Entrevista a Raul Zibechi, pensador, militante y escritor latinoamericano: resistencias populares al extractivismo y por el territorio

Raúl es escritor, pensador, militante, investigador,… caminante de la palabra al fin y al cabo. Dice que Uruguay es tan pequeño tan pequeño, que tal y como hizo Galeano, siempre necesitó salir a alimentarse de lo que sucedia más allá de su país. Hablar con él es recorrer Latinoamerica. Lleva gran parte de su vida en este ejercicio: conocer desde cerca las resistencias no estatales, las populares, indigenas, campesinas, afrodescendientes,…

Estas experiencias le llevaron a cuestionarse los planteamientos de los que partía, un marxismo clasico, y lo llevaron a priorizar la comunidad, el territorio y la creación de poderes populares sin la necesidad de poner el foco en la toma del poder estatal.

El pásado 15,16 y 17 de Marzo estuvo en Barcelona y pudimos conversar con él sobre el avance de la nueva derecha, el extractivismo y las diferentes formas de lucha que podemos aprender de los territorios de Abya Yala. Musicamos el programa con canciones des del Cauca colombiano y la resistencia maputxe.

Raúl Zibechi en Can Mas Deu junto a las compas de la CALACA (Coordinadora de Activistas de America Latinina y el Caribe)

 

Nancy Fraser: «No podemos dejar que el temor a la ultraderecha nos lleve al feminismo liberal»

por Marisa Kohan

Nancy Fraser, filósofa política, intelectual y feminista estadounidense, es profesora de la New School for Social Research y una de las impulsoras del denominado Feminismo del 99%. Este viernes aterrizó en Madrid para participar en un ciclo de conferencias organizadas por El Grupo de Estudios Críticos, un proyecto de estudios del Centro Estudios del Museo Reina Sofía, en colaboación con Medialab. En esta entrevista con Público, Fraser desgrana las claves de este movimiento feminista, la necesidad de cambiar el modelo capitalista y los riesgos a los que nos enfrentamos en esta tarea.

¿Qué es el feminismo del 99% y cuáles son los principales ideas?

Es un intento de dar nombre y un conjunto de ideas a un nuevo activismo feminista que se está desarrollando en los últimos años y que creemos que representa una alternativa real al tipo de feminismo que ha sido el predominante, al menos en USA, Reino Unido o Francia y algunos otros países (no estoy muy segura si en España). Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial.

Le han dado al feminismo un mal nombre, diría yo. Porque lo han asociado con el elitismo, el individualismo, el consumismo… La idea de que las feministas son mujeres de carrera que se han hecho a sí mismas. No sé si es totalmente así, pero de esta forma lo entiende la gran mayoría de mujeres de la clase trabajadora. Personas que ven el presente, no como un momento de crecimiento, sino todo lo opuesto: un tiempo en el que las condiciones de vida van en declive, en el que se pierde el trabajo seguro, en el que se reducen salarios. En definitiva, un montón de caos en la vida.

Creo que este feminismo liberal ha perdido su credibilidad. Desde el punto de vista de EEUU, la derrota de Hillary Clinton en las elecciones de 2016 en favor de Donald Trump fue como una alarma para despertarse, porque las cifras indican que un 52% de mujeres blancas votaron por Trump.

Es una estadística sorprendente. Mostró que el feminismo corporativo de Clinton no era un feminismo para todas las mujeres. Ahora tenemos este nuevo tipo de activismo que es anti-austeridad, que defiende los estándares de la vida de una forma más amplia, que se interesa por los derechos de los migrantes, sobre la situación de las mujeres trabajadoras, las de color… Cuando escribimos el manifiesto para el feminismo del 99%, queríamos promover ese nuevo giro del feminismo. Lejos del liberalismo individualista y más cerca de las preocupaciones de la gran mayoría de mujeres, y también de hombres.

Nuestro manifiesto le da un nombre a este movimiento e intenta articular el pensamiento que lo puede convertir en un movimiento radical, genuinamente transformador y antisitémico.

¿Y se puede construir esto dentro de un sistema capitalista o hay que construir un nuevo sistema

Definitivamente necesitamos un nuevo sistema de algún tipo. El actual sistema de capitalismo liberal financiero está en una crisis aguda y necesita cambios estructurales muy profundos: en nuestra relación con la naturaleza, un cambio en la relación entre producción y reproducción, entre el trabajo asalariado y la vida familiar… un cambio en sistema democrático.
Si este es un cambio que nos llevará más allá del capitalismo está todavía por ver. Tampoco sabemos si existe una forma de capitalismo que pueda responder adecuadamente a esta aguda crisis. Pero no creo que tengamos que responder a esa pregunta ahora. Mi corazonada es que necesitaremos movernos más allá del capitalismo.

Entonces ¿se va construyendo sobre la marcha y no como otras teorías políticas que marcaban un camino?

Creo que es un poco de los dos. A través de nuestras luchas vamos descubriendo cuánto puede o quiere darnos este sistema; si puede o no solucionar nuestros problemas y también descubrimos por el método de práctica y error cuáles son los cambios que necesitamos, cuáles son los que realmente queremos. Es decir, hay un proceso de ignición en el pensamiento que va sucediendo a través del activismo.

Diría que en mi vida he aprendido casi tanto del activismo como lo hice en la enseñanza universitaria formal. Este manifiesto propone algunas ideas como un boceto de lo que una alternativa puede llegar a ser, pero es más con un espíritu de intentémoslo y veamos como resulta. No es un dogma.

¿Cuáles son las principales ideas que contiene?

Una de las principales ideas es que el eje de las desigualdades de género en nuestra sociedad se debe a la separación que hace el capitalismo entre la producción de materias primas por lucro y la reproducción social o la producción de seres humanos. Es decir, La vida familiar y el sector social y la vida comunitaria.

Esa separación no existía antes del capitalismo. Todas estas actividades eran parte del mismo universo social. Cuando el capitalismo introdujo la idea de producción por beneficio en las fábricas, dividió nuestras vidas en estas dos partes y la división está organizada por género: la responsabilidad de las mujeres es trabajar en la esfera social (tanto privadamente sin recibir salario o como profesoras, enfermeras…).

Mientras, los hombres trabajan en las industrias, en el ejército… Esta división, en mi opinión, es la pieza central de la subordinación moderna de las mujeres. Ha habido otras formas pero funcionaban de otra manera. Es una organización en la que el trabajo de producción se paga en dinero y el de reproducción social, que es que realizan las mujeres, no se pagan en su inmensa mayoría. Esto pone a las mujeres en una desventaja estructural en la sociedad.

Simplemente entender esta dicotomía de producción y reproducción, nos propone un largo camino para pensar qué es lo que tiene que cambiar. Tenemos que reintegrar aspectos de la vida que ahora están separados y contrapuestos uno contra otro. No tenemos tiempo de cuidar a nuestra familia, si al mismo tiempo estás realizando un trabajo exigente, un trabajo pagado a tiempo completo, o incluso múltiples trabajos como mucha gente tiene que hacer hoy en día. En Estado Unidos las profesoras cobran muy poco, y muchas de ellas cogen un segundo trabajo en Wallmart por las tardes para ser capaces de ganar lo suficiente para vivir. Esto es tremendo. Cómo puedo, además, realizar los trabajos de reproducción social. Especialmente si los hombres, en una gran mayoría, no hacen la parte que les corresponde del trabajo de cuidados.

¿Cuál es el rol que deberían jugar los hombres?

Los hombres deberían convertirse en feministas también. Este feminismo para el 99% es un movimiento para mejorar la vida de todo el mundo, superando la desigualdad de género, la desigualdad de raza… todas las desigualdades. Pero no es un movimiento contra los hombres. Es un movimiento contra una estructura social, un sistema que crea todas estas desigualdades.

Esta crisis financiera que vivimos ¿es una crisis del sistema, o es el sistema en sí mismo?. La rebaja de salarios, la desinversión en servicios públicos… ¿Es una consecuencia o un plan organizado?

Hemos sufrido una tremenda reorganización del capitalismo en el tránsito de la anterior forma de capitalismo social demócrata, que era menos globalizado y menos financiero y que daba más apoyo estatal a la esfera de la reproducción social. No era un sistema perfecto, en absoluto, pero eso fue transformado en este capitalismo neoliberal y financiero.

En 2007 y 2008 tuvimos casi una fisión nuclear del sistema financiero mundial. Pero la crisis financiera es sólo uno de los cabos de una crisis mucho más amplia, que también incluye una crisis ecológica; una crisis democrática; de migración, y de los cuidados o de la reproducción social, tiene que ver con la desinversión en todas las necesidades sociales y la incorporación de las mujeres en los trabajos pagados a tiempo completo.

Todos estos son los distintos cabos de una sola gran crisis, que podemos llamar una crisis general del capitalismo neoliberal financiero. La crisis lo inunda todo debido al carácter contradictorio e insostenible de este sistema.

¿Y es el feminismo del 99% la respuesta a esta debacle?

El feminismo del 99% está emergiendo como una de las respuestas a esta crisis. Los supremacistas blancos también están respondiendo a esta crisis, los movimientos populistas… Hay una gran abanico de movimientos intentando dar respuestas. Nosotras somos una de las fuerzas que ha saltado en esta situación abierta e incierta y tratar de ofrecer una alternativa

¿Y cuáles son los riesgos?

Los riesgos son que este movimiento del 99% pueda perder contra movimientos de extrema derecha supremacistas y anti-inmigrantes, que son muy desagradables, como Trump en Estados Unidos o Vox aquí en España. El otro riesgo es que nos asustemos tanto de los movimientos ultraconservadores que en lugar de pelear por lo que realmente queremos, nos volvamos hacia el feminismo liberal. Y volver a esa alianza de feminismo y liberalismo no es la solución, porque entraríamos en un círculo vicioso: neoliberalismo, trumpismo, neoliberalismo, un trumpismo peor. Hasta que realmente lleguemos a un fascismo, del que aún estamos lejos.

Es necesaria una ruptura en el ciclo. Pero no podemos volver a las trincheras, a defender lo que tenemos o intentar no perder lo que ganamos, porque seguiremos en ese ciclo vicioso.

En España existen  partidos de derechas promoviendo un feminismo liberal que incluye la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler entre sus postulados. Supongo que es a esto a lo que se refiera cuando dice no volver al neoliberalismo.

La gente está entendiblemente asustada de estas derechas extremas y pueden cometer el error de pensar que no pueden defender lo que creen, sino que toca defender el statu quo. Y es un error en mi opinión, porque defender el statu quo es lo que ha generado estos estos movimientos de extrema derecha.

Usted ha sido muy crítica con lo que denomina feminismo domesticado o de la élite. En España, Ana Patricia Botín, la presidenta del mayor banco se declaró feminista no hace mucho.¿Puede ayudar esto de alguna forma a la igualdad?

No la conozco, pero imagino nombres como Sheryl Sandberg, (directora ejecutiva de Facebook), Christine Lagard (directora gerente del FMI) o Hillary Clinton. Estas son tres caras, y probablemente la que me menciona encaja en este modelo. A ellas me refiero cuando afirmo que dan al feminismo un mal nombre. Si la gente llega a pensar que eso es feminismo, van a concluir que este movimiento no puede hacer nada por ellos y que porqué deberían apoyarlo si hace cosas que les hacen daño.

Este tipo de feminismo, lo que realmente hace, es lo que en el manifiesto llamamos: la dominación de la igualdad de oportunidades. Que cree que la clase dominante que gobierna, debe tener igualdad entre hombres y mujeres. Es decir, que la gente que arruina la vida de muchas personas no sólo deben ser hombres, sino también mujeres. Es una aspiración absurda.

Muchos partidos conservadores se han subido al carro del feminismo, aunque no quieren usar la palabra feminismo. Dicen que luchan por la igualdad. ¿Necesitamos redefinir el concepto de igualdad?

Totalmente. Creo que la mayoría a lo que se llama igualdad es, en realidad, meritocracia. Entienden el problema de la discriminación como una infrarreprosentación de las mujeres en la cima y que es necesario eliminar esa desigualdad para que las mujeres puedan subir de acuerdo a su talento, en relación a sus méritos. Esto deja totalmente intacta la estructura jerárquica y no puede beneficiar al 99% de las mujeres. Sólo beneficia al 1%, o pongamos que al top 10%. Es decir a la clase directiva profesional.

Estas mujeres pueden tener éxito en lo que hacen sólo porque contratan con sueldos muy bajos y en trabajos muy precarios a mujeres migrantes pobres de otras razas para limpiar sus casas, cuidar a sus hijos o atender a sus padres ancianos en residencias de la tercera edad. En otras palabras: hay una relación directa entre esta noción de igualdad y el incremento de la desigualdad. Es una idea de igualdad de clase que dice que las mujeres deben ser iguales a los hombres de su misma clase y al diablo con todas las demás. Definitivamente el feminismo liberal hace necesario redefinir una nueva idea de igualdad.

Una praxis crítica desde las Américas. Pensando acerca de los zapatistas en Chiapas con Marcuse, Echeverría y Sánchez Vázquez

Por Stefan Glandler **

El presente escrito es un ensayo publicado bajo el título A Critical Praxis from the Americas: Thinking about the Zapatistas in Chiapas with Herbert Marcuse, Bolívar Echeverría, and Adolfo Sánchez Vázquez, en Lamas, A. T.; Wol-fson, T. & Funke, P. N. (Eds.). (2017). The Great Refusal: Herbert Marcuse and Contemporary Social Movements (pp. 329-342). Philadelphia: Temple University Press. El autor autorizó gentilmente la publicación en versión castellana por Jhoan Sebastian David Giraldo y Cristian Leandro Sánchez Marín.

RELIGACIÓN. REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES Vol 3 • No 12 • Quito • Trimestral • Diciembre 2018
pp. 80-90• ISSN 2477-9083

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** Profesor de teoría y filosofía social en la Universidad Autónoma de Querétaro y la Universidad Nacional Autónoma de México y ha sido profesor visitante en la Goethe Universität Frankfurt (2001-2002), la Universidad de Califor-nia-Santa Cruz (2009-2010) y Universidad de Tulane (2015-2016).

Los teóricos radicales Herbert Marcuse (1) y Bolívar Echeverría (2) tienen en común su desafío al marxismo ortodoxo y su trabajo a través del marxismo heideggeriano para articular un marxismo más abierto y generador que teoriza en estrecha relación con los movimientos sociales existentes y que desafía al capitalismo y otras formas de dominación. Ambos están buscando una alternativa poscapitalista, pensando que dentro de la realidad existente ya está el germen de esta otra nueva sociedad. En contraste con la marca de marxismo dogmático, Marcuse y Echeverría están convencidos de que esta liberación de la forma de reproducción capitalista sería una ruptura social y civilizadora, no meramente económica. Aunque Marcuse y Echeverría entienden este rompimiento como una negación concreta de las formas existentes de producción, consumo, comunicación y convivencia, no obstante, creen que, en ciertas formas de sociabilidad y humanidad, incluso las que existen actualmente, se encuentra material que podría, debería y sería la base de una sociedad poscapitalista. Marcuse encuentra tal evidencia, por ejemplo, en nuevas comprensiones y prácticas de feminidad y humanidad inspiradas en los movimientos feministas y antirracistas radicales de los años sesenta y setenta. Mientras tanto, Echeverría encuentra apoyo en formas de convivencia, que aún existen, por ejemplo, en algunos lugares de América Latina, y que llamó en un corto período de su escrito naciones naturales (3).

En ambos casos, se supera el peligro de caer en un cierto heideggerianismo ontologizante, que busca un Ser intocado por las fuerzas destructivas del capitalismo. Marcuse, cortando su relación personal con Martin Heidegger debido a su pasado nazi y su falta de voluntad para hacer una clara ruptura con él, lee a Marx, Hegel y György Lukács de una manera que le permite descartar la forma ahistórica y antidialéctica de Heidegger de comprender la sociedad humana y la historia. Los conceptos no-ontológicos de feminidad y humanidad que desarrollan los radicales en los movimientos feministas y antirracistas de su época contribuyen aún más a la teoría crítica de Marcuse.

Echeverría también se distanció de la tentación de buscar auténticas formas precapitalistas de convivencia, y su resistencia fue alimentada por dos fuentes. La primera fuente es su compromiso crítico desde hace mucho tiempo con Marx y la teoría marxista, que comenzó con seriedad en Lukács y en círculos de conferencias semiclandestinos inspirados por Marcuse en Berlín occidental a principios de la década de 1960 —junto con Rudi Dutschke, Bernd Rabehl, Horst Kurnitzky y otros. Echeverría explica:

De lo que me preguntas sobre la importancia de mi estancia en Berlín… es eso: Yo comencé a cumplir todas las funciones —podría decirse— vitales, intelectuales, corporales en Berlín. Entonces ahí yo me conecté mucho con Rudi Dutschke, pero en una especie de diálogo entre el Tercer Mundo y los intelectuales del centro de Europa o algo así [se ríe]. Entonces nosotros, algunos compañeros latinoamericanos y yo, teníamos la Asociación de Estudiantes Latinoamericanos en Alemania, la AELA. Yo alguna vez fui presidente de la AELA. Teníamos reuniones en donde leíamos literatura, como por ejemplo Los condenados de la tierra de Frantz Fanon, u obras de Marcuse que nos presentaban Rudi Dutschke o Bernd Rabehl, que también estaba en el grupo. Entonces era una especie de seminario interno (Echeverría, 1994b).

La segunda fuente es una constelación de espacios teóricos y activistas en México, que generó posiciones políticas e intelectuales críticas al capitalismo, como el diario mexicano Cuadernos Políticos y ciertos movimientos sociales en América Latina, especialmente los zapatistas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional— EZLN, el cual lo ayudó a evitar caer en una posición teórica ontologizante. Las discusiones entre los miembros del comité editorial de Cuadernos Políticos, a la que pertenecían muchos de los autores izquierdistas más importantes de México —incluidos autores latinoamericanos exiliados que vivían en ese momento en México—, fueron para Echeverría a lo largo de los años el único lugar para el análisis continuo de una “temática más política, social, económica”, temáticas sin las cuales, él dice, “yo estaba perdido… cosas de teoría pura” (Echeverría, 1996). Sobre este asunto, aquí hay un extracto de mi entrevista de 1996 con Echeverría (4).

GANDLER: ¿Para ti era importante esta participación para tu propio desarrollo político-teórico?

ECHEVERRÍA: En Cuadernos Políticos sí, porque era el único lugar donde yo tenía conexión con discusiones más políticas y todo eso. Para mí era bien importante, si no yo estaba perdido en mis cosas de pura teoría. Pero ahí [estaba] bien: discutía, leía artículos de todo tipo, porque leíamos todos los artículos, discutíamos artículo por artículo. Era una revista muy seria. Se repartían todos los artículos entre todos y hacíamos una sesión de discusión sobre cada artículo. Era muy bueno eso. Entonces yo leía ahí de todo. Para mí fue bien importante, como que me mantuvo atado un poco a la temática más política, social, económica, porque yo tiendo más bien a ser más…

GANDLER: ¿Entonces con esto evitaste caer en lo mismo que Heidegger? [En alusión a un pasaje anterior de la entrevista, en el cual Bolívar Echeverría explica la participación de Heidegger en el nacionalsocialismo, entre otras razones, con la de que aquél dejó de lado en sus estudios el mundo real y su análisis].

ECHEVERRÍA: El antídoto. [se ríe].

GANDLER: ¿Y ahora qué haces?

ECHEVERRÍA: [Riéndose] Ahora ya están los zapatistas, ya hay los comunicados del Subcomandante… [Marcos] (Echeverría, 1996; Gandler, 2007: 112).

El 1 de enero de 1994, el día en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) —el trascendental acuerdo comercial neoliberal entre Canadá, Estados Unidos y México— estalló una rebelión indígena armada en el estado más meridional de México, Chiapas: en la Selva Lacandona y en la región de Los Altos. El EZLN, que se hizo conocido en todo México y luego en el mundo a través de su praxis y sus declaraciones (5), rompió el muro de silencio y olvido (6) que se había construido en torno a los pueblos indígenas y su pobreza —generalmente extrema (7). A principios de julio de 1996, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el filósofo mexicano y ecuatoriano Echeverría participó, como asesor del EZLN, en el Foro Especial sobre la Reforma del Estado convocado por los zapatistas. Dio una presentación en la sesión titulada Transición a la democracia en México (8).

Este foro fue, con respecto a las discusiones domésticas mexicanas con los zapatistas, el evento más importante desde la gran asamblea izquierdista convocada por el EZLN en el primer Aguascalientes9 construido junto al pueblo de Guadalupe Tepeyac, en Chiapas, en el verano de 1994 formalmente. Echeverría fue una parte integral de las negociaciones del EZLN con el gobierno mexicano, y el resultado de las resoluciones finales fue enviado al Congreso mexicano para su debate. El gobierno mexicano mantuvo, con el apoyo no sólo de sus propios partidarios, que la democratización del Estado estaba íntimamente relacionada con la modernización del país. Esta postura oficial ha sido confusa y requiere un escrutinio crítico. Ciertamente sugiere una modernización en el sentido técnico industrial. Sin embargo, en realidad, este no ha sido el caso, ya que las políticas neoliberales —o laissez-faire— aplicadas desde la década de 1980 han dado lugar a una tendencia hacia la desindustrialización del país. La modernización, alabada por muchos, en realidad ha significado, sobre todo, la validez inquebrantable de los mecanismos capitalistas, que hasta ahora habían coexistido con la intervención estatal reguladora, practicada en parte de acuerdo con el modelo del socialismo realmente existente. La modernización, tal como la practica el Estado mexicano, ha significado, entre otras cosas, la reducción del Estado en ciertos aspectos. Podemos ver como parte de esta modernización realmente existente la suspensión de facto del Artículo 27 de la Constitución mexicana, que se originó durante la revolución y prohíbe la venta de grandes porciones de tierras agrícolas arables, especialmente la de los ejidos, que son comunalmente cultivados. Grandes sectores de la población e incluso muchos críticos del gobierno entendieron la promesa de la modernizacióncomo un medio para poner fin a la corrupción estatal y frenar a las viejas élites de poder, con la esperanza de que, si México se parecía al Primer Mundo, la cultura política moderna haría su aparición en México, resolviendo así viejos problemas. En el contexto de estos debates prevalecientes, uno sobre la democracia y el otro sobre la modernización, se puede ubicar la posición teórica de Echeverría.

El concepto de revolución, similarmente sometido al análisis crítico general por parte de Echeverría en su teoría, es, en la mayoría de los contextos políticos en México, mucho más frecuente que en el caso de Alemania. Algo similar ocurre con el concepto de nación, que también está en boca de todos y, a menudo, se refiere a la independencia nacional con respecto a los Estados Unidos. En general, la necesidad de unidad nacional se eleva así, según el argumento, para mantenerse firme frente a los intentos de intervención extranjera. Las diferencias internas —por ejemplo, las de naturaleza lingüística— son vistas prácticamente por todas las corrientes políticas como un peligro para la unidad nacional y, como resultado, las más de cincuenta lenguas existentes en México, aparte del español, se consideran como un mal inevitable. Y esta situación no se transformó mucho ni por la rebelión armada del EZLN ni por las innumerables rondas de conversaciones, asambleas, etc., con la izquierda, mayoritariamente urbana, hispanohablante, que no está interesada en los problemas creados al ignorar la existencia de facto de un México multilingüe. Hasta el presente, la mayoría de los mexicanos actúan como si este fuera un problema que se resolvería por la supuesta desaparición gradual de los otros idiomas.

La teoría de Echeverría es una de las pocas que emerge en México y que —sin redefinir la cuestión como si fuera etnológica— entra en estas contradicciones. Echeverría defiende, entonces, un concepto de historia que no aplasta la poderosa dinámica propia de la tradición y que, como resultado, es consciente de la importancia de la robustez de aquellas formas de praxis cotidiana que tampoco se modifican automáticamente por la transformación de la tradición, la constitución política, social y económica.

Por eso es la crítica al mito de la revolución (10). El mito de la revolución que es el mito de esta omnipotencia del ser humano. ‘El ser humano puede en el momento que quiera cambiar lo que sea’. Entonces, por ejemplo, respecto de su propia tradición, de sus propias formas culturales, el ser humano moderno cree que éstas no tienen ninguna densidad y que él puede hacer y deshacer [sin más] la sustancia social, la sustancia histórica-social (Echeverría, 1996).

Pero esto no debe entenderse en el sentido de echar por la borda la idea de una transformación fundamental de las relaciones sociales; más bien, Echeverría significa todo lo contrario. Le interesa salvar el concepto de revolución a través de una crítica radical del mito de la revolución; en otras palabras, una comprensión totalmente equivocada de la revolución que la glorifica simultáneamente11. Dar carácter concreto al concepto de praxis requiere que pasemos por una demostración de las dificultades de una posible transformación revolucionaria, mientras que al mismo tiempo revela sus verdaderas posibilidades, que hasta ahora han estado ocultas. En el actual contexto sociopolítico de México, la aparente sumisión al gobierno resulta en un contexto de rebelión12, que se expresa de la siguiente manera en la entrevista que hice a Echeverría en 1996:

Gandler: La crítica, ¿sería la de un concepto de praxis que está vaciado de su contenido histórico?

Echeverría: Sí, exactamente.

Gandler: ¿Entonces se podría decir, simplificando, que mientras que [Adolfo] Sánchez Vázquez ve todo el tiempo hacia adelante, tú quieres ver también hacia atrás?

Echeverría: Sí, sí, o: él ve sólo hacia arriba y en general, en cambio yo veo más hacia abajo y todo el pantano [se ríe] sobre el que estamos tratando de sobrenadar.

Gandler: ¿Se podría decir entonces, que… tú eres un zapatista antes de 1994 (en el nivel teórico)?

Echeverría: Sí, a mí por eso me gusta mucho lo que dicen los zapatistas, porque ellos se dan cuenta de que la problemática no es una problemática puramente de juego político, es decir: “cambiamos a los políticos y ya decidimos que la historia dé por acá”. Dice: “no pues no, la cosa no está tan fácil, los problemas son mucho más viejos, mucho más densos. ¿Cómo vamos a cambiar todo esto sí, porque sí, ya nos tomamos Los Pinos o el Palacio de Gobierno y decimos que a partir de mañana México ya no es esto, sino que es lo otro?” Como que dice: no, no, eso no es así, no es posible, hay un nudo de conflictos históricos que está ahí y al que primero habría que despertar, para que él mismo comience a gestar sus propias soluciones” y no: “nosotros venimos de las montañas de Chiapas y decimos, la solución es esta”.

Son revolucionarios muy relativizantes de su propio poder, a tal punto que lo único que dicen ellos es “nosotros luchamos ni siquiera por sobrevivir porque nos están matando, esto es un hecho, nos estamos muriendo y lo púnico que hacemos es morir de la manera que nos parece a nosotros más elegante”, diríamos, ¿no? En verdad, el mensaje más profundo de los zapatistas es ese. Es un mensaje muy terrible, porque no es optimista, no es luminoso como el de la Revolución de Octubre: la mirada alta y el horizonte con el sol que se levanta y esas cosas, no; sino es una mirada terrible, porque dicen: “nosotros somos los cadáveres, a nosotros nos están matando, nuestra gente está muriéndose, mientras yo aquí hablando, mi gente se está muriendo y yo mismo me estoy muriendo”.

Entonces: “nuestro movimiento es simplemente para afirmar” lo que ellos dicen: “nuestra dignidad, morir con dignidad… No nos importa [Porfirio] Muñoz Ledo o [Manuel] Camacho, si cambian a Salinas y ponen otro, no nos importa un comino. Es una maquinaria asesina que nos está matando” —y un poco en el sentido de [Max] Horkheimer y [Theodor W.] Adorno [se ríe]: “sería bueno que no fuera así y ojalá no sea así”.

Ahí sí hay… estas conexiones raras entre un discurso aparentemente elitista de Horkheimer y Adorno y el de los indios de Chiapas. Porque lo que dicen ellos es un poco eso. Un optimismo histórico no lo vas a encontrar, por el contrario, ven una máquina y dicen: “ojalá que no fuera así” (13) (Echeverría, 1996; Gandler, 2007: 216).

Estos comentarios de Echeverría sobre los zapatistas están fuertemente relacionados a su modo de entender las formas contemporáneas, múltiples y existentes de la modernidad capitalista: los cuatro ethe modernos, del ethos histórico contemporáneo, que Echeverría describe como el ethos realista, el ethos romántico, el ethos clásico y el ethos barroco (Echeverría, 1994a: 19). Mientras Marcuse investiga formas de dominación y subordinación y teoriza el Gran Rechazo como un rechazo político y elemental de represión e injusticia, Echeverría, quien se une a Marcuse en un proyecto marxista no dogmático de anticapitalismo, entendería el Gran Rechazo de Marcuse como vinculada a la rebelión contra el dominante ethos realista, el ethos que Echeverría entiende como dominante en la modernidad capitalista del Primer Mundo. Echeverría se enfoca menos en Europa y Estados Unidos y presta más atención en las Américas, particularmente en América Latina, donde ve el ethos dominante de la modernidad capitalista como el ethos barroco; vemos entonces que Marcuse y Echeverría entienden sus proyectos respectivos de manera diferentes pero compatibles y algo superpuestos. Echeverría busca sentar las bases de una teoría materialista de la cultura (Gandler, 2007: 392). Si en América Latina prevalece el ethos barroco con su “paradójica mezcolanza de sobriedad y rebelión” (Gandler, 2007: 417), la lucha por la libertad en América Latina se formula en un terreno diferente. Para Echeverría, uno debe preguntarse qué formas de subordinación y qué formas de rebelión son típicas para cada ethos histórico. La teoría de Echeverría trata de comprender la combinación específica y aparentemente absurda de conservadurismo y rebelión en un momento, una persona, un grupo, un movimiento: una combinación que ocurre al mismo tiempoy en la misma perspectiva. Es esta extraña combinación lo que es central en su descripción del ethos barroco y, muy interesante, es algo que se puede encontrar en la praxis, y, de alguna manera, también en los textos, de los zapatistas. Algunos de ellos visten ropas que parecen pertenecer al pasado remoto, muchos hablan idiomas que se supone han muerto o desaparecido y utilizan formas de tomar decisiones colectivas que, según dicen, han estado en uso continuo durante cientos y cientos de años. Sin embargo, al mismo tiempo, han estimulado a muchos en todo el mundo por el uso sofisticado de los medios digitales para transmitir sus declaraciones y son uno de los pocos grupos de izquierda en el mundo que usa abiertamente las armas para avanzar sus demandas territoriales y su agenda política abiertamente anticapitalista.

La fascinación por esta combinación extraña es probablemente una de las razones por las que los zapatistas se debaten con tanto entusiasmo en círculos de izquierda y antirracistas en todo el continente americano y el mundo entero. La tensión captura, de una manera similar a la proclamación teórica del gran rechazo de Marcuse, una oposición liberadora que parece imposible y totalmente necesaria. Al mismo tiempo, la manera de los zapatistas de hacer política, de teorizar, de organizarse —en circunstancias diferentes a las que enfrentan los revolucionarios en el tiempo y el lugar de Marcuse— puede entenderse, con la teoría de Echeverría del ethe múltiple y moderno, no como expresiones de una modernidad “más o menos desarrollada”, sino como expresiones de desarrollos diferentes pero paralelos de las modernidades capitalistas, así como formas de luchar contra el capitalismo y sus lógicas destructivas.

Junto a las contribuciones de Echeverría, el concepto del Gran Rechazo de Marcuse puede y debería aplicarse, con gran utilidad, al análisis de las revueltas contemporáneas en México y en toda América Latina, pero, además, estos recursos conceptuales nos permiten ver nuestro camino hacia la política. Ese es el punto de la praxis crítica. Estas rebeliones se vuelven comprensibles y vemos cómo, en un nivel político, podría ser necesario y posible solidarizarse con tales rebeliones, sin presunción y condescendencia, sin caer en la típica mentalidad del Primer Mundo que erróneamente malinterpreta todos los demás movimientos como subdesarrollados. Partiendo de este nuevo punto de partida teórico, podría fundarse lo que podría llamarse una praxis crítica de las Américas, una nueva forma de solidaridad internacional; es decir, una nueva forma de organizar la lucha anticapitalista a escala mundial que prosigue sin privilegiar a los Estados Unidos, incluidas sus formas particulares de lucha popular, como una categoría analítica y sin glorificar al Subcomandante Marcos y los zapatistas, como ambos movimientos, al final del día, representan formas oscuras de análisis eurocéntrico.

Tales reflexiones conducen a la consideración de un problema teórico que surge al analizar a los zapatistas desde un punto de vista tradicionalmente de izquierda: ¿son las políticas zapatistas reformistas o revolucionarias? Echeverría puede ser útil aquí, ya que él —y no sólo en su concepto del ethos barroco— trata de desplegar una teoría social más allá de esta dualidad de reforma y revolución.

Es verdad que no hay continuidad entre la salida revolucionaria y la solución reformista. Como le gustaba repetir a Rosa Luxemburg, la revolución no es un cúmulo acelerado de reformas, ni la reforma es una revolución dosificada… Sin embargo, aunque son enteramente diferentes entre sí —incluso hostilmente contrapuestas—, la perspectiva revolucionaria y la reformista se necesitan mutuamente dentro del horizonte político de la izquierda (Echeverría, 1995: 36).

En el ensayo Postmodernidad y cinismo, Echeverría piensa acerca de dónde se encuentra la búsqueda reformista con la búsqueda revolucionaria al reflexionar sobre la condición de la alienación.

Si una teoría política que parte del concepto de “cosificación” acepta que existe la posibilidad de una política dentro de la enajenación, que la sociedad —aun privada de su soberanía posible— no está desmovilizada o paralizada políticamente ni condenada a esperar el momento mesiánico en el que le será devuelta su libertad política, el problema que se le plantea consiste en establecer los puntos de contacto en lo que la búsqueda reformista de un juego democrático apropiado para la conversión de los intereses civiles en voluntad ciudadana se toca con la búsqueda revolucionaria de una ampliación substancial de la escala de medida en la que la sociedad es capaz de tomar las decisiones sobre su propia historia (Echeverría, 1995: 54).

Tales afirmaciones podrían parecer reformistas, pero en el contexto mexicano actual son todo lo contrario y han sido confirmadas como tales —al menos por ahora— por la rebelión zapatista, que no está sufriendo la violencia militar total del ejército federal mexicano, en parte por el hecho de que las fuerzas reformistas protestan y actúan contra las instituciones del Estado mexicano con sus propios métodos específicos: reformistas (14). Esta es una razón más por la cual las reflexiones filosóficas de Echeverría, inspiradas por Hegel, Marx y la tradición de la Teoría Crítica, pueden ser muy útiles para comprender la rebelión del EZLN. La rebelión zapatista debe entenderse sin reducirla a su impulso moral y, al mismo tiempo, sin reducirla a sus aspectos revolucionarios: lo que significa que su naturaleza radical no debería oscurecerse por criticarlo por no ser en todo momento y en toda situación completamente revolucionario.

Finalmente, tal discusión de Echeverría y Marcuse no se completaría sin una consideración del importante filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, particularmente dada su relación teórica y política con los zapatistas. Sánchez Vázquez (1996) fue invitado como asesor del Foro Especial sobre la Reforma del Estado, realizado en julio de 1996 por el EZLN, y participó enviando una contribución discutiendo la cuestión de los derechos humanos en México, como una forma de considerar la rebelión zapatista y sus causas. Sánchez Vázquez, como veterano de la Guerra Civil española y marxista antidogmático, no se mantiene alejado de los zapatistas, sino que probablemente, sin embargo, necesitaría realizar ciertos saltos teóricos para aproximarse conceptualmente a la praxis y doctrina zapatista. A primera vista, la combinación de elementos de izquierda radicales y reformistas con ideas y tradiciones aparentemente premodernas es altamente inusual, y no sólo, quizás, para Sánchez Vázquez. Sin embargo, utilizando la concepción teórica de Echeverría del ethos barroco, esta extraña combinación se hace más comprensible, ya que Echeverría hace un esfuerzo por seguir las huellas de la supervivencia de las tradiciones antiguas y los conflictos que se agravan bajo la modernidad capitalista que actualmente domina en Latinoamérica. Por lo tanto, Sánchez Vázquez, en el documento preparado para el Foro Especial sobre la Reforma del Estado, por supuesto, entra en cuestiones de democracia y derechos humanos, que son de extrema importancia para los zapatistas, pero no llega a involucrarse en el análisis posiblemente necesario de las diferentes formas de democracia —por ejemplo, la forma parlamentaria por un lado y, por otro lado, la forma comunal que se practica en muchas partes de Chiapas bajo el control zapatista— y de diferentes entendimientos de lo que es la dignidad humana o debería ser. Aquí, Sánchez Vázquez permanece enmarcado, de alguna manera, dentro de los ideales occidentales clásicos heredados de la Revolución Francesa.

Desempeñando un papel en Latinoamérica desde la década de 1980 similar al papel que jugó Marcuse en Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970, Sánchez Vázquez fue uno de los primeros marxistas en México que subrayó la necesidad de abrir la teoría crítica hacia otros sujetos rebeldes, más allá de organizaciones de masas proletarias. Al hacerlo, Sánchez Vázquez preparó los andamiajes teóricos en México y Latinoamérica con los que un movimiento como los zapatistas de Chiapas podría entenderse, en círculos marxistas y de izquierda, no sólo intelectual, sino también políticamente.

El amplio reconocimiento público en México de Sánchez Vázquez como un importante intelectual otorgó un gran significado, y no sólo en los círculos izquierdistas, a su abierta defensa del impulso moral de los zapatistas, particularmente bajo las condiciones imperantes en las que sectores importantes de los círculos intelectuales mexicanos y las fuerzas políticas izquierdistas habían declarado durante mucho tiempo el uso revolucionario de las armas como algo completamente anacrónico. El impacto de su defensa se sintió más allá de la izquierda, y la resistencia siguió. El 25 de octubre de 2007, el libro de Sánchez Vázquez, Ética y política (15), fue presentado en un evento público en la Librería del Fondo de Cultura Económica Octavio Paz, la librería de la casa editorial mexicana más importante. Uno de los críticos del libro, José Woldenberg, el ex presidente del Instituto Federal Electoral, al que Sánchez Vázquez había invitado, expresó en esa ocasión: “por cierto, es siguiendo la lógica del propio maestro Sánchez Vázquez, que no acabo de comprender su condescendencia con el EZLN” (Woldenberg, 2007). Woldenberg agregó, “precisamente porque en nuestro país las vías de la política pública y pacífica no se encuentran… cerradas, es por lo que —para mí— resultaba absolutamente injustificable… la opción de la vía armada” (Woldenberg, 2007).

Al enmarcar su crítica de esta manera, Woldenberg revela, probablemente sin darse cuenta, lo que hace a Sánchez Vázquez una figura tan notable: la radicalidad del filósofo se expresa no sólo a través de sus teorías sino también a través de su política —una expresión que, en los homenajes públicos pronunció los propios seguidores del filósofo, también a menudo desaparece de la vista. Recordemos sólo algunos aspectos importantes: su membresía en el Partido Comunista Español; su cargo de director, a la joven edad de veintiún años, del periódico Ahora de las Juventudes Socialistas Unificadas españolas y sus más de doscientos mil miembros; y su servicio militar, incluida su dirección de la revista Acero para el V Cuerpo de Ejército de Enrique Líster, durante la Guerra Civil española en la lucha contra la dictadura fascista de Francisco Franco. Para Sánchez Vázquez, el compromiso con la transformación radical hacia un mundo sin explotación y represión se honró en la relación entre la teoría y la práctica en una vida filosófica y política.

Aunque Sánchez Vázquez nunca reconoce abiertamente una relación directa con Marcuse, en su giro al concepto de praxis, alejándolo del marxismo dogmático (16), a los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 de Marx —para lo cual hizo la primera traducción al español—, y al movimiento estudiantil de 1968 — señalando también el significado de sus textos para el movimiento— es claro, no sólo filosófica, sino también políticamente, que existe una importante proximidad entre las vidas y el trabajo de Sánchez Vázquez y Marcuse. Ambos buscan formas alternativas de teorizar la lucha anticapitalista más allá de la reducción dogmática a la lucha de las organizaciones de masas proletarias. Marcuse encuentra esta nueva, no jerárquica, forma de lucha en el Gran Rechazo. Sánchez Vázquez la encuentra en su concepto crítico de praxis, como la unión, de cada individuo que lucha, entre la reflexión crítico-teórica y la actividad política y material. La presencia política y filosófica de Sánchez Vázquez en México —incluyendo sus famosas clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, en las cuales no sólo el Che Guevara contribuyó, sino también uno que más tarde se hizo famoso como el Subcomandante Marcos— ha sido, y sigue siendo, uno de los elementos que crearon la situación en la que los zapatistas pudieron surgir y, de alguna manera, ganar.

NOTAS:

1  Herbert Marcuse (1898-1979) ha sido considerado el primer ‘marxista heideggeriano’ (Schmidt, 1977: 59).

2  Bolívar Echeverría (1941-2010) comenzó su serio desarrollo intelectual a través de lecturas y discusiones en la escuela secundaria y la universidad en Quito, Ecuador. En un círculo de lectura, junto con Ulises Estrella, Fernando Tinajero Villamar, Iván Carvajal, Luis Corral y ocasionalmente Agustín Cueva Dávila, habló sobre Miguel de Unamuno, Albert Camus y Jean-Paul Sartre. “Cuando empezábamos a leer a Heidegger veíamos que sí: mucho más radical es el pensamiento de Heidegger que el de Sartre. Sartre nos gustaba por su conexión con la política concreta, con la historia concreta y Heidegger porque era un gran filósofo” (Echeverría, 1996).

3 Echeverría habla en otro lugar de “un ser objetivo subjetivo, provisto de una identidad his-tórico-cultural particular… la existencia histórico-concreta de las fuerzas productivas y consuntivas, es decir… la sustancia de la nación” (Echeverría, 1986: 192). Con esta línea de pensamiento, Echeverría po- dría estar hablando de los subsistemas de una sociedad en la cual, en cada caso, predominan códigos queestán más o menos unificados; sin embargo, dado que este concepto de la sustancia de la nación —transformado en otro lugar en el de la nación natural— es problemático para nosotros, no queremos usarlo aquí sin una introducción crítica. Aquí surge un problema que generalmente está presente en la teoría deEcheverría. Por un lado, es adecuado para indicar las diferencias internas dentro de una sociedad y dentro del sistema social actual, que se organiza a nivel global, y para hacer de estos los objetos de investigación. Sin embargo, podría parecer que se mueve en la dirección de un retorno a conceptualizaciones altamente dudosas, como la de la sustancia de la nación, que no llega a una teoría crítica de la sociedad. La naciónes un producto de la historia, del período burgués, y a él corresponde. Entonces, la teoría de Echeverría es posiblemente problemática para nosotros siempre y cuando la nación natural sugiera un esencialismo ahistórico.

4 Los extractos de las entrevistas de 1994 y 1996 de Stefan Gandler con Bolívar Echeverría se encuentran, y fueron tomados para este texto, del libro Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría, de Gandler. Ver Gandler (2007: 112-113; 216-217). (N. de T.)
5 Ver, por ejemplo, el Subcomandante Marcos (2001).

6 El, anteriormente, miembro más conocido del EZLN, el subcomandante Marcos, entiende su guerra como una lucha contra el olvido. “La posición gubernamental dice que quiere acabar con las cau-sas que nos hicieron fuerza opositora y que pasemos a ser parte del gobierno. Nosotros decimos que esoes mentira, porque no van a poder solucionar las causas ni resolver las demandas de salud, tierra, trabajo, vivienda, alimentación de las comunidades porque no tienen dinero, están en crisis y no están dispuestos a invertir. Ellos sólo meten dinero donde van a sacar más, con mentalidad de empresarios. Los gober- nadores dejan de gobernar y se ponen a administrar un negocio. México deja de ser un país para ser una empresa con partes rentables y otras que no producen ganancia. Los indígenas son los que no producen ganancia. Si usted no produce ganancia está despedido, pero como no los pueden despedir del país, hay que aniquilarlos por bala, por olvido. Simplemente empiezan a tomar decisiones como si no existieran.Ese es el origen fundamental del alzamiento zapatista. Es una guerra contra el olvido” (Escarpit, 1995).

7 Véase Largend (1995) para información de antecedentes y detalles sobre la rebelión zapatista.

8 La base de este discurso se encuentra en ensayo de Postmodernidad y cinismo de Echeverría (1996). Ver este ensayo en Echeverría (1995: 39-54).
9 Aguascalientes es lo que los zapatistas llaman los lugares de reunión que han establecido en varias ocasiones en la Selva Lacandona, donde se alojan miles de personas con pocos recursos. El nombrehace referencia a la capital del estado mexicano de Aguascalientes, donde se celebró la Convención deAguascalientes durante la Revolución Mexicana. Fue allí donde se sentaron los cimientos para una nueva constitución posrevolucionaria, con la participación de los dos revolucionarios mexicanos más radicales, Emiliano Zapata y Pancho Villa.

10 Cuando Echeverría habla del mito de la revolución, como regla general, no se está refiriendo a lasteorías de Marx.
11 Esta banalidad de mantener el concepto de revolución en el mismo saco como el mito de la revolución es algo que ciertos círculos izquierdistas, y sobre todo los dogmáticos, comparten con los círculos con- servadores. Echeverría critica esto en otro lugar sobre la base de ciertas declaraciones políticas del intelectualorgánico fallecido de los recientes gobiernos mexicanos, Octavio Paz. Junto a estas dos posiciones, que equipa- ran el mito con el concepto de revolución para no tener que escuchar más sobre este último, aún pueden existirotras posiciones —como residuos— que el mismo Echeverría mantuvo en ciertos momentos; están presentes en grupos que de vez en cuando depositan una extrema confianza en sus fantásticas imaginaciones para no des- animarse demasiado pronto y así acercar el concepto de revolución a la realización. A pesar de las similitudes con la posición anterior en términos de la ecuación del concepto de revolución con el mito, no debemos olvidar que esta última orientación es diametralmente opuesta a la primera. El propio Echeverría, en la entrevista de 1996 conmigo, estuvo de acuerdo en que es necesario cierto grado de autoestimulación a través de elementosfantásticos y exagerados para soportar la carga de una acción revolucionaria (Echeverría, 1996).

12 Ya durante la Revolución Mexicana, que comenzó en 1910, había una contradicción peculiar en el país: incluso en la vida cotidiana, era sólo una línea invisible que separaba una calma que lindaba con la apatíade formas violentas de expresión, con formas intermedias menos presentes que, por ejemplo, en Frankfurt en la década de 1980. Bajo la dictadura de Porfirio Díaz, México fue considerado como uno de los países másestables de la Tierra, cuando la Revolución repentinamente explotó. De manera similar, casi nadie previó la rebelión zapatista que comenzó el 1 de enero de 1994. Además, se lanzó en una región en la que el PRI, Partido Revolucionario Institucional, siempre registraba cierta victoria electoral.

13 Tener en cuenta que poco antes de la entrevista, Echeverría participó como asesor de los zapatistas en el Foro Especial sobre Reforma del Estado organizado por los rebeldes y que incluyó varias mesas de dis- cusión, cada una presidida por un representante zapatista. Las frases citadas fueron expresadas obviamente por Echeverría al recordar lo que habían dicho los representantes rebeldes del sureste mexicano. También hay que tener en cuenta que, en este extracto de la entrevista, Echeverría comenta brevemente sobre el filósofo mexicano nacido en España, Adolfo Sánchez Vázquez —1915-2011—, que llegó a México en 1939 a raíz de la derrota de la República en la Guerra Civil española. Sánchez Vázquez desarrolló un marxismo no dogmático que es consistente con las tendencias en Teoría Crítica de Marcuse. Para un contexto histórico adicional respecto a la entrevista de Echeverría de 1996, ver Gandler (2007: 83-138). Porfirio Muñoz Ledo era el líder del partido de izquierda reformista PRD, Partido de la Revolución Democrática, el único partido en México con relevancia parlamentaria que no se situó del lado del gobernante PRI. Manuel Camacho Solís fue el representante del gobierno federal mexicano durante las primeras negociaciones de paz con los zapatistas y, en ese período —1994—, fue un íntimo confidente del entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari. En 1996, Camacho Solís abandonó el PRI y se unió al PCD, Partido del Centro Democrático, y luego al PRD a la izquierda reformista.

15  Ver Sánchez Vázquez, (2007).

16  Ver Sánchez Vázquez (1972).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Echeverría, Bolívar. (1986). El discurso crítico de Marx. México. Ediciones Era.

Echeverría, Bolívar. (1994a). El ethos barroco. En Modernidad, mestizaje cultural, ethos barroco. México. UNAM.

Echeverría, Bolívar. (1994b, abril 26). Entrevista con Stefan Gandler.

Echeverría, Bolívar. (1995). Las ilusiones de la modernidad: ensayos. México. UNAM/El Equilibrista.

Echeverría, Bolívar. (1996, julio 10). Entrevista con Stefan Gandler.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional (México). (1994). EZLN: Documentos y comunicados (Vols. 1–5). México. Ediciones Era.

Escarpit, Francoise. (1995, diciembre 27). El gobierno, sin una línea clara de negociación, asegura Marcos. La Jornada.

Gandler, Stefan. (2007). Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría. México. Fondo de Cultura Económica.

Largend, Etienne. (1995). Was gibt die Bestie im Tausch fur das, was sie nimmt? Zum Kräfeverhältnis zwischen EZLN und dem mexikanischen Regime. Die Beute: Politik und Verbrechen, 6, 7-18.

Subcomandante Marcos. (2001). Nuestra arma es nuestra palabra: escritos selectos. (J. Ponce de León, Ed.). New York. Seven Stories Press.

Sánchez Vázquez, Adolfo. (1972). Filosofía de la praxis (2da ed.). México. Grijalbo. Sánchez Vázquez, Adolfo. (1996, agosto). Entrevista con Stefan Gandler.

Sánchez Vázquez, Adolfo. (2007). Ética y política. México. Fondo de Cultura Económica.

Schmidt, Alfred. (1977). Herrschaf des Subjekts: Über Heideggers Marx- Interpretation. En Jürgen Busche (Ed.), Martin Heidegger: Fragen an sein Werk; Ein Symposion. Stuttgart. P. Reclam.

Woldenberg, José. (2007). Ética y política. Revista de la Universidad de México, 46, 92-93. Disponible en http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/4607/ woldenberg/46woldenberg.html.

 

El insoportable irrealismo del presente

Poscapitalismo y sociedad

Avanzar hacia el poscapitalismo no implica erradicar las fuerzas del mercado de la noche a la mañana ni aceptar los métodos de planificación centralizada de la economía soviética. El propósito es diseñar una transición controlada en la que las fuerzas del mercado dejen de operar como el principal mecanismo de asignación de bienes y servicios en el planeta, en la que el Estado se reduzca y se desactiven las acumulaciones de deuda. Para diseñar esa transición es necesario partir de la realidad.

Por Paul Mason

Lo que caracteriza el momento presente en la historia es una sensación dominante de irrealismo entre las elites. Los discursos oficiales ya no se utilizan como guías para la acción, las leyes no se aplican y se ignoran las reglas.

La máxima expresión del irrealismo mundial está contenida en dos gráficos. El primero es la proyección de la Oficina de Presupuestos del Congreso de Estados Unidos de la relación entre la deuda y el PIB hasta 2048.

Gráfico 1. Relación entre deuda y PIB en Estados Unidos

El gráfico proyecta para 2030 niveles de deuda normalmente asociados a tiempos de guerra –solo que en tiempos de paz–, empujados fundamentalmente por la determinación de Estados Unidos de seguir gastando en defensa, seguridad social y Medicare sin incrementar los impuestos como porcentaje del PIB. A diferencia de lo registrado en la Segunda Guerra Mundial, no hay un plan realista –o siquiera una intención declarada– de disminuir esta acumulación de deuda. Por primera vez en la historia del capitalismo industrial, una gran economía está construyendo una enorme cantidad de deuda en tiempos de paz y no hay un modo realista de disminuirla.

De acuerdo con las proyecciones de la Oficina de Presupuestos del Congreso, durante los próximos 30 años el PIB estadounidense se incrementará de 20 billones a 65 billones de dólares, mientras que la deuda se disparará de 16 billones a 97 billones. El déficit permanecería entonces en 8% anual, lo que promovería, por parte de los economistas ortodoxos, demandas de austeridad en una escala que es insostenible para Estados Unidos en la actualidad. El supuesto subyacente es que la población del país aceptará un derrumbe en su nivel de vida, el mundo seguirá comprando el billete estadounidenseo el Estado emitirá dinero como una solución a su insolvencia.

Observemos ahora el segundo gráfico: una elaboración del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) que muestra que es necesario reducir las emisiones de dióxido de carbono en forma drástica en los próximos 20 a 35 años si queremos evitar un colapso catastrófico e incontrolable.

Gráfico 2. Trayectorias ideales de emisiones netas globales de CO2 (en miles de millones de toneladas por año)


El IPCC sostiene que, para lograr esta reducción, «serían necesarias transiciones rápidas y de gran alcance en energía, tierras, urbanismo e infraestructura (incluyendo transporte y edificaciones) y sistemas industriales», lo que demandaría «una ampliación significativa de las inversiones en estas alternativas».

La pregunta estratégica que enfrenta la humanidad

La única pregunta estratégica que enfrenta la humanidad es si los países del mundo desarrollado que están más severamente endeudados están preparados para encontrar los recursos para concretar esta transformación. La pregunta complementaria es si, para lograrlo, estamos preparados para destruir la influencia política del sector de los combustibles fósiles y de los sectores financieros que evaden su responsabilidad fiscal. Hasta que no respondamos estas preguntas, estaremos perpetuando la cultura del irrealismo.

En Estados Unidos ha surgido un novedoso y potente movimiento que busca concretarlo. El Nuevo Pacto Verde (Green New Deal), presentado como proyecto de ley en el Congreso por la nueva representante por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, promete compromisos de inversión por un plazo de diez años que sus detractores han totalizado en 6 billones de dólares adicionales por año. Los defensores del Nuevo Pacto Verde se resisten a aceptar esa cifra. Sostienen que, de acuerdo con la teoría monetaria supuestamente moderna, en todo caso el precio se puede pagar emitiendo deuda e imprimiendo dinero, por lo que la cifra es irrelevante.

Aunque aplaudo su desparpajo, en cierto modo se basa en las mismas premisas de la política fiscal del presidente Donald Trump: es decir, que el dinero fiduciario le permite al Estado superar eternamente la dinámica tradicional de endeudamiento. Dicho de otra manera, la dinámica interna de un sistema de mercado capitalista, en la que en algún punto la deuda elevada crea inestabilidad y depreciación monetaria y el costo para el gobierno de tomar dinero prestado se descontrola, se puede evitar mediante el dinero fiduciario.

La única forma de inyectar realismo en el debate es hacer una pregunta que ni la elite económica de Davos ni los miembros progresistas del Partido Demócrata, ni siquiera la mayor parte del movimiento ecologista, están preparados para considerar: ¿son compatibles las soluciones con el capitalismo?

La sublevación de la tecnología

En Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro (2015), sostuve que no. El mayor problema para la sustentabilidad de la deuda estadounidense (o, para el caso, la de Japón o la eurozona) no es si el sistema financiero se puede mantener con vida gracias al dinero fiduciario. El mayor problema es que la tecnología de la información está en rebelión contra las instituciones sociales y económicas que la rodean.

En una economía capitalista de la información el valor que se genera es demasiado poco como para justificar el tamaño de la deuda actualmente acumulada, los déficits permanentes o las proyecciones fiscales de los principales Estados. La tecnología de la información crea caídas exponenciales en los costos de producción de información, bienes informacionales y algunos bienes físicos y servicios. Produce utilidad en enormes cantidades, a través de los efectos de red, y tiende a democratizar y abaratar la innovación.

Suprime el mecanismo normal de adaptación, por el cual la innovación produce nuevos bienes con mayores costos de insumos (incluida la mano de obra) y que permiten la existencia de empleos con mayores salarios. Además, la automatización tiene el potencial de erradicar 47% de los puestos de trabajo o 45% de las actividades.

En los últimos 15 años hemos construido un sistema altamente disfuncional, que es insostenible de acuerdo con todas las premisas tradicionales. Es un sistema de monopolios únicos permanentes, con una búsqueda masiva de renta financiera y de explotación financiera, creación de puestos de trabajo con bajos salarios y poca calificación, diseñados para mantener a la gente en el sistema de crédito y extracción de datos, y enormes asimetrías de poder e información entre empresas y consumidores.

Como resultado, el largamente esperado despegue de la Cuarta Revolución Industrial no se está produciendo. Sin importar cuántos economistas schumpeterianos predigan su llegada inminente en caso de que los Estados tomen un rol más activo en la coordinación industrial, esto no podrá ocurrir en el marco de una economía global de mercado altamente endeudada y monopolizada.

Rediseño rápido del sistema

Por ende, junto con la transición a una economía de carbono cero, necesitamos un rápido rediseño del sistema, en el cual el sector de mercado se achique en relación con el sector público, emerja un sector colaborativo no mercantil, el dinero deje de funcionar como reserva de valor y haya una rápida reducción de las horas trabajadas dentro del sistema remunerado.

Si se observa lo suficiente la proyección de deuda para Estados Unidos y un gráficocomo el número 3 –que muestra la velocidad con que la humanidad ha arruinado el mundo al utilizarlo como un desagüe para procesos que implican un gran uso de carbono–, se hace evidente que el capitalismo ha llegado a un momento decisivo. Está demasiado endeudado para seguir funcionando con normalidad y es estructuralmente demasiado adicto al carbono. Los acreedores de la deuda y los que tienen los derechos para quemar carbono irán a la bancarrota, o el clima global colapsará.

Gráfico 3. Emisiones anuales de CO2 (miles de millones de toneladas por año) por región

A mediano plazo, necesitamos una forma diferente de capitalismo, pero esta no será estable ni permanente, e incluso esa forma deberá crearse mediante algo que va a parecerse a una revolución. Será necesario desincentivar el uso del carbono al tiempo que se redistribuye en gran escala la riqueza y se le permite al Sur global continuar desarrollándose y superar las enormes distorsiones estructurales creadas por los monopolios tecnológicos, los buscadores de renta, los especuladores financieros y los Estados y empresas que acumulan datos.

Avanzar hacia el postcapitalismo no involucra erradicar las fuerzas del mercado de la noche a la mañana ni aceptar los métodos de planificación centralizada de la economía soviética. El propósito es diseñar una transición controlada en la que las fuerzas del mercado dejen de operar como el principal mecanismo de asignación de bienes y servicios en el planeta, en la que el Estado se reduzca y se desactiven las acumulaciones de deuda.

La tecnología de la información facilitará un movimiento más allá de la escasez en grandes sectores de la economía. El cambio climático demanda que erradiquemos ciertos usos del carbono. La dinámica de la deuda mundial, combinada con el problema del envejecimiento de la población, implica que necesitamos algo más radical y sustentable que el dinero fiduciario y una masa de deuda que nunca se saldará.

¿Demasiado estridente?

Cuando en Postcapitalismo advertí que si no abandonábamos el neoliberalismo este destruiría la globalización, el Financial Times dijo que la advertencia era «innecesariamente estridente». Pero resultó que no era suficientemente estridente.

Mientras Trump saca a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, su par brasileño Jair Bolsonaro se prepara para quemar el Amazonas y poderosos movimientos en toda Europa buscan proteger los estilos de vida basados en el automóvil de motor diesel, solo una nueva y gran idea global podrá revertir la situación.

En las próximas columnas delinearé lo que eso significa para las nuevas alianzas políticas progresistas que es preciso formar, cómo estas tendrán que llevar adelante con inteligencia la guerra cultural por venir y por qué el Estado –ignorado durante tanto tiempo por los movimientos ecologistas y por la justicia social– está en el centro de la solución.

Las premisas gemelas de la tecnocracia de nuestro tiempo –que el sistema social actual puede lograr un nivel cero de carbono y que el dinero fiduciario puede compensar por siempre el crecimiento de la deuda– son las que hacen que la formulación de políticas sea en tal medida irreal. Tenemos que empezar a ser realistas.

 

Este texto es el primero de una serie que Paul Mason publicará en la revista Social Europe.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: Social Europe e IPS-Journal

Planeta Houellebecq

Los thrillers metafísicos del escritor francés forman una cartografía del malestar. Su literatura, antimoderna y actual, denuncia que no sabemos qué hacer con la libertad.
Por Manuel Arias Maldonado
Cuando Serotonina llegó a las librerías a primeros de enero, la revuelta de los “chalecos amarillos” había vivido ya su diciembre glorioso: una sucesión de manifestaciones que empujaron al jupiterino Emmanuel Macron a rectificar su agenda reformista ante el imprevisto levantamiento de la Francia rural. Michel Houellebecq, sin embargo, no debió de sorprenderse demasiado: los lectores de su novela comprobaron de inmediato que el alzamiento de las provincias francesas había sido descrito ya en ella. Ha venido así a confirmarse la reputación profética que acompaña al escritor: Plataforma describía un atentado islamista contra turistas occidentales en Tailandia similar al perpetrado en Bali un año después, y Sumisión, que relata cómo una coalición antilepenista lleva al Elíseo a un presidente musulmán, se publicó el día del atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo. Nada de eso significa que Houellebecq posea dotes adivinatorias; sin embargo, resulta evidente que estamos ante un agudo observador de su realidad social, cuyas corrientes de fondo es capaz de identificar. De manera que sus novelas, que no pertenecen al género del realismo social ni han sido escritas sobre la base de ningún “compromiso”, constituyen un inmejorable retrato de época: como si un sociólogo de la modernidad tardía se sentara a escribir obras de ficción.

Sería un error, naturalmente, identificar la visión que Houellebecq tiene de su época con la época misma. Sus narradores no son la conciencia hegeliana de su tiempo, sino conciencias desgraciadas que exhiben –en el curso de thrillers metafísicos que no parecen serlo– una notable capacidad reflexiva. Y si bien la descripción que Houellebecq hace de sus semejantes no encaja con el resultado de las encuestas sobre satisfacción vital realizadas en los países occidentales, la suya es una visión plausible –aunque inevitablemente parcial– del mundo. Hablamos de la cosmovisión que nos transmiten sus narradores, en primera o más raramente en tercera persona; si bien el narrador no es el autor, hay una indudable continuidad temática y estilística entre los distintos registros de Houellebecq: novelístico, poético, ensayístico. De hecho, tal como ha recordado Juan Francisco Ferré en su reseña de Serotonina, el Houellebecq poeta suele anticipar las inflexiones del Houellebecq novelista. Ya en su primera novela, Ampliación del campo de batalla, expone la índole de su programa artístico a partirde la observación sociológica:

Esta progresiva desaparición de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. […] La forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habría que inventar una articulación más anodina, más concisa, más taciturna.

Desaparición de las relaciones humanas: Houellebecq se nos muestra desde el principio como un crítico de la modernidad. Es una crítica “situada”, esto es, realizada desde la posición particular del varón blanco de clase media; el autor no se engaña al respecto ni aspira a que su voz valga por todas las voces posibles. En ese sentido, el protagonista de su última ficción nos suministra un autorretrato que vale para el tipo de subjetividad que Houellebecq pone en escena –a distintas edades– una y otra vez:

Ahora yo era un hombre occidental de edad mediana, al abrigo de la necesidad durante algunos años, sin parientes ni amigos, desprovisto tanto de planes personales como de verdaderos intereses, profundamente decepcionado por su vida profesional anterior, y que había vivido en el ámbito sentimental experiencias diversas cuyo denominador común era su interrupción, desprovisto en el fondo tanto de razones para vivir como para morir.

No obstante, Houellebecq retrata a personajes de muy distinto tipo, unidos todos ellos por su pertenencia común a –según leemos en Las partículas elementales– “una humanidad cansada, agotada, llena de dudas sobre sí misma y sobre su propia historia”. Resulta de aquí, al decir de Carole Sweeney, una “literatura de la desesperación”. Pero si lo es, se encuentra atemperada por el empleo de recursos que encontramos también en pesimistas como Cioran o Bernhard: distancia, exageración, comicidad. Houellebecq mismo es incapaz de tomarse del todo en serio y hace gala de una procaz reflexividad: si en El mapa y el territorio se describe como “una vieja tortuga enferma”, en La posibilidad de una isla parece retratarse a través del protagonista, exitoso cómico que se ve a sí mismo como “un Zaratustra de las clases medias”. Su encarnación cinematográfica en El secuestro de Michel Houellebecq, por lo demás, no puede ser más paródica: nuestro autor se comporta con mansedumbre ante unos delincuentes inofensivos de los que se hace amigo compartiendo una botella de alcohol tras otra.

Que Houellebecq sea un crítico de la modernidad no le convierte en un reaccionario; se trata más bien de un pensador religioso. O, si se prefiere, de alguien que piensa sobre la ausencia de la religión. Su método es inductivo: son los efectos observados de la modernidad en las vidas de los individuos, descritas en sus novelas, los que motivan la pregunta acerca de sus causas. Son efectos devastadores, tal como atestigua la recurrente figura del loser en su obra. Florent-Claude, narrador de Serotonina, expone con claridad el panorama:

Ya nadie será feliz en Occidente, pensaba además, hoy debemos considerar la felicidad como un ensueño antiguo, pura y simplemente no se dan las condiciones históricas. […] y era quizá, para el Occidente anteriormente calificado de judeocristiano, el milenio de más, en el mismo sentido en que se habla del combate de más para un boxeador.

Nada sorprendente en un devoto lector de Schopenhauer, a quien ha dedicado un breve ensayo traducido también a nuestra lengua. Pero si Houellebecq es el cronista de “la escoria del primer mundo”, como ha escrito Jorge Freire, es porque a sus ojos tal escoria posee cualidad de indicio. Y aunque sus descripciones no incluyen prescripciones sobre el modo en que deberíamos vivir, es discernible en ellas un aliento romántico: la nostalgia por un mundo más sencillo donde las relaciones humanas siguen mereciendo tal nombre. En el peor de los casos, esa nostalgia es reemplazada por el vislumbre de un mundo poshumano donde la clonación hace posible una inmortalidad sin recuerdos personales. Houellebecq, sencillamente, no está convencido de que la modernidad haya mejorado nuestra existencia. Es así como entronca con una variopinta tradición contramoderna típicamente francesa que florece con la revolución: De Maistre, Bloy, Huysmans.

Pero Houellebecq no vive la transición del viejo al nuevo orden, sino el triunfo de la modernidad liberal tras la caída del comunismo. Leemos así en La posibilidad de una isla que la moralidad de nuestra época ha puesto “la competencia, la innovación y la energía” donde antes regían “la fidelidad, la bondad y el deber”. Se aprecia aquí la marca del nostálgico: quien de un solo golpe idealiza el pasado y denigra el presente. Para Houellebecq, la “ideología del cambio continuo” reduce la existencia a su dimensión individual. Y al perder el sentido de lo trascendente no solo estamos neutralizando la continuidad entre generaciones, según reza un viejo tema conservador, sino privándonos de consuelo: “En otras épocas el ruido de fondo lo constituía la espera del reino del Señor; hoy lo constituye la espera de la muerte.” En este sentido, Houellebecq es también un pensador del fin de las ideologías, pues fueron las grandes ideologías modernas las que bajaron a la tierra la promesa de la redención. Su fracaso, sugiere el novelista francés, nos deja a los pies de los caballos: sin salvación religiosa ni esperanza secular.

Por eso, los personajes de Houellebecq buscan un refugio. Y entre ellos, destaca aquel que todos parecemos tener más a mano: el amor. En una sociedad inhóspita, sostiene Florent-Claude en Serotonina, “el amor seguía siendo lo único en lo que todavía se podía, quizá, tener fe”. Houellebecq parece suscribir la doctrina platónica sobre la incompletud del alma, citada explícitamente en La posibilidad de una isla, según la cual buscamos con el amor encontrar nuestra otra mitad. Sin embargo, el amor fracasa una y otra vez en las novelas del escritor francés. Al igual que sucede con la felicidad, no se dan las condiciones para su desenvolvimiento: “el amor solo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son de todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la época moderna”. Houellebecq sugiere que la emancipación moral y sexual alcanzada en el siglo XX ha arruinado los mecanismos del enamoramiento: el vagabundeo sexual inhibe la proyección sentimental en el otro y, mientras tanto, aspiramos a una libertad incompatible con el compromiso. La socióloga Eva Illouz ha presentado conclusiones similares en sus estudios sobre el amor en la modernidad tardía.

Es en ese marco donde deben encuadrarse las críticas de Houellebecq al feminismo, que a su juicio habría impulsado un concepto de la autonomía personal que refuerza el individualismo liberal; el feminismo sería otra fuerza disolvente, otra dificultad añadida al entendimiento intersubjetivo. De ahí viene, también, su feroz crítica al sesentayochismo. Paradójicamente, la sexualidad “liberada” auspiciada por la contracultura encaja como un guante en la estructura del libre mercado: el fin del matrimonio indisoluble conduce a una liberalización del sexo que consagra a este como un sistema de diferenciación tan implacable como el dinero. Si en el viejo régimen monogámico, señala Houellebecq, todos terminan por encontrar un hueco, el desigual reparto del capital erótico produce ahora una marcada desigualdad sexual: hay quienes tienen mucho y quienes no tienen nada. Por añadidura, las aspiraciones igualitarias del 68 no sirven para nada: “Nunca ha habido comunismo sexual”, concluye el Bruno de Las partículas elementales tras charlar con un veterano activista. Así que la belleza es un dato natural, prepolítico, que diferentes regulaciones morales canalizan de distinto modo: hacia el orden de la monogamia forzosa o el desorden de la poligamia voluntaria. Esta última encuentra en el turismo de masas, descrito sin misericordia en Plataforma o Lanzarote, un medio de lo más favorable: dudoso placebo para individuos desorientados.

En Serotonina, por lo demás, aparece el problema de la desigualdad económica. Aunque los protagonistas de Houellebecq siempre han mostrado cierta afición por el mundo provincial y no se han confinado en París, esta novela hace una crítica frontal de la brecha entre campo y ciudad, constatando de paso la avería definitiva del ascensor social bienestarista. Florent-Claude, que ha trabajado en la política agrícola, ha encontrado durante años a “personas dispuestas a morir por la libertad de comercio”. Así, no es de extrañar que Houellebecq, quien en su intercambio epistolar con Bernard-Henri Lévy define al provocador como aquel que calcula el efecto de sus palabras sobre los demás y niega rotundamente serlo él mismo, haya elogiado a Donald Trump: aunque es un sujeto “repulsivo”, puede liberar al mundo del paternalismo norteamericano y dar comienzo a una resoberanización de las naciones occidentales. Houellebecq es aquí bastante francés: le gusta Trump porque en él reconoce a un De Gaulle.

Una soberanía fuerte capaz de hacer el mundo más comprensible a un individuo protegido en el interior de su comunidad nacional: es lo más cerca que ha estado Houellebecq de plantear un programa político. Hasta el momento, su “modestia ideológica” ha producido personajes que oscilan entre la impotencia y la desidia. “¿Qué podemos hacer, todos nosotros, en cualquier circunstancia?”, se pregunta un Florent-Claude que tampoco culpa al mundo: él mismo se ha abandonado. Antes que él, el Bruno de Las partículas elementales veía las cosas de manera parecida:

La culpa no era del todo suya, pensaba; habían vivido en un mundo terrible, un mundo de competición y de lucha, de vanidad y de violencia; no habían vivido en un mundo armonioso. Por otra parte, tampoco habían hecho nada para modificar ese mundo ni habían contribuido a mejorarlo en lo más mínimo.

Otras posibilidades de redención buscan lo mismo que el amor: devolver al individuo la sensación de confort psicológico que desapareció junto al sentimiento religioso. Esa función cumplen las sectas: los elohimitas en La posibilidad de una isla y los azralianos en Lanzarote. Y, naturalmente, el islam. Si en Lanzarote ya nos encontramos con la esposa marroquí de un policía belga que regresa al islam cansada de una vida sexual libertina, Sumisión nos presenta a un solitario académico que trata en vano de recuperar su fe católica a base de visitar un santuario dedicado a la Virgen en la Francia interior. Poco después, en el marco del ascenso político del islamismo, François encuentra en la religión musulmana un sólido orden cuyo sentido le explica un intelectual francés ya convertido:

La idea es asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. […] Hay una relación entre la sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como la entiende el islam.

Una sociedad humana habría de organizarse entonces como una cadena de sumisiones en cuyo vértice está Dios, autoridad trascendente que –como defendía De Maistre– evita a los seres humanos la discusión fatigosa e irresoluble sobre la legitimidad política secular. Ante el desfondamiento del catolicismo, el islam ofrece a François una solución pragmática que le exonera del triste destino de Florent-Claude, a quien ni siquiera la producción artificial de serotonina libra del suicidio. Por eso acierta Mark Lilla al señalar que el François que se acerca al islam no sueña con el harén exótico colonial, sino con eso que los psicólogos llaman “romance familiar”. Vale decir: un hogar; un descanso. Frente al caos del pluralismo, el consuelo de la unidad: reconciliación del individuo con el cuerpo social y, por ese camino, consigo mismo.

Houellebecq sostiene, en fin, que no sabemos lo que hacer con nuestra libertad: tras la excitación asociada al proceso histórico de su conquista, demolido ya el Antiguo Régimen, el sueño de la independencia personal se convierte en la pesadilla del aislamiento. No hay más que ver la penúltima hoja de ruta de Florent-Claude: “utilizando el triturador de basuras, por una parte, y el nuevo servicio de entrega de comidas a domicilio creado por Amazon, por otra, podría alcanzar una autonomía casi perfecta”. Por suerte, Houellebecq sí ha sabido qué hacer con su libertad: escribir absorbentes novelas sobre sus contemporáneos. ~

Fuente: https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/planeta-houellebecq

Michael Hudson: “El Imperio utiliza el dólar como su principal instrumento de dominación”

Por Alexander Boos

Profesor Hudson, en enero usted advirtió sobre lo “peligroso” que es el imperialismo financiero estadounidense. ¿Puedes explicar esto brevemente?Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estos instrumentos fueron creados como mecanismos para controlar financieramente a otros países.

Esto se hizo evidente después de que EEUU aboliera su patrón oro en 1971. Desde entonces, siempre ha tratado de obligar a otros estados a mantener sus reservas de divisas en dólares. Esto significa que los gobiernos deben obtener los dólares de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Para que quede claro: usted debe comprar bonos del gobierno de los EEUU, pues la mayoría de los bancos centrales no compran acciones de compañías, compran bonos del gobierno. Al menos así funciona el sistema.

Los dólares se han “bombeado” al ciclo económico mundial durante mucho tiempo. Lo han hecho también para financiar el gasto militar de los Estados Unidos. Como resultado, el sector privado se encuentra en una posición dependiente y bastante difícil. Dicho brevemente: el gasto militar estadounidense está inyectando inmensas cantidades de dólares a las economías extranjeras.

La FED (Reserva Federal) obliga a los bancos centrales de otros países mantener reservas en dólares, incluidos los bancos centrales de Europa, los bancos centrales del Tercer Mundo, China y otros. Para comprar estos bonos los bancos centrales deben compran dólares a la Reserva Federal de EEUU. Esto significa, ni más ni menos, que estos países financian el presupuesto militar de los Estados Unidos. En esto consiste la política unipolar de los Estados Unidos.

¿Por está razón los Estados Unidos pueden involucrarse en guerras en todo el mundo?

Los Estados Unidos perdieron casi todo el stock de oro estatal durante la Guerra de Vietnam. Mantener una guerra es muy costoso. La clave es equilibrar los gastos. El límite es la balanza de pagos. Los gobiernos estadounidenses han financiado su aparato militar creando formidables déficit de su propia balanza de pagos.

¿De esta forma Estados Unidos sostiene su enorme aparato militar global?

Sólo pueden hacerlo si el valor del dólar no baja. Por eso siempre trata de evitar que otros países cambien sus dólares por oro. Por lo tanto, los Estados Unidos con el pretexto del comercio internacional exige a todos los países: “mantener los dólares o invertir en los bonos del Tesoro ”.

En más de una oportunidad le ha dicho a la Unión Europea: “Ustedes No deben tener déficit en vuestra balanza de pagos. No deben crear demasiados euros porque el euro no puede ser un rival del dólar. Los países europeos deben mantener el dólar como moneda reserva para mantener el comercio internacional”.

En realidad se trata de un tipo de tributo. Europa y del resto del mundo están financiando el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos.

Usted ha escrito que está empezando una nueva “Guerra Fría”. ¿Existe peligro de guerra en un futuro cercano?

Una guerra todavía no es un peligro de guerra real. Pero países, como China o Rusia, quieren ser independientes del dólar. La posición de los EEUU es la siguiente: “Ustedes deben usar nuestro dólar y deben someterse a nuestras reglas”.

De esta manera, los bancos estadounidenses pueden imponer sanciones. Si no utilizan la moneda de EEUU simplemente congelan el dinero depositado en dólares. El principio de toda la política exterior de los Estados Unidos es controlar a todos los países a través del dólar. De esta manera aseguran sus intereses globales.

Este principio ha sido dejado muy claro por el presidente Trump. Hoy está política imperial ha traído como consecuencia que Rusia y China estén empezando a “desdolarizarse” para protegerse contra la agresión de Estados Unidos y su “burbuja económica”. La Nueva Guerra Fría, que actualmente se está librando, es básicamente una guerra financiera.

Cada día más países tratarán de protegerse de las sanciones y de las fuerzas militares de los Estados Unidos. Piénselo por un momento: Cuando Washington coloca misiles en Europa lo que quiere es que Europa y Rusia se destruyan entre sí, por decirlo de alguna manera. La OTAN ya no defiende a la Unión Europea.

Lo que dice me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué futuro tiene el dólar como moneda de reserva mundial?

El dólar en un corto plazo ya no será la moneda de reserva para aquellos países que quieran desarrollarse independientemente de los Estados Unidos. El dólar no será la futura moneda de reserva para Rusia, China y para muchos países en desarrollo.

En el futuro cercano los actores financieros empezarán a utilizar el dólar para operaciones mínimas: como moneda de cambio o para estabilizaciones de corto plazo. Pero eso sería todo. Creo que el mundo se está moviendo más y más hacia el patrón oro. También a otro tipo de soluciones: como economías que hacen negocios en sus respectivas monedas nacionales, por lo tanto, dejarán de usar el dólar para los intercambios.

Permítame dejarlo claro: bajo las regulaciones de EEUU uno no puede comprar compañías estadounidenses. Ni siquiera una estación de servicio, porque esto supuestamente pone en peligro la “seguridad nacional”. Por otro lado, a los estadounidenses pueden comprar cualquier cosa fuera de los Estados Unidos con sus dólares. Por esto crean artificialmente tantos dólares, para comprar industrias e infraestructuras europeas.

Muchos países se están dando cuenta que es un sistema asimétrico y muy injusto. Ahora las naciones solo quieren terminar con el chantaje y la explotación del dólar estadounidense.

¿Podría explicar la relación del oro con el dólar estadounidense?

El déficit de la balanza de pagos de las naciones está en sus presupuestos militares. Antes de 1971, cualquier país tenía la capacidad de convertir sus reservas en oro, minimizando de esta manera su déficit. Durante la Guerra de Corea, los Estados Unidos tenían alrededor de las tres cuartas partes del oro monetario del mundo. Utilizaron este metal precioso para instalar un sistema económico mundial basado en el patrón oro. Con la Guerra de Corea comenzó a reducirse su cuenta corriente pasando desde un superávit hasta un creciente déficit.

En 1971, Francia o Alemania, habían logrado recuperar sus tenencias de oro y generado excedentes. Pero los Estados Unidos tenían cada vez menos oro. Habían perdido su propio oro para financiar la guerra de Vietnam. En ese momento, muchos observadores pensaron que eso significaba el fin del gasto militar estadounidense. Sin embargo,el gobierno de los EEUU encontró una solución a través de su poder militar y la presión sobre los demás estados, imponiendo una nueva regla : “en lugar de mantener reservas en oro, solo las naciones deben mantenerse sus reservas para el comercio internacional en dólares estadounidenses”. Después de 1991, lograron convencer al gobierno ruso de Yelsin para que mantuviera una gran cantidad de dólares “para cubrir los problemas financieros del rublo”.

Entonces, Yeltsin en lugar de utilizar las finanzas estatales rusas para impulsar su economía hizo que Rusia comprara dólares. Este fue el paso definitivo que permitió a Estados Unidos transformarse en el centro financiero del mundo. De ahí en adelante otros estados empezaron a pagar por las aventuras militares de los Estados Unidos. Este mecanismo es una forma de tributo, muy similar a lo que alguna vez implanto el Imperio Romano. Roma también recibía el pago de tributos de sus provincias, incluyendo Asia Menor, Grecia y lo que hoy es Europa.

¿Cómo describiría el papel de Rusia en la política monetaria mundial de hoy? Los rusos están comprando mucho oro…

Sí, están tratando de deshacerse del dólar. Rusia ha entendido que: “si tengo dólares estadounidenses, cualquiera que sea su forma –ya sea en bonos estadounidenses o deuda estadounidense-, el gobierno de Estados Unidos podrá sancionarnos en cualquier momento.

Como expliqué. Esto significa que Estados Unido hace un chantaje a la Federación Rusa a través de los dólares que Rusia tiene de reserva. Y como Rusia no quiere apoyar la política exterior de Estados Unidos tiene que reorientar este aspecto de su economía .

¿Cómo calificaría al gigante económico chino ? ¿Qué piensa acerca de que China esta en camino de introducir un yuán respaldado por oro? ¿Sería una especie de nueva moneda de reserva mundial?

China está siguiendo la misma estrategia política que una vez hizo ricos a los Estados Unidos en el siglo XIX. China es una economía mixta. Toda su economía estatal y centralizada es exitosa.

La clave del éxito de China es porque el sistema financiero está controlado por el gobierno central . Para entenderlo, si el banco central de China presta dinero a una compañía china que es insolvente, el banco central puede decidir: “solo resolveremos la deuda de tal manera que beneficie a la población”.

China puede evitar que una empresa en ruinas sea aprovechada por los intereses financieros de EEUU o de los fondos buitres. Las compañías chinas no pueden ser compradas por extranjeros. China es independiente de los Estados Unidos y del dólar. El país utiliza su superávit de comercio exterior para impulsar su propio desarrollo, en lugar de subsidiar indirectamente a la economía estadounidense. Por supuesto, esto preocupa y mucho a los políticos en Washington.

Ante esta nueva situación Estados Unidos ha respondido: “intentaremos frenar la economía china lo mejor que podamos”. Pero China, y también Rusia, se mantienen imperturbables y firmes. Estamos retornando a la época anterior a 1971, en el momento de la Guerra de Vietnam. El objetivo de los chinos y de los rusos es volver al antiguo patrón oro.

Si el patrón oro fuera introducido, los Estados Unidos estarían acabados en poco tiempo. Especialmente el imperio militar estadounidense. Por supuesto, Rusia y China están buscando alternativas al dólar como medio de pago mundial.

Su libro “El Imperialismo financiero” influyó en Adam Tooze cuando escribió “Crashed”. A propósito de este tema ¿la UE sigue dependiendo de la economía de los Estados Unidos o habrá cambios en Europa?

Lo que aprendí mientras trabaje en la Reserva del Tesoro de los Estados Unidos es esto: los Estados Unidos simplemente pagan a los políticos y congresistas europeos. Así que los Estados Unidos no tienen necesidad de iniciar una guerra con Europa. Sencillamente sobornan a los políticos en la Unión Europea. En el FED me dijeron que los políticos alemanes y franceses son los más fáciles de sobornar.

Hay libros sobre ese tema, también sobre política italiana. Por este motivo los servicios secretos de EEUU vigilaban el teléfono móvil de Ángela Merkel. Estos servicios de inteligencia deben garantizar que ningún político alemán haga algo que viole los intereses de los EEUU.

Estados Unidos no controlan la Unión Europea a través de las grandes corporaciones, sino a través del control directo de los políticos de la UE. También a través de los medios de comunicación que manipulan la opinión pública. Por ejemplo, las acciones contra el gasoducto Nord Stream 2 de Estados Unidos ha molestado mucho a los industriales alemanes. La explicación económica es clara. El mercado natural de gas para Alemania es Rusia. Ambas economías se complementan perfectamente. Este sería el paso lógico para el crecimiento económico de ambas economías. Pero Estados Unidos está tratando de evitarlo, por eso mantiene una campaña mediática para aislar a Rusia.

¿Por qué los estudiosos afirman que su libro “El imperialismo financiero” es un análisis actualizado de este momento?

Porque ilustra el cambio histórico del sistema monetario mundial y muestra cómo el fin del patrón oro ayudó a construir un sistema de control global sin ninguna justificación real. He demostrado que el FMI y el Banco Mundial han sido desde entonces, de facto, brazos del Pentágono. Pero, la mayoría de los libros se vendieron en China. En Alemania sólo se publicó el año pasado. El libro describe cómo la UE, Rusia y China, terminaron en la “trampa económica” tendida por los Estados Unidos. También trata de encontrar salidas y soluciones.

He leído que el Pentágono y la CIA también han demostrado un gran interés en su libro.

Cuando se publicó la primera edición de “El súper imperialismo” a principios de los años 70, el pedido más grande -más de 2.000 ejemplares- vino de Washington. Más específicamente: del Pentágono y del Departamento de Estado.

Estas instituciones me pidieron que les explicara porque el fin del patrón oro no fue un desastre. Les demostré que esa medida permitió a EEUU desarrollar sus estrategias globales. Escribí el libro con el objetivo de informar a otros países sobre cómo romper con las políticas de los Estados Unidos. En cambio, el aparato estatal de los Estados Unidos fue una parte importante de mis lectores. La CIA y los diplomáticos estadounidenses querían usar mi libro como una guía sobre cómo controlar el mundo a través del dólar estadounidense.

¿Por qué el libro nunca recibió la atención de la izquierda de EEUU?

Creo que hoy en día los partidos de izquierda apenas si hablan de economía y de contextos económicos. Esto tiene que ver con la penetración de las ideas del neoliberalismo. Los partidos socialdemócratas en Europa ya no luchan por la justicia social. Tampoco se preocupan por el bienestar de los trabajadores. Realmente es necesario una Nueva Izquierda, que se concentre, entre otras cosas, en la lógica de la economía.

Fuente: https://kritica.info/como-funciona-el-imperialismo-financiero-de-estados-unidos/