{"id":4400,"date":"2025-03-08T16:37:18","date_gmt":"2025-03-08T16:37:18","guid":{"rendered":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4400"},"modified":"2025-03-08T16:37:18","modified_gmt":"2025-03-08T16:37:18","slug":"spinoza-y-las-tres-eticas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4400","title":{"rendered":"Spinoza y las tres \u2018\u00c9ticas\u2019"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Gilles Deleuze<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>No soy un Spinoza cualquiera para hacer malabarismos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ch\u00e9jov,\u00a0<em>La boda<\/em><\/p>\n<p>En la primera lectura puede ocurrir que la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0parezca un largo movimiento continuo que va casi en l\u00ednea recta, de una potencia y de una serenidad incomparables, que pasa una y otra vez por definiciones, axiomas, postulados, proposiciones, demostraciones, corolarios y escolios, arrastr\u00e1ndolo todo en su fluir tan grandioso. Es como un r\u00edo que ora se extiende, ora se divide en mil brazos; ora aumenta y ora reduce su velocidad, pero siempre afirmando su unidad radical. Y parece que el lat\u00edn de Spinoza, de apariencia escolar, constituye la nave que sigue el r\u00edo eterno por la que no pasan los a\u00f1os. Pero, a medida que las emociones van invadiendo al lector, o bien al calor de una segunda lectura, estas dos impresiones resultan err\u00f3neas. Este libro, uno de los m\u00e1s importantes del mundo, no es como se cre\u00eda en un principio: no es homog\u00e9neo, rectil\u00edneo, continuo, sereno, navegable, lenguaje puro y carente de estilo.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0presenta tres elementos que no son s\u00f3lo contenidos sino formas de expresi\u00f3n: los Signos o afectos; las Nociones o conceptos; las Esencias o perceptos. Corresponden a los tres g\u00e9neros de conocimiento, que asimismo son modos de existencia y de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Un signo, seg\u00fan Spinoza, puede tener varios sentidos. Pero siempre es un\u00a0<em>efecto<\/em>. Un efecto es, en primer lugar, la huella de un cuerpo sobre otro, el estado de un cuerpo en tanto que padece la acci\u00f3n de otro cuerpo: es una\u00a0<em>affectio<\/em>, por\u00a0 ejemplo el efecto del sol sobre nuestro cuerpo, que \u00abindica\u00bb la naturaleza del cuerpo afectado y \u00abenvuelve\u00bb s\u00f3lo la naturaleza del cuerpo afectante. Conocemos nuestras afecciones por las ideas que tenemos, sensaciones o percepciones, sensaciones de calor, de color, percepci\u00f3n de forma y de distancia (el sol est\u00e1 arriba, es un disco de oro, est\u00e1 a doscientos pies\u2026). Cabr\u00eda llamarlos, por comodidad, signos\u00a0<em>escalares<\/em>, puesto que expresan nuestro estado en un momento del tiempo y se distinguen de este modo de otro tipo de signos: el estado actual es siempre una secci\u00f3n de nuestra duraci\u00f3n, y determina en este sentido un aumento o una disminuci\u00f3n, una expansi\u00f3n o una restricci\u00f3n de nuestra existencia en la duraci\u00f3n, respecto al estado precedente por muy pr\u00f3ximo que \u00e9ste se halle. No es que comparemos ambos estados en una operaci\u00f3n reflexiva, sino que cada estado de afecci\u00f3n determina un paso a un \u00abm\u00e1s\u00bb o a un \u00abmenos\u00bb: el calor del sol me llena, o bien por el contrario su quemadura me repele. La afecci\u00f3n no es por lo tanto s\u00f3lo el efecto instant\u00e1neo de un cuerpo sobre el m\u00edo, tambi\u00e9n tiene un efecto sobre mi propia duraci\u00f3n, placer o dolor, dicha o tristeza. Se trata de pasos, de devenires, de subidas y de ca\u00eddas, de variaciones continuas de potencia, que van de un estado a otro: se los llamar\u00e1 afectos, hablando con propiedad, y no afecciones. Son signos de crecimiento y de disminuci\u00f3n, signos\u00a0<em>vectoriales<\/em>\u00a0(del tipo dicha\u2013tristeza), y no ya escalares como las afecciones, sensaciones o percepciones.<\/p>\n<p>De hecho, hay un n\u00famero mayor de tipo de signos. Los signos escalares tienen cuatro tipos principales: unos, efectos f\u00edsicos sensoriales o perceptivos que no hacen m\u00e1s que envolver la naturaleza de su causa, son esencialmente\u00a0<em>indicativos<\/em>, e indican nuestra propia naturaleza m\u00e1s que otra cosa. En segundo lugar, nuestra naturaleza, siendo finita, retiene \u00fanicamente lo que la afecta, tal o cual car\u00e1cter seleccionado (el hombre animal vertical, o razonable, o que r\u00ede). As\u00ed son los signos\u00a0<em>abstractivos<\/em>. En tercer lugar, siendo el signo siempre efecto, tomamos el efecto por un fin, o la idea del efecto por la causa (puesto que el sol calienta, creemos que est\u00e1 hecho \u00abpara\u00bb calentarnos; puesto que la fruta tiene un sabor amargo, Ad\u00e1n cree que no \u00abdeber\u00eda\u00bb ser comida). En este caso, se trata de efectos morales, o de signos\u00a0<em>imperativos<\/em>: \u00a1No comas esa fruta! \u00a1Ponte al sol! Los \u00faltimos signos escalares, por \u00faltimo, son efectos imaginarios: nuestras sensaciones y percepciones nos hacen pensar en seres suprasensibles que ser\u00edan su causa \u00faltima, e inversamente nos figuramos a esos seres a la imagen desmesuradamente engrandecida de lo que nos afecta (Dios como sol infinito, o bien como Pr\u00edncipe o Legislador). Se trata de signos\u00a0<em>hermen\u00e9uticos o interpretativos<\/em>. Los profetas, que son los mayores especialistas de los signos, combinan a las mil maravillas los abstractivos, los imperativos y los interpretativos. Un cap\u00edtulo famoso del\u00a0<em>Tratado teol\u00f3gico\u2013pol\u00edtico<\/em>\u00a0a\u00fana al respecto la potencia de lo c\u00f3mico y la profundidad del an\u00e1lisis. Hay por lo tanto cuatro signos escalares de afecci\u00f3n que cabr\u00eda llamar los \u00edndices sensibles, los iconos l\u00f3gicos, los s\u00edmbolos morales, los \u00eddolos metaf\u00edsicos.<\/p>\n<p>Hay todav\u00eda dos tipos de signos vectoriales de afecto, seg\u00fan que el vector sea de aumento o de disminuci\u00f3n, de crecimiento o de decrecimiento, de dicha o de tristeza. Esas dos especies de signos se llamar\u00edan potencias aumentativas y servidumbres diminutivas. Cabr\u00eda a\u00f1adir una tercera especie, los s\u00edmbolos ambiguos o fluctuantes, cuando una afecci\u00f3n aumenta y merma a la vez nuestra potencia, o nos afecta a la vez llen\u00e1ndonos de dicha y de tristeza. Hay as\u00ed, pues, seis signos, o siete, que se combinan sin cesar. Particularmente los escalares se combinan necesariamente con signos vectoriales. Los afectos suponen siempre unas afecciones de las que resultan, pese a que no se reducen a ellas.<\/p>\n<p>Los caracteres comunes de todos estos signos son la asociabilidad, la variabilidad, y la equivocidad o la analog\u00eda. Las afecciones var\u00edan seg\u00fan las cadenas de asociaci\u00f3n entre los cuerpos (el sol endurece la arcilla y funde la cera, el caballo no es lo mismo para el guerrero que para el campesino). Los propios efectos morales var\u00edan seg\u00fan los pueblos; y los profetas poseen cada uno unos signos personales a los que su imaginaci\u00f3n responde. En cuanto a las interpretaciones, son fundamentalmente equ\u00edvocas seg\u00fan la asociaci\u00f3n variable que se efect\u00faa entre un dato y algo que no viene dado. Se trata de un lenguaje equ\u00edvoco o de analog\u00eda que presta a Dios un entendimiento y una voluntad infinitos, a imagen agrandada de nuestro entendimiento y de nuestra voluntad: se trata de un equ\u00edvoco similar al que se da entre el perro animal ladrador y el Perro constelaci\u00f3n celeste. Si unos signos como las palabras son convencionales, es precisamente porque act\u00faan sobre los signos naturales, y s\u00f3lo clasifican su variabilidad y equivocidad: los signos convencionales son unos Abstractos que fijan una constante relativa para unas cadenas de asociaci\u00f3n variables. As\u00ed pues, la distinci\u00f3n convencional\u2013natural no es determinante para los signos, como tampoco Estado social\u2013estado de naturaleza; hasta los signos vectoriales pueden depender de convenciones, como las recompensas (aumento) y los castigos (merma). Los signos vectoriales en general, es decir los afectos, entran en unas asociaciones variables tanto como las afecciones: lo que es crecimiento para una parte del cuerpo puede ser disminuci\u00f3n para otra parte, lo que es servidumbre de uno es poder del otro, y una subida puede ir seguida de una ca\u00edda y a la inversa.<\/p>\n<p>Los signos no tienen objetos como referente directo. Son estados de cuerpos (afecciones) y variaciones de potencia (afectos) que remiten unos a otros. Los signos remiten a los signos. Tienen como referente mezclas confusas de cuerpos y variaciones oscuras de potencia, siguiendo un orden que es el del Azar o del encuentro fortuito entre los cuerpos. Los signos son efectos: efecto de un cuerpo sobre otro en el espacio, o afecci\u00f3n; efecto de una afecci\u00f3n sobre una duraci\u00f3n, o afecto. Tras los estoicos, Spinoza rompe la causalidad en dos cadenas bien distintas: los efectos entre ellos, a condici\u00f3n de aprehender a su vez las causas entre ellas. Los efectos remiten a los efectos como los signos a los signos: consecuencias separadas de sus premisas. As\u00ed, no s\u00f3lo hay que comprender \u00abefecto\u00bb causalmente, sino tambi\u00e9n \u00f3pticamente. Los efectos o los signos son\u00a0<em>sombras<\/em>\u00a0que act\u00faan en la superficie de los cuerpos, siempre entre dos cuerpos. La sombra siempre est\u00e1 en la linde. Siempre es un cuerpo el que hace sombra a otro. As\u00ed que conocemos los cuerpos por su sombra sobre nosotros, y nos conocemos a nosotros mismos y nuestro cuerpo por nuestra sombra. Los signos son\u00a0<em>efectos de luz<\/em>\u00a0en un espacio atestado de cosas que van chocando al azar. Si Spinoza se distingue esencialmente de Leibniz es porque \u00e9ste, cercano a una inspiraci\u00f3n barroca, ve en lo Oscuro (\u00abfuscum sub nigrum\u00bb) una matriz, una premisa, de donde saldr\u00e1n el claroscuro, los colores y hasta la luz. En Spinoza, por el contrario, todo es luz, y lo Oscuro no es m\u00e1s que sombra, un mero efecto de luz, un l\u00edmite de la luz sobre unos cuerpos que la reflejan (afecci\u00f3n) o la absorben (afecto): estamos m\u00e1s cerca de Bizancio que del Barroco. En vez de una luz que sale de los grados de sombra por acumulaci\u00f3n del rojo, tenemos una luz que crea grados de sombra azul. El propio claroscuro es un efecto de esclarecimiento o de oscurecimiento de la sombra: son las variaciones de potencia o los signos vectoriales los que constituyen los grados de claroscuro, pues el aumento de potencia es un esclarecimiento, y la merma de potencia un oscurecimiento.<\/p>\n<p>Si consideramos el segundo elemento de la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, vemos que surge una oposici\u00f3n determinante con los signos:\u00a0<em>las nociones comunes son conceptos de objetos<\/em>, y los objetos son causas. La luz ya no es reflejada o absorbida por unos cuerpos que producen sombra, sino que vuelve los cuerpos transparentes al revelar su \u00abestructura\u00bb \u00edntima (<em>fabrica<\/em>). Es el segundo aspecto de la luz: y el entendimiento es la aprehensi\u00f3n verdadera de las estructuras de cuerpo, mientras que la imaginaci\u00f3n s\u00f3lo era la captaci\u00f3n de la sombra de un cuerpo sobre otro. En este caso tambi\u00e9n, se trata de \u00f3ptica, pero de una geometr\u00eda \u00f3ptica. La estructura en efecto es geom\u00e9trica, y consiste en l\u00edneas s\u00f3lidas, pero que se forman y se deforman, actuando como causa. Lo que constituye la estructura es una relaci\u00f3n compuesta, de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, que se establece entre las partes infinitamente peque\u00f1as de un cuerpo transparente. Como las partes van siempre por infinidades m\u00e1s o menos grandes, hay en cada cuerpo una infinidad de relaciones que se componen y se descomponen, de tal modo que el cuerpo a su vez penetra en un cuerpo m\u00e1s amplio, bajo una nueva relaci\u00f3n compuesta, o por el contrario hace resaltar los cuerpos m\u00e1s peque\u00f1os bajo sus relaciones componedoras. Los modos son estructuras geom\u00e9tricas, pero fluyentes, que se transforman y se deforman en la luz, a velocidades variables. La estructura es ritmo, es decir concatenaci\u00f3n de figuras que componen y descomponen sus relaciones. Es la causa de desacuerdos entre cuerpos, cuando las relaciones se descomponen, y de acuerdos cuando las relaciones componen alguna nueva relaci\u00f3n. Pero se trata de una doble direcci\u00f3n simult\u00e1nea. El quilo y la linfa son dos cuerpos tomados bajo dos relaciones que constituyen la sangre bajo una relaci\u00f3n compuesta, aun a costa de que un veneno descomponga la sangre. Si aprendo a nadar, o a bailar, es preciso que mis movimientos y mis pausas, mis velocidades y mis lentitudes adquieran un ritmo com\u00fan con los del mar, o de la pareja, siguiendo un ajuste m\u00e1s o menos duradero. La estructura posee siempre varios cuerpos en com\u00fan, y remite a un concepto de objeto, es decir a una noci\u00f3n com\u00fan.\u00a0<em>La estructura o el objeto est\u00e1 formado por dos cuerpos cuanto menos<\/em>, cada uno de ellos formado por dos o m\u00e1s cuerpos hasta el infinito, que se unen en el otro sentido en cuerpos cada vez m\u00e1s amplios y compuestos, hasta el objeto \u00fanico de la Naturaleza entera, estructura infinitamente transformable y deformable, ritmo universal,\u00a0<em>Facies totius Naturae<\/em>, modo infinito. Las nociones comunes son universales, pero lo son \u00abm\u00e1s o menos\u00bb, en funci\u00f3n de que formen el concepto de dos cuerpos cuando menos, o el de todos los cuerpos posibles (estar en el espacio, estar en movimiento y en reposo\u2026).<\/p>\n<p>Entendidos as\u00ed, los modos son proyecciones. O mejor dicho las variaciones de un objeto son las proyecciones que\u00a0<em>envuelven<\/em>\u00a0una relaci\u00f3n de movimiento y de reposo como su invariante (involuci\u00f3n). Y, como cada relaci\u00f3n se completa con todas las dem\u00e1s hasta el infinito en un orden cada vez variable, este orden es el perfil o la proyecci\u00f3n que envuelve cada vez la faz de la Naturaleza entera, o la relaci\u00f3n de todas las relaciones [1].<\/p>\n<p>Los modos como proyecci\u00f3n de luz son asimismo colores,\u00a0<em>causas colorantes<\/em>. Los colores entran en unas relaciones de complementariedad y de contraste que hacen que cada una en \u00faltima instancia reconstituya la totalidad y que todas se junten en el blanco (modo infinito) seg\u00fan un orden de composici\u00f3n, o salgan de \u00e9l en el orden de descomposici\u00f3n. De cada color hay que decir lo que dice Goethe del blanco: es la opacidad propia de lo transparente puro [2]. La estructura s\u00f3lida y rectil\u00ednea est\u00e1 necesariamente coloreada, porque es la opacidad que se revela cuando la luz hace que el cuerpo se vuelva transparente. De este modo queda afirmada una diferencia de naturaleza\u00a0<em>entre el color y la sombra, la causa colorante y el efecto de sombra<\/em>, una que \u00abtermina\u00bb adecuadamente la luz, la otra que la abole en lo inadecuado. De Vermeer se ha podido decir que sustitu\u00eda el claroscuro por la complementariedad y el contraste de colores. No es que la sombra desaparezca, pero permanece como un efecto aislable de su causa, una consecuencia separada, un signo extr\u00ednseco distinto de los colores y de sus relaciones [3]. Vemos en Vermeer la sombra que destaca y sobresale para enmarcar o perfilar el fondo luminoso de donde procede (\u00abLa lechera\u00bb, \u00abEl collar de perlas\u00bb, \u00abLa carta de amor\u00bb). En esto se opone Vermeer a la tradici\u00f3n del claroscuro; y respecto a todas estas cosas Spinoza permanece infinitamente m\u00e1s cercano a Vermeer que a Rembrandt.<\/p>\n<p>Entre los signos y los conceptos, la distinci\u00f3n parece pues irreductible, insuperable, tanto como en Esquilo: \u00abYa no es mediante un lenguaje mudo, ni mediante el humo de un fuego que arde en una cima como va a expresarse, sino en t\u00e9rminos claros\u2026\u00bb [4]. Los signos o afectos son ideas inadecuadas y pasiones; las nociones comunes o conceptos son ideas adecuadas de las que resultan verdaderas acciones. Si nos referimos a la separaci\u00f3n por capas de la causalidad, los signos remiten a los signos como los efectos a los efectos, siguiendo\u00a0<em>un eslabonamiento asociativo<\/em>\u00a0que depende de un orden como mero encuentro al azar de los cuerpos f\u00edsicos. Pero, en tanto que los conceptos remiten a los conceptos, o las causas a las causas, ocurre siguiendo\u00a0<em>un eslabonamiento llamado autom\u00e1tico<\/em>, determinado por el orden necesario de las relaciones o proporciones, por la sucesi\u00f3n determinada de sus transformaciones y deformaciones. As\u00ed pues, contrariamente a lo que cre\u00edamos, parece que los signos o los afectos no son ni pueden ser un elemento positivo de la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, menos a\u00fan una forma de expresi\u00f3n. El g\u00e9nero de conocimiento que constituyen no es un conocimiento, sino m\u00e1s bien una experiencia en la que se encuentran al azar ideas confusas de mezclas entre cuerpos, imperativos bruscos para evitar tal mezcla o buscar tal otra, interpretaciones m\u00e1s o menos delirantes de esas situaciones. Es un lenguaje material afectivo m\u00e1s que una forma de expresi\u00f3n, y que se parece m\u00e1s a los gritos que al discurso del concepto. Parece pues que, si los signos\u2013afectos intervienen en la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, ser\u00e1 \u00fanicamente para acabar severamente criticados, denunciados, devueltos a su noche sobre la cual la luz rebota o en la cual perece.<\/p>\n<p>Sin embargo no puede ser as\u00ed. El libro II de la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0expone las nociones comunes empezando por \u00ablas m\u00e1s universales\u00bb (las que convienen a todos los cuerpos): supone que los conceptos han sido ya dados, de ah\u00ed la impresi\u00f3n de que nada le deben a los signos. Pero cuando se pregunta c\u00f3mo llegamos a formar un concepto, o c\u00f3mo vamos de los efectos a las causas, bien es verdad que necesitamos que algunos signos nos sirvan cuando menos de trampol\u00edn y que algunos afectos nos proporcionen el impulso necesario (libro V). En el encuentro al azar entre cuerpos podemos seleccionar la idea de algunos cuerpos que convienen al nuestro, y que nos producen alegr\u00eda, es decir aumentan nuestro poder. Y s\u00f3lo cuando nuestro poder ha aumentado lo suficiente, hasta un punto determinado, sin duda variable para cada cual, entramos en posesi\u00f3n de este poder y nos volvemos capaces de formar un concepto, empezando por el menos universal (acuerdo de nuestro cuerpo con\u00a0<em>alg\u00fan<\/em>\u00a0otro), aun a costa de tener que alcanzar despu\u00e9s conceptos cada vez m\u00e1s amplios siguiendo el orden de composici\u00f3n de las relaciones. Hay por lo tanto una\u00a0<em>selecci\u00f3n<\/em>\u00a0de los afectos pasionales, y de las ideas de las que \u00e9stos dependen, que debe despejar las dichas, signos vectoriales de crecimiento de poder, y rechazar las tristezas, signo de merma: esta selecci\u00f3n de los afectos es la condici\u00f3n misma para salir del primer g\u00e9nero de conocimiento, y alcanzar el concepto adquiriendo un poder suficiente. Los signos de crecimiento siguen siendo pasiones, y las ideas que \u00e9stos suponen siguen siendo inadecuadas: no por ello dejan de ser los precursores de las nociones, los oscuros precursores. M\u00e1s a\u00fan, cuando se hayan alcanzado las nociones comunes, y de ello resulten unas acciones como afectos activos de un nuevo tipo, las ideas inadecuadas y los afectos pasionales, es decir los signos, no desaparecer\u00e1n por ello, ni siquiera las tristezas inevitables. Subsistir\u00e1n, reiterar\u00e1n las nociones, pero perder\u00e1n su car\u00e1cter exclusivo y tir\u00e1nico en beneficio de las nociones y de las acciones. Hay as\u00ed pues en los signos algo que a la vez prepara y reitera los conceptos. Los rayos de luz est\u00e1n a la vez preparados y van acompa\u00f1ados por esos procesos que contin\u00faan actuando en la sombra.\u00a0<em>Los valores del claroscuro se reintroducen<\/em>\u00a0en Spinoza, puesto que la dicha como pasi\u00f3n es un signo de ilustraci\u00f3n que nos lleva a la luz de las nociones. Y la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0no puede prescindir de una forma de expresi\u00f3n pasional y mediante signos, la \u00fanica capaz de llevar a cabo la imprescindible selecci\u00f3n sin la cual permanecer\u00edamos condenados al primer g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Esta selecci\u00f3n es muy dura, muy dif\u00edcil. Es que las dichas y las tristezas, los crecimientos y las mermas, los esclarecimientos y los oscurecimientos suelen ser ambiguos, parciales, cambiantes, mezclados unos con otros. Y sobre todo son muchas las personas que s\u00f3lo pueden asentar su Poder sobre la tristeza y la aflicci\u00f3n, sobre la merma de poder de los dem\u00e1s, sobre el ensombrecimiento del mundo: hacen como si la tristeza fuera una promesa de dicha, y ya una dicha por s\u00ed misma. Instauran el culto de la tristeza, de la servidumbre o de la impotencia, de la muerte. No paran de emitir y de imponer se\u00f1ales de tristeza, que presentan como ideales y dichas a las almas que ellas han hecho enfermar. Como la pareja infernal, el D\u00e9spota y el Sacerdote, terribles \u00abjueces\u00bb de la vida. La selecci\u00f3n de los signos o de los afectos, como primera condici\u00f3n del nacimiento del concepto, no implica por lo tanto \u00fanicamente el esfuerzo personal que cada cual ha de efectuar sobre s\u00ed mismo (Raz\u00f3n), sino una lucha pasional, un combate afectivo inexpiable, aun a costa de la muerte, en el que los signos se enfrentan a los signos y los afectos chocan con los afectos, para que un poco de dicha que nos haga salir de la sombra y cambiar de g\u00e9nero sea salvada. Los gritos del lenguaje de los signos marcan esta lucha de pasiones, de dichas y de tristezas, de aumentos y mermas de poder.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, cuando menos casi toda la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, est\u00e1 escrita con nociones comunes, empezando por las m\u00e1s generales y desarrollando sin cesar sus consecuencias. Supone las nociones comunes ya adquiridas o dadas. La\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0es el discurso del concepto. Es un sistema discursivo y deductivo. De ah\u00ed su aspecto de largo r\u00edo tranquilo y poderoso. Las definiciones, los axiomas, los postulados, las proposiciones, demostraciones y corolarios forman un flujo grandioso. Y cuando uno u otro de estos elementos trata de las ideas inadecuadas y de las pasiones es para poner de manifiesto su insuficiencia, para rechazarlas en la medida de lo posible como otros tantos posos en las orillas. Pero hay otro elemento que s\u00f3lo en apariencia es de la misma naturaleza que los anteriores. Son los \u00abescolios\u00bb, que sin embargo se insertan en la cadena demostrativa, y respecto a los cuales el lector no tarda en percatarse de que tienen un tono completamente diferente. Es otro estilo, casi otra lengua. Act\u00faan en la sombra, tratan de desentra\u00f1ar lo que nos impide acceder a las nociones comunes y lo que por el contrario nos los permite, lo que merma y lo que aumenta nuestro poder, los tristes signos de nuestra servidumbre y los signos dichosos de nuestras liberaciones. Denuncian los personajes que se ocultan detr\u00e1s de nuestras mermas de poder, aquellos a quienes interesa mantener y propagar la tristeza, el d\u00e9spota y el sacerdote. Anuncian el signo o la condici\u00f3n de un hombre nuevo, aquel que ha incrementado suficientemente su poder para formar conceptos y convertir los afectos en acciones.<\/p>\n<p>Los escolios son ostensivos y pol\u00e9micos. Aunque sea cierto que los escolios remiten a los escolios, vemos, las m\u00e1s de las veces, que constituyen por s\u00ed mismos una cadena espec\u00edfica, distinta de la de los elementos demostrativos y discursivos. A la inversa, las demostraciones no remiten a los escolios, sino a otras demostraciones, definiciones, axiomas y postulados. Si los escolios se insertan en la cadena demostrativa, se debe menos pues a que forman parte de ella que a que irrumpen en ella y la interrumpen, en virtud de su propia naturaleza. Es como una cadena rota, discontinua, subterr\u00e1nea, volc\u00e1nica, que a intervalos regulares quiebra la cadena de los elementos demostrativos, la gran cadena fluvial y continua. Cada escolio es como un faro que intercambia sus se\u00f1ales con otros, a distancia y a trav\u00e9s del flujo de las demostraciones. Es como una lengua de fuego que se distingue del lenguaje de las aguas. Se trata sin duda del mismo lat\u00edn en apariencia, pero en los escolios dir\u00edase que se trata de un lat\u00edn traducido del hebreo. Los escolios forman ellos solos un libro de la Ira y de la Risa, como si fuera la contra\u2013Biblia de Spinoza. Es el libro de los Signos, que acompa\u00f1a sin cesar a la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0m\u00e1s visible, el libro del Concepto, y que tan s\u00f3lo surge por su cuenta en unos puntos de explosi\u00f3n. No por ello deja de ser un elemento perfectamente positivo, y una forma de expresi\u00f3n aut\u00f3noma en la composici\u00f3n de la doble\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>. Ambos libros, las dos\u00a0<em>\u00c9ticas<\/em>, coexisten, una desarrollando las nociones libres conquistadas a la luz de las transparencias, mientras que la otra, en lo m\u00e1s [203] profundo de la mezcla oscura de los cuerpos, prosigue el combate entre las servidumbres y las liberaciones. Dos\u00a0<em>\u00c9ticas<\/em>\u00a0por lo menos, que tienen un \u00fanico y mismo sentido pero no la misma lengua, como dos versiones del lenguaje de Dios.<\/p>\n<p>Robert Sasso acepta el principio de una diferencia de naturaleza entre la cadena de los escolios y el eslabonamiento demostrativo. Pero observa que no ha lugar a considerar el eslabonamiento demostrativo en s\u00ed como un flujo homog\u00e9neo, continuo y rectil\u00edneo, que se desarrollar\u00eda a cubierto de las turbulencias y de los accidentes. No s\u00f3lo porque los escolios, al irrumpir en la sucesi\u00f3n de las demostraciones, interrumpen su flujo aqu\u00ed o all\u00e1. En s\u00ed mismo, dice Sasso, el concepto pasa por momentos muy variables: definiciones, axiomas, postulados, demostraciones m\u00e1s o menos lentas o r\u00e1pidas [5]. E indudablemente Sasso tiene raz\u00f3n. Cabr\u00eda distinguir\u00a0<em>estaciones<\/em>,<em>\u00a0brazos<\/em>,<em>\u00a0recodos<\/em>,<em>\u00a0meandros<\/em>, precipitaciones y reducciones de la velocidad, etc. Los prefacios y ap\u00e9ndices, que indican el inicio y el final de las partes importantes, son como estaciones donde el barco que navega por el r\u00edo permite que suban a bordo nuevos viajeros y desembarquen otros antiguos; en ellos suele llevarse a cabo la confluencia de las demostraciones y de los escolios. Los brazos surgen cuando cabe demostrar de varias maneras una misma proposici\u00f3n. Y los recodos, cuando se produce un cambio de orientaci\u00f3n del r\u00edo: aprovechando un recodo se plantea una sustancia \u00fanica para todos los atributos, mientras que r\u00edo arriba cada atributo pod\u00eda tener una sustancia y s\u00f3lo una. Del mismo modo, un recodo introduce la f\u00edsica de los cuerpos. Los corolarios por su parte constituyen derivaciones que retornan dibujando meandros a la proposici\u00f3n demostrada. Por \u00faltimo, las series de demostraciones ponen de manifiesto velocidades y lentitudes relativas, seg\u00fan que el r\u00edo ensanche su cauce o lo estreche: por ejemplo, Spinoza afirmar\u00e1 siempre que no se puede partir de Dios, de la idea de Dios, pero hay que llegar a ella\u00a0<em>lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible<\/em>. Habr\u00eda que distinguir muchas figuras demostrativas m\u00e1s. No obstante, fueren cuales fueren estas variedades, se trata del mismo r\u00edo que perdura a trav\u00e9s de todos sus estados, y que forma la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0del concepto o del segundo g\u00e9nero de conocimiento. Debido a ello creemos que la diferencia de los escolios con los dem\u00e1s elementos es m\u00e1s importante, porque ella es en \u00faltima instancia la que da cuenta de las diferencias entre elementos demostrativos. El r\u00edo no correr\u00eda tantos avatares sin la acci\u00f3n subterr\u00e1nea de los escolios. Ellos son los que punt\u00faan las demostraciones, los que garantizan los giros. Toda la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0del concepto, en su variedad, requiere una\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0de los signos en su especificidad. La variedad del flujo de las demostraciones no corresponde t\u00e9rmino a t\u00e9rmino a las sacudidas y a los impulsos de los escolios, y no obstante los supone, los envuelve.<\/p>\n<p>Pero tal vez haya asimismo una tercera\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, representada por el libro V, encarnada por el libro V, o por lo menos en una gran parte del libro V. No es por lo tanto como las dos otras, que coexisten en todo el cauce; ocupa un lugar preciso, el \u00faltimo. No por ello dejaba de ser, desde el inicio, como el crisol, el punto\u2013crisol que actuaba ya antes de aparecer. Hay que concebir el libro V como coextensivo a todos los dem\u00e1s; da la impresi\u00f3n de que llegamos a \u00e9l, pero siempre ha estado ah\u00ed, desde siempre. Es el tercer elemento de la l\u00f3gica de Spinoza: no ya los signos o los afectos, ni los conceptos, sino las Esencias o Singularidades, los Perceptos. Es el tercer estado de la luz. No ya los signos de sombra ni la luz como color, sino la luz en s\u00ed misma y para s\u00ed misma. Las nociones comunes (conceptos) son revelados por la luz que atraviesa los cuerpos y los vuelve transparentes; remiten pues a unas figuras o estructuras geom\u00e9tricas (<em>fabrica<\/em>), tanto m\u00e1s vivas cuanto que son transformables y deformables en un espacio proyectivo, sometidas a las exigencias de una geometr\u00eda proyectiva a la manera de Desargues. Pero las esencias son de una naturaleza del todo diferente:\u00a0<em>puras figuras de luz<\/em>\u00a0producidas por lo Luminoso sustancial (y no ya figuras geom\u00e9tricas reveladas por la luz) [6]. Con frecuencia se ha hecho hincapi\u00e9 en que las ideas plat\u00f3nicas, e incluso cartesianas, segu\u00edan siendo \u00abd\u00e1ctilo\u2013\u00f3pticas\u00bb: corresponde a Plotinio, respecto a Plat\u00f3n, y a Spinoza, respecto a Descartes, elevarse a un mundo \u00f3ptico puro. Las nociones comunes, en tanto en cuanto se refieren a relaciones de proyecci\u00f3n, ya son figuras \u00f3pticas (pese a que conservan todav\u00eda un m\u00ednimo de referencias t\u00e1ctiles). Pero las esencias son meras figuras de luz: son en s\u00ed mismas \u00abcontemplaciones\u00bb, es decir que contemplan tanto como son contempladas, en una unidad de Dios, del sujeto o del objeto (<em>perceptos<\/em>). Las nociones comunes remiten a unas relaciones de movimiento y de reposo que constituyen velocidades relativas; las esencias por el contrario son velocidades absolutas que no componen el espacio por proyecci\u00f3n, sino que lo llenan de una sola vez, de un solo golpe [7]. Una de las aportaciones m\u00e1s considerables de Jules Lagneau reduce la velocidad absoluta a una velocidad relativa [8]. Constituyen no obstante los dos caracteres de las esencias:\u00a0<em>velocidad absoluta y no ya relativa, figuras de luz y no ya figuras geom\u00e9tricas reveladas por la luz<\/em>. La velocidad relativa es la de las afecciones y los afectos: velocidad de acci\u00f3n de un cuerpo sobre otro en el espacio, velocidad de paso de un estado a otro en el tiempo. Lo que las nociones captan son las relaciones entre velocidades relativas. Pero la velocidad absoluta es el modo en el cual una esencia sobrevuela en la eternidad sus afectos y sus afecciones (velocidad de potencia).<\/p>\n<p>Para que el libro V constituya por s\u00ed solo una tercera\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0no basta con que haya un objeto espec\u00edfico, tendr\u00eda adem\u00e1s que emplear un m\u00e9todo distinto de los otros dos. No parece que sea \u00e9ste el caso, puesto que s\u00f3lo presenta elementos demostrativos y escolios. Sin embargo el lector tiene la impresi\u00f3n de que el m\u00e9todo geom\u00e9trico adquiere aqu\u00ed un tinte salvaje e inusitado, que casi le impulsar\u00eda a creer que el libro V no es m\u00e1s que una versi\u00f3n provisional, un borrador: las proposiciones y las demostraciones est\u00e1n atravesadas por hiatos tan violentos, comportan tantas elipses y contracciones, que los silogismos parecen estar reemplazados por meros \u00abentimemas\u00bb [9]. Y cuanto m\u00e1s leemos el libro V, m\u00e1s nos decimos que esos rasgos no constituyen imperfecciones en el ejercicio del m\u00e9todo, ni atajos, sino que se adec\u00faan perfectamente a las esencias en tanto que superan todo orden de discursividad y de deducci\u00f3n. No son meros procedimientos de hecho, sino todo un proceso de derecho. El m\u00e9todo geom\u00e9trico en el campo de los conceptos es un m\u00e9todo de exposici\u00f3n que exige completud y saturaci\u00f3n: por eso las nociones comunes se exponen por s\u00ed mismas, a partir de las m\u00e1s universales, como en una axiom\u00e1tica, sin que uno tenga que preguntarse c\u00f3mo se llega efectivamente a una noci\u00f3n com\u00fan. Pero el m\u00e9todo geom\u00e9trico del libro V es un m\u00e9todo de invenci\u00f3n que proceder\u00e1 por intervalos y por saltos, hiatos y contracciones, m\u00e1s como un perro que busca que como un hombre razonable que expone. Tal vez supere toda demostraci\u00f3n, en tanto en cuanto act\u00faa dentro de lo \u00abindecidible\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando los matem\u00e1ticos no se dedican a la constituci\u00f3n de una axiom\u00e1tica, su estilo de invenci\u00f3n presenta extra\u00f1os poderes, y los eslabonamientos deductivos aparecen rotos por amplias discontinuidades, o por el contrario contra\u00eddos violentamente. Nadie negaba la genialidad de Desargues, pero matem\u00e1ticos como Huyghens o Descartes ten\u00edan dificultades para comprenderle. La demostraci\u00f3n de que todo plano es \u00abpolar\u00bb de un punto y todo punto \u00abpolo\u00bb de un plano es tan r\u00e1pida que hay que suplir todo lo que se salta. Nadie ha descrito mejor que \u00c9variste Galois, que a su vez tambi\u00e9n se top\u00f3 con la misma incomprensi\u00f3n por parte de sus pares, este pensamiento trastabillado, saltar\u00edn, chocante, que capta esencias singulares en matem\u00e1ticas: los analistas \u00abno deducen, combinan, componen; cuando llegan a la verdad, caen en ella despu\u00e9s de haberse ido dando golpes por un lado y otro\u00bb [10]. Y, una vez m\u00e1s, estos caracteres no surgen como meras imperfecciones en la exposici\u00f3n, para dar la impresi\u00f3n de \u00abir m\u00e1s r\u00e1pido\u00bb, sino como las potencias de un nuevo orden de pensamiento que conquista una velocidad absoluta. Opinamos que el libro V da fe de este pensamiento, irreductible al que se desarrolla por nociones comunes en el decurso de los cuatro primeros libros. Si los libros, como dice Blanchot, tienen como correlato \u00abla ausencia de libro\u00bb (o un libro m\u00e1s secreto, compuesto de carne y de sangre), el libro V puede ser esta ausencia o este secreto en el que los signos y los conceptos se desvanecen, y las cosas se ponen a escribir por s\u00ed mismas y para s\u00ed mismas, atravesando intervalos de espacio.<\/p>\n<p>Sea la proposici\u00f3n 10: \u00abMientras no estemos atormentados por afectos contrarios a nuestra naturaleza, tenemos el poder de ordenar y de concatenar las afecciones del cuerpo siguiendo un orden relativo al entendimiento.\u00bb Se trata de una inmensa falla, de un intervalo que aparece entre la subordinada y la principal; pues los afectos contrarios a nuestra naturaleza nos impiden antes que nada formar nociones comunes, puesto que aqu\u00e9llos dependen de cuerpos que disienten con el nuestro; por el contrario, cada vez que un cuerpo coincide con el nuestro, y aumenta nuestra potencia (dicha), puede formarse una noci\u00f3n com\u00fan a ambos cuerpos, de la que resultar\u00e1n un orden y una concatenaci\u00f3n activos de las afecciones. En esta falla voluntariamente excavada, las ideas de coincidencia entre dos cuerpos, y de noci\u00f3n com\u00fan restringida, s\u00f3lo tienen presencia impl\u00edcita, y s\u00f3lo aparecen ambas si se reconstituye una cadena que falta: intervalo doble. Si no se lleva a cabo esta reconstituci\u00f3n, si no se llena ese hueco, no s\u00f3lo la demostraci\u00f3n no es concluyente, sino que seguiremos para siempre indecisos sobre la cuesti\u00f3n fundamental: \u00bfc\u00f3mo llegamos a formar una noci\u00f3n com\u00fan, la que sea?, \u00bfy por qu\u00e9 se trata de una noci\u00f3n menos universal (com\u00fan a nuestro cuerpo y a\u00a0<em>alg\u00fan<\/em>\u00a0otro)? El intervalo, el hiato, tiene como funci\u00f3n aproximar al m\u00e1ximo t\u00e9rminos distantes como tales, y garantizar as\u00ed una velocidad de sobrevuelo absoluto. Las velocidades pueden ser absolutas y no obstante m\u00e1s o menos grandes. La grandeza de una velocidad absoluta se mide precisamente por la distancia que supera de una sola vez, es decir por el n\u00famero de intermediarios que envuelve, sobrevuela o sobreentiende (en este caso, dos por lo menos). Siempre hay saltos, lagunas y cortes como caracteres positivos del tercer g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Otro ejemplo podr\u00edan aportarlo las proposiciones 14 y 22, en las que se pasa, esta vez por contracci\u00f3n, de la idea de Dios como noci\u00f3n com\u00fan m\u00e1s universal a la idea de Dios como esencia m\u00e1s singular. Es como si se saltara de la velocidad relativa (la mayor) a la velocidad absoluta. En fin, para limitarnos a un peque\u00f1o n\u00famero de ejemplos, la demostraci\u00f3n 30 traza, pero en punteado, una especie de tri\u00e1ngulo sublime cuyos v\u00e9rtices son figuras de luz (el propio yo, el Mundo y Dios), y cuyos lados como distancias son recorridos a una velocidad absoluta que a su vez se revela como la mayor. Los caracteres especiales del libro V, su manera de superar el m\u00e9todo de los libros anteriores, remiten siempre a lo mismo: la velocidad absoluta de las figuras de luz.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0de las definiciones, axiomas y postulados, demostraciones y corolarios, es un libro\u2013r\u00edo que desarrolla su cauce. Pero la\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0de los escolios es un libro de fuego, subterr\u00e1neo. La\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>\u00a0del libro V es un libro a\u00e9reo, luminoso, que procede por destellos. Una l\u00f3gica del signo, una l\u00f3gica del concepto, una l\u00f3gica de la esencia: la Sombra, el Color, la Luz. Cada una de las tres\u00a0<em>\u00c9ticas<\/em>\u00a0coexiste con las otras y se prolonga en las otras, pese a sus diferencias de naturaleza. Se trata de un \u00fanico y mismo mundo. Cada una tiende pasarelas para cruzar el vac\u00edo que las separa.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Yvonne Toros (<em>Spinoza et l\u2019espace projectif<\/em>, tesis Par\u00eds\u2013VIII) esgrime diversos argumentos para mostrar que la geometr\u00eda que inspira a Spinoza no es la de Descartes o ni siquiera la de Hobbes, sino una geometr\u00eda proyectiva \u00f3ptica a la manera de Desargues. Esos argumentos parecen decisivos, e implican como veremos una nueva comprensi\u00f3n del spinozismo. En una publicaci\u00f3n anterior (<em>Espace et transformation: Spinoza<\/em>, Par\u00eds\u2013I) Y. Toros confrontaba a Spinoza y Vermeer, y esbozaba una teor\u00eda proyectiva del color en funci\u00f3n del<em>Tratado del arco iris<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"2\">\n<li>Goethe,<em>Trait\u00e9 des couleurs<\/em>, Triades, apartado 494. Y sobre la tendencia de cada color a reconstituir la totalidad, vid. apartados 803\u2013815 (Goethe:<em>Obras completas<\/em>, Aguilar, 1974).<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"3\">\n<li>Vid. Ungaretti (<em>Vermeer<\/em>, \u00c9d. de L\u2019Echoppe): \u00abcolor que ve como un color en s\u00ed, como luz, y cuya sombra tambi\u00e9n ve, y aisla, cuando la ve\u2026\u00bb. El lector remitir\u00e1 tambi\u00e9n a la obra de teatro de Gil\u00edes Aillaud,<em>Vermeer et Spinoza<\/em>, Bourgois.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"4\">\n<li>Esquilo,<em>Agamen\u00f3n<\/em>, 495\u2013500.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"5\">\n<li><em>Vid<\/em>. Robert Sasso, \u00abDiscurso y no\u2013discurso de la \u00c9tica\u00bb,<em>Revue de synth\u00e8se<\/em>, n.\u00b0 89, enero de 1978.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"6\">\n<li>La ciencia se topa con este problema de las figuras geom\u00e9tricas y de las figuras de luz (as\u00ed en<em>Dur\u00e9e et simultan\u00e9it\u00e9<\/em>, cap. V, Bergson puede decir que la teor\u00eda de la relatividad invierte la subordinaci\u00f3n tradicional de las figuras de la luz a las figuras geom\u00e9tricas s\u00f3lidas). En arte, el pintor Delaunay opone las figuras de luz tanto a las figuras geom\u00e9tricas como a las del arte abstracto.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"7\">\n<li>Yvonne Toros (cap. VI) se\u00f1ala precisamente dos aspectos o dos principios de la geometr\u00eda de Desargues: uno, de homolog\u00eda, referido a las proyecciones; otro, que ser\u00e1 llamado de \u00abdualidad\u00bb, referido a la correspondencia de la l\u00ednea con el punto, del punto con el plano. Ah\u00ed el paralelismo adquiere una nueva comprensi\u00f3n, puesto que se establece entre un punto en el pensamiento (idea de Dios) y un desarrollo infinito en la extensi\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"8\">\n<li>Jules Lagneau,<em>C\u00e9l\u00e8bres le\u00e7ons et fragments<\/em>, PUF, p\u00e1gs.67\u201368 (la \u00abrapidez del pensamiento\u00bb, cuyo equivalente s\u00f3lo se encuentra en la m\u00fasica, y que se basa menos en lo absoluto que en lo relativo).<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"9\">\n<li><em>Vid<\/em>. Arist\u00f3teles,<em>Primeros anal\u00edticos<\/em>, II, 27: el entimema es un silogismo cuyas premisas est\u00e1n sobreentendidas, ocultadas, suprimidas, elididas. Leibniz retoma la cuesti\u00f3n (<em>Nuevos ensayos<\/em>, I, cap. 1, apartados 4 y 19), y demuestra que el hiato no s\u00f3lo se produce en la exposici\u00f3n, sino en nuestro propio pensamiento, y que \u00abla fuerza de la conclusi\u00f3n consiste en parte en lo que se suprime\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<ol start=\"10\">\n<li><em>Vid<\/em>. textos de Galois en Andr\u00e9 Dalmas,<em>\u00c9variste Galois<\/em>, Fasquelle, p\u00e1g. 121. Y p\u00e1g. 112 (\u00abhay que ir indicando sin cesar la marcha de los c\u00e1lculos y previendo los resultados sin poderlos efectuar jam\u00e1s\u2026\u00bb), p\u00e1g. 132 (\u00abas\u00ed pues, en esas dos memorias, y sobre todo en la segunda, el lector encontrar\u00e1 a menudo la f\u00f3rmula\u00a0<em>yo no s\u00e9\u2026<\/em>\u00bb). Existir\u00eda un estilo pues, incluso en matem\u00e1ticas, que se definir\u00eda por los modos de hiatos, de elisi\u00f3n o de contracci\u00f3n en el pensamiento como tal. El lector encontrar\u00e1 al respecto valiosas indicaciones en G. G. Granger,\u00a0<em>Essai d\u2019une philosophie du style<\/em>, Odile Jacob, pese a que el autor tenga del estilo en matem\u00e1ticas un concepto harto diferente (p\u00e1gs. 20\u201321).<\/li>\n<\/ol>\n<p>Gilles Deleuze, \u2018Spinoza y las tres \u2018\u00c9ticas\u2019, en\u00a0<em>Cr\u00edtica y cl\u00ednica<\/em>, trad. Thomas Kauf, Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 193-210.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gilles Deleuze No soy un Spinoza cualquiera para hacer malabarismos. 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