n de reducir o suprimir los avances democr\u00e1ticos de los pa\u00edses en conflicto. Volveremos luego sobre esta problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>La sorprendente afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual la suerte de la democracia est\u00e1 ligada a la del movimiento obrero y socialista ha sido tambi\u00e9n confirmada por la historia de las d\u00e9cadas siguientes: la derrota de la izquierda socialista \u2013a causa de sus divisiones, de sus errores o de su debilidad\u2013 en Italia, en Alemania, en Austria, en Espa\u00f1a ha conducido al triunfo del fascismo, con el apoyo de las principales fuerzas de la burgues\u00eda, y a la abolici\u00f3n de toda forma de democracia, durante largos a\u00f1os (en Espa\u00f1a, durante d\u00e9cadas).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre el movimiento obrero y la democracia es eminentemente dial\u00e9ctica: la democracia tiene necesidad del movimiento socialista, y vicecersa; la lucha del proletariado tiene necesidad de la democracia para desarrollarse:<\/p>\n<p>La democracia es quiz\u00e1s in\u00fatil, o incluso molesta para la burgues\u00eda hoy en d\u00eda; para la clase trabajadora, es necesaria e incluso indispensable. Es necesaria porque crea las formas pol\u00edticas (autoadministraci\u00f3n, derecho al sufragio, etc\u00e9tera) que servir\u00e1n al proletariado de trampol\u00edn y de apoyo en su lucha por la transformaci\u00f3n revolucionaria de la sociedad burguesa. Pero es tambi\u00e9n indispensable porque solo luchando por la democracia y ejerciendo sus derechos tomar\u00e1 conciencia el proletariado de sus intereses de clase y de sus misiones hist\u00f3ricas (ib\u00edd.: 76).<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n de Rosa Luxemburg es compleja. En un primer momento, ella parece afirmar que es gracias a la democracia que la clase trabajadora puede luchar para transformar la sociedad. \u00bfQuerr\u00eda decir eso que, en los pa\u00edses no democr\u00e1ticos, esta lucha no es posible? Al contrario, insiste la revolucionaria polaca; es en la lucha por la democracia que se desarrolla la conciencia de clase. Ella piensa sin duda en pa\u00edses como la Rusia zarista \u2013comprendida en ella Polonia\u2013, donde la democracia a\u00fan no existe, y donde la conciencia revolucionaria se despierta precisamente en el combate democr\u00e1tico. Es lo que se ver\u00eda pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en la revoluci\u00f3n rusa de 1905. Pero ella tambi\u00e9n piensa, probablemente, en la Alemania Guillermina, donde la lucha por la democracia estaba lejos de hallarse concluida y encuentra en el movimiento socialista a su principal sujeto hist\u00f3rico. En todo caso, lejos de despreciar las \u201cformas democr\u00e1ticas\u201d, que distingue de su instrumentaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n burguesas, ella asocia estrechamente el destino de aquellas al del movimiento obrero.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son, entonces, las formas democr\u00e1ticas importantes? En 1898, ella menciona sobre todo tres: el sufragio universal, la rep\u00fablica democr\u00e1tica, la autoadministraci\u00f3n; m\u00e1s tarde \u2013por ejemplo, a prop\u00f3sito de la Revoluci\u00f3n Rusa en 1918\u2013, ella agregar\u00e1 las libertades democr\u00e1ticas: libertad de expresi\u00f3n, de prensa, de organizaci\u00f3n. \u00bfY qu\u00e9 del Parlamento? Rosa Luxemburg no rechaza la representaci\u00f3n democr\u00e1tica en cuanto tal, pero desconf\u00eda del parlamentarismo en su forma actual: lo considera \u201cun instrumento espec\u00edfico del Estado de clase burgu\u00e9s; un medio para hacer que maduren y se desarrollen las contradicciones capitalistas\u201d (ib\u00edd.: 43). Ella volver\u00e1 sobre este debate pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en art\u00edculos pol\u00e9micos contra Jaur\u00e8s y los socialistas franceses, a los que ella acusa de querer llegar al socialismo pasando por el \u201cpantano apacible [\u2026] de un parlamentarismo senil\u201d (Luxemburg, 1971b: 223). La degradaci\u00f3n de esta instituci\u00f3n se revela en la sumisi\u00f3n al poder ejecutivo: \u201cLa idea, en s\u00ed misma racional, de que el gobierno no debe dejar de ser el instrumento de la mayor\u00eda de la representaci\u00f3n popular, es transformado en su contrario por la pr\u00e1ctica del parlamentarismo burgu\u00e9s, a saber: la dependencia servil de la representaci\u00f3n popular respecto de la supervivencia del gobierno actual\u201d (ib\u00edd.: 228). Ella saluda, en este contexto, a los socialistas revolucionarios franceses, que comprendieron que la acci\u00f3n legislativa en el Parlamento \u2013\u00fatil para arrebatar algunas leyes favorables para los trabajadores\u2013 no puede sustituir a la organizaci\u00f3n del proletariado para conquistar, a trav\u00e9s de medios revolucionarios, del poder pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Reaparecen argumentos an\u00e1logos en un ensayo de 1904 sobre \u201cLa Socialdemocracia y el parlamentarismo\u201d. Con la iron\u00eda mordaz que torna tan el\u00e9ctricas sus pol\u00e9micas, ella cuestiona el \u201ccretinismo parlamentario\u201d, es decir, la ilusi\u00f3n seg\u00fan la cual el parlamento es el eje central de la vida social y la fuerza motriz de la historia universal. La realidad es totalmente diferente: las fuerzas gigantescas de la historia mundial act\u00faan muy bien fuera de las c\u00e1maras legislativas burguesas. Lejos de ser el producto absoluto del Progreso democr\u00e1tico, el parlamentarismo es una forma hist\u00f3rica determinada de la dominaci\u00f3n de clase burguesa. Al mismo tiempo, en un movimiento dial\u00e9ctico \u2013Rosa Luxemburg cita a Hegel\u2013, con el ascenso del movimiento socialista, el Parlamento puede devenir en \u201cuno de los instrumentos m\u00e1s poderosos e indispensables de la lucha de clases\u201d obrera, en cuanto tribuna de las masas populares; un lugar de agitaci\u00f3n para el programa de la revoluci\u00f3n socialista. Pero no se podr\u00e1 defender eficazmente la democracia, y al propio Parlamento, contra las maquinaciones reaccionarias sino a trav\u00e9s de la acci\u00f3n extraparlamentaria del proletariado. La acci\u00f3n directa de las masas proletarias \u201cen la calle\u201d \u2013por ejemplo, bajo la forma de la huelga general\u2013 es la mejor defensa de cara a las amenazas que pesan sobre el sufragio universal. En suma, el desaf\u00edo, para los socialistas, es convencer a \u201clas masas trabajadoras de que cuenten cada vez m\u00e1s con sus propias fuerzas y su acci\u00f3n aut\u00f3noma y de que ya no consideren las luchas parlamentarias como el eje central de la vida pol\u00edtica\u201d (Luxemburg, 1978c: 25, 29, 34-36). Volveremos sobre esto.<\/p>\n<p>Las contradicciones de la democracia burguesa: militarismo, colonialismo<\/p>\n<p>Las democracias burguesas \u201crealmente existentes\u201d se caracterizan por dos dimensiones profundamente antidemocr\u00e1ticas, estrechamente ligadas: el militarismo y el colonialismo. En el primer caso, se trata de una instituci\u00f3n, el ej\u00e9rcito, de car\u00e1cter jer\u00e1rquico, autoritario y reaccionario, que constituye una suerte de Estado absolutista en el seno del Estado democr\u00e1tico. En el segundo, se trata de la imposici\u00f3n, por la fuerza de las armas, de una dictadura a los pueblos colonizados por los imperios occidentales. Como recuerda Rosa Luxemburg en \u00bfReforma o revoluci\u00f3n?, su car\u00e1cter de clase obliga al Estado burgu\u00e9s, incluso democr\u00e1tico, a acentuar cada vez m\u00e1s su actividad coercitiva en dominios que solo sirven a los intereses de la burgues\u00eda: \u201ca saber, el militarismo y la pol\u00edtica aduanera y colonial\u201d (Luxemburg, 1978a: 42). La denuncia de esta \u201cactividad coercitiva\u201d, militarista e imperialista, ser\u00e1 uno de los ejes de la cr\u00edtica de Rosa Luxemburg al Estado burgu\u00e9s.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista capitalista,<\/p>\n<p>el militarismo actualmente se ha vuelto indispensable desde tres puntos de vista: 1) sirve para defender intereses nacionales en competencia contra otros grupos nacionales; 2) constituye un dominio de inversi\u00f3n privilegiado, tanto para el capital financiero como para el capital industrial; y 3) le es \u00fatil en el interior para asegurar su dominaci\u00f3n de clase sobre el pueblo trabajador [\u2026]. Dos rasgos espec\u00edficos caracterizan al militarismo actual: primero, su desarrollo general y concurrente en todos los pa\u00edses; se dir\u00eda que se ve impulsado a crecer por una fuerza motriz interna y aut\u00f3noma: fen\u00f3meno desconocido todav\u00eda hace algunas d\u00e9cadas; segundo, el car\u00e1cter fatal, inevitable de la explosi\u00f3n inminente, aunque se ignoren tanto la ocasi\u00f3n que la desencadenar\u00e1 como los Estados que ser\u00e1n afectados en primera instancia, el objeto del conflicto y todas las dem\u00e1s circunstancias (ib\u00edd.: 41).<\/p>\n<p>Como se ve, Rosa Luxemburg hab\u00eda previsto, en 1898, una guerra mundial suscitada por la competencia entre potencias capitalistas nacionales y por la din\u00e1mica incontrolable del militarismo. Es una de esas intuiciones fulgurantes que atraviesan el texto de \u00bfReforma o revoluci\u00f3n?, aun cuando, desde luego, ella no pod\u00eda prever las \u201ccircunstancias\u201d del conflicto.<\/p>\n<p>Militarismo en el plano interno y expansi\u00f3n colonial en el externo est\u00e1n estrechamente ligados y conducen a una decadencia, una degradaci\u00f3n, una degeneraci\u00f3n de la democracia burguesa:<\/p>\n<p>A causa del desarrollo de la econom\u00eda mundial, del agravamiento y la generalizaci\u00f3n de la competencia por el mercado mundial, el militarismo y la supremac\u00eda naval, instrumentos de la pol\u00edtica mundial, se han convertido en un factor decisivo de la vida exterior e interior de los grandes Estados. Entretanto, si la pol\u00edtica mundial y el militarismo representan una tendencia ascendente de la fase actual del capitalismo, la democracia burguesa debe ahora l\u00f3gicamente entrar en una fase descendente. En Alemania, la era de los grandes armamentos, que data de 1893, y la pol\u00edtica mundial inaugurada por la toma de Kiao-chou han tenido como compensaci\u00f3n dos sacrificios pagados por la democracia burguesa: la descomposici\u00f3n del liberalismo y el pasaje del Partido de Centro desde la oposici\u00f3n al gobierno (ib\u00edd.: 69).<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XX, habr\u00eda de asistirse a otros \u201csacrificios\u201d de la democracia, exigidos por el militarismo \u2013tanto en Europa (Espa\u00f1a, Grecia) como en Am\u00e9rica Latina\u2013 mucho m\u00e1s graves y dram\u00e1ticos que los ejemplos aqu\u00ed citados. Sin embargo, el an\u00e1lisis de Rosa Luxemburg es m\u00e1s amplio: ella se da cuenta de que el peso creciente del ej\u00e9rcito en la vida pol\u00edtica de las democracias burguesas se deriva, no solo de la competencia imperialista, sino tambi\u00e9n de un factor interno a las sociedades burguesas: la escalada de las luchas obreras. En un art\u00edculo antimilitarista de 1914, ella pone en evidencia dos tendencias profundas que fortalecen la preponderancia de las instituciones militares en los Estados burgueses.<\/p>\n<p>Esas dos tendencias son, por un lado, el imperialismo, que conlleva un aumento masivo del ej\u00e9rcito, el culto de la violencia militar salvaje y una actitud dominante y arbitraria del militarismo de cara a la legislaci\u00f3n; por el otro, el movimiento obrero, que conoce un desarrollo igualmente masivo, acentuando los antagonismos de clase y provocando la intervenci\u00f3n cada vez m\u00e1s frecuente del ej\u00e9rcito contra el proletariado en lucha (Luxemburg, 1978d: 41).<\/p>\n<p>Esta \u201cviolencia militar salvaje\u201d se ejerce, en el cuadro de las pol\u00edticas imperialistas, ante todo sobre los pueblos colonizados, sometidos a una brutal opresi\u00f3n que no tiene nada de \u201cdemocr\u00e1tica\u201d. La democracia burguesa produce, en su pol\u00edtica colonial, formas de dominaci\u00f3n autocr\u00e1tica, dictatorial. La cuesti\u00f3n del colonialismo es evocada, pero poco desarrollada en \u00bfReforma o revoluci\u00f3n? Pero poco despu\u00e9s, en un art\u00edculo de 1902 sobre la Martinica, Rosa Luxemburg denunciar\u00e1 las masacres del colonialismo franc\u00e9s en Madagascar, las guerras de conquista de los Estados Unidos en Filipinas o de Inglaterra en \u00c1frica; finalmente, las agresiones contra los chinos cometidas, de com\u00fan acuerdo, por franceses e ingleses, rusos y alemanes, italianos y estadounidenses (cf. Luxemburg, 1970: 250 y s.).<\/p>\n<p>Ella volver\u00e1 a menudo sobre los cr\u00edmenes del colonialismo, en particular, en La acumulaci\u00f3n del capital (1913). Retomando el hilo de la cr\u00edtica implacable de la pol\u00edtica colonial en el cap\u00edtulo sobre la acumulaci\u00f3n originaria en el volumen I de El capital, ella observa entretanto que no se trata de un momento \u201cinicial\u201d, sino de una tendencia permanente del capital: \u201cAqu\u00ed no se trata ya de una acumulaci\u00f3n originaria; el proceso contin\u00faa hasta nuestros d\u00edas. Cada expansi\u00f3n colonial va necesariamente acompa\u00f1ada de esta guerra obstinada del capital contra las condiciones sociales y econ\u00f3micas de los ind\u00edgenas, as\u00ed como del saqueo violento de sus medios de producci\u00f3n y de su fuerza de trabajo\u201d (Luxemburg, 1990: 318 y s.). De esto se derivan la ocupaci\u00f3n militar permanente de las colonias y la represi\u00f3n brutal de sus insurrecciones, cuyos ejemplos cl\u00e1sicos son el colonialismo ingl\u00e9s en la India y el franc\u00e9s en Argelia. De hecho, esta acumulaci\u00f3n originaria permanente prosigue hoy en d\u00eda, en el siglo XXI, con m\u00e9todos distintos, pero no menos feroces que los del colonialismo cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Rosa Luxemburg menciona tambi\u00e9n, en La acumulaci\u00f3n del capital, el caso concreto de lo que se podr\u00eda llamar el colonialismo interno de la mayor democracia burguesa moderna, los Estados Unidos: con ayuda del ferrocarril, en el marco de la gran conquista del Oeste, se expuls\u00f3 y extermin\u00f3 a los ind\u00edgenas con armas de fuego, aguardiente y s\u00edfilis, y se encerr\u00f3 a los supervivientes, como a bestias salvajes, en \u201creservas\u201d (cf. ib\u00edd.: 344, 350). Otro ejemplo tr\u00e1gico de las contradicciones de la \u201cdemocracia burguesa\u201d.<\/p>\n<p>Democracia y conquista del poder: el golpe de martillo de la revoluci\u00f3n<\/p>\n<p>Volvamos a \u00bfReforma o revoluci\u00f3n? para examinar ahora la problem\u00e1tica de la relaci\u00f3n entre democracia y conquista del poder. Bernstein y sus amigos \u201crevisionistas\u201d cre\u00edan en la posibilidad de cambiar la sociedad gracias a reformas graduales, en el marco de las instituciones de la democracia burguesa; ante todo, el Parlamento, donde la Socialdemocracia podr\u00eda un d\u00eda tornarse mayoritaria. Por las razones que mencionamos m\u00e1s arriba, Rosa Luxemburg no puede menos que rechazar esta estrategia:<\/p>\n<p>Marx y Engels jam\u00e1s pusieron en duda la necesidad de conquista del poder pol\u00edtico por parte del proletariado. Estaba reservado a Bernstein considerar el estanque de ranas del parlamentarismo burgu\u00e9s como el instrumento llamado a realizar el cambio social m\u00e1s formidable de la historia, a saber: la transformaci\u00f3n de las estructuras capitalistas en estructuras socialistas (Luxemburg, 1978a: 77).<\/p>\n<p>Esta conquista revolucionaria del poder ser\u00e1 democr\u00e1tica, no porque se realizar\u00e1 en el marco de las instituciones de la democracia burguesa, sino porque ser\u00e1 la acci\u00f3n colectiva de la gran mayor\u00eda popular: \u201cEs esa toda la diferencia entre los golpes de Estado al estilo blanquista, ejecutados por \u2018una minor\u00eda activa\u2019, provocados en cualquier momento y, de hecho, siempre de manera inoportuna, y la conquista del poder pol\u00edtico por parte de la gran masa popular consciente\u201d (ib\u00edd.: 78).<\/p>\n<p>Continuando su pol\u00e9mica, ella ironiza respecto de la l\u00ednea reformista de Bernstein y sugiere un argumento capital para justificar la necesidad de una acci\u00f3n revolucionaria:<\/p>\n<p>Fourier hab\u00eda tenido la ocurrencia fant\u00e1stica de transformar, gracias al sistema de los falansterios, toda el agua de los mares del globo en limonada. Pero la idea de Bernstein de transformar, vertiendo progresivamente botellas de limonada reformistas, el mar de la amargura capitalista en el agua dulce del socialismo, es tal vez m\u00e1s banal, pero no menos fant\u00e1stica.<\/p>\n<p>Las relaciones de producci\u00f3n de la sociedad capitalista se aproximan cada vez m\u00e1s a las relaciones de producci\u00f3n de la sociedad socialista. Como revancha, sus relaciones pol\u00edticas y jur\u00eddicas erigen, entre la sociedad capitalista y la sociedad socialista, un muro cada vez m\u00e1s alto. Ese muro no solo no ser\u00e1 echado por tierra por las reformas sociales ni por la democracia, sino que, al contrario, estas lo reafirman y consolidan. Lo que podr\u00e1 derribarlo es solo el golpe de martillo de la revoluci\u00f3n, es decir, la conquista del poder pol\u00edtico por parte del proletariado (ib\u00edd.: 44).<\/p>\n<p>La imagen del \u201cgolpe de martillo\u201d hace pensar inmediatamente en la afirmaci\u00f3n de Marx en sus escritos sobre la Comuna de Par\u00eds (1871), en los que hace referencia a la necesidad, por parte del proletariado revolucionario, de \u201cquebrar\u201d el aparato de Estado capitalista. La idea es esencialmente id\u00e9ntica, aun cuando Rosa Luxemburg no cita esos textos de Marx. Ese \u201cgolpe de martillo\u201d se torna a\u00fan m\u00e1s indispensable cuando se considera el papel creciente del militarismo y del ej\u00e9rcito en el sistema pol\u00edtico. \u00bfEn qu\u00e9 consiste concretamente? \u00bfPor qu\u00e9 medios puede realizarse esta conquista del poder? \u00bfQu\u00e9 estrategia o t\u00e1ctica revolucionarias propone Rosa Luxemburg? No es un tema desarrollado en \u00bfReforma o revoluci\u00f3n?, pero aqu\u00ed y all\u00e1 ella da a entender que los m\u00e9todos revolucionarios \u201ccl\u00e1sicos\u201d \u2013la insurrecci\u00f3n, las barricadas\u2013 no deben ser excluidos. Ahora, no solo los revisionistas, sino tambi\u00e9n la direcci\u00f3n del Partido Socialdem\u00f3crata alem\u00e1n se refirieron con insistencia al prefacio escrito por Friedrich Engels en 1895 a la reedici\u00f3n de la obra de Marx La lucha de clases en Francia entre 1848 y 1850 (1850); en ese texto, el viejo dirigente parece considerar que esos m\u00e9todos de lucha se volvieron obsoletos a ra\u00edz de los progresos del arte militar \u2013los ca\u00f1ones y los fusiles modernos\u2013, que conceden ventaja al ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>De hecho, el texto original de Engels era mucho menos categ\u00f3rico; la versi\u00f3n publicada fue considerablemente \u201cedulcorada\u201d por la direcci\u00f3n del partido (algo que ignoraba Rosa Luxemburg). De hecho, Engels se mostr\u00f3 indignado ante esta manipulaci\u00f3n; en una carta a Kautsky del 1\u00b0 de abril de 1895, escribi\u00f3: \u201cpara mi sorpresa, veo hoy en el Vorw\u00e4rts un extracto de mi introducci\u00f3n reproducida sin mi consentimiento, y dispuesto de tal manera que aparezco en \u00e9l como un pac\u00edfico adorador de la legalidad a todo precio. Por ende, desear\u00eda tanto m\u00e1s que la introducci\u00f3n aparezca sin recortes en Neue Zeit, a fin de que sea borrada esta impresi\u00f3n vergonzosa\u201d. Friedrich Engels muri\u00f3 algunos meses despu\u00e9s; el texto \u00edntegro jam\u00e1s apareci\u00f3 en Neue Zeit ni, por supuesto, en la reedici\u00f3n del libro de Marx. Fue preciso esperar a la Revoluci\u00f3n de Octubre para que fuera, por fin, publicado en la d\u00e9cada de 1920 (cf. Bottigelli, 1948). He aqu\u00ed la respuesta de Rosa Luxemburg al argumento \u201clegalista\u201d:<\/p>\n<p>Cuando Engels, en el prefacio a La lucha de clases en Francia, revisaba la t\u00e1ctica del movimiento obrero moderno, oponiendo a las barricadas la lucha legal, no ten\u00eda en vita \u2013y cada l\u00ednea de este prefacio lo demuestra\u2013 el problema de la conquista definitiva del poder pol\u00edtico, sino el de la lucha cotidiana actual. No analizaba la actitud del proletariado de cara al Estado capitalista en el momento de la toma del poder, sino su actitud en el marco del Estado capitalista. En una palabra, Engels daba las directivas al proletariado oprimido, y no al proletariado victorioso (Luxemburg, 1978a: 75 y s.).<\/p>\n<p>De hecho, su interpretaci\u00f3n es muy discutible\u2026 \u00a1No se trata, en Engels, del papel de las barricadas en la \u201clucha cotidiana actual\u201d! Lo que resulta interesante, en este pasaje, es la actitud de la autora de \u00bfReforma o revoluci\u00f3n? frente a la cuesti\u00f3n de los m\u00e9todos de lucha \u201carmada\u201d, \u201cinsurreccional\u201d, \u201cilegal\u201d \u2013m\u00e9todos tradicionales de las revoluciones, desde 1789 a 1871\u2013, que ella se niega a excluir del arsenal pol\u00edtico del proletariado. Ella no estaba equivocada, pues todos los combates revolucionarios del siglo XX, victoriosos o vencidos \u2013las dos Revoluciones Rusas (1905, 1917), la Revoluci\u00f3n Mexicana (1910-19), la Revoluci\u00f3n Alemana (1918-19), la Revoluci\u00f3n Espa\u00f1ola (1936-37) y la Revoluci\u00f3n Cubana (1959-61), para no citar otros ejemplos\u2013 hicieron uso de esos m\u00e9todos \u201cilegales\u201d y \u201cextraparlamentarios\u201d.<\/p>\n<p>Pero el m\u00e9todo revolucionario que cuenta con el favor de Luxemburg es, como se sabe, la huelga de masas, esa \u201cforma natural y espont\u00e1nea de toda gran acci\u00f3n revolucionaria del proletariado\u201d. De hecho, se trata de un movimiento en el cual se multiplica una gran diversidad de iniciativas de lucha: huelgas econ\u00f3micas y pol\u00edticas, huelgas de manifestaci\u00f3n o de combate, huelgas de masas y huelgas parciales, luchas reivindicativas pac\u00edficas o batallas en las calles, combates de barricadas, \u201cun oc\u00e9ano de fen\u00f3menos, eternamente nuevos y fluctuantes\u201d. Ciertamente, la huelga de masas \u201cno reemplaza ni vuelve superfluos los enfrentamientos directos y brutales en la calle\u201d; con todo, la experiencia rusa de 1905 muestra que \u201cel combate de barricadas, el enfrentamiento directo con las fuerzas armadas del Estado, no constituye, en la revoluci\u00f3n actual, otra cosa que el punto culminante, que una fase del proceso de la lucha de masas proletaria\u201d (Luxemburg, 1976: 127 y s.; 154). El enfrentamiento no es eliminado, sino situado en el \u201cpunto culminante\u201d de la lucha, lo que le concede, evidentemente, un papel importante.<\/p>\n<p>Rosa Luxemburg volver\u00e1 sobre este texto de Engels \u2013en su versi\u00f3n edulcorada por la direcci\u00f3n del Partido Socialdem\u00f3crata Alem\u00e1n, la \u00fanica conocida en su \u00e9poca\u2013, que decididamente la incomoda, en su discurso durante el Congreso Fundacional del Partido Comunista Alem\u00e1n (Spartakusbund) en diciembre de 1918. Esta vez, no se trata de pretender, como en 1898, que la \u201cIntroducci\u00f3n\u201d de 1895 no se refiere sino a la \u201clucha cotidiana actual\u201d: \u201cCon todos los conocimientos de especialistas de que dispon\u00eda en el dominio de la ciencia militar, Engels les demuestra aqu\u00ed [\u2026] que es perfectamente vano creer que el pueblo trabajador puede hacer revoluciones en las calles y salir victorioso\u201d. \u00c9l estaba equivocado, y este documento ha servido, observa ella, para reducir la actividad del Partido exclusivamente al terreno parlamentario. Sin excluir una \u201cutilizaci\u00f3n revolucionaria de la Asamblea Nacional\u201d como tribuna, ella ve en la toma del poder por parte de los consejos de obreros y soldados, como en Rusia en octubre de 1917, el camino a seguir (cf. Luxemburg, 1978b: 106-108).<\/p>\n<p>Rosa Luxemburg no proporciona recetas; ella apuesta a la inventiva del movimiento revolucionario; se limita a esta sobria constataci\u00f3n: la democracia es indispensable, no porque ella vuelve in\u00fatil la conquista del poder pol\u00edtico por parte del proletariado; al contrario, ella vuelve necesaria y al mismo tiempo posible esta toma del poder\u201d. Ahora bien, esta conquista del poder pasa por una ruptura institucional, por un proceso radical de subversi\u00f3n, capaz de derribar el muro jur\u00eddico y pol\u00edtico del Estado capitalista: el \u201cgolpe de martillo\u201d de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Democracia socialista y democracia burguesa (1918)<\/p>\n<p>No vamos a discutir aqu\u00ed la cuesti\u00f3n de la democracia en el socialismo, que escapa a nuestra tem\u00e1tica; lo que nos interesa aqu\u00ed es lo que escribe Rosa Luxemburg en su texto sobre la Revoluci\u00f3n Rusa a prop\u00f3sito de la democracia burguesa. Es importante subrayar que, en el manuscrito de 1918, la cr\u00edtica fraternal de los errores de los bolcheviques en el terreno de la democracia no significa de ning\u00fan modo la adhesi\u00f3n de Rosa Luxemburg a la democracia burguesa. Se dice expl\u00edcitamente: la tarea hist\u00f3rica del proletariado es \u201ccrear, en lugar de la democracia burguesa, una democracia socialista\u201d. Veamos de m\u00e1s cerca su argumento, en pol\u00e9mica con Trotsky:<\/p>\n<p>\u201cEn cuanto marxistas, jam\u00e1s hemos sido id\u00f3latras de la democracia formal\u201d escribe Trotsky. Seguramente, jam\u00e1s hemos sido id\u00f3latras de la democracia formal. Pero tampoco del socialismo y del marxismo; jam\u00e1s hemos sido id\u00f3latras. \u00bfSe infiere de esto que tengamos el derecho, a la manera de Cunow-Lensch-Parvus, de deshacernos del socialismo o del marxismo cuando nos incomodan? Trotsky y Lenin son la negaci\u00f3n viva de esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s hemos sido id\u00f3latras de la democracia formal; esto no quiere decir sino una cosa: siempre hemos distinguido el n\u00facleo social de la forma pol\u00edtica de la democracia burguesa; siempre hemos desenmascarado el duro n\u00facleo de desigualdad y de servidumbre social que se oculta bajo el dulce envoltorio de la igualdad y de la libertad formales, no para rechazarlo, sino para incitar a la clase obrera a no contentarse con ese envoltorio y, por el contrario, conquistar el poder pol\u00edtico a fin de llenarlo de un contenido social nuevo. La tarea hist\u00f3rica que incumbe al proletariado, una vez en el poder, es crear, en lugar de la democracia burguesa, la democracia socialista, y no suprimir toda democracia (Luxemburg, 1971a: 87 y s.).<\/p>\n<p>Rosa Luxemburg retoma aqu\u00ed la distinci\u00f3n \u201ccl\u00e1sica\u201d, ya formulada en \u00bfReforma o revoluci\u00f3n?, entre la forma democr\u00e1tica, la igualdad y la libertad formales, y el contenido burgu\u00e9s, la desigualdad y el liberticidio; pero esta vez ella afirma claramente la soluci\u00f3n: ni democracia burguesa, ni dictadura de una \u00e9lite revolucionaria, sino una democracia socialista con un contenido social nuevo.<\/p>\n<p>Rosa Luxemburg hab\u00eda previsto, ya en 1914, \u201cla intervenci\u00f3n del ej\u00e9rcito contra el proletariado en lucha\u201d. Como se sabe, en enero de 1919, Leo Jogisches, Karl Liebknecht y muchos otros espartaquistas ser\u00e1n asesinados, v\u00edctimas de esta \u201cviolencia militar salvaje\u201d que ella hab\u00eda denunciado; eso tuvo lugar en el marco de una respetable democracia (burguesa) constitucional. Lo que Rosa Luxemburg no hab\u00eda previsto siquiera en sus peores pesadillas era que esos asesinatos pol\u00edticos a manos de militares contrarrevolucionarios tendr\u00edan lugar bajo la \u00e9gida de un gobierno dirigido por el Partido Socialdemo\u00f3crata Alem\u00e1n\u2026<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>Benjamin, Walter, Paris, capitale du XIX\u00e8me si\u00e8cle. Le Livre des Passages. Par\u00eds: Ed. Du Cerf, 2000.<\/p>\n<p>Bottigelli, \u00c9mile, \u201cAvertissement\u201d. En: Marx, Karl, La Lutte de Classes en France 1848-1850. Par\u00eds: Editions Sociales, 1948, pp. 9-20.<\/p>\n<p>Lukacs, Gy\u00f6rgy, Histoire et Conscience de Classe) (1923). Par\u00eds: Ed. de Minuit, 1960.<\/p>\n<p>Luxemburg, Rosa, Rosa Luxemburg, \u201cMartinique\u201d (1902). En: \u2013, Gesammelte Werke 1\/2. Berl\u00edn: Dietz, 1970.<\/p>\n<p>\u2013, \u201cLa R\u00e9volution Russe\u201d (1918). En: \u2013, Oeuvres II (\u00e9crits politiques 1917-1918). Par\u00eds: Maspero, 1971 [1971a].<\/p>\n<p>\u2013, Le Socialisme en France 1898-1912. Presentaci\u00f3n de Daniel Gu\u00e9rin Par\u00eds: Belfond, 1971 [1971b].<\/p>\n<p>\u2013, \u201cGr\u00e8ve de masses, parti et syndicat\u201d (1906). Trad.: Ir\u00e8ne Petit. En: \u2013, \u0152uvres I. Par\u00eds: Maspero, 1976.<\/p>\n<p>\u2013, \u201cR\u00e9forme ou R\u00e9volution?\u201d (1898). Trad.: Ir\u00e8ne Petit. En: \u2013, \u0152uvres I. Par\u00eds: Ed. Maspero, 1978 [1978a].<\/p>\n<p>\u2013, \u201cNotre programme et la situation politique\u201d (1918), \u0152uvres I [1978b].<\/p>\n<p>\u2013, \u201cSocial-d\u00e9mocratie et parlementarisme\u201d (1904). En: \u2013, L\u2019Etat bourgeois et la R\u00e9volution. Compil. de Carlos Rossi. Par\u00eds: Petite collection La Br\u00e8che, 1978 [1978c].<\/p>\n<p>\u2013, \u201cLe revers de la m\u00e9daille\u201d (abril de 1914). En: \u2013, L\u2019Etat bourgeois et la r\u00e9volution [1978d].<\/p>\n<p>\u2013, Die Akkumulation des Kapitals (1913). En: \u2013, Gesammelte Werke 5. Berl\u00edn: Dietz, 1990.<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p>** \u201cLe coup de marteau de la r\u00e9volution\u201d. La critique de la d\u00e9mocratie bourgeoise chez Rosa Luxemburg\u201d. Art\u00edculo enviado por el autor para su publicaci\u00f3n en este n\u00famero de Herramienta. Trad. de Silvia N. Labado.<\/p>\n<p>* * Michael L\u00f6wy es Director de investigaci\u00f3n em\u00e9rito en el Centre National de la Recherche Scientifique (Centro Nacional de Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica); fue profesor en la \u00c9cole des Hautes \u00c9tudes en Sciences Sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales). Sus obras fueron publicadas en 24 idiomas. Ediciones Herramienta y El Colectivo publicaron, en 2010, su libro La teor\u00eda de la revoluci\u00f3n en el joven Marx y en 2011, Ecosocialismo, la alternativa radical a la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica capitalista. Es miembro del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, donde ha realizado numerosas contribuciones. Fue publicado recientemente en Ediciones Herramienta su libro, escrito en colaboraci\u00f3n con Olivier Besancenot, Afinidades revolucionarias. Nuestras estrellas rojas y negras. Por una solidaridad entre marxistas y libertarios (2018) .<\/p>\n<p>Publicado originalmente en el n\u00ba 62 de la revista Herramienta, invierno 2019<\/p>\n<p>Fuente: https:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/la-critica-de-la-democracia-burguesa-en-rosa-luxemburg\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Michael L\u00f6wy Nota de edici\u00f3n: En su discusi\u00f3n sobre la democracia, Rosa Luxemburg se separa del optimismo f\u00e1cil de la religi\u00f3n del progreso democr\u00e1tico: la ilusi\u00f3n en una democratizaci\u00f3n creciente de las sociedades \u201ccivilizadas\u201d. 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