{"id":2444,"date":"2020-01-08T00:42:26","date_gmt":"2020-01-08T00:42:26","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2444"},"modified":"2020-01-08T00:42:26","modified_gmt":"2020-01-08T00:42:26","slug":"fragmentos-de-frantz-fanon-i-sobre-el-intelectual-colonizado-y-los-saberes-que-nacen-de-la-lucha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2444","title":{"rendered":"Fragmentos de Frantz Fanon (I): Sobre el intelectual colonizado y los saberes que nacen de la lucha"},"content":{"rendered":"<div class=\"entradilla\">\n<p>Lo que sigue a continuaci\u00f3n es una selecci\u00f3n de fragmentos de Frantz Fanon de su obra culmen Los condenados de la tierra. La obra fue editada en castellano por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica de M\u00e9xico por primera vez en el a\u00f1o 1962, una a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte. Frantz Fanon fue un pensador, psiquiatra y militante socialista caribe\u00f1o, nacido en la isla de Martinica, bajo administraci\u00f3n colonial francesa.\u00a0Frantz Fanon viaj\u00f3 intensamente, fue un escritor prol\u00edfico y un pensador visionario. Trat\u00f3 de plasmar su visi\u00f3n sobre los procesos de descolonizaci\u00f3n, las luchas de liberaci\u00f3n y los nacionalismos africanos en la obra que escribir\u00eda ya enfermo de c\u00e1ncer a finales de los a\u00f1os cincuenta, Los condenados de la tierra, es una obra escrita con la angustia que trata de reflejar todos los debates, discusiones pol\u00edticas y reflexiones en torno a la cuesti\u00f3n de la descolonizaci\u00f3n y los procesos pol\u00edticos emancipadores en \u00c1frica pero en una mirada anti-colonial global en perspectiva con America Latina y Asia.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"compartir\">\n<div class=\"link-rs\">\n<div>LA SELECCI\u00d3N DE FRAGMENTOS Y EL TEXTO INTRODUCTOR ES AUTOR\u00cdA DE JAVIER GARC\u00cdA FERN\u00c1NDEZ \/ Pensar Jondo<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><\/div>\n<div><i>Lo que sigue a continuaci\u00f3n es una selecci\u00f3n de fragmentos de Frantz Fanon de su obra culmen Los condenados de la tierra. La obra fue editada en castellano por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica de M\u00e9xico por primera vez en el a\u00f1o 1962, una a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte. Frantz Fanon fue un pensador, psiquiatra y militante socialista caribe\u00f1o, nacido en la isla de Martinica, bajo administraci\u00f3n colonial francesa. Fue combatiente de la II Guerra Mundial contra el nazismo junto al ej\u00e9rcito franc\u00e9s, del que m\u00e1s tarde ser\u00eda degradado por ser un ciudadano de las coloniales. Tras la II Guerra mundial permaneci\u00f3 unos a\u00f1os en la Francia metropolitana, para estudiar medicina y psiquiatr\u00eda, donde conocer\u00eda a personalidades como Maurice Merleau-Ponty o Jean Paul Sartre con quien tendr\u00e1 una importante y sincera amistad. En el a\u00f1o 1953 se traslada a Argelia para ejercer como psiquiatra en la ciudad de Bilda. Al a\u00f1o siguiente,en 1954, comienza la Guerra de liberaci\u00f3n de Argelia y Fanon se une de forma clandestina al Frente de Liberaci\u00f3n de Argelia, en el que ocupar\u00e1 altos cargos, adem\u00e1s ser uno de sus intelectuales org\u00e1nicos m\u00e1s importantes. Fanon ser\u00eda nombrado Embajador de la Rep\u00fablica Provisional de Argelia, en Ghana, pa\u00eds gobernado por el primer presidente anti-colonial y panafricano del continente Kwame Nkruma quien entre el 1957 y el 1961 hab\u00eda proclamado la independencia y estaban en procesos de constituir la Rep\u00fablica de Ghana. Frantz Fanon viaj\u00f3 intensamente, fue un escritor prol\u00edfico y un pensador visionario. Trat\u00f3 de plasmar su visi\u00f3n sobre los procesos de descolonizaci\u00f3n, las luchas de liberaci\u00f3n y los nacionalismos africanos en la obra que escribir\u00eda ya enfermo de c\u00e1ncer a finales de los a\u00f1os cincuenta, Los condenados de la tierra, es una obra escrita con la angustia que trata de reflejar todos los debates, discusiones pol\u00edticas y reflexiones en torno a la cuesti\u00f3n de la descolonizaci\u00f3n y los procesos pol\u00edticos emancipadores en \u00c1frica pero en una mirada anti-colonial global en perspectiva con America Latina y Asia. Los fragmentos que aqu\u00ed recogemos son tres extractos de su obra Los condenados de la tierra, que hacen referencia al papel de los intelectuales, de los cuadros te\u00f3ricos, escritores y sectores de la cultura en los procesos de de descolonizaci\u00f3n y en las luchas de liberaci\u00f3n nacional. Los fragmentos han sido seleccionados todos de la misma obra y no han sido modificados en su estructura ni en su redacci\u00f3n, respetando la traducci\u00f3n al castellano de la tercera edici\u00f3n de la obra editada por el FCE de M\u00e9xico, del a\u00f1o 1983.<\/i><\/div>\n<div>\n<p>El contexto colonial, hemos dicho, se caracteriza por la dicotom\u00eda que inflige al mundo. La descolonizaci\u00f3n unifica ese mundo, quit\u00e1ndole por una decisi\u00f3n radical su heterogeneidad, unific\u00e1ndolo sobre la base de la naci\u00f3n, a veces de la raza. Conocemos esa frase feroz de los patriotas senegaleses, al evocar las maniobras de su presidente Senghor: \u00abHemos pedido la africanizaci\u00f3n de los cuadros, y resulta que Senghor africaniza a los europeos.\u00bb Lo que quiere decir que el colonizado tiene la posibilidad de percibir en una inmediatez absoluta si la descolonizaci\u00f3n tiene lugar o no: el m\u00ednimo exigido es que los \u00faltimos sean los primeros. Pero el intelectual colonizado aporta variantes a esta demanda y, en realidad, las motivaciones no parecen faltarle: cuadros administrativos, cuadros t\u00e9cnicos, especialistas. Pero el colonizado interpreta esos salvoconductos ilegales como otras tantas .maniobras de sabotaje y no es raro o\u00edr a un colonizado declarar aqu\u00ed y all\u00e1: \u00abNo val\u00eda la pena, entonces, ser independientes&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>En las regiones colonizadas donde se ha llevado a cabo una verdadera lucha de liberaci\u00f3n, donde la sangre del pueblo ha corrido y donde la duraci\u00f3n de la fase armada ha favorecido el reflujo de los intelectuales sobre bases populares, se asiste a una verdadera erradicaci\u00f3n de la superestructura bebida por esos intelectuales en los medios burgueses colonialistas. En su mon\u00f3logo narcisista, la burgues\u00eda colonialista, a trav\u00e9s de sus universitarios, hab\u00eda arraigado profundamente, en efecto, en el esp\u00edritu del colonizado que las esencias son eternas a pesar de todos los errores imputables a los hombres. Las esencias occidentales, por supuesto. El colonizado aceptaba lo bien fundado de estas ideas y en un repliegue de su cerebro pod\u00eda descubrirse un centinela vigilante encargado de defender el pedestal grecolatino. Pero, durante la lucha de liberaci\u00f3n, cuando el colonizado vuelve a establecer contacto con su pueblo, ese centinela ficticio se pulveriza. Todos los valores mediterr\u00e1neos, triunfo de la persona humana, de la claridad y de la Belleza, se convierten en adornos sin vida y sin color. Todos esos argumentos parecen ensambles de palabras muertas. Esos valores que parec\u00edan ennoblecer el alma se revelan inutilizables porque no se refieren al combate concreto que ha emprendido el pueblo.<\/p>\n<p>Y, en primer lugar, el individualismo. El intelectual colonizado hab\u00eda aprendido de sus maestros que el individuo debe afirmarse. La burgues\u00eda colonialista hab\u00eda introducido a martillazos, en el esp\u00edritu del colonizado, la idea de una sociedad de individuos donde cada cual se encierra en su subjetividad, donde la riqueza es la del pensamiento. Pero el colonizado qu\u00e9 tenga la oportunidad de sumergirse en el pueblo durante la lucha de liberaci\u00f3n va a descubrir la falsedad de esa teor\u00eda. Las formas de organizaci\u00f3n de la lucha van a proponerle ya un vocabulario inhabitual. El hermano, la hermana, el camarada son palabras proscritas por la burgues\u00eda colonialista porque, para ella, mi hermana es mi cartera, mi camarada mi compinche en la maniobra turbia. El intelectual colonizado asiste, en una especie de auto de fe, a la des-trucci\u00f3n de todos sus \u00eddolos: el ego\u00edsmo, la recriminaci\u00f3n orgullosa, la imbecilidad infantil del que siempre quiere decir la \u00faltima palabra. Ese intelectual colonizado, atonizado por la cultura colonialista, descubrir\u00e1 igualmente la consistencia de las asambleas de las aldeas, la densidad de las comisiones del pueblo, la extraordinaria fecundidad de las reuniones de barrio y de c\u00e9lula. Los asuntos de cada uno ya no dejar\u00e1n jam\u00e1s de ser asuntos de todos porque, concretamente, todos ser\u00e1n descubiertos por los legionarios y asesinados, o todos se salvar\u00e1n. La indiferencia hacia los dem\u00e1s, esa forma atea de la salvaci\u00f3n, est\u00e1 prohibida en este contexto.<\/p>\n<p>Se habla mucho desde hace tiempo de la autocr\u00edtica: \u00bfse sabe acaso que fue primero una instituci\u00f3n africana? Ya sea en los djemaas de \u00c1frica del Norte o en las reuniones de \u00c1frica Occidental, la tradici\u00f3n quiere que los conflictos que estallan en una aldea sean debatidos en p\u00fablico. Autocr\u00edtica en com\u00fan, sin duda, con una nota de humor, sin embargo, porque todo el mundo se siente sin presiones, porque en \u00faltima instancia todos queremos las mismas cosas. El c\u00e1lculo, los silencios ins\u00f3litos, las reservas, el esp\u00edritu subterr\u00e1neo, el secreto, todo eso lo abandona el intelectual a medida que se sumerge en el pueblo. Y es verdad que entonces puede decirse que la comunidad triunfa ya en ese nivel, que segrega su propia luz, su propia raz\u00f3n.<br \/>\nPero puede suceder que la descolonizaci\u00f3n se produzca en regiones que no han sido suficientemente sacudidas por la lucha de liberaci\u00f3n y all\u00ed se encuentran esos mismos intelectuales h\u00e1biles, maliciosos, astutos. En ellos se encuentran intactas las formas de conducta y de pensamiento recogidas en el curso de su trato con la burgues\u00eda colonialista. Ayer ni\u00f1os mimados del colonialismo, hoy de la autoridad nacional, organizan el pillaje de los recursos nacionales. Despiadados, suben por combinaciones o por robos legales: importaci\u00f3n-exportaci\u00f3n, sociedades an\u00f3nimas, juegos de bolsa, privilegios ilegales, sobre esa miseria actualmente nacional. Demandan con insistencia la nacionalizaci\u00f3n de las empresas comerciales, es decir, la reserva de los mercados y las buenas ocasiones s\u00f3lo para los nacionales.<br \/>\nDoctrinalmente, proclaman la necesidad imperiosa de nacionalizar el robo de la naci\u00f3n. En esa aridez del periodo nacional, en, la fase llamada de austeridad, el \u00e9xito de sus rapi\u00f1as provoca r\u00e1pidamente la c\u00f3lera la violencia del pueblo. Ese pueblo miserable e independiente, en el contexto africano e internacional actual, adquiere la conciencia social a un ritmo acelerado. Las peque\u00f1as individualidades no tardar\u00e1n en comprenderlo. Para asimilar la cultura del opresor y aventurarse en ella, el colonizado ha tenido que dar garant\u00edas. Entre otras, ha tenido que hacer suyas las formas de pensamiento de la burgues\u00eda colonial. Esto se comprueba en la ineptitud del intelectual colonizado para dialogar. Porque no sabe hacerse inesencial frente al objeto o la idea. Por el contrario, cuando milita en el seno del pueblo se maravilla continuamente. Se ve literalmente desarmado por la buena fe y la honestidad del pueblo. El riesgo permanente que lo acecha entonces es hacer populismo. Se transforma en una especie de bendito-s\u00ed-s\u00ed, que asiente ante cada frase del pueblo, convertida por \u00e9l en sentencia. Pero el fellah, el desempleado, el hambriento no pretende la verdad. No dice que \u00e9l es la verdad, puesto que lo es en su ser mismo.<\/p>\n<p>El intelectual se comporta objetivamente, en esta etapa, como un vulgar oportunista. Sus maniobras, en realidad, no han cesado. El pueblo no piensa en rechazarlo ni en acorralarlo. Lo que el pueblo exige es que todo se ponga en com\u00fan. La inserci\u00f3n del intelectual colonizado en la marea popular va a demorarse por la existencia en \u00e9l de un curioso culto por el detalle. No es que el pueblo sea rebelde, si se le analiza. Le gusta que le expliquen, le gusta comprender las articulaciones de un razonamiento, le gusta ver hacia d\u00f3nde va. Pero el intelectual colonizado, al principio de su cohabitaci\u00f3n con el pueblo, da mayor importancia al detalle y llega a olvidar la derrota del colonialismo, el objeto mismo de la lucha. Arrastrado en el movimiento multiforme de la lucha, tiene tendencia a fijarse en tareas locales, realizadas con ardor, pero casi siempre demasiado solemnizadas. No ve siempre la totalidad. Introduce la noci\u00f3n de disciplinas, especialidades, campos, en esa terrible m\u00e1quina de mezclar y triturar que es una revoluci\u00f3n popular. Dedicado a puntos precisos del frente, suele perder de vista la unidad del movimiento y, en caso de fracaso local, se deja llevar por la duda, la decepci\u00f3n. El pueblo, al contrario, adopta desde el principio posiciones globales. La tierra y el pan: \u00bfqu\u00e9 hacer para obtener la tierra y el pan? Y ese aspecto preciso, aparentemente limitado, restringido del pueblo es, en definitiva, el modelo operatorio m\u00e1s enriquecedor y m\u00e1s eficaz.<\/p>\n<p>El problema de la verdad debe solicitar igualmente nuestra atenci\u00f3n. En el seno del pueblo, desde siempre, la verdad s\u00f3lo corresponde a los nacionales. Ninguna verdad absoluta, ning\u00fan argumento sobre la transparencia del alma puede destruir esa posici\u00f3n. A la mentira de la situaci\u00f3n colonial, el colonizado responde con una mentira semejante. La conducta con los nacionales es abierta; crispada e ilegible con los colonos. La verdad es lo que precipita la dislocaci\u00f3n del r\u00e9gimen colonial y pierde a los extranjeros. En el contexto colonial no existe una conducta regida por la verdad. Y el bien es simplemente lo que les hace mal a los otros.<br \/>\nSe advierte entonces que el manique\u00edsmo primario que reg\u00eda la sociedad colonial se conserva intacto en el periodo de descolonizaci\u00f3n. Es que el colono no deja de ser nunca el enemigo, el antagonista, precisamente el hombre que hay que eliminar. El opresor, en su zona, hace existir el movimiento, movimiento de dominio, de explotaci\u00f3n, de pillaje. En la otra zona, la cosa colonizada, arrollada, expoliada, alimenta como puede ese movimiento, que va sin cesar desde las m\u00e1rgenes del territorio a los palacios y los muelles de la \u00abmetr\u00f3poli\u00bb. En esa zona fija, la superficie est\u00e1 quieta, la palmera se balancea frente a las nubes, las olas del mar rebotan sobre los guijarros, las materias primas van y vienen, legitimando la presencia del colono mientras que agachado, m\u00e1s muerto que vivo, el colonizado se eterniza en un sue\u00f1o siempre igual. El colono hace la historia. Su vida es una epopeya, una odisea. Es el comienzo absoluto: \u00abEsta tierra, nosotros la hemos hecho.\u00bb Es la causa permanente: \u00abSi nos vamos, todo est\u00e1 perdido, esta tierra volver\u00e1 a la Edad Media.\u00bb Frente a \u00e9l, seres embotados, ro\u00eddos desde dentro por las fiebres y las costumbres ancestrales, constituyen un marco casi mineral del dinamismo innovador del mercantilismo colonial.<\/p>\n<p>El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere constantemente a la historia de la metr\u00f3poli, indica claramente que est\u00e1 aqu\u00ed como prolongaci\u00f3n de esa metr\u00f3poli. La historia que escribe no es, pues, la historia del pa\u00eds al que despoja, sino la historia de su naci\u00f3n en tanto que \u00e9sta piratea, viola y hambrea. La inmovilidad a que est\u00e1 condenado el colonizado no puede ser impugnada sino cuando el colonizado decide poner t\u00e9rmino a la historia de la colonizaci\u00f3n, a la historia del pillaje, para hacer existir la historia de la naci\u00f3n, la historia de la descolonizaci\u00f3n (1).<br \/>\nSi quisi\u00e9ramos encontrar a trav\u00e9s de las obras de los escritores colonizados las diferentes fases que caracterizan esa evoluci\u00f3n, ver\u00edamos perfilarse ante nuestros ojos un panorama en tres tiempos. En una primera fase, el intelectual colonizado prueba que ha asimilado la cultura del ocupante. Sus obras corresponden punto por punto a las de sus hom\u00f3logos metropolitanos. La inspiraci\u00f3n es europea y f\u00e1cilmente pueden ligarse esas obras a una corriente bien definida de la literatura metropolitana. Es el periodo asimilacionista integral. Se encontrar\u00e1n en esta literatura del colonizado parnasianos simbolistas y surrealistas.<\/p>\n<p>En un segundo momento, el colonizado se estremece y decide recordar. Este periodo de creaci\u00f3n corresponde aproximadamente a la re-inmersi\u00f3n que acabamos de describir. Pero como el colonizado no est\u00e1 inserto en su pueblo, como mantiene relaciones de exterioridad con su pueblo, se contenta con recordar. Viejos episodios de la infancia ser\u00e1n recogidos del fondo de la memoria; viejas leyendas ser\u00e1n reinterpretadas en funci\u00f3n de una est\u00e9tica prestada y de una concepci\u00f3n del mundo descubierta bajo otros cielos. Algunas veces esa literatura previa al combate estar\u00e1 dominada por el buen humor y la alegor\u00eda. Periodo de angustia, de malestar, experiencia de la muerte, experiencia de la n\u00e1usea. Se vomita, pero ya, por debajo, se prepara la risa.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en un tercer periodo, llamado de lucha, el colonizado \u2014tras haber intentado perderse en el pueblo, perderse con el pueblo\u2014 va por el contrario a sacudir al pueblo. En vez de favorecer el letargo del pueblo se transforma en el que despierta al pueblo. Literatura de combate, literatura revolucionaria, literatura nacional. En el curso de esta fase un gran n\u00famero de hombres y mujeres que antes no hab\u00edan pensado jam\u00e1s en hacer una obra literaria, ahora que se encuentran en situaciones excepcionales, en prisi\u00f3n, en la guerrilla o en v\u00edspera de ser ejecutados sienten la necesidad de expresar su naci\u00f3n, de componer la frase que exprese al pueblo, de convertirse en portavoces de una nueva realidad en acci\u00f3n. El intelectual colonizado se dar\u00e1 cuenta, sin embargo, m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, de que no se prueba la naci\u00f3n con la cultura, sino que se manifiesta en la lucha que realiza el pueblo contra las fuerzas de ocupaci\u00f3n. Ning\u00fan colonialismo recibe su legitimidad de la inexistencia cultural de los territorios que domina. Jam\u00e1s se avergonzar\u00e1 al colonialismo desplegando ante su mirada tesoros culturales desconocidos. El intelectual colonizado, en el momento mismo en que se inquieta por hacer una obra cultural no se da cuenta de que utiliza t\u00e9cnicas y una lengua tomadas al ocupante. Se contenta con revestir esos instrumentos de un tono que pretende ser nacional, pero que recuerda extra\u00f1amente al exotismo. El intelectual colonizado que vuelve a su pueblo a trav\u00e9s de las obras culturales se comporta de hecho como un extranjero. Algunas veces no vacilar\u00e1 en utilizar los dialectos para manifestar su voluntad de estar lo m\u00e1s cerca posible del pueblo, pero las ideas que expresa, las preocupaciones que lo invaden no tienen nada en com\u00fan con la situaci\u00f3n concreta que conocen los hombres y mujeres de su pa\u00eds. La cultura hacia la cual se inclina el intelectual no es con frecuencia sino un acervo de particularismos. Queriendo apegarse al pueblo, se apega al revestimiento visible. Pero ese revestimiento no es sino el reflejo de una vida subterr\u00e1nea, densa, en perpetua renovaci\u00f3n. Esa objetividad, que salta a la vista y que parece caracterizar al pueblo no es, en realidad, sino el resultado inerte y ya negado de adaptaciones m\u00faltiples y no siempre coherentes de una sustancia m\u00e1s fundamental que est\u00e1 en plena renovaci\u00f3n. El hombre de cultura, en vez de ir en busca de esa sustancia, va a dejarse hipnotizar por esos jirones momificados que, estabilizados, significan por el contrario la negaci\u00f3n, la superaci\u00f3n, la invenci\u00f3n. La cultura no tiene jam\u00e1s la traslucidez de la costumbre. La cultura evade eminentemente toda simplificaci\u00f3n. En su esencia, se opone al h\u00e1bito que es siempre un deterioro de la costumbre. Querer apegarse a la tradici\u00f3n o reactualizar las tradiciones abandonadas es no s\u00f3lo ir contra la historia sino contra su pueblo. Cuando un pueblo sostiene una lucha armada o aun pol\u00edtica contra un colonialismo implacable, la tradici\u00f3n cambia de significado. Lo que era t\u00e9cnica de resistencia pasiva puede ser radicalmente condenado en este periodo. En un pa\u00eds subdesarrollado en fase de lucha las tradiciones son fundamentalmente inestables y surcadas de corrientes centrifugas. Por eso el intelectual corre el riesgo, frecuentemente, de ir a contracorriente. Los pueblos que han luchado son cada vez m\u00e1s impermeable a la demagogia y si se trata de seguirlos demasiado se muestra uno como vulgar oportunista, como retardatario (2).<\/p>\n<p>El hombre colonizado que escribe para su pueblo, cuando utiliza el pasado debe hacerlo con la intenci\u00f3n de abrir el futuro, de invitar a la acci\u00f3n, de fundar la esperanza. Pero para asegurar la esperanza, para darle densidad, hay que participar en la acci\u00f3n, comprometerse en cuerpo y alma en la lucha nacional. Puede hablarse de todo, pero cuando se decide hablar de esa cosa \u00fanica en la vida de un hombre que representa el hecho de abrir el horizonte, de llevar la luz a la propia tierra, de levantarse a s\u00ed mismo y a su pueblo, entonces hay que colaborar muscularmente (3).<\/p>\n<p>No hay un combate cultural que se desarrolle paralelamente a la lucha popular. No hay que contentarse, pues, con rastrear en el pasado del pueblo para encontrar all\u00ed elementos de coherencia que enfrentar a las empresas falsificadoras y peyorativas del colonialismo. Hay que trabajar, luchar con el mismo ritmo que el pueblo para precisar el futuro, preparar el terreno donde ya crecen reto\u00f1os vigorosos. La cultura nacional no es el folklore donde un populismo abstracto ha cre\u00eddo descubrir la verdad del pueblo. No es esa masa sedimentada de gestos puros, es decir, cada vez menos atribuibles a la realidad presente del pueblo. La cultura nacional es el conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acci\u00f3n a trav\u00e9s de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido. La cultura nacional, en los pa\u00edses subdesarrollados, debe situarse, pues, en el centro mismo de la lucha de liberaci\u00f3n que realizan esos pa\u00edses (4).<br \/>\n________________________________________________________________<br \/>\nNotas<br \/>\n(1)FANON, Frantz.\u00a0Los condenados de la tierra, Fonde de Cultura Econ\u00f3mica, 1983, p. 22- 25.<br \/>\n(2)Ib\u00edd, p. 110-111.<br \/>\n(3)Ib\u00edd, p. 116.<br \/>\n(4)Ib\u00edd, p. 117.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"compartir\">\n<div class=\"comenta_link\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que sigue a continuaci\u00f3n es una selecci\u00f3n de fragmentos de Frantz Fanon de su obra culmen Los condenados de la tierra. La obra fue editada en castellano por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica de M\u00e9xico por primera vez en el a\u00f1o 1962, una a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte. 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