{"id":4055,"date":"2024-01-02T11:32:32","date_gmt":"2024-01-02T11:32:32","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=4055"},"modified":"2024-01-02T11:32:32","modified_gmt":"2024-01-02T11:32:32","slug":"la-lengua-de-tus-padres-la-imposibilidad-de-lograr-algo-viniendo-de-la-clase-obrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4055","title":{"rendered":"La lengua de tus padres: la imposibilidad de lograr algo viniendo de la clase obrera"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por John Merrick<\/strong><\/p>\n<section class=\"field-body\">En cierto momento a finales del 2019 me vi sobrepasado por la sensaci\u00f3n de que mi vida hab\u00eda llegado a un impasse. Los problemas personales y profesionales me dejaron a\u00fan m\u00e1s precario y desvinculado de mi entorno social inmediato de lo que nunca hab\u00eda estado antes; la vida que tanto me hab\u00eda esforzado en construir parec\u00eda desmoronarse lentamente a mi alrededor. Ten\u00eda treinta y pocos a\u00f1os, estaba ap\u00e1tico e insatisfecho. Muchos de mi generaci\u00f3n lo est\u00e1n. Sin embargo, la mayor\u00eda tiene una estabilidad que viene tanto del capital cultural aprendido como del heredado, un ancla familiar que les impide flotar demasiado lejos. Yo mismo he deseado a menudo tener ese tipo de anclas. Quiz\u00e1 por eso empec\u00e9 a sentir la p\u00e9rdida del hogar con m\u00e1s intensidad que nunca, por muy lejos que lo sintiera ahora.<\/p>\n<p>Sentir\u00eda ese tir\u00f3n en las situaciones m\u00e1s at\u00edpicas. Hablando con amigos en el pub despu\u00e9s del trabajo, me asaltaban los recuerdos de casa y el olor a cerveza rancia en el suelo pegajoso me tra\u00eda v\u00edvidos recuerdos de mi juventud; la gota de lluvia en la piel me recordaba los d\u00edas y las noches que pasaba en parques y campos, haciendo novillos en la escuela y haciendo el vago. El tir\u00f3n, experimentado como si me arrastrara hacia atr\u00e1s en contra de cada parte de m\u00ed que hab\u00eda organizado conscientemente para evitarlo, me devolv\u00eda a Crewe, mi ciudad natal y donde a\u00fan vive mi familia. Obviamente, aunque de forma inconsciente, estaba buscando algo, alguna respuesta a una pregunta que a\u00fan no pod\u00eda definir. Estar cerca de aquellas personas cuya presencia en los primeros a\u00f1os de mi vida dio forma a la persona que soy hoy, la persona que eligi\u00f3 escapar, \u00bfofrecer\u00eda alg\u00fan sentido de permanencia, de pertenencia? \u00bfPodr\u00eda llenar el agujero que amenazaba con abrirse en abismo?<\/p>\n<p>Era esta nostalgia, este sentimiento de p\u00e9rdida, m\u00e1s que cualquier ardiente deseo de volver al seno familiar, lo que me trajo de vuelta al norte. O quiz\u00e1s eso es solo lo que me dec\u00eda a m\u00ed mismo. Hab\u00eda tambi\u00e9n un anhelo extra\u00f1o, un anhelo de algo m\u00e1s (de comunidad quiz\u00e1s) y un sentimiento que no hab\u00eda experimentado antes, al menos no voluntariamente. Volver a casa siempre hab\u00eda sido m\u00e1s una obligaci\u00f3n que un deseo. Cada seis meses m\u00e1s o menos oir\u00eda como crec\u00eda el tono de reprimenda en la voz de mi madre, cuando habl\u00e1bamos por tel\u00e9fono. A menudo en verano y despu\u00e9s otra vez en navidad har\u00eda visitas, nunca qued\u00e1ndome m\u00e1s de unos pocos d\u00edas. Pero esta vez el tir\u00f3n que sent\u00eda estaba ah\u00ed.<\/p>\n<p>La estaci\u00f3n de tren de Crewe, esa famosa terminal anta\u00f1o tan grandiosa y reluciente, se encuentra ahora en un estado bastante lamentable. La propia estaci\u00f3n es, en muchos sentidos, la raz\u00f3n de ser de Crewe. La estaci\u00f3n precedi\u00f3 a la ciudad, la llegada del ferrocarril convoc\u00f3 a Crewe de la nada en los campos de la llanura de Cheshire. Sin ella, y sin el trabajo que proporciona, no existir\u00eda Crewe.<\/p>\n<p>La l\u00ednea que viene de Londres atraviesa varios kil\u00f3metros de campi\u00f1a llana antes de llegar a la ciudad. La arquitectura industrial, algunas muy antiguas y otras nuevas aunque no en mejor estado, da idea de la pujanza de la ciudad en a\u00f1os pasados. El estado decr\u00e9pito de los edificios es quiz\u00e1 una se\u00f1al de su futuro. Pero si es as\u00ed, la propia estaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s premonitoria.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con mi familia estaba fracturada desde hac\u00eda tiempo. No tiene nada de extra\u00f1o. Me he dado cuenta de que, en contra de la imagen idealizada de las familias felices de clase media, muy pocos tenemos una vida familiar perfecta. Supongo que es aqu\u00ed donde debo citar a Larkin (\u201cEllos te joden, tu madre y tu padre.\/Puede que no lo pretendan, pero lo hacen.\/Te llenan de los defectos que ellos tuvieron\/ Y a\u00f1aden algunos extra, s\u00f3lo para ti\u201d). Sin duda, mis padres contribuyeron bastante a mis muchas cagadas, pero siempre he visto el proceso que Larkin compara con la profundizaci\u00f3n de una plataforma costera como algo m\u00e1s ballardiano: una fachada de civismo que se desmorona, la aparentemente perfecta fachada de la familia suburbana que esconde oscuros secretos y cortinas que se mueven, cada hogar una zona de desastre potencial. En este punto tambi\u00e9n existe el peligro de caer en la narrativa habitual de la huida de la clase trabajadora, al convertir a mi familia en algo excepcional. Esto no es como en la pel\u00edcula Hillbilly: una eleg\u00eda rural, no hay una historia de mira lo jodida que est\u00e1 mi familia, \u00bfno soy maravilloso y valiente e inteligente y excepcional por haber escapade? Mi familia es una m\u00e1s entre miles como ella, viviendo en las mismas condiciones, arregl\u00e1ndoselas de la misma manera, intentando hacer algo con lo que les ha tocado. Pero aqu\u00ed hay algo diferente: a muy pocas personas en estas situaciones se les da voz. No se les permite hablar, por lo que se olvida su existencia, su lugar en el mundo y en los pueblos y ciudades de Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>Cuando yo era muy joven, mi familia encajaba en la categor\u00eda de \u00abclase trabajadora respetable\u00bb que Lynsey Hanley ha descrito tan maravillosamente. Entre la capilla y el sal\u00f3n sindical, los trabajos estables y las familias unidas, durante generaciones hab\u00edan trabajado para forjarse algo m\u00e1s de lo que se les hab\u00eda dado. Mis abuelos se enorgullec\u00edan de su laboriosidad, de su vida trabajadora, de las muchas horas dedicadas a crear algo para sus hijos y sus familias, por escasos que parecieran los resultados.<\/p>\n<p>Esta forma de respetabilidad se manifiesta de maneras extra\u00f1as. Cada vez que pienso en ello, me imagino a mi abuela presumiendo ante cualquiera que pudiera o\u00edrla de que su marido, el padre de mi padre, John, no hab\u00eda probado una gota de alcohol en d\u00e9cadas. La corriente del abstemio laborioso, a menudo de inspiraci\u00f3n metodista, flu\u00eda con fuerza por esta parte del norte, reuniendo incluso a aquellos cuyo lugar era la iglesia y no la capilla. Era una se\u00f1al para los de alrededor de que, frente a \u201clos de all\u00ed\u201d, ya fueran los borrachos de los pubs, que desperdiciaban su vida, o incluso las \u00e9lites atiborradas y borrachas, \u201cnosotros\u201d \u00e9ramos gente trabajadora y honesta. Sin embargo, la tradici\u00f3n familiar, transmitida de boca en boca por primos y sobrinos, desment\u00eda tales alardes. Cuando \u00e9ramos adolescentes, siempre sab\u00edamos exactamente d\u00f3nde escond\u00eda el abuelo su paquete de seis Boddingtons en el cobertizo, sabiendo tambi\u00e9n que estaban ah\u00ed para que los cogi\u00e9ramos. No se trataba de un simple odio de clase, era tambi\u00e9n un odio volcado hacia uno, un miedo a otros muy parecidos a uno mismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando yo llegu\u00e9, a finales de los ochenta, todo eso hab\u00eda empezado a desintegrarse. Mis padres eran los t\u00edpicos de muchas ciudades obreras del norte que, al ver el declive del empleo industrial s\u00f3lido de la generaci\u00f3n de sus propios padres, buscaron una salida en los negocios independientes. Mi padre, diez a\u00f1os mayor que mi madre, era mec\u00e1nico; mi madre, cocinera en la comisar\u00eda de polic\u00eda local. Poco despu\u00e9s de que naci\u00e9ramos mi hermana y yo, firmaron el contrato de arrendamiento de un pub en Nantwich, vecino cercano de Crewe, pero culturalmente tan lejano como se pueda imaginar, m\u00e1s parecido a las buc\u00f3licas ciudades de mercado de los condados de los alrededores de Londres que a un enclave septentrional. Para ellos, de mediana edad y sin cualificaciones formales, era el \u00faltimo sue\u00f1o de libertad. Una vida sin las limitaciones de largas horas de trabajo agotador, sin la monoton\u00eda de los desplazamientos ni el acoso constante de los superiores. Por fin podr\u00edan ser sus propios jefes, trabajar para s\u00ed mismos, construir algo para s\u00ed mismos y para sus hijos.<\/p>\n<p>Sin embargo, el sue\u00f1o se agri\u00f3 r\u00e1pidamente. A principios de la d\u00e9cada de 2000, mi padre se declar\u00f3 en quiebra. El pub, atrapado entre una poblaci\u00f3n rural-urbana en declive a las afueras de Crewe, el aumento de los impuestos sobre el alcohol y los cigarrillos y el auge de cervecer\u00edas baratas como Wetherspoons, ten\u00eda pocas posibilidades. Aunque afirmar que \u00e9stas fueron las \u00fanicas causas del fracaso del pub ser\u00eda ignorar tanto los cambios m\u00e1s amplios en la vida de la ciudad (\u00bfpor qu\u00e9 exactamente lugares baratos y sin alma como Wetherspoons en Crewe, a menudo clasificados como los peores del pa\u00eds, o incluso beber latas tibias en casa, atra\u00edan donde los caros pubs locales ya no lo hac\u00edan?), como sus fracasos empresariales fundamentales.<\/p>\n<p>Desde los sue\u00f1os de huida, la ca\u00edda en picado hasta el fondo fue brusca. Cualquiera que haya vivido ca\u00eddas tan estrepitosas puede decir que no s\u00f3lo afecta a la cuenta bancaria: altera el sentido de uno mismo, la relaci\u00f3n con el mundo, la fortaleza mental y la capacidad de recuperaci\u00f3n. Cuando el nivel de vida cae, o incluso se despe\u00f1a por el precipicio de esta manera, todas estas cosas son da\u00f1os colaterales y mucha gente se ve arrastrada por el desastre. Hubo algunas medidas compensatorias, todas probadas, ninguna buena. La \u00fanica que parec\u00eda pegar era la bebida. En 2019, la vida de ambos era cada vez m\u00e1s dif\u00edcil, con mala salud, m\u00e1s tiempo en el pub bebiendo lo poco que ten\u00edan, viviendas precarias y conexiones a\u00fan m\u00e1s pobres con el mundo que les rodeaba.<\/p>\n<p>Aunque mi vida familiar no tiene nada de excepcional, la experiencia de las familias de clase trabajadora s\u00ed tiene algo de excepcional. Cuando esos trabajos estables se fueron, algo tuvo que ocupar su lugar. Las familias se derrumban, caen sobre s\u00ed mismas. Pero es su car\u00e1cter excepcional lo que tambi\u00e9n hace que se ignoren los problemas de la vida familiar de la clase trabajadora. Despu\u00e9s de los a\u00f1os del Nuevo Laborismo, cuando la vida familiar de tantos fue patologizada como delincuente (pensemos en las representaciones culturales de aquellos a\u00f1os, los Little Britain y los Jade Goody llenando los horarios de todos los canales), desde entonces han retrocedido a un segundo plano, y con ese retroceso tambi\u00e9n lo ha hecho la comprensi\u00f3n de mucha gente de las causas de las divisiones del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Cuando le digo a la gente que soy de Crewe, la respuesta habitual es contar historias de largas esperas en la estaci\u00f3n con resaca, encorvados sobre un rollo de salchicha tibio mientras esperan a que el tren, inevitablemente retrasado, les aleje de ese desdichado lugar. Esto parece haber sido un rito de paso para todos los que han viajado al norte de Stockport. Mis propias experiencias en la estaci\u00f3n no son mucho mejores: largas esperas en el fr\u00edo por trenes que nunca llegan y la expectativa de volver a mi vida lejos de all\u00ed.<\/p>\n<p>Es como si, para cualquiera que no haya tenido la desgracia de crecer all\u00ed, nada definiera a la ciudad excepto su estaci\u00f3n. En sus memorias, William Cooper, un novelista ya casi olvidado y uno de los \u00fanicos hijos famosos de la ciudad, describe Crewe como \u201cun notable nudo ferroviario\u201d; s\u00f3lo m\u00e1s tarde a\u00f1ade algunos detalles humanos sobre el lugar (en este caso sus numerosos puentes). Habla del famoso timbre, de las filas y filas de casas uniformes para trabajadores construidas por el ferrocarril, del placer que experiment\u00f3 m\u00e1s tarde en su vida al contar a la gente que creci\u00f3 con \u201cvapor en las venas\u201d como ni\u00f1o de esa ilustre ciudad ferroviaria.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay otros recuerdos de la estaci\u00f3n de tren. Una o dos generaciones antes de la m\u00eda, la moda del trainspotting se apoder\u00f3 de los chicos de todo el pa\u00eds. El hecho de que Crewe fuera un nudo ferroviario muy transitado la convert\u00eda en la meca de los chavales que, agarrados a un termo de t\u00e9 en una mano y con un cuaderno y un l\u00e1piz listos en la otra, esperaban a que pasara a toda velocidad el tren de las 4.30 procedente de Glasgow o los trenes de carga de los campos de carb\u00f3n de Yorkshire y el sur de Gales.<\/p>\n<p>Si algo hay aqu\u00ed, es que Crewe es en s\u00ed misma una mera estaci\u00f3n de paso. Para m\u00ed, al menos, y para muchos de los viajeros que atraviesan el vest\u00edbulo de la estaci\u00f3n. Pero no para todos. De hecho, mis padres nunca salieron de all\u00ed, y ahora rara vez lo hacen. Cuando me cas\u00e9 hace unos a\u00f1os, en Canad\u00e1, la enfermedad y la discapacidad les impidieron venir. Puede que su matrimonio se haya desvanecido, como tantas otras cosas, pero ellos siguen ah\u00ed. Atascados, dentro. En Crewe.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas antes de mi regreso, mi madre me llam\u00f3 desde el hospital. Desde hac\u00eda unas semanas, mi padre estaba confuso e inquieto. Su memoria iba y ven\u00eda. Algunos d\u00edas estaba brillante y l\u00facido, y otros se olvidaba de comer o beber. Confund\u00eda nombres, olvidaba lo que estaba haciendo, entraba en una habitaci\u00f3n y volv\u00eda a salir. Su estado empeor\u00f3 r\u00e1pidamente. Mi madre oy\u00f3 un ruido sordo en el ba\u00f1o y, al entrar, lo encontr\u00f3 desmayado en el suelo, sin poder moverse. Cuando lleg\u00f3 al hospital, descubrimos que hab\u00eda sufrido una serie de derrames cerebrales, el primero de ellos hac\u00eda 18 meses. El diagn\u00f3stico era demencia vascular, una enfermedad que afectar\u00eda gravemente a su memoria y a su capacidad para funcionar durante el resto de su vida.<\/p>\n<p>A pesar de las protestas de mi madre, volv\u00ed corriendo a casa. Cuando llegu\u00e9, mi padre estaba sentado en la cama del hospital. Nunca le hab\u00eda visto tan viejo. All\u00ed estaba, rodeado de geriatras, confuso y desorientado. Tus padres te ayudan a navegar por tu propia vida. Cuando eres ni\u00f1o, parecen casi sobrehumanos, invencibles. Existen en un reino sin edad, vigil\u00e1ndote. A medida que creces, cuando pasas por la adolescencia, puedes notar en ellos los primeros signos de envejecimiento. Cuando te vas de casa y el intervalo entre visitas se alarga, el envejecimiento se hace cada vez m\u00e1s visible.<\/p>\n<p>Pero esta vez el envejecimiento parec\u00eda haberse acelerado mucho m\u00e1s de lo que yo hab\u00eda cre\u00eddo posible. Fue hace menos de una d\u00e9cada cuando su salud empez\u00f3 a deteriorarse de verdad. Una diabetes mal controlada provoc\u00f3 la obstrucci\u00f3n de las principales arterias de sus piernas y pies, hasta tal punto que unos peque\u00f1os cortes y ara\u00f1azos en los dedos le provocaron gangrena. Primero le amputaron los dedos para salvarle. Luego se le inflaron artificialmente las venas: se introdujeron peque\u00f1os globos en las arterias que conectaban las piernas con el coraz\u00f3n y se bombe\u00f3 aire para desatascarlas. Pero nada parec\u00eda funcionar. La infecci\u00f3n se extend\u00eda cada vez m\u00e1s. Finalmente, le amputaron toda la pierna, justo por debajo de la rodilla. D\u00e9cadas de alcoholismo y mala alimentaci\u00f3n acabaron por alcanzarle, casi 15 a\u00f1os despu\u00e9s de que su mejor amigo muriera de una insuficiencia hep\u00e1tica provocada por toda una vida en los pubs y bares de Cheshire. Cualquier esperanza de que esto calmara su forma de beber se desvaneci\u00f3 r\u00e1pidamente. Casi tan pronto como le dieron el alta del hospital, con la pierna postiza y la silla de ruedas a cuestas, volvi\u00f3 al bar.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo envejec\u00eda antes de tiempo, sino que su posici\u00f3n pol\u00edtica empezaba a endurecerse.\u00a0 Siempre hab\u00eda tenido una vena de reacci\u00f3n en \u00e9l, pero en los \u00faltimos a\u00f1os hab\u00eda empezado a encontrar este maloliente Little Englandism<a id=\"_ftnref1\" title=\"\" href=\"https:\/\/www.sinpermiso.info\/textos\/la-lengua-de-tus-padres-la-imposibilidad-de-lograr-algo-viniendo-de-la-clase-obrera#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> cada vez m\u00e1s presente, y cada vez m\u00e1s repulsivo. D\u00e9cadas de rodearse de grupos variopintos de alba\u00f1iles, mec\u00e1nicos, comerciantes y ex polic\u00edas le dieron una visi\u00f3n perversa de los los problemas sociales y econ\u00f3micos del pa\u00eds. Sin embargo, tuviera mi influencia sobre ellos alg\u00fan efecto o no, mi familia mantuvo siempre una especie de laborismo visceral, un peque\u00f1o recordatorio de que la pol\u00edtica que la gente conforma, y que llega a formarles, se forja en un sistema social contradictorio, a menudo opaco incluso para los que incluso para los que est\u00e1n en \u00e9l. No parec\u00eda haber contradicci\u00f3n alguna entre su apoyo al Partido Laborista, o entre su conservadurismo social y yo, su hijo, cuya vida parec\u00eda tan distante.<\/p>\n<p>En diciembre, su deterioro parec\u00eda casi total. Apoyado en una cama de hospital, apenas me reconoc\u00eda. Me sentaba con \u00e9l mientras rega\u00f1aba a las enfermeras por indiscreciones imaginarias, grit\u00e1ndoles desde el otro lado de la sala, quej\u00e1ndose de la conspiraci\u00f3n para mantenerlo, un hombre perfectamente sano, en el hospital sin ninguna raz\u00f3n. Uno de los aspectos m\u00e1s perjudiciales de la demencia es la incapacidad de quien la padece para reconocer su enfermedad. Es una afecci\u00f3n insidiosa, que corroe los v\u00ednculos sociales, al tiempo que deja a la persona afectada ajena a sus peores s\u00edntomas. Cuando me sent\u00e9 a su lado, pude ver c\u00f3mo se esforzaba por recordar mi nombre, c\u00f3mo se le mov\u00edan los engranajes. \u00bfAndrew? \u00bfJason? Algo as\u00ed. Se repet\u00eda constantemente, preguntando d\u00f3nde estaba el agua o qu\u00e9 hab\u00edamos hecho con sus gafas. Le dec\u00eda a mi madre que le llevara a casa, a pesar de que su ceguera le hab\u00eda impedido conducir durante los \u00faltimos cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Fue alrededor de navidad cuando por fin le permitieron volver a casa. Esta fue quiz\u00e1s nuestra navidad m\u00e1s inc\u00f3moda. Yo, solo otra vez. Mi padre, confuso y olvidadizo, su confusi\u00f3n a menudo se convert\u00eda en ira. Los problemas menores se convert\u00edan r\u00e1pidamente en grandes discusiones y peleas a gritos entre habitaciones. Se levantaban los pu\u00f1os. Me dijo que no quer\u00eda volver a verme, que me fuera de casa y no volviera. No era la primera vez, pero s\u00ed la m\u00e1s grave.<\/p>\n<p>Uno o dos d\u00edas despu\u00e9s pude ver el dolor en su cara. No habl\u00f3 de ello, pero debi\u00f3 de traerle recuerdos dolorosos. Tengo una familia, dos hermanastras y un hermano, a los que nunca he visto, de los que apenas he o\u00eddo hablar. Conozco sus nombres, en alguna parte, aunque no puedo recordarlos. Rara vez son mencionados, excepto cuando \u00e9l me dice que no quiere perderme nunca. No importa lo lejos que est\u00e9, no importa lo que pase en mi vida, \u00e9l nunca quiere perderme como ha perdido a otros antes.<\/p>\n<p>Todo esto me hizo revivir sentimientos que hab\u00eda intentado reprimir con todas mis fuerzas. A los 18 a\u00f1os, jur\u00e9 no mirar atr\u00e1s. El hecho de irme de casa me liberaba de mi pasado. De adolescente, me escapaba de Crewe a las ciudades cercanas de Manchester y Stoke. Las ciudades ofrec\u00edan una sensaci\u00f3n de posibilidad. Como el hombre de la multitud de Baudelaire, era an\u00f3nimo y pod\u00eda ser quien quisiera. Sin embargo, hay una forma de comunidad que ofrecen las ciudades de clase trabajadora como Crewe, una que proporciona una forma de red de seguridad social b\u00e1sica, por escasa que pueda parecer desde lejos. La familia y los vecinos cuidan de tus hijos por la tarde, lo que permite un respiro moment\u00e1neo en el cuidado de los ni\u00f1os, o te ayudan si caes enfermo o te quedas en paro. Pero tener esto significa la presencia de una vigilancia invasiva, aunque se entienda como una forma cari\u00f1osa de cuidado. La comunidad puede ser tanto libertad como subordinaci\u00f3n, a menudo al mismo tiempo. Al crecer, fue esta sensaci\u00f3n la que lleg\u00f3 a dominar. Una sensaci\u00f3n a menudo agobiante de que no pod\u00eda escapar, de que me miraban, me observaban, me cartografiaban, de que lo que hac\u00eda y cu\u00e1ndo lo sab\u00eda todo el mundo, de que las comunidades que se formaban en torno a mi familia me reten\u00edan. Fue esto lo que lleg\u00f3 a definir mi relaci\u00f3n no s\u00f3lo con la ciudad, sino tambi\u00e9n con los que me rodeaban.<\/p>\n<p>Alejarse, intentar escapar de las ataduras que te mantienen tan firmemente en tu lugar, siempre se siente como una especie de rechazo. Un rechazo de qui\u00e9n eras y de d\u00f3nde ven\u00edas. Pero tambi\u00e9n es entrar en un mundo en el que nunca te sientes del todo a gusto. Aunque las universidades en las que estudi\u00e9 no estaban llenas de hijos e hijas precoces de las \u00e9lites gobernantes, tampoco estaban llenas de los hijos de los trabajadores de manos callosas. A pesar de estar en Salford, otra zona de clase obrera en la frontera con Manchester, no pude evitar experimentar una profunda sacudida al llegar. Enseguida me di cuenta de que la escuela no s\u00f3lo ofrece conocimientos. Quiz\u00e1 lo m\u00e1s importante es que transmite una confianza que nace tanto del entorno social como de la propia escuela. A los que van a las mejores escuelas se les inculca la sensaci\u00f3n de que \u00e9ste es su mundo, de que pueden hacer lo que quieran y trabajar para conseguirlo. El \u00fanico sentimiento que pod\u00eda ver que me llevar\u00eda all\u00ed era la evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero cuanto m\u00e1s intentas huir de casa, mayor es el sentimiento de p\u00e9rdida. Durante gran parte de mi vida, despu\u00e9s de haberme marchado, intent\u00e9 ocultar mi origen, mantener los hechos b\u00e1sicos de mi vida antes de los 18 a\u00f1os ocultos a todos menos a los amigos m\u00e1s \u00edntimos. Constru\u00ed, a base de paciente trabajo, un muro de capital cultural tras el que esconderme. Aprend\u00ed a jugar a los juegos de la clase media mejor que ellos, no porque fuera m\u00e1s listo, sino porque para ellos el juego estaba oculto, era lo \u00fanico que conoc\u00edan. Yo tuve que aprenderme las reglas.<\/p>\n<p>Como tal, parec\u00eda existir en la brecha entre las clases sociales. No era ni uno de ellos, ni uno de nosotros. En la sociedad brit\u00e1nica, la mayor\u00eda de las veces son simples significantes los que sustituyen al an\u00e1lisis de clase. Pensemos en los interminables art\u00edculos y reportajes de televisi\u00f3n llenos de entrevistas a pie de calle en cualquier ciudad del norte en la que acabe el reportero. Todo lo que se necesita para que alguien se convierta en la voz de la aut\u00e9ntica clase trabajadora blanca es un acento regional y una pol\u00edtica reaccionaria. Yo hab\u00eda pasado a\u00f1os ocultando conscientemente mi acento, desarrollando una especie de voz sure\u00f1a gen\u00e9rica, sin lugar ni clase, salpicada de vez en cuando de una \u201cA\u201d min\u00fascula (todav\u00eda no me atrevo a decir \u201cbaarth\u201d en lugar de \u201cbath\u201d, o \u201cgraarse\u201d en lugar de \u201cgrass\u201d). Me convert\u00ed en un hombre de letras, educado a todos los efectos igual que los dem\u00e1s en los c\u00edrculos enrarecidos que empec\u00e9 a frecuentar. Pero, a trav\u00e9s de esta oclusi\u00f3n, de este oscurecimiento de una parte fundamental de lo que soy y de c\u00f3mo llegu\u00e9 a ser, la sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida de m\u00ed mismo se volvi\u00f3 lentamente abrumadora. Si poco m\u00e1s queda de las lecciones de Freud, sin duda queda la verdad de que lo reprimido siempre vuelve para atormentarnos, tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s intentamos reprimirlo.<\/p>\n<p>Vivir sin un sentido completo de uno mismo, sin sentirse en casa en ning\u00fan sitio, es algo demasiado com\u00fan. Pero quienes cambian de posici\u00f3n social y de clase sienten esta p\u00e9rdida de forma especialmente aguda. Volver entonces, en palabras de Didier Eribon, es de alg\u00fan modo \u201cvolver sobre uno mismo, redescubrir un yo anterior que ha sido a la vez preservado y negado\u201d. <em>Regreso a Reims<\/em>, de Eribon, es quiz\u00e1 el mejor documento que tenemos de esta ambig\u00fcedad de p\u00e9rdida y retorno, de lo que significa intentar volver a conectar con un mundo social que uno se ha esforzado tanto en negar. Eribon, soci\u00f3logo franc\u00e9s que creci\u00f3 en la ciudad obrera de Reims, comienza el libro con una pregunta sencilla: \u00bfpor qu\u00e9, cuando lleva tanto tiempo estudiando el sentimiento de verg\u00fcenza asociado a salir del armario como homosexual, no ha hecho lo mismo con la clase social? \u00bfCu\u00e1l es la diferencia entre clase social y sexualidad que ha abierto este abismo? Concluye que el establecimiento de una identidad o posici\u00f3n de sujeto conflictiva \u201cse ha valorizado estos d\u00edas&#8230; que incluso se ha fomentado fuertemente en el contexto pol\u00edtico contempor\u00e1neo (cuando era la sexualidad lo que estaba en cuesti\u00f3n)\u00bb. La clase, por otro lado, \u201cera extremadamente dif\u00edcil, y no recib\u00eda ning\u00fan apoyo de las categor\u00edas predominantes del discurso social\u201d. Esto explicaba la diferencia de sus reacciones ante cada una de ellas, y su verg\u00fcenza al enfrentarse a sus or\u00edgenes obreros.<\/p>\n<p>En muchos aspectos, mis or\u00edgenes son similares a los de Eribon. Ambos crecimos en antiguas zonas industriales (Eribon en Reims, al noreste de Par\u00eds), ambos nacimos en el seno de familias de clase trabajadora, y cada uno se debat\u00eda entre su vida como nuevo miembro de la clase media que viv\u00eda en las grandes ciudades, rodeado de quienes no compart\u00edan su mismo origen, y sus hogares perdidos. Sin embargo, hay algo particularmente franc\u00e9s en la obra de Eribon. Aunque yo tambi\u00e9n sent\u00eda verg\u00fcenza al revelar mi origen obrero despu\u00e9s de haber abandonado mi hogar y haberme unido a las filas de la intelligentsia de clase media, a veces tambi\u00e9n ca\u00eda en una especie de pantomima obrera, exagerando mi diferencia ante los que me rodeaban. Acentuaba los aspectos t\u00edpicos de la identidad de la clase trabajadora (el acento o el tono de voz) y recordaba constantemente a los que me rodeaban que yo no era como ellos, que hab\u00eda crecido m\u00e1s all\u00e1 de su mundo. Era, supongo, un esfuerzo por conseguir una forma muy particular de autenticidad en este juego de caracteres. Sin embargo, siempre estaba modulado por quienes me rodeaban. Nunca lo hac\u00eda cerca de aquellos a los que sent\u00eda que ten\u00eda que impresionar, s\u00f3lo cerca de amigos o camaradas, el tipo de gente con la que tener ra\u00edces lejos de Londres y el sureste pod\u00eda conferir cierto capital social. Es dif\u00edcil imaginar una versi\u00f3n francesa de <em>Cuatro hombres de Yorkshire<\/em>, de los Monty Python, la famosa parodia de este tipo de nostalgia por los tiempos dif\u00edciles, pero, para mi verg\u00fcenza, he hecho versiones. Jugar al estereotipo, la representaci\u00f3n de los marcadores de clase. A menudo, es m\u00e1s f\u00e1cil ajustarse al tipo, representar las fantas\u00edas de los dem\u00e1s, que cuestionar tu propio lugar.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n he visto lo contrario. Por lo general, cuando se trata de personas que no conozco bien y que proceden de entornos acomodados o de colegios privados, recibo una especie de confesi\u00f3n avergonzada de culpabilidad por su riqueza familiar. A menudo viene acompa\u00f1ada de la historia de c\u00f3mo sus padres escatimaron y ahorraron para que fueran a la escuela p\u00fablica y c\u00f3mo <em>Oxbridge<\/em> no merec\u00eda la pena. Nunca he pedido tales disculpas, y disculpas son, a nadie. De hecho, cuando admito mis celos, normalmente me sorprenden: \u00bfc\u00f3mo es posible que quieras esto? \u00a1Fue tan duro!<\/p>\n<p>La identidad es siempre ambivalente. \u00bfFue esto orgullo o verg\u00fcenza? \u00bfHogar o p\u00e9rdida? \u00bfC\u00f3mo puedes relacionarte con un mundo social que ahora parece tan extra\u00f1o, a a\u00f1os luz de en qu\u00e9 y en qui\u00e9n te has convertido? Sin embargo, a la inversa, ese trasfondo convierte las peque\u00f1as diferencias entre uno y quienes lo rodean en grandes abismos. El proceso es sutil y puede que los dem\u00e1s nunca lo reconozcan, pero los conflictos ps\u00edquicos causados por crecer en la clase trabajadora nunca desaparecen, por muy profundamente enterrados que est\u00e9n. La capacidad de no sentirnos nunca capaces de superar esa divisi\u00f3n, siempre frente al otro, es una de las grandes heridas ocultas de la clase. Tambi\u00e9n hay una divisi\u00f3n pol\u00edtica que se abre en esta brecha. Para citar a Eribon: \u201cpol\u00edticamente estaba del lado de los trabajadores, pero odiaba estar atado a su mundo\u201d. Es impactante ver tanta franqueza por parte de alguien de izquierdas, pero si admito mis peores instintos entonces conozco bien ese sentimiento. Tambi\u00e9n hay algo de esto en mis propios compromisos pol\u00edticos. No odiar a los trabajadores como tales, sino las condiciones en las que viven, las situaciones que se ven obligados a soportar, las que al final los hacen tan detestables. Al menos esa es la versi\u00f3n positiva. Estoy seguro de que hay muchos que, si alguna vez se encontraran con trabajadores, se sorprender\u00edan, si es que no se aterrorizan. Ciertamente hay m\u00e1s honestidad en Eribon que en aquellos que valoran al trabajador heroico, los hombres mitol\u00f3gicos de mono azul que no guardan ninguna relaci\u00f3n con la clase trabajadora real. Pero hay un tormento interior que se crea cuando aquellos a quienes uno detesta son parte del pasado, y no s\u00f3lo del pasado, sino tambi\u00e9n del presente, por oculto que sea. El deseo de escapar lleva en direcciones extra\u00f1as.<\/p>\n<p>Este hecho fue f\u00e1cilmente percibido por mis padres. Mi madre nunca deja de comentar sobre mis intereses \u201cextra\u00f1os y maravillosos\u201d: los libros que leo, la m\u00fasica que escucho e incluso la comida que como. Cuando me fui a la universidad, dej\u00e9 de comer carne. Cuando era ni\u00f1o, las comidas eran invariablemente la combinaci\u00f3n est\u00e1ndar inglesa de verduras demasiado cocidas con un trozo de cualquier carne que se ofreciera ese d\u00eda (rara vez importaba mucho). Para gran molestia ahora muy comprensible de mis padres, anunci\u00e9 mi decisi\u00f3n el d\u00eda antes de venir a pasar Navidad cuando ten\u00eda 18 a\u00f1os y acababa de aburguesarme. Mi madre, sin tener idea de qu\u00e9 hacer ni de c\u00f3mo ser\u00eda una cena navide\u00f1a vegetariana, estaba angustiada. Ahora me doy cuenta de que este paso me ayud\u00f3 de alguna manera a poner cierta distancia entre qui\u00e9n era y qui\u00e9n quer\u00eda ser. Esto no quiere decir que no haya vegetarianos en Crewe (estoy seguro de que hay muchos), sino que esto fue un alejamiento de mis ra\u00edces. Quer\u00eda ser incomprensible para mi familia y eso lo logr\u00e9.<\/p>\n<p>Ning\u00fan escritor ha comprendido mejor esta divisi\u00f3n que el gran y tan a\u00f1orado Mark Fisher. Sus escritos en su blog K-Punk fueron formativos para m\u00ed, como para muchos de mi generaci\u00f3n. De todos sus escritos, siempre destaca un ensayo, sobre el grupo <em>The Fall<\/em>. En \u00e9l, Fisher busca comprender el modernismo particular, muy tard\u00edo, de aquella banda post-punk de Manchester. Hab\u00eda sido una obseso de <em>The Fall <\/em>desde la escuela. Hab\u00eda algo en el autodidactismo enojado, desgarrador y surrealista del cantante Mark E. Smith, junto con el punk dentado de la banda, que me atrap\u00f3 desde el principio. El propio Smith creci\u00f3 como un muchacho de clase trabajadora en las propiedades de Salford y pas\u00f3 gran parte de su adolescencia y su veintena trabajando en trabajos ocasionales en la ciudad. Y, sin embargo, sus letras mostraban grandes destellos de profundo aprendizaje, desperdiciando \u201cla noci\u00f3n de que la inteligencia, la sofisticaci\u00f3n literaria y el experimentalismo art\u00edstico son dominio exclusivo de los privilegiados y de los formalmente educados\u201d. Vale la pena citar a Fisher aqu\u00ed en su totalidad, sobre todo porque no podr\u00eda resumir la aguda y l\u00edrica escritura de Fisher en tales t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u201cQuiz\u00e1s todos sus escritos fueron, desde el principio, un intento de encontrar una salida a esa paradoja que enfrentan todos los aspirantes de la clase trabajadora: la imposibilidad de lograr algo viniendo de la clase de trabajadora. Qu\u00e9date donde est\u00e1s, habla la lengua de tus padres y no ser\u00e1s nada; asciende, aprende a hablar en el idioma maestro y te habr\u00e1s convertido en algo, pero s\u00f3lo borrando tus or\u00edgenes: \u00bfno es el logro precisamente ese borrado? (\u2018Puedes encadenar una frase: \u00bfc\u00f3mo es posible que seas de clase trabajadora, querida?\u2019)\u201d.<\/p>\n<p>Nada resume mejor la posici\u00f3n distintiva del chico de clase trabajadora que ha hecho el bien y el espacio social y psicol\u00f3gico ambivalente que esto produce. Pero, m\u00e1s que esto, Fisher vincula esta posici\u00f3n peculiar y particularmente da\u00f1ina con otras enfermedades, entre ellas la depresi\u00f3n. Como escribe Fisher, \u201cMi depresi\u00f3n siempre estuvo ligada a la convicci\u00f3n de que literalmente no serv\u00eda para nada\u201d, y este sentimiento tiene sus ra\u00edces en una parte espec\u00edfica de la experiencia de la clase trabajadora, una que ninguna cantidad de capital cultural o econ\u00f3mico podr\u00e1 jam\u00e1s superar o borrar. La clase deja marcas ocultas, manchas indelebles en quienes la han vivido.<\/p>\n<p>La represi\u00f3n no es ninguna cura. Las enfermedades s\u00f3lo se vuelven m\u00e1s fuertes, regresan con mayor agresividad cuanto m\u00e1s son empujadas hacia los rincones del inconsciente. Entonces, regresar a Crewe, regresar a mi familia y al mundo social que me hizo quien soy, tuvo un elemento terap\u00e9utico. Tal vez si pudiera entender de d\u00f3nde soy, pens\u00e9 mientras estaba sentado en esa sala h\u00fameda en ese fr\u00edo d\u00eda de diciembre, con la televisi\u00f3n a todo volumen desde el otro lado de la habitaci\u00f3n, \u00bfpodr\u00eda entender mejor qui\u00e9n soy ahora?<\/p>\n<p>Algo me ha estado carcomiendo durante a\u00f1os, y esa es la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo exactamente nosotros, como representantes o ap\u00f3statas de la clase trabajadora, sus h\u00e9roes que regresan o sus hijos descarriados, podemos narrar o comprender esa experiencia. Mientras iba y ven\u00eda entre Londres y Crewe, mis dos vidas, sintiendo la peculiar atracci\u00f3n de fuerzas (tanto de repulsi\u00f3n como de atracci\u00f3n) hacia el lugar que una vez conoc\u00ed, he luchado con esta pregunta. No es f\u00e1cil de responder, y cuanto m\u00e1s leo, se vuelve incluso m\u00e1s dif\u00edcil e indistinta la forma de una respuesta.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de mi visita a finales de 2019, una vez m\u00e1s evit\u00e9 ver a mis padres, quiz\u00e1s incluso m\u00e1s ahora que la condici\u00f3n de mi padre estaba empeorando. Y luego lleg\u00f3 la pandemia. Los bloqueos en todo el pa\u00eds hicieron que viajar fuera casi imposible, e incluso si hubiera podido aventurarme, el temor de transmitir una infecci\u00f3n potencialmente letal a mis padres ancianos me alej\u00f3 de la idea. Sin embargo, cuando lleg\u00f3 el verano, todo parec\u00eda un poco menos arriesgado, as\u00ed que di el paso y regres\u00e9 al norte. El tren que sal\u00eda de Londres iba extra\u00f1amente vac\u00edo. Desde que me mud\u00e9 aqu\u00ed, tomo el tren m\u00e1s barato y lento, el que pasa por cada parada entre Milton Keynes y Stafford, y estaba acostumbrado a que se llenara de gente a medida que avanz\u00e1bamos por la regi\u00f3n central. El silencio era desconcertante, e incluso el viaje a la estaci\u00f3n de Euston, desde donde sale el tren, fue m\u00e1s extra\u00f1o de lo que jam\u00e1s hab\u00eda visto, con m\u00e1scaras ocultando los rostros de mis compa\u00f1eros de viaje, y el ansioso distanciamiento social de Londres a\u00fan m\u00e1s distanciador que nunca.<\/p>\n<p>Me averg\u00fcenza admitirlo ahora, pero me alegr\u00e9 de no quedarme con ellos esta vez. Incluso 24 horas ahora me resultan dif\u00edciles, sobre todo por la profunda verg\u00fcenza que siento al verlos as\u00ed, al ser yo mismo devuelto a las vidas que viven todos los d\u00edas. Yo, al igual que Eribon, los detestaba&#8230; o, al menos, tener que verlos de esta manera. \u00bfQui\u00e9n era yo, en qu\u00e9 me hab\u00eda convertido? \u00bfPor qu\u00e9 me fui tan f\u00e1cilmente?<\/p>\n<p>En el viaje hasta all\u00ed, mientras observaba pasar los campos y los setos del centro de Inglaterra, le\u00ed <em>Politics and Letters<\/em>, de Raymond Williams, una colecci\u00f3n de entrevistas con el gran cr\u00edtico cultural y literario gal\u00e9s que hab\u00eda cogido de una pila de libros a mi salida de la casa. El libro es la transcripci\u00f3n de una serie de entrevistas que Williams hizo con la <em>New Left Review<\/em> a finales de la d\u00e9cada de 1970 y proporciona un an\u00e1lisis profundo de su desarrollo personal e intelectual. Hab\u00eda le\u00eddo el libro por primera vez unos seis a\u00f1os antes, una vez m\u00e1s lo comenc\u00e9 en el tren a Crewe, un hecho que solo record\u00e9 durante el viaje. En la primera ocasi\u00f3n, qued\u00e9 hipnotizado por la visi\u00f3n democr\u00e1tica de la cultura de Williams, nacida de su educaci\u00f3n de clase trabajadora en el pa\u00eds fronterizo del sur de Gales y fomentada por sus experiencias trabajando en la educaci\u00f3n para adultos despu\u00e9s de la guerra. Ahora, sin embargo, fue la secci\u00f3n sobre sus novelas, uno de los aspectos menos celebrados o incluso recordados de su obra, la que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tres de sus primeras cuatro novelas, publicadas entre 1960 y 1979, forman una narrativa semiautobiogr\u00e1fica que cuenta la historia de Matthew Price y Peter Owen, dos personajes de ciudades trabajadoras de las fronteras de Gales que se convierten en profesores universitarios. Esta trilog\u00eda en s\u00ed misma puede verse como el intento de Williams de encontrar una forma adecuada para la narraci\u00f3n de la vida de la clase trabajadora en el siglo XX. En <em>Politics and Letters<\/em> ampl\u00eda este objetivo, dividiendo la historia de la novela en tres per\u00edodos. En el primero, el per\u00edodo del alto capitalismo y la novela realista de finales del siglo XIX, tenemos una forma que tambi\u00e9n est\u00e1 dominada por la burgues\u00eda a la que los escritores de la clase trabajadora consideraban observadores imparciales, escribiendo para imitar el estilo de la novela. principalmente novelistas burgueses. La segunda sigue la pauta marcada por D. H. Lawrence: la novela de fuga. Esto se expande durante las primeras d\u00e9cadas del siglo XX, alcanzando su apogeo con la gran proliferaci\u00f3n de libros, obras de teatro y pel\u00edculas de los \u201cj\u00f3venes enojados\u201d de los a\u00f1os cincuenta. Cada uno de estos escritores muestra la rebeli\u00f3n contra la clase, a menudo ejemplificando un desprecio tanto por la vida de la clase trabajadora como por la nueva clase media adinerada a la que se han unido. Lo que hizo posible esto fue el gran aumento de la movilidad social en la posguerra, una ruta de escape de la clase trabajadora que se les brind\u00f3 a muchos por primera vez, ya sea a trav\u00e9s de becas o las oportunidades educativas brindadas por las escuelas primarias, o el auge de nuevos empleos administrativos. Cada una de las novelas aqu\u00ed presenta personajes que recuerdan la existencia aparentemente est\u00e1tica de su infancia desde la nueva posici\u00f3n alcanzada en el escalaf\u00f3n social, narrando, ya sea con desprecio, l\u00e1stima o ira, el sentimiento de separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tercera forma que esboza Williams es a la vez m\u00e1s especulativa y m\u00e1s ambigua. Cuando estaba componiendo su primera novela, <em>Border Country<\/em>, Williams quer\u00eda encontrar una forma de corresponder a la \u201cexperiencia de incertidumbre y contradicci\u00f3n\u201d que \u00e9l mismo sent\u00eda en su vida, tanto ahora como entonces. Lo que m\u00e1s le interesaba era la \u201ctensi\u00f3n continua, atravesada por emociones y relaciones muy complicadas, entre dos mundos que necesitaban volver a unirse\u201d. Sin embargo, para ello no exist\u00eda una forma adecuada; Border Country es, pues, esa b\u00fasqueda de la forma. Es la historia de Harry Price, hijo de un se\u00f1alero de una ciudad fronteriza de Gales, que ahora es profesor universitario en Cambridge. Al enterarse de que su padre est\u00e1 enfermo, Harry regresa a la casa en la que creci\u00f3 y al pueblo y al mundo social que le conformaron, y al hacerlo vemos las complicadas emociones y sentimientos que provoca este regreso.<\/p>\n<p>Pocas novelas desde entonces han alcanzado este nivel de innovaci\u00f3n formal a la hora de narrar la vida de la clase obrera. Sin embargo, al hacerlo, demuestra la dificultad de contar estas historias. Regresar a Crewe, llegar a la estaci\u00f3n de tren, ver a mis padres una vez m\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda transmitirse todo esto sin caricaturas, manteniendo abierta la distancia que nos separa, sin reducirla a la nada como si todo volviera a estar bien? Harry est\u00e1 dividido, como el propio Williams. Y es esta escisi\u00f3n el objeto de la novela. En las p\u00e1ginas finales del libro, despu\u00e9s de la muerte de su padre y cuando Harry ha abandonado el pueblo de su infancia, nos encontramos con un retrato intensamente conmovedor de la p\u00e9rdida y la dislocaci\u00f3n. La historia se desarrolla literalmente en una serie de viajes en tren que constituyen un elemento central de la trama del libro: viajes de ida y vuelta a la ficticia ciudad galesa de Glynmawr. Al final del libro, Price recuerda aquel primer viaje suyo lejos de la ciudad, cuando \u201ccontemplaba el valle desde el tren\u201d. Hay aqu\u00ed algo tanto literal como figurado, un movimiento entre lugares y un movimiento entre realidades sociales:<\/p>\n<p>\u201cEn cierto modo, acabo de terminar ese viaje&#8230; S\u00f3lo que ahora parece el final del exilio. No el regreso, sino la sensaci\u00f3n de que el exilio ha terminado. Porque la distancia se mide, y eso es lo que importa. Midiendo la distancia, volvemos a casa\u201d<\/p>\n<p>Al volver a leer estas palabras, me ha embargado la emoci\u00f3n. Es una distancia que s\u00f3lo conozco demasiado bien, y puedo sentir esa lucha entre dos mundos, dos existencias, dos hogares, ambos m\u00edos y, sin embargo, dentro de cada uno siento una carencia, una falta de hogar, un desamparo que se abre paso. En el tren, leyendo de nuevo estas palabras, siento que las l\u00e1grimas llenan mis ojos.<\/p>\n<p>Casi 50 a\u00f1os despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de <em>Border Country<\/em> es dif\u00edcil que esa tercera opci\u00f3n est\u00e9 cerca de hacerse realidad. Mucho de lo que pasa por representaci\u00f3n de la vida de la clase trabajadora en la literatura o en las memorias se queda muy corto. Ni siquiera el propio Williams lo consigue. Hab\u00eda pospuesto la lectura de <em>Border Country<\/em> durante muchos a\u00f1os, en parte porque sab\u00eda que la trama pesar\u00eda mucho en mis propios viajes emocionales, pero tambi\u00e9n por miedo a decepcionarme. El ejemplar que pose\u00eda, una vieja y maltrecha edici\u00f3n de Hogarth Press, lo hab\u00eda comprado en una librer\u00eda de segunda mano de Leeds cuando ten\u00eda veintipocos a\u00f1os, y hab\u00eda hojeado sus p\u00e1ginas durante a\u00f1os antes de empezar a leerlo por fin. Quiz\u00e1 fue esto lo que al final me produjo tal sensaci\u00f3n de rechazo. Tal vez esperaba demasiado del libro, pensando que me narrar\u00eda literalmente mi propia vida. Los personajes me parecieron planos, la prosa pesada, a pesar de los evidentes momentos de belleza y claridad.<\/p>\n<p>Sin embargo, es la conciencia de la distancia, los viajes entre mundos y lugares, lo que separa su obra de la de muchos de los que han venido despu\u00e9s. En los \u00faltimos a\u00f1os se han publicado muchas memorias sobre la clase obrera. Hablando con amigos hace unos a\u00f1os, tras el enorme \u00e9xito de <em>Para acabar con Eddy Bellegueule<\/em>, todo el mundo parec\u00eda estar buscando al Edouard Louis brit\u00e1nico: un nuevo escritor de la clase trabajadora que pudiera dar voz al sentimiento de injusticia de clase que sienten tantos en la Gran Breta\u00f1a contempor\u00e1nea. Sin embargo, para escribir sobre la clase obrera hoy en d\u00eda es casi imposible pertenecer a ella. Encontrar el tiempo y la salida para poder, en primer lugar, escribir y, a continuaci\u00f3n, navegar por el sistema editorial, requiere un nivel de capital cultural que sugiere que uno ya no pertenece a la clase de la que habla. Volvemos, pues, a la novela de evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se escribe sobre la evasi\u00f3n, desde la distancia, hay dos modos que resultan f\u00e1ciles. El primero es la idealizaci\u00f3n del pasado. Las gafas de color de rosa encajan f\u00e1cilmente, y el mundo que una vez conocimos que se ve a trav\u00e9s de ellas es uno lleno del tipo de mundo social inmutable y est\u00e1tico donde todo el mundo sabe el nombre de todo el mundo, donde se puede jugar en la calle y dejar la puerta de casa sin cerrar. El segundo modo, \u00edntimamente relacionado, es la denuncia de la condici\u00f3n de la clase trabajadora actual. Es el \u201csafari de la pobreza\u201d, la letan\u00eda de la degradaci\u00f3n y la miseria que es el material de tantas memorias y trabajos de reportaje. Aqu\u00ed vemos c\u00f3mo el escritor escap\u00f3 de su destino seguro, huyendo de la delincuencia, las drogas y la pobreza de su juventud hacia las soleadas tierras altas de la clase media. O bien se trata de una pol\u00e9mica contra la condici\u00f3n que empuja a tantos a ese estado, o bien es el relato de la degeneraci\u00f3n moral de la propia clase. Sea cual sea la opci\u00f3n elegida, el final es el mismo. Lo fundamental es que el autor ya no est\u00e1 all\u00ed, y la distancia que Williams encuentra tan dolorosa y contradictoria queda relegada a un segundo plano, si es que aparece en alg\u00fan sitio.<\/p>\n<p>Los viajes ocupan un lugar central en los escritos de Williams sobre las clases sociales. No s\u00f3lo en los viajes en tren de Harry Price hacia y desde el \u201cexilio\u201d, sino tambi\u00e9n en el hermoso ensayo de Williams \u201cLa cultura es algo ordinario\u201d, en un autob\u00fas entre Hereford y la casa de su infancia en las Monta\u00f1as Negras. Williams hab\u00eda estado visitando la catedral de Hereford y su magn\u00edfica representaci\u00f3n medieval del mundo, el mapamundi, con sus r\u00edos que salen del para\u00edso, el Arca de No\u00e9 y Jerusal\u00e9n en el centro alrededor del cual se construye el mundo. Describe subir al autob\u00fas y ver al conductor y a la conductora \u201cabsortos el uno en el otro\u201d. Tal vez se trate de un encuentro rom\u00e1ntico, del suave coqueteo y las burlas de la lujuria, pero tambi\u00e9n podr\u00eda tratarse de las absortas conversaciones de dos que \u201chan hecho este viaje tantas veces\u201d. No s\u00f3lo el conductor y la conductora han hecho este viaje muchas veces, dice Williams, \u201cde una forma u otra todos lo hemos hecho\u201d. Es el viaje desde el mundo de la alta cultura (sus catedrales y obras de arte antiguas) a trav\u00e9s del campo, pasando por torres normandas, casas de labranza, gente que trabaja la tierra, sus acer\u00edas y sus f\u00e1bricas de gas y casas con terrazas grises y pedregosas. Este es el viaje que cada uno de nosotros hace, repetidamente, todos los d\u00edas de su vida. Es el viaje entre culturas y mundos vitales. Para Williams, como deber\u00eda ser para todos nosotros, la cultura no se limita a las altas instituciones. M\u00e1s bien, \u201cla cultura es algo ordinario\u201d. Cada sociedad, cada comunidad, tiene su propia cultura, su propio modo de vida y formas de significado y comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay una visi\u00f3n vigorizante y democr\u00e1tica en estos viajes a los que nos lleva Williams. En su profunda igualaci\u00f3n de la vida y la cultura, puedo empezar a entender mis propios viajes, el viaje que no s\u00f3lo me ha dado forma, sino con el que sigo luchando: el viaje entre clases.<\/p>\n<p>Tal vez incluso podr\u00edamos seguir a Williams y ver el exilio como ese viaje desde casa, desde un mundo social o habitus particular, ya sea desde una regi\u00f3n o desde una clase, a otra. \u00bfPodr\u00eda yo ser un exiliado? Creo que afirmarlo ser\u00eda forzar demasiado la situaci\u00f3n. Lo cierto es que sent\u00ed que me arrancaban de casa, de la comodidad. La otra cara del exilio es que, incluso al regresar, uno nunca est\u00e1 en casa. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda hablar con mis padres como lo hac\u00eda antes? A menudo, nos sentamos en silencio, con la televisi\u00f3n encendida de fondo, comentarios de f\u00fatbol o telenovelas a todo volumen. \u00bfPodr\u00e9 volver alguna vez a casa?<\/p>\n<p>Edward Said define el exilio como una \u201cgrieta incurable forzada entre un ser humano y un lugar nativo, entre el yo y su verdadero hogar\u201d. Esta grieta produce una \u201ctristeza esencial\u201d que \u201cnunca puede superarse\u201d. C\u00f3mo afrontar esa tristeza es una cuesti\u00f3n espinosa. Todos hemos perdido algo, todos, cada uno de nosotros, hacemos viajes cada d\u00eda, ya sea por elecci\u00f3n propia o no. Para algunos, ese viaje es forzado; el tiempo, el envejecimiento, es uno de esos viajes. Nada vuelve a ser como cuando uno era ni\u00f1o, el pan ya no es tan dulce, el sabor de la gaseosa se vuelve menos satisfactorio con el paso de los a\u00f1os. Para otros es una elecci\u00f3n, queremos alejarnos, crear algo nuevo, convertirnos en algo diferente. Sin embargo, en su lugar es f\u00e1cil encontrar una nostalgia optimista por los d\u00edas dorados perdidos, todos los anuncios de Hovis y el deseo de <em>Make Britain Great Again<\/em>, cada uno de los cuales intenta llenar un hueco dejado por la tristeza del exilio. Ciertamente siento la atracci\u00f3n por esto. Al escribir, intento, quiz\u00e1s con desesperaci\u00f3n, alejarme o hacer balance de este deseo, de esta nostalgia. Tal vez sea imposible, tal vez este agujero est\u00e9 siempre ah\u00ed, ardiendo en mi interior. \u00bfC\u00f3mo puede uno crear un hogar?<\/p>\n<p>Para otros, sin embargo, esta tristeza puede convertirse f\u00e1cilmente en pol\u00edtica. El luto se convierte en melancol\u00eda, y as\u00ed cuaja en resentimiento. No es s\u00f3lo un hogar del que todos, inevitablemente, nos alejamos. A veces esa divisi\u00f3n se convierte en un abismo insalvable. La divisi\u00f3n se convierte en un desgarro, en un inmenso abismo que divide familias, que divide naciones.<\/p>\n<p>Si algo hemos aprendido en Gran Breta\u00f1a durante la \u00faltima d\u00e9cada es que la visi\u00f3n que tantas veces se nos ha vendido de un pa\u00eds como una comunidad armoniosa, una gran familia feliz con sus pol\u00edticos como figuras paternas y el pueblo como sus hijos necesitados, ha sido una mentira. Como todas las familias, Gran Breta\u00f1a est\u00e1 fracturada y dividida, llena de agravios mezquinos y preocupaciones leg\u00edtimas, t\u00edos odiados y padres pasivos. Y esto siempre ha sido as\u00ed. Durante la d\u00e9cada de 1990 era f\u00e1cil ignorar estas desavenencias. Sin embargo, la crisis financiera de 2008, y las muchas convulsiones que la siguieron, han dejado la grieta como una herida abierta. Mientras algunos miembros de la familia pasan sus d\u00edas en relativa prosperidad y comodidad, otros han sido arrojados al desguace de la historia. Y es este \u00faltimo grupo el que tan a menudo ha sido ignorado, olvidado. \u00bfC\u00f3mo hemos llegado a esta situaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo se ha convertido Gran Breta\u00f1a en un pa\u00eds tan ajeno, dividido en dos bandos opuestos que apenas se hablan?<\/p>\n<p>Mientras me siento en el and\u00e9n, recuerdo que la estaci\u00f3n fue en su d\u00eda una estructura bastante grandiosa. Se pueden ver fragmentos de la arquitectura victoriana, ruinas de la antigua grandeza que asoman ocasionalmente en algunos de los muchos andenes abandonados y sin uso. La mayor parte de la estaci\u00f3n que se utiliza hoy lleva el sello del t\u00edpico programa de reconstrucci\u00f3n de posguerra, el revestimiento y la construcci\u00f3n barata que resultar\u00e1n familiares a los viajeros de todo el pa\u00eds. Para m\u00ed, sin embargo, no es m\u00e1s que una estaci\u00f3n de paso, literalmente, y su opulencia decadente un s\u00edmbolo del estado de la naci\u00f3n fuera de Londres.<\/p>\n<div><br clear=\"all\" \/><\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n<p><a id=\"_ftn1\" title=\"\" href=\"https:\/\/www.sinpermiso.info\/textos\/la-lengua-de-tus-padres-la-imposibilidad-de-lograr-algo-viniendo-de-la-clase-obrera#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Las expresiones \u201cLittle England\u201d, \u201cLittle Englander\u201d y \u201cLittle Englandism\u201d suelen utilizarse para describir las posiciones chovinistas y nacionalistas en el Reino Unido, favorables al Brexit, creyentes en la superioridad de la naci\u00f3n inglesa y reacias a todo tipo de apertura y contacto con el exterior, condensado a menudo en posiciones antiglobalistas.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/section>\n<div class=\"bioautores\">\n<div class=\"field-autores-descripcion\">\n<div class=\"field-autor\"><a href=\"https:\/\/www.sinpermiso.info\/autores\/john-merrick\">John Merrick<\/a><\/div>\n<div class=\"field-descripcion\">John Merrick es un escritor y editor de Verso Books ubicado en Londres. Twitter: @johnpmerrick<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><span class=\"field-label\"> Fuente: <\/span><\/p>\n<div class=\"field-fuente inline\">Softpunk, 06\/12\/2021 https:\/\/www.softpunkmag.com\/essay\/the-language-of-your-fathers<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por John Merrick En cierto momento a finales del 2019 me vi sobrepasado por la sensaci\u00f3n de que mi vida hab\u00eda llegado a un impasse. 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