{"id":4493,"date":"2025-07-18T19:03:30","date_gmt":"2025-07-18T19:03:30","guid":{"rendered":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4493"},"modified":"2025-07-18T19:03:30","modified_gmt":"2025-07-18T19:03:30","slug":"produciendo-relaciones-comunitarias-frente-al-estado-y-al-mercado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=4493","title":{"rendered":"Produciendo Relaciones Comunitarias frente al Estado y al Mercado"},"content":{"rendered":"<p>por Alejandro Marambio-Tapia<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de este art\u00edculo es destacar el desarrollo de iniciativas econ\u00f3micas alternativas y la capacidad que tuvieron (y tienen) para producir y reforzar la emergencia de la comunitario en Chile, lo que result\u00f3 crucial para enfrentar la crisis sociosanitaria y socioecon\u00f3mica de principios de esta d\u00e9cada. A trav\u00e9s del an\u00e1lisis de los casos, observaremos como estas iniciativas econ\u00f3micas de intercambio no convencionales colaboraron a producir y explicar relaciones comunitarias m\u00e1s all\u00e1 de cercan\u00edas geogr\u00e1ficas y emocionales. Consideramos que esto fue (es) factible por la fuerza relacional de la vida econ\u00f3mica de escala comunitaria, y por la forma en que estas iniciativas econ\u00f3micas albergaron pr\u00e1cticas de consumo cr\u00edtico. Nuestra propuesta de consumo cr\u00edtico se define como una adquisici\u00f3n y apropiaci\u00f3n de bienes y servicios orientada a la colectivizaci\u00f3n, que conlleva una reflexividad m\u00ednima sobre el consumo en s\u00ed mismo, lo que permite sostener tanto racionalidades alternativas al mercado desregulado como politizaciones que no toman como principal referente al Estado.<\/p>\n<p>El contexto de la crisis sociosanitaria permiti\u00f3 observar la debilidad del mercado -en su versi\u00f3n hegem\u00f3nica desregulada neoliberal- para proveer un marco coherente, constante y fluido para el intercambio, la provisi\u00f3n y el consumo a nivel micro. Luego, la emergencia de pr\u00e1cticas econ\u00f3micas fuera del mercado, parcial o completamente, constituye una experiencia en comunidad que logr\u00f3 ofrecer cohesi\u00f3n social en una sociedad. Este marco alternativo de provisi\u00f3n se dio en una sociedad caracterizada por una financiarizaci\u00f3n de la vida cotidiana (salud, educaci\u00f3n, vivienda, consumo, etc.), por un endeudamiento de hogares normalizado, y un Estado usualmente ausente. Esto se sum\u00f3 a la desconfianza y distanciamiento que impusieron los confinamientos en Chile, uno de los m\u00e1s extendidos de Latinoam\u00e9rica, que implic\u00f3 restricciones totales y parciales entre marzo de 2020 y julio de 2021 en los centros urbanos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Este marco alternativo de provisi\u00f3n refiere a formas de consumo e intercambio que circulan en el ecosistema de la econom\u00eda social-solidaria, esto es, el conjunto de ideas y pr\u00e1cticas individuales, colectivas y empresariales que abordan la econom\u00eda desde una perspectiva m\u00e1s solidaria, colaborativa y \u00e9tica que la econom\u00eda marginalista o \u201cconvencional\u201d (da Ros, 2007; Gibson-Graham, 2017) y que en ese sentido son alternativas a las que imperan en el actual sistema econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Para elaborar nuestro an\u00e1lisis, prestamos atenci\u00f3n a cuatro experiencias ejemplares y representativas de las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas a estudiar, todas ubicadas en ciudades intermedias de Chile: la plataforma de Trueque de Talca; el Banco de Tiempo de Talca; el colectivo Plantarte New\u00e9n de Chill\u00e1n, y la Cooperativa de Ollas Comunes-Radio Popular de Rancagua. Entendemos que la agencia act\u00faa como un catalizador de acciones entendidas solamente como individuales y econ\u00f3micas, de acuerdo a las comprensiones un\u00edvocas y convencionales del consumo (Warde, 2015), y que llegan a colectivizarse en lo comunitario. \u00bfY c\u00f3mo entendemos lo comunitario? En t\u00e9rminos generales y operacionales: iniciativas localizadas, realizadas de manera asociativa, orientadas al bienestar, sin fines de lucro, sin dependencia exclusiva del Estado (Cubillos et al, 2022). Estas pr\u00e1cticas de consumo e intercambio funcionan como parte de un enjambre de pr\u00e1cticas -acciones distintas que se superponen al compartir materialidades, significados y habitualidades (Schatzki, 2012)- que van formando una constelaci\u00f3n de entramados comunitarios (Guti\u00e9rrez, 2020). Esta forma de ver lo comunitario se desliga de referencias excesivamente territoriales, como un barrio, y se ampl\u00eda hacia un funcionamiento m\u00e1s en red, que, no obstante, nunca deja de tener un asiento local en lo territorial, algo propio de ciudades intermedias. Finalmente, y m\u00e1s all\u00e1 de una visi\u00f3n tradicional o idealizante, argumentamos que lo comunitario vino a permitir la reproducci\u00f3n material y simb\u00f3lica de la vida, en alternativa a las deficiencias del Estado y el mercado, durante la pandemia.<\/p>\n<p>Plataformas de trueque, bancos del tiempo, cooperativas de autoconsumo y colectivos de ollas comunes tienden a minimizar el uso del dinero como valor de cambio y realzan la relevancia de la necesidad y el valor de uso, creando mercados alternativos (Easton &amp; Araujo, 1994) en algunos casos con tintes contrahegem\u00f3nicos y de resistencia cotidiana (Johansson &amp; Vinthagen, 2016). En t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, buscan operar desde una racionalidad de la reciprocidad, la cooperaci\u00f3n y la simetr\u00eda, aun cuando ello no est\u00e1 exento de tensiones. Incrustados en dichas relaciones comunitarias, no necesariamente personales, estos intercambios involucran lo material, pero tambi\u00e9n protecci\u00f3n y contenci\u00f3n. Esto considera el factor emergente de la crisis sociosanitaria, pero tambi\u00e9n nuevos v\u00ednculos que van desarroll\u00e1ndose a partir del despliegue comunitario en las ciudades, a pesar de las condiciones de confinamiento. A diferencia de lo que se ha sostenido respecto al mercado desregulado, se puede observar que ciertas versiones del mercado no corroen necesariamente lo comunitario (Block y Sommers, 2014).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VUELTA A LO COMUNITARIO: M\u00c1S ALL\u00c1 DE LAS PROXIMIDADES URBANAS <\/strong><\/p>\n<p>Durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, se ha producido una recuperaci\u00f3n de la relevancia de lo comunitario como modo de observar a la sociedad <u>(Lash, 1997)<\/u>. Se trata de una comunidad ya no con un car\u00e1cter tradicional ni monol\u00edtico, sino que plagada de fragmentaciones, pol\u00edticas identitarias, expresiones relacionadas al consumo, y movilizaciones con distintas intensidades de organizaci\u00f3n <u>(Edwards, 2009)<\/u>, que pueden situarse, o no, dentro del mercado, y que pueden dialogar, o no, con los Estados y la pol\u00edtica convencional.<\/p>\n<p>A partir de lo anterior, lo comunitario ser\u00edan entramados que organizan relaciones sociales de cooperaci\u00f3n para la reproducci\u00f3n material y simb\u00f3lica de la vida <u>(Guti\u00e9rrez, 2020; Cubillos-Almendra et al, 2022)<\/u>. Es una comunidad que se puede constituir desde v\u00ednculos de parentesco extendidos hasta organizaciones m\u00e1s o menos consolidadas o redes, como en los casos que analizamos en este texto. Se trata entonces de v\u00ednculos no determinados por la proximidad f\u00edsica ni por referencia un\u00edvoca al barrio, sino que m\u00e1s bien por ciertas adscripciones voluntarias <u>(De Marinis, 2005) <\/u>a redes que ocurren en las ciudades. Estos entramados permiten un entrar y salir de la mercantilizaci\u00f3n hacia la desmercantilizaci\u00f3n, y se orientan al bienestar para sus miembros, quienes pueden participar en estos m\u00faltiples entramados con el tel\u00f3n de fondo de lo territorial-local. En este operar, se van generando racionalidades y posibilidades de contra-agencia <u>(Deville, 2016) <\/u>que no siempre se procesan de manera consciente <u>(Johansson &amp; Vinthagen, 2016)<\/u>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>MERCADOS AUTORREGULADOS Y RELACIONES COMUNITARIAS <\/strong><\/p>\n<p>Uno de los puntos problem\u00e1ticos de la decadencia de lo p\u00fablico-estatal es el giro pol\u00edtico-cultural construido a partir de la ideolog\u00eda de los mercados autorregulados, que no es otra cosa que la entronizaci\u00f3n de la l\u00f3gica de la ley de la oferta-demanda y su penetraci\u00f3n en el resto de las esferas sociales <u>(Polanyi, 1989)<\/u>. Sin embargo, el doble-movimiento polanyiano en su forma original -esto es, la sociedad organizada a trav\u00e9s de un poder estatal, dominando al mercado salvaje- ya no rinde frutos, como se constat\u00f3 en la pandemia. El Estado y sus pol\u00edticas, en particular en el caso chileno, donde se ha consolidado el retiro del Estado tras cuarenta a\u00f1os de tecnocracia neoliberal, pierde su rol de \u00e1rbitro de la relaci\u00f3n capital-trabajo, consolidando la individualizaci\u00f3n, desmovilizaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n de las relaciones sociales y econ\u00f3micas. Sin embargo, la constataci\u00f3n hist\u00f3rica de la imposibilidad de un mercado desincrustado de la sociedad sigue vigente. La no \u201cnaturalidad\u201d del mercado autorregulado abre las posibilidades de mirar la econom\u00eda desde una perspectiva cultural. De hecho, la econom\u00eda est\u00e1 instituida en instituciones sociales diversas <u>(Polanyi, 1989)<\/u>, pero tambi\u00e9n est\u00e1 <em>en <\/em>las relaciones, a nivel micro <u>(Zelizer, 2008; Bandelj, 2015)<\/u>. Esto quiere decir que nuestras pr\u00e1cticas econ\u00f3micas tienen justificaciones, motivaciones y racionalidades de \u00edndole moral, social, afectiva, y tienen relaci\u00f3n con (des)confianzas, redes, (malos)entendidos, (pre)juicios. Luego, la econom\u00eda est\u00e1 <em>en <\/em>la sociedad y est\u00e1 constituida por relaciones sociales y comunitarias. En este sentido relacional, recogemos la discusi\u00f3n respecto al poder \u201ccorrosivo\u201d del mercado hacia las relaciones sociales al despojarlas de sentido m\u00e1s significativo y reemplazarlas por la mera instrumentalidad del intercambio de mercado <u>(Block &amp; Sommers, 2014)<\/u>. Por el contrario, apuntamos a testear el poder productor de relaciones <u>(Zelizer, 2008) <\/u>y entramados de la econom\u00eda en su conjunto cuando precisamente es capaz de reconfigurar otro tipo de mercados, a trav\u00e9s de las experiencias que abordamos en este art\u00edculo.<\/p>\n<p>Finalmente, estas din\u00e1micas relacionales permiten tambi\u00e9n la circulaci\u00f3n de materialidades y discursos que sostienen modos alternativos para la econom\u00eda produciendo iniciativas de econom\u00eda social-solidaria y mercados con racionalidades alternativas, donde las formas de intercambio y consumo tendr\u00e1n tambi\u00e9n otro sentido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EXPERIENCIAS ECON\u00d3MICAS CONTRAHEGEM\u00d3NICAS EN TRES CIUDADES INTERMEDIAS <\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Cooperativa de Ollas Comunes-Radio Popular<\/li>\n<\/ol>\n<p>La Cooperativa de Ollas Comunes (COC) de la Radio Popular funcion\u00f3 desde mayo hasta septiembre de 2020. Esta red de apoyo, provisi\u00f3n y distribuci\u00f3n logr\u00f3 abastecer a 20 Ollas Comunes de Rancagua durante el gran confinamiento de 2020, que se prolong\u00f3 entre 3 a 6 meses. En torno a ella se articulan otras actividades, como rifas y campa\u00f1as de donaci\u00f3n. Respecto a la Radio Popular de Rancagua, que act\u00faa como iniciativa nodriza de esta red, se tiene registro de sus inicios de actividades a comienzos de 2020, visibilizando distintas actividades de protesta social y actividades pol\u00edticas de la comuna, vinculadas a la revuelta social que tuvo lugar en octubre de 2019 en todo el pa\u00eds y que tuvo como resultado dos procesos de cambio constitucional, finalmente fallidos, en los a\u00f1os siguientes. Puede ser identificada como una pr\u00e1ctica de econom\u00eda solidaria, en el sentido m\u00e1s literal del concepto, puesto se origina como un espacio de acopio de alimentos y apoyo log\u00edstico a las ollas comunes surgidas solidariamente para proveer a la comunidad. Se evidencia una labor de comunicaci\u00f3n, movilizaci\u00f3n y articulaci\u00f3n comunitaria que busca promover instancias similares en el futuro.<\/p>\n<ol>\n<li>Trueque en Talca<\/li>\n<\/ol>\n<p>Trueque en Talca (TT) es un grupo de Facebook que nace en marzo de 2020. Su objetivo es el intercambio de objetos, bienes y servicios, sin usar dinero. Durante los primeros meses alcanzan los 4 mil miembros. La creadora del grupo logra visibilidad p\u00fablica al ser entrevistada por la televisi\u00f3n local. En mayo de 2020 alcanzan los 17 mil miembros y para 2021, se estabilizan en torno a los 24 mil miembros, quienes pueden intercambiar diversos tipos de bienes, y principalmente alimentos, ropa, electrodom\u00e9sticos, y cualquier otro tipo de objetos. No se permite el intercambio de armas, drogas, medicamentos, y sustancias il\u00edcitas.<\/p>\n<p>La din\u00e1mica del grupo se basa en que las personas pueden publicar los objetos o servicios que tengan disponibles para intercambiar, sea por el motivo que sea. Al ofrecer algo se indica qu\u00e9 tipo de bienes necesita o quiere intercambiar. Las personas interact\u00faan en las publicaciones del grupo, donde se realizan las ofertas y los intercambios de hacen de manera directa y presencial.<\/p>\n<ol>\n<li>Plantarte New\u00e9n<\/li>\n<\/ol>\n<p>Plantarte New\u00e9n (PN) de Chill\u00e1n es un espacio colectivo donde desde 2015 se promueven las huertas agroecol\u00f3gicas, soberan\u00eda alimentaria, distribuci\u00f3n de semillas libres, talleres de huerta, arte callejero, sabidur\u00eda ancestral, intercambio de bienes, servicios y conocimientos, promoci\u00f3n de pr\u00e1cticas de consumo consciente y econom\u00eda circular, y acopio de alimentos no perecibles, ropa y calzado. Sobre esta base, y considerando las consecuencias econ\u00f3micas de la pandemia, deciden realizar una campa\u00f1a solidaria para ir en ayuda de los comerciantes de la feria de abastos Diagonal Las Termas de Chill\u00e1n, quienes se vieron afectados por las restricciones del confinamiento para poder trabajar. Adem\u00e1s de estas campa\u00f1as de donaciones, tambi\u00e9n realizan trueques en donde ofrecen semillas y plantines de sus huertas comunitarias, a cambio de otras semillas, ropa, alimentos, etc. Participan de manera estable 15 personas, pero su alcance llega a las 40\u201350 personas.<\/p>\n<ol>\n<li>Banco del Tiempo<\/li>\n<\/ol>\n<p>El Banco del Tiempo de Talca (BDT) opera como una plataforma digital ad hoc donde sus miembros intercambian servicios donde no se pone el acento en un valor monetario o en una medida equivalente y estandarizada, sino en el ofrecer y requerir ciertas habilidades, en forma de servicios o productos, a cambio de otras. En este sentido, la estructuraci\u00f3n del BDT se sostendr\u00eda en las necesidades y posibilidades de quienes forman parte de la organizaci\u00f3n, para as\u00ed poder ver <em>\u201cque lo que yo hago te sirve a ti, y lo que t\u00fa haces me puede servir a m\u00ed\u201d <\/em>(Entrevista 1, BDT) y de este modo <em>\u201cse cubren necesidades entre las personas y se cobran con tiempo\u201d <\/em>(Entrevista 2, BDT). La organizaci\u00f3n del Banco de Tiempo de Talca, en principio es abierta, cualquier persona puede participar; en la medida que pueda ofrecer algo y a la vez sepa reconocer sus necesidades personales para as\u00ed poder pedir otra cosa a cambio. Se realizan entrevistas a quienes desean formar parte del BDT, en las que se busca identificar los servicios o bienes que podr\u00edan entregarse para obtener horas y a la vez aquellos que se requerir\u00edan canjeando las horas acumuladas. Es posible observar que hay un flujo de participantes, que ingresan o se van de la organizaci\u00f3n, entre quienes se han encontrado: psic\u00f3logos, reikistas, electricistas, m\u00e9dicos, abogados, personas que practican permacultura, limpiadores, mueblistas, choferes, chefs.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NI ESTADO, NI MERCADO: DESAFIANDO ASISTENCIALISMO E INDIVIDUALISMO DESDE COMUNIDADES PRODUCIDAS POR MERCADOS ALTERNATIVOS <\/strong><\/p>\n<p>Las iniciativas aqu\u00ed analizadas son diversas, perocomparten su vinculaci\u00f3n con racionalidades econ\u00f3micas alternativas -un ethos colectivo-colaborativo- y orientaci\u00f3n al consumo desde una perspectiva colectiva y reflexiva. Esto se basa, en primer t\u00e9rmino, en un rechazo a valores que se identifican como parte de la acci\u00f3n del Estado y del mercado desregulado neoliberal: asistencialismo e individualismo, respectivamente. Primero, rechazan discursivamente al asistencialismo, que asumen como perpetuador de opresiones. No obstante, las iniciativas se mueven en un eje que va desde lo asistencial a lo potencialmente transformador. Transitan desde un auxilio inmediato hacia una visualizaci\u00f3n de injusticias, y luego de formas de intercambiar y consumir como alternativas a esas injusticias. El consumo es reconfigurado en otros escenarios fuera de los imaginarios de la cultura de consumo, como el mall, y se repolitiza desde una perspectiva cr\u00edtica: las decisiones de consumo pueden ayudar romper estructuras de exclusi\u00f3n y desigualdad, y a pensar y a discutir modos de vida reivindicativos. Es sacar al consumo (y a la econom\u00eda dom\u00e9stica en general) de la esfera privada y tratar de articularlo con un elemento productor de lo comunitario y del cambio social.<\/p>\n<p>El rechazo al asistencialismo y al individualismo es coherente con la idea de un Estado y un Mercado que exasperan por la falta de integraci\u00f3n y de respuestas a los problemas sanitarios y econ\u00f3micos. As\u00ed, por ejemplo, fruto de las observaciones, vemos que las experiencias de participaci\u00f3n presencial directa, como la COC y Plantarte New\u00e9n se presentaron como una opci\u00f3n de supervivencia y resiliencia tanto para personas que no ten\u00edan ingresos -y que as\u00ed pod\u00edan acceder a alimentaci\u00f3n e insumos b\u00e1sicos- como para quienes quer\u00edan evitar la exposici\u00f3n a lugares de alta concurrencia como supermercados. Por otra parte, si bien no sostienen relaciones con el Estado y son cr\u00edticos de las pr\u00e1cticas pol\u00edticas por parte de partidos pol\u00edticos tradicionales, comprenden la necesidad de institucionalidad y se muestran anuentes a vincularse con la esfera m\u00e1s p\u00fablica electoral hacia el futuro. En el caso de Plantarte New\u00e9n, es una organizaci\u00f3n regular que implica mayor nivel de colectivizaci\u00f3n y conciencia de lo com\u00fan, que no dialoga con el Estado y no tiene problemas de autonom\u00eda, pero sin duda tiene una articulaci\u00f3n de vocaci\u00f3n p\u00fablica, ya que desea incidir en la acci\u00f3n de otros individuos, para sumarlos. Lo anterior se ve como el corolario colectivo-colaborativo que justifica la existencia misma de dichas organizaciones.<\/p>\n<p>En el caso de la Radio Popular, que sostiene a la COC, se destaca como espacio de encuentro para la articulaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n de marchas y acciones de protesta, y luego acciones econ\u00f3micas politizadas, tanto de un intento de desaf\u00edo a la autoridad pol\u00edtica como a la l\u00f3gica individualista de supervivencia. <em>\u201cTuvimos mucho cuidado al momento de hacer esta cooperativa y de dejar claro que nosotros somos cooperadores, no somos organizadores de ollas comunes, porque los organizadores son los pobladores; ellos la trabajan y la mantienen en funci\u00f3n de las necesidades de cada poblaci\u00f3n\u2026 Nosotros siempre present\u00e1ndonos como una organizaci\u00f3n social-pol\u00edtica, aclarando que para nosotros la olla era un acto pol\u00edtico tomando en cuenta la situaci\u00f3n social y econ\u00f3mica que est\u00e1 viviendo el pa\u00eds en este momento\u201d. (Entrevista 3, Radio Popular). <\/em><\/p>\n<p>La COC es un proyecto auto-categorizado como pol\u00edtico, pero que opera en la esfera de la distribuci\u00f3n y el consumo, con l\u00f3gicas econ\u00f3micas de circulaci\u00f3n de recursos que son insoslayables. Sus organizadores sostienen que no es s\u00f3lo la entrega de alimentos, sino que la misma forma c\u00f3mo los consiguen y circulan es lo que quieren enfatizar. Lo ven como una forma distinta de hacer pol\u00edtica y que contribuye a generar autonom\u00eda y capacidad de contra-agencia.<\/p>\n<p>El TT y el BDT, que ocurre de manera presencial indirecta, puesto que sus intercambios se inician en una plataforma virtual, pero luego se concretan en lo presencial, ocurren fuera del mercado convencional, y constituyen un mercado otro que tambi\u00e9n discute contra el asistencialismo e individualismo. Sin embargo, no necesariamente implican una politizaci\u00f3n o una conciencia de aquello. En el caso del TT, s\u00ed hay una narrativa desde la creadora del grupo que piensa en un modo de hacer algo de <em>\u201ceconom\u00eda colaborativa y solidaria, circular y sustentable\u201d <\/em>(Entrevista 4, TT), que luego se expande por sus redes cercanas, como una bola de nieve, y que permitir\u00eda construir poco a poco esta suerte de \u201cnuevo doble-movimiento\u201d que contribuye a crear entramados comunitarios. No obstamte, s\u00f3lo cuando la participaci\u00f3n en estos mercados alternativos se hace m\u00e1s recurrente se producen una noci\u00f3n de colectividad reflexiva para cada individuo. <em>\u201cSe crea una mentalidad colectiva comunitaria y eso hace mirar los propios h\u00e1bitos individuales, que nunca se dejan de lado, pero ahora uno los observa con m\u00e1s detenci\u00f3n\u201d. (Entrevista 20, COC). <\/em><\/p>\n<p>Los organizadores del TT lo reconocen como algo no asistencial, aunque s\u00ed sirve para conectar a quienes trabajan en organizaciones e instancias de ayuda social con quienes la requieren. La acci\u00f3n estatal la vinculan con el clientelismo y el partidismo. Por ello, se intenciona que no haya proselitismo, aunque a trav\u00e9s del trocamiento de ciertos productos, algunos integrantes pudieran leerlo as\u00ed, ya que hay algunos productos con una carga pol\u00edtica, porque transportan una visi\u00f3n de mundo <u>(Marambio-Tapia, 2023)<\/u>. Aunque no hay un discurso pol\u00edtico en su manera tradicional, si se promueve la pr\u00e1ctica del trueque como una alternativa a las formas econ\u00f3micas dominantes. Esto es recogido por algunos participantes que consideran que la red de apoyo y conexiones derivadas de la iniciativa tienen la capacidad de hacer contra-agencia a lo hegem\u00f3nico, y de producir y cohesionar lo comunitario. <em>\u201cEl trueque hace frente a un modelo de sociedad que prioriza la competencia y la individualidad\u201d (Entrevista 5, TT)<\/em>. Esta combinaci\u00f3n de intercambios materiales con una significaci\u00f3n reflexiva va constituyendo el consumo cr\u00edtico como forma de participar en estos mercados alternativos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CR\u00cdTICA Y REPRODUCCI\u00d3N MATERIAL: LA POLITIZACI\u00d3N DEL CONSUMO <\/strong><\/p>\n<p>Respecto a su historicidad, muchas de estas experiencias no surgen tan solo como respuesta a la crisis sociosanitaria de 2020\u20132021 o a la revuelta social de 2019, sino que son trazables a momentos anteriores. Las surgidas en este momento de crisis sobre crisis est\u00e1n generalmente constituidas por actores con una cierta trayectoria anterior. Las trayectorias de las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas son diferentes entre s\u00ed. En Plantarte New\u00e9nse confirma la hip\u00f3tesis de que este tipo de pr\u00e1cticas econ\u00f3micas mostraba una mayor consciencia desde antes del 2019, ya que como ellos se\u00f1alan en sus p\u00e1ginas, vienen trabajando desde hace ya cuatro a\u00f1os. En cambio, las iniciativas estudiadas en Talca y Rancagua surgen a partir de la crisis sanitaria, que sirve como motivaci\u00f3n para su realizaci\u00f3n. Aun as\u00ed, es posible que quienes impulsen estas pr\u00e1cticas tengan una trayectoria previa que les permita desplegarse con m\u00e1s fuerza en la crisis sanitaria.<\/p>\n<p>En la perspectiva m\u00e1s pol\u00edtica de estas iniciativas econ\u00f3micas se han identificado actores concretos, como el mall, a quienes le asignan una posici\u00f3n estructural en la desigualdad y un halo dominador en lo urbano. Sus acciones, entonces, est\u00e1n orientadas a interrumpir circuitos de desigualdad socioecon\u00f3mica, como la predominancia en el consumo de malls y supermercados, como s\u00edmbolos del modelo chileno y de un consumo irreflexivo. <em>\u201cLos productos que\u2026 est\u00e1n m\u00e1s controlados por un grupo de 5 o 6 empresas que determinan los valores de los productos etc\u00e9tera e incluso generando como competencias injustas en contra de los almaceneros\u2026\u201d, (Entrevista 22, cooperativa) o \u201c<\/em>(es injusto que) <em>hoy en d\u00eda no haya gente que cultive una diversidad de hortalizas o muy pocas, sino que hayan territorios gigantes con monocultivos con pesticidas agro-t\u00f3xicos en d\u00f3nde en el fondo lo m\u00e1s importante recibir la mayor ganancia al menor costo\u2026\u201d (Entrevista 23, cooperativa). <\/em><\/p>\n<p>Esta revalorizaci\u00f3n de lo pol\u00edtico a trav\u00e9s de los modos y lugares de consumo es posible rastrearla a la revuelta de 2019. Tanto en TT como en los colectivos que promueven econom\u00edas solidarias hay un espacio para la construcci\u00f3n del consumidor cr\u00edtico, es decir, un consumidor que a lo menos considera la informaci\u00f3n de los productos para evaluar su completa trazabilidad: impacto ambiental, impacto social, la posici\u00f3n del producto en los circuitos y redes de intercambio y de producci\u00f3n. Una trazabilidad que opera en t\u00e9rminos \u00e9ticos y pol\u00edticos, de una comprensi\u00f3n del ser humano como parte de un ecosistema integral y de que las formas en que se producen las cosas no son naturales. Tambi\u00e9n implica el reconfigurar una pr\u00e1ctica individual y llevarlo a un plano colectivo, en t\u00e9rminos de consecuencias, y de un manejo com\u00fan. No se trata s\u00f3lo de modificar una conducta, sino que es prefigurar un nivel m\u00ednimo de una vida futura posible.<\/p>\n<p><em>\u201c\u2026no verlo como consumismo\u2026 en el mismo trueque vamos a intercambiar un bien que nos va a beneficiar a las dos, y el no ver el dinero lo hace ver distinto, el incluir el reciclaje en esa pr\u00e1ctica, nosotros tenemos un espacio en la casa un espacio libre donde recibimos ropa y de ah\u00ed nosotras podemos sacar tela para hacer las toallas o gente tambi\u00e9n que vienen a buscar, nosotras mismas nos vestimos de ah\u00ed. Yo creo que la diferencia es el inter\u00e9s y la noci\u00f3n que le damos a ese intercambio el que no sea tan importante el recurso monetario\u201d. (Entrevista 6, usuario TT) <\/em><\/p>\n<p>Se identifica una contra-agencia respecto al sistema materialista e individualista y que permite construir y cohesionar lo comunitario a trav\u00e9s del consumo y lo econ\u00f3mico, al dotar de sentido a estas acciones econ\u00f3micas. No hay expectativas de que ese mismo Estado les brinde condiciones de existencia distintas a las actuales, ni tampoco respecto al mercado, al que tienen a relacionar m\u00e1s con contaminaci\u00f3n ambiental y destrucci\u00f3n de biodiversidad.<\/p>\n<p>De acuerdo a lo visto en las notas de campo, los usuarios individuales del trueque se colectivizan a trav\u00e9s de los intercambios del mismo trueque y de su pertenencia a dicha plataforma virtual y a las relaciones que van iniciando y consolidando. Hay nociones b\u00e1sicas de consumir fuera del mercado hasta de estar contribuyendo a experiencias \u201ccolaborativas y transformadoras\u201d, como la denominan sus propios participantes. Al contextualizar el trueque en el marco de los colectivos m\u00e1s consolidados, las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas de producci\u00f3n, intercambio y consumo, usualmente adjuntas a un estilo de vida m\u00e1s bien limitado, se transforman en una militancia que se dirige a lo p\u00fablico, y a lo pol\u00edtico en cuanto a proponer nuevos modos de vida, nuevos modos de producir, nuevos modos de consumir. Cuestiones que desde los mercados o desde el Estado se tratan de mantener en lo privado y dom\u00e9stico, como el consumo <u>(Marambio-Tapia, 2020)<\/u>, experiencias como el TT, BDT y Plantarte New\u00e9n lo van llevando a lo p\u00fablico, en distintos niveles. Por ejemplo, en el trueque hay ciertas infraestructuras que son creadas m\u00e1s all\u00e1 de los actores de mercado que desear\u00edan que no se produjera esa agencia. Y ese trueque por definici\u00f3n se da en lo p\u00fablico y se da en esferas que permiten construir y participar de un colectivo o de una comunidad con reglas y regulaciones propias y autoimpuestas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LA ECONOM\u00cdA DE LAS RELACIONES Y LOS PROYECTOS DE CONSUMO COLABORATIVOS <\/strong><\/p>\n<p>La econom\u00eda de base funciona esencialmente sobre relaciones sociales, ya sean copresenciales o a trav\u00e9s de canales digitales. Territorialmente, TT y BDT comparten el hecho de que potenciaron su funcionamiento en plataformas digitales, ya que antes s\u00f3lo se difund\u00edan ocasionalmente en ferias. Como se ha constatado globalmente, la pandemia fortaleci\u00f3 la realizaci\u00f3n de actividades no presenciales. Muchos de los servicios ofrecidos por BDT y en parte por el centro New\u00e9n se adaptaban sin mayores problemas a este nuevo escenario relacional. Estas formas econ\u00f3micas constituyeron una forma de hacer comunidad, que va m\u00e1s all\u00e1 de la proximidad geogr\u00e1fica, del barrio, de la junta de vecinos, pero que no por eso se desliga del territorio. Prueba de ello, es como el BDT se constituy\u00f3 como un dispositivo de emergencia territorial en tiempos de pandemia. <em>\u201cUna vez pase la pandemia, va a tener que haber como una reconstrucci\u00f3n social\/econ\u00f3mica del pa\u00eds; porque la crisis nos ha golpeado fuerte y nos va a seguir golpeando dentro de los pr\u00f3ximos meses. Entonces desde el banco de tiempo podemos fortalecer esta reconstrucci\u00f3n despu\u00e9s de la pandemia.\u201d (entrevista 12, coordinador BDT)<\/em>.<\/p>\n<p>\u00bfPrevalecer\u00e1 la econom\u00eda relacional post-pandemia (si cabe el t\u00e9rmino)? La respuesta no puede ser s\u00f3lo sanitaria. Hay elementos sociopol\u00edticos en juego. En relaci\u00f3n con los v\u00ednculos estas iniciativas forman comunidad en el sentido de personas con intereses afines y que trascienden la vecindad local. Esto implica que hay expectativas en torno a este tipo de relaciones para cuando las cuarentenas y encierros salieran de lo habitual (<em>\u201centonces como que se inscrib\u00edan esperando a que pasara la pandemia para hacerlo como personal\u201d<\/em>, entrevista 12, coordinador\/a BDT). Estas expectativas de establecer relaciones m\u00e1s all\u00e1 de la virtualidad, y de establecer relaciones por afinidades que pueden llegar a ser pol\u00edticas o \u00e9ticas. <em>\u201cYo creo que la pandemia, pas\u00f3, y permite que las condiciones sean propicias para fomentar un tipo de econom\u00eda distinta\u201d <\/em>(Entrevista 16, participante COC). <em>\u201c\u2026creo que las personas que participan en grupos de trueque pueden estar m\u00e1s abiertas a las ideas que se plantean en el Banco de Tiempo, porque ya est\u00e1n sali\u00e9ndose un poco de la l\u00f3gica media capitalista\u201d, (entrevista 12, coordinador\/a BDT)<\/em>.<\/p>\n<p>Otra forma de responder la pregunta anterior es considerar las racionalidades econ\u00f3micas implicadas. En el caso del TT, hay concepciones tangenciales de valor de uso y cambio impl\u00edcitos, pero que no coinciden con los valores de mercado. En concreto, quienes participan de un trueque en particular asumen que los productos intercambiados no son equivalentes en su valor de cambio. Por ello, la necesidad -o valor de uso- es el primer valor. Tiene ciertas reglas: la esencia es que no se puede comprar ni vender. Se basa indefectiblemente en un v\u00ednculo de confianza, mucho mayor que en el mercado desregulado. Por ejemplo, se habla de una \u201cenerg\u00eda del trueque\u201d, lo que circula con el trocar, un intercambio entre iguales, que se distancia tanto del regalar o de deshacerse de un \u201ccachureo\u201d [trasto viejo] y como tambi\u00e9n del comprar y del valor del cambio. No puede perderse la simetr\u00eda de las relaciones. Por ello, es que las distinciones sociales producidas a partir de la disponibilidad del dinero son rechazadas.<\/p>\n<p>En la perspectiva relacional de la econom\u00eda hay espacio para tensiones entre las racionalidades colectivas-colaborativas que ayudan a producir comunidad, y aquellas m\u00e1s utilitarias-individualistas que perviven con fuerza, sobre todo en TT y BD, donde se reconoce una tensi\u00f3n entre lo individual y colectivo, puesto que la participaci\u00f3n se inicia desde lo individual y es una pr\u00e1ctica m\u00e1s espont\u00e1nea que conscientemente transformadora. <em>\u201cEntiendo que que respondamos a l\u00f3gicas m\u00e1s de lo individualista, capitalista, clientelares y nos cuesta de repente como tomarle el peso en el fondo a que un trabajo colectivo\u2026 algunos todav\u00eda no participan activamente o no todo lo constantemente que uno esperar\u00eda, y se generan algunas lagunas que tienen que ser apoyadas por los que s\u00ed est\u00e1n m\u00e1s vinculados\u201d (Entrevista 21, COC)<\/em>.<\/p>\n<p>Evidentemente, esta red de conexiones y relaciones no est\u00e1 exenta de tensiones. En general, no se puede idealizar lo comunitario ni en un sentido tradicional-pasado ni en un sentido pr\u00edstino-futuro. Hay tensiones entre las racionalidades individuales y colectivas, o entre lo comunitario y el mercado. Esto se debe a que las motivaciones al entrar y salir de estos entramados econ\u00f3micos no son puras, sino que m\u00e1s bien diversas, donde en un extremo est\u00e1 lo individual (i.e. obtener un beneficio inmediato) y en el otro consolidar proyectos colectivos (i.e. crear org\u00e1nicas u emprendimientos colectivos transformadores), incluyendo el espectro intermedio. Incluso, en el caso del BDT hay un problema sobre c\u00f3mo procesar la racionalidad esencial del banco del tiempo, en tanto intercambio diferido de servicios. Colisionan ah\u00ed las perspectivas de considerarlo una especie de voluntariado y no un intercambio sim\u00e9trico. A\u00fan m\u00e1s, de acuerdo a lo constatado en las observaciones y entrevistas, se generan problemas para valorar y medir los intercambios, respecto al entendimiento individual el intercambio como de <em>servicios<\/em>, donde concretamente algunos oferentes no consideran sus servicios como equivalentes, versus la propuesta colectiva de intercambiar <em>tiempo<\/em>, donde cada hora ser\u00eda equivalente. De lo contrario, en el primer caso, el tiempo ser\u00eda un mero dinero no monetario. En definitiva, el BDT es un tipo de mercado no corrosivo con las relaciones comunitarias. Va en contra el individualismo, pero vive tensionado por las subjetividades individualistas m\u00e1s normalizadas.<\/p>\n<p>Respecto al manejo de recursos que sostienen la iniciativa Plantarte New\u00e9n, los intercambios se basan en la l\u00f3gica de la reciprocidad y solidaridad <u>(Letelier- Araya et al. 2019)<\/u>. Hay una orientaci\u00f3n hacia al valor de uso, propia de trueques, bancos de tiempo y monedas sociales. Esto implica no s\u00f3lo bienes y servicios, sino que la circulaci\u00f3n de ciertos saberes y competencias Tambi\u00e9n est\u00e1n incorporadas pr\u00e1cticas de econom\u00eda circular. Esto implica que no todas las pr\u00e1cticas se pueden analizar por separado, sino que m\u00e1s bien ocurren como un <em>enjambre de pr\u00e1cticas <\/em><u>(Schatzki, 2012) <\/u>que se coordinan constantemente, y que tienen materialidades, saberes y significados similares, como se puede apreciar cuando se articulan y analizan todas estas pr\u00e1cticas como una cr\u00edtica a la sociedad de consumo, entendida por ellos como un espacio de crecimiento econ\u00f3mico sin freno e insustentable, primac\u00eda del valor de cambio y circuitos lineales de la econom\u00eda, antes que circulares.<\/p>\n<p>El funcionamiento en red es significativo en todos los casos analizados. Las articulaciones se basan en la capacidad de agenciar recursos bajo las condiciones de restricci\u00f3n de la pandemia, y porque se comprende que de otra forma ser\u00eda mucho m\u00e1s complejo cumplir objetivos. Se trata de una red de m\u00faltiples formatos, basada en canales virtuales, mediales y relacionales. En general, son pr\u00e1cticas econ\u00f3micas que dependen de v\u00ednculos relacionales es una econom\u00eda incrustada en la comunidad, una plataforma de v\u00ednculos que funciona desde y para los v\u00ednculos relacionales de corte comunitario (no exclusivamente de parentesco\/amistad). Evidentemente, algunas personas lo ven como una extensi\u00f3n a nivel comunitario de algo que podr\u00eda darse a nivel mucho m\u00e1s reducido, casi familiar. La participaci\u00f3n misma en los intercambios tiene el potencial de generar relaciones.<\/p>\n<p>El intercambio est\u00e1 incrustado en relaciones sociales que involucran intercambio material, pero tambi\u00e9n protecci\u00f3n y contenci\u00f3n. Esto considera relaciones surgidas en el contexto de la crisis sociosanitaria, pero tambi\u00e9n nuevos v\u00ednculos que van desarroll\u00e1ndose a partir de la gesti\u00f3n de la plataforma del BDT, por ejemplo. Al igual que en TT, los administradores\/moderadores tienen una funci\u00f3n un tanto normativa, que apunta a preservar y cuidar las relaciones, en tanto, se asume que es un bien colectivo y\/o com\u00fan. A los lazos estables, que pueden ser intermitentes, se pertenece m\u00e1s por decisi\u00f3n propia que por una adscripci\u00f3n geogr\u00e1fica. Por lo mismo, se pueden superponer varias militancias. Se concentran en resolver problemas materiales, pero tambi\u00e9n emocionales. Se fundan en lo relacional.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CONSUMO CR\u00cdTICO Y FORMACI\u00d3N DE MERCADOS CONTRAHEGEM\u00d3NICOS <\/strong><\/p>\n<p>El estallido social de 2019 en Chile fue origen y consolidaci\u00f3n de algunas experiencias alternativas de consumo. Estas experiencias requieren ciertas competencias organizativas que se van adquiriendo a trav\u00e9s de la misma operaci\u00f3n de estas experiencias y a trav\u00e9s de redes y relaciones, que producen comunidad, colectivos, colaboraci\u00f3n y dotan de otros significados a las pr\u00e1cticas de consumo, sin que pierdan su sustrato manterial, como hemos observado a la luz de los datos. Sostenemos que estas experiencias cristalizan aspectos materiales, \u00e9ticos y pol\u00edticos del consumo, desde una perspectiva cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Nuestra propuesta de consumo cr\u00edtico pone atenci\u00f3n en tres dimensiones: reflexiva, material y colectiva, con una subdimensi\u00f3n cultural y otra pol\u00edtica. Lo reflexivo hace referencia a la posici\u00f3n que tomar\u00edan los consumidores para informarse y tomar conciencia respecto al origen, trazabilidad y efectos pol\u00edticos y econ\u00f3micos que tienen los productos y servicios que adquieren y apropian, en particular, impactos en el sistema socioambiental, en los mercados del trabajo, las econom\u00edas locales y las desigualdades socioecon\u00f3micas, financieras y de g\u00e9nero <u>(Marambio-Tapia, 2022; P\u00e9rez-Roa et al, 2022)<\/u>.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n material hace referencia a las acciones concretas que devienen de esta dimensi\u00f3n reflexiva; por ejemplo, preferir ciertos productos y dejar de preferir otros, relacionado con las din\u00e1micas del <em>boycott <\/em>o <em>buycott <\/em>del Norte Global, aun cuando dichos conceptos resulten discutibles, puesto que involucran ciertas condiciones estructurales dif\u00edcil de abordar desde la sola soberan\u00eda del consumidor. Esto se hace patente en las sociedades del Sur Global, y a\u00fan m\u00e1s, en los periodos cr\u00edticos de la pandemia. Esto se materializ\u00f3 en la opci\u00f3n, por ejemplo, de preferir productores y distribuidores locales, como ferias, almacenes peque\u00f1os, los espacios de autoproducci\u00f3n y mercados alternativos como el TT y BST. Situ\u00e1ndonos en la dimensi\u00f3n colectiva, el consumo cr\u00edtico involucra no s\u00f3lo acci\u00f3n u omisi\u00f3n relacionada con adquisici\u00f3n o apropiaci\u00f3n, sino que incorpora aspectos <strong>82 <\/strong><\/p>\n<p>culturales y pol\u00edticos. En la trama cultural, apunta a la formaci\u00f3n de una cultura de consumo distinta a aquella propia del consumismo -he ah\u00ed la opci\u00f3n real de no consumir- que se relaciona con estilos de vida integralmente m\u00e1s cr\u00edticos de la hegemon\u00eda econ\u00f3mica. Esto se plasma en la resignificaci\u00f3n que ocurre de las pr\u00e1cticas de consumo colaborativas como una forma de hacer comunidad. En la trama pol\u00edtica, que opera sobre lo anterior, implica la organizaci\u00f3n y difusi\u00f3n de dichos estilos de vida, pasando de lo individual a lo colectivo, con una mayor conciencia de la politizaci\u00f3n que todos estos ciclos van produciendo. Lo anterior se observ\u00f3 en la noci\u00f3n de usar las intancias de reproducci\u00f3n material para la difusi\u00f3n de contenidos arrastrados desde el estallido social, que para el tiempo de la pandemia, todav\u00eda sonaba cercano en Chile. Aun m\u00e1s, el ejercicio mismo de consumo cr\u00edtico fue visto como una forma de \u201cresistir\u201d las opresiones.<\/p>\n<p>Estas pr\u00e1cticas, iniciativas y plataformas fueron un punto de entrada para algunos participantes a expresar formas de lealtad, de forma consciente y voluntariosa, que luego pudieren encontrarse m\u00e1s expl\u00edcitamente por movimientos sociales consolidados <u>(Yates, 2011) <\/u>o movimientos sociales econ\u00f3micos <u>(Portilho, 2009)<\/u>. Esta \u201cacci\u00f3n colectiva individualizada\u201d que podemos encontrar en el consumo, no es mediada por representantes ni acciones convencionales, y se distingue de la acci\u00f3n colectiva pura, porque opera en arenas distintas a la participaci\u00f3n pol\u00edtica grupal <u>(Micheletti, 2003)<\/u>.<\/p>\n<p>La mirada del consumo cr\u00edtico recoge tambi\u00e9n los devenires de la crisis de representaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico tradicional, y la desconfianza creciente en las instituciones del Estado y del mercado <u>(Edwards, 2009)<\/u>, que como vimos en observaciones y entrevistas, se extrem\u00f3 en el periodo de crisis sociosantiaria. El consumo, ahora desde una perspectiva cr\u00edtica, es una fuente de identidades colectivas y politizadas, que le disputa espacios a la pol\u00edtica representativa. En ese sentido, estos espacios de consumo cr\u00edtico pueden ser considerado como una alternativa a las formas pol\u00edticas convencionales en sociedades donde la desafecci\u00f3n con el sistema pol\u00edtico es alta <u>(Micheletti, 2003)<\/u>. En t\u00e9rminos m\u00e1s amplios, el consumo cr\u00edtico opera bajo el supuesto que el involucramiento en pol\u00edtica es mediado por formas de acci\u00f3n individualizadas y organizadas en t\u00e9rminos de afinidad, redes y horizontalidad <u>(Tormey, 2007)<\/u>. En este sentido, las experiencias comunitarias de consumo e intercambio combinar\u00edan lo dom\u00e9stico-privado del consumo con el cambio social de gran escala, a trav\u00e9s de colectivizar lo individual y politizar estas esferas de consumo. Esta colectivizaci\u00f3n de lo individual conduce a reflexiones acerca de los modos de consumo en el principio de la pandemia, y su relaci\u00f3n con nociones de sustentabilidad, precarizaci\u00f3n laboral y social, y la instalaci\u00f3n de acciones y discursos que ven la crisis sociosanitaria como una oportunidad para levantar y\/o potenciar modos de vida distintos a los que circulaban en el periodo previo a la pandemia. Para el caso chileno, esto se hibrid\u00f3, a nivel comunitario, con el escenario de repolitizaci\u00f3n que trajo la revuelta social iniciada en octubre de 2019. La instalaci\u00f3n de competencias y perspectivas de consumo cr\u00edtico puede llegar a producir escalamiento de las iniciativas que trascienden la pandemia, y afincar redes y entramados comunitarios que antes no exist\u00edan o que lo hac\u00edan tenuemente.<\/p>\n<p>Asimismo, pudimos observar emp\u00edricamente la formaci\u00f3n de mercados con otras l\u00f3gicas distintas a las imperantes, esto es, basados en nociones de horizontalidad, colaboraci\u00f3n y valor de uso, al referirnos en particular a las plataformas de trueque, los bancos de tiempo y los circuitos locales de intercambio. Argumentamos que estos mercados tambi\u00e9n tienen el poder de levantar lo comunitario al reforzar sus entramados y propiciar cohesi\u00f3n social. De esta forma contribuimos a la discusi\u00f3n sobre la naturaleza de los mercados. Un intercambio de mercado, basado en la maximizaci\u00f3n de intereses, es una forma posible, pero no excluyente, que una comunidad en un momento dado tiene para resolver el problema de distribuci\u00f3n de bienes. El mercado desregulado implica que sus precios s\u00f3lo se determinan por una l\u00f3gica interna, esto es por la ley de la oferta y la demanda. Cuando todo trabajo, naturaleza y dinero est\u00e1n sometido a ello, para Polanyi se trata de una \u201csociedad de mercado\u201d. Sin embargo, hay otras formas posibles, y que no s\u00f3lo corresponden a momentos hist\u00f3ricos anacr\u00f3nicos, sino que a relaciones de reciprocidad, redistribuci\u00f3n y los v\u00ednculos comunitarios, que forman otro de tipo de mercados <u>(Easton &amp; Araujo, 1994) <\/u>como los que rese\u00f1amos en este art\u00edculo. Estos v\u00ednculos poseen y agencian una capacidad de coordinaci\u00f3n significativa, y que en parte se presentaron como un recurso vivo para enfrentar la pandemia. De todas maneras, estas formas conviven y ninguna se sostiene a s\u00ed misma como la \u00fanica forma \u201cnatural\u201d de realizar estos intercambios y acceder al bienestar.<\/p>\n<p>Todas estas iniciativas de ciudades intermedias son distintas experiencias en que la comunidad se protege del mercado autorregulado, como tel\u00f3n de fondo de la crisis global y permanente. Los intercambios econ\u00f3micos \u2013la econom\u00eda- no necesariamente corroe a la comunidad. Hay algo en com\u00fan que se va proyectando y creciendo, m\u00e1s all\u00e1 de los intercambios. Es, b\u00e1sicamente, rehacer, reconstituir y ampliar el tejido comunitario y la sensaci\u00f3n misma de comunidad. Estas iniciativas comunitarias, de alguna forma, vienen a cuestionar con voz alta ese sentido de naturalidad que se ha atribuido al mercado, y demuestran con la pr\u00e1ctica, de que son posibles otras formas de intercambio y consumo, que est\u00e9n m\u00e1s en correspondencia con la naturaleza social de estas pr\u00e1cticas econ\u00f3micas y sean a su vez no corrosivas de lo comunitario, y que adem\u00e1s se alinean con los objetivos de inclusi\u00f3n y justicia social que te\u00f3ricamente Estado y mercado persiguen <u>(Arun, 2022)<\/u>. El intercambio est\u00e1 incrustado en relaciones sociales, no necesariamente personales, pero s\u00ed involucran intercambio material, y tambi\u00e9n protecci\u00f3n y contenci\u00f3n. Esto incluye el factor emergente de la crisis sociosanitaria, pero tambi\u00e9n nuevos v\u00ednculos que van desarroll\u00e1ndose a partir de la gesti\u00f3n de esta plataforma. Se configura un nuevo \u201cdoble-movimiento\u201d, esta vez desde las experiencias de colectivizaci\u00f3n comunitarias, ya que el mercado nunca termin\u00f3 de corroer lo comunitario, y esto permite que se configuren otras reacciones posibles ante la impotencia del Estado.<\/p>\n<p>Finalmente, la crisis sociosanitaria y su demanda de resiliencia invita a repensar la concepci\u00f3n de consumidores y los valores de mercado. Est\u00e1 siendo una contraposici\u00f3n entre la (desigual) sobreproducci\u00f3n capitalista, su desconexi\u00f3n con las necesidades y falta de agencia de los consumidores en este sistema, y entre las econom\u00edas que se gu\u00eden por la solidaridad y la consideraci\u00f3n de las necesidades y derechos de sujetos concretos, sus hogares y sus v\u00ednculos sociales. En la crisis sociosanitaria el consumo se vio restringido, lo que llev\u00f3 a evaluar sus decisiones teniendo en cuenta la utilidad de los bienes, su bienestar y el beneficio generado por su uso. Con mayores o menores niveles de conciencia se tiene en consideraci\u00f3n la circularidad de los bienes <u>(Pego-Monteiro, 2020)<\/u>. Esto no significa que se aparte de la racionalidad del consumo, sino que prosigue otros caminos. La crisis sociosanitaria marca un hito en este tipo de experiencias. O bien consolida iniciativas que vienen gest\u00e1ndose, y las determina a realizar acciones de adaptaci\u00f3n, o bien, marca el inicio de nuevas experiencias, a nivel colectivo o desde la decisi\u00f3n individual de sumarse a lo colectivo, en el marco de la detecci\u00f3n de necesidades emergentes que trae la situaci\u00f3n de confinamiento, desempleo y restricciones en general. Se trata de una constataci\u00f3n de forma pr\u00e1ctica de lo que anuncian discursos de la esfera pol\u00edtica: el retiro o ausencia del Estado, y la ineficacia y segregaci\u00f3n del mercado como asignador de recursos. Sin duda estos proyectos son iniciativas potencialmente transformadoras -algunas incluso dialogan con los discursos del buen vivir <u>(Vanhulst y Beling, 2014)<\/u>, y que pueden ser tanto mercados no corrosivos como instancias de construcci\u00f3n de lo comunitario por medio de la colectivizaci\u00f3n de lo que aparentemente se sit\u00faa como una acci\u00f3n econ\u00f3mica individual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CONCLUSIONES <\/strong><\/p>\n<p>Los cuatro estudios de caso presentados aqu\u00ed ejemplifican las diversas formas en que el consumo cr\u00edtico y las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas alternativas surgieron en respuesta a la crisis sociosanitaria durante la pandemia en Chile. Cada estudio de caso refleja diferentes niveles de participaci\u00f3n comunitaria, politizaci\u00f3n e historicidad, lo que proporciona informaci\u00f3n valiosa sobre c\u00f3mo estas iniciativas operan fuera de los sistemas econ\u00f3micos convencionales. Cada estudio de caso ilustra c\u00f3mo estas iniciativas sirven como respuestas potencialmente transformadoras a las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas dominantes desde el consumo cr\u00edtico y su capacidad para fomentar la cohesi\u00f3n comunitaria en medio de las crisis. Replantean el consumo como una actividad colectiva, en lugar de ser exclusivamente individual, lo que es vital para la construcci\u00f3n de la comunidad. Tambi\u00e9n destacan c\u00f3mo estas iniciativas respondieron a las debilidades del sistema de mercado durante la pandemia, ilustrando las formas en que los enfoques basados en la comunidad pueden brindar resiliencia y apoyo cuando las estructuras estatales y de mercado fallan.<\/p>\n<p>El art\u00edculo ha explorado las experiencias de consumo cr\u00edtico y econom\u00eda social que emergieron durante la pandemia en tres ciudades intermedias de Chile, destacando su capacidad para articular alternativas aut\u00f3nomas frente a las pr\u00e1cticas hegem\u00f3nicas del sistema econ\u00f3mico dominante. Los hallazgos indican que estas iniciativas no solo han respondido a las necesidades inmediatas generadas por la crisis sanitaria, sino que tambi\u00e9n han potenciado el fortalecimiento de v\u00ednculos comunitarios, la re-politizaci\u00f3n del consumo y la reflexi\u00f3n sobre modos de vida m\u00e1s sostenibles y equitativos. A trav\u00e9s de la colectivizaci\u00f3n de pr\u00e1cticas que antes eran percibidas como acciones individuales, se ha evidenciado un potencial transformador significativo que invita a vislumbrar nuevas comprensiones de la econom\u00eda y de las relaciones sociales.<\/p>\n<p>El estudio presenta limitaciones, por cierto, principalmente relacionadas con la representatividad geogr\u00e1fica y el alcance de los casos analizados. Dado que se concentr\u00f3 en un contexto espec\u00edfico y temporal, podr\u00edan surgir variaciones en otras regiones o bajo diferentes condiciones socioecon\u00f3micas. Adem\u00e1s, la investigaci\u00f3n tuvo que lidiar con la dificultad de capturar iniciativas que operan en la informalidad, lo que podr\u00eda haber limitado la exhaustividad del an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Se sugiere la necesidad de realizar estudios que ampl\u00eden el foco geogr\u00e1fico y temporal, incorporando experiencias de iniciativas similares en otros contextos post-pandemia. Asimismo, se podr\u00eda profundizar en el impacto a largo plazo de estas alternativas en la configuraci\u00f3n de econom\u00edas locales y en las din\u00e1micas de empoderamiento comunitario. Una investigaci\u00f3n de corte longitudinal podr\u00eda ofrecer luces sobre c\u00f3mo institucionalizar y escalar estas iniciativas, creando as\u00ed un marco m\u00e1s robusto para la econom\u00eda social y solidaria en Chile y m\u00e1s all\u00e1. Estas l\u00edneas de desarrollo futuro podr\u00e1n contribuir a fortalecer la discusi\u00f3n sobre alternativas al modelo econ\u00f3mico dominante y a fomentar un consumo m\u00e1s cr\u00edtico y consciente en la sociedad.<\/p>\n<p>Coordinador de Postgrado y Extensi\u00f3n\u00a0de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile; Acad\u00e9mico de la Escuela de Sociolog\u00eda e investigador del Centro de Estudios Urbano-Territoriales (CEUT) de la Universidad. Cat\u00f3lica del Maule Licenciado en Informaci\u00f3n Social con Minor en Sociolog\u00eda, Periodista, Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile; Mag\u00edster en Comunicaci\u00f3n P\u00fablica, Universidad de Chile; Mag\u00edster en Sociolog\u00eda de la Modernizaci\u00f3n, Universidad de Chile; Doctor en Sociolog\u00eda, The University of Manchester. Sus l\u00edneas de investigaci\u00f3n son: Estudio social de la econom\u00eda; consumo y sociedad; consumo sostenible; financiarizaci\u00f3n y endeudamiento; desigualdades y clases sociales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Arun, MO. <\/strong>2022. \u2018Back to the Theory: Re-Considering Social Policies as Egalitarian Pre-Conditions of the Liberal Meritocracy\u2019. <em>\u00c7al\u0131sma ve Toplum<\/em>, 2(73): 1017\u20131042. 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