{"id":3396,"date":"2021-12-26T17:23:08","date_gmt":"2021-12-26T17:23:08","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=3396"},"modified":"2021-12-26T17:23:08","modified_gmt":"2021-12-26T17:23:08","slug":"la-filosofia-de-lukacs-ante-la-cosificacion-de-las-posibilidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=3396","title":{"rendered":"La filosof\u00eda de Luk\u00e1cs ante la cosificaci\u00f3n de las posibilidades"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Ignacio Marcote<\/strong><\/p>\n<section id=\"articulo3648\" class=\"articulo mb-3\">\n<div class=\"container\">\n<div class=\"texto match\">\n<p><strong>1.\u00a0 Introducci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>La obra <em>Historia y conciencia de clase<\/em>, de Georg Luk\u00e1cs, constituye un gran ajuste de cuentas con el <em>reformismo<\/em>, al cual cuestiona principalmente dos cosas: desde el punto de vista pol\u00edtico, haber abandonado el car\u00e1cter revolucionario del marxismo, y, desde el punto de vista filos\u00f3fico, haber abandonado la dial\u00e9ctica en aras de un pensamiento incapaz de trascender la realidad inmediata (aun cuando sea capaz de conocerla en detalle y de operar dentro de ella).<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs hablaba, todav\u00eda, en nombre del <em>marxismo ortodoxo<\/em> por existir, en los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1920, una extendida confianza en el proceso revolucionario sovi\u00e9tico. Su cr\u00edtica no estuvo, pues, orientada hacia las deformaciones del marxismo presentes en dicho proceso, las cuales no har\u00edan sino agravarse con el ascenso de Stalin al poder. Habr\u00eda que esperar casi veinte a\u00f1os para que el fil\u00f3sofo h\u00fangaro se pronunciara abiertamente contra ellas. Sostendremos, sin embargo, que en <em>Historia y conciencia de clase<\/em> pueden hallarse las claves que anticipan la postura de Luk\u00e1cs frente al estalinismo, con tal de entender que dicha postura no adopt\u00f3 el camino m\u00e1s directo. En efecto, el \u201ccamino m\u00e1s directo\u201d hubiera sido hacer extensiva al marxismo ortodoxo la cr\u00edtica esgrimida contra la socialdemocracia. Ser\u00e1 Karl Korsch quien, despu\u00e9s de publicar en 1923 <em>Marxismo y Filosof\u00eda<\/em>, donde criticara al revisionismo en t\u00e9rminos an\u00e1logos a los de Luk\u00e1cs, y habiendo merecido por parte de los miembros del partido comunista id\u00e9ntico repudio que aqu\u00e9l, acabe por reservar la categor\u00eda de \u201cmarxismo ortodoxo\u201d al marxismo mecanicista, pretendidamente cient\u00edfico, que lleg\u00f3 a ser oficial en la URSS y que, en l\u00edneas generales, no difiri\u00f3 del que hab\u00eda primado en la Segunda Internacional. En efecto, en un complemento a dicho texto titulado \u201cEl estado de cuesti\u00f3n (<em>Anticr\u00edtica<\/em>)\u201d, del a\u00f1o 1930, despu\u00e9s de se\u00f1alar que los argumentos esgrimidos contra su obra por socialdem\u00f3cratas como Wels, presidente del Partido Socialdem\u00f3crata Alem\u00e1n (quien vio en ella una herej\u00eda \u201ccomunista\u201d), y por comunistas como Zin\u00f3viev, presidente de la Internacional Comunista (quien vio en ella una herej\u00eda \u201crevisionista\u201d), fueron, sin embargo, los mismos; Korsh declaraba:<\/p>\n<p>Creo formar objetivamente un solo frente con Luk\u00e1cs en lo principal, es decir, en la actitud cr\u00edtica frente a la antigua y la nueva ortodoxias marxistas \u2013la socialdem\u00f3crata y la comunista (Korsch, 1971: 69).<\/p>\n<p>El riesgo que Luk\u00e1cs advierte en esa postura, y que despu\u00e9s ver\u00e1 en el marxismo occidental, es el de acabar dirigiendo los pasos, a la manera de Edipo, hacia el punto exacto que se quer\u00eda evitar. En otras palabras, Luk\u00e1cs cre\u00eda que, por esa v\u00eda, el marxismo bien intencionado acabar\u00eda, como la socialdemocracia, abrevando en el capitalismo y, lo que en la Europa de esos a\u00f1os ven\u00eda a ser lo mismo, en el fascismo. En nombre de una \u201cidea\u201d socialista pura, a\u00f1orando incluso una espontaneidad de las masas que dentro del proceso revolucionario se mostraba reticente a la institucionalizaci\u00f3n revolucionaria, no har\u00eda m\u00e1s que sustraerse a la construcci\u00f3n de la sociedad socialista. En su ensayo sobre el <em>problema<\/em> de la organizaci\u00f3n, llega a admitir, incluso, el centralismo, la disciplina y las purgas partidarias. Es el pensamiento te\u00f3rico, seg\u00fan se desprende de su ensayo sobre la cosificaci\u00f3n, el que puede abstraerse a los procesos abiertos en la realidad y juzgarlos con rigor matem\u00e1tico o rigorismo kantiano, desde una l\u00f3gica pura. Pero el pensamiento que se esgrime desde la pr\u00e1ctica (y es eso, efectivamente, la dial\u00e9ctica) no puede sustraerse a las contradicciones internas con que necesariamente toda realidad, incluso la del socialismo, se presenta.<\/p>\n<p>Lo que Luk\u00e1cs, como habremos de ver, estaba descubriendo es que la escisi\u00f3n <em>sujeto-objeto<\/em> que desgarrara la historia del capitalismo moderno, afecta tambi\u00e9n al marxismo, al separar esos dos momentos en la existencia misma del proletariado. \u00a0No es descabellado advertir en esa escisi\u00f3n el germen de <em>degeneraci\u00f3n<\/em> de la Revoluci\u00f3n Rusa. El mismo Trotski, cuando intente explicarse el surgimiento del estalinismo, insinuar\u00e1 que las \u201cmasas gigantescas\u201d perdieron energ\u00edas, acentu\u00e1ndose la separaci\u00f3n entre ellas y la burocracia del partido.<\/p>\n<p>El hecho de que la mira de <em>Historia y consciencia de clase <\/em>estuviera, como el \u201cb\u00faho de Minerva\u201d, vuelta hacia atr\u00e1s, hacia los acontecimientos que tuvieron lugar en el marco de la Segunda Internacional, y no hacia adelante, le impidi\u00f3 explorar posibles soluciones a dicho desgarro. Es claro que no estuvo en sus prop\u00f3sitos brindar precisiones sobre las formas democr\u00e1ticas que, tanto en lo econ\u00f3mico-estructural como en lo pol\u00edtico, hubieran podido corresponder al socialismo. Lejos de eso, parece dejar librado al decurso hist\u00f3rico, y a la \u201crecta conciencia del proletariado\u201d, o de sus dirigentes, la resoluci\u00f3n de dicho desgarro. Un an\u00e1lisis del ensayo \u201cLa cosificaci\u00f3n y la conciencia del proletariado\u201d nos permitir\u00e1, sin embargo, reconocer en esta obra el m\u00e9rito de haber hecho un buen diagn\u00f3stico y haber abierto una <em>perspectiva de resoluci\u00f3n<\/em>, la de las <em>posibilidades objetivas<\/em>, que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, \u00e9l y algunos seguidores suyos habr\u00edan de profundizar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2. El fetichismo de la mercanc\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p>Habiendo cuestionado al revisionismo -en el ensayo \u201c\u00bfQu\u00e9 es marxismo ortodoxo?- su tendencia a detenerse, tanto en el plano de la teor\u00eda como de las reivindicaciones, en la realidad inmediata del capitalismo; el primer paso del ensayo \u201cLa cosificaci\u00f3n y la conciencia del proletariado\u201d va a consistir en se\u00f1alar lo escasamente \u201ccient\u00edfica\u201d que es esa actitud, para lo cual habr\u00e1 de retomar los an\u00e1lisis marxianos sobre el fetichismo, a fin de mostrar el car\u00e1cter \u201cirreal\u201d con que aquella \u201crealidad\u201d se presenta.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno del fetichismo comienza con la generalizaci\u00f3n de la forma \u201cmercanc\u00eda\u201d que s\u00f3lo se consuma con el capitalismo moderno, cuando el intercambio mercantil deja de ocupar un lugar secundario para pasar a ejercer un rol central, determinante incluso de la producci\u00f3n (se produce para el intercambio). Como Marx explicaba en las primeras p\u00e1ginas de <em>El capital<\/em>, sin embargo, aunque toda mercanc\u00eda contiene dos aspectos, en el intercambio mercantil se oculta el aspecto cualitativo (valor de uso). El valor de cada mercanc\u00eda no es sino una <em>determinada cantidad <\/em>de trabajo humano abstracto, medido seg\u00fan horas de trabajo y seg\u00fan la media de tiempo socialmente necesario para realizar dicho trabajo. Y entre lo cualitativo que se oculta, figura el trabajo vivo, la actividad humana misma. Toda la din\u00e1mica de la sociedad tiende a aparecer como un atributo de las mercanc\u00edas. Como dice Marx:<\/p>\n<p>El car\u00e1cter misterioso de la forma mercanc\u00eda estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el car\u00e1cter social del trabajo de \u00e9stos como si fuese un car\u00e1cter material de los propios productos del trabajo (Marx, 1999: 37).<\/p>\n<p>Es por esto que el an\u00e1lisis econ\u00f3mico de Marx, que se despliega, en primer lugar, en la esfera del mercado, ocup\u00e1ndose del valor y sus efectos (fetichismo de la mercanc\u00eda, fetichismo del dinero, etc.), no se detiene all\u00ed, sino que, a diferencia de la econom\u00eda pol\u00edtica burguesa -que s\u00ed tiende s\u00ed a <em>fijarse <\/em>en los movimientos inmediatos del mercado, tratando de hallar sus \u201cleyes\u201d, para extraer de all\u00ed recomendaciones como la de ofrecer a los capitalistas condiciones \u201cfavorables\u201d para la inversi\u00f3n, vale decir, perjudiciales para el trabajo-, se ve impulsado hacia la esfera de la producci\u00f3n y, por tanto, al tratamiento del otro \u201cmomento\u201d de la mercanc\u00eda \u201cfuerza de trabajo\u201d.<\/p>\n<p>Pero no debe creerse que baste quitar la vista de la esfera del mercado y dirigirla, en un <em>giro feuerbachiano<\/em>, hacia la esfera de la producci\u00f3n, para ponerse a salvo de todo ese fetichismo. El resultado de una tal mirada ser\u00eda igualmente \u201caparencial\u201d, pues el \u201cvalor de uso\u201d de la fuerza de trabajo s\u00f3lo puede mostrarnos, tomado en su unilateralidad, trabajos individuales de hombres atomizados. Dado que el momento del intercambio aparece como <em>determinante<\/em> de la producci\u00f3n, con el desarrollo del capitalismo, el \u201ctrabajo abstracto\u201d, que en un primer momento aparec\u00eda como mero producto de un c\u00e1lculo mental realizado por los hombres en el mercado, ir\u00e1 plasm\u00e1ndose en la realidad, ir\u00e1 configurando la producci\u00f3n, transfiriendo su homogeneidad abstracta a los trabajos que ya no conservar\u00e1n sus diferencias cualitativas. Dice Luk\u00e1cs:<\/p>\n<p>Si se estudia el camino recorrido por el desarrollo del proceso del trabajo desde el artesanado, pasando por la cooperaci\u00f3n y la manufactura, hasta la industria maquinista, se observa una creciente racionalizaci\u00f3n, una progresiva eliminaci\u00f3n de las propiedades cualitativas, humanas, individuales del trabajador. (\u2026) En esa racionalizaci\u00f3n y a consecuencia de ella se produce el tiempo de trabajo socialmente necesario, el fundamento del c\u00e1lculo racional, primero como tiempo de trabajo medio registrable de modo meramente emp\u00edrico, m\u00e1s tarde, a trav\u00e9s de una creciente mecanizaci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n del proceso de trabajo, como tarea objetivamente calculable que se enfrenta al trabajador con una objetividad cristalizada y conclusa (Luk\u00e1cs, 1985: 82).<\/p>\n<p>Entonces, la abstracci\u00f3n originada en el mercado se traslada a la esfera de la producci\u00f3n, disgregando toda comunidad de productores<a href=\"https:\/\/herramienta.com.ar\/la-filosofia-de-lukacs-ante-la-cosificacion-de-las-posibilidades#_ftn1\">[1]<\/a>, cuya cohesi\u00f3n pasar\u00e1 a ser garantizada por el mecanismo \u201cen el que est\u00e1n insertos y que media sus relaciones\u201d (Ib\u00edd.: 16). Todas las esferas de lo visible (mercado y producci\u00f3n en el an\u00e1lisis de Marx, m\u00e1s todas las que agregar\u00e1 Luk\u00e1cs en su an\u00e1lisis) se han vuelto aparenciales, y si quisi\u00e9ramos traspasar esa c\u00e1scara c\u00f3sica de lo concreto, deber\u00edamos ensanchar nuestra mirada no ya hasta abarcar alguna otra esfera de la realidad capitalista sino hasta trascender la realidad capitalista en su conjunto. Esto implica, en principio (y s\u00f3lo en principio), dirigir la atenci\u00f3n hacia los tiempos de su gestaci\u00f3n hist\u00f3rica. Ya Marx se\u00f1alaba que \u201c todo el misticismo del mundo de las mercanc\u00edas, todo el encanto y el misterio que nimban los productos del trabajo basados en la producci\u00f3n de mercanc\u00edas, se esfuman tan pronto como los desplazamos a otras formas de producci\u00f3n\u201d (Marx, 1999: 41). El recurso a la historia ejerce, dentro del materialismo hist\u00f3rico, un rol met\u00f3dico semejante a la duda en el cartesianismo, en la medida en que propugna una ruptura con los h\u00e1bitos mentales adquiridos. Sin embargo, la superaci\u00f3n del misticismo no es un mero trabajo de consciencia. El paso adelante que da Marx frente a Feuerbach (y frente a todas las filosof\u00edas que, de Nietzsche en adelante, pasar\u00e1n este aporte marxiano por alto) es mostrar las abstracciones fundamentales de la sociedad como <em>abstracciones reales<\/em>, indicando con ello que la superaci\u00f3n de las mismas no requiere un cambio de actitud sino una transformaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3. La cosificaci\u00f3n de todas las manifestaciones de la vida.<\/strong><\/p>\n<p>El siguiente paso de Luk\u00e1cs ser\u00e1 mostrar que el proceso de abstracci\u00f3n real se da en todas las manifestaciones de la vida en la sociedad burguesa, tanto objetivas cuanto subjetivas. Dice Luk\u00e1cs, respecto de dicho fen\u00f3meno:<\/p>\n<p>Ocurre objetivamente en el sentido de que surge un mundo de cosas y relaciones c\u00f3sicas cristalizado (el mundo de las mercanc\u00edas y de su movimiento en el mercado), cuyas leyes, aunque paulatinamente van siendo conocidas por los hombres, se les contraponen siempre como poderes invencibles, aut\u00f3nomos en su actuaci\u00f3n (Luk\u00e1cs, 1985: 11).<\/p>\n<p>El sujeto queda, en este sentido, escindido de la objetividad, y aunque el conocimiento de la misma pueda ayudarle a sacar provecho de ella, no puede, en cambio, ayudarlo a transformarla. El hombre de la inmediatez capitalista permanece subordinado a ese orden del mundo<a href=\"https:\/\/herramienta.com.ar\/la-filosofia-de-lukacs-ante-la-cosificacion-de-las-posibilidades#_ftn2\">[2]<\/a>. Y, contin\u00faa la cita:<\/p>\n<p>Y [ocurre] subjetivamente porque, en una econom\u00eda mercantil completa, la actividad del hombre se le objetiva a \u00e9l mismo, se le convierte en mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs va a enfocar aqu\u00ed el an\u00e1lisis de Marx seg\u00fan el cual la fuerza de trabajo del productor se convierte en mercanc\u00eda, desde el punto de vista subjetivo, esto es, de c\u00f3mo impacta esa escisi\u00f3n en la interioridad del obrero y de cada miembro de la sociedad capitalista (sin excluir al burgu\u00e9s).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3.1. La cosificaci\u00f3n objetiva.<\/strong><\/p>\n<p>A la hora de extender el fen\u00f3meno del fetichismo a todas las relaciones humanas, Luk\u00e1cs se apoya en Weber, el cual observaba la similitud entre el proceso hist\u00f3rico de desarrollo del Estado moderno, concebido como empresa, y el desarrollo del capitalismo tal como lo describiera Marx. Dec\u00eda Weber:<\/p>\n<p>La dependencia jer\u00e1rquica del obrero (\u2026), el funcionario estatal y el militar, se debe uniformemente a que los instrumentos, las reservas y el dinero imprescindibles para la empresa y para la existencia econ\u00f3mica se encuentran en poder del empresario en un caso y de los due\u00f1os pol\u00edticos en el otro (Citado en Luk\u00e1cs, 1985: 22).<\/p>\n<p>Se trata de la misma escisi\u00f3n entre el trabajador y las condiciones objetivas para su trabajo a la cual Marx concede un profundo an\u00e1lisis hist\u00f3rico en los <em>Grundrisse \u00a0<\/em>(\u201cFormas que preceden a la producci\u00f3n capitalista\u201d). Dice Weber:<\/p>\n<p>En todas partes el desarrollo del estado moderno comienza cuando el pr\u00edncipe inicia la expropiaci\u00f3n de los titulares \u2018privados\u2019 de poder administrativo que junto a \u00e9l existen (\u2026). Ahora bien, en el curso de este proceso pol\u00edtico de expropiaci\u00f3n que, con \u00e9xito variable, se desarroll\u00f3 en todos los pa\u00edses del mundo, han aparecido, inicialmente como servidores del pr\u00edncipe, las primeras categor\u00edas de \u2018pol\u00edticos profesionales\u2019 (\u2026). Pero a los pr\u00edncipes no les bastaba, naturalmente, con estos auxiliares ocasionales o semiprofesionales. Ten\u00edan que intentar la creaci\u00f3n de un equipo dedicado plena y exclusivamente a su servicio, es decir, un cuadro de auxiliares <em>profesionales<\/em> (\u2026). A lo largo de un desarrollo que dura ya quinientos a\u00f1os, el funcionario especializado seg\u00fan la divisi\u00f3n del trabajo ha ido creciendo paulatinamente en Europa (Weber, 1979: 91).<\/p>\n<p>Esta <em>burocratizaci\u00f3n<\/em> de la instituci\u00f3n estatal es, sin embargo, parte de un proceso m\u00e1s general de racionalizaci\u00f3n que ha llegado a abarcar todas las \u00e1reas de la cultura.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs toma como punto de partida, pues, la analog\u00eda entre la generalizaci\u00f3n de la \u201cracionalizaci\u00f3n\u201d y la de la \u201cforma mercanc\u00eda\u201d. En ambos casos se observa el paso a primer plano de lo universal abstracto y el relegamiento de lo cualitativo, del contenido concreto. Por otra parte, la actitud del sujeto <em>escindido<\/em> de esa objetividad regulada s\u00f3lo puede ser meramente <em>contemplativa<\/em>. Pues es la contemplaci\u00f3n la actitud coherente con esa universalidad abstracta de la mercanc\u00eda que va forjando el mundo a su imagen y semejanza:<\/p>\n<p>[Mientras la \u201cpr\u00e1ctica se orienta] a lo cualitativamente \u00fanico y peculiar, al elemento de contenido, al sustrato material del objeto de cada caso (\u2026), la contemplaci\u00f3n teor\u00e9tica aparta precisamente de ese momento (\u2026). La depuraci\u00f3n te\u00f3rica, el dominio teor\u00e9tico del objeto, culmina precisamente en la explicitaci\u00f3n cada vez m\u00e1s intensa de los elementos formales desprendidos de todo contenido (Ib\u00edd.: 59).<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, la propagaci\u00f3n de una <em>legalidad<\/em> abstracta alcanza al sistema jur\u00eddico. Ya Weber se\u00f1alaba la necesidad para la empresa capitalista de un conjunto de leyes rigurosamente sistematizado, inflexible ante \u201clos acontecimientos singulares de la vida social\u201d (Ib\u00edd.: 24). Y la actitud subjetiva coherente con la sistematicidad jur\u00eddica, esto es, la actitud esperable de un juez, es la de \u201cun aut\u00f3mata de aplicaci\u00f3n de art\u00edculos cuyo funcionamiento es <em>calculable<\/em> en l\u00edneas generales\u201d (Ib\u00edd.: 22).<\/p>\n<p>Ahora bien, adem\u00e1s de la p\u00e9rdida de contenido, lo que va a caracterizar a esta forma de conocimiento es su incapacidad para dar cuenta de la unidad del todo. Y es que la <em>realidad<\/em> misma que \u201crefleja\u201d se muestra incapaz de articular los momentos que la componen. Dice Luk\u00e1cs:<\/p>\n<p>Esta racionalizaci\u00f3n del mundo, aparentemente ilimitada, que penetra hasta el ser ps\u00edquico y f\u00edsico del hombre, tiene, empero, un l\u00edmite en el car\u00e1cter formal de su propia racionalidad (\u2026). El desprecio de la concreci\u00f3n de la materia de las leyes, desprecio en el que se basa su legalidad, se refleja en la real incoherencia del sistema legal mismo, en la independencia relativamente grande que poseen esas partes las unas respecto de las otras. Esa incoherencia se revela del modo m\u00e1s craso en tiempo de crisis, cuya esencia \u2013 vista desde la perspectiva de estas consideraciones \u2013 estriba precisamente en que se rompe la continuidad inmediata de la transici\u00f3n de un sistema parcial a otro, con lo que la independencia rec\u00edproca de todos, el car\u00e1cter casual de su referencialidad rec\u00edproca, se impone repentinamente a la consideraci\u00f3n de todos los hombres (Ib\u00edd.:\u00a0 28).<\/p>\n<p>As\u00ed como, con la <em>racionalizaci\u00f3n <\/em>del proceso de trabajo, el \u201ctrabajo abstracto\u201d invad\u00eda con efecto disolvente el dominio mismo de lo cualitativo, esto es, la esfera de la producci\u00f3n (taylorismo); con la <em>crisis<\/em>, lo cualitativo, lo no calculado, irrumpe en la esfera del mercado, ejerciendo un efecto disolvente sobre aquella <em>racionalizaci\u00f3n <\/em>del mundo, que hasta all\u00ed se presentaba como absoluta. En otras palabras, el trabajo abstracto s\u00f3lo pod\u00eda configurar al trabajo concreto (recortando toda comunicaci\u00f3n entre los trabajos racionalizados y entre \u00e9stos y los consumidores) a costa de que lo \u201cconcreto\u201d as\u00ed formalizado irrumpiera en el mercado en la forma de <em>crisis<\/em>. La crisis, pues, no es una calamidad que aconteciera repentinamente, sino que es la esencia del sistema de producci\u00f3n de mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs, en consonancia con el an\u00e1lisis que viene desarrollando, ampl\u00eda el alcance de esta no racionalizaci\u00f3n al se\u00f1alar que el capitalismo, basado \u201cen el c\u00e1lculo econ\u00f3mico privado, impone en toda manifestaci\u00f3n de la vida esa correlaci\u00f3n de detalle regulado y todo casual\u201d (Ib\u00edd.: 30).<\/p>\n<p>El proceso de racionalizaci\u00f3n del mundo (y con \u00e9l, el esfuerzo teor\u00e9tico por reflejarlo) encuentra, pues, su l\u00edmite objetivo. Y este l\u00edmite es, aunque en un sentido m\u00e1s general, el mismo l\u00edmite con que choca el sistema de producci\u00f3n capitalista en su desarrollo, a saber, la crisis. Tal l\u00edmite estar\u00eda indicando la necesidad de realizar un salto <em>cualitativo<\/em>, revolucionario, que supere las <em>contradicciones<\/em> propias del sistema productivo y de todas las manifestaciones del hacer y el pensar de los hombres en la sociedad capitalista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3.2. La cosificaci\u00f3n subjetiva.<\/strong><\/p>\n<p>El sistema de producci\u00f3n capitalista tiene como una de sus premisas la aparici\u00f3n del \u201ctrabajador libre\u201d. Tal libertad legal (es decir, abstracta) se da como ep\u00edlogo del proceso de separaci\u00f3n del trabajador respecto de las condiciones materiales de su actividad. As\u00ed \u201cdespose\u00eddo\u201d, el trabajador se ve en la \u201cnecesidad\u201d de salir a ofertar en el mercado su fuerza de trabajo. Pero con esto, lo que en el an\u00e1lisis de la cosificaci\u00f3n objetiva se revel\u00f3 como una oposici\u00f3n externa al sujeto, una oposici\u00f3n entre \u00e9l y la objetividad, aparece ahora como una escisi\u00f3n interna al mismo. Tal escisi\u00f3n, mientras a\u00fan se conserva el car\u00e1cter cualitativo de la producci\u00f3n, resulta s\u00f3lo formal, es decir, limitada a la esfera del mercado, pues una vez en el \u201ctaller\u201d, el obrero \u201ccalificado\u201d despliega en su actividad todo su ser: despliega ideas propias, dispone los tiempos y los modos de realizar lo que se propone, etc. Sin embargo, en la medida en que lo abstracto avanza sobre la producci\u00f3n, la escisi\u00f3n se vuelve real. Dice Luk\u00e1cs:<\/p>\n<p>Con la descomposici\u00f3n moderna, \u2018psicol\u00f3gica\u2019 del proceso de trabajo (sistema Taylor), esta mecanizaci\u00f3n racional penetra hasta el \u2018alma\u2019 del trabajador: hasta sus cualidades psicol\u00f3gicas se separan de su personalidad total, se objetivan frente a \u00e9l, con objeto de insertarlas en sistemas racionales especializados y reducirlas al concepto calcul\u00edstico (Ib\u00edd.: 13).<\/p>\n<p>El proceso de <em>racionalizaci\u00f3n <\/em>ha penetrado en el hombre relegando, all\u00ed tambi\u00e9n, los aspectos cualitativos, a tal punto que \u201clas propiedades y las peculiaridades humanas del trabajador se presentan cada vez m\u00e1s <em>como meras fuentes de error<\/em> respecto del funcionamiento racional y previamente calculado de esas leyes parciales abstractas\u201d (Ib\u00edd.: 14).<\/p>\n<p>El trabajador, inserto dentro de un mecanismo como un engranaje m\u00e1s, tiene que someterse a su funcionamiento, tiene que <em>contemplar <\/em>sus leyes y sus ritmos. El hecho de que el trabajo asuma car\u00e1cter \u201ccontemplativo\u201d, por lo dem\u00e1s, no disminuye, sino que incrementa, su <em>fatigosidad<\/em> (tanto m\u00e1s si se toma en cuenta que uno de los objetivos de Taylor era la eliminaci\u00f3n de los \u201ctiempos muertos\u201d dentro de la producci\u00f3n).<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs convierte este destino del trabajador en \u201cdestino t\u00edpico\u201d, en la medida en que se\u00f1ala que la separaci\u00f3n de la fuerza de trabajo respecto del trabajador se repite en todas las subjetividades que integran la sociedad capitalista cuyas \u201ccualidades y capacidades\u201d se presentan cada vez m\u00e1s como \u201ccosas\u201d. La misma funci\u00f3n del capitalista, a quien Marx comparaba con un personaje t\u00edpico teatral, queda sometida a las leyes de la competencia. El \u201cinter\u00e9s ego\u00edsta\u201d del burgu\u00e9s, por consiguiente, es tambi\u00e9n una propiedad <em>escindida<\/em> de su persona, como lo era, seg\u00fan dijimos, el criterio del juez, mantenido al margen de toda consideraci\u00f3n \u201cpersonal\u201d. Y lo mismo vale para el funcionario estatal, cuyas <em>funciones<\/em> quedan insertas dentro del <em>mecanismo<\/em> de un Estado racionalizado. El cumplimiento de las mismas entra\u00f1a una \u201crenuncia a s\u00ed\u201d que, en su sentido m\u00e1s extremo, se configura como lo que Hegel llamara <em>valor militar<\/em>, cuya \u201c<em>entrega voluntaria<\/em> de la realidad personal\u201d era la expresi\u00f3n de las \u201csupremas ant\u00edtesis\u201d (Hegel, 1987: 266).<\/p>\n<p>Ahora, esta misma <em>extra\u00f1aci\u00f3n<\/em> se observa en el resto de los <em>funcionarios <\/em>estatales, los cuales, tanto como los militares, hacen de ella una cuesti\u00f3n de \u201chonor\u201d. Dice Luk\u00e1cs:<\/p>\n<p>La necesaria y plena subordinaci\u00f3n al sistema de las relaciones c\u00f3sicas en que se encuentra cada bur\u00f3crata, la idea de que su \u2018honor\u2019, su \u2018sentimiento de la responsabilidad\u2019 le exige precisamente esa subordinaci\u00f3n completa, todo muestra que la divisi\u00f3n del trabajo ha sido aqu\u00ed arraigada en lo \u2018\u00e9tico\u2019, al modo como el taylorismo la ha arraigado ya en lo \u2018ps\u00edquico\u2019 (Luk\u00e1cs, 1985: 27).<\/p>\n<p>En cuanto a aquellos que llevan al mercado su <em>saber<\/em>, esto es, aquellos trabajadores cuya \u201cfuerza de trabajo\u201d es su pensamiento, no puede atribu\u00edrseles ning\u00fan car\u00e1cter \u201cexcepcional\u201d:<\/p>\n<p>El capitalismo ha producido, con la estructuraci\u00f3n unitaria de la econom\u00eda para toda la sociedad, una estructura formalmente unitaria de la consciencia para toda esa sociedad (\u2026). El vendedor de sus capacidades objetivadas y cosificadas no s\u00f3lo es espectador del acaecer social, [no s\u00f3lo es un sujeto escindido de la objetividad] (\u2026), sino que se sume en una actitud contemplativa respecto del funcionamiento de sus propias capacidades objetivadas y cosificadas. Esta estructura se revela del modo m\u00e1s grotesco en el periodismo, en el cual la subjetividad misma, el saber, el temperamento, la capacidad expresiva, se convierten en un mecanismo abstracto, independiente de la personalidad del \u2018propietario\u2019 igual que de la esencia concreta material de los objetos tratados: en un mecanismo que funciona seg\u00fan sus propias leyes. La \u2018falta de consciencia y de ideas\u2019 de los periodistas, la prostituci\u00f3n de sus vivencias y de sus convicciones, s\u00f3lo puede entenderse como culminaci\u00f3n de la cosificaci\u00f3n capitalista (Ib\u00edd.: 27).<\/p>\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n el fil\u00f3sofo, como sujeto, aparece en la inmediatez de la sociedad capitalista escindido de la objetividad. La actitud filos\u00f3fica moderna parte de la aceptaci\u00f3n de lo dado; la escisi\u00f3n sujeto-objeto se le presenta como un dato inamovible, y se limita a asumir dentro de ella una actitud meramente teor\u00e9tica. La situaci\u00f3n se agrava a\u00fan m\u00e1s porque lo que la filosof\u00eda acepta como <em>dado<\/em> no es la realidad sino lo que la ciencia dice de ella. Como se\u00f1ala Luk\u00e1cs, la tendencia b\u00e1sica del desarrollo filos\u00f3fico ha consistido en \u201caceptar como necesarios, como dados, los resultados y los m\u00e9todos de las ciencias especiales y atribuir a la filosof\u00eda la tarea de descubrir y justificar el fundamento de la validez de esas conceptuaciones. Con lo cual la filosof\u00eda se sit\u00faa respecto de las ciencias especiales como \u00e9stas respecto de la realidad emp\u00edrica\u201d (Ib\u00edd.: 39). Con ello se ampl\u00eda la distancia del fil\u00f3sofo respecto de la realidad y, por consiguiente, la posibilidad de transformar la misma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>4. El m\u00e9todo matem\u00e1tico.<\/strong><\/p>\n<p>A medida que la <em>forma<\/em> mercanc\u00eda se hac\u00eda omniabarcativa, a medida que la <em>racionalidad formal<\/em> iba reconfigurando toda la cultura occidental, se desarrollaba el <em>racionalismo <\/em>moderno, esfuerzo del pensamiento por alcanzar el mismo grado de generalidad que estaban adquiriendo los <em>fen\u00f3menos<\/em>. Hemos visto que el despliegue de la forma mercanc\u00eda a toda la sociedad relegaba los aspectos <em>cualitativos <\/em>de la misma. La inmediatez capitalista se determinaba s\u00f3lo <em>cuantitativamente<\/em>. Correlativamente, pues, el \u201cracionalismo\u201d asum\u00eda para s\u00ed el <em>m\u00e9todo matem\u00e1tico<\/em>; reduc\u00eda todo fen\u00f3meno a sus aspectos formales hasta convertirlo \u201cen objeto de un c\u00e1lculo exacto\u201d (Ib\u00edd.: 62). El conocimiento, lo mismo que el poder o el ordenamiento social, empezaba a ser abordado como construcci\u00f3n humana. Kant no habr\u00eda sido el primero en atribuir a la subjetividad un rol constitutivo del conocimiento, aun cuando haya tenido el m\u00e9rito de haber explicitado y haberle dado nombre a ese \u201cgiro copernicano\u201d. Tampoco fue el primero en concebir esa subjetividad interviniente de manera abstracta, en una escisi\u00f3n originaria respecto del objeto, aunque fue el primero en calificarla, de forma tan ilustrativa, como \u201ctrascendental\u201d. La subjetividad, seg\u00fan \u00e9l, opera con ciertas categor\u00edas a priori, esto es, independientes de la experiencia que, por eso mismo, no pueden verse modificadas por ella. La subjetividad trascendental, en su proceso de conocimiento, retorna desde el objeto, si es que puede decirse que retorna, siempre id\u00e9ntica a s\u00ed misma; no tiene historia.<\/p>\n<p>En definitiva, para el m\u00e9todo matem\u00e1tico el conocimiento deb\u00eda ser producido por el hombre pero con car\u00e1cter de necesario, lo cual exig\u00eda abstraer al mismo: a) de \u201clo dado\u201d, porque sus determinaciones escapan constantemente a lo cognoscible a partir de ciertos principios. Bajo la influencia de Hume, ser\u00e1 Kant el primero en querer asumir \u201clo dado\u201d, conservando, no obstante, el m\u00e9todo matem\u00e1tico.<\/p>\n<p>b) del \u201cdevenir\u201d, porque el decurso\u00a0 del mismo escapa constantemente a lo previsible y calculable a partir de dichos principios. Ser\u00e1 Hegel quien reintroduzca la historia aunque, ahora s\u00ed, despoj\u00e1ndose del m\u00e9todo matem\u00e1tico.<\/p>\n<p>Consideraremos, en primer lugar, los desaf\u00edos que se le plantean a Kant cuando intenta asumir <em>lo dado<\/em> (el contenido) dentro del marco formal del sistema matem\u00e1tico. Los desaf\u00edos que se le plantean a Hegel al asumir el <em>devenir<\/em> ser\u00e1 el paso siguiente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>4.1. La <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura <\/em>y la cosificaci\u00f3n objetiva.<\/strong><\/p>\n<p>En la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em> Kant explicita su principio program\u00e1tico: \u201cPensamientos sin contenidos son vac\u00edos, intuiciones sin conceptos son ciegas\u201d (Kant, 1945: 107). Se observa aqu\u00ed la intenci\u00f3n kantiana de asignar a <em>lo dado<\/em> en los sentidos igual estatus ontol\u00f3gico que a <em>lo puesto<\/em> por el entendimiento. Pero este compromiso, lejos de superar el <em>dualismo forma-contenido<\/em>, lo asume como punto de partida. Kant intentar\u00e1 subsumir sin m\u00e1s (sin contradicci\u00f3n) las intuiciones sensibles en la estructura formal del entendimiento. Pero es entonces cuando se le plantea el siguiente problema, que \u00e9l mismo expone al comienzo del cap\u00edtulo sobre el \u201cesquematismo\u201d:<\/p>\n<p>En toda subsunci\u00f3n de un objeto bajo un concepto, la representaci\u00f3n del objeto debe ser de <em>naturaleza semejante<\/em> a la del concepto (\u2026). Pero los conceptos puros del entendimiento comparados con las intuiciones emp\u00edricas (o sensibles en general) son por completo heterog\u00e9neos (\u2026). Es, pues, evidente que debe existir un tercer t\u00e9rmino que sea semejante por una parte a la categor\u00eda y por otra al fen\u00f3meno, y que haga posible la aplicaci\u00f3n de la categor\u00eda al fen\u00f3meno (Kant, 1945: 148).<\/p>\n<p>Kant halla esa <em>mediaci\u00f3n<\/em> en las determinaciones trascendentales del tiempo:<\/p>\n<p>Una determinaci\u00f3n trascendental del Tiempo es homog\u00e9nea a la <em>categor\u00eda<\/em> (\u2026) en cuanto que es <em>universal<\/em> y descansa en una regla <em>a priori<\/em>. Pero por otro lado es homog\u00e9nea al <em>fen\u00f3meno <\/em>en cuanto tambi\u00e9n el Tiempo est\u00e1 comprendido en todas las representaciones emp\u00edricas de la diversidad (Ib\u00edd.).<\/p>\n<p>Sin embargo, esa mediaci\u00f3n presupone la noci\u00f3n de <em>formas puras de la sensibilidad <\/em>(espacio y tiempo), las cuales implican una cierta <em>configuraci\u00f3n previa <\/em>de toda experiencia posible. Son determinaciones a priori de esas formas puras de la sensibilidad, sin ir m\u00e1s lejos, todas las leyes de la matem\u00e1tica y de la f\u00edsica moderna, juicios sint\u00e9ticos a priori a los cuales habr\u00e1 de ajustarse toda experiencia posible, incluso si pertenece al orden de lo personal o social. As\u00ed, \u201clo dado\u201d, el contenido que Kant se propuso compatibilizar con el m\u00e9todo matem\u00e1tico, resulta <em>depurado<\/em> para ello.<\/p>\n<p>Frente a esta <em>materialidad<\/em> adaptada, sin embargo, asoma la pregunta por la <em>verdadera materialidad<\/em>, por \u201cla cosa-en-s\u00ed\u201d, que ser\u00e1 declarada incognoscible. Conocer lo que las cosas son en s\u00ed mismas supondr\u00eda poder aprehenderlas sin la mediaci\u00f3n de nuestra facultad de conocimiento, lo cual es imposible. El programa kantiano se ve, pues, frustrado. Nuevamente el sistema matem\u00e1tico formal expulsa de s\u00ed al contenido.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta dificultad de captar el \u201ccontenido\u201d de las formas con que conocemos el mundo se relaciona con la imposibilidad de captar el todo y la sustancia \u00faltima de ese conocimiento (Dios, Alma, Mundo), tal como se presenta en la \u201cDial\u00e9ctica trascendental\u201d, donde fen\u00f3menos y <em>no\u00famenos<\/em> son puestos en una oposici\u00f3n absoluta. La \u201cirracionalidad del todo\u201d (su no racionalizaci\u00f3n), que en el plano econ\u00f3mico se pon\u00eda de manifiesto a trav\u00e9s de la <em>crisis<\/em>, en el plano gnoseol\u00f3gico se pone de manifiesto en las <em>antinomias de la raz\u00f3n<\/em>: no habiendo intuiciones con que contrastar las \u201cideas\u201d-que remiten no a fen\u00f3menos delimitados en el espacio y el tiempo sino a totalidades-, careciendo por tanto de un sustrato emp\u00edrico, la raz\u00f3n encuentra argumentos para defender una cosa y su contraria. Lo mismo puede defender, por ejemplo, que el mundo es finito o infinito. Las antinomias de la raz\u00f3n representan la \u201ccrisis\u201d de la raz\u00f3n pura, de la formalidad de un pensamiento que s\u00f3lo acusa recibo de fen\u00f3menos y hechos aislados.<\/p>\n<p>Hemos visto que la forma mercanc\u00eda, generalizada en la esfera del mercado, al configurar la realidad de la producci\u00f3n, atomizaba los trabajos particulares. A la generalidad del mercado le correspond\u00eda la fragmentaci\u00f3n del trabajo. No debe, pues, sorprender que algo semejante ocurra en el plano gnoseol\u00f3gico: a la generalidad del entendimiento puro le corresponde la fragmentaci\u00f3n de los \u201chechos\u201d. El conocimiento, como el trabajo, se dividir\u00e1 en campos parciales cada vez m\u00e1s espec\u00edficos, cuya unidad s\u00f3lo podr\u00e1 ser pensada como una agregaci\u00f3n de unos conocimientos a otros dentro de una progresi\u00f3n al infinito. El pensamiento, en su esfuerzo por abarcar todos los fen\u00f3menos, pierde de vista la captaci\u00f3n de la totalidad. Luk\u00e1cs visualiza en este destino del pensamiento el destino de la sociedad que lo engendr\u00f3:<\/p>\n<p>La clase burguesa domina crecientemente las singularidades y los detalles de su existencia social y los somete a las formas de sus necesidades, pero, al mismo tiempo y tambi\u00e9n crecientemente, pierde la posibilidad de dominar intelectualmente la sociedad como totalidad y, por lo tanto, su calificaci\u00f3n como clase dirigente.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la fortaleza del proletariado deb\u00eda consistir en asumir \u00e9l ese dominio intelectual y material de la totalidad social que la burgues\u00eda, desde su mismo ascenso al poder, se hab\u00eda mostrado incapaz de ejercer. La <em>vuelta a Kant<\/em> por parte de Bernstein pon\u00eda de manifiesto que el revisionismo renunciaba a dicha captaci\u00f3n, renunciaba a la potencialidad proletaria de configurar el todo social. En vez de ello promov\u00eda la <em>acumulaci\u00f3n<\/em> de conquistas aisladas dentro de las <em>formas<\/em> sociales vigentes. Y como la capacidad de fragmentaci\u00f3n de la realidad es infinita, el \u201cprogresismo\u201d se adentraba as\u00ed en una \u201cprogresi\u00f3n al infinito\u201d en la cual a cada nueva conquista le suceder\u00eda otra por conquistar, mientras la estructura subyacente de la sociedad, el orden de clases, permanec\u00eda inc\u00f3lume\u2026 y dispuesto a echar abajo, como a la piedra de S\u00edsifo, los derechos conquistados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>4.2. La <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica <\/em>y la cosificaci\u00f3n subjetiva.<\/strong><\/p>\n<p>Hemos se\u00f1alado que el desarrollo del racionalismo filos\u00f3fico ten\u00eda su fundamento en el proceso de racionalizaci\u00f3n de la vida que se dio en la Modernidad. \u201cLa filosof\u00eda cr\u00edtica moderna ha nacido de la estructura cosificada de la consciencia\u201d, dec\u00eda Luk\u00e1cs (Ib\u00edd.: 40). Ahora bien, dijimos que ese proceso de cosificaci\u00f3n se daba al mismo tiempo en dos direcciones: objetiva y subjetiva. La cosificaci\u00f3n objetiva implicaba la separaci\u00f3n del <em>sujeto<\/em> respecto de la <em>objetividad<\/em>, frente a la cual s\u00f3lo pod\u00eda asumir una actitud contemplativa. La <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em> constitu\u00eda la expresi\u00f3n filos\u00f3fica m\u00e1s acabada de esa escisi\u00f3n: el sujeto conocedor quedaba divorciado de lo conocido por \u00e9l, la cosa-en-s\u00ed, sobre la cual nada pod\u00eda decir, aunque s\u00ed pudiera ir alcanzando un conocimiento acabado de sus manifestaciones fenom\u00e9nicas. La cosificaci\u00f3n subjetiva, por su parte, implicaba la escisi\u00f3n en el interior mismo del sujeto, la separaci\u00f3n de una parte de su ser que pasaba a integrarse a la naturaleza (segunda naturaleza). La <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica<\/em> constituir\u00e1 la expresi\u00f3n filos\u00f3fica m\u00e1s acabada de esta segunda direcci\u00f3n del proceso cosificador. All\u00ed el programa de Kant ser\u00e1 superar en la esfera pr\u00e1ctica lo que en la esfera <em>te\u00f3rica<\/em> resultaba insuperable. Si en el plano gnoseol\u00f3gico la escisi\u00f3n entre el sujeto conocedor y el objeto conocido era absoluta, no deb\u00eda ocurrir lo mismo en el plano pr\u00e1ctico, donde el sujeto no s\u00f3lo debe contemplar la realidad sino que debe operar sobre ella. La filosof\u00eda kantiana avanzaba as\u00ed hacia una concepci\u00f3n de la <em>praxis<\/em> como \u00e1mbito de superaci\u00f3n de las antinomias de la pura racionalidad. Pero la permanencia del modelo matem\u00e1tico de conocimiento trabar\u00eda este desarrollo. Pues la \u201cpraxis\u201d, para ser compatible con dicho modelo, deb\u00eda reunir dos requisitos: primero, quedar circunscripta dentro de la <em>interioridad<\/em> del sujeto, toda vez que la realidad \u201cfenom\u00e9nica\u201d, en su necesariedad, resultaba refractaria a la libertad y a los fines de la raz\u00f3n. De esta manera, la \u00e9tica kantiana asum\u00eda para s\u00ed la escisi\u00f3n implicada en su gnoseolog\u00eda: la pr\u00e1ctica debe desinteresarse de sus efectos en la realidad.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la praxis deb\u00eda ser <em>adaptada<\/em> a un sistema de <em>m\u00e1ximas<\/em> autoproducidas, universales y ahist\u00f3ricas. Esta \u201cpraxis\u201d devino as\u00ed una actitud <em>contemplativa<\/em>. Como el obrero ante las leyes del funcionamiento de la m\u00e1quina, el individuo \u00e9tico quedaba subordinado a los <em>imperativos categ\u00f3ricos<\/em>, para cuyo cumplimiento deb\u00eda sacrificar todo lo cualitativo de su ser (las inclinaciones). Lo cualitativo, tambi\u00e9n aqu\u00ed, s\u00f3lo pod\u00eda ser causa de <em>error<\/em>. Con esto, dice Luk\u00e1cs, la escisi\u00f3n entre forma y contenido \u201cse trasplanta al sujeto mismo: hasta el sujeto se escinde en no\u00fameno y fen\u00f3meno, y la escisi\u00f3n irresuelta, irresoluble y como irresoluble eternizada, entre libertad y necesidad penetra hasta la m\u00e1s \u00edntima estructura del sujeto\u201d (Ib\u00edd.: 69).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>4.3. La <em>Cr\u00edtica del juicio<\/em> y los l\u00edmites del arte.<\/strong><\/p>\n<p>Tras el \u201cfracaso\u201d de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica<\/em> vemos plantearse nuevamente la necesidad de una pr\u00e1ctica unitaria, previa a toda <em>escisi\u00f3n <\/em>que afecte a la subjetividad en su relaci\u00f3n con el mundo y consigo misma. La <em>Cr\u00edtica del juicio<\/em> encuentra esa praxis en el <em>arte<\/em>, cuya significaci\u00f3n para la concepci\u00f3n del mundo adquirir\u00e1 desde entonces una importancia que nunca antes hab\u00eda tenido. El principio del arte parec\u00eda asimilable a otra noci\u00f3n kantiana presentada, aunque marginalmente, en la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em>, a saber, la del \u201centendimiento intuitivo\u201d. Los sucesores inmediatos de Kant asociaron, pues, el principio del arte con el de un entendimiento productor de contenidos (de una realidad que no estuviera ya, como la realidad fenom\u00e9nica, matem\u00e1ticamente determinada) y quisieron conciliar en el plano est\u00e9tico lo que en el plano gnoseol\u00f3gico y \u00e9tico resultaba inconciliable.<\/p>\n<p>Pero he aqu\u00ed el l\u00edmite de este intento: si bien la racionalizaci\u00f3n del mundo y la consecuente escisi\u00f3n entre forma y contenido han sido operadas en la realidad, su conciliaci\u00f3n era perseguida en la subjetividad, a trav\u00e9s de una <em>recepci\u00f3n est\u00e9tica<\/em> del mundo, a trav\u00e9s de un arte que nos develara la realidad oculta. Tal b\u00fasqueda segu\u00eda siendo teor\u00e9tica. Pod\u00eda, sin embargo, querer elevarse el principio est\u00e9tico a principio configurador de la realidad objetiva, como un relevo de la <em>forma mercanc\u00eda<\/em>, pero esto implicaba mitologizar dicho principio, exagerar su potencialidad. El arte constituye, y constituir\u00e1 siempre, lo mismo que la filosof\u00eda, una determinada producci\u00f3n dentro de la sociedad, y no es desde una producci\u00f3n en particular (ni la del arte ni la de la filosof\u00eda) sino desde la producci\u00f3n en general, <em>desalien\u00e1ndola<\/em>, que aqu\u00e9lla podr\u00e1 ser reconfigurada. As\u00ed, pues, dejando de lado las hip\u00f3stasis de un romanticismo exasperado, el principio del arte no escapa a las <em>escisiones <\/em>que atraviesan la filosof\u00eda cr\u00edtica y la realidad. El desarrollo art\u00edstico del siglo XIX as\u00ed lo demostr\u00f3. En efecto, con el modernismo literario, con la escuela del arte por el arte, \u00e9ste se volvi\u00f3 una objetividad con leyes propias, opuestas a la subjetividad, una especialidad m\u00e1s entre otras, y todo intento de superar est\u00e9ticamente las contradicciones de la realidad se mostr\u00f3 improcedente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>5. El pensamiento dial\u00e9ctico.<\/strong><\/p>\n<p>La filosof\u00eda kantiana y la de sus sucesores inmediatos dejaron como tarea a realizar la <em>conciliaci\u00f3n<\/em> del pensamiento con la verdadera concreci\u00f3n de la realidad (y no con una realidad formalizada). La <em>subjetividad <\/em>y la <em>objetividad<\/em> deb\u00edan conservar ambas sus derechos, sin que ninguna fuera subordinada a la otra. Este es el prop\u00f3sito que asume el m\u00e9todo dial\u00e9ctico a partir de Hegel. Ahora bien, la adaptaci\u00f3n de la materia a la racionalidad formal, ocurre en la realidad misma y no meramente en los sistemas filos\u00f3ficos. As\u00ed, aprehender la realidad en su verdadera concreci\u00f3n, en la unidad de sus momentos cualitativo y cuantitativo, requerir\u00e1 \u201cque el r\u00edgido ser c\u00f3sico de los objetos del acaecer social se desvele como mera apariencia (\u2026), o sea, que se pueda mostrar <em>las cosas como momentos disueltos en procesos\u201d <\/em>(Ib\u00edd.: 120). El capital, por ejemplo, tendr\u00e1 que mostrarse como una <em>apropiaci\u00f3n en curso<\/em>, la contracara exacta del proceso de enajenaci\u00f3n del trabajo, y no ya como una realidad separada de \u00e9l, subsistente por s\u00ed misma. De esta manera, al advertirse el constante fluir de lo que aparec\u00eda cristalizado, el devenir se manifiesta, en t\u00e9rminos hegelianos, como la verdad del ser. Y en esta negaci\u00f3n de la inmutabilidad de las formas matem\u00e1ticas, cuando \u201c\u2018lo verdadero\u2019, como escribe Hegel en la <em>Fenomenolog\u00eda<\/em>, se ha convertido en aquel \u2018torbellino b\u00e1quico\u2019 en el cual no hay ni un miembro \u201cque no est\u00e9 ebrio\u201d (Ib\u00edd.: 140), el\u00a0 <em>principio de la pr\u00e1ctica<\/em>, liberado de toda captura en la interioridad, puede al fin reconocerse y desplegarse. Lo verdadero, la realidad social, deja de aparecer exclusivamente como <em>sustancia<\/em> para revelarse, al mismo tiempo, como subjetividad en curso. Fue m\u00e9rito de Hegel haber advertido que esa subjetividad cuya escisi\u00f3n respecto del mundo quedaba de esta manera desmentida, no era la del individuo, quien se enfrenta efectivamente \u201ccon la realidad objetiva como con un complejo de cosas r\u00edgidas\u201d (Ib\u00edd.: 140). El sujeto de la historia s\u00f3lo puede ser hallado en un \u201cnosotros\u201d.<\/p>\n<p>Pero este hallazgo, seg\u00fan Luk\u00e1cs, no ser\u00e1 logrado de manera concluyente hasta Marx, pues Hegel, que escribi\u00f3 en un momento en que el proletariado no se hab\u00eda desarrollado suficientemente, crey\u00f3 hallar esa subjetividad colectiva en el Esp\u00edritu del Mundo, el cual se realizar\u00eda en la historia a trav\u00e9s de los Esp\u00edritus Nacionales, de los pueblos. Como Luk\u00e1cs observa, sin embargo, el Esp\u00edritu del Mundo sigue siendo una abstracci\u00f3n tan grande como el sujeto trascendental kantiano, y en cuanto a los Esp\u00edritus Nacionales, \u00e9stos, como los individuos, ven desplegarse la historia con independencia de ellos. As\u00ed, pues, el paso decisivo lo dar\u00e1 Marx con el reconocimiento del sujeto de la historia en el proletariado. \u00c9ste es particularidad concreta y universalidad abstracta al mismo tiempo. Pero aqu\u00ed salta a la vista una de las dificultades fundamentales que debe enfrentar el marxismo y que Luk\u00e1cs pone en evidencia. Aun si es cierto que lo <em>universal<\/em>, vale decir, los intereses colectivos de la sociedad, se hallan encarnados en la <em>particularidad<\/em> concreta del proletariado, no deja de haber entre ambos momentos una <em>distancia ontol\u00f3gica<\/em>: lo universal se da all\u00ed como <em>potencia<\/em>, se da con car\u00e1cter de <em>posibilidad<\/em>, hacia la cual, sin embargo, no debe creerse que la realidad <em>actual<\/em> del proletariado brote <em>espont\u00e1neamente<\/em>. \u201cSi se intenta dar a la conciencia de clase una forma existencial inmediata \u2013dice Luk\u00e1cs- se cae inevitablemente en la mitolog\u00eda, se piensa en una enigm\u00e1tica consciencia gen\u00e9rica (tan misteriosa como los \u2018Esp\u00edritus Nacionales\u2019 de Hegel)\u201d (Ib\u00edd.: 115). De esta manera, aun cuando esos aspectos converjan en el proletariado, no dejan de ser discernibles, y existe en todo momento el riesgo de que se escindan dr\u00e1sticamente.<\/p>\n<p>Rechazado, pues, que el proletariado sea en su existencia inmediata sujeto de transformaci\u00f3n social, habr\u00e1 que explicar el proceso mediador a trav\u00e9s del cual podr\u00e1 devenirlo. Seg\u00fan Luk\u00e1cs, s\u00f3lo si pone sus pr\u00e1cticas en referencia al porvenir, s\u00f3lo si las orienta hacia la superaci\u00f3n de la actual sociedad de clases, podr\u00e1 el proletariado adquirir dimensi\u00f3n hist\u00f3rica. Es preciso se\u00f1alar, sin embargo, que si esta apertura de las <em>perspectivas proletarias <\/em>implica un canto del <em>gallo galo<\/em> o un vuelo <em>matinal<\/em> del <em>b\u00faho de Minerva<\/em>, no implica en cambio una ruptura del v\u00ednculo con las condiciones objetivas. Luk\u00e1cs recurre, para explicar este car\u00e1cter concreto de la conciencia, a la categor\u00eda hegeliana de <em>posibilidad objetiva<\/em>. \u201cLa teor\u00eda objetiva de la consciencia de clase es la teor\u00eda de su posibilidad objetiva\u201d (Ib\u00edd.: I, 165). Esta <em>posibilidad objetiva <\/em>est\u00e1 impl\u00edcita en la realidad. La conciencia, a trav\u00e9s de su elevaci\u00f3n al punto de vista de la totalidad, no hace sino esclarecer, cuanto sea posible, esa \u201ctendencia inmanente\u201d (Ib\u00edd.: 120). No estamos aqu\u00ed ante ning\u00fan a priori del sujeto sino ante <em>situaciones <\/em>hist\u00f3ricas, con toda su complejidad. Que se haya visto en esta concepci\u00f3n -que el propio Luk\u00e1cs haya llegado a ver- un \u201csubjetivismo\u201d constituye un triunfo del estalinismo y un desconocimiento de la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica que la misma supone (y que Luk\u00e1cs desarrollar\u00e1 tard\u00edamente). La teor\u00eda de las posibilidades objetivas supone el estudio del todo social, el reconocimiento de los diversos sectores actuantes (la historia demostrar\u00eda la importancia de los campesinos, los sectores medios, los movimientos sociales, etc.), si bien siempre desde la perspectiva de la reapropiaci\u00f3n de los medios de trabajo por parte de los trabajadores. En esto consiste la <em>conciencia del proletariado <\/em>(y no ya del <em>proletario<\/em> individual, puesto que las mencionadas posibilidades son reales s\u00f3lo para actores colectivos, mientras que para los individuos son s\u00f3lo imposibilidades).<\/p>\n<p>Ahora bien, es justamente esta complejidad del an\u00e1lisis la que lo aleja de lo cotidiano. Al otorg\u00e1rsele un sustrato objetivo, la conciencia, entendida como perspectiva de clase, logra traspasar los l\u00edmites del cogito individual; puede incluso estar ausente en la conciencia individual de un n\u00famero importante de trabajadores. Pero con esto encuentra un l\u00edmite lo que constitu\u00eda la caracter\u00edstica propia del proletariado frente a las otras clases que la precedieron hist\u00f3ricamente, a saber, el car\u00e1cter consciente de su acci\u00f3n. Una tal autoconciencia pareci\u00f3 alcanzarse en algunas formas organizativas de la clase obrera, como la de los <em>consejos, <\/em>en los que Luk\u00e1cs tendi\u00f3 a ver \u201cel \u00f3rgano de lucha del proletariado entero, capaz de desarrollarse hasta ser \u00f3rgano estatal\u201d y hasta la \u201csuperaci\u00f3n pol\u00edtico-econ\u00f3mica de la cosificaci\u00f3n capitalista\u201d (Luk\u00e1cs, 1985, Vol. I: 165). Siempre estuvo tentado a ver all\u00ed un primer ensayo de <em>totalidad concreta<\/em>que tras un largo proceso (dentro del cual la toma del poder ser\u00eda un momento ineludible) podr\u00eda configurar, como anta\u00f1o lo hiciera la formalidad abstracta de la mercanc\u00eda, la sociedad entera. Para Luk\u00e1cs, sin embargo, la conciencia de clase requiere un an\u00e1lisis permanente de la realidad, un esfuerzo y entrenamiento constantes por desentra\u00f1ar las posibilidades de acci\u00f3n, mientras que los consejos han sido hist\u00f3ricamente experiencias relativamente fugaces, con flujos y reflujos propios de la espontaneidad. De all\u00ed deriva la necesidad de la organizaci\u00f3n partidaria, capaz de resistir la fuerza de arrastre de una corriente en retroceso.<\/p>\n<p>En el partido, entonces, el proletariado tiene su conciencia colectiva, pero la tiene enfrente, objetivada, existiendo con independencia de su <em>cotidianidad.<\/em> \u201cEn-s\u00ed\u201d y \u201cpara-s\u00ed\u201d, los dos momentos de la existencia del proletariado se escinden al interior mismo de la clase. Luk\u00e1cs constata esta fractura como \u201cescisi\u00f3n dial\u00e9ctica entre el objetivo singular y el objetivo final\u201d (Ib\u00edd.: I, 155), siendo su manifestaci\u00f3n inmediata la de una oposici\u00f3n entre la clase y su partido pol\u00edtico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>6. Conclusi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>El \u00faltimo ensayo de <em>Historia y consciencia de clase <\/em>est\u00e1 dedicado a la cuesti\u00f3n organizativa. All\u00ed Luk\u00e1cs intenta mantenerse distante de dos posiciones extremas: la que atribuye incondicionalmente a las masas la \u201crecta comprensi\u00f3n de la acci\u00f3n revolucionaria\u201d y la que las considera inconscientes de la misma, teniendo que ser sustituidas en la acci\u00f3n por una minor\u00eda consciente (Ib\u00edd.: 235). Con esto se cierra el camino recorrido en <em>Historia y conciencia de clase<\/em>. El fetichismo de la mercanc\u00eda y la cosificaci\u00f3n de todas las manifestaciones de la vida en la sociedad capitalista, eternizadas por el modo matem\u00e1tico, no hist\u00f3rico, de pensar, fueron disueltas en procesos gracias al \u201cm\u00e9todo\u201d dial\u00e9ctico. La estructura cosificada de la sociedad se mostr\u00f3 en devenir y hall\u00f3 un sujeto capaz de superar los antagonismos que la desgarraban: el proletariado. El aspecto cr\u00edtico de este camino se present\u00f3 cuando ese sujeto desde cuya unidad m\u00e1s o menos compacta deb\u00eda darse el salto a la nueva sociedad, se mostr\u00f3 tambi\u00e9n fracturado. El \u201crealismo\u201d y no el \u201cidealismo\u201d de Luk\u00e1cs lo llev\u00f3 a aceptar ese dato. Pero aun cuando dentro de la sociedad capitalista -donde el proletariado se halla, a excepci\u00f3n de los per\u00edodos revolucionarios, siempre atomizado- hubiera que asumir, a la manera kantiana, esa escisi\u00f3n como <em>punto de partida<\/em> (junto con el car\u00e1cter necesario del Partido) la misma no ten\u00eda por qu\u00e9 ser asumida como punto de partida de la nueva sociedad. El proceso de burocratizaci\u00f3n que, bajo influencia de Weber, pudo Luk\u00e1cs detectar con toda claridad en la din\u00e1mica capitalista, no fue visto por entonces, en 1923, como una amenaza para el socialismo. A trav\u00e9s de dicho proceso, sin embargo, las posibilidades reales de desarrollar el socialismo ser\u00edan ellas mismas cosificadas, deteniendo la marcha de la democratizaci\u00f3n socialista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* Ignacio Marcote es profesor y licenciado en Filosof\u00eda. Desde hace a\u00f1os est\u00e1 abocado a la investigaci\u00f3n en dos tem\u00e1ticas principales: el socialismo y la dial\u00e9ctica. Actualmente la Editorial Biblios prepara la edici\u00f3n del texto <em>La dial\u00e9ctica y sus cr\u00edticos. Para una comprensi\u00f3n del pensamiento dial\u00e9ctico, <\/em>en donde expone los resultados de sus investigaciones sobre el tema.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/herramienta.com.ar\/la-filosofia-de-lukacs-ante-la-cosificacion-de-las-posibilidades#_ftnref1\">[1]<\/a> Aqu\u00ed empezamos a observar una diferencia de contenido entre el t\u00e9rmino \u201cfetichismo\u201d y el t\u00e9rmino \u201ccosificaci\u00f3n\u201d. Pues mientras el primero de ellos parece alcanzar s\u00f3lo a la <em>apariencia<\/em> en el mercado, el segundo abarca incluso la <em>realidad<\/em>. El t\u00e9rmino \u201ccosificaci\u00f3n\u201d est\u00e1 indicando que las relaciones sociales no s\u00f3lo <em>aparecen como <\/em>relaciones entre cosas, sino que se vuelven<em> realmente<\/em> relaciones entre cosas.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/herramienta.com.ar\/la-filosofia-de-lukacs-ante-la-cosificacion-de-las-posibilidades#_ftnref2\">[2]<\/a> Es un error t\u00edpico creer que en la separaci\u00f3n sujeto-objeto coloca a la humanidad en una actitud de dominaci\u00f3n frente a la realidad en su conjunto y no, en todo caso, frente a ciertos aspectos aislados de la misma. La separaci\u00f3n de la objetividad le ha arrebatado al sujeto la capacidad de controlar la totalidad. El drama de la Modernidad ha sido quedar atrapada en una din\u00e1mica del capitalismo que no controla y que vac\u00eda de contenido todos y cada uno de sus postulados. Dado este car\u00e1cter pasivo m\u00e1s que activo de la Modernidad, constituye un error atacar los ideales modernos sin cuestionar al capitalismo, verdadera fuente de degradaci\u00f3n de todos los principios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda b\u00e1sica.<\/strong><\/p>\n<p>Hegel, Georg Wilhelm Friedrich, <em>Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu. <\/em>Trad. de Wenceslao Roces. Bs. As.: FCE, 1992.<\/p>\n<p>-, <em>Ciencia de la l\u00f3gica<\/em>. Trad. de Augusta y Rodolfo Mondolfo. Bs. As.: Solar, 1993.<\/p>\n<p>-, <em>Filosof\u00eda del derecho. <\/em>Trad. de Ang\u00e9lica Mendoza de Montero. Bs. As.: Claridad, 1987.<\/p>\n<p>Kant, Immanuel, <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura. <\/em>Trad. de Jos\u00e9 del Perojo. Bs. As.: Sopena, 1945.<\/p>\n<p>Korsch, Karl, <em>Marxismo y filosof\u00eda.<\/em>Trad. de Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez. M\u00e9xico: Era, 1971.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs, Georg, <em>Historia y consciencia de clase. <\/em>Trad. de Manuel Sacrist\u00e1n. Madrid: Sarpe, 1985. 2 Vols. Al menos que se especifique lo contrario, las citas corresponden al volumen II.<\/p>\n<p>-, <em>El hombre y la democracia<\/em>. Trad. de Mario Prilick y Myriam Kohen. Bs. As.: Contrapunto, 1985.<\/p>\n<p>Marx, Karl, <em>El capital. <\/em>Trad. de Wenceslao Roces. Bs. As.: Siglo XXI, 1999.<\/p>\n<p>-, <em>Grundrisse (1857-1858). Lineamientos fundamentales para la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em>. Trad. de Wenceslao Roces. M\u00e9xico: FCE, 2001.<\/p>\n<p>Weber, Max, \u201cLa pol\u00edtica como vocaci\u00f3n\u201d. En -, <em>El pol\u00edtico y el cient\u00edfico.<\/em> Trad. de Francisco Rubio Llorente. Madrid: Alianza, 1979, p\u00e1gs. 81-179.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<footer>\n<div class=\"container\">\n<div class=\"redes\"><\/div>\n<\/div>\n<\/footer>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ignacio Marcote 1.\u00a0 Introducci\u00f3n. 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