{"id":414,"date":"2018-10-27T00:39:34","date_gmt":"2018-10-27T00:39:34","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=414"},"modified":"2018-10-27T00:39:34","modified_gmt":"2018-10-27T00:39:34","slug":"que-es-lo-contemporaneo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=414","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 es lo contempor\u00e1neo?"},"content":{"rendered":"<p>Por Giorgio Agamben<\/p>\n<div class=\"entry-content\">\n<p class=\"style4\"><strong>(Seminario dictado en 2008 N.E.)<\/strong><\/p>\n<p>1. La pregunta que quisiera inscribir en el umbral de este seminario, es: \u201c\u00bfDe qui\u00e9n y de qu\u00e9 cosa somos contempor\u00e1neos? Y, sobre todo, \u00bfqu\u00e9 significa ser contempor\u00e1neo?\u201d. En el curso del seminario nos suceder\u00e1 de leer textos cuyos autores distan de nosotros muchos siglos y otros m\u00e1s recientes o recient\u00edsimos: pero en cada caso, esencialmente deberemos llegar a ser contempor\u00e1neos de estos textos. El \u201ctempo\u201d de nuestro seminario es la contemporaneidad, exige ser contempor\u00e1neos de los textos y de los autores que se examina. Tanto su rango como su \u00e9xito pueden medirse por su \u2014por nuestra\u2014 capacidad de estar a la altura de esta exigencia.<\/p>\n<p>Una primera, provisoria, indicaci\u00f3n para orientar nuestra<br \/>\nb\u00fasqueda de una respuesta nos viene de Nietzsche. En un apunte de sus cursos en el Coll\u00e8ge de France, Roland Barthes lo compendia del siguiente modo: \u201cLo contempor\u00e1neo es lo intempestivo\u201d. En 1847, Friedrich Nietzsche, un joven fil\u00f3logo que hab\u00eda trabajado hasta entonces sobre textos griegos y hab\u00eda antes alcanzado una imprevista fama con El nacimiento de la tragedia, publica\u00a0<em>Unzeitgem\u00e4sse Betrachtungen<\/em>, las \u201cConsideraciones intempestivas\u201d, con las cuales pretende rendir cuenta de su tiempo, tomar posici\u00f3n respecto al presente.<\/p>\n<p>\u201dIntempestiva esta consideraci\u00f3n es\u201d, se lee al inicio de la<br \/>\nsegunda, \u201cConsideraci\u00f3n\u201d, \u201cporque busca comprender como un mal, un inconveniente y un defecto algo de lo cual la \u00e9poca est\u00e1, justamente, orgullosa, es decir, su cultura hist\u00f3rica, porque pienso que somos todos devorados por la fiebre de la historia y debemos al menos rendir cuenta de ello\u201d. Nietzsche sit\u00faa su pretensi\u00f3n de \u201cactualidad\u201d, su \u201ccontemporaneidad\u201d respecto al presente, en una desconexi\u00f3n y en un desfasaje. Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente<br \/>\ncontempor\u00e1neo aquel que no coincide perfectamente con \u00e9l ni se<br \/>\nadecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual; pero, justamente por esta raz\u00f3n, a trav\u00e9s de este desv\u00edo y de este anacronismo, \u00e9l es capaz, m\u00e1s que el resto, de percibir y aferrar su tiempo.<\/p>\n<p>Esta no-coincidencia, esta desincron\u00eda, no significa, naturalmente, que contempor\u00e1neo sea aquel que vive en otro tiempo, un nost\u00e1lgico que se sienta m\u00e1s en casa en la Atenas de Pericles o en la Par\u00eds de Robespierre y del Marqu\u00e9s de Sade que en la ciudad y en el tiempo que le fue dado vivir. Un hombre inteligente puede odiar a su tiempo, pero entiende en cada caso pertenecerle irrevocablemente, sabe lo que es no poder escapar a su tiempo.<\/p>\n<p>La contemporaneidad es, entonces, una singular relaci\u00f3n con el<br \/>\npropio tiempo, que adhiere a \u00e9l y, a la vez, toma distancia; m\u00e1s<br \/>\nprecisamente, es aquella relaci\u00f3n con el tiempo que adhiere a el a trav\u00e9s de un desfasaje y un anacronismo. Aquellos que coinciden demasiado plenamente con la \u00e9poca, que encajan en cada punto perfectamente con ella, no son contempor\u00e1neos porque, justamente por ello, no logran verla, no pueden tener fija la mirada sobre ella.<\/p>\n<p>2. En 1923, Osip Mandel\u2019stam escribe una poes\u00eda que se titula \u201cEl siglo\u201d (pero la palabra rusa\u00a0<em>vek<\/em>\u00a0significa tambi\u00e9n \u00e9poca). Esta contiene no una reflexi\u00f3n sobre el siglo, sino sobre la relaci\u00f3n entre el poeta y su tiempo, es decir, sobre la contemporaneidad. No el \u201csiglo\u201d, sino, seg\u00fan las palabras que abren el primer verso, \u201cmi siglo\u201d (<em>vek mo<\/em>i):<\/p>\n<p>Mi siglo, mi fiera,<br \/>\n\u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 mirarte<br \/>\ndentro de los ojos<br \/>\ny soldar con su sangre<br \/>\nlas v\u00e9rtebras de dos siglos?<\/p>\n<p>El poeta, que deb\u00eda pagar la contemporaneidad con la vida, es aquel que debe tener fija la mirada en los ojos de su siglo-fiera, soldar con su sangre la espalda despedazada del tiempo. Los dos siglos, los dos tiempos, no son solamente, como se ha sugerido, el siglo XIX y el XX, sino tambi\u00e9n y, sobre todo, el tiempo de la vida del singular (recuerden que el lat\u00edn\u00a0<em>saeculum<\/em>\u00a0significa en su origen el tiempo de la vida) y el tiempo hist\u00f3rico colectivo, que llamamos, en este caso, el siglo XX, cuya espalda \u2014aprendemos en la \u00faltima estrofa de la poes\u00eda\u2014 est\u00e1<br \/>\ndespedazada. El poeta, en cuanto contempor\u00e1neo, es esa fractura, es eso que impide al tiempo componerse y, a su vez, la sangre que debe suturar la rotura. El paralelismo entre el tiempo \u2014 y las v\u00e9rtebras\u2014 de la criatura y el tiempo \u2014y las v\u00e9rtebras\u2014 del siglo constituye uno de los temas esenciales de la poes\u00eda:<\/p>\n<p>Hasta que la criatura vive<br \/>\nDebe llevar las propias v\u00e9rtebras,<br \/>\nLas olas bromean<br \/>\ncon la invisible columna vertebral.<br \/>\nComo tierno, infantil cart\u00edlago<br \/>\nEs el siglo reci\u00e9n nacido de la tierra.<\/p>\n<p>El otro gran tema \u2014tambi\u00e9n este, como el precedente, una imagen de la contemporaneidad\u2014 es aquel de las v\u00e9rtebras despedazadas del siglo y de su soldadura, que es obra del singular (en este caso, del poeta):<\/p>\n<p>Para liberar al siglo en grillos<br \/>\nPara dar inicio al nuevo mundo<br \/>\nEs necesario con la flauta reunir<br \/>\nLas rodillas nudosas de los d\u00edas.<\/p>\n<p>Que se trate de una tarea impracticable \u2014o, de todos modos,<br \/>\nparadojal\u2014 est\u00e1 probado por la estrofa sucesiva, que concluye el poema. No solo la \u00e9poca-fiera tiene las v\u00e9rtebras despedazadas, sino\u00a0<em>vek<\/em>, el siglo apenas nacido, con un gesto imposible para quien tiene la espalda rota, quiere volver hacia atr\u00e1s, contemplar las propias huellas y, de este modo, muestra su rostro demente:<\/p>\n<p>Pero se ha despedazado tu espalda<br \/>\nmi estupendo, pobre siglo.<br \/>\nCon una sonrisa insensata<br \/>\ncomo una fiera un tiempo flexible<br \/>\nte volteas hacia atr\u00e1s, d\u00e9bil y cruel,<br \/>\na contemplar tus huellas.<\/p>\n<p>3. El poeta \u2014el contempor\u00e1neo\u2014 debe tener fija la mirada en su tiempo. \u00bfPero qu\u00e9 cosa ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente de su siglo? Quisiera a este punto proponerles una segunda definici\u00f3n de la contemporaneidad: contempor\u00e1neo es aquel que tiene fija la mirada en su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. Todos los tiempos son, para quien lleva a cabo la contemporaneidad, oscuros.<\/p>\n<p>Contempor\u00e1neo es, precisamente, aquel que sabe ver esta oscuridad, que est\u00e1 en grado de escribir entintando la lapicera en la tiniebla del presente. \u00bfPero qu\u00e9 significa \u201cver una tiniebla\u201d, \u201cpercibir la oscuridad\u201d? Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiolog\u00eda de la visi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 cosa adviene cuando nos encontramos en un ambiente privado de luz, o cuando cerramos los ojos? \u00bfQu\u00e9 es la oscuridad que entonces vemos? Los neurofisi\u00f3logos nos dicen que la ausencia de luz<br \/>\ndesinhibe una serie de c\u00e9lulas perif\u00e9ricas de la retina, llamadas<em>off-cells<\/em>, que entran en actividad y producen esa especie particular de visi\u00f3n que llamamos oscuridad. La oscuridad no es, por lo tanto, un concepto privativo, la simple ausencia de la luz, algo as\u00ed como una no-visi\u00f3n, sino el resultado de la actividad de las\u00a0<em>off-cells<\/em>, un producto de nuestra retina. Ello significa, si volvemos ahora a nuestra tesis sobre la oscuridad de la contemporaneidad, que percibir esta oscuridad no es una forma de inercia o de pasividad, sino que implica una actividad y<br \/>\nuna habilidad particular, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar las luces que vienen de la \u00e9poca para descubrir su tiniebla, su oscuridad especial, que no es, de todos modos, separable de aquellas luces.<\/p>\n<p>Puede decirse contempor\u00e1neo solamente quien no se deja<br \/>\nenceguecer por las luces del siglo y alcanza a vislumbrar en ellas la parte de la sombra, su \u00edntima oscuridad. Con esto, sin embargo, no tenemos aun la respuesta a nuestra pregunta. \u00bfPor qu\u00e9 alcanzar a percibir las tinieblas que provienen de la \u00e9poca deber\u00eda interesarnos?<\/p>\n<p>\u00bfNo es quiz\u00e1s la oscuridad una experiencia an\u00f3nima y por definici\u00f3n impenetrable, algo que no est\u00e1 dirigido a nosotros y no puede, por ello, concernirnos? Al contrario, el contempor\u00e1neo es aquel que percibe la oscuridad de su tiempo como algo que le concierne y no deja de interpelarlo, algo que, m\u00e1s que toda luz, se dirige directamente a \u00e9l.<br \/>\nContempor\u00e1neo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo.<\/p>\n<p>4. En el firmamento que observamos de noche, las estrellas<br \/>\nresplandecen circundadas por una punzada tiniebla. Porque en el<br \/>\nuniverso hay un n\u00famero infinito de galaxias y de cuerpos luminosos, la oscuridad que vemos en el cielo es algo que, seg\u00fan los cient\u00edficos, necesita una explicaci\u00f3n. Es acerca de la explicaci\u00f3n que la astrof\u00edsica contempor\u00e1nea da de esta oscuridad que quisiera ahora hablarles. En el universo en expansi\u00f3n, las galaxias m\u00e1s remotas se alejan de nosotros a<br \/>\nuna velocidad tan fuerte, que su luz no logra alcanzarnos. Aquello que percibimos como la oscuridad del cielo, es esta luz que viaja veloc\u00edsima en torno a nosotros y, sin embargo, no puede alcanzarnos, porque las galaxias de las cuales proviene se alejan a una velocidad superior a aquella de la luz.<\/p>\n<p>Percibir en la oscuridad del presente esta luz que busca alcanzarnos y no puede hacerlo, ello significa ser contempor\u00e1neos. Por ello los contempor\u00e1neos son raros. Y por ello ser contempor\u00e1neos es, sobre todo, una cuesti\u00f3n de coraje: porque significa ser capaces no s\u00f3lo de tener fija la mirada en la oscuridad de la \u00e9poca, sino tambi\u00e9n percibir en aquella oscuridad una luz que, directa, vers\u00e1ndonos, se aleja infinitamente de nosotros. Es decir, aun: ser puntuales en una cita a la<br \/>\nque se puede solo faltar.<\/p>\n<p>Por esto el presente que la contemporaneidad percibe tiene las<br \/>\nv\u00e9rtebras rotas. Nuestro tiempo, el presente, no es, de hecho,<br \/>\nsolamente el m\u00e1s lejano: no puede en ning\u00fan caso alcanzarnos. Su espalda est\u00e1 despedazada y nosotros estamos exactamente en el punto de la fractura. Por ello le somos, a pesar de todo, contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Comprendan bien que la cita que est\u00e1 en cuesti\u00f3n en la<br \/>\ncontemporaneidad no tiene lugar simplemente en el tiempo<br \/>\ncronol\u00f3gico: es, en el tiempo cronol\u00f3gico, algo que urge dentro de \u00e9l y lo transforma. Y esta urgencia es la intempestividad, el anacronismo que nos permite aferrar nuestro tiempo bajo la forma de un \u201cdemasiado pronto\u201d que es, tambi\u00e9n, un \u201cdemasiado tarde\u201d, de un \u201cya\u201d que es, tambi\u00e9n, un \u201cno aun\u201d. Y, a su vez, reconocer en la tiniebla del presente la luz que, sin jam\u00e1s poder alcanzarnos, est\u00e1 perennemente en viaje en<br \/>\ntorno a nosotros.<\/p>\n<p>5. Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que<br \/>\nllamamos la contemporaneidad es la moda. Aquello que define a la moda es que ella introduce en el tiempo una peculiar discontinuidad que lo divide seg\u00fan su actualidad o inactualidad, su ser o su no-serm\u00e1s- a la-moda (a la moda y no simplemente de moda, que se refiere s\u00f3lo a las cosas). Esta cesura, por cuanto sutil, es perspicua, en el sentido de que aquellos que deben percibirla la perciben indefectiblemente y de este modo atestiguan su estar a la moda; pero si buscamos objetivarla y fijarla en el tiempo cronol\u00f3gico, ella se revela inaferrable. Sobre todo la \u201chora\u201d de la moda, el instante en el cual viene<br \/>\na ser, no es identificable a trav\u00e9s de un cron\u00f3metro. \u00bfEsta \u201chora\u201d es quiz\u00e1s el momento en el cual el estilista concibe el rasgo, el nuance que definir\u00e1 la nueva forma del vestido? \u00bfO aquel en el cual le conf\u00eda al dise\u00f1ador y luego a la sastrer\u00eda que le confecciona el prototipo? \u00bfO, m\u00e1s bien, el momento del desfile, en el cual el vestido es llevado por las \u00fanicas personas que est\u00e1n siempre y solamente a la moda, las\u00a0<em>mannequins<\/em>, que, sin embargo, justamente por ello, no lo est\u00e1n nunca<br \/>\nverdaderamente? Porque, en \u00faltima instancia, el estar a la moda de la \u201cforma\u201d o del \u201cmodo\u201d depender\u00e1 del hecho de que las personas de carne y hueso, distintas de las\u00a0<em>mannequins<\/em>\u00a0\u2014esas v\u00edctimas sacrificiales de un dios sin rostro\u2014 lo reconozcan como tal y lo efect\u00faen en la propia ropa.<\/p>\n<p>El tiempo de la moda es, entonces, constitutivamente anterior a s\u00ed mismo y, justamente por ello, tambi\u00e9n siempre en retardo, tiene siempre la forma de un umbral inaferrable entre un \u201cno aun\u201d y un \u201cno m\u00e1s\u201d. Es probable que, como sugieren los te\u00f3logos, ello dependa del hecho que la moda, al menos en nuestra cultura, es una marca teol\u00f3gica del vestido, que deriva de la circunstancia en que el primer vestido fue confeccionado por Ad\u00e1n y Eva despu\u00e9s del pecado original, en forma de un taparrabo entrelazado con hojas de higo. (Por la precisi\u00f3n, los vestidos que nosotros vestimos derivan no de este taparrabo vegetal, sino del\u00a0<em>tunicae pellicae<\/em>, de los vestidos hechos de pelos de animales que Dios, seg\u00fan Gen. 3.21, hace vestir, como s\u00edmbolo tangible del pecado y de la muerte, a nuestros progenitores en el momento en el cual los expulsa del para\u00edso.) En todo caso, cualquiera fuese la raz\u00f3n, el \u201cahora\u201d, el kairos de la moda es inaferrable: la frase \u201cyo estoy en este instante a la moda\u201d es contradictoria, porque en el momento en el cual el sujeto la pronuncia est\u00e1 ya fuera de la moda. Por ello, el estar a la moda, como la contemporaneidad, comporta un cierto \u201cdesahogo\u201d, un cierto desfasaje, en el cual su actualidad incluye dentro de s\u00ed una peque\u00f1a parte de su afuera, un matiz de\u00a0<em>d\u00e9mod\u00e9<\/em>. De una se\u00f1ora elegante se dec\u00eda en Par\u00eds en el Ochocientos, en este sentido: \u201cElle est contemporaine de tout le monde\u201d.<\/p>\n<p>Pero la temporalidad de la moda tiene otro car\u00e1cter que la<br \/>\nemparienta a la contemporaneidad. En el gesto mismo en el cual su presente divide el tiempo seg\u00fan un \u201cno m\u00e1s\u201d y un \u201cno aun\u201d, ella instituye con estos \u201cotros tiempos\u201d \u2014ciertamente con el pasado y, quiz\u00e1s, tambi\u00e9n con el futuro\u2014 una relaci\u00f3n particular. Ella puede \u201ccitar\u201d y, de este modo, ritualizar cualquier momento del pasado (los a\u00f1os 1920, los a\u00f1os 1970, pero tambi\u00e9n la moda imperio o neocl\u00e1sica). Ella puede poner en relaci\u00f3n aquello que ha inexorablemente dividido, rellamar,\u00a0 re-evocar y revitalizar incluso aquello que hab\u00eda declarado muerto.<\/p>\n<p>6. Esta especial relaci\u00f3n con el pasado tiene tambi\u00e9n otra cara.<br \/>\nLa contemporaneidad se inscribe, de hecho, en el presente<br \/>\nmarc\u00e1ndolo sobre todo como arcaico y s\u00f3lo quien percibe en lo m\u00e1s moderno y reciente los indicios y las marcas de lo arcaico puede serle contempor\u00e1neo. Arcaico significa: pr\u00f3ximo al\u00a0<em>ark\u00e9<\/em>, es decir, al origen. Pero el origen no est\u00e1 situado solamente en un pasado cronol\u00f3gico: es contempor\u00e1neo del devenir hist\u00f3rico y no cesa de operar en \u00e9l, como el embri\u00f3n contin\u00faa actuando en los tejidos del organismo maduro y el ni\u00f1o en la vida ps\u00edquica del adulto. El desv\u00edo \u2014y, al mismo tiempo, la cercan\u00eda\u2014 que definen la contemporaneidad tienen su fundamento en esta proximidad con el origen, que en ning\u00fan punto late con m\u00e1s fuerza que en el presente. Quien ha visto por primera vez, llegando el alba del mar, los rascacielos de New York, ha inmediatamente percibido esa facies arcaica del presente, esa contig\u00fcidad con la ruina que las im\u00e1genes atemporales del 11 de septiembre han vuelto evidentes para todos.<\/p>\n<p>Los historiadores de la literatura y del arte saben que entre lo<br \/>\narcaico y lo moderno hay una cita secreta, y no tanto porque las formas m\u00e1s arcaicas parezcan ejercitar sobre el presente una fascinaci\u00f3n particular, cuanto porque la clave de lo moderno est\u00e1 escondida en lo inmemorial y en lo prehist\u00f3rico. As\u00ed, el mundo antiguo a su fin se dirige, para reencontrarse, hacia lo primordial; la vanguardia, que se ha perdido en el tiempo, sigue a lo primitivo y lo arcaico. Es en este sentido que se puede decir que la v\u00eda de acceso al presente tiene necesariamente la forma de una arqueolog\u00eda. Que no retrocede ya a un pasado remoto, sino a cuanto en el presente no podemos en ning\u00fan caso vivir y, quedando no vivido, es incesantemente tragado desde el<br \/>\norigen, sin jam\u00e1s poder alcanzarlo. Porque el presente no es otra cosa que la parte de no-vivido en todo vivido y aquello que impide el acceso al presente es la masa de aquel en lo cual, por alguna raz\u00f3n (su car\u00e1cter traum\u00e1tico, su excesiva cercan\u00eda) no hemos logrado vivir. La atenci\u00f3n a este no-vivido es la vida del contempor\u00e1neo. Y ser contempor\u00e1neos significa, en este sentido, volver a un presente en el cual nunca hemos estado.<\/p>\n<p>7. Aquellos que intentaron pensar la contemporaneidad, pudieron hacerlo s\u00f3lo a costa de dividirla en m\u00e1s tiempos, de introducir en el tiempo una esencial des-homogeneidad. Quien puede decir: \u201cmi tiempo\u201d, divide el tiempo, inscribe en el una cesura y una discontinuidad; y, sin embargo, justamente a trav\u00e9s de esta cesura, esta interpolaci\u00f3n del presente en la homogeneidad inerte del tiempo lineal, el contempor\u00e1neo hace actuar una relaci\u00f3n especial entre los tiempos.<\/p>\n<p>Si, como hab\u00edamos visto, es el contempor\u00e1neo que ha despedazado las v\u00e9rtebras de su tiempo (o, de todos modos, ha percibido la falla o el punto de rotura), \u00e9l hace de esta fractura el lugar de una cita y de un encuentro entre los tiempos y las generaciones. Nada m\u00e1s ejemplar, en este sentido, que el gesto de Pablo, en el punto en el cual lleva a cabo y anuncia a sus hermanos aquella contemporaneidad por excelencia que<br \/>\nes el tiempo mesi\u00e1nico, el ser contempor\u00e1neo del mes\u00edas, que \u00e9l llama el \u201ctiempo-de-ahora\u201d (<em>ho nyn kairos<\/em>). No s\u00f3lo este tiempo es cronol\u00f3gicamente indeterminado (la\u00a0<em>parusia<\/em>, el retorno de Cristo que marca el fin es cierto y cercano, pero incalculable), sino que \u00e9l tiene la capacidad singular de poner en relaci\u00f3n consigo cada instante del pasado, de hacer de cada momento o episodio del relato b\u00edblico una profec\u00eda o una prefiguraci\u00f3n (typos, figura, es el t\u00e9rmino que Pablo prefiere) del presente (as\u00ed Ad\u00e1n, a trav\u00e9s del cual la humanidad ha recibido la muerte y el pecado, es \u201ctipo\u201d o figura del mes\u00edas, que lleva a los hombres la redenci\u00f3n y la vida).<\/p>\n<p>Ello significa que el contempor\u00e1neo no es solamente aquel que,<br \/>\npercibiendo la oscuridad del presente aferra la inamovible luz; es<br \/>\ntambi\u00e9n aquel que, dividiendo e interpolando el tiempo, est\u00e1 en grado de transformarlo y de ponerlo en relaci\u00f3n con los otros tiempos, de leer de modo in\u00e9dito la historia, de \u201ccitarla\u201d seg\u00fan una necesidad que no proviene en alg\u00fan modo de su arbitrio, sino de una exigencia a la cual no puede no responder. Es como si aquella invisible luz que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra sobre el pasado y \u00e9ste, tocado por ese haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora. Es algo del g\u00e9nero que deb\u00eda tener en mente<br \/>\nMichel Foucault, cuando escrib\u00eda que sus indagaciones hist\u00f3ricas sobre el pasado son solamente la sombra tra\u00edda de su interrogaci\u00f3n te\u00f3rica del presente. Y\u00a0<a href=\"http:\/\/www.henciclopedia.org.uy\/autores\/BenjaminWalter\/curriculum.htm\">Walter Benjamin<\/a>, cuando escrib\u00eda que el \u00edndice hist\u00f3rico contenido en las im\u00e1genes del pasado muestra que \u00e9stas llegar\u00e1n a la legibilidad s\u00f3lo en un determinado momento de su historia. Es de nuestra capacidad de escuchar esa exigencia y aquella sombra, de ser contempor\u00e1neos no solo de nuestro siglo y del \u201cahora\u201d, sino tambi\u00e9n de sus figuras en los textos y en los documentos del pasado, de la que depender\u00e1n el \u00e9xito o la insignificancia de nuestro seminario.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Extra\u00eddo de www.lobosuelto.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Giorgio Agamben (Seminario dictado en 2008 N.E.) 1. La pregunta que quisiera inscribir en el umbral de este seminario, es: \u201c\u00bfDe qui\u00e9n y de qu\u00e9 cosa somos contempor\u00e1neos? Y, sobre todo, \u00bfqu\u00e9 significa ser contempor\u00e1neo?\u201d. 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