{"id":2884,"date":"2020-10-25T18:37:58","date_gmt":"2020-10-25T18:37:58","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=2884"},"modified":"2020-10-25T18:37:58","modified_gmt":"2020-10-25T18:37:58","slug":"fue-mi-maestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=2884","title":{"rendered":"Fue mi maestro"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Gilles Deleuze<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Tristeza de las generaciones sin \u201cmaestros\u201d. Nuestros maestros no son s\u00f3lo los profesores p\u00fablicos, si bien tenemos gran necesidad de profesores. Cuando llegamos a la edad adulta, nuestros maestros son los que nos golpean con una novedad radical, los que saben inventar una t\u00e9cnica art\u00edstica o literaria y encontrar las maneras de pensar que se corresponden con nuestra modernidad, es decir con nuestras dificultades tanto como con nuestros difusos entusiasmos. Sabemos que en el arte, y aun en la verdad, hay un solo valor: la \u201cprimera mano\u201d, la aut\u00e9ntica novedad de lo que decimos, la \u201cmusiquita\u201d con la que lo decimos. Sartre fue eso para nosotros (para la generaci\u00f3n que ten\u00eda veinte a\u00f1os en el momento de la Liberaci\u00f3n). Por entonces, \u00bfqui\u00e9n si no Sartre supo decir algo nuevo? \u00bfQui\u00e9n nos ense\u00f1\u00f3 nuevas maneras de pensar? Por brillante y profunda que fuera, la obra de Merleau-Ponty era profesoral y depend\u00eda en muchos aspectos de la de Sartre (a Sartre le gustaba asimilar la existencia del hombre al no-ser de un \u201cagujero\u201d en el mundo: peque\u00f1as lagunas de la nada, dec\u00eda. Pero Merleau-Ponty las consideraba pliegues, simples pliegues y plegamientos. De ese modo se distingu\u00edan un existencialismo duro y penetrante y un existencialismo m\u00e1s tierno, m\u00e1s reservado). Camus, \u00a1ay!, era la virtud inflada o el absurdo de segunda mano; Camus reivindicaba a los pensadores malditos, pero toda su filosof\u00eda nos remit\u00eda a Lalande y a Meyerson, autores que los bachilleres conocen muy bien. Los nuevos temas, un cierto estilo nuevo, una manera nueva, pol\u00e9mica y agresiva, de plantear los problemas, todo eso vino de Sartre. En medio del desorden y las esperanzas de la Liberaci\u00f3n, lo descubr\u00edamos, lo redescubr\u00edamos todo: Kafka, la novela norteamericana, Husserl y Heidegger, los interminables ajustes de cuentas con el marxismo, el impulso hacia una nueva novela\u2026 Si todo pas\u00f3 por Sartre, no fue s\u00f3lo porque como fil\u00f3sofo ten\u00eda un sentido genial de la totalizaci\u00f3n sino porque sab\u00eda inventar lo nuevo. Las primeras representaciones de Las moscas, la aparici\u00f3n de El ser y la nada, la conferencia El existencialismo es un humanismo fueron acontecimientos: en ellos aprend\u00edamos, despu\u00e9s de una larga noche, la identidad entre el pensamiento y la libertad.<\/p>\n<p>Los \u201cpensadores privados\u201d se oponen de alg\u00fan modo a los \u201cprofesores p\u00fablicos\u201d. Hasta la Sorbona necesita una anti-Sorbona, y los estudiantes s\u00f3lo escuchan bien a sus profesores cuando tienen tambi\u00e9n otros maestros. En su momento, Nietzsche dej\u00f3 de ser profesor para convertirse en un pensador privado. Tambi\u00e9n lo hizo Sartre, en otro contexto, con otra salida. Los pensadores privados tienen dos caracter\u00edsticas; una especie de soledad que les pertenece siempre, cualesquiera sean las circunstancias; pero tambi\u00e9n una cierta agitaci\u00f3n, un cierto desorden del mundo en el que surgen y en el que hablan. Y tambi\u00e9n s\u00f3lo hablan en su propio nombre, sin \u201crepresentar\u201d nada; y lo que le reclaman al mundo son presencias brutas, potencias desnudas que tampoco son \u201crepresentables\u201d. Ya en \u00bfQu\u00e9 es la literatura?, Sartre dibujaba el ideal del escritor: \u201cEl escritor retomar\u00e1 el mundo tal cual es, totalmente en crudo, sudoroso, maloliente, cotidiano, para presentarlo a los libertados sobre el cimiento de una libertad. No basta con concederle al escritor la libertad de decirlo todo. Es preciso que escriba para un p\u00fablico que tenga la libertad de cambiarlo todo, lo que significa, adem\u00e1s de la supresi\u00f3n de las clases, la abolici\u00f3n de toda dictadura, la renovaci\u00f3n perpetua de los cuadros, la continua perturbaci\u00f3n del orden tan pronto como tienda a fijarse. En una palabra, la literatura es, por esencia, la subjetividad de una sociedad en revoluci\u00f3n permanente\u201d. Desde el principio, Sartre concibi\u00f3 el escritor bajo la forma de un hombre como todos, que se dirige a los dem\u00e1s desde un solo punto de vista: su libertad. Toda su filosof\u00eda se insertaba en un movimiento especulativo que impugnaba la noci\u00f3n de representaci\u00f3n, el orden mismo de la representaci\u00f3n: la filosof\u00eda cambiaba de lugar, abandonaba la esfera del juicio, para instalarse en el mundo m\u00e1s colorido de lo \u201cprejudicativo\u201d, de lo \u201csub-representativo\u201d. Sartre acababa de rechazar el Premio Nobel. Continuaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la misma actitud, horror ante la idea de representar pr\u00e1cticamente algo, aunque sean valores espirituales o, como \u00e9l dice, de institucionalizarse.<\/p>\n<p>El pensador privado necesita un mundo que incluya un m\u00ednimo de desorden, aunque m\u00e1s no sea una esperanza revolucionaria, un grano de revoluci\u00f3n permanente. En Sartre hay, en efecto, cierta fijaci\u00f3n con la Liberaci\u00f3n, con las esperanzas decepcionadas de esa \u00e9poca. Hizo falta la guerra de Argelia para reencontrar algo de la lucha pol\u00edtica o de la agitaci\u00f3n liberadora, y aun as\u00ed en condiciones tanto m\u00e1s complejas cuanto que nosotros ya no \u00e9ramos los oprimidos sino aquellos que deb\u00edan alzarse contra s\u00ed mismos. \u00a1Ah, juventud! Ya no quedan m\u00e1s que Cuba y los maquis venezolanos. Pero, m\u00e1s grande a\u00fan que la soledad del pensador privado, est\u00e1 tambi\u00e9n la soledad de los que buscan un maestro, los que querr\u00edan un maestro y s\u00f3lo podr\u00edan encontrarlo en un mundo agitado.<\/p>\n<p>El orden moral, el orden \u201crepresentativo\u201d se ha cerrado sobre nosotros. Hasta el miedo at\u00f3mico adopt\u00f3 los aires de un miedo burgu\u00e9s. A los j\u00f3venes, ahora, se les ofrece a Teilhard de Chardin como maestro de pensamiento. Tenemos lo que nos merecemos. Despu\u00e9s de Sartre, no s\u00f3lo Simone Weil sino la Simone Weil del simio. Y sin embargo no es que en la literatura actual no haya cosas profundamente nuevas. Citemos al voleo: el nouveau roman, los libros de Gombrowicz, los relatos de Klossowski, la sociolog\u00eda de L\u00e9vi-Strauss, el teatro de Genet y de Gatti, la filosof\u00eda de la \u201csinraz\u00f3n\u201d que elabora Foucault\u2026 Pero lo que hoy falta es lo que Sartre supo reunir y encarnar para la generaci\u00f3n anterior: las condiciones de una totalizaci\u00f3n: aquella en la que la pol\u00edtica, lo imaginario, la sexualidad, el inconsciente y la voluntad se re\u00fanen en los derechos de la totalidad humana. Hoy nos limitamos a subsistir, con los miembros dispersos.<\/p>\n<p>Sartre dec\u00eda de Kafka: \u201cSu obra es una reacci\u00f3n libre y unitaria contra el mundo judeocristiano de Europa central; sus novelas son la superaci\u00f3n sint\u00e9tica de su situaci\u00f3n de hombre, de jud\u00edo, de checo, de novio recalcitrante, de tuberculoso, etc\u00e9tera\u201d. Pero es el caso de Sartre mismo: su obra es una reacci\u00f3n contra el mundo burgu\u00e9s tal como lo pone en cuesti\u00f3n el comunismo. Expresa la superaci\u00f3n de su propia situaci\u00f3n de intelectual burgu\u00e9s, de ex alumno de la Escuela Normal, de novio libre, de hombre feo (puesto que Sartre a menudo se present\u00f3 de ese modo), etc.: todas cosas que se reflejan y resuenan en el movimiento de sus libros.<br \/>\nHablamos de Sartre como si perteneciera a una \u00e9poca caduca. \u00a1Ay! Somos nosotros, m\u00e1s bien, los que hemos caducado en el orden moral y conformista de la actualidad. Sartre, al menos, nos permite la esperanza vaga de los momentos futuros, de las reanudaciones donde el pensamiento puede reformarse y rehacer sus totalidades como potencia a la vez colectiva y privada. Por eso Sartre sigue siendo nuestro maestro.<br \/>\nEl \u00faltimo libro de Sartre, Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica, es uno de los libros m\u00e1s bellos y m\u00e1s importantes que se hayan publicado en estos \u00faltimos a\u00f1os. Le da a El ser y la nada su complemento necesario, en el sentido en que las exigencias colectivas vienen a consumar la subjetividad de la persona. Y si volvemos a pensar en El ser y la nada, es para recuperar el asombro que supimos sentir ante esa renovaci\u00f3n de la filosof\u00eda. Hoy sabemos a\u00fan mejor que las relaciones de Sartre con Heidegger, su dependencia de Heidegger, eran falsos problemas que descansaban en malentendidos. Lo que nos impactaba de El ser y la nada era \u00fanicamente sartreano y serv\u00eda para medir el aporte de Sartre: la teor\u00eda de la mala fe, donde la conciencia, en el interior de s\u00ed misma, jugaba con su doble poder de no ser lo que es y de ser lo que no es; la teor\u00eda del Otro, donde la mirada del otro bastaba para hacer vacilar el mundo y para \u201crob\u00e1rmelo\u201d; la teor\u00eda de la libertad, donde \u00e9sta se limitaba a s\u00ed mismaconstituy\u00e9ndose en situaciones; el psicoan\u00e1lisis existencial, donde recuper\u00e1bamos las elecciones b\u00e1sicas de un individuo en el seno de su vida concreta. Y, cada vez, la esencia y el ejemplo entraban en relaciones complejas que le daban un nuevo estilo a la filosof\u00eda. El mozo del bar, la chica enamorada, el hombre feo, y sobre todo mi amigo Pedro-que-nunca-estaba, formaban verdaderas novelas en la obra filos\u00f3fica y hac\u00edan palpitar las esencias al ritmo de sus ejemplos existenciales. Por todas partes brillaba una sintaxis violenta, hecha de rupturas y estiramientos, que nos recordaba las dos obsesiones sartreanas: las lagunas de no-ser, las viscosidades de la materia.<\/p>\n<p>El rechazo del Premio Nobel fue una buena noticia. Al fin alguien que no trata de explicar la clase de paradoja deliciosa que es para un escritor, para un pensador privado, aceptar honores y representaciones p\u00fablicas. Ya hay muchos astutos que tratan de sorprender a Sartre contradici\u00e9ndose: le atribuyen sentimientos de despecho porque el premio lleg\u00f3 demasiado tarde; le objetan que algo, de todos modos, siempre representa; le recuerdan que sus logros, de todos modos, fueron y siguen siendo logros burgueses; se sugiere que su rechazo no es razonable ni adulto; se le propone el ejemplo de aquellos que lo aceptaron rechaz\u00e1ndolo, sin perjuicio de destinar el dinero a buenas obras. No les conviene provocarlo demasiado; Sartre es un polemista temible. No hay genio que no se parodie a s\u00ed mismo. Pero, \u00bfcu\u00e1l es la mejor parodia? \u00bfConvertirse en un viejo adaptado, una coqueta autoridad espiritual? \u00bfO bien querer ser el retrasado de la Liberaci\u00f3n? \u00bfVerse como un acad\u00e9mico o bien so\u00f1arse como resistente venezolano? \u00bfQui\u00e9n no ve la diferencia de calidad, la diferencia de genio, la diferencia vital entre esas dos opciones o esas dos parodias? \u00bfA qu\u00e9 es fiel Sartre? Siempre al amigo Pedro-que-nunca-est\u00e1. \u00c9se es el destino de este autor: hacer correr aire puro cuando habla, aun si ese aire puro, el aire de las ausencias, es dif\u00edcil de respirar. 5<\/p>\n<p>Publicado originalmente en la revista Arts<br \/>\nel 28 de noviembre de 1964. Trad. Alan Pauls.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gilles Deleuze Tristeza de las generaciones sin \u201cmaestros\u201d. 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