{"id":4488,"date":"2025-07-07T19:26:59","date_gmt":"2025-07-07T19:26:59","guid":{"rendered":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4488"},"modified":"2025-07-07T19:32:06","modified_gmt":"2025-07-07T19:32:06","slug":"lo-que-el-neoliberalismo-ya-no-explica-sobre-cegueras-conceptuales-luchas-en-curso-y-la-necesidad-de-una-reinvencion-democratica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4488","title":{"rendered":"Lo que el \u00abneoliberalismo\u00bb ya no explica: sobre cegueras conceptuales, luchas en curso y la necesidad de una reinvenci\u00f3n democr\u00e1tica"},"content":{"rendered":"<p>por Felipe Fortes<\/p>\n<p>La insistencia en tratar al \u201cneoliberalismo\u201d como la llave maestra para comprender una serie de transformaciones y rupturas hist\u00f3ricas, que se intensifican con la emergencia y los efectos ya visibles del gobierno de Trump 2.0, se ha repetido, justamente, cuando esa llave se revela cada vez m\u00e1s ineficaz para abrir cualquier puerta. El propio escenario pol\u00edtico ya apunta hacia mutaciones mas profundas y peligrosas. Aun as\u00ed, se busca, con frecuencia, reactualizar el concepto, como si el aun pudiese dar cuenta de las nuevas formas de dominaci\u00f3n y de las rupturas institucionales en curso.<br \/>\nEl diagnostico de una ruptura con el neoliberalismo, para nosotros, ya no es sorprendente: vivimos, de hecho, una crisis inminente que atraviesa tres dimensiones interconectadas \u2014de la democracia, de la globalizaci\u00f3n y de los ciclos de lucha democr\u00e1ticos que, en la \u00faltima d\u00e9cada, ven\u00edan democratizando y globalizando, adem\u00e1s, al propio neoliberalismo. Sin embargo, los conceptos que heredamos para describir el desorden mundial parecen cada vez menos adecuados para definir esas nuevas mutaciones. Lo que nos sorprende, entonces, es que tantos sigan repitiendo \u201cneoliberalismo\u201d como si aun nombrasen algo latente y vivo. De este modo, la pregunta que hacemos hoy es: \u00bfpor qu\u00e9 aun insistimos en ese concepto, cuando los propios autodenominados \u201cneoliberales\u201d parecen haberlo abandonado como horizonte de su pol\u00edtica? Al fin y al cabo, nos hace girar en c\u00edrculos -como la danza de un trompo, que gira hasta que pierde su eje y cae- y ya no es capaz de hacer frente a la crisis actual.<br \/>\nResponder esta pregunta exige m\u00e1s que una pol\u00e9mica terminol\u00f3gica. Se trata de interrogar al propio vocabulario que compone la caja de herramientas de la cr\u00edtica contempor\u00e1nea y sus visibles limitaciones. El termino \u201cneoliberalismo\u201d, al permanecer como centro gravitacional de explicaci\u00f3n de las transformaciones de las pol\u00edticas globales, puede producir un efecto paralizante: el de mantener el an\u00e1lisis prisionero de un pasado -reciente, es verdad-, pero que ya no esta m\u00e1s en disputa, en cuanto el presente se reorganiza mediante nuevas din\u00e1micas, m\u00e1s violentas, m\u00e1s r\u00e1pidas, m\u00e1s dif\u00edciles de nombrar y, en nuestra perspectiva, antineoliberales (1).<br \/>\nEsta par\u00e1lisis se torna aun mas evidente cuando recordamos que gran parte de la doxa de izquierda asimilo, voluntaria o involuntariamente, el neoliberalismo como uno de los simulacros del fin de la historia: un ciclo \u00fanicamente de derrotas, cierres y regresi\u00f3n, en el cual ya no habr\u00eda espacio para antagonismos vivos. Con eso, se volvi\u00f3 incapaz de percibir la potencia de resistencia e invenci\u00f3n que emerg\u00eda, justamente, al interior de las formas ambiguas de gubernamentalidad neoliberal. Ante las transformaciones actuales, seguir usando ese termino es como intentar leer el nuevo mapa del poder con el blueprint de un edificio que acaba de colapsar.<br \/>\nNuestra intenci\u00f3n aqu\u00ed no es negar la existencia o los efectos del neoliberalismo, mucho menos ignorar hasta que punto fue, por d\u00e9cadas, una matriz eficaz de gubernamentalidad capitalista global. En la mejor de las lecturas, inspirada en Foucault, el neoliberalismo puede ser comprendido como un dispositivo de gubernamentalidad pol\u00edtica que, si por un lado profundizaba una l\u00f3gica de comando, por el otro abr\u00eda campos inesperados de subjetivaci\u00f3n, movilizaci\u00f3n y antagonismo. No s\u00f3lo la l\u00f3gica de la producci\u00f3n de subjetividad, sino la subjetividad pensada din\u00e1micamente como producci\u00f3n. Sin embargo, a diferencia de Foucault \u2014quien lamentablemente solo vivi\u00f3 los albores de este proceso\u2014, lo experimentamos en su en\u00e9sima potencia y tambi\u00e9n en su inminente crisis terminal. Y esto nos permite percibir con mayor claridad la ambivalencia de su matriz.<br \/>\nLa paradoja es conocida, pero precisa ser reafirmada: el neoliberalismo fue tambi\u00e9n el terreno de emergencia de una serie de ciclos de luchas que, en su pluralidad, dieron forma -aunque disforme &#8211; a las din\u00e1micas que, en esa \u00e9poca, llamamos como alterglobalizacion. Del Occupy a la Primavera \u00c1rabe, pasando por Junio de 2013 y Maidan, lo que llam\u00e1bamos neoliberalismo aparec\u00eda menos como una totalidad cerrada y mas como un campo de gubernamentalidad inestable, llena de disputas, resistencias, antagonismos e invenciones.<br \/>\nEl problema es que es ciclo parece haberse agotado. Y tal vez -no por casualidad &#8211; 2013 haya sido el canto del cisne del neoliberalismo -del punto de vista del Brasil &#8211; en cuanto que campo de experimentaci\u00f3n productiva de ambivalencias, en el cual, por m\u00e9todo, interpret\u00e1bamos las crisis como desestabilizaciones del sistema que proyectaban aun m\u00e1s lejos sus propias contradicciones, abriendo, as\u00ed, brechas democr\u00e1ticas a lo largo del recorrido. Desde entonces, a lo que asistimos es al bloqueo de esas derivas y su inversi\u00f3n: la aceleraci\u00f3n de din\u00e1micas que ya no operan seg\u00fan la ambivalencia o la ambig\u00fcedad, sino que seg\u00fan una tentativa de cierre y destituci\u00f3n de ese espacio global que antes pretend\u00edamos liberar en toda su potencia y que ahora necesitamos, ante todo, reconstruir.<br \/>\nEntonces, antes de definir lo que esta por venir, tenemos que preguntarnos lo que ese concepto esconde hoy. Cuando un concepto sobrevive mas por inercia que por precisi\u00f3n, corre el riesgo de tornarse un obst\u00e1culo: en lugar de rastrear el presente, lo encubre; en vez de abrir posibilidades, las cierra. Es este punto ciego el que no interesa explorar.<br \/>\nEsta reflexi\u00f3n nace, no de una pol\u00e9mica dirigida, sino que a la urgencia critica de reevaluar los nombres con que describimos las apor\u00edas del presente. Porque, en ciertos momentos, la fidelidad a la realidad exige infidelidad al vocabulario que heredamos. La pregunta, finalmente, no es mas \u00bf\u201cque es el neoliberalismo?\u201d, sino: \u00bfqu\u00e9 nos impide ver nuestro apego a este concepto? Y, m\u00e1s a\u00fan, \u00bfqu\u00e9 luchas reales no reconocemos cuando seguimos describiendo el mundo a trav\u00e9s de la misma lente que ha sido ara\u00f1ada por los \u00faltimos veinte a\u00f1os?<br \/>\nTal vez sea hora de retomar el gesto de Spinoza -aquel que, al pulir lentes, no solo miraba mas lejos, sino que miraba mejor, ense\u00f1ando que ver el mundo exige fabricar nuevas superficies de reflexi\u00f3n.<br \/>\n\u201cNeoliberalismo\u201d fue, a pesar de su inflaci\u00f3n, durante d\u00e9cadas, un concepto eficaz: nomin\u00f3 pol\u00edticas, estrategias y racionalidades especificas de gobierno que marcaran la reestructuraci\u00f3n global del capitalismo posfordista desde los a\u00f1os 1970. Fue, sin duda, una herramienta importante para describir una fase determinada de la articulaci\u00f3n entre mercado, Estado y subjetividad.<br \/>\nNomino con precisi\u00f3n los dispositivos de desregulaci\u00f3n -conducida, contra la propia ideolog\u00eda del mercado, por medio de la intervenci\u00f3n directa del Estado, en momentos espec\u00edficos, como regulador de la liberalizaci\u00f3n -, de la financiarizaci\u00f3n, de la privatizaci\u00f3n de la vida y de la modulaci\u00f3n de la conducta individual bajo la forma del emprendedurismo difuso. Pero, para cada uno de esos dispositivos, descubr\u00edamos -alegremente &#8211; sus contrarios: formas transversales de cooperaci\u00f3n, producci\u00f3n y saberes no capturables, explosiones subjetivas y l\u00edneas de fuga que atravesaban los propios mecanismos de control.<br \/>\nEl cr\u00e9dito, por ejemplo -aunque operase como motor de la deuda -, cargaba tambi\u00e9n una tensi\u00f3n interna: pod\u00eda servir a la l\u00f3gica de la culpabilizaci\u00f3n individual, pero igualmente abrir espacio para experimentaciones colectiva basadas en la confianza, afecto y riesgo compartido. En los barrios perif\u00e9ricos, entre migrantes y poblaciones racializadas, surgir\u00e1n practicas informales de rotaci\u00f3n del cr\u00e9dito, asociaciones de microcr\u00e9dito, solidaridades financieras que desafiaban la l\u00f3gica de la escasez y de la responsabilizaci\u00f3n individual. La figura del \u201cpobre endeudado\u201d, lejos de ser solo pasiva, rebelaba una potencia de organizaci\u00f3n econ\u00f3mica desde abajo -que, muchas veces, escapaba al radar de la critica y a la captura institucional e, infelizmente, tampoco encontr\u00f3 resonancia en din\u00e1micas institucionales capaces de traducirlas en nuevos derechos. Las instituciones, en este caso, fallaron en reconocer y acompa\u00f1ar la emergencia de esas subjetividades, dejando sin traducci\u00f3n jur\u00eddica y pol\u00edtica formas vivas de invenci\u00f3n social.<br \/>\nA contrapelo de la precarizaci\u00f3n, se abri\u00f3 espacio para una multiplicidad de subjetividades m\u00f3viles, femeninas, migrantes, cognitivas, que comenzaron a reconocer y polinizar mutuamente sus luchas, atravesando el desierto de las garant\u00edas en las disputas por los nuevos derechos. Plataformas y redes fueron, desde el inicio, zonas ambiguas: simult\u00e1neamente veh\u00edculos de invenci\u00f3n pol\u00edtica e infraestructuras de captura. Y, si su potencia de circulaci\u00f3n y conexi\u00f3n nunca existi\u00f3 separada de la l\u00f3gica de extracci\u00f3n y modulaci\u00f3n, eso no impidi\u00f3 que fuesen atravesadas por pr\u00e1cticas de cooperaci\u00f3n, creaci\u00f3n y organizaci\u00f3n democr\u00e1tica descentralizada<br \/>\nLa tensi\u00f3n, entonces, estaba inscrita en la propia forma del neoliberalismo. Esta era la ambivalencia radical del neoliberalismo en tanto que campo de gubernamentalidad: produc\u00eda antagonismo junto a modulaci\u00f3n, resistencia junto a captura, deseo de libertad y autonom\u00eda junto a difusi\u00f3n social del mando. No era un r\u00e9gimen de pura dominaci\u00f3n, sino que un terreno inestable de luchas.<br \/>\nHoy, sin embargo, esa fase esta en crisis, una crisis tr\u00edptica, que atraviesa simult\u00e1neamente la globalizaci\u00f3n, la democracia y las formas contempor\u00e1neas de subjetivaci\u00f3n pol\u00edtica. Los lazos institucionales del orden internacional se rompen a cada nuevo decreto de excepci\u00f3n -como los de Trump &#8211; y cada vez que los representantes electos de las democracias liberales flirtean con la fuerza bruta de reg\u00edmenes autoritarios. Fue el caso de la vergonzosa ceremonia en que el presidente Lula, electo democr\u00e1ticamente, asisti\u00f3 al desfile militar de Putin, en Mosc\u00fa, un gesto simb\u00f3lico que, en nombre de una diplomacia pretendidamente \u201cequilibrada\u201d, acaba por normalizar un r\u00e9gimen que ataca frontalmente la soberan\u00eda y la vida democr\u00e1tica de otros pueblos (2).<br \/>\nAl mismo tiempo, muchos movimientos sociales enfrentan un impasse interno: en lugar de la continua producci\u00f3n de nuevos puntos de vista -un perspectivismo radical de las luchas, capaz de abrir composiciones y reorganizar estrategias -, observase frecuentemente la cristalizaci\u00f3n del gesto pol\u00edtico de la cooperaci\u00f3n transversal en l\u00f3gicas identitarias de autodefensa, que reproducen fronteras y bloquean la creaci\u00f3n de din\u00e1micas comunes. La diferencia, que podr\u00eda ser fuerza de invenci\u00f3n, es transmutada en la repetici\u00f3n de la identidad; y la cooperaci\u00f3n, antes experimentada como motor pol\u00edtico, cede lugar al aislamiento estrat\u00e9gico y al agotamiento de las luchas en el atrincheramiento simb\u00f3lico, lo que, paradojalmente, refuerza las din\u00e1micas xen\u00f3fobas y racistas de la extrema derecha.<br \/>\nEsas infraestructuras hibridizan lo artificial y lo org\u00e1nico -un proceso que, en s\u00ed, carga potenciales expresivos y cooperativos -, pero que hoy viene siendo capturado por una nueva arquitectura de poder orientada al cierre de las derivas democr\u00e1ticas. Esta reorganizaci\u00f3n opera mediante la saturaci\u00f3n de los espacios de decisi\u00f3n y por la modulaci\u00f3n de los afectos, del lenguaje y de la percepci\u00f3n, estrechando los horizontes de lo posible en la tentativa de someter la inteligencia algor\u00edtmica a una arquitectura de control (3). Lo que esta en curso es la explotaci\u00f3n de un nuevo nomos global -a\u00fan inestable y no completamente mapeado-, en el cual las alianzas entre reg\u00edmenes autoritarios y conglomerados tecnol\u00f3gicos moldean, en tiempo real, los limites de la pol\u00edtica, del lenguaje y de la vida.<br \/>\nEs importante dejar claro: el problema no es la algor\u00edtmica en si -ella es, cada vez m\u00e1s, el nuevo campo de lucha. Es en ese plano que se reorganiza hoy la disputa por la democracia, por el lenguaje y por la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica. Se trata, entonces, de una configuraci\u00f3n emergente entre autoritarismo y tecnolog\u00edas de control- algo que, por aproximaci\u00f3n, podemos denominar como tecno fascismo. La palabra es provisoria y ya aparece en muchos contextos diferentes, pero nos parece mas que adecuada para abrir la caja-negra del presente que seguir insistiendo en un concepto -\u201dneoliberalismo\u201d &#8211; que ya no lo describe (4).<br \/>\nEl efecto del uso inercial de ese concepto es el de una critica que gira en falso: ella contin\u00faa describiendo al enemigo con los mismos t\u00e9rminos, aun cuando ya admite que las formas de dominaci\u00f3n, los dispositivos de gubernamentalidad y, por consecuencia, los focos de resistencia se han transformado radicalmente. Persistir en una critica a lo \u201cneoliberal\u201d cuando ya se opera en un r\u00e9gimen tecno-pol\u00edtico que, al mismo tiempo, se declara post-global -y lo hace no a trav\u00e9s de la complacencia de las democracias liberales (que todav\u00eda est\u00e1n tratando de contener la marea), sino a trav\u00e9s de la militarizaci\u00f3n y la multiplicaci\u00f3n de zonas de guerra \u2014, es como intentar descifrar el presente con un mapa antiguo, donde las nuevas fronteras aun no fueron trazadas.<br \/>\nEl problema, entonces, no est\u00e1 en haber usado el termino, sino que en seguir us\u00e1ndolo como si el presente aun estuviese contenido en \u00e9l. El apego a lo familiar produce un efecto de seguridad, pero tambi\u00e9n de ceguera: al mantener la critica donde ella ya no opera con eficacia, no se ve lo que esta emergiendo. Como toda lente desgastada, el concepto comienza a distorsionar en lugar de aclarar. Y, peor: se corre el riesgo de no reconocer como pol\u00edtica y resistencia a aquello que ya esta aconteciendo, simplemente porque acontece fuera del vocabulario autorizado de la cr\u00edtica. Es el caso de la resistencia ucraniana que no usa el rojo porque all\u00ed, el rojo, es el color favorito de sus verdugos.<br \/>\nLa guerra de Ucrania representa, hoy, un divisor tanto conceptual como pol\u00edtico. Contra toda tentaci\u00f3n de verla apenas como un \u201cconflicto geopol\u00edtico entre imperialismos\u201d, lo que sucede all\u00ed es mucho mas profundo y urgente: una resistencia real, material y organizada, de una poblaci\u00f3n que se moviliza para recomponer instituciones democr\u00e1ticas en medio de la destrucci\u00f3n. La resistencia ucraniana, en este caso, recoloca la pol\u00edtica en el terreno de la inmanencia \uf02dno como ideolog\u00eda, sino que como practica cotidiana de defensa de un deseo democr\u00e1tico claro: el de vivir en libertad, reconstruir instituciones y escoger sus propios aliados, inclusive el ingreso en la Uni\u00f3n Europea y en la OTAN. Zelensky fue electo justamente con ese mandato, que, nos guste o no, expresa un proyecto pol\u00edtico legitimo ante un r\u00e9gimen autoritario que niega a Ucrania hasta el mismo derecho de existir en tanto pa\u00eds soberano.<br \/>\nAl acusar a Zelensky de ser un \u201cpayaso neoliberal\u201d, es la propia izquierda la que acaba vistiendo la nariz roja del payaso. No se trata all\u00ed de un proyecto revolucionario trascendente, sino que, de la defensa, con las herramientas disponibles, de la continuidad de un proceso democr\u00e1tico ya instituido, as\u00ed como precario, incompleto y marcado por contradicciones. Reconstruir las ciudades, mantener escuelas y hospitales funcionando, sustentar el vinculo colectivo bajo el trauma: ese es el gesto radical de la pol\u00edtica en Kiev, Mykolaiv o Kharkiv.<br \/>\nIncluso en contextos diferentes, como la Franja de Gaza, reconocemos fuerzas que resisten a la destrucci\u00f3n absoluta, incluso sin un marco democr\u00e1tico ya establecido y atravesadas por mediaciones tr\u00e1gicas, como el ataque de Hamas a civiles israel\u00edes: expresi\u00f3n de un fundamentalismo religioso que, en s\u00ed mismo, deber\u00eda preocupar seriamente a la izquierda. La extrema violencia de los bombardeos ordenados por Netanyahu contra los palestinos -las masacres sobre la poblaci\u00f3n civil, los cercos prolongados, los cortes de agua, luz y comida &#8211; y la cat\u00e1strofe humanitaria en curso producen, bajo los escombros, redes de solidaridad, formas elementales de organizaci\u00f3n colectiva, tentativas concretas de sustentar la vida.<br \/>\nEstas formas de resistencia -diversas en sus condiciones, estrategias y horizontes &#8211; tienen en com\u00fan la tentativa de sustentar la vida y recomponer v\u00ednculos pol\u00edticos bajo las ruinas. Pero es justamente en Ucrania donde esa resistencia asume, de manera mas explicita, la tarea de reconstruir instituciones democr\u00e1ticas ya existentes, aunque fr\u00e1giles y atravesadas por contradicciones. Es en ese terreno que se torna indispensable reconocer el gesto pol\u00edtico que all\u00ed se afirma.<br \/>\nReconocer ese proceso no es romantizar ning\u00fan nacionalismo, tampoco apagar las contradicciones internas de la democracia en Ucrania. Se trata de comprender que, ante la destrucci\u00f3n militar y simb\u00f3lica conducida por Putin, la sociedad ucraniana produjo redes, formas de gobierno descentralizadas, alianzas democr\u00e1ticas y practicas tecno-pol\u00edticas de resistencia (5). De modo paradojal, la guerra se transform\u00f3 en un laboratorio de reinvenci\u00f3n pol\u00edtica \u2014en que la defensa de la democracia no es una bandera abstracta, sino que un acto de sobrevivencia y de creaci\u00f3n institucional. Incluso en medio de los escombros y los asedios, hay un gesto a la vez constituyente e instituyente \u2014real, inmanente, pol\u00edtico\u2014 que se opone tanto al imperialismo ruso como a la normalizaci\u00f3n de la excepci\u00f3n como r\u00e9gimen global.<br \/>\nEs por la lucha en Ucrania que pasa el futuro de Europa, no porque ella represente un ideal de pureza ideol\u00f3gica o un nuevo mesianismo, sino porque all\u00ed se torna visible la posibilidad concreta de recomponer un espacio pol\u00edtico com\u00fan en medio del colapso. La defensa de Ucrania es, en este sentido, tambi\u00e9n la defensa de Europa, en tanto proyecto federativo inconcluso y como campo en disputa donde la democracia aun puede ser ampliada, reinventada y pluralizada. Frente al ascenso de la extrema derecha, la crisis migratoria manipulada por intereses xen\u00f3fobos y la erosi\u00f3n de la solidaridad transnacional, la experiencia ucraniana recoloca la cuesti\u00f3n europea como tarea pol\u00edtica -no como bloque geo-econ\u00f3mico cerrado, sino que como horizonte federativo abierto a la recomposici\u00f3n democr\u00e1tica entre pueblos, lenguas, culturas y luchas.<br \/>\nSu lucha opera en el plano de la urgencia: reconstruir ciudades, defender lenguas, mantener redes el\u00e9ctricas, proteger a los ni\u00f1os, conectar redes civiles, reorganizar la vida com\u00fan bajo bombardeo. Esta dimensi\u00f3n material de la resistencia es justamente lo que la cr\u00edtica abstracta no consigue nominar porque no cabe en el vocabulario consagrado de la izquierda \u201cantiimperialista\u201d y de su foco monotem\u00e1tico sobre el neoliberalismo.<br \/>\nLa negativa de amplios sectores de la cr\u00edtica global, en reconocer esta lucha como pol\u00edtica revela m\u00e1s sobre sus prisiones conceptuales que sobre la realidad concreta en la que la defensa de la democracia solo se vuelve posible enfrentando la brutalidad de la guerra desde dentro. Y quienes se niegan a armar a Ucrania en nombre del pacifismo abstracto tambi\u00e9n se convierten en corresponsables de la erosi\u00f3n del espacio democr\u00e1tico.<br \/>\nLa preocupaci\u00f3n de \u201cno legitimar el Occidente neoliberal\u201d se transforma, en este caso, en par\u00e1lisis anal\u00edtica y, en ultima instancia, en complicidad pasiva con la destrucci\u00f3n de los espacios que aun sostienen derechos e instituciones. Se trata no solo de un error pol\u00edtico, sino que de una traici\u00f3n a la propia pretensi\u00f3n de pensar lo real a partir de la din\u00e1mica de las luchas y de la producci\u00f3n de derechos.<br \/>\nLa pregunta, por lo tanto, no es \u00ab\u00bfcu\u00e1l es el lado correcto de la geopol\u00edtica?\u00bb, sino: \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n hoy las fuerzas que intentan reconstruir, tras el colapso, las condiciones constituyentes e institucionales de la democracia?<br \/>\nLo mismo aplica a la cr\u00edtica de las plataformas digitales, la inteligencia artificial y la aceleraci\u00f3n algor\u00edtmica. La tentaci\u00f3n de fusionarlos bajo la etiqueta de \u00abneoliberalismo digital\u00bb \u2014o \u00abcapitalismo de vigilancia\u00bb\u2014 bloquea la pregunta m\u00e1s dif\u00edcil y urgente: \u00bfqu\u00e9 tipo de intervenci\u00f3n pol\u00edtica es posible en este nuevo r\u00e9gimen de abstracci\u00f3n, control y mando? \u00bfC\u00f3mo podemos disputar el poder que se ejerce no solo sobre los cuerpos, sino tambi\u00e9n sobre las mentes, los datos, las conexiones, los afectos y los modelos de predicci\u00f3n?<br \/>\nLa respuesta, si ha de ser estrat\u00e9gica, no puede basarse en la nostalgia de un Afuera. Lo que la perspectiva \u00abafuera del neoliberalismo\u00bb nos trajo, como un caballo de Troya, fueron los reg\u00edmenes de Trump y Putin. Exige, pues, la afirmaci\u00f3n de un punto de vista inmanente en las luchas que ya est\u00e1n en curso: en los movimientos migratorios que escapan a la vigilancia \u2014y a los que les importa poco o nada si est\u00e1n \u201creproduciendo una l\u00f3gica neoliberal\u201d cuando, en sus luchas, m\u00e1s all\u00e1 de las ideolog\u00edas, van a Am\u00e9rica a pelear por un pedazo del futuro, por la constituci\u00f3n e instituci\u00f3n de sus derechos\u2014; en las redes de solidaridad en medio de la multiplicaci\u00f3n de las guerras; en los experimentos a\u00fan no nacidos de luchas algor\u00edtmicas; en los choques contra el cierre territorial y epist\u00e9mico.<br \/>\nLa pol\u00edtica actual no se resume en la resistencia a la dominaci\u00f3n- pasa por la invenci\u00f3n de formas de vida que desaf\u00eden el colapso. Y esto no ocurre desde fuera, sino desde dentro de la crisis, desde dentro de la guerra, incluso para que esta no se extienda ni alcance los \u00abm\u00e1rgenes\u00bb donde la paz, m\u00e1s que una opini\u00f3n, sigue siendo, con todos sus problemas, un derecho establecido.<br \/>\nDe esta manera, la pol\u00edtica no solo se hace nombrando a los enemigos del pasado, sino reconociendo los conflictos del presente.<br \/>\nFinalmente, lo que escapa al \u00abneoliberalismo\u00bb es la dimensi\u00f3n completa de la reconfiguraci\u00f3n planetaria de las infraestructuras algor\u00edtmicas, ahora concentradas en formas del monopolio y oligopolio, operadas por las Big Tech: formas privadas post-soberanas que, no solo extraen datos, sino que modulan el deseo, el lenguaje, los comportamientos y las decisiones. Esta reorganizaci\u00f3n est\u00e1 vinculada al regreso de los nacionalismos como barreras activas al mercado global, produciendo una estriaci\u00f3n del espacio mundial que interrumpe los circuitos de circulaci\u00f3n e interdependencia que han marcado abiertamente las \u00faltimas d\u00e9cadas. Al mismo tiempo, se intensifica el intento de derrumbar el r\u00e9gimen de derechos universales, sustituy\u00e9ndolo por formas selectivas de excepci\u00f3n y un apartheid jur\u00eddico-tecnol\u00f3gico. La multiplicaci\u00f3n de zonas de guerra de alta intensidad \u2014desde Europa del Este hasta Oriente Medio\u2014 se entrelaza con guerras comerciales, expresadas en aumentos arancelarios, sanciones unilaterales y embargos cruzados. En este escenario, el d\u00f3lar \u2014la moneda global por excelencia, sustentada por una hegemon\u00eda construida no solo sobre la fortaleza econ\u00f3mica, sino tambi\u00e9n sobre la estabilidad institucional y la confianza depositada en las democracias liberales\u2014 comienza a perder su centralidad. Su papel no se limitaba a la convertibilidad o la reserva de valor: funcionaba como ancla monetaria para un cierto horizonte de previsibilidad global, basado en acuerdos legales, marcos multilaterales y, aunque de forma desigual, en la referencia a una base institucional democr\u00e1tica m\u00ednima.<br \/>\nEl debilitamiento del d\u00f3lar, en este sentido \u2014sin que ninguna otra moneda pueda sustituirlo, ya que una moneda no se crea por decreto\u2014 no solo es un s\u00edntoma del declive de un dispositivo t\u00e9cnico-financiero asociado al desmoronamiento de la hegemon\u00eda estadounidense. Es, sobre todo, un indicio de la erosi\u00f3n de las condiciones pol\u00edticas que sustentaban un tipo de articulaci\u00f3n planetaria abierta a las disputas democr\u00e1ticas, a la circulaci\u00f3n y negociaci\u00f3n de diferencias, y que permiti\u00f3 el surgimiento de formas pol\u00edticas transnacionales, redes insurgentes y experimentos democr\u00e1ticos globales.<br \/>\nLo que amenaza con surgir en su lugar es un sistema fragmentado, guiado por esferas de influencia, sostenido por fuerzas mucho m\u00e1s letales que el d\u00f3lar \u2014o cualquier moneda\u2014, como el p\u00e1nico nuclear, eficaz precisamente en la medida en que erosiona la confianza en la democracia.<br \/>\nA esto se suma el surgimiento de formas de resistencia que, parad\u00f3jicamente, tambi\u00e9n son acusadas de neoliberales, precisamente porque despojan a la sociedad de las apariencias ideol\u00f3gicas consagradas por las tradiciones. Estas son luchas que no se reconocen en f\u00f3rmulas heredadas, sino que operan en un plano concreto: supervivencia, recomposici\u00f3n institucional, cuerpos asediados, y, por esta misma raz\u00f3n, escapan a la cr\u00edtica que insiste en guiarse por una cartograf\u00eda conceptual obsoleta.<br \/>\nSi hay un nombre que deba reinscribirse en el centro del debate, quiz\u00e1s sea otro: democracia. No como una f\u00f3rmula vac\u00eda o un fetiche institucional, sino como un campo inestable de experimentaci\u00f3n, defensa y reconstrucci\u00f3n. La democracia como tarea. Como proceso. Como riesgo, pero tambi\u00e9n como una garant\u00eda m\u00ednima de que es posible competir sin miedo a la muerte ni al asesinato pol\u00edtico.<br \/>\nLos procesos democr\u00e1ticos pueden perderse, capturarse, derrotarse, pero hay que luchar por ellos y vivirlos como lo que son: campos de lucha y experimentaci\u00f3n de la libertad, expresiones de poder constituyente e instituyente. Y por esta misma raz\u00f3n, necesitan ser defendidos en los lugares concretos donde se ven amenazados y reinventados: dentro de la guerra, y no fuera de ella; En Ucrania, en las batallas de las redes, con los migrantes, con quienes sufren bombardeos, en las brechas de las infraestructuras algor\u00edtmicas.<br \/>\nM\u00e1s que acertar con el nombre, se trata de reabrir la escucha hacia d\u00f3nde se mueve algo, y nombrar, aqu\u00ed, no es describir: es elegir un campo de intervenci\u00f3n inmediata. Y quiz\u00e1s, en este momento, el nombre m\u00e1s inc\u00f3modo, m\u00e1s exigente, m\u00e1s olvidado, es precisamente el que m\u00e1s importa.<br \/>\nRepit\u00e1moslo, entonces: DEMOCRACIA<\/p>\n<p><strong>Felipe Fortes:<\/strong> es Doctor en Filosof\u00eda; investigador del pos-doctorado en el Programa P\u00f3s-Gradua\u00e7\u00e3o de Comunica\u00e7\u00e3o e Cultura da UFRJ, con beca de la FAPERJ. Es miembro de los grupos de investigaci\u00f3n Laborat\u00f3rio Territ\u00f3rio e Comunica\u00e7\u00e3o (LABTeC) y de la Rede Universidade N\u00f4made. Con Giuseppe Cocco, dicta la catedra \u201cAcelera\u00e7\u00e3o Algor\u00edtmica, Democracia e Trabalho\u201d en el Col\u00e9gio Brasileiro de Altos Estudos da UFRJ (CBAE).<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: Santiago Arcos-Halyburton<\/p>\n<p>NOTAS:<\/p>\n<p>1.- Ideol\u00f3gicamente, muchas de las nuevas din\u00e1micas pueden incluso presentarse bajo formas neoliberales: discursos de mercado, lenguaje empresarial, ret\u00f3rica de la eficiencia o la libertad individual. Pero lo que importa no es la forma ideol\u00f3gica en que se anuncian, sino sus implicaciones materiales. La forma de gobierno de Trump es un ejemplo paradigm\u00e1tico: aunque a menudo se le asocia con el \u00abneoliberalismo\u00bb, rompi\u00f3 con los pilares centrales de las pr\u00e1cticas neoliberales, adoptando pol\u00edticas proteccionistas agresivas \u2014como aranceles unilaterales contra China, Europa y M\u00e9xico\u2014, desmantelando acuerdos multilaterales y reestructurando el papel del Estado como agente econ\u00f3mico nacionalista. Esto no es, por lo tanto, una continuaci\u00f3n del neoliberalismo ni un simple cambio, sino una ruptura efectiva con su l\u00f3gica \u2014econ\u00f3mica, jur\u00eddica y geopol\u00edtica\u2014.<\/p>\n<p>2..- Lula representa, ejemplarmente, el impasse conceptual y pol\u00edtico que este texto pretende criticar. Al mismo tiempo que denuncia, con raz\u00f3n, la violencia perpetrada por Israel en Gaza, flirtea sistem\u00e1ticamente con el putinismo, ya sea minimizando la responsabilidad de Rusia en la guerra en Ucrania o reiterando cr\u00edticas asim\u00e9tricas a Zelenski y la resistencia ucraniana. Esta postura, disfrazada de diplomacia \u00abequilibrada\u00bb, revela no neutralidad, sino una divisi\u00f3n c\u00ednica y selectiva que se niega a reconocer como pol\u00edtica leg\u00edtima la lucha de un pueblo por la autodeterminaci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>3.- Hemos llamado a esta forma de poder noopoder. En: COCCO, Giuseppe; FORTES, Felipe. Aceleraci\u00f3n algor\u00edtmica, crisis de soberan\u00eda y noopol\u00edtica: la batalla por el control de las redes. Common Place \u2013 Estudios de medios, cultura y democracia, R\u00edo de Janeiro, n.\u00ba 72 (Guerras), secci\u00f3n \u201cRede Moitar\u00e1\u201d, pp. 43\u201370, 30 de abril de 2025. Disponible en:<br \/>\nhttps:\/\/revistas.ufrj.br\/index.php\/lc\/article\/view\/68200\/43224<\/p>\n<p>4.- Como nos recuerda Marx, es el ser humano quien explica al mono, y no al rev\u00e9s. Del mismo modo, no son los residuos del neoliberalismo los que explican las transformaciones actuales del capitalismo, sino estas mismas transformaciones las que reconfiguran el significado de los elementos heredados. El emprendimiento difuso, por ejemplo, persiste, pero ya no es un vector de reorganizaci\u00f3n estructural: es un punto de partida, no un punto final. Las din\u00e1micas que importan aqu\u00ed son aquellas que desestabilizan la forma consolidada del sistema, no aquellas que, aunque incorporadas, persisten como residuos dentro de un nuevo orden social, un nuevo modo de acumulaci\u00f3n, un nuevo nomos. Lo mismo ocurre en el campo de la inteligencia: es la hibridaci\u00f3n entre la inteligencia humana y la artificial la que desaf\u00eda y redefine lo que entendemos por inteligencia, y no al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>5.- Un ejemplo concreto de estas pr\u00e1cticas tecnopol\u00edticas de resistencia es el desarrollo, en plena guerra, de tecnolog\u00edas de desminado territorial, llevadas a cabo mediante colaboraciones p\u00fablico-privadas entre el gobierno ucraniano y startups locales. Estas innovaciones se gu\u00edan no solo por objetivos militares, sino tambi\u00e9n por la reconstrucci\u00f3n civil y la protecci\u00f3n de la poblaci\u00f3n. V\u00e9ase: Innovation Under Fire: Inside Ukraine\u2019s Race to Reinvent Demining, disponible en:<br \/>\nhttps:\/\/tech.eu\/2025\/06\/04\/innovation-under-fire-inside-ukraines-race-to-reinvent-demining\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Felipe Fortes La insistencia en tratar al \u201cneoliberalismo\u201d como la llave maestra para comprender una serie de transformaciones y rupturas hist\u00f3ricas, que se intensifican con la emergencia y los efectos ya visibles del gobierno de Trump 2.0, se ha repetido, justamente, cuando esa llave se revela cada vez m\u00e1s ineficaz para abrir cualquier puerta. 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