{"id":4322,"date":"2024-12-24T14:04:24","date_gmt":"2024-12-24T14:04:24","guid":{"rendered":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4322"},"modified":"2024-12-24T14:04:24","modified_gmt":"2024-12-24T14:04:24","slug":"las-identidades-del-historiador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4322","title":{"rendered":"La(s) identidad(es) del historiador"},"content":{"rendered":"<p>Discurso de investidura :: Entre los autores que m\u00e1s han impactado mi formaci\u00f3n intelectual mencionar\u00eda a los marxistas Isaac Deutscher, Perry Anderson y Michael Lowy.<\/p>\n<p><strong>Por Enzo Traverso<\/strong><\/p>\n<p>Discursos que pronunci\u00f3 el intelectual marxista Enzo Traverso en la ceremonia de investidura como doctor honoris causa en la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona el pasado 26 de noviembre de 2024.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme que empiece expresando el placer y la emoci\u00f3n que siento hoy, en esta misma sala, al recibir este doctorado honoris causa, que es, sin duda, el reconocimiento m\u00e1s importante de mi carrera como historiador. Importante, por supuesto, por el prestigio de la universidad que me lo otorga, pero tambi\u00e9n por los muchos lazos y afectos que me unen a Barcelona y a Catalu\u00f1a. Por ello, quiero dar las gracias a Javier Lafuente, rector de la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona, y a Margarita Freixas, decana de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras, que hoy me dan la bienvenida, as\u00ed como a Pere Ys\u00e0s y a Francisco Morente, los profesores que propusieron mi candidatura y que acaban de presentarme. Sus palabras me emocionan profundamente.<\/p>\n<p>El tema que he elegido para esta conferencia &#8211;la identidad del historiador&#8211; es a la vez sencillo y complejo: sencillo por la pregunta que plantea, y complejo porque la respuesta a tal pregunta no es sencilla en absoluto. Es tan polifac\u00e9tica y cambiante como las configuraciones de un prisma. Por lo tanto, mi respuesta no ser\u00e1 m\u00e1s que una primera aproximaci\u00f3n, limitada e insatisfactoria por definici\u00f3n. Intentar\u00e9 formularla volviendo sobre mis pasos, siendo muy consciente de que mi propia trayectoria, singular como la de todos y cada uno de nosotros, no es m\u00e1s que la refracci\u00f3n de tendencias mucho m\u00e1s amplias, que afectan a una \u00e9poca y trascienden a sus actores, aunque no sean m\u00e1s que intelectuales.<\/p>\n<p>Para definir la identidad del historiador, primero hay que ponerse de acuerdo sobre el sentido de las palabras, y hay que decir que el concepto de identidad es extremadamente ambiguo. El fil\u00f3sofo Paul Ricoeur ha intentado analizarlo distinguiendo entre dos formas principales de identidad: por un lado, la identidad como mismidad (en lat\u00edn idem) y, por otro, la identidad como ipseidad (ipse). La primera forma se refiere a una sustancia, una cosa, y responde a la pregunta de qu\u00e9 somos. Podr\u00eda definirse como nuestro ADN, ahora fijado en nuestros pasaportes biom\u00e9tricos y a menudo presentado en las series de televisi\u00f3n de detectives, en las que es el ADN el que permite identificar a la v\u00edctima y desenmascarar al asesino. El ADN es fijo, inmutable. La segunda es una forma narrativa; se refiere a nuestra manera de estar en el mundo y responde a la pregunta no de qu\u00e9 somos, sino de qui\u00e9nes somos. Es el resultado de un proceso de construcci\u00f3n que nos sit\u00faa en relaci\u00f3n con el tiempo y con los dem\u00e1s. Esta identidad no es ontol\u00f3gica, porque no define a un ser inmutable, sino a un ser en permanente transformaci\u00f3n. Tomando prestada una frase de Hannah Arendt, podr\u00edamos decir que presupone el infra, una multitud de seres, el pluralismo y la diversidad de las sociedades humanas. El racismo y el etnocentrismo siempre han descrito las culturas, las mentalidades y las formas de vivir, pensar y actuar como esencias, productos de una especie de determinismo biol\u00f3gico. Si, por el contrario, consideramos la identidad como una construcci\u00f3n social y cultural, se convierte en el resultado de un proceso abierto. Nuestras identidades son el producto de nuestras experiencias, nuestras elecciones y nuestra voluntad. La primera identidad es puramente objetiva; la segunda contiene un elemento fundamental de subjetividad. Foucault hablar\u00eda de un proceso de subjetivaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A la luz de esta distinci\u00f3n, la gigantesca empresa de Pierre Nora &#8211;los lugares de memoria como colecci\u00f3n, conservaci\u00f3n y patrimonio del pasado franc\u00e9s&#8211; podr\u00eda leerse como un monumento erigido en homenaje a una identidad amenazada. Seg\u00fan las palabras del propio Nora, el sentido de esta empresa \u00abes devolver al centro de la historia, al foco radiante de la identidad francesa\u00bb, un conjunto de elementos que la forjaron &#8211;lugares, acontecimientos, objetos, s\u00edmbolos, textos, im\u00e1genes, tradiciones&#8211; y que ahora est\u00e1n amenazados porque su transmisi\u00f3n ha entrado en crisis. En la \u00e9poca de la globalizaci\u00f3n, esa transmisi\u00f3n ya no es un proceso natural; la tradici\u00f3n se disuelve y las culturas se modifican. La memoria, nos explica Nora, se ve entonces como el recept\u00e1culo de una identidad que se ha perdido o que est\u00e1 fallando, o al menos se tambalea. Est\u00e1 bastante claro que esta concepci\u00f3n se ocupa m\u00e1s de la identidad como cosa que de la cultura, de la conciencia y de la subjetividad en mutaci\u00f3n. En otras palabras, Nora intenta reducir la memoria a la mismidad, y las transformaciones culturales e identitarias de Francia a una esencia, a las partes &#8211;los adornos&#8211; de un monumento. En verdad, la identidad francesa no est\u00e1 amenazada, simplemente ha cambiado, como las identidades nacionales en todo el mundo.<\/p>\n<p>He mencionado a Nora para observar que los historiadores tambi\u00e9n podr\u00edan ser divididos en dos escuelas: por un lado, los que yo llamar\u00eda \u00abarque\u00f3logos fundamentalistas\u00bb &#8211;con todo el respeto por los arque\u00f3logos, que no son necesariamente fundamentalistas&#8211;, y por otro lado, los \u00abconstructivistas\u00bb. Los primeros siempre buscan las ra\u00edces y miran el pasado como un proceso de exteriorizaci\u00f3n gradual de una esencia original; los segundos, en contrapartida, est\u00e1n convencidos de que no hay clases sin conciencia de clase y piensan que las naciones son ante todo \u00abcomunidades imaginadas\u00bb. Imaginadas no significa ficticias o inmateriales. La definici\u00f3n de Benedict Anderson sugiere liberar sus historias tanto de la teleolog\u00eda como del determinismo. Hay que decir, sin embargo, que las historiograf\u00edas europeas se han construido como narrativas nacionales en torno a un paradigma que en Francia se conoce como \u00abnovela nacional\u00bb (le roman national), pero esta definici\u00f3n se aplica igualmente al casticismo espa\u00f1ol, a la narrativa \u00e9pica del Risorgimento italiano, a la mitolog\u00eda v\u00f6lkisch alemana o al relato providencialista de la frontera americana. Por un lado, historiadores que buscan supuestas esencias actuantes en el pasado, el \u00abmotor escondido\u00bb de la historia, como el esp\u00edritu absoluto hegeliano que se desvela en el tiempo; por otro, historiadores interesados en explorar los meandros del infra, para quienes la historia es un proceso abierto, no una narraci\u00f3n que debe desplegarse, sino m\u00e1s bien un enigma que hay que resolver. Este peque\u00f1o excurso muestra que los historiadores tambi\u00e9n tienen identidades diferentes. No hay una \u00fanica manera de escribir la historia: el pasado es un campo magn\u00e9tico en el que se cruzan muchas interpretaciones. Hay diferentes maneras de ser historiador; algunas son, sin duda, mejores que otras, pero no existe un paradigma normativo, como no existe una jerarqu\u00eda de identidades.<\/p>\n<p>Hoy, recibiendo este gran honor de la Universidad Aut\u00f3noma de Barcelona, me gustar\u00eda hablarles de mi propia identidad como historiador. Una peque\u00f1a incursi\u00f3n en la \u00abtecnolog\u00eda del yo\u00bb. No por el placer narcisista de contar mi vida, sino para intentar arrojar algo de luz, a partir de una trayectoria individual que no es ni pretende ser ejemplar, sobre una serie de cuestiones que atraviesan la identidad de todos los historiadores.<\/p>\n<p>Reflexionando sobre el exilio, Bertolt Brecht describi\u00f3 el pasaporte como \u00abla parte m\u00e1s noble del ser humano\u00bb y Hannah Arendt a\u00f1adi\u00f3 que solamente un pasaporte otorga \u00abel derecho a tener derechos\u00bb. Es verdad, pero los pasaportes son el espejo de un proceso dial\u00e9ctico muy complejo que tiene sus propias contradicciones. Hist\u00f3ricamente, la noci\u00f3n de identidad siempre ha sido inseparable de la noci\u00f3n de polic\u00eda, orden y disciplina. Desde principios del siglo XIX, la \u00abrevoluci\u00f3n identitaria\u00bb no fue otra cosa que la implantaci\u00f3n de sistemas de control social y de gesti\u00f3n de los movimientos de poblaci\u00f3n. La creaci\u00f3n de documentos de identidad surgi\u00f3 de la necesidad de seguir los movimientos de mendigos y vagabundos, cuyo n\u00famero se multiplic\u00f3 en la \u00e9poca de la Revoluci\u00f3n Industrial, y de hacer el censo de las capas marginales y subversivas de los grandes centros urbanos. Privados de ciudadan\u00eda, los emigrantes se vieron a su vez sometidos a leyes destinadas a identificarlos y mantenerlos bajo control. Siguiendo los pasos de Francis Galton, el primero en utilizar las huellas dactilares, y aprovechando la invenci\u00f3n de la fotograf\u00eda, Alphonse Bertillon desarroll\u00f3 un sistema de fichaje policial basado en fichas antropom\u00e9tricas que, reservado en un principio a los delincuentes reincidentes, se extendi\u00f3 m\u00e1s tarde a los extranjeros en situaci\u00f3n irregular o amenazados de deportaci\u00f3n. La \u00abrevoluci\u00f3n identitaria\u00bb fue ante todo una t\u00e9cnica de control de los individuos considerados \u00abpeligrosos\u00bb y, por tanto, \u00abidentificados\u00bb. La represi\u00f3n de las \u00abclases peligrosas\u00bb es consustancial a la formaci\u00f3n de los Estados nacionales modernos. La naci\u00f3n moderna se construye, por un lado, incorporando a sus ciudadanos a una entidad que trasciende las realidades locales y, por otro, distingui\u00e9ndose de otros Estados situados fuera de fronteras estrictamente definidas. Excluidos de la ciudadan\u00eda, los inmigrantes son percibidos inevitablemente como un cuerpo extra\u00f1o que debe ser asimilado o rechazado, seg\u00fan las circunstancias. Los imperios coloniales promulgaron leyes para separar a los ciudadanos de los s\u00fabditos colonizados. De ah\u00ed la distinci\u00f3n que subraya Foucault entre el salvaje y el b\u00e1rbaro: el primero debe ser civilizado (es decir, incorporado a la comunidad nacional), mientras que el segundo debe mantenerse a distancia como un enemigo porque cualquier intrusi\u00f3n amenazar\u00eda la salud y la integridad del cuerpo nacional. Sus identidades son fijas, vinculadas a la condici\u00f3n territorial y racial. Como nos explic\u00f3 George L. Mosse, al inicio del siglo xx el proceso de nacionalizaci\u00f3n de las masas acentu\u00f3 y radicaliz\u00f3 esta tendencia al vincular las naciones concebidas como comunidades \u00e9tnicas homog\u00e9neas a un conjunto de mitos, s\u00edmbolos, emblemas, leyendas y tradiciones codificadas o inventadas. Hoy en d\u00eda, sin embargo, la globalizaci\u00f3n nos lleva a repensar las historias nacionales no como trayectorias aut\u00f3nomas y paralelas, sino m\u00e1s bien como crisoles, lugares de intercambios econ\u00f3micos, transferencias culturales y mestizaje de poblaciones. Las culturas nacionales no se inscriben en singularidades originales, sino que son la refracci\u00f3n particular de procesos globales que las configuran y reconfiguran; nunca permanecen est\u00e1ticas. Si en los \u00faltimos a\u00f1os hemos asistido a una fragmentaci\u00f3n de las memorias y las identidades &#8211;una fragmentaci\u00f3n que a veces ha encontrado su expresi\u00f3n en los museos y la historiograf\u00eda&#8211;, ha llegado el momento de repensar nuestras historias nacionales en un espacio europeo y mundial, en lugar de replegarnos dentro de fronteras estrechas.<\/p>\n<p>Tomemos la historia de mi pa\u00eds, Italia. En los siglos XIX y XX, \u00e9poca de grandes migraciones, la identidad italiana era tanto mediterr\u00e1nea como atl\u00e1ntica. En el imaginario de muchos campesinos que ten\u00edan una muy vaga conciencia nacional y cuyo idioma vern\u00e1culo era su dialecto local, Nueva York y Buenos Aires eran referencias que afectaban a su vida cotidiana. Podr\u00edamos decir lo mismo de muchos otros pa\u00edses, como Espa\u00f1a, si reemplazamos la palabra emigraci\u00f3n por la palabra colonialismo, o si la agregamos. Si miro hacia atr\u00e1s, podr\u00eda concluir que mi carrera como historiador es un reflejo bastante fiel de esta vocaci\u00f3n identitaria. Nac\u00ed y crec\u00ed en Italia, me form\u00e9 en Italia y en Francia, pa\u00eds en el que me hice historiador, y desde hace unos diez a\u00f1os trabajo en EEUU, al otro lado del Atl\u00e1ntico. Mi identidad intelectual es tan singular como plural.<\/p>\n<p>Pero la identidad del historiador no es solo una cuesti\u00f3n de espacio, sino tambi\u00e9n del tiempo hist\u00f3rico en el que vive. Este define su generaci\u00f3n. En el marco de una abundante literatura sociol\u00f3gica e hist\u00f3rica iniciada por Karl Mannheim, hoy es frecuente distinguir una generaci\u00f3n &#8211;en el sentido intelectual y pol\u00edtico del t\u00e9rmino&#8211; de una simple cohorte, un grupo de edad. Este \u00faltimo re\u00fane a un conjunto de personas en funci\u00f3n de su fecha de nacimiento, sobre la base de una divisi\u00f3n biol\u00f3gica y cronol\u00f3gica ciertamente racional pero abstracta, porque una generaci\u00f3n intelectual no se corresponde mec\u00e1nicamente con esas divisiones convencionales. Su punto de partida es un acontecimiento fundador que marca un giro hist\u00f3rico y en torno al cual surgen nuevas escisiones, siempre enmarcadas en lugares y contextos particulares (sociales, culturales, pol\u00edticos). Por ello, Marc Bloch subray\u00f3 el car\u00e1cter \u00abflexible\u00bb de la noci\u00f3n de generaci\u00f3n, que, \u00aba pesar de las elucubraciones pitag\u00f3ricas de algunos autores, no tiene nada de regular\u00bb, y distingue entre \u00abgeneraciones largas\u00bb y \u00abgeneraciones cortas\u00bb. Es un lugar com\u00fan identificar, en la Europa del siglo xx, una generaci\u00f3n de 1914, una generaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial, una generaci\u00f3n de 1968, etc\u00e9tera. Estos acontecimientos no deben interpretarse como matrices, en el sentido determinista del t\u00e9rmino, sino m\u00e1s bien como momentos o campos de polarizaci\u00f3n en torno a los cuales se aglutinan las se\u00f1as de identidad de un grupo, y que por tanto pueden definirse a partir de criterios que no se limitan a la edad. Cada generaci\u00f3n intelectual y pol\u00edtica se enfrenta a problemas a los que intenta dar respuesta, a veces elaborando proyectos, a veces construyendo un sistema de valores, inventando un estilo, un lenguaje y un comportamiento. Se forman as\u00ed unidades generacionales &#8211;definidas por una problem\u00e1tica com\u00fan&#8211; que tejen redes de sociabilidad constituidas por movimientos, c\u00edrculos, revistas e instituciones de nueva creaci\u00f3n o transformadas por un proceso de apropiaci\u00f3n cr\u00edtica. Huelga decir que, si adoptamos esta definici\u00f3n hist\u00f3rica y no puramente cronol\u00f3gica, deberemos tener en cuenta subgeneraciones cuyos miembros no establecen una relaci\u00f3n inmediata y directa con el acontecimiento que las constituye. Ninguna generaci\u00f3n surge de un terreno virgen, y no ser\u00eda dif\u00edcil demostrar que a menudo elaboran y reorganizan elementos legados por generaciones anteriores, o dan forma a nuevas ideas que hab\u00edan pasado por una larga fase de incubaci\u00f3n en a\u00f1os anteriores.<\/p>\n<p>Pero a pesar de todos estos hilos que la vinculan al pasado, una generaci\u00f3n intelectual tiene un perfil propio que la distingue de las que la precedieron y tambi\u00e9n, a largo plazo, de las que la siguen. Mi subgeneraci\u00f3n es, por lo tanto, la de los a\u00f1os setenta. En Italia, su peculiaridad reside en el hecho de que lleg\u00f3 tarde, ya que el acontecimiento fundacional que la cre\u00f3 tuvo lugar un poco antes. Una convenci\u00f3n muy extendida fija la fecha, simb\u00f3licamente, en 1968, aunque hay que tener en cuenta algunas discrepancias entre los distintos pa\u00edses europeos, as\u00ed como entre Europa y Am\u00e9rica, donde la guerra de Vietnam y la revoluci\u00f3n cubana hab\u00edan anticipado el fen\u00f3meno. Quienes, como yo, despertaron a la pol\u00edtica y descubrieron la historia a mediados de los a\u00f1os setenta, inevitablemente definieron su identidad en relaci\u00f3n con un conjunto de acontecimientos fundadores que no hab\u00edan vivido; reivindicaron una ruptura que otros hab\u00edan logrado y empezaron a moverse en un paisaje con contornos ya definidos. No tienen la misma percepci\u00f3n de esta ruptura y no pueden describirla con la misma intensidad que sus mayores. No estoy seguro de que podamos hacer la misma observaci\u00f3n en Espa\u00f1a y Catalu\u00f1a, si tomamos la muerte de Franco en 1975 como un punto de inflexi\u00f3n hist\u00f3rico y simb\u00f3lico. El hecho es que, en Italia, pertenezco a una generaci\u00f3n tard\u00eda, una generaci\u00f3n que surgi\u00f3 en un contexto hist\u00f3rico que estaba en proceso de cambio y en relaci\u00f3n con el cual ya se hab\u00eda establecido, por as\u00ed decirlo, una frontera. Suscribo la frase de Daniel Lindenberg: \u00ab\u00e9ramos gn\u00f3sticos\u00bb que, \u00abcerca y al mismo tiempo lejos de las cat\u00e1strofes del siglo, [busc\u00e1bamos] una redenci\u00f3n radical\u00bb. Podr\u00eda presentarme, desde este punto de vista, como un esp\u00e9cimen tard\u00edo, uno de los representantes de la \u00ab\u00faltima generaci\u00f3n de Octubre\u00bb, la \u00faltima generaci\u00f3n que se form\u00f3 alrededor de la convicci\u00f3n de la posibilidad de una revoluci\u00f3n socialista en Europa occidental. La revoluci\u00f3n era vista como una utop\u00eda concreta que fijaba el horizonte del pensamiento e inspiraba la acci\u00f3n cotidiana.<\/p>\n<p>Cuando hoy recuerdo aquellos d\u00edas, no siento nostalgia, pero tampoco verg\u00fcenza ni arrepentimiento. Puedo contemplar un mundo muy distinto del que nos rodea hoy y sonre\u00edr ante la ingenuidad, el simplismo y el dogmatismo de mis compromisos de entonces. Sin embargo, queda algo esencial, un legado cr\u00edtico y ut\u00f3pico que acepto y del que trato de hacer un uso racional. Estos a\u00f1os formaron un habitus mental que ha repercutido en la manera de concebir la investigaci\u00f3n y de elegir los temas, as\u00ed como en la forma de escribir la historia. En un bello texto autobiogr\u00e1fico, el escritor italiano Erri De Luca describ\u00eda los a\u00f1os setenta, evocando a Walter Benjamin, como la \u00e9poca de una generaci\u00f3n que quer\u00eda \u00abpasarle a la historia el cepillo a contrapelo\u00bb. Creo que este principio sigue siendo f\u00e9rtil. Por eso no me reconozco en el recorrido de muchos representantes de mi generaci\u00f3n. Mi subgeneraci\u00f3n se form\u00f3 en el crep\u00fasculo de una \u00e9poca de ruptura, ebullici\u00f3n e innovaci\u00f3n, y alcanz\u00f3 la madurez en una fase de reflujo pol\u00edtico y restauraci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>En verdad, la \u00ab\u00faltima generaci\u00f3n de Octubre\u00bb es tambi\u00e9n la primera generaci\u00f3n, en Europa occidental, de investigadores que se formaron en el mundo global, para los cuales viajar y estudiar en el extranjero ya era normal. Antes, eso era el destino de los exiliados o de una muy peque\u00f1a minor\u00eda privilegiada. En estas circunstancias, me resulta dif\u00edcil encajar en una tradici\u00f3n nacional. Aunque mis or\u00edgenes y mi formaci\u00f3n son indudablemente italianos, no puedo llamarme historiador italiano sin tener dudas. Vivo en EEUU y escribo, mal que bien, en varios idiomas, sobre todo en franc\u00e9s, pero tampoco podr\u00eda, sin hacer trampas, considerarme un historiador franc\u00e9s. En Italia, por supuesto, no me siento extranjero, y a lo largo de los a\u00f1os he construido s\u00f3lidas relaciones de amistad, intercambio y colaboraci\u00f3n, aunque desde una posici\u00f3n de exterioridad, no solo geogr\u00e1fica e institucional, sino tambi\u00e9n, muy a menudo, en cuanto a mi forma de ver las cosas. Pertenezco a ese gigantesco continente de italianos expatriados (l&#8217;Italia fuori d&#8217;Italia), anta\u00f1o formado sobre todo por campesinos analfabetos, hoy compuesto por profesionales e intelectuales que ven su pa\u00eds como un emigrante. En otras palabras, no estoy sujeto a las limitaciones de un contexto nacional y no siempre tengo los mismos reflejos que mis compatriotas o colegas del continente.<\/p>\n<p>En cambio, mi \u00abexterioridad\u00bb hacia Francia y EEUU se debe a mis or\u00edgenes. Ocupo en estos pa\u00edses una posici\u00f3n a la que se aplica bastante bien la f\u00f3rmula acu\u00f1ada por Peter Gay para definir a los intelectuales de la era de Weimar: the outsider as insider. En un bello texto de inspiraci\u00f3n autobiogr\u00e1fica, Eleni Varikas describi\u00f3 perfectamente esta sensaci\u00f3n de ligera Unheimlichkeit, una inquietud que atenaza al extranjero en relaci\u00f3n con el nativo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Naturalizados o no, los extranjeros nunca son lo bastante naturales; carecen de los automatismos y reflejos de los nativos, de la gram\u00e1tica cultural que nunca puede adquirirse por completo a pesar de los esfuerzos [de los pa\u00edses de acogida]. Su acento no es m\u00e1s que el presagio de una desviaci\u00f3n de la norma &#8211;de otras desviaciones por venir&#8211; que puede ser recibida con inter\u00e9s, diversi\u00f3n o recelo, pero que no puede pasar desapercibida. En efecto, cualquiera que sea el grado de familiaridad, o incluso de adhesi\u00f3n, al mundo de los aut\u00f3ctonos, se trata de una familiaridad desprovista de ese toque de irreflexi\u00f3n, de espontaneidad, que caracteriza la adhesi\u00f3n de estos \u00faltimos a los valores, tradiciones y rasgos evidentes de su mundo. Su comprensi\u00f3n de estos valores est\u00e1 siempre mediatizada por experiencias que no comparten con los aut\u00f3ctonos. El extranjero sabe que el mundo que le acoge no es el mundo, sino una configuraci\u00f3n particular de \u00e9l, y este conocimiento es probablemente una de las fuentes m\u00e1s importantes de sus malentendidos.<\/p>\n<p>Soy muy consciente de que nunca podr\u00eda escribir o expresarme como un franc\u00e9s, y mucho menos como un estadounidense, pero eso no significa que me sienta \u00abfuera de lugar\u00bb en estos pa\u00edses. En su autobiograf\u00eda, Edward Said se define out of place tambi\u00e9n porque su cosmopolitismo es el producto de una identidad negada, de un lugar que le pertenece y del cual fue expropiado. Este no es mi caso: la distinci\u00f3n que hace Said entre exiliados y expatriados es muy importante. Yo no soy un exiliado; soy un expatriado que puede volver a su pa\u00eds cuando quiera. Igualmente, nunca me siento fuera de lugar en Madrid, Barcelona o Valencia. En estas dos \u00faltimas ciudades, por el contrario, a menudo me sorprendo al descubrir cu\u00e1nto me siento en casa. Es ilusorio, pero agradable. Mi posici\u00f3n, compartida por muchos, se acerca a lo que Georg Simmel llamaba el extranjero (der Fremde) y Tzvetan Todorov caracterizaba como el producto de una transculturaci\u00f3n, es decir, la adopci\u00f3n de un nuevo c\u00f3digo cultural que se superpone al antiguo, sin borrarlo (pero que tambi\u00e9n puede injertarse en el antiguo, transformando a ambos). En esta transculturaci\u00f3n me gustar\u00eda encontrar algo de lo que los te\u00f3ricos poscoloniales llaman hibridaci\u00f3n cultural y Eduard Glissant conceptualiza como criollizaci\u00f3n, una postura cr\u00edtica basada en la convicci\u00f3n de que las culturas son siempre producto de transferencias, mezclas y cruces. Me veo como alguien que vive en un punto intermedio, un poco suspendido, pero no sin hogar.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Siegfried Kracauer, autor de una obra capital sobre la historia, que define como el dominio de las \u00ab\u00faltimas cosas antes de las \u00faltimas\u00bb, \u00abalgunos grandes historiadores deben gran parte de su estatura a su condici\u00f3n de expatriados\u00bb. Compar\u00f3 al historiador con un exiliado, porque explorar el pasado es una forma de exiliarse, de abandonar el propio mundo, como un viajero que visita el reino de los muertos, aunque sea consciente de que no pertenece a \u00e9l: \u00abComo Orfeo, el historiador debe descender al mundo inferior para devolver la vida a los muertos\u00bb. Y a\u00f1ade que esta operaci\u00f3n entra\u00f1a riesgos, porque requiere necesariamente un cierto grado de \u00abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo\u00bb, el hecho de ponerse, al menos temporalmente, en la situaci\u00f3n de los \u00absin hogar\u00bb, porque esta es la condici\u00f3n para comunicarse con el material legado por el pasado. \u00abExtra\u00f1o el mundo que evocan sus fuentes\u00bb, prosigue Kracauer, \u00abla tarea a la que se enfrenta &#8211;la tarea del exiliado&#8211; es penetrar [en el pasado] m\u00e1s all\u00e1 de sus apariencias externas, llegar a comprender este mundo desde dentro\u00bb. En resumen, el historiador emprende un camino cuyo final desconoce, y este camino es un proceso de transformaci\u00f3n, porque \u00e9l casi nunca regresa a su punto de partida. Al final de este viaje, su identidad se ha visto sacudida y cambiada.<\/p>\n<p>Quisiera referirme ahora a las influencias formativas que han jalonado esta trayectoria. Entre los autores que han tenido un profundo impacto en mi formaci\u00f3n intelectual y que han sido modelos de referencia para m\u00ed, me gustar\u00eda mencionar primero a Isaac Deutscher, Perry Anderson y Michael L\u00f6wy, que fue mi director de tesis en la EHESS, donde me matricul\u00e9 en 1985.<\/p>\n<p>Hab\u00eda le\u00eddo las biograf\u00edas de Isaac Deutscher sobre Trotski y Stalin, seguidas de numerosos ensayos, tanto en ingl\u00e9s como en traducci\u00f3n italiana. Me sedujeron de inmediato la elegancia y la claridad de su estilo, el aliento \u00e9pico de su narrativa, la amplitud del fresco hist\u00f3rico que pintaba y su capacidad de distanciamiento cr\u00edtico. Estas cualidades superaban con creces, en mi opini\u00f3n, las limitaciones de sus obras, que no me resultaban menos evidentes, entre las que destacaba su \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb historicista del estalinismo (por el que Deutscher no sent\u00eda ninguna simpat\u00eda y contra el que incluso hab\u00eda luchado, pero que en \u00faltima instancia consideraba hist\u00f3ricamente ineludible). Fue Deutscher quien me ense\u00f1\u00f3 &#8211;sin duda de forma m\u00e1s convincente que Braudel, ya que su longue dur\u00e9e no ignora los acontecimientos ni, sobre todo, la subjetividad de los actores hist\u00f3ricos&#8211; la necesidad y el gusto por las grandes panor\u00e1micas de una \u00e9poca. Deutscher me empuj\u00f3 a leer y admirar muchos \u00abmacrohistoriadores\u00bb muy diferentes unos de otros, como Eric Hobsbawm, Perry Anderson, J\u00fcrgen Osterhammel, Josep Fontana y Arno J. Mayer.<\/p>\n<p>De Perry Anderson, ampliamente traducido al italiano en los a\u00f1os setenta, hab\u00eda apreciado su cr\u00edtica de Gramsci, sus estudios sobre la g\u00e9nesis del Estado en Occidente y, sobre todo, su interpretaci\u00f3n del marxismo occidental, que pintaba un vasto cuadro rico en fecundas intuiciones. Nacido de la derrota de las revoluciones en Europa, el marxismo occidental llevaba los rastros de esta derrota: por un lado, una escisi\u00f3n entre teor\u00eda y pr\u00e1ctica y, por otro, un repliegue filos\u00f3fico y est\u00e9tico frente a los grandes desaf\u00edos pol\u00edticos de su \u00e9poca. Perry Anderson ejerci\u00f3 una profunda influencia en mi forma de estudiar la historia del marxismo y fue una especie de br\u00fajula para m\u00ed durante unos diez a\u00f1os. M\u00e1s tarde, sus ensayos sobre Braudel, Ginzburg, Bobbio, Deutscher, Hayek y el posmodernismo me parecieron intentos muy estimulantes de escribir historia intelectual. Anderson me ense\u00f1\u00f3 a conciliar teor\u00eda e historia, a practicar una historia intelectual que no es solo una historia de las ideas, sino que conceptualiza y contextualiza, vinculando las ideas a las personas que las encarnan y a la \u00e9poca en que viven. Como brit\u00e1nico, siempre ha mirado con cierta distancia la tradici\u00f3n cultural de su propio pa\u00eds, que ha descrito como un lugar privilegiado de \u00abemigraci\u00f3n blanca\u00bb (White emigration), es decir, conservadora, y siempre ha prestado mucha atenci\u00f3n al mundo franc\u00f3fono, germano e hispanohablante, sin olvidar Italia. Italia nunca ha sido el pa\u00eds de la \u00abemigraci\u00f3n blanca\u00bb, pero mi relaci\u00f3n con la cultura italiana no es muy distinta.<\/p>\n<p>Michael L\u00f6wy fue mi Doktorvater, como dicen los alemanes. Soci\u00f3logo marxista nacido en Am\u00e9rica Latina pero enraizado en la cultura judeo-alemana de Europa central, L\u00f6wy me proporcion\u00f3 un conjunto de herramientas metodol\u00f3gicas y conceptuales particularmente rico y original. Encontr\u00e9 en su obra un enfoque de la historia del marxismo m\u00e1s abierto y radical que el de la historiograf\u00eda italiana, as\u00ed como un marcado inter\u00e9s por la encrucijada entre religi\u00f3n y pol\u00edtica (con especial atenci\u00f3n al mesianismo jud\u00edo). Sobre todo, encontr\u00e9 en sus escritos una sociolog\u00eda de la cultura fuertemente marcada por una tradici\u00f3n germ\u00e1nica (Max Weber, Karl Mannheim) que me pareci\u00f3 m\u00e1s pertinente para comprender la trayectoria de los intelectuales jud\u00edos que los modelos del intelectual org\u00e1nico o del intelectual republicano desarrollados por la historiograf\u00eda italiana y francesa. En t\u00e9rminos m\u00e1s generales, Michael L\u00f6wy encarna una s\u00edntesis de diferentes tradiciones intelectuales &#8211;francesa, latinoamericana y judeo-alemana&#8211; que confiere a sus escritos una amplitud de horizontes y una extraordinaria dimensi\u00f3n cr\u00edtica. Ley\u00e9ndole, tuve la impresi\u00f3n de asistir al encuentro entre el marxismo occidental, nacido de las derrotas del periodo de entreguerras, y la revoluci\u00f3n cubana, entre Walter Benjamin y Ernesto Che Guevara. La obra de Michael L\u00f6wy me ha proporcionado algunas herramientas esenciales, en primer lugar, para interpretar la intelectualidad jud\u00eda, luego para analizar los caminos del exilio judeo-alem\u00e1n. Es cierto que su sociolog\u00eda weberomarxista de la cultura, cuyas ra\u00edces se remontan al joven Luk\u00e1cs y a Karl Mannheim, filtrada por la ense\u00f1anza de Lucien Goldmann, me distanciaba de una tradici\u00f3n sociol\u00f3gica francesa que iba de \u00c9mile Durkheim a Pierre Bourdieu, as\u00ed como de una tradici\u00f3n marxista fuertemente marcada por el estructuralismo, la de Louis Althusser. Pero este cosmopolitismo fue un elemento esencial de mi formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si tuviera que suscribir una tradici\u00f3n, o inventarme una, podr\u00eda considerarme descendiente &#8211;sin duda, lo menos noble y probablemente tambi\u00e9n algo abusivo&#8211; de una l\u00ednea que se origin\u00f3 en la Europa central de entreguerras y arraig\u00f3 en Par\u00eds. Fue trasplantada a la capital francesa por soci\u00f3logos e historiadores como Lucien Goldmann y Georges Haupt, dos jud\u00edos rumanos de habla alemana, y luego ampliada y enriquecida por Michael L\u00f6wy y otros. En realidad, no se trata de una verdadera tradici\u00f3n, y menos a\u00fan de una escuela, ya que no ha dado lugar a ninguna instituci\u00f3n ni revista, sino m\u00e1s bien a una constelaci\u00f3n de diferentes autores. Sus elementos distintivos siguen siendo el marxismo cr\u00edtico, el m\u00e9todo dial\u00e9ctico, la sociolog\u00eda historicista y la filosof\u00eda humanista, a los que podr\u00edamos a\u00f1adir una cierta sensibilidad rom\u00e1ntica. Las ra\u00edces de esta constelaci\u00f3n se encuentran en la Mitteleuropa, pero tom\u00f3 forma en un espacio cultural esencialmente latino, y Par\u00eds fue su lugar de cristalizaci\u00f3n. Probablemente no soy el \u00fanico goy entre los nietos de esta di\u00e1spora, m\u00e1s proclive que otras a acoger a extranjeros.<\/p>\n<p>Las directrices que se desprenden del conjunto de mis trabajos &#8211;marxismo, historia jud\u00eda, historia de las ideas, historia intelectual, teor\u00eda pol\u00edtica&#8211; me parecen trazar un camino. No poseo el genio de quienes, llevados por su esp\u00edritu creativo, navegan con facilidad entre campos completamente distintos. Tampoco soy un erudito que construya una obra compuesta de innumerables variaciones sobre un mismo tema. Me gustar\u00eda poder decir que este conjunto de trabajos respeta ciertas reglas, cuya formulaci\u00f3n m\u00e1s clara he encontrado en mi otro maestro, Arno J. Mayer, en respuesta a sus cr\u00edticos. Intentar\u00e9 enumerarlas por orden, con mis propias palabras. En primer lugar, la contextualizaci\u00f3n, que significa situar siempre un acontecimiento o una idea en su propio tiempo, en su propio entorno social, en su propio ambiente intelectual y ling\u00fc\u00edstico, en su propio paisaje mental. Luego est\u00e1 el historicismo, la necesidad de abordar los hechos y las ideas desde una perspectiva diacr\u00f3nica que capte sus transformaciones a largo plazo. Por supuesto, no abogo por un historicismo positivista o neorankeiano, m\u00e1s extendido hoy de lo que se cree o de lo que quieren admitir quienes lo practican y que conduce casi siempre a una visi\u00f3n apolog\u00e9tica de la historia. Yo abogo por un historicismo cr\u00edtico que, sin embargo, reafirme con fuerza el anclaje \u00faltimo de la historia, incluida la historia intelectual, a su fundamento f\u00e1ctico, es decir, econ\u00f3mico, social y cultural. La tercera regla es el comparatismo. Comparar acontecimientos, \u00e9pocas, contextos e ideas es una parte esencial del intento de comprenderlos. Esta afici\u00f3n al comparatismo est\u00e1 sin duda ligada a mi condici\u00f3n de expatriado. Tambi\u00e9n est\u00e1 ligada al tema mismo de mi investigaci\u00f3n: el exilio, el cosmopolitismo de los intelectuales, la transferencia de ideas de un pa\u00eds a otro, de un continente a otro. A veces esta pr\u00e1ctica historiogr\u00e1fica puede resultar inc\u00f3moda o levantar cr\u00edticas, como ocurri\u00f3 este a\u00f1o con mi ensayo sobre la guerra en Gaza, pero no quiero renunciar a utilizarla. La cuarta regla es la de la conceptualizaci\u00f3n. Esta regla postula que, para captar la realidad, es necesario aprehenderla a trav\u00e9s de conceptos, sin por ello dejar de escribir la historia de modo narrativo. En otras palabras, la historia trata de realidades, no de abstracciones. Conseguir que la inteligencia de los conceptos coexista con el gusto por la narraci\u00f3n sigue siendo el gran reto de toda escritura hist\u00f3rica, y lo mismo cabe decir de la historia de las ideas. No pretendo haber respetado siempre estas reglas, ni mucho menos haberlas ilustrado de forma ejemplar, pero al menos me he inspirado en ellas. No me corresponde a m\u00ed juzgar los resultados.<\/p>\n<p>Este conjunto de reglas no son leyes para la producci\u00f3n de conocimiento hist\u00f3rico, sino puntos de referencia \u00fatiles en el ejercicio de una profesi\u00f3n, como m\u00e9todo adquirido e interiorizado m\u00e1s que como esquema que aplicar. Sirven para organizar un tema que tiende a ser cada vez m\u00e1s vasto al incluir, junto a las ideas pol\u00edticas y a quienes las encarnan, sus fundamentos sociales y culturales, con sus formas literarias y est\u00e9ticas, tanto eruditas como populares. La iconograf\u00eda desempe\u00f1a un papel cada vez m\u00e1s importante en mi trabajo, partiendo de la constataci\u00f3n de que las im\u00e1genes son tambi\u00e9n \u00abim\u00e1genes del pensamiento\u00bb (Denkbilder), a la vez que fuentes e ideas plasmadas. Por \u00faltimo, la adopci\u00f3n de estas reglas designa o da forma a una operaci\u00f3n &#8211;la escritura de la historia&#8211; que, en mi opini\u00f3n, permanece profundamente arraigada en el presente. Es siempre en el presente donde nos proponemos reconstituir, pensar e interpretar el pasado, y la escritura de la historia &#8211;y esto se aplica a\u00fan m\u00e1s a la historia pol\u00edtica&#8211; participa, al estar sujeta a sus limitaciones, en lo que J\u00fcrgen Habermas denomina su \u00abuso p\u00fablico\u00bb (\u00f6ffentliche Gebrauch der Vergangenheit). Conviene ser consciente de ello.<\/p>\n<p>Los autores mencionados tambi\u00e9n me ense\u00f1aron una cierta \u00abconducta de vida\u00bb &#8211;una Lebensf\u00fchrung, como dir\u00eda Max Weber&#8211; sobre la relaci\u00f3n entre la investigaci\u00f3n y el compromiso p\u00fablico del historiador. Deutscher era un exiliado, nacido en Polonia, que se convirti\u00f3 en un gran historiador en lengua inglesa, antifascista y antiestalinista. Michael L\u00f6wy naci\u00f3 en Brasil de padres jud\u00edos austriacos y, bajo la dictadura militar brasile\u00f1a de los a\u00f1os sesenta, cuando viv\u00eda en Par\u00eds, tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en un exiliado y un ap\u00e1trida. Hoy es un destacado exponente de la teor\u00eda cr\u00edtica y una figura importante en la cultura de la izquierda latinoamericana. Arno Mayer fue otro exiliado que lleg\u00f3 a EEUU desde Luxemburgo al comienzo de la Segunda Guerra Mundial; en Princeton, fue una de las voces del movimiento contra la guerra de Vietnam. Perry Anderson fue uno de los fundadores de la New Left Review. Podr\u00eda a\u00f1adir otra figura que desempe\u00f1\u00f3 un papel muy importante en mi carrera, como gu\u00eda y amigo: Pierre Vidal-Naquet, un gran helenista que hab\u00eda perdido a sus padres en Auschwitz, que estaba profundamente comprometido con la oposici\u00f3n al colonialismo durante la guerra de Argelia y que lider\u00f3 una lucha ejemplar contra la negaci\u00f3n del Holocausto. Todos ellos eran y son intelectuales comprometidos (engag\u00e9s) en el sentido sartreano del t\u00e9rmino. Aprend\u00ed de ellos.<\/p>\n<p>Creo que el papel del historiador es ante todo cr\u00edtico. El historiador no es un juez que administra el tribunal de la historia, ni tiene el monopolio de la interpretaci\u00f3n del pasado, porque la historia pertenece a todos. Un buen historiador no debe escribir para defender una causa o hablar en nombre de un grupo. Estoy de acuerdo con la observaci\u00f3n de Eric Hobsbawm de que los historiadores no escriben para los proletarios, ni para las mujeres, ni para los homosexuales, ni para los negros, ni para los jud\u00edos; escriben para todos. Pero este universalismo no implica ninguna neutralidad axiol\u00f3gica ni tampoco significa indiferencia ante el ruido del mundo, ante la historia que se est\u00e1 haciendo en el presente. Escribir la historia &#8211;es decir, desarrollar un discurso cr\u00edtico sobre el pasado&#8211; es una forma de ayudar a la sociedad a comprenderse a s\u00ed misma y a reconocer sus responsabilidades en el presente. Por eso nunca he ocultado mis opiniones ni mis compromisos. He escrito sobre varios temas de actualidad; por ejemplo, intentando analizar las nuevas caras del fascismo en el siglo XXI. He escrito varios libros sobre el antisemitismo, la violencia nazi, el Holocausto y su impacto tanto en la historiograf\u00eda como en la cultura de posguerra. Este trabajo es ciertamente muy modesto, pero me da responsabilidades y no creo que pudiera continuarlo permaneciendo en silencio sobre lo que est\u00e1 ocurriendo hoy en Palestina. Por eso he escrito un ensayo sobre Gaza, un ensayo hist\u00f3rico cuya ambici\u00f3n es aportar una aclaraci\u00f3n contra el abuso de la memoria y la manipulaci\u00f3n de la historia que hemos presenciado durante el \u00faltimo a\u00f1o para justificar una guerra que ha adquirido rasgos de genocidio. No creo haber violado mi oficio de historiador. El compromiso en el espacio p\u00fablico tambi\u00e9n es una dimensi\u00f3n de la identidad del historiador.<\/p>\n<p>Para concluir, creo necesario mencionar la concepci\u00f3n de la historia de Walter Benjamin. Si lo hago, no es por gusto por la cita ni por el deseo de escudarme en la autoridad de un gran cl\u00e1sico, sino para reconocer mi deuda con un autor que es una presencia constante, a menudo expl\u00edcita, a lo largo de todo mi trabajo. En el fondo, lo que creo haber encontrado en los escritos de Benjamin no es tanto una respuesta a mis preguntas como una ayuda para formularlas, premisa indispensable para cualquier investigaci\u00f3n fruct\u00edfera. Benjamin, pues, como interlocutor para cuestionar los presupuestos y el sentido de mi trabajo m\u00e1s que como modelo que ofrezca herramientas de aplicaci\u00f3n inmediata. En Espa\u00f1a, me parece reconocer un acercamiento similar en la obra de un gran historiador, tambi\u00e9n muy interesado en la conceptualizaci\u00f3n, como Jos\u00e9 Carreras. El legado de Benjamin no es comparable al de Marx, Durkheim, Weber, Braudel o Bourdieu. No nos ha dejado un m\u00e9todo, sino una profunda reflexi\u00f3n sobre las fuerzas y contradicciones de un enfoque intelectual que, al intentar pensar la historia, insiste en no disociar el pasado del presente. Benjamin opone al tiempo lineal, \u00abhomog\u00e9neo y vac\u00edo\u00bb postulado por el historicismo otra concepci\u00f3n del pasado, marcada por la discontinuidad y la ruptura, que \u00e9l sit\u00faa bajo el signo de la cat\u00e1strofe. Estableciendo una relaci\u00f3n emp\u00e1tica con los vencedores, el historicismo fue a su juicio \u00abel narc\u00f3tico m\u00e1s poderoso\u00bb del siglo XIX. Es preciso, pues, invertir la perspectiva reconstruyendo el pasado desde el punto de vista de los vencidos. Nuestra relaci\u00f3n con el pasado no puede reducirse al estudio de una experiencia definitivamente cerrada y archivada, sino que se basa en una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica en la que \u00abel pasado (Gewesene) se encuentra con el presente (Jetzt) en un instante para formar una constelaci\u00f3n\u00bb. De este encuentro, que no es temporal sino figurativo (bildlich) y condensado en una imagen, surge una visi\u00f3n de la historia como un proceso abierto en el que un pasado inacabado puede, en determinados momentos, reactivarse, rompiendo el continuum de una historia puramente cronol\u00f3gica e irrumpiendo en el presente. En otras palabras, la historia no es solo una ciencia, sino tambi\u00e9n \u00abuna forma de recordar\u00bb (Eingedenken).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, esta concepci\u00f3n de la historia toca un conjunto diverso de disposiciones mentales y estados de \u00e1nimo &#8211;de la melancol\u00eda al duelo, de la esperanza al desencanto&#8211; que la historia nos ha legado y que rondan en el presente nuestra relaci\u00f3n con el pasado. La historiograf\u00eda contempor\u00e1nea est\u00e1 marcada por profundas tensiones entre historia y memoria, entre el distanciamiento inherente al proceso hist\u00f3rico y la subjetividad, hecha de ansiedades y reviviscencias, de recuerdos y representaciones colectivas que habitan en los actores de la historia. Sin embargo, el siglo xx no solo ha revelado las ilusiones del historicismo y ha ilustrado el naufragio de la idea de progreso; tambi\u00e9n ha registrado el eclipse de las utop\u00edas inscritas en las experiencias revolucionarias. Como el \u00e1ngel de la novena tesis de Benjamin, Auschwitz nos obliga a mirar la historia como un campo de ruinas, mientras que el gulag nos proh\u00edbe hacernos ilusiones o ingenuidades sobre interrupciones mesi\u00e1nicas del tiempo hist\u00f3rico. Para quienes no han optado por el desencanto resignado o la reconciliaci\u00f3n entusiasta con el orden dominante, el malestar es inevitable. Mi carrera como historiador de las ideas pol\u00edticas y de la cultura probablemente se ha visto marcada por este malestar. He intentado que este malestar sea fruct\u00edfero. No estoy seguro de haberlo conseguido.<\/p>\n<p>Ediciones de la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona<\/p>\n<p>&#8212;-<\/p>\n<p>Texto completo en: https:\/\/www.lahaine.org\/mundo.php\/la-s-identidad-es-del<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso de investidura :: Entre los autores que m\u00e1s han impactado mi formaci\u00f3n intelectual mencionar\u00eda a los marxistas Isaac Deutscher, Perry Anderson y Michael Lowy. 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