Silvia Federici: “La caza de brujas contribuyó a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizarla como sujeto”

La activista y teórica feminista Silvia Federici está de gira por el Estado español. La autora de Calibán y la Bruja abordará uno de sus temas de estudio fundamentales, la memoria histórica de la caza de brujas, en un encuentro que tendrá lugar el próximo fin de semana en Pamplona.

Por Sarah Babiker

En el momento de esta entrevista, hace pocas horas que Silvia Federici (Parma, 1942) ha aterrizado en Madrid después de un vuelo transatlántico. Una podría esperar que el cansancio impregnara el discurso de esta mujer que cuenta con varias décadas de lucha y teorización feminista a sus espaldas. Sin embargo, durante más de un hora, repasará muchos de los desafíos que ha enfrentado y enfrenta el feminismo.

Referente del feminismo autónomo italiano, integrante de la campaña por el salario doméstico en los setenta, Federici lleva una vida invitándonos a reflexionar sobre la relación de los movimientos con el poder, sobre el rol del trabajo reproductivo en el capitalismo o sobre la acumulación primitiva a costa de las mujeres y los pueblos.

Pero si hay algo que moviliza el entusiasmo de la autora de Calibán y la Bruja (Traficantes de Sueños, 2010) durante esta conversación, es precisamente el estudio de la persecución a las mujeres acusadas de brujería. Una historia perdida, de la que sabemos muy poco, y que sin embargo puede servirnos para entender el pasado y leer el presente, argumenta. Así, esta visita de Federici al Estado español tiene una cita central: acudir al Primer Encuentro Feminista sobre la Caza de Brujas que tendrá lugar en Iruña del 22 al 24 de marzo. El evento forma parte de una campaña que la misma Federici viene impulsando junto a la Editorial Traficantes de Sueños. Esta primera entrevista, centrada en esta temática, forma parte de un conversación más amplia, de la que publicaremos dos entregas más en las próximas semanas.

Recuerdo que al leer Calibán y la Bruja me resultó fascinante la recuperación de la historia sobre la caza de brujas. Es una obra que te interpela para repensar el pasado y lo que supuso para las mujeres, para el mundo todo, esta persecución. ¿Cómo volver a esta historia nos puede ayudar a interpretar el presente?

En primer lugar, es que hoy también existe la caza de brujas, por ejemplo en África, en India, en Papúa Nueva Guinea. En Arabia Saudí están matando mujeres acusándolas de ser brujas: así, en el mundo islámico, también se está difundiendo esta idea de que existen las brujas. Se trata de procesos que se incrementan en la década de los 80 y 90. Mano a mano con el proceso de globalización, con la privatización de la tierra, con un proceso brutal de despojo.

Más recientemente, por ejemplo, hemos visto en Estados Unidos, no caza de brujas en sí, pero en la cultura popular, hay toda una cultura mediática que está relanzando la temática de las brujería en formas muy muy perversas, como si se tratara de un tema de diversión. Se hace película tras película en las que se representan mujeres como brujas, como seres demoníacos, seres destructivos que tienen poderes sobrenaturales que son incapaces de controlar.

Por tanto, me parece que ésta es una temática muy muy actual que se debe afrontar.  De ahí este encuentro que vamos a hacer, este programa que tenemos para revisitar, recuperar la historia de la caza de brujas en España y en el futuro también en otros lugares. Necesitamos visibilizar este proceso, esa persecución que se ha ocultado históricamente, que nunca se ha considerado importante —a ninguna mujer, a ningún hombre le han enseñado qué fue la caza de brujas—, que se ha prácticamente borrado, o peor, se ha convertido en una leyenda, una fuente de diversión.

De las brujas también se ha hecho un personaje que es mítico, legendario, y en los lugares donde hubo persecución se ha armado también una especulación comercial, se venden las muñecas de las brujas. Todo esto me parece una cosa verdaderamente peligrosa y perversa.

De qué maneras afectó la caza de brujas a la situación social de las mujeres

Nosotras hemos tomado esta iniciativa de recuperar esta historia, poner luz y decir qué pasó, que ese conocimiento salga de la academias, salga del ámbito de los historiadores especializados que escriben libros que poca gente lee. Que sean las mujeres, las nietas de las mujeres que fueron quemadas, quienes revisiten hoy qué les pasó a sus abuelas, qué les pasó a esas mujeres, porque, en primer lugar, nos damos cuentas de que la caza de brujas se acompañó también de una campaña de terror contra las mujeres que ha dejado un impacto muy fuerte sobre la condición social, sobre la imagen de quiénes son las mujeres, ha contribuido a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizar a la mujer como sujeto social.

Es importante también añadir que la caza de brujas en los siglos XVI y XVII y después, fue también exportada a las colonias a través de los misioneros, de los conquistadores. En América Latina: Colombia, Brasil… Sirvió para fustigar, demonizar la lucha de los esclavos. Así, creo que es muy importante recuperar esta historia ante todo para comprender cuáles fueron las fuerzas sociales que implicó, cuáles fueron sus motivaciones y cómo todo esto impactó en la condición de la mujer y su relación con el presente. Cómo nos ayuda a comprender el incremento de la violencia contra la mujer, de la cual somos testigos cada día en cualquier parte del mundo.

En segundo lugar, pero también muy importante, es que hoy la caza de brujas regresa, tenemos muchísimos casos en varios países del África, en el norte de Ghana hay varios campos de concentración donde mujeres que son acusadas de brujería huyen para protegerse. Estas mujeres se encuentran con situaciones terribles. También en Tanzania o África central, ha habido persecuciones.

¿De qué se les acusa exactamente?, ¿por qué se las persigue y castiga?

He estudiado este fenómeno y creo que está muy conectado con procesos de globalización, con procesos de expansión de la relación capitalista, una expansión conectada con el despojo de la tierra, su privatización. Por ejemplo, hoy en África hay un ataque a las tierras de los africanos, a sus tierras comunales. Están las compañías mineras, la petrolera, los energía verde. Prácticamente, las tierras de los africanos —las comunitarias sobre todo— son cada vez menos.

Entonces inician procesos perversos. En este contexto intervienen estas sectas pentecostales que son los nuevos misioneros, que tienen su origen en Estados Unidos y son financiados por sus fuerzas de derecha. Están exportando toda una visión religiosa, muy muy negativa, muy peligrosa, que dice que el diablo, satanás está conspirando. Van a estas comunidades que ya se están desagregando por el ataque económico, por la acción del Banco Mundial, del FMI. Pero ellos dicen que la culpa es de Satanás, que hay gente en la comunidad que está tramando contra los demás.

Difunden manuales contra satanás, el diablo, el pecado, todo esto ha creado situaciones de desconfianza en comunidades donde ya el empobrecimiento general crea conflicto social. En India también, hay bibliografía que conecta este incremento de las acusaciones de brujería, de las matanzas de mujeres —están quemando a mujeres vivas como antes, las entierran vivas— con el ataque a los bienes comunales, la tierra comunal, el despojo, el empobrecimiento, todas estas cosas.

Como en el pasado, es muy conveniente para los poderosos —en un momento de ataque a las comunidades, a las relaciones comunitarias— crear estas sospechas de la bruja, del enemigo que vive en la comunidad. Así se rompe la solidaridad en un momento fatal, en un momento de gran urgencia donde la solidaridad debería ser total. Hay bibliografía sobre estas cuestiones, pero por parte de antropólogos, etnógrafos que son quienes están abordando este tema, o incluso periodistas. Pero en los movimientos sociales de esto no se habla. Hay tantos problemas que África parece una realidad muy lejana.

Todo esto me está haciendo pensar en momentos en los que la explotación capitalista brutal ha llevado a algunos pueblos a formular explicaciones o figuras esotéricas que encarnaban el despojo y el sufrimiento.

Es una conexión interesante porque se trata también de historias coloniales. Por ejemplo, en Kenia en los años 30 y 40, la investigadora Luise White ha escrito este libro muy importante sobre los vampiros que era una visión realista de lo que le pasaba a la gente. Sentían que les sacaban la sangre, les mataban. El colonialismo se apropiaba de toda su riqueza vital, de toda su energía.

Parece que esto está regresando. Las historias de zombis en Sudáfrica, por ejemplo, están volviendo, pero esta vez se articulan no contra el explotador sino contra las mujeres, y sobre todo contra las mujeres mayores. Por otro lado en el Congo, o en la República Democrática del Congo, hay toda una denuncia de los misioneros pentecostales que dicen que hay niños que están poseídos por el demonio. Así, en los últimos años se han creado dos figuras, el cazador de brujas, que va de país en país, como antes, y el exorcista. A este último, la gente le llama para que libere a su niño, al que se acaba torturando.

Hay gente que en el empobrecimiento general se ha creado pequeños negocios entorno a esto. Resulta muy conveniente también para los jefes locales, las autoridades que tienen compromisos con compañías mineras, generar esta confusión. Es muy importante sacar a la luz todo esto.

Entonces, ¿se ha pasado de representar la explotación o al explotador como una figura esotérica o monstruosa, a buscar el mal entre los propios miembros de la comunidad?

Durante miles de años, sobretodo en comunidades agrícolas precristianas, han existido leyendas de espíritus que pueden ser buenos o pueden ser malos: si tú te comportas bien con ellos te favorecen, si no, te pueden matar. Pero la idea de que hay personas que son demoníacas, que son totalmente malas, es una cosa nueva típica del cristianismo que divide el mundo en dos: el bien y el mal, Dios y Satanás.

Esta visión dualista no es herencia de creencias precristianas. Esta visión del diablo como enemigo de la humanidad, la bruja que es una persona que pone en peligro a la humanidad, que vive para hacer el mal, el mal por el mal, es una visión que aterroriza, que elimina toda empatía, elimina la posibilidad de solidaridad con estas mujeres. Si no, cómo se puede explicar que las quemaran vivas, la gente miraba cómo las quemaban. Las habían demonizado. Yo creo que esto también está sucediendo ahora.

Esta campaña que estamos haciendo tiene varias motivaciones, una es comprender la herencia de la caza de brujas, y también hacer justicia. No digo que se pueda hacer justicia hablando, pero en cierto modo nosotras somos la voz de estas mujeres que fueron torturadas, quemadas, a quienes les robaron la voz de la garganta. Nos han privado de su historia.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-brujas

Zaloa Pérez: “La economía feminista no quiere un trozo de la tarta, quiere cambiar la receta”

Zaloa Pérez [1] es técnica de proyectos en REAS Euskadi y responsable del área de investigación, formación y sensibilización. En la misma organización participa en el grupo ekoSolFem, que trabaja los vínculos teóricos y prácticos entre economía solidaria y feminista en REAS Euskadi.

¿Es posible una economía social y solidaria que no sea feminista? ¿Por qué?

La confrontación con el patriarcado es una cuestión fundamental para la construcción de propuestas sociales, económicas y políticas alternativas a la actual y la situación de desigualdad de las mujeres debe, todavía a día de hoy, ser reconocida, denunciada y enfrentada. Para nosotras, es evidente que la Economía Social y Solidaria -ESS- debe contribuir al proyecto feminista de construcción de sociedades no sexistas ni patriarcales porque no habrá propuesta alternativa que se construya sin transformar las relaciones de poder y desigualdad entre mujeres y hombres y porque la mejor receta para romper con la lógica capitalista pasa por recuperar la importancia de los cuerpos, los afectos y los cuidados.

¿Todos los proyectos de economía solidaria o social cumplen con los principios de la economía feminista?

La Economía feminista -EF- trae al debate de la ESS dimensiones que son inherentes al sistema capitalista y que reproducimos en nuestros espacios alternativos, como son, la división sexual del trabajo y la separación entre producción y reproducción. En la mayoría de las organizaciones podemos ver claramente esa división sexual del trabajo y la valoración diferencial de las tareas en base a ese esquema. También vemos como se invisibilizan las tareas reproductivas que, por un lado, hacen sostenibles nuestras causas, pero que sin embargo no tienen espacio en nuestro discurso ni adquieren categoría política. Además en el ámbito de los cuidados y de los usos del tiempo hay una profunda injusticia hacia las mujeres y que tiene una de sus máximas expresiones en la triple jornada a la que hacemos frente -militancia, trabajo reproductivo y empleo-.

¿Qué les falta y qué pasos deben dar?

El debate ya está encima de la mesa, pero no es fácil porque debemos transformar no solo lo que hacemos y cómo lo hacemos sino, también a nosotras mismas. Con motivo del 8 de marzo con propuestas para avanzar en este sentido. Empezando por generar conciencia crítica dentro de nuestras organizaciones revisando la masculinidad hegemónica que también existe en nuestro movimiento y que implica una revisión de los privilegios de género. Debemos mirar hacia lo interno para identificar dónde están las desigualdades e ir eliminándolas, transformando los procesos de trabajo y revisando la cultura organizacional. También hay que poner encima de la mesa el debate de los salarios, cuidar el lenguaje y las imágenes o generar protocolos ante las violencias machistas.

A la inversa, ¿qué aporta la economía solidaria al feminismo?

La ESS ofrece un espacio de práctica económica alternativa, un laboratorio en el que experimentar nuevas formas de hacer y que tiene potencial para favorecer el acceso a las mujeres a trabajos remunerados dignos, formas de organización menos jerárquicas y más flexibilidad en la organización del trabajo. Sin embargo, si no transformamos nuestras estructuras que, aunque más horizontales, se sustentan todavía en relaciones heteropatriarcales y generacionales y si no intervenimos en el ámbito privado asumiendo nuestra corresponsabilidad en que la vida se sostenga, todo ese potencial puede convertirse en una trampa para las mujeres.

¿Es posible el feminismo sin un cambio de modelo económico?

Hay que partir de que no existe un único feminismo y no podemos hablar de una única propuesta feminista. Dicho esto, la ESS y la EF comparten la reformulación de la economía que sitúa a las personas y su calidad de vida en el centro, y la EF, junto con la ecológica, es pionera en proponer la sostenibilidad de la vida como nuevo paradigma de pensamiento económico transformador. Un lema feminista en los últimos años ha sido “no queremos un trozo de la tarta sino que lo que queremos es cambiar la receta”. Desde esa perspectiva el cambio de modelo económico, no solo es necesario, sino que es urgente.

Este año el encuentro Idearia de Córdoba se dedica a la economía feminista y uno de sus aspectos es construir nuevos imaginarios para la vida. ¿Qué significa esto último? ¿Cómo se consigue?

El desarrollo capitalista y el pensamiento neoliberal han conseguido desvalorizar la propia vida. Necesitamos imaginar otras formas de hacer que destierren esas visiones colectivas construidas desde el capitalismo y el patriarcado para permitir que la vida se reproduzca y sea tratada con cariño. Creo que lo difícil no es lograr imaginar cómo sería una sociedad no androcéntrica ni patriarcal, lo complicado es pensar en términos de proyectos concretos y también disputar la hegemonía a esos discursos para los que solo tiene valor aquella actividad que sea trasladable a una cuenta de resultados.

¿Cómo es un consumo crítico feminista? ¿En qué espacios se puede construir?

Se realiza desde un talante crítico con el sistema capitalista heteropatriarcal y desde unos valores contra-hegemónicos, lo que supone que la nuestra es también una batalla cultural. Tiene que hacerse de una manera consciente, teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos, informándonos de lo que consumimos y rompiendo con la idea de bienestar ligado al consumo. La posibilidad de limitarlo, de apostar por consumir bienes y servicios producidos en economías transformadoras y contribuir al cambio de comportamiento del resto de actores económicos a través de acciones como el boicot le da, también, una dimensión transformadora. Si además no es un acto aislado sino masivo e incorporamos la dimensión colectiva (consumo cooperativizado, asociativo) el potencial político de este consumo se multiplica.

¿Cómo pueden las empresas implantar valores de economía social y solidaria conviviendo con un modelo de economía capitalista de mercado?

Hay que tener en cuenta que el punto de partida para la construcción de una economía alternativa es reactivo. Es muy difícil construir algo que no pivote en torno a los mercados en el actual sistema socioeconómico. La propuesta sería descentrar a los mercados capitalistas patriarcales y poner en el centro los procesos que hacen posible la sostenibilidad de la vida, pero esta cuestión implica cosas muy distintas según en qué espacios se plantee, especialmente, si se trata de espacios que intentan ser una vía para ’ganarse la vida’.

¿Cómo se llega a gente ajena al mundo de la economía solidaria y de qué manera se los puede sensibilizar sobre la necesidad de un nuevo modelo de consumo?

Construyendo una ciudadanía activa, crítica y transformadora que se agrega al movimiento de la economía solidaria para transformar a través de su trabajo remunerado, voluntario, militante o de su consumo. Podemos hablar de una estrategia de círculos concéntricos, de ir sensibilizando e implicando a personas más cercanas al movimiento para que, a su vez, ellas vayan contagiando a sus círculos cercanos… un poco la imagen de quitar capas de cebolla pero de dentro del movimiento hacia afuera.

La economía solidaria ha avanzado en los llamados ayuntamientos del cambio, ¿es más viable desde lo local?

Históricamente en muchos municipios se han venido desarrollando experiencias de desarrollo económico local, de Compra Pública Socialmente Responsable, de apoyo a redes de la economía solidaria, etc. Ahora se han incorporado los llamados ayuntamientos del cambio, que tienen en sus equipos de gobierno a personas que proceden de ámbitos relacionados con la economía solidaria y por tanto un mayor conocimiento del tema. Lo local tiene una escala adecuada y puede servir como punto de partida para procesos de transformación superiores.

¿Es necesario introducir la economía solidaria en la agenda política nacional?

Si estamos hablando de un cambio de modelo es evidente que la escala nacional pero también la internacional cuentan. Tenemos experiencias latinoamericanas de incorporación de la ESS en textos legislativos y constitucionales y también experiencias de institucionalización de la ESS en Europa, casos de co-construcción de políticas públicas entre movimientos sociales, sindicales, ESS y Estado, etc. que están contribuyendo, de alguna manera, a un impulso de la ESS y que pueden favorecer un cambio de paradigma. Como dice Boaventura de Sousa Santos “las experiencias de economía solidaria son lo suficientemente utópicas como para desafiar a la realidad que existe, pero también, lo suficientemente reales como para no ser descartadas fácilmente”.

Notas

[1Zaloa Pérez participará en el 13º Encuentro de Economía Alternativa y Solidaria que se celebrará los días 28 y 29 de abril en Córdoba. Bajo el lema “Por una economía que cuide la vida”, IDEARIA 2017 quiere situar al feminismo como eje transversal en todas las jornadas de trabajo. El encuentro irá precedido de otras actividades como un Ciclo de Cine sobre Economía Social y Solidaria (20 y 27 de abril) y la celebración del Encuentro Municipalista por una Economía Solidaria (28 de abril). El encuentro IDEARIA 2017 está organizado por IDEAS Comercio Justo, la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), la Red de Economía Alternativa de Andalucía y el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI), entidad coordinadora en España del proyecto SUSY – SUstainable and Solidarity economY, financiado por la Unión Europea.

Más información: http://www.economiasolidaria.org/idearia2017

Wolfgang Streeck: “El imperio europeo se hunde”

Por Miguel Mora

Wolfgang Streeck (Lengelich, 1946) decidió dedicarse a la sociología siendo niño, un día que visitó una fundición y vio a hombres cargando con cubos que pesaban más que ellos. Especializado en el pacto social y la crisis del capitalismo, Streeck fue un convencido europeísta en su juventud y hoy es un aguerrido euroescéptico. A su juicio, el euro ha impedido la convergencia del norte y el sur en Europa en vez de promoverla, y la Unión Europea se ha convertido en una “maquinaria enorme e ineficaz, gobernada por las mentiras de los tecnócratas y por instituciones ilegítimas y opacas”.

De visita en Madrid para dar una conferencia en la Fundación Areces, dentro de un ciclo sobre la UE coordinado por Antonio Estella y por el que pasarán también Kenneth Armstrong (el 14 de marzo) y Mark Blyth (en abril), el autor de Cómo acabará el capitalismo (Traficantes de Sueños, 2018) dialoga durante 40 minutos con CTXT y afirma que el “imperio europeo está hundiéndose”. ¿Las razones? “Alemania no podrá seguir castigando a la periferia y tampoco tiene recursos para pagar la factura; la unión monetaria es un caos, y las instituciones europeas fueron diseñadas para inmunizarse contra la movilización electoral de los ciudadanos”. Tras la entrevista, Streeck se reunió con el Grupo Parlamentario de Podemos para compartir sus ideas sobre Europa de cara a las elecciones de mayo.

¿Cómo definiría esta fase del capitalismo?

El experimento neoliberal ha fracasado: no ha traído prosperidad ni ha resuelto el conflicto entre las clases, mientras vemos que en muchos países aparecen distintas formas de revuelta contra el capitalismo globalizado, movimientos anticapitalistas o, mejor dicho, antiinternacionalistas. El neoliberalismo siempre fue un movimiento internacional que abrió las economías nacionales, y ese es ahora el objetivo de la resistencia. En parte sucede esto porque la izquierda de la tercera vía se unió a la fiesta internacionalista en medio de la euforia globalizadora y perdió la conexión con la gente a la que el sistema iba dejando atrás. Por eso los “chalecos amarillos” en Francia ya no se consideran de izquierdas, porque la izquierda no ha sabido responder a sus preocupaciones y los sindicatos han quedado fuera de la lucha.

¿Por qué ha fracasado el experimento? 

La idea del neoliberalismo era revivir el vigor del crecimiento económico perpetuo en los años 80, cuando empezaba el estancamiento. El sueño no se cumplió. Hoy vivimos un periodo de enorme endeudamiento, con tasas de interés cero y muy bajo crecimiento. El capitalismo no puede sobrevivir en esas condiciones. Necesita un permanente retorno del capital. Económicamente, el neoliberalismo no ha cumplido las promesas. Y políticamente ha dividido a las sociedades. Ahora tenemos por todas partes a los populistas nacionalistas de derechas, que destruyen los sistemas políticos, como vemos en Italia. Y la ingobernabilidad amenaza la estabilidad de nuestras sociedades.

¿Qué ha causado ese fracaso? ¿La codicia, el descontrol, el sadismo de las élites, la desregulación, el euro? 

Eso es demasiado simple y, a la vez, demasiado complicado. El sistema necesita seguir generando cada vez más capital. Para que eso ocurra tienes que organizar la sociedad de forma que colabore en el permanente crecimiento del consumo y la inversión. Pero hay límites naturales a eso, no existe el crecimiento interminable. La gente debe ser reeducada todo el tiempo para colaborar con la máquina. Y eso es demasiado complicado. La legitimidad y la estabilidad exigen un buen Estado de bienestar y una distribución igualitaria. Si no lo consigues, y destruyes los sindicatos y los Estados de bienestar, y cada vez menos gente controla el sistema, y no hay demanda ni enemigo, y necesitas cada vez más crédito, eso solo puede acabar en una crisis enorme. Lo que ha pasado es que la competencia global entre los Estados y los trabajadores ha creado y profundizado la crisis, en vez de revitalizar el mecanismo de crecimiento del capitalismo.

En su conferencia dijo que Europa es un proyecto fracasado porque ya no se ocupa de la gente.

Amo a Europa, amo esta parte del mundo, amo Alemania, Italia, Francia y España. Pero yo no hablaba de Europa sino de la Unión Europea, que no es lo mismo. El problema es que la propaganda de la UE confunde ambas cosas todo el tiempo. Europa es el legado romano y griego más una enorme diversidad histórica de lenguas y dialectos, con culturas nacionales maravillosas y diferentes que deben ser preservadas, no unificadas por los mercados. Hoy todas las ciudades europeas se parecen, todas tienen las mismas tiendas, todas parecen aeropuertos. El comunitarismo olvidó que existen diferentes estilos nacionales de lidiar con el capitalismo para mantener la cohesión social. Si lo que haces es negar eso con Tratados poco democráticos, e impones a Alemania como jefe del euro y exportador del único modelo posible, no cabe esperar más que un desastre. La idea de Europa se ha deteriorado con la Alemania imperialista y con una periferia arruinada que tiene que ser gobernada como si fuera un espejo de Alemania. Pero, francamente: ¿Italia puede ser como Alemania?

Usted ha afirmado que es un aguerrido euroescéptico. ¿Es esto correcto?

Sí y no. Soy crítico, muy crítico, con el actual modelo institucional y político de la Unión Europea. La Unión Europea, en la forma que tiene en la actualidad, es producto de la neoliberal década de 1990. Se trata de un régimen monetario centralista absolutamente uniforme, que es antidemocrático en dos sentidos: las instituciones supranacionales se hallan cuidadosamente protegidas de las presiones electorales populares y estas fueron diseñadas para separar la democracia existente a escala nacional del ámbito de la economía política, que es entregada a los mercados internacionales. La creatividad social ha sido reservada para la economía capitalista, entendiendo por ello la maximización de los beneficios, y está separada de la organización de la vida social, que se abandona al mercado. Como resultado de todo ello, la Unión Europea no se halla unida sino dividida, ya que en su seno conviven diferentes países miembros dotados de diferentes estructuras socioeconómicas, que cuentan con sociedades diferentes y cuyo comportamiento es, en consecuencia, también diferente bajo un régimen de mercado y un régimen monetario unitarios, esto es, en nuestro caso, una moneda fuerte y una competencia internacional carente de límites.

Mario Monti dijo: “Seremos como los alemanes”. O mejores. 

Sí, y perdió las elecciones. Solo los tecnócratas y los economistas convencionales creen que se puede racionalizar un país desde arriba para adaptarlo mejor al capitalismo y a la producción de beneficios capitalistas. Las instituciones sociales presentes en la intersección de un modelo social y del correspondiente modelo económico son viscosas y adherentes. Si se desea reformarlas o eliminarlas, se debe ofrecer a la gente substitutos aceptables que les brinden, al menos, la misma seguridad y las mismas oportunidades que sus instituciones más antiguas. Nadie quiere ser arrojado al agua fría de lo desconocido y lo impredecible. Si la gente debe comportarse como los “alemanes” idealizados de Mario Monti, primero debe darles sindicatos alemanes, un Estado del bienestar alemán, un sistema de formación profesional alemán, etcétera, etcétera.

¿Así que según usted la UE ya no tiene futuro?

Todos los imperios tienen un problema. Al centro, a la cabeza, se le pide que haga tareas que no puede cumplir. El imperio europeo está cayendo porque nadie puede cumplir esas demandas. Alemania es demasiado pequeña para gobernar Europa, desde lo militar a lo social o a las transferencias fiscales. Si conoces los Balcanes, la idea de exportar allí los modelos liberales de Alemania o Francia es absurda, son incapaces de seguirlos. Italia es también incapaz. Si los modelos no vienen de dentro de las sociedades, no habrá mucho que hacer. Les puedes ayudar, pero no más que eso. Y, por otra parte, todos los imperios caen, ya pasó con el Imperio Romano, el estadounidense, el británico… Cuando tu imperio crece demasiado, el centro ya no puede asumir esa tarea… Esta imposibilidad se refiere no a la democracia o a algún defecto congénito de estos países o de los países europeos que tienen más dificultades con el actual modelo socioeconómico impuesto desde Bruselas y Berlín que comentábamos anteriormente, como Irlanda, Grecia, Italia, España o Portugal, sino a la supervivencia de estas sociedades bajo un régimen irrestricto de libre comercio y de moneda fuerte como el que ha sido impuesto; o sobre los países balcánicos si eventualmente se incorporaran a la Unión Europea en su forma presente. El régimen monetario y comercial actual prolonga el retraso y no conduce a una convergencia con las sociedades europeas más desarrolladas por parte de las menos desarrolladas socioeconómicamente según el actual modelo neoliberal de la Unión Europea; prolonga y profundiza, por el contrario, la desigualdad regional en el seno de Europa, porque expone a los países menos desarrollados a la emigración, a la dependencia productiva, etcétera. Confiar en la asistencia procedente del centro del sistema para promover el desarrollo no es realista, ya que este no será capaz de transferir desinteresadamente más recursos de los que han transferido al Tercer Mundo los países desarrollados durante las últimas seis décadas, lo cual básicamente preserva la dependencia y mantiene gobiernos procapitalistas en el poder. Para aproximarse a los países más desarrollados de la Unión Europea, estos países necesitan espacio para respirar, que es exactamente lo contrario de lo que les permite la Unión Europea en estos momentos.

 

Wolgang Streeck

¿Diría que Alemania ha fracasado por un exceso de generosidad con la periferia o por un exceso de control? 

No, este no es el modo correcto de plantear el problema. Lo que quiero decir es que durante los primeros años de existencia de la UE, que se prolongaron hasta el final de la Guerra Fría, los gobiernos alemanes ayudaron frecuentemente a los Estados miembros de la UE a alcanzar un compromiso mediante el pago de la mayor parte de los costes derivados del proceso de construcción europea. Esta es la razón por la que Helmut Kohl llegó a ser conocido y admirado como un “gran europeo”. Esto era así, sin embargo, cuando la UE todavía era pequeña y homogénea y la integración menos estrecha que la actual, lo cual significaba que los costes del compromiso eran limitados y manejables. Esto ha cambiado drásticamente con la incorporación de los antiguos países de Europa del Este y la creación de la unión monetaria. Ahora la factura es cada vez mayor. Por ejemplo, compensar a Italia por las pérdidas que sufre como miembro de la Unión Monetaria Europea supera ampliamente lo que una Alemania próspera podría permitirse, por no mencionar los fondos necesarios para estimular en Europa del Este y los Balcanes el desarrollo económico o, si preferimos decirlo de otro modo, su adhesión a Occidente y al capitalismo financiarizado. Recordemos que Alemania todavía tiene que dedicar una parte significativa de su renta nacional a sus provincias orientales, cuyo ingreso per cápita es todavía un 30% inferior a la media nacional.

¿Hay alguna esperanza de lograr una mejor Unión Europea de acuerdo con los criterios que usted la contempla?

En principio, sí, por supuesto. Pero el camino que nos separa de ella es largo y duro, dado que su consecución inevitablemente implica luchar contra el capitalismo financiarizado neoliberal. La Europa que creo que deberíamos tener y por la cual debemos luchar es una Europa consistente en laboratorios de democracia social nacional y local, lugares en los que la gente pueda construir conjuntamente competencias económicas y buena vida, de acuerdo con sus capacidades y necesidades. Debería existir, sin duda alguna, la correspondiente cooperación internacional, pero de acuerdo con un criterio voluntario, que conceda espacio para un desarrollo económico y social adaptado localmente. Esta Unión Europea sería una unión de iguales, no muy diferente de los cantones suizos, pero al mismo tiempo una unión dotada de fuertes sindicatos y de una sólida regulación de los mercados de trabajo, y no dividida entre el centro y la periferia. Una economía que funciona para la sociedad en la que se desenvuelve, no un conjunto de sociedades forzadas a trabajar para generar beneficios destinados a una diminuta minoría. Las comunidades locales, regionales y nacionales invertirían intensamente en infraestructuras colectivas, desde el transporte público a la educación y la sanidad públicas y gratuitas, ayudadas por instituciones financieras nacionales e internacionales de propiedad pública o de carácter cooperativo, que se hallarían protegidas de la implacable competencia internacional y no sujetas a los dictados de Berlín, París o Bruselas.

Ivan Krastev, experto en caídas de imperios, dijo en CTXT hace tres años que los imperios siempre caen por el centro y que Europa también caería desde el centro. 

Claro, es que Alemania se niega a pagar la cuenta. Un imperio es un sistema de países formalmente soberanos gobernados desde el centro. Aunque Francia, España, Italia le pidan ayuda, Berlín no podrá ya echar una mano. Alemania tiene su Parlamento. Hasta hace unos años, los partidos parlamentarios ni siquiera preguntaban por eso. Ahora el 15% del Parlamento está ocupado por la AFD, y estos sí hacen esas preguntas. La política de transferencias será impugnada, habrá preguntas. Especialmente ahora que el crecimiento se acabó. Somos virtuosos, tenemos el equilibrio presupuestario grabado en la Constitución: pero no se puede cambiar la Constitución. Será imposible dedicar el 2% del PIB alemán a salvar a Italia. De hecho, Alemania es cada vez más desigual, y los que pagarían esa cuenta serían los que menos dinero tienen, porque las empresas exigen pagar cada vez menos impuestos para poder competir en el mercado global. Es interesante recordar un hecho. Jeremy Corbyn ha sugerido subir el impuesto de sociedades, creo que al 32%; esa cifra es más baja que cuando gobernaba Thatcher. El sistema fiscal ya no depende de los gobiernos, las corporaciones tienen la capacidad de exigir pagar menos para poder competir en el mercado global. ¿Quién va a pagar entonces la cuenta? ¿Los pobres? No, si les exiges eso, votarán a partidos populistas. Utilizarán su lengua nacional para defender su posición económica.

¿Eso significa que la extrema derecha seguirá creciendo?

Históricamente, los europeos han elegido entre la oposición del centro izquierda al capitalismo sin reglas y la oposición de la derecha a la redistribución. Pero la izquierda ha perdido la capacidad de representar el descontento con el capitalismo. Eso deja un gran espacio a la derecha. ¿En Francia qué pueden votar? El Partido Socialista ha desaparecido, así que votan a Le Pen, o a Macron, que recorta el gasto social porque hace lo que le pide Alemania. La izquierda ya no les dice nada. El PS les decía que Europa era importante, que deberíamos seguir en Europa, pero la gente ve que la UE te obliga a recortar gasto social, a subir los impuestos indirectos y a bajar los impuestos a los ricos.

¿Trump va a cambiar el mundo que conocimos?

Ya lo ha cambiado. EE.UU. ya no quiere ser el poder hegemónico. Nadie que venga después de Trump regresará a la idea de Obama de que América es el centro del mundo y que es preciso defender el bien contra el mal. Ya no tienen recursos para eso. América ha cambiado para siempre, incluso aunque una de esas estupendas jóvenes candidatas demócratas llegara al poder. Si son listas, intentarán revertir los daños del neoliberalismo, pero tendrán que lidiar con los mismos problemas. ¿La OTAN, ahora que la URSS ya no existe? Bueno, existe Rusia. Se curaron del comunismo, pero ahora no tienen matrimonio gay, tienes que seguir peleando contra ellos… El otro día se supo que el gasto militar de Alemania tendrá que ser mucho mayor que el actual 1,1% del PIB. Prometimos a Trump que lo duplicaremos. Así que Alemania va a gastar mucho más que Rusia en armamento. Como no podemos tener armas nucleares, irá todo a tanques, lo que no gustará a Rusia, que conoce bien los panzers. Ahora estamos colocando nuestros tanques en Estonia y Lituania, muy cerca de la frontera rusa. Y somos buenos amigos de los oligarcas ucranios, que querrán seguro tener tanques allí. Si yo fuera Rusia, me pondría muy nervioso. ¿Qué hace Putin? Ampliar la fuerza nuclear. Misiles que puede disparar a Alemania. Un alto cargo militar francés habló el otro día sobre si la fuerza nuclear francesa puede ser usada para defender a Alemania. La respuesta es no, esa fuerza es francesa, no es europea. Es completamente ridículo. Y carísimo. Si aumentamos el gasto militar al 2%, ¿de dónde saldrá el dinero para las transferencias a la periferia? ¿La opción será que los países menores elijan entre tanques alemanes y euros alemanes?

Acabamos con las fake news. Usted ha escrito que siempre ha habido mentiras pero que ahora hemos entrado en una fase nueva: las mentiras de los expertos.   

La propaganda ha existido siempre. La única diferencia es que ahora las mentiras no solo vienen de los gobiernos, sino de la gente de abajo también. Los tecnócratas de la UE, por ejemplo, siempre han sido creativos con las cifras. Las sociedades modernas tienen medios muy poderosos que inundan el espacio público de noticias, y la idea de los que gobiernan es que debes llenar ese espacio antes que los demás; eso exige producir noticias cada día. Haga un experimento. El Frankfurter Allgemeine sale mañana diciendo “ayer no pasó nada, así que salimos sin noticias”. Sería imposible. La industria debe producir historias con detalles ordenados como si fueran reales, pero no lo son. Son historias, no política. En las redes sociales, o mejor asociales, los pobres pueden también crear historias que compiten con las de los políticos. Así que la maquinaria de los gobiernos ha crecido enormemente. En los años 80, la oficina federal de prensa, subordinada a la Cancillería, tenía 300 empleados. Ahora tiene unos 2.500.

Pero muchos medios mainstream ahora son de los bancos…

Por supuesto. Pero si lees un periódico de calidad con atención, verás que te informa sobre lo que pasa en los gobiernos, y esta información sale siempre del gobierno. Así que los outisders deben luchar contra esa gran coalición que dirige el sistema de producción de la información.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190313/Politica/24878/neoliberalismo-union-europea-alemania-wolfgang-streeck-miguel-mora.htm

La pérdida de la memoria europea

El auge de la extrema derecha europea no puede explicarse simplemente por factores económicos y sociales. El liderazgo de Europa ha pasado a una generación sin memoria alguna de la Segunda Guerra y del fascismo. A medida que las generaciones que experimentaron la guerra han comenzado a desaparecer, también lo han hecho las exigencias normativas más amplias de la memoria.

Por Peter Verovšek

La mayor desaceleración económica desde la Gran Depresión (1929-1939) ha producido una crisis de legitimidad democrática no muy diferente a la que impulsó el surgimiento del fascismo en los años de entreguerras. Durante la era de la posguerra (1945-1989), los recuerdos de la guerra total, así como el éxito económico de la democracia liberal, aseguraron que los movimientos neofascistas siguieran siendo políticamente marginales. Sin embargo, la Gran Recesión (2007-13) ha revitalizado a la extrema derecha y la ha ubicado como una alternativa política viable. Reflexionando sobre el momento presente, China Miéville señala: «En la memoria viva no ha habido un mejor momento para ser fascista. Vivimos en una utopía: simplemente no es la nuestra».

Los movimientos neofascistas contemporáneos de Europa occidental se han basado en la retórica de sus predecesores al hablar de «recuperar el control», garantizar que «nuestra raza blanca siga existiendo» y combatir «una invasión de extranjeros». Estas resonancias políticas, combinadas con similitudes en las condiciones estructurales de la década de 1930, una crisis financiera seguida por un colapso económico que lleva a la pobreza, un alto desempleo y una migración masiva, nos han advertido de la posibilidad de un «retorno del fascismo» y nos han alertado sobre la posibilidad de que estemos viviendo una «nueva era de Weimar».

En un artículo anterior, me centré en el papel de la migración y el olvido en el surgimiento de la «democracia iliberal» en Europa central y oriental. Dinámicas similares de olvido también están presentes en la franja occidental del continente. En contraste con las explicaciones del populismo autoritario de derecha que se centran en los factores económicos o culturales, sostengo que el cambio generacional y la pérdida de memoria sobre la «guerra total» en Europa occidental, desempeñan un papel crucial en la crisis contemporánea. No es una coincidencia que el renacimiento populista haya ocurrido siete décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Memoria e integración

Tras las dos guerras mundiales y el Holocausto, «nunca más» fue más que un simple lema: era un imperativo para el cambio político. Las referencias a los recuerdos colectivos de estos eventos desempeñaron un papel crucial al través de la integración europea. Las lecciones de la guerra total también inspiraron la , así como la creación del y, por lo tanto, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y las otras instituciones que anclaron la protección de los derechos fundamentales en el derecho europeo e internacional de posguerra.

Los individuos que iniciaron estas organizaciones provenían de la generación que había vivido la guerra total de Europa (1914-45) en su adultez. Esta generación fue seguida por quienes alcanzaron la mayoría de edad durante la guerra y, por lo tanto, no se responsabilizaron por ella. Cuestionaron las acciones de sus padres y las tradiciones intelectuales de sus países de origen para aceptar el legado de 1945. Los líderes de esta generación profundizaron la integración hasta el desarrollo final del mercado común, la apertura de las fronteras intraeuropeas con el Acuerdo de Schengen, la creación del euro y el empoderamiento del Parlamento Europeo.

Con el segundo milenio, el liderazgo de Europa ha pasado a una generación sin memoria de la Segunda Guerra Mundial . A medida que las generaciones que experimentaron la guerra han comenzado a desaparecer, también lo han hecho las exigencias normativas más amplias de la memoria. En lugar de impulsar una mayor integración, dentro de esta primera generación de individuos que no tienen la experiencia personal de la guerra total, se verifica una concentración de apoyo para los populistas neofascistas y autoritarios. La nostalgia que apuntala el surgimiento de este movimiento está arraigada en los propios recuerdos de esta generación de una vida mejor y supuestamente más fácil dentro de Estados nación supuestamente independientes durante el apogeo de Wirtschaftswunder («milagro económico») de la Europa occidental de los «treinta años gloriosos» (1946 a 1975).

Sin embargo, esta percepción de la «nación» económicamente independiente y políticamente soberana requiere que los estados nacionales se «imaginen en períodos en los que, de hecho, no existían». Mientras que los baby boomers de la posguerra recuerdan al Estado nacional como el lugar de la prosperidad económica, esta imagen es, en el mejor de los casos, parcial. La integración económica, política y social del continente ya estaba en marcha durante este período, aun cuando esto no siempre fue inmediatamente evidente en las experiencias cotidianas de los individuos.

De hecho, lejos de pasar del imperio a la nación y de ésta a la integración en el transcurso de la posguerra -como creen muchos euroescépticos-, Europa occidental experimentó una transición directamente del colonialismo a la integración económica después de 1945. La falsa narrativa del boom económico de la posguerra como el momento de apogeo del Estado soberano -a la que Timothy Snyder se refiere como «la fábula de la nación sabia»-, combinada con la pérdida de recuerdos personales de guerra y sufrimiento, plantea un profundo desafío a los valores e instituciones que antes protegían contra la renovación de fascismo.

Defendiendo la democracia más allá del Estado

La conciencia de la importancia del cambio generacional y la pérdida de la memoria europea para alimentar el auge de la extrema derecha es crucial para el presente. La lección de la década de 1930 es que la democracia liberal -un régimen que protege los derechos económicos, sociales, políticos y civiles de una manera «co-original» o «equiprimordial»- no puede ser preservada o desarrollada solo a través del Estado nación. Por el contrario, las instituciones internacionales desempeñan un papel crucial para garantizar que la voluntad general potencialmente jingoísta expresada en los Estados nación no pisotee los derechos de las minorías o la disidencia política.

La democracia es algo más que simples elecciones y gobierno de la mayoría: se trata de preservar la pluralidad de opiniones y el respeto por los derechos de los individuos y las minorías necesarios para que las elecciones y la toma de decisiones mayoritarias sean significativas. La historia del siglo XX muestra que la «voluntad del pueblo» solo puede funcionar correctamente dentro de las democracias restringidas que trabajan juntas para proteger los derechos humanos fundamentales.

Un marco internacional para la democracia liberal fue el objetivo central del orden global creado después de la Segunda Guerra Mundial. Ante el regreso del fascismo como una alternativa política real a la política dominante en Europa occidental, estas instituciones internacionales son esenciales para restringir las nociones nacionalistas de soberanía popular. Ahora, más que nunca.

Fuente: Social Europe

Alain de Benoist: «Vivimos una época de transición»

El pensador Alain de Benoist, pone en duda la continuidad de los partidos tradicionales: Están en vía de desaparición, asegura. También analiza la polémica ideología actual sobre derechos humanos, y la actualidad política en Brasil, Francia y España. Brinda, asimismo, su opinión sobre la Unión Europea, el Papa Francisco y el peronismo.

Por Claudio Cháves

Alain de Benoist es un filósofo y pensador francés de altísimo nivel intelectual. Nació en Tours en 1943 y es autor de ciento cinco libros y más de tres mil artículos. Prácticamente nada que haga al pensamiento occidental ha quedado fuera de su análisis, siempre incisivo y controvertido. Visitó nuestro país en cuatro oportunidades y en su última visita compartí un almuerzo junto a un pequeño grupo de intelectuales, políticamente incorrectos. Como ocurre con los creativos es muy difícil encasillar su orientación ideológica.

Señalado incorrectamente como el creador de la nueva derecha francesa, Benoist escapa a cualquier encorsetamiento dogmático. Se puede decir de él, como característica central de su pensamiento, que es un defensor a ultranza de la diversidad cultural hoy avasallada por una globalización con aroma a Wall Street y Hollywood.

A continuación el diálogo, vía mail, mantenido con el destacado pensador francés:

1- ¿Podría explicarle al lector argentino que es la «Metapolítica», ciencia en la cual usted se destaca?

– La metapolítica no es una disciplina científica, sino un método. Consiste en priorizar el trabajo sobre las ideas y en situarse entonces como observador y no como actor de la vida política.

2- La sociedad francesa actual atraviesa una crisis política que ha puesto en evidencia las movilizaciones de los «chalecos amarillos». Más allá de lo anecdótico o puntual que provocó el estallido ¿cuáles son las causas profundas del malestar y si guardan relación con las movilizaciones de los suburbios de París del año 2005?

– La causa profunda de esta revuelta popular es la enorme brecha que se ha abierto entre la mayoría de los ciudadanos franceses y las élites políticas, financieras o mediáticas que funcionan según sus propios intereses. Por un lado, lo que se denomina «Francia Periférica», y por el otro las grandes ciudades globalizadas e incorporadas a la ideología dominante, que es también, como siempre, la ideología de la clase dominante. Esto no tiene relación con los disturbios de los barrios periféricos o las típicas manifestaciones. El movimiento de los chalecos apareció por afuera de la línea divisoria derecha-izquierda, al margen de los sindicatos y de los partidos. Para encontrar precedentes, sería adecuado remontarse hasta la revolución de 1848 o a la de la Comuna de París de 1871.

3- Se habla mucho acerca de la identidad nacional. ¿Existe, es identificable? De ser así ¿cuáles serían los valores fundamentales de esa identidad en una época donde el unilateralismo cultural se impone con mucha fuerza y los medios de comunicación uniforman el mensaje?.

– La identidad nacional es una realidad indiscutible, pero compleja. Se asocia a elementos históricos, culturales y religiosos que produjeron una mentalidad y una sociabilidad específica, una forma particular de habitar el mundo. Para definirla es necesario tener en cuenta la gente, a la vez como «ethnos» y como «démos». En democracia ella implica también una frontera territorial, la cual permite distinguir entre ciudadanos y no-ciudadanos.

4- Hace años que en el campo de las ciencias políticas y sociales se ha devaluado el concepto de pueblo o colectivo social. La idea de la salvación por todos al parecer se ha hundido en el pantano de un pasado oprobioso. ¿Es así o perdura en repliegues insondables?

– Margaret Thatcher decía que «la sociedad no existe». Desde el punto de vista liberal, los pueblos, las culturas, las comunidades no existen como tales: son simples agregados de individuos deseosos de aumentar al máximo su mejor interés. La idea de finalidad de la existencia (telos) es ajena al liberalismo, tanto como la idea de bien común. Tal concepción es completamente contraria a la realidad: ninguna sociedad puede reducirse a una confrontación de intereses reglados por el contrato jurídico y el intercambio comercial.

5- La política de los derechos humanos es hoy una doctrina que abraza a todo occidente, ¿es esto bueno o malo a su buen entender? ¿Y cuáles han sido las razones de su generalización?

-La ideología de los derechos del hombre se convirtió en la nueva religión civil de nuestro tiempo. Ella se basa en la idea de derechos subjetivos: el derecho sería un atributo de la persona en tanto que ella es una persona. En la Antigüedad, por el contrario, el derecho era exterior a las personas: se definía como la igualdad en la relación. Actualmente, la invocación de «derechos humanos» contradictorios unos en comparación con otros, en continua evolución, tiene por efecto romper el vínculo social y menospreciar la política en relación a lo jurídico y lo moral.

6- En este marco de los derechos humanos, el surgimiento y valoración de minorías ¿altera el orden democrático o lo consolida? Y por otro lado ¿cómo se amalgama una sociedad donde los derechos son más importantes que las obligaciones?.

– Desde un punto de vista liberal, es lógico que los derechos precedan a los deberes, ya que no necesitan de la presencia de otros para existir. Las reivindicaciones de las minorías pueden ser legítimas, pero la dictadura de las minorías es peor aún que la dictadura de la mayoría.

7- Por algunos de sus escritos se entiende que occidente se halla en una crisis de transición: por un lado los expertos o élite gobernante y por otro la gente que desconfía o ya no cree en ellos. ¿Cómo se sale de este problema?

– En efecto, nosotros vivimos una época de transición. La ola de desconfianza generalizada, fruto de una crisis de representación, muestra que el tiempo de democracias liberales parlamentarias y representativas está a punto de terminar. Estas democracias liberales se han convertido en simples oligarquías financieras. Por todo el mundo, los viejos partidos tradicionales están en vía de desaparición. Una grieta vertical que opone el pueblo a las élites, está sustituyendo la separación horizontal izquierda-derecha que era el vector del antiguo sistema. La democracia «iliberal» orgánica y participativa, empieza a afirmarse. Estaremos completamente fuera del viejo mundo cuando este proceso sea logrado.

8- ¿Cree que el modelo político Chino u otros autoritarismos orientales están más cercanos a las necesidades de la gente?.

– No hay un modelo político universal. El modelo político chino es excelente si conviene a los chinos, pero eso no significa que convenga a los otros pueblos. A lo sumo, deberíamos señalar que este sistema indica el camino de una modernización sin occidentalización.

9- Es usted un crítico del liberalismo pues le atribuye, entre otras cosas, la sobrevaloración del individuo por sobre el conjunto social o nacional. ¿Qué le ha pasado al liberalismo que en su origen, y especialmente en Francia, fue el eje sobre el cual se constituyó la Nación, Luis XVI fue acusado de traidor a la Patria y no a la Revolución y el concepto de Fraternidad habla de unión entre hermanos?.

– El título de mi último libro es «Contra el liberalismo», lo que responde a su pregunta. En él analizo ampliamente los reproches que pueden hacerse a esta ideología derivada de la filosofía de las Luces. La Revolución francesa atribuyó a la nación las prerrogativas que anteriormente eran del rey, pero lejos está de haberse inspirado solo de autores liberales como Diderot o Condorcet. También ha sido marcada por la filosofía de Rousseau, que no es liberal, así como por el ejemplo de la Antigüedad romana. En cuanto a la fraternidad, sólo es posible sobre la base de un patrimonio común; debe haber un «padre» para que los hermanos puedan existir. Pero se trata también de una noción equivocada: la historia de la fraternidad comienza con el asesinato de Abel por su hermano Caín!.

10- En su libro «Comunismo y Nazismo» usted afirma que estas dos corrientes ideológicas son herencia del iluminismo, esto es el liberalismo. ¿Cuándo hace ésta observación en qué lugar del pensamiento filosófico se ubica?

– Sobre este punto, mi perspectiva se podría ubicar dentro de una corriente de pensamiento representada por autores tan diferentes como Pierre-Joseph Proudhon, Hannah Arendt, Ernst Jünger, George Orwell, Louis Dumont, Ivan Illich, Jean Baudrillard, Christofer Lasch, Jean-Claude Michéa.

11- ¿Cómo se encuentra hoy Europa y qué opina del crecimiento de «Vox» en Andalucía?.

– La Unión Europea se encuentra actualmente impotente y paralizada, porque ha elegido ser un gran mercado en vez de una gran potencia. Europa es, por esta razón, el teatro de un gran cambio, debido al empuje de partidos «populistas». No tengo información precisa sobre el movimiento «Vox». Sus recientes logros son un síntoma, entre otros, del cambio drástico que acabo de mencionar.

12- ¿Podría explicarnos por qué cuando Cataluña tomó la decisión de separarse de España, esto es ejercer la libertad de su autonomía, usted apoyó el separatismo que puso a España al borde de la quiebra como Estado Nacional?. ¿No hay en esta posición una contradicción en su habitual defensa de los Estados Nacionales?.

– De ninguna manera apoyé la decisión de Cataluña de separarse de España! Al contrario, pienso que no le conviene hacerlo. Pero creo que son los Catalanes quienes deben decidir por ellos mismos. Desde siempre defiendo la causa de los pueblos, lo que implica que ellos puedan, como pueblos que son, pronunciarse libremente. Esto vale tanto para los Catalanes como para los Argelinos, los Bretones, los Corsos, los Flamencos, etc. Por otra parte, yo no soy un defensor incondicional del modelo de Estado-nación, y mucho menos del jacobinismo. La aparición de naciones que puso fin al orden feudal, coincide con el surgimiento de la modernidad. A este modelo de Estado-nación, yo prefiero el modelo imperial o federal.

13- ¿Conoce usted que fue el peronismo?

– Qué pregunta! Por supuesto que conozco el peronismo y a la doctrina justicialista. Tengo una gran admiración por el ex presidente Perón y un afecto muy particular por la extraordinaria Evita.

14- ¿Tiene referencias sobre el canciller de Brasil designado por Jair Bolsonaro, Ernesto Araújo? ¿Qué opinión le merece el nombramiento y el triunfo impensado de un candidato imposible?

– La elección y el triunfo de «candidatos imposibles» constituyen otro síntoma de la vida política actual. Sobre el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, es por lo que se, un ultra-liberal vinculado a los intereses de los agro-negocios (la bancada ruralista) al igual que su colega de Agricultura, Tereza Cristina. El hombre fuerte del gobierno de Bolsonaro, Paulo Guedes, es también un ultra-liberal formado en la escuela de Chicago.

15- El Papa Francisco tiene un discurso que al parecer choca con la tradicional
visión liberal de la historia. Es un crítico de lo que denomina capitalismo salvaje que deja a gente fuera del sistema y al mismo tiempo dice que el dinero es estiércol del demonio. ¿Qué opinión le merece este cambio en la cima de la
Iglesia?.

– Aprecio el discurso del Papa Francisco cuando critica de manera virulenta el
capitalismo liberal y a la injusticia social. Me gusta menos cuando defiende la
inmigración masiva en los países europeos.

El ejercicio del poder

Por Bhaskar Sunkara

Para la década de 1930, los socialistas franceses ya habían perdido buena parte de su base en la clase obrera industrial a causa de la escisión comunista. El partido parecía encaminarse a una vía reformista al socialismo, pero expresaba todavía sus metas en términos explícitamente marxistas.

Al reconstruir la infraestructura del Partido Socialista (SFIO, [Sección Francesa de la Interncional Obrera]) a lo largo de los años 20, su líder, Léon Blum, se enfrentó a la cuestión de por qué y en qué condiciones entraría un socialista en el gobierno. Distinguía entre el “ejercicio del poder” (llegar al gobierno para preparar las labores preliminares del socialismo) y la “conquista del poder” (el desmantelamiento real del capitalismo). Al final, Blum se decidió por la “ocupación del poder”, para dejarlo fuera del alcance de los fascistas.

Cuando el radical judío Blum se alzó al poder en 1936, el político antisemita Xavier Vallat elevó sus quejas: “Por vez primera, esta antigua tierra galo-romana la gobernará un judío”. Justo antes de convertirse en primer ministro, una multitud derechista sacó a Blum de su coche y le golpeó casi hasta matarlo. Una fotografía suya, completamente vendado e hinchado, apareció en la portada de la revista Time el 9 de marzo de 1936.

Con el nazismo en ascenso en Europa, en esos tiempos obscuros la “ocupación del poder” parecía un objetivo bastante noble para la coalición del Frente Popular. Ocupemos ahora el poder, y aunque no podamos conseguir las reformas que queremos, podemos impedir que la derecha socave las condiciones necesarias para una futura conquista del ejercicio del poder.

Pero sucedió algo inesperado cuando el gobierno de Blum tomó posesión: se desataron las ambiciones de la gente trabajadora. No contentos con una resonante victoria electoral de los partidos del Frente Popular, los trabajadores se declararon en huelga, ocupando fábricas y paralizando la producción.

Marceau Pivert, líder de la izquierda radical de la SFIO, proclamó que “todo es posible” en el nuevo entorno. Los dirigentes empresariales pidieron a Blum que restaurarse el orden. El resultado fue una serie de reformas, los Acuerdos de Matignon, que otorgaban a los trabajadores el derecho legal a la huelga, les facilitaban formar sindicatos y ofrecían grandes aumentos salariales. Consiguieron también seguros de desempleo y dos semanas de vacaciones pagadas. Exhaustos pero alborozados, hubo millones que acudieron en masa al campo y al mar por primera vez ese verano. La dignidad que estas reformas permitieron a los trabajadores resultaba innegable. Aunque fueran producto de la rebelión de las bases, no del programa de Blum, no se podrían haber podido aplicar sin el Frente Popular en el poder.

Por supuesto, el dilema de la socialdemocracia pronto se hizo evidente: el capitalismo no es una fortaleza que pueda rodearse y tomarse por asalto baluarte tras baluarte. Es un blanco móvil y dinámico. Resulta difícil mantener movilizados a los trabajadores una vez que se han logrado avances, y el capital tiene el poder estructural de minar esos avances.

Tal como escribiría Léon Blum en Tribune poco antes de morir: “Acaso no haya tarea más difícil que la de un gobierno que trabaja en el marco de una sociedad capitalista y carece tanto del poder como del mandato de transformarlo completamente de un golpe”.

Los incrementos de mayo y junio desencadenaron una contraofensiva empresarial en torno a la aplicación de las reformas. Ante una creciente inestabilidad política, los socios de clase media de la coalición de Blum abandonaron la lucha. El líder no tenía el apoyo ni la resolución para perseguir medidas más radicales. A Blum lo echaron del poder en poco más de un año.

Conociendo la historia, ¿por qué se interesa la izquierda socialista de los Estados Unidos por Bernie Sanders? Sus metas son socialdemócratas, a diferencia del socialismo reformista de Blum. Su elección no la saludaría ninguna ola comparable de militancia de clase trabajadora. Y su campaña no gozará del apoyo de una coalición de partidos radicales: ni siquiera disponemos de un solo partido que represente los intereses de los trabajadores.

Pese a toda su resiliencia, las desigualdades del capitalismo todavía provocan resistencia. Miles de millones de personas se resienten de las injustas opciones que se les ofrecen. Pero en los Estados Unidos de hoy, carecemos de los tres ingredientes necesarios para casi cualquier avance socialista de los últimos 150 años: partidos de masas, una base activista y una clase trabajadora movilizada.

Sencillamente,  pese al prometedor revivir de las ideas socialistas, pese al reciente crecimiento de los Democratic Socialists of America, pese a la popularidad de dirigentes de izquierdas como Alexandria Ocasio-Cortez, nos encontramos en un estado de debilidad sin precedentes. Pero no podemos esperar a que aparezcan de la nada  movimientos en la calle. Tenemos que disputar las elecciones, tenemos que utilizar la oportunidad de comunicar nuestro mensaje a millones de personas. Más que eso, tenemos que ganar en realidad estas elecciones y “ejercer el poder” hoy, poniendo las bases para más cambios radicales en el futuro, a la vez que privamos a la derecha de su fuerza.

Necesitamos, dicho de otro modo, una presidencia de Bernie Sanders. Sanders aboga por exigencias socialdemócratas. Pero representan algo bastante distinto de la moderna socialdemocracia. Donde la socialdemocracia de la postguerra se transformó en herramienta para suprimir el conflicto de clase a favor de arreglos tripartitos entre empresa, trabajo y Estado, Sanders anima a una renovación del antagonismo de clase y los movimientos de abajo.

Para Sanders, el camino de la reforma discurre a través del enfrentamiento con las élites. En lugar de hablar de toda una nación que lucha junta para que se recupere la economía norteamericana y se comparta la prosperidad, y en vez de tratar de negociar un acuerdo mejor con dirigentes empresariales, de lo que se trata en el movimiento de Sanders es de crear una “revolución política” para sacarles lo que es legítimamente nuestro a  “millonarios y multimillonarios”. Su programa conduce a una polarización siguiendo líneas de clase; desde luego, apela a ello.

Sanders se formó como estudiante en la Joven Liga Socialista [Young People’s Socialist League] y gracias a la organización de sindicatos y derechos civiles. Su visión del mundo se formó gracias a este trasfondo inusual. No representa una alternativa moderada a exigencias socialistas más militantes, sino una alternativa radical a un decrépito centro liberal.

Hablando en un lenguaje comprensible (gracias a Dios, no invoca la secular terminología del socialismo europeo que invoco yo) y conectando con las necesidades y el enfado de la gente, bien puede ser que Sanders prevalezca en las venideras elecciones de 2020. Pero, ¿qué hará entonces?

Este número [de la revista Jacobin] trata de enfrentarse a esa pregunta, y al hecho de que la “socialdemocracia de lucha de clases” de Sanders resulta extraordinariamente difícil de sacar adelante. Los candidatos se enfrentan tanto a incentivos para llegar a compromisos como a una presión estructural: administrar un Estado capitalista requiere mantener la confianza del mundo de los negocios y los beneficios empresariales.

Nuestra solución es vaga, pero entraña crear cierta presión por nuestra parte. Las protestas en la calle y las huelgas pueden disciplinar a los candidatos descarriados que no sigan un orden del día redistributivo y obligue a las empresas a hacer concesiones a los reformadores una vez se les elija. Los cargos electos pueden asimismo impulsar medidas que faciliten ejecutar estas acciones.

A primera vista, la pregunta nos remite a Bernie Sanders. Pero en realidad tiene que ver con ustedes, y con el poder latente de los trabajadores para llevar el cambio a cabo.

es director de la revista norteamericana ‘Jacobin’.

Fuente:

Jacobin