¿Un capitalismo en auge… y después en crisis?

Por Michael Roberts

El pasado mes de marzo escribí que la economía mundial parecía estar en un mundo de fantasía, en el que los mercados de valores alcanzan nuevos máximos, pero la producción de bienes y servicios, la inversión y el comercio están estancados en las principales economías. Esta semana, las bolsas de Estados Unidos registraron una vez más nuevos máximos. El Financial Times lo describió así: “La economía de Estados Unidos parece estar disfrutando de un escenario de fábula. Sus gachas no están ni demasiado calientes ni demasiado frías”.

Esta recuperación del mercado financiero se basa en la decisión de muchos bancos centrales de mantener sus tasas de interés de referencia en niveles muy bajos. La Reserva Federal de Estados Unidos ha anunciado básicamente que no va a subir su tasa este año. El Banco Central Europeo ha hecho lo mismo y ha decidido otra fase de ‘flexibilización cuantitativa’ (compra de bonos del gobierno y otros activos de los bancos comerciales). Y hoy, el Banco de Japón se comprometió a no aumentar las tasas de interés antes de la primavera de 2020 y a continuar su masivo programa de estímulo monetario.

Las políticas de los bancos centrales, junto con la posibilidad de que se alcance un acuerdo comercial entre EEUU y China (aún no logrado), ha dado un nuevo aliento a las instituciones financieras para invertir en los mercados de valores. Pero el mayor impulsor del mercado de valores de Estados Unidos han sido las principales compañías, que utilizan esta financiación barata para comprar sus propias acciones y hacer subir su precio y aumentar el ‘valor de mercado’ de la empresa.  En 2018, las recompras alcanzaron los $ 1.18 billones, el doble de lo que se invirtió (después de cubrir costes del equipo desgastado) en capacidad productiva (fábricas, oficinas, equipos, software, etc.).

Así que los mercados financieros están en pleno auge, pero la economía ‘real’ no acaba de recuperarse. La recuperación de la Gran Recesión que terminó a mediados de 2009 se prolonga desde hace casi diez años este verano, siendo ya la recuperación más larga tras una crisis en 75 años. Pero es también la recuperación más débil desde 1945. Y la tendencia de crecimiento real del PIB y de la inversión empresarial se mantiene muy por debajo de la tasa anterior a 2007. Esa es la razón por la que he llamado a los últimos diez años la Larga Depresión, similar a la de los períodos de 1873-1897 o 1929-1942.

Más allá de la fantasía de los mercados financieros, el crecimiento mundial se ha desacelerado. Y peor aún, hay varias economías que parecen dirigirse hacia una franca recesión. Hoy, la locomotora asiática, Corea del Sur, sufrió su peor contracción trimestral desde la crisis financiera global (el crecimiento real del PIB de Corea ha caído a sólo el 1,8% – ver gráfico), en la medida en que esta economía impulsada por las exportaciones ha sentido el efecto de la debilidad del crecimiento en China, las tensiones en el comercio mundial y una desaceleración en el sector tecnológico.

Las exportaciones, que representan alrededor de la mitad del PIB del país, sufren una quinta caída mensual consecutiva, desde un 2,6 por ciento en el cuarto trimestre. Y la inversión empresarial se desplomó un 10,8 por ciento, el peor dato desde la crisis financiera asiática de 1998, y los grandes fabricantes, como Samsung Electronics y SK Hynix, no han querido aumentar su capacidad de producción en medio de una desaceleración económica mundial y una menor demanda de semiconductores.

Peor aún, varias de las llamadas grandes economías emergentes están experimentando contracciones graves. Después de que el presidente Erdogan sufriese importantes derrotas en las elecciones locales en Estambul y Ankara, el banco central de Turquía se ha visto obligado a apuntalar la disminución rápida de reservas en dólares en el país usando »swaps en dólares”, y contratando préstamos a corto plazo de alto riesgo. No ha tenido mas remedio, dada la huida de dólares del país cuando la economía se desplomó y Erdogan se negó a aceptar un préstamo del FMI para reforzar su sector financiero porque implicaría aplicar severas medidas de austeridad. Los activos exteriores netos, una forma de calibrar las defensas financieras del país, se desplomaron, perdiendo $ 9.4 mil millones entre el 6 y el 22 de marzo hasta situarse en unos $ 19.5 mil millones, el nivel más bajo en dólares desde 2007. Si se excluyen los swaps, los activos externos netos han estado por debajo de los $ 11.5 mil millones durante todo el mes de abril, cayendo desde los $ 28.7 mil millones desde el inicio de marzo.

Argentina se ha hundido en una profunda recesión en 2018 bajo el gobierno de derecha del presidente Macri. Cuando fue elegido en diciembre de 2015, prometió que sus políticas económicas ‘neoliberales’ atraerían la inversión extranjera directa e impulsarían aumentos sostenidos de la productividad. La crisis de la moneda que estalló en abril de 2018 subrayó el fracaso de ese enfoque.

A diferencia de Turquía, Macri pidió al FMI un crédito stand-by de  $ 57 mil millones  – el más grande de la historia del FMI – un caso claro de favoritismo del FMI para ayudar a un gobierno que el FMI y los Estados Unidos consideran amigo, a diferencia del anterior gobierno peronista. El dinero se utiliza para hacer pagos de la deuda a medida que surgen. A seis meses de las elecciones, las condiciones del FMI para el préstamo están teniendo efecto negativo en el gasto público y aumentando las cargas fiscales.

La inversión se estanca, la inflación se ha disparado y las altas tasas de interés impuestas por el banco central han atraído capital especulativo a corto plazo, o ‘dinero caliente’. Este tipo de capital saldrá con toda probabilidad en cuanto se produzca una nueva crisis. El próximo año, la cantidad de la deuda externa que debe amortizarse estará en su punto más alto y el FMI también debe ser reembolsado. El nuevo gobierno tendrá que elegir entre dos opciones desagradables: el pago forzoso de una deuda más alta, más austeridad y más recesión, o una dolorosa reestructuración de la deuda de resultado incierto.

Y no se puede olvidar Pakistán. Otra de las llamadas economías emergentes donde se ha acabado el capital para financiar el crecimiento económico y la inversión. Hasta ahora la nueva administración de Imran Khan, el ex capitán de cricket de Pakistán, que elegido gracias a su campaña contra la corrupción, se ha negado a aceptar un préstamo del FMI, por las mismas razones que Turquía. Su ministro de Finanzas, Omar Asad ha intentado conseguir nuevos préstamos de China y el Medio Oriente, para gran disgusto de los EEUU. Pero no ha sido suficiente para evitar un nuevo colapso potencial en su moneda. La inflación de Pakistán se encuentra en un máximo de cinco años de más del 9 por ciento, mientras que el valor de la rupia se ha desplomado un 33 por ciento desde 2017.

Umar fue obligado a dimitir la semana pasada. El nuevo ministro de Finanzas ha alcanzado un principio de acuerdo para pedir un préstamo del FMI – las compañías de Pakistán ganarán así algo de estabilidad, mientras que el pueblo de Pakistán pagará más impuestos y sufrirá recortes de servicios y proyectos de infraestructura, así como peores condiciones de trabajo. “Las soluciones no van a ser fáciles. Las opciones serán políticamente difíciles para cualquier gobierno“, dijo Abid Suleri, asesor económico de Khan.

Los mercados de valores pueden estar en auge en América del Norte, pero la prosperidad económica en muchas partes del mundo se está evaporando como el agua en un desierto. Y en algunas partes se acerca rápidamente una tormenta de arena.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2019/04/25/boom-and-then-bust/

Traducción:G. Buster / SinPermiso.info

El país al que tanto amó

Entrevista a Yanis Varoufakis

Estaba esperando a Yanis Varoufakis sentada en un viejo café de Hamburgo mientras fuera todo se volvía gris. Una ligera neblina cubría los tejados, los árboles, los coches y a algún transeúnte ocasional. Era el día perfecto para una nevada, aunque el pronóstico meteorológico no le había dado esperanza alguna. Dentro, las luces estaban encendidas, la cafetería llena y conversaciones ruidosas. Los camareros maniobraban hábilmente a través de la sala, recogiendo platos de comida a medias, bajo la estricta vigilancia del jefe de sala, que, aunque supuestamente ocupado, conseguía aparentar un aburrimiento extremo. Finalmente me llamó Judith Mayer. “Estamos en la puerta principal”, dijo. Judith, políglota con fluidez en trece idiomas, se unió a DiEM25 en 2016, en sus propias palabras, porque su “sueño de Europa había sido destruido”. Nos dimos la mano y sonrió cálidamente.

Yanis desprendía ese garbo que le hace dar la impresión de que se sentiría tan cómodo en una convención política como en un auditorio universitario, aún siendo un extraño en ambos lugares. Durante el curso de nuestra conversación, estuve de acuerdo con Yanis en unas cosas y no en otras, pero lo cierto es que compartí su opinión de que los verdaderos héroes son aquellos de los que nunca se sabrá nada. Personal de limpieza, conductores de tren, enfermeros y muchos que, como Atlas, cargan el peso de lo mundano para que otros se eleven por encima de ello, ocupándose de teorizaciones y de liderar el cambio.

No hay nada menos igualitario que esto: un mundo dividido, categorizado y demasiado convencional. Yanis cree que tener a un trabajador en el comité asesor de DiEM25 sería florerismo. Para mí, eso sería participación y un claro símbolo de que el movimiento no apunta a alguna clase de configuración platónica con trabajadores de un lado y guardianes del otro. Aunque el apoyo de Pamela Anderson pueda ser muy interesante y simbólico, la opinión de los trabajadores manuales también debería ser igual de interesante y simbólica para nosotros. Me arrepiento de no haber preguntado a Yanis cuántos obreros hay en la lista electoral de DiEM25; si no hay muchos, debería haberlos. No tengo duda de que un hombre pueda luchar por cuestiones de género tan bien como una mujer, y entiendo que no necesitas ser de clase trabajadora para representar intereses de clase trabajadora. Sin embargo, lamentablemente, la historia de la democracia puede ser reducida a una serie de nombres particulares, nombres que suelen haber tenido solamente una relación abstracta con la causa y la clase que representaban. Como solo se necesita a la trabajadora en la base por su voto, tal configuración será opresiva y aislada hasta que no tengamos posiciones sociales que se intersecten, cuando el intelectual equilibre su servicio a la sociedad con el trabajo manual y el trabajador manual esté involucrado en actividades intelectuales.

La condición de celebridad de la que goza Yanis en Alemania, adquirida durante sus días como Ministro de Finanzas de Grecia, puede servir para posicionar el discurso centro-periferia en una favorable configuración transnacional, ya que Yanis liderará la lista de candidatos al Parlamento Europeo por la filial alemana de DiEM25, “Demokratie in Europe”. Esto no tiene precedentes pero es oportuno: la Europa que se enorgullece del tránsito libre de trabajadores debería recibir con buenos ojos el tránsito libre de políticos. El amor de Yanis por Grecia no le impedirá amar Alemania, Europa o el mundo entero.

Hoy existe decadencia en Europa, al igual que en los cuadros de Kenne Gregoire; pero como en estos últimos, también hay belleza. Belleza encontrada en el sueño de solidaridad y prosperidad en Europa. Dicho sueño es también el de DiEM 25; en la conversación que sigue hablamos de los objetivos del movimiento y del futuro de Europa.

Ayer fue el cumpleaños de Gramsci y quisiera empezar nuestra conversación volviendo al concepto gramsciano de ideología. Él tuvo una interpretación reduccionista de la ideología y discutió que estas tienen un carácter de clase, de modo que hay una ideología de la clase capitalista y una ideología de la clase obrera, antagonistas la una de la otra. En una entrevista para el Instituto Transnacional dijiste que cualquiera podría unirse a DiEM25, independientemente de a qué partido esté afiliado o ideología, porque la democracia puede ser un tema unificador. ¿Aspira DiEM25 a superar las diferencias y el conflicto de clase?

No (se ríe). Pero en realidad es muy simple. El conflicto de clase solo será trascendido cuando el capitalismo sea reemplazado por una organización de la producción de tipo socialista. Sin embargo, durante una gran depresión, durante una crisis masiva del capitalismo financiarizado, el conflicto de clase toma una forma completamente distinta. Déjame darte el ejemplo extremo de Grecia. Tienes a un empleador en quiebra y a punto de cerrar, y a trabajadores que no están siendo pagados pero que miran con compasión a su empleador, esperando al mismo tiempo que no acabe en bancarrota, porque entonces perderán sus trabajos y cualquier posibilidad de ser pagados. De repente el conflicto de clase entre dichos empleadores y sus empleados se vuelve bien diferente. Durante estos periodos surgen monstruos políticos que cambian el juego completamente, ideologías como el fascismo, el nazismo y el racismo adquieren una ventaja separada de lo que Gramsci denominó ideología de la clase obrera o ideología de la burguesía. Lo que dice DiEM25 es que, después de 2008, Europa está experimentando una crisis única, no una crisis capitalista estándar sino uno de esos momentos cruciales en los que tienes un desplome. Cuando tienes un sistema y una burguesía que ha perdido el control del capitalismo, en esos momentos, hay dos caminos que nosotros en la izquierda podemos tomar. Uno es dejar que el capitalismo colapse, esperando que algo bueno salga de ahí. Esta no es nuestra opinión: el tiempo ha probado que eso es catastrófico, que lo más probable es que se alcen los nazis. El segundo es crear una alianza, un movimiento donde marxistas, liberales antisistema, ecologistas, feministas, etc., se unan para estabilizar la política, de modo que entonces se pueda reconstruir el conflicto de clase; esta es nuestra opinión.

En Comportarse como adultos escribes sobre Yiorgos Chatzis y Dimitris Christiulas, cuyos suicidios fueron desencadenados por la depresión económica Griega. También escribes sobre Lambros, un traductor afincado en Atenas. Sin nombrarlos, también escribes sobre todos aquellos cuyas vidas han sido profundamente afectadas por la austeridad. ¿Hay lugar en el comité asesor de DiEM25 para personas sin un estatus social significativo? Me temo que su representación actual pueda dar un falso mensaje de elitismo.

Los comités asesores son por definición elitistas. Son asesores. Los asesores no hacen al movimiento. Son los miembros quienes hacen al movimiento; es la gente de base quien hace funcionar nuestra organización. La gente como Judith, gente como Lambros, gente como yo, gente como tú si quisieras unirte. Ninguno de nosotros seríamos asesores; los asesores están ahí por dos razones. Primero, porque cuando iniciamos un movimiento, necesitamos señalar al mundo qué tipo de estética, ideología, qué tipo de pensamiento representa nuestro nuevo movimiento. Por eso no son gente desconocida, porque si lo fueran no podrían ejercer el rol de un símbolo. Puede que pienses que no deberíamos tener símbolos, pero nosotros no estamos de acuerdo con eso; creemos que teniendo ahí a Noam Chomsky, teniendo a George Bizos, el abogado de Nelson Mandela, estamos señalando algo, algo que es importante y que da una información importante sobre nosotros a la ciudadanía de todo el mundo. Lo que necesitamos son colectivos, consejos nacionales, necesitamos a gente que lo convierta en un movimiento. El comité asesor no conforma el movimiento, simplemente ayuda a señalar su naturaleza.

¿Pero no hay una desconexión entre esta élite que lidera al movimiento y quienes son realmente el movimiento?

El comité asesor no está liderando al movimiento.

Griselda: ¿pero no le están asesorando?

Yanis: Su asesoramiento es simbólico. Asesoran tanto como tú.

Griselda: ¿Entonces usáis sus nombres?

Yanis: Usamos sus nombres, están felices de ser asociados con DiEM25, de declarar su apoyo a DiEM25, y los usamos para decirte: ¿a que no sabes qué? Que tenemos a alguien como Saskia Sassen, James Sanders en Estados Unidos, puede que tú debas unirte al comité asesor. Está bien, no importa realmente. Cuando visitas la web de un movimiento que acaba de empezar, lees el manifiesto, que es lo más importante, pero también quieres ver qué clase de gente es apoyada por el movimiento y apoya el movimiento. Y creo que eso está bien. Está perfectamente bien. Cuando se inició la Segunda Internacional y Engels formaba parte de ella, aquello representaba algo. Aquí tienes a un pensador social que al mismo tiempo es un empresario industrial y que apoya a Marx. Dice algo.

Griselda: Aún soy de la opinión de que alguien de la clase obrera también debería representar alguna cosa…

Yanis: Eso sería florerismo [tokenism] de lleno. Si el DiEM25 no está formado por personas de clase obrera, por mujeres feministas, por inmigrantes, entonces hemos fallado como movimiento, pero anhelamos decir “aquí hay una persona florero de clase obrera, con una foto y un retrato”, no hay nada que nos apague tanto como eso.

Judith: ¿Sabes que Bobby Gillespie es parte de nuestro comité asesor? Él es de clase obrera.

Griselda: Supongo que Bobby no es de clase obrera, su padre lo es.

Yanis: Él está ahí porque es cantante, no porque sea de clase obrera.

Judith: No es florerismo, no es como si estuviéramos explotando a gente con un pasado de clase obrera.

Yanis: Una vez más, el comité asesor está ahí para representar ideas. Para establecer una conexión entre gente que puede que conozcas e ideas que conoces con nosotros. Porque queremos mostrar que hay pluralismo y una gran variedad de ideas que conoces, y que nos puedes juzgar basándote en la selección que hemos hecho. Algunos son muy críticos con Julian Assange, que es parte del comité asesor. Pero queremos afirmar que sí, tenemos a Julian Assange, y esto te aporta información que puede ir en nuestro favor o en nuestra contra, pero te da información.

Cuando pidieron durante una entrevista a Srecko Horvat que te describiera, eligió dos palabras griegas, molon labe: “ven y cógelas”. Palabras que, según Plutarco, Leónidas habría dirigido a Jerjes cuando este último demandó que entregara las armas. Los espartanos perdieron la batalla, pero causaron un gran daño a los persas. Hablando de daño, ¿qué posibilidad hay de que DiEM25 cause algún daño a las instituciones de la UE tal y como las conocemos? Lo que quiero decir es que estas instituciones estuvieron preparadas para hacer morir de hambre a un país en nombre de las balanzas de pago de los bancos.

No creo que la idea sea causar daño; la idea es crear las condiciones para progresar y restaurar la esperanza. Darle a la gente la sensación de que pueden controlar sus vidas, de que el demos no será constantemente excluído de la democracia. Eso es lo que queremos hacer.

Déjame expresarlo con más claridad: si el DiEM25 llegara al poder, ¿cambiarán las instituciones?

Las transformaremos, las salvaremos de sí mismas. El Banco Central Europeo necesita ser salvado (risas), porque ahora está haciendo un daño excesivo a Europa, y tampoco creo que sea bueno para la gente trabajando ahí. Hablo con gente que trabaja en el Banco Central Europeo. No están felices con lo que el Banco Central Europeo está haciendo. ¡Liberémosles a ellos también!

DiEM25 propone –por favor, corrígeme si me equivoco– la parlamentarización y la constitucionalización como la única alternativa viable hacia la democratización. Un Parlamento Europeo soberano significaría que se haría cargo de todas las grandes políticas públicas, económicas y financieras incluidas. Si hubiéramos tenido ese parlamento durante la recesión de 2008, ¿habría impuesto las mismas medidas de austeridad? No podemos negar que hay asimetrías demográficas en Europa y los representantes de los países más pequeños serían minoría. ¿Cuál es la probabilidad de que diputados con un mandato transnacional no representen sus intereses nacionales?

Cierto, buena pregunta. Creemos en la democracia parlamentaria. Es un sistema terrible pero es lo mejor que hay. Punto número uno. Punto número dos, tenemos una moneda común en la mayoría de Europa, el euro. Debido al modo en el que está estructurado, si no se cambia drásticamente, colapsará con un gran coste para la mayoría de europeos. Para prevenir esto necesitamos una federación democrática. Necesitamos asegurar que las decisiones que ahora se toman a puerta cerrada sean tomadas públicamente por personas que nos representen a un nivel europeo. Necesitamos un gobierno federal. O eso o nos deshacemos de la Unión Europea. No hay una tercera vía a largo plazo. Si sabemos que la persona a la que elegimos a nivel paneuropeo como nuestro ministro de finanzas decidirá los tipos impositivos en toda Europa, o al menos un tipo impositivo federal, esto implicaría un sistema electoral que construya transnacionalidad. Para forjar la transnacionalidad podemos estar de acuerdo en que, para ser elegido, necesites formar parte de un partido transnacional que se presente al menos en diez países. Tu pregunta sobre el nacionalismo es importante. En tanto que marxista, no creo que exista algo como un interés nacional. Karl Marx escribió hermosamente contra la ilusión de un interés nacional. Hay un interés de los trabajadores, de las mujeres, de los hombres oligárquicos y patriarcales. El nacionalismo es una ficción según la cual el poder se perpetúa. No necesitamos superar el interés nacionalista porque tal cosa no existe. Necesitamos crear una fuerza progresista, para todos los trabajadores en Europa, para todas las mujeres en Europa, por el medio ambiente, y todo lo que necesitamos para movernos en esa dirección es un movimiento transnacional.

En el prólogo que escribió para Un día en la vida de Iván Denísovich de Solzhenitsyn, Yevtushenko cita la observación de Brecht de que un país que necesita héroes es un país desafortunado. Pero incluso más desafortunado es el país que necesita héroes y carece de ellos. Parece que la época heroica griega no acabó con la Guerra de Troya, sino que se alarga hasta tiempos modernos. Puedo pensar en Miko Theodorakis, Manolis Glezos, Panagoulis. ¿Por qué Grecia es un país tan desafortunado, siempre sediento de héroes?

Es una buena pregunta, ¿no? Creo que tiene mucho que ver con la geografía. Grecia está bendecida y condenada a estar en el cruce de caminos entre Asia y Europa, entre Rusia y Oriente Medio. Mucha historia ha ocurrido aquí. Hemos estado en el ojo del huracán durante muchos, muchos años. Estoy seguro de que esta no es una explicación completa… si piensas que la Guerra Fría no comenzó en Berlín sino en las calles de Atenas en diciembre de 1944, mucho antes de la división de Berlín, y que la crisis de la Eurozona también comenzó en Grecia, sí, parece que tenemos la capacidad de ser la primera pieza de dominó en caer. Pero solo por hablar de héroes: los héroes más importantes son aquellos de los que no nunca has escuchado nada. Es gente que hace grandes sacrificios contra todo pronóstico, que nunca será conocida, que mantendrá su posición, que no cederá, que cargan sobre sus hombros a alguien, a alguien que se vuelva conocido como las personas que mencionas.

Kazantazakis es uno de mis escritores preferidos. En su Informe al Greco, escribe sobre Grecia y su gente con amor. Tú también lo haces. Cuando abogas por un movimiento paneuropeo, ¿hay lugar para el amor por la nación propia? 

Hay lugar de sobra para el amor a tus amigos, a tus hijos, a tu perro, a tu pueblo, a tu ciudad, a tu región, a tu país, a gente que hable la misma lengua que tú, a Europa como un todo, al mundo. No veo por qué se deberían enfrentar unos a otros. ¿Por qué tendríamos que elegir? Para amar Europa no tengo que dejar de amar a Grecia. Es ridículo.

Puede que hayas leído “Esperando a los bárbaros” de Kavafis.

Sí, claro que lo he leído.

El tema es sencillo: todos los imperios necesitan enemigos para justificar su existencia, y si el enemigo –el otro– no existe, debe ser creado. ¿Fue Grecia el motivo que la UE necesitaba para justificar sus fallos sistemáticos?

No creo. No creo en una teoría de la conspiración contra Grecia. Grecia no estaba en el rádar de la Sra. Merkel, el Sr. Macron, el Sr. Hollande, o la Sra. Lagard. No tenían ni idea del daño que habían causado a Europa mediante la creación de la Eurozona tal y como ha sido diseñada. Entonces ocurrió una crisis, sus bancos quebraron y resultó que para salvar a sus bancos era importante prestar una ingente cantidad de dinero al Estado griego. El resto es historia…

¿Quieres decir que estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo en Europa?

Estaban despistados. No tenían ni idea de qué estaban haciendo. No vieron venir la crisis, no la habían anticipado. Igual que los estadounidenses no anticiparon que Wall Street se desplomaría. ¿Quién anticipó el derrumbe de Lehman Brothers y General Motors? ¿Que todos los bancos quebrarían? No tenían ni idea.

No soy economista, pero entiendo que hay ciclos históricos en la economía y en las finanzas, que siempre hay crisis…

Pero el tipo de crisis en las que todo el mundo muere al mismo tiempo, en las que todas las compañías se hunden, lo que ocurrió en 2008; eso nadie en el establishment lo esperaba. Algunos de nosotros decíamos que iba a ocurrir, pero éramos tratados como los tontos del pueblo, éramos considerados idiotas excéntricos. La gente con autoridad nunca creyó que ocurriría. Cuando ocurrió, solo intentaron apagar fuegos, uno tras otro, de forma que no atacaban la raíz del problema. Cuando Grecia colapsó primero dijeron: “está bien, esto es un problema porque el Deutsche Bank ya está en quiebra y el Estado Griego debe dinero al Deutsche Bank, así que tenemos que dar dinero a los griegos para que se lo puedan dar al Deutsche Bank”. Decidieron eso y entonces, justo después, se dieron cuenta de que el Bundestag, los democristianos y los socialdemócratas no están felices dando dinero al Estado griego porque nunca se les dijo que ese era dinero para el Deutsche Bank. Así que les mintieron. Les dijeron que el dinero era para los griegos. Como resultado, fue fácil para los políticos y los medios de comunicación en Alemania señalar y acusar a los griegos, haciendo a los alemanes odiar a los griegos. En consecuencia, muchos griegos empezaron a odiar a los alemanes y todo se descontroló por culpa de un sistema, la Eurozona, que nunca fue diseñado para aguantar movimientos sísmicos como el que vino de Wall Street en 2008. Una vez que los políticos en Alemania, en Francia, en Grecia mintieron a sus parlamentos, se mintieron entre ellos, terminamos con una situación que Shakespeare captó muy bien en Macbeth: la perpetración de un crimen para cubrir un crimen anterior. No hubo ninguna conspiración contra Grecia. Mintieron sobre la quiebra de Grecia otorgando al Estado griego gigantescas sumas de dinero mientras apaleaban a su población. Entonces apalearon a los italianos para mandar un mensaje a los franceses. Etcétera… Este no es el modo de dirigir Europa.

¿Hay Estados hegemónicos en la Europa de hoy en día?

Las políticas eran escritas sobre el terreno en Berlín, no hay duda de eso. En ausencia de un Estado federal en Europa, cuando tienes una reacción en cadena de insolvencias y quiebras, la canciller alemana, simplemente por ser la canciller de la única nación acreedora de verdad, escribe las reglas. Pero esto no es una posición hegemónica del Estado alemán. El Estado no es solo la canciller. El Bundestag no tiene una posición hegemónica en Europa pero está completamente desinformado y no se entera de lo que pasa; se le miente constantemente. Tampoco es una coincidencia que el Bundesbank esté constantemente chillando por lo que ocurre en Europa, por ejemplo, lo que hace el BCE.

¿Quién dirige Europa?

Esta es la paradoja: tenemos una Europa dirigida por la canciller alemana, mientras que el Estado alemán no forma parte del gobierno de Europa. Angela Merkel dirigió Europa durante diez años. Ella tomó todas las decisiones importantes, claro está, no por sí misma, sino ayudada por consejeros entre bastidores. Pero nunca hubo un Consejo Europeo en el que ella no entrara a imponer sus opiniones. Y sus opiniones, por desgracia, eran siempre aquellas que consistían en no tomar una decisión valiente hoy si se puede tomar mañana. Posponiendo sus decisiones hasta que su capital político desapareció, y ahora nadie dirige el cotarro.

Básicamente, dices que no hay Estados hegemónicos en Europa, pero que hay políticos que…

Y que eso nos lleva a una muy interesante situación, en la que careces de hegemonía pero tienes autoritarismo. No son la misma cosa. Hoy tenemos autoritarismo sin hegemonía.

Personalmente creo que DiEM25 es una gran alternativa, pero leo el manifiesto y lo encuentro ligeramente incoherente. Por un lado, reivindica un parlamento más fuerte y una constitución escrita en un plazo de dos años, y por el otro aboga por la descentralización y gobiernos locales más fuertes.

¿Ves? Esa es la gran falacia en Europa. Especialmente la gente joven no debería caer en esa trampa. Les han dicho que es un intercambio: si queremos más Europa tiene que haber menos Alemania; si queremos más toma decisiones a nivel federal entonces tenemos que reducir la soberanía del Estado-nación. Lo que tenemos ahora es una situación en la que no tenemos democracia federal o soberanía a nivel de la Unión Europea. Y tampoco tenemos soberanía nacional. Mira al Estado griego, soberano solo formalmente; el Estado italiano: justo lo mismo. En realidad ninguna decisión puede tomarse en Roma o Atenas, excepto sobre recolección de basuras. La política fiscal, la política tributaria, la política monetaria, los tipos de interés son antidemocráticamente determinados por el centro. La soberanía en Roma es ficticia. Pero imagina lo que podría ocurrir si europeizamos las soluciones a los grandes problemas, por ejemplo, programas de inversión ecológica a gran escala –500 mil millones de euros para ser invertidos por toda Europa en la transición ecológica cada año–. Imagina que centralizamos la gestión de la deuda pública. Imagina que tuviéramos un sistema bancario, no diecinueve, y que que veláramos por este sistema bancario y organizáramos los bancos centralmente –en lugar de dejarlo en manos del primer ministro italiano, el primer ministro griego o el canciller alemán. ¡Nuestros gobiernos tendrían, de pronto, más libertad, más soberanía! Por eso no estoy de acuerdo con tu idea de que el programa de DiEM25 es contradictorio. Tu opinión se basa en asumir que más soberanía a nivel europeo tiene que significar menos soberanía en nuestras capitales nacionales. Nuestra opinión es que, para dar más soberanía a nuestros Estados-nación, ¡necesitamos más soberanía democrática en Bruselas!

Una constitución justificaría una soberanía federal; ¿estamos en un momento constitucional en Europa?

Aún no. 2005[1] no fue un proceso constitucional; fue una cosa de arriba abajo. Las constituciones deben surgir de la base, mediante asambleas ciudadanas por toda Europa que culminen en una gran asamblea constitucional paneuropea de ciudadanos. Esto es lo que proponemos en nuestro Manifiesto. Pero para llegar hasta ahí necesitamos primero cambiar los ánimos en Europa. La gente se está preocupando, no por lo que ocurrirá en los próximos diez años, sino sobre cómo llegar a fin de mes. Están preocupados por las tasas de interés negativas que devoran sus fondos de pensiones, no pueden ver a Europa como una fuente de soluciones, solo la ven como una fuente de problemas. Si les dices “sentémonos y escribamos una constitución”, dirán “lárgate”. Por eso tenemos objetivos a largo, medio y corto plazo; a corto plazo necesitamos estabilizar la situación. Necesitamos desplegar instituciones existentes sin reescribir tratados, reestructurar la deuda pública y privada, combatir la pobreza para que los europeos puedan empezar a ver a Europa como una fuente de soluciones, y entonces, esperamos, habría un momento constitucional.

La entrevista la realizó Griselda Qosja, estudiante de doctorado en la Europa-Universität Flensburg que investiga sobre constitucionalismo europeo. Actualmente trabaja en la Facultad de Derecho de la Universidad de Hamburgo.



[1] Nota de la entrevistadora: “2005” se refiere a la serie de referendos que se llevaron a cabo para ratificar el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, firmado en 2004 por los Estados miembros.

 

es profesor de economía de la Universidad de Atenas, ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de ‘El Minotauro Global’.

Fuente:

http://www.criticatac.ro/lefteast/conversation-with-yanis-varoufakis/

Traducción:David Guerrero

La que traía los sándwiches. 5 hechos artísticos para no olvidar políticamente a Hannah Höch

Por Andrea Pérez Fernández

Finales de abril [1] de 1919. Primera exposición en Berlín de la vanguardia anti-burguesa —y anti- unas cuantas cosas más— por excelencia: el dadaísmo. Se trata de su articulación local más politizada: días antes, Raoul Hausmann, peso pesado [2] del movimiento, publica un “Panfleto contra la concepción de la vida de Weimar”, en el que define el comunismo como “una religión de justicia económica”. Asqueados por la carnicería de la Gran Guerra y atravesados por el hedor de los cadáveres de Karl (Liebknecht) y Rosa (Luxemburgo) [3], los artistas del círculo Dadá-Berlín se sumaron al programa político de la izquierda revolucionaria alemana bajo la mirada atenta de sus futuros censores. Primera exigencia de su manifiesto (1918): “la unión revolucionaria internacional de todos los creadores e intelectuales del mundo entero teniendo como base el comunismo radical”.

Para sorpresa del lector, las prolíficas mentes —sin ironías— de estos intelectuales estaban irremediablemente unidas a un cuerpo que precisaba ser alimentado. De ahí la “indispensable” presencia de Hannah Höch, única artista mujer del grupo berlinés cuya “vocecilla hubiera resultado inaudible entre el estruendo de sus camaradas masculinos”. Ella era, según cuenta Hans Richter en su Historia del dadaísmo (1965), la encargada de proveer las reuniones en el taller de Hausmann de sándwiches acompañados de café y cerveza. El autor la define como “una buena chica” [tüchtiges Mädchen]. Destacamos este dato no por asumir acríticamente su testimonio, sino para reproducir la reacción de ella: “Tu referencia a mi persona como una ‘buena chica’ me obliga a dudar acerca de la continuidad de tu amistad hacia mí”. Höch firmó esta carta como “la así llamada ‘buena chica’, H.H.”.

No se trata de un hecho anecdótico, la participación de esta artista de Gotha en el movimiento también tuvo un eco ridículo en las autobiografías de sus compañeros Richard Huelsenbeck, George Grosz y en la del propio Raoul Hausmann —a pesar de que con este último mantuvo una relación sentimental de 7 años—. Parece ser, además, que Grosz y John Heartfield se opusieron a su participación en la Feria Internacional Dadá de 1920 y cedieron solo cuando Hausmann amenazó con boicotear el evento. Con todo, su longeva trayectoria artística ha sido comúnmente reducida a estos años. Para muestra, su obituario en el periódico de Hamburgo Die Zeit (1978): “A la muerte de Hannah Höch, la musa de media-melena [Bubikopfmuse] en el Club de Hombres”.

En el centenario de las primeras impertinencias del dadaísmo berlinés, listamos cinco pinceladas de la biografía de Höch que, contextualizadas, adquieren hoy gran interés político. Con sus limitaciones, este enfoque inesperadamente prosaico no es fruto de pereza literaria alguna, sino del convencimiento de que es urgente pensarla no solo desde sus genitales, sino como un miembro de pleno derecho de la resistencia —y no exclusivamente cultural— a las afrentas antidemocráticas del siglo XX.

I

1919. La artista realiza el collage Dada Panorama (Panorama Dadá), cuya base es el reverso de un retrato del último káiser del Imperio Alemán, Guillermo II, quien había abdicado en noviembre de 1918. En el collage aparecen, entre otros, el presidente Friedrich Ebert y el Ministro de Defensa Gustav Noske en bañador. Al añadir botas militares a Ebert e incluir una famosa fotografía de un soldado durante la represión gubernamental de las sublevaciones obreras de 1919 (el Levantamiento Espartaquista), Höch vincula a los representantes de la nueva república con el militarismo que los precedía, referenciado por medio de unos soldados en fila (algunos descabezados) en la parte inferior del cuadro. Aparecen varias mujeres en el cuadro; entre ellas, Anna von Giercke, una de las 36 elegidas para la Asamblea Nacional en 1919 —cuando las mujeres pudieron votar por primera vez—. En la esquina del cuadro, recortes de periódico forman la frase: “Eterna libertad para H. H.”. De este modo, la autora conecta el sufragio femenino con una mayor participación de las mujeres en política y, a la postre, con un aumento de su libertad.

II

1921. Una treintañera Hannah Höch firma, junto a otros artistas, una Carta Abierta al Grupo de Noviembre. Dicha asociación de artistas —de la que formaron parte personalidades como Alban Berg, Bertolt Brecht, Walter Gropius o Vassily Kandinsky— tenía como obligación principal “la construcción ética de la joven Alemania libre”, y lo hacía, en un borrador del manifiesto de 1918, haciendo suyo el lema “¡Libertad, igualdad, fraternidad!”. Dos años después, Höch y sus compañeros preguntaban a sus dirigentes ¿qué hacían por “la realización de sus ideas, expresadas con tanto ímpetu sonoro en sus circulares y manifiestos?”. Para esta disidencia interna, la revolución era algo más que un “credo verbal”. Lejos de renegar de los objetivos del Novembergruppe, se los tomaban en serio: “nos sentimos solidarios con los esfuerzos […] del proletariado que quiere crear una comunidad humana sin falsos-abejorros y en la cual no se trabajará, como hoy día, por oposición a la sociedad, para acabar en parásito viviente de sus gracias”.

III

1930. Höch produce Mutter (Madre), cuya técnica es el fotomontaje y la acuarela. En este cuadro, la artista coloca una máscara de las tribus Kwakiutl encima del rostro de una mujer proletaria embarazada. La imagen original era una fotografía que John Heartfield publicó en la revista ilustrada —abiertamente antifascista y procomunista— AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung). En ella, Heartfield denunciaba el uso instrumental de las mujeres como fuerza reproductora con el siguiente subtítulo: “proveedor forzado de municiones humanas, ¡tome valor! ¡El Estado necesita parados y soldados!”. En la serie de cuadros Desde un museo etnográfico, a la cual pertenece Mutter, Höch denuncia el simplismo con en el que se emplea el mal llamado “arte primitivo” por parte de los artistas europeos, así como la hipersexualización del cuerpo femenino colonizado que, considera, tiene puntos de intersección con la construcción mediática de la feminidad (blanca) en la Alemania de Weimar.

IV

1937. El nacionalsocialismo acusa a Hannah Höch de “bolchevique cultural” y le prohíbe exponer. La causa: el cuadro Die Journalisten (1925), en el que aparecen periodistas retratados como criaturas híbridas cuyos órganos sensoriales se encuentran asimétricamente desarrollados —uno de ellos con un indudable parecido a un insecto—. Un año después, George Grosz recuperaría el mismo eje temático en su cuadro Los pilares de la sociedad. No está de más mencionar el rol que jugó la prensa conservadora en la des-democratización de la República de Weimar, controlada en gran parte por el conglomerado mediático de Alfred Hugenberg, futuro Ministro de Economía y Agricultura de Hitler. Sin duda, Höch es una de las primeras artistas europeas que se preocupa por cómo la comunicación de masas contribuye a la construcción de la identidad de los individuos. Las imágenes extraídas de la prensa periódica son una constante en su obra.

V

1946. Höch publica en Ulenspiegel. Esta revista satírica, que mantuvo una posición marcadamente antinazi, se enfrentó a la hostilidad de La Oficina de Gobierno Militar de los Estados Unidos en Alemania (OMGUS) tras la Segunda Guerra Mundial por criticar las políticas estadounidenses —presuntamente destinadas a la “des-nazificación” y a la reconstrucción democrática— en Alemania. Entre otras anécdotas, la OMGUS redujo la asignación de papel de la revista a la mitad como “paso preliminar” para reorientar su línea editorial o reemplazarla por un medio “más efectivo” [4].

Las cigarras y la hormiga

1973. La artista, ya octogenaria, empieza a organizar toda la documentación acumulada sobre el dadaísmo, así como sus libros y catálogos. Las digresiones de un movimiento impertinente —y en gran medida efímero— quedarían, paradójicamente, disciplinadamente organizadas. Quizá por eso Richter describió a Höch como una “irremplazable hormiga entre nosotros, cigarras”. En efecto, nunca se sintió particularmente cómoda en los gestos que se agotaban en la provocación, y abogaba por una visión de la libertad tanto menos individualista y abstracta que la que proponían sus colegas en los años veinte. Además, mantuvo estrecha amistad —y colaboró profesionalmente— con personalidades pertenecientes a otros círculos, en ocasiones enfrentados con Dadá Berlín. En una entrevista en 1959, se refirió a Kurt Schwitters (declarado anti-dadá por el grupo de Berlín) y a Jean (Hans) Arp (fundador de Dadá en Zúrich) como “raros ejemplos del tipo de artista que puede tratar a una mujer como a una colega”.

Con todo, es innegable que gran parte de la producción de Höch está en absoluto diálogo con los collages de Hausmann o Heartfield, entre otros, y existe vasta documentación que demuestra que estuvo en contacto permanente con el núcleo duro del movimiento —prueba de ello es su larga amistad con Salomo Friedlaender (Mynona), uno de los mayores referentes filosóficos del círculo—. ¿Cuál es, entonces, la causa de silencio de sus compañeros? El curador Peter Boswell —quien ha realizado una encomiable tarea investigadora en torno a su producción— cree que una de las causas de la marginalidad en la que se encontraba Höch en Dadá Berlín fue su persistencia en mirar el mundo desde una “perspectiva femenina”. Varios problemas. Primero, ¿qué entendemos por una perspectiva “femenina”?

Si (a) la “perspectiva femenina” es aquella con la que miran el mundo las personas cuyo género es el femenino, entonces los marcos de referencia con los que el ser humano interpreta la realidad se configuran únicamente en base a una especie de correspondencia (sea dada a priori o performada en un devenir) con “lo femenino” o “lo masculino”. En ese caso, deberíamos interpretar la obra de sus colegas masculinos de Dadá como fruto de una perspectiva “masculina” que ya no trata de interpelar a las masas proletarias sino, a lo sumo, al proletariado masculino. La diferencia sexual imposibilita la abstracción y las perspectivas masculina y femenina son aquí mutuamente excluyentes. Asimismo, parece difícil pensar, desde este esquema, la heterogeneidad de maneras en que se puede vivir la masculinidad o la feminidad, pues nos obliga a entenderlas como categorías puras.

Cabe también la posibilidad de que (b) la “perspectiva femenina” sea aquella que tiene en cuenta (también) la experiencia femenina de la realidad. No divide: amplía. Se toma en serio el proyecto ilustrado y trata de hacer partícipes de él a todos los seres humanos allende su género. El feminismo sería entonces una cuestión de honestidad epistemológica: al no encontrar un motivo racional para excluir de la “humanidad” a las mujeres, todo punto de enunciación que se pretenda universal deberá considerarlas (y de no hacerlo será fruto del prejuicio). Pero, así las cosas, más que de una perspectiva “femenina” ¿no sería más adecuado hablar de una perspectiva materialista? ¿Por qué adjetivar una perspectiva si se trata de un universal?

Una tercera vía. Cuando interpretamos la obra de Höch como (c) “la perspectiva femenina del dadaísmo berlinés”, su propuesta política (en caso de considerarse) queda relegada a un posible apéndice o complemento del movimiento. Incurrimos (en muchos casos, sin pretenderlo) en el error de asumir que, en Dadá Berlín, los hombres, cuyos genitales no determinan su pensamiento, generan un discurso político que persigue la transformación de la esfera pública. Höch, que secunda ese proyecto, apostillaría algunas consideraciones que se derivarían, como no podría ser de otra manera, del hecho de ser mujer. Bajo estas premisas erróneas, terminaríamos por asumir que su reflexión nunca podría acercarse más a la verdad que la de sus colegas, porque emanaría de lo personal, de lo no-político. Complementaría, mas no sustituiría.

No es el objetivo de estas líneas, que ya concluyen, abrir un debate en torno a la posibilidad de un pensamiento no situado. Una podría defender que es imposible que un discurso se abstraiga de la materialidad del cuerpo de su emisor y que, en Dadá Berlín, cada cual trataba “cosas de mujeres” o “cosas de hombres” (asumiendo el falaz paradigma dicotómico), respectivamente. Pero lo cierto es que había consensos; y Hannah Höch participaba de ellos. Por eso, frente a una lectura reduccionista que entienda todas sus aportaciones como una traducción directa de sus sentimientos (particulares, privados y no extrapolables), parece más adecuado enmarcar sus aportaciones —también su crítica a la masculinidad hegemónica, que ocuparía otras tantas líneas— en el seno una la sátira cultural que cargaba contra los procesos de des-democratización en la Alemania (y Europa) de la época.

En pleno 1920, Höch escribe un relato corto que trata el caso de un pintor —presunto defensor de la “igualdad entre los sexos”— que sufre una crisis espiritual cuando su mujer le pide que lave los platos, pues ello pone en jaque su genio creativo ¿No es este un enfoque materialista (o, si se quiere, realista)?

Referencias

[1] En la cronología elaborada por Kristin Makholm se especifica que la exposición tuvo lugar entre los días 28 y 30 de abril. Aquí, empleamos términos extraídos directamente de la edición del archivo de Hannah Höch en la Berlinische Galerie.

[2] Hans Richter distingue entre los “pesos pesados” y los “pesos livianos” (entre los que incluye a Hannah Höch) del movimiento dadaísta berlinés. Lo hace en su Historia del dadaísmo (1965).

[3] Usamos sus nombres de pila en un eco al texto de Louis Aragon “John Heartfield y la belleza revolucionaria”, de 1935, que reza: “Después los hombres-de-traje de París y de Potsdam se entendieron, Clemenceau entregó al socialdemócrata Noske las ametralladoras que equiparon a los grupos de los futuros hitlerianos. Karl y Rosa cayeron. Los generales se volvieron a encerar el bigote. La paz social florece, negra, roja y oro, sobre los cadáveres abiertos de la clase obrera”.

[4] Relato de los hechos extraído del libro The Cultural Cold War in Western Europe 1945-1960 (2004).

Andrea Pérez Fernández Graduada en Periodismo, cursa estudios de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona
Fuente:
www.sinpermiso.info

NEGRI MÁS ALLÁ DE NEGRI

Por Giuseppe Cocco | Posfacio al libro Marx más allá de Marx, de  Antonio Negri

 

“El  “operaismo” político de los venecianos fue esto: construcción incansable de organizaciones de base y la definición de una línea roja de construcción alternativa en las luchas y en la sociedad” Antonio Negri

 

ODISEA

Tengo dos ejemplares de las ediciones italianas de Marx más allá de Marx. El primero es el original, publicado en mayo de 1979 por la editorial Giangiacomo Feltrinelli, de Milán, que se agotó rápido y nunca más fue reeditado . EL segundo es de 1998 (19 años después) y fue publicado por la editorial Manifesto Libri, de Roma . Las dos ediciones contienen una brevísima “Premissa”: una nota de presentación redactada por el autor – fechada en “Milán, diciembre de 1978” –acompañada de una larga advertencia sobre las fuentes bibliográficas. La “nueva”  edición trae también una breve” introducción” del autor, fechada: “Roma, Prisión de Rebibbia”, noviembre de 1997”.

Aún recuerdo cuando compré el ejemplar original. En la portadilla, yo escribí: junio de 1979. Estaba en Padua, iba a alguna reunión en la Radio Sherwood o a la Facultad de Ciencias Políticas y entre a la librería de la misma editorial Feltrinelli (que en esa época estaba en la avenida San Francesco, justo en frente del Palazzo del Bo, sede centenaria de la Universidad). No es difícil explicar por qué –casi cuarenta años después- están vivos en mi memoria el momento y el contexto de la compra de este libro de Negri: estábamos a apenas dos meses de la gran operación represiva que ocurriría el 7 de abril y que sería, justamente, conocida como el Proceso del 7 de abril . Con un grupo de intelectuales del movimiento autónomo italiano, muchos de sus colegas y mis profesores de la facultad de Ciencias Políticas de Padua, Negri fue acusado de ser el jefe de “una organización” que habría sido “la matriz y la dirección de las Brigadas Rojas (organización clandestina) y de la Autonomía Obrera (organización política), las dos orientadas a la insurrección contra el Estado” . Toda la prensa, todos los partidos – sobre todo los de la “izquierda”, el propio Presidente de la República de la época (Sandro Bertini) impulsaban su linchamiento como el “enemigo público número 1”, un verdadero “monstruo”: el cattivo maestro. Como él, éramos todos sumariamente criminalizados y perseguidos. Encontrar un nuevo libro del “monstruo” en medio de aquel bombardeo opresor era como vislumbrar una pequeña luz, algo así como una luciérnaga. Comprar el libro terminó siendo un pequeño acto de resistencia. Por eso recuerdo perfectamente la sensación de alegría que provocó en mí ese pequeño y silencioso acto.

Desde mis 23 años de edad, tenía una percepción ambivalente del curso represivo en el cual estábamos inmersos y que nos pasaría por encima en los años siguientes. En aquel momento, y estaba totalmente  subsumido por los esfuerzos que hacíamos para movilizar la solidaridad con los presos y llenar el vacío que la ola represiva había establecido. Un vacío que sería sistemáticamente ampliado por sucesivas olas represivas. Me sentía en una situación que sobrepasaba mi experiencia y capacidades, y a pesar de eso, obstinado en enfrentar la represión, intentando mantener abiertos los espacios de autonomía y autovalorización. –mirando desde Padua, y toda la región del Véneto, el movimiento aun me parecía capaz de movilizarse para desmontar los teoremas represivos organizados con el apoyo político de la izquierda y del arsenal de “leyes especiales” promulgadas ad hoc (una de ellas- la de la “delación compensada” – tendría un futuro promisor). Ya habíamos conseguido, en los últimos años, constituir grandes movilizaciones contra la represión, en particular después de los centenares de arrestos que seguirán  a la revuelta de marzo de 1977, en Bologna y Roma . Así y todo, percibía, yo, nítidamente que la movilización social en defensa de los presos se quedaba corta, en su respuesta necesaria, ante un proyecto represivo que buscaba la criminalización del pensamiento revolucionario y autónomo nacido de aquella década mágica de luchas y conquistas . En la debilidad de la movilización, ejercía un papel particularmente perverso a fuit en avant realizada por el  voluntarismo subjetivo, que la espiral represiva solo profundizaba . La misma ambivalencia habia en el “encuentro” con el más nuevo libro de Negri, en el que el presentaba, extensamente, las lecciones sobre los Grundrisse de Marx, ofrecidas un año antes en la prestigiosa École Normale Supérieure (Rue D’Ulm- Paris). En la “premisa” (fechada en diciembre de 1978), Negri, agradeció irónicamente a “los estúpidos que, forzándome a emigrar, terminan obligándome a organizar las ideas con una tranquilidad que, de otra manera, yo no tendría condiciones para hacerlo”. Por un lado, el breve periodo de emigración propició el contexto para la sistematización de su potencia teórica. Por otro, el exilio parisiense de la primavera de 1978 sería apenas el preludio de una larga odisea, constituida de prisión, exilio y nuevamente prisión, un viaje al infierno que se culminaría 25 años después, en 2003. Deleuze y Guattari escribirán que la “filosofía debe volverse no-filosofía para que la no-filosofía se transforme en la tierra y la gente de la filosofía” . En la última página de su libro dedicado a la fenomenología de la percepción, Maurice Merleau-Ponty termina afirmando que “la filosofía se realiza destruyéndose como filosofía separada” y, de manera aún más inusitada, continua: “pero, es aquí que es preciso callar, pues solamente el héroe vive hasta el fin su relación con los hombres y para el mundo” . Acto continuo, Merleau-Ponty pasa a las palabras que Antoine de Saint-Exupéry expresa en algunos párrafos de su Piloto de Guerra: “El hombre es nada más que un enlace de relaciones. Solo las relaciones cuentan para el hombre” . El “héroe” es el mismo aquel que vivencia esa ontología relacional y perspectivista y esa figura heroica de la vivencia, de la Erlebnis  que encontramos en las obras de Negri y particularmente en Marx más allá Marx. Es arriesgando en su obra hasta la vida misma, recuerdan Gilles Deleuze e Félix Guattari, que la filosofía de la inmanencia se hace: “De la inmanencia podemos estimar que ella es la piedra angular ardiente de la toda filosofía, porque ella toma sobre si todos los peligros que esta tiene que enfrentar, todas las condenas, persecuciones y reordenamientos que ella sufre” .

Obviamente, el primero que se incomodaría con ese término seria el propio Negri. Su heroísmo es claramente un anti heroísmo, algo más próximo a lo que Claude Lefort encuentra en Edgar Quinet: no una “evasión en el imaginario suscitada por el ascenso de los hombres de letras y la atracción de la teoría”, pero lo que de repente permite separarse de la tradición, de tener “fe en lo imposible”, o sea, el “signo de una situación que no deja otra alternativa que la aceptación de la servidumbre o la invención de la libertad” . Un héroe de los márgenes, de las danzas dionisíacas que “nacen –decía Hélio Oiticica- del ritmo interior del colectivo”. “Ser un héroe, ser marginal”. La condición de los márgenes está constituido del “acto total del ser” experimentado directamente, sin mediaciones: “no actos parciales totales, sino que un ‘acto total de vida’, irreversible, el desequilibrio para el equilibrio del ser” . Al margen está el tercer margen del río, aquel de la otra historia – potente y resistente- de los pobres, de los trabajadores, de los desheredados, de los esclavos que en el desierto constituyen un pueblo otro y otra tierra.

En el desierto de la prisión y del exilio, Negri resiste y persiste. Su sufrimiento es un grito que se transforma en alegría, en el dialogo potentísimo con otros “marginales”, con otros filósofos “malditos”, otros “cattivi maestri”: como la figura bíblica de Job, aquella del filósofo excomulgado Baruch de Spinoza y finalmente la del poeta romántico Giacomo Leopardi. Es así que Negri atraviesa el (primer) periodo de prisión y transmuta el valor del sufrimiento: “Comencé a escribir Job, la fuerza del esclavo, en los años ya distantes de 1981 o 1982, cumplía mi cuarto año de prisión. En aquel momento escribía también sobre Leopardi. Dedicabame siempre, por tanto, a la reflexión sobre el sufrimiento”

En el prefacio a la segunda edición italiana del libro dedicado al poeta jorobado (Leopardi), Negri explica: lo que lo intereso en el poeta italiano fue entrever en el la “figura del resistente a la derrota de la revolución y un defensor de la ética de las Luces, de un poeta que de todas maneras reivindicaba un ánimo heroico ante la crisis” . Con Leopardi, la figura del héroe del cual estamos hablando se confirma y define aún más: el héroe es el marginal y este es pobre, o un pobre capaz de riqueza, porque transmuta todos los valores: “Pobre es quien  siempre está del lado de los pobres: pobre es cualquier persona que está inmediatamente disponible para luchar por la verdad y la justicia”

También recuerdo donde y cuando vi por primera vez la nueva edición italiana de Marx más allá de: fue el propio Negri que me la mostro, en el apartamento de Trastevere, en Roma, donde transcurría su “régimen de prisión semi-abierto” (debía volver todas las noches a dormir en la prisión de Rebibbia, localizada en la periferia, donde su compañera le llevaba). Acaba de pasar más de dos o tres años de prisión en régimen cerrado desde que, en 1997, había decidido interrumpir los 14 años de exilio parisiense para volver a Italia, en un intento para acelerar una medida de amnistía que nunca acontecerá. A esta altura, debía ser 2001 o 2002, habíamos comenzado a hablar del proyecto de un libro sobre América Latina (el que llevaríamos a cabo en 2005  y el me mostró con un aire divertido varios ejemplares de libros escritos en ideogramas y publicados en Japón y en Corea del Sur. Uno de ellos era Marx más allá de Marx.

Entonces, el otro ejemplar no es una segunda edición, sino que una “nueva” edición, pues la editora que inicialmente publico casi todos los libros de Negri, Feltrinelli , había simplemente –basada en el lobby de los intelectuales ligados a la izquierda- “tirado” las pruebas de prácticamente todos sus libros que, en consecuencia, estaban todos agotados y desaparecidos .

Como el propio Negri explica en la introducción a la nueva edición italiana, Marx más allá de Marx (inicialmente publicado y varias veces reeditado también en Francia y en los Estados Unidos) no tiene el mismo tratamiento que los otros libros de su autoría (en ese caso, la editorial no destruyó las pruebas), pero era introvabile  (inencontrable). Casi 20 años después, en 1998, el libro seria nuevamente publicado, y Negri estaría nuevamente en prisión.

Desde el 7 de abril de 1979, Italia continuaba siendo un enigma: por un lado, fue la cuna de una renovación filosófica enraizada en las prácticas de un formidable ciclo de luchas autónomas que habían iniciado como un murmullo en Turín, con la revuelta de los obreros de la FIAT (ya en 1962), generalizándose en las luchas estudiantiles de marzo a mayo de 1968 y en el Autunno Caldo (Otoño Caliente) de 1969 cuando la revuelta obrera contra el trabajo, para después arrastrarse durante toda la década del 70’, hasta el Movimiento de 1977; y por el otro lado, el desierto social, político y moral producido por la represión política – entre 1979 y 1982- sin embargo no existió un éxodo capaz de atravesarlo y dislocarlo. La consecuencia es que para una buena parte de la llamada “opinión pública”, Negri continua siendo un cattivo maestro.

Si no entendemos el tamaño de este “enigma” y de esa miseria italiana, difícilmente nos aproximaremos a la sensación de estar delante del tremendo desafío que Negri experimento a lo largo de esta Odisea. Resistir, persistir, conseguir continuar pensando y produciendo – inclusive dentro del sufrimiento de la prisión (y del exilio) para, finalmente, “volver” a Italia a través del “mundo”.

Deleuze y Guattari hablaban de “Ulises, el plebeyo ingenioso, (…) Proletario autóctono o migrante extranjero que se lanzan en el movimiento infinito – la revolución” .

Volver a Italia, pero no sin antes haber provincializado la península: “En Italia, ese paeseculo  en las márgenes del Imperio, estos comportamientos editoriales acompañaran lo intentos de silenciar a toda una generación” . El antropólogo Eduardo Viveiros de Castro acostumbra deconstruir la retórica nacionalista brasileña invirtiendo los puntos de vista: “El Brasil es grande, pero el mundo es pequeño”. Negri también deconstruye la presión represiva y la censura italianas operando un intercambio de puntos de vista: “Infelizmente para ellos, represores y editores, el mundo era más grande”. Pero el punto de vista que alcanza el mundo “más grande” es aquel que viene por los márgenes de las lineas de fuga del éxodo, de los cuerpos aprisionados, puesto que “aún desde la cadena fue posible hacer oír una voz inteligente contra la imbecilidad y el cinismo reinantes” . Es en la prisión desde donde la “alegría teórica” derrota todas las “pasiones tristes” y hace triunfar el cerebro .

La prisión donde Negri y sus compañeros se encontraban es una prisión dura. Hablando de Luciano Ferrari Bravo, Negri recuerda que el paso 5 años y medio de prisión y más de dos años de residencia obligatoria antes de “ser absuelto”. Fueron “cinco años y medio en las peores prisiones de seguridad máxima de toda Italia: desde Treviso a Rebbibia, desde Favignana a Palmi, de Trani a Venecia, para finalmente, de nuevo, en las secciones especiales de Rebbibia”.

Negri recuerda que “en Favignana él vivió seis meses en las “grutas de tufo” que la indignación publica hizo cerrar en los años 80’s. En la de Trani, Luciano estuvo en medio del motín y al borde de la muerte” . El prefacio a la primera edición del libro sobre Spinoza y fechado el 7 de abril de 1979-abril de 1980, en las prisiones por donde el régimen le hace circular en un ritmo demencial: “Rovigo, Rebbibia, Fossombrone, Palmi, Trani” . Durante cuatro años, Negri, compartió con Luciano y los otros el mismo infierno. Recuerdo que cuando le pregunté qué es lo que hizo durante la revuelta (y la represión) en la cárcel de Trani  y me contó la intervención de las tropas especiales que impusieron el terror, colocaron a todos los presos acostados en el suelo de las celdas descargando sus fusiles y ametralladoras apenas unos centímetros por encima de sus cabezas, del estrecho corredor por donde todos tenían que pasar a la hora de salir a dormir al patio de la prisión, durante varios días, al frio, pues era diciembre, pleno invierno europeo. Recuerdo que él me contó las horas que paso dedicado a curar a sus compañeros, ya que era el único que podía usar las manos: a diferencia de la mayoría que las había usado para proteger su cabeza, el las había usado para proteger sus anteojos. Mientras los otros tenían las manos destrozadas por los culatazos de fusil, Negri había protegido apenas su cabeza . El franciscanismo de Antonio Negri no es una figura retórica, sino que una Erlebnis de su filosofía práctica, de su abolición de la filosofía como saber separado, como historia de una disciplina del pensamiento.

A pesar de que la “condena” duro mucho tiempo, sobre todo por la exclusión que sufrió, de la vida, de la patria, de la iglesia, de la razón, fue en seguida santificado en la historia de la filosofía (…) los cattivi maestros, escribe Negri, resurgen siempre, la verdad y el estilo de vida de ellos se”.

En febrero de 1946, Merleau-Ponty escribía que –desde que la “paz” volvió- “los héroes se apartaran”. A pesar de esto, él afirmaba que “el culto de los héroes es eterno”  y al mismo tiempo cambió, se tornó materialista: mientras que los “santos del cristianismo, los héroes de las revoluciones pasadas (…) intentaban creer que su lucha ya estaba ganada en el cielo o en la Historia, (los) hombres no disponen de ese recurso. El héroe contemporáneo no es Lucifer, tampoco Prometeo, es un hombre” . Lo que permite “al héroe sacrificarse no es, como en Nietzsche, el culto por la muerte o, como en Hegel, la certeza de realizar lo que la historia quiere, la fidelidad al movimiento natural que los lleva en dirección a las cosas y a los hombres. Lo que amo, decía Saint-Exupéry, no es la muerte, sino la vida” . El héroe que es Ulises. El lucha contra la muerte: “Lo que es bello, recuerda el helenista Pierre Vernant en una reflexión filosófica dedicada al periodo en que participaba de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial, es estar vivo”

Pensando en la muerte de Luciano, su amigo de la facultad y de la prisión, Negri rememora: “Ofrecer un gallo a Esculapio –como Sócrates pidió a la hora de morir –es un “himno a la vida”, una medicina que puede salvarnos, la metamorfosis que puede transformarnos en ángeles” . Comentando esa misma enigmática frase de Sócrates, Michel Foucault dice en su último curso que es “una invitación al cuidado de sí y de los otros” .

De qué tipo de héroe precisamos hoy? Esta vez los cattivi maestri deben transformarse en multitud: “ Nadie ha intentado hacer frente a una multitud de hombres libres e iguales, capaces de amores fuertes. Nosotros necesitamos intentarlo. Esa multitud de cattivi maestri es la carne del mundo que viene, es el acceso a una edad de monstruos” .

El trabajo de los monstruos es el terreno de la producción de subjetividad, de las sublimes desproporciones y excesos, cuyos poderes creativos no pueden ser contenidos en los estrechos límites de la racionalidad moderna. La antimodernidad precisa aliarse con otra modernidad

 

LA RESURRECCIÓN DE LOS CUERPOS

Marx más allá de Marx es un libro sobre la crisis de la ley del valor, esto es, la crisis de la medida. La teoría del valor, escribe Negri, «Se usa como un garrote contra de nosotros». La ley del valor es el arquitrabe del objetivismo marxista y de la ortodoxia construida dentro de esa iglesia. «Nada nos interesa de la ortodoxia. Por el contrario, si pudiéramos seguir sin Marx, seríamos felices «. Ninguna fe puede explicar, por tanto, la vuelta a Marx. Lo que interesa son las potentes anticipaciones que los Grundrisse contienen. En esos cuadernos, Marx aparece como el «teórico de las grandes transformaciones del capital en el nivel de la crisis de la ley del valor». De manera aún más enfática, Negri escribe: «(…) la crisis de la ley del valor (es) el ápice de la investigación marxiana». En los Grundrisse, se busca una obra política, donde «la lucha de clases (y) la política son finalmente el centro de la teoría económica». Por eso, Marx empieza por la circulación: «Si la teoría de la plusvalía introduce en la teoría económica el hecho de la explotación, la teoría marxiana de la circulación introduce (en la economía) la lucha entre las clases».

Pero, una buena manera para aprehender lo que es el Marx más allá de Marx tal vez sea necesario leer un pasaje del prefacio escrito por Negri para su libro sobre Job, en el que él enfatiza su percepción sobre lo que es la crisis. El punto de partida es -una vez más- a Erlebnis: «la situación en la que me encontraba era realmente desesperada». Sin perspectivas de salir, «buscaba en el análisis del sufrimiento una clave para resistir». Al mismo tiempo, la vivencia de la inconmensurabilidad del dolor y del sufrimiento de la prisión renovaba y amplía la percepción negriana de la crisis de la medida. Es de esa percepción que viene a su madurez teórica en Marx más allá de Marx. Hablar de crisis de la medida implica, en efecto, entrar en contradicción inmediata con la cultura marxista, precisamente porque consiste en «(…) un trabajo de la medida (y) una pasión medida por la razón de Estado», sea en el » derecho del trabajo interior a la mediación reformista, sea en la medición totalitaria del trabajo en el socialismo real. La crisis es consecuencia de la insurrección contra la medida: «Fue en 1968 que percibí, maravillado, que un gran cambio de la fortuna del hombre y su destino era posible y podría, en consecuencia, sacudir toda medida del mundo». A lo largo de las décadas de 1970, esa percepción se volvió cada vez más aguda, frente y dentro del formidable ciclo de luchas libertarias que Italia conoció. Negri dice que, más tarde, llegó a preguntarse si esa percepción tan aguda de la crisis de la medida -y de las leyes que la estructuran- no fue capaz de sacudir mi propia razón, al punto de llevarme – yo y algunos amigos – al enfrentamiento revolucionario contra el Estado «[45]. También me pregunto si, en junio de 2014, mi percepción de la crisis de la medida de la gobernabilidad brasileña (en particular, el agotamiento definitivo del dispositivo de regulación constituido por el PT y el llamado «lulismo») no fue tan agudo a punto de sacudir mi razón hasta el punto de querer que el Negri -que estaba visitando Brasil- se doblegase a las dimensiones estrechas de una anticipación que -a pesar de totalmente adecuada- no podía o no quería compartir, no en aquel momento.

En ese otro momento, a finales de la década de 1970, en Marx más allá de Marx, Negri nos ofrece las bases teóricas sistemáticas de una percepción de la crisis de la «ley del valor» que eran tremendamente urgentes y al mismo tiempo llenas de anticipaciones que se concretarán – al menos en términos políticos – sólo mucho más tarde. ¿Qué queremos decir con eso? Que en los años 1970 la «crisis de la medida» anunciada por la insurrección estudiantil de 1968, por el otoño caliente obrero de 1969, practicada por el sin número de colectivos y «asambleas autónomas» de la constelación que componía la Autonomía obrera, era más un terreno – potentísimo – de «crítica» que una «crisis» de la medida. El método marxiano de la tendencia, que tan bien Negri presenta, tal vez nos haya olvidado las ambigüedades del proceso de extenuación de la «ley del valor». No sólo porque era sustituida por el «valor de la Ley», sino también por los efectos paradójicos que la propia profundización de la crisis determinaba en contrapartida.

Por un lado, el paso de la «producción de mercancías por medio de comando» (del régimen disciplinario) hacia la producción de «comando por medio de comando» (la sociedad de control) se tornaba tautológica y cada vez más débil. Por otro lado, ese proceso producía efectos de segmentación y fragmentación de la composición social del trabajo, que ofrecían una sobrevida – paradójica, pero no menos efectiva – a la medida. Lo que se afirmó a través de los millares de trabajadores despedidos, de los miles de militantes presos y exiliados, de los siglos de prisión y de las decenas de jóvenes que murieron en las manifestaciones callejeras o participando en acciones armadas. La producción de mando por medio del comando encontró en los temas de la seguridad y de la gubernamentalidad promovidos por los neoliberales un horizonte político nuevo, alimentado y legitimado por los fragmentos residuales de lo «viejo». No por casualidad, la «izquierda» -en particular el Partido Comunista Italiano- desempeñó un papel directo en la represión y en la prisión de Negri. La propia noción de «sociedad de control», propuesta más tarde por Gilles Deleuze, indicaba un desplazamiento más abierto y más ambiguo de lo que pensábamos y, sobre todo, de lo que aparece en los dos libritos lanzados por Negri antes (en 1976) y después del movimiento de 1977 (en 1978). La crisis de la medida es resultado y condición del nuevo horizonte de una crítica ya totalmente emancipada del objetivismo de la ortodoxia marxista y de su íntima complicidad con el estalinismo -y, pues, con el propio capitalismo. Al mismo tiempo, el estalinismo supo adaptarse al neoliberalismo más de lo que la caída de los muros pareció decir. En la defensa de la medida, el capitalismo liberal y el estalinismo capitalista están juntos. Son las dos caras de un mismo objetivismo positivista que tiene sus bases en los valores (únicos) de la Razón. El propio reformismo oportunista aparece como una variable de ese estalinismo.

La ruptura con el socialismo necesita ser mucho más contundente y mucho más definitiva y, por eso, nunca podemos olvidar la cuestión central de la crítica de la técnica.

El terreno de esa renovación de la crítica necesita pasar ante todo por la cuestión de la tecnología y de la racionalidad. La tecnología antes de ser técnica es social -como escribió Deleuze en su libro sobre Foucault, citando, además, como referencia al operaismo italiano. A mediados de la década de 1960, Tronti escribía: «La ciencia y la técnica no serán el premio de la lucha de clases, sino su terreno». En un comentario sobre el Anti-Edipo, Félix Guattari no decía otra cosa: «Lo que nosotros denunciamos son todos los temas de la oposición hombre-máquina, del hombre alienado por las maquinarias …». La técnica no es ni el objetivo ya dado de una línea de progreso que sería suficiente alcanzar y seguir, ni algo que habría que rechazar para proteger una naturaleza natural y sus salvajes. La técnica y la ciencia son el terreno de la lucha.

Maurice Merleau-Ponty definía la pérdida de sentido de la racionalidad instrumental como un movimiento por el cual «la ciencia manipula las cosas y renuncia a habitarlas (y así) trata del ser como objeto en general» [52]. En el período industrial, la brújula se constituía -decía Marx- a través de la clase obrera. Pero el socialismo real acabó amputando la perspectiva marxiana: la clase obrera transformada en Estado por el Partido de vanguardia acabó, a su vez, convirtiéndose en el sujeto para un continuismo de las mismas racionalidades y productivismos industriales, de tipo capitalista, e incluso algo peor (como la historia de la industrialización forzada de la Unión Soviética nos mostró, al producir trabajo forzado en masse, una nueva esclavitud).

Los fundadores del operaismo italiano de la década de 1960 generaron otra ejecución virtuosa -un nuevo virtuosismo- de la partitura marxiana, cuando escribieron, algunos años antes de la insurrección estudiantil y obrera de 1968, que el análisis de las «necesidades de desarrollo del capital» sólo interesa para «transformarlas en posibilidades subversivas de clase». Esto significaba decir que la clase obrera puede transformar todo porque «es enemiga hasta de sí misma, en cuanto capital». La centralidad que Marx atribuía a la clase obrera era la de ser un sujeto capaz, en el grado en que luchaba por sus intereses, de una transformación de los valores. Tal transformación se da por medio de una transformación antropológica, que llevaría a su propia destrucción como trabajo asalariado. La lucha no es por el empleo, sino contra el trabajo. Es decir, en las palabras de Antonio Negri: la crítica de Marx a la plusvalía es un «dispositivo que revierte la acumulación y la alienación por ella producidas» en lucha por la libertad. Así, el Marx que Negri persigue es el que está más allá del objetivismo determinista, del oportunismo y del estalinismo. El reformismo oportunista, en lugar de protestar contra la insensatez del desarrollo capitalista y contra la infelicidad individual que él determina, sólo se moviliza – de manera moralista y «progresista» – contra «un desarrollo histórico inacabado, constreñido». Es en esa miseria política que la izquierda en los países que lidian con el subdesarrollo, como en el caso de América Latina y particularmente de Brasil, acaba encallando, incluso las experiencias de los llamados gobiernos «progresistas» de la primera década de 2000. Para esa «izquierda» oportunista, la emancipación dependería del mantenimiento del proyecto de la modernidad y de su trabajo asalariado de tipo industrial. Aquí, la perspectiva es aquella de la dialéctica histórica y sus inevitables síntesis: el desarrollo, sus etapas y «transiciones» (socialistas y / o desarrollistas). No por casualidad, en ese terreno, encontramos una sociología «marxista» del trabajo convertida en liturgia conmemorativa, que asocia el culto por las tablas de la «ley del valor» a la retórica del trabajo como valor (trascendente). Negri busca en Marx la anticipación, pero también anticiparse a sí mismo, a su trayectoria. Al mismo tiempo que él redactó «sus cuadernos sobre los cuadernos de Marx» – al calor emocionante de los eventos semi-insurreccionales en Italia que van de febrero a septiembre de 1977 – él escribía otro libro destinado a la acción política (y que será ampliamente usado por el Estado como pieza de acusación contra él): «Il dominio e il sabotaggio: sul metodo marxista della trasformazione sociale». Hay una relación estrecha entre los dos textos. Uno y otro son acontecimientos recíprocos de teoría y praxis. En él, podemos leer: «Marx – decía Louis Althusser – piensa el comunismo como una tendencia de la sociedad capitalista». El método es también «constituyente» y eso «en la medida en que la lucha de clase es constituyente de antagonismos explosivos (…)». En este sentido, el «dinamismo metódico (que) constituye un universo» plural «dentro del cual moverse es arriesgado, comprender duro y vencer emocionante»: «Abstracción determinada, métodos de la tendencia, nueva exposición y desplazamiento del campo de la investigación: este dinamismo metódico (que) constituye un universo» plural «dentro del cual moverse es arriesgado, duro de comprender y vencer emocionante».

En medio de páginas arrebatadas por la exaltación de la lucha, encontramos anticipaciones potentisimas para el debate político y teórico de nuestro tiempo, en este fin de la década de 2010, momento en que estamos vivenciando el desmoronamiento vergonzoso de la ilusión positivista y neodesarrollista de la izquierda sudamericana y el agotamiento de sus gobiernos, entregados a crisis económicas y morales que nos recuerdan la miseria del socialismo real. «La compatibilidad entre interés particular obrero e interés general de la sociedad, entre socialismo y democracia – la compatibilidad, pues, entre el proceso de autovalorización y la estructuración productiva de la sociedad, no es más que un mito. No Proudhon y Bentham, sino que Rousseau y Stalin son los padres de esta bien amada síntesis «. Cómo no recordar las justificaciones de los gobiernos del PT para remover las viviendas de los pobres en la preparación de los megaeventos: en nombre del interés general (Rousseau) y por medio de la policía (estalinista).Es aquí donde encontramos una increíble anticipación de las paradojas que nos presenta el cinismo oportunista de la izquierda positivista, en sus cruzadas contra el «posmoderno» y contra el propio debate que él incita. «Personalmente, dice Negri, no tengo nada que ver con los llamados ‘nouveaux philosophes’, pero debo decir que me quedo pasmado cuando veo representantes históricos de la clase obrera, que siempre han sido celosos del binomio esclarecimiento-estalinismo productivo, insultar a los jóvenes filósofos por haber registrado esa conexión mistificadora «. Es exactamente lo que podemos leer en la pobre literatura de los intelectuales de la izquierda brasileña de esa segunda década del siglo XXI: se critica el «posmoderno» (y el neoliberalismo) para, por un lado, defender las políticas autoritarias de mega obras, megaeventos y subsidios para la gran industria y, por el otro para terminar convocando a los propios neoliberales para aplicar violentos ajustes ante los desequilibrios macroeconómicos que sus propias ilusiones instrumentales desarrollistas crearon. Es necesario no sólo aceptar la crisis de la ley del valor, sino afirmar su determinación obrera, para buscar la constitución de antagonismos desmedidos. Por eso, es por el concepto de «autovalorización» que Negri va a buscar aprehender la crisis: «La autovalorización proletaria es la fuerza a separarse del valor de cambio y capacidad de fundarse en el valor de uso,  (el) reconocimiento de las dimensiones independientes de las dimensiones independientes de las fuerzas productivas «. Se trata, pues, del terreno de una lucha obrera contra el trabajo – nunca por él – lo que transforma todos los valores y por medio de la que la clase obrera se abole a sí misma mientras: ella se metamorfosea.

En aquel final de la década de 1970, Negri aprehende el movimiento de 1977, sus dimensiones totalmente sociales e internas a la esfera de la circulación (por eso el énfasis puesto en el movimiento feminista en varios de sus textos, pues se trata de una lucha que asume incontornables características biopolíticas), punto de vista subjetivo que le permite radicalizar el análisis de la tendencia. En este terreno, es posible romper concretamente con las ambigüedades dialécticas de Marx y, sobre todo, del marxismo como un todo, en particular de la trágica experiencia del socialismo real y del estalinismo. Si Lenin podía pensar las relaciones entre «soviets y electrificación», entre «soviets y locomotoras», hoy el capital «arrojó la locomotora contra nosotros» [61], exactamente como Stalin atropelló a los trabajadores con el trabajo forzado masificado por el sistema penal, o como los gobiernos neo desarrollistas en América del Sur -y en Brasil en particular- dieron continuidad a los grandes proyectos de la dictadura militar atropellando a los indios y sus reservas, removiendo a los pobres de sus favelas y masacrando a los jóvenes a través del sistema mafioso de gobierno de las periferias.

Aquí, el concepto unitario de desarrollo capitalista se rompe. Por un lado, el desarrollo del capital constante, del otro el de las fuerzas productivas. Negri encuentra o produce un «otro» Marx en dos movimientos. En primer lugar, un Marx teórico de la formación de la subjetividad. Después, un Marx que anticipa el paso de la subsunción formal a la subsunción real. No más, pues, el Marx teórico del determinismo objetivo del capital, sino el del perspectivismo renovado por los jóvenes teóricos del operaismo italiano (Raniero Panzieri y Mario Tronti). No más el Marx que aprehende el mundo a partir únicamente de la esfera de la producción – aceptando de esa manera la subordinación de la sociedad al orden fabril – sino que comienza sus cuadernos por la circulación socializada. No hay teoría del comunismo que no sea una teoría de la formación del sujeto a la vez que la circulación del capital es su devenir. Y ese devenir es también el movimiento de socialización del capital, de construcción de una sociedad-fábrica. Todo esto se abre a otros dos acontecimientos teóricos. El primero se refiere a la necesidad de una nítida ruptura con la lógica de la dialéctica, de sus síntesis y teleologías, que todo pretende resolver. El segundo implica percibir el paso a la subsunción real desde el punto de vista de las transformaciones del trabajo. El proceso constitutivo del sujeto se afirma como separación que se opone a la dialéctica. En la separación, el dualismo del concepto es superado por el terreno de la dualidad de los sujetos: «el proceso de constitución de la independencia de clase es hoy (en 1977) proceso de separación». Es decir, las luchas proletarias ya están en un terreno de ruptura con la dialéctica del capital. En las luchas obreras, Negri veía la afirmación «sectaria (de nuestra) condición separada, (e) la diversidad de la constitución (proletaria)». En la radicalización anticapitalista, hay una radicalización de la crítica del estalinismo y del socialismo como formas del capital. Aquellos que, desde el punto de vista del marxismo tradicional, critican la perspectiva de la separación y de la alteridad en la realidad, «asumen la responsabilidad de participar en la monstruosidad del desarrollo del ‘socialismo’ y de sus ilícitos negocios con los más asquerosos aspectos del modo de producción capitalista . Sin embargo, es en el terreno de las transformaciones del trabajo que «Negri estaba más allá de Negri». La percepción de la crisis de la medida estaba más allá de la dinámica sociológica real o al menos de las inercias corporativas y políticas de la vieja izquierda y de los sindicatos. La transformación de la fuerza de trabajo en fuerza-invención, en el ritmo del rechazo del trabajo asalariado y en el horizonte de la transmutación del trabajo estaba, pues, constituyendo el terreno de luchas de tipo biopolítico -como indicaba el movimiento feminista y como lo había hecho antes, el movimiento de los negros norteamericanos (con luchas que ocurrían directamente en la esfera de la reproducción, involucrando todo el tiempo de vida). Esto se debe, con mucho más elementos de fragmentación y discontinuidad de lo que pensábamos, poder enfrentar en la época. Si la desmedida capitalista no tenía la capacidad de imponer una nueva métrica, logró al menos impedir que el desdoblamiento de las luchas la reinventara en otros términos, como decía Negri: «comunistas» – o, como diríamos hoy, en términos de la «la constitución de lo común». Tal vez, uno de los problemas haya sido incluso el hecho de que nuestra violenta crítica de la complicidad que ligaba el reformismo y el estalinismo, el socialismo y el capitalismo, se mantuviera aún demasiado interna al campo de la «izquierda» y, en ese sentido, se dejara atravesar por un sesgo ideológico. Lo que realmente interesaba, al contrario, tal vez fuera el haber soltado todas las amarras ideológicas, huir hacia el desierto y radicalizar la invención operaista en el terreno biopolítico de la recomposición de trabajo manual y trabajo intelectual en el cuerpo vivo del trabajador «social”. Era necesario ir más allá del operaismo, incluso en el análisis del americanismo y del New Deal. La síntesis propuesta por Tronti en 1970 y su posterior reanudación de los temas de la autonomía del político pueden ser explicados por elementos internos, por una ambigüedad funcionalista interna al abordaje operaista. La noción de «era progresista» que hacía de las luchas obreras el mecanismo fundamental de regulación del crecimiento capitalista era viable en la medida en que la lucha era vista fundamentalmente como lucha de los obreros. Sí, la lucha era el determinante del paso de la explotación extensiva (el más valor absoluto) para la explotación intensiva (el más valor relativo, que la innovación técnica proporcionaba). Pero esa dimensión primera, constituyente, no dejaba de encontrar una síntesis sólo en la forma del desarrollo: fuese reformista o socialista.

Por eso, Negri tenía que ir más allá de Tronti, rechazando la autonomía del político y afirmando el criterio de la «separación». Negri iba más allá de Negri al desplegar la autonomía obrera en términos de autovalorización frente a un capital que ya no organizaba la cooperación social productiva, ya no podía hacerlo, pero sólo la comandaba desde afuera, de manera cada vez más parasitaria. Esto necesitaba no sólo trazar el análisis de la tendencia, sino también las bases de un nuevo operaismo: «Sólo la historia de las luchas puede hacer la del equivalente general». Pero esa historia de las luchas también necesita ser radicalmente «otra» con relación al capital. A esa altura, la constitución de la subjetividad y la lógica de la separación ya estaban en funcionamiento por fuera de la relación salarial. Hay una larga duración de las luchas biopolíticas. Tal vez consigamos encontrar algo en otro autor «maldito» de aquellas décadas. Tan maldito que ni siquiera el movimiento italiano de la autonomía había entendido la potencia de su reflexión trágica. Pier Paolo Pasolini, en 1966, hacía descubrimientos muy cercanos a los de los operaistas sobre las dimensiones obreras del fordismo rooseveltiano. «En América hay ideólogos no marxistas que entendieron los límites del socialismo real, o sea, entendieron que los obreros soviéticos están dominados por una burocracia que de revolucionario sólo tiene el nombre». La democracia estadounidense es «extremista», decía él, «exasperada, casi mística y como tal es revolucionaria». Pasolini tenía también la sensibilidad para entender lo que iba más allá, además del operaismo (del análisis operaista), algo como una biopolítica: «Quien no vio una manifestación pacifista y no violenta en Nueva York está ausente de una gran experiencia humana». Son páginas bellísimas, donde él compara a los miembros de la resistencia antifascista en la segunda guerra a los estudiantes blancos del Norte que descienden en el Sur para luchar contra la segregación racial junto a los negros. «La extraordinaria novedad (para un europeo como yo, dice Pasolini), es que la conciencia de clase (…) se dirige a los estadounidenses en situaciones totalmente nuevas y casi escandalosas para el marxismo» y eso porque «el americano totalmente libre tuvo que pasar por calvario de los negros y compartirlo «. Pasolini ve, justamente en Estados Unidos, un tipo de resistencia que ya está más allá de las luchas obreras, exactamente en los términos que decía un cuento de la Black Resistance: «Tenemos que jugar nuestro cuerpo en la lucha». La lucha y el cuerpo coinciden en el movimiento antirracista norteamericano y el poeta veía en ello «el nuevo lema de un compromiso real y no tediosamente moralista: jugar el cuerpo en la lucha».Volvamos a lo que Negri aprehende en los Grundrisse, o sea, el paso de la teoría de la plusvalía al de la circulación: «La teoría de la plusvalía (…) es la definición de la posibilidad del sujeto revolucionario, su definición en negativo. Con la teoría de la circulación la realidad del sujeto colectivo de clase viene colocándose (…) «. Esto significa que el «sujeto se vuelve cada vez más cierto, más concreto, la estructura celular que la teoría de la plusvalía describe se vuelve cuerpo, realidad animal acabada».La constitución del sujeto y su dimensión separada (es decir, no más mediada dentro de la línea del progreso) tienen como terreno el trabajo vivo que se «apropió de la herramienta, la hizo suya por medio de la red y del éxodo, en la forma de la» prótesis «. Es entre la red y el éxodo, en la resurrección de los cuerpos, que hoy se define esa condición previa, sin la cual no puede haber producción alguna. Entre las redes y las calles ocurre un nuevo tipo de trabajo, cuya cooperación es colaborativa y tendencialmente horizontal. Este «entre» puede ser definido como el común, un común sin el cual ninguna producción es posible: sujetos que producen lo común en común. Para terminar, recordemos que el propio Negri nos advierte: ni siquiera los cattivi maestri están libres de manipulación y de ser usados por el reverso de la radicalidad democrática que teorizaron y practicaron a riesgo de sus vidas. En un librito polémico dedicado al debate italiano a la vuelta del siglo, él escribía: «El pensamiento débil tradujo al italiano un Foucault y un Deleuze travestidos en soubretes, y así los hicieron bailar en la separata cultural de los periódicos de la llamada izquierda (…)». Todo autor, toda obra pasa por el desafío de un reconocimiento que en realidad significa al mismo tiempo ir hacia un museo, por ejemplo, aquel de la Historia de la Filosofía. Hélio Oiticica escribió que «museo es el mundo», pero el mundo se fue al museo junto con su obra. El Museo transforma «las obras que nacieron en el calor de una voluntad (…) en prodigios de otro mundo», decía Merleau-Ponty. Así, el reconocimiento «mata la vehemencia de la pintura como la Biblioteca transforma en mensajes los escritos que eran gestos de un hombre …». De la misma manera, la historia de la filosofía santifica la exclusión de los cattivi maestri, pues la «historia de la filosofía es – recuerda Negri – una facultad jurídica, o sea, de policía». En el mismo tono, Gilles Deleuze y Félix Guattari escribían que la «filosofía es devenir, no historia: es coexistencia de planes y no sucesión de sistemas. Por definición, en la filosofía de los cattivi maestri no hay y ni puede haber dogma y menos aún cualquier sombra de doxa. Así, recuerda Negri, ese pensamiento genera «discípulos», pero lo hace de manera ambigua: «pues él no disciplina a esa generación, él tendrá discípulos fieles e infieles». ¿Eso significa relativizar hasta ese pensamiento de la inmanencia y de la democracia absoluta? Por el contrario: «siempre hay una solución práctica de los problemas reales». Sólo en la práctica el pensamiento resuelve su propia ambigüedad, «sumergiéndose en el acontecimiento de su aparición». Este es un desafío siempre actual, incluso cuando incluso los cattivi maestri están cansados.

Traducción del portugués:  Santiago de Arcos-Halyburton

La imposible gobernabilidad de las derechas

Por Raúl Zibechi

Cuando comenzó el declive del ciclo progresista, aproximadamente cinco años atrás, planteamos que los eventuales gobiernos de la derecha que los sucedían serían inestables, asediados por una elevada conflictividad social, la profundización de la crisis sistémica y cambios en las relaciones entre las diversas clases sociales (https://bit.ly/2XCMzbB).

El fin del progresismo es mucho más que la desaparición de esos gobiernos y que no le sucederá un ciclo derechista o conservador sino un periodo de inestabilidad. Esto quiere decir que veremos cambios bruscos en el escenario político, virajes de la derecha extrema a la izquierda moderada, y viceversa, sin que ninguna de esas fuerzas consiga estabilizar la gobernabilidad.

Las razones son las mismas que provocaron el fin del ciclo anterior. Pero antes veamos brevemente la situación en los tres principales países de la región sudamericana.

En Brasil el gobierno de Jair Bolsonaro entró en crisis apenas unas semanas después de asumir. A una fuerte caída en su aprobación, se le suma el enfrentamiento con el sector militar, que conforma el núcleo de su gobierno, y las trabas que encuentra para hacer aprobar la reforma previsional, con un trasfondo de estancamiento de la economía. La forma principal que está asumiendo la crisis del gobierno es la puja abierta y pública entre los bolsonaristas y el vicepresidente Hamilton Mourao, que agudiza la inestabilidad.

Por abajo, los movimientos no han parado un solo momento. Entre enero y febrero, en pleno verano, el Movimento Passe Livre (MPL), que desencadenó las jornadas de junio de 2013, volvió a las calles con cinco grandes marchas en Sao Paulo. Estos días las organizaciones indígenas están acampando en la Explanada de los Ministerios en Brasilia, provocando una aguda respuesta represiva del gobierno que movilizó la Fuerza Nacional contra la Articulación de los Pueblos Indígenas.

En Colombia el gobierno uribista de Iván Duque debió enfrentar una oleada de movilizaciones indígenas, negras y campesinas desde el 10 de marzo, que bloquearon las principales carreteras del país, en particular la estratégica Panamericana que corre de norte a sur y es la vía de las exportaciones hacia Ecuador y el resto del continente. La organización correspondió a una amplia confluencia, realizada en febrero, con 380 delegados de 170 organizaciones, que cuestionaron el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del gobierno.

La Minga indígena y popular (trabajo comunitario) fue la primera gran movilización nacional posterior a la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC, enseñó la acumulación de muchos malestares, en particular contra el modelo extractivo en curso. Hubo 25 mil personas en las carreteras, acampadas o movilizadas de forma permanente, lo que forzó al presidente a acudir al Cauca a negociar con los movimientos.

Argentina es el caso paradigmático de la imposible gobernabilidad derechista. La crisis desatada en abril de 2018, que llevó el dólar de 18 a 44 pesos, disparó la inflación a 50 por ciento anual y multiplicó la pobreza pero también la fuga de capitales, comenzó en diciembre de 2017 con las masivas protestas contra la reforma de las pensiones. Los de arriba comprendieron que Mauricio Macri no podía imponer su programa y comenzaron a especular frenéticamente.

En estos momentos el panorama es de una crisis de credibilidad del gobierno, una oleada de protestas con marchas diarias (en la que destaca el activismo del movimiento de mujeres) y la posibilidad de que Macri pierda las elecciones de octubre. En el medio, un impresentable acuerdo con el FMI que multiplica la deuda y hace que los próximos gobiernos, del signo que sean, tendrán enormes dificultades para sacar al país del atolladero.

En esta situación, veo tres aspectos que van a profundizar la crisis de gobernabilidad en los próximos años, generando mayor inestabilidad y planteando profundos desafíos a los movimientos antisistémicos.

La primera es la potencia del campo popular. Más allá de la opinión que se tenga de los gobiernos progresistas, es evidente que en las dos pasadas décadas hubo un fortalecimiento de los sectores populares, aunque sus organizaciones a menudo se han debilitado. Este es el núcleo del déficit de gobernabilidad.

La segunda radica en las consecuencias del agravamiento de la crisis global, que entra en una fase de caos sistémico. Con ello se reducen las chances de estabilidad económica y política.

La tercera es que ninguna fuerza tiene la capacidad para estabilizar la situación. Para hacerlo, la derecha debería derrotar al campo popular, lo que no está en condiciones de hacer. La izquierda puede gobernar si logra mover el modelo extractivo, romper con las agencias globales que lo sostienen y las élites locales que lo avalan. No tiene la voluntad de ánimo para iniciar un ciclo de luchas que debería ser tan potente, que no sólo barrería el extractivismo sino que podría expulsarla del escenario.

Brasil, Argentina y Colombia…

Hablando con Cornelius Castoriadis

Esta entrevista fue realizada por Jean Liberman y publicada en le Nouveau Politis 434, número de marzo 1997. Castoriadis, filósofo, psicoanalista, pensador de la sociedad, fue cofundador del grupo «Socialismo o barbarie», de notable influencia en los hechos de Mayo del ’68; crítico hacia la URSS y el marxismo, inspirador de Solidaridad en Inglaterra y Polonia, propulsor del proyecto de sociedad autónoma, firmante del llamamiento a la desobediencia civil contra la ley Debré, etc. En esta entrevista analiza en especial «el avance de la insignificancia» (título de su libro publicado en 1997) en la sociedad actual. Fue publicada por Iniciativa Socialista, por cuya gentileza se publica en exclusiva y en versión completa.

 

Politis: Usted describe un «aumento de la insignificancia» en la sociedad contemporánea y, entre sus características, constata un «derrumbamiento de la autorepresentación de la sociedad». ¿Por qué esto es grave en relación al proyecto de autonomía individual y colectiva que usted singulariza?

Cornelius Castoriadis: Ninguna sociedad puede perdurar sin crear una representación del mundo y, en ese mundo, de ella misma. Los hebreos del Antiguo Testamento, por ejemplo, plantean que hay un Dios que ha creado el mundo y que ha elegido la línea de Abraham, Isaac, Jacobo, etc, hasta Moisés como «su» pueblo. Para los griegos, para los romanos, existían representaciones globales que jugaban el mismo papel. Los occidentales modernos se han representado como aquellos que, por una parte, iban a establecer la libertad, la igualdad, la justicia y, de otra, iban a ser los artesanos de un movimiento de progresión materíal y espiritual de la humanidad entera. Nada de esto vale para el hombre contemporáneo. Éste no cree más en el progreso, excepto en el progreso estrechamente técnico, y no posee ningún proyecto político. Si se piensa a sí mismo, se ve como una brizna de paja sobre la ola de la Historia, y a su sociedad como una nave a la deriva.

LNP.-Usted describe una descomposición de los mecanismos de dirección política que regentan, no una democracia, sino una «oligarquía liberal», ligándolo a la «evanescencia de los conflictos» y a la «disgregación del sistema educativo»…

C.C.- Todo el mundo reconoce la futilidad y la no pertinencia de los mecanismos de dirección política de la sociedad. A raíz de las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos, donde la abstención ha alcanzado casi un récord absoluto, todos les comentaristas coincidieron en decir que Dole y Clinton evitaban todos los asuntos sobre los cuales podían tener divergencias, es decir, el meollo político. En Francia es una farsa. Mitterrand fue elegido como socialista e impuso al país el neoliberalismo. Después de las elecciones de 1986, la derecha no ha cambiado nada, excepto con la reprivatización de las empresas nacionalizadas por los socialistas. Volviendo al poder, los socialistas han seguido la misma política con Bérégovoy que Balladur se apresuró a adoptar. Chirac, elegido en 1995 con la promesa de cambiar todo, ha continuado por la misma senda. Actúan como si no hubiera ninguna elección, como si todo lo que hicieran les fuera impuesto por las circunstancias. Coinciden en que no son políticos, todo lo más gestores de una corriente mundial de la que repercuten las consecuencias en la sociedad francesa.

Esta evolución está condicionada por la evanescencia de los conflictos. La clase política puede aferrarse al cinismo y a la irresponsabilidad porque no está sujeta a ningún control ni a ninguna sanción. En otros tiempos, una situación como la de hoy hubiera engendrado huelgas, movimientos de protesta, etc. Hoy, es la apatía. Es verdad que se han producido algunos movimientos sectoriales el año pasado, pero es característico que no se han extendido a los sectores verdaderamente tocados por la crisis.

Pues si el capitalismo ha evolucionado durante los 150 años cincuenta precedentes hacia un régimen relativamente tolerable, es debido. esencialmente. a los movimientos sociales. Dejado a sí mismo, habría verificado todas las sombrías predicciones de Marx: pauperización de los trabajadorws, paro creciente, crisis de sobreproducción. etc. Si Marx se ha «equivocado» es porque en sus análisis había «olvidado» la lucha de clases -aunque él fuera su teórico-. Pero son las luchas obreras y populares las que han impuesto a los patronos el aumento de los salarios, creando así mercados internos de consumo que pudieran absorber la producción creciente de las fábricas capitalistas. Son ellas las que han impuesto las reducciones sucesivas del tiempo de trabajo, haciendo pasar de más de 72 horas semanales hacia 1840 a 40 horas en 1940, reabsorbiendo así el paro potencial que hubiera engendrado el formidable progreso técnico que había tenido lugar. Pero después de 1940 la duración del tiempo de trabajo no ha variado. Lo mismo ha ocurrido en el plano político: las tendencias autoritarias del sistema han sido controladas por los combates políticos. Desde hace un cuarto de siglo. todo esto ha desaparecido.

La disgregación del sistema educativo es otro aspecto de esta evolución. El sistema ya no es capaz de producir a los individuos que le hagan funcionar o. en todo caso, de producir ciudadanos. La crisis de los valores penetra profundamente en la educación, donde el contenido está minado por la preocupación exclusiva de «la preparación para la vida profesional». El resultado es que el sistema educativo no está regido por ninguna de las tres partes participantes. Los padres no ven más que el modo para que sus hijos obtengan el famoso «papel». Los alumnos no pueden apasionarse por tal objetivo, sobre todo cuando perciben que este papel les sirve cada vez menos en el mercado de trabajo. Los educadores no creen que puedan transmitir gran cosa.

LNP.- El «incremento de la insignificancia» está caracterizado, según usted, por un pseudo consenso generalizado, por la apropiación comercial de toda subversión, por la sustitución de los valores a cambio del dinero rey. Nos gustaría que aclarara las consecuencias de esta tendencia.

C.C.- Los individuos no tienen ninguna señal para orientarse en su vida. Sus actividades carecen de significado, excepto la de ganar dinero, cuando pueden. Todo objetivo colectivo ha desaparecido, cada uno ha quedado reducido a su existencia privada llenándola con ocio prefabricado. Los medios de comunicación suministran un ejemplo fantástico de este incremento de la insignificancia. Cualquier noticia dada por la televisión ocupa 24 o 48 horas y, enseguida, debe ser reemplazada por otra para «sostener el interés del público». La propagación y la multiplicación de las imágenes aniquilan el poder de la imagen y eclipsan el significado del suceso mismo.

LNP.- El posmodernisrno no escapa a sus críticas, ya que esconde, según usted, un conformismo generalizado…

C.C.- El posmodemismo no es más que una denominación pomposa de la crisis de creación en el terreno de la cultura. El término fue inventado por los arquitectos cuando concluyeron que la corriente moderna en la arquitectura se había agotado. Como no eran capaces de dar una salida y como estaban poseídos por otro mal de la época, el furor por lo «nuevo», que conduce casi siempre a una simple repetición, inventaron este término para una producción en arquitectura que no es más que collage. Toman diferentes estilos de la arquitectura pasada y los unen los unos a los otros en el mismo conjunto: un poco de una villa italiana del siglo XVII, algunas columnas griegas, un recuerdo gótico y, por qué no, una pagoda. Este collage domina también tanto en literatura como en cine, con citas. imitaciones. remakes, etc. Es la consecuencia de una enonne bancarrota de las vanguardias, en donde el imperativo de innovar por innovar ha conducido a los lienzos blancos sobre fondo blanco, al bidé de Marcel Ducharnp repetido cientos de veces, etc. En este terreno, la insignificancia se manifiesta verdaderamente.

LNP.- Usted pone en causa a la economía-casino de hoy y al economicismo dominante, pero no parece ver en esta invasión de la insignificancia las consecuencias de una cierta mundialización.

C.C.- La tendencia a la mundialización existe desde los orígenes del capitalismo -no hay más que releer a Marx o a Braudel-. La cuestión es saber porqué ésta invade todo hoy en día y no en el siglo XIX o durante la primera mitad del XX. La respuesta es que la victoria de la mundialización presuponía, en principio, la victoria de una reacción política. Ésta comienza con Thatcher y Reagan en 1979-1980 y, en Francia,con Mitterrand, a partir de 1983. Ha llegado a imponer el poder absoluto del mercado y el desmantelamiento de los medios de la política económica, por la desregulación de la economía, la libertad de movimiento de los capitales, la facultad otorgada a las empresas de despedir libremente., el rechazo de la política presupuestaria como instrumento de regulación de los ciclos económicos, etc.

LNP.- ¿No se debe también a los efectos del enorme progreso de la tecnociencia?

C.C.- Estos progresos no son la causa de la mundialización, simplemente han permitido la forma y la marcha que ha tomado. Por ejemplo, la deslocalización de las empresas ha sido posible y rentable a partir del momento en el que el trabajo relativamente cualificado, en otro tiempo parte esencial del input productivo, ha sido liquidado por la automatización y ha sido reemplazado por un trabajo no cualificado al alcance de los jóvenes del sudeste asiático. La mundialización económica realmente es un fenómeno muy importante, pero la forma que ha tomado y las consecuencias que se desprenden han sido condicionadas por una voluntad política. Ésto es flagrante en el caso de Europa. Mientras que la Comunidad Europea, entidad económica casi autosuficiente, hubiera podido utilizar la tarifa exterior común (TEC) para permitir la supervivencia de una agricultura y una industria europea, sin embargo se ha permitido la desertización de los campos y la destrucción de ramas enteras de la industria y de las regiones correspondientes.

LNP.- A diferencia de Edgar Morin, aunque usted esté preocupado por los valores, no plantea la cuestión de la ética y de su rehabilitación, a la que parece subordinar enteramente a la política.

C.C.- La ética -o, más bien, la charlatanería sobre la ética- sirve hoy para esconder la miseria de la impotencia política. ¿Qué es más importante, no matar a una persona o a un millón de personas? La muerte de millones de personas depende de la política, no de la ética: guerras, hambruna, epidemias que diezman países sin medios sanitarios, etc.

Hemos pasado de una mistificación a la mistificación simétrica y opuesta. Durante tres cuartos de siglo el comunismo ha pretendido, en nombre de una «política» monstruosamente embustera, que el fin po lítico justicaba todos los medios, lo que es intrínsecamente absurdo: una política que pretende ambicionar la liberación de la humanidad no debería utilizar más que medios que apuntan en esa dirección y no que la destruyen, como el terror y la mentira. Cuando esta mistificación explotó en la cara de todos, al mismo tiempo que la política reformista o conservadora mostró su impotencia cara a los problemas de la época, se redescubre la ética, como si pudiera responder a todas las cuestioncs. Ciertamente, la problemática ética está siempre ahí, y siempre lo estará, pero ésta concierne a la vida y a las actitudes personales de cada uno. No permite a un gobierno orientarse en los dominios económicos, educativos, de sanidad pública, de medio ambiente, etc.

LNP.- En su nuevo libro, Fait et à faire, que publica Seuil, usted dice: «El nudo gordiano de la política de hoy es la ruptura con la economía que debe dejar de ser el valor dominante e incluso exclusivo.» Pero no nos da ninguna pista para ello.

C.C.- Antes de indicar una pista para llegar a un fin, la gente tiene que aceptar ese fin, ese objetivo. Ésto no depende de las proposiciones de un autor individual. Es la gran mayoría de los seres humanos la que debe convencerse que su vida tiene que cambiar radicalmente de orientación y sacar las consecuencias. Mientras que los seres humanos continúen poniendo por encima de todo la adquisición de un nuevo televisor en color para el año próximo. no habrá nada que hacer.