{"id":639,"date":"2018-11-22T12:46:35","date_gmt":"2018-11-22T12:46:35","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=639"},"modified":"2018-11-22T12:46:35","modified_gmt":"2018-11-22T12:46:35","slug":"insumisos-frente-a-la-injusticia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=639","title":{"rendered":"Insumisos frente a la injusticia"},"content":{"rendered":"<p class=\"td-post-sub-title\">Determinados personajes se han convertido en insumisos a fuerza de luchar contra las injusticias. La insumisi\u00f3n es una constante en la historia de Occidente y ha sido decisiva para garantizar las libertades.<\/p>\n<div class=\"meta-info\">\n<div class=\"td-post-author-name\">\n<div class=\"td-author-by\"><em><strong>Por Tvetan Todorov<\/strong><\/em><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><\/div>\n<div><span class=\"dropcap\">S<\/span>i me pregunto por las razones que me empujaron a interesarme por el tema que para resumir denomino \u00abla moral en pol\u00edtica\u00bb, veo sobre todo dos, cada una de ellas relacionada con una parte diferente de mi vida. Bulgaria, en donde crec\u00ed, hab\u00eda entrado en 1944 en la \u00f3rbita de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, y el pa\u00eds fue sometido progresivamente a un r\u00e9gimen totalitario dominado por el Partido Comunista. \u00bfEn qu\u00e9 momento fui consciente de ello? Creo que, en mi caso, el a\u00f1o 1956 marca una ruptura. Fue de entrada el a\u00f1o en el que termin\u00e9 mis estudios secundarios y me matricul\u00e9 en la universidad, en la disciplina que se corresponde con lo que en Francia llamamos \u00abletras modernas\u00bb, y que en la Universidad de Sof\u00eda design\u00e1bamos como \u00abfilolog\u00eda\u00bb. Era pues el momento en el que se supon\u00eda que entraba en la vida adulta y adquir\u00eda cierta autonom\u00eda de pensamiento. Pero el a\u00f1o tambi\u00e9n estuvo marcado por dos acontecimientos pol\u00edticos de peso. El primero, en el mes de febrero, fue la difusi\u00f3n del \u00abinforme secreto\u00bb que Nikita Jrushchov, jefe tanto del Partido Comunista como del Estado sovi\u00e9tico, present\u00f3 al vig\u00e9simo congreso de este partido sobre los cr\u00edmenes de Stalin y del estalinismo. Hoy en d\u00eda cuesta imaginar el impacto que tuvo este texto, como m\u00ednimo en personas que, como yo, no sospechaban la envergadura del desastre. Se hab\u00eda adorado a Stalin como a un semidi\u00f3s, antes y despu\u00e9s de su muerte, en 1953, su momia descansaba por toda la eternidad \u2014cre\u00edamos\u2014 en el mausoleo al pie del Kremlin, y de repente nos enter\u00e1bamos, por la fuente m\u00e1s autorizada posible, de que este personaje era uno de los peores criminales de nuestro tiempo. Retrospectivamente podemos constatar que el \u00abinforme secreto\u00bb de Jrushchov distaba mucho de revelar toda la verdad del estalinismo, pero en aquel momento, al me-nos para los inocentes como yo, el golpe fue duro. De repente se derrumbaba un mundo. Y yo me dec\u00eda que sin duda iba a empezar una nueva \u00e9poca.<\/div>\n<div>\n<p>El segundo acontecimiento tuvo lugar en oto\u00f1o del mismo a\u00f1o. Por v\u00edas indirectas \u2014emisoras de radio extranjeras y rumores diversos\u2014 nos enteramos de que en otra \u00abdemocracia popular\u00bb, Hungr\u00eda, se hab\u00eda iniciado un nuevo proceso. Aunque segu\u00edan llam\u00e1ndose comunistas, los dirigentes h\u00fangaros emprendieron audaces reformas, sobre todo abandonar la alianza militar que formaba el conjunto de pa\u00edses del bloque sovi\u00e9tico, el llamado \u00abpacto de Varsovia\u00bb, y proclamar la neutralidad de su pa\u00eds. A finales de octubre Hungr\u00eda estaba en plena efervescencia. Nosotros, los b\u00falgaros, segu\u00edamos la evoluci\u00f3n de los acontecimientos d\u00eda tras d\u00eda. Despu\u00e9s, a principios de noviembre, lleg\u00f3 el fin. Era evidente que la tentativa de autonom\u00eda y de liberalizaci\u00f3n era m\u00e1s de lo que los dirigentes sovi\u00e9ticos estaban dispuestos a soportar. Los tanques rusos entraron en Budapest y aplastaron de forma sangrienta toda veleidad de resistencia. El efecto que nos caus\u00f3 esta represi\u00f3n fue devastador. Hab\u00edamos imaginado que el discurso de Jrushchov en el vig\u00e9simo congreso llevar\u00eda a un cambio progresivo de nuestras sociedades hacia la democracia. Nuestra ilusi\u00f3n se desmoron\u00f3. Se demostr\u00f3 que los desastres de los a\u00f1os anteriores no eran consecuencia de una deriva criminal del jefe Stalin ni del \u00abculto a la personalidad\u00bb de que era objeto (como pretend\u00eda Jrushchov), sino que eran producto del propio sistema comunista. El hombre que hab\u00eda denunciado los cr\u00edmenes de Stalin acababa de ordenar al Ej\u00e9rcito Rojo que invadiera Hungr\u00eda. Por entonces yo ten\u00eda diecisiete a\u00f1os y deb\u00eda sacar las conclusiones que se impon\u00edan para mi propia vida.<\/p>\n<p>Nuestra existencia bajo el r\u00e9gimen comunista ten\u00eda muchos inconvenientes, en primer lugar, la permanente escasez de productos de primera necesidad para casi toda la poblaci\u00f3n, y en segundo lugar la privaci\u00f3n de las libertades individuales m\u00e1s b\u00e1sicas para una parte m\u00e1s restringida de la poblaci\u00f3n. Esto lo ve\u00eda claro ya en aquella \u00e9poca, aunque tard\u00e9 mucho m\u00e1s en ser consciente de otro grave defecto de aquel r\u00e9gimen, a saber, la confusi\u00f3n entre moral y pol\u00edtica. Para ser m\u00e1s exacto, aparentemente el r\u00e9gimen reivindicaba determinados valores absolutos \u2014igualdad, libertad, dignidad humana, desarrollo personal, paz y amistad entre los pueblos\u2014, y se supon\u00eda que todas las medidas pol\u00edticas concretas derivaban de estos nobles principios y nos conduc\u00edan a ellos. Apuntaban a un fin sublime, al futuro radiante y a la sociedad comunista ideal. Pero enseguida entendimos que toda esta construcci\u00f3n no era m\u00e1s que una fachada destinada a camuflar el verdadero orden, que era muy diferente. El aut\u00e9ntico fin era dominar completamente el pa\u00eds, y su \u00fanico l\u00edmite eran las directrices que lanzaban los jefes del Partido Comunista sovi\u00e9tico. Todos los poderes se concentraban en manos de un peque\u00f1o c\u00edrculo de dirigentes que no toleraba el m\u00e1s m\u00ednimo pensamiento her\u00e9tico. En cuanto a los bellos ideales, estaban relegados a la categor\u00eda de simples herramientas, de revestimiento c\u00f3modo destinado a facilitar la sumisi\u00f3n de la poblaci\u00f3n. En lugar de una pol\u00edtica inspirada en valores universales, se trataba de instrumentalizar esos elevados ideales al servicio de los objetivos pr\u00e1cticos m\u00e1s mezquinos.<\/p>\n<p>La consecuencia de esta confusi\u00f3n era la grave erosi\u00f3n de todo el \u00e1mbito de la moral. A este respecto deb\u00edan distinguirse varios grupos en el seno de la poblaci\u00f3n. Para empezar, el de los miembros del equipo dirigente y sus familiares y amigos, que gozaban de numerosas ventajas y cuyo discurso comportaba dosis variables de credulidad y de cinismo, seg\u00fan tuvieran m\u00e1s o menos fe en la ideolog\u00eda que profesaban. Otro grupo estaba formado por la parte de la poblaci\u00f3n que, de buen grado o a la fuerza, hab\u00eda adoptado los valores oficiales e intentaba ajustarse a ellos en su conducta, vigilando a sus vecinos, a sus compa\u00f1eros de trabajo o a los amigos del grupo del que formaban parte, y denunciando a las personas que supon\u00edan que se apartaban de la l\u00ednea ortodoxa. Por \u00faltimo, el tercer grupo estaba formado por personas que hab\u00edan renunciado a hacer carrera uni\u00e9ndose al Partido Comunista, que obedec\u00edan las \u00f3rdenes, pero sin entusiasmo, que daban importancia a los \u00e1mbitos que escapaban al control ideol\u00f3gico \u2014vida privada, amistades, amor y contacto con la naturaleza\u2014, y que por lo tanto viv\u00edan en una especie de exilio interior. Los miembros de este \u00faltimo grupo intentaban vivir dignamente, pero s\u00f3lo dentro de un marco privado. En p\u00fablico deb\u00edan ofrecer garant\u00edas al r\u00e9gimen y dar muestras de su fidelidad al dogma. As\u00ed pues, en las conversaciones con los amigos o en su lugar de trabajo, deb\u00edan evitar en la medida de lo posible todo tema pol\u00edtico y aprender a recurrir a evasivas. El precio que pagaban era cierta marginaci\u00f3n social. Cuando intentaba imaginarme mi existencia futura, me ve\u00eda en este \u00faltimo grupo, aunque nada estaba garantizado.<\/p>\n<p>Que yo sepa, por aquel entonces no hab\u00eda opositores declarados al r\u00e9gimen. Si los hab\u00eda, deb\u00edan de estar pudri\u00e9ndose en la c\u00e1rcel o en uno de los campos de concentraci\u00f3n dispersos por el pa\u00eds, colonias penitenciarias de siniestra reputaci\u00f3n. A decir verdad, ni se me pasaba por la cabeza la idea de tomar esta direcci\u00f3n, porque esta actitud me parec\u00eda totalmente desesperada. No ve\u00eda lugar para una v\u00eda a medio camino entre el silencio resignado y la revuelta est\u00e9ril, en la que est\u00e1s seguro de perder. Unos a\u00f1os despu\u00e9s los disidentes trazar\u00edan esta otra v\u00eda, pero, en aquella \u00e9poca, en Bulgaria no hab\u00eda disidentes. Ya no recuerdo si en aquel mismo a\u00f1o, 1956, hab\u00eda llegado a mis o\u00eddos el rumor de que un famoso escritor sovi\u00e9tico, Bor\u00eds Pasternak, hab\u00eda dado varios pasos en esta direcci\u00f3n haciendo circular ilegalmente una obra que se hab\u00edan negado a publicarle. Es posible que la noticia traspasara las fronteras por v\u00edas no oficiales.<\/p>\n<p>Desde aquella \u00e9poca lejana, el tema del lugar de la moral en la vida p\u00fablica nunca se ha apartado de m\u00ed. Tiempo despu\u00e9s me di cuenta de que, en la sociedad comunista posterior a la muerte de Stalin, por grande que fuera la presi\u00f3n que la sociedad ejerc\u00eda sobre los individuos, hab\u00eda sido posible, no desafiar el poder del partido-Estado, por supuesto, pero s\u00ed asumir la adhesi\u00f3n personal a determinados valores elegidos por uno mismo: no doblar siempre el espinazo, negarse rotundamente a delatar, favorecer la lealtad con las personas en detrimento de la sumisi\u00f3n a las reglas oficiales, callarse si era preciso, pero jam\u00e1s decir falsedades. Nunca sabr\u00e9 cu\u00e1l habr\u00eda sido exactamente mi trayectoria en el contexto b\u00falgaro, porque, apenas dos a\u00f1os despu\u00e9s de haber terminado mis estudios, dej\u00e9 mi pa\u00eds natal y me traslad\u00e9 a Francia. Pero no he olvidado la experiencia de vivir en un r\u00e9gimen totalitario. Incluso me da cada vez m\u00e1s la sensaci\u00f3n de que ha desempe\u00f1ado y sigue desempe\u00f1ando un papel fundamental en la construcci\u00f3n de mi actual identidad, de que esa experiencia es la que explica buena parte de mis decisiones y de mis gustos. Sin duda es una de las razones que hoy en d\u00eda me empujan a observar m\u00e1s de cerca las vidas que yo no viv\u00ed, vidas de resistencia moral, no violenta, al orden dominante.<\/p>\n<p>Mi primera sensaci\u00f3n al llegar a mi nuevo pa\u00eds, donde desde entonces han transcurrido m\u00e1s de dos tercios de mi existencia, proced\u00eda de constatar que hab\u00eda desaparecido la permanente vigilancia de todos por parte de todos. Ya no ten\u00edamos que procurar no transgredir los l\u00edmites de lo permitido. El per\u00edmetro de las libertades individuales era incomparablemente m\u00e1s amplio. Ya no era indispensable ser hip\u00f3crita todo el tiempo, andarse con rodeos respecto de tus sensaciones y fingir. La amenaza de sanci\u00f3n se hab\u00eda alejado. A primera vista, hab\u00eda desaparecido tambi\u00e9n la confusi\u00f3n entre moral y pol\u00edtica. El r\u00e9gimen democr\u00e1tico que descubr\u00eda no propon\u00eda ni una utop\u00eda ni un camino hacia la salvaci\u00f3n. Consist\u00eda m\u00e1s bien en gestionar asuntos comunes, en principio en inter\u00e9s de todos. Los valores absolutos me parec\u00edan reservados al \u00e1mbito individual y privado: se eleg\u00eda libremente la orientaci\u00f3n religiosa, se implicaba uno a fondo en una actividad art\u00edstica, se pon\u00eda en pr\u00e1ctica una actividad social elegida por propia iniciativa y se pod\u00eda \u2014si se quer\u00eda\u2014 sacralizar las relaciones \u00edntimas que se manten\u00edan, el amor a un hombre, una mujer, un hijo, un familiar o un amigo. En cuanto a los compromisos pol\u00edticos, pod\u00edan ser apasionados, pero raramente ten\u00edan un car\u00e1cter solemne, porque se sab\u00eda por experiencia que eran cambiantes. Lo sagrado no hab\u00eda abandonado el mundo, pero ya no era com\u00fan a todos. Cada uno pod\u00eda elegir lo que a su juicio era sagrado para \u00e9l.<\/p>\n<p>Otra diferencia me llamaba la atenci\u00f3n. Es cierto que moral y pol\u00edtica tienen en com\u00fan el hecho de orientar nuestra conducta con los dem\u00e1s seres humanos, pero, aparte de esto, casi todo lo dem\u00e1s las opone. En principio, la acci\u00f3n pol\u00edtica consiste en hacer lo que conviene m\u00e1s a los intereses de un grupo concreto (un pa\u00eds, un partido o cualquier colectivo humano). La acci\u00f3n moral excluye todo inter\u00e9s particular y reivindica principios universales. La primera se juzga por sus resultados. Es buena si ha alcanzado sus objetivos. La segunda se eval\u00faa a partir de las intenciones de quien la lleva a cabo. El hombre que fracasa en su intento de ayudar al pr\u00f3jimo no es menos virtuoso que el que lo logra. La virtud personal del pol\u00edtico importa poco. Puede ser desagradable con los que lo rodean, o defender determinada medida s\u00f3lo para impulsar su carrera. Lo que le pedimos es simplemente que esas medidas sean ventajosas para nuestro grupo. Por el contrario, la acci\u00f3n moral s\u00f3lo funciona en primera persona del singular. Moralmente s\u00f3lo puedo exigirme a m\u00ed mismo. A los dem\u00e1s debo darles. Por lo tanto, quien hace moral para los dem\u00e1s sin someterse a ella es doblemente inmoral, consigo mismo y con los dem\u00e1s. En todo caso, la situaci\u00f3n hab\u00eda cambiado respecto de mi pasado de europeo del Este. Ya no se trataba de la confusi\u00f3n entre moral y pol\u00edtica, de su constante instrumentalizaci\u00f3n, sino de la progresiva desaparici\u00f3n de la moral del discurso p\u00fablico. Pero es preciso concretar y matizar esta constataci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo he acabado pensando que es imposible quedarse satisfecho con esta repartici\u00f3n algo mec\u00e1nica, que relega toda idea del bien al \u00e1mbito privado y s\u00f3lo reserva al \u00e1mbito p\u00fablico la gesti\u00f3n eficaz de los asuntos cotidianos. Es cierto que la democracia no ofrece acceso al bien soberano, no exige que los hombres de Estado sean modelos de virtud o profetas de una utop\u00eda, pero no es verdad que le sea indiferente su conducta moral. Los ciudadanos del pa\u00eds son seres humanos con necesidades materiales y espirituales, desean que los individuos que, en un momento dado, representan el Estado abran perspectivas, se\u00f1alen un horizonte e identifiquen el sentido global de la actividad p\u00fablica que han emprendido. Ahora bien, a este respecto no se puede fingir durante mucho tiempo. Si Francia sigue respetando al general De Gaulle, no es porque se crea que todas sus iniciativas eran buenas, sino porque parec\u00eda ser un hombre que actuaba en nombre de un ideal, el bien com\u00fan de su patria, que estaba por encima de sus intereses personales. Entre la pol\u00edtica sometida a la utop\u00eda o a la moral y la que se limita a gestionar los asuntos en curso, hay lugar para una pol\u00edtica que ofrezca un ideal que todos podamos compartir. \u00bfO son s\u00f3lo las circunstancias de crisis y de guerra las que hacen resurgir en los hombres estas cualidades de rectitud moral?<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, un valor escapaba a la divisi\u00f3n individualista: la propia democracia. Entre las dos guerras mundiales, muchas veces la hab\u00edan acusado de ser un r\u00e9gimen blando, enzarzado en infinitas palabrer\u00edas parlamentarias. Fascismo y comunismo se presentaban como soluciones de recambio, de calidad superior. Nada de eso era ya posible en los a\u00f1os sesenta, pese a la popularidad del Partido Comunista franc\u00e9s y a la efervescencia izquierdista de 1968. Tanto el partido como los grup\u00fasculos hab\u00edan echado agua democr\u00e1tica en su vino utopista. Al margen de los desacuerdos entre partidos pol\u00edticos, casi todos reconoc\u00edan las insuficiencias de las sociedades construidas seg\u00fan el modelo sovi\u00e9tico, y se animaba y admiraba a los disidentes del Estado. La oposici\u00f3n al totalitarismo pod\u00eda considerarse un valor trascendente, com\u00fan a todos, y justificaba la adhesi\u00f3n al principio democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n cambi\u00f3 a ra\u00edz de un acontecimiento imprevisible, aunque muy deseado, la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, en noviembre de 1989, y durante los dos a\u00f1os siguientes el desmantelamiento de todos los reg\u00edmenes comunistas tanto en la Europa del Este como en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Para sorpresa general, este importante cambio, este final de la guerra fr\u00eda, se produjo b\u00e1sicamente sin derramamiento de sangre. Las fachadas de los reg\u00edmenes anteriores se desmoronaron como castillos de naipes. La victoria de la democracia sobre el totalitarismo tuvo dos efectos. Por una parte, confirm\u00f3 la derrota de las doctrinas que se erig\u00edan como rivales de la democracia y consagr\u00f3 la superioridad de este r\u00e9gimen. Adem\u00e1s, al mismo tiempo el movimiento democr\u00e1tico lleg\u00f3 a otras partes del mundo, al sudeste asi\u00e1tico y a Am\u00e9rica latina. Pero, por otra parte, convirti\u00f3 en anacr\u00f3nica la justificaci\u00f3n de la democracia por comparaci\u00f3n con las dictaduras, totalitarias o militares. Al no tener ya enemigo ideol\u00f3gico, la democracia perdi\u00f3 una parte de su identidad, esa aspiraci\u00f3n a determinados valores que destacaban por contraste.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, el final de la guerra fr\u00eda tuvo dos efectos parecidos al otro lado del antiguo tel\u00f3n de acero, especialmente en Rusia. El ideal comunista hab\u00eda sido una mera petici\u00f3n de principio, pero ilustraba la necesidad de vivir de acuerdo con un ideal. Se hab\u00eda presentado una ficci\u00f3n como si fuera una realidad cercana, y para gran parte de la poblaci\u00f3n desempe\u00f1aba ese papel. Con la ca\u00edda del imperio sovi\u00e9tico se inici\u00f3 un doble proceso. Por una parte, la verdad sustituy\u00f3 a la mentira, lo que permiti\u00f3 dejar atr\u00e1s ilusiones y falsas excusas. Pero, por la otra, la nueva situaci\u00f3n dej\u00f3 fuera la referencia a valores trascendentes. Se crey\u00f3 que vivir de acuerdo con un ideal era siempre y exclusivamente producto de la ingenuidad o de la hipocres\u00eda, que lo mejor era asumir el destino com\u00fan, vivir en funci\u00f3n del inter\u00e9s personal, intentar satisfacer los deseos inmediatos y aceptar que el dinero era la \u00fanica llave de la felicidad. El primer efecto del cambio ten\u00eda que ver con el contenido de las representaciones colectivas, y el segundo, con la estructura propia de cada existencia.<\/p>\n<p>El libro El fin del hombre rojo, de Svetlana Aleksi\u00e9vich, capta bien estos dos efectos del cambio que sobrevino. Durante a\u00f1os, esta periodista entrevist\u00f3 a representantes an\u00f3nimos de la sociedad ex sovi\u00e9tica, lo que le permite presentar un cuadro complejo y matizado de la angustia que se apoder\u00f3 de esta poblaci\u00f3n. La propia autora describe as\u00ed la naturaleza del cambio: \u00abEst\u00e1bamos dispuestos a morir por nuestros ideales. A luchar por ellos [\u2026] Todos los valores se desmoronaron salvo los de la vida. De la vida en general. Los nuevos sue\u00f1os son construirse una casa, comprarse un coche bonito y plantar groselleros [\u2026] Ya nadie hablaba de ideales. Habl\u00e1bamos de cr\u00e9ditos, de porcentajes y de letras de cambio. Ya no trabaj\u00e1bamos para vivir, sino para \u201chacer\u201d dinero, para \u201cganar\u201d dinero\u00bb. Los valores se han refugiado en el \u00e1mbito privado, y tienen sobre todo que ver con la vida material. Un hombre explica a la periodista: \u00abDurante m\u00e1s de setenta a\u00f1os, nos repitieron machaconamente que el dinero no da la felicidad [\u2026] Pero bast\u00f3 con proclamar desde lo alto de una tribuna: \u201c\u00a1Comerciad, enriqueceos!\u201d, y lo olvidamos todo\u00bb. Una mujer a\u00f1ade: \u00abAhora ya no se puede hablar con nadie de cosas espirituales, aparte de con los popes [\u2026] \u00bfCu\u00e1l es nuestro ideal, aparte del salchich\u00f3n?\u00bb. Ya no se proh\u00edben los discursos religiosos, pero son un tema personal. A muchos de estos testigos les da la impresi\u00f3n de que han pasado de Caribdis a Escila. El pasado era terrible (los recuerdos de la violencia totalitaria siguen frescos), pero el presente est\u00e1 vac\u00edo, y todas las aspiraciones humanas han quedado sustituidas por el frenes\u00ed consumista. En el mundo de los valores hemos pasado del espejismo comunista al desierto capitalista.<\/p>\n<p>El cambio es menos espectacular en el mundo occidental, ya que el papel del ideal \u2014aunque fuera falso\u2014 no estaba tan hipertrofiado, pero sigue una trayectoria similar. La rivalidad entre los dos adversarios, democracia y totalitarismo, era un acicate para las virtudes pol\u00edticas. En su ausencia, el espacio p\u00fablico se vaci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s de sus valores y los releg\u00f3, en el mejor de los casos, exclusivamente a la vida privada. Este cambio incomod\u00f3 a muchas personas, en especial a algunos militantes de extrema izquierda, que reorientaron sus energ\u00edas hacia la acci\u00f3n humanitaria, hacia organizaciones no gubernamentales como M\u00e9dicos Sin Fronteras y M\u00e9dicos del Mundo. De esta manera, la vida p\u00fablica recuperaba el contacto con el mundo de los valores. Sin embargo, esta actividad de asistencia y de ayuda \u2014que anteriormente representaba la Cruz Roja\u2014 no tard\u00f3 en parecerles insuficiente. Algunas veces el sufrimiento de poblaciones lejanas respond\u00eda a causas naturales, terremotos, inundaciones o erupciones volc\u00e1nicas, pero con m\u00e1s frecuencia lo hab\u00edan provocado iniciativas humanas: guerras, dictaduras o persecuciones. Entonces se puso de manifiesto que para ayudar a las v\u00edctimas de los desastres no bastaba con limitarse a proporcionar medicamentos y comida, sino que hab\u00eda que neutralizar las causas humanas inmediatas, defender los derechos humanos y el r\u00e9gimen democr\u00e1tico, si era preciso por la fuerza. El hundimiento de la superpotencia sovi\u00e9tica dej\u00f3 el campo libre a intervenciones de la superpotencia estadounidense y de sus aliados. Occidente recuperaba un ideal trascendente, al menos en pol\u00edtica exterior: promover la democracia y los derechos humanos en todo el mundo. Ya no se trataba de socorrer, sino de curar, es decir, de corregir los modos de vida que consideraban responsables de esas deficiencias.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n de llevar el bien a los dem\u00e1s, si es necesario mediante la fuerza militar, se inscribe en un esquema de mesianismo pol\u00edtico muy habitual en Occidente, cuyas manifestaciones anteriores fueron, en el siglo xix, el colonialismo (llevar la civilizaci\u00f3n superior a los que no la conoc\u00edan y liberarlos de sus costumbres primitivas), y, en el siglo xx, el comunismo en su versi\u00f3n sovi\u00e9tica (crear en todas partes la sociedad ideal). A los ide\u00f3logos que promovieron la nueva forma de pol\u00edtica impregnada de valores se les llam\u00f3, parad\u00f3jicamente, neoconservadores (cuando son hostiles al conservadurismo), y proceden tanto de la izquierda como de la derecha pol\u00edtica. Las acciones que resultan de ellos recibieron denominaciones cambiantes, ya que no tardaron en considerarse eufemismos de una realidad que no quiere decir su nombre. As\u00ed, \u00abderecho de injerencia\u00bb (en la que la palabra derecho adopta el mismo significado que en la expresi\u00f3n \u00abel derecho del m\u00e1s fuerte\u00bb), \u00abresponsabilidad de proteger\u00bb (que permite intervenir militarmente en un pa\u00eds extranjero para eventualmente derrocar al gobierno y sustituirlo por otro) o \u00abmisi\u00f3n para garantizar la seguridad mundial\u00bb, reivindicada por los presidentes de Estados Unidos (una misi\u00f3n que deriva de su superioridad militar). Estas intervenciones, que, desde el final de la guerra fr\u00eda, constituyen la mayor\u00eda de las acciones militares que emprenden las potencias occidentales, reciben tambi\u00e9n denominaciones formadas por alianzas de palabras de significado contrario, como \u00abguerras humanitarias\u00bb o \u00abmilitarismo democr\u00e1tico\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, las intervenciones no han conseguido el resultado deseado. Los pa\u00edses que las han sufrido, ya sea Irak, Afganist\u00e1n o Libia, no se han convertido en democracias ejemplares, ni en campeones de los derechos humanos. La raz\u00f3n es sencilla: la guerra es un \u00abmedio\u00bb tan poderoso y devastador que anula los nobles objetivos que la hab\u00edan motivado. La destrucci\u00f3n de personas y bienes no es menos dolorosa cuando se supone que las bombas caen del cielo para defender el bien. Y lo que es peor, la guerra da a la poblaci\u00f3n que la sufre un ejemplo de violencia muy alejado de los valores democr\u00e1ticos o humanitarios que se reivindican. A consecuencia de estas intervenciones, las razones para atacar objetivos occidentales no se han debilitado, sino que se han multiplicado, y pueden encontrarse incluso en las poblaciones inmigrantes de los propios pa\u00edses occidentales.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en estos pa\u00edses occidentales se producen efectos negativos. En nombre de la lucha contra un enemigo implacable, los gobiernos est\u00e1n dispuestos a legalizar la tortura y a limitar las libertades civiles de las que gozan los ciudadanos. Adem\u00e1s, cuando un gobierno declara una guerra, empuja a su poblaci\u00f3n a unirse a \u00e9l, lo cual acalla las cr\u00edticas y elimina las dudas y los matices. En 2014 la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n rusa estuvo de acuerdo con las intervenciones rusas contra Ucrania, la poblaci\u00f3n israel\u00ed con las intervenciones contra los palestinos, y la poblaci\u00f3n francesa con las intervenciones contra el Estado Isl\u00e1mico. Raramente se empatiza con el punto de vista del adversario. La guerra supone una escuela de manique\u00edsmo. Las intervenciones occidentales en curso no son una excepci\u00f3n a la regla. Nuestro pueblo es un apasionado de la libertad y defiende la dignidad humana, dicen los dirigentes de los pa\u00edses que causan la guerra, pero nuestros enemigos s\u00f3lo saben sembrar la muerte, violar y decapitar. Nuestros muertos tienen una familia que llora por ellos, pero los suyos son cifras y abstracciones. Pero \u00bfestamos seguros de que \u00abnosotros\u00bb nos comportamos siempre de manera civilizada, mientras que \u00abellos\u00bb representan la barbarie? Las v\u00edctimas no desaparecen por el hecho de que las describamos como consecuencia de \u00abatropellos\u00bb o de \u00abda\u00f1os colaterales\u00bb. Nuestros drones matan simult\u00e1neamente a combatientes y a sus vecinos.<\/p>\n<p>\u00bfSon una respuesta a las ejecuciones de rehenes que difunden en Internet? Son ellos los que mantienen discursos inflamados, pero, llegado el caso, nosotros estamos dispuestos a pegar fuego a su pa\u00eds. Es dif\u00edcil demostrar que intervenciones de este tipo ilustran los valores morales que defendemos, y no nuestros intereses.<\/p>\n<p>Si atendemos a los asuntos internos de las democracias liberales, tampoco encontramos demasiada relaci\u00f3n con un ideal elevado. Empezando por lo m\u00e1s banal, la acci\u00f3n de sus dirigentes queda comprometida si nos damos cuenta de que utilizan su posici\u00f3n p\u00fablica para obtener favores personales, para beneficiar a sus familiares y amigos a cambio de otros servicios o para cualquier otra forma de corrupci\u00f3n. Sabemos que muchos pol\u00edticos, en Francia y en otros pa\u00edses, se han visto implicados en diversos delitos m\u00e1s o menos graves, que van desde ocupar una vivienda en principio reservada a familias humildes hasta el fraude fiscal, pasando por el favoritismo con familiares o amigos acomodados que a cambio podr\u00e1n prestarles servicios. Otros son inculpados por comportamientos il\u00edcitos. Pero incluso cuando no cometen delitos, la mayor\u00eda de los pol\u00edticos est\u00e1 muy por detr\u00e1s de lo que se espera de ellos. A menudo da la impresi\u00f3n de que s\u00f3lo les mueve la voluntad de conquistar y mantener el poder, o parecen no pensar m\u00e1s que en la rivalidad con otros dirigentes de su partido o con sus adversarios pol\u00edticos, o s\u00f3lo les interesa la eficacia de las medidas que proponen, cuando nos gustar\u00eda creer que los anima un cierto ideal, que tienen un objetivo m\u00e1s elevado que el equilibrio presupuestario o la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit (aunque sean indispensables). El espect\u00e1culo que ofrecen durante las campa\u00f1as electorales, cuando se sienten obligados a hablar lo peor posible de sus rivales, tampoco contribuye a realzar su imagen.<\/p>\n<p>El efecto de estos comportamientos es la falta de consideraci\u00f3n general por las \u00e9lites pol\u00edticas, la degradaci\u00f3n de las funciones que asumen, la creciente indiferencia de la poblaci\u00f3n por los asuntos p\u00fablicos y en \u00faltimo t\u00e9rmino el rechazo de las formas que adquiere la vida pol\u00edtica, lo que a su vez favorece a los enemigos de la democracia y de la moral. El Estado (y por lo tanto la solidaridad nacional) est\u00e1 ya debilitado por la globalizaci\u00f3n, que sustrae a su control buena parte de la actividad econ\u00f3mica del pa\u00eds. La insuficiencia de las \u00e9lites le da otro golpe. Si la democracia no es m\u00e1s que una fachada que mantiene en pie el ritual de las elecciones, que se repite cada equis a\u00f1os, mientras que el resto del tiempo el pa\u00eds est\u00e1 dirigido por una oligarqu\u00eda pol\u00edtico-econ\u00f3mica, a la poblaci\u00f3n le costar\u00e1 movilizarse para defenderla.<\/p>\n<p>Llegados a este punto, podr\u00edamos preguntarnos si de verdad la vida privada ha conservado una viva relaci\u00f3n con los valores. Desde hace ya varios siglos se pone en duda esta conexi\u00f3n. Hace doscientos cincuenta a\u00f1os, Jean-Jacques Rousseau se quejaba de que aquellos de sus contempor\u00e1neos a los que llamaban \u00abfil\u00f3sofos\u00bb (pensaba en Diderot y sus amigos) defendieran una visi\u00f3n del mundo que no dejaba el menor espacio a la preocupaci\u00f3n por el bien com\u00fan: \u00abA saber, que el \u00fanico deber del hombre es seguir en todo momento las inclinaciones de su coraz\u00f3n\u00bb. Diderot no firm\u00f3 esta frase, pero escrib\u00eda en sus <em>Tablettes<\/em>: \u00abHay que estar contento con la tendencia de la propia naturaleza, \u00e9sta es toda mi moral\u00bb. Si creemos lo que dice, el \u00fanico valor respetable ser\u00eda ser fiel con uno mismo, el individuo s\u00f3lo tendr\u00eda obligaciones consigo mismo, sin la menor consideraci\u00f3n con los efectos que sin duda sus actos producen en sus semejantes.<\/p>\n<p>A veces se dice que, desde esta \u00e9poca lejana, la audacia de algunos \u2014la emancipaci\u00f3n de los imperativos morales\u2014 se convirti\u00f3 en moneda corriente o incluso en un signo de progreso. Anta\u00f1o esta pulsi\u00f3n, buscar s\u00f3lo la satisfacci\u00f3n de los propios deseos, topaba con los frenos impuestos por la sociedad. Hoy en d\u00eda al parecer esos frenos se han debilitado, si no eliminado. Recordemos que las religiones tradicionales han relajado su influencia sobre los individuos, y que las familias ya no cultivan las virtudes de la abnegaci\u00f3n y la solidaridad. Esta tendencia volvi\u00f3 a acelerarse con la ca\u00edda del muro y el triunfo del pensamiento neoliberal. El final de la guerra fr\u00eda trajo consigo la relajaci\u00f3n de las fidelidades a los ideales, en adelante el desarrollo econ\u00f3mico se mide en funci\u00f3n del \u00e9xito econ\u00f3mico, y la l\u00f3gica del mercado se extiende a todas las dimensiones de la vida. Por lo dem\u00e1s, la propia palabra moral tiene una connotaci\u00f3n negativa, es necesariamente represiva y retr\u00f3grada, y queda bien asegurar que nos hemos liberado de ella. Nos sometemos en \u00faltima instancia a un c\u00f3digo personal, establecido con el paso de los a\u00f1os, no a deberes impuestos por la comunidad.<\/p>\n<p>\u00bfEs correcto este diagn\u00f3stico? Creo que responde m\u00e1s a la representaci\u00f3n que se hace la sociedad de su vida moral que a la vida moral en s\u00ed. La moral ha abandonado los discursos, no los comportamientos. Por supuesto, a este respecto los individuos var\u00edan entre s\u00ed, no faltan los gestos narcisistas o egoc\u00e9ntricos, justificados por la exigencia de honestidad o de intensidad de la experiencia, pero \u00bfc\u00f3mo no darse cuenta de que, junto a ellos, much\u00edsimas personas siguen actuando teniendo en cuenta el principio moral b\u00e1sico formulado as\u00ed por Emmanuel Levinas: \u00abEl \u00fanico valor absoluto es la posibilidad humana de dar prioridad al otro sobre uno mismo\u00bb? No lo convierten en una doctrina, no se enorgullecen de ello, pero evidentemente para ellas decir \u00abesto revierte en mi propio inter\u00e9s\u00bb o \u00ab\u00e9ste es mi deseo\u00bb no basta para ennoblecer una acci\u00f3n. Saben que el ser humano no termina en los l\u00edmites de su cuerpo, sino que incluye la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. No piensan que todos los valores son de naturaleza econ\u00f3mica y dan m\u00e1s valor a las relaciones humanas que a la acumulaci\u00f3n de bienes muebles e inmuebles. Los valores de amor, tolerancia y compasi\u00f3n no dependen de la fe ni de una religi\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>Para finalizar esta visi\u00f3n general necesariamente sucinta, parece que en Francia, en un contexto muy diferente del de los pa\u00edses comunistas de la Europa del Este, el lugar de la moral en la vida p\u00fablica es tambi\u00e9n problem\u00e1tico. Si intento situar mi propia manera de comportarme en este nuevo marco, me doy cuenta de que, en un primer periodo, que dur\u00f3 unos quince a\u00f1os, segu\u00ed viviendo con una consciencia que se hab\u00eda formado en mi pa\u00eds de origen, y en mis intervenciones p\u00fablicas me absten\u00eda de aludir a los valores que defend\u00eda. Sin embargo, mi relaci\u00f3n con el mundo evolucion\u00f3 progresivamente. Tras nacionalizarme franc\u00e9s, en 1973, y tras el nacimiento de mi primer hijo, un a\u00f1o despu\u00e9s, me sent\u00eda cada vez m\u00e1s integrado en la sociedad francesa y sab\u00eda que ninguna prohibici\u00f3n imped\u00eda expresar p\u00fablicamente ideas y valores. Empec\u00e9 a trabajar sobre temas sociales y pol\u00edticos, defend\u00eda determinados valores y criticaba otros. Al mismo tiempo quedaba cierta huella de mis antiguas reticencias, as\u00ed que me limitaba a mencionar estas cuestiones en mis escritos, pero no me implicaba personalmente en ninguna acci\u00f3n concreta (y no lo lamento). \u00bfEra porque el temor a la autoridad, o a los que la representan, no me hab\u00eda abandonado del todo?<\/p>\n<p>As\u00ed pues, \u00e9stas son las dos situaciones (de las que soy consciente) que me empujaron a enfrentarme a mi actual tema moral y pol\u00edtico: me interesan esos resistentes pac\u00edficos que, en los pa\u00edses comunistas, fueron los disidentes, y las formas de moral que, en una democracia liberal, pueden desempe\u00f1ar un papel activo en la vida p\u00fablica.<\/p>\n<p>Para concretar algo m\u00e1s mi tema, decid\u00ed detenerme en un solo segmento de este amplio \u00e1mbito, las situaciones dram\u00e1ticas en las que una gran fuerza negativa domina la vida social y pol\u00edtica del pa\u00eds, y en las que se impone una pregunta: \u00bfc\u00f3mo reaccionar? El rasgo com\u00fan de todos los personajes cuyo destino relato es que se negaron a someterse d\u00f3cilmente a la coacci\u00f3n, que son insumisos. Esta decisi\u00f3n tiene una vertiente negativa, significa el rechazo de una coacci\u00f3n impuesta por la fuerza o aceptada en silencio por la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n. Pero ese rechazo est\u00e1 indisolublemente unido a un compromiso positivo, la insumisi\u00f3n es a la vez resistencia y afirmaci\u00f3n. Es un doble movimiento permanente, en el que el amor a la vida se mezcla inextricablemente con el odio a lo que la infecta. Resistir significa, ante todo, una forma de lucha que uno o varios seres humanos libran contra otra acci\u00f3n, f\u00edsica y p\u00fablica, que llevan a cabo otros humanos. Por lo tanto, se trata necesariamente de una segunda iniciativa, de una reacci\u00f3n opuesta al mal que se ha instalado en la sociedad. Adem\u00e1s, el insumiso no es un conquistador, no aspira a instaurar otra forma de dominio, no pretende construir una sociedad ideal. Su compromiso es puntual. Pretende sobre todo rechazar la fuerza que quiere someterlo. Por \u00faltimo, el empleo de estas palabras implica que el grupo que resiste dispone de medios inferiores a los de su adversario.<\/p>\n<p>Por estas razones, los luchadores en cuesti\u00f3n no se implican en el campo de batalla, donde los vencer\u00edan r\u00e1pidamente. A nadie se le ocurrir\u00eda llamar resistentes a los soldados de Napole\u00f3n que invadieron Europa, ni a los soldados rusos e ingleses que se enfrentaban a ellos obedeciendo las \u00f3rdenes de su patria. Por el contrario, los civiles italianos y espa\u00f1oles, insumisos, emprenden un movimiento de resistencia contra los invasores. En la Segunda Guerra Mundial hablamos de insumisi\u00f3n y de resistencia en los territorios ocupados por los alemanes, no en el caso de los militares que atacan al Reich desde Londres. Gandhi es un insumiso, un resistente, no el virrey brit\u00e1nico. Son los d\u00e9biles los que, sin odio ni violencia, se oponen a los fuertes, a los que detentan el poder. Debido a esta posici\u00f3n de debilidad y a los medios a los que en ocasiones recurren, puede suceder que, al menos durante cierto tiempo, se califique a estos insumisos de \u00abterroristas\u00bb. No luchan como guerrilleros, pero adoptan t\u00e9cnicas de guerrilla. Por otra parte, el significado de estos t\u00e9rminos es lo suficientemente amplio como para aludir a formas de insumisi\u00f3n diferentes, algunas violentas y otras no. La resistencia no es necesariamente militar.<\/p>\n<p>\u00abInsumiso\u00bb se entiende tambi\u00e9n en otro sentido, ya no por oposici\u00f3n a un enemigo m\u00e1s poderoso, sino en relaci\u00f3n con fuerzas impersonales que act\u00faan en nosotros. Decimos as\u00ed que nos negamos a someternos y que resistimos a la tentaci\u00f3n, o a nuestras pasiones, o a la facilidad, o a la intolerancia y al resentimiento que sentimos crecer dentro de nosotros. La yuxtaposici\u00f3n de estos dos sentidos, colectivo y externo en un caso, individual e interno en el otro, suele resultar esclarecedora.<\/p>\n<p>La presente investigaci\u00f3n tratar\u00e1 de un tema todav\u00eda m\u00e1s limitado, de una forma concreta de resistencia pol\u00edtica. Los que la llevan a cabo poseen algunos rasgos en com\u00fan, aunque intervienen de maneras diferentes seg\u00fan sean simples insumisos, disidentes o militantes clandestinos. As\u00ed, contra la opresi\u00f3n que sufren, reivindican un valor trascendente y ellos mismos poseen una virtud moral. Sus medios no son violentos, consisten b\u00e1sicamente en afirmar con perseverancia lo que consideran verdadero y justo.<\/p>\n<p>Antes de seguir avanzando debo a\u00f1adir que mi decisi\u00f3n de observar s\u00f3lo este tipo de comportamiento, a mi modo de ver loable, en ning\u00fan caso significa que lo considero una caracter\u00edstica principal de la especie humana, que pone de manifiesto las tendencias profundas de mis contempor\u00e1neos o de m\u00ed mismo. Tanto los individuos como los grupos suelen obedecer a la l\u00f3gica de las represalias, responden al mal con el mal, si es posible con un mal mayor. \u00bfQui\u00e9n no ha cedido a la tentaci\u00f3n, al menos mentalmente, de hacer sufrir al que le ha hecho sufrir?<\/p>\n<p>Haber sido v\u00edctimas de violencias y de agresiones no garantiza que ma\u00f1ana no nos convirtamos en agresores violentos, y en la mayor\u00eda de los casos nos incita a ello. Asimismo, lo m\u00e1s probable es que, frente a la opresi\u00f3n o a la injusticia, la tendencia natural de la mayor\u00eda de nosotros sea someterse y esperar a que pase la tormenta. En lo que a m\u00ed respecta, no estoy seguro de estar totalmente libre de esta pulsi\u00f3n de venganza y de medidas de represalia, ni de tener siempre las fuerzas y el valor de oponerme a lo que me indigna. Lo que creo es que es posible escapar de estos instintos primarios de facilidad y que, se mire desde donde se mire, es deseable. Mencionar el ejemplo de los que optaron por esta v\u00eda quiz\u00e1 ayude a que los dem\u00e1s, nosotros, sigamos durante alg\u00fan tiempo su opci\u00f3n.<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Este texto es parte de la introducci\u00f3n de <strong>Tzvetan Todorov<\/strong> a su libro <a href=\"http:\/\/www.galaxiagutenberg.com\/libros\/insumisos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em><strong>Insumisos<\/strong><\/em><\/a>(p\u00e1gs. 13-30), publicado en Espa\u00f1a por la editorial Galaxia Gutenberg en 2016. Traducci\u00f3n de Noem\u00ed Sobregu\u00e9s. Publicado aqu\u00ed con permiso de la editorial).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.galaxiagutenberg.com\/libros\/insumisos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-52949 td-animation-stack-type0-2\" src=\"https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=181%2C300&amp;ssl=1\" sizes=\"(max-width: 181px) 100vw, 181px\" srcset=\"https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=181%2C300&amp;ssl=1 181w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=768%2C1271&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=619%2C1024&amp;ssl=1 619w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=254%2C420&amp;ssl=1 254w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=640%2C1059&amp;ssl=1 640w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=681%2C1127&amp;ssl=1 681w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=109%2C180&amp;ssl=1 109w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=196%2C325&amp;ssl=1 196w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=302%2C500&amp;ssl=1 302w, https:\/\/i1.wp.com\/www.nuevarevista.net\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Sobre_Insumisos-967x1600.jpg?resize=967%2C1600&amp;ssl=1 967w\" alt=\"\" width=\"181\" height=\"299\" \/><\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Determinados personajes se han convertido en insumisos a fuerza de luchar contra las injusticias. 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