{"id":4292,"date":"2024-12-09T23:35:31","date_gmt":"2024-12-09T23:35:31","guid":{"rendered":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4292"},"modified":"2024-12-09T23:42:46","modified_gmt":"2024-12-09T23:42:46","slug":"do-you-remember-revolution","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4292","title":{"rendered":"Do you remember revolution?"},"content":{"rendered":"<p>por Lucio Castellano, Arrigo Cavallina, Giustino Cortiana, Mario Dalmaviva, Luciano Ferrari Bravo. Chicco Funaro, Antonio Negri, Paolo Pozzi, Franco Tommei. Emilio Vesce, Paolo Virno.<\/p>\n<p><strong>[<em>Propuesta de lectura hist\u00f3rico-pol\u00edtica para el movimiento de los a\u00f1os Setenta:\u00a0<\/em><\/strong><em>Estas p\u00e1ginas, escritas por 11 detenidos del 7 de abril en Rebibbia, no son un documento para la defensa. Son un trazado de identidad y una propuesta de interpretaci\u00f3n de lo que era la Autonom\u00eda en la realidad pol\u00edtica y social de la Italia de los a\u00f1os 70\u2019s. Es necesario iniciar una discusi\u00f3n, que nosotros ya hemos iniciado.<\/em><\/p>\n<p><em>De ahora en adelante nos gustar\u00eda decir dos cosas. La primera es que este escrito es un acto de lealtad; los acusados \u200b\u200bdel 7 de abril no se presentan como v\u00edctimas y mucho menos como arrepentidos, aunque se pregunten por una derrota; a pesar de saber que esto no les granjear\u00e1 la benevolencia de una opini\u00f3n que hoy rechaza toda memoria (de ah\u00ed el t\u00edtulo ir\u00f3nico y autocr\u00edtico que eligieron). La segunda es que todo lo relacionado con este documento suyo, nos parece, se puede discutir, e incluso radicalmente, pero con honestidad, reubicando las palabras y su significado en el contexto de los a\u00f1os a los que se refieren (\u00abviolencia \u00abSer\u00e1 la prueba del buen te\u00f3rico). Despu\u00e9s de eso, tambi\u00e9n puedes estar en desacuerdo con todo. El manifiesto est\u00e1 abierto a cualquier aportaci\u00f3n que tenga este esp\u00edritu. (rr)<\/em><strong>]1<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mirando hacia atr\u00e1s, reexaminando una vez m\u00e1s los a\u00f1os setenta con memoria y raz\u00f3n, estamos seguros de al menos una cosa: que la historia del movimiento revolucionario, de la oposici\u00f3n extraparlamentaria primero y de la autonom\u00eda despu\u00e9s, no ha sido distorsionada por los marginados o los exc\u00e9ntricos, cr\u00f3nica de alucinaciones sectarias, sucesos de catacumbas o furia del ghetto. Creemos realista afirmar, por otra parte, que esta historia \u00beparte de la cual se ha convertido en un \u00abasunto procesal\u00bb est\u00e1 indisolublemente entrelazada con la historia general del pa\u00eds, con los pasajes y cesuras cruciales que la marcaron.<\/p>\n<p>Manteniendo firme este punto de vista (de por s\u00ed banal, pero, en estos tiempos, temerario e incluso provocador), planteamos un bloque de hip\u00f3tesis hist\u00f3rico-pol\u00edticas sobre la \u00faltima d\u00e9cada, que van m\u00e1s all\u00e1 de las preocupaciones de la defensa judicial inmediata. Las consideraciones que siguen, a menudo en forma de simple exposici\u00f3n de problemas, no est\u00e1n dirigidas a los jueces, que hasta ahora s\u00f3lo se han interesado por la mercanc\u00eda de los \u00abarrepentidos\u00bb, sino a todos aquellos que han luchado en los \u00faltimos a\u00f1os: a los camaradas del 68, a los del 77, a los intelectuales que \u00abdisienten\u00bb (\u00bfes eso lo que dicen ahora?) juzgando racional la revuelta. Para que ellos a su vez intervengan, rompiendo el c\u00edrculo vicioso de represi\u00f3n y nuevo conformismo.<\/p>\n<p>Creemos que ha llegado el momento de volver a afrontar la verdad hist\u00f3rica de los a\u00f1os setenta. Contra el arrepentido, la verdad. Despu\u00e9s y contra los arrepentidos, un juicio pol\u00edtico. Una asunci\u00f3n global de responsabilidad es hoy posible y necesaria: es uno de los pasos funcionales hacia la plena afirmaci\u00f3n del \u00abpost-terrorismo\u00bb como dimensi\u00f3n espec\u00edfica de la confrontaci\u00f3n entre nuevos movimientos e instituciones.<\/p>\n<p>Es obvio que no tenemos nada que ver con el terrorismo; que hemos sido \u00absubversivos\u00bb lo es igualmente. Nuestro juicio se desarrolla entre estas dos \u00abcosas obvias\u00bb. Nada se da por sentado, el deseo de los jueces de uniformar la subversi\u00f3n y el terrorismo es conocido, es intenso: llevaremos la batalla defensiva con los medios t\u00e9cnico-pol\u00edticos adecuados. Pero la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de los a\u00f1os 1970 no puede desarrollarse c\u00f3modamente s\u00f3lo en la sala del Foro It\u00e1lico: debe abrirse un debate franco y amplio, en paralelo al juicio, entre los sujetos reales que fueron protagonistas de la \u00abgran transformaci\u00f3n\u00bb. \u00c9ste es, entre otras cosas o sobre todo, un requisito indispensable para hablar en t\u00e9rminos adecuados de las tensiones que impregnan nuestros a\u00f1os 80.<\/p>\n<p>1\u2013 La caracter\u00edstica espec\u00edfica del 68 italiano es la mezcla entre fen\u00f3menos sociales innovadores y disruptivos \u00been muchos sentidos t\u00edpicos de la industrializaci\u00f3n madura\u00be y el paradigma cl\u00e1sico de la revoluci\u00f3n pol\u00edtica comunista.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica radical del trabajo asalariado fue la fuerza impulsora central detr\u00e1s de las luchas de masas, la matriz de un antagonismo fuerte y duradero, el contenido material de toda la esperanza futura que el movimiento representa. Esto dio sustancia al desaf\u00edo masivo dirigido contra roles y jerarqu\u00edas; hacia lucha por la igualdad salarial, por los ingresos separado de la productividad; al ataque sobre la organizaci\u00f3n del conocimiento social; a las exigencias cualitativas por cambios en la estructura de vida cotidiana \u00been una palabra, al esfuerzo general por lograr objetivos concretos, formas de libertad.<\/p>\n<p>En otros pa\u00edses del Occidente capitalista (Alemania, EE.UU.), estas mismas fuerzas transformadoras se hab\u00edan desarrollado como un cambio molecular en las relaciones sociales, sin plantear directa e inmediatamente el problema del poder pol\u00edtico, de una gesti\u00f3n alternativa del Estado.<\/p>\n<p>En Francia e Italia, debido a las rigideces institucionales y a la forma muy simplificada de regular los conflictos, el tema del poder, de su \u00abtoma\u00bb, se vuelve inmediatamente preeminente.<\/p>\n<p>En Italia, especialmente, a pesar de que en muchos aspectos el a\u00f1o 1968 marc\u00f3 una aguda discontinuidad con la tradici\u00f3n \u00ablaborista\u00bb y estatista del movimiento obrero hist\u00f3rico, el modelo pol\u00edtico comunista fue injertado de manera vital en el cuerpo de los nuevos movimientos. La extrema polarizaci\u00f3n del conflicto de clases y la pobreza de un tejido de mediaci\u00f3n pol\u00edtica (por un lado, las comisiones internas, por otro, antes del nacimiento de las autoridades locales, un Estado de Bienestar a\u00fan hipercentralista) favorecen un entrelazamiento efectivo entre las peticiones de mayores ingresos y mayor libertad y el objetivo leninista de \u00bb destruir la m\u00e1quina estatal\u00bb.<\/p>\n<p>2\u2013 Entre el 68 y principios de los 70, el problema de encontrar una salida pol\u00edtica y un resultado para las luchas estuvo en la agenda de toda la izquierda, tanto la \u00abvieja\u00bb como la \u00abnueva\u00bb.<\/p>\n<p>Tanto el PCI como los sindicatos, as\u00ed como los grupos extraparlamentarios, aspiraban a un cambio dr\u00e1stico en el equilibrio del poder, que completar\u00eda y estabilizar\u00eda el cambio en las relaciones de fuerza que ya se hab\u00eda producido en las f\u00e1bricas, en la industria y en el mercado del trabajo. Hubo una larga y atormentada batalla por la hegemon\u00eda dentro de la izquierda en relaci\u00f3n a la naturaleza y la calidad de esta soluci\u00f3n pol\u00edtica (com\u00fanmente considerada necesaria y decisiva).<\/p>\n<p>Los grupos revolucionarios, mayoritarios en escuelas y universidades, pero arraigados tambi\u00e9n en las f\u00e1bricas y en los servicios, ten\u00edan muy claro que el reciente impulso de transformaci\u00f3n hab\u00eda coincidido con una deslumbrante ruptura del anterior marco de legalidad, y pensaba insistir en ese camino, impidiendo una recuperaci\u00f3n institucional de los m\u00e1rgenes de mando y de beneficio. La extensi\u00f3n de las luchas al interior de todo el territorio metropolitano y la construcci\u00f3n de formas de contrapoder eran consideradas necesarias para contrarrestar el chantaje de la crisis econ\u00f3mica. PCI y sindicato, en cambio, ve\u00edan en el desmoronamiento de la centro-izquierda y en las \u201creformas de estructura\u201d el resultado moral del 68. Un nuevo \u201cmarco de compatibilidades\u201d y una red de mediaci\u00f3n institucional m\u00e1s compleja y articulada hubieran debido garantizar una especie de protagonismo obrero en el relanzamiento del desarrollo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Si la pol\u00e9mica m\u00e1s \u00e1spera se ha planteado entre organizaciones extraparlamentarias e izquierda hist\u00f3rica, no es menos cierto que la lucha ideal para cualificar el resultado del movimiento ha atravesado, tambi\u00e9n, horizontalmente estas dos formaciones. Basta con recordar aqu\u00ed, a t\u00edtulo de ejemplo, la cr\u00edtica formulada por Amendola a la Federaci\u00f3n Unitaria de Metal\u00fargicos (F.L.M.) de Tur\u00edn, y, en general, al \u201csindicato del movimiento\u00bb. O bien las diversas interpelaciones que daban los componentes del sindicato unitario del naciente fen\u00f3meno de los \u00abconsejos de zona\u00bb. Del mismo modo, en la otra vertiente, basta con citar la diferencia entre el fil\u00f3n \u201cobrerista\u201d y el marxista-leninista. As\u00ed y todo, la divisi\u00f3n de las orientaciones se produc\u00eda, como ya se ha dicho, en torno a un \u00fanico, esencial problema: la traducci\u00f3n en t\u00e9rminos de poder pol\u00edtico de la conmoci\u00f3n que se produjo en las relaciones sociales a partir del 68.<\/p>\n<p>3\u2013 Al principio de los a\u00f1os 70, los grupos extraparlamentarios plantearon el problema del empleo de la fuerza, de la violencia, en absoluta coherencia con la tradici\u00f3n comunista revolucionaria: o sea, consider\u00e1ndola uno de los instrumentos necesarios para incidir en el terreno del poder.<\/p>\n<p>No hay ah\u00ed fetichismo alguno de la violencia como medio, sino por el contrario su estrecha subordinaci\u00f3n al avance del enfrentamiento de masas; y al mismo tiempo, aceptaci\u00f3n plena de su pertinencia. Respecto al tejido mismo de la conflictividad social, la cuesti\u00f3n del poder pol\u00edtico ofrec\u00eda una indudable discontinuidad, un car\u00e1cter no lineal, especifico. Despu\u00e9s de Avola, de Corso Traiano, de Battipaglia, \u201cel monopolio estatal de la fuerza\u201d aparec\u00eda un obst\u00e1culo ineludible con el que confrontarse sistem\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista program\u00e1tico, entonces, la ruptura violenta de la legalidad se concibe en t\u00e9rminos ofensivos, como manifestaci\u00f3n de un contrapoder: consignas como \u201ctomarse la ciudad\u201d o \u201cinsurrecci\u00f3n\u201d sintetizaban esta perspectiva, considerada inevitable, pero no inmediata.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista concreto, en cambio, la organizaci\u00f3n sobre el plano de la ilegalidad es una cosa muy modesta, con una finalidad exclusivamente defensiva y contingente: defensa del piquete, de las ocupaciones de casas, de la manifestaci\u00f3n, medidas de prevenci\u00f3n y de seguridad ante un eventual ataque de la derecha (que, desde el atentado de Piazza Fontana, no se pod\u00eda excluir).<\/p>\n<p>En definitiva: una teor\u00eda de ataque, de ruptura, correspondiente a la fusi\u00f3n de un nuevo sujeto pol\u00edtico, el del 68, con la cultura comunista, y por otra parte realizaciones pr\u00e1cticas minimalistas. Sin embargo, es claro que, tras el \u201cbienio rojo\u201d 68-69, para miles y miles de militantes, incluidos los cuadros de base del sindicato, fuese absolutamente un hecho de sentido com\u00fan el organizarse en el terreno de la \u201cilegalidad\u201d, as\u00ed como debatir p\u00fablicamente tiempo y modo del choque con las estructuras represivas del Estado.<\/p>\n<p>4\u2013 En aquellos a\u00f1os, el rol de las primeras organizaciones clandestinas (GAP [Grupos de Acci\u00f3n Partisana-Ej\u00e9rcito Popular de Liberaci\u00f3n], BR [Brigadas Rojas]) es absolutamente marginal y ajeno a la tem\u00e1tica del movimiento.<\/p>\n<p>La clandestinidad, la evocaci\u00f3n obsesiva de la tradici\u00f3n partisana, la referencia al obrero profesional, no tienen nada que ver con la organizaci\u00f3n de la violencia por parte de las vanguardias de clase y de los grupos revolucionarios.<\/p>\n<p>El GAP, remiti\u00e9ndose al antifascismo de la resistencia y a la tradici\u00f3n comunista de la \u201cdoble v\u00eda\u201d de los a\u00f1os 50\u2019s, propugnaba la adopci\u00f3n de medidas preventivas ante un golpe que se daba por inminente. Las BR formadas por la confluencia de los marxistas-leninistas de Trento, con los ex PCI de las bases milanesas y de los ex FGCI [Federazione Giovanile Comunista Italiana] de la Reggio Emilia\u00a0 buscaron, durante toda la primera fase, simpat\u00eda y contacto en la base comunista, no en el movimiento revolucionario. Antifascismo y \u201clucha armada por las reformas\u201d caracterizaban su accionar.<\/p>\n<p>Paradojalmente, la propia aceptaci\u00f3n de una perspectiva de lucha, incluso, ilegal y violenta por parte de la vanguardia comunista del movimiento, volv\u00eda absoluta e insuperable la distancia respecto a la clandestinidad y a la \u201clucha armada\u201d como opci\u00f3n estrat\u00e9gica. Los espor\u00e1dicos contactos que hubo entre \u201cgrupos\u201d y las primeras organizaciones armadas, no solo no atenuaron, sino que, muy por el contrario, acentuaron, exponencialmente, lo irreconciliable de la cultura y l\u00ednea pol\u00edtica de ambos bandos.<\/p>\n<p>5\u2013 En el \u201973-\u201974, el trasfondo pol\u00edtico global en el que durante a\u00f1os hab\u00eda crecido el movimiento estalla. En un breve arco de tiempo se producen m\u00faltiples rupturas de las continuidades existentes, mutando perspectivas y comportamientos, se alteran las propias condiciones del conflicto social. Este brusco viraje se explica en base a numerosas causas concomitantes e interdependientes. La primera est\u00e1 constituida por el juicio del PCI sobre el cierre de espacios a nivel internacional, con la consiguiente urgencia de encontrar una \u201csalida pol\u00edtica\u201d inmediata en base a las condiciones existentes.<\/p>\n<p>Ello conlleva una fractura, destinada a ampliarse, en el interior de ese medio pol\u00edtico-social compuesto, pero hasta entonces sustancialmente unitario, que hab\u00eda buscado, tras el 68, un aterrizaje en el terreno del poder que reflejase la radicalidad de las luchas y de sus contenidos transformadores. Una parte de la izquierda (PCI y sindicatos confederados) empieza a aproximarse al terreno gubernamental, en contra de amplios sectores del movimiento.<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n extraparlamentaria se ve obligada a volver a definirse sobre el \u201ccompromiso\u201d perseguido por el PCI. Y esta redefinici\u00f3n significa crisis, y progresiva p\u00e9rdida de identidad. En efecto, la lucha por la hegemon\u00eda en la izquierda, que en cierta medida hab\u00eda justificado la existencia de los \u201cgrupos\u201d, parece ahora resolverse mediante una decisi\u00f3n unilateral, que rompe, separa las perspectivas, pone fin a la dial\u00e9ctica.<\/p>\n<p>De ahora en adelante el tema de la \u201csalida pol\u00edtica\u201d, de la gesti\u00f3n alternativa del Estado, se identifica con la moderaci\u00f3n de la pol\u00edtica del PCI. Las organizaciones extraparlamentarias, a\u00fan decididas a moverse en ese territorio, s\u00f3lo pueden tratar de perseguir y condicionar la trayectoria del \u201ccompromiso\u201d, constituyendo su \u201cversi\u00f3n extremista\u201d (recu\u00e9rdese la presentaci\u00f3n de listas \u201crevolucionarias\u201d a las elecciones administrativas de 1975, y a las legislativas de 1976). Otros grupos, en cambio, comprueban los l\u00edmites de su experiencia, y antes o despu\u00e9s caminan hacia su disoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>6.- En segundo lugar, con los contratos del 72-73, la figura central de las luchas en las f\u00e1bricas, el obrero de la cadena de montaje, el obrero-masa, pierde su papel ofensivo y unificado. Comienza la restructuraci\u00f3n de la gran empresa.<\/p>\n<p>El uso de indemnizaciones por despido y la primera renovaci\u00f3n parcial de las tecnolog\u00edas cambiaron fundamentalmente la estructura de producci\u00f3n, mitigando la intensidad de las formas de lucha anteriores, incluidas las huelgas. Los \u201cgrupos hegem\u00f3nicos\u201d y su poder sobre la organizaci\u00f3n del trabajo se ven desplazados por la reestructuraci\u00f3n de la maquinaria y de la jornada laboral. La representatividad de los consejos de f\u00e1brica, y por tanto, la dial\u00e9ctica entre \u201cderecha\u201d e \u201cizquierda\u201d que exist\u00eda en su interior, se encoge r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>El poder del obrero de l\u00ednea no se debilita por la presi\u00f3n de un \u201cej\u00e9rcito industrial de reserva\u201d tan tradicional como fantasm\u00e1tico, o sea, por la competencia de los parados. El punto es que la reconversi\u00f3n industrial privilegia inversiones en sectores ajenos a la producci\u00f3n de masa, convirtiendo as\u00ed en centrales, de relativamente marginales, a otros segmentos de fuerza trabajo (mujeres, j\u00f3venes, y diplomados), con menor historia organizativa a sus espaldas. Ahora el terreno de enfrentamiento concierne siempre m\u00e1s a los equilibrios globales del mercado de trabajo, el gasto p\u00fablico, la reproducci\u00f3n del proletariado y la juventud, la distribuci\u00f3n de cuotas de renta independientes de la prestaci\u00f3n laboral.<\/p>\n<p>7\u2013 En tercer lugar, se produce un cambio interior en la subjetividad del movimiento, de su \u201ccultura\u201d, de su horizonte proyectual. En resumen: se consuma una ruptura con la tradici\u00f3n interna del movimiento obrero, con la idea de la \u201ctoma del poder\u201d, con el objetivo can\u00f3nico de la \u201cdictadura del proletariado\u201d, con los \u00faltimos destellos del \u201csocialismo real\u201d, con toda vocaci\u00f3n de gesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que ya chirriaba en el matrimonio sesentayochista entre contenidos innovadores del movimiento y modelo de la revoluci\u00f3n pol\u00edtica comunista, se convierte ahora en abismo total. El poder es visto como una realidad ajena y hostil, de la que hay que defenderse, pero a la que no se puede conquistar o derribar, sino s\u00f3lo reducir, mantener alejada. El punto crucial est\u00e1 en la afirmaci\u00f3n de s\u00ed mismo como sociedad alternativa, como riqueza de comunicaci\u00f3n, de libre capacidad productiva, de formas de vida. Conquistar y gestionar \u201cespacios\u201d propios: \u00e9sta es la pr\u00e1ctica dominante de los sujetos sociales para los que el trabajo asalariado ha dejado de ser punto y simple \u201cepisodio\u201d, contingencia, disvalor.<\/p>\n<p>El movimiento feminista, con su pr\u00e1ctica de comunidad, y su separaci\u00f3n del resto de la sociedad, con su cr\u00edtica de la pol\u00edtica y de los poderes, con su \u00e1spera desconfianza hacia toda representaci\u00f3n institucional y \u201cgeneral\u201d de necesidades y deseos, con su amor por la diferencia, es emblem\u00e1tico de la nueva fase. En \u00e9l se inspirar\u00e1 m\u00e1s o menos expl\u00edcitamente la trayectoria del proletariado juvenil a mediados de los a\u00f1os 70.<\/p>\n<p>El propio refer\u00e9ndum sobre el divorcio es un indicio de gran significado de la tendencia a la \u201cautonom\u00eda de lo social\u201d. Imposible seguir hablando del \u201c\u00e1lbum de familia\u201d, ni siquiera de una familia mal avenida. La nueva subjetividad de masa es ajena al movimiento obrero: lenguajes y objetivos han dejado de comunicarse. La propia categor\u00eda de \u201cextremismo\u201d no explica ya nada, todo lo contrario, confunde y enturbia. Se puede ser \u201cextremista\u201d s\u00f3lo en relaci\u00f3n con algo semejante: pero es precisamente esa \u201csemejanza\u201d la que va desapareciendo r\u00e1pidamente. Quien busca continuidad, quien aprecia el \u201c\u00e1lbum\u201d, s\u00f3lo puede dirigirse al universo separado de las \u201corganizaciones combatientes\u201d marxistas-leninistas.<\/p>\n<p>8.- Los tres aspectos del giro que se dio entre 1973 y 1975, pero en particular el \u00faltimo, concurren en el nacimiento de la \u201cAutonom\u00eda Obrera\u201d.<\/p>\n<p>La Autonom\u00eda se forma contra el proyecto del \u201cCompromiso\u201d, en respuesta al fracaso de los grupos, m\u00e1s all\u00e1 del obrerismo, mediante una interacci\u00f3n conflictual permanente con la reestructuraci\u00f3n productiva. Pero sobre todo expresa la nueva subjetividad, la riqueza de sus diferencias, su distanciamiento de la pol\u00edtica formal y de los mecanismos de representaci\u00f3n. No ya \u201csalida pol\u00edtica\u201d, sino potencia articulada y concreta de lo social.<\/p>\n<p>En ese sentido, el localismo es una caracter\u00edstica definitoria de la experiencia aut\u00f3noma. La profunda distancia de la perspectiva de una posible gesti\u00f3n alternativa del Estado, excluye una centralizaci\u00f3n del movimiento. Cada corriente regional de la Autonom\u00eda reproduce las particularidades concretas de la composici\u00f3n de clase, sin sentir esto como una limitaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien como una raz\u00f3n de ser. Es literalmente imposible, por tanto, trazar una historia unitaria de la Autonom\u00eda romana o milanesa, la del veneto o la meridional.<\/p>\n<p>9\u2013 De 1974 a 1976 se intensifica y difunde la pr\u00e1ctica de la ilegalidad y de la violencia. Pero esta dimensi\u00f3n del antagonismo, desconocida en el per\u00edodo precedente, carece de toda finalidad global antiestatal, no prefigura ninguna \u201cruptura revolucionaria\u201d. \u00c9ste es el aspecto esencial. En las metr\u00f3polis la violencia aumenta, en funci\u00f3n de una satisfacci\u00f3n inmediata de necesidades, de la conquista de \u201cespacios\u201d que gestionar con total independencia, y como respuesta a las reducciones de los gastos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>En 1974 la \u201cautorreducci\u00f3n\u201d de las tarifas del trasporte, organizada en Tur\u00edn por el sindicato, vuelve a lanzar de modo clamoroso la \u201cilegalidad de masas\u201d ya experimentada antes, sobre todo en el campo de los alquileres. Casi en todas partes, y en relaci\u00f3n con todo el abanico de los gastos sociales, se pone en pr\u00e1ctica esta particular forma de garant\u00eda de la renta. Si el sindicato hab\u00eda considerado la autorreducci\u00f3n como un gesto simb\u00f3lico, el movimiento la convierte en un camino material generalizado.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s a\u00fan que la autorreducci\u00f3n, es la ocupaci\u00f3n de casas en San Basilio, en octubre de 1974, lo que se\u00f1ala un punto de inflexi\u00f3n, al presentar un alto grado de \u201cmilitarizaci\u00f3n\u201d espont\u00e1nea, de defensa de masas en respuesta a la sanguinaria agresi\u00f3n policial. La otra etapa decisiva para el movimiento es la de las grandes manifestaciones de la primavera de 1975 en Mil\u00e1n, tras el asesinato de Varalli y Zibecchi a manos de fascistas y carabineros. Los dur\u00edsimos enfrentamientos en la calle son el punto de partida de una secuencia de luchas que atacan las medidas econ\u00f3micas de la austeridad, la que ya se empieza a llamar \u201cpol\u00edtica de los sacrificios\u201d. A lo largo de todo el 75 y 76 se conforma el tr\u00e1nsito -en muchos aspectos \u201ccl\u00e1sico\u201d en la historia del welfare- de la autorreducci\u00f3n a un comportamiento de apropiaci\u00f3n: de un comportamiento defensivo en relaci\u00f3n con los continuos aumentos de los precios, a una pr\u00e1ctica ofensiva de satisfacci\u00f3n colectiva de las necesidades, tendente a subvertir los mecanismos de la crisis.<\/p>\n<p>La apropiaci\u00f3n -cuyo m\u00e1ximo ejemplo a nivel internacional fue la noche del black-out neoyorkino- alcanza todos los aspectos de la existencia metropolitana: es \u201cgasto pol\u00edtico\u201d, ocupaci\u00f3n de locales para actividades asociativas libres, es el \u201ctranquilo h\u00e1bito\u201d del proletariado juvenil de no pagar la entrada en el cine o en los conciertos, es el rechazo de las horas extraordinarias, y la dilataci\u00f3n de las pausas en la f\u00e1brica. Pero es sobre todo apropiaci\u00f3n del \u201ctiempo de vida\u201d, la liberaci\u00f3n del mando de la f\u00e1brica, la b\u00fasqueda de comunidad.<\/p>\n<p>10- A mediados de los 70 se perfilan dos tendencias distintas en la reproducci\u00f3n ampliada de la violencia. Esquematizando, con una satisfactoria aproximaci\u00f3n, se pueden distinguir dos g\u00e9nesis diferentes del impulso hacia la militarizaci\u00f3n del movimiento. La primera es la resistencia a ultranza frente a la restructuraci\u00f3n productiva en las grandes y medianas empresas<\/p>\n<p>10\u2013 A mediados de los 70 se perfilan dos tendencias distintas en la reproducci\u00f3n ampliada de la violencia. Esquematizando con una satisfactoria aproximaci\u00f3n, se pueden distinguir dos g\u00e9nesis diferentes del impulso hacia la militarizaci\u00f3n del movimiento. La primera es la resistencia a ultranza frente a la restructuraci\u00f3n productiva en las grandes y medianas empresas.<\/p>\n<p>Sus protagonistas son muchos cuadros obreros formados pol\u00edticamente entre el 68 y el 73, decididos a defender a toda costa las bases materiales de su fuerza contractual. La reconstrucci\u00f3n es vivida como cat\u00e1strofe pol\u00edtica. Sobre todo los militantes de f\u00e1brica que se hab\u00edan comprometido m\u00e1s a fondo con la experiencia de los consejos, tienden a identificar restructuraci\u00f3n con derrota, encontrando confirmaci\u00f3n a su postura en las repetidas concesiones sindicales en el tema de las condiciones de trabajo. La sustancia de su postura estaba en dejar la f\u00e1brica como era, para preservar as\u00ed una relaci\u00f3n de fuerza favorable. Entre este n\u00facleo de problemas, y entre las filas de este personal pol\u00edtico-sindical, las Brigadas Rojas, del 74 al 75 y en adelante, despiertan simpat\u00edas y alcanzan cierto nivel de implantaci\u00f3n<\/p>\n<p>11\u2013 La otra corriente ilegal -en muchos aspectos diametralmente opuesta a la primera- est\u00e1 formada por los sujetos sociales que son el resultado de la restructuraci\u00f3n, de la descentralizaci\u00f3n productiva, de la movilidad. La violencia se genera aqu\u00ed por la ausencia de garant\u00edas, por las formas fragmentadas y precarias de conseguir la renta salarial, por el choque inmediato con la dimensi\u00f3n social, territorial, global del mando capitalista.<\/p>\n<p>La figura proletaria que emerge de la restructuraci\u00f3n choca violentamente con la organizaci\u00f3n urbana, con la administraci\u00f3n de los flujos de beneficios, y se bate por el autogobierno de la jornada laboral. Este segundo tipo de ilegalidad, que a grosso modo puede conectarse con la experiencia aut\u00f3noma, no posee nunca el car\u00e1cter de un proyecto org\u00e1nico, y se distingue por la total coincidencia entre la forma de lucha y la consecuci\u00f3n del objetivo. Esto conlleva a la ausencia de \u201cestructuras\u201d o \u201cfunciones\u201d separadas, espec\u00edficas, predispuestas al empleo de la fuerza.<\/p>\n<p>A menos que se quiera aceptar el \u201cpasolinismo\u201d como categor\u00eda suprema de comprensi\u00f3n sociol\u00f3gica, resulta inevitable resaltar que la violencia difusa del movimiento de aquellos a\u00f1os era un instrumento necesario de autoidentificaci\u00f3n y de afirmaci\u00f3n de un nuevo y poderoso sujeto productivo, nacido del declinar de la centralidad de la f\u00e1brica, y sometido a las fuertes presiones de la crisis econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>12\u2013 El movimiento del 77 expresa, en sus connotaciones esenciales, una nueva composici\u00f3n de clase, y no fen\u00f3menos de marginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La \u201csegunda sociedad\u201d es, o va camino de serlo, la \u201cprimera\u201d en cuanto a capacidad productiva, inteligencia t\u00e9cnico-cient\u00edfica, riqueza de cooperaci\u00f3n. Los nuevos sujetos de las luchas reflejan, o anticipan, la identificaci\u00f3n creciente entre proceso de trabajo material y actividad comunicativa, en breve, la realidad de la f\u00e1brica informatizada y del terciario avanzado. El movimiento es fuerza productiva rica, independiente, conflictual. La cr\u00edtica del trabajo asalariado muestra ahora una vertiente positiva, creativa, bajo la forma del \u201cautoempleo\u201d, y de gesti\u00f3n parcial desde la base de los mecanismos del welfare. La \u201csegunda sociedad\u201d, que ocupa el escenario en 1977, es \u201casim\u00e9trica\u201d en relaci\u00f3n con el poder estatal: no busca oposici\u00f3n frontal, sino elusi\u00f3n, es decir, en concreto, busca espacios de libertad y de renta donde consolidarse y crecer. Esta \u201casimetr\u00eda\u201d era un dato inestimable, que testimoniaba la consistencia del proceso social en marcha. Pero necesitaba tiempo. Tiempo y mediaci\u00f3n. Tiempo y negociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>13\u2013 En cambio, la operaci\u00f3n restauradora del Compromiso hist\u00f3rico niega al movimiento tiempo y espacios, al volver a proponer un antagonismo sim\u00e9trico en relaci\u00f3n con el Estado.<\/p>\n<p>El movimiento se ve sometido a un espantoso proceso de aceleraci\u00f3n, que bloquea su potencial articulaci\u00f3n, y lo deja sin m\u00e1rgenes de mediaci\u00f3n. Contrariamente a lo que ocurre en otros pa\u00edses europeos, y en especial en Alemania, donde la operaci\u00f3n represiva se acompa\u00f1a de formas de negociaci\u00f3n con los movimientos, y no incide en su reproducci\u00f3n, el compromiso hist\u00f3rico procede con un largo mazo, negando legitimidad a todo lo que escapa y se opone a la nueva reglamentaci\u00f3n corporativa del conflicto. La intenci\u00f3n represiva posee en Italia tal generalidad, que se resuelve directamente contra los impulsos sociales espont\u00e1neos.<\/p>\n<p>Sucede entonces que la adopci\u00f3n sistem\u00e1tica de medidas pol\u00edtico-militares por parte del Gobierno reintroduce de modo \u201cex\u00f3geno\u201d la necesidad de la lucha pol\u00edtica general, a menudo como pura y simple \u201clucha por la supervivencia\u201d, mientras que margina y condena al ghetto a las pr\u00e1cticas emancipadoras del movimiento, as\u00ed como a su densa positividad en el terreno de la calidad de vida y de la satisfacci\u00f3n directa de las necesidades.<\/p>\n<p>14\u2013 &#8211; La Autonom\u00eda organizada se encuentra atenazada entre el ghetto y el enfrentamiento inmediato con el Estado. Su \u201cesquizofrenia\u201d y despu\u00e9s su derrota nacen de su intento de escapar a esta tenaza, manteniendo una relaci\u00f3n entre riqueza y articulaci\u00f3n social del movimiento, por una parte, y las necesidades propias del enfrentamiento antiestatal por otra.<\/p>\n<p>Esta tentativa resulta, al cabo de pocos meses, del todo imposible y fracasa en ambos frentes. La \u201caceleraci\u00f3n\u201d sin precedentes del 77 lleva a la Autonom\u00eda organizada a perder lentamente los contactos con estos sujetos que, sustray\u00e9ndose de la lucha pol\u00edtica tradicional, recorren senderos diversificados \u00beunas veces individuales, otras incluso de cogesti\u00f3n \u00be para trabajar menos, vivir mejor, producir libremente. Por otra parte, la propia \u201caceleraci\u00f3n\u201d lleva a la Autonom\u00eda a cortar todo contacto con aquellas pulsiones militaristas que estaban presentes en el movimiento, y en la propia Autonom\u00eda, y que se convierten, en poco tiempo, en tendencia separada hacia la formaci\u00f3n de bandas armadas.<\/p>\n<p>La tenaza, en lugar de abrirse, se cierra a\u00fan m\u00e1s. La forma organizativa de la Autonom\u00eda, su discurso pol\u00edtico sobre el poder, su concepci\u00f3n de la pol\u00edtica, son duramente cuestionadas tanto por el ghetto como por las formaciones \u201cmilitaristas\u201d.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir, sin embargo, que la autonom\u00eda tambi\u00e9n paga todas las debilidades de su propio modelo pol\u00edtico-cultural, centrado en el crecimiento lineal del movimiento, en su continua expansi\u00f3n y radicalizaci\u00f3n. Es un modelo en el que lo viejo y lo nuevo se entrelazan: el \u00abviejo\u00bb extremismo anti institucional y las nuevas necesidades emancipadoras. La separaci\u00f3n y la \u00abotredad\u00bb que distinguen a los nuevos sujetos y sus luchas son a menudo interpretadas por la autonom\u00eda como una negaci\u00f3n de cualquier mediaci\u00f3n pol\u00edtica, m\u00e1s que como un apoyo a ella. El antagonismo inmediato contrasta con cada interlocuci\u00f3n, con cada \u00abnegociaci\u00f3n\u00bb, con cada \u00abuso\u00bb de las instituciones.<\/p>\n<p>15\u2013 Al finalizar el 77 y a lo largo de todo el 78 se multiplican las formaciones organizadas que operan en un terreno espec\u00edficamente militar, mientras se acent\u00faa la crisis en la Autonom\u00eda organizada.<\/p>\n<p>Para muchos la ecuaci\u00f3n: \u201clucha pol\u00edtica = lucha armada\u201d, aparece como la \u00faltima respuesta realista al cepo que el Compromiso hist\u00f3rico ha cerrado en torno al movimiento. En una primera fase \u00beseg\u00fan un esquema repetido innumerables veces \u00be grupos de militantes al interno del movimiento realizan el as\u00ed llamado \u201csalto\u201d de la violencia end\u00e9mica a la lucha armada, aun concibiendo esta elecci\u00f3n y sus pesadas obligaciones, como \u201carticulaci\u00f3n\u201d de las luchas, como creaci\u00f3n de una especie de \u201cestructura de servicios\u201d. Pero una forma de organizaci\u00f3n destinada espec\u00edficamente a la acci\u00f3n armada se revela estructuralmente inadecuada a las pr\u00e1cticas del movimiento, y no puede dejar de separarse de \u00e9l en un tiempo m\u00e1s o menos breve.<\/p>\n<p>Ocurre entonces que las numerosas siglas de \u201corganizaciones combatientes\u201d nacidas entre el 77 y 78, terminan por imitar el modelo, al principio combatido, de las Brigadas Rojas, o incluso por entrar en ellas. Los guerrilleros hist\u00f3ricos, las BR, precisamente como detentadores de una \u201cguerra contra el Estado\u201d completamente aislada de la din\u00e1mica del movimiento, acaban por ampliarse de forma \u201cparasitaria\u201d a costa de las derrotas de la lucha de masas.<\/p>\n<p>En particular en Roma, a finales del 77, las BR reclutan de forma masiva entre las filas de un movimiento en crisis. La Autonom\u00eda, a lo largo de ese a\u00f1o, hab\u00eda constatado sus propias graves limitaciones, oponiendo al militarismo de Estado una radicalizaci\u00f3n iterativa del enfrentamiento en la calle, que no le permit\u00eda consolidarse, sino m\u00e1s bien dispersaba la potencialidad del movimiento. El acentuarse de la represi\u00f3n y los errores cometidos por la Autonom\u00eda en Roma y en alguna que otra ciudad han allanado el camino a las B.R. Esta \u00faltima organizaci\u00f3n, que hab\u00eda criticado violentamente las luchas del 77, se encuentra, parad\u00f3jicamente, recogiendo sus frutos m\u00e1s visibles en t\u00e9rminos de reforzamiento organizativo. La represi\u00f3n y los errores de la autonom\u00eda en Roma y en algunas otras ciudades allanaron el camino a las BR. Esta \u00faltima organizaci\u00f3n, que hab\u00eda criticado duramente las luchas del 77, se encontr\u00f3, paradojalmente, cosechando conspicuos frutos, en t\u00e9rminos de fortalecimiento organizativo.<\/p>\n<p>16\u2013 La derrota del movimiento de 1977 comienza con el secuestro y asesinato de Aldo Moro.<\/p>\n<p>Las BR, de manera an\u00e1loga, aunque tr\u00e1gicamente par\u00f3dica de lo que hab\u00eda hecho la izquierda hist\u00f3rica a mediados de los a\u00f1os 70, persiguen una \u201csalida pol\u00edtica\u201d propia, separada y a expensas del antagonismo social.<\/p>\n<p>La \u201ccultura\u201d de las BR con sus tribunales, c\u00e1rceles, prisioneros, procesos \u00be y su pr\u00e1ctica de \u201cfracci\u00f3n armada\u201d en la autonom\u00eda de lo pol\u00edtico, se empleaban tanto en contra de los nuevos sujetos del conflicto, como contra el aparato institucional.<\/p>\n<p>Con la \u201coperaci\u00f3n Moro\u201d la unidad del movimiento se quiebra de manera definitiva, y comienza una fase de crep\u00fasculo y de deriva, caracterizada por la lucha frontal de la Autonom\u00eda contra el brigadismo, pero tambi\u00e9n por la regresi\u00f3n de la lucha pol\u00edtica de amplios sectores proletarios y juveniles. . La \u00abemergencia\u00bb, que el Estado y el PCI enarbolan con bombos y platillos, golpea en la oscuridad y, de hecho, elige lo que ha surgido y es p\u00fablico y \u00absubversivo\u00bb como cabeza de turco sobre la que ejercer su destructividad en primera instancia. La autonom\u00eda se ve as\u00ed sometida a un ataque violent\u00edsimo que pretende, en primer lugar, crear tierra arrasada en las grandes f\u00e1bricas del norte. Y as\u00ed los \u201ccolectivos aut\u00f3nomos\u201d de f\u00e1brica son en seguida acusados de probable filo terrorismo por parte del sindicato y del PCI, y convertidos en sospechosos, denunciados, fichados. Y cuando, precisamente en los d\u00edas del secuestro de Moro, la Autonom\u00eda lanza la lucha contra el restablecimiento del s\u00e1bado como d\u00eda laboral en Alfa Romeo, la respuesta de la izquierda hist\u00f3rica es una respuesta \u201cantiterrorista\u201d, militar, demonizante. Comienza as\u00ed el proceso de expulsi\u00f3n de la f\u00e1brica de la nueva generaci\u00f3n de vanguardia de las luchas \u00beproceso que culminar\u00e1 con el despido de 61 obreros de la FIAT en oto\u00f1o de 1979.<\/p>\n<p>17\u2013Despu\u00e9s de Moro, en el escenario desolado de una sociedad civil militarizada, Estado y BR se enfrentan con l\u00f3gica especular.<\/p>\n<p>Las BR recorren r\u00e1pidamente esa par\u00e1bola irreversible que conduce a la lucha armada a convertirse en \u201cterrorismo\u201d en su aut\u00e9ntico sentido: comienzan las campa\u00f1as de aniquilamiento. Carabineros, jueces, magistrados, dirigentes de empresa, sindicalistas son asesinados ya \u00fanicamente por la \u201cfunci\u00f3n\u201d que ocupaban, como explicaron m\u00e1s adelante los \u201carrepentidos\u201d. Los \u201cpeinados\u201d policiales sistem\u00e1ticos contra la Autonom\u00eda, en el 79, han eliminado el \u00fanico tejido colectivo pol\u00edtico del movimiento con capacidad de combatir con eficacia la l\u00f3gica terrorista. As\u00ed, entre 1979 y 1981, las BR pueden por vez primera reclutar militantes no s\u00f3lo entre las \u201corganizaciones combatientes\u201d menores, sino directamente entre j\u00f3venes y adolescentes, apenas politizados, cuyo descontento y rabia carecen ya de toda mediaci\u00f3n pol\u00edtica y program\u00e1tica.<\/p>\n<p>18\u2013 Los \u201carrepentidos\u201d, como fen\u00f3meno de masa, son la otra cara el terrorismo, igualmente militarizada, igualmente horrible.<\/p>\n<p>El \u201carrepentidismo\u201d es la variante extrema del terrorismo, su pavloviano \u201creflejo condicionado\u201d, el testimonio \u00faltimo de su total extra\u00f1eza y abstracci\u00f3n con respecto al tejido del movimiento. La incompatibilidad entre el nuevo sujeto social y la lucha armada se manifiesta de manera distorsionada y terrible en las confesiones pactadas de los arrepentidos.<\/p>\n<p>El \u201carrepentidismo\u201d es \u201cl\u00f3gica de aniquilamiento\u201d judicial, venganza indiscriminada, celebraci\u00f3n de la ausencia de memoria hist\u00f3rica, precisamente cuando, de manera perversa y manipulada, se pone en funcionamiento una \u201cmemoria individual\u201d. Los \u201carrepentidos\u201d mienten incluso cuando dicen la \u201cverdad\u201d, unificando lo que est\u00e1 dividido, eliminando las motivaciones y el contexto, evocando los efectos sin las causas, estableciendo presuntos nexos, interpretando la realidad con las lentes de los diversos \u201cteoremas\u201d.<\/p>\n<p>El \u201carrepentidismo\u201d es terrorismo introyectado en las instituciones. No hay post-terrorismo sin una superaci\u00f3n paralela de la cultura del arrepentimiento.<\/p>\n<p>19\u2013 La derrota seca y definitiva de las organizaciones pol\u00edticas de movimiento, a finales de los 70, no ha coincidido ni de forma parcial con una derrota del nuevo sujeto pol\u00edtico y productivo, que en el 77 hab\u00eda realizado su \u201censayo general\u201d.<\/p>\n<p>Este sujeto pol\u00edtico ha realizado una larga marcha en los lugares de trabajo, en la organizaci\u00f3n del saber social, en la \u201ceconom\u00eda alternativa\u201d, en las instancias locales, en el aparato administrativo. Se ha propagado a ras de tierra, rehuyendo el enfrentamiento pol\u00edtico directo, maniobrando entre ghetto y negociaci\u00f3n, entre separaci\u00f3n y cogesti\u00f3n. Aunque comprimido y obligado a menudo a la pasividad, constituye, hoy m\u00e1s que ayer, el nudo no resuelto de la crisis italiana.<\/p>\n<p>La reorganizaci\u00f3n de la jornada laboral, la presi\u00f3n sobre el gasto p\u00fablico, las cuestiones de la defensa del ambiente y la elecci\u00f3n de tecnolog\u00edas, la crisis del sistema de partidos y el problema de un nuevo pacto constitucional: detr\u00e1s de todo esto, y no s\u00f3lo en los pliegues del Informe Censis, vive intacta la densidad de un sujeto de masa con sus exigencias de salario, de libertad, de paz.<\/p>\n<p>20\u2013 Tras el Compromiso hist\u00f3rico y despu\u00e9s del terrorismo, otra vez se trata, exactamente como en 1977, de abrir espacios de mediaci\u00f3n, que permitan a los movimientos expresarse y crecer.<\/p>\n<p>Lucha y mediaci\u00f3n pol\u00edtica. Lucha y negociaci\u00f3n con las instituciones. Esta perspectiva \u00beaqu\u00ed como en Alemania \u00be se hace posible y necesaria no por la timidez y el atraso del conflicto social sino, por el contrario, por la extrema madurez de sus contenidos.<\/p>\n<p>Contra el militarismo estatal, y contra toda nueva propuesta de \u201clucha armada\u201d (de la que no existe una versi\u00f3n \u201cbuena\u201d, alternativa a la ideolog\u00eda de la Tercera Internacional de las BR, ya que resulta, como tal, inadecuada y hostil a los nuevos movimientos), es necesario retomar y desarrollar la l\u00ednea del 77. Una potencia productiva, colectiva e individual, que se sit\u00faa en contra y m\u00e1s all\u00e1 del trabajo asalariado, y con la que el Estado debe medirse tambi\u00e9n en t\u00e9rminos administrativos y econom\u00e9tricos, debe ser capaz de ser al mismo tiempo aut\u00f3noma, antagonista y capaz de mediaciones.<\/p>\n<p>Prision de Rebibbia, Rome<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n del italiano de Santiago Arcos-Halyburton<\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<p>1.- Nota de los redactores de https:\/\/archivioautonomia.it\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Lucio Castellano, Arrigo Cavallina, Giustino Cortiana, Mario Dalmaviva, Luciano Ferrari Bravo. Chicco Funaro, Antonio Negri, Paolo Pozzi, Franco Tommei. Emilio Vesce, Paolo Virno. [Propuesta de lectura hist\u00f3rico-pol\u00edtica para el movimiento de los a\u00f1os Setenta:\u00a0Estas p\u00e1ginas, escritas por 11 detenidos del 7 de abril en Rebibbia, no son un documento para la defensa. 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