Las perspectivas demográficas del capitalismo

Por Michael Roberts

Hay una característica sobresaliente de la estadística del capitalismo del siglo XXI. El capitalismo es cada vez más incapaz de desarrollar lo que Marx llamó las “fuerzas productivas” (es decir, la tecnología y la fuerza de trabajo necesarias para expandir la producción de cosas y servicios que necesita o desea la sociedad humana). Si se mide por el producto nacional bruto en todas las economías del mundo (o per capita), al capitalismo mundial le cuesta cada vez más expandirse.

Cuando Marx y Engels escribieron el Manifiesto Comunista hace 170 años, proclamaron el poder productivo desencadenado por la explotación capitalista de la fuerza de trabajo, con la utilización cada vez mayor de medios de producción (máquinas, tecnología, etc.) para reemplazar el trabajo humano, al tiempo que ampliaba sus tentáculos a todas las partes del globo. De hecho, el rapaz impulso por el beneficio ha llevado a una destrucción incontrolada de la naturaleza y de los recursos de la tierra que ha contaminado el planeta. Y ahora, la producción de combustibles fósiles ha provocado un calentamiento global cada vez más irreversible que está cambiando el clima de la tierra, provocando un clima extremo y desastres.

El año pasado el PIB mundial de las 195 naciones del mundo alcanzó el récord de $ 85 billones. Sorprendentemente, las tres cuartas partes correspondieron a sólo 14 economías – los pocos afortunados con un PIB per capita de más de $ 1 billón.

La población mundial también alcanzó un récord el año pasado de 7.600 millones de personas. Eso es el doble en menos de medio siglo. La población en edad de trabajar (PET) ha llegado a los 5 mil millones, pero principalmente fuera de las 12 principales economías (es decir, el G14 menos India y Brasil).

En las principales economías capitalistas, la producción se está expandiendo mucho más lentamente que antes. Como Alan Freeman ha mostrado en un artículo reciente, “el crecimiento económico del Norte industrial ha caído de forma continua, con interrupciones breves y limitadas, por lo menos desde la década de 1960. La tendencia es extremadamente fuerte e incluye a todas las grandes economías del Norte sin excepción.”  The_sixty-year_downward_trend_of_economi (1)

Como concluye Freeman: “nos enfrentamos, no sólo a una disminución de la tasa de crecimiento del PIB de un país (por ejemplo, los Estados Unidos, cuyo declive ha sido estudiado más exhaustivamente), sino de todo un grupo – los países avanzados o industrializados – cuyas tasas de crecimiento siguen la misma tendencia y de hecho, han convergido. La tendencia observada es muy probable, por lo tanto, que sea sistémica – se explica por la estructura de la economía mundial en su conjunto- y no es la consecuencia de los problemas o oscilaciones de un país en particular”.

El capitalismo no está cumpliendo con su única justificación: expandir las fuerzas productivas. Se agota. Junto a ello, la desigualdad de la riqueza y los ingresos en las principales economías es cada vez mayor, los niveles de pobreza y la brecha entre países ricos y pobres y entre la gente es cada vez mayor. Y la naturaleza y el clima están gravemente afectados.

El crecimiento económico depende de dos factores: 1) el tamaño de la mano de obra empleada y 2) la productividad de esa fuerza de trabajo. En el primer factor, hay una decadencia demográfica. Las economías capitalistas avanzadas se están quedando sin fuerza de trabajo humana. En cuanto al segundo factor, el crecimiento de la productividad de la mano de obra empleada se está desacelerando.

Por primera vez desde la aparición del capitalismo como modo de producción dominante a nivel mundial, las mayores economías del G12 vieron su población en edad de trabajar (PET) en declive. Y este descenso se acelerará, según las previsiones del Departamento de Población de las Naciones Unidas.

De las 14 economías con $ 1 billón o más de PIB, sólo hay dos – India y Brasil – donde la población en edad de trabajar crecerá en la próxima generación. Las otras 12 experimentarán una disminución de su fuerza de trabajo. Es posible que el aumento de la inmigración procedente de las regiones más pobladas pudieran permitir a los EE.UU., el Reino Unido, Canadá y Australia expandir su fuerza de trabajo por un tiempo – aunque los gobiernos de todos estos países quieren reducir la inmigración. En Japón, Alemania e Italia, la inmigración incluso no detendría la caída. En Corea del Sur, Alemania e Italia, sin inmigración, la fuerza de trabajo se reducirá en un 1% anualmente durante los próximos diez años. Por lo tanto, en igualdad de condiciones, es un 1% anual de crecimiento potencial del PIB.

Como resultado, las principales economías capitalistas tendrán una fuerza de trabajo envejecida y una población dependiente que no trabaja cada vez más importante. Actualmente, en las principales economías, las personas en edad de trabajar (15-64 años) por lo general representan el 65% de la población total.

El rápido envejecimiento de la población de Japón, sin embargo, muestra el futuro. Para el año 2030, la proporción de PET/población total disminuirá en todas partes. En aquellos países que no puedan “importar” personas en edad de trabajar cualificados disminuirá rápidamente.

Además está la productividad de esa fuerza de trabajo en declive. Si el crecimiento de la productividad pudiera acelerarse, podría compensar la contracción de la fuerza de trabajo y así sostener el crecimiento del PIB real. Pero el crecimiento de la productividad mundial se está desacelerando.

Durante los últimos 40 años y especialmente en los últimos 15 años, ha habido una desaceleración generalizada de la producción por hora trabajada en las principales economías. Para el G11 (sin China), la tasa tendencial actual es de sólo un 0,7% anual.

La tasa de productividad de Rusia está cayendo, mientras que la de Italia y el Reino Unido apenas se mueven.

Si sumamos el crecimiento potencial de la fuerza de trabajo y el crecimiento de la productividad de la mano de obra, podemos obtener un pronóstico del potencial de crecimiento del PIB real durante los próximos diez años. Y, hay que recordar, esto supone que no haya nuevas caídas en la inversión, el empleo y la producción como consecuencia de una crisis de producción capitalista.

Sin la inmigración neta, el PIB real en el bloque del G11 crecerá menos de un 1% al año, con Australia un poco mejor con el 0,9% anual, mientras que Rusia e Italia podrían sufrir una reducción anual de proporciones similares. Con la inmigración, el potencial de crecimiento anual de Australia podría llegar a las alturas embriagadoras del 1,7% anual, pero todo el resto del mundo tendría una tasa de crecimiento de -1. Aun permitiendo alguna inmigración cualificada de fuera, es poco probable que el crecimiento del PIB real para el G11 en su conjunto fuese superior al 0,5% anual.

Pero ¿por qué cae el crecimiento de la productividad en las principales economías? El rompecabezas de la productividad ha sido objeto de debate desde hace tiempo por parte de los economistas convencionales. Por un lado esta la explicación keynesiana del ‘tirón de la demanda’, según la cual el capitalismo está en estancamiento secular debido a una falta de demanda efectiva que aliente a los capitalistas a invertir en tecnologías que mejoren la productividad. Por otro está el argumento desde la oferta de que no hay disponibles suficientes tecnologías eficaces que mejoren la productividad  en las que invertir: la época de oro de la computadora, internet, etc., ha terminado y no hay nada nuevo que tenga el mismo impacto.

Pero también hay otra explicación muy sencilla.  La evidencia muestra que el crecimiento de la productividad se debe principalmente a la inversión de capital, que sustituye el trabajo con máquinas. Las máquinas impulsan la producción de cada trabajador que usa la tecnología y también reduce el número de trabajadores necesarios. Hay tres factores que explican el crecimiento de la productividad , la cantidad de trabajo empleado, la cantidad invertida en maquinaria y tecnología y el factor X de la calidad y la habilidad innovadora de la fuerza de trabajo. La contabilidad del crecimiento habitual llama a este último factor la ‘productividad total de los factores’ (PTF), y la mide como la contribución desconocida al crecimiento de la productividad más allá del capital invertido y el empleó de mano de obra.

En el caso de los EEUU, los tres factores estaban en su punto más álgido en la década ‘hi-tech’ de los 1990, pero en la década del 2000, la contribución de la inversión de capital y de la mano de obra empleada cayeron y desde la Gran Recesión y la subsiguiente Largo Depresión, los tres factores han disminuido.

Parte de la disminución de la inversión en capital y trabajo en Estados Unidos se puede atribuir a la creciente globalización, ya que las empresas estadounidenses deslocalizaron al extranjero sus fábricas y actividades. Pero la inversión en relación al PIB ha disminuido en todas las grandes economías y desde 2007 (con la excepción de China).

En 1980, tanto en las economías capitalistas avanzadas como en las ‘emergentes’ (sin China) hubo tasas de inversión en torno al 25% del PIB. Ahora las tasas promedio oscilan alrededor del 22%, una disminución de más del 10%. La tasa cayó por debajo del 20% para las economías avanzadas durante la Gran Recesión.

De hecho, el crecimiento de la productividad también se está desacelerando en las llamadas economías emergentes como China, Brasil e India.

¿Por qué la inversión en nuevas tecnologías es tan débil y por lo tanto incapaz de restaurar el crecimiento de la productividad? La razón principal de la baja inversión en las economías capitalistas es que los capitalistas no creen que es rentable invertir en nuevas tecnologías para reemplazar a la mano de obra. De hecho, en el período posterior a la Gran Recesión, en muchas de las principales economías, como los EEUU, el Reino Unido, Japón y en Europa, las empresas han preferido mantener su fuerza de trabajo y contratar nuevos trabajadores con contratos más ‘precarios’, con menos derechos no salariales, a tiempo parcial o temporales. Lo que implica tasas oficiales de desempleo muy bajas, junto con tasas de inversión pequeñas. Así, el crecimiento de la productividad es débil y en general el crecimiento del PIB real está por debajo de la media.

La manera de restaurar el crecimiento de la productividad y que las economías crezcan a un ritmo que pueda satisfacer las demandas de la gente de una vivienda digna, educación, sanidad y energías renovables es impulsar la inversión en nuevas tecnologías y en formación laboral para ellas y distribuir las ganancias a todos. Pero aquí radica la contradicción de la producción capitalista. Es una producción para el beneficio no la satisfacción de necesidades. Y el aumento de la inversión en tecnología que sustituye el trabajo que crea valor conduce a una tendencia decreciente de la rentabilidad. La necesidad de ampliar y desarrollar las fuerzas productivas entra en conflicto con la acumulación capitalista. Y resolver esa contradicción a través de crisis que eleven la rentabilidad o mediante el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo mundial es cada vez más difícil.

La tasa mundial de beneficio – la media de las 14 economías principales (beneficios como % de los activos fijos)

La fuerza de trabajo mundial disponible para ser explotada no está creciendo tan rápido, y aunque todavía hay reservas de mano de obra en África (por ejemplo, Nigeria, etc.) y en Asia, en las economías capitalistas desarrolladas la fuerza de trabajo seguirá reduciéndose. Pero el crecimiento de la productividad a través de una mayor inversión en tecnología no puede compensar si la rentabilidad sigue decreciendo tendencialmente.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2019/03/08/demographic-demise/

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

El ascenso de China a potencia mundial

Entrevista a Au Loong Yu, activista e investigador

Por Ashely Smith

El rápido ascenso de China como nuevo centro de acumulación de capital le ha llevado a entrar en conflicto creciente con EE UU. Ashley Smith, de International Socialist Review, ha entrevistado al activista y estudioso Au Loong Yu sobre la naturaleza de la transformación de China en una nueva potencia imperial y su impacto en el sistema mundial.

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Uno de los fenómenos más importantes ocurridos en el sistema mundial en las últimas décadas ha sido el ascenso de China como nueva potencia global. ¿Cómo ha sucedido esto?

El ascenso de China es el resultado de una combinación de factores desde que optó por producir dentro del capitalismo mundial en los años ochenta. En primer lugar, en contraste con el bloque soviético, China encontró una manera de sacar provecho –en un irónico giro de la historia– de su legado colonial. Gran Bretaña controlaba Hong Kong hasta 1997, Portugal controlaba Macao hasta 1999 y EE UU sigue usando a Taiwán como protectorado.

Estas colonias y protectorados conectaron a China con la economía mundial incluso antes de su pleno ingreso en el sistema mundial. En la era de Mao, Hong Kong proporcionaba aproximadamente un tercio de las divisas extranjeras de China. Sin Hong Kong, China no habría podido importar tanta tecnología. Después del final de la guerra fría, durante el gobierno de Deng Xiaoping, Hong Kong fue muy importante para la modernización de China. Deng utilizó Hong Kong para obtener aún más acceso a divisas extranjeras a fin de importar todo tipo de cosas, incluida la alta tecnología, y aprovechar su mano de obra cualificada, como los profesionales de la gestión empresarial.

China utilizó Macao por primera vez como un lugar ideal para el contrabando de mercancías hacia China continental, aprovechando la notoria relación laxa de la isla con la legalidad. Y luego China usó la Casino City como una plataforma ideal para la importación y exportación de capitales. Taiwán fue muy importante no solo en términos de inversiones de capital, sino que lo más importante a largo plazo fue su transferencia de tecnología, en primer lugar en la industria de semiconductores. Los inversionistas de Hong Kong y Taiwán también fueron una de las razones fundamentales del rápido crecimiento de las provincias chinas de Jiangsu, Fujian y Guangdong.

En segundo lugar, China poseía lo que el revolucionario ruso León Trotsky llamó el “privilegio del atraso histórico”. El Partido Comunista de Mao se aprovechó del pasado precapitalista del país. Heredó un Estado absolutista fuerte que él actualizaría y usaría para su proyecto de desarrollo económico nacional. También se aprovechó de un campesinado precapitalista atomizado, que se había acostumbrado al absolutismo durante dos mil años, para exprimir su trabajo en aras a la llamada acumulación primitiva desde 1949 hasta la década de 1970.

Más tarde, a partir de la década de 1980, el Estado chino reclutó esta fuerza de trabajo del campo y la trasladó a las grandes ciudades para trabajar como mano de obra barata en las zonas de producción para la exportación. Hicieron que casi 300 millones de migrantes rurales trabajaran como esclavos en fábricas en pésimas condiciones. Por lo tanto, el atraso del Estado absolutista de China y las relaciones de clase ofrecieron a la clase dirigente china ventajas para desarrollar tanto el capitalismo estatal como el privado.

El atraso de China también le permitió saltar etapas de desarrollo al reemplazar los medios y métodos de desarrollo arcaicos por otros capitalistas más avanzados. Un buen ejemplo de esto es la adopción por parte de China de alta tecnología en las telecomunicaciones. En lugar de seguir cada paso de las sociedades capitalistas más avanzadas, comenzando primero con el uso de líneas telefónicas para la comunicación en línea, instaló cables de fibra óptica en todo el país casi de una tacada.

La dirección china estaba muy interesada en modernizar su economía. Por un lado, por razones defensivas, quería asegurarse de que el país no fuera invadido y colonizado como lo había sido cien años antes. Por otro lado, por razones ofensivas, el Partido Comunista quiere recuperar su condición de gran potencia, reanudando su llamada dinastía celestial. A resultas de todos estos factores, China ha logrado una modernización capitalista que en otros países llevó todo un siglo.

China es ahora la segunda economía más grande del mundo. Pero es un proceso contradictorio: por un lado, muchas multinacionales son responsables de su crecimiento, ya sea directamente o a través de la subcontratación de empresas taiwanesas y chinas, y por otro, China está desarrollando rápidamente sus propias industrias como campeonas nacionales en el sector estatal y privado. ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?

En mi libro China’s Rise (El ascenso de China) sostengo que China tiene dos dimensiones de desarrollo capitalista. Uno es lo que llamo acumulación dependiente. El capital extranjero avanzado ha invertido enormes sumas de dinero en los últimos treinta años, inicialmente en industrias que requieren mucha mano de obra y, más recientemente, en industrias intensivas en capital. Esto impulsó el desarrollo de China, pero la mantuvo en la parte inferior de la cadena de valor global, incluso en alta tecnología, como la fábrica del mundo. El capital chino recauda la parte más pequeña del beneficio, la mayor parte del cual se va a EE UU, Europa, Japón y otras potencias capitalistas avanzadas y sus multinacionales. El mejor ejemplo de esto es el teléfono móvil de Apple. China simplemente ensambla todos los componentes, que en su mayoría se diseñan y fabrican fuera del país.

Pero hay una segunda dimensión, la acumulación autónoma. Desde el principio, el Estado ha dirigido muy conscientemente la economía, financiando la investigación y desarrollo y manteniendo un control indirecto sobre el sector privado, que ahora representa más del 50 % del PIB. En las cúpulas dirigentes de la economía, el Estado mantiene el control a través de empresas estatales. Y recurre sistemáticamente a la ingeniería inversa para copiar la tecnología occidental a fin de desarrollar sus propias industrias.

China tiene otras ventajas que otros países no tienen; es enorme, no solo por la extensión de su territorio, sino también por su población. Desde la década de 1990, ha podido practicar la división del trabajo en tres partes del país. Guangdong tiene una zona de producción para la exportación, intensiva en mano de obra. El delta de Zhejiang también está orientado a la exportación, pero es mucho más intensivo en capital. Alrededor de Pekín se ha desarrollado una industria de alta tecnología, comunicaciones y aeronáutica. Esta diversificación forma parte de la estrategia consciente del Estado para desarrollarse como potencia económica.

Al mismo tiempo, China también tiene sus puntos débiles. Si nos fijamos en su PIB, es la segunda economía más grande del mundo. Pero si se mide el PIB per cápita, sigue siendo un país de renta media. Incluso vemos debilidades en sectores en los que está alcanzando a las potencias capitalistas avanzadas. Por ejemplo, el teléfono móvil Huawei, que ahora es una marca mundial, no lo desarrollaron únicamente los propios científicos chinos, sino, sobre todo, 400 científicos japoneses contratados por la empresa. Esto demuestra que China dependía y sigue dependiendo en gran medida de los recursos humanos extranjeros para la investigación y desarrollo.

Otro ejemplo de debilidad se reveló cuando la empresa china de telecomunicaciones ZTE fue acusada por el gobierno de Trump de violar sus sanciones comerciales contra Irán y Corea del Norte. Trump impuso una prohibición comercial a la compañía, negándole el acceso a programas y componentes de alta tecnología diseñados en EE UU, amenazando a la compañía con el colapso de la noche a la mañana. Xi y Trump llegaron finalmente a un acuerdo para salvar la empresa, pero la crisis que sufrió ZTE demuestra que el desarrollo dependiente de China sigue siendo un problema real.

Este es el problema que China está tratando de superar. Pero incluso en alta tecnología, donde su intención es ponerse al día, su tecnología de semiconductores se halla dos o tres generaciones por detrás de la de EE UU. Está tratando de superar este retraso con un aumento espectacular de la inversión en investigación y desarrollo, pero si observamos detenidamente el gran número de patentes chinas, en su mayoría aún no corresponden a la alta tecnología, sino a otros sectores. Por lo tanto, China todavía sufre de debilidad tecnológica indígena. Donde está reduciendo distancias muy rápidamente es en inteligencia artificial, y esta es un área que a EE UU le preocupa mucho, no solo en términos de competencia económica, sino también militar, donde la inteligencia artificial desempeña un papel cada vez más central.

Encima de estas debilidades económicas, China tiene puntos débiles políticos. China no tiene un sistema de gobierno que garantice la sucesión pacífica del poder de un gobernante a otro. Deng Xiaoping había establecido un sistema de limitación de mandatos de la dirección colectiva que comenzó a resolver este problema sucesorio. Xi ha abolido este sistema y ha restablecido la regla de la autocracia sin limitación de mandatos. Esto podría dar pie a más luchas entre facciones por la sucesión, desestabilizando el régimen y comprometiendo potencialmente su ascenso económico.

Xi ha cambiado radicalmente de estrategia de China dentro del sistema mundial, prescindiendo del enfoque prudente defendido por Deng Xiaoping y sus sucesores. ¿Por qué procede Xi de esta manera y cuál es su programa para afirmar a China como gran potencia?

Lo primero que hay que entender es la tensión existente en el seno del Partido Comunista Chino (PCC) en torno a su proyecto en el mundo. El PCC es una gran contradicción. Por un lado, es una fuerza favorable a la modernización económica. Por otro lado, ha heredado un componente muy fuerte de la cultura política premoderna. Esto ha sentado las bases de los conflictos entre camarillas dentro del régimen.

A principios de la década de 1990 hubo un debate en la cúpula de la burocracia sobre qué camarilla de gobernantes debería tener el poder. Una de ellas es la que llaman los de sangre azul, los hijos de los burócratas que gobernaron el Estado después de 1949: la segunda generación roja de burócratas. Son fundamentalmente reaccionarios. Desde que Xi llegó al poder, la prensa habla del regreso a “nuestra sangre”, lo que significa que la sangre de la antigua dirección se ha reencarnado en la segunda generación.

La otra camarilla es la de los nuevos mandarines. Sus padres y madres no fueron dirigentes revolucionarios. Eran intelectuales o personas que culminaron una buena educación y que ascendieron en la jerarquía. Por lo general, su ascenso pasa a través de la Liga de Jóvenes Comunistas. No es casual que el liderazgo del partido de Xi haya humillado repetida y públicamente a la Liga en los últimos años. El conflicto entre los nobles de sangre azul y los mandarines es una nueva versión de un viejo patrón; estas dos camarillas han estado en tensión durante dos mil años de absolutismo y gobierno burocrático.

Entre los mandarines hay algunos que provienen de orígenes más humildes –como Wen Jiabao, que gobernó China de 2003 a 2013– y que son un poco más liberales. Al final de su mandato, Wen dijo que China debería aprender de la democracia representativa de Occidente, argumentando que ideas occidentales como los derechos humanos encerraban algún tipo de universalidad. Por supuesto, esto tenía sobre todo un carácter retórico, pero es muy diferente de Xi, que trata la democracia y los llamados valores occidentales con desprecio. Acabó ganando en esta lucha contra los mandarines, consolidó su poder y ahora promete que los nobles de sangre azul gobernarán para siempre. Su programa es fortalecer la naturaleza autocrática del Estado en el país, convertir China en una gran potencia en el extranjero y afirmar su poder en el mundo, a veces desafiando a EE UU.

Sin embargo, después de la crisis de ZTE, Xi llevó a cabo cierta retirada táctica porque esa crisis expuso las debilidades persistentes de China y el peligro de presentarse demasiado pronto como una gran potencia. De hecho, hubo un alud de críticas a uno de los asesores de Xi, un economista llamado Hu Angang, que había argumentado que China ya era un rival económico y militar de EE UU y que, por lo tanto, podía desafiar a Washington por el liderazgo en el mundo. ZTE demostró que simplemente no es cierto que China esté al mismo nivel que EE UU. Desde entonces, muchos liberales salieron a criticar a Hu. A otro erudito liberal conocido, Zhang Weiying, cuyos escritos fueron vetados el año pasado, se le permitió publicar oficialmente su discurso en línea.

Por entonces ya había un encendido debate entre los expertos en diplomacia. Los partidarios de la línea dura abogaban por una posición más dura en relación con EE UU. Los liberales, sin embargo, argumentaron que el orden internacional es un templo y que mientras pueda acomodar el ascenso de China, Pekín debería ayudar a construir este templo en lugar de demolerlo y construir uno nuevo. Esta ala diplomática fue marginada cuando Xi optó por apoyar la línea dura, pero recientemente vuelve a escucharse su voz. Desde el conflicto en torno a ZTE y la guerra comercial, Xi ha hecho algunos ajustes tácticos y se ha distanciado un poco de su anterior declaración descarada sobre la condición de gran potencia de China.

¿Hasta qué punto se trata de una retirada temporal? Asimismo, ¿cómo encajan los proyectos China 2025 y Nueva Ruta de la Seda en la perspectiva a más largo plazo de Xi de alcanzar la condición de gran potencia?

Permíteme decir claramente que Xi es un sangre azul reaccionario. Él y el resto de su camarilla están decididos a restaurar la hegemonía del pasado imperial de China y reconstruir la llamada dinastía celestial. El Estado de Xi, la academia china y los medios de comunicación han producido una gran cantidad de ensayos, disertaciones y artículos que glorifican este pasado imperial para justificar su proyecto de convertirse en una gran potencia. No renunciarán fácilmente a su estrategia a largo plazo.

La camarilla de Xi también es consciente de que, antes de que China pueda alcanzar su ambición imperial, tiene que eliminar su legado colonial, es decir, apoderarse de Taiwán y cumplir primero la tarea histórica del PCC de la unificación nacional. Pero esto le enfrentará necesariamente a EE UU, tarde o temprano. Por lo tanto, el problema de Taiwán contiene al mismo tiempo la dimensión de autodefensa de China (incluso EE UU reconoce que Taiwán es parte de China) y una rivalidad interimperialista. Para unificarse con Taiwán, por no hablar de una ambición global, Pekín tiene que superar primero las debilidades persistentes de China, especialmente en su tecnología, su economía y su falta de aliados internacionales.

Ahí es donde entran en juego los proyectos China 2025 y Nueva Ruta de la Seda. A través de China 2025 pretenden desarrollar su capacidad tecnológica independiente y ascender en la cadena de valor global. Quieren usar la Nueva Ruta de la Seda para construir infraestructuras en toda Eurasia en línea con los intereses chinos. Al mismo tiempo, debemos dejar claro que la Nueva Ruta de la Seda también es un síntoma de los problemas de sobreproducción y sobrecapacidad de China. Están utilizándola para absorber todo este excedente de capacidad. Pero de todos modos, ambos proyectos son centrales en el proyecto imperialista chino.

Ha habido un gran debate en la izquierda internacional sobre cómo entender el ascenso de China. Algunos han argumentado que es un modelo y un aliado para el desarrollo del tercer mundo. Otros ven a China como un Estado subordinado dentro de un imperio informal estadounidense que gobierna el capitalismo neoliberal mundial. Otros lo ven como un poder imperial en ascenso. ¿Cuál es tu punto de vista?

China no puede ser un modelo para los países en desarrollo. Su ascenso es el resultado de factores muy singulares que he mencionado antes y que otros países del tercer mundo no poseen. No creo que sea incorrecto decir que China forma parte del neoliberalismo mundial, especialmente cuando vemos que da un paso al frente y dice que está dispuesta a reemplazar a EE UU como guardiana de la globalización del libre comercio.

Pero decir que China forma parte del capitalismo neoliberal no refleja el cuadro completo. China es una potencia singular de capitalismo de Estado y expansionista que no está dispuesta a ser un socio de segunda clase de EE UU. Forma parte, por lo tanto, del neoliberalismo global y es también una potencia capitalista de Estado que ocupa un lugar propio. Esta combinación peculiar significa que se beneficia del orden neoliberal y al mismo tiempo representa un desafío para él y para el Estado norteamericano que lo supervisa.

Irónicamente, el capital occidental es responsable de esta situación. Sus Estados y sus capitales entendieron demasiado tarde el desafío que suponía China. Afluyeron masivamente para invertir en el sector privado o en empresas conjuntas con las empresas estatales chinas. Pero no se dieron cuenta del todo de que el Estado chino siempre está detrás de empresas aparentemente privadas. En China, incluso si una empresa es realmente privada, debe rendirse a las exigencias que le impone el Estado.

El Estado chino ha utilizado esta inversión privada para desarrollar su propia capacidad estatal y privada y comenzar a desafiar al capital estadounidense, japonés y europeo. Por lo tanto, es ingenuo acusar al Estado chino y al capital privado de robar propiedad intelectual. Eso es lo que planeaban hacer desde el principio. De este modo, los Estados capitalistas avanzados y las empresas multinacionales facilitaron la aparición de China como una potencia imperial en ascenso. Su peculiar naturaleza capitalista de Estado hace que sea particularmente agresiva y trate de reducir distancias y desafiar a las potencias que invirtieron en ella.

En EE UU, ambos partidos capitalistas están cada vez más de acuerdo en que China es una amenaza para el poder imperial estadounidense. Y tanto EE UU como China están agitando el nacionalismo contra el adversario. ¿Cómo caracterizarías la rivalidad entre EE UU y China?

Hace algunos años, muchos comentaristas dijeron que había un debate entre dos bandos sobre si colaborar con China o enfrentarse a ella. Lo llamaron una lucha entre “acariciadores de pandas contra cazadores de dragones”. Hoy, los cazadores de dragones ocupan el sillón del piloto de la diplomacia estadounidense. Es cierto que existe un consenso creciente entre Demócratas y Republicanos en contra de China. Incluso destacados liberales estadounidenses atacan a China en estos días. Pero antes que nada, muchos de estos políticos liberales tienen la culpa de que se haya llegado a esta situación. Recuerda que después de la masacre de Tiananmen en 1989, políticos liberales como Bill Clinton en EE UU y Tony Blair en Gran Bretaña perdonaron al Partido Comunista Chino, restablecieron las relaciones comerciales y alentaron inversiones masivas en el país.

Por supuesto, se trataba de llenar los libros de contabilidad de las multinacionales occidentales, que obtuvieron grandes beneficios gracias a la explotación de la mano de obra barata en las fábricas chinas. Pero también creyeron de veras, aunque ingenuamente, que una mayor inversión llevaría a China a aceptar la condición de Estado subordinado dentro del capitalismo neoliberal mundial, y que se democratizaría a imagen de Occidente. Esta estrategia ha fracasado, permitiendo el ascenso de China como rival.

Los dos bandos de acariciadores de pandas y cazadores de dragones también cuentan con sus teóricos en la academia. Hay tres escuelas principales en el ámbitgo de la política exterior. Además, las tres escuelas tienen sus propios acariciadores de pandas y cazadores de dragones, que también podrían llamarse optimistas y pesimistas. Dentro del campo optimista, diferentes escuelas argumentan diferentes perspectivas. Mientras que los internacionalistas liberales pensaban que el comercio democratizaría a China, en cambio, los realistas creían que por mucho que China tuviera sus propias ambiciones estatales para desafiar a EE UU, todavía era demasiado débil para hacerlo. La tercera escuela es el constructivismo social; creen que las relaciones internacionales son el resultado de ideas y valores y de la interacción social, y al igual que los liberales, opinan que la participación económica y social transformaría a China.

En el pasado, la mayoría de la clase política estadounidense profesaba la visión de los liberales optimistas. Los liberales estaban cegados por su creencia de que el comercio podría convertir a China en un país democrático. El ascenso de China ha hecho que todas las visiones optimistas entraran en crisis debido a que sus predicciones han resultado ser erróneas. China se ha convertido en una potencia creciente que ha comenzado a reducir distancias y desafiar a EE UU.

Ahora es el bando pesimista de estas tres escuelas el que está ganando terreno. Los liberales pesimistas creen ahora que el nacionalismo chino es mucho más fuerte que la influencia positiva del comercio y la inversión. Los realistas pesimistas creen que China se está fortaleciendo rápidamente y que nunca aceptará un compromiso con respecto a Taiwán. Los constructivistas sociales pesimistas creen que China es inflexible con sus propios valores y se negará a cambiar.

Sin embargo, si bien la escuela pesimista ha demostrado que tenía razón, también adolece de una gran debilidad: asume que la hegemonía de EE UU está justificada y es correcta, no se da cuenta del hecho de que EE UU es en realidad cómplice del gobierno autoritario de China y su régimen de explotación y, por supuesto, nunca analiza cómo la colaboración y rivalidad entre EE UU y China ocurren dentro de una forma profundamente contradictoria y volátil del capitalismo mundial y, en relación con esto, dentro de todo un conjunto de relaciones de clase globales. Esto no debería sorprendernos; los pesimistas son ideólogos de la clase dominante estadounidense y su imperialismo.

China está siguiendo una trayectoria imperialista. Estoy en contra de la dictadura del PCC, de su aspiración a convertirse en una gran potencia y sus demandas en el mar del Sur de China. Pero no creo que sea correcto pensar que China y EE UU se hallan en el mismo plano. China es un caso especial en este momento; su ascenso tiene dos caras. Una es lo que tienen en común ambos países: son capitalistas e imperialistas.

La otra cara es que China es el primer país imperialista que previamente había sido un país semicolonial. Eso es muy diferente de EE UU o cualquier otro país imperialista. Conviene tener esto en cuenta en nuestro análisis para comprender cómo funciona China en el mundo. Para China siempre existen dos niveles de cuestiones. Uno de ellos es la legítima defensa de un antiguo país colonial según el Derecho internacional. No debemos olvidar que en los años noventa unos aviones de combate estadounidenses sobrevolaron la frontera meridional del país y se estrellaron contra un avión chino, matando a su piloto. Este tipo de sucesos recuerdan lógicamente a los chinos su doloroso pasado colonial.

Hasta hace poco, el Reino Unido controlaba Hong Kong, y el capital internacional todavía ejerce una enorme influencia allí. Recientemente salió a la luz un ejemplo de la influencia imperialista occidental: un informe reveló que justo antes de que el Reino Unido se retirara de Hong Kong, disolvieron su policía secreta y reasignaron a sus miembros a la Comisión Independiente contra la Corrupción (ICAC). La ICAC goza de gran popularidad aquí, ya que hace de Hong Kong un lugar menos corrupto. Pero es el jefe del gobierno de Hong Kong, anteriormente nombrado desde Londres y ahora elegido desde Pekín, quien nombra al comisionado, mientras que la gente no tiene absolutamente ninguna influencia sobre él.

Pekín estaba muy preocupada de que la ICAC también pudiera servir para disciplinar al Estado chino y sus capitales. Por ejemplo, en 2005 el ICAC procesó a Liu Jinbao, el jefe del Banco de China en Hong Kong. Parece que Beijing está tratando de tomar el control de la ICAC, pero esta lucha de poder no trasciende al público. Por supuesto, deberíamos estar contentos de que la ICAC persiga a personas como Liu Jinbao, pero también debemos reconocer que el imperialismo occidental puede utilizarlo para implementar sus planes. Al mismo tiempo, la consolidación del control de Pekín beneficiará al Estado y a los capitalistas chinos, pero no servirá a los intereses de las masas trabajadoras chinas.

Existen otros remanentes del pasado colonial. EE UU básicamente mantiene a Taiwán como un protectorado. Por supuesto, deberíamos oponernos a la amenaza de China de invadir Taiwán; debemos defender el derecho de autodeterminación de Taiwán. Pero también debemos ver que EE UU usará Taiwán como herramienta para promover sus intereses. Esta es la desventaja del legado colonial que hace que el PCC se comporte a la defensiva ante el imperialismo estadounidense.

China es un país imperialista emergente, pero tiene debilidades fundamentales. Diría que el PCC tiene que superar obstáculos fundamentales antes de que China pueda convertirse en un país imperialista estable y sostenible. Es muy importante ver no solo los puntos en común entre EE UU y China como países imperialistas, sino también las particularidades de esta última.

Está claro que para los socialistas estadounidenses, nuestro principal deber es oponernos al imperialismo de EE UU y construir solidaridad con los trabajadores chinos. Eso significa que debemos oponernos a la implacable represión del Estado chino, no solo contra la derecha, sino también contra los progresistas e incluso el movimiento obrero. No debemos caer en la trampa campista de dar apoyo político al régimen chino, sino a los trabajadores del país. ¿Cómo contemplas esta situación?

Debemos combatir la mentira utilizada por la derecha estadounidense de que los trabajadores chinos han robado los puestos de trabajo a los trabajadores de EE UU. Esto no es verdad. Las personas que realmente tienen el poder de decidir no son los trabajadores chinos, sino los capitalistas estadounidenses, como Apple, que hace que sus teléfonos se ensamblen en China. Los trabajadores chinos no tienen absolutamente nada que decir sobre tales decisiones. En realidad, son víctimas, no personas a las que se deba culpar por la pérdida de empleos en EE UU.

Y como ya he dicho, Clinton, no los gobernantes ni los trabajadores chinos, fue el culpable de la exportación de esos puestos de trabajo. Fue el gobierno de Clinton el que colaboró con el régimen asesino de China después de los sucesos de la plaza de Tiananmen para permitir que las grandes empresas estadounidenses invirtieran en China a escala masiva. Y cuando se perdieron los empleos en EE UU, los que surgieron en China en realidad no eran en absoluto el mismo tipo de empleos. Los puestos de trabajo estadounidenses que se perdieron en el sector del automóvil y el acero estaban sindicados y tenían buenos salarios y prestaciones, mientras que los creados en China no son más que trabajos duros y mal pagados. Independientemente de sus conflictos actuales, los principales líderes de EE UU y China, no los trabajadores de ninguno de los dos países, pusieron en práctica el miserable orden mundial neoliberal.

Una cosa que hemos hecho aquí en EE UU es ayudar a organizar visitas a los trabajadores chinos en huelga para que podamos construir solidaridad entre los trabajadores estadounidenses y chinos. ¿Hay otras ideas e iniciativas que podamos tomar? Existe un peligro real de que el nacionalismo sirva en ambos países para enfrentar a los trabajadores de uno y otro país. Parece que evitar esto es muy importante. ¿Qué piensas?

Es importante que la izquierda en el resto del mundo reconozca que el capitalismo chino tiene un legado colonial que todavía existe en la actualidad. Entonces, cuando analizamos las relaciones entre China y EE UU, debemos distinguir aquellas partes legítimas del patriotismo de las que agita el PCC. Hay un elemento de patriotismo de sentido común entre la gente que es fruto del último siglo de intervención imperial por parte de Japón, las potencias europeas y EE UU.

Esto no significa que nos acomodemos a este patriotismo, sino que debemos distinguirlo del nacionalismo reaccionario del PCC. Y, sin duda, Xi está tratando de alentar el nacionalismo en apoyo de sus aspiraciones de gran potencia, al igual que los gobernantes estadounidenses están haciendo lo mismo para cultivar el apoyo popular al objetivo de su régimen de contener a China.

Entre la gente corriente, el nacionalismo ha estado declinando en lugar de aumentar, porque la gente desprecia al PCC, y son más quienes ahora no confían en su nacionalismo y odian su gobierno autocrático. Un ejemplo divertido de esto es un reciente sondeo de opinión que preguntó si la gente apoyaría a China en una guerra con EE UU. La respuesta de los internautas en línea fue muy interesante. Uno de ellos dijo: “Sí, apoyo la guerra de China contra EE UU, pero primero apoyamos que se envíe a luchar a los miembros del Buró Político, luego a los del Comité Central y después a todo el PCC. Y cuando ganen o pierdan, al menos seremos libres.” Los censores, por supuesto, eliminaron inmediatamente estos comentarios, pero es una indicación de la profunda insatisfacción con el régimen.

Eso significa que existe una base entre los trabajadores chinos para construir la solidaridad internacional con los trabajadores estadounidenses. Pero eso requiere que los trabajadores estadounidenses se opongan al imperialismo de su propio gobierno. Solo esa posición creará confianza entre los trabajadores chinos.

Las amenazas del imperialismo estadounidense son reales y conocidas en China. La marina de EE UU acaba de enviar dos buques de guerra a través del Estrecho de Taiwán en una clara provocación a China. La izquierda estadounidense debe oponerse a este militarismo para que el pueblo chino entienda que os oponéis al proyecto imperialista de EE UU con respecto a Taiwán, aunque también se debe reconocer el derecho de Taiwán a comprar armas a EE UU. Si el pueblo chino percibe una sólida posición antiimperialista de la izquierda estadounidense, podrá comprender nuestros intereses internacionales comunes contra el imperialismo estadounidense y chino.

Fuente: https://isreview.org/issue/112/chinas-rise-world-power.

Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article14676

Lyes Menacer: “El régimen argelino no es capaz de reformarse a sí mismo, solo busca sobrevivir”

Claves para entender la crisis del régimen en Argelia tras la renuncia del presidente Abdelaziz Buteflika, en el poder desde 1999.

Por Ricard González

La crisis política abierta en Argelia a raíz de la intención del presidente Abdelaziz Bouteflika de presentarse a la reelección no tiene visos de terminar. Ni tan siquiera su renuncia y la promesa de una transición tutelada ha aplacado a la calle. Lyes Menacer (Argel, 1979), consultor político y periodista del diario Liberté, uno de los principales medios independientes del país, ha conversado por teléfono con El Salto para compartir su análisis sobre la situación y cuáles son los posibles escenarios de futuro.

¿Cómo valora la manifestación del pasado viernes?

Ha sido gigantesca, igual o mayor que las anteriores. El mensaje que le ha dirigido el pueblo al régimen es muy claro: debéis dejar el poder, no creemos en la sinceridad de vuestras promesas de transición democrática. Las concesiones del pasado lunes no han convencido a nadie. Era de esperar una reacción así. De hecho, horas después del anuncio de Bouteflika, ya había gente manifestándose en varios puntos del país en contra de su mantenimiento en el poder. La idea de suspender las elecciones y prolongar el mandato de Bouteflika es inconstitucional. Solo se puede hacer en caso de guerra, y no lo estamos.

¿Había previsto que el anuncio de Bouteflika de presentarse a la reelección generaría un movimiento de protesta tan amplio?

No, creo que es algo que nadie previó, ni el régimen, ni la oposición, ni los propios manifestantes. En 2011, durante las primaveras árabes, hubo algunas manifestaciones aquí, pero muy pequeñas. Entonces, la cosa aún no estaba madura. Las primeras protestas fueron convocadas por internautas anónimos a quienes tocó el amor propio la candidatura de Bouteflika. Nadie se las tomó muy en serio. La gente pensó que era cosa de chicos. Pensábamos que el régimen había destruido completamente el tejido social independiente. Pero estábamos equivocados.

¿Hay algún partido o grupo que lidere las manifestaciones?

No, es un movimiento sin líderes que ha ido creciendo e incorporando prácticamente todos los sectores de la sociedad: estudiantes, jueces, funcionarios, emprendedores, etc. En las protestas, es muy numerosa la presencia de jóvenes que no vivieron el llamado “decenio negro” [la guerra civil de los años 90]. El único presidente que han conocido en toda su vida es Bouteflika, y están hartos. Hartos de no encontrar trabajo, de no tener derecho a divertirse, de que su país esté desconectado del mundo. Argelia es una pequeña Corea del Norte, si bien el régimen aquí es más flexible.

¿Quién gobierna realmente Argelia?

No lo sabemos, la opacidad es total, pero lo que está claro es que no es el presidente Bouteflika. Su salud no se lo permite. Aquí se conoce como “le pouvoir” la coalición de instituciones y lobbies que gobiernan el país. Parece que el hermano pequeño de Bouteflika, Saïd, tiene mucho poder. Pero también lo tienen la jerarquía del Ejército, liderada por el Jefe del Estado Mayor, Ahmed Gaid Salah, así como un grupo de oligarcas muy ricos, al estilo ruso. Esta configuración de los poderes fácticos es diferente a la que puso a Bouteflika en el poder. Por ejemplo, el presidente neutralizó a los servicios secretos, que antes eran muy influyentes. De forma que los actuales poderes fácticos saben que necesitan a Bouteflika, por eso lo presentaron a pesar de estar gravemente enfermo.

¿Cuál es la estrategia del régimen después de renunciar a la reelecciónde Bouteflika?

Quiere ganar tiempo con promesas de una transición a la democracia para aplacar a la calle. Al ver que era imposible imponer el quinto mandato de Bouteflika, quieren alargar su cuarto mandato. Esta hoja de ruta que han presentado, y que incluye una conferencia nacional, ya la habían presentado antes, solo que querían aplicarla después de las elecciones. El problema es que este régimen no se puede reformar a sí mismo, solo busca sobrevivir como sea. ¿Cómo es posible tomarse en serio sus promesas de democratización si el nuevo primer ministro, Nurredin Bedoui, era el ministro del Interior que reprimía las manifestaciones?

¿Cree que el pueblo se dará por satisfecha con estas promesas?

No, me parece que las protestas no van a desinflarse porque la gente no cree en las sinceridad del régimen.

¿Cuál es la hoja de ruta que usted defiende?

Los partidos de la oposición han pedido que Bouteflika se retire definitivamente, y que se cree un Gobierno de unidad nacional. Luego se deberían celebrar elecciones y redactar una nueva Constitución que garantice el establecimiento de un sistema democrático.

¿Cómo ven los manifestantes a los partidos de la oposición? ¿Creen que les representan?

No, son críticos con ellos porque durante muchos años han jugado el juego del régimen. Por ejemplo, se presentaban a las elecciones presidenciales anteriores, también en las legislativas. Ahora bien, creo que nadie se engaña y sabe que, en una fase más adelantada del proceso, estos partidos deberán tomar el relevo y asumir un papel importante en la construcción del nuevo orden político.

¿Existe algún partido que esté capitalizando las protestas?

No, no se percibe que haya un partido más popular que el resto. Todas las fuerzas políticas se subieron a este tren cuando ya estaba en marcha.

¿Cree que se podría repetir el mismo escenario de 1991: una victoria islamista en las urnas y un golpe de Estado?

No creo que sea probable. Los partidos islamistas tienen un cierto seguimiento, pero dudo que puedan ganar las elecciones. La gente está marcada por lo que pasó durante la guerra civil, y cómo se comportaron estos partidos. Además, los islamistas están divididos. Eso no significa que no haya una mayor religiosidad que antes, y que los clérigos sean influyentes. Pero no lo son en el ámbito político. Además, los más conservadores, los salafistas, están en contra de las protestas.

¿Qué escenario prevé para las próximas semanas?

Sinceramente, no lo sé porque este régimen es imprevisible. Es necesario que las protestas continúen siendo pacíficas, para no justificar una represión policial. Será importante ver también cómo se posiciona finalmente la comunidad internacional. De momento, ha optado por el silencio. Solo Francia se ha manifestado.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/argelia/lyes-menacer-regimen-argelino-incapaz-reforma-solo-sobrevivir

Vandalismo genómico

por Silvia Ribeiro

A contrapelo de la copiosa propaganda de empresas y científicos sobre los beneficios de las nuevas biotecnologías, particularmente Crispr-Cas9 y similares, se siguen publicando estudios sobre sus efectos secundarios imprevistos y nocivos. Al respecto, el investigador Georges Church, de la Universidad de Harvard, patriarca de la biotecnología, declaró en una conferencia en enero pasado que la tecnología Crispr es como un «hacha desafilada». Y por si a alguien le quedaban dudas, agregó: «Le llaman edición, pero en realidad es vandalismo genómico» (https://tinyurl.com/y5dypgsp).

La afirmación de Church fue motivada por varios estudios publicados recientemente, que muestran que Crispr, aunque promocionada como una tecnología «exacta, rápida y barata», no es tal. Al contrario, podría ser aún peor que los transgénicos anteriores por los desarreglos genómicos que provoca en plantas, animales y células humanas.

La industria biotecnológica, con Monsanto-Bayer, DuPont-Dow y otras, presiona para que los productos de este tipo de ingeniería genética no tengan que atenerse a las regulaciones de bioseguridad ni de etiquetado. Estados Unidos ya aprobó unos 20 cultivos manipulados genéticamente con esta tecnología (entre otros, papa, alfalfa, maíz, arroz, soya, tabaco, tomates, trigo y setas) que podrían ser procesados y vendidos sin que agricultores ni consumidores sepan que son productos de ingeniería genética. Argentina y Brasil cambiaron sus normativas de bioseguridad en el mismo sentido para permitir que las industrias puedan comercializar este tipo de nuevos transgénicos sin siquiera informar sobre ello.

Desde que se comenzó a experimentar, en 2012, se observó que Crispr (con alguno de sus sistemas asociados, como Cas9) actuaba no sólo sobre la parte del genoma que se quería modificar, sino también sobre otras secuencias, lo cual implicaba efectos imprevistos, por ejemplo, cortar genes que no eran el objetivo, silenciando o alterando funciones que pueden ser vitales en los organismos. En 2018, un estudio del Instituto Karolinska, de Suecia, mostró que el sistema Crispr seleccionaba células que no contienen ciertas defensas naturales contra el cáncer, porque ello impide su acción, por lo que su uso podría significar un aumento del riesgo de contraer cáncer. Investigadores del Wellcome Center, de Reino Unido, encontraron después que Crispr-Cas9 eliminaba largas secuencias en otras partes del genoma, lejos del sitio de corte intencional ( https://tinyurl.com/y5r5cza4).

Church sugirió por todo ello usar otras tecnologías de edición genómica, que según él serían (ahora sí) más exactas. Por ejemplo, no cortar las dos hebras de la doble hélice del ADN para insertar nuevo material genético (que es como actúa Crispr-Cas9,), sino cambiar solamente una de las bases de ADN por vez, o sea, una sola de las letras C, G,T, A.

Debido a las evidencias crecientes de los impactos nocivos de Crispr-Cas9, varios laboratorios están experimentando técnicas cuya meta es justamente cambiar una sola base. No obstante, la organización GM Watch reporta que dos nuevos estudios publicados en la revista Science, el 28 de febrero de 2019, muestran que también este tipo de modificación, que parece tan mínima, acarrea problemas imprevistos y dañinos (https://www.gmwatch.org/ en/news/latest-news/18811).

Esos estudios fueron hechos en colaboración entre diferentes universidades de China y Estados Unidos. Uno de ellos con células embrionarias de ratón, y otro con arroz. En ambos casos, al cambiar una sola base con un nuevo método asociado a Crispr, se comprobó un alto número de efectos secundarios graves. En el estudio con ratones, en las células a las que se le cambió la base A (adenina) por la T (timina) en un solo punto, no se detectaron otras alteraciones. Pero cuando se cambió la base C (citosina) por la G (guanina) se detectaron 20 veces más cambios que en las células de control, con un promedio de 283 alteraciones no deseadas por embrión. Son alteraciones inaceptables para cualquier uso de esta tecnología en la realidad.

También el experimento en arroz usando Crispr para alterar una sola base arrojó resultados similares. No detectaron alteraciones mayores al cambiar la base A, pero al cambiar la base C se produjeron numerosos cambios imprevistos.

David Liu, uno de los autores principales, dijo a la revista Science que alterar el genoma con este método «es como si un niño pequeño pone golosinas no permitidas en el carrito de compras de sus padres cuando no están mirando… es decir, (el constructo con Crispr) puede agarrar cualquier ADN de una sola hebra que esté a su alcance y hacer su propia edición» (https://tinyurl.com/yx9zjuw5)

Los estudios dejan claro que aun este tipo de ingeniería genética minimalista o edición genómica, incluso aunque no inserte nuevo material genético en los organismos, tiene efectos imprevistos, con consecuencias potencialmente muy graves. Por ejemplo, en el caso de alimentos o forrajes derivados de este tipo de ingeniería podrían causar alergias y otras formas de toxicidad.

En México, el secretario de Agricultura, Víctor Villalobos, ha declarado repetidamente que la edición genómica no son transgénicos, que «apenas se trata de cambiar una sola base» y que por ello podrán ser comercializados en México. Urge ajustar las leyes de bioseguridad para impedir que esto suceda.

Por, Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

Daniel Tanuro: «El capitalismo jamás será verde»

Grozeille

El movimiento contra el cambio climático que apareció de verdad en Francia después de la dimisión de Nicolas Hulot, comienza a recuperar fuerzas. Mientras que las primeras marchas por el clima a finales de 2018 se limitaron a mantener principios morales bastante vagos, los que acompañan hoy la huelga semanal de jóvenes que se autoproclaman oficialmente anticapitalistas se producen al mismo tiempo que acciones de desobediencia. Una sana radicalización está en marcha.

Sin embargo, reina una gran confusión. A menudo, no vemos la relación entre la lucha ecológica y la de los chalecos amarillosy, peor todavía, a veces se piensa que es contradictoria. No sabemos cómo orientarnos en el debate entre violencia y no violencia, entre una táctica de masificación y una táctica de eficacia. A veces, se ve mal qué significa el concepto de capitalismo y no se entiende la necesidad de utilizarlo para tematizar la destrucción ecológica.

Ya hemos escrito sobre todas las cuestiones: violencia, capitalismo y ecología, chalecos amarillos y ecología. Pero puesto que este debate es candente debido a la huelga mundial contra el cambio climático del 15 de marzo y de forma más general, para la continuidad del movimiento, teníamos ganas de discutir con Daniel Tanuro, ingeniero agrónomo y ambientalista, autor del “El imposible capitalismo verde”.

A menudo se oye decir que el capitalismo es la causa de los problemas ecológicos. Pero esta afirmación tropieza con la oscuridad del concepto de capitalismo frecuentemente asociado (es decir, confundido) con la sociedad mercantil, el consumismo, la economía liberal. ¿Cómo distingue el capitalismo de estos otros conceptos? ¿Por qué el concepto de capitalismo es esclarecedor para analizar la crisis ecológica?

Daniel Tanuro : Matizaría mis palabras precisando que el capitalismo es la causa principal de la destrucción ecológica. Por una parte, no hay que olvidar que las sociedades precapitalistas causaron serios problemas medioambientales, denunciados ya en la antigüedad por autores griegos y romanos. Por otra parte, la URSS, China, y otros países que han intentado una transición poscapitalista en el siglo XX, cometieron daños considerables. Están simbolizados, por ejemplo, por el desecación del Mar de Aral, la catástrofe de Chernobil, las emisiones récords de gas invernadero por habitante en Alemania del Este y en Checoslovaquia, sin olvidar la absurda campaña maoísta para el exterminio de los gorriones… La abolición del capitalismo es una condición necesaria, pero no suficiente, para el establecer una relación distinta al pillaje entre la humanidad y el resto de la naturaleza.

Dicho esto, ¿qué es el capitalismo? Una sociedad de producción generalizada de mercancías. Esta definición incluye al mismo tiempo el salario como forma especial de explotación laboral, la competencia para el beneficio entre propietarios privados de los medios de producción y la determinación a posteriori de las necesidades humanas mediante el criterio del mercado. El capitalismo es una sociedad mercantil; la sociedad mercantil por excelencia. Al aparecer en el escenario de la historia, encontró preparados una serie de mecanismos de dominación, especialmente el patriarcado ,que ha remodelado en función de sus objetivos. Por tanto, el capitalismo es un sistema mercantil patriarcal en el que la mujer por así decirlo, es la proletaria del hombre.

Por definición, en esta sociedad las personas asalariadas producen más allá de sus necesidades porque una parte de su tiempo de trabajo sirve para producir la plusvalía para el capitalista. Esta plusvalía no solo sirve para para satisfacer las necesidades del capitalista sino también y sobre todo, para engordar el capital. De hecho, la competencia obliga permanentemente a cada capitalista a bajar sus costes unitarios lo que le empuja a aumentar la productividad del trabajo reemplazando a trabajadoras y trabajadores por máquinas; por tanto a producir más. Así que el capitalismo es intrínsecamente, desarrollista. “Un capitalismo sin crecimiento es una contradicción en sus términos”, como decía Schumpeter 1/.

La contradicción es que siendo el trabajo humano la única fuente de valor, esta carrera por sustituirlo por las máquinas provoca la caída de las tasas de beneficio medio. Esta caída de la tasa de beneficio está compensada por su volumen, puesto que la utilización de las máquinas aumenta la cantidad de mercancías producidas. En consecuencia, aumenta el impacto medioambiental. Claro que hay que tener en cuenta el hecho de que la constante tendencia a bajar los costes también se traduce en un aumento de la eficiencia de las máquinas de manera que la producción tiende a utilizar mejor los recursos. Pero el aumento de la eficiencia no es un función lineal del capital invertido sino una asíntota horizontal. Por tanto, el aumento de la cantidad de mercancías acarrea al final un aumento de la masa absoluta de materias primas y energía extraídas del medioambiente. Además, al aumentar la mecanización, el capital fijo (las máquinas) invertido se convierte en gigantesco, de forma que su rentabilidad se da a largo plazo. Según la concentración y la centralización del capital, el imperativo de esta rentabilidad prima cada vez más sobre las necesidades reales. Finalmente, la relación entre necesidades humanas y producción se invierte: la segunda crea las primeras. Marx había anticipado esta evolución, cuando dijo que el capitalismo acaba por “producir por producir, lo que implica también, consumir por consumir”.

En ese punto estamos hoy, de manera que el capitalismo contemporáneo necesita un régimen en el que el Estado se dedique constantemente a crearle nuevos mercados mediante privatizaciones o mediante la creación de nuevos ámbitos de valoración y de acumulación (el mercado del derecho a contaminar, por ejemplo). Es el régimen, adoptado a comienzos de los años 80, que se denomina neoliberalismo para distinguirlo de liberalismo clásico del laisser-faire.

En general, los ecosocialistas denominan toda esta dinámica por con el término productivismo. Este término incluye el consumismo (y los valores que lo acompañan) de forma que, efectivamente, podemos decir que el capitalismo es a la vez una sociedad de superproducción y una sociedad de hiperconsumismo. Pero inmediatamente hay que añadir dos observaciones.

La primera es que el hiperconsumismo, allí donde representa un fenómeno de masas, constituye cada vez más una compensación miserable para una existencia alienada. La segunda es que este consumismo exagerado cohabita con un bajo consumo; dicho con otras palabras, con una masa de necesidades reales insatisfechas. En realidad, la tendencia a la baja de la tasa de beneficios empuja a los capitalistas a inventar constantemente estrategias de compensación, como el desarrollo del trabajo precario (que afecta sobre todo a las mujeres), el recurso a mano de obra mal pagada, cadenas internacionales de aprovisionamiento basadas en la subcontratación y el pillaje de los recursos naturales (puesto que son gratuitos). Por esto, la tendencia al hiperconsumismo /sobreproducción va a la par con una creciente tendencia a la destrucción del medio ambiente, con una desigualdad social creciente y con un malestar general. El resultado de esta dinámica infernal es la catástrofe que amenaza en transformarse en cataclismo en caso de un cambio climático radical.

¿Se puede afirmar con certeza que el capitalismo nunca será verde como lo hacen los jóvenes huelguistas parisinos el manifiesto publicado en Reporterre?

DT: Sí, se puede ser completamente categórico a este respecto. Evidentemente, hay capitales verdes puesto que hay mercados verdes y posibilidades de revalorizar capital. Pero la cuestión no es esa. En realidad, si la expresión capitalismo verde tiene un sentido es el de suponer posible que el sistema rompa con el crecimiento para auto-limitar su desarrollo y utilizar los recursos naturales con prudencia. Esto no ocurrirá, porque el capitalismo funciona sobre la única base de la carrera hacia el beneficio, lo que se expresa en la elección del PIB como indicador. Sin embargo, este indicador es completamente inadecuado para anticipar los límites cuantitativos del desarrollo y más inadecuado aún para percibir las perturbaciones cualitativas inducidas por el funcionamiento de los ecosistemas.

Es decisivo comprender que el capital no es una cosa sino una relación social de explotación del trabajo que implica también la subordinación de las mujeres y la necesidad de explotación de otros recursos naturales. La lógica productivista del sistema conlleva a que tienda, como decía Marx, “a agotar las dos únicas fuerzas de cualquier riqueza -la Tierra y el trabajador” (teniendo en cuenta la denominación patriarcal, hay que añadir la “trabajadora” asalariada o no). Mientras haya recursos que robar y fuerza de trabajo para explotar, el capital, como un gigante autómata, seguirá con su actividad destructiva. Esta solo puede detenerse si la humanidad recupera el control de la producción de su existencia social. Para esto, el autómata debe ser desmantelado. Como ya he dicho, no es una condición suficiente, pero es una condición necesaria.

Puesto que, en su opinión, el capitalismo “no sabrá resolver nada”, ¿cómo se imagina que se pueda encontrar un margen de acción fuera del capitalismo? ¿Se puede esperar algo de los Estados, de los organismos internacionales?

DT: El capital implica una moneda y la moneda un Estado. El capital ha encontrado a la una y el otro como productos de desarrollo social anterior y ha invertido en ellos adaptándolos a su lógica de acumulación (lo mismo que ha invertido en el patriarcado). Así que no hay nada que esperar de los Estados, ni de los organismos internacionales que son emanaciones de esos Estados. El régimen neoliberal en el que el Estado crea constantemente las condiciones para una mercantilización creciente hace totalmente evidente esta cuestión. Por ejemplo, debería ser evidente que no hay nada que esperar de la Unión Europea, ni en el plano social ni en el plano medioambiental, porque ella misma se define como “una economía de mercado abierta en la que la competencia es libre”. Esto no significa que no haya nada que exigir a los Estados; esto significa que hay que construir relaciones de fuerza. Por ejemplo, una relación de fuerzas para el desarrollo del sector público, la socialización de la energía y la gratuidad de los servicios de base bajo control democrático.

Dicho esto, distinguiría, de entrada, la acción fuera del capitalismo de la acción de los márgenes, después de lo cual, abordaría la cuestión de la acción en el corazón del sistema; dicho de otra forma: la contestación de las trabajadoras y trabajadores que es la piedra angular.

El capitalismo contemporáneo ejerce una dominación casi completa sobre todo el planeta. Las posibilidades de llevar a cabo un acción directamente “fuera de este sistema” tentacular son extremadamente reducidas. Concretamente, esta posibilidad solo existe para los pueblos indígenas que han podido mantener un modo de producción no capitalista. Como lo muestra el ejemplo de Brasil, estos pueblos están sometidos a una agresión constante del capital que quiere apropiarse de sus territorios y de sus recursos y someterlos a su ley. Son poco numerosos, pero su resistencia es de un importancia estratégica fundamental para la humanidad en su conjunto. Esta importancia se debe especialmente al hecho de que estos pueblos tienen una visión de la relación entre la humanidad y el resto de la naturaleza que es antagónica a la visión capitalista de dominación e instrumentalización. Esta visión no es un producto de importación, no se puede copiar y pegar, sino que constituye una valiosa fuente de inspiración para la invención de una cultura de cuidados, que es una condición añadida a cumplir (además de la eliminación del capitalismo) para acabar con la destrucción.

Las posibilidades de acción en los márgenes del capitalismo suscitan otra cuestión. En realidad, es chocante que el estancamiento del sistema acarree por todas partes una exclusión social masiva. Vista la destrucción de los dispositivos de protección social, un número creciente de personas, especialmente entre la juventud, intentan escapar de la miseria creando actividades que están en parte fuera del mercado – escapan sobre todo a las empresas de los gigantes de la distribución– y que tienen sentido porque están basadas en valores no capitalistas de cooperación social y de gestión prudente del medioambiente. Creer que estas alternativas permitirán salir del capitalismo suavemente, por una suerte de contagio, es tan ilusorio hoy como ayer. Pero los protagonistas pueden establecer lazos con otros capas sociales en resistencia (por ejemplo, campesinos y campesinas o migrantes), lo que aumenta su capacidad de contribuir a dejar entrever otras relaciones sociales y otras formas de gestión de los territorios, por tanto, otro mundo es posible.

A fin de cuentas, la cuestión clave es hacer converger en un sentido anticapitalista, las luchas y las aspiraciones a una vida mejor y a una relación respetuosa con el resto de la naturaleza para desestabilizar el corazón del sistema. En otras palabras, se trata de articular lo social y lo medioambiental a través de la elaboración de un programa de transición bajo la presión ecológica. Hoy, los componentes más avanzados de esta estrategia de convergencia anticapitalista son las luchas de los pueblos indígenas, las del campesinado y los sin tierra, el movimiento de mujeres y las luchas de la juventud. Respetando su autonomía y su independencia, estos componentes pueden ser vistos como puntos de apoyo para arrastrar al movimiento obrero y llevarlo a romper con el productivismo capitalista desarrollando su propio programa para la transición. En particular, se trata de volver a poner en el orden del día la reducción radical del tiempo de trabajo (sin pérdida de salario) como reivindicación anti productivista y ecológica por excelencia.

En el marco de esta estrategia de convergencia, quisiera destacar brevemente la importancia del movimiento feminista. Es un dato: el papel de las mujeres es importante en todas las luchas medioambientales; hoy, por ejemplo, las jóvenes están en la primera fila de las manifestaciones de la juventud por el clima. No es por casualidad, no es tampoco porque las mujeres serían, por esencia, más respetuosas con la naturaleza que los hombres. Más bien, la razón es que el patriarcado asigna a las mujeres las tareas de cuidados de los cuerpos y los hogares. (oïkos, en griego), lo que las hace más sensibles a la necesidad de cuidar también los ecosistemas.

En consecuencia, desarrollar la lucha feminista es una palanca para difundir esta cultura del cuidado y generalizarla a las relaciones humanas y no humanas. Al subvertir la dominación masculina, tiene también el potencial de subvertir la relación social de explotación que está en las antípodas del cuidado. Además, la lucha para la emancipación de las mujeres es un elemento clave de la estrategia para arrancar a las personas asalariadas de la alineación capitalista.

Por ahora, el movimiento climático no ha logrado nada y los chalecos amarillos solo han obtenido algunas migajas después de haber colocado al país a sangre y fuego. ¿Qué medios de acción habría que emplear para volver la situación a nuestro favor?

DT: No comparto tu opinión. No creo que el acuerdo de París habría recogido como objetivo mantener el calentamiento por debajo del 1,5°C en relación al periodo pre-industrial si no hubiera existidon el movimiento por el clima (tomado en su sentido más amplio, incluyendo la difusa presión de las opiniones públicas sobre algunos gobiernos, como los de los pequeños Estados insulares). Cierto, el Acuerdo de París solo es una declaración de intenciones, no se traduce en ningún plan de acción y la responsabilidad del uso de los combustibles fósiles ni siquiera se menciona en el texto… Pero esta declaración de intenciones en sí misma representa un paso adelante. Además los climato-negacionistas no se han confundido [en criticarlo, como Trump].

Ahora se trata de exigir que este paso adelante vaya acompañado de medidas concretas y hacer que estas medidas concretas estén a la altura del desafío climático por una parte y, por otra, que sean socialmente justas (incluyendo la justicia climática Norte-Sur que es una apuesta decisiva). Sin embargo, es en el sentido de esta doble exigencia en el que el movimiento por el clima tiende a desarrollarse delante de nuestro ojos. Es un proceso lleno de confusiones, de tanteos y ambigüedades. Vista la urgencia, se puede deplorar su lentitud, pero las líneas están moviéndose porque la catástrofe climática agrava vertiginosamente la crisis de legitimidad del capital y de sus representantes políticos.

De un lado, está Trump, Bolsonaro y quienes sueñan con reunirse con ellos sin atreverse a decirlo en voz alta. Veremos si consiguen hacer frente a la movilización que no puede sino ir en aumento. De otro, hay adeptos al capitalismo verde que solo reaccionan con medidas insuficientes… Pero estas medidas no engañan a nadie y más bien, animan a seguir adelante, tanto en el plano de las movilizaciones como en el plano de las reivindicaciones.

Creo que esta situación se va a mantener y a desarrollarse; y que desarrollándose, puede favorecer la evolución de políticas sorprendentes. Le Green New Deal propuesto a Estados Unidos por Alexandria Ocasio-Cortez 2/ para resolver la crisis social abandonando los combustibles fósiles en diez años es un ejemplo de esas posibles evoluciones. Este Green New Deal no es anticapitalista: esquiva la necesidad de disminuir la producción material, no dando ninguna garantía respecto a la disminución de las emisiones de gas de efecto invernadero necesarias para mantenerse debajo del 1,5°C; deja de lado la apuesta clave de justicia climática Norte-Sur y no excluye la vuelta a las tecnologías llamadas de emisiones negativas (como la Bio Energía con captura de carbono -BECCS)… Sin embargo, la GND podría marcar una inflexión, en particular, porque invita al movimiento sindical a pensar en una vasta reconversión industrial garantizando las conquistas obreras, lo que podría favorecer una dinámica social interesante.

Hay otros indicadores que semejante evolución es posible. Citaré tres. La condena judicial del gobierno holandés por una política climática insuficiente 3/, la proposición de ley del clima redactada por universitarios 4/ y depositada en el parlamento belga por una unión sagrada de los partidos (fracófonos) y el “pacto finanzas-clima” de Larrouturou-Jouze 5/. Tampoco este plan tiene nada estrictamente anticapitalista, pero su realización marcaría un giro y es significativo que sus autores lo justifiquen diciendo que permitiría evitar no solo el caos climático sino también el caos financiero y … la desintegración de la Unión Europea. Volvemos a encontrar aquí la cuestión de la legitimidad.

El balance del movimiento de los chalecos amarillos es otro asunto, pero el punto común es justamente, me parece, la pérdida de legitimidad del poder y del sistema. No entraré en la discusión sobre las contradicciones y las ambigüedades de los chalecos amarillos. Me parece que lo esencial es destacar que este movimiento dura desde hace tres meses y que cuenta desde hace mucho tiempo con un apoyo muy amplio de la mayoría de la opinión pública…. A pesar de la estigmatización mediática, de una represión feroz, de las migajas dadas por Macron y de la puesta en escena del gran debate nacional, incluso hoy, el apoyo sigue siendo muy amplio. Es el síntoma de un descontento profundo y potencialmente explosivo.

¿A qué conclusión podemos llegar? Que antes que nada hay que reforzar, hacer converger y proteger de la represión las movilizaciones de masas cuyo potencial transformador reaparece. Hay que hacerlo con firmeza, sin dudar ante de las acciones de desobediencia civil, pero sin caer en la trampa de la violencia minoritaria; manteniendo siempre la preocupación de unir la mayoría social. El combate que tenemos delante es un combate de largo aliento. El objetivo debe ser crear una situación tal que la actitud actual de los gobiernos se convierta en insostenible. Por su naturaleza, como amenaza global y terrorífica, la apuesta climática se presta a este enfoque. Hay que tomar ejemplo de la lucha antinuclear en Alemania: se ganó por la construcción a largo plazo de un movimiento de masas decidido que, sin interrupción, durante años, hizo salir la calle a millones de personas.

Ya sé que la comparación tiene sus límites: salir de los combustibles fósiles en menos de treinta años es más complicado que salir de la energía nuclear (sobre todo, que, especialmente en Francia, hace falta, ¡salir al mismo tiempo de la nuclear!) Esto significa que el camino será más difícil. Y estará jalonado de falsas soluciones que propondrá el capitalismo verde en búsqueda de legitimidad y que habrá que desenmascararlas para empezar de nuevo e ir más lejos. Esto significa competir a una velocidad aterradora con la destrucción actual, apoyándonos en cada avance de esta destrucción para reforzar la lucha. No hay otro camino posible y no hay atajos.

¿Cómo ve los recientes movimientos de las marchas a favor del clima y las huelgas estudiantiles? ¿Qué siente por los chalecos amarillos? ¿Cree que la conexión de estos dos movimientos por ahora separados es crucial?

DT: Estos movimientos expresan bien la angustia frente a la aceleración del cambio climático. Esta angustia está más que justificada cuando sabemos que los planes de los gobiernos se plantear ir más allá del 1,5°C con la esperanza puesta en un enfriamiento posterior gracias a la tecnología…, y que durante esa superación temporal, existe el riesgo de que ocurra una catástrofe irreversible. Por ejemplo, en la Antártida, que podría hacer subir el nivel de los océanos de tres a seis metros. De forma especial, la juventud muestra que es mucho más consciente y está más preocupada de lo que parece. Hay que rendir homenaje a Greta Thumberg que encarna esta conciencia en su máximo grado.

Así pues, sí, la conexión del movimiento del clima y el de los chalecos amarillos es crucial. Además, es posible porque los adversarios de una alternativa a la destrucción medioambiental no son los chalecos amarillos. Los adversarios son quienes, como Macron, hacen regalos fiscales a los ricos en nombre de la competitividad y ponen impuestos a los pobres en nombre de la ecología. Esta política hipócrita es el mejor medio de echar a una parte de la población en brazos de los climato-negacionistas y de la extrema derecha anti-impuestos.

Estoy muy de acuerdo con los comentaristas que han escrito que, en realidad, los chalecos amarillos ponen el foco en la necesidad y la posibilidad de otra ecología, a la vez social y medioambiental. Además, el desarrollo concretos del movimiento han mostrado que los chalecos amarillos no son patanes pro-coche como algunos les gusta describirlos. Añadiría que el desarrollo de la lucha por el clima de la juventud en Francia y la conexión entre este movimiento y el de los chalecos amarillos ayudaría mucho a clarificar las apuestas de uno y otro. De hecho, hay que prestar mucha atención a esto: la discordancia de las movilizaciones sociales hace el juego a quienes quieren poner en marcha soluciones autoritarias sean nacional-populistas (el RN) o liberal-bonapartistas (Macron).

Usted defiende un proyecto socialista. El término no es muy popular hoy. ¿Cómo se coloca entre la ecología de la ZAD [Zonas a defender] y la ecología del colibrí? 6/

DT: Me posiciono claramente del lado de la ecología del ZAD y en ese marco, llevo debates estratégicos e ideológicos. De entrada, debates estratégicos, pues hay que destacar que la victoria contra el proyecto del aeropuerto en Notre Dame des Landes (NDL) no se hubiera producido sin la creación de un amplio movimiento de solidaridad alrededor de los zadistas, del vecindario y de los agricultores locales. La combinación de los dos elementos es la que hace del NDL una cuestión política central, una cuestión de gobierno. Tenemos ahí, en mi opinión, un claro ejemplo de la forma en que una acción de desobediencia civil muy radical y minoritaria puede y se debe articular con una movilización amplia y atraer no solo colibríessino también a partes del movimiento obrero. Especialmente, el hecho poco conocido de que la CGT de Vinci [empresa que iba a realizar los trabajos para la construcción del aeropuerto] giró a favor de la lucha contra el aeropuerto, constituyó una enorme victoria de la que hay que aprender la lección en Francia y a nivel internacional.

También debates ideológicos pues la radicalidad combina necesariamente el contenido y las formas de acción. Sin acción, el contenido resulta abstracto y las declaraciones deprimen. Sin contenido, la acción se queda vacía. Radicalidad no significa violencia ni agitación vana sino rigurosa capacidad de poner las causas al descubierto para atacar mejor la cima. No se trata ni de profetizar el derrocamiento inevitable ni de predecir el fin de la civilización. Entre otros problemas, estas seudo-soluciones incluyen un supuesto: la destrucción inevitable de la mayor parte de la humanidad que no es responsable del cambio climático. La resignación oculta ante esta perspectiva es categóricamente inaceptable a nivel ético. Hay que dar la espalda a estos discursos apocalípticos o escatológicos y trazar, aunque solo sea con alfileres, un camino concreto que permita parar la catástrofe con 8.00 millones de humanos en la Tierra. Non un@ di meno!

Este camino solo se puede marcar reemplazando la absurda producción de mercancías para obtenner beneficio por una producción que responda a las necesidades reales, determinadas en el respeto a los límites terrestres y de forma democrática, lo que implica tanto una descentralización máxima como una planificación internacional. Ahora bien, una sociedad que produce para las necesidades reales, se llama socialismo. El hecho de que este proyecto haya sido desacreditado por las desastrosas experiencias del estalinismo y la socialdemocracia no justifica que se le designe con un vocablo nuevo. Al contrario, el tener en cuenta la destrucción ecológica justifica que se le añada el prefijo eco. Yo soy un ecosocialistainternacionalista y autogestionario, solidario de todas las luchas de las personas oprimidas por su liberación.

4/03/2019

https://grozeille.co/le-capitalisme-ne-sera-jamais-vert/

Traducción viento sur

Notas:

1/ Joseph Schumpeter es un economista y profesor de ciencias políticas austriaco naturalizado estadounidense conocido por sus teorías sobre las fluctuaciones económicas., la destrucción creadora y la innovación.

2/ Electa demócrata al Congreso, Ocasio-Cortez se declara anti-lobby y socialista. A los 29 años, incarna la izquierda de la izquierda en el juego político estadounidense con un cierto éxito.

3/ /http://www.journaldelenvironnement.net/article/les-pays-bas-condamnes-en-appel-a-rehausser-leur-ambition-climatique,94090

4/ https://www.rtbf.be/info/belgique/detail_des-universitaires-proposent-une-loi-climat-cle-sur-porte?id=10134699

5/ https://www.20minutes.fr/planete/2423183-20190116-pierre-larrouturou-faut-creer-banque-europeenne-climat

6/ https://lundi.am/La-ZAD-et-le-Colibri-deux-ecologies-irreconciliables

Harvey : «El proyecto neoliberal ha perdido su legitimidad, pero no está muerto»

Entrevista con David Harvey : Pienso como Marx, el capitalismo no caerá por sí mismo. Tiene que ser derrocado, abolido

Entrevista con el prominente geógrafo marxista para la revista The Wire por Jipson John y Jitheesh PM.

¿Podrías rastrear el origen del neoliberalismo? ¿Cuáles fueron las razones estructurales de su aparición?

La interpretación idealista del liberalismo se basa en una visión utópica de un mundo en que la libertad individual, la propiedad privada, los mercados y el libre comercio, estimula el progreso tecnológico, aumenta la productividad laboral y satisfacen los deseos y necesidades de todos.

En la teoría liberal clásica , el papel del estado es mínimo (el estado debe ser un “vigilante retraído” que apoye el “laissez faire”). En cambio, el neoliberalismo considera que el Estado debe facilitar la acumulación de capital mediante la mercantilización y monetización de toda la sociedad, promover la tecnología, conformar instituciones supraestatales (Bancos Centrales o el Fondo Monetario Internacional) y reconstruir una concepción mental del mundo a favor de su visión del mundo.

Estas visiones utópicas – liberales y neoliberales – han sido criticadas porque, como lo demostró Marx , ambas políticas económicas hacen que los ricos se hagan más ricos a expensas del bienestar y del trabajo explotado de la mayoría de la población.

Las políticas keynesianas y el estado redistributivo después de 1945 propusieron una visión utópica alternativa que se apoyaba en el empoderamiento de las clases trabajadoras, pero que no combatían el poder de los capitalistas y de la propiedad privada.

En la década de 1970, surgió un movimiento contrarrevolucionario en Europa y América organizado por las grandes corporaciones y las clases capitalistas para derrocar al sistema keynesiano y reemplazarlo con un modelo neoliberal (junto con todo su bagaje ideológico) como medio para que la clase capitalista recuperará un poder económico menguante y un poder político decreciente.

Esto es lo que hicieron, a lo largo de los años ochenta, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Augusto Pinochet, los generales argentinos, etc. Este proceso a favor de las clases capitalistas continúa hasta hoy. El resultado ha sido el aumento de la desigualdad económica, una crisis de la política y una creciente degradación ambiental.

¿Es la acumulación por despojo una de las características más importantes del neoliberalismo? ¿Cómo funciona y cuáles son sus consecuencias estructurales?

El capital puede acumularse de dos maneras. El trabajo puede ser explotado en la producción para crear la plusvalía que es la base de las ganancias obtenidas por el capital. Pero, también el capital también puede acumularse por desposesión, despojo, robo, usura, fraudes comerciales y estafas de todo tipo.

En la teoría de la acumulación primitiva, Marx explica que parte de la acumulación originaria del capital se cimentó en el despojo y la usura. Estas prácticas continúan, pero ahora se han complementado con nuevas estrategias.

Del 2007 al 2008- durante la crisis hipotecaria en los EEUU- tal vez unos 6 a 7 millones de personas perdieron el valor de sus hogares mientras los bonos de Wall Street se dispararon. La especulación en valores de activos (tierra y propiedades) proporcionó una vía no productiva para la acumulación.

La quiebra de las grandes corporaciones privaron a los empleados de sus derechos de pensión y de salud. El monopolio en productos farmacéuticos, en telecomunicaciones, en seguros de salud son otras vías lucrativas para obtener ganancias.

El aumento de la extracción de riqueza a través del endeudamiento es evidente. El “rentismo” basado en la acumulación por despojo se ha vuelto común debido a que existe una creciente masa de capital que tiene dificultades para obtener beneficios con las actividades productivas.

Durante la época de Marx, muchos estudiosos criticaron al capitalismo. ¿Que diferencia a Marx de esos críticos no marxistas?

Muchas de las críticas al capitalismo se basaron en categorías morales (capitalistas malvados y codiciosos versus trabajadores empobrecidos y maltratados o, más recientemente, capitalistas insensibles contra los ecologistas).

La crítica de Marx es al sistema en su totalidad . Aunque Marx mantiene la impugnación moral y ética, él trabajó para explicar su funcionamiento y cómo reemplazar el modo de producción capitalista por otra forma de satisfacer los deseos y necesidades humanas.

¿Crees que el capitalismo ha llegado a un callejón sin salida, después de la crisis de 2008? ¿Se puede recuperar el capital?

El capital no está en un callejón sin salida. El proyecto neoliberal está vivo. Jair Bolsanaro, recientemente elegido en Brasil, se propone repetir lo que Pinochet hizo en Chile después de 1973.

Sin embargo el neoliberalismo ya no tiene el consentimiento de la mayoría de la población. Ha perdido legitimidad. Lo escribí en el libro “Breve historia del neoliberalismo “(2005). El neoliberalismo no podrá sobrevivir sin formar una alianza con alguna forma de autoritarismo estatal.

En este último tiempo el neoliberalismo se está dirigiendo hacia una alianza política con el neofascismo. Sus mentores y políticos observan con preocupación a los movimientos de protesta. Estos movimientos han entendido que el sistema neoliberal no es más que una manera de llenar los bolsillos de los ricos a expensas de la gente. Esto último no era evidente en los años 80 y principios de los 90.

¿Creía Marx que el capitalismo se destruiría debido a sus contradicciones internas?

Leyendo superficialmente a Marx – a veces – parece que pronostica que el capital está destinado a autodestruirse. Pero en realidad Marx consideraba las crisis como momentos de reconstrucción del capital. En el Volumen 3 de “El Capital” lo expresa de esta manera : “Las crisis son soluciones momentáneas para las contradicciones existentes, son estallidos violentos para restablecer un equilibrio que se ha alterado”

Marx concibe el fin del capitalismo como un resultado de la lucha de clases. Pienso lo mismo que Marx. El capitalismo no caerá por sí mismo. Tendrá que ser derrocado, abolido. No estoy de acuerdo con quienes piensan que todo lo que tenemos que hacer es esperar a que se autodestruya. Esa nunca fue la posición de Marx.

Afirmas que Marx no solo estudió la teoría del valor al nivel del proceso productivo, sino también en el campo de su realización. ¿ Como se entiende esta afirmación?

En el primer capítulo de “El Capital” , Marx explica que el valor se crea en la producción y se realiza en el mercado. Si no hay mercado, entonces no hay valor. Entonces, el valor depende de una unidad contradictoria entre la producción y su realización. La realización depende de los deseos y necesidades de una población con capacidad de pago.

En realidad, la historia del capitalismo es la producción constante de nuevos deseos y necesidades (el consumismo en vida cotidiana). Por ejemplo hoy todos tienen un teléfono celular (que no existía hace veinte años) o para vivir en la mayoría de las ciudades de los EEUU se necesita un automóvil, que contamine.

Los marxistas han prestado mucha atención al proceso productivo, pero han descuidado la cuestión de la realización. En mi opinión, la unidad contradictoria de ambos factores (lo que Marx mencionó como crucial aunque no estudió en detalle) debería ser el foco de nuestra atención en estos tiempos . La extracción y la apropiación de valor en el punto de realización del capital (a menudo a través de la desposesión) es un tema político y de lucha que tiene directa relación con la calidad de la vida diaria.

El sociólogo y economista alemán Wolfgang Streeck ha identificado cinco problemas del capitalismo en su libro “Cómo terminará el capitalismo”. En cambio, tú has descrito 17 contradicciones, y no problemas, del capitalismo contemporáneo. ¿Cuál es la diferencia entre problemas y contradicciones?

Los problemas tienen soluciones. Las contradicciones no: permanecen siempre latentes. Como señaló Marx, las crisis surgen cuando los antagonismos y las contradicciones se agudizan. La contradicción entre fuerzas productivas y relaciones sociales no puede resolverse. Siempre estará con nosotros en el capitalismo. La contradicción entre producción y realización siempre estará con nosotros, etc.

He enumerado diecisiete contradicciones para enfatizar que las crisis pueden surgir de muchas maneras diferentes y que necesitamos desarrollar una teoría de la crisis que comprenda sus múltiples formas para poder alejarnos de la teoría de la “bala única” que, con demasiada frecuencia acecha el pensamiento marxista.

Bajo el capitalismo, la automatización está causando una pérdida de empleos en todo el mundo. Incluso el Banco Mundial ha planteado su preocupación. ¿ Que pasara con la automatización? ¿Qué efecto tendrá en la clase trabajadora?

En la manufactura, la mano de obra fue desempoderada por las deslocalizaciones. Ahora con los cambios tecnológicos el impacto en la sociedad será mayor que con los procesos de deslocalización. Pero la manufactura no va a desaparecer. Seguirá expandiéndose de diferentes maneras (por ejemplo con restaurantes de comida rápida que producen hamburguesas en lugar de fábricas que producen automóviles).Veremos mucho de lo mismo en los servicios.

La izquierda perdió la batalla contra la automatización en la manufactura y está en peligro de repetir su triste registro en los servicios. Sin embargo para construir una alternativa socialista deberíamos ponernos al día con la Inteligencia Artificial en los servicios. La IA debería crear nuevos trabajos aunque desplace algunos. Necesitamos adaptar nuestra visión de una nueva sociedad incorporando los cambios tecnológicos positivos.

¿Qué has querido decir con “nuevo imperialismo”? ¿En qué se diferencia del imperialismo clásico?

Lo llamé “nuevo imperialismo”, para describir una teoría específica que elaboraron los neoconservadores en los EEUU en el período previo a la guerra de Irak. Quería criticar esa deriva, no para cuestionar a Lenin, sino para mostrar cómo el orden global neoliberal está absorbiendo valor en todo el mundo (a través de cadenas de valor de productos básicos). Este fue el tema del libro “Breve historia del neoliberalismo”

Existe una creencia entre los intelectuales de izquierda en Occidente, que la desvinculación global del sur de la globalización dará lugar a un retorno a la pre-modernidad. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Creo que la idea de un desvinculación total sería desastrosa. Pero creo que una desconexión selectiva para construir políticas alternativas con interrelaciones regionales es una buena idea. Sin embargo hay temas que necesitan un tratamiento global, pero ejemplo, el calentamiento de la tierra.

En tus estudios analizas las ciudades como espacios de apropiación de excedente. ¿Cómo funciona esto en las ciudades neoliberales? ¿Cuál es la importancia del derecho a la ciudad?

La urbanización y la acumulación de capital van de la mano y este es uno de los aspectos del pensamiento marxista que ha sido históricamente subdesarrollado.

Ahora la mitad de la población mundial vive en ciudades. Por tanto, las cuestiones de la vida cotidiana, en entornos construidos con fines de acumulación, son un gran problema y una fuente de contradicción y conflicto.

Esto se expresa políticamente por la búsqueda del derecho a la ciudad: por ejemplo, la lucha de clases por la calidad de la vida urbana para los sectores sociales marginados y segregados. Muchos de los principales movimientos sociales en las últimas décadas se han construidos sobre estas cuestiones.

A nivel filosófico, ¿cuál es la influencia del posmodernismo en la vida social? ¿Qué pasa con la idea de la post-verdad?

Como muchos otros movimientos culturales amplios y, hasta cierto punto incoherentes, el giro posmoderno creó aperturas positivas junto con absurdos e impactos regresivos.

Un aspecto positivo es que estudió el espacio social. No hay ninguna razón por la cual este aspecto sería antagónico con el marxismo. En mis trabajos pondero cómo integrar el espacio desde la perspectiva del marxismo.

Sin embargo , como ha dicho Eagleton , el posmodernismo fue demasiado lejos. Es un pensamiento absurdo cuando sostiene que: “no hay diferencia entre la verdad y la seducción retórica” porque “ el que tiene la lengua más convincente tiene el poder”.

El post-modernismo olvidó los procesos históricos, rechazó las explicaciones, estetizó la política y apostó por el carisma de aquellos que cuentan historias . Donald Trump es un producto de este exceso posmoderno.

En la etapa inicial, pensamos que internet era una fuerza liberadora. Pero a lo largo del tiempo, surgieron grandes monopolios que se beneficiaron del espacio digital. Casos como Cambridge Analytica revelan cómo estos monopolios manipulan los datos personales. ¿Cuál son los peligros que plantean el capitalismo digital ?

No existe una tecnología buena y emancipadora que NO pueda ser cooptada y pervertida por el poder del capital. Y las tecnologías de la comunicación confirman esta regla.

¿ Porqué aparecen personajes como Donald Trump?

Donald Trump es un presidente posmoderno, es la expresión de una alienación universal.

¿La popularidad de Bernie Sanders y Jeremy Corbyn (en EEUU y el Reino Unido, respectivamente) te hacen tener alguna esperanza? ¿ Son sólo movilizaciones electorales? ¿Cuál debería ser la forma y el contenido de una política socialista actual?

Hay una gran diferencia entre movilización electoral y organización. Recién ahora, hay gente en la izquierda que se ha dado cuenta que construir una organización es crucial para obtener y mantener el poder político.

En el caso británico, el movimiento que impulsó la candidatura de Jeremy Corbyn proporciona señales esperanzadoras. Creo que su programa económico que plantea recuperar para el dominio público las empresas que fueron privatizadas es un avance importante(algo un tanto diferente a la nacionalización). El problema en Gran Bretaña es que muchos parlamentarios del Partido Laborista no apoyan este programa. En los EEUU hay una situación diferente porque todavía no se articula un proyecto de cambio verdadero.

Hay una oleada de extrema derecha en el mundo. El último ejemplo es Jair Bolsonaro en Brasil ¿Cómo explicas este repentino éxito de la extrema derecha en un país que se hizo famoso por sus políticas de izquierda?

La alienación producida por el neoliberalismo fue gestionada equivocadamente por el Partido de los Trabajadores. Esto, con una corrupción generalizada, produjo una base de masas expuesta a ser utilizada por los delirios neofascistas. Como la izquierda no reaccionó ni se organizó en su momento, ahora está obligada a hacerlo frente a la represión.

Tu curso sobre Marx y el marxismo es popular en todo el mundo. ¿Porqué es tan relevante el marxismo hoy?

Aunque en el siglo XIX había capitalismo en sólo una pequeña parte del planeta Karl Marx hizo un asombroso análisis perceptivo del funcionamiento del capital como modo de producción.

En la actualidad el capitalismo está en todas partes, por tanto los análisis de Marx son mucho más relevantes que en su época. Todos los que estudian a Marx reconocen lo acertado de sus investigaciones . Esto explica porqué el poder político está tan desesperado por reprimir su pensamiento.

Entre la gente común existe una manifiesta insatisfacción con el capitalismo neoliberal . ¿Hay esperanzas de un cambio?

A pesar de las tentativas de represión, cada vez más gente entiende que no sólo es el neoliberalismo es nefasto sino también el capitalismo es la fuente de todas las injusticias . Es evidente que el sistema no cumple y no puede cumplir sus promesas . También es cada vez más evidente que necesitamos otra forma de organización político y económica.

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