{"id":2404,"date":"2019-12-16T11:39:17","date_gmt":"2019-12-16T11:39:17","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2404"},"modified":"2019-12-16T12:09:36","modified_gmt":"2019-12-16T12:09:36","slug":"neocapitalismo-y-sufrimiento-psiquico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2404","title":{"rendered":"(Neo)capitalismo y sufrimiento ps\u00edquico"},"content":{"rendered":"<div class=\"soustitre\"><em><strong>Por Manuel Desviat \u00a0 \u00a0\/\/ \u00a0<\/strong><\/em><em>P<\/em><em>ublicado en vientosur.info<\/em><\/div>\n<div class=\"texte\">\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Confundimos libertad con \u201clibre mercado\u201d. As\u00ed desconoc\u00edamos nuestra implacable condena como mercanc\u00edas.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>Francisco Pere\u00f1a (Pere\u00f1a, 2014)<\/i><\/p>\n<p>Como anunciaba Joaqu\u00edn Estefan\u00eda en <i>Estos a\u00f1os b\u00e1rbaros<\/i> (2015) la salida de la Gran Recesi\u00f3n ha convertido en estructural lo que durante la gesti\u00f3n de la crisis financiera se vend\u00eda como secuelas transitorias: el incremento de la desigualdad, la precariedad laboral, la desregulaci\u00f3n de los mercados, la privatizaci\u00f3n de los bienes p\u00fablicos, arrasando con los anta\u00f1o derechos constitucionales en educaci\u00f3n, sanidad, pensiones, prestaciones sociales. El neoliberalismo completa la revoluci\u00f3n conservadora iniciada con Reagan y Thatcher en los a\u00f1os ochenta del pasado siglo con la conquista del Estado en beneficio de unos pocos. Para el fundamentalismo neoliberal, una vez due\u00f1os del mundo tras la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, las leyes sociales surgidas tras la crisis de 1929 y la cat\u00e1strofe de la Segunda Guerra Mundial, son un obst\u00e1culo, un residuo a suprimir, como lo son las pol\u00edticas sociales de algunos Estados latinoamericanos (Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela\u2026) iniciadas a contracorriente.<\/p>\n<p>Se juega con el mito de la mejor eficacia de los mercados y el necesario adelgazamiento de las cuentas p\u00fablicas, cuando la toma de los gobiernos nacionales por el capital financiero, por ese 1% de la poblaci\u00f3n mundial, no supone el adelgazamiento del gasto p\u00fablico, supone la venta de hospitales, pensiones y universidades del erario a los fondos buitres internacionales. Supone la acumulaci\u00f3n ilimitada del capital, como previ\u00f3 Marx, m\u00e1s la tambi\u00e9n ilimitada invasi\u00f3n de la vida toda. La l\u00f3gica del mercado configura subjetividades, cosifica las relaciones humanas, convirtiendo todo en consumo, competencia y, en definitiva, mercanc\u00eda. Estrategia totalizadora, que pretende ir m\u00e1s all\u00e1 del control de la econom\u00eda, buscando imponer una cultura y un pensamiento \u00fanico a nivel mundial. Un pensamiento que borre en el imaginario colectivo los grandes relatos que configuraron el sujeto de ayer, la ilustraci\u00f3n, el freudismo, el marxismo. Se trata de forjar un sujeto neoliberal cuya ideolog\u00eda est\u00e9 procurada por la publicidad y su el deseo copado por el consumo.<\/p>\n<p>Los due\u00f1os de los medios seducen a la poblaci\u00f3n con el ideal privatizador, convirtiendo la precarizaci\u00f3n del trabajo en un aliciente emprendedor, individualismo competitivo del que depende la persona y la sit\u00faa siempre en continuo riesgo. Empresario de uno mismo, se pierde el v\u00ednculo social. El nosotros se convierte en un pronombre peligroso, cuando no se reduce a unas pocas personas o a la comuni\u00f3n de los estadios de f\u00fatbol. La vida se vuelve una competici\u00f3n en la que ya est\u00e1n definidos los ganadores, los detentadores del poder patrimonial y meritocr\u00e1tico y tambi\u00e9n los perdedores, los nadie, los desechos poco meritorios, los excluidos, el sobrante social del sistema productivo. Los determinantes sociales lo atestiguan. Por poner unos ejemplos: la renta media de los estudiantes de la Universidad de Harvard corresponde a la renta media del 2% de los estadounidenses m\u00e1s ricos. En Francia las instituciones educativas m\u00e1s elitistas reclutan a sus miembros en grupos sociales apenas m\u00e1s amplios (Piketty, 2015). O las desigualdades en la esperanza de vida, entre una clase social y otra; en un barrio u otro de la misma ciudad en cualquier parte del mundo. En Barcelona, la esperanza de vida en barrios como Torre Bar\u00f3, en NouBarris, es 11 a\u00f1os menor que en Pedralbes. En el barrio de Calton, un barrio pobre de la ciudad de Glasgow, la poblaci\u00f3n tiene una esperanza de vida de 54 a\u00f1os, una de las m\u00e1s bajas del mundo; a pocos kil\u00f3metros, en la rica zona de Lenzie, la esperanza de vida es de 82 a\u00f1os, una de las m\u00e1s altas de Europa (Maestro, 2017). Seg\u00fan un estudio reciente (The Lancet Planetary Health, Usama Bilal y Ana Diez Roux), dependiendo de la zona de Santiago de Chile la diferencia de esperanza de vida es de 18 a\u00f1os. El Chile que ahora explota en las calles y que ha sido vendido como modelo de desarrollo por el neocapitalismo durante las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Las consecuencias en el sufrimiento ps\u00edquico son el incremento de los problemas mentales y sobre todo un estr\u00e9s generalizado que se traduce en malestar, en infantil desesperanza, frustrado un deseo que nunca fue construido, que nunca tuvo el forjado necesario para perdurar. Enfermedades del vac\u00edo o quiebra de la identidad en la ausencia de un \u00fatero social.<\/p>\n<p>En este presente, ante estas circunstancias, los interrogantes se vuelven hacia la asistencia social y el sistema sanitario, recolectores de la miseria social, donde la pregunta de entrada, parafraseando al soci\u00f3logo Jes\u00fas Ib\u00e1\u00f1ez, estar\u00eda en si es posible en un sistema capitalista hacer una pol\u00edtica de gobierno no capitalista (Ib\u00e1\u00f1ez, 199<i>, <\/i>p. 223). Llevada a la asistencia sanitaria y social, la pregunta es \u00bfsi es posible una sanidad universal y equitativa, una salud colectiva en el contexto neoliberal? Su viabilidades la apuesta (ret\u00f3rica) de la socialdemocracia una vez que acept\u00f3 como el menos malo de los sistemas el capitalista. En su discurso: la vuelta a un Estado de Bienestar actualizado por la gesti\u00f3n privada. Pero la cuesti\u00f3n es \u00bfcu\u00e1l es el precio de esta actualizaci\u00f3n, que por lo que sabemos hoy desvirt\u00faa completamente los principios comunitarios y salubristas en los procesos llevados a cabo en Europa? (Desviat, 2016).<\/p>\n<p>En cualquier caso, en esta contradicci\u00f3n se encuentra la ambig\u00fcedad y la insuficiencia de los Servicios Nacionales de Salud, de las propias leyes que los crearon en tiempos del Estado del Bienestar, dejando siempre la puerta abierta a la privatizaci\u00f3n de los servicios. En realidad, a\u00fan en los a\u00f1os de mayor protecci\u00f3n social, la sanidad p\u00fablica estuvo siempre condicionada a una financiaci\u00f3n que privilegiaba a las grandes empresas farmac\u00e9uticas, tecnol\u00f3gicas y constructoras. Los gobiernos conservadores, pero tambi\u00e9n los socialdem\u00f3cratas, mantuvieron la sanidad p\u00fablica en sus programas, lo que adem\u00e1s les permit\u00eda disminuir costes y acercar los recursos a la poblaci\u00f3n atendida con un claro beneficio pol\u00edtico electoral, mas al tiempo protegieron las infraestructuras de poder de la medicina conservadora y empresarial. La reforma sanitaria, y de la salud mental comunitaria, en sus logros de mayor cobertura y universalidad, se desarroll\u00f3 siempre a contracorriente del poder econ\u00f3mico, fueran ministros conservadores o socialistas.<\/p>\n<p>De hecho, las ayudas econ\u00f3micas del Banco Mundial se acompa\u00f1aron de la exigencia a los pa\u00edses de la reducci\u00f3n de la participaci\u00f3n del sector p\u00fablico en la gesti\u00f3n de actividades comerciales y la disminuci\u00f3n de los servicios sociales, convirtiendo en objetivo prioritario la privatizaci\u00f3n de la sanidad y las pensiones, al estilo de EEUU. Algo que queda claro en el informe de 1989 del Banco Mundial sobre financiaci\u00f3n de los servicios sanitarios, donde se plantea introducir las fuerzas del mercado y trasladar a los usuarios los gastos en el uso de las prestaciones (Akin, 1987). Y en la pronta asunci\u00f3n de esta pol\u00edtica por los Estados, empezando por el Reino Unido, que fue durante tiempo referencia por su aseguramiento p\u00fablico universal, como puede verse en documentos recientemente desclasificados del Gabinete de Margaret Thatcher, donde en un informe del Banco Mundial se dice textualmente que se deber\u00e1 poner fin a la provisi\u00f3n de atenci\u00f3n sanitaria por el Estado para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, haciendo que los servicios sanitarios sean de titularidad y gesti\u00f3n privada, y que las personas que necesiten atenci\u00f3n sanitaria deber\u00e1n pagar por ello. Aquellos que no tengan medios para pagar podr\u00e1n recibir una ayuda del Estado a trav\u00e9s de alg\u00fan sistema de reembolso (Lamata, O\u00f1orbe, 2014).<\/p>\n<p>La filosof\u00eda es trasparente: la salud es responsabilidad de la persona, del cuidado o no cuidado que haga con su vida, por tanto deben pagar por los servicios que consume. La sanidad deja de ser un bien p\u00fablico al que todas las personas tienen, por tanto, derecho. La ideolog\u00eda salubrista basada en el estilo de vida \u2013cuide su comida, su h\u00e1bitat, haga ejercicio, no corra riesgos\u2014ignora los determinantes sociales, las condiciones de vida y de trabajo, que la salubridad que propone exige un cierto estatus social al que buena parte de la poblaci\u00f3n no tiene acceso.<\/p>\n<p>El hecho es que la quiebra de la universalidad deja fuera del sistema sanitario a colectivos vulnerables (desempleados de larga duraci\u00f3n, inmigrantes sin papeles, discapacitados, ancianos\u2026), al tiempo que los recortes presupuestarios deterioran los servicios asistenciales p\u00fablicos, reducen la <i>cesta b\u00e1sica<\/i>, introducen el copago en medicamentos y suprimen prestaciones de apoyo (transporte, aparatos ortop\u00e9dicos\u2026). El Estado desplaza a los mercados la decisi\u00f3n de quien tendr\u00e1 acceso a vivir y a c\u00f3mo malvivir o morir. El paciente pasa a ser un cliente que puede ser rentable o no.<\/p>\n<p>Pero hay otro fen\u00f3meno que hay que considerar al referirnos al sufrimiento singular y colectivo. Otro fen\u00f3meno al que enfrentar aparte de la falta de soporte social de los Estados y de la hegemon\u00eda del discurso conservador, la sustancial medicalizaci\u00f3n de la sociedad. La existencia de un Estado privatizador, la ausencia de una doctrina de salud y servicios sociales orientada al bien com\u00fan, va a posibilitar el proceso de la mercantilizaci\u00f3n de la medicina, convertida en una importante fuente de riqueza, y consecuente medicalizaci\u00f3n y psiquiatrizaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n. Un proceso que tiene tres aspectos b\u00e1sicos, tal como enuncian Isabel del Cura y L\u00f3pez Garc\u00eda: uno, referir como enfermedad cualquier situaci\u00f3n de la vida que comporte limitaci\u00f3n, dolor, pena, insatisfacci\u00f3n o frustraci\u00f3n (lo que podr\u00edamos definir como enfermedades inventadas); otra, la equiparaci\u00f3n de factor de riesgo con enfermedad; y, por \u00faltimo, la ampliaci\u00f3n de los m\u00e1rgenes de enfermedades (que s\u00ed lo son) aumentando as\u00ed su prevalencia. Todo ello origina intervenciones diagn\u00f3sticas y\/o terap\u00e9uticas de dudosa eficacia y eficiencia(del Cura, Isabel; L\u00f3pez Garc\u00eda Franco, 2008). Hacer medicamentos para personas sanas era un viejo deseo de los laboratorios farmac\u00e9uticos, ahora el complejo m\u00e9dico-t\u00e9cnico-farmac\u00e9utico, aliado con los medios y con el poder pol\u00edtico va m\u00e1s all\u00e1, con la fabricaci\u00f3n de enfermedades. Ahora la estrategia funciona vendiendo no s\u00f3lo las excelencias del f\u00e1rmaco sino, sobre todo, vendiendo la enfermedad. La depresi\u00f3n es un buen ejemplo, convertida en una pandemia mundial gracias a los antidepresivos. La cosa es simple, buscamos o creamos un malestar (el s\u00edntoma), le otorgamos un diagn\u00f3stico (precoz) y comercializamos un medicamento o una nueva indicaci\u00f3n para un medicamento ya en uso (un antidepresivo para la timidez o un ansiol\u00edtico para circunstancias adversas) o costosas pruebas de alta tecnolog\u00eda completamente innecesarias. Robert Whitaker, un estudioso del fen\u00f3meno del aumento de consumo delos de los psicof\u00e1rmacos en EE UU, describe rigurosamente en su libro <i>Anatom\u00eda de una epidemia <\/i>la implicaci\u00f3n de las instituciones sanitarias, profesionales y de usuarios en la elaboraci\u00f3n del relato que les ha convertido en el tratamiento psiqui\u00e1trico dominante tanto de trastornos mentales graves como de s\u00edntomas comunes de malestar ps\u00edquico, cuando no han servido para la creaci\u00f3n de falsas enfermedades. Pregunt\u00e1ndose, y ese es el origen de la investigaci\u00f3n que da lugar al libro, \u00bfc\u00f3mo es posible que los problemas mentales se hayan incrementado desde los a\u00f1os 90 del pasado siglo, cuando precisamente por esas fechas aparecen lo que se propaga por asociaciones cient\u00edficas y autoridades sanitarias como el mejor, sino \u00fanico, remedio para atenderlos: los nuevos, supuestamente m\u00e1s eficientes y mucho m\u00e1s caros, antidepresivos, antipsic\u00f3ticos, estabilizadores del \u00e1nimo, estimulantes y ansiol\u00edticos? (Whitaker, 2015)(Desviat, 2017).<\/p>\n<p>La introducci\u00f3n de nuevos medicamentos, no necesariamente mejores, pero si mucho m\u00e1s caros en los a\u00f1os ochenta del pasado siglo, colonizan el discurso psiqui\u00e1trico. El f\u00e1rmaco, respaldado por las Clasificaciones y Protocolos Internacionales de las Asociaciones cient\u00edficas (infectadas por la financiaci\u00f3n de las empresas farmac\u00e9uticas), se convierte en la bala de plata, en la panacea de los tratamientos del malestar, un atajo acorde con la cultura de la \u00e9poca, pragm\u00e1tica, intrascendente y apresurada. La psiquiatr\u00eda se introduce en la gesti\u00f3n biopol\u00edtica de la vida por el resquicio de la insatisfacci\u00f3n, del vac\u00edo, la vida liquida que describe Bauman, ofertando soluciones a los problemas de la existencia: del amor, el odio, el miedo, la tristeza, la timidez, la culpa.<\/p>\n<p>Se medicaliza el sufrimiento social \u2014desahucios, desempleo, pobreza\u2014 y se psiquiatriza el mal; as\u00ed cuando leemos en la prensa un caso criminal, vand\u00e1lico, y se atribuyen sus actos a un trastorno mental, experimentamos cierta tranquilidad al imputar como una cuesti\u00f3n m\u00e9dica lo que es un mal social. Convertido en una cuesti\u00f3n gen\u00e9tica o de an\u00f3mala personalidad, no existe la responsabilidad de la sociedad en la que convivimos de una manera u otra, sostenemos. Al fin al cabo, no hace tanto que se vinculaba cient\u00edficamente la criminalidad a la degeneraci\u00f3n org\u00e1nica, hereditaria e inscrita en el cuerpo y en la mente.<\/p>\n<p>El esc\u00e1ndalo del trastorno por d\u00e9ficit de atenci\u00f3n e hiperactividad (TDAH) es ilustrativo de la fabricaci\u00f3n de una enfermedad que ha multiplicado por cientos de miles la venta de estimulantes en pocos a\u00f1os para <i>tratar<\/i>, en la inmensa mayor\u00eda de lo casos, comportamientos habituales en la infancia y adolescencia: distraerse f\u00e1cilmente y olvidarse cosas con frecuencia; cambiar frecuentemente de actividad; so\u00f1ar despiertos\/fantasear demasiado, corretear mucho; tocar y jugar con todo lo que ven; decir co\u00admentarios inadecuados, pueden ser diagnosticados de TDH con el aval t\u00e9cnico Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIMH). Estimaciones recogi\u00addas por Sami Timimi (Timimi, 2015)sugieren que a aproximadamente el 10\u00a0% de los ni\u00f1os en las escuelas de Estados Unidos se les ha pautado o tienen pautado un estimulante. En el Reino Unido la prescripci\u00f3n ha aumentado de 6000 recetas al a\u00f1o en 1994 hasta m\u00e1s de 450.000 en 2004; un asombroso aumento del 7000\u00a0% en solo una d\u00e9cada (Department of Health, 2005).<\/p>\n<p>La medicina se ha convertido en una gran generadora de riqueza, en cuanto la salud y el cuerpo se convierten en un objeto de consumo. En manos de la publicidad, es decir de los mercados, la medicina es una herramienta de normalizaci\u00f3n. Entendiendo por normal aquello que dictan los intereses del capital. Qu\u00e9 comer, qu\u00e9 vestir, qu\u00e9 tomar, como o con quien juntarnos. Las normas estandarizadas se multiplican al tiempo que avanza el proceso que Foucault denomin\u00f3 de \u201cmedicalizaci\u00f3n indefinida\u201d. La medicina se impone al individuo, enfermo o no, como acto de autoridad, y ya no hay aspecto de la vida que quede fuera de su campo de actuaci\u00f3n. El cuerpo se convierte en un espacio de intervenci\u00f3n pol\u00edtica. Este tiempo donde los poderes econ\u00f3mico-pol\u00edticos se inmiscuyen y regulan cada \u00e1mbito de nuestra vida, donde la vida es cualquier cosa menos algo espont\u00e1neo.<\/p>\n<p><b>La atenci\u00f3n de la Salud Mental al sufrimiento ps\u00edquico<\/b><\/p>\n<p>Los cambios las formas de gesti\u00f3n y en el pensar de la \u00e9poca van a repercutir en las respuestas t\u00e9cnicas de la comunidad psi profesional. Hay una vuelta a la enfermedad como contingencia, que reduce a lo biol\u00f3gico el malestar. El sujeto, su biograf\u00eda, queda fuera. Protocolos y vadem\u00e9cums sustituyen a una cl\u00ednica de la escucha, qu\u00e9 se pregunte por el por qu\u00e9 subjetivo, afectivo, social del sufrimiento ps\u00edquico; una cl\u00ednica que busque en las propias defensas de la persona formas de superar el padecer. Al tiempo, la medicalizaci\u00f3n produce cambios profundos en la demanda de prestaciones, que no tienen porque corresponder con las necesidades de la poblaci\u00f3n, sino a los intereses de la clase hegem\u00f3nica.<\/p>\n<p>En el esfuerzo por reducir la psiquiatr\u00eda al hecho f\u00edsico, a la medicina del signo, se establecen criterios diagn\u00f3sticos con unos signos-hechos-datos escogidos por consenso o por votaci\u00f3n de un pocos que reducen la complejidad de la persona. Uno ya no delira con lo relacionado con su propia biograf\u00eda. El contenido del delirio es <i>ruido<\/i> producido por la falla neuronal. No hay lenguaje, sujeto ni deseo. Solo cuerpo, enjambre qu\u00edmico neuronal. Mas, y he aqu\u00ed la insustancialidad de la propuesta, es que los datos por si solos, como bien saben los propios publicistas de los mercados, poco valen, hay que interpretarlos.<\/p>\n<p>La estrategia es obvia, se trata de homogeneizar, en torno a unos cuantos criterios, una proped\u00e9utica y un vadem\u00e9cum com\u00fan para diagnosticar y tratar a las personas aquejadas de problemas de salud mental, en beneficio de las empresas farmacol\u00f3gicas y tecnol\u00f3gicas. Un \u00fanico sentido para el mundo. El trastorno mental ser\u00eda el mismo en China que en Costa Rica, en Noruega que en Mali, lo que facilitar\u00eda el mismo tratamiento. Algo tan disparatado, premeditadamente ignorante de la antropolog\u00eda, de la idiosincrasia de los pueblos, que seria irrelevante sino fuera porque la credibilidad de un hecho o de una visi\u00f3n determinada de los hechos est\u00e1 condicionada al aval de universidades, centros de investigaci\u00f3n y a publicaciones de gran impacto que suelen depender directa o indirectamente de la financiaci\u00f3n de los mercados.<\/p>\n<p>Muy alejadas, por otra parte, de la realidad de la pr\u00e1ctica asistencial. Lo que hace decir a autores como Richard Smith y Ian Roberts: que \u201cla forma en que las revistas m\u00e9dicas publican los ensayos cl\u00ednicos se ha convertido en una seria amenaza para la salud p\u00fablica (Smith and Roberts, 2006).<\/p>\n<p><b>Entre la aceptaci\u00f3n y la resistencia<\/b><\/p>\n<p>La acumulaci\u00f3n irrefrenable descrita por Marx se aceler\u00f3 con el fin del capitalismo industrial y no se sabe cual va a ser el acontecimiento que precipitar\u00e1 el choque final pronosticado por el autor de <i>El capital<\/i>, el momento en el que las fuerzas productivas entrar\u00edan en contradicci\u00f3n con las relaciones de producci\u00f3n, ni si ese acontecimiento tendr\u00e1 lugar. El derrumbe disruptivo del fracasado socialismo de Estado en 1989 parecer\u00eda haber agotado, como dice Enzo Traverso(2019), la trayectoria hist\u00f3rica del propio socialismo, de los movimientos que lucharon por cambiar el mundo con el principio de la igualdad como programa al reducir la historia toda del comunismo al hundimiento del totalitario r\u00e9gimen sovi\u00e9tico. Una ca\u00edda a la que se un\u00eda adem\u00e1s los cambios profundos en las formas de producci\u00f3n que estaban acabando con el capitalismo industrial, en el que la izquierda forjo su identidad. Las grandes f\u00e1bricas que concentraban a la clase obrera donde surgieron los sindicatos y los partidos pol\u00edticos de izquierdas estaban siendo sustituidas por los nuevos modos de producci\u00f3n del neoliberalismo, la deslocalizaci\u00f3n, la precarizaci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n y robotizaci\u00f3n de la producci\u00f3n. El sistema de partidos pol\u00edticos surgidos con la industrializaci\u00f3n en la confrontaci\u00f3n obreros empresarios perdi\u00f3 su esencia pol\u00edtica, convirti\u00e9ndose en aparatos electorales. En el caso de la derecha, los empresarios, sobre todo la empresa familiar y localizada territorialmente, fueron sustituidos por los lobbies financieros, sin perder la esencia de su identidad: la defensa de sus intereses de clase. En el caso de la izquierda revolucionaria, el resultado fue la perdida de un escenario que constitu\u00eda su campo de batalla y su conexi\u00f3n con la izquierda civil. Por otra parte, el fracaso del socialismo autoritario no supuso la construcci\u00f3n de un socialismo democr\u00e1tico, como en un principio algunos imaginaron, sino que la ca\u00edda de la URSS supuso la r\u00e1pida transici\u00f3n a reg\u00edmenes de un capitalismo salvaje, con el nacionalismo como identidad y en muchas ocasiones, infiltrado por criminales mafias. Algunos de los logros sociales del socialismo de Estado, como la sanidad universal y el pleno empleo, se derrumbaron, lo que llev\u00f3 en pocos a\u00f1os a la reducci\u00f3n de la esperanza de vida y la precariedad o la indigencia para buena parte de la poblaci\u00f3n. En la otra orilla, un capitalismo sin trabas, desalojadas las narraciones y utop\u00edas del siglo que acababa, afianzaba un presente que se quer\u00eda sin pasado y sin futuro. No es el fin de la historia como preconizaba Fukuyama, sino el fin de la pol\u00edtica. El mercado va a sustituirla, en un presentismo, donde no cabe la utop\u00eda, y por tanto, el futuro; ni cabe el pasado, perdida la memoria, en una historia huera, vac\u00eda de sentido.<\/p>\n<p>Planteaba en<i> Cohabitar la diferencia <\/i>(Desviat, 2016) que la Reforma Psiqui\u00e1trica, cuyo primer objetivo fue sacar a los pacientes mentales de los hospitales psiqui\u00e1tricos, de los manicomios, y situar servicios de atenci\u00f3n en la comunidad, cre\u00f3 en su devenir nuevas situaciones, nuevos sujetos, nuevos sujetos de derechos. La locura se hizo visible y con ella la intolerancia, el estigma, la exclusi\u00f3n de la diferencia. Hizo ver que el proceso desinstitucionalizador atravesaba toda la formaci\u00f3n social, desvelando prejuicios y representaciones sociales que iban mucho m\u00e1s all\u00e1 del trastorno ps\u00edquico, una reordenaci\u00f3n asistencial, y que situaban a los alienados juntos con otros de la exclusi\u00f3n social. Destap\u00f3 la parte oculta en nuestra sociedad por la dictadura de la Raz\u00f3n, de la podredumbre de la raz\u00f3n en palabras de Antonin Artaud, en la que los locos son las v\u00edctimas por excelencia (Artaud, 1959), un imaginario colectivo poblado de los mitos, las leyendas y los sue\u00f1os que nos constituyen. Nos acerca a lo que en verdad teje el s\u00edntoma singular y social, pues el s\u00edntoma se forja en la historia colectiva, en los deseos y miedos ubicados en la trastienda de nuestra cultura. Un proceso desinstitucionalizador que enfrenta a la Reforma de la Salud Mental con la miseria social y subjetiva, en un escenario en el que no se puede ser un simple observador, un impotente te\u00f3rico de la marginaci\u00f3n, la alienaci\u00f3n y el sufrimiento. Donde el hacer comunitario hace del profesional un militante de la resistencia al orden social que instituye la enajenaci\u00f3n en la miseria, donde la acci\u00f3n terap\u00e9utica, necesariamente experta en los entresijos t\u00e9cnicos de la terapia y el cuidado, se colorea pol\u00edticamente.<\/p>\n<p>Este estar en lo com\u00fan por el que se define la salud mental comunitaria supone considerar a la poblaci\u00f3n no solo como potenciales usuarias de los servicios, implica adentrarse en los deseos y frustraciones de sus barrios, hacerles c\u00f3mplices de la gesti\u00f3n de su malestar. El fracaso de la medicina social es semejante al de la pol\u00edtica gobernante que padecemos, y la raz\u00f3n de este fracaso est\u00e1 en la ausencia de comunidad, de los intereses, anhelos, frustraciones y ensue\u00f1os, de las poblaciones que se atiende o se representa. Es frecuente la existencia de pol\u00edticos que no han estado nunca en las circunscripciones que representan m\u00e1s all\u00e1 de los d\u00edas de la campa\u00f1a electoral y es igualmente frecuente planificaciones, programas y actividad profesional de salud mental hechos sin haber pisado el barro o las aceras de los barrios que comunitariamente se atiende.<\/p>\n<p>En salud y m\u00e1s concretamente en salud mental hablamos de participaci\u00f3n, de la necesidad de contar con los ciudadanos, con las comunidades y los propios usuarios a la hora de la planificaci\u00f3n y programaci\u00f3n, mas, sin embargo, la participaci\u00f3n se reduce, si existe, a encuentro a nivel directivo con sindicatos para temas laborales y el trabajo comunitario a situar centros de consulta fuera de los hospitales. Luego puede extra\u00f1arnos que la poblaci\u00f3n no defienda los modelos que m\u00e1s podr\u00edan beneficiarles, de confundir las necesidades reales en sus demandas, de dejarse llevar por enga\u00f1ifas electorales que propician la privatizaci\u00f3n como modelo sanitario, en contra de una salud colectiva que puedan hacer suya.<\/p>\n<p>Concluyendo. El hecho es que hoy, como nunca hasta ahora en la historia parece que no hay un afuera del sistema neoliberal, donde el fascismo hace presente el planteamiento de George Kennan, en un informe secreto, hoy accesible, cuando aconsejaba que hab\u00eda \u201cque dejar de hablar de objetivos vagos e irreales, como los derechos humanos, el aumento de los niveles de vida y la democratizaci\u00f3n, y operar con genuinos conceptos fuerza que no estuviesen entorpecidos por esl\u00f3ganes idealistas sobre altruismo y beneficencia universal, aunque estos esl\u00f3ganes queden bien, y de hecho sean obligatorios, en el discurso pol\u00edtico\u201d (Chomsky, 2000). Una situaci\u00f3n que puede conducirnos al \u201cesto es lo que hay\u201d y al \u201ctodo vale\u201d. Un esto es lo que hay y en esta situaci\u00f3n todo vale al que se suma la desgana por falta de perspectivas profesionales y ciudadanos, el queme o la renuncia o la aceptaci\u00f3n de la derrota. Un es lo que hay y todo vale que nos lleva a una permanente insensibilidad, nos lleva a eludir nuestra parte de responsabilidad, nuestra ciega complicidad en el trascurrir de los hechos, nuestra parte de culpa. Algo que seg\u00fan Cornelius Castoriadis, nos ha convertido en c\u00ednicos profesional, social y pol\u00edticamente, pues encerrados en un nosotros, en un mundo personal privatizado, hemos perdido la capacidad de actuar cr\u00edticamente (Castoriadis C, 2011). Quiz\u00e1s lo m\u00e1s frecuente, como escrib\u00eda en el libro antes citado (Desviat: p. 17) es el considerar que lo que sucede es lo natural de la sociedad humana, que ha sido siempre, la iniquidad, la desigualdad, la competitividad canalla y la desatenci\u00f3n de los m\u00e1s fr\u00e1giles, asumiendo las funciones cosm\u00e9ticas y de control social que impone el orden social; en el mejor de los casos cobijando la conciencia profesional y c\u00edvica en preservar ciertas cotas de dignidad, calidad y eficacia. Pero queda otra postura, una opci\u00f3n partisana, militante que trata de mantener una \u201ccl\u00ednica\u201d de la resistencia, buscando aliados en los usuarios, familiares y ciudadanos para conseguir cambios en la asistencia a contracorriente y profundizar las grietas del sistema, en pos de un horizonte donde sea posible el cuidado de la salud mental, una sociedad de bienestar.<\/p>\n<p>El peso de la alienaci\u00f3n cambia cuando se es consciente de ella. En ese descubrimiento, cuando la mirada del amo ya no fulmina al colonizado, se introduce una sacudida esencial en el mundo, toda la nueva y revolucionaria seguridad del colonizado se desprende de esto, escribe Fanon en <i>Los condenados de la Tierra<\/i> (p40).<\/p>\n<p>Una sanidad diferente, una atenci\u00f3n a la salud mental que se entienda desde lo singular a lo colectivo, no ser\u00e1 plenamente posible sino en una sociedad diferente. No podemos saber qu\u00e9 nos deparar\u00e1 el futuro. El socialismo es tan posible como la ca\u00edda en la barbarie. Pero s\u00ed estamos obligados, si queremos una salud p\u00fablica universal y equitativa, a desear y trajinar por una sociedad que parta de la igualdad como eje central de su discurso y tarea; una igualdad que trascienda la explotaci\u00f3n, sin jerarqu\u00edas de clase ni de g\u00e9nero, y donde se reconozcan y convivan todas las diferencias; donde todas las fronteras sean reconocidas, respetadas y franqueables. Sin falsas identidades societarias.<\/p>\n<p>Inmersos en la distop\u00eda del neocapitalismo y el auge en su seno de un nuevo capitalfascismo, puede parecer una descomunal utop\u00eda, pero podemos consolarnos con el hecho de que las revoluciones llegan cuando nadie las espera.<\/p>\n<p>13\/12\/2019<\/p>\n<p><b>Referencias<\/b><\/p>\n<p>Akin, J. (1987). <i>Fianancing Health Services in Developing Countries. An agenda for Reform 1997<\/i>. Washington, DC: World Bank.<\/p>\n<p>Artaud, A. (1959). <i>Carta a los poderes<\/i>. Buenos Aires: Mundo Nuevo.<\/p>\n<p>Chomsky, N. (2000). <i>El beneficio es lo que cuenta.<\/i>Barcelona: Cr\u00edtica.<\/p>\n<p>del Cura, Isabel; L\u00f3pez Garc\u00eda Franco, A. (2008). La medicalizaci\u00f3n de la vida: una mirada desde la aenci\u00f3n priamria. <i>\u00c1topos, Salud Mental, Comunidad y Cultura<\/i>, <i>7<\/i>, 4\u201312.<\/p>\n<p>Desviat, M. (2016). <i>Cohabitar la diferencia<\/i>. Madrid: Grupo 5.<\/p>\n<p>Desviat, M. (2017). Anatomia de uma epidemia (solapas). In <i>Anatomia de uma epidemia.P\u00edlulas M\u00e1gicas, Drogas Psiqui\u00e1tricas eo Aumento Asobroso da Doen\u00e7a Mental<\/i>. Rio de Janeiro: Fiocruz.<\/p>\n<p>Ib\u00e1\u00f1ez, J. (1997). <i>A contracorriente.<\/i>Madrid: Fundamentos.<\/p>\n<p>Lamata, Fernando; O\u00f1orbe, M. (2014). <i>Crisis (esta crisis) y Salud (nuestra salud)<\/i>. Retrieved from <a class=\"spip_url spip_out auto\" href=\"http:\/\/www.bubok.es\/libros\/235021\/Crisis-esta-crisis-y-Salud-nuestra-salud\" rel=\"nofollow external\">http:\/\/www.bubok.es\/libros\/235021\/Crisis-esta-crisis-y-Salud-nuestra-salud<\/a><\/p>\n<p>Maestro, A. (2017). El grito: capitalismo y enfermedad mental. In I. Maestro, A; Gonz\u00e1lez Duro, E; Fern\u00e1ndez Liria, A; De la Mata (Ed.), <i>Salud mental y capitalismo<\/i>. Madrid: CismaEnsayo.<\/p>\n<p>Pere\u00f1a, F. (2014). La religi\u00f3n capitalista y el infirno. <i>\u00c1topos.Salud Mental, Comunidad y Cultura<\/i>, 15, 64\u201384.<\/p>\n<p>Piketty, T. (2015). <i>El capital en el siglo XXI<\/i>. Barcelona: RBA.<\/p>\n<p>Timimi, s. (2015). La McDonaldizaci\u00f3n de la infancia: La Salud Mental Infantil en las culturas neoliberalese. <i>Atopos<\/i>, <i>16<\/i>, 15\u201334.<\/p>\n<p>Traverso, E. (2019). <i>Melancol\u00eda de izquierda<\/i>. Barcelona: Galaxia Gutenberg.<\/p>\n<p>Whitaker, R. (2015). <i>Anatomia de una epidemia<\/i>. MadridCapitan Swing.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Manuel Desviat \u00a0 \u00a0\/\/ \u00a0Publicado en vientosur.info Confundimos libertad con \u201clibre mercado\u201d. As\u00ed desconoc\u00edamos nuestra implacable condena como mercanc\u00edas. 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