Fefa Vila, activista feminista: “Es muy difícil ser feminista, estar a favor de la igualdad y no tener una crítica al sistema económico”

POR AJOBLANCO

La socióloga y escritora Fefa Vila cuenta sus razones para ir a la huelga feminista del próximo 8 de marzo, convocada en más de 150 países.

 

¿Por qué es necesaria la huelga del 8 de marzo?

Porque representa un cambio en el ritmo del feminismo. Creo que es un escenario mundial el que dice ¡Basta ya!, basta de violencia demostrada de muchas maneras y de ver a las mujeres en la trastienda y en segundo lugar. El feminismo nunca ha cesado, ha tenido sus momentos de expansión y de aceleración y de contención histórica, pero nunca ha cesado, y creo que hoy pasa por un momento de aceleración histórica debido a los grandes problemas que tenemos las mujeres. La huelga es un puñetazo sobre la mesa que nos dice “hasta aquí hemos llegado”. La idea es buscar un cambio que vaya más allá de la discriminación salarial, es una crítica al mundo en que vivimos, al sistema capitalista y una invitación para alzar la voz y buscar un modo de vida “vivible”.

¿Por qué crees que se ha tomado como bandera de lucha la sororidad?

Porque hacía falta decirlo y ponerlo de manifiesto. El feminismo siempre ha sido un movimiento internacional, es una internacional en tanto que proyecto político. Da igual que en Suecia o en Islandia estén las mujeres genial, donde han triunfado en muchos aspectos, pero si en España están asesinando a 70 mujeres al año, en Marruecos se las abandona y en Arabia Saudí decapitan a las lesbianas, tenemos que unirnos en la lucha. Es verdad que al interior del feminismo han proliferado posiciones muy diversas, que ha sido la riqueza del feminismo también, pero ahora hemos conseguido expresar esta sororidad en este nuevo momento. Y esa sororidad pasa por tener en cuenta a todas las mujeres y en todos los estratos sociales: de nada sirve que se termine con la brecha salarial si a la vez hay mujeres que no pueden acceder al trabajo, o que nosotras mismas no podemos estar tranquilas o no podemos andar tranquilas por la noche.

En los medios de comunicación se ha querido mostrar dos visiones encontradas, a raíz de las últimas denuncias de acoso sexual por conocidos rostros del espectáculo. Los medios dicen, por un lado está el movimiento #metoo y por otro lado, Catherine Deneuve…¿ni lo uno ni lo otro?

Efectivamente ni lo uno ni lo otro. Para mi el movimiento #metoo es importantísimo, porque que desde Hollywood se hayan erigido con su voz para la denuncia de abusos sexuales,  es genial y eso no implica puritanismo o que las mujeres estemos en contra de la seducción. Entiendo que Deneuve y el escenario francés reclama una situación bastante maniquea de defender la seducción entre hombres y mujeres. La situación es mucho más compleja que reducirla a puritanismo v/s defensa de la seducción. El feminismo es algo más transversal, es algo que atraviesa todos los escenarios políticos y los escenarios sociales de la vida tanto de mujeres como de hombres, y lo que busca es otra forma de relacionarnos, otras formas de establecer realidades. Es una crítica a un sistema de organización sexual, pero también a un sistema de organización económica, como el que estamos viviendo bajo el sistema capitalista actual que genera muerte, dolor, exclusión y desigualdad.

Por eso es tan maniqueo decir yo estoy a favor de la igualdad pero no en contra del sistema capitalista, cuando el sistema capitalista es una máquina de desigualdad, dolor y muerte. Es muy difícil ser feminista y estar a favor de la igualdad y no tener una crítica al sistema económico social que nos está organizando actualmente.

¿Qué le pedirías a la intelectualidad masculina?

Le pediría que reflexionaran sobre la masculinidad y que empezaran a escribir sobre ello. No que opinasen tanto sobre los problemas de las mujeres, sino que empezaran a escribir y a repensar la masculinidad de los hombres como problema. Que repensaran el malestar de la cultura desde la posición y los privilegios que tienen esos propios hombres y especialmente esos hombres intelectuales. Si realmente hacen una crítica o una reflexión sobre aspectos sociales, creo que clama al cielo que cuando hay un nuevo asesinato por violencia machista, esto esté completamente ausente de estas reflexiones intelectuales.

Ya no lo digo en términos feministas sino en términos de justicia social, de repensar el mundo actual y las relaciones sociales en las que nos movemos hombres y mujeres. Les pediría una reflexión sobre la masculinidad, sobre el papel de los hombres y que hablaran de sí mismos y se confrontaran públicamente en esos términos.

Es verdad que este un llamamiento a la huelga de las mujeres, pero al hacer este llamamiento estamos interpelando a todos los hombres que deberían darse por aludidos y que fueran conscientes de que algo deberíamos hacer para acabar con las desigualdades.

El saldo negativo de los gobiernos “progresistas” y la nueva presidencia de México

Entrevista a Raúl Zibechi

Por Gloria Muñoz

Los gobiernos progresistas en América Latina “han resultado una regresión y para los pueblos indígenas han significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha y conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos”, advierte Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escritor y acompañante desde hace más de 30 años de diversos movimientos sociales del continente.

“El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo”, sentencia Zibechi en entrevista con Desinformémonos, luego de participar en una serie de encuentros con movimientos sociales e indígenas de Chiapas y Oaxaca, durante una breve gira por México en la que presentó su más reciente libro: Los desbordes desde abajo (Ediciones Bajo Tierra, 2018).

De la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, Zibechi señala que no representa ningún cambio para la región. Y sus consultas, opina, “son mecanismos de desarticulación de la protesta”. Habrá resistencia, dice, “pues las luchas no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría”.

La desarticulación de los movimientos sociales, la inclusión de cuadros de abajo en el nuevo gobierno, la imposición de proyectos extractivistas, el aislamiento de los críticos, la polarización de la prensa, el rol de Estados Unidos, entre otros, son los temas de esta entrevista.

– ¿Cuál es el saldo de los gobiernos progresistas en América Latina?

– El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo. El saldo es Bolsonaro, el saldo es Macri, es una Venezuela destruida. El saldo es Daniel Ortega, genocida, violador. Como dijo Chico de Oliveira en Brasil, fundador del Partido del Trabajo de los Trabajadores, “el lulismo fue una regresión política”.

Y cuando decimos esto no hablamos de esos millones que salieron de la pobreza pero que ahora volvieron, no hablamos de algunas cuestiones interesantes que se hicieron interesantes, como las cuotas para las personas negras en las universidades brasileñas. Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron.

No hay país con gobierno progresista en el que no haya habido casos de corrupción. El que fue vicepresidente de mi país, Uruguay, que tiene un apellido noble, Raúl Sendic, debió renunciar a la vicepresidencia por un caso de corrupción. En Argentina tiraban bolsos llenos de dinero adentro de un convento para eludir el tema de la apropiación indebida que hubo.

El saldo es negativo, pero eso no quiere decir que no comprenda a la gente que los votó, que los apoyó y que los sigue apoyando, porque frente a eso está una derecha espantosa. Pero en resumidas cuentas el saldo es negativo.

– En concreto, ¿cuál es el saldo en el ámbito económico?

– En lo económico no hubo reforma agraria, pero no hubo una reforma del sistema impositivo. No hubo reformas estructurales. Hubo una mayor renta a los sectores populares, pero esa renta fue bancarizada, financierizada, y entonces consiguieron, a través de las políticas sociales, que la gente tuviera un poco más de dinero, pero tiene además un cartoncito como el de las tarjeta de crédito o débito, que necesitan para poder sacar el dinero de las políticas sociales del banco y con eso van a los las malls o de shopping a comprar televisiones de plasma, motos, coches. Es una integración a través del consumo.

Durante el periodo de Lula en Brasil, el sector que más lucró y que tuvo las mayores ganancias de su historia fue la banca. Entonces fue una integración de los sectores populares, pero a través del consumo, y eso despolitiza, y además enriquece a la intermediación bancaria.

– ¿Y los megaproyectos en territorios indígenas?

– El extractivismo, la soja, la expansión del agronegocio, la minería, generaron un desplazamiento o acorralamiento de los pueblos indígenas. Hay un caso en Brasil que es demencial y se llama Belo Monte, que es la represa, la tercera más grande del mundo, que desvía 100 kilómetros del río Xingú, y en esa cuenca que se vacía se van a morir de hambre o van a tener que emigrar los pescadores, los habitantes de las riberas, todas las personas que vivían del río y que son pueblos originarios. Pero además, la demarcación de las tierras indígenas no se respetó.

Por otro lado tenemos el ejemplo paradigmático que es Bolivia. En Bolivia el movimiento popular tenía cinco organizaciones que hicieron el pacto de unidad, y después de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en 2011, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones.

Hay dos organizaciones, y esto fuera de Bolivia se sabe poco: el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), dos organizaciones históricas de los pueblos indígenas, a las que Evo Morales y Álvaro García dieron sendos golpes de Estado. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al gobierno, al Estado. Esto es un auténtico golpe de Estado y sucedió en Bolivia.

Cuando decimos que el progresismo ha resultado en una regresión, para los pueblos indígenas ha significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos.

– Vamos al terreno de las libertades. ¿Qué pasó en estos gobiernos con la libertad de expresión y con la libertad de manifestación? ¿Se llevaron a cabo “linchamientos” a quienes, desde la izquierda, se opusieron o cuestionaron lo que estaban haciendo?

– Durante los primeros años hubo una ampliación de libertades, de manifestación, de crítica, pero a partir de la crisis de 2008 hubo un repliegue de estos gobiernos. Una vez más Brasil es un caso paradigmático porque en junio de 2013, 20 millones de jóvenes salieron a las calles en 353 ciudades durante un mes, inicialmente contra el aumento del transporte, que es muy caro en Brasil (cada desplazamiento de autobús o metro vale entre 20 y 25 pesos mexicanos), pero terminó siendo una revuelta contra la desigualdad. São Paulo es la ciudad que tiene más helipuertos y helicópteros del mundo porque la burguesía no se digna a ir en coche por la superficie.

Esa revuelta contra la desigualdad tocó los límites del progresismo, que se limitó a repartir un poquito mejor la renta salarial, pero no la renta total y no tocó las desigualdades. Cuando surgió ese movimiento hubo un repliegue del gobierno de Dilma Rousseff, del PT y de la izquierda en su conjunto, y mandaron a la policía. Por supuesto que lo que habría tenido que haber hecho un gobierno de izquierda era ponerse del lado de la gente, pero al mandar a la policía generaron un vacío político y una desmoralización tan fuerte que de eso se vino aprovechando la derecha hasta el día de hoy. El 2013 fue un parteaguas en Brasil y en toda la región. Son los movimientos, la irrupción de la gente cansada de que le tomen el pelo, de que se burlen de ella, una de las dos o tres causas principales de la crisis de los progresismos en América Latina.

– ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué papel jugaron y juegan?

– Sobre los medios de comunicación hay varias dinámicas. Hay países donde los Estados han ido avanzando sobre los medios de comunicación, como Venezuela, clausurándolos, domesticándolos o comprándolos. El grueso de los medios de comunicación de Venezuela son estatales o pro-estatales. El otro extremo podría ser Argentina, donde hay alrededor de 200 medios de comunicación culturales, autogestionados, digitales y en papel, como Desinformémonos en México. Esos 200 medios tienen entre cinco y siete millones de lectores mensuales, en un país de 40 millones de habitantes. Se trata de medios minoritarios, pero ya no son marginales. Más aún, cuando hay un conflicto, como cuando una fábrica de Monsanto se iba a instalar en las Malvinas Argentinas, y desde Uruguay, si se quería saber lo que pasaba, entrabas a la prensa de la derecha, La Nación, Clarín, y no aparecía nada. Entrabas a la prensa de la izquierda, como Página 12, y tampoco aparecía nada. Tenías que informarte en estos medios comunitarios o alternativos.

Estos medios ya no son una minoría marginada, sino que tienen una masa crítica, y cumplen el rol de que informan a los nuestros de lo que otros no informan.

– Hemos visto que se ha dado una polarización de los medios durante estos medios. Los que están con el gobierno, en este caso progresista, y los que tiene la ultraderecha…

Sí, claro. En Brasil está pasando algo increíble, Bolsonaro hace campaña contra la Red Globo, que es la hegemónica, y contra Folha de São Paulo, que es el periódico de las élites, y se apoya en las redes sociales y en los medios de comunicación evangélicos, que son de ultraderecha. Hay una reconfiguración de los medios muy interesante, que hay que seguirla, porque incluso Bolsonaro amenazó con clausura Folha de São Paulo, que es un escándalo, es como clausurar un diario de derecha de México. Es la misma actitud que tiene Donald Trump con los medios. Pero están emergiendo otros medios, como es el caso de los evangélicos, son una fuerza política y social que merece ser estudiada a fondo, y están compitiendo ya con la Red Globo en Brasil. Por otro lado, en la mayoría de los países existen medios como los nuestros, alternativos, pero no en todos tienen fuerza.

– Hay otros medios, que no son alternativos ni marginales, sino grandes medios de izquierda, o críticos al poder, bien colocados en sus países, como Brecha en Uruguay, o Página 12 en Argentina. ¿Qué papel juegan con los gobiernos progresistas?

– Debo decir que Brecha fue crítico antes de la llegada de los gobiernos y durante los gobiernos progresistas. Siempre hemos sido un periódico crítico. Página 12, en cambio, se hizo kirchnerista y dependió hasta hoy de recursos bajados por el Estado. Todo lo malo tiene una parte buena, y acá en México lo van a vivir. La parte mala es que los progresistas nos destruyen o nos crean muchos problemas. La parte buena es que el escenario se clarifica, ya no quedan lugares para las medias tintas, estás o no con el Estado. Cuando estás con el Estado la excusa es q ue ahora lo gobierna la izquierda, pero estás con el Estado, eso es lo principal. Y los que se mantienen en su trabajo de autonomía, de trabajo por fuera de las instituciones.

Página 12 claudicó, en los 90 fue un diario bien importante no sólo en Argentina, tenía una estética particular y un impacto con tapas de página muy potentes. Por otro lado, hay otros medios que se han mantenido fieles a su trayectoria. Yo no quiero exagerar, pero diría que Brecha, en Suadamérica, es de los pocos que ha atravesado el progresismo con muchas dificultades económicas. No vivimos de Brecha, estamos mal económicamente, pero mantuvimos la dignidad y una posición independiente, aunque hay matices. Hay algunos periodistas dentro más afines al gobierno, pero siempre críticos.

– ¿Y cuáles son los costos de mantenerse críticos, desde la izquierda, a los gobiernos progresistas?

– Los costos de mantener la postura crítica son el aislamiento, no te llaman para hacerte entrevistas, te ignoran. Hay deterioro económico personal, tenemos que buscarnos trabajitos para sobrevivir, y eso es un costo importante, pero hay que fijarnos muy bien, hay una trampa del progresismo que hemos logramos sortear, pues así cómo como la profesión periodística, en el caso de Brecha, hoy tiene un salario muy bajo, pero ha habido una renovación generacional y de género. Y hoy la mayoría de la planta son personas jóvenes y mujeres. Los que quieren ganar más se han ido con el gobierno o a crear periódicos afines al progresismo, y los que nos quedamos, bueno, pues ganamos poco, pero ahí estamos.

– ¿Lo que nos estás diciendo es que nos va a ir muy mal a los que mantengamos una postura crítica, en el caso de México, a Andrés Manuel López Obrador?

– Yo no diría “irnos muy mal”. El aislamiento es duro, pero te hace más fuerte. Y además no aspiramos a hacernos ricos. Por ejemplo en Brecha, de 35 trabajadores, habrá cinco o seis con carro, los demás vamos en transporte público, y eso me parece que es muy importante porque marca algo que en este momento es una siembra, no se ve, pero están ahí las semillas y en algún momento van a florecer.

Pero lo que está sucediendo en México hay que leerlo de otro modo por dos razones. El ciclo progresista en América Latina inició por el 2000 y terminó por el 2014, y es un ciclo que fue posible gracias a los altos precios de las commodities, del petróleo, de la soja, del mineral de hierro, porque a las burguesías en esa época de bonanza económica no les importó mucho que les subieran un poco los impuestos, y porque los sectores populares estuvieron tranquilos. Pero hoy en día vivimos la post crisis del 2018. Las clases dominantes del mundo se han hecho más bestiales, más brutales. El uno por ciento tiene una riqueza como nunca soñó tener en la historia y se han hecho mucho más intransigentes, más ultras, y están en contra de los pueblos.

El gobierno de López Obrador llega en el momento en el cual las clases dominantes no están dispuestas a ceder en nada. Hay una situación que llevará muy rápidamente al gobierno a alinearse con los intereses empresariales. Estos pocos días que llevo en México he visto algo sorprendente. Prendo la televisión y en el parlamento unos diputados del PAN ponen una manta que dice “#NoALaDictaduraObradorista”. Son terribles, pero desde el primer día ya están oponiéndose, no le dan ninguna chance. Parece que eso va a marcar: Te doblegas completamente o vas a tener una oposición implacable como tuvo Dilma en sus últimos años en Brasil.

– ¿Qué representa la llegada de López Obrador para el Continente Americano?

Me gustaría decir que representa algo para la región, pero yo creo que no representa nada, porque desde el punto de vista de la integración regional latinoamericana, no aporta nada, y desde el punto de vista de un giro a la izquierda en la región, ya no es posible, y tampoco aporta nada y porque la política exterior, por lo que yo entiendo, va a ser de alineamiento total con el nuevo NAFTA y con las políticas de Donald Trump. Entonces yo no espero nada.

Si hubiera sido diez o quince años atrás, capaz que se podría esperar algo en un clima distinto, pero hoy en día, cuando hay una guerra comercial con China y con Estados Unidos, cuando hay un encrespamiento de las relaciones internacionales y una intransigencia muy fuerte, como hace una semana que se pelearon Trump y Macron y hubo un destrato mutuo muy fuerte… pues no hay margen para ninguna otra política.

– Háblanos de los movimientos sociales dentro de los gobiernos progresistas…

– Los gobiernos progresistas han sido maestros en el arte de desactivar a los movimientos sociales y a la protesta social. Han cegado las bases sociales de sus movimientos con políticas sociales, pequeñas cosméticas que entusiasmaron a mucha gente que nunca había recibido nada. También cooptaron a los dirigentes de los movimientos.

El personal político de los gobiernos progresistas viene de abajo, los cuadros tecnocráticos que están al frente nacieron y conocen la cultura organizativa de los movimientos sociales, entonces, cuando están arriba saben muy bien qué teclas tocar para debilitar, y eso es muy peligroso.

Hay dos cosas que ponen en peligro a los movimientos sociales. Primero, el Estado se reviste de legitimidad con el progresismo, y un Estado con legitimidad, un Estado fuerte, es peligroso. Después, los saberes de abajo que han llegado allá arriba están destinados a debilitarnos. Y estas dos cuestiones juntas pueden ser enormemente depredadores para los movimientos populares. Un ejemplo es Bolivia con Evo Morales y Álvaro García, que se disfrazaron diciendo que era el gobierno de los movimientos sociales e hicieron los golpes de Estado a los mismos.

En Argentina está el caso piquetero. El movimiento piquetero fue completamente neutralizado, dispersado, destruido, por las políticas sociales. Hay un manual en un libro del Ministerio de Desarrollo Social, donde estaba la hermana de Néstor Kirchner, que dice que el funcionario ideal del Ministerio es “aquel militante social que en los 90 se opuso y organizó a la gente en la base social en los territorios contra el modelo neoliberal”. Succionan cuadros políticos y militantes y saberes a los Estados y eso es un elemento muy definitorio y fundamental.

El tercer ejemplo pueden ser los compañeros de Brasil del Movimiento de los Sin Tierra y de los Sin Techo, movimientos muy importantes, muy luchadores, con una trayectoria impecable, que reconocen que Lula y Dilma entregaron menos tierras con la reforma agraria que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, pero aun así, los apoyaron porque hay un chorro de dinero que fue destinado a la educación, la vivienda, etcétera. Son movimientos potencialmente revolucionarios que quedaron neutralizados completamente.

– Y el caso de México, país al que también conoces muy bien desde hace un cuarto de siglo…

– En México hay muchos movimientos potentes. Los movimientos urbanos tienen una larga trayectoria de haber sido dispersados, sobre todo por gobiernos del PRD, pero me preocupan mucho los movimientos indígenas, que son una parte minoritaria de la población, pero importantísima, y me preocupa el aislamiento y la posibilidad de golpes o represiones quirúrgicas. Me preocupa mucho que en los próximos seis años haya un proceso de debilitamiento del zapatismo y del CNI (Consejo Nacional Indígena) y de otros movimientos indígenas y populares, que son los que se han opuesto a los grandes proyectos.

Hay una operación muy fina. Las consultas que se ha hecho y las que se van a hacer son mecanismos de desarticulación de la protesta. Mañana tú puedes decir que estás en contra del Tren Maya por tal o cual razón, y te van a decir que vayas y votes. En esta consulta, la del aeropuerto, hubo 1 millón y cacho de votos, pero yo creo que en las próximas consultas pueden votar más personas, y si votan más personas mayor será la legitimidad de la consulta, aunque sea ilegal, sin sustento jurídico y sin sustento de ningún tipo.

Supongamos que respeten la consulta. El mensaje que están enviando los progresistas y López Obrador es que el conflicto no vale la pena porque es riesgoso, que votando o apoyando al gobierno se van a solucionar los problemas. El mecanismo de la consulta busca encasillar y conducir la protesta al terreno de las urnas. ¿Para qué me voy a oponer a la carretera si estoy en contra y puedo votar. Y si pierdo, por lo menos pude opinar en un ejercicio democrático en el que no tuve que poner el cuerpo y la policía no me dio un golpe? Lo que se hace es deslegitimar el conflicto y deslegitimar la protesta, y eso va de la mano de aislar a los que protesten. Los que protestan aislados son rápidamente víctimas de la represión estatal. Ése es el riesgo que yo veo ahí.

Espero que la consulta no tenga la última palabra. Con la consulta los pueblos tienen dos opciones: o jugarse por la consulta, que no creo que sean tan poco hábiles, o que digan que hagan todas las consultas que quieran pero que ellos no quieren que el tren pase por ahí, que es lo que han hecho otros pueblos en América Latina.

Por suerte, en algunos casos como el de las comunidades zapatistas o Cherán, hay una fortaleza. Igual la van a pasar muy mal, creo yo y ojalá me equivoque, pero no es lo mismo pasarlo mal cuando están temblequeando a cuando estás bien y firme en tus bases, como los zapatistas.

Po otra parte, estoy seguro de que López Obrador se jubilará, no creo que se pueda reelegir, aunque me imagino que ya está pensando en reelegirse. Pasarán seis años, se irá Morena o no, pero el zapatismo va a seguir en pie, y eso es importante porque son luchas de cinco siglos que no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría o tenga buenos modales.

– ¿Y la resistencia?

– Habrá resistencia. Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios. Esto de hacer mega obras en el sur es para cooptar al resto de México, porque ha sido la zona más rebelde y eso todos lo sabemos. Los pueblos van a resistir. Hay muchas personas que, como decimos en Uruguay, “no se comen la pastilla”, no se dejan engañar. La gente está alerta, además ya tienen 15 años de nuestra experiencia y saben lo que pasó en el sur. Habría que ser un poco más optimista.

– ¿Qué papel juega Donald Trump y Estados Unidos?

– Trump es más que Trump. Es la mayor intransigencia de las clases dominantes, de los ricos, y la mayor intransigencia del Pentágono, que tiene tanto peso como las clases dominantes. Esta gente se está inclinando por la guerra, por militarizar el escenario global. La guerra comercial contra China es una guerra y, comercial por ahora. La guerra va a escalar y es probable que lleguemos a guerras entre naciones con armas nucleares, eso que los zapatistas llaman el colapso.

El régimen Trump tiene aspectos del colapso, es una manifestación de la crisis del sistema, del imperialismo yanqui, pero también es una manifestación de que ellos pueden apostar al colapso antes de soltar la sartén que creen o temen que se les está escapando. Un escenario horrible. El que venga después de Trump, aunque sea demócrata, va a seguir muchos de los pasos de Trump. El gobierno de Trump no es un paréntesis, sino un viraje en las estrategias de las clases dominantes.

Estados Unidos apuesta cada vez más a la subordinación absoluta de México. Es un patio trasero del cual no van a soltar las garras y por lo tanto, en ese proyecto de tener a México subordinado, el gobierno de López Obrador les pueda venir incluso muy bien, pues esto de llevar las mega obras al sur, de facilitar el flujo de mercancías, commodities, minerales, maderas, todo lo que haya para sacar, los monopolios lo ven muy bien, y más si además consigue aplacar a una parte de la ciudadanía.

Lo que no va a conseguir este gobierno ni ninguno, por ahora, es bajar los niveles de violencia, los feminicidios, la actividad del narcotráfico, de la ilegalidad. Eso para Estados Unidos es algo importante, porque desde la guerra contra el narco apuesta a la violencia, al Plan Mérida, a la descomposición del tejido social. Todos son planes del imperio que ahora los va a ejecutar López Obrador. Con este señor además se van a cumplir los planes que profundizan el capitalismo, el monopolio, y lo que los compas zapatistas han llamado la cuarta guerra mundial, el despojo de los pueblos. Eso es lo que está a la orden del día.

– Para finalizar, ¿qué lectura le das al fenómeno migratorio que estamos viviendo estos días de Centroamérica hacia el norte?

– Quiero creer que con esta marcha masiva de migrantes está naciendo un movimiento, porque antes la migración era individual, de familias, gota a gota, pero ahora es masiva y organizada. Para movilizarse 7 mil personas todas juntas hay que estar organizado. Capaz que es la primera de muchas marchas y si es así es bueno, porque la migración solitaria es fácilmente reprimible, vulnerable, pero con esta probablemente la gente haya llegado a la conclusión de que es mejor migrar en masa para estar más protegidos. No tengo claro que Trump vaya a poder impedir el paso de los migrantes por la frontera, a pesar de todas las gárgaras que hace. Es un costo político muy alto. Lo bueno es que está naciendo algo nuevo, desde abajo.

Fuente: https://desinformemonos.org/

 

Dareen Tatour en conversación con Einat Weizman: El papel del arte y la diversidad intelectual frente al proyecto de ley israelí de «lealtad cultural»

Por Daaren Tatour

La sesión de la Knesset comenzó el 5 de noviembre de 2018 en un ambiente pleno de democracia, similar a un teatro cuando se monta una nueva obra, durante la cual los miembros de la Knesset intercambiaron insultos y ofensas. Los altercados verbales estallaron entre los legisladores cuando Oren Hazan, del partido Likud, describió a Ilan Gilon de Meretz, quien usa una silla de ruedas, como “ semi-humano ”. Entonces Hazan se negó a disculparse antes de que otro le devolviera el insulto.

Después de unos minutos de idas y vueltas, la ministra de Cultura y Deportes, Miri Regev, se puso de pie y comenzó su discurso mencionando algunas obras que se han presentado recientemente en los teatros del país, como la obra del expreso palestino Walid Daqqa, «Un tiempo paralelo», que fue representada en el teatro Al-Midan. Luego pasó a la lista de trabajos de la directora y actriz Einat Weizman, autora de «Cuadernos de la prisión», «Prisioneros de la ocupación», «El estado de Israel contra la poeta Dareen Tatour», antes de leer parte del poema de Mahmoud Darwish «Tome nota, soy árabe” (a veces titulado “Tarjeta de identificación”), y mi poema “Resiste, pueblo mío”.

Esto fue para decir, en un discurso que duró tres largas horas, que no financiará lugares que presenten los trabajos mencionados. Al contrario, estas obras deben ser prohibidas y censuradas. También habló de por qué debe votarse el proyecto de ley de lealtad cultural , redactado por ella, y por qué debería haber lealtad en el arte en general al Estado de Israel. Si el proyecto de ley se convierte en una ley, otorgará a Regev discreción única para decidir qué proyectos deben censurarse, qué proyectos críticos de Israel constituyen “incitación”.

Al mismo tiempo que se discutió la ley en la Knesset, me senté con mi amiga Einat Weizman hablando de nuestra fuerte amistad que nació entre la cárcel y la detención, la cual he atravesado durante los últimos tres años debido a un poema que escribí contra las prácticas de la ocupación de mi pueblo palestino.

Estábamos considerando nuestra obra conjunta y revisando el guión de la obra que escribimos juntas y que se presentó recientemente en el Teatro Tmu-na; reímos, lloramos, nos alegramos y nos sentimos tristes por los recuerdos de todo lo que vivimos durante el período posterior al estreno de nuestra obra conjunta «I, Dareen Tatour», que tampoco escapó a la incitación de Miri Regev de prohibir y censurar, y que el Teatro Tmu-na sea penalizado por mostrar, y aún se muestre, la obra.

Con todos estos sentimientos mezclados que están llenos de vida, trabajo, esperanza y contradicciones, nosotras, como muchos otros artistas palestinos e israelíes, también estábamos esperando a que terminara este debate de la Knesset israelí y un anuncio sobre el resultado de la primera votación del proyecto de Regev sobre la lealtad cultural. Mirábamos las pantallas de nuestros teléfonos entre los momentos de trabajo y la discusión para leer las noticias sobre el proyecto de ley, continuando hasta que recibimos la verdadera noticia de que la Knesset había aprobado la primera lectura, con 55 votos a favor y 44 objeciones. El primer ministro Benjamin Netanyahu sugirió, al final de la sesión, que la próxima ley (que debería ser aprobada) es la pena de muerte para los palestinos condenados por matar a israelíes . También habló en contra de la ley de libertad condicional temprana , una propuesta para reducir en un tercio las condenas de todos los prisioneros, incluidos los palestinos.

Al final se aprobó el proyecto de ley en la primera de tres lecturas. La posibilidad de que Einat y yo enfrentemos una persecución legal aumentó. Sin embargo, lo que más nos preocupa es que nuestras obras, ya sean las obras de Einat que escribe o dirige, o mis poemas, están avanzando hacia una situación en la que las autoridades israelíes las examinarán, cuestionarán y controlarán.

Nosotras podríamos ser interrogadas por la policía sobre nuestras obras artísticas, ¿están de acuerdo con esta ley de lealtad?

Miré a Einat, ella me miró, ambas sonreímos; una sonrisa llena de significados indefinidos. Fue entonces cuando decidí escribir sobre esta ley y la realidad que impondría a los artistas aquí, en el país, ya sean palestinos, de los cuales formo parte, o israelíes de izquierda como Einat. Ambas somos ejemplos vivos de las consecuencias y efectos en la vida artística aquí en Israel. Yo, como poeta palestina, fui detenida, encarcelada y víctima de las leyes racistas impuestas contra mí de manera muy estricta, que me robaron los tres años de mi vida que pasé entre la prisión, el arresto domiciliario y otras formas de detención. Sigo sufriendo el racismo de estas leyes y seguiré sufriéndolo durante otros tres años, ya que las autoridades israelíes pueden enviarme de vuelta a la cárcel si publico un poema político que esté directamente en contra de la ocupación al afirmar que habría contravenido la ley, según la sentencia que me impusieron el 31 de julio de 2018.

Einat Weizman, la actriz, directora y escritora de izquierda está en contra de la ocupación y aborda principalmente el teatro político documental en sus obras. Debido a sus obras documentales y espectáculos en teatro hasta hoy se ha visto sometida cada vez más a la persecución legal y al interrogatorio al oponerse a la política de ocupación a través de sus obras, que muestran la realidad que sufren los palestinos en Israel.

Einat Weizman ha estrenado cinco obras teatrales hasta el momento: «Vergüenza», que muestra la relación entre el arte y la política; «Palestina, Año Cero», que cuenta la historia de las demoliciones de casas y la Nakba continua, «Casa 113», una obra de arte que aborda la resistencia de los beduinos en la aldea no reconocida de Al-Araqib para mantener sus tierras y evitar su confiscación; “Los prisioneros de la ocupación”, en la que habla sobre la vida de los presos políticos palestinos en las cárceles israelíes y las condiciones que sufren (la obra fue prohibida en Israel); y su última obra «I, Dareen Tatour», en la que habla sobre la historia de mi detención y lo que pasé en la cárcel. También personifico la realidad de la ocupación en mi poema y hablo de ello. Einat hace lo mismo en sus obras; presenta la realidad de la vida en Israel y Palestina y utiliza el teatro como una herramienta para buscar e investigar, en ocasiones para plantear problemas inusuales en Israel y a veces para presentar una historia diferente a las que muestra el partido gobernante. Por supuesto, debido a esta elección, enfrenta muchos desafíos y se enfrenta a una confrontación directa con el oficialismo gobernante en el país, que rechaza y dificulta la creación de este tipo de arte. Por lo tanto ha sufrido intentos de censura y ataques debido a su orientación política.

Para aclarar la situación en la que estamos viviendo, tuve esta conversación con ella:

Dareen Tatour: ¿Cómo puede explicarse la complicada relación entre arte y política?

Einat Weizman: El arte es esencialmente político, y la relación cambia de acuerdo con el período histórico y político. El papel del arte es hacer preguntas, desafiar y motivar al público a escuchar un nuevo discurso y revelar temas ocultos e inquietantes (o incómodos). Creo que el arte debería tratar de superar la estética y los placeres y crear sistemas sociales que busquen impactar y afectar la realidad y que no solo se representen y aprueben. Cada producción artística de mis obras está precedida por la investigación y el trabajo conjunto con las comunidades y las víctimas. Las escenas son conjuntas, crean relaciones sólidas que existen incluso fuera del ámbito del trabajo en sí. Creo que estas etapas de un trabajo conjunto, como lo es con los presos o con la comunidad en el al-Araqib, pueden ser una base principal para la convivencia.

DT: Comenzando con «Vergüenza», hasta «I, Dareen Tatour», ¿qué ha cambiado en tu arte, pensamientos, opiniones y el tipo de obras que presentas?

EW: Hay un principio y un estilo en mis obras, ya que siempre se basan en hechos reales, son algo parecido a dar un testimonio. Creo que el intercambio contigo creó algo muy especial, diferente y único; algo que no he vivido en mis obras anteriores. He estado inmersa en ti emocional, intelectual e ideológicamente como nunca antes.

Einat no fue la única que vivió ese estado, yo me parecía a ella; inmersa en ella y en las obras de teatro con todos mis sentimientos, escritos y pensamientos. Podría decir que estaba inmersa en cómo encontrar un lenguaje común entre nosotras que eliminase todas las diferencias entre ambas; especialmente aquellas entre nuestro pueblo palestino y el pueblo judío, a través del arte, la humanidad y el amor, ya que la obra es un trabajo conjunto de dos mujeres rodeadas de muchos desafíos, diferencias culturales, sociales y nacionales. Sin embargo el arte eliminó todas estas diferencias, reunió la idea y unió el corazón y la mente para que estuviéramos en una relación hermosa caracterizada por el amor y el respeto mutuos y que encontráramos una vida mutua entre nosotras, yo como palestina y ella como judía israelí.

En nuestra relación artística y humanitaria pudimos encontrar una vida en común que eliminaría todos los obstáculos y diferencias; algo que las autoridades israelíes no entendieron sobre la importancia del arte que discute nuestros problemas como palestinos en Israel, en cambio aumentan las tensiones y los conflictos. El más reciente de los cuales es este proyecto de ley que aumenta la brecha entre dos personas y les impide encontrar un lenguaje común; el lenguaje del arte que habla de nuestro dolor y agonía. En el arte que ambas ofrecemos podemos unir a las personas y eliminar muchas de las diferencias que surgieron con la existencia de la ocupación. No descarto encontrar la paz real a través del arte que descubra la verdad y que Israel, a través de su Gobierno extremista de derecha, oficialmente prohíbe e impide su concreción a través del proyecto de ley de lealtad cultural.

DT: ¿Cómo definirías el proyecto de ley de lealtad cultural?

EW: Para mi pesar, por desgracia la lealtad cultural ha existido mucho antes de que apareciera el proyecto de ley, la mayoría de los artistas manifestaron la identidad nacional de su momento y conocen muy bien los temas que podrían causarles problemas y los temas que les son más fáciles de abordar y por los cuales reciben apoyo y ánimo. Hace varios años se creó un nuevo premio, «El Premio Sionista de Obras Creativas». Varios artistas utilizan la autocensura en sus creaciones, usan alusiones y símbolos en lugar de hablar de las cosas tal cual son. Creo que el statu quo aquí es muy crucial y muy crítico hasta el punto de que no hay tiempo para usar símbolos. El papel del artista es como un espejo; no siempre está ahí para mostrar cosas bonitas a la sociedad, sino también para exponerlas, para resaltar los fenómenos y mostrar lo que está marginado.

DT: ¿Cómo os afecta el proyecto de ley a ti y a tu arte como artista israelí?

EW: El proyecto de ley no me afecta, afecta a las instituciones culturales que temen tomar una posición decisiva y crítica cuando se trata de casos problemáticos en la sociedad israelí, por temor al castigo y la cancelación de fondos económicos del ministerio. Es por eso que para mí es más difícil que antes encontrar sitios dispuestos a afrontar las consecuencias y permitir un escenario para presentar estos temas.

DT: Después de cada producción artística que presentas y exhibes en el escenario, intentan castigar a la institución que la presentó o boicotear la obra; estos actos también te lastiman a ti, a tu trabajo, a tu sustento. ¿Vives y te ganas el sustento del arte y la producción artística?

EW: Es muy difícil ganarse la vida con el tipo de arte que presento. Vivo de enseñar a actuar y disfruto mucho, me da la oportunidad de tomarme un descanso de todo lo que me ocupa.

DT: ¿Einat Weizman es hoy la misma Einat Weizman después de que el proyecto de ley fuese aprobado en su primera lectura?

EW: El proyecto de ley ciertamente no me cambió ni lo hará, continuaré con mi verdadero ser, mi honestidad y mi naturaleza son lo único que me controla y me conmueve. (La creencia en mi corazón es más fuerte).

DT: Tu eres la primera que sufre este proyecto de ley como artista israelí ¿Cierto?

EW: De hecho el proyecto de ley nunca será ejecutado. He sufrido en sus primeras etapas, he sufrido amenazas y mensajes amenazadores para todos los que trabajan en la cancelación del presupuesto económico y su apoyo. Produje dos noches en el Teatro Jaffa que todavía están siendo examinadas en el ministerio de finanzas; uno titulado «Prison Books» en el que leo cartas escritas por presos políticos, y otro en apoyo a ti «El Estado de Israel contra la poeta Dareen Tatour», donde leo algunos protocolos de tus ensayos. La representación de los prisioneros de la ocupación fue censurada y prohibida por el comité directivo organizador del festival Akko después de ser aprobada por el comité técnico. Esta exclusión se debió a una publicación que escribí en Facebook como prueba de las opiniones políticas inaceptables. Esta exclusión recibió el apoyo total de la Ministra de Cultura, Miri Regev, quien se sumó e incitó contra mí diciendo que apoyo a los terroristas cuyas manos están manchadas de sangre.

Esta situación ha creado la solidaridad de todos los demás artistas hacia mí y mi posición, por lo que el director técnico del festival renunció a su puesto en protesta por la prohibición y canceló así todo el festival. A pesar de la gran solidaridad en el festival, después de eso no encontré ningún otro teatro en Israel que aceptara producir u ofrecer un escenario para representar la obra prohibida. La obra «Prisioneros de ocupación» debe presentarse y en realidad hay varias organizaciones culturales en el mundo que están interesadas en producirla, y espero que se presente en el escenario lo antes posible.

Como saben, esto es lo máximo que podría pasarme a mí como judía israelí, y quizás lo más extremo que podría suceder en comparación con lo que tú has pasado en prisión y arresto domiciliario debido a un poema que has escrito, así que me siento un poco tonta al hablarte sobre estas cosas en comparación con todo lo que tú has sufrido.

Es cierto que lo que me sucedió no le sucederá a ningún artista judío israelí y no estoy triste por ello. Al contrario, estoy muy feliz de que los artistas israelíes disfruten de la libertad de expresión, a diferencia de nosotros, los palestinos, en este país.

 

Einat Weizman en una sesión de fotos para «Rabin, The Last Day» durante el 72 Festival de Cine de Venecia en el Palazzo del Casino el 7 de septiembre de 2015 en Venecia, Italia. (Foto: Dominique Charriau / WireImage / Getty Images)

Después de que de repente me encontrase en la cárcel por un poema que escribí y publiqué en Facebook y después de la primera lectura en la Knesset de la ley de lealtad cultural, comencé a sentir que esta ley se dirige a mi identidad, mi historia y mi idioma y pone todos sus valores y estándares en un lugar de duda y cuestionamiento. Así, en las leyes israelíes, todo lo palestino se convierte sospecha y pide una investigación en su contra con acusación de cargo por terrorismo.

Por lo tanto, debido a que mi aferramiento a mi identidad palestina se ha convertido en un crimen y terrorismo en este tiempo de democracia -si se puede llamar democracia- también me resulta difícil abandonar la esencia de mi escritura, donde vuelco todo lo que siento sobre la injusticia, racismo, opresión y ocupación. Y como soy palestina, aunque sea pacífica, mediante el arte en el que soy buena, escribir poesía, no puedo resistir todo este prejuicio, ocupación y racismo. Entonces, Israel intenta practicar la política de ocupación en las artes, además de la tierra, los seres humanos y el país de origen. Sin embargo no sabe que el arte no reconoce fronteras.

Cuando comencé a recibir noticias, mientras estaba bajo arresto domiciliario, sobre la posibilidad de que Einat Weizman fuera interrogada por la noche que ella organizó en mi apoyo, sentí un dolor agudo. Para mí era muy preocupante que una noche organizada en mi apoyo pudiera ser la razón para cerrar un teatro que presenta arte. Es cierto que enfrenté la injusticia y fui encarcelada por las autoridades israelíes, pero rechazo que cualquier artista, independientemente de su identidad u opinión política, pase por lo que pasé, aún si son israelíes e inciten contra mí y deseen que yo sea castigada, y eso es precisamente lo que sucedió. El verdadero arte enseña a las personas a amar y sacrificarse, y ese es su primer mensaje hacia la humanidad. Es cierto que el arte muestra las diferencias entre nosotros como humanos, en nuestros pensamientos y en nuestra vida, pero es la manera perfecta de encontrar soluciones y cambios a través de la crítica constructiva; algo que el Gobierno israelí cancela al aprobar el proyecto de ley de lealtad cultural. Israel, con su nuevo proyecto de ley, no solo soporta únicamente el arte de su autoridad dominante, sino que también trata de despojar a los artistas de su humanidad.

DT: ¿El propósito del proyecto de ley es castigar a los artistas que están en contra y rechazan la ocupación?

EW: La ley de lealtad cultural ha causado un gran revuelo. La razón es que esta ley perjudicará a las clases más afortunadas, los judíos israelíes, porque durante varios años ha habido un fuerte y poderoso aliento a la libertad de los palestinos, para que expresen su opinión. El teatro Al-Midan fue cerrado [temporalmente] hace tres años, ¿dónde estaban las protestas en ese momento? Este teatro es una de las plataformas artísticas más importantes de los ciudadanos palestinos en Israel para presentar sus obras teatrales. Una poeta palestina (tú) encarcelada por publicar un poema mientras los poetas israelíes continúan escribiendo, publicando y organizando veladas poéticas. Para nosotros, los judíos israelíes, el umbral de nuestra lucha ha caído. Si en el pasado hemos luchado contra la ocupación, hoy solo tenemos que luchar por el derecho a decir «basta de ocupación».

DT: Como actriz y directora, ¿tus opiniones y puntos de vista políticos perjudicaron tu trabajo con teatros, directores y espectáculos?

EW: En el pasado disfruté del cariño de la audiencia, hoy sufro amenazas y mensajes de odio. Por supuesto para mí es difícil encontrar un trabajo solo por determinar mi identidad política, ya estoy al tanto del precio y estoy lista para pagarlo.

DT: ¿Se volverán los artistas israelíes de izquierda indiferentes a la realidad con este proyecto de ley? ¿Podría el artista israelí ignorar la ocupación y la Nakba (catástrofe) en el arte que se presenta al espectador? ¿Podría el artista realmente ser así?

EW: Como dije, el arte es esencialmente político, un artista, como cualquier otra persona, debe estar despierto y consciente de la política, incluso si no forma directamente parte de ella. Me parece que en este momento, en este lugar, estos son los casos apremiantes que deben ser tratados y presentados.

DT: En tu opinión, ¿cómo podrían los artistas oponerse a la ley de lealtad cultural y desafiar su existencia?

EW: Continuar siendo creativos, seguir criticando, hoy más que nunca, encontrar otros medios para ganar dinero y financiar obras artísticas, para trabajar con lugares que cuentan con el apoyo del Estado.

DT: La libertad de expresión y la democracia, ¿tienen lugar con el proyecto de ley de lealtad cultural?

EW: Incluso antes de este proyecto de ley no tenían espacio aquí. Y la mejor prueba de esto eres tú.

Si el proyecto de ley se convierte en ley, la ministra Regev tendrá autoridad para determinar los estándares culturales artísticos permitidos y prohibidos. Si la obra de arte perjudica al Estado, como afirma, el proyecto de ley otorga a las autoridades israelíes el derecho de reducir o cancelar por completo los presupuestos de las instituciones culturales de acuerdo con los estándares de Regev. Por lo tanto, para ella todo lo que es palestino, es una amenaza para Israel y su judaísmo y, de hecho, está prohibido porque todo lo que presentamos como artistas palestinos tiene un rostro político y habla de nuestras causas básicas en la lucha, la Nakba, el derecho de retorno, presos, mártires, la intifada y la resistencia a todo tipo de represión.

Cuantas más leyes existen, más artistas insisten en expresar su voz y su mensaje. El caso aquí con esta ley no se trata de silenciar las bocas de la izquierda sino de silenciar todo lo que es diferente o en contra de la autoridad. El problema también aquí para nosotros, los palestinos, es que queremos mantener nuestra identidad palestina en el arte y dar vida a la Nakba continua y a cada escena de racismo que sufrimos bajo esta cobertura de la supuesta democracia. A pesar de que este proyecto de ley no fue el primero y tampoco será el último bajo el Gobierno de extrema derecha en Israel, al mismo tiempo no tenemos ninguna otra alternativa tangible, ya sea para los presupuestos o los teatros, una realidad que no podemos ocultar. Por lo tanto, debemos considerar seriamente trabajar en la búsqueda de un proyecto que otorgue al arte su independencia de la autoridad.

Cuando miro nuestras experiencias mutuas, de Einat Weizman y mías, creo que es el mejor ejemplo para unir a todos los artistas, palestinos y judíos. El arte que se creó entre nosotras fue capaz de superar la barrera del lenguaje, la lucha constante y las contradicciones, que produjeron un gran amor y creatividad llevando un mensaje con significados nobles en su sencillez y sinceridad. El arte que nació entre nosotras es el mejor embajador entre palestinos y judíos bajo el Gobierno y las leyes que solo crearían más injusticia, opresión y racismo y expanden la brecha entre los palestinos y la sociedad judía, impiden el logro de la paz y la igualdad entre ambos. Por lo tanto, para lograr la paz y crear algo que parecía imposible para todos los artistas seguir los pasos de lo que hemos logrado juntas, lo lograremos en los próximos días, Einat y yo,

El arte que nació de nosotras estableció un país para ambos pueblos siempre que miren y sigan buscando la paz. Miri Regev y las políticas derechistas aún están muy lejos del verdadero mensaje de arte al que llegamos a través de nuestro arte incitante e ilegal, como dicen. Temen las palabras, temen las imágenes, temen el escenario y temen cada expresión artística o literaria que encarne el derecho palestino y exprese la cultura palestina. Intentan judaizar la escena cultural, apagar la historia palestina, ya que no se dan cuenta de que el verdadero significado del arte y la importancia de aceptar la diversidad cultural es el camino seguro para crear un diálogo entre las diferentes culturas para poder alcanzar el verdadero entendimiento, amor y paz. Tenemos una necesidad crucial aquí y especialmente aquí, más que nunca antes, de caminos que reúnan puntos de vista en ambas sociedades en lugar de separarlos y magnificar la separación entre ellas.

 Dareen Tatour es una poeta y ciudadana palestina de Israel que pasó casi tres años en prisión y bajo arresto domiciliario. Fue condenada en mayo de 2018 por cargos de incitación y apoyo a organizaciones terroristas después de que publicara su poema «Resiste, mi pueblo, resiste» en las redes sociales.

Fuente: https://mondoweiss.net/2018/11/conversation-intellectual-diversity/

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Derecho a lo singular

Por Silvio Lang

Mi propósito es pensar juntxs cómo se crea valor y singularidad en nuestras comunidades afines de producción cultural, que necesitamos considerar como una potencia común, y como tal, un derecho natural, que llamo indistintamente derecho a lo singular o derecho a lo cualquiera. Esbozar desde allí un conjunto de pragmáticas transversales y estratégicas en los espacios comunes que estamos produciendo en la esfera pública. Para ello voy a necesitar de un concepto filosófico de Gilles Deleuze y Félix Guattari: “la máquina de guerra”, que Diego Sztulwark trabaja en sus grupos de estudio, y que quisiera cruzar luego con el concepto-metáfora en lengua aymara, “ch’ixi” (mescolanza), que Silvia Rivera Cusicanqui desarrolla en su último libro, Un mundo ch’ixi es posible (Ediciones Tinta Limón); en constelación con los estados de situación del arte y la subjetividad contemporánea que describen Franco “Bifo” Berardi en Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva (Caja Negra Editora), Santiago López-Petit, en Hijos de la noche (Ediciones Tinta Limón), e Hito Steyerl, en Art Duty Free. El arte en la era de la guerra civil planetaria (Caja Negra Editora)*.

“La máquina de guerra”, es un concepto que Deleuze y Guattari elaboran en el libro Mil mesetas, reimaginando a las comunidades nómades que fugan de la idea del Estado como poder unificador. Describiré el carácter de esas máquinas y su funcionamiento haciendo una serie de traducciones simultáneas desde mi práctica – mi campo de acción principal es la práctica escénica donde intersecciono una pluralidad de prácticas de producción de lo social.

En principio, el concepto “máquina de guerra” lo pienso como la práctica que cada uno hace. Pensar a las máquinas de guerra como prácticas o modos de funcionamiento que todo el tiempo están desafiando y desarreglando el poder centralizador y las instituciones del Estado. Estas máquinas o funcionamientos, pueden tener diferentes modos: artísticos, escriturarios, militantes, pedagógicos, etc. Son funcionamientos o prácticas que desarreglan los dispositivos de poder que pretenden unificar la multiplicidad de las formas de vida. Nunca es fácil, nunca se sale indemne de esta posición de estar en “máquina de guerra”, o estar desarreglando el territorio en el que unx está produciendo, porque implica una desobediencia y un desplazamiento de los límites y reglas de ese territorio. Estos movimientos de desplazamiento son siempre salidas ante situaciones irrespirables de las estructuras de obediencia interiorizadas en nosotrxs ¿Cuáles son esas salidas o “puntos de fuga” de situaciones invivibles donde no damos más, donde nos sentimos absolutamente despotenciadxs? Pensar las máquinas de guerra como las salidas de esas trampas que son las trascendencias o estructuras de obediencia en nuestras vidas cotidianas, en las cuales estamos siendo todo el tiempo aparateado. ¿Cuáles son esos puntos en que podemos abrir un agujero y hacernos otro modo de habitar la tierra? Abrir un agujero es un acto de contra-violencia porque es una interrupción y un sabotaje a las reglas y las maneras de funcionamiento de ese ámbito en que estamos dominadxs. Salir no implica que nos escapamos a otro lado, sino que desactivamos la monopolización de ese espacio sobre nosotrxs y lo infectamos de otra cosa. Esa salida implica producir otro tipo de relaciones entre los seres y las cosas, otras reglas o procedimientos que van a configurar lo que Deleuze y Guattari, llaman una “tierra nueva”.  Un bloque de espacio-tiempo donde podemos hacer otro uso del cuerpo, producir otros ritmos y otras maneras de vincularnos, y se generan otro tipo de afectos. Esto implica un trabajo de creación de la fuerza común.

Otra noción coextensiva que propongo al concepto de “máquinas de guerra” es lo sensorio. Toda máquina de guerra implica una metamorfosis sensible o material. Al mismo tiempo que  las máquinas de guerra fugan destituyen el orden del territorio en el que están e instituyen otras formas sensibles materiales. Reconfiguran la experiencia y la percepción del cuerpo, del tiempo y del espacio; producen otra afectividad y otras imágenes materiales. Hay una función morfogenética en las máquinas de guerra. Son máquinas de guerra sensible. Hacen un gesto doble: destituyen estructuras de dominación, ordenamientos corporales, rítmicos, espaciales, temporales que nos explotan y crean, al mismo tiempo, otra sensibilidad que establece una nueva relación entre las cosas. Al devenir maquina de guerra nos incorporamos a otra afectividad, a otra temporalidad, a otra espacialidad. Las “máquinas de guerra” son modos de subjetivación, de experimentar y componer la existencia. La “máquina de guerra” no tiene por objeto la guerra si no el desarreglo y fuga del territorio dominado y la invención de una “nueva tierra” abierta a infinitas conexiones divergentes. Es un gesto sincrónico: al mismo tiempo que deshago el acople normativizado que se produce entre un ritmo y un cuerpo, ese desacople me permite producir otra conexión entre ese cuerpo y un espacio, entre el procedimiento que tiene ese cuerpo para experimentar el espacio y la experiencia que tiene ese cuerpo para producir una escritura o un modo de hablar. La “máquina de guerra” funciona como una metamorfosis morfogenética que se desplaza estratégicamente. ¿Qué quiere decir acá “estratégicamente”? La estrategia consiste en reconocer esos puntos de fuga posibles y componer con ellos la intensidad de una potencia. La potencia se despliega siempre desde una impotencia. Hay momentos en que una situación nos ahoga, sentimos que no estamos pudiendo hacer las alianzas que necesitamos, que no podemos desplegar nuestra capacidad de actuar y pensar porque la idea de verdad o axiomática de ese orden nos despotencia. En esos momentos de impotencia se producen, sin embargo, intensidades menores involuntarias como potencias de actuar. Son intensidades que no alcanzan a ser capturadas por ese mismo régimen de dominación interiorizado. Ese régimen funciona en nosotrxs como una manera de ver, de escuchar, de escribir, de poner en relación las cosas y, sin embargo, hay algunas intensidades que no son compatibles o que no encajan con ese ordenamiento. Esas intensidades menores se perciben, en el proceso que estamos viviendo, como molestias, fallas, fracasos, incomodidades, síntomas, ruidos, pero son, no obstante, la punta del ovillo para desplegar una potencia. ¿Cómo pensar desde ahí? ¿Cómo darle cabida a esas partes subdesarrolladas que desbordan el mapa donde nos movemos habitualmente? Implica una escucha lateral de lo que nos afecta y una mirada estrábica de los márgenes. Preguntarse por el sesgo del régimen de visibilidad y de enunciabilidad donde nos encontramos inmersos. Escuchar-ver-presentir los gestos y palabras involuntarias, las fluctuaciones y desviaciones de nuestrxs acciones y  sentires. Demorarse en una posición dislocada. Como dicen Deleuze y Guattari en Kafka. Por una literatura menor, reconocer esas “partes subdesarrolladas”, esos “tercermundos” que hay un proceso vital. ¿Cuál es nuestra relación con esas partecitas que no importan, esa negritud que hay en los procesos en los que estamos interesados y que estamos viviendo? Y, ¿cuál va a ser el procedimiento para darle cabida a  esas partecitas? Lo estratégico tiene que ver con hacer aparecer y amplificar esas formas que tienen aún una existencia virtual ya que son inaudibles, invisibles, inconceptualizables. Hacerlas audibles, visibles y pensables es el modo en que pueden afectarse los otros elementos codificados y reconfigurar el régimen de dominación para darle vida a un proceso de transformación.

Pensemos en el plano de las enfermedades, por ejemplo. Cuando uno es culpabilizado porque está enfermo e inmediatamente ese síntoma pasa la factura al individuo. Y quizás, esa enfermedad es un tipo de efecto colateral de ese régimen de dominación que vuelve la vida insoportable. Santiago López-Petit,  llama “enfermedades de la normalidad” a las anomalías sintomáticas que produce la movilización global de nuestras vidas bajo el funcionamiento de la “axiomática capitalista”. La anomalía puede ser un punto de fuga donde  creamos un afuera en el encierro neoliberal. “Afuera”, “tierra nueva” son imágenes para  pensar un modo de subjetivación y creación de comunidades críticas de las subjetividades neoliberales. Elaborar el modo de incorporación, de relacionarse con el propio cuerpo y el de los otros, los afectos, el espacio, el ritmo de manera autónoma al dispositivo que está reglamentando el funcionamiento dominante. O sea, la “máquina de guerra” plantea cómo producir otros funcionamientos. Y la producción estratégica de esos otros funcionamientos es hacer crecer esas fluctuaciones, desviaciones, o bifurcaciones que se producen en las situaciones en las que estamos.  Un ensayo escénico puede servir de ejemplo. Lo que muchas veces se lee o se decodifica como un error es más bien una irrupción en la manera en que se está ensayando esa obra o performance. Esos errores,  fallidos, ruidos del sentido emergen y desean existir ¿Cómo darles cabida? ¿Cómo amplificarlos, escuchar su ritmo que quiere desplegarse? Son momentos desprogramados en que no sabemos muy bien qué pensar y qué estamos sintiendo. En general, en la producción teatral hay una obligación de efecto de totalidad. Todos los signos, todos los componentes materiales de la puesta en escena tienden a producir un sentido global legible. Y aquello que no entre en ese sentido comprensible es desclasificado como ruido molesto o mancha a blanquear. Sin embargo, la escena es tan múltiple y polivalente que cualquier otra dimensión de la vida. Siempre hay un micro-acontecimiento que no se puede codificar en relación con los otros signos y que desafía a producir otro modo de percepción y lectura. Implica una posición dislocada, lateral, estrábica, tercermundista, en devenir.

Esas informaciones materiales que emergen son formas sensibles. Con lo cual se elabora una alternativa materialista. Una relación con los devenires materiales  del mundo posibilita la multiplicidad de la existencia y sus transformaciones. “Una suerte de materialismo maricón”, dijo de su propio pensamiento filosófico León Rozitchner, atacado por los machirulos del marxismo académico. Desde esta alternativa la sensibilidad se vuelve una disputa política de las cosas del mundo y su producción social. La sensibilidad es la labor de la subjetividad que percibe más allá de los signos y registra las fuerzas que mueven el mundo: las efecciones y las ideas aún no verbalizadas. Eso implica permanecer más tiempo en el registro de la sensibilidad para lograr establecer una relación mucho más intensiva con los elementos imperceptibles de cualquier proceso vital. Considerar las superficies materiales como aparatos de registro de las fuerzas que actúan sobre la deseabilidad del mundo. ¿Qué es todo lo que está actuando en nosotros y nos está afectado en el presente? ¿Cuál es ese conjunto de sensaciones que se están produciendo a partir de fuerzas que no podemos terminar de descodificar, ni de ver, ni oír, ni comprender? ¿Cuál es el umbral de las formas que están muriendo y las que están naciendo en esta ahora? ¿Qué luchas y qué subjetividades están emergiendo? Se trata de inventar las prácticas que ejerciten lo sensorio en el plano de la subjetividad. En toda “máquina de guerra” hay un trabajo de lo sensorio,  un “agenciamiento” o composición de los signos y fuerzas que actúan en el ambiente. La máquina de guerra sensible inventa sus propias prácticas de sensibilización que hacen experimentar otras cosas. ¿Cómo produzco experiencia en los ámbitos donde estoy? ¿Cómo desarreglo la experiencia enlatada, prefabricada, programada del “realismo capitalista” (Mark Fisher)? ¿Cuáles son los procedimientos, los insumos teóricos, los protocolos de experimentación que vamos a poner a funcionar para incorporarnos a otra experiencia autónoma de lo sensible dominado? En las prácticas sociales hay una producción permanente de procedimientos que producen experiencia de otro tipo. Hay máquinas de guerra porque hay una codificación, programación y colonización que la acumulación financiera ejerce sobre nuestras vidas y “agenciamientos”  La máquina de guerra es la ironía plebeya al ordenamiento global del capitalismo tecno-financiero..

Ahora bien, ¿cuáles son las líneas de combates o límites con los que se entrevera una máquina de guerra? En principio, hay una línea relacionada con el lugar de enunciación donde estamos inscriptos históricamente en nuestra práctica. ¿Cuál es nuestro momento epocal de la práctica que ejerzo, y cuál es mi combate? Si soy escritor, si soy periodista, si soy artista, si soy psicoanalista, si soy maestro, ¿cuál es la historia del campo donde estoy? ¿cuáles son las maneras de hacer? ¿cuáles son las instituciones históricas de ese campo? ¿cuáles son las dominantes filosóficas o teóricas que están operando en este momento? O sea ¿cuál es mi inscripción histórica en ese campo? Y ¿cuál va a ser nuestra actitud para desplazar el umbral de ese presente historizado en el que estoy? “Actitud” es un término que Michel Foucault le dio un sentido muy particular: es ese gesto que me permite correr las posibilidades que hay en el umbral del presente. Generalmente el presente se nos presenta como un cerco realista,  la “actitud” va a ser ese momento en que puedo correr o atravesar esa frontera, el momento de pasaje  del umbral de una formación social a otra ¿Cómo agujereo? ¿Cómo hago de la frontera un colador? Ahí hay una primera línea de combate que tiene que ver con aquello que está sobre determinando históricamente mi práctica, o en el momento histórico que atraviesa mi práctica. Por ejemplo, el uso de los conceptos o de determinadas figuras del inconsciente que produce el psicoanálisis con pibes que llegan al hospital baleados por la policía. Ahí, hay una limitación histórica ¿qué hacer con todos tus conceptos en esos casos? A veces, hay una serie de conceptos, de modos de hacer, que son históricos en esa práctica en la que estoy que son limitantes y que, si quisiera escuchar otras experiencias, o me está pasando algo que me hace percibir las cosas de otra manera, esos conceptos, esos paradigmas de esa práctica no me dejan hacer, me despotencian, me vuelven impotente. Ahí hay una primera línea de combate.

La segunda línea de combate es algo así como lo que podríamos llamar el proceso afectivo, perceptivo en el que estoy. ¿Dónde estoy metido? ¿en qué situación afectiva-subjetiva estoy? ¿qué me está pasando? ¿cuáles son las afecciones del mundo que están actuando en mí en este momento y no me dejan pensar y sentir las cosas de otro modo? Son preguntas donde la conciencia de fracaso puede adquirir un valor pragmático.  A veces uno tiene una batería de recursos para cuidarse o para hacer las cosas y a veces te fracasa esa batería, te quedás sin recursos para vivir el presente en el que estás. ¿Cómo trabajar esa conciencia de fracaso, de los recursos que tuviste o tenés para cuidarte? Ahí hay un momento de mucha angustia. Porque me siento impotente, porque los recursos con los contaba para enfrentar una situación o para hacer mi trabajo, o crear, o relacionarme, o vivir una historia de amor no me sirven más. Necesito inventar otros procedimientos o batería de herramientas para atravesar otras experiencias más libres para no convertirme en un zombi social.

La tercer línea de combate es la destrucción. La destrucción de ese orden de dominación, de  las trascendencias del tiempo histórico en que estoy viviendo. O sea, ¿cómo destruyo o cómo destituyo esa serie de enunciados y de maneras de vivir y desear que nos programan los Estados-mercados con sus automatismos tecno-financieros? Esta destitución como la batería de herramientas y el atravesamiento de los umbrales del presente nunca son individuales. Siempre está tejiéndose con otros. De alguna manera implica poder producir un tipo de enunciación colectiva que ligue e implique a otros. Siempre hay otros que están sufriendo con los modos en que se nos extorsiona vivir en el ritmo de la “movilización global” (Santiago López-Petit). La idea de que eso que me está pasado a mí en tanto soy un ser individual o un Yo cerrado nos impide sentir y comprender que lo individual y lo social es un continuo, una co-extensión. Minuto a minuto somos equipados de enunciados, de imágenes y de modos de regular nuestra vida, que cada uno va incorporando y particularizando como puede. Pero esos equipamientos son colectivos. Eso que está reverberando en mí en relación con mi práctica y con mi capacidad de desobediencia está resonando ya en otros. En ese punto, toda “máquina de guerra” es una producción colectiva, aunque la lleve adelante una persona. Reconoce lo personal como político: politiza un malestar en la esfera pública. Lo individual es social y por lo tanto plausible de hacer esfera pública.  Los modos que tenemos de percibir, conocer, comportarse, gestualizar,  hacer el  hombre o la mujer, enamorarse… no es una producción individual sino de la máquina social. En estos equipamientos sociales de programación de personas se producen fallas, desviaciones, fluctuaciones, síntomas.

La política es la disputa por los códigos de programación y distribución de la producción social de las formas de vida. La política y sus máquinas de guerra es la irrupción y el sabotaje del modo en que están distribuidos los cuerpos, sus capacidades, sus funciones, sus discursos. Lo político es esa puesta en escena de la “distribución de lo sensible” (Jacques Rancière), no sin algún grado de conflictividad.  Entonces, ¿qué pasa con esos cuerpos, con esas personas, trabajadores,  artistas,  psicoanalistas, maestros que no encajan con el código de programación dominante? ¿Cómo producir una serie de prácticas o de pragmáticas transversales donde podamos generar esas alianzas de esos ruidos? Como afirma el Comité Invisible una revolución es una “alianza de ruidos”. Esa alianza es un proceso de experimentación y composición. Para Deleuze y Guattari la revolución es siempre una “revolución molecular” y no la toma del poder hetero-patriarcal-capitalista. Es componer contra-poderes, máquinas de guerra.

Devenir “máquina de guerra” implica cartografiar (reconocer y articular) esas líneas de combate o de poder. El  poder para Foucault es “relación de fuerzas”. El poder no es algo que se tiene sino un campo de fuerzas que accionan unas sobre las otras y afectan los cuerpos. La figura de “diagrama” le permite a Foucault pensar las fuerzas que están  actuando en un determinando momento histórico. De esta manera podemos comprender nuestros ámbitos de trabajo y de creación como diagramas sociales. Una institución donde trabajamos, una sala teatral donde producimos, un centro cultural o una universidad donde estudiamos son campos de fuerza, circula poder. Pensar un hospital como un campo de fuerzas, pensar un consultorio como un campo de fuerzas, pensar una obra de teatro o una performance como un campo de fuerzas. Considerar la producción cultural en su dimensión afectiva, en su capacidad de afectación y efectuación de formas materiales sensibles.

Pongo un ejemplo que para mí esta a mano. A veces, trabajo en teatros estatales. Hace unos años trabajé en el Teatro Nacional Cervantes, dirigiendo la obra El don, de Griselda Gambaro. Para mí se trata de entender el Cervantes como un campo de fuerzas, y las fuerzas se mueven en diferentes planos. La fuerza es el público que va al Cervantes, la clase etaria y social que va ahí; el tipo de dramaturgia que se programa en ese teatro hace más de cuarenta años; la organización burocrática de ese teatro; la capacidad y las limitaciones de sus técnicos y de la técnica de la sala; el esquema de comunicación que tiene ese teatro; qué actores y qué actrices pueden actuar en ese teatro… Todas esas son fuerzas que están interseccionando y arman algo así como la institución “Teatro Nacional Cervantes”. Mi trabajo ahí no es ir a hacer una obra de teatro, es ir a afectar y reconfigurar ese campo de fuerzas. Es poner en crisis el modo en que esas fuerzas producen una fijeza, una cristalización del poder y unifican la experiencia del teatro. Tenemos una idea de que una institución es una fijeza pero podemos comenzar a imaginar instituciones dinámicas. La intersección de todas esas fuerzas puede producir tanto una fijeza totalizante como una reconfiguración del mapa de poder ¿Cuál va a ser la cartografía que hago en el Cervantes? ¿Cómo cambio los signos y las epistemes del teatro?¿Cómo hago entrar un deseo insurrecto y desplazo las fuerzas retrógradas que hay en ese mapa? ¿Cómo me fugo del mapa y hago lo que nunca se probó en ese teatro? ¿Cómo uso el cuerpo como nunca se usó en ese escenario? ¿Cómo hago la escenografía que se negó? ¿Cómo hago un uso del vestuario, de la luz que se reprimió? ¿Cómo remuevo el marco perceptivo de lxs espectadores que van ahí? ¿Cómo agrego masas de espectadores que nunca fueron a ese teatro? ¿Cómo hago explotar la cabeza de los conductores de ese teatro? Se trata de comenzar a  considerar los ámbitos de la existencia como campos de fuerzas o de afectación y el conjunto de gestos y procedimientos que ponga a funcionar para desplazar o para fugar el código. Este trabajo de poder percibir las fuerzas que están actuando en un campo es un trabajo cartográfico: ¿qué es eso que está funcionando ahí y cómo lo hace?¿qué es eso que está sobre determinando a los cuerpos, a los modos de hacer? y ¿cuál es mi deseo? ¿cuál es mi interés? ¿cuál es mi relación con ese ordenamiento? “Todo aquel que emprende una fuga crea una política del deseo”, dice Guattari. ¿Cuál es mi interés que singulariza una desviación del código social de dominación?

La “máquina de guerra no es una mera “rebeldía contra el sistema”, como se dice. Sino un trastorno subjetivo del nómade, de aquél o aquella que pone en marcha una fuga de la opresión y la humillación de no poder disponer de una vida autónoma y singular. No es tanto una desobediencia por la desobediencia, sino es asumir lo que me está enfermando, explotando las ganas de crear y sentir, que devalúa mi experiencia de una vida que valga la pena ser vivida. La máquina de guerra no sólo transforma el entorno sino que al actuar transforma la subjetividad del nómade que la pone en marcha. Una pragmática o un arte en guerra es pensar qué grado de afectación hay en los cuerpos y sus instituciones. No se sale indemne de una máquina de guerra. Así como no queda indemne el entorno no quedás indemne vos. Lo que está en conmoción son dos afectos: el odio y la felicidad. El odio es aquello que me impide vivir. ¿Qué es lo que te impide gozar con tu práctica, con tu trabajo, con tu manera de vivir, con tu manera de coger con otrxs? El odio es esa impotencia de la existencia, ese “querer vivir y no poder”, como dice López-Petit. La felicidad es aquello que te da más ganas y que podés hacer en asociación con otrxs ¿Qué es aquello que multiplica el sentir tu cuerpo y el de otrxs, de querer, de escribir y usar la lengua materna, de vivir el tiempo, de recorrer la ciudad? Lo que mueve a una máquina de guerra es esa impotencia del odio y esa felicidad deseante de lo que puede. O sea, ¿cómo destituir la impotencia de la existencia y producir potencia? Pensemos que la potencia es una cuestión problemática en la “axiomática capitalista” porque es lo que el capital en su fase neoliberal pone a trabajar: nuestra capacidad de actuar, de pensar, de crear, de producirnos una vida. Hay una idea interesante en Bifo que narra que cuando el Capitalismo advierte el límites de territorios para colonizar, lo único que le queda es una colonización interior. Una colonización y explotación del alma, lo que Foucault en algún momento llamó “biopolitica”. Nuestra alma es nuestra capacidad de hablar, de crear,  de vincularnos, de conocer, de sentir. Si no logro reconocer el funcionamiento de la “axiomática capitalista” y sus efectos y no asumo que es planetaria y absoluta, que trabaja en todos los ámbitos de la vida y en todos los territorios planetarios no puedo entrever cuáles son los intersticios y sitios de acción y exploración de mi práctica.

¿Cómo hacer un análisis estratégico para actuar? “Trazar un círculo y luego lanzarse”, dice Deleuze. ¿Cuál es ese círculo de trabajo y exploración que me interesa atravesar y pensar? Lo que me interesa pensar es eso que no puedo pensar, qué no sé qué pensar: lo impensado. Ahí se traza un círculo, lo pespunteo como un cañamazo para bordar. Pensar es la organización que investiga nuevas situaciones. A partir de esta intensificación armar organizaciones de esas insurgencias afectivas, esa afección se convierten en zona de trabajo y exploración. Lanzarse  ahí, ver qué te pasa, qué pasa con lxs otrxs, que nuevxs amigxs de lucha aparecen; qué materiales textuales, visuales se enganchan con esa investigación; qué instituciones y qué procedimientos hay que inventar para poder investigar esa singularización. Una investigación es siempre estrategia de una diferencia diferenciándose. Las máquinas de guerra son nómades y pueden ser capturadas. Capturadas por un poder de centralización. Y nómade en tanto es múltiple y se transforma. La captura implica su destrucción y adaptación en el poder de captura. Si se unidireccionaliza y se autocentra deja de ser nómade y pierde capacidad de transformación. El Capitalismo del mando de las finanzas y de la cibernética, como plantea Bifo, es el nuevo poder de captura de las máquina de guerra. Las regula a través de automatismos tecno-lingüísticos y financieros. El neoliberalismo es la fase extra-económica del Capitalismo en tanto actúa más allá de los ámbitos de la economía modalizando nuestras nuestros deseos y formas de vida. El cálculo, la medición, la acumulación, la especulación, la ganancia, el éxito, el fracaso, el rédito son valores subjetivantes del capital que están modalizando todos los ámbitos de nuestra vida. Desde que subimos una foto a Facebook, o ponemos me gusta o no me gusta a un posteo. Modaliza, inclusive, el modo en que nosotrxs mismxs nos volvemos valor de cambio. Lo que produce la “axiomática capitalista” es un totalitarismo de la vida. Ese totalitarismo se rige por la esencia de  las finanzas que es súper dogmática.  El mundo de las finanzas funciona con pocos dogmas y no soporta ninguna variación de la realidad. Más bien lo que hace es ajustar la realidad a sus balances. Es una religión que siempre nos va a decir que la realidad está equivocada. Funciona como los nuevos dioses que nos contabilizan y culpabilizan todo el tiempo: porque no pagamos a tiempo y nos endeudamos; porque consumimos de más o de menos y generamos inflación… Entonces, según su lógica hay que cambiar la realidad para que se ajuste a su dogma. Por otro lado, la tecnología cibernética también es limitada. Es un tipo de producción de un código donde todos los elementos tienen que ser compatibles adentro de ese código. Hay cierta idea de transparencia y de puritanismo en el código informático. No admite ruidos, ni ningún elemento incompatible que no sea operacional. Ese mismo puritanismo es el que funciona en la vida contemporánea neoliberal. Entonces, ¿cómo producir desviaciones del código? ¿cómo  desengancharse? Bifo plantea una “ironía del lenguaje”: no creerse que ese código es “tan verdadero” y entrar en pánico. Lo que implica establecer otra relación con el pánico y el miedo. ¿Cómo hacernos un cuerpo afectivo para el pánico escénico de la calle? ¿Cómo preparamos un cuerpo que podría quedar en la intemperie comunicativa y temporal si se desconecta? ¿Cómo bancarse la patologización si no querés encajar? Perder ese miedo de la dominación y colonización interior es una preparación corporal, una formación performática  ¿Qué afectos y acciones de resistencia pueden hoy nuestros cuerpos? Pensemos en el cuerpo de las travestis y las personas trans, que salen a la calle y están expuestas a la discriminación, al linchamiento y al crimen. ¿Cómo devenimos un poco travas? ¿Cómo agenciamos un tipo de cuerpo mucho más insurrecto, un tipo de lenguaje mucho más desafiante e irónico, un  modo de hacer con nuestra práctica más desobediente con aquello que nos regulariza y devalúa vitalmente? ¿Cómo nos entrenamos para devenir máquinas de guerra? Si este código puritano no puede mezclar las cosas hagamos de la mezcla, de lo ch’ixi, como dice Silvina Rivera Cusicanqui, una forma de vida. Mezclar lo inmezclable como procedimiento. Transversalizarlo todo sin perder las tensiones de las diferencias. Este puritanismo está también en el teatro. En el modo en el que se presentan los cuerpos en escena y qué tipo de cuerpos, en como se relacionan, en como se iluminan y se visten, en el uso que hacen de la lengua materna, en como se organiza el espacio-tiempo, en la imaginería técnica de la escenografía… O sea, hay tal normalización de cómo deben ser las cosas que una de las tácticas de mi lenguaje artístico es desbordarlo todo. Desbordar los cuerpos, desbordar las capacidades que tienen esos cuerpos. Trabajar con una táctica del exceso. Desbordando la planta de luces de la sala, la visualidad del vestuario, los elencos, los textos que se usan. “Agrandar el Edipo”, dicen Deleuze y Guattari. Amplificarlo, agrandarlo hasta reventarlo y deformarlo. Entonces, los cuerpos y toda la materialidad de la puesta en escena y la experiencia performática del público comienzan a experimentar cosas impensadas, “movimientos aberrantes”. Desbordar, también, las identidades, generar procesos de desidentificación. Esto implica una posición subjetiva de nuestra parte de no caer en la trampa garantista de la identidad de un Yo. Se trata de entrar en esos procesos de subjetivación donde no soy una marca artística, ni un profesional de tal o cual cosa. ¿Cómo unx está dispuestx a desdoblarse subjetivamente, a deshacer la organización de su cuerpo y hacerse un cuerpo nuevo? No se trata de una cuestión hedonista de técnicas de placer, sino que conlleva una crítica del modo en que los cuerpos y su imaginario narcisista se hacen hoy en la máquina social.

El neoliberalismo inventó la idea de que cada uno de nosotros tiene una vida, como se tiene una casa, un auto, una mujer…, afirma López-Petit. “Mi cuerpo es mío y hago lo que quiero, estudio la carrera que quiero, me caso con quien quiero, viajo a donde quiero, vivo en el barrio que quiero, compro lo que quiero, no me rompan las pelotas, tengo una vida, mi vida es mía”, es un relato propio del neoliberalismo. El neoliberalismo pone en marcha un montón de prácticas que hacen que te ocupes de vos mismo, una suerte de hedonismo materialista. Pero lo que no soporta el neoliberalismo son las prácticas que se ocupan de los demás y con los demás, de esas prácticas empáticas donde el cuerpo del otro ya está en unx. Unx ya está subjetivado en el cuerpo del otro: en cómo a unx le hablaron, en como te tocaron, en como fuiste miradx, en los entornos que te alojaron o expulsaron. Entonces, esta idea del individuo ya cerrado en una identidad es el gran blindaje del neoliberalismo. Ahí, encontramos un punto de fuga para las máquinas de guerra. Preguntarse por las prácticas que se ocupan de lxs otrxs ¿Cómo es producir comunidades afectivas que politizan el malestar? ¿Cómo producir comunidades de deseo que inventan nuevas formas de vida? Hay que trabajar ahí, ya los estamos haciendo, se trata de poner nuestra energía en esa fuerza comçun. Pero ese trabajo no se hace sin crítica de los valores de la “axiomática capitalista”. ¿Cuál es nuestra fábrica de lo sensible no-neoliberal? ¿Cómo producimos en nuestras prácticas, en nuestros ámbitos protocolos de experiencia junto a la crítica neoliberal? ¿Qué hago en las clases que doy? Por ejemplo, hay toda una tradición teatral en la cual el actor o la actriz tienen que afirmarse en la “composición de personaje” y adquirir una “presencia escénica fuerte”, o sea, cristalizar una identidad.  Eso es un automatismo de la práctica escénica.  No quiero eso. ¿Cómo lo desarmo? ¿cómo genero prácticas adentro de las clases donde la actuación no tenga nada que ver con la imagen narcisista del actor, ni con la composición de un personaje? Pensar prácticas de sensibilización y protocolos de experiencia que produzca modos de existencia y no identidades yoicas. La máquina de guerra es una enunciación colectiva que produce acontecimientos y no representa conflictos ni identidades.

¿Cómo producir acontecimientos que desarreglen el código? ¿Cómo ficcionalizamos las situaciones que nos atraviesan? Ficcionalizar es una práctica literaria que transversaliza todas las prácticas y epistemes. Es el modo en que percibimos y conocemos los hechos y la manera en que componemos los signos. ¿Cuáles son esas prácticas que devienen máquinas de guerra, que están desarreglando los códigos programados y producen singularidades? Bifo imagina que lo único humano que nos va a quedar cuando el mundo devenga cyborg es el inconsciente. Los robots no tendrán inconsciente. Esa fábrica deseante de síntesis conectivas inclusivas, como Deleuze y Guattari, en El Anti Edipo, caracterizaron al inconsciente, seguirá abierta. Es en esa mezcolanza de inconveniencias de formas sensibles, en ese bricolaje de insolvencias semióticas, en la promiscuidad  en tensión de identidades heterogéneas, de n-sexos y géneros que lo singular podrá existir y habrá que defenderlo colectivamente con nuestras máquinas de guerra como un derecho natural y una potencia humana de descolonización y autonomía. Un inconsciente ch’ixi es posible.

* Texto sugerido: “Arte en guerra. Una lectura de Arte Duty Free, de Hito Steyerl”, por Silvio Lang, publicado en Lobo Suelto

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22274

La profecía de Evgeny Morozov, el hereje de internet: «Todo va a ir mucho peor»

Justo antes de la entrevista, Evgeny Morozov envía un correo desde su cuenta de Gmail para avisar de que se retrasa. Cuando al fin llega al campus de la Universidad de Barcelona, aprovecha cada pausa para consultar su móvil. Es un smartphone de última generación, desde el que lanza decenas de tuits a la semana con el típico tecleo nervioso de un adicto a las pantallas.

No es lo que uno espera del principal ariete contra la tecnoutopía de gigantes como Google, Twitter o Facebook. De uno de los críticos más feroces de la ultraconexión que coloniza nuestras vidas. Y, sobre todo, del autodenominado hereje de internet que, hace una década, profetizó el coste de la sociedad digital: filtración de datos privados, elecciones manipuladas, control ilegal de las comunicaciones…

«Las cosas van a ir mucho peor», afirma nada más sentarse en una sala de la biblioteca, que almacena 1.240 incunables, una de las colecciones más completas de Europa. «Nuestras infraestructuras económicas y sociales dependen de los servicios de las empresas tecnológicas. Pero estos gigantes no las construyeron para que fueran seguras, sino para ganar dinero, y tampoco están sometidos a controles democráticos.Nuestra sociedad es vulnerable. Y aún tardaremos otros cinco o diez años en sentir las consecuencias por completo».

Con Mozorov, ya lo veremos, las cosas siempre son más complejas de lo que parecen.

Rebobinemos a mediados de la primera década del siglo. Entonces, este bielorruso nacido en 1984 era un tecnoutópico más. Inspirado en la campaña presidencial de Howard Dean y las revoluciones de Georgia y Ucrania, abandonó una prometedora carrera en JP Morgan y se propuso usar las redes sociales para cambiar el mundo. Aún puede verse un vídeo de 2007 en YouTube en el que recitaba con absoluta convicción todos los clichés del Silicon Valley más adanista.

Pero, al cabo de un año, se cayó del caballo ciberhippie. Su conversión se escenificó en una charla TED de título profético: Cómo la red ayuda a las dictaduras. A ello le siguieron dos ensayos-bomba igual de vigorosos: El desengaño de internet (2011) y La locura del solucionismo tecnológico (2013). Su mensaje era diáfano: la propaganda del mundo digital como un entorno mágico que ofrecería prosperidad para todos era una falacia.

Tras unos años de silencio, Morozov ya tiene otros dos libros listos para publicarse. Mientras tanto, ha escrito frecuentes columnas en los medios más prestigiosos del mundo y acaba de lanzar el ensayo El impacto del activismo digital en la política de la post guerra fría en el volumen La era de la perplejidad (BBVA Openmind). «La propaganda, hasta ahora reservada a los gobiernos, hoy se puede llevar a cabo a bajo coste y con gran eficacia, especialmente si se combina con fotos, vídeos y memes», escribe.

Por supuesto, nadie quiso escuchar sus advertencias de hace una década. Y ahora, aunque podría vanagloriarse de su acierto, intenta ser un buen ganador. «Claro que podría hacer el baile de la victoria y decir: ‘Ya os lo dije’», bromea. «Pero habría sido mejor que los políticos no hubieran perdido tanto tiempo creyéndose el mundo utópico que les pintaban Google, Facebook o Apple. Era totalmente falso y conllevaba un precio del que nadie nos avisó».

Para explicarlo, usa la analogía del calentamiento global. Durante décadas, quemamos ingentes cantidades de combustibles fósiles, construimos una economía basada en coches baratos y vuelos low cost, el crecimiento económico se disparó… «Hasta que ahora vemos cómo Bangladesh se inunda, cómo se destruyen nuestras cadenas de suministro, cómo sufrimos desastres meteorológicos…», dice Morozov.

En el caso de la economía digital, el equivalente de los vuelos de bajo coste serían los buscadores, mapas y apps gratuitas de los que hemos disfrutado durante más de una década. Y el calentamiento global serían los crecientes escándalos que acosan al sector tecnológico. «La gente cree que estos servicios son gratis porque hay anuncios, pero no es así», dice. «Las grandes tecnológicas absorben nuestros datos, construyen productos basados en ellos y se los venden al Pentágono o a bancos de inversión sin que nosotros veamos un euro. Ese es el verdadero negocio: un modelo económico parasitario».

Para Morozov, lo peor es que ni siquiera se trata de un sistema perdurable. Ya ha alertado de que, en apenas 10 años, los servicios online gratuitos serán una memoria lejana. «La mayoría de nosotros somos muy aburridos y los datos que generamos son poco variados y las conclusiones que se pueden derivar de ellos son limitadas», afirma. «Google o Facebook pueden encontrar otros negocios que no exijan recolectar tantos datos. Lo razonable es que entonces decidan dejar de regalarnos sus servicios».

El bielorruso utiliza luego el caso de Uber para explicar cómo una innovación aparentemente inocua puede volverse en nuestra contra. Durante los últimos años, hemos disfrutado de este servicio barato, cómodo y de calidad. Pero, claro, la empresa perdió 4.000 millones en 2017 y sus inversores -principalmente, fondos soberanos y de capital riesgo- querrán recuperar su dinero en algún momento.

La opción tradicional sería que Uber machacara a la competencia y luego subiera los precios. Pero, según Morozov, su estrategia es más sofisticada: acumular datos de rutas, clientes y tráfico para, gracias a la Inteligencia Artificial (IA), ofrecer los mismos servicios dentro de una década… pero ahorrándose el sueldo del conductor gracias a los coches autónomos. «La economía local se quedará sin esos trabajadores, que ya no comprarán café ni periódicos, por ejemplo», dice. «Y Uber, gracias a sus pactos de optimización fiscal, ni siquiera dejará apenas impuestos en los países en los que opera… Creo que este es el modelo que se impondrá en los próximos años».

La distopía que Morozov augura es un mundo dividido en dos: una minoría, la élite cognitiva, que exprimirá los beneficios del sistema; y una mayoría, los parias digitales, que pagarán el precio. «Los privilegiados se podrán comprar un criptomóvil de 3.000 euros, imposible de manipular y de penetrar por los que quieran recolectar sus datos», dice. «Mientras, los que hagan poco ejercicio o se alimenten mal, al estar monitorizados por relojes inteligentes, ni siquiera podrán obtener un seguro médico decente».

Pero Morozov no es sólo un agorero: también ha dedicado los últimos años a buscar una salida a este escenario de pesadilla. Según él, el contraataque pasa por dejar de considerar los datos como una propiedad individual, con la intimidad como principal valor, y entenderlos como un recurso público, igual que el agua, el aire o el conocimiento, en cuya gestión deben primar los valores socioeconómicos. «Los datos los generamos nosotros, los ciudadanos, en nuestra vida diaria, pero las grandes tecnológicas se las han arreglado para explotar estos datos y convertirlos en productos mediante inteligencia artificial», denuncia.

Para Morozov, al abuso generalizado de los datos se le une un segundo problema: el desgaste de nuestra capacidad de atención por culpa de las redes sociales. Estas empresas, dice, contratan a «cientos de los mejores antropólogos y diseñadores» para crear apps que nos enganchen. «Ya sabemos que los ejecutivos y creadores de empresas tecnológicas racionan el tiempo que sus hijos pasan con los productos que ellos mismos crean», denuncia. «Pero, claro, para eso necesitas cinco niñeras que cuiden a tu hijo, en vez de darle un iPad».

Morozov se hizo famoso por su receta personal para combatir esta distracción. Se trata de un ordenador con la tarjeta wifi extraíble y un cable que guarda durante días en una caja fuerte con temporizador cuando necesita concentrarse. ¿Sigue haciéndolo?«No, ahora tengo una casita en Calabria, la zona más pobre de Italia, sin apenas cobertura, donde me encierro cuando tengo que leer y escribir».

Salvando las distancias, este remedio suena tan elitista como las niñeras de Silicon Valley, sobre todo en alguien que admite que usa productos de Google «cada día». ¿Qué consejo daría a la gente normal para proteger sus datos y mantener su concentración? «No creo en dar consejos», replica. «Es como enseñar a trabajadores esclavizados a ser felices. Como mucho, puedes decirles que se emborrachen para sobrellevarlo mejor… No, no hay que adaptarse ante un problema así. Sería una especie de rendición, porque sólo consolida el poder de estas empresas y prolonga el dolor».

Hacia una nueva guerra fría

Por Decio Machado / Universidad Nómada Sur

El Departamento de Comercio de los Estados Unidos manifestó hace apenas unos días que se plantea la posibilidad de suspender las exportaciones de tecnologías en el ámbito de la inteligencia artificial. Productos basados en redes neuronales, el deep learning(técnicas de inteligencia artificial con las cuales las computadoras aprenden a hacer algo sin ser programadas para ello), la visión artificial, el procesamiento del lenguaje natural y la manipulación de audio y video estarían dentro de paquete de tecnologías restringidas.

Según Washington estas medidas tratarían de proteger la seguridad nacional en un momento de guerra comercial con China, cuando el gigante asiático está invirtiendo notablemente en el campo de la inteligencia artificial. De hecho, el presidente Donald Trump está intentando convencer a los proveedores de servicios tecnológicos de sus países aliados para que dejen de usar a toda costa cualquier dispositivo de Huawei o de otra marca china, comenzando por países como Alemania, Italia y Japón —donde tienen bases militares—, planteando que posiblemente estas compañías les espíen. En la actualidad, ninguna de las tiendas minoristas que surten de smartphones a las bases militares norteamericanas puede vender celulares chinos al personal allí desplegado. De igual manera, todas las entidades que conforman el aparato gubernamental de Estados Unidos tienen prohibido el uso de cualquiera de estos dispositivos.

En el ámbito de la inteligencia artificial ya vemos algunos avances en las nuevas capacidades diseñadas en dispositivos móviles, el impulso de tendencias en altavoces inteligentes o coches autónomos propiciados por compañías estadounidenses, aunque hay otros usos aun bien guardados pertenecientes al campo de la industria militar.

La guerra comercial entre Estados Unidos y la República Popular China ha evolucionado desde el ámbito comercial al tecnológico. China tiene como objetivo, en su agenda estratégica nacional, liderar el campo de las tecnologías a escala mundial en torno al año 2030. Es por ello que Google va a construir su primer centro de investigación de inteligencia artificial en dicho país.

Fei-Fei Li, investigadora jefa de inteligencia artificial y aprendizaje automático de Google Coud, indica en un anuncio de Google Al China Center (filial china de Google):

“China es el hogar de muchos de los principales expertos mundiales en inteligencia artificial y aprendizaje automático. Los tres equipos ganadores del ImageNet Challenge en los últimos tres años han estado compuestos, en su mayoría, por investigadores chinos. Los autores chinos contribuyeron con el 43% de todo el contenido de las cien principales revistas de Inteligencia Artificial en el 2015 y cuando la Association for the Advancement of Artificial Intelligence descubrió que su reunión anual se superponía con el Año Nuevo Chino este año, reprogramaron la reunión.”

Las autoridades chinas tienen la intención de construir una gran industria nacional de inteligencia artificial con un valor de USD 150.000 millones, la cual pretende ser la más importante del planeta. Estas ambiciones tuvieron su punto de partida cuando, según narraba un artículo del The New York Times en marzo del año pasado, la inteligencia AlphaGo (programa informático de inteligencia artificial desarrollado por Google DeepMind para jugar al juego de mesa Go) derrotó al mejor jugador mundial, Ke Jie, en el juego Go (juego de estrategia que se desarrolla en un tablero y que tiene su origen hace más de 2500 años en China).

Siguiendo su hoja de ruta para tal propósito, el gobierno chino refuerza en la actualidad sus empresas tecnológicas, su industria militar y la propia administración a través de software de gestión propios y plataformas tecnológicas. En paralelo, apoya fuertemente a sus empresas emergentes, investigaciones de I+D en universidades y proyectos en marcha en el ámbito de la inteligencia artificial y la robótica.

Para el 2020, según fuentes de su Ministerio de Ciencia y Tecnología, China habrá igualado en tecnología e instalaciones de investigación sobre inteligencia artificial a Estados Unidos. Será entonces cuando su producción se elevará hasta los USD 22.000 millones, llegando al año 2030 con un rendimiento estimado de USD 147.000 millones. Obras como Fundamentos de la inteligencia artificial, del profesor Xiaoou Tang, presidente de SenseTime Group —la startup de inteligencia artificial más valiosa del mundo—, ya ha comenzado a estudiarse en unas cuarenta escuelas secundarias chinas ubicadas en las ciudades de Beijing y Shangai.

Para ello, según MIT Technology Review, China no ha dejado de contratar a ingenieros y científicos especializados en el campo de la inteligencia artificial. Las escasas trabas impuestas a las compañías tecnológicas en China para recopilar y analizar datos de usuarios —algo necesario para el desarrollo de las inteligencias artificiales— hace que firmas como Google sientan interés por instalarse en dicho país.

En realidad la guerra comercial impulsada desde Estados Unidos contra la República Popular China preocupa tan solo de forma relativa a Beijing. Conscientes de que la estrategia estadounidense inicialmente tan solo buscaba encarecer los productos chinos importados en Estados Unidos, con el objetivo de promocionar el producto local, el gigante asiático se mantenía contra-replicando el incremento de aranceles de forma más o menos tranquila. Esto ha sido así hasta que este fin de semana pasado, en Buenos Aires durante el cierre de la cumbre del G20, Xi Jinping consiguió un acuerdo con Donald Trump para que en los próximos 90 días no existan más incrementos arancelarios, congelándose de forma transitoria el encarecimiento de aranceles en el actual 10% por valor de USD 200.000 millones. Xi se comprometió también en adquirir una cantidad respetable de productos agrícolas, energéticos, industriales y otros a Estados Unidos, generando las pautas para reducir en parte el desequilibrio comercial actualmente existente entre ambos países.

Sin embargo y más allá de los acuerdos de Buenos Aires, lo que ahora levanta las alarmas en Beijing son las directrices político-tecnológicas de carácter más duradero que pueden afectar gravemente sus intereses estratégicos. En concreto, las actuales preocupaciones disparadas en Zhongnanhai —sede oficial del gobierno chino— se fundamentan en que el conflicto con Trump puede terminar por limitar las inversiones de empresas chinas en sectores de alta tecnología en Estados Unidos y las implicaciones que derivan de esto. Es por ello que Xi Jinping se vio obligado a aceptar en los acuerdos de Buenos Aires algunos ítems vinculados a la transferencia forzada de tecnologías, protección de propiedad intelectual y obstáculos a las intrusiones cibernéticas. Pese a que se mantiene el bloqueo a los smartphones chinos por parte de Washington, Xi se vio obligado a aceptar la compra de la holandesa NXP por parte del fabricante de chips estadounidense Qualcomm, operación que había sido anteriormente bloqueada desde Beijing mediante el manejo de su paquete accionario.

Los think tanks chinos creen, con razón, que el país debe desarrollar mayor peso en la tecnología, frente al antiguo binomio que regía sus mercados: mano de obra y capital. De ahí deviene el interés de Beijing por dominar estos campos estratégicos, espacios en disputa donde se va a dirimir de manera inmediata el futuro liderazgo económico mundial. Al trasladar las capacidades industriales de China a áreas de alta tecnología, Beijing pretende evitar la “trampa de ingresos medios” —situación en la cual la economía de un país se adentra en períodos sostenidos en los que no crece— a la que sucumbieron tantas y tantas economías emergentes.

Conscientes de lo anterior, Estados Unidos ya ha dejado claro que considera a China como un competidor tecnológico estratégico, y con base en ello ha establecido un plan que busca obstaculizar el acceso de China a las tecnologías de vanguardia norteamericanas. De prolongarse esta situación se transformará el escenario económico y de inversión a nivel planetario, generándose una crisis global que abarcará desde las grandes empresas transnacionales hasta sus proveedores a pequeña escala.

En todo caso, si las tensiones actuales entre Estados Unidos y China continúan podría llegarse al caso de que los asiáticos desarrollen sus propios ecosistemas tecnológicos, lo que obligaría al resto del mundo a tener que elegir entre ambos. Lo anterior implicaría menos innovación a escala global y un crecimiento más reducido, dado que la alta tecnología ya no se compartiría y las economías de escala dejarían de estar globalizadas. Además, el sector tecnológico encabeza el ranking de los principales índices bursátiles tanto en Estados Unidos como en Asia, lo que implica que cualquier distorsión en el sector podría significar una grave crisis en los mercados internaciones.

A lo anterior cabe añadir que la ruptura de dependencias y complementariedades globales a nivel tecnológico interrumpiría las cadenas de suministro más importantes del planeta, implicando a varios países y regiones por las cuales estas discurren. La ruptura de un solo eslabón en dichas cadenas causaría efectos imprevisibles y en cascada, lo que afectaría tanto a inversionistas globales como locales de forma sumamente grave. En todo caso y analizando estos escenarios bajo metodologías de prospectiva estratégica, una coyuntura así terminaría golpeando más fuertemente a Estados Unidos que a China, dado que el gigantes asiático goza de un fuerte potencial de crecimiento y acceso a los mercados periféricos en auge de Asia y el Pacífico.

En resumen, la irracionalidad trumpiana podría terminar por acelerar el fin de la hegemonía planetaria estadounidenses o lo que es peor, llegada esta situación el desencadenamiento de un gran conflicto bélico basado en la lógica de que “cuando te ataquen, devuelve como puedas el golpe”.