{"id":3006,"date":"2021-01-07T00:11:49","date_gmt":"2021-01-07T00:11:49","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=3006"},"modified":"2021-01-07T00:11:49","modified_gmt":"2021-01-07T00:11:49","slug":"la-literatura-y-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=3006","title":{"rendered":"La literatura y la vida"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Gilles Deleuze<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sue\u00f1os y las fantas\u00edas propios. Sucede lo mismo cuando se peca por exceso de realidad, o de imaginaci\u00f3n: en ambos casos, el eterno pap\u00e1 y mam\u00e1, estructura ed\u00edpica, se proyecta en lo real o se introyecta en lo imaginario. Es el padre lo que se va a buscar al final del viaje, como dentro del sue\u00f1o, en una concepci\u00f3n infantil de la literatura. Se escribe para el propio padre\u2013madre. Marthe Robert ha llevado hasta sus \u00faltimas consecuencias esta infantilizaci\u00f3n, esta psicoanalizaci\u00f3n de la literatura, al no dejar al novelista m\u00e1s alternativa que la de Bastardo o de Criatura abandonada. Ni el propio devenir\u2013animal est\u00e1 a salvo de una reducci\u00f3n ed\u00edpica, del tipo \u00abmi gato, mi perro\u00bb. Como dice Lawrence, \u00absi soy una jirafa, y los ingleses corrientes que escriben sobre m\u00ed son perritos cari\u00f1osos y bien ense\u00f1ados, a eso se reduce todo, los animales son diferentes\u2026 ustedes detestan instintivamente al animal que yo soy\u00bb. Por regla general, las fantas\u00edas de la imaginaci\u00f3n suelen tratar lo indefinido \u00fanicamente como el disfraz de un pronombre personal o de un posesivo: \u00abest\u00e1n pegando a un ni\u00f1o\u00bb se transforma enseguida en \u00abmi padre me ha pagado\u00bb. Pero la literatura sigue el camino inverso, y se plantea \u00fanicamente descubriendo bajo las personas aparentes la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresi\u00f3n m\u00e1s elevada: un hombre, una mujer, un animal, un vientre, un ni\u00f1o\u2026 Las dos primeras personas no sirven de condici\u00f3n para la enunciaci\u00f3n literaria; la literatura s\u00f3lo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo \u00abneutro\u00bb de Blanchot). Indudablemente, los personajes literarios est\u00e1n perfectamente individualizados, y no son imprecisos ni generales; pero\u00a0todos sus rasgos individuales los elevan a una visi\u00f3n que los arrastran a un indefinido en tanto que devenir demasiado poderoso para ellos: Achab y la visi\u00f3n de Moby Dick. El Avaro no es en modo alguno un tipo, sino que, a la inversa, sus rasgos individuales (amar a una joven, etc.) le hacen acceder a una visi\u00f3n, ve el oro, de tal forma que empieza a huir por una l\u00ednea m\u00e1gica donde va adquiriendo la potencia de lo indefinido: un avaro\u2026, algo de oro, m\u00e1s oro\u2026 No hay literatura sin tabulaci\u00f3n, pero, como acert\u00f3 a descubrir Bergson, la\u00a0 tabulaci\u00f3n, la\u00a0 funci\u00f3n fabuladora, no consiste en imaginar ni en proyectar un m\u00ed mismo. M\u00e1s bien alcanza esas visiones, se eleva hasta estos devenires o potencias.<\/p>\n<p>No se escribe con las propias neurosis. La neurosis, la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso est\u00e1 interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detenci\u00f3n del proceso, como en el \u00abcaso de Nietzsche\u00bb.<\/p>\n<p>Igualmente, el escritor como tal no est\u00e1 enfermo, sino que m\u00e1s bien es m\u00e9dico, m\u00e9dico de s\u00ed mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de s\u00edntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no\u00a0forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (se producir\u00eda en este caso la misma ambig\u00fcedad que con el atletismo), pero goza de una irresistible salud peque\u00f1ita producto de lo que ha visto y o\u00eddo de las cosas demasiado grandes para \u00e9l, demasiado fuertes para \u00e9l, irrespirables, cuya sucesi\u00f3n le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante har\u00eda imposibles. De lo que ha visto y o\u00eddo, el escritor regresa con los ojos llorosos y los t\u00edmpanos perforados. \u00bfQu\u00e9 salud bastar\u00eda para liberar la vida all\u00e1 donde est\u00e9 encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los g\u00e9neros? Pues la salud peque\u00f1ita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una nueva visi\u00f3n a la cual se va abriendo al pasar. La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta. Es propio de la funci\u00f3n fabuladora inventar un pueblo. No escribimos con los recuerdos propios, salvo que pretendamos convertirlos en el origen o el destino colectivos de un pueblo venidero todav\u00eda sepultado bajo sus traiciones y renuncias. La literatura norteamericana tiene ese poder excepcional de producir escritores que pueden contar sus propios recuerdos, pero como los de un pueblo universal compuesto por los emigrantes de todos los pa\u00edses. Thomas Wolfe \u00abplasma por escrito toda Am\u00e9rica en tanto en cuanto \u00e9sta pueda caber en la experiencia de un \u00fanico hombre\u00bb. Precisamente, no es un pueblo llamado a dominar el mundo, sino un pueblo menor, eternamente menor, presa de un devenir\u2013revolucionario. Tal vez s\u00f3lo exista en los \u00e1tomos del escritor, pueblo bastardo, inferior, dominado, en perpetuo devenir, siempre inacabado. Un pueblo en el que bastardo ya no designa un estado familiar, sino el proceso o la deriva de las razas. Soy un animal, un negro de raza inferior desde siempre. Es el devenir del escritor. Kafka para Centroeuropa, Melville para Am\u00e9rica del Norte presentan la literatura como la enunciaci\u00f3n colectiva de un pueblo menor, o de todos los pueblos menores, que s\u00f3lo encuentran su expresi\u00f3n en y a trav\u00e9s del escritor.9 Pese a que siempre remite a agentes singulares, la literatura es disposici\u00f3n colectiva de enunciaci\u00f3n. La literatura es delirio, pero el delirio no es asunto del padre\u2013madre: no hay delirio que no pase por los pueblos, las razas y las tribus, y que no asedie a la historia universal. Todo delirio es hist\u00f3rico\u2013mundial, \u00abdesplazamiento de razas y de continentes\u00bb. La literatura es delirio, y en este sentido vive su destino entre dos polos del delirio. El delirio es una enfermedad, la enfermedad por antonomasia, cada vez que erige una raza supuestamente pura y dominante. Pero es el modelo de salud cuando invoca esa raza bastarda oprimida que se agita sin cesar bajo las dominaciones, que resiste a todo lo que la aplasta o la aprisiona, y se perfila en la literatura como proceso. Una vez m\u00e1s as\u00ed, un estado enfermizo corre el peligro de interrumpir el proceso o devenir; y nos encontramos con la misma ambig\u00fcedad que en el caso de la salud y el atletismo, el peligro constante de que un delirio de dominaci\u00f3n se mezcle con el delirio bastardo, y acabe arrastrando a la literatura hacia un fascismo larvado, la enfermedad contra la que est\u00e1 luchando, aun a costa de diagnosticarla dentro de s\u00ed misma y de luchar contra s\u00ed misma. Objetivo \u00faltimo de la literatura: poner de manifiesto en el delirio esta creaci\u00f3n de una salud, o esta invenci\u00f3n de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Escribir por ese pueblo que falta.<\/p>\n<p>Critica y cl\u00ednica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gilles Deleuze Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sue\u00f1os y las fantas\u00edas propios. 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