{"id":2832,"date":"2020-09-13T15:38:01","date_gmt":"2020-09-13T15:38:01","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2832"},"modified":"2020-09-13T15:38:01","modified_gmt":"2020-09-13T15:38:01","slug":"el-trabajo-domestico-toca-a-su-fin-una-perspectiva-de-clase","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2832","title":{"rendered":"El trabajo dom\u00e9stico toca a su fin: una perspectiva de clase"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Angela Davis<\/strong><\/em><\/p>\n<div>\n<p>Tomado de: Davis, Angela (2004): Mujeres, raza y clase, Ediciones Akal, S.A., Madrid<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"cols\">\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n<p>La infinidad de tareas que reunidas se conocen como \u00abtrabajo dom\u00e9stico\u00bb \u2014cocinar, lavar los platos, hacer la colada, hacer las camas, barrer, hacer la compra, etc.\u2014 se estima que consumen cerca de entre tres y cuatro mil horas anuales del tiempo de una ama de casa media.[1] Pero a pesar de lo asombrosas que puedan ser estas estad\u00edsticas, ni tan siquiera son un reflejo de la constante e inconmensurable atenci\u00f3n que las madres deben prestar a sus hijos. As\u00ed como los deberes maternales de una mujer se dan siempre por sentados, el interminable trabajo de esta como ama de casa raras veces suscita expresiones de reconocimiento dentro de su propia familia. A fin de cuentas, el trabajo dom\u00e9stico es pr\u00e1cticamente invisible: \u00abNadie lo nota hasta que est\u00e1 hecho, notamos la cama sin hacer, pero no el suelo limpio y reluciente\u00bb.[2] Invisible, repetitivo, extenuante, improductivo, nada creativo: estos son los adjetivos que de manera m\u00e1s atinada capturan la naturaleza del trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>La nueva conciencia asociada al movimiento de mujeres contempor\u00e1neo ha animado a un n\u00famero creciente de mujeres a exigir que los hombres con quienes conviven asuman parte de la responsabilidad de esta penosa faena. El resultado ha sido que un n\u00famero cada vez mayor de hombres ha empezado a colaborar con sus compa\u00f1eras en la casa e, incluso, algunos dedican el mismo tiempo que ellas a las tareas del hogar. Pero \u00bfcu\u00e1ntos de estos hombres se han liberado de la idea de que el trabajo dom\u00e9stico es un \u00abtrabajo de mujeres\u00bb? \u00bfCu\u00e1ntos de ellos no describir\u00edan las tareas que asumen en la limpieza del hogar como una \u00abayuda\u00bb a sus compa\u00f1eras?<\/p>\n<p>Si fuera en verdad posible acabar con la idea de que el trabajo dom\u00e9stico es un trabajo de mujeres y, al mismo tiempo, de redistribuirlo de modo equitativo entre mujeres y hombres, \u00bfestar\u00edamos ante una soluci\u00f3n satisfactoria?<\/p>\n<p>Si se liberara de su adscripci\u00f3n exclusiva al sexo femenino, el trabajo dom\u00e9stico \u00bfdejar\u00eda de ser opresivo?<\/p>\n<p>Aunque la mayor\u00eda de las mujeres acogen con entusiasmo el advenimiento del \u00abamo de casa\u00bb, la desexualizaci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico no alterar\u00eda en verdad el car\u00e1cter opresivo de este trabajo. En resumidas cuentas, ni las mujeres ni los hombres deber\u00edan malgastar unas horas preciosas de sus vidas en una labor que no es ni estimulante, ni creativa, ni productiva.<\/p>\n<p>Uno de los secretos m\u00e1s celosamente guardados en las sociedades del capitalismo avanzado se refiere a la posibilidad \u2014real\u2014 de transformar de manera radical la naturaleza del trabajo dom\u00e9stico. En efecto, una parte sustancial de las labores dom\u00e9sticas del ama de casa pueden ser incorporadas a la econom\u00eda industrial.<\/p>\n<p>En otras palabras, el car\u00e1cter del trabajo dom\u00e9stico no tiene por qu\u00e9 seguir siendo considerado, necesaria e inevitablemente, privado. Equipos de personas cualificadas y remuneradas de forma adecuada podr\u00edan desplazarse de un domicilio a otro provistos de maquinaria de ingenier\u00eda higi\u00e9nica tecnol\u00f3gicamente avanzada y concluir, r\u00e1pida y eficazmente, las tareas que el ama de casa actual realiza de manera tan ardua y primitiva.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 nos topamos con este velo de silencio que rodea este potencial de redefinir, de manera radical, la naturaleza del trabajo dom\u00e9stico? Porque la econom\u00eda capitalista es, en su estructura constitutiva, hostil a la industrializaci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico. La socializaci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico obligar\u00eda al gobierno a destinar una gran cantidad de subsidios a garantizar el acceso a tales prestaciones de las familias de clase trabajadora cuya necesidad de estos servicios es m\u00e1s obvia. Puesto que se trata de una medida que no vaticina muchos beneficios econ\u00f3micos, el trabajo dom\u00e9stico industrializado \u2014al igual que todas las iniciativas no rentables\u2014 constituye una abominaci\u00f3n para la econom\u00eda capitalista. Sin embargo, la acelerada expansi\u00f3n de la mano de obra femenina conlleva un ascenso del n\u00famero de mujeres que cada vez encuentra m\u00e1s dif\u00edcil cumplir con su papel de ama de casa de acuerdo a los patrones tradicionales. En otras palabras, la industrializaci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico, junto a su socializaci\u00f3n, se est\u00e1 convirtiendo en una necesidad social objetiva. El trabajo dom\u00e9stico, como responsabilidad individual propia de las mujeres y como trabajo femenino desempe\u00f1ado bajo unas condiciones t\u00e9cnicas primitivas, puede estar aproxim\u00e1ndose, al fin, a su obsolescencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Aunque exista la posibilidad de que el trabajo dom\u00e9stico, tal y como se lo conoce en la actualidad, se est\u00e9 convirtiendo en una reliquia del pasado, las actitudes sociales m\u00e1s generalizadas contin\u00faan ligando la eterna condici\u00f3n femenina a las im\u00e1genes de la escoba y el recogedor, del cubo y la fregona, del delantal y la cocina y de la olla y la sart\u00e9n. Es cierto que el trabajo de las mujeres, a trav\u00e9s de diferentes etapas hist\u00f3ricas, ha estado ligado en general a la casa y a sus terrenos aleda\u00f1os. Pero el trabajo dom\u00e9stico femenino no siempre ha sido lo que es hoy, ya que como todo fen\u00f3meno social es un producto mutable de la historia. Al igual que los sistemas econ\u00f3micos emergen y se desintegran, el alcance y los rasgos del trabajo dom\u00e9stico han experimentado transformaciones radicales. Como Friedrich Engels sostiene en su cl\u00e1sica obra <em>El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado<\/em>,[3] antes del advenimiento de la propiedad privada, la desigualdad sexual no exist\u00eda tal y como hoy se la conoce. Durante las primeras etapas de la historia, la divisi\u00f3n sexual del trabajo dentro del sistema de producci\u00f3n econ\u00f3mica estaba regida por un criterio de complementariedad y no de jerarqu\u00eda. En las sociedades donde los hombres habr\u00edan sido los responsables de la caza de animales salvajes y las mujeres, a su vez, de recolectar las verduras y las frutas silvestres, ambos sexos desempe\u00f1aron tareas econ\u00f3micas igualmente esenciales para la supervivencia de su comunidad. Dado que en aquellas etapas la comunidad era, en esencia, una familia extendida, el lugar central de las mujeres en la econom\u00eda llevaba aparejado que ellas fueran valoradas y respetadas en calidad de miembros productivos de la comunidad.<\/p>\n<p>En 1973, realic\u00e9 un viaje en <em>jeep <\/em>a trav\u00e9s de las llanuras de Masai, en el que se puso de manifiesto la centralidad de las tareas dom\u00e9sticas de las mujeres en las culturas precapitalistas. En un solitario camino de tierra en Tanzania me fij\u00e9 en seis mujeres masai que, de manera enigm\u00e1tica, hac\u00edan equilibrios con una enorme madera que portaban sobre sus cabezas. Seg\u00fan me explicaron mis amigos de Tanzania, es probable estas mujeres estuviesen transportando el tejado de una casa a una aldea nueva que estar\u00edan construyendo. Entonces, supe que, entre los masai, las mujeres son responsables de todas las actividades dom\u00e9sticas y, por lo tanto, tambi\u00e9n de la construcci\u00f3n de las casas que su pueblo n\u00f3mada cambia con frecuencia de lugar. Para las mujeres masai, el trabajo dom\u00e9stico no solo conlleva cocinar, limpiar, criar a los ni\u00f1os, coser, etc., sino que tambi\u00e9n implica la construcci\u00f3n de las viviendas. A pesar de la importancia que puedan tener las funciones relativas a la cr\u00eda de ganado que realizan los hombres de su pueblo, el \u00abtrabajo dom\u00e9stico\u00bb de las mujeres no es ni menos productivo ni menos esencial que las contribuciones econ\u00f3micas de los hombres masai.<\/p>\n<p>Dentro de la econom\u00eda n\u00f3mada y precapitalista de los masai, el trabajo dom\u00e9stico de las mujeres es tan esencial para la econom\u00eda como los trabajos de cr\u00eda de ganado realizados por los hombres. En calidad de productoras, ellas disfrutan de un <em>status <\/em>social investido de una importancia equivalente a la de ellos. En las sociedades del capitalismo avanzado, la dimensi\u00f3n servil de la funci\u00f3n de las amas de casa, que pocas veces pueden producir pruebas palpables de su trabajo, menoscaba el <em>status <\/em>social de las mujeres en general. En resumen, seg\u00fan la ideolog\u00eda burguesa, el ama de casa no es m\u00e1s que la sirvienta vitalicia de su marido.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de la concepci\u00f3n burguesa de la mujer como eterna sirvienta del hombre es en s\u00ed misma una historia reveladora. Dentro de la historia relativamente corta de Estados Unidos, el \u00abama de casa\u00bb, en tanto que producto hist\u00f3rico acabado, apenas cuenta con m\u00e1s de un siglo de antig\u00fcedad. Durante el periodo colonial, el trabajo dom\u00e9stico era por completo distinto a la rutina del trabajo diario que hoy realiza el ama de casa estadounidense.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abEl trabajo de una mujer comienza cuando sale el sol y contin\u00faa bajo la lumbre hasta que ya no puede mantener los ojos abiertos. Durante dos siglos, pr\u00e1cticamente todo lo que una familia utilizaba o com\u00eda se produc\u00eda en el hogar bajo su batuta. Ella te\u00f1\u00eda y hac\u00eda girar en la rueca el hilo con el que tej\u00eda la tela que cortaba y cos\u00eda a mano para hacer la ropa. Cultivaba gran parte de la comida que serv\u00eda para alimentar a su familia y guardaba la suficiente para pasar el invierno. Hac\u00eda la mantequilla, el queso, el pan, las velas y el jab\u00f3n y zurc\u00eda las medias de su familia.\u00bb[4]<\/p>\n<p>En la econom\u00eda agraria de la Am\u00e9rica del Norte preindustrial, una mujer que realizaba las tareas de la casa era hilandera, tejedora y costurera, adem\u00e1s de panadera, mantequera y elaboradora de velas, de jab\u00f3n, y de un largo etc\u00e9tera. De hecho,<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] las presiones del ritmo de la producci\u00f3n dom\u00e9stica dejaban muy poco tiempo para las labores que hoy en d\u00eda identificar\u00edamos como trabajo dom\u00e9stico. Seg\u00fan los criterios actuales, las mujeres de la \u00e9poca anterior a la Revoluci\u00f3n Industrial eran unas amas de casa descuidadas. En lugar de la limpieza diaria o semanal, se hac\u00eda la limpieza de primavera. Las comidas eran simples y repetitivas, los miembros de la familia pocas veces se cambiaban de ropa, adem\u00e1s de dejar que la ropa sucia de la casa se acumulara, y la colada se hac\u00eda una vez al mes o, en algunos hogares, una vez cada tres meses. Y, por supuesto, dado que cada colada requer\u00eda transportar y calentar muchos cubos de agua, f\u00e1cilmente se descartaban unos elevados niveles de limpieza.\u00bb[5]<\/p>\n<p>M\u00e1s que dedicarse a la \u00ablimpieza de la casa\u00bb o a \u00abvelar por el hogar\u00bb, las mujeres del periodo colonial eran expertas trabajadoras de pleno derecho dentro de una econom\u00eda que se basaba en el hogar. No solo fabricaban la mayor\u00eda de los productos que precisaban sus familias, sino que tambi\u00e9n cuidaban de la salud de sus familias y de sus comunidades.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abEra responsabilidad [de las mujeres de las colonias] recoger y secar hierbas silvestres para ser utilizadas [\u2026] como medicinas; adem\u00e1s, hac\u00edan las veces de doctoras, enfermeras y parteras dentro de su propia familia y de su comunidad.\u00bb[6]<\/p>\n<p>El <em>United States Practical Receipt Book <\/em>\u2014 un popular libro de recetas colonial\u2014 contiene recetas culinarias as\u00ed como de productos qu\u00edmicos y de medicinas caseras. Por ejemplo, para curar la ti\u00f1a \u00abhay que tomar un poco de sanguinaria del Canad\u00e1 [\u2026], cortarla y ponerla en vinagre y, luego, lavar el lugar afectado con el l\u00edquido\u00bb.[7]<\/p>\n<p>La relevancia econ\u00f3mica de las funciones dom\u00e9sticas de las mujeres en la Am\u00e9rica colonial se ve\u00eda agudizada por su visible protagonismo en la actividad econ\u00f3mica que se desarrollaba fuera de la casa. Un ejemplo de ello descansa en que sol\u00eda ser aceptado que una mujer regentara una taberna.<\/p>\n<p>\u00abLas mujeres tambi\u00e9n ten\u00edan aserraderos y molinos de grano, hac\u00edan sillas de mimbre y fabricaban muebles, dirig\u00edan mataderos, estampaban tejidos de algod\u00f3n y otras telas, hac\u00edan encaje y eran propietarias de mercer\u00edas y almacenes de ropa. Trabajaban en tiendas de tabaco, de f\u00e1rmacos (donde vend\u00edan preparados elaborados por ellas mismas) y en almacenes generales donde se vend\u00eda todo tipo de productos, desde alfileres hasta balanzas para la carne. Las mujeres montaban anteojos, confeccionaban redes y cuerdas, hac\u00edan cardas para cardar lana e, incluso, pintaban casas. A menudo eran las directoras de pompas f\u00fanebres de la ciudad.\u00bb[8]<\/p>\n<p>La irrupci\u00f3n de la industrializaci\u00f3n en la \u00e9poca posrevolucionaria condujo a la proliferaci\u00f3n de las f\u00e1bricas en la parte nororiental del nuevo pa\u00eds. Las f\u00e1bricas de tejidos de Nueva Inglaterra fueron las exitosas pioneras del sistema fabril. Debido a que hilar y tejer eran ocupaciones dom\u00e9sticas tradicionalmente femeninas, las mujeres integraron el primer contingente de mano de obra que emplearon los due\u00f1os de los talleres para manejar los nuevos telares mec\u00e1nicos. Si se atiende a la subsiguiente exclusi\u00f3n de las mujeres del conjunto de la producci\u00f3n industrial, una de las mayores iron\u00edas de la historia econ\u00f3mica de este pa\u00eds estriba en el hecho de que los primeros trabajadores industriales fueron mujeres.<\/p>\n<p>El avance de la industrializaci\u00f3n, en la medida en que llev\u00f3 aparejado el desplazamiento de la producci\u00f3n econ\u00f3mica del hogar a la f\u00e1brica, produjo la erosi\u00f3n sistem\u00e1tica de la importancia del trabajo dom\u00e9stico realizado por las mujeres. Ellas fueron las perdedoras en un doble sentido: cuando sus trabajos tradicionales fueron usurpados por la floreciente industria, toda la econom\u00eda sali\u00f3 del hogar dejando a muchas mujeres privadas, en buena medida, de ocupar papeles econ\u00f3micos significativos. A mediados del siglo XIX, la f\u00e1brica suministraba tejidos, velas y jab\u00f3n. Incluso la mantequilla, el pan y otros productos alimenticios comenzaron a ser fabricados en serie.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abAntes de finalizar el siglo, casi no hab\u00eda nadie que almidonara o que hirviera su ropa sucia en una olla. En las ciudades, las mujeres compraban su pan y al menos su ropa interior ya hecha, mandaban a sus hijos a la escuela y, tambi\u00e9n, probablemente, a lavar y planchar algunas prendas de ropa fuera de casa, y debat\u00edan sobre las ventajas de la comida enlatada [\u2026]. La corriente de la industria se hab\u00eda abierto camino y hab\u00eda dejado abandonado el telar en el desv\u00e1n y la olla del jab\u00f3n en el cobertizo.\u00bb[9]<\/p>\n<p>A medida que se fue consolidando el capitalismo industrial, la escisi\u00f3n entre la nueva esfera econ\u00f3mica y la antigua econom\u00eda dom\u00e9stica se torn\u00f3 cada vez m\u00e1s rigurosa. Es indudable que la reubicaci\u00f3n f\u00edsica de la producci\u00f3n econ\u00f3mica provocada por la expansi\u00f3n del sistema fabril supuso una dr\u00e1stica transformaci\u00f3n. Sin embargo, no fue tan radical como la revalorizaci\u00f3n generalizada de la producci\u00f3n que precisaba el nuevo sistema econ\u00f3mico. Aunque los bienes producidos en el hogar eran valiosos ante todo porque satisfac\u00edan las necesidades b\u00e1sicas de la familia, la importancia de las mercanc\u00edas producidas en la f\u00e1brica resid\u00eda en su valor de cambio, es decir, en su capacidad para satisfacer la demanda de beneficios de los empresarios. Esta revalorizaci\u00f3n de la producci\u00f3n econ\u00f3mica revelaba, m\u00e1s all\u00e1 de la separaci\u00f3n f\u00edsica entre el hogar y la f\u00e1brica, una separaci\u00f3n <em>estructural <\/em>fundamental entre la econom\u00eda dom\u00e9stica del hogar y la econom\u00eda orientada a la obtenci\u00f3n de beneficios del capitalismo. Debido a que el trabajo dom\u00e9stico no generaba beneficios, de manera necesaria fue definido como una forma inferior de trabajo frente al trabajo asalariado capitalista.<\/p>\n<p>Un importante subproducto ideol\u00f3gico de esta radical transformaci\u00f3n econ\u00f3mica fue el nacimiento del \u00abama de casa\u00bb. Las mujeres comenzaron a ser redefinidas ideol\u00f3gicamente como las guardianas de una devaluada vida dom\u00e9stica. Sin embargo, en tanto que ideol\u00f3gica, esta redefinici\u00f3n del lugar de las mujeres estaba muy en contradicci\u00f3n con el ingente n\u00famero de mujeres inmigrantes que engrosaban las filas de la clase trabajadora en el nordeste. En primer lugar, estas mujeres inmigrantes blancas eran asalariadas, y solo de manera secundaria, amas de casa. Adem\u00e1s, hab\u00eda otras mujeres, millones de mujeres, que realizaban duras faenas fuera del hogar como productoras involuntarias de la econom\u00eda esclavista en el Sur. La realidad del papel de las mujeres en la sociedad decimon\u00f3nica estadounidense englobaba a mujeres blancas que empleaban su tiempo manejando las m\u00e1quinas de las f\u00e1bricas a cambio de salarios miserables, del mismo modo que abarcaba a mujeres negras que trabajaban bajo la coerci\u00f3n de la esclavitud. El \u00abama de casa\u00bb reflejaba una realidad parcial en la medida en que, en realidad, era un s\u00edmbolo de la prosperidad econ\u00f3mica que disfrutaban las clases medias emergentes.<\/p>\n<p>Aunque el \u00abama de casa\u00bb hund\u00eda sus ra\u00edces en las condiciones sociales de la burgues\u00eda y de las clases medias, la ideolog\u00eda decimon\u00f3nica instituy\u00f3 a esta figura y a la madre como modelos universales de la feminidad. Desde el momento en el que la propaganda popular representaba la vocaci\u00f3n de <em>todas <\/em>las mujeres en funci\u00f3n de su papel en el hogar, las mujeres obligadas a trabajar para obtener un salario pasaron a ser tratadas como extra\u00f1os visitantes dentro del mundo masculino de la econom\u00eda p\u00fablica. Al haberse salido de su esfera \u00abnatural\u00bb, las mujeres no iban a ser tratadas como trabajadoras asalariadas de pleno derecho. El precio que pagaron inclu\u00eda horarios dilatados, condiciones de trabajo por debajo de los m\u00ednimos normales y salarios muy insuficientes. Eran explotadas, incluso, de manera m\u00e1s intensa que los hombres de su misma clase. No es preciso indicar que el sexismo se revel\u00f3 una fuente de salvajes sobre-beneficios para los capitalistas.<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n estructural de la econom\u00eda p\u00fablica del capitalismo y de la econom\u00eda privada del hogar se ha visto continuamente reforzada por el obstinado primitivismo de las labores de la casa. A pesar de la proliferaci\u00f3n de aparatos para el hogar, el trabajo dom\u00e9stico ha permanecido inalterado, en un plano cualitativo, por los avances tecnol\u00f3gicos propiciados por el capitalismo industrial. El trabajo dom\u00e9stico todav\u00eda consume miles de horas al a\u00f1o al ama de casa media. En 1903, Charlotte Perkins Gilman propuso una definici\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico que reflejaba las sacudidas que hab\u00edan transformado la estructura y el contenido del trabajo dom\u00e9stico en Estados Unidos:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abLa expresi\u00f3n \u2018trabajo dom\u00e9stico\u2019 no se aplica a un tipo especial de trabajo, sino a cierto nivel de trabajo, a un estado de desarrollo que atraviesa todo tipo de trabajos. Todas las industrias fueron en alg\u00fan momento \u2018dom\u00e9sticas\u2019, es decir, fueron realizadas en el hogar y para el beneficio de la familia. Desde aquella \u00e9poca remota, todas las industrias han alcanzado etapas superiores, salvo un par de ellas que nunca han abandonado su etapa primaria.\u00bb[10]<\/p>\n<p>\u00abEl hogar\u00bb, para Gilman, \u00abno se ha desarrollado en proporci\u00f3n al resto de nuestras instituciones\u00bb. La econom\u00eda dom\u00e9stica revela:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] el mantenimiento de labores rudimentarias en una comunidad industrial moderna y el confinamiento de las mujeres en estas labores y en su limitada \u00e1rea de expresi\u00f3n.\u00bb[11]<\/p>\n<p>E insiste en que el trabajo dom\u00e9stico vicia la humanidad de las mujeres:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abElla es sobradamente femenina, como el hombre es sobradamente masculino; pero ella no es humana como s\u00ed lo es \u00e9l. La vida dom\u00e9stica no estimula nuestra humanidad, ya que todos los rasgos caracter\u00edsticos del progreso humano se encuentran en el exterior.\u00bb[12]<\/p>\n<p>La experiencia hist\u00f3rica de las mujeres negras en Estados Unidos corrobora la afirmaci\u00f3n de Gilman. A lo largo de toda la historia de este pa\u00eds, la mayor\u00eda de las mujeres negras ha trabajado fuera de sus hogares. Durante la esclavitud, las mujeres faenaban junto a los hombres negros en los campos donde se cultivaban el tabaco y el algod\u00f3n y, cuando la industria se traslad\u00f3 al Sur, se las pod\u00eda ver en las f\u00e1bricas de tabaco, en las refiner\u00edas de az\u00facar e, incluso, en los aserraderos e integrando los equipos que martilleaban el acero para construir las v\u00edas del ferrocarril. Las mujeres esclavas eran iguales que los hombres en el trabajo. El hecho de que sufrieran una penosa igualdad sexual en el trabajo hac\u00eda que disfrutaran de una mayor igualdad sexual en el hogar, de los n\u00facleos donde resid\u00edan los esclavos, que sus hermanas blancas \u00abamas de casa\u00bb.<\/p>\n<p>Una consecuencia directa de su trabajo fuera de la casa \u2014en calidad de mujeres \u00ablibres\u00bb no menos que como esclavas\u2014 radica en que el trabajo dom\u00e9stico nunca ha sido el eje central de las vidas de las mujeres negras. Ellas han escapado, en gran medida, al da\u00f1o psicol\u00f3gico que el capitalismo industrial ha infligido a las amas de casa de clase media, cuyas supuestas virtudes eran la debilidad femenina y la obediencia conyugal. Las mujeres negras dif\u00edcilmente pod\u00edan esforzarse por ser d\u00e9biles, ten\u00edan que hacerse fuertes puesto que sus familias y su comunidad necesitaban su fortaleza para sobrevivir. La prueba de las fuerzas acumuladas que las mujeres negras han forjado gracias al trabajo, trabajo y m\u00e1s trabajo, se puede encontrar en las contribuciones de las muchas destacadas l\u00edderes femeninas que han emergido dentro de la comunidad negra. Harriet Tubman, Sojourner Truth, Ida Wells y Rosa Parles no son tanto mujeres negras excepcionales como arquetipos de la feminidad negra.<\/p>\n<p>Sin embargo, las mujeres negras han pagado un precio muy elevado por las fuerzas que han adquirido y por la relativa independencia de la que han disfrutado. A pesar de que pocas veces han sido \u00absolo amas de casa\u00bb, nunca han dejado de realizar su trabajo dom\u00e9stico. As\u00ed pues, han asumido la doble carga del trabajo asalariado y del trabajo en el hogar, una doble carga que exige siempre de las trabajadoras estar dotadas de la perseverancia de S\u00edsifo. En 1920, W. E. B. DuBois observaba:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] unas pocas mujeres nacen libres y otras alcanzan la libertad en medio de insultos y de letras escarlatas, pero a nuestras mujeres de piel negra la libertad les fue impuesta como un desprecio. Con esta libertad est\u00e1n comprando una independencia sin trabas y costosa, ya que, al final, el precio lo pagar\u00e1n con cada uno de sus escarnios y de sus quejidos.\u00bb[13]<\/p>\n<p>Al igual que los hombres negros, las mujeres negras han trabajado hasta el l\u00edmite de sus fuerzas. Como ellos, han asumido las responsabilidades de sostener a sus familias. Las poco ortodoxas cualidades femeninas de la asertividad y la autosuficiencia \u2014por las que las mujeres negras han sido con frecuencia alabadas pero, m\u00e1s a menudo, reprendidas\u2014 son un reflejo de su trabajo y de sus luchas fuera del hogar. Del mismo modo que sus hermanas blancas, llamadas \u00abamas de casa\u00bb, ellas han cocinado, han limpiado y han alimentado y criado a un n\u00famero incalculable de ni\u00f1os. Sin embargo, a diferencia de las amas de casa blancas que han aprendido a contar con la seguridad econ\u00f3mica facilitada por sus maridos, a las esposas y a las madres negras raramente se les ha brindado el tiempo y la energ\u00eda para convertirse en expertas de la domesticidad.<\/p>\n<p>Como sus hermanas blancas de clase obrera, que tambi\u00e9n soportan la doble carga de trabajar para vivir y de atender sus hijos y a sus maridos, las mujeres negras han necesitado ser liberadas de esta opresiva situaci\u00f3n durante much\u00edsimo tiempo.<\/p>\n<p>En la actualidad, para las mujeres negras y para todas sus hermanas blancas de clase obrera, la idea de que la carga del trabajo dom\u00e9stico y del cuidado de los hijos pueda ser descargada de sus espaldas y asumida por la sociedad contiene uno de los secretos milagrosos de la liberaci\u00f3n de las mujeres. La atenci\u00f3n a la infancia y la preparaci\u00f3n de la comida deber\u00edan ser socializadas, el trabajo dom\u00e9stico deber\u00eda ser industrializado, y todos estos servicios deber\u00edan estar al alcance de las personas de clase trabajadora.<\/p>\n<p>La escasez, cuando no la ausencia, de un debate p\u00fablico sobre la viabilidad de transformar el trabajo dom\u00e9stico en un horizonte social da fe de los poderes cegadores de la ideolog\u00eda burguesa. No se trata, en absoluto, de que la funci\u00f3n dom\u00e9stica de las mujeres no haya recibido ning\u00fan tipo de atenci\u00f3n. Por el contrario, el movimiento contempor\u00e1neo de las mujeres ha representado el trabajo dom\u00e9stico como un elemento esencial de su opresi\u00f3n. Incluso hay un movimiento en algunos pa\u00edses capitalistas cuya motivaci\u00f3n principal es la terrible situaci\u00f3n del ama de casa. Despu\u00e9s de haber llegado a la conclusi\u00f3n de que el trabajo dom\u00e9stico es degradante y opresivo, primordialmente porque es un trabajo <em>no retribuido<\/em>, este movimiento ha alzado una reivindicaci\u00f3n a favor del salario. Sus activistas sostienen que un cheque semanal del gobierno es la clave para mejorar el <em>status <\/em>del ama de casa y la posici\u00f3n social de las mujeres en general.<\/p>\n<p>El movimiento a favor del salario para el trabajo dom\u00e9stico tuvo su origen en Italia, donde se celebr\u00f3 su primera manifestaci\u00f3n p\u00fablica en marzo de 1974. Una de las oradoras que se dirigi\u00f3 a la multitud congregada en Mestre proclam\u00f3:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abLa mitad de la poblaci\u00f3n mundial no recibe un salario. \u00a1Esta es la mayor contradicci\u00f3n de clase que existe! Y aqu\u00ed reside nuestra lucha por el salario del trabajo dom\u00e9stico. Es la reivindicaci\u00f3n estrat\u00e9gica; en estos momentos, se trata de la reivindicaci\u00f3n m\u00e1s revolucionaria para toda la clase obrera. Si ganamos, es una victoria para la clase; si perdemos, es una derrota para la clase.\u00bb[14]<\/p>\n<p>Seg\u00fan la estrategia de este movimiento, el salario contiene la llave de la emancipaci\u00f3n de las amas de casa, y esta reivindicaci\u00f3n se presenta como el eje central de la campa\u00f1a para la liberaci\u00f3n de las mujeres en general. Adem\u00e1s, la lucha del ama de casa por el salario se proyecta sobre todo el movimiento de la clase obrera convirti\u00e9ndola en su elemento cardinal.<\/p>\n<p>Los or\u00edgenes te\u00f3ricos del movimiento a favor del salario para el trabajo dom\u00e9stico se pueden encontrar en un ensayo escrito por Mariarosa dalla Costa titulado <em>Las mujeres y la subversi\u00f3n de la comunidad<\/em>[15]. En este texto, Dalla Costa defiende una redefinici\u00f3n de las tareas del hogar basada en su tesis de que el car\u00e1cter privado de los servicios que se prestan en el hogar, en realidad, es una ilusi\u00f3n. Ella mantiene que el ama de casa solo parece estar atendiendo las necesidades privadas de su marido y de sus hijos porque, en realidad, los aut\u00e9nticos beneficiarios de sus servicios son el patr\u00f3n, en esos momentos, de su marido y los futuros patrones de sus hijos.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abLa mujer [\u2026] ha sido aislada en la casa, forzada a llevar a cabo un trabajo que se considera no cualificado: el trabajo de dar a luz, criar, disciplinar y servir al obrero para la producci\u00f3n. Su papel en el ciclo de la producci\u00f3n social ha permanecido invisible porque solo el producto de su trabajo, el trabajador, era visible.\u00bb[16]<\/p>\n<p>La exigencia de una retribuci\u00f3n para las amas de casa se basa en la presunci\u00f3n de que ellas producen una mercanc\u00eda poseedora de la misma importancia y del mismo valor que las mercanc\u00edas producidas por sus maridos en el trabajo. En sinton\u00eda con la l\u00f3gica de Dalla Costa, el movimiento a favor de un salario para el trabajo dom\u00e9stico define a las amas de casa como las creadoras de la fuerza de trabajo que los miembros de su familia venden como mercanc\u00edas en el mercado capitalista.<\/p>\n<p>Dalla Costa no fue la primera te\u00f3rica en proponer este an\u00e1lisis de la opresi\u00f3n de las mujeres. Tanto Mary Inman en su libro <em>In Woman\u2019s Defense <\/em>(1940)[17] como Margaret Benston en \u00abThe Political Economy of Women\u2019s Liberation\u00bb (1969)[18] definen el trabajo dom\u00e9stico de tal forma que colocan a las mujeres dentro de una clase espec\u00edfica de la fuerza de trabajo explotada por el capitalismo que se denomina las \u00abamas de casa\u00bb. Es indudable que las funciones procreadoras, de crianza de los ni\u00f1os y de mantenimiento del hogar de las mujeres hacen posible que los miembros de sus familias trabajen, es decir, que intercambien su fuerza de trabajo por salarios. Pero \u00bfde ello se deduce autom\u00e1ticamente que las mujeres en general, independiente de su raza y de su clase, pueden ser, en un plano elemental, definidas por sus funciones dom\u00e9sticas? \u00bfSe deduce autom\u00e1ticamente que el ama de casa es, en realidad, una trabajadora oculta dentro del proceso de producci\u00f3n capitalista?<\/p>\n<p>Si la Revoluci\u00f3n Industrial produjo la separaci\u00f3n estructural entre la econom\u00eda dom\u00e9stica y la econom\u00eda p\u00fablica, el trabajo dom\u00e9stico no puede ser definido como un elemento integrante de la producci\u00f3n capitalista. M\u00e1s bien, este se encuentra ligado a la producci\u00f3n en tanto que <em>precondici\u00f3n<\/em>. En \u00faltima instancia, el empresario no est\u00e1 preocupado por el modo en el que se produce y se sostiene la fuerza de trabajo, puesto que a \u00e9l solo le preocupa su disponibilidad y su capacidad para generar beneficios. En otras palabras, el proceso de producci\u00f3n capitalista presupone la existencia de una masa explotable de trabajadores.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abEl reemplazo de la fuerza de trabajo (de los trabajadores) no es una parte del proceso de producci\u00f3n social, sino un prerrequisito del mismo. Tiene lugar fuera del proceso de trabajo. Su funci\u00f3n es la conservaci\u00f3n de la existencia humana, que es el fin \u00faltimo de la producci\u00f3n en todas las sociedades.\u00bb[19]<\/p>\n<p>En la sociedad sudafricana, donde el racismo ha llevado la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica a sus l\u00edmites m\u00e1s brutales, la econom\u00eda capitalista traiciona su separaci\u00f3n estructural de la vida dom\u00e9stica de un modo en particular violento. Sencillamente, los art\u00edfices sociales del <em>apartheid <\/em>han determinado que el trabajo negro proporciona m\u00e1s beneficios cuando la vida dom\u00e9stica est\u00e1 excluida por completo. Los hombres negros son considerados unidades de trabajo cuyo potencial productivo les dota de valor para la clase capitalista. Pero sus esposas y sus hijos\u2026<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] son ap\u00e9ndices superfluos, es decir, no productivos, las mujeres no son m\u00e1s que accesorios de la capacidad procreadora que posee la unidad de fuerza de trabajo masculina negra.\u00bb[20]<\/p>\n<p>Esta caracterizaci\u00f3n de la mujer africana como \u00abap\u00e9ndice superfluo\u00bb no tiene mucho de met\u00e1fora. A tenor de la legislaci\u00f3n sudafricana, las mujeres negras tienen prohibida la entrada en las zonas blancas (\u00a1el 87 por 100 del pa\u00eds!), que en la mayor\u00eda de los casos son las ciudades donde viven y trabajan sus maridos.<\/p>\n<p>Los defensores del <em>apartheid <\/em>consideran que la vida dom\u00e9stica negra en los centros industriales de Sud\u00e1frica es superflua y carece de rentabilidad. Pero, tambi\u00e9n, que supone una amenaza.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abLos funcionarios del gobierno reconocen el papel de las mujeres en la formaci\u00f3n de los hogares y temen que su presencia en las ciudades conduzca al establecimiento de una poblaci\u00f3n negra estable.\u00bb[21]<\/p>\n<p>La consolidaci\u00f3n de familias africanas en las ciudades industrializadas es percibida como una amenaza porque la vida dom\u00e9stica podr\u00eda convertirse en una base para aumentar el nivel de resistencia al <em>apartheid<\/em>. Esta es la raz\u00f3n por la que, a un elevado n\u00famero de mujeres con permisos de residencia en las zonas blancas, se les asigna vivir en residencias segregadas por un criterio sexual. Las mujeres casadas, as\u00ed como las solteras, terminan viviendo en estas viviendas de construcci\u00f3n oficial donde la vida familiar est\u00e1 rigurosamente prohibida, de modo que los esposos no pueden visitarse y que ni la madre ni el padre pueden recibir visitas de sus hijos.[22]<\/p>\n<p>Este intenso ataque contra las mujeres negras en Sud\u00e1frica ya ha pasado su factura, puesto que hoy solo el 28,2 por 100 opta por el matrimonio[23]. Por razones de rentabilidad econ\u00f3mica y de seguridad pol\u00edtica, el <em>apartheid <\/em>est\u00e1 erosionando \u2014con el objetivo evidente de destruirlo\u2014 el propio tejido de la vida dom\u00e9stica negra. De este modo, el capitalismo sudafricano demuestra, de manera desgarradora, hasta qu\u00e9 punto la econom\u00eda capitalista es dependiente del trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>El gobierno no tendr\u00eda por qu\u00e9 haber emprendido la disoluci\u00f3n deliberada de la vida familiar en Sud\u00e1frica si en verdad sucediera que los servicios prestados por las mujeres en el hogar fueran un elemento constitutivo, esencial, del trabajo asalariado bajo el capitalismo. El hecho de que la versi\u00f3n sudafricana del capitalismo pueda prescindir de la vida dom\u00e9stica es una consecuencia de la separaci\u00f3n entre la econom\u00eda privada del hogar y el proceso de producci\u00f3n en la esfera p\u00fablica que caracteriza a la sociedad capitalista en su conjunto. Todo parece indicar que resulta f\u00fatil sostener, en virtud de la l\u00f3gica interna del capitalismo, que las mujeres tendr\u00edan que ser retribuidas por el trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>No obstante, aun aceptando que la teor\u00eda subyacente a la reivindicaci\u00f3n del salario padece una debilidad incurable, a un nivel pol\u00edtico podr\u00eda ser deseable insistir en que las amas de casa deben ser retribuidas. \u00bfNo se podr\u00eda apelar a un imperativo moral para fundamentar el derecho de las mujeres a cobrar por las horas que dedican al trabajo dom\u00e9stico? Es probable que a muchas mujeres les suene bastante atractiva la idea de pagar un tal\u00f3n a las amas de casa. Pero seguro que esta atracci\u00f3n no durar\u00eda mucho. Porque \u00bfcu\u00e1ntas de esas mujeres estar\u00edan en verdad dispuestas a resignarse a realizar las tareas nada prometedoras e interminables del hogar solo por un salario? Tampoco est\u00e1 claro que un sueldo alterar\u00eda el hecho descrito por Lenin:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] el banal trabajo dom\u00e9stico frustra, estrangula, embrutece y degrada [a la mujer], la encadena a la cocina y al cuidado de los ni\u00f1os y hace que malgaste su fuerza de trabajo en una labor penosa, salvajemente improductiva, banal, irritante, embrutecedora y frustrante.\u00bb[24]<\/p>\n<p>Todo indica que estos cheques salariales para las amas de casa, emitidos por el gobierno, legitimar\u00edan m\u00e1s esta esclavitud dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>El hecho de que las mujeres que dependen para subsistir del sistema p\u00fablico de protecci\u00f3n social pocas veces hayan exigido una compensaci\u00f3n por asumir las responsabilidades dom\u00e9sticas \u00bfno es una cr\u00edtica impl\u00edcita al movimiento por el salario dom\u00e9stico? La consigna en la que en la mayor\u00eda de las ocasiones se articula la alternativa inmediata que ellas proponen al deshumanizante sistema asistencial no ha sido \u00abun salario para el trabajo dom\u00e9stico\u00bb, sino preferiblemente \u00abuna renta anual garantizada para todos\u00bb. Sin embargo, su deseo a largo plazo es un empleo y un servicio de atenci\u00f3n a la infancia p\u00fablico y accesible. Por lo tanto, la renta anual garantizada sirve como un seguro de desempleo hasta que no se creen m\u00e1s puestos de trabajo dotados de salarios adecuados y esto no vaya acompa\u00f1ado de un sistema de financiaci\u00f3n p\u00fablica de atenci\u00f3n a la infancia.<\/p>\n<p>La naturaleza problem\u00e1tica de la estrategia que consiste en exigir un \u00absalario para el trabajo dom\u00e9stico\u00bb se pone de manifiesto en las experiencias de otro grupo de mujeres. Las mujeres de la limpieza, las empleadas de hogar, o las criadas, son las que saben mejor que nadie lo que significa recibir un salario por este trabajo. La pel\u00edcula de Ousmane Sembene titulada <em>La Noire de\u2026 <\/em>captura de modo brillante su tr\u00e1gica situaci\u00f3n[25]. La protagonista de la pel\u00edcula es una joven senegalesa que, despu\u00e9s de intentar encontrar trabajo, se convierte en la institutriz de una familia francesa que reside en Dakar. Cuando la familia regresa a Francia, ella les acompa\u00f1a llena de ilusiones. Sin embargo, al llegar a este pa\u00eds, no solo tiene que responsabilizarse de los ni\u00f1os sino que, adem\u00e1s, tiene que cocinar, limpiar, lavar y realizar todo el resto de las tareas de la casa. No pasa mucho tiempo antes de que su inicial entusiasmo haya dejado paso a una depresi\u00f3n tan profunda que le lleve a rechazar la paga ofrecida por sus empleadores. El salario no puede compensar su situaci\u00f3n sumamente parecida a la de una esclava. Como no dispone de los medios para regresar a Senegal, le embarga la desesperaci\u00f3n y opta por el suicidio ante un destino indefinido de dedicaci\u00f3n a cocinar, barrer, limpiar el polvo, fregar, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>En Estados Unidos, las mujeres de color \u2014y, en especial, las mujeres negras\u2014 llevan un sinf\u00edn de d\u00e9cadas recibiendo salarios por el trabajo dom\u00e9stico. En 1910, cuando m\u00e1s de la mitad de las mujeres negras ten\u00eda un empleo fuera de su hogar, una tercera parte de ellas trabajaba como empleada dom\u00e9stica asalariada. En 1920 m\u00e1s de la mitad ten\u00eda un trabajo en el servicio dom\u00e9stico y en 1930 la proporci\u00f3n hab\u00eda aumentado hasta alcanzar a tres de cada cinco[26]. Una de las consecuencias de la enorme transformaci\u00f3n operada en el empleo femenino durante la Segunda Guerra Mundial fue el ansiado declive en el n\u00famero de mujeres negras en este sector. Sin embargo, en 1960, un tercio de todas las que ten\u00edan un puesto de trabajo todav\u00eda estaba atrapada en sus ocupaciones tradicionales[27]. Su proporci\u00f3n en el servicio dom\u00e9stico no tom\u00f3 una direcci\u00f3n definitivamente descendente hasta que el trabajo de oficina no se volvi\u00f3 algo m\u00e1s accesible para ellas. En la actualidad la cifra se sit\u00faa alrededor del 13 por 100.[28]<\/p>\n<p>Las enervantes obligaciones dom\u00e9sticas descargadas sobre el conjunto de las mujeres proporcionan una muestra flagrante del poder del sexismo. A ra\u00edz de la injerencia a\u00f1adida del racismo, un ingente n\u00famero de mujeres negras ha tenido que hacer frente a sus propias labores del hogar y, tambi\u00e9n, a las tareas dom\u00e9sticas de otras mujeres. Y, en muchas ocasiones, las exigencias del trabajo en la casa de una mujer blanca han obligado a la empleada dom\u00e9stica a desatender su propio hogar e incluso a sus propios hijos. Como trabajadoras del hogar asalariadas, ellas han sido llamadas a ser esposas y madres subrogadas en millones de hogares blancos.<\/p>\n<p>Durante sus m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os de esfuerzos por organizarse, las empleadas dom\u00e9sticas han intentado redefinir su trabajo oponi\u00e9ndose al papel de ama de casa subrogada. Las labores del ama de casa son interminables e indefinidas. Lo primero que han exigido las trabajadoras del hogar es una clara delimitaci\u00f3n de las tareas que se espera que realicen. El nombre mismo de uno de los sindicatos de empleadas dom\u00e9sticas m\u00e1s importantes en la actualidad \u2014T\u00e9cnicas del Hogar de Estados Unidos [Household Technicians of America]\u2014 incide en su rechazo a servir de amas de casa subrogadas cuyo trabajo es \u00absimplemente las tareas propias del hogar\u00bb. Mientras las trabajadoras dom\u00e9sticas permanezcan a la sombra del ama de casa, continuar\u00e1n recibiendo salarios mucho m\u00e1s cercanos a la \u00abasignaci\u00f3n\u00bb del ama de casa que al cheque salarial de un trabajador. Seg\u00fan la Comisi\u00f3n Nacional para el Empleo Dom\u00e9stico, en 1976 el salario medio de un t\u00e9cnico del hogar con una jornada laboral completa era solo de 2,732 d\u00f3lares, y dos tercios de los mismos percib\u00eda menos de 2 d\u00f3lares[29]. A pesar de que han transcurrido muchos a\u00f1os desde que se extendi\u00f3 la protecci\u00f3n de la regulaci\u00f3n del salario m\u00ednimo al personal empleado en el servicio dom\u00e9stico, en 1976 un asombroso 40 por 100 recib\u00eda salarios muy por debajo del m\u00ednimo establecido. El movimiento a favor del salario por el trabajo dom\u00e9stico asume que si las mujeres cobraran por ser amas de casa disfrutar\u00edan de un <em>status <\/em>social m\u00e1s elevado. Sin embargo, nada de ello se deduce del dilatado pasado de luchas protagonizado por la trabajadora dom\u00e9stica retribuida, cuya condici\u00f3n es m\u00e1s paup\u00e9rrima que la de ning\u00fan otro grupo de trabajadores bajo el capitalismo.<\/p>\n<p>M\u00e1s del 50 por 100 de las mujeres estadounidenses trabaja para mantenerse, constituyendo el 41 por 100 de la fuerza de trabajo del pa\u00eds. Sin embargo, hoy d\u00eda, un gran n\u00famero de ellas es incapaz de encontrar un empleo digno. Al igual que el racismo, el sexismo es una de las justificaciones m\u00e1s importantes para explicar las elevadas tasas de desempleo femenino. En realidad, muchas mujeres son \u00absolo amas de casa\u00bb porque son trabajadoras desempleadas. Por lo tanto, \u00bfno cabe que sea m\u00e1s efectivo, para transformar el papel de \u00absolo ama de casa\u00bb, exigir empleos para las mujeres en condiciones de igualdad con los hombres y presionar para obtener servicios sociales \u2014como, por ejemplo, de atenci\u00f3n a la infancia\u2014 y beneficios laborales \u2014como permisos de maternidad, etc.\u2014 que permitan a m\u00e1s mujeres trabajar fuera de casa? El movimiento a favor del salario por el trabajo dom\u00e9stico desalienta a las mujeres a salir de casa en busca de empleo, sosteniendo que \u00abla esclavitud en la cadena de montaje no es la liberaci\u00f3n de la esclavitud en la pila de la cocina\u00bb[30]. No obstante, las portavoces de la campa\u00f1a insisten en que no promueven la continuaci\u00f3n del confinamiento de las mujeres dentro del entorno aislado de sus hogares. Proclaman que aunque se niegan a trabajar en el mercado capitalista <em>per se<\/em>, no desean asignar a las mujeres la responsabilidad definitiva de las tareas del hogar. En palabras de una representante estadounidense de este movimiento:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00ab[\u2026] no estamos interesadas en hacer m\u00e1s eficiente o m\u00e1s productivo nuestro trabajo para el capital. Nos interesa reducir nuestro trabajo y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, la negaci\u00f3n absoluta a realizarlo. Pero mientras sigamos trabajando en la casa a cambio de nada, nadie prestar\u00e1 en verdad atenci\u00f3n a cu\u00e1nto tiempo trabajamos y a lo duro que lo hacemos. Porque el capital solo introduce tecnolog\u00eda avanzada para reducir los costes de producci\u00f3n despu\u00e9s de que la clase obrera haya conseguido victorias salariales. Solo si contabilizamos nuestro coste de producir (es decir, si hacemos que no sea rentable) el capital \u00abdescubrir\u00e1\u00bb la tecnolog\u00eda para aminorar dicho coste. Hoy d\u00eda a menudo tenemos que salir a cumplir con otro turno de trabajo para poder permitimos el lavaplatos que reduce nuestro trabajo dom\u00e9stico.\u00bb[31]<\/p>\n<p>Una vez que las mujeres hayan alcanzado el derecho a percibir un salario por su trabajo, podr\u00e1n exigir salarios m\u00e1s elevados y, de este modo, obligar a los capitalistas a emprender la industrializaci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico. \u00bfSe trata de una estrategia concreta para la liberaci\u00f3n de las mujeres o de un sue\u00f1o irrealizable? \u00bfC\u00f3mo se supone que las mujeres van a conducir la lucha inicial por el salario? Dalla Costa recomienda la <em>huelga de las amas de casa<\/em>:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abDebemos rechazar la casa porque queremos unirnos a otras mujeres para luchar contra todas las situaciones que parten del supuesto de que las mujeres permanecer\u00e1n en la casa [\u2026]. Abandonar la casa es ya una forma de lucha porque los servicios sociales que desempe\u00f1amos dejar\u00edan de ser llevados a cabo en esas condiciones.\u00bb[32]<\/p>\n<p>Pero, si las mujeres han de dejar la casa, \u00bfad\u00f3nde van a ir? \u00bfC\u00f3mo se unir\u00e1n a otras mujeres? \u00bfEn verdad van a dejar sus hogares movidas por el \u00fanico deseo de protestar por su trabajo dom\u00e9stico? \u00bfNo es mucho m\u00e1s realista invitar a las mujeres a \u00abdejar la casa\u00bb para buscar un empleo o, al menos, para participar en una campa\u00f1a masiva a favor de empleos dignos para las mujeres? Por supuesto, bajo las condiciones del capitalismo el trabajo significa trabajo embrutecedor. Y, por supuesto, no es creativo y s\u00ed es alienante. Pero a pesar de todo ello, el hecho sigue siendo que en el trabajo las mujeres pueden unirse con sus hermanas \u2014y, de hecho, con sus hermanos\u2014 en aras de desafiar a los capitalistas en el centro de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como trabajadoras, y como militantes activistas en el movimiento obrero, las mujeres pueden generar la fuerza real para luchar contra el pilar y el beneficiario del sexismo, que no es otro que el sistema capitalista monopolista.<\/p>\n<p>Si la estrategia del salario para el trabajo dom\u00e9stico apenas sirve para proporcionar una soluci\u00f3n a largo plazo al problema de la opresi\u00f3n de las mujeres, tampoco aborda, en lo sustantivo, el profundo descontento que sienten las amas de casa. Recientes estudios sociol\u00f3gicos han revelado que las amas de casa actuales est\u00e1n m\u00e1s frustradas con sus vidas que en ninguna \u00e9poca anterior. Cuando Ann Oakley realiz\u00f3 una serie de entrevistas para su libro <em>The Sociology of Housework<\/em>[33], descubri\u00f3 que incluso las amas de casa que en un principio parec\u00edan no estar preocupadas por su trabajo dom\u00e9stico acababan expresando una honda insatisfacci\u00f3n. Los siguientes comentarios proven\u00edan de una mujer que ten\u00eda un empleo externo en una f\u00e1brica:<\/p>\n<p>\u00ab(\u00bfTe gusta el trabajo dom\u00e9stico?). Me da igual [\u2026]. Supongo que me es indiferente porque no le dedico todo el d\u00eda. Voy a trabajar y solo hago el trabajo dom\u00e9stico la mitad del tiempo. Si lo hiciera durante todo el d\u00eda no me gustar\u00eda; el trabajo de la mujer nunca se acaba, te pasas el d\u00eda trajinando e incluso antes de irte a la cama te queda algo que hacer como vaciar ceniceros o fregar unas copas. No paras de trabajar. Todos los d\u00edas lo mismo; no puedes decir cosas como que no lo vas a hacer; porque tienes que hacerlo. Como preparar la comida: se tiene que hacer porque si t\u00fa no lo haces los ni\u00f1os no comen [\u2026]. Supongo que te acostumbras, simplemente lo haces de manera autom\u00e1tica [\u2026]. Soy m\u00e1s feliz en el trabajo que en casa.<\/p>\n<p>(\u00bfCu\u00e1les dir\u00edas que son las peores cosas que tiene ser ama de casa?). Supongo que tienes d\u00edas con la sensaci\u00f3n de que te levantas y de que tienes que hacer las mismas cosas de siempre y de que te aburres, que est\u00e1s estancada en la misma rutina. Creo si le preguntas a cualquier ama de casa, si es honesta, te dir\u00e1 que la mitad del tiempo se siente como una esclava; todo el mundo piensa cuando se levanta por la ma\u00f1ana: \u00abOh no, hoy tengo que hacer las mismas cosas de siempre, hasta que me acueste por la noche\u00bb. Es siempre hacer lo mismo, es un aburrimiento.\u00bb[34]<\/p>\n<p>\u00bfLos salarios disminuir\u00e1n el aburrimiento? Por supuesto, esta mujer dir\u00eda que no. Un ama de casa que no trabajaba fuera de su domicilio habl\u00f3 a Oakley del car\u00e1cter obligatorio del trabajo dom\u00e9stico:<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abSupongo que lo peor es que tienes que hacer el trabajo porque est\u00e1s en casa. Aunque tengo la opci\u00f3n de no hacerlo, no siento que en verdad pudiera no hacerlo porque tendr\u00eda que hacerlo.\u00bb[35]<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s probable es que recibir un salario por hacer este trabajo agravar\u00eda la obsesi\u00f3n de esta mujer.<\/p>\n<p>Oakley lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el trabajo dom\u00e9stico, en particular cuando ocupa toda la jornada, invade tanto la personalidad femenina que el ama de casa se torna indistinguible de su trabajo.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u00abEl ama de casa es, en gran medida, el trabajo que realiza: por ello la separaci\u00f3n entre los elementos subjetivos y objetivos en la situaci\u00f3n que se crea es, en esencia, m\u00e1s dif\u00edcil de establecer.\u00bb[36]<\/p>\n<p>A menudo, el efecto psicol\u00f3gico es una personalidad tr\u00e1gicamente inmadura y abrumada por sentimientos de inferioridad. Es muy dif\u00edcil que la liberaci\u00f3n psicol\u00f3gica se pueda alcanzar pagando un salario al ama de casa.<\/p>\n<p>Otros estudios sociol\u00f3gicos han confirmado la honda desilusi\u00f3n que sufren las amas de casa contempor\u00e1neas. En las entrevistas realizadas por Myra Feree[37] a m\u00e1s de cien mujeres en una comunidad obrera cercana a Boston, \u00abcasi el doble de las amas de casa, con respecto a las esposas empleadas, manifestaron estar descontentas con sus vidas\u00bb. Como es l\u00f3gico, la mayor\u00eda de las mujeres trabajadoras no ten\u00edan trabajos <em>per se<\/em> gratificantes: eran camareras, empleadas fabriles, mecan\u00f3grafas, dependientas en supermercados y en grandes almacenes, etc. Sin embargo, su facultad para dejar el aislamiento de sus hogares \u00absaliendo fuera y viendo a otra gente\u00bb era tan importante para ellas como sus salarios. \u00bfLas amas de casa que sent\u00edan que se estaban \u00abvolviendo locas qued\u00e1ndose en casa\u00bb acoger\u00edan con agrado la idea de recibir un salario por volverse locas? Una mujer se lamentaba de que \u00abquedarse en casa todo el d\u00eda es como estar en la c\u00e1rcel\u00bb, \u00bflos salarios derribar\u00edan los muros de las prisiones? El \u00fanico camino realista para escapar de esta c\u00e1rcel es la b\u00fasqueda de un trabajo fuera del hogar.<\/p>\n<p>Cada una de las m\u00e1s del 50 por 100 de las mujeres estadounidenses que en la actualidad trabajan es un poderoso argumento para aliviar la carga del trabajo dom\u00e9stico. De hecho, los empresarios capitalistas ya han comenzado a explotar la nueva necesidad hist\u00f3rica de las mujeres de emanciparse de su papel de amas de casa. Innumerables y boyantes cadenas de comida r\u00e1pida como McDonald y Kentucky Fried Chicken confirman el hecho de que si hay m\u00e1s mujeres en el trabajo ello significa que hay menos comidas preparadas en casa. Aparte de la mala calidad de la comida, de que su nivel nutritivo deje mucho que desear y de que exploten a sus trabajadores, el despliegue de estas cadenas de comida r\u00e1pida llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que el ama de casa est\u00e1 tocando a su fin. Como es natural, se necesitan nuevas instituciones sociales que asuman buena parte de sus antiguas tareas. Este es el desaf\u00edo que se deriva de las copiosas filas de mujeres en la clase obrera. La demanda de una atenci\u00f3n a la infancia universal y financiada p\u00fablicamente es una consecuencia directa del creciente n\u00famero de madres trabajadoras. Y a medida que m\u00e1s mujeres se organicen en torno a la reivindicaci\u00f3n de que se creen m\u00e1s empleos \u2014de empleos en condiciones de plena igualdad con los hombres\u2014, de manera progresiva se ir\u00e1n planteando m\u00e1s cuestiones importantes sobre la futura viabilidad de las labores de ama de casa de las mujeres. Es muy probable que \u00abla esclavitud en la cadena de montaje\u00bb no sea en s\u00ed misma la \u00abliberaci\u00f3n de la pila de la cocina\u00bb, pero no cabe duda de que la cadena de montaje es el mayor incentivo para que las mujeres hagan presi\u00f3n para acabar con su vieja esclavitud dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>La abolici\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico como responsabilidad exclusiva e individual femenina es un objetivo estrat\u00e9gico de la liberaci\u00f3n de las mujeres. Pero la socializaci\u00f3n de este trabajo \u2014incluida la preparaci\u00f3n de las comidas y el cuidado de los ni\u00f1os\u2014 presupone el final del reinado de la b\u00fasqueda del beneficio en la econom\u00eda.<\/p>\n<p>De hecho, el \u00fanico paso significativo para terminar con la esclavitud dom\u00e9stica se ha dado en los pa\u00edses socialistas.<\/p>\n<p>Por lo tanto, las mujeres trabajadoras tienen un inter\u00e9s especial, y vital, en la lucha por el socialismo.<\/p>\n<p>Bajo el capitalismo, las campa\u00f1as a favor de que se creen m\u00e1s empleos en igualdad de condiciones con los hombres, acompa\u00f1adas de movimientos a favor de instituciones que proporcionen una atenci\u00f3n a la infancia p\u00fablica y subvencionada, contienen un potencial revolucionario explosivo. Esta estrategia cuestiona la validez del capitalismo monopolista y, en \u00faltima instancia, debe indicar el camino al socialismo.<\/p>\n<h3 id=\"ff8d\">Notas:<\/h3>\n<p>[1] A. Oakley, <em>Woman\u2019s Work The Housewife Past and Present<\/em>, Nueva York, cit., p. 6.<\/p>\n<p>[2] Barbara Ehrenreich y Deirdre English, \u00abThe Manufacture of Housework\u00bb, <em>Socialist Revolution <\/em>26, vol. 5, n\u00fam. 4 (octubre-diciembre de 1975), p. 6.<\/p>\n<p>[3] Friedrich Engels, <em>Origen of the Family, Private Property and the State<\/em>, ed. e intro. de Eleanor Burke Leacock, Nueva York, International Publishers, 1973. V\u00e9ase cap\u00edtulo II. La introducci\u00f3n de Leacock a esta edici\u00f3n contiene numerosas observaciones esclarecedoras sobre la teor\u00eda de Engels acerca de la emergencia hist\u00f3rica de la dominaci\u00f3n masculina [ed. cast.: <em>El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado<\/em>, Madrid, Fundamentos, 1982].<\/p>\n<p>[4] B. Wertheimer, <em>We Were There: The Story of Working Women in America<\/em>, cit., p. 12.<\/p>\n<p>[5] B. Ehrenreich y D. English, \u00abMicrobes and the Manufacture of Housework\u00bb, cit., p. 9.<\/p>\n<p>[6] B. Wertheimer, <em>We Were There: The Story of Working Women in America<\/em>, cit., p. 12.<\/p>\n<p>[7] Citado en R. Baxandall <em>et al<\/em>. (eds.), <em>America\u2019s Working Women: A Documentary History \u2014 1600 to the Present<\/em>, cit., p. 17.<\/p>\n<p>[8] B. Wertheimer, <em>We Were There: The Story of Working Women in America<\/em>, cit., p. 13.<\/p>\n<p>[9] B. Ehrenreich y D. English, \u00abThe Manufacture of Housework\u00bb, cit, p. 10.<\/p>\n<p>[10] Charlotte Perkins Gilman, <em>The Home: Its Work and Its Influence <\/em>[1903], Urbana, Chicago y Londres, University of Illinois Press, 1972, pp. 30\u201331.<\/p>\n<p>[11] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 10.<\/p>\n<p>[12] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 217.<\/p>\n<p>[13] W. E. B. DuBois, <em>Darkwater<\/em>, cit., p. 185.<\/p>\n<p>[14] Discurso pronunciado por Polga Fortunata. Citado en Wendy Edmon y Suzie Fleming (eds.), <em>All Work and No Pay. Women, Housework and the Wages Due!<\/em>, Bristol, Falling Wall Press, 1975, p. 18.<\/p>\n<p>[15] Mariarosa dalla COsta y Selma James, <em>The Power of Women and the Subversion of the Community<\/em>, Bristol, Falling Wall Press, 1973 [ed. cast.: <em>El poder de la mujer y la subversi\u00f3n de la comunidad<\/em>, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1975].<\/p>\n<p>[16] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 28.<\/p>\n<p>[17] Mary Inman, <em>In Woman\u2019s Defense<\/em>, Los Angeles, Comittee to Organize the Advancement of Women, 1940. V\u00e9ase, tambi\u00e9n, de la misma autora, <em>The Two Forms of Production Under Capitalism<\/em>, Long Beach, California, publicado por la autora, 1964.<\/p>\n<p>[18] Margaret Benston, \u00abThe Political Economy of Women\u2019s Liberation\u00bb, <em>Monthly Review <\/em>XXI, 4 (septiembre de 1969).<\/p>\n<p>[19] \u00abOn the Economic Status of the Housewife\u00bb, comentario editorial en <em>Political Affairs <\/em>LIII, 3 (marzo de 1974), p. 4.<\/p>\n<p>[20] Hilda Bernstein, <em>For TheirTriumphs and For Their Tears: Women in Apartheid South Africa<\/em>, Londres, International Defence and Aid Fund, 1975, p. 13.<\/p>\n<p>[21] Elizabeth Landis, \u00abApartheid and the Disabilities of Black Women in South \u00c1frica\u00bb, <em>Objective: Justice <\/em>VII, 1 (enero-mayo de 1975), p. 6. Algunos fragmentos de este documento fueron publicados en <em>Freedomways <\/em>XV, 4 (1975).<\/p>\n<p>[22] H. Bernstein, <em>For Their Triumphs and For Their Tears: Women in Apartheid South Africa<\/em>, cit., p. 33.<\/p>\n<p>[23] E. Landis, \u00abApartheid and the Disabilities of Black Women in South Africa\u00bb, cit., p. 6.<\/p>\n<p>[24] Vladimir llich Lenin, \u00abA Great Beginning\u00bb, panfleto publicado en julio de 1919. Citado en <em>Collected Works<\/em>, vol. 29, Mosc\u00fa, Progress Publishers, 1966, p. 429.<\/p>\n<p>[25] Estrenada en Estados Unidos bajo el t\u00edtulo de <em>Black Girl<\/em>.<\/p>\n<p>[26] J. J. Jackson, \u00abBlack Women in a Racist Society\u00bb, cit., pp. 236\u2013237.<\/p>\n<p>[27] Victor Perlo, <em>Economics of Racism U.S.A., Roots of Black Inequality<\/em>, Nueva York, International Publishers, 1975, p. 24.<\/p>\n<p>[28] R. Staples, <em>The Black Women in America<\/em>, cit., p. 27.<\/p>\n<p>[29] <em>Daily World<\/em>, 26 de julio de 1977, p. 29.<\/p>\n<p>[30] M. Dalla Costa y S. James, <em>El poder de la mujer y la subversi\u00f3n de la comunidad<\/em>, cit., p. 42.<\/p>\n<p>[31] Pat Sweeney, \u00abWages for Housework: The Strategy for Women\u2019s Liberation\u00bb, <em>Heresies <\/em>(enero de 1977), p. 104.<\/p>\n<p>[32] M. Dalla Costa y S. James, <em>El poder de la mujer y la subversi\u00f3n de la comunidad<\/em>, cit., p. 51.<\/p>\n<p>[33] Ann Oakley, <em>The Sociology of Housework<\/em>, Nueva York, Pantheon Books, 1974.<\/p>\n<p>[34] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 65.<\/p>\n<p>[35] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 44.<\/p>\n<p>[36] <em>Ib\u00edd<\/em>., p. 53.<\/p>\n<p>[37] Myra Feree, <em>Psychology Today <\/em>X, 4 (septiembre de 1976), p. 76.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagessl6.casadellibro.com\/a\/l\/t5\/36\/9788446020936.jpg\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/medium.com\/la-tiza\/el-trabajo-dom%C3%A9stico-toca-a-su-fin-una-perspectiva-de-clase-27a19910dad1\">https:\/\/medium.com\/la-tiza\/el-trabajo-dom%C3%A9stico-toca-a-su-fin-una-perspectiva-de-clase-27a19910dad1<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Angela Davis Tomado de: Davis, Angela (2004): Mujeres, raza y clase, Ediciones Akal, S.A., Madrid *** La infinidad de tareas que reunidas se conocen como \u00abtrabajo dom\u00e9stico\u00bb \u2014cocinar, lavar los platos, hacer la colada, hacer las camas, barrer, hacer la compra, etc.\u2014 se estima que consumen cerca de entre tres y cuatro mil horas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2833,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-2832","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-blog"],"jetpack_publicize_connections":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.4 - 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