La ponencia feminista

Entrevista a Verónica Gago por Roxana Sandá

En su último libro, La potencia feminista –Tinta Limón-, la politóloga Verónica Gago enhebra teóricamente los hilos de sentido que fueron tejiéndose en las acciones colectivas, asamblearias y callejeras de los últimos años. ¿Una huelga internacional llamada desde los feminismos? ¿Responder a la crueldad femicida con acciones que parecían exclusivas del ámbito sindical? ¿Definir otra vez de qué se trata la violencia machista y cuál es su engranaje con las violencias financieras y económicas? Preguntas que dan cuenta de lo que son capaces los movimientos feministas que cruzan fronteras, se enfrentan al neoliberalismo; conectan conflictos y resistencias. En días en que la región arde y los tanques militares volvieron a circular por las calles de territorios hermanos reprimiendo con especial saña a las mujeres, resulta necesario ponerle palabras a esa potencia que se despliega siempre con otras y otres.

Una rabia de siglos envuelve el territorio latinoamericano y truena con amargura. El movimiento de mujeres, lesbianas, trans y travestis se levanta contra la cacería feroz del golpe de Estado en Bolivia y le hace frente al aparato represivo que se derrama sobre Chile. Son miles de cuerpos encendiendo fuegos de rebelión para desafiar las fobias racistas y de clase, las fobias colonialistas y dominantes que escupen sobre quienes pelean por una alternativa de poder feminista antipatriarcal, antiextractivista, descolonizante y antiadultocéntrico. Les jóvenes enfrentan la maquinaria neoliberal para que no siga empobreciendo a sus familias. Mientras esta nota se escribe, la resistencia lleva semanas. “La historia es nuestra y el futuro también”, declaran grafitis teñidos de urgencia. Por un momento, los ojos de la politóloga, docente y militante feminista Verónica Gago se ensombrecen. Piensa en los ríos de sangre que están corriendo pero también en esa secuencia de luchas vueltas tembladeral, para reencontrarse este 25 de noviembre contra todas las violencias y seguir rompiendo los límites de un poder de muerte. El libro que acaba de presentar, La potencia feminista (Ediciones Tinta Limón), es una caja de herramientas para ser desplegada contra esa ofensiva neoliberal y conservadora, pero también una investigación tramada al calor de las asambleas, de las movilizaciones, de los paros nacionales y los paros internacionales del 8 de marzo que conecta las violencias económicas, financieras, políticas, institucionales, coloniales y sociales. Un femicidio cada 29 horas en la Argentina obliga a correrse del binarismo víctima-victimario y a atravesar los conflictos, enhebrando transversalidad en “la simultaneidad del temblor en las camas, las casas y los territorios” de las que habla la investigadora, sin dejar nada afuera porque a todo lo atraviesan las luchas feministas. Una advertencia: desde estas páginas, leer la consigna NiUnaMenos implica precisamente re conceptualizar las violencias machistas y politizarlas para reconocer su horror y desarmarlo, al punto de convertir en migajas la retórica de la victimización. Pero cuando nos asalten las letras de NosMueveElDeseo, esa aventura en clave plurinacional, estaremos frente a una capacidad experimental, anhelante, masiva y radical con la que se construye una propuesta revolucionaria: el deseo de cambiarlo todo.

¿A qué se refiere La potencia feminista?

-Es una manera de nombrar la fuerza del proceso que los feminismos protagonizaron en los últimos años y de dar cuenta de todo lo que abrieron, pusieron en discusión y conmocionaron en las relaciones sociales, en las formas de hacer alianzas políticas, en las dinámicas callejeras, en las maneras de hacerse cargo del sufrimiento y en el modo de crear luchas transversales. Potencia feminista quiere decir que experimentamos una fuerza concreta que desplaza y modifica los límites de lo que creemos que podemos y somos capaces de hacer, de transformar y de desear. Y esa potencia tiene mucho que ver con otra de las caracterizaciones con las que más insisto en el libro: la conjunción que los feminismos lograron entre masividad y radicalidad que, desde mi punto de vista, marca una novedad histórica. Claro que siempre hubo grupos, dinámicas, debates feministas variados, fundamentales, radicales. Pero que tome una escala de masas y transnacional, como pasó en los últimos tiempos, trastocó la escena. Esa expansividad del feminismo al interior de organizaciones, espacios y territorios existenciales de lo más diversos hace que el movimiento feminista, intergeneracional y pluralista logre tener intervenciones políticas coyunturales muy fuertes a la vez que va alterando las vidas cotidianas. La simultaneidad del temblor en las camas, las calles, las casas, los territorios y los lugares de trabajo (a su vez redefinidos por el feminismo) enhebra esa transversalidad materialista, que no deja nada afuera, nada sin tocar. Y una cuestión que enlaza todos esos planos es cómo se han re conceptualizado de manera práctica, desde las instancias colectivas, las violencias domésticas teniendo en cuenta las violencias financieras, institucional, racista, laboral. Eso permite un diagnóstico feminista del aumento de las violencias y un mapeo y una caracterización precisa de las conflictividades sociales del presente.

Y permite conectar esos diferentes conflictos.

-La potencia feminista es una capacidad de conectar luchas bien distintas desde una preocupación común: ¿qué se está expropiando de la riqueza colectiva de modo tal que nos empobrece la vida, nos roba tiempo y explota determinados cuerpos y territorios de manera brutal? En esa clave se empiezan a tejer los conflictos, las reivindicaciones y las luchas que plantean los colectivos indígenas, las travestis y trans, las trabajadoras precarizadas, lxs estudiantes, las trabajadoras de la tierra, las jubiladas. Y ésa es, insisto, la materialidad concreta de la transversalidad feminista que se ha conquistado. Por último diría que la noción de potencia es una discusión en términos de teoría política: desde cierta lectura de Spinoza se puede decir que la potencia es una capacidad de hacer, de instituir, de afectar y de crear que se diferencia del poder, que es un grado mínimo de potencia. Creo que esto es importante para discutir la infantilización que muchas veces se quiere hacer del feminismo, como una práctica ingenua o microscópica a la hora de disputar la transformación social.

¿Por qué elegiste plantear la huelga feminista como una especie de lente para conceptualizar y politizar las violencias?

-La huelga funciona como una especie de umbral, de práctica de desplazamiento frente a la violencia femicida porque genera un lugar de enunciación que no acepta sólo la subjetividad de las víctimas, que es la predilecta de los medios y de ciertas instituciones, y en cambio propone una subjetividad que se hace en la lucha, en el encuentro con otres, y la huelga expresa un gesto de bloqueo frente al estado de cosas. El llamado a huelga permitió poner en discusión a qué le llamamos trabajo, cuál es el valor que producimos, de qué manera las violencias machistas se relacionan con la precarización generalizada. Pero además, la huelga como proceso político que se inicia en 2016 y que sigue con el devenir internacional de la huelga del 8M durante estos años, tiene como protagonistas a quienes realizan los trabajos históricamente desvalorizados o a las que fueron relegadas en los sindicatos por mucho tiempo. Así, la huelga impulsada desde las trabajadoras sindicalizadas y las trabajadoras de la economía popular, desde las docentes ad honorem y las estudiantes, las periodistas free lance y las trabajadoras estatales precarizadas, las campesinas y las trabajadoras migrantes, desde las que hacen trabajo en sus casas y las desocupadas, despliega en términos prácticos una perspectiva feminista para leer las formas del trabajo hoy que, a la vez, nos permite leer todos los trabajos, que en su mayoría comparten la condición de precariedad y de superexplotación. Entonces la perspectiva feminista no sólo alumbra, visibiliza y valoriza el trabajo de las mujeres y de los cuerpos feminizados, sino que a partir de ahí permite leer de modo situado la condición de precarización general, la fragilización de las relaciones y la necesidad de una fuerza colectiva para hacerle frente a tal nivel de saqueo vital. La huelga feminista desacata el reconocimiento restringido que la huelga tradicional hace respecto de quiénes son trabajadorxs, lanza esa bella consigna de #TrabajadorasSomosTodas y a la vez evidencia que incluso hoy el llamado trabajo formal se hace cada vez más intermitente, más difícil, y que, aun teniendo el “privilegio” del salario, ese ingreso ya casi no garantiza la reproducción. Hay mucho escrito y pensado sobre qué significa la división sexual del trabajo, de ese matrimonio indisociable entre patriarcado, colonialismo y capitalismo, pero la novedad es que la huelga feminista actualiza ese debate en términos prácticos, en una perspectiva que abre un espacio de insubordinación al mandato de austeridad, deuda y precariedad.

El femicidio de Lucía Pérez en 2016, al borde del entonces Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, fue duelo colectivo e impulso vital del primer Paro Internacional Feminista.

-Se produjo entonces una racionalidad de asamblea. Y de esa asamblea en la CTEP salió la idea-fuerza del Primer Paro de Mujeres, como se llamó. Lo que planteo en el libro es que las asambleas producen un modo de inteligencia colectiva en tres actos: la imaginación de una acción común que surge ahí mismo, in situ; la evaluación de la fuerza que se tiene y, finalmente, la capacidad práctica de operativizar una decisión colectiva. La asamblea es una máquina de decisión política que instala otra fuerza soberana, que surge de producir condiciones de escucha cada vez más escasas en tiempos de hipermediatización. El llamado a dejar las redes, a encontrarnos cuerpo a cuerpo, siempre es un llamado a lo trabajoso de encontrarnos, y a sostener los desencuentros que ahí se producen, como parte de una práctica de elaboración colectiva. Ese es un ejercicio histórico del feminismo y que, en los últimos años, lo hemos visto masificarse y multiplicarse.

A partir de las asambleas y los paros, y desde los territorios, el feminismo comenzó a tejer un nuevo proceso transnacional y plurinacional imparable.

-El proceso de transnacionalización o internacionalismo feminista es de las cosas más interesantes, porque desde el movimiento feminista se está reinventando esa práctica. Tiene que ver con la capacidad de resonancia que van adquiriendo las luchas, la manera en que se van traduciendo y encarnando los sentidos de una consigna, de una bandera, de un pañuelo, de una imagen. Cuando se da el debate por el aborto legal, seguro y gratuito o la huelga feminista, no es simplemente el esquema clásico de solidaridad de unas luchas con otras, sino que el transnacionalismo se expresa como una fuerza concreta en cada lucha y un horizonte común que no aplana las diferencias ni las mete debajo de la alfombra para encajar todo en un mismo esquema. Esta experiencia de no estar solas que sintetiza consignas como “¡Tocan a una, tocan a todas!” expresan una repercusión, una conexión, una resonancia y una transversalidad que produce un cuerpo colectivo, ensanchado, y que permite ir coordinando iniciativas muy grandes, al punto de producir ese efecto océanico de marea.

Desde NiUnaMenos se nombra una decisión de avanzada, casi contraseña de transformación, que es Nos Mueve El Deseo. ¿Qué repone políticamente esa consigna?

-Es una consigna que me encanta. Le veo muchos pliegues y, en ese sentido, la tomé como guía en el libro. Por un lado, para mí significa que el deseo tiene potencia cognitiva. Esto quiere decir que produce conocimiento, percepción, sensibilidad. Darle ese estatuto al deseo implica asumir su capacidad política de movilización y de invención de trayectorias vitales. Algo muy rico del movimiento feminista es esta elaboración permanente de consignas, de frases, de eslóganes que van tramando un saber colectivo y una pedagogía feminista para ir conceptualizando, nombrando y compartiendo eso que vamos haciendo y sistematizando también como saber. El deseo no es lo contrario de lo posible, como muchas veces se dice. Es lo que abre otros posibles. En ese sentido, que nos mueva el deseo implica una apuesta a la radicalidad de lo que significa hacer política feminista, donde ningún aspecto de la vida queda por fuera de la política. Tal politización de la existencia confronta la jerarquía entre el espacio de lo que se llama usualmente política y el espacio de lo doméstico. Romper esas divisiones tiene que ver con desear cambiarlo todo.

Para el orden conservador, producir esos sentidos representa un peligro al que hay que disciplinar, castigar o destruir si fuera necesario. ¿Cómo caracterizás la guerra en y contra el cuerpo de las mujeres y cuerpos feminizados en el escenario actual?

-En su investigación histórica Calibán y la bruja, Silvia Federici explica por qué la caza de brujas es una escena fundante de guerra contra las mujeres que está oculta en el origen del capitalismo, y la pregunta que se hace es por qué el capital necesita combatir a las parteras y aborteras, a las que viven solas, a las artesanas y jefas de gremio, y ubicarlas a todas como brujas, que significa ni más ni menos que subjetividades heréticas y subversivas para el capital. Esto supone en simultáneo la necesidad de desprestigiar sus conocimientos, de quitarle poder social a sus actividades y de enclaustrar a muchas en el hogar, entendido como servicio doméstico obligatorio y gratuito. Hay ahí una cuestión sobre qué se quiere encerrar cuando se encierra ese poder y ese conocimiento, que es un poco la pregunta que nos vuelve sobre por qué en algunos momentos históricos hay ciertos cuerpos y ciertos territorios a los que se les hace la guerra: qué se quiere silenciar, explotar, dominar en ellos. Porque hoy mujeres, lesbianas, travestis y trans están discutiendo y confrontando los modos históricos de subordinación y explotación diferencial de esos cuerpos, es que la respuesta es cada vez más violenta. Para sintetizar: hay una actualidad de la pregunta de la guerra porque estamos en un momento en que la violencia se convirtió en la principal fuerza productiva.

Hablás también de la necesidad actual del capital de incrementar las violencias para sostener formas de dominio y explotación que están en crisis.

-Están en crisis porque hay un montón de luchas que las están cuestionando y las están impugnando a partir de desear otras cosas y de repudiar los modos de vida neoliberales con sus dosis insoportable de sufrimiento, soledad y austeridad. Por eso también el ensañamiento particular con las generaciones más jóvenes: con endeudarlas, medicarlas y controlarlas. Así hay que entender esa obsesión actual de reemplazar educación sexual por educación financiera en las escuelas. Parecen cuestiones menores y son todo lo contrario, van al punto de cómo el capital organiza formas de explotación y de extracción de valor en el futuro, cómo intenta superar la crisis de mando cuando cuerpos y territorios se declaran en rebeldía, dicen que han perdido el miedo y que están dispuestxs a cambiarlo todo.

¿Cómo caracterizás las violencias explícitas desatadas sobre esa fuerza que los feminismos despliegan en la región?

-Como una contraofensiva militar, financiera y religiosa para intentar “volver” a lo que el capital llama normalidad que, insisto, es imposible sin pasar un nuevo umbral de violencia que tiene que jugarse en esos tres frentes al mismo tiempo. Financiero a través de la deuda y el empobrecimiento generalizado; militar, como lo estamos viendo, con represión pura y dura, y los fundamentalismos religiosos, que están en una nueva cruzada colonial, racista, por el dominio de los cuerpos y lo hacen, como también estamos viendo, con la biblia en la mano.

Sin embargo las violencias se dimensionan de diferentes modos en mujeres, lesbianas, trans y travestis, en las pibas de los barrios, en las mujeres migrantes, y aun en sus propias concepciones de reproducción de la vida.

-La caracterización interseccional de las violencias y la confrontación con las violencias racistas, patriarcales, coloniales, capitalistas, son un hilo rojo de los distintos feminismos: feminismo villero, transfeminismo, feminismo indígena-comunitario, feminismo negro, feminismo popular, y muchos otros. La historización de las violencias explicitan heridas y opresiones diferentes, y refieren a una dimensión de clase inocultable. Situar y especificar lo que significa la violencia en cada una de las existencias diversas es fundamental y a la vez es necesario componer una lucha común que no aplane ni banalice esas diferencias históricas. Ese plano común se teje a partir de lo que el colectivo Mujeres Creando ha llamado “alianzas insólitas”, capaces de componer lo que se intenta mantener en clasificaciones y casillas separadas.

Cuando los feminismos se hacen fuertes, como citás, ponen en el centro del debate los actos de despojo del neoliberalismo.

-Un punto fundamental es el carácter anti-neoliberal que hoy expresan los feminismos. Son los feminismos los que pusieron en el centro del debate político la cuestión del extractivismo sobre cuerpos y territorios. Desde el extractivismo de una multinacional minera que desplaza a toda una población en nombre del desarrollo hasta el extractivismo financiero de un endeudamiento que extrae valor de tu precariedad. Pero también son los feminismos los que pusieron en primer plano la cuestión de qué significa el despojo de infraestructura pública y la privatización de servicios sociales que deben ser reemplazados con trabajo gratuito o híper barato de las mujeres, lesbianas, trans y travestis en los territorios, que el capital quiere producir como una especie de nueva clase servil. Son los feminismos los que pusieron en cuestión qué significa una educación sexista con mandatos de género que al mismo tiempo te prepara para pasantías baratas en las empresas. Desde los feminismos se ha enlazado la dimensión del ajuste estructural con la dimensión de gobierno del deseo, y del orden político-sexual que implica el trabajo y la inclusión social en un esquema heteronormativo. Y todo eso fue lo que permitió que en países como el nuestro se corriera del mapa al feminismo liberal, que sólo propone igualdad de condiciones bajo el ideal de convertirnos en empresarias de nosotras mismas.

 

Esas acciones directas de cuerpo-territorio se vieron con claridad en estos días con las asambleas de mujeres y disidencias en Chile…

-Lo que sucede en Chile es impactante. Las compañeras de la Coordinadora Feminista 8M señalan una secuencia central que va al menos desde el mayo feminista de 2018, esa conjunción de reclamo de educación pública y educación no sexista, y el posterior Encuentro de Las que Luchan, hasta la masividad del 8 de Marzo de este año. Hay un acumulado en el último tiempo de la dinámica feminista que tiene mucho que ver con la impronta de la movilización actual. Sobre todo por el lugar que tuvieron lxs jóvenxs de la secundaria en iniciar la desobediencia, la evasión masiva, como un gesto de ruptura con el chantaje moral de culpa que implica el endeudamiento familiar para que se eduquen y sean exitosxs en términos de competencia; lo mismo venían haciendo quienes denunciaban la deuda por salud. Para resumir, en el corazón del proyecto neoliberal de los Chicago boys estalla la vida neoliberal gracias al empuje de las generaciones más jóvenes, junto con una dinámica que proyecta la huelga feminista como huelga plurinacional feminista. Porque lo que vemos en la huelga de los últimos días en Chile son elementos de la huelga feminista que tienen en cuenta la dimensión de la reproducción de la vida como un espacio donde hoy el capital acumula todo el tiempo. Como hoy la reproducción de la vida ya no está garantizada por los ingresos (sean salariales o de otro tipo), la deuda se convierte en una obligación, se la adquiere compulsivamente. Por eso me parece tan genial ese graffitti que en Chile se escribió en la pared de un banco y dice “Nos deben una vida”, que invierte quién debe a quién.

Bolivia arde, y cada día que pasa el encarnizamiento de los sectores que tomaron el poder después del golpe de Estado y los comandos cívicos de ultraderecha están causando más represión y más muertes.

-Es una masacre atroz tras el golpe de Estado que es, sin dudas, racista y fundamentalista. La violencia sexual como violencia política y el ensañamiento de la heteronormatividad contra indígenas, mujeres, lesbianas, travestis y trans es el rasgo sobresaliente y común en Brasil, Chile, Ecuador y Bolivia. La pregunta que surge es cómo se desarma el fascismo social y cómo se desarma la situación de guerra interna que se pretende instalar. Y hay una discusión de fondo sobre cómo el desarrollismo implica dinámicas neo-extractivas que están siendo hace años resistidas. Y esas resistencias están protagonizadas por mujeres que han dicho claramente que la conquista neo-extractivista y neo-colonial de los territorios es contra la reproducción de la vida, contra los despojos de todo tipo, contra los bienes comunes. No es una discusión teórica, es un acumulado de luchas que con enorme esfuerzo, riesgo y perseverancia han logrado instalar este debate. Este es un punto muy fuerte de la discusión latinoamericana actual, porque los feminismos vienen denunciando la amalgama entre neoliberalismo, extractivismo y colonialidad, y hoy eso está en el centro de la guerra social. Las luchas feministas pusieron en palabras y en prácticas una resistencia antineoliberal y relanzaron el conflicto político, por eso tienen un papel fundamental en combatir el fascismo y por eso están en el centro de las violencias.

 

FUENTE: Las12 

Silvia Rivera Cusicanqui: La sociedad boliviana “no ha renunciado a su derecho, a su memoria y a su autonomía”

por Gloria Muñoz Ramírez

ilvia Rivera Cusicanqui, pensadora, feminista y activista boliviana, habla en entrevista con Desinformémonos de la actual y compleja coyuntura en este país andino. Inicia con lo que llama “la negación del fraude” de Evo Morales en su cuarta reelección. Explica el machismo, el racismo y la “interculturalidad” en los 13 años de gobierno del MAS. Habla del capitalismo en Bolivia, del pensamiento único y  la descalificación a la crítica de los gobiernos progresistas, y de las salidas desde abajo para la reconstrucción de Bolivia, entre otros temas.

La entrevista se realiza en su casa de La Paz el 22 de noviembre, a un mes dos días de las elecciones presidenciales y a 12 días del gobierno de facto de Jeanine Áñez, en medio de la polarización y conflictividad política del país.

– Hacia afuera se maneja únicamente la existencia del binomio MAS o ultraderecha en Bolivia. ¿Hay algo intermedio?

– El que hacia se perciba que sólo hay la ultraderecha y el masismo, ha sido construido. Todos los sectores intermedios hemos sido privados de la voz. No existe en castellano una idea de mediación tan interesante como la que hay en aymara: El hecho de que en opuestos se crea un espacio Taypi que articula las diferencias, y por más que te demores un poquito tienes que llegar a un espacio en el cual la polarización no genere inviabilidad social, bloqueo mutuo. Eso yo lo he vivido desde 1971 en comunidades quechuas y aymaras. Pero ahora las palabras mediación e intermediario y paz se han vuelto un cliché.

Yo creo que estamos en la posibilidad de entendernos desde esas nociones aymaras, quechuas, guaranís. Hay mucho que discutir de democracia entre nuestras formas propias de hacer las cosas que no siempre son de perfeccionismo lingüístico.

-¿Qué sistema se implantó con el MAS en el poder?

Alguna vez dijeron algo sobre capitalismo andino, amazónico, pero este es un proyecto capitalista que tiene todo su nexo con los BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, pero además tiene total nexo con la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), porque esto fue un proyecto del banco mundial que se agarró Unasur en 2010 y se volvió IIRSA-COSIPLAN. A esto yo le llamo el Plan Cóndor contra la Amazonía y contra las tierras bajas.

Es la alianza militar al margen de que si está Lula, Bolsonaro, Evo o no sé quién. Es una cuestión sistemática, con un paquete enorme de carreteras, represas, todas ellas vinculadas a lo que se llama el subimperialismo brasileño que fue antiguamente un tema nuestro, cuando la época de las dictaduras, y eso se ha totalmente lavado y olvidado. La gente no recuerda que ese poder brasileño está vinculado al capitalismo y a la necedad del nexo con China, que es un factor fundamental de expansión del capitalismo en el Braisl y en toda América.

-¿Qué forma tiene el capitalismo en Bolivia?

Lo lamento, pero no tiene la forma empresarial que paga impuestos, tiene formas corruptas, de burguesías compradoras. Y claro que, obviamente, su eje son los soyeros, productores de biodíesel, madereros y toda la gente que quiere liquidar los árboles para hacer de eso una parte de la República de la soya o de la palma africana. Eso muestra cuán arcaico es el modelo de desarrollo que se ha instalado desde antes del Movimiento al Socialismo (MAS) y que ha continuado el MAS, pero reciclado con este uso simbólico poderoso y con un factor de redistribución de poder y redistribución económica.

Se trata de una redistribución muy sesgada. Mi hija ha tenido dos wawas en casa con una partera aymara maravillosa, una sabia. Pero ahora mi hija no califica para recibir el Seguro Universal Materno Infantil porque tiene que ir al hospital, y si tú rechazas eso, estás trabajando contra el Estado. ¿Pero acaso no es pluricultural un parto con partera aymara? Es, y sin embargo no tiene derecho al SUMI. Mis nietos han crecido con todo lo que el trabajo de mi hija ha podido generar para comprar almendras, castañas, todas las cosas buenas que hay en ese paquete de subvención.

La subvención es entonces un proceso de disciplinamiento. Todas las formas de bonos o subvenciones tienen ese factor de disciplinamiento, y eso me parece muy tenebroso en tanto Estado central, porque no tiene nada de plurinacional. Ha sido una forma muy estudiada, muy inteligente, de crear una pantalla ideológica que permita a la gente entregar su subjetividad a aquellos entes que se creen que lo saben todo. Y para mí eso está muy centrado en el personaje de Álvaro García Linera y en sus nostalgias guerrilleras y de poder, en toda una vida personal que me parece amerita no solamente el análisis periodístico, sino también psicoanalítico y sociológico.

Digo esto con profunda pena, porque hay seres humanos masculinos, maravillosos, llenos de amor por su familia, que no usan a sus hijos para hacer política, y que para mí son también una esperanza en las comunidades. Pero el hecho de que se ha privilegiado una masculinidad agresiva, separatista de la comunidad, también de eso es responsable el crecimiento de las opciones evangélicas, desde Chi, hasta Camacho y Jeanine (Áñez).

La pantalla dice que aquí ya se dijo todo, ya está hecho todo, hay un gay de ministro, hay lesbianas, por eso el Estado ya está saneado de todo su monolitismo. Pero no. La vida cotidiana no ha cambiado nada, y eso es lo que ha estallado, porque se ha incubado frustración, desesperación, rabia. Se ha incubado además frente al feminicidio la cuestión de que no podemos hacer nada porque hay mucho poder distribuido en estratos masculinos, y ese poder está siendo usando de manera tenebrosa, muy mala, muy sesgada, lejos del bien común. Se ha perdido la idea del bien común como bien local, en el terreno, en la comunidad, en el barrio, y se ha vuelto el bien público, donde el Estado define qué necesita la gente.

Lo que se ha redistribuido no es ni muy necesario ni muy sostenible. Entonces hay un problema estructural, y por eso es que creo que las mujeres en este momento estamos llorando, pero a la vez activando, repensando nuestras comunidades, nuestras juntas, nuestros barrios, y dialogar y ejercer un derecho a la disidencia.

Cuando hubo todos los conflictos yo estaba enferma, y todo el mundo sacaba banderas. En mi barrio era la bandera boliviana. Yo saqué bandera negra, porque para mí yo estaba enterrando una ilusión, que era el Estado plurinacional. Ahora estamos procurando crear las bases para la reconstrucción desde abajo de lo plural, desde las comunidades, desde cada sindicato, desde cada junta. Superar el racismo, superar el temor al otro, superar el binarismo y hacer que las calladas y los callados recuperen la voz para recuperar la posibilidad de una estructura plural de organizaciones sociales. Y no esos llamados movimientos sociales que generan una relación absolutamente vertical, como la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) de Bolivia, donde están de adorno las mujeres.

Conalcam era la forma de quitarle a las bases toda la pluralidad que permitía que las autonomías fueran debatidas. Los guaranís del parque Kaa Iya han desarrollado una propuesta increíble de relación con los grupos no contactados, con los meleros. Resulta que está quemado eso. ¿Dónde se ha quemado? En todos los lugares controlados por la Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas – ADEMAF.

Y de pronto el fuego saltaba, del parque caía en el extremo sureste del país al parque Madidi, que es en el extremo noroeste. Frontera que hay, frontera en la que yo creo que hubo una inducción de fuego, porque es más barato quemar que sacar los árboles a pulso o con máquinas. Por eso yo creo que lo que hay en cierto modo invisible en esta coyuntura es el Plan Cóndor contra las tierras bajas.

– Háblanos del discurso sobre el racismo de Evo Morales

– Si tú como Estado incurres en una política de educación para la rabia, para que el resentimiento florezca y aflore como rabia, vas a generar organismos u organizaciones arbitrarias. La suma de las arbitrariedades en cada una de estas localidades, la corrupción de alcaldes, los sindicatos que estaban vinculados con cosas medio oscuras, cuestiones de misoginia, escándalos sexuales de dirigentes y concejales es un cúmulo de cosas. Y la gente común va a decir «estos indios masistas». No representan todo lo que es la base del MAS pero se ha acumulado una rabia contra esas sistemáticas arbitrariedades que da el poder arbitrario, porque no es un poder que venga de abajo, no es un poder hacer, es un poder de dominación, de control.

El control es casi una exigencia estatal. En algunos lugares ha habido negociación, pero en otros era sistemáticamente disciplinar y si no dividir la organización. Eso ha pasado en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) y en todos lados. En Totora Marka los maridos han ganado a las mujeres en el tema de la autonomía, las autonomías que existen han sido tremendamente tuteladas. Pero estamos en la posibilidad de recuperarlas.

Tenemos algo muy grave encima, que es un sector de derecha que es revanchista. Para mí eso es fomentar también el racismo. Por un lado la gente de a pie se ha enojado con esas arbitrariedades del poder distribuido a sectores populares, y ellos siendo de sectores populares han renegado de esas formas arbitrarias, y por el otro lado está el resentimiento acumulado de las oligarquías por la pérdida de poder y de influencia pública, y eso tiene el nombre de revanchismo.

– Evo Morales y Álvaro García han declarado en México que los expulsaron por gobernar para los indios

-El racismo también anida dentro del MAS. Para mí es racismo decirle a una concentración indígena que se va a ocultar el sol y la luna se va a escapar si no votan por ellos. Eso es creer que la gente es tonta. Además nunca lo ha dicho en aymara, nunca lo ha dicho en quechua, es una interlocución trunca, porque él habla y hay un mediador que traduce y posiblemente traduce con sesgos. Mientras no haya la posibilidad de que la población indígena hable sus propios idiomas y piense con su propia cabeza en cualquier instancia pública, eso está muy mal.

– ¿Por qué indio es visto, y tratado por el poder, como pobre?

– Hay toda una estrategia mundial que yo le llamo miserabilismo, de que indio es igual a pobre y que por eso hay que darle todo y enseñarle todo porque no piensa. El pensamiento que anida el agente de a pie, hable bien o no el idioma nativo, está nutrido de una experiencia de vida que hace que las ideas tengan un arraigo y que digan cosas poderosas. Yo me nutro de eso. La pobreza llamada así por ellos, para mí es una riqueza olvidada, una riqueza negada.

– Qué es lo que pasa con la crítica a un gobierno progresista. ¿Por qué los calificativos de traidores, vendepatrias, derechistas a quienes los cuestionan?

Nos acusa una izquierda arcaica, una izquierda que además tiene un afán de representar lo indio sin conocerlo. Una izquierda masculino-centrada que ha arrastrado a todo el mundo a sentirse avergonzado de tener pensamiento crítico. Yo le llamo el nuevo pensamiento único. El caso boliviano tiene una relación muy fuerte con una coalición de izquierdas continentales vinculadas a los llamados progresismos, que tiene la cola de paja por que son procapitalistas, entonces, por ejemplo, quieren hacer una central nuclear en El Alto donde hay una falla geológica, pero en realidad quieren uranio.

Los periodistas que tienen el deber de averiguar qué están haciendo estos BRICS en América Latina y cómo están haciendo para que los progresismos hagan que sus inversiones no sean cuestionadas por el pueblo, y esto es a través de los manipuleos simbólicos. La gente tiene que acordarse de cómo se les tapa la boca a las personas indígenas en los foros públicos por parte de voceros blancos, que no hablan idiomas nativos y que tienen grandes inversiones.

¿Quiénes están en ese esquema capitalista? ¿Qué color son? ¿Qué idioma hablan? Y nos vamos a ver con la misma estructura de siempre.

-Qué relación tiene lo que mencionas con lo que está ocurriendo en Colombia, Ecuador, Chile…

-Yo soy de las que mira desde abajo. Con Chile tenemos aymaras en ambos lados de la frontera y todo un proceso de deseos de algo distinto. En Chile hay una cordillera que está siendo amenazada por estos BRICS y por todas las inversiones nefastas, como parques eólicos y otros proyectos. Con Argentina sucede lo mismo, igual en Bolivia. Ahí no tenemos naciones, tenemos regiones, territorios. Yo le llamo a todo eso la matria. La patria son las fronteras, la matria es el subsuelo indio de América, de nuestro continente. En ese subsuelo es donde debemos fundar las nuevas estructuras políticas hasta donde se pueda.

-¿Tú crees que en este momento exista en Bolivia un espacio para esa construcción desde abajo?

Todo lo que tú amas permanece, como dice Ezra Pound. Lo que tú amas, la gente, la vida, prevalece. En medio del incendio salen nuevamente plantitas. Estamos reconstruyendo ese tejido vulnerado. Hay un texto en el Museo de Antropología que dice que nuestra vida se ha convertido en una red de agujeros, según un poeta anónimo náhuatl. Esos agujeros los tenemos que remendar, y ese remiendo lo hacemos colectivas y colectivos y grupitos y barrios y asociaciones pequeñas y cooperativas. Cada vez estamos tejiendo más lazos.

Hemos iniciado las vigilias charlamentarias, y vamos a seguir porque se está multiplicando esta imaginación. Mujeres Creando ha creado el Parlamento de Mujeres, pero también hay no sé cuántos parlamentos convocados donde hay mujeres, hombres, abuelas, monjas. Esta sociedad no ha renunciado a su derecho, a su memoria, a su autonomía, y al hecho de que lo indio está en cada uno de nosotras. No vamos a renunciar ni a volver al pasado, a hace 17 años.

Yo hablo de 17 años, no de 14. La Agenda de Octubre tenía un cuarto punto: autorepresentarnos sin la mediación de partidos políticos. Pero lo que ha hecho el último MAS en su máxima degradación es crear una ley de partidos políticos donde ya no votamos por uninominal y donde ya no hay asociaciones ciudadanas. Tiene que haber un aymara entre la corte electoral. Mi candidato es Williams Bascopé, cívico de La Paz nacido en Santiago de Okola, una región sagrada del lago Titikaka, hablante también de aimara pero abogado constitucionalista. Ese es un ejemplo, debe haber muchos.

Es necesario romper con esa absurda ley de elecciones primarias y partidos políticos y retomar, aunque sea coja, la ley que había antes donde la asociación ciudadana podía tener personería y capacidad de decidir mucho más desde abajo, porque como vieron que ya no podían controlar eso porque se les fue de las manos, entonces nos chantaron el monopolio del partido.

Al inicio de su gestión Álvaro y Evo decían que el MAS no era un partido, sino una articulación de los movimientos sociales, algo que la historia demostró que no es así. Era tan partido y tan arcaico que ni siquiera había democracia interna. Se cocinaban las cosas y se distribuía el discurso y luego se encargaban los organismos entre información, comunicación, prensa, radio, de generar una conciencia revanchista.

– ¿Qué puso a Bolivia en la actual crisis política?

– Este proceso viene del fraude y de la negación del fraude. La negación del fraude tiene que ver con la distribución escalonada de información. Hay lugares donde no llega otra cosa más que el canal 7 y canales del exterior totalmente distractivos, pero esa información va horadando la conciencia. Si a eso le añades que en su momento el vicepresidente dijo que aquí el sol se iba a ocultar y la luna se iba a esconder si no ganaba Evo, que eso no sólo fueron palabras,  sino que venían llenas de regalos. Se decía eso y se daban cocinas o canchas de césped o lo que sea, toda una campaña de prebendalismo.

Yo he distinguido tres formas de fraude que ya funcionaron, dos de ellas notoriamente en la anterior elección. En la anterior elección ya había lo que llamo el fraude prebendal, o sea la cuestión de que a cambio de votos dan regalos. El segundo tipo es el fraude coactivo, donde está el sindicato que dice que aquí todos votan así, mujeres calladas, no hay deliberación. Es el control del voto, en el que la gente estaba obligada a mostrar que sí había votado. “Si votan 100 por ciento les doy todo lo que quieran”, dijo Morales, entonces “el todo lo que quieran” les hizo brillar los ojos a los dirigentes, pero sólo eran valores simbólicos.

La posibilidad de dar a las comunidades algo bueno para ellas, como un sistema de rescate de semillas o un sistema de aguas, no se dio, lo que se ve son canchas, estadios, cosas ornamentales que tienen que ver con bienes de prestigio. Entonces, si una comunidad tiene un estadio, la otra quiere otro estadio, aunque vayan cuatro gatos nada más. Se ha generado una cultura del Estado papá, del Estado que te lo da todo.

Esto se da con la plata del gas, que es producto de años de luchas y de colectividades enteras que han buscado que ese recurso sea revertido hacia la formación de una sociedad armónica, fuerte, beligerante, capaz de sobrevivir por sí misma. Los colectivos del agua, de semillas, la gente que está trabajando en función de que la gente tenga fe en su propia capacidad para manejar su vida, sus recursos, pero eso es lo que sistemáticamente se ha expropiado a la gente durante años. Hay una idea masculina ilustrada de que no hay otra forma más que el Estado te lo dé todo. Para eso tiene que ser centralizado, para eso la autonomía indígena debe ser tutelada, para eso el que se opone es antipatriota, antinacional. La idea del nacionalismo ha hecho mucho daño porque en cada frontera hay algún pueblo indígena que está a ambos lados.

El tercer nivel de fraude es el informático, que es el que está ahora. Antes había, pero era microfraude, porque a unos cuantos muertitos los hacían votar, a señoras jubilidas y qué sé yo. Para mí, hoy la mayoría parlamentaria es producto de esa suma de esos tres tipos de fraude. La otra cosa que me parece que fue muy artera es que todo espacio intermedio en el parlamento como potencial fue negado y cercenado, se le negaron personerías jurídicas a cualquier persona que no fuera de ultraderecha. La ultraderecha vale para polarizar el país y para decir que es lo único que hay.

A Carlos Mesa (el candidato opositor a la presidencia por Comunidad Ciudadana) yo lo considero un poco despistado en cuanto al curso del país, pero hizo un esfuerzo de aliarse con el PRIN (Partido Revolucionario de la Izquierda Nacionalista), aunque no lo suficientemente consistente, de modo que el MAS lo puso en la bolsa de que es la derecha y de ahí prosperó la idea del golpe, advirtiendo que si ganaba Carlos Mesa se iba a acabar el sol, la luna, el agua, el gas y todo. La campaña fue tan sucia.

Europa, la fragilidad del capitalismo y la construcción del contrapoder: entrevista con Toni Negri

Marco Baravalle entrevista al pensador y politólogo Toni Negri. Una conversación que tocó temas de construcción política y estratégica actuales para los movimientos sociales, de la nueva conformación de la gobernanza europea a la guerra contemporánea, de la centralidad de la «justicia climática» a la necesidad de determinar formas de contrapoder y organización política transnacional.

Por Marco Baravalle

Recientemente has publicado un artículo llamado «Europa y nosotros«: comienzas haciendo una evaluación de las últimas elecciones europeas, que contribuyen a dar un salto cualitativo a la gobernanza y que se insertan en esta fase histórica caracterizada por el Brexit, los populismos, Trump. ¿Cuál es el significado de este último pasaje europeo?

Se ha producido un cambio de perspectiva: si hasta ahora los Estados nacionales habían sido fundamentales en la construcción de Europa, hoy esta última se vuelve fundamental en la determinación y el liderazgo de los Estados nacionales. Dicho en estos términos, la cosa parece poco realista, pero no lo es en absoluto.

Hay una clase política europea que en lo sucesivo está estabilizada, utilizando las distintas herramientas que se han construido con una perspectiva federal para Europa y que siempre se han utilizado para una orientación fuertemente neoliberal, tanto en los presupuestos como en la gestión del modo de vida europeo. Ese período de «promoción» hacia arriba de las élites nacionales ha terminado; hoy existe una clase política europea, un punto de vista europeo que precede a los demás.

Diría que, desde este punto de vista, la crisis de soberanía y la del Brexit han de ser bienvenidas; demuestran que no podíamos sino permanecer juntos en Europa y, de esta suerte, consolidar los instrumentos centrales.

Dicho esto, se trata de abrir de nuevo el discurso. El discurso no es: «aceptamos Europa tal y como está»; el problema es distinto: no podemos prescindir de este terreno europeo para movernos y luchar por nuestros ideales. Hoy tenemos que avanzar en este terreno político, y es necesario hacerlo, para obtener más derechos, más salarios, más libertad.

Aún está por venir un movimiento totalmente europeo y radical, aunque, desde nuestro punto de vista, lo que se mueve en el terreno de la justicia climática es potencialmente esto: un movimiento que, hasta donde hemos visto, es consciente de que el espacio de la intervención para un desafío tan grande es como mínimo continental o de lo contrario ese espacio no puede darse. Desde tu punto de vista, has analizado muy de cerca el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia: ¿cómo crees que podemos llegar a construir formas de movimiento transnacionales? Por otro lado: ¿qué desafío para los movimientos plantea esta irreversibilidad de la gobernanza europea?

Lo que es seguro es que solo en el terreno europeo será posible, de ahora en adelante, hacer política. La política ya no se hace fuera de este terreno. Esto es algo que debe explicarse de una manera absolutamente masiva. Fuera del terreno europeo no se hace más que cháchara; por eso todas las posiciones que hasta ayer parecían liberadoras —desde la izquierda— contra Europa, me parecen completamente inútiles y echadas a perder. Los movimientos, como de costumbre, se encargan de dar ese paso adelante, desechando lo que es retórico e inútil.

¿Cómo construir este movimiento? ¿Cómo dar a estos movimientos —por ejemplo, sobre el calentamiento global— la capacidad de moverse y construir una fuerza política efectiva? Creo que ese tránsito es muy difícil y exige de nosotros un esfuerzo enorme. Y también creo otra cosa: que solo en el terreno del contrapoder se puede definir este tránsito.

No podemos pensar en convertir a la clase política europea en una clase política «limpia». No debemos limpiar Europa, desde el punto de vista del clima o de los innumerables problemas que se abren. Sencillamente, necesitamos establecer una relación de fuerzas con el capitalismo que se ha organizado en torno a Europa. Debemos construir contrapoder en este ámbito. Establecer contrapoder significa, como siempre, volver a abrir la llave de la que el capital se sirve para tratar de encerrarnos.

El capital siempre tiene dos cabezas: es poder de mando, pero siempre debe sufrir la resistencia de quienes producen. Y en este terreno debemos abrir el contrapoder, imponer nuevas vías de desarrollo. Obviamente, esto se aplica a la justicia climática pero también se aplica a muchos otros aspectos, en particular al problema de la igualdad y —algo que no es secundario— al de la guerra, porque, cuando está en peligro, el capital siempre se lanza a la guerra. Mira lo que hace Erdogan: con la trama turca en crisis, recurrió a la guerra inmediatamente.

Con Michael Hardt, bromeamos y decimos que nuestro próximo panfleto llevará el nombre de las consignas que Lenin estableció para los soviets de 1917: pan, tierra y paz. Y, de hecho, el pan es el problema de la igualdad; la tierra —entendida no como land, sino como earth— es el problema de la justicia climática; y la paz…

Te has adelantado a mi siguiente pregunta, que tiene que ver con Turquía y Rojava, que para muchas y muchos ha sido un faro en los últimos años. Un ejemplo de una revolución con una tendencia no estatal, laica (en un área atormentada como el Oriente Medio), vinculada a la idea del Confederalismo Democrático. ¿Qué puede pasar ahora en la zona?

Lo que ha sido sumamente importante en Rojava —para quienes han estudiado durante mucho tiempo los escritos de Öcalan, que es todo menos un escritor de cuentos— es el ataque a la soberanía, al papel del «padre» y la propiedad, a esos tres fetiches. La organización solo puede darse en estos términos, cuando logra crear instituciones no soberanas, no patriarcales y no propietarias.

Son cosas que Rojava ha visto nacer: intentarán destruirlo, pero es algo que permanece en los cuerpos y en los corazones de millones de personas. Y creo que se trata de avanzar en ese terreno. Mencionábamos antes la fórmula de Lenin, ahora tenemos la de Öcalan. Me parece que la intersección en la construcción de movimientos es esencial y solo puede basarse en estas tres cosas, en estos tres «no» explosivamente creativos en los que tenemos que trazar líneas estratégicas.

Volviendo a tu artículo sobre Europa, sabemos que no es uniforme; hablas de tres áreas que corresponden a otras tantas áreas políticas: el norte de Europa, liderado por los alemanes; el bloque de Visegrado y la Europa mediterránea, con Macron en tanto que posible «abanderado» de una nueva hipótesis de «izquierda autoritaria». ¿Qué sucede en esta división y qué desafíos nos presenta?

Estoy bastante convencido de que el Bloque de Visegrado será demolido gradualmente, dejándole algunas peculiaridades, por parte del «bloque central» —y esto ha empezado con la pérdida de Budapest y otras ciudades importantes. A su vez, el «bloque central» tendrá que encontrar una forma de renovación y dinamismo interno, tendrá que ir más allá del ordoliberalismo que hasta ahora nos han impuesto los alemanes.

Desde este punto de vista, lo que sucederá en el sur de Europa es sumamente importante. En Portugal y España, en Francia, en Italia y en Grecia, nos enfrentamos a una situación terriblemente difícil, porque ya no hay fuerzas políticas que en cierto modo puedan «echarnos una mano». Siempre he sido partidario de considerar las fuerzas políticas como lo que son, sin confundirme nunca con ellas desde el punto de vista de la autonomía, pero siempre reconociendo que existen y que hay que lidiar con ellas. Y ahora estamos en una situación sumamente difícil.

¿Cual es el camino? No podemos trazarlo, pero podemos decir una cosa: el poder capitalista nunca ha sido tan frágil como ahora. Es una olla hirviendo; por ahora sólo oímos el glu glu glu. No sabemos si tanto hervor terminará estallando, pero sabemos que dentro de esta fragilidad tenemos que construir contrapoder. Y sólo en la medida en que construyamos contrapoder nos será posible indicar un camino institucional por recorrer y podremos albergar esperanzas de un proceso de liberación. Pero en lo que hay que insistir es en esto: ¡tiene que explotar!

GLOBALPROJECT.INFO
Entrevista de Marco Baravalle en Globalprojecto.info, realizada gracias a la ayuda de Incommon y traducida por Raúl Sánchez Cedillo.

 

La revolución de Manchester

Por Paul Mason

Para sobrevivir a las batallas de la década de 2020, la izquierda debe imaginar su propia utopía. ¿Y si imaginamos el futuro de una vieja ciudad obrera como Manchester? ¿Cómo sería una Manchester poscapitalista?

La revolución de Manchester

Imaginemos lo siguiente: un niño nace en una ciudad donde 40% de la fuerza laboral produce objetos utilizando máquinas y trabajo manual. La relación social dominante es la salarial. El contrato social es fuerte y se articula mediante el sistema impositivo. El Estado es el proveedor de la mayoría de los servicios.

60 años más tarde, nace un niño en la misma ciudad. Ahora solo 10% de la población se dedica a la manufactura y de ese porcentaje, la mitad se ocupa de tareas más emparentadas con la ciencia y la computación. Las formas de explotación por el capital son en la actualidad fundamentalmente financieras, y la relación salarial resulta secundaria para la extracción de valor, que se realiza por vía de intereses, fijación monopólica de precios, trabajo subremunerado y explotación de datos de comportamiento. La mayoría de los servicios son provistos a través del mercado.

En el ciclo de vida de 250 años del capitalismo industrial, ese lapso de 60 años ha visto claramente una enorme mutación, impulsada por la tecnología, la globalización y el desarrollo humano. Y su impacto social es evidente.

En los años 60, las calles de la ciudad eran tranquilas durante el día, y los domingos, silenciosas como un cementerio. Existía una clara división entre el trabajo y el ocio. Hoy las calles de esa ciudad vibran con cafés al aire libre; las veredas están llenas de gente que conversa o consulta dispositivos inteligentes mientra camina.

En los años 60, un prominente científico de la ciudad fue perseguido por ser gay en su vida privada. Hoy su rostro se ve en los billetes de 50 libras y la ciudad tiene todo un barrio dedicado a la cultura gay.

La ciudad en cuestión es Manchester, en cuyos alrededores nací en 1960. Famosa por ser la «zona cero» de la Revolución Industrial, la dinámica de su fuerza de trabajo es sorprendente. De una población en edad productiva de 1.760.000 personas, 24% trabaja en el área de finanzas y en servicios profesionales; 20% trabaja en salud, educación y cuidado social; solo 10% se dedica a la producción industrial.

Más allá del carbono y el capitalismo

La pregunta es: ¿cómo se verá Manchester en otros 60 años?

Dentro de 60 años, debería ser totalmente posible automatizar por completo la manufactura y reducir la fuerza laboral en la mayoría de las fábricas a una mínima función de supervisión. Para entonces, deberíamos haber logrado algo más que la mera automatización de los procesos humanos (como en el caso de los robots de la industria automotriz, que efectúan soldaduras de punto como si fuesen humanos gigantes que han consumido speed): los procesos mismos serán en esencia no humanos. Podríamos «hacer crecer» un objeto metálico o imprimirlo, del mismo modo en que hoy las aspas de un turboventilador se forman a partir de un único cristal de metal bajo condiciones similares a las de un laboratorio.

En consecuencia, 95% o más de la fuerza de trabajo se concentraría en servicios, muchos de ellos de persona a persona. Como hemos eliminado la especulación financiera y automatizado muchos procesos financieros –como la banca comercial, el derecho comercial, la contabilidad y los mercados de futuros–, la fuerza de trabajo que trabaja en el área es también pequeña. Pero el número de empleos en salud, cultura, deporte y educación es grande y eclipsa al sector de servicios empresariales, del mismo modo en que hoy eclipsa a la producción industrial.

La mayoría de la gente «trabaja» solo dos o tres días a la semana, y el trabajo es, como hoy, una mezcla de trabajo y ocio. La famosa reprimenda de Karl Marx a Charles Fourier –que el trabajo «no puede convertirse en juego» sino que solo puede reducirse su duración– ha sido refutada. Pero ambos tenían razón: la automatización redujo la duración de la jornada laboral y desdibujó los límites.

No hay monopolios tecnológicos, solo una mezcla de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) innovadoras, que obtienen ganancias a la manera tradicional, y servicios de información pública, que solo cobran el costo de producción y mantenimiento.

El cuidado holístico de la salud (que incluye salud mental, fisioterapia y odontología), la educación hasta el nivel universitario y el transporte urbano son gratuitos. El alquiler promedio ronda el 5% del salario promedio (como en la Viena Roja de la década de 1920) y la tasa de interés hipotecario tiene un tope similar.

Para 2080 la ciudad habrá alcanzado hace mucho tiempo su objetivo de cero emisiones netas de carbono y su gobierno progresista estará comprometido con procesos innovadores para eliminar el carbono de la atmósfera e introducir medidas reparadoras en el resto del mundo.

La lucha política y cultural

La siguiente pregunta es: ¿cómo llegamos a eso?

Primero, convertimos los años 2020-2030 en una década de lucha política y cultural de masas para lograr un nuevo tipo de capitalismo. Se formaron gobiernos que suprimieron la actividad financiera especulativa; construyeron un millón de viviendas sociales ecológicamente sostenibles y se comenzó a transformar el inventario habitacional restante en el mismo sentido; subsidiaron la creación de nuevos sistemas de transporte urbano y la eliminación de todos los autos y camiones nafteros y diesel; disolvieron o nacionalizaron los monopolios tecnológicos tomando el registro de datos como propiedad pública; fomentaron en forma deliberada la creación de un gran sector granular sin fines de lucro, que incluye bancos, comercios minoristas, prestadores de salud y cuidado social y centros de producción cultural; y eliminaron toda forma de coerción del sistema de beneficios sociales al fusionar las pensiones estatales y los beneficios en un único ingreso básico y modesto, consagrado como un derecho en la Constitución.

El resultado, para 2030, seguía siendo capitalista. Pero el gobierno había aprendido a medirlo de una manera diferente: no solo calculando el valor agregado bruto sino midiendo también la producción física, las horas trabajadas y la productividad. Si la «ganancia económica total» se dividía en 2020 entre 40% del Estado, 59% del mercado y 1%del sector no lucrativo, entonces para 2030 alrededor de 10% de la economía estaba operando «al costo». El PIB nominal se había estabilizado y comenzaba a achicarse.

Como consecuencia de esto, los mercados financieros habían comenzado a incluir en sus cálculos la supresión de la especulación y el eventual fin del proceso de acumulación de capital. En una palabra, entraron en pánico –ante la perspectiva de un mundo poscarbono y poscapitalista– y el Estado y el Banco Central se vieron forzados a intervenir para salvar, estabilizar y tomar a cargo la infraestructura financiera, lo que llevó al capital especulativo a debilitarse. El rescate total se financió mediante la creación de moneda en el Banco Central y la monetización de la deuda nacional.

La década de 2020 se dirimió como una batalla entre una economía centrada en la ganancia y otra enfocada en la gente y el planeta. El gobierno socialdemócrata radical, reconociendo los peligros de una intervención estatal demasiado rápida y dramática, fomentó deliberadamente el nuevo desarrollo de un sector privado a escala de PyMEs, utilizando la intervención pública y el financiamiento para empujar al empresariado fuera de las operaciones de escaso valor y hacia la innovación tecnológica y social.

El sistema económico mundial, que ya se estaba desintegrando para 2020, no pudo sobrevivir a la adopción simultánea de un poscapitalismo verde por parte de los partidos liberales de izquierda y los socialdemócratas. Para 2030 se había fragmentado en bloques regionales: Europa era el más exitoso, China había adoptado y absorbido la mayor parte de Rusia, y Asia central y América del Norte se habían aglutinado en un mercado relativamente autosuficiente.

Sin embargo, luego de 2030, con la supresión de la globalización financiera, revivió una nueva forma de globalización económica, basada en los viajes, el uso compartido de la información y el comercio de materias primas.

Entre 2030 y 2050 el gobierno municipal de Manchester priorizó agresivamente la idea de una transición justa al estatus de cero emisiones netas de carbono. Operaba como una ciudad-región, reubicando importantes entidades de servicio como universidades, instituciones de investigación y desarrollo y grandes centros de salud en antiguas ciudades industriales antes estancadas.

Para 2040 el centro de la ciudad de Manchester se liberó de vehículos, y bicicletas, tranvías y caminata se transformaron en las formas dominantes de transporte. El racionamiento de los vuelos todavía está vigente, pero hay desarrollos prometedores que involucran una aviación masiva operada a baterías, libre de carbono, por lo que la ciudad decide mantener el aeropuerto de Manchester a pesar de las demandas de los radicales de volver la zona a sus condiciones naturales originales.

En el río Irwell, tan contaminado en 2020 como cuando Friedrich Engels lo contempló desde el puente Ducie, ahora se pueden ver nutrias jugando en las orillas, y río arriba –en algún lugar entre Ramsbottom y Bacup– hay castores. En cuanto a la vida social de la ciudad, es tan diferente de la de hoy como la actual en comparación con la era de posguerra de Ena Sharples y Stan Ogden (personajes de la telenovela Coronation Street, que transcurría en Salford), pero no puedo pronosticar en qué sentido.

Falta de imaginación

Para sobrevivir a las batallas de la década de 2020, la izquierda debe imaginar su propia utopía. Pero lo que es frustrante acerca del enfoque actual para alcanzar la neutralidad en términos de carbono es la absoluta falta de imaginación –entre legisladores, científicos y manifestantes– sobre qué aspecto debería tener la economía como precondición para lograrlo.

En un sentido, el fracaso de la imaginación económica es entendible. La economía como disciplina académica de masas solo despegó durante los últimos 60 años y su postulado clave ha sido que… nada diferente es posible. Pero dado que el mundo se ve hoy forzado a imaginar un capitalismo sin carbono, también debe ser forzado a contemplar una economía sin trabajo compulsivo.

El objetivo es hacer que la economía llegue a ser libre de carbono y circular en términos de recursos, para reducir las horas trabajadas y promover incrementos cuantificables en la salud y la felicidad humanas, para volver a integrar el «cinturón de óxido» suburbano con el centro y encontrar fuentes sustentables de alimento. Es necesario que el diseño y la evaluación de caminos de transición se convierta en una tarea realmente seria.

La ciudad será una unidad primordial en esta transición: es lo suficientemente grande como para operar a escala y al mismo tiempo lo suficientemente pequeña como para que los caminos de transición puedan probarse en diferentes localidades y para que la población pueda sentirse cerca de la toma de decisiones y experimentar de primera mano los resultados.

En 1960, cuando nací, Manchester se veía y se sentía como una versión electrificada de sí misma en el siglo XIX; todavía había chimeneas industriales, calles adoquinadas y fuegos alimentados por carbón. Hoy se siente como si una era hubiera pasado. Para el año 2080, es crucial que se produzca otra transición cualitativa totalmente diferente. Pero ni siquiera comenzará si no podemos imaginarla.

Fuente: IPS-Journal y Social Europe

Traducción: María Alejandra Cucchi

Crisis política en Bolivia: la coyuntura de disolución de la dominación masista

Por Luis Tapia

Fraude y resistencia democrática

Este momento de crisis política es el inicio de la caída del régimen de dominación masista. El 20 de octubre se termina de consumar un fraude electoral que pretendía articular otro momento de legitimación del control del aparato estatal, de la sociedad civil y de los territorios comunitarios indígenas. El MAS ha enfrentado la resistencia ciudadana al proyecto de prolongación de su dominación en el país. El fraude de octubre tiene antecedentes: ha estado preparado por varios momentos de fraude y cancelación de la democracia, siendo el principal el desconocimiento de los resultados del referéndum sobre la reelección de Evo Morales y García Linera en febrero de 2016, cuando el pueblo boliviano votómayoritariamente por el “NO”.

Ante el fraude en las últimas elecciones se articula una gran resistencia, que entra en una primera fase de desobediencia civil y que tiene varias facetas. Primero, se denuncia el fraude a través de trabajos de ciudadanos y de grupos de profesionales que han proporcionado pruebas de la manipulación de los datos. Esto se acompañó de marchas autoconvocadas que ocurrían a diferentes horas del día y en diferentes lugares de todas las ciudades capitales de departamento. Otra faceta de la resistencia al fraude es la del paro cívico, que implicó el bloqueo dentro de las ciudades como resultado de la organización barrial.

Esta resistencia contiene, por un lado, una acumulación de cansancio y rechazo al abuso y al autoritarismo gubernamental. También es una expresión de desobediencia civil, que fue acompañada del despliegue de una capacidad de autoorganización, que en las primeras semanas operó como fuerza de bloqueo a un nuevo intento de prórroga del gobierno de Morales. Luego, esta capacidad de autoorganización se convierte en una forma de resistencia y contención a la fase de despliegue de violencia destructiva que el MAS empieza a desplegar inmediatamente después de la renuncia de Morales, con ataques a las ciudades y las poblaciones, con quema de casas y destrucción de bienes públicos.

Estas formas de organización de la gente a nivel de barrio, incluso por cuadras, ha sido la principal fuerza que ha bloqueado el proyecto de continuidad masista. Esto mucho más en el caso de La Paz, donde no hay un comité cívico que cumpla las tareas de dirección y articulación como ocurre en Potosí, Santa Cruz, Sucre y otros lugares. En un otro nivel los comités cívicos han operado como articuladores de un paro nacional. El espectro político de los comités es heterogéneo; el de Santa Cruz está dirigido por empresarios, como siempre. Los comités de Potosí, Sucre y Oruro están dirigidos por sectores populares: maestros, obreros, entre otros.

Estas fuerzas de la fase de resistencia de las primeras dos semanas posteriores al fraude desembocaron en un motín policial. La policía era una fuerza que estaba siendo movilizada contra la resistencia civil. Los oficiales y la tropa policial entran en un motín y dejan de contribuir a la represión estatal. A esto se aúna el hecho de que el ejército le puso un límite a la intención presidencial de movilizar al ejército para la represión a la resistencia. Los primeros días de despliegue de la resistencia civil hicieron que Morales públicamente declare que iba a contrarrestar las movilizaciones con cerco a las ciudades y que estaba muy confiado porque tenía la fuerza de sus organizaciones sociales y el ejército. Parece que en ese momento el ejército le puso un límite, pues nunca más volvió a hablar de la intervención militar y empezó a desplegar grupos de choque, primero con transportistas en las ciudades y luego de manera más extendida, después de la renuncia del presidente.

Tal renuncia es el resultado de la articulación de esta acumulación de resistencia civil, motín policial y del primer informe de la OEA, que ratifica que hubo un fraude generalizado en todas las fases del proceso electoral. Fue el propio MAS el que había convocado a la OEA a realizar una auditoría, cuyos resultados debían ser vinculantes. Tras los resultados cambia de estrategia, ya que estaba esperando que hubiera un informe favorable de la OEA que lo legitime y a partir de eso reprimir y desarmar los núcleos de resistencia civil, lo cual es imposible porque hemos vivido la fase de mayor movilización política por largas décadas, ya que esto ha ocurrido en muchos casos en todos los barrios de muchas ciudades, en algunas, como La Paz, en una parte importante de la ciudad. Es algo que se ha sostenido por semanas y de manera creciente. Es por eso que una consigna básica era: “¿quién se rinde?, nadie se rinde; ¿quién se cansa?, nadie se cansa…”.

El MAS, entonces, pasa de la táctica de legalización y legitimación por parte de la OEA, a la táctica de denuncia de un supuesto golpe de estado. Primero Evo Morales habla de convocar a nuevas elecciones y pide que se enjuicie a los miembros del órgano electoral que él mismo nombró. Más tarde, él y el vicepresidente renuncian públicamente desde el Chapare y, simultáneamente lanzan un ataque violento a las ciudades. El tono dominante ha sido el de la violencia destructiva y el ataque a la gente, que implicó la muerte de varias personas.

La táctica de denuncia de un supuesto golpe supuso la solicitud de asilo y posterior salida del país, luego la movilización del apoyo internacional articulado por México, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Uruguay y otros países, desconociendo el hecho básico del fraude comprobado en Bolivia y por la OEA. A la vez solicitó una reunión del Consejo Permanente de la OEA para desplegar esta estrategia, pero el tiro les salió por la culata, ya que una intervención contundente de la OEA declaraba que se trató de un fraude en todas las fases del proceso electoral y que de ninguna manera se trataba de un golpe de estado en el país, sino de una resistencia democrática, que en las semanas previas había ido documentando el fraude electoral, material que sirvió para la auditoría de la misma OEA.

La táctica del MAS consistía en abandonar el país para dejar el lugar de delincuente que hizo fraude y convertirse en víctima de un supuesto golpe de estado y movilizar sus fuerzas causando terror, destrucción y muerte en las ciudades, de tal manera que sus parlamentarios en el Congreso no acepten su renuncia y viabilicen una vuelta (imposible) del caudillo como salvador y el único que puede restablecer el orden político en el país.

Sucesión constitucional y violencia destructiva del MAS

Las consignas populares democráticas empezaron con la demanda de segunda vuelta por los índices de fraude sobre un margen de la votación que anulaba esta segunda fase en el proceso de elección de gobernantes. Se fue demostrando que el fraude fue mayor, la consigna popular y democrática era la anulación de elecciones. Esta consigna se sostuvo desde la primera semana de resistencia y frente a la reacción reveladora de total autoritarismo del gobierno que amenazaba con cortar el agua, la luz y cercar las ciudades, la consigna se transforma en: renuncia del presidente, y se va generalizando en los días siguientes. En este sentido, la demanda de las movilizaciones democráticas consiste en renuncia del presidente y convocatoria a nuevas elecciones con la conformación de un órgano electoral imparcial y calificado.

La renuncia ya ocurrió, estamos en el momento de la sucesión constitucional. La constitución establece que, ante la renuncia o ausencia de las cabezas de ejecutivo, asume, por orden de prelación, la cabeza del legislativo. Junto a Evo Morales renunció el vicepresidente, la presidenta del senado y el presidente de diputados. Tras las renuncias, la siguiente autoridad en orden de prelación era la senadora Añez, que asume la presidencia de la república debido al abandono de funciones por parte de las principales autoridades del Estado. Este procedimiento ha sido avalado por el tribunal constitucional, elegido por el MAS. De acuerdo con la constitución la nueva mandataria asume de manera transitoria para convocar a nuevas elecciones en un plazo de 90 días.

La primera fase de violencia desatada por el MAS llevó a que la policía se vea rebasada en varios lugares y a que las turbas financiadas y movilizadas por el MAS siembren terror en la población, quemen casas de líderes de la resistencia democrática y de periodistas críticos que se destacaron por la denuncia del fraude; las bases de la policía pidieron la participación de los militares en tareas de defensa de la población y resguardo de instituciones públicas. Según la normativa boliviana, el ejército debe intervenir cuando se produce este tipo de situación para resguardar el orden público. La actual participación del ejército en la contención de una escalada mayor de violencia responde a estos antecedentes y situación; también al hecho de que las acciones violentas desplegadas para bloquear la salida constitucional y forzar el retorno de Morales, se caracterizan por el uso de armas de fuego.

Esta transición se está dando con base a las fuerzas que responden a la configuración del sistema de partidos anterior, fuertemente marcada por el diseño que le imprimió el MAS, es decir, un control monopólico, la eliminación o reducción de la presencia de otras fuerzas de izquierda. Por tanto, lo que queda en el parlamento son las formas de recomposición de la vieja derecha oriental y del centro y centro derecha occidental. Eso es lo que hay en el parlamento y es con ese tipo de fuerzas que se tiene que operar este momento de transición, bajo los parámetros del sistema de partidos existente y del orden constitucional. Esto implica que no había un sistema representativo pluralista que contenga la diversidad de fuerzas existentes en el país, lo cual permitiría ahora la configuración de un gobierno más plural y representativo.

Esta coyuntura que tiene como rasgo dominante el despliegue de la violencia destructiva es también una coyuntura de la revelación del carácter del MAS. Recuerdo algunos momentos de revelación previos. El TIPNIS es la coyuntura de revelación del carácter anti-indígena y anti-comunitario del MAS. El desconocimiento de los resultados del referéndum sobre re- reelección es una coyuntura de explicitación de su carácter antidemocrático. La cumbre agropecuaria del 2015 entre agroindustriales, CSUTCB y el gobierno es un momento de revelación del proyecto burgués y gamonal del MAS que se ha orientado a la promoción de los terratenientes y la burguesía exportadora oriental, que se volvió un aliado fuerte y el beneficiario más importante de la política económica del gobierno saliente. Hoy estamos en un momento de revelación del MAS como fuerza destructiva, que anteriormente operó como una mafia estatal que ha extorsionado, controlado, corrompido y desorganizado la sociedad civil.

Cabe considerar que ya hace varios años, por lo menos desde la coyuntura del TIPNIS, el MAS se ha vuelto un partido de derecha, es la principal fuerza de derecha en el país, por el contenido económico y político del gobierno. En lo económico lo ha sido, básicamente, por el carácter extractivista de su política económica, que implica expansión sobre territorios comunitarios, áreas protegidas y parques nacionales, y la orientación de la inversión pública en la economía en favor de la expansión de la frontera agrícola y los intereses agroindustriales y de los capitales transnacionales en la minería e hidrocarburos, también a favor de los cooperativistas mineros; es decir, expansión capitalista en el núcleo extractivista y flujo del excedente fuera del país.

En lo político el carácter derechista del gobierno del MAS se refiere básicamente a la eliminación de la democracia, en el ámbito del estado al cancelar la autonomía de poderes y cerrar los canales de fiscalización ciudadana, criminalizar la acción de fiscalización, protesta y acción política autónoma, es decir, la reducción de derechos políticos y libertades y una intervención de control corporativo prebendal y reducción de los espacios públicos en el seno de la sociedad civil. En este sentido, en el último tiempo la disputa electoral se despliega en un espectro corrido totalmente hacia la derecha, es decir, entre la nueva derecha masista y las formas de recomposición del viejo bloque dominante en el campo del sistema de partidos.

Por último, una consideración sobre la violencia. Charles Tilly decía que la violencia suele desplegarse sobre todo en dos momentos: cuando hay nuevos sujetos que entran al sistema político y, por lo tanto, despliegan fuerza para posibilitarla, y en los momentos de salida. Cabe diferenciar los tipos de violencia y de despliegue de fuerza. Cuando se trata de la entrada al sistema político esto históricamente ha tenido que ver mucho con luchas por la conquista de derechos y también la resistencia a la represión estatal. En el caso de la violencia que se despliega a la salida del sistema político (que aquí cabría especificar como salida del gobierno) se trata sobre todo de violencia destructiva. Aquellos sujetos que pierden el poder tratan de destruir de manera irracional las condiciones materiales de vida de parte de la población, que es lo que estamos viviendo hoy.

La salida del MAS del gobierno, de manera más amplia, implica la disolución del dominio masista, que ha entrado en la fase de destrucción de los bienes públicos. En la ciudad de El Alto se ha destruido la alcaldía, núcleos policiales, han atacado la universidad pública, el teleférico; también hay destrucción de los bienes familiares y las vidas. Incluso están destruyendo cosas que este gobierno habría montado como infraestructura pública. Este despliegue de la violencia destructiva está generando a su vez la destrucción de su partido, que se revela como fuerza destructiva y autoritaria, lo que está provocando la desarticulación del control que tenían en varios núcleos de la sociedad civil. Algunas centrales obreras departamentales se han deslindado de la línea de la dirección de la COB y se han movilizado como parte de la resistencia democrática. Están ocurriendo rupturas con el MAS en varios núcleos corporativos, como resultado de este despliegue de la violencia y de la evidencia del fraude electoral como forma de continuación en el poder. Es tal la furia por la pérdida del poder que están atacando y destruyendo vidas humanas y bienes públicos, incluso están destruyendo su propio partido.

El MAS, en este momento, despliega un discurso hipócrita que habla de pacificación mientras organiza y despliega su fase más violenta que incluye: hechos vandálicos que crean un régimen de terror en la población, marchas agresivas y, en parte, forzadas por amenazas de quema de casas y otras agresiones, exacerbación instrumental de las diferencias étnicas, culturales y de clase. Lo que busca es mayor enfrentamiento, una escalada de violencia que obligue a una mayor presencia militar y policial con el fin de imponer el retorno de Evo Morales. La táctica de la simulación de un golpe de estado por parte del MAS ha estado orientada a obtener apoyo internacional a la vez que es una nueva muestra de desprecio a la población boliviana sobre la que ha desatado una ola de violencia, que hace imposible que Evo vuelva a gobernar el país legítimamente.

Estos serían algunos rasgos de esta coyuntura de disolución de la dominación masista, que ha entrado en la fase de la violencia destructiva, que se está enfrentando a nuevas capacidades de autoorganización y resistencia social, que incluye de manera central jóvenes y mujeres. El sentido común es la demanda de nuevas elecciones y defensa de la democracia.

Un largo proceso de degradación

Por Silvia Rivera Cusicanqui

Es clave para entender lo que está sucediendo ahora en Bolivia entender, a su vez, el proceso de división creciente y la degradación que durante los gobiernos de Evo Morales sufrieron los llamados movimientos sociales –que fueron el respaldo inicial del presidente– por una izquierda que permitía una sola posibilidad y no permitía la autonomía

Es una historia que comenzó entre 2009 y 2010, aproximadamente, cuando se armó otra forma de gobierno, otra forma de Estado, distinta a la que se venía proponiendo en las bases. Es un Estado crecientemente autoritario, que va a monopolizar el poder y no va a permitir ningún margen de autonomía a las organizaciones.

Este proceso fue deteriorando la relación del gobierno con los movimientos sociales. En 2010 esos malestares se dieron en organizaciones indígenas que adoptaron una posición autónoma y pidieron una mesa en la cumbre de Tiquipaya, una cumbre con la que el oficialismo pretendía mostrar que Evo Morales tenía una actitud de respeto para con la Madre Tierra y la protección de derechos indígenas. Allí, una de las mesas tenía que tratar el tema de la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (Iirsa) y la contaminación minera, y el gobierno se negó a tocar esos temas. Allí estaba planteada la contaminación de los campos y las aguas de riego, que ya estaba produciendo graves problemas, sobre todo en Potosí, Oruro y Huanuni, que se sumó a la patética destrucción y la desaparición del lago Poopó, el segundo más grande del país.


Obviamente, se trata de procesos cuyos orígenes datan de mucho tiempo atrás, pero que estaban siendo promovidos por la intensificación del extractivismo. Este proceso llevó a que se destruyera la noción de tierras comunitarias de origen (Tco), que fueron en su momento la base de la autonomía indígena. A fines de 2010 se dictó un decreto que establece que esas tierras indígenas, además de “originarias”, son “campesinas”, lo que permitió la invasión de parques nacionales por cocaleros, como en el caso del Territorio Indígena y el Parque Nacional Isiboro‑Sécure (Tipnis). Se firmó luego un protocolo de financiamiento, cargado de corrupción, con la constructora brasileña Oas para construir en ese parque una carretera. Es mucho lo que se podría detallar de ese episodio en particular, pero vale recordar que el gobierno optó por reprimir a los indígenas del parque y favorecer la invasión cocalera y la construcción de esa carretera.

Ese fue un momento de quiebre. A partir de entonces y en 2013, el gobierno dio la instrucción de invadir la sede del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), y se instaló como dirigente, contra los procedimientos indígenas de rotación de las autoridades que allí había, Hilarión Mamani, un empresario minero.

Es un proceso largo, de muchos años, que tiene entre sus últimas manifestaciones el incendio de la Chiquitanía (véase “La otra frontera”, Brecha, 30‑VIII‑19), originado en un decreto del gobierno que alentaba la invasión por colonos del occidente del país de ese ecosistema único. Ya el año pasado se había dado un enorme acercamiento del gobierno con los ganaderos en un plan de exportación de carne a China. Obviamente es mucho más barato quemar el bosque, como habilitaba ese decreto, que traer tractores o retroexcavadoras. Con la sequedad que hay en la Chiquitanía, el fuego se les fue de las manos. Fue una tragedia sin nombre y el más grande detonante de la debacle de Evo Morales.


Luis Fernando Camacho y la derecha que él encabeza viven ahora un momentáneo estrellato, gracias a haber logrado articular diferentes broncas hacia el Mas. Pero la disputa más grande todavía está en la acaparación de tierra y en la expansión de la frontera agrícola, que ha sido pactada entre la derecha y Evo Morales. La derecha no va a deshacer este pacto, no va a entregar a los indígenas la tierra que Evo Morales les arrebató, sino que, con la euforia momentánea de estas horas, está preparando la consolidación de la economía de la soja, del agronegocio, ya empezado con Evo.

Lo que se avecina es un proceso de mucha incertidumbre, de fragilidad institucional, de sabotaje, de liquidación económica. Los masistas van a tratar de dejar un país en ruinas para volver triunfantes. Ha sido un gravísimo error de la clase política prescindir del Mas y darle un viso de ilegalidad a este gobierno. Este gobierno de transición que ahora se ha posesionado nace cojo y manco, no es legítimo. No se puede borrar de un plumazo a un 40 por ciento del electorado. Una cosa es reconocer las fallas del gobierno de Evo Morales y otra es desconocer que efectivamente el Mas tiene un electorado y que ha tenido un papel simbólico muy importante por la dignificación de lo indígena.


Aquí cayó toda la clase política, no sólo Evo Morales. Y hay un vacío de poder porque la gente no ha reconocido aún su propia energía, su propia fuerza organizativa. Lamentablemente, hemos perdido muchos años en esta disputa por el control corporativo de los movimientos y las organizaciones sociales, lo que nos ha dejado fuera de combate en un momento en que la derecha está levantando cabeza y el ejército sigue intacto con todos sus negocios y todas sus empresas dolosas y corruptas. Estamos en una situación muy crítica.

A pesar de todo, en estos últimos años ha habido un reconocimiento y un autorreconocimiento de lo indígena como una fuerza moral. Aunque ha sido, hasta cierto punto, degradado por el gobierno del Mas, en la vida cotidiana se reconoce que lo indígena es valioso en cuanto a idioma, comida, cultura, y formas comunitarias y solidarias. Toda una serie de colectivos está saliendo con la whipala para dejar claro que no vamos a retroceder 17 años. Camacho ha ido al viejo palacio de gobierno, como para decir que no existió este proceso de reconocimiento y autorreconocimiento, para intentar tapar el sol con un dedo. Pero no hay vuelta atrás.

Lo que sí hay es una necesidad imperiosa de reencausar las movilizaciones populares, quitándoles aquellos aspectos muy fuertes de misoginia y autoritarismo fomentados por el gobierno del Mas. La negación de la democracia horizontal de las organizaciones y la degradación de estas están cobrándonos la cuenta en este momento, una cuenta que se llama parálisis y estupor.

En medio de eso, en la lucha contra eso, las mujeres estamos en la primera fila en cuanto a pensamiento y acción. Y en cuanto al dolor que nos produce toda esta situación. Las mujeres estamos en todos lados, articulando formas más locales de democracia y bregando por que la idea de la indignación, la idea del cabildo, la idea del Parlamento de Mujeres se fragmente en miles de parlamentos, miles de cabildos para que podamos deliberar qué país queremos, qué es democracia, qué es ser indígena. ¿Ser indígena es vestir poncho y organizar una gran borrachera? Nosotras, en nuestra posición como mujeres, no lo creemos así. En varios colectivos hemos creado una especie de plataforma para hacer de cada esquina un espacio de deliberación.

Nos vamos a apoyar en la Constitución, una Constitución que ha sido maltratada por el propio gobierno del Mas. Estamos ahorita en la defensa de la Constitución, en la defensa de la whipala, en la defensa de la democracia comunitaria de los ayllus1 y la defensa de las mujeres.

  1. Comunidades tradicionales de los pueblos originarios de la región andina (N de E).

*Historiadora y socióloga boliviana, especializada en las cosmologías quechua y aymara.