Antonio Casilli: “El mito del robot se emplea desde hace siglos para disciplinar la fuerza de trabajo”

La revolución de la inteligencia artificial (IA) no puede prescindir de los datos producidos y seleccionados por el hombre, usuario o pequeña mano invisible de micro-trabajo. Para el sociólogo Antonio Casilli, es urgente proteger estas actividades laborales contra la depredación de las plataformas.

Casilli es uno de los observadores más sagaces de las mutaciones provocadas por las tecnologías de la información. Desde hace algunos años, se interesa en concreto por el “ digital labour ” y realiza con su ensayo En attendant les robots. Enquête sur le travail du clic (Seuil) un brillante análisis de los movimientos profundos que están a punto de transformar radicalmente el mundo del trabajo. La entrevista la realizó Erwan Cario.

¿Cuál es su definición de “digital labour”?

Este término, ante todo, es una expresión que se mantiene en inglés por razón de su sentido. A causa de la polisemia de la lengua francesa. En francés, se tiende a hacer converger el término “trabajo” con el término “empleo” o el de gesto productivo. En otras lenguas, en inglés, se separan esos significados. Se dice “ work ” cuando es una actividad productiva, y “ labour ” cuando es una relación social. Y además, si se habla de “digital” y no “numérico”, es que es un trabajo del “dedo”, digitus en latín. Así pues, la definición que doy es: toda actividad que produce valor y que se basa en los principios de tarificación y de datación (tratamiento automático de la información). La tarificación, es la reducción a tareas simples, fragmentadas y estandarizadas – la tarea más simple, es la pulsación- y la datación es la producción de datos para las plataformas y las inteligencias artificiales, que esas plataformas se esfuerzan en producir y en mercantilizar, y se basan en realidad en un flujo constante de datos producidos y tratados.

Usted identifica tres grandes familias de trabajadores digitales, ¿cuáles?

La primera y la más visible, aquella con la que el público francés y europeo ya está familiarizado es la que se llama “el trabajo a demanda”. Pasa por las aplicaciones en tiempo real inmediato para permitir a nuestros consumidores acceder a servicios o productos. Son Uber, Deliveroo, servicios personales que están ahora por todas partes en el debate público, pues han centrado lo que en su momento se llamó “ la uberización ”.

NOS ENFRENTAMOS A LA ENÉSIMA MARAVILLOSA SOLUCIÓN PARA PAGAR CADA VEZ MENOS A LA FUERZA DE TRABAJO, PRECARIZÁNDOLA Y EXCLUYÉNDOLA DE UN RECONOCIMIENTO FORMAL

La segunda familia, mucho menos conocida, menos visible, y sin embargo claramente presente incluso en países como Francia es la del “micro-trabajo”. Es todo lo que hace referencia a plataformas en las que multitud de trabajadores se dedican a la realización de tareas profundamente fragmentadas, y sobre todo micro-remuneradas. Se pagan a uno o dos céntimos. Y aún se tiene la suerte en Francia de que están relativamente bien pagadas. Son tareas que exigen entre algunos segundos o algunos minutos para llevarse a cabo, que van desde la maquetación de imágenes, la re-transcripción de pequeños fragmentos de texto, registro de voces u organización de información. Es un fenómeno global, no únicamente situado a escala de una ciudad, como puede serlo Uber, es una forma de poner a trabajar a personas que están en países lejanos.

La tercera familia viene a continuación de la segunda, pues en el micro-trabajo, se encuentra haciendo “tareas banales” que consisten en mirar videos, fotos, escribir pequeños textos, organizar la información, siendo pagado por muy poco, límite cero. Esta tercera familia, es por lo tanto el, por así decirlo, trabajo gratuito, el que nosotros como usuarios realizamos en las plataformas sociales. Se lleva a cabo en las redes sociales como Facebook, YouTube o Instagram. Publicamos contenido, desde luego, pero hacemos mucho más que eso. Se realiza un trabajo de selección y clasificación de la información, señalando lo que es problemático respecto a las propias normas de la plataforma.

Su primer capítulo se titula “¿Los humanos reemplazarán a los robots?” No es un claro guiño de humor, necesario para destruir el mito del fin del trabajo…

El mito del robot, que es el de la automatización completa, que embruja al imaginario industrial, primero occidental y hoy global, desde hace tres siglos, es una promesa siempre renovada, un espejismo que se aleja siempre… Es un horizonte utópico, pero que tiene un impacto concreto sobre nuestra vida cotidiana. Porque desde hace siglos este mito se ha empleado para disciplinar a la fuerza de trabajo, obligar a los trabajadores a dejarse de tonterías pues siempre se les puede reemplazar por una máquina de vapor, después por una máquina industrial y ahora por una máquina inteligente. El robot del que se habla no es un autómata antropomorfo, hoy es un robot de datos; es decir, una forma da automatizar los procesos funcionales. Y esta automatización pasa hoy por lo que se llama inteligencia artificial, que se basa en la presencia de datos. Pero cuando se dice esto, se olvida siempre decir quién produce esos datos. Los producen las mismas personas que conocen el riesgo de ser expulsados del empleo formal. Porque se necesita alguien que pinte las imágenes; que seleccione los datos; que limpie la información, y ese alguien, no es un ingeniero ni un data scientist , somos usted y yo, y cientos de miles de personas, entre las Filipinas y Costa de Marfil, que durante una jornada, han de producir esos datos que son indispensables para el aprendizaje estadístico y la economía de los robots. Finalmente, no se puede prescindir de tales personas. Al contrario, ese mercado paralelo de micro-trabajo, de trabajo invisible, de trabajo digital explota ahora, pese a un esfuerzo de ocultación; pese a un esfuerzo de invisibilización que es crucial para poder vender a los inversores el sueño del robot.

Cuando hablamos de los efectos de la IA sobre el empleo, “el estudio de Oxford” de 2013, ya predijo que el 47% de las tareas actuales tienen grandes posibilidades de desaparecer. Se explica que eso es un análisis que torna regularmente…

LOS DATOS COMUNES NO PUEDEN SEGUIR SIENDO OBJETO DE LA DEPREDACIÓN CAPITALISTA

Tengo tendencia a creer que cada generación tiene su propio estudio Oxford. La generación precedente había probado la prosa de alguien como Jeremy Rifkins quien a mediados de los 90, afirmaba prácticamente lo mismo. Nos podemos remontar hasta 1801 con el primer padre de la economía política inglesa, Thomas Mortimer, que ya distinguía dos tipos de tecnologías: una que acompaña al trabajo humano y otra que lo reemplaza. En su época, ¡hablaba del molino mecánico! Esta misma profecía se renueva constantemente con una repetición impresionante. Depende de nosotros ver por qué necesitamos someternos a esto. Nos enfrentamos a la enésima maravillosa solución para pagar cada vez menos a la fuerza de trabajo, precarizándola y excluyéndola de un reconocimiento formal; alejando a los trabajadores de todo un conjunto de protecciones vinculadas al empleo clásico, herencias de luchas sociales, y por lo tanto restringiendo cada vez más la masa salarial.

¿Cómo actuar frente a esos ataques frontales contra el trabajo asalariado?

La situación está en constante evolución, es ciertamente febril. Hay tres ejes de reacciones que surgen para desplegar formas organizativas. La primera es emplear instrumentos surgidos de las luchas sociales para reafirmar la dignidad del trabajo; su reconocimiento y su remuneración. Se trata de las formas de sindicalización, ya sea en forma de sindicatos clásicos que tratan de lograr su propia transformación numérica, o con nuevas formas sindicales expresadas mediante gremios, asociaciones más o menos informales o grupos de usuarios de plataformas.

El segundo aspecto, es la constitución de alternativas viables a ese capitalismo de plataformas introduciendo una forma de cooperativismo de plataformas. Es la reactivación del movimiento mutualista, de la inscripción de plataformas y tecnologías digitales en el contexto de la economía social y solidaria. Eso consiste en crear “el Uber del pueblo”, “el Twitter colectivizado ”, etc. Es un movimiento que adquiere envergadura hoy. Pero subsiste la cuestión respecto a su solidez y su capacidad para que no se lo apropien las plataformas capitalistas. Cuando vemos a Google financiar tales iniciativas, hay que replantearse el asunto.

El tercer elemento, para mí el más interesante, es el de los comunes. Lo que estamos a punto de crear con nuestro trabajo de teclear, son conocimientos comunes, datos comunes, recursos informativos comunes, y esos elementos comunes no pueden seguir siendo objeto de la depredación capitalista. Al contrario, hay que dotarlos de lógicas diferentes; de puesta en común; de desarrollo de gobernación colectiva, y finalmente crear un conjunto de derechos: ¿quién tiene el derecho de hacer qué con esos datos? Basta con ver su perfil de Facebook, vinculado a otros cientos, para darse cuenta: no hay nada más colectivo que un dato personal. Y si nos referimos a la remuneración ligada a esos datos, hay que llegar a la renta universal e incondicional. No uno de los muchos falsos amigos que han aparecido en los últimos tiempos, me refiero desde luego a una renta universal con todas las prestaciones sociales iguales por doquier y que se financiará mediante una fiscalidad de la tecnología digital.

Este texto fue publicado previamente en sinpermiso.info. Traducción de Ramón Sánchez Tabarés. Texto original:
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article47503

Fuente: https://ctxt.es/es/20190123/Politica/24067/capitalismo-de-plataforma-uber-antonio-casilli.htm

 

La soledad de los movimientos anti-sistémicos

Por Raúl Zibechi

Los últimos cinco años han sido de permanente crecimiento de las derechas, de crisis y retrocesos de los progresismos y las izquierdas, y de estancamiento y fragilidad crecientes de los movimientos sociales. Sin embargo, las organizaciones de base están mostrando que son las únicas con capacidad para sostenerse en medio de la ofensiva derechista y si logran sobrevivir, podrán crear las condiciones para una contraofensiva popular desde abajo. Cambios que no sucederán en el corto plazo.

 

“Estamos solos”, dijo y repitió el subcomandante insurgente Moisés en el caracol de La Realidad, durante la celebración de 25 aniversario del alzamiento zapatista, el pasado 1 de enero. “Estamos solos como hace veinticinco años”, enfatizó. “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy veinticinco años después vemos que estamos solos…”.

 

Como puede observarse, la dirección zapatista no se engaña ante la nueva coyuntura signada por el triunfo del progresista Andrés Manuel López Obrador. “Si hemos logrado algo, es por nuestro trabajo, y si tenemos error, también es nuestra falla. Pero es nuestro trabajo, nadie nos lo dijo, nadie nos lo enseñó, es nuestro trabajo”, siguió Moisés ante un amplio despliegue de milicianos y milicianas. Estaba mentando los trabajos autónomos que han permitido que cientos de miles de indígenas (agrupados en más de mil comunidades, 34 municipios y cinco regiones) vivan de otro modo, donde es el pueblo quien manda y el gobierno autónomo el que obedece.

 

La importancia de las palabras de Moisés son dobles: hace una lectura de la realidad sin concesiones, para concluir que hoy las fuerzas anti-capitalistas son minoritarias y están aisladas. Estamos aislados en todo el mundo y en toda la región latinoamericana. Sería desastroso que se volcaran a alguna suerte de triunfalismo, como esos partidos que siempre repiten que están avanzando, que no experimentan retrocesos, que las cosas van bien, cuando la realidad es la contraria y rompe los ojos.

 

La segunda cuestión, es el empeño en resistir. La determinación zapatista está exenta de cálculos de costes y beneficios, se afirma en las propias capacidades sin buscar atajos electorales y, quizá lo más importante, le apuesta al largo plazo, a que maduren las condiciones para retomar la iniciativa. ¿Acaso no fueron estos, desde siempre, los parámetros en los que se movió la izquierda, hasta que las tentaciones del poder retorcieron los principios éticos para convertirlos en puro posibilismo?

 

Una nueva derecha militante y militarista

 

La crisis de 2008 fue un parteaguas para la humanidad de abajo. Los de arriba decidieron dar un golpe de timón, de similar profundidad al de 1973, en las postrimerías de la revolución de 1968, cuando decidieron poner fin al Estado del Bienestar y se lanzaron al desmonte de las conquistas de la clase trabajadora. Ahora están desmontando el sistema democrático, decidieron que ya no gobiernan para toda la población sino apenas para un 30-40 por ciento.

 

Debemos comprender de qué se trata esta nueva gobernabilidad al estilo Trump, Duque y Bolsonaro, que gana adeptos en las elites. Se gobierna para el 1 por ciento, sin lugar a dudas, pero se integran los intereses de las clases medias altas y un sector de las clases medias, lo que representa alrededor de un tercio de la población. Para llegar a la mitad del electorado, se utilizan los medios masivos y el miedo a la delincuencia y, ahora también, el temor a que tus hijos sean gais o lesbianas o no se limiten a una sexualidad binaria.

 

En palabras del periodista brasileño Antonio Martins, estamos ante un nuevo escenario. “Lo que permite el ascenso de la ultraderecha no es un fenómeno superficial. La producción y las relaciones sociales están, hace décadas, en transformación veloz. Este proceso se acelerará, con el avance de la inteligencia artificial, la robótica, la genética y la nanotecnología (Outras Palavras, 09-01-2019).

 

Cambios que están generando muchos temores en muchas personas, que se vuelcan a la ultraderecha como forma de encontrar seguridades. Como dijo la ministra de la Familia en Brasil, ahora los niños volverán a vestir de azul y las niñas de rosa. Pero hay otro cambio adicional, relativo al conflicto social: “los viejos programas de enfrentamiento al capital se han vuelto ineficaces”, explica Martins.

 

“Es precisamente el impulso del capital para expandirse, para quebrar las viejas regulaciones que le impone límites, lo que da origen a fenómenos como Bolsonaro. El aumento continuo y brutal de las desigualdades, que en poco tiempo llegarán a la esfera biológica. La reducción de internet a una máquina de vigilancia, comercio y control. Las ejecuciones de millares de adversarios sin ser juzgados, por medio de drones, y la destrucción de Estados nacionales como Libia, perpetrada por “centristas” o “centro izquierdistas como Barack Obama, Hillary Clinton e François Hollande”, sentencia el periodista.

 

Los partidos hegemónicos de la izquierda están por fuera de estos debates. Las reacciones mayoritarias al genocidio que está perpetrando el gobierno de Daniel Ortega, lo demuestra de forma palmaria. En Brasil, durante la campaña electoral, Lula y la dirección del PT prefirieron facilitar el triunfo de Bolsonaro antes que abrirse a una confluencia con el centro-izquierda de Ciro Gomes que era el único candidato capaz de vencerlo. Perdieron, pero mantuvieron el control de la izquierda. Cristina Fernández se mueve en función de evitar la cárcel, para lo que necesita ser la cabeza de la oposición a Macri, aún corriendo el enorme riesgo de que éste gane las elecciones de octubre.

 

La política de la pequeñez y el aferrarse al poder, real o ilusorio, es el peor camino porque facilita el ascenso de las derechas.

 

El peor período de los movimientos

 

Reconozcamos la realidad: estamos mal, somos débiles y los poderes tienen la iniciativa en todos los terrenos, menos en la ética. Para completar el cuadro, no hay fuerzas políticas ni sociales capaces de revertir esta situación en el corto plazo. En suma, no podemos jugar nuestras escasas fuerzas en lances electorales, por ejemplo, o en batallas inmediatas.

 

“Tal vez”, destaca el propio Martins, “valga más la pena apostar en los embriones de alternativa real al sistema, de que en una improbable regeneración de los partidos institucionales, para enfrentar a Bolsonaro. Como en el pos-64, la resistencia fue tramada en las bases de la sociedad, mientras la oposición institucional se rendía”. Hace referencia al golpe de Estado militar de 1964, que arrasó con las instituciones y con la izquierda. Pero en ese tiempo oscuro, se crearon las condiciones para el nacimiento –apenas una década después– del Movimiento Sin Tierra, del Partido de los Trabajadores y la central sindical CUT.

 

Esa es la historia de toda América Latina. Nos hacemos fuertes en los tiempos oscuros de represión y militarismo, crecemos y acumulamos fuerzas que luego las derrochamos en el juego institucional. Las comunidades eclesiales de base y la educación popular estuvieron en la base de muchos movimientos, aunque no constituyeron grandes aparatos sino prácticas contra-hegemónicas.

 

Desde la década de 1980, esa es nuestra realidad: apostamos todo a las elecciones, a reformas constitucionales, a una legislación que es letra muerta y, en tanto, desarmamos nuestros poderes que son la única garantía frente a los opresores.

 

En este recodo de la historia, debemos analizar varios aspectos relacionados con los movimientos anti-sistémicos.

 

El primero es que los grandes movimientos están muy débiles, en particular los movimientos urbanos y los campesinos. Las políticas sociales de los gobiernos progresistas y conservadores han formado camadas enteras de dirigentes y militantes que aspiran a incrustarse en el aparato estatal, a negociar para conseguir beneficios que hagan la vida menos penosa y terminan subordinando a los colectivos a las agendas de arriba.

 

Lo segundo es que la sangría de los movimientos hacia el terreno institucional y electoral ha sido enormemente dañina. Buena parte de lo construido en la década de 1990, y aún antes, fue despilfarrado en la dinámica electoral. Sin olvidar que algunos movimientos fueron destruidos o debilitados desde los gobiernos progresistas, como es el caso de Ecuador y Bolivia, pero también de Argentina y Brasil. De ese modo los progresismos cavaron su propia tumba, ya que anularon a los actores colectivos que habían estado en la base de su crecimiento político y electoral.

 

Lo tercero es que podemos detectar tres movimientos en ascenso: mujeres, pueblos originarios y afros. Allí donde estos movimientos son relativamente fuertes (zapatistas y mapuche, favelas y palenques de Brasil y Colombia, Ni Una menos, etc.) han crecido por fuera de los marcos institucionales, haciendo carne en los problemas cotidianos de los pueblos y sectores sociales.

 

Sobrevivir y crecer a la intemperie

 

Pese a todas las dificultades, el futuro depende de lo que nosotros y nosotras hagamos, de los caminos que tomemos, de la decisión y entereza con que afrontemos este período oscuro de la historia. “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible”, aseguró Moisés.

 

Observo dos grandes desafíos, uno teórico o estratégico y otro ético-político.

 

El primero se relaciona con los objetivos y los medios para alcanzarlos, algo que pasa previamente por una determinada lectura de la realidad. La tarea actual no puede consistir en prepararse para tomar el poder. Sería repetir un camino que nos lleva al fracaso. Tenemos tres grandes desafíos teóricos: el Estado como eje de nuestros objetivos, el economicismo que nos lleva a pensar que el capitalismo es economía y la creencia en el progreso y el crecimiento, graves errores que provienen del positivismo.

 

Respecto al Estado, el tema que merece acalorados debates en la actualidad, las reflexiones del dirigentes kurdo Abdullah Öcalan pueden ayudarnos a hacer balance. La toma del Estado –asegura en el segundo tomo del Manifiesto por una Civilización Democrática– termina por “pervertir al revolucionario más fiel”. Remata el razonamiento con una balance histórico: “Ciento cincuenta años de heroica lucha se asfixiaron y volatilizaron en el torbellino del poder”. Lo cual no depende de la calidad de los dirigentes, sino de una cuestión de cultura política.

 

La segunda cuestión es la ética. Invito a los lectores y a los militantes a releer las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin, en particular la octava. De ella hemos retenido las dos primeras frases y olvidado la tercera, que a mi modo de ver es la fundamental. “La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello”. Hasta allí conceptos que se han convertido en sentido común para buera parte de los activistas.

 

Luego señala: “Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo”. ¿Qué quiere decir Benjamin con esta enigmática frase? Lo primero, es que no conozco reflexiones sobre esta frase, aunque las hay y muchas sobre las dos primeras.

 

A mi modo ver, Benjamin nos dice que sólo si aprendemos a vivir bajo el estado de excepción, a la intemperie, por fuera de las protecciones estatales, obtendremos los recursos éticos, organizativos y políticos para enfrentar al enemigo. Es una invitación a revolucionar nuestra cultura política, a salirnos de los paraguas institucionales. Sólo así estaremos en condiciones de luchar, recuperando, como señala en la tesis XII, tanto el odio como la capacidad de sacrificio que hemos perdido en el conformismo de la vida a la sombra del Estado.

Audrey Esnault: “La mayor parte del armamento no podría fabricarse sin financiación de los bancos”

Por Eric Llopis

¿Cómo se sustenta el complejo militar-industrial? ¿Quién ofrece soporte económico para que fabriquen misiles, aviones de combate, bombas de dispersión, balas y armas nucleares? La banca mundial ha financiado con 526.159 millones de dólares a la industria del armamento durante el periodo 2011-2017, según la Base de datos Internacional de Banca Armada que publica el Centre Delàs d’Estudis per la Pau. Estados Unidos encabeza entre 2011 y 2017 la ratio de países en que la banca “participa en el negocio armamentístico”, con financiación al sector por valor de 375.032 millones de dólares, seguido de Francia (33.255 millones), Reino Unido (31.812 millones), Japón (21.925), Alemania (12.718 millones) y España (10.244 millones).

La plataforma financiera BlackRock financia, a través de fondos de inversión, acciones o bonos, con un total de 35.912 millones de dólares a empresas de armamento como Boeing, Honeywell International, Airbus Group y Northrop Grumman, entre otras (periodo 2011-2017). La entidad financiera JP Morgan Chase ha firmado operaciones –que incluyen créditos y emisión de bonos y pagarés de las empresas- por valor de 25.086 millones de euros con industrias armamentísticas como Honeywell International, Boeing y Loockheed Martin. Bank of América es otra de las sociedades destacadas en el negocio de las armas; en el citado periodo ha aportado financiación por valor de 4.496 millones de dólares a Loockheed Martin; 2.823 millones a Honeywell International y 2.141 millones a General Dynamic. Además de las financieras estadounidenses, las europeas también engrasan la maquinaria bélica. Por ejemplo Crédit Agricole y BNP Paribas, con sede en Francia, la británica Barclays o las alemanas Commerzbank y Deutsche Bank.

Un capítulo destacado es el de las armas nucleares. El informe “Don’t Bank on the Bomb” (2018) de la ONG holandesa PAX ha publicado un listado de 329 bancos, fondos de pensiones, compañías de seguros y gestoras de activos financieros de 24 países, que proporcionaron –entre 2014 y 2017- financiación a empresas productoras de armamento nuclear; tres de ellas, las estadounidenses BlackRock, Vanguard y Capital Group, aportaban según el informe más de 110.000 millones de dólares a compañías como Airbus, BAE Systems, Boeing, General Dynamics, Lockheed Martin o Northrop Grumman; entre las instituciones financiadoras están el BBVA, Banco Santander y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

En el estado español, la Campaña Banca Armada denuncia públicamente a las entidades financieras vinculadas con la industria de las armas. Forman parte de esta iniciativa el Centre Delàs, el Observatori del Deute en la Globalització, las ONG Setem y Justícia i Pau; el colectivo RETS, la asociación Fets-Finançament Ètic i Solidari; Alternativa Antimilitarista-MOC y, en el País Valenciano, la fundación Novessendes. Difunden el siguiente listado de bancos que invierten en empresas de armamento (2011-2017): BBVA (3.307 millones de euros); Banco Santander (2.430 millones); Bankia (181 millones); Banc Sabadell (96,9 millones); Caixabank (95,8 millones); Helaba (95,7 millones); Bankinter (49 millones) e Instituto de Crédito Oficial –ICO- (48,2 millones).

“Entre 2014 y 2017 el BBVA ha invertido 2.710 millones de euros en siete empresas que diseñan, mantienen o modernizan armamento nuclear”, afirmó en marzo de 2018 una activista de la Campaña Banca Armada durante la junta de accionistas del banco. En la reunión de los accionistas del Banco Santander, otra activista informó de que esta entidad concedió créditos a Honeywell International por valor de 129,5 millones de euros entre 2013 y 2017; la multinacional estadounidense es “una de las más implicadas en el complejo industrial de armamento nuclear, por ejemplo en el mantenimiento de los misiles Trident II”. Otro miembro de la iniciativa Banca Armada recordó en abril, durante la junta de Bankia, que la entidad financió con créditos por valor de 142 millones de euros entre 2011 y 2015 a la española MAXAM, gigante mundial en la fabricación de explosivos civiles y militares que exporta armas a Arabia Saudí (una coalición internacional liderada por este país inició en marzo de 2015 los bombardeos en Yemen).

Asimismo en una de las intervenciones, ante los accionistas de Caixabank, señalaron que este banco financió con cerca de 8 millones de euros a la empresa Indra, entre 2011 y 2016, a través de fondos de inversión, acciones y bonos; el estado español es, a través del SEPI, el principal accionista de Indra (18,7% de las participaciones); “entre los productos estrella de Indra figuran el caza Eurofighter, las fragatas de guerra F-100 o los helicópteros Tigre”, desplegados por el ejército español en Afganistán, informó la Campaña. Un campo de investigación y denuncia añadido es el de la relación entre las instituciones públicas y la banca armada. En marzo de 2018 el Centre Delàs y Setem publicaron un análisis sobre el Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por Barcelona en Comú; la investigación concluye que el 48% de los pagos corrientes del consistorio se realizan con la banca armada. De hecho, el ayuntamiento barcelonés trabaja con Crédit Agricole y Société Générale (Francia), HSBC (Gran Bretaña), BBVA, Banco Santander, Bankia y Caixabank, entre otras entidades.

Audrey Esnault es economista, coordinadora de la Campaña Banca Armada –en la que participa desde hace tres años- y coautora del estudio “De la banca armada a la banca ética” sobre el consistorio barcelonés. También es autora, con Jordi Calvo, del estudio de caso sobre la Generalitat Valenciana, presentado el 23 de enero en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València (en el País Valenciano gobiernan en coalición el PSPV-PSOE y Compromís con el apoyo parlamentario de Podemos). “El 95% de la deuda viva de la Generalitat Valenciana, al cierre de 2017, y el 88,7% de sus cuentas operativas (ingresos y pagos) en 2017 ha estado en manos de la banca armada”, señala el informe. El pasado 23 de marzo Audrey Esnault estuvo presente en la junta de accionistas del Banco Santander, donde recordó que –mediante créditos, emisión de bonos y pagarés- la empresa Leonardo recibió 178 millones de euros de la sociedad que preside Ana Botín; este grupo italiano (hasta 2016 Finmeccanica) es “responsable del desarrollo y el diseño del vehículo de transporte para el misil intercontinental estadounidense Minuteman III”, subrayó.

-P: ¿En qué medida depende de los bancos el complejo militar-industrial?

-AE: Cuando estudiamos la ratio de endeudamiento de las empresas militares españolas, es decir, sus necesidades de financiación, llegamos a la conclusión de que tres de cada cuatro armas no podrían fabricarse sin la financiación de los bancos. Esta proporción es la que publicamos en la introducción del informe “Los bancos que invierten en armas” (Centre Delàs, 2016). El análisis no habrá cambiado mucho. Una de las formas de financiación bancaria es la participación accionarial directa en las empresas militares; asimismo un banco, o consorcio de bancos, puede otorgar préstamos a estas empresas (por ejemplo los créditos del BBVA a Airbus Group, Boeing y Leonardo); otra vía es comprar bonos y pagarés de las industrias militares o bien ofrecérselos a los clientes, a cambio de una comisión. Además los bancos pueden financiar las exportaciones del sector armamentístico; y ofrecer a sus clientes fondos de inversión con participaciones en las empresas de armas.

-¿A qué problemas se enfrentan los investigadores a la hora de revelar la vinculación entre empresas y bancos? Algunos gigantes de la industria bélica fabrican también para el sector civil…

Los grupos multinacionales son enormes y resulta muy complicado. Entre el 20 y el 30% de la producción de Indra es de uso militar. Esta multinacional española desarrolla tecnologías aplicadas al ámbito náutico y la aviación para los ejércitos, a la electrónica militar, simuladores de vuelo y sistemas de dirección de misiles. A escala internacional, el grupo Airbus –con sede en Francia- está especializado en la fabricación de aviones civiles y militares, además de helicópteros y misiles; al igual que Boeing, primer productor militar mundial, que también fabrica aviones civiles y militares. El problema es que hay una gran opacidad. Son más sencillas las averiguaciones si, por ejemplo MAXAM, cuyos explosivos militares podrían haber sido destinados a la guerra de Siria, realiza una inversión en su filial EXPAL, dedicada íntegramente al sector militar. El Banco Santander, el BBVA, Caixabank y Bankia conceden créditos a MAXAM. Para obtener la información, trabajamos mucho en red; colaboramos con organizaciones como PAX, también accedemos a la base de datos SABI, las revistas de Defensa o las páginas Web de las empresas y, cuando tenemos recursos, compramos datos primarios.

-Por último, la Ley 53/2007 del Estado español sobre el control del comercio exterior de material de defensa establece, en el artículo 8, que las autorizaciones de venta serán denegadas ante indicios de que las armas puedan emplearse “en acciones que perturben la paz” en un ámbito mundial o regional; y también “con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”. ¿Hay algún ejemplo reciente en que podrían estar vulnerándose las leyes?

El ejército de Arabia Saudí, que lidera las operaciones militares en Yemen, utiliza armas –como el Eurofighter- con componentes y productos electrónicos fabricados por Indra. Esta empresa tiene, además, un papel importante en la frontera sur, en el empleo de la tecnología contra las personas migrantes; de hecho, es la responsable de la construcción de una tercera valla en la frontera española con Melilla. Por otra parte, en abril de 2018 el Gobierno español firmó la venta a Arabia Saudí de cinco corbetas construidas por la empresa pública Navantia, que también podrían utilizarse en la guerra de Yemen. Entre 2015 y 2017 España vendió armas a Arabia Saudí por valor de 932 millones de euros, según cifras oficiales, cuando sabemos que la situación humanitaria en Yemen es brutal. Estas armas no tendrían que llegar allí.

Klaus Gietinger habla de la muerte de Liebknecht y Luxemburg: “Un asesinato puro y duro”

Klaus Gietinger, 63 años, nació en Lindenberg, en la región de Allgäu. Tras completar su licenciatura en Ciencias Sociales, inició su carrera como realizador cinematográfica. Su primer largometraje fue Lond it luck (1979) sobre la guerra de los campesinos en Allgäu. Su película de culto Daheim sterben die Leut (‘La gente muere en casa’), de 1984, trata de los cambios registrados en este región de Allgäu. Fue guionista y director de varios episodios de la serie televisiva de detectives Tatort.

Su documental  Heinrich der Säger (‘Heinrich el aserrador’) era una crítica del  cierre de líneas ferreas de la Deutsche Bahn. En 2017, su documental Wie starb Benno Ohnesorg (‘Cómo murió Benno Ohnesorg’ [estudiante alemán muerto por la policía en Berlín Occidental en 1967]) provocó titulares de prensa. Ha escrito numerosos libros sobre historia contemporánea, y también de fúbol (Unser Weltmeister, ‘Nuestro campeón mundial’, 2014). Su ‘libro de abominador del coche’ Totalschaden (‘Siniestro total’, 2010) es también muy conocido. – Claus-Jürgen Göpfert.

Señor Gietinger, han pasado casi cien años desde la noche del 15 al 16 de enero de 1919, durante la cual fueron asesinadas dos destacadas figuras del movimiento obrero alemán, Rosa Luxemburg and Karl Liebknecht. Lleva usted investigando estos asesinatos políticos desde hace tres décadas. ¿Por qué le fascina tanto este tema?

Vi hace treinta años la reposición de un drama televisivo en dos partes acerca de estos sucesos en el canal de la Radiodifusión Alemana del Sudoeste (SDR). Dieter Ertel, que lo grabó en 1968, había basado su película en una investigación meticulosa. [1] Y mientras lo veía, pensé: “seguro que aquí hay un montón de preguntas por responder”. De hecho, quise hacer una película sobre esto, pero no conseguí financiación alguna. En aquel entonces, nadie se interesaba por este asunto.

En los años 60, la tesis aceptada era que Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht habían sido ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Se suponía que así se daba la impresión de una cierta legalidad. Sin embargo, ¿descubrió usted que todo había sucedido de forma muy distinta?

Y tanto que sí. El antiguo jefe de Estado Mayor de la ‘Garde Kavallerie Schützen Division’ (GKSD), que cometió los asesinatos, Waldemar Pabst, conocía personalmente a un responsable de prensa del gobierno germano-occidental de la época, Felix von Eckart, de manera que fue fácil crear la leyenda, pasada incluso la II Guerra Mundial.

El GKSD era un Freikorps [“cuerpo franco”] derechista, pero el gobierno alemán lo llamó para aplastar la sublevación izquierdista que se produjo entonces en Alemania.

Comencemos con los dramáticos sucesos de enero de 1919 en Berlín, donde se produce una sublevación espartaquista contra el gobierno alemán dirigido por el SPD…

Karl Liebknecht participó como líder de los comunistas. Sin embargo, el alzamiento de masas había comenzado espontáneamente al tratar de echar al Jefe de la Policía de Berlín,  Emil Eichhorn. Eichhorn era miembro del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), refugio de hombres y mujeres de izquierda que habían sido expulsados del SPD por oponerse a los créditos de guerra [votados en 1914]. Sin embargo, el USPD incluía también a políticos moderados como Eduard Bernstein y Karl Kautsky. En noviembre, mientras se derrumbaba el Imperio Alemán, llegó al poder un gobierno revolucionario de coalición entre el SPD y el USPD, dirigido por el futuro presidente de Alemania, Friedrich Ebert.

Este Consejo de Diputados del Pueblo, como se le denominó, colaboró con las viejas élites del Imperio Alemán, con los jefes militares, sobre todo Ebert. De modo que el USPD, que no estaba de acuerdo con esa colaboración, se retiró muy rápidamente del gobierno. El Jefe de Policía de Berlin, Emil Eichhorn, representaba el ultimo bastión de poder que le quedaba al USPD. El gobierno nacional quiso deponerlo, pero él contraatacó y eso desencadenó el levantamiento de la izquierda.

Uno de los ministros socialdemócratas del gobierno nacional era un talGustav Noske…

Tenía a su cargo a los militares y era de facto comandante supremo de las fuerzas gubernamentales, que en lo esencial eran los Freikorps.

De modo que, básicamente, un ministro socialdemócrata recurrió a esas unidades de extrema derecha para aplastar la sublevación izquierdista. 

Exacto.

Se puede decir que Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg se habían convertido en objetivo en esos días tan dramáticos. Los Freikorps de Berlín los andaban buscando. ¿Qué sucedió entonces?

Ya a principio de diciembre se habían colocado carteles que llamaban a “matar a Liebknecht”. Pedían abiertamente su asesinato. Liebknecht y Luxemburg buscaron un escondite. Rosa Luxemburg se mostraba indecisa ante el levantamiento, en realidad no quería sumarse. Pero al final, se decidió pensando: “esta es la segunda revolución”. Respaldó la idea en artículos, pero luego se echó atrás. Ambos se quedaron en Berlín y se ocultaron en Wilmersdorf, una zona burguesa de la ciudad. Y ahí es cuando alguien dio el soplo y los detuvo una milicia ciudadana. Sin embargo, la milicia ciudadana no sabía qué hacer con ellos, con lo cual se los entregaron a la máxima autoridad, que en aquel entonces era el Freikorps del GKSD. El GKSD estaba acantonado en un hotel de lujo, el Eden, así que la milicia se los llevó allí a los dos. El comandante Pabst decidió entonces que los mataran.

En su libro escribe usted que Pabst intentó que Noske, el ministro socialdemócrata, le diera seguridades antes de actuar. Le comunicó a Noske por teléfono que había capturado a Liebknecht y Luxemburg y que quería matarlos. ¿Qué dijo Noske?

Encontré notas de la conversación entre Pabst y Noske entre los papeles de Pabst; de hecho, fui el primero en conseguir acceder a ellos. En lo esencial, lo que le dijo Noske fue: “No puedo darle la orden de matar a los dos, porque eso destruiría el SPD”. Le dijo a Pabst que llamara al comandante de las tropas del gobierno, Walther Freiherr von Lüttwitz. “Él nunca me dará esa orden”, respondió Pabst. Ante lo cual dijo Noske: “En ese caso tiene usted que hacerse responsable de sus actos”.

Encontré una segunda fuente de esto, a saber, un teniente coronel de las fuerzas armadas alemanas. Un científico conservador que trabajaba en la Oficina de Investigación de Historia Militar, y que había sido testigo de una alocución de Pabst en la que Pabst relató públicamente los mismos acontecimientos. “¿Qué piensa de Pabst y sus afirmaciones?”, le pregunté. Me contestó que “si lo dijo Pabst, entonces es que fue así”.

De acuerdo con su investigación, los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht fueron brutales y sangrientos. ¿Cuáles fueron los detalles de lo que sucedió?

Pabst había planeado que los mataran de camino a la cárcel durante la noche del 15 al 16 de enero de 1919. El plan consistía en culpar a una ‘multitud enfurecida’ del linchamiento de ambos. Pero luego las cosas se descontrolaron. Un oficial subordinado de Pabst sobornó a un guardia con 100 marcos, ordenándole que despachara a Luxemburg y Liebknecht con la culata de su fusil. El soldado obedeció infligiéndoles a ambas víctimas graves heridas en la cabeza. A Rosa Luxemburg la arrojaron a un coche. Cuando el coche empezó a moverse, el teniente Hermann Souchon se levantó de un golpe y la mató pegándole un tiro en la cabeza.

Trataron de encubrir el asunto hundiendo el cuerpo de Rosa Luxemburg en el canal Landwehr, ¿no?

Eso es. El comandante del convoy, Kurt Vogel, ordenó que arrojaran su cuerpo al canal Landwehr, donde lo descubrieron solamente al cabo de cuatro meses. Se registraron protestas contra los asesinatos, entre ellas las de las bases del SPD. No obstante, el gobierno, que era por entonces exclusivamente del SPD, hizo que un tribunal militar se ocupara de la cuestión, y no, por ejemplo, una comisión de investigación civil. De hecho, el tribunal militar que recibió el encargo pertenecía a la misma división de la que salieron los asesinos. El juez militar colaboró plenamente con Pabst y lo encubrió todo por completo; los nazis le recompensarían después llevándole al ‘Tribunal Popular’ de Roland Freisler [el más siniestro de los magistrados nazis, que juzgó a los conspiradores contra Hitler del atentado del 20 de julio del 44]. Los asesinos quedaron absueltos. Vogel, que recibió una sentencia menor por “deshacerse de un cadáver”, huyó a Holanda ayudado por Wilhelm Canaris. Este último se convertiría en jefe del Abwehr, el servicio de contrainteligencia alemán, con Hitler.

¿Cómo murió Karl Liebknecht?

Antes de arrastrar a Luxemburg, sacaron a Liebknecht del Hotel Eden y se lo llevaron en la obscuridad al parque del Tiergarten en un descapotable. El conductor simuló problemas con el coche y le preguntaron a Liebknecht, gravemente herido, si podía caminar. Liebknecht confirmó que sí y lo mataron de un tiro por la espalda. Abatido cuando trataba de escapar, así rezaba la versión oficial.

Estos asesinatos políticos fueron objeto de un encubrimiento sistemático. De ahí en adelante, la leyenda oficial es que lo que sucedió aquella noche fueron ejecuciones sumarias. ¿Por qué perduró tanto esta leyenda?

En 1962, el gobierno de Alemania Occidental comenzó a difundir esta interpretación de los hechos. Un antiguo guionista de películas de propaganda nazi, Felix von Eckert, fue el autor de ese comunicado especial. Tenía buenas relaciones con Pabst, que se había convertido en traficante de armas después de la II Guerra Mundial.

Los asesinos disfrutaron de larga vida.

Sí, todos. Hermann Souchon vivió hasta 1982. En fecha tardía, ya en los 60s, demandó a la producción de la Radiodifusión del Sudoeste  (SWF) que le retrataba como un asesino. Lo cierto es que habría sido ilegal matar a Luxemburg y Liebknecht de inmediato, aun de acuerdo con la ley marcial prusiana, la cual, por cierto, ni siquiera se había proclamado. La ley marcial exigía un juicio y un abogado defensor. En ese caso, habrían tenido que esperar otras 24 horas a que un alto mando confirmase la sentencia. No sucedió nada de esto. Fue un asesinato puro y duro. A Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, sencillamente, los mataron a tiros, y Noske , el socialdemócrata, dio su aprobación.

En su libro se dirige usted directamente a la actual dirección del SPD. ¿Qué espera de los líderes del partido?

El SPD tiene que ajustar cuentas con los esqueletos que guarda en el armario. Al fin y al cabo, quieren refundar el partido, y estoy de acuerdo en que es una buena idea. Como parte de este proceso, deberían decir: lo que se cometió con Luxemburg y Liebknecht fue una injusticia, y la responsabilidad es del SPD. Después de estos sucesos, Noske fue responsable de otros asesinatos, e impartió órdenes ilegales de matar a prisioneros.

¿Niega realmente el SPD el papel de Noske a día de hoy?

Se negó y se reprimió durante mucho tiempo, pero, más recientemente, hay quienes en las filas del SPD han empezado a reconocer que fue un crimen y que su partido está implicado. El líder del SPD, Andrea Nahles, admitió en un discurso acerca de la Revolución de Noviembre que Noske estuvo “probablemente” involucrado en los asesinatos de Luxemburg y Liebknecht. Es un comienzo, por lo menos.

¿Cómo llevó a cabo su investigación?

A principios de los años 90, entré en contacto con Dieter Ertel, autor de la película de 1968 [dirigida por Theo Metzger], que me dio muchos consejos. Estudié lo que habían dejado los asesinos, y me puse en contacto con los abogados que les habían representado en los tribunales en los años 60. Eran hombres ya octogenarios. Me reuní con Otto Kranzbühler, el abogado que salvó al último líder del Tercer Reich,  [el almirante] Karl Dönitz, de ser ejecutado en el proceso de Nuremberg en 1946. A finales de los 60, Kranzbühler representó a Hermann Souchon -una insensatez- como abogado de la demanda contra el canal SDR relativa a la imputación de que Souchon había matado a Luxemburg. En conversación conmigo, Kranzbühler me confirmó la llamada de teléfono entre Pabst y Noske. Naturalmente, también investigué un montón de expedientes.

Le atribuye usted gran importancia a estos asesinatos en relación a todo lo que sucedió posteriormente en la República de Weimar. En su opinión, ¿tanto ahondaron la división entre el SPD y el KPD los asesinatos que hicieron que los dos partidos fueran incapaces de resistir conjuntamente a los nazis?

Los asesinatos sirvieron para ahondar la división entre el SPD y el KPD. Por desgracia, el KPD se vio posteriormente estalinizado. Ni Luxemburg ni Liebknecht habrían consentido esto. El SPD, mientras tanto, desvió su responsabilidad en los asesinatos. Se volvió imposible para ambos partidos hablar con el otro.

guionista, director cinematográfico e historiador radicado en Frankfurt, ha publicado varios libros sobre el fascismo alemán y el movimiento comunista, así como una historia de los accidentes de automóvil. Su película más célebre es un clásico de 1985, Daheim sterben die Leut [La gente muere en casa]. Puede encontrarse más información sobre el autor en su página, www.gietinger.de

Fuente:

Frankfurter Rundschau
Traducción: Lucas Antón /sinpermiso.info

Silvia Federici: “El feminismo debe dar una respuesta contundente a esta nueva caza de brujas que es parte del programa de las agencias internacionales”

Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci

“Necesitamos capacidad de construir redes de apoyo y de defensa, de conocimientos; son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas”.
Silvia Federici

En el marco del Diplomado Repensándonos desde la economía feminista emancipadora, organizado por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el grupo de trabajo CLACSO Economía Feminista Emancipatoria en San Cristóbal de las Casas, México; la escritora y activista feminista Silvia Federicidictó el seminario: “Una mirada feminista sobre el imperio global norteamericano”. La semana entrante, estará realizando charlas en Argentina, pero aprovechamos la oportunidad para conversar con ella sobre algunas preocupaciones de la realidad de Argentina y la Región.

—En función de tus análisis sobre los ajustes estructurales y el FMI como instrumento de los mismos, ¿cómo creés que va a impactar el nuevo acuerdo con Argentina en la vida de las mujeres?

—Tenemos un montón de evidencias que muestran que la Política de la Austeridad que el FMI ha impuesto por décadas a gran parte de la población del mundo, sobre todo, a los países que salían del colonialismo, ha impactado en mayor medida en las mujeres, porque, con la intensificación del trabajo, han intentado reabsorber la crisis de la reproducción de sus familias y sus comunidades. La suba de los precios significa más trabajo para la mujer, buscar lugares donde los precios son más bajos para compensar lo que no pueden comprar.

La política de imponer la privatización, dar acceso al agronegocio y a las compañías mineras extractivistas se transforma no solo en un deterioro del medio ambiente, sino en más trabajo y preocupación en las mujeres para garantizar un poco de seguridad a su familia. La baja en los salarios y el empleo significó que muchísimas mujeres tengan la necesidad de migrar, con los peligros que eso implica, o la necesidad de buscar otro trabajo fuera de la casa, en empleos informales que han incrementado su riesgo porque están todo el día en la calle, expuestas a la competencia de otros vendedores, enfrentándose a la policía. Sin dudas, ha incrementado la violencia contra las mujeres y, por eso, yo creo que las mujeres tienen un compromiso más fuerte en la lucha contra estas agencias internacionales representantes del capital internacional que están empobreciendo el mundo, que crean un mundo dominado para la violencia y donde no dejan posibilidades de planear un futuro, obligando a una vida consumada en el trabajo.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

—En este contexto de ajuste neoliberal, también se está dando el avance de los fundamentalismos religiosos en América del sur; ¿qué lectura hacés de esto, sobre todo, en Argentina, que tanto desde la Iglesia Católica como desde las Iglesias Evangélicas, en los últimos tiempos, vienen sosteniendo campañas y movimientos como “con mis hijos no te metas” o “salvemos las dos vidas”?

—Es clara la inversión y la expansión de las sectas pentecostales en cualquier parte del mundo, en el marco de la política de la globalización. Es preocupante cómo la expansión de la relación capitalista, la utilización de las medidas de producción, el extractivismo y la política de la austeridad ha sido aplicada en diferentes partes del mundo, conjuntamente con la llegada de fundamentalistas; yo lo llamo una inversión, que nos recuerda los misioneros que acompañaron la primera conquista. Han servido para dividir, para canalizar la energía de la protesta, para poder controlarla, para dividir las comunidades, diciendo: “Si tú eres pobre, lo eres porque alguna/o está conspirando en tu comunidad, está Satanás, está el pecado”. Proponen una versión neoliberal calvinista que dice que todos somos pecadores, han introducido de nuevo la imagen de Satanás, del infierno, de que somos pecadores, creando divisiones, también con el poder del dinero porque llegaban a comunidades que se estaban desestructurando por el extractivismo, por la política de la austeridad, donde la solidaridad estaba disminuyendo y ellos traían una visión muy fea de que son los seres humanos y las relaciones sociales lo que lo generó, sembrando sospechas, criminalizando formas de conductas muy cotidianas y tradicionales, como, por ejemplo, las varias formas de actividades que las mujeres curanderas han hecho a lo largo del tiempo. En algunas comunidades de aquí, ya se dice “somos tan pobres que tenemos una maldición”, no se dice “es por el fondo monetario”, “es por la mina”; se dice “es una maldición” y acusan a personas de ser satánicas.

Estas actividades de las sectas fundamentalistas son parte integrante de las políticas neoliberales, dividen a la gente, ocultan los problemas reales con el discurso del pecado. Esta inversión de la secta pentecostal ha sido muy planeada, programada y manipulada desde arriba, por ejemplo, es clara la complicidad y la intervención de grupos políticos de la derecha de los Estados Unidos, los primeros fundamentalistas, las primeras sectas que llegaban a África y a Latinoamérica, llegaban directamente de Washington como parte de un proyecto político, como siempre he dicho en mi trabajo, no es suficiente desplazar a la gente; junto con el desplazamiento, es necesario sembrar una ideología que paralice, que divida, que bloquee la protesta. El uso de la religión ha sido muy eficaz; es el mismo discurso, ya sea la Iglesia Católica o la iglesia que sea, han comprendido que la religión es fundamental para disciplinar a las mujeres, su cuerpo, su sexualidad, por la disciplina general de la sociedad, por el trabajo, quién puede reproducirse y quién no, cómo y en cuál manera, su sexualidad es la forma de ser autónoma o no serlo, servir a los hombres o no hacerlo. La religión crea toda una disciplina para la mujer que es también una disciplina laboral, que sirve para la organización capitalista que incrementa la ganancia, la capacidad de imponer un régimen de trabajo siempre más intenso.

La denuncia de esta forma de control sobre las mujeres, de esta ideología, de la práctica que están armando, debe ser parte importante de la agenda feminista; estudiar cómo se están organizando, dónde y de qué forma. Yo he empezado a estudiar estas prácticas de las sectas pentecostales a partir de mi experiencia en África, particularmente, en Nigeria, pero también he visto que, en otras partes de África, siempre con la llegada de estas sectas fundamentalistas, empezaba una nueva persecución de mujeres acusadas de ser brujas. Se habla hoy de miles y miles de mujeres quemadas por ser “brujas”. Yo he escrito un artículo en 2008, Globalización, Caza de brujas y solidaridad feminista en el África de hoy, que da una visión general de esta nueva caza de brujas en África y en India, pero, hoy, me sigue preocupando que esta caza de brujas se está expandiendo, ya hay casos en América Latina, de mujeres acusadas porque son curanderas, como me han comentado unas compañeras.


Estos fundamentalismos religiosos no son la causa principal, son un instrumento de un proyecto político del despojo, de la privatización, del control siempre más expandido, de las corporaciones, del bissness, sobre la naturaleza, los bosques, medidas para parar la lucha, para dividir la gente, para que se maten unos con otros, se acusen unos con otros, todavía tiene un papel importante. Es parte de una agenda internacional, es un continuo, es la forma más contundente de toda una política, que, en Argentina, llega con la discusión del aborto, es muy importante denunciar que estos movimientos religiosos no se preocupan por la mujer, se preocupan del feto, de la vida solo cuando está en el vientre de la mujer, porque no les cuesta nada preocuparse y usan esta preocupación para disciplinar a las mujeres. No les importa nada la vida de nuestros hijos e hijas, cuando el gobierno de la Argentina desvaloriza la moneda un 40%, entonces: ¿qué van a comer estos niños/as? ¿qué es la defensa de la vida? Se debe denunciar a esta iglesia pedófila, no tienen ninguna legitimidad esta jerarquía de hombres potentes y perversos, que, desde el medioevo hasta ahora, han sido la piedra fundante del sistema feudal y capitalista.


—A propósito del W20 que se realizó en Argentina, ¿se puede pensar en un feminismo de Estado que busca instrumentalizar la potencia de los feminismos autónomos, anticoloniales y anticapitalistas de la Región?

—El capitalismo, en el tiempo, debe armar estrategias diferentes, darle al viejo sistema de explotación una nueva cara, esperando engañar a la gente; el ajuste estructural, el NAFTA, la guerra contra la droga ninguna es bastante, la gente se organiza y protesta. La idea de la emprenditorialidad es una continuación y una repetición de lo que han hecho las Naciones Unidas, de entrampar a las mujeres con ciertas imágenes; hace tiempo, era la emancipación, ahora, el emprendedurismo. La supuesta emancipación ha significado el involucramiento de las mujeres en empleos en miles de maquilas que destruyen su cuerpo, sus relaciones sociales, su vida; la política de austeridad, es una vida sin futuro. Y, ahora, la emprenditorialidad para la mayoría de las mujeres significa endeudarse, encarcelarse en el microcrédito que no solamente no te hace emprendedora y te endeuda, sino que es una medida para separar las mujeres de la tierra. Es otra forma de privatizar la tierra, una trampa, salvo para una minoría de mujeres que son ricas y que tienen acceso al capital, y es, por lo tanto, una forma de promover la mujer como capitalista, como explotadoras de otras mujeres.

Esta es la empresa de hoy y no tiene nada de positivo para nosotras, es una trampa que crea nuevas formas de violencias, por ejemplo; cuando se da un crédito a un grupo de mujeres y una no puede pagar, donde antes existían redes de solidaridad, ahora se crean sospechas, actitudes de policía porque saben que si tú no pagas, debo pagar yo, y esto es una forma de romper las redes de solidaridad que existen en los pueblos entre las mujeres, se siembra una dinámica perversa, que individualiza.

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(Imagen: Rebelarte)

—Paralelamente con este adverso contexto político, económico y social en América del Sur, se da el crecimiento del movimiento feminista en Argentina con la lucha por el aborto legal, las feministas universitarias en Chile y, recientemente, el movimiento de mujeres Ele Não en Brasil, con una nueva emergencia multitudinaria de mujeres en las calles ¿Qué lecturas hacés de estas nuevas emergencias en este contexto y cuáles son los principales desafíos?

—La lucha de las mujeres en América del Sur, desafortunadamente, se está desplegando con un incremento de la violencia y matanzas, como el caso de Marielle Franco, que ahora han amenazado a su esposa y madre, y a otras compañeras porque saben que son mujeres muy poderosas, tienen miedo de las mujeres, es una caza de mujeres que va a ser larga, saben que las mujeres somos la primera línea y, por eso, nos matan.

El movimiento de mujeres está siendo cada vez más fuerte y se está dando cada vez en más lugares de intervención, el caso de la escuela media es fundamental, o como en Chile en particular, que tiene toda una Historia increíble de lucha en las universidades, y es importante la denuncia sobre el acoso sexual en las universidades, porque no solo las maquilas o las calles son un lugares de acoso sexual, la universidad también lo es.

Por otro lado, la lucha por el aborto es importante, pero también se debe añadir la reivindicación que las mujeres puedan tener las condiciones materiales necesarias para tener hijos/as, si así lo quieren. Muchas veces lo he dicho, uno de los errores del movimiento feminista de los Estados Unidos ha sido el de presentar el aborto como el control sobre nuestro cuerpo sin ver que, al mismo tiempo, muchísimas mujeres estaban siendo esterilizadas; en las cárceles, en los hospitales, estaban cortando todas las posibilidades de estar en la casa criando a sus hijos o de tener sus hijos/as. Al mismo tiempo que se niega el aborto, se niega la maternidad por la falta de recursos, por la esterilización, porque la obligan, prácticamente, a dar en adopción por situaciones de empobrecimiento y la maternidad subrogada. En Estados Unidos, como respuesta al movimiento por el aborto, en el fin de los años 70, hubo una protesta de mujeres afros, creando un nuevo movimiento por la justicia reproductiva, no podemos pensar en el control sin, al mismo tiempo, cambiar las condiciones materiales, que nos permiten si queremos tener hijos e hijas, para la mujer de color, para las mujeres esclavizadas siempre reproducir la vida ha sido hostigado, a la mujer esclava no le permitían ser madre.

Es muy importante la reproducción de la construcción del tejido social fuerte, solidario, donde las mujeres se abren con otras mujeres, se comunican y no se encierran en sí mismas, en sus problemas, en sus miedos, porque es fundamental la capacidad de construir redes de apoyo de defensa, de conocimientos; si algo te pasa, las otras se mueven y te mueven. Son necesarias formas de organización en función de la defensa, sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

*Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta.

Fuente: https://latinta.com.ar/2018/10/silvia-federici-el-feminismo-debe-dar-una-respuesta-contundente-a-esta-nueva-caza-de-brujas-que-es-parte-del-programa-de-las-agencias-internacionales/

¿Dualidad de poderes en Venezuela?

Por Raúl Prada Alcoreza

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela, considerándose presidente en sustitución constitucional, en pleno vacío de poder, una vez que se posesiona ilegítimamente Nicolás Maduro. A su vez, declara Maduro de instrumento de la conspiración imperialista a Guaidó. Por cierto, parece que asistimos a una versión reciente de lo que se definió como poder dual. Esta vez no desde la perspectiva bolchevique, de las tesis de abril de 1917, sino desde la interpretación de Juan Guaidó de la propia Constitución bolivariana. Varios gobiernos, sobre todo los vinculados al Grupo de Lima, además, claro está, del gobierno de Estados Unidos de Norte América, reconocen a Guaidó como “presidente legítimo” de Venezuela. Lo que parece evidente es que asistimos al conflicto de poderes, entre el instaurado en Miraflores y el establecido en la Asamblea Nacional.

A Juan Guaidó no le faltan argumentos para tipificar de ilegitimo al gobierno de Nicolás Maduro. Después de la imposición de una Asamblea Constituyente apócrifa, que vulnera la Constitución Bolivariana de Venezuela y desconoce el momento constitutivo de la Asamblea Constituyente de 1999. A Nicolás maduro le faltan argumentos para justificar su posesión en el gobierno, no debido a la apócrifa Asamblea Constituyente, que impone por la fuerza, sino debido a que su elección se da en condiciones de imposibilidad democrática. Sin embargo, Maduro cuenta todavía con la lealtad del ejército y parte de las organizaciones sociales chavistas. Guaidó cuenta con el respaldo multitudinario de la población, movilizada en contra de Maduro, fuera del apoyo de gobiernos, que no gozan precisamente de expresar el sentido democrático, tampoco hablan desde un locus ético moral. Para muestra basta un botón: el anacrónico gobierno ultraconservador y racista norteamericano no es precisamente el referente adecuado para criticar al gobierno dictatorial de Maduro; tampoco el gobierno neoliberal tardío de la Argentina, mucho menos el gobierno fascista criollo del Brasil.

Pero, vayamos a la nuez del problema. La crisis política, que es, en el fondo, crisis de legitimidad, no solamente corresponde al “gobierno progresista” de Nicolás Maduro, sino también a lo que representa la “oposición” venezolana. Ambas referencias políticas corresponden al círculo vicioso del poder; en consecuencias, ambos perfiles políticos, por más que se proclamen enemigos, son cómplices de la reproducción del poder, tal como se ha dado en las genealogías políticas de América Latina. Es demasiado ingenuo creer que se va a salir de la crisis múltiple del Estado nación, liberándose de Nicolás Maduro y su régimen neopopulista, abriendo las compuertas a cualquier figura de una “oposición” enclenque, que solo es fuerte porque el pueblo venezolano está cansado de la demagogia, de la impostura, de la corrupción galopante de los “revolucionarios” de pacotilla. La crisis atraviesa todo el espectro político, toda la gama de la casta política, de “izquierda” y de “derecha”. En la crisis múltiple política se encuentran todas las expresiones políticas e ideológicas, que disputan el poder. Salir de la crisis implica resolverla, resolver la problemática compleja de la crisis múltiple del Estado-nación. Las opciones que ofrece la “oposición” están muy lejos de ser algo aproximado de las soluciones del problema político y de legitimación. Menos aún, la continuidad del régimen neopopulista.

Se puede entender que cuando un pueblo se cansa de dar de sí por una promesa que no se cumple, busque cualquier salida a la crisis, aunque, en el fondo no lo sea. Más temprano que tarde se evidencian los límites estrechos de las opciones de “derecha”. Esto se patentiza en la reciente experiencia política de la Argentina y más recientemente en la experiencia política de Brasil. Empero, como se sabe, la premura no es nunca una buena medida para solucionar problemas álgidos. No se trata, de ninguna manera, de defender a gobiernos de la simulación y la impostura como fueron y son los llamados “gobiernos progresistas”, sino de comprender el desafío de la problemática compleja de la crisis política. En conclusión, anticipada, se puede decir que la salida a la crisis múltiple del Estado nación no se encuentra en el círculo vicioso del poder, en las distintas versiones de la reproducción del poder, sean de “izquierda” o de “derecha”, sino en la posibilidad de la madurez histórico-cultural-política del pueblo. Cuando el pueblo sea capaz de tener como autoridad a la razón, sobre todo a la razón crítica, es más, a la crítica de la razón; cuando el pueblo se capaz del uso critico de la razón y de ejercer su autonomía y autogobierno, entonces podremos decir que ha abandonado la condición de inmadurez y de dependencia. Que es plenamente soberano y que puede construir alternativas creativas, más allá del círculo vicioso del poder.

No sabemos, no podemos adelantarnos, no somos adivinos, lo que va a pasar en Venezuela; no podemos acertar, a ciencia cierta, sobre los desenlaces de la trama política. Sin embargo, podemos evaluar los límites dramáticos de cualquier salida que se encuentra orbitando en el círculo vicioso del poder. A modo de corolario, podemos decir que cualquiera sea la salida, en el marco estrecho definido por el círculo vicioso del poder, la crisis de la política y de legitimación continuará carcomiendo las columnas de un Estado nación, que no ha resuelto sus problemas congénitos de nacimiento. No hay república ni democracia, en pleno sentido de la palabra, cuando se instauran teatros políticos republicanos y democráticos sobre cementerios indígenas.

Para continuar con los términos referenciales del discurso político, inadecuados pero ilustrativos, las “derechas” se regocijan con la caída de los “gobiernos progresistas”, creen que por esto se confirman sus vernáculares prejuicios recalcitrantemente conservadores. No entienden, que, si ahora se ventilan sus esquematismos extremadamente elementales, patriarcales, racista y de supremacía blanca, es por casualidad, por una imprevista situación catastrófica a la que arrastraron los gobiernos neopopulistas. No están donde están por sus propios méritos, porque no los tienen, sino por los crasos y grotescos errores de estos gobiernos neopopulistas. Fueron la mejor propaganda, no solamente para la “derecha” en general, sino para estas expresiones anacrónicas y reaccionarias del conservadurismo recalcitrante. Los gobiernos neoliberales tardíos y el gobierno fascista criollo no tardan mucho en develar sus extremas debilidades, sus insoportables levedades, además de sus grotescos anacronismos. No subsistirán a los embates de la continuidad de la crisis.

Obviamente, el tema político no puede plantearse en el simplismo esquemático y argumentativo de los voceros de los “gobiernos progresistas”: O nosotros o ellos. Ni los unos ni los otros. El chantaje emocional neopopulista no es otra cosa que eso, chantaje de paternalistas políticos, que manipulan los sentimientos populares y su expectativa en la promesa milenarista. Se presentan como “amigos del pueblo”. Este discurso es excesivamente pretensioso y extremadamente demagógico, además de compulsivamente manipulador. Adquieren ventaja sobre sus adversarios, los neoliberales, quienes se presentan como técnicos neutrales ante la insoslayable objetividad económica, que convierten en núcleo de la realidad misma, pues resultan demasiado aburridos e incoloros, además de contar con poca gracia. Sin embargo, esta ventaja es meramente imaginaria y emocional. No tiene asidero en las dinámicas sociales y subjetivas de las masas. Del entusiasmo el pueblo pasa al desencanto; en un tiempo más puede pasar a la interpelación a quienes lo engañaron.

El “análisis político”, encumbrado por los medios de comunicación, no entiende que se maneja con referentes inadecuados, como los relativos al esquematismo dualista y simplón de “izquierda” y “derecha”. Los proclamados enemigos, en realidad, efectivamente, en la genealogía del poder, son cómplices; se necesitan. El amigo necesita del enemigo para legitimar su posición de poder y viceversa.

La crisis política y de legitimación de Venezuela tiene, por un lado, la crisis de la forma de gubernamentalidad clientelar; tiene, por otro lado, la crisis del retorno endémico a las formas insustanciales del criollismo colonial. Para decirlo, en sentido popular, la caída del régimen “chavista” es una construcción de la propia derrota de esta militancia delirante, enamorada de la convocatoria del mito, el caudillo. La asunción probable al gobierno de cualquier perfil de “derecha” será el desenlace de la trama de la dominación imposible de las oligarquías y de los estratos criollos en el continente indígena de Abya Yala. Ambas expresiones histórico-políticas conforman el cuadro de la genealogía de una colonialidad que se desplaza sin poder lograr la hegemonía. No puede, es imposible, pues la hegemonía implica contar con la connivencia de todos, en el asunto de la administración y realización del poder. La hegemonía solo puede realizarse si reconoces al Otro. La dominación criolla se basa en lo contrario, en el desconocimiento del Otro.

Ponderamos el grito de los compañeros que proponen una salida distinta a la propuesta por el imperio y el Grupo de Lima, empero, lo que define los desenlaces es la correlación de fuerzas. Los compañeros, aunque pueda que tengan razón – es discutible -, no tienen suficiente fuerza como para convocar, memos para incidir en los desenlaces políticos. Para decir algo, como poniendo en la mesa de discusión, consideramos que la crítica al régimen “chavista”, desde la “izquierda”, debería haber comenzado antes, mucho antes de los pronunciamientos, cuando ya era tarde. No se construyó, desde un principio, otra posibilidad distinta a la convocatoria del mito, del caudillo. Se esperó demasiado tiempo, para emprender la crítica, que no deja, hasta ahora, de ser tibia; por lo tanto, ineficaz ante la envergadura de la crisis política. El desenlace político no depende de la razón que puedan tener compañeros, indiscutiblemente revolucionarios, sino, otra vez, de la correlación de fuerzas.

Ante lo que ocurra, no tiene mucho sentido seguir insistiendo en la razón teórica. La lógica de las fuerzas es implacable. Es menester la autocrítica, antes de recomenzar una nueva era de crítica teórica, política y cultural, de activismo comprometido. No se puede eludir la corresponsabilidad de los compañeros probos, críticos y comprometidos, en el derrumbe de los procesos políticos, abiertos por la insurgencia popular, como el Caracazo. ¿Qué se ha hecho anticipadamente para evitar que ocurra lo que ya está ocurriendo? Muy poco. Hubo como una autocomplacencia de la superioridad del intelectual crítico; la razón crítica sobre las prácticas chabacanas de los funcionarios. La crítica, en sentido pleno, es decir, radical, no deja piedra sobre piedra; derrumba todos los muros, todas las edificaciones del poder. Además, hace activismo, se comunica con el pueblo, hace pedagogía política; no se satisface en la autocomplacencia de reuniones de intelectuales convencidos, que hacen gala de sus certezas teóricas.

Si se dice lo que se dice, no es para echar piedras a los compañeros, ni creerse el que dice una verdad superior a las verdades conocidas, sino porque se tiene consciencia de que nos equivocamos juntos. Esto no quiere decir que aquí termina todo y que nos vayamos a dormir, sino que la experiencia vivida puede servir en el aprendizaje de los activismos radicales contemporáneos de los nuevos combatientes. Hay que transmitir la experiencia honestamente, develando la arqueología de las contradicciones que nos constituyeron.

Una de la frases más bonitas y expresivas es la que dice: ¡La lucha continúa! Bueno pues, hay que continuar la lucha, cuan viejos estemos. Pero, no olvidar, la lucha es crítica consecuente y consecuencia de la crítica en las prácticas. Otros jóvenes combatientes retomaran la posta; mejor si lo hacen irreverentemente a los que los precedieron. Es menester trasmitir a estos jóvenes luchadores la experiencia, sin ocultar las contradicciones evidenciadas.

Para no generalizar al mundo, solamente atreviéndonos hablar del continente, contamos con colectivos de jóvenes vitales, que comprenden mejor que nosotros el drama y la tragedia de la crisis ecológica. Es menester comunicarse con estos colectivos y compartir experiencias y memorias, sobre todo con la honestidad, para decirlo de una manera ilustrativa, de las confesiones. Estos colectivos no deben cometer los errores que cometimos; por eso es indispensable contar la historia paradójica de las revoluciones.