{"id":3403,"date":"2022-01-04T01:22:32","date_gmt":"2022-01-04T01:22:32","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=3403"},"modified":"2022-01-04T01:22:32","modified_gmt":"2022-01-04T01:22:32","slug":"las-nuevas-caras-de-la-derecha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=3403","title":{"rendered":"Las nuevas caras de la derecha"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Enzo Traverso<\/strong><\/p>\n<section class=\"field-body\">A lo largo de la \u00faltima d\u00e9cada, el mundo fue testigo de un aluvi\u00f3n de movimientos de extrema derecha. Con ellos, parec\u00edan resurgir los fantasmas de la d\u00e9cada de 1930 y extenderse por varios continentes la sombra de una oleada neofascista o posfascista. El punto culminante se situ\u00f3 entre 2016 y 2018, con los triunfos electorales de Donald Trump en los Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil y, entretanto, el choque entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron en Francia. Muchos partidos de extrema derecha llegaron al gobierno en pa\u00edses de la Uni\u00f3n Europea, y se terminaron algunas \u00abexcepciones\u00bb, con la aparici\u00f3n de Alternativa para Alemania [Alternative f\u00fcr Deutschland] y el Vox en la escena pol\u00edtica alemana y espa\u00f1ola, respectivamente, m\u00e1s la expansi\u00f3n de la Liga del Norte [Lega Nord] italiana bajo la conducci\u00f3n de Matteo Salvini. Se instalaron gobiernos autoritarios, nacionalistas y xen\u00f3fobos por doquier, desde la Rusia de Vlad\u00edmir Putin hasta la India de Narendra Modi y la Turqu\u00eda de Recep Tayyip Erdo\u011fan. El mundo tomaba un rumbo sombr\u00edo: \u00bfneofascismo, posfascismo, populismo de extrema derecha? El debate sobre c\u00f3mo llamarlo sigui\u00f3 abierto, pero cada cual entend\u00eda que en ese momento el fascismo era m\u00e1s que un \u00e1rea de los estudios hist\u00f3ricos; volv\u00eda a ser una cuesti\u00f3n de la agenda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los observadores \u2014y me incluyo\u2014 cre\u00edan que una nueva crisis econ\u00f3mica acelerar\u00eda dr\u00e1sticamente esa tendencia general y que deb\u00edamos prepararnos para un nuevo y horrible escenario. Se produjo la crisis: desde comienzos de 2020, la pandemia de COVID-19 ha sumido al planeta en una recesi\u00f3n global. Pero al mismo tiempo \u2014por suerte\u2014, nuestro calamitoso diagn\u00f3stico no se ha cumplido. Por supuesto, seguimos en medio de una crisis mundial, los movimientos de extrema derecha no han desaparecido y todav\u00eda hay varios desenlaces posibles. Sin embargo, actualmente queda en claro que ha habido un significativo retroceso en la din\u00e1mica aparentemente inexorable de fascistizaci\u00f3n. El indicador m\u00e1s evidente de este cambio fue la derrota de Trump en noviembre de 2020.<\/p>\n<p>Si observamos desde una perspectiva general este panorama heterog\u00e9neo y contradictorio, sin limitarnos a un \u00fanico pa\u00eds, la pandemia se muestra como la matriz de dos tendencias globales: un giro biopol\u00edtico y un giro potencialmente autoritario. Si bien hablar de una matriz tal vez sea inapropiado \u2014por supuesto, esas tendencias exist\u00edan de antemano\u2014, no hay duda de que la pandemia las increment\u00f3 y las aceler\u00f3 con vigor. Sin excepci\u00f3n, el giro biopol\u00edtico es bastante notorio: los gobiernos desarrollaron extraordinariamente su control sobre las poblaciones, ocup\u00e1ndose de nuestra vida \u2014de nuestros cuerpos f\u00edsicos, literalmente\u2014 como objetos biol\u00f3gicos que administrar y proteger. El futuro de la econom\u00eda global depende de la eficacia de estas pol\u00edticas de salud; en primer lugar, una campa\u00f1a de vacunaci\u00f3n r\u00e1pida, amplia y efectiva. Apoyamos o criticamos a nuestros gobiernos seg\u00fan su capacidad de implementar dichas pol\u00edticas sanitarias. Pero el problema tiene una segunda dimensi\u00f3n, que ya no nos afecta como objetos biopol\u00edticos, sino como sujetos jur\u00eddicos y pol\u00edticos, como ciudadanos.<\/p>\n<p>Esta segunda dimensi\u00f3n es un giro potencialmente autoritario que radica en la transformaci\u00f3n de nuestros gobiernos en \u00abestados de excepci\u00f3n\u00bb, en poderes pol\u00edticos que limitan de manera radical nuestras libertades p\u00fablicas e individuales. Desde luego, aceptamos los confinamientos y las restricciones impuestos en nombre de la seguridad colectiva, pero poco a poco advertimos que estas pol\u00edticas est\u00e1n alterando nuestros estilos de vida, nuestras maneras de trabajar, nuestras formas de socializar e interactuar, y que en nuestras sociedades aumentan radicalmente las diferencias de clase. No es cierto que todos seamos iguales de cara al virus, dado que quedamos expuestos a \u00e9l selectivamente en funci\u00f3n de nuestro estatus social y econ\u00f3mico, y tambi\u00e9n en funci\u00f3n del pa\u00eds al cual pertenecemos. No hay duda de que la pandemia tiene un impacto mayor en el Sur Global. Esto implica desigualdades cada vez mayores en todos los niveles, y, a su vez, m\u00e1s desigualdades implican poderes m\u00e1s autoritarios. En China, la pandemia se neutraliz\u00f3 con medidas desp\u00f3ticas dignas de un gobierno orwelliano. En varios pa\u00edses de Europa, los confinamientos y las restricciones se implementaron mediante la aplicaci\u00f3n de leyes antiterroristas y coincidieron con un significativo aumento de la violencia policial.<\/p>\n<p>En un contexto como este, los movimientos de extrema derecha acaso parezcan buenos candidatos para liderar el giro autoritario hacia el estado de excepci\u00f3n. Pero hay un hecho crucial: no cuentan con credenciales serias para controlar el giro biopol\u00edtico. Como \u00abbuenos pastores\u00bb, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Narendra Modi, Marine Le Pen y Matteo Salvini no tienen credibilidad alguna.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos del fil\u00f3sofo franc\u00e9s Michel Foucault, podr\u00edamos decir que nadie los ve como la personificaci\u00f3n de un \u00abpoder pastoral\u00bb efectivo. Esta es una diferencia significativa entre los actuales movimientos de extrema derecha y el fascismo cl\u00e1sico, y va mucho m\u00e1s all\u00e1 de varios otros deslindes relacionados con nuestros diferentes contextos hist\u00f3ricos. En la d\u00e9cada de 1930, Benito Mussolini, Adolf Hitler y Francisco Franco promet\u00edan un futuro y se mostraban como una respuesta eficaz a la depresi\u00f3n econ\u00f3mica, en contra de las exhaustas democracias liberales que, a los ojos de mucha gente, encarnaban los vestigios de un orden pol\u00edtico en ruinas. Por supuesto, esta era una peligrosa ilusi\u00f3n \u2014el esfuerzo por poner fin a la desocupaci\u00f3n mediante el rearme y la guerra condujo a la cat\u00e1strofe\u2014, pero hasta la Segunda Guerra Mundial su propaganda funcion\u00f3 bastante bien.<\/p>\n<p>No sucede lo mismo con sus herederos. Las respuestas de Trump, Bolsonaro, Modi, Le Pen y Salvini a la pandemia consistieron simplemente en la negaci\u00f3n, la incomprensi\u00f3n, la incompetencia y la ineficiencia. El primer a\u00f1o de pandemia nos hizo tomar una noci\u00f3n cada vez m\u00e1s aguda de que estamos frente a una emergencia global que requiere respuestas globales. Las recetas tradicionales de la extrema derecha \u2014el nacionalismo, el retorno a valores conservadores y a la soberan\u00eda nacional, m\u00e1s la b\u00fasqueda de chivos expiatorios\u2014 no funcionaron en modo alguno. En Italia, Salvini, el carism\u00e1tico l\u00edder de la Liga nacionalista y xen\u00f3foba, se hab\u00eda acostumbrado a organizar manifestaciones masivas en las cuales denunciaba las terribles\u00a0<em>enfermedades\u00a0<\/em>que afectaban a su pa\u00eds: los inmigrantes, los refugiados y, por supuesto, el islam. La pr\u00e9dica del odio hab\u00eda demostrado ser un ejercicio muy popular, y Salvini estaba a la cabeza en las encuestas. Sin embargo, al cabo de algunos meses de pandemia, cuando el pa\u00eds era el epicentro del brote europeo y los hospitales no daban abasto, la gente empez\u00f3 a llenar de elogios a los m\u00e9dicos y enfermeros albaneses, tunecinos y chinos que acud\u00edan en ayuda de sus colegas italianos.<\/p>\n<p>Esta es la se\u00f1al de un retroceso, no de una derrota o una decadencia irreversible. Estamos en medio de un proceso de transici\u00f3n cuyos resultados a\u00fan son desconocidos y est\u00e1n abiertos: o bien un New Deal del siglo XXI, capaz de enfrentar el cambio clim\u00e1tico y revertir las transformaciones producidas por cuarenta a\u00f1os de neoliberalismo, o un giro a la extrema derecha que arrojar\u00e1 a nuestro planeta a la cat\u00e1strofe anunciada. En el contexto actual, los dos resultados son perfectamente posibles.<\/p>\n<p>En el siglo XX, el fascismo era un proyecto de \u00abregeneraci\u00f3n\u00bb de la naci\u00f3n, vista como una comunidad \u00e9tnica y racial homog\u00e9nea. Si este es el n\u00facleo del fascismo, no ser\u00eda err\u00f3neo definir los movimientos de extrema derecha de nuestros d\u00edas, a pesar de tantas diferencias obvias, como los herederos del fascismo cl\u00e1sico. El l\u00e9xico fascista ha cambiado, desde luego, y su \u00abcomunidad imaginada\u00bb exhibe nuevos caracter\u00edsticas o, mejor dicho, nuevos mitos. Designa una pureza supuestamente originaria que es debido defender o restaurar contra sus enemigos: la inmigraci\u00f3n (\u00abel gran reemplazo\u00bb), las invasiones raciales antiblancos, la corrupci\u00f3n de los valores tradicionales por parte del feminismo y los grupos de activismo LGBTQI, el islamismo y sus agentes (el terrorismo y el \u00abislamoizquierdismo\u00bb), etc. Los precursores del surgimiento de esta oleada neofascista anidan en la crisis de hegemon\u00eda de las \u00e9lites globales, cuyas herramientas de gobierno, heredadas de los viejos Estados-naci\u00f3n, parecen obsoletas y cada vez m\u00e1s ineficaces. Como explicaba el marxista italiano\u00a0<a href=\"https:\/\/jacobinlat.com\/tag\/gramsci\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Antonio Gramsci<\/a>\u00a0en su revisi\u00f3n cr\u00edtica de Nicol\u00e1s Maquiavelo, la dominaci\u00f3n es una combinaci\u00f3n de aparatos represivos y una hegemon\u00eda cultural que permite a un r\u00e9gimen pol\u00edtico mostrarse leg\u00edtimo y ben\u00e9fico, en vez de tir\u00e1nico y opresivo. Tras varias d\u00e9cadas de pol\u00edticas neoliberales, las clases dominantes han incrementado enormemente su riqueza y su poder, pero tambi\u00e9n han sufrido una significativa p\u00e9rdida de legitimidad y de hegemon\u00eda cultural. Estas son las premisas para el ascenso del neo posfascismo: por un lado, la creciente \u00abca\u00edda en el salvajismo\u00bb de las clases dominantes y, por otro, las extendidas tendencias autoritarias que su dominaci\u00f3n engendra.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n del fascismo como un proyecto de \u00abregeneraci\u00f3n\u00bb de la naci\u00f3n capta un elemento fundamental de continuidad hist\u00f3rica, pero probablemente sea insuficiente. Contemplado desde una perspectiva hist\u00f3rica, el fascismo fue m\u00e1s que una forma de nacionalismo radical y una idea racista de naci\u00f3n. Tambi\u00e9n fue una pr\u00e1ctica de violencia pol\u00edtica, un anticomunismo militante y una completa destrucci\u00f3n de la democracia. La violencia, especialmente dirigida contra la izquierda y el comunismo, fue la forma privilegiada de su acci\u00f3n pol\u00edtica, y en todos los lugares donde lleg\u00f3 al poder \u2014ya fuese por v\u00edas legales, como en Italia y Alemania, o por medio de un golpe militar, como en Espa\u00f1a\u2014, el fascismo destruy\u00f3 la democracia. Desde este punto de vista, los nuevos movimientos de la derecha radical tienen una relaci\u00f3n diferente tanto con la violencia como con la democracia. Si bien pretenden defender al \u00abpueblo\u00bb contra las \u00e9lites y restablecer el orden, no quieren crear un nuevo orden pol\u00edtico. En Europa, est\u00e1n m\u00e1s interesados en hacer valer tendencias autoritarias y nacionalistas dentro de la Uni\u00f3n Europea que en destruir sus instituciones. Esa es la postura de Viktor Orb\u00e1n en Hungr\u00eda y de Mateusz Morawiecki en Polonia, as\u00ed como de Marine Le Pen en Francia y Matteo Salvini en Italia, dos l\u00edderes que en \u00faltima instancia aceptaron el euro. La Liga italiana recientemente particip\u00f3 en un gobierno de coalici\u00f3n encabezado por Mario Draghi, exdirector del Banco Central Europeo y figura prominente del neoliberalismo y las \u00e9lites financieras. En la India, Brasil y los Estados Unidos, l\u00edderes de extrema derecha llegaron al poder y desplegaron tendencias autoritarias y xen\u00f3fobas sin cuestionar el marco institucional de sus Estados. Bolsonaro y Trump no solo fueron incapaces de disolver el Poder Parlamentario; terminaron (o est\u00e1n en tren de terminar) su mandato enfrentando varios procedimientos de destituci\u00f3n.<\/p>\n<p>El caso de Trump, el m\u00e1s discutido en los \u00faltimos meses, es particularmente instructivo. Su trayectoria fascista se revel\u00f3 con claridad cuando al final de su presidencia se neg\u00f3 a admitir la derrota y busc\u00f3 invalidar el resultado electoral. Sin embargo, la \u00abinsurrecci\u00f3n\u00bb folcl\u00f3rica de partidarios suyos que invadieron el Capitolio no fue un golpe fascista fallido; en cambio, entra\u00f1\u00f3 un intento desesperado de invalidar una elecci\u00f3n por parte de un l\u00edder que, sin lugar a dudas, hab\u00eda roto las reglas m\u00e1s elementales de la democracia \u2014lo cual posibilita describirlo como fascista\u2014, pero se mostraba incapaz de se\u00f1alar una alternativa pol\u00edtica. Es indudable que Francisco Franco y Augusto Pinochet habr\u00edan considerado ese \u00abalzamiento\u00bb del 6 de enero como una iniciativa de aficionados pat\u00e9ticos. Lo acontecido en el Capitolio revel\u00f3 de manera indiscutible la existencia de un movimiento fascista de masas en los Estados Unidos, y en un sentido m\u00e1s amplio, un movimiento fascista organizado por medio de una red de milicias armadas. Aun as\u00ed, este movimiento sigue muy lejos de conquistar el poder, y su consecuencia inmediata fue hundir al Partido Republicano en una profunda crisis. Trump hab\u00eda ganado las elecciones de 2016 como candidato de ese partido: una coalici\u00f3n de \u00e9lites econ\u00f3micas, clases medias altas interesadas en los recortes impositivos, defensores de los valores conservadores, fundamentalistas cristianos y clases populares blancas empobrecidas que se sent\u00edan atra\u00eddas por un voto de protesta. Por cierto, esta coalici\u00f3n puede recrearse.<\/p>\n<p>Sin embargo, como l\u00edder fascista de un movimiento de supremacistas blancos y nacionalistas reaccionarios, Trump no cuenta con muchas posibilidades de ser reelecto. Por a\u00f1adidura, habr\u00eda que entender en su contexto el movimiento fascista que lo respalda. En contraste con la milicia fascista italiana (los camisas negras) entre 1920 y 1925 o los SA [Sturmabteilung] nazis entre 1930 y 1933, que expresaban la ca\u00edda del monopolio estatal de la violencia en la Italia y la Alemania de posguerra, respectivamente, las milicias de Trump son un legado envenenado de la historia estadounidense, la historia de un pa\u00eds donde la posesi\u00f3n individual de armas se considera una caracter\u00edstica de la libertad pol\u00edtica. Por estremecedor que resulte, esto no es el presagio de un Estado a punto de derrumbarse. En los a\u00f1os treinta del siglo XX, las \u00e9lites industriales, financieras y militares europeas apoyaron al fascismo como soluci\u00f3n a las crisis pol\u00edticas end\u00e9micas y a la par\u00e1lisis institucional; tambi\u00e9n, y sobre todo, como una defensa contra el bolchevismo. Hoy en d\u00eda, respaldan al neoliberalismo. En los Estados Unidos, el\u00a0<em>establishment\u00a0<\/em>puede apoyar al Partido Republicano como alternativa t\u00edpica al Partido Dem\u00f3crata; pero el Pent\u00e1gono nunca adherir\u00eda a un golpe de supremacistas blancos para impedir la elecci\u00f3n de Joe Biden como cabeza del Poder Ejecutivo. En el llamado Viejo Mundo, el\u00a0<em>establishment\u00a0<\/em>est\u00e1 representado por la Uni\u00f3n Europea y se opone con firmeza a los movimientos populistas, nacionalistas y posfascistas que reclaman un retorno a las \u00absoberan\u00edas nacionales\u00bb.<\/p>\n<p>El fascismo cl\u00e1sico naci\u00f3 en un continente devastado por la guerra total y se desarroll\u00f3 en una atm\u00f3sfera de guerras civiles, dentro de Estados profundamente inestables y con mecanismos institucionales paralizados por agudos conflictos pol\u00edticos. Su radicalismo surgi\u00f3 de una confrontaci\u00f3n con el bolchevismo, que le dio el car\u00e1cter \u00abrevolucionario\u00bb. El fascismo consist\u00eda en una ideolog\u00eda y un imaginario ut\u00f3picos, que crearon el mito del \u00abhombre nuevo\u00bb y la grandeza nacional. Los nuevos movimientos de extrema derecha carecen de todos esos pilares: son producto de una crisis de hegemon\u00eda que no puede compararse con el derrumbe europeo de la d\u00e9cada de 1930; su radicalismo no incluye ni un asomo de \u00abrevolucionario\u00bb, y su conservadurismo \u2014una defensa de los valores y las culturas tradicionales, las \u00abidentidades nacionales\u00bb amenazadas y una respetabilidad burguesa opuesta a las \u00abdesviaciones\u00bb sexuales\u2014 est\u00e1 desprovista de la idea de futuridad que model\u00f3 de manera tan profunda las ideolog\u00edas y utop\u00edas fascistas. Por eso, me parece m\u00e1s apropiado describirlos como posfascistas, no como neofascistas.<\/p>\n<p>\u00bfEsto significa que no existe un peligro fascista? De ning\u00fan modo. A decir verdad, si observamos el presente a trav\u00e9s de un prisma hist\u00f3rico, no podemos descartar esa posibilidad. El impresionante ascenso de los movimientos, partidos y gobiernos de extrema derecha muestra con claridad que el fascismo puede convertirse en una alternativa. Pero aunque no cabe duda de que persiste la posibilidad de una nueva era posfascista, es importante se\u00f1alar que la crisis econ\u00f3mica desatada por la pandemia no la fortaleci\u00f3. As\u00ed, la pretensi\u00f3n ultraderechista de encarnar una alternativa \u00abantisistema\u00bb probablemente parezca menos convincente hoy en d\u00eda que cinco a\u00f1os atr\u00e1s. En \u00faltima instancia, sin embargo, el futuro de los movimientos de extrema derecha no depender\u00e1 exclusivamente de su evoluci\u00f3n interna, su orientaci\u00f3n ideol\u00f3gica y sus decisiones estrat\u00e9gicas, ni tampoco del apoyo que puedan obtener de las \u00e9lites globales. A fin de cuentas, depender\u00e1 de qu\u00e9 capacidad tenga la izquierda para delinear una alternativa.<\/p>\n<\/section>\n<div class=\"bioautores\">\n<div class=\"field-autores-descripcion\">\n<div class=\"field-autor\"><a href=\"https:\/\/www.sinpermiso.info\/autores\/Enzo-Traverso\">Enzo Traverso<\/a><\/div>\n<div class=\"field-descripcion\">Historiador, profesor de la Universidad de Cornell y autor, entre otros, de Melancol\u00eda de izquierda. Marxismo, historia y memoria (Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2018).Este texto es el prefacio a la nueva edici\u00f3n de Las nuevas caras de la derecha (Siglo XXI, 2021), de Enzo Traverso.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><span class=\"field-label\">Fuente:<\/span><\/p>\n<div class=\"field-fuente inline\">https:\/\/jacobinlat.com\/2021\/12\/14\/las-nuevas-caras-de-la-derecha\/<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Enzo Traverso A lo largo de la \u00faltima d\u00e9cada, el mundo fue testigo de un aluvi\u00f3n de movimientos de extrema derecha. Con ellos, parec\u00edan resurgir los fantasmas de la d\u00e9cada de 1930 y extenderse por varios continentes la sombra de una oleada neofascista o posfascista. 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