{"id":828,"date":"2018-12-16T01:35:57","date_gmt":"2018-12-16T01:35:57","guid":{"rendered":"http:\/\/uninomadasur.net\/?p=828"},"modified":"2018-12-16T01:35:57","modified_gmt":"2018-12-16T01:35:57","slug":"los-comunes-ni-publicos-ni-privados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/uninomadasur.net\/?p=828","title":{"rendered":"Los comunes: ni p\u00fablicos ni privados"},"content":{"rendered":"<div class=\"page\" title=\"Page 1\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><em>Los comunes, lugares de resistencia<\/em><\/p>\n<p><em><strong>Por Gustavo Esteva<\/strong><\/em>(1)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 1\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Pese a su ubicuidad, los comunes no son f\u00e1ciles de definir. Aportan sustento, seguridad e independencia, aunque \u2013en lo que muchos occidentales creen ver una paradoja- propiamente no producen mercanc\u00edas. Adem\u00e1s, a diferencia de la mayor parte de las cosas en las sociedades industriales modernas, no son ni privados ni p\u00fablicos: ni granjas comerciales ni colectivizaciones comunistas, ni firmas comerciales ni empresas de servicio p\u00fablico. Tampoco suelen estar abiertos a todo el mundo. La comunidad local es la que, de forma t\u00edpica, decide qui\u00e9n los usa y c\u00f3mo se usan.<\/p>\n<p>La ilimitada diversidad de comunes tambi\u00e9n hace esquivo el concepto. Mientras que todos los reg\u00edmenes comunales suponen un uso conjunto, lo que define su acceso a ellos es desconcertantemente variado: por ejemplo, bosques, selvas, tierras, minerales, agua, peces, animales, lenguaje, tiempo, longitudes de onda de radio, silencio, semillas, leche, anticonceptivos, calles&#8230;.<\/p>\n<p>Por encontrar alg\u00fan orden en todo eso, algunos te\u00f3ricos mantienen que los comunes son \u201crecursos respecto de los cuales la exclusi\u00f3n es dif\u00edcil\u201d y para los que no vale la pena establecer l\u00edmites, o bien aquellos que \u201cson necesarios para todos pero cuya productividad es m\u00e1s difusa que concentrada, de rendimiento bajo o impredecible\u201d. Por ejemplo, las marismas de inundaci\u00f3n estacional en Borneo, las parameras inglesas o las zonas de matorral espa\u00f1olas. Aunque tambi\u00e9n se tratan como comunes tierras de cultivo de menor extensi\u00f3n, m\u00e1s f\u00e1cilmente divisibles y de mayor productividad. En Laos y Malasia, as\u00ed como en Etiop\u00eda y en muchas partes del \u00c1frica actual, la comunidad asigna tradicionalmente parcelas a sus miembros, manteniendo en cualquier caso la autoridad para redistribuirlas si no se usan para su sustento. En tales casos de usufructo, el derecho comunal puede definirse como un derecho no sobre la tierra, que sigue siendo de la comunidad, sino sobre los frutos de esa tierra durante un cierto tiempo.<\/p>\n<p>Otros te\u00f3ricos sugieren que los comunes son recursos usados en com\u00fan cuyo empleo por una persona puede sustraerlos del bienestar de otras, y que, por tanto, est\u00e1n potencialmente sujetos a rapi\u00f1a o degradaci\u00f3n. Si bien esto puede ser cierto para muchos casos, otros no son \u2018sustra\u00edbles\u2019 en ese sentido, como la diversidad gen\u00e9tica o los conocimientos anticonceptivos (por citar solo dos ejemplos de \u2018recursos\u2019 comunales habituales).<\/p>\n<p><strong>La clave social<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s fruct\u00edferos que esos intentos de definir los comunes por sus \u00e1mbitos son aquellos que los definen por su organizaci\u00f3n social y cultural. Por ejemplo, el poder local o grupal, las distinciones entre miembros y forasteros, la paridad b\u00e1sica entre sus miembros, la mayor preocupaci\u00f3n por la seguridad com\u00fan que por la acumulaci\u00f3n, as\u00ed como la ausencia de ese tipo de restricciones que llevan a la escasez econ\u00f3mica. Sin embargo, tambi\u00e9n aqu\u00ed ser\u00eda un error pedir mucha m\u00e1s precisi\u00f3n. Por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 significa \u2018local\u2019 al hablar de \u2018poder local\u2019? En la provincia china de Shanxi, los bosques comunales pertenec\u00edan a una aldea, a varias conjuntamente, o a ciertos clanes, mientras que en la India los criterios relevantes pueden referirse a las castas. Y, an\u00e1logamente, \u00bfen qu\u00e9 consiste el \u2018poder\u2019 del \u2018poder local\u2019? A veces es el poder de excluir a los forasteros o el de castigarlos si abusan de los comunes. A menudo este poder sustenta las bases de una estructura adicional de derechos, deberes, creencias y reglas internas que dan forma a la relaci\u00f3n de la propia comunidad con su entorno. A veces, las redes de poder internas dan lugar a cierta noci\u00f3n de \u2018propiedad\u2019 o \u2018posesi\u00f3n\u2019 del com\u00fan, pero lo m\u00e1s frecuente es que el grupo relevante no se vea a s\u00ed mismo como propietario del agua o de la tierra, sino m\u00e1s bien como si fuera \u00e9l propiedad de ellas, o como su mero administrador.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 2\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><strong>Percepciones de la escasez<\/strong><\/p>\n<p>Otra caracter\u00edstica que a menudo se atribuye a los comunes es que, a diferencia de los recursos en la econom\u00eda moderna, no se perciben como escasos. Ello no se debe s\u00f3lo a que muchas cosas disponibles como comunes \u2013sea el silencio, el aire o la diversidad gen\u00e9tica- se renuevan continuamente por s\u00ed mismas (hasta que su apropiaci\u00f3n por agentes pol\u00edticos externos los convierte deliberadamente en escasos). Lo m\u00e1s importante es que las necesidades que muchos comunes satisfacen no se pueden extender infinitamente. Esas necesidades no est\u00e1n determinadas por un sistema exterior de producci\u00f3n de bienes y servicios orientado hacia el crecimiento, sino que se ven constantemente controladas y limitadas por el propio sistema comunal. Al no existir la carrera entre crecimiento y escasez, producida por el propio crecimiento, no es rara la sensaci\u00f3n de \u2018tener lo suficiente\u2019. Incluso donde se venden los productos del com\u00fan, las \u2018necesidades\u2019 definidas por el consumismo y la demanda de bienes y servicios de un mercado externo est\u00e1n sujetas a una continua revisi\u00f3n interna.<\/p>\n<p><strong>DONDE LA COMUNIDAD TIENE AUTORIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Para la mirada occidental, las calles y callejas de Bangkok, como las de tantas ciudades del Sur, pueden parecer una extra\u00f1a mezcla de orden y caos. A la sombra de relumbrantes hoteles y bloques de pisos u oficinas, los moradores de casuchas habitan en la oscuridad, en conglomerados ca\u00f3ticos de chabolas junto a las v\u00edas del ferrocarril, en solares o en zonas pantanosas. Frente a hileras de tiendas de cemento y bancos con aire acondicionado, carros y puestos de golosinas, de calamares secos y de bebidas fr\u00edas compiten por el espacio con pordioseros y vendedores de fruta o de amuletos. Traficantes de souvenirs obstruyen el tr\u00e1fago de viandantes amontonando sus mesitas con las de ropa infantil barata, art\u00edculos de cuero, dulces y zapatillas deportivas. Vendedores ambulantes muestran un abierto desprecio la propiedad intelectual ofreciendo a voces a la concurrencia falsos Rolex, cintas de rock pirateadas y supuestas camisetas Lacoste. Bajo la mirada ab\u00falica de los polic\u00edas, los transe\u00fantes serpentean entre ruidosos y humeantes camiones, autobuses y motocicletas.<\/p>\n<p>La apariencia an\u00e1rquica de estas escenas puede confundir la mentalidad occidental. \u00bfQui\u00e9nes son estas gentes que cr\u00edan puercos y secan la ropa junto a las v\u00edas del tren? \u00bfPor qu\u00e9 la polic\u00eda no hace nada contra los timadores o los veh\u00edculos contaminantes? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 aqu\u00ed la ley? \u00bfPor qu\u00e9 nadie parece saber lo que es eso? El occidental acomodado en un puesto de comidas al borde de una calle atiborrada puede tener la ingrata sensaci\u00f3n de estar invadiendo un espacio p\u00fablico, reforzada quiz\u00e1 por cierta molestia hacia bur\u00f3cratas y polic\u00edas. \u00a1Basta de vendedores! Como los chabolistas, parecen prestos a ocupar todo el espacio posible. Por supuesto, de vez en cuando la polic\u00eda los desaloja, pero no parece que sea por una preocupaci\u00f3n real por el orden p\u00fablico. Es m\u00e1s probable que se deba a que llega alguna personalidad extranjera y alg\u00fan alto funcionario, temeroso de quedar mal, haya emitido una orden de acicalar las calles. En cualquier caso, los vendedores regresan en cuanto se va la polic\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Una estructura oculta<\/strong><\/p>\n<p>Si conociera mejor Bangkok, la impresi\u00f3n del occidental cambiar\u00eda. Tras la aparente ausencia de orden p\u00fablico, aparecen se\u00f1ales de un tipo diferente de orden moral y ambiental. Se advierte que, aunque pueda no respetarse siempre el orden p\u00fablico, s\u00ed est\u00e1n bien marcados los l\u00edmites informales dentro de comunidades de gentes que se conocen entre s\u00ed. En los poblados de chabolas, o en la hilera de vendedores ambulantes, los vecinos ponen en su lugar a quien se pasa de la raya. No hay mucho espacio y hay pocas oportunidades de mantenerlo limpio y atractivo, pero la gente lo aprovecha lo mejor que puede. Y como ning\u00fan grupo es lo bastante fuerte para usurpar demasiado espacio para s\u00ed, todos tienen un hueco.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 3\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Tambi\u00e9n se defienden las fronteras externas. Cuando la polic\u00eda hace una redada, surgen murmullos enfurecidos entre los puestos. \u201c\u00a1Este sitio es nuestro! \u00a1Llevamos a\u00f1os aqu\u00ed! \u00a1\u00bfCon qu\u00e9 derecho nos echan?!\u201d. En ocasiones, la rabia puede llevar a una resistencia m\u00e1s organizada. En una zona de huertos asentada en un recodo del r\u00edo Chao Phraya, junto al centro de la ciudad, se reunieron propietarios y ocupantes para protestar por la conversi\u00f3n de su tierra en un \u2018parque p\u00fablico\u2019, arguyendo que ellos y sus antepasados ya hab\u00edan mantenido verde el lugar durante un siglo. En un barrio de chabolas, cuando la polic\u00eda entr\u00f3 a desmantelar las moradas de sus ocupantes, los cr\u00edos se lanzaron a agarrarles de las piernas. Sacudi\u00e9ndoselos de encima, los polic\u00edas s\u00f3lo consiguieron avanzar unos cuantos pasos antes de toparse con una falange de mujeres enfurecidas y burlonas que, con los pechos al aire, trataban de expulsarlos, avergonz\u00e1ndolos. Tras ellas esperaban los hombres de la comunidad. Puede que la gente reconozca las leyes m\u00e1s como un hecho que como una norma social, y valore las costumbres m\u00e1s que los contratos, pero su sentido del derecho y de la justicia est\u00e1 bien afinado.<\/p>\n<p>El orden que busca la gente no suele ser el llamado \u2018orden p\u00fablico\u2019. A pocos les importan las obligaciones generales hacia invisibles extra\u00f1os. Son pocos los que guardan recuerdo de la palabra impresa, an\u00f3nima y formal, o de las declaraciones de \u2018propiedad p\u00fablica\u2019 sobre cierta zona. La gente trata, m\u00e1s bien, de establecer relaciones personales, cara a cara. Se tantean unos a otros, tratando de situarse. \u00bfQui\u00e9n es aqu\u00ed el m\u00e1s poderoso? \u00bfQui\u00e9n tiene m\u00e1s autoridad? \u00bfConozco a alguno de sus parientes? \u00bfD\u00f3nde puedo hacer un espacio para mi familia? \u00bfC\u00f3mo puedo ampliarlo haciendo las alianzas adecuadas?\u00bfCu\u00e1nto podemos conseguir mis familiares y amigos sin ofender a los vecinos? A medida que los nuevos conocimientos act\u00faan para ir adquiriendo posiciones en las aceras, en los vecindarios o en los lugares de encuentro, se perfilan redes invisibles, se tienden conexiones, y se establecen reglas no dichas. A medida que las relaciones cristalizan y se reequilibra el poder, crece la interdependencia y el afecto se cambia por respeto. Se distingue entre los locales y los forasteros, y la consideraci\u00f3n y el cari\u00f1o florecen entre los conocidos. Los h\u00e1bitos pronto se convierten en derechos, que no pueden violarse sin negar tambi\u00e9n los crecientes lazos personales. La gente com\u00fan pone su confianza en estos derechos y en estos lazos, m\u00e1s que en el aparato formal de la ley o en un inculcado sentido de \u2018lo p\u00fablico\u2019.<\/p>\n<p><strong>Or\u00edgenes, cambio, renacimiento<\/strong><\/p>\n<p>Este orden no emerge de la nada. Recrea fragmentariamente una larga tradici\u00f3n que es m\u00e1s visible en el campo: la tradici\u00f3n comunal (2). All\u00ed, hasta hace poco, la categor\u00eda de \u2018lo p\u00fablico\u2019 apenas exist\u00eda. En la pr\u00e1ctica cotidiana, era sobre todo la comunidad quien ejerc\u00eda su dominio sobre el tiempo, el espacio, la agricultura y el lenguaje. Los bosques y los r\u00edos que alimentaban los sistemas locales de riego se manten\u00edan intactos porque quien los degradara ten\u00eda que enfrentarse a la c\u00f3lera de los vecinos privados de su sustento, y nadie era lo bastante poderoso como para hacerlo. Todos estaban sujetos a la vigilancia y el castigo de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Bangkok deform\u00f3 esta tradici\u00f3n. Las minor\u00edas beneficiadas por el crecimiento del Estado y del \u2018desarrollo econ\u00f3mico\u2019lograron el poder suficiente para usurpar \u00e1mbitos comunales cada vez m\u00e1s amplios \u2013calles, aire limpio, espacios verdes- sin tener que preocuparse de la reacci\u00f3n de otros. Las redes de relaciones personales se deshilacharon, perdieron su anclaje en un lugar concreto y la capacidad de la gente para defender su espacio y hacerlo habitable qued\u00f3 muy debilitada. Aqu\u00e9llos cuyos modos de vida quedaron desbaratados por este proceso cayeron en una progresiva y miserable dependencia de quienes les hab\u00edan destruido. Simult\u00e1neamente, se ramificaron nuevas redes de relaciones personales entre las capas superiores de la sociedad. Alianzas din\u00e1sticas, comerciales y militares concentraron y reconcentraron el poder mucho m\u00e1s all\u00e1 de la capacidad de la gente com\u00fan para controlarlas.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 4\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>En este sentido, el desorden de Bangkok surgi\u00f3 menos de los hacinamientos chabolistas de las barriadas o de las fortuitas formaciones de vendedores ambulantes que de las fuerzas \u2013en parte extranjeras- que est\u00e1n tras los modernos rascacielos p\u00fablicos y privados, los restaurantes de comida r\u00e1pida y los rutilantes anuncios que tan tranquilizadores y ordenados le parecen al visitante occidental. De hecho, es en los comunes como los de las barriadas o los espacios de venta ambulante donde mejor puede encontrarse el orden que salvaguarde los intereses y el entorno de los bangokianos comunes. Cuando est\u00e1 en juego la subsistencia, estas gentes improvisan o reconstruyen m\u00e1s o menos toscamente sus reg\u00edmenes comunales antes que depositar su esperanza en la econom\u00eda de mercado o en las instituciones p\u00fablicas. Con mejor o peor fortuna, los comunes son los espacios sociales y pol\u00edticos donde pueden hacerse cosas, donde la gente encuentra un sentido de pertenencia y donde tiene algo de control sobre su propia vida. En Bangkok, como en tantos otros lugares del Sur, cuando los comunes desaparecen, apenas hay nada que pueda reemplazarlos.<\/p>\n<p><strong>Una realidad cotidiana&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>La historia de Bangkok y sus comunes rotos puede parecer lejana a la experiencia occidental. La palabra \u2018comunes\u2019 tiene, para muchos, un sabor arcaico: el de los pastos de la aldea medieval que no pertenecen a los aldeanos pero sobre los que tienen el derecho de apacentar su ganado. Sin embargo, son una realidad cotidiana para la inmensa mayor\u00eda de la humanidad. El 90% de los pescadores del mundo se abastecen en los comunes de las costas marinas, donde capturan la mitad del pescado que hoy se come en el mundo (3). En Filipinas, Java y Laos, los sistemas de riego est\u00e1n ideados y mantenidos por los propios aldeanos, y los derechos sobre el agua se ejercen mediante reglas establecidas por la comunidad (4). Incluso en el Norte, hay comunidades que a\u00fan administran sus bosques y pesquer\u00edas en mano com\u00fan (cultivadores de langosta en Maine, por ejemplo, o comunidades de bosques en muchas zonas de Finlandia), y mantienen el poder de repartir entre ellas lo que consideran \u2018sus\u2019 parcelas de mar o de suelo (5). Por otra parten, continuamente est\u00e1n emergiendo nuevos comunes, incluso en comunidades que pudieran parecer comunidades totalmente fragmentadas. En ciudades del interior de los EEUU, las jergas de las comunidades negras expresan conceptos a los que las lenguas que se ense\u00f1an en las escuelas estatales no pueden referirse. Por todas partes, junto a los basureros t\u00f3xicos y en torno a los proyectos de plantas nucleares, la gente insiste en su \u2018derecho\u2019 a mantener el aire y la tierra que les rodean libres de la amenaza de sustancias venenosas o radioactivas, denunciando la racionalidad \u2018p\u00fablica\u2019 y econ\u00f3mica que dicta que sus hogares son \u2018objetivamente\u2019 la mejor localizaci\u00f3n para almacenar los desechos. A ellos no les resultar\u00edan del todo extra\u00f1os, pese al lenguaje religioso, los sentimientos expresados por un anciano de una tribu brasile\u00f1a:<\/p>\n<p>\u201cEl \u00fanico lugar posible donde los krenak podamos vivir y restablecer nuestra existencia, hablar con nuestros dioses, hablar a nuestra naturaleza, entretejer nuestras vidas, est\u00e1 donde Dios nos hizo. No podemos seguir viendo el planeta en que vivimos como si fuera un tablero de ajedrez donde la gente mueve sin m\u00e1s las cosas de un sitio a otro.\u201d (6)<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 5\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><strong>&#8230;Que no est\u00e1 disponible para todo ni para todos<\/strong><\/p>\n<p>Durante muchos a\u00f1os, los gobiernos, los organismos internacionales de planificaci\u00f3n (y muchos ecologistas) han visto con profunda hostilidad los reg\u00edmenes comunales. Nada enerva m\u00e1s al Banco Mundial que la mentalidad del \u201cno-en-mi-patio-trasero\u201d que muestran muchas comunidades al defender sus comunes de presas, residuos t\u00f3xicos o industrias contaminantes (7). Muchos ecologistas y delegados a la Cumbre de la Tierra tambi\u00e9n ve\u00edan el control local sobre tierras, bosques y aguas como una v\u00eda para la destrucci\u00f3n ambiental. Para ellos, la \u00fanica manera de salvaguardar el entorno es cercarlos, patrullarlos y d\u00e1rles valor econ\u00f3mico mediante el desarrollo.<\/p>\n<p>Para defender esta perspectiva, las agencias de desarrollo han jugado con dos confusiones interrelacionadas. La primera, difundida en los a\u00f1os 60 por Garret Hardin y otros, es el mito de \u201cla tragedia de los comunes\u201d. Seg\u00fan Hardin, todo com\u00fan \u201cgenera inevitablemente una tragedia\u201d ya que el beneficio individual que obtiene cada uno de sus usuarios por sobreexplotarlo ser\u00e1 siempre mayor que los costes individuales resultantes de su degradaci\u00f3n (8). Sin embargo, como han se\u00f1alado muchos cr\u00edticos, y como el propio Hardin reconoci\u00f3 m\u00e1s tarde, lo que \u00e9l describe no es un r\u00e9gimen comunal, en el que la autoridad sobre el uso de bosques, aguas y tierras depende de la comunidad, sino m\u00e1s bien un r\u00e9gimen de libre acceso, sobre el que nadie tiene autoridad, sobre el que no hay propiedad de nadie, en el que la producci\u00f3n para un mercado externo adquiere prioridad sobre la subsistencia, en el que la producci\u00f3n no est\u00e1 limitada por consideraciones sobre la abundancia loca a largo plazo, en el que la gente \u201cno parece hablar entre s\u00ed\u201d (9), y en el que el beneficio de sus usuarios es el \u00fanico valor social efectivo.<\/p>\n<p><strong>Cuidar los comunes<\/strong><\/p>\n<p>La diferencia es fundamental. Lejos de ser algo \u201cdisponible para todos\u201d, el uso de los comunes est\u00e1\u00a0estrictamente regulado por reglas y pr\u00e1cticas comunales.<\/p>\n<p>En Canad\u00e1, por ejemplo, las gentes de la naci\u00f3n ojibway a\u00fan cosechan en el Lago Wabigoon, en Ontario, el arroz silvestre en mano com\u00fan, pese a los intentos del gobierno estatal por imponer m\u00e9todos modernos de gesti\u00f3n. El arroz crece en el lago y hasta los a\u00f1os 1950 se cosechaba completamente a mano desde canoas, pero desde hace poco tambi\u00e9n se han introducido m\u00e1quinas cosechadoras. Tanto las m\u00e1quinas como las canoas para la cosecha est\u00e1n reguladas en asambleas comunales donde se asignan los derechos de cosecha. Seg\u00fan la decisi\u00f3n de la asamblea, ciertas zonas (en general, aquellas que se han sembrado hace poco o que quedan m\u00e1s lejos) pueden reservarse para quienes usan m\u00e1quinas, o se permite a ciertas m\u00e1quinas entrar en ciertas zonas durante un periodo limitado \u201cs\u00f3lo despu\u00e9s de a que quienes cosechan con las canoas tradicionales se les haya permitido ejercer sus derechos hasta donde haya decidido la asamblea comunal.\u201d (10) Las violaciones de las asignaciones de cosechas por quienes usan m\u00e1quinas se tratan en la asamblea: recientemente se le negaron los derechos de cosecha durante toda una estaci\u00f3n a un usuario de m\u00e1quina. Para cada zona de cosecha con canoa, la comunidad acuerda elegir un jefe de zona, que se responsabiliza de regular el ciclo de cosecha seg\u00fan la costumbre y de mediar en las disputas. Si se incumplen las reglas, el infractor puede quedarse en tierra: hace poco hubo quien tuvo que \u201cvolver a aprender las costumbres ind\u00edgenas, sent\u00e1ndose en la orilla y observando.\u201d (11)<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 6\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Entre los barabaig, un grupo de pastores semi-n\u00f3madas de Tanzania, los derecho de uso y acceso a la tierra est\u00e1n repartidos de forma diferente entre la comunidad, el clan y las familias. Como explica Charles Lane, \u201cel barabaig reconoce que, para hacer un uso eficaz de los recursos, hay que controlar el acceso a los pastos de modo que se evite explotarlos m\u00e1s all\u00e1 de su capacidad de regeneraci\u00f3n. Aunque el agua es accesible a todos, su uso se controla mediante reglas que evitan que se despilfarre o contamine. Un pozo pasa a ser propiedad del clan al que pertenece el hombre que lo excav\u00f3. Aunque cualquiera puede sacar agua de cualquier pozo con fines dom\u00e9sticos, s\u00f3lo los miembros del clan pueden llevar a ese pozo su ganado para abrevar.\u201d (12) Ya sea individual o colectiva la propiedad de la tierra, hay reglas que aseguran que su uso no ir\u00e1 en perjuicio de la comunidad como un todo, por lo que, por ejemplo, ciertos \u00e1rboles todos los respetan como sagrados. La disputas, que son raras, se resuelven en asamblea p\u00fablica de los varones adultos, si bien en ciertos casos especialmente complejos se forma un comit\u00e9 especial. Hay un consejo paralelo de mujeres, que tambi\u00e9n tiene derechos de propiedad sobre tierra y animales. Las mujeres tienen jurisdicci\u00f3n en asuntos concernientes a ofensas de los hombres sobre ellas y en los que se refieren a la vida espiritual. Lane describe c\u00f3mo recientemente un consejo de mujeres reprendi\u00f3 a los hombres por arar en tierra sagrada. En el \u00e1mbito regional, un consejo an\u00e1logo supervisa el movimiento de los reba\u00f1os para garantizar que no se sobre-explotan los pastos.<\/p>\n<p>Un tercer ejemplo puede ser el de Torbel, en Suiza. Un pueblo de unas 600 personas, donde los pastos, bosques, sistemas de riego y los caminos que conectan terrenos privados o comunales se administran todos comunalmente. Los derechos sobre estos comunes no est\u00e1n abiertos a todos sino que se limitan a que haya comuneros que decidan si un forastero debe admitirse o no como miembro de la comunidad. Por una regulaci\u00f3n que se remonta a 1517, y que se aplica en muchas otras aldeas suizas de monta\u00f1a, nadie puede enviar m\u00e1s vacas a los pastos comunales de las que pueda alimentar durante el invierno, una norma que se refuerza con un sistema de multas. Una vez m\u00e1s, es un consejo quien administra los comunes, que en este caso est\u00e1 formado por todos los ganaderos. Adem\u00e1s de los derechos de pastos, asigna la madera para la construcci\u00f3n y la combustible, dispone la distribuci\u00f3n de abono y tiene a su cargo el mantenimiento de cercas y cobertizos.<\/p>\n<p><strong>La tragedia de los cercados<\/strong><\/p>\n<p>Una segunda confusi\u00f3n que enfanga el debate sobre los comunes se refiere a la degradaci\u00f3n ambiental que pudiera atribuirse a los reg\u00edmenes comunales y la que resulta t\u00edpicamente de su desmantelamiento por reg\u00edmenes m\u00e1s amplios. Como muchos autores han se\u00f1alado, si se examinan con cuidado, muchas \u2018tragedias de los comunes\u2019 resultan ser \u2018tragedias de su cercamiento\u2019 (13). Una vez en posesi\u00f3n de la tierra, los cercadores, a diferencia de las familias ligadas a ella, pueden degradar sus posesiones y abandonarlas, vendi\u00e9ndolas en el mercado sin sufrir ninguna p\u00e9rdida personal. Quienes se benefician de arruinar los comunes son los cercadores, no los comuneros. En el norte de Brasil, por ejemplo, se ha atribuido la situaci\u00f3n de pobreza a la excesiva dependencia de la palma de baba\u00e7u, que los habitantes de la selva usan para hacerse refugios, obtener le\u00f1a y alimentar sus animales. Pero la pobreza debe atribuirse m\u00e1s bien al confinamiento a que les han sometido los colonos ganaderos, que les persiguen como a intrusos cuando recolectan los frutos del baba\u00e7u m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites que les han fijado.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 7\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><strong>El r\u00e9gimen comunal y su entorno natural<\/strong><\/p>\n<p>No quiere esto decir que todo r\u00e9gimen comunal sea siempre capaz de prevenir la degradaci\u00f3n de los bosques, las tierras o las zonas de pesca. Pero s\u00ed es cierto que, como se\u00f1ala Martin Khor, \u201cel control local, aunque acaso no suficiente para la protecci\u00f3n del entorno, s\u00ed es necesario, mientras que, bajo control estatal, el entorno sufre necesariamente\u201d.<\/p>\n<p>Una primera raz\u00f3n por la que el control local es esencial est\u00e1 en que \u201cel propio entorno es local, la naturaleza se diversifica haciendo nichos, atrapando cada lugar en su propia e intrincada red. Por tanto, la adaptaci\u00f3n humana duradera al final tambi\u00e9n debe ser local.\u201d (14) La diversidad biol\u00f3gica, por ejemplo, est\u00e1 en relaci\u00f3n con el grado en que un lugar es diferente del de al lado, tanto por su topograf\u00eda como por su historia natural y humana. Y estar\u00e1 mejor preservada por sociedades que alimenten esas diferencias locales, donde las tradiciones y la historia natural de cada zona interact\u00faan para crear distintos sistemas de cultivo y de uso del agua y de los bosques.<\/p>\n<p>Esta orientaci\u00f3n local es en los peque\u00f1os reg\u00edmenes comunales donde se manifiesta de modo ejemplar:<\/p>\n<p>\u201c<em>Las comunidades de peque\u00f1o tama\u00f1o son m\u00e1s apropiadas para reunir las condiciones formales que requiere una administraci\u00f3n colectiva de los comunes que sea duradera y fruct\u00edfera. Entre esas condiciones est\u00e1n la visibilidad de los recursos comunes y de los comportamientos hacia ellos, el control de los efectos de las regulaciones, una amplia comprensi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de las reglas y de su racionalidad, los valores que se expresan en esas reglas (esto es, el tratamiento equitativo para todos y la protecci\u00f3n del entorno, y el respaldo a los valores por la socializaci\u00f3n, los criterios comunes y su estricto cumplimiento<\/em>\u201d (15)<\/p>\n<p>Una segunda raz\u00f3n por la que es importante el control local est\u00e1 en que alli donde la gente conf\u00eda directamente en su entorno natural para su sustento, desarrolla un conocimiento profundo de ese entorno y orienta sus acciones de acuerdo con ese saber. Los muy diversos sistemas de agricultura campsina en todo el mundo no han evolucionado al azar, sino que reflejan \u201cun minucioso conocimiento de los elementos e interacciones suelos y vegetaci\u00f3n, animales y clima.\u201d (16) Son din\u00e1micos e innovadores, introduciendo cambios a partir de un continuo di\u00e1logo con la naturaleza. Como cada t\u00e9cnica empleada se eval\u00faa principalmente seg\u00fan su impacto local a largo plazo, el saber popular que rige los comunes no tiende a escindirse, como hace la ciencia moderna, en disciplinas r\u00edgidas que pretenden poder aplicarse en cualesquiera circuntancias. Al contrario, tiende a concentrarse en \u201cuna serie de controles que ayudan a conservar el entorno f\u00edsico y social para las generaciones siguientes.\u201d (17) Efectivamente, la noci\u00f3n de que las actuales generaciones no son sino administradores que tienen a su cargo las tierras de sus antepasados en fideicomiso para las generaciones venideras es algo compartido por muchas comunidades locales, sobre todo en el Sur. Esa noci\u00f3n no es s\u00f3lo un ideal sino que, all\u00ed donde el r\u00e9gimen comunal a\u00fan es dominante, modela la vida cotidiana. Algunos comunes, por ejemplo, est\u00e1n totalmente protegidos incluso contra la recolecci\u00f3n de mera subsistencia: as\u00ed, de los \u00e1rboles iiri de los mbeere del \u00c1frica oriental no puede hacerse le\u00f1a ni siquiera cuando ya han ca\u00eddo. En torno a las aldeas yoruba de Nigeria, los anillos tradicionales de bosque espeso que se usan como defensa, y donde no puede cultivarse, son tambi\u00e9n lugares de culto a las divinidades locales. Tambi\u00e9n en el Himalaya, los campesinos trazan un anillo protector alrededor del bosque, mediante una mezcla de religi\u00f3n, floklore y tradici\u00f3n. Y en la Columbia brit\u00e1nica, tanto una gesti\u00f3n consciente como la vida ceremonial \u201cse\u00f1alan periodos de abstenci\u00f3n en la pesca, de modo que se asegure la emigraci\u00f3n del salm\u00f3n y otros peces hacia sus zonas de desove r\u00edo arriba.\u201d (18)<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 8\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><strong>Controles y equilibrios<\/strong><\/p>\n<p>El notable \u00e9xito de los comunes locales en la salvaguarda de su entorno es algo bien documentado. Por ejemplo, el detallado estudio de McKean sobre las tierras comunales japonesas (iriaichi) no pudo encontrar un solo caso de \u201cun com\u00fan que sufiera destrucci\u00f3n ecologica mientras a\u00fan era un com\u00fan.\u201d (19) En Pakistan, incluso el Informe Nacional a la Cumbre de la Tierra reconoce que la gesti\u00f3n tradicional de los bosques comunales shamilaat es m\u00e1s eficaz en la protecci\u00f3n ambiental que la que lleva a cabo el Estado en los le pertenecen.<\/p>\n<p>Pero ese \u00e9xito depende de algo m\u00e1s que del conocimiento local del entorno, el respeto a la naturaleza y las t\u00e9cnicas ind\u00edgenas. El grado de protecci\u00f3n depende mucho del grado de dependencia que la comunidad tiene, para mantenerse, hacia su entorno natural, pues entonces tiene un inter\u00e9s directo enprotegerlo. Una vez que desaparece ese inter\u00e9s directo, una vez que los miembros de la comunidad buscan fuera su sustento y su promoci\u00f3n social, los controles y equilibrios culturales que limitan los potenciales abusos del entorno se van haciendo ineficaces. La autoridad de los reg\u00edmenes comunales declina.<\/p>\n<p>La clave del \u00e9xito de los reg\u00edmenes comunales depende de los l\u00edmites que su cultura de responsabilidades compartidas impone al poder de cualquier individuo o grupo. La igualdad que habitualmente prevalece en los comunes, por ejemplo, no nace de ning\u00fan noci\u00f3n preconcebida de una communitas m\u00e1s o menos ideal o rom\u00e1ntica ni tampoco de ning\u00fan respeto a la noci\u00f3n moderna de \u2018igualdad de derechos\u2019. M\u00e1s bien surge como producto colateral de la incapacidad de las elites de comunidades peque\u00f1as para eliminar por completo el poder de negociaci\u00f3n de cualquiera de sus miembros, de la limitada cantidad de bienes que cualquier grupo puede acaparar ante la mirada de los otros, y de las cuidadosas maniobras que cada uno debe hacer para conseguir una posici\u00f3n cuando todos se conocen y comparten un mismo inter\u00e9s tanto en minimizar sus riegos como en no permitir que nadie se haga demasiado poderoso. As\u00ed es improbable que alguien pase hambre mientras otros viven en la opulencia. Tanto en la actual Indonesia como en la Europa medieval, cualquier penuria debe ser compartida. (Esto ayuda a entender por qu\u00e9 la exclusi\u00f3n del grupo a\u00fan se considera equivalente a la pena de muerte en muchas sociedades en las que los comunes juegan un papel central.) En muchas de estas sociedades, la mercantilizaci\u00f3n de la comida se percibe como una amenaza, pues impide subsistir a los menos afortunados.<\/p>\n<p>Los cambios en la base del poder de una elite local o el aumento de tama\u00f1o de una comunidad pueden socavar r\u00e1pidamente la autoridad del com\u00fan. La sensaci\u00f3n de verg\u00fcenza o de transgresi\u00f3n, que es tan importante para los controles comunitarios, as\u00ed como el propio seguimiento de las infracciones, se diluyen o desnaturalizan con un excesivo aumento del n\u00famero de miembros, en tanto que aumenta la envidia de los forasteros, que no se ven sometidos a esos controles. Llegados a cierto punto, \u201cla quiebra de una comunidad, con el consiguiente colapso de las nociones de propiedad y responsabilidad compartidas, puede abrir el camino hacia la degradaci\u00f3n de los recursos comunes aunque fueran abundantes.\u201d (20)<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 9\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>\u00c9ste es precisamente el proceso que el desarrollo fomenta. La expansi\u00f3n del Estado moderno y de las instituciones internacionales y mercantiles conlleva una p\u00e9rdida progresiva de espacio para los comunes. Hoy, casi todas las comunidades humanes est\u00e1n encapsuladas \u2013o integradas por completo- en sistemas sociopol\u00edticos m\u00e1s amplios, y tienen en este cercamiento una amenaza omnipresente. En la medida en que se difuminan los l\u00edmites pol\u00edticos, sociales y ecol\u00f3gicos, el control se centraliza o privatiza, las habilidades particulares se quedan obsoletas, la gente es puesta al servicio de la industria o simplemente desechada, y la tierra se comercializa o se somete a administraci\u00f3n. Destruido o degradado su entorno, socavado o negado su poder, y amenazadas sus comunidades, son millones los que hoy exigen que se pare ese proceso de desarrollo. Como escribe Gustavo Esteva, \u201cen R\u00edo o en la ciudad de M\u00e9xico, se necesita ser muy rico o muy est\u00fapido para no darse cuenta de que el desarrollo apesta&#8230; Es necesario decir \u2018no\u2019 al desarrollo, a todas y cada una de las formas de desarrollo. Y eso es precisamente lo que las mayor\u00edas sociales \u2013para las que el desarrollo siempre ha sido una amenaza- est\u00e1n pidiendo.\u201d (21) Para estas mayor\u00edas, la lucha est\u00e1 en reclamar, defender o crear sus comunes y, con ellos, el elemental sentimiento de equidad que brota de compartir un futuro com\u00fan.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><strong>NOTAS:<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Fundador de la Universida de la Tierra en Oaxaca, colaborador del movimiento zapatista y disc\u00edpulo de Ivan Illich.<\/li>\n<li>\n<div class=\"page\" title=\"Page 3\">\n<div class=\"section\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Ver, por ejemplo, \u201cTraditios Resist Change\u201d, en Sanitsuda Ekachai, Behind the Smile: Voices of Thailand, Thai Development Support Committee, Bangkok, 1990, pp. 86-95.<\/p>\n<p>3. Ostrom, E., Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, Cambridge University Press, Cambridge, 1991, p. 27.<\/p>\n<p>4. Ver, por ejemplo, Cruz, M.C.J., \u201cWater as Common Property: The Case of Irrigation Water Rights in the Philippines\u201d en Berkes, F. (ed.), Common Property Resources: Ecology and Community-Based Sustainable Development, Belhaven Press, London, 1989, pp. 218-235.<\/p>\n<p>5. Ver, por ejemplo, Acheson, J.M., \u201cThe Lobster Fiefs Revisited: Economic and Ecological Effects of Territoriality in Maine Lobster Fishing\u201d en McCay, B. And Acheson, J.M. (eds.), The Question of the Commons: The Culture and Ecology of Communal Resources, University of Arizona, Tucson, 1987, pp. 37-65.<\/p>\n<p>6. Citado en el Comit\u00e9 Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, Our Common Future, Oxford University Press, Oxford, 1987, p. 114.<\/p>\n<p>7. Banco Mundial, World Development Report 1992: Development and the Environment, Oxford University Press, Nueva York, pp. 15 y 83.<\/p>\n<p>8. Hardin, G., \u201cThe Tragedy of the Commons\u201d, Science, 162, 13-12-1968, pp. 1243-1248.<\/p>\n<p>9. McEvoy, A., \u201cToward an Interactive Theory of Nature and Culture\u201d en Worster, D. (ed.), The Ends of the Earth: Perspectives on Modern Environmental History, Cambridge University Press, Cambridge, 1990, p. 226.<\/p>\n<p>10. Chapeskie, A.J., Indigenous Law, State Law and the Management of Natural Resources: Wild Rice and the Wabigoon Lake Ojibway Nation, texto mecanografiado, julio 1988, p. 18.<\/p>\n<p>11. Ibid., p. 20.<\/p>\n<p>12. Lane, C., Barabaig Natural Resource Management: Sustainable Land Use under Threat of Destruction, Discussion Paper 12, UN Research Institute for Social Development, Ginebra, 1990, p. 7.<\/p>\n<p>13. Bromley, D.W., Environment and Economy: Property Rights and Public Policy, Blackwell, Oxford, 1991.<\/p>\n<p>14. O\u2019Connor, R., \u201cFrom Fertility to Order\u201d en Siam Society, Culture and Environment in Thailand, Siam Society, Bangkok, 1989, pp. 393-414.<\/p>\n<p>15. Ostrom, E., \u201cThe Rudiments of a Revised Theory of the Origins, Survival and Performance of Institutios for Collective Action\u201d, Working Paper 32, Workshop in Political Theory and Policy Analysis, Indiana University, Bloomington, 1985.<\/p>\n<p>16. Altieri, M.A., \u201cTraditional Farming in Latin America\u201d, The Ecologist, Vol. 21, num. 2, marzo\/abril 1991, p. 93.<\/p>\n<p>17. McCorkle, C.M. el al., A Case Study on Farmer Innovations and Communication in Niger, Academy for Educational Development, Washington DC, 1988, p. 40.<\/p>\n<p>18. Pinkerton, E., \u201cIntercepting the State: Dramatic Processes in the Assertion of Local Comanagement Rights\u201d, en McCay, B.J. y Acheson, J.M., op. cit. 4, p. 347.<\/p>\n<p>19. McKean, M.A., Management of Traditional Common Lands (Iriaichi) in Japan, Duke University. Citado en McCay, B.J. y Acheson, J.M. \u201cHuman Ecology of the Commons\u201d en McCay, B.J. y Acheson, J.M., op. cit. 4, pp. 1-33.<\/p>\n<p>20. Berkes, F. y Feeny, D., \u201cParadigms Lost: Changing Views in the Use of Commons Property Resources\u201d, Alternatives, vol. 17, num.2, 1990, p. 50.<\/p>\n<p>21. Esteva, G., \u201cThe Right to Stop Development\u201d, NGONET UNCED Feature, 13 Junio 1992, R\u00edo de Janeiro.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los comunes, lugares de resistencia Por Gustavo Esteva(1) Pese a su ubicuidad, los comunes no son f\u00e1ciles de definir. 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