Jaron Lanier: “Los monopolios han arruinado Internet”

Escrito por Pablo Ximénez de Sandoval

“Bienvenido a la jaula que te acompaña donde quiera que vayas”. El último libro de Jaron Lanier no se anda con rodeos y esa es su primera frase. Lanier (Nueva York, 58 años) fue uno de los pioneros de Internet en los ochenta y se le conoce por haber dado los primeros pasos de la realidad virtual. Pero sobre todo es uno de los filósofos más lúcidos sobre el mundo digital que ha inundado nuestras vidas en pocos años. Su nuevo libro tiene título de artículo viral: 10 razones para borrar tus redes sociales de inmediato (Debate). Quedamos con él en Saul’s, un conocido deli judío al lado de la Universidad de Berkeley. Entre un bagel tostado y una ensalada de pescado, despliega su elocuencia contra los señores de las redes.

En el libro dice que borremos nuestras redes sociales, pero al mismo tiempo que aprendamos a usar bien Internet. ¿Qué hacemos?

Yo todavía soy un verdadero creyente en Internet, pero unas pocas compañías monopolísticas han tomado el control de Internet y lo han arruinado. Nunca he tenido una cuenta en una red social, ni Facebook, ni Twitter, ni nada. Nunca. ¿Cómo lo hago? Porque estos servicios realmente no añaden nada a los que Internet te da. Usando las capacidades normales de Internet, como hacer una página web o mandar un email, no necesitas estas compañías. La gente ha llegado a la conclusión de que las necesita, pero no es verdad. A lo que me opongo es a ese control por parte de monopolios gigantes en el que cualquier conexión entre personas solo se puede financiar si hay una tercera persona que quiere manipular a esas dos personas. Creo que eso es la receta para la locura y la negatividad. Y ha calado tanto que quizá no sobrevivamos. Internet en sí mismo sigue siendo genial.

¿Pero qué explica el éxito masivo de Facebook?

No creo que Facebook añada ninguna utilidad. Lo que hizo fue integrar técnicas conductistas para crear adicción. Es muy similar a la expansión de los cigarrillos. Es un uso deliberado de métodos conductistas. Esto no lo digo yo, sino algunos de los fundadores de Facebook como Sean Parker. La razón de que lo use tanta gente no es que añada ninguna utilidad, lo que añade son técnicas de adicción. Esa diferencia es extremadamente importante.

¿Hay alguna forma de hacer bien estas redes sociales?

Sí. Lo que requiere son dos pasos. Uno de ellos es reformar el modelo económico. Cambiar las redes sociales de forma que el verdadero cliente sea el usuario, en vez de esa misteriosa tercera persona que está intentando manipular al usuario. Eso quitaría el incentivo perverso que amplifica toda la locura, la acritud, la paranoia, la tensión y la negatividad. Y lo otro que tenemos que hacer es reforzar instituciones intermedias. Esto es más sutil. Cuando Facebook empezó tenía un lema que era ‘muévete rápido y rompe cosas’. Concretamente, lo que se rompió fue las organizaciones intermediarias, como los periódicos. Fueron debilitadas. Y el caso es que estas organizaciones proveían un recurso que era absolutamente necesario.

Resulta paradójico. Parece que el viejo mundo, en el que se criticaba a los grandes medios por controlar el discurso, en realidad era más sano que el nuevo mundo.

Lo que ocurre es que en el intento de hacerlo todo muy abierto lo que hemos creado son híper monopolios que se han vuelto controladores y autoritarios. Intentamos hacerlo más abierto y fallamos. Intentando hacer el mundo mejor, lo hicimos peor. Eso es lo que pasó

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¿Hay una rebelión, o este discurso es solo para intelectuales y élites?

Es difícil de medir. Yo también creo que la gente empieza a darse cuenta. Una cosa increíble fue que cuando Twitter y Facebook purgaron las cuentas falsas, creadas sobre todo por actores malignos rusos, sus acciones bajaron como un 20%. Algo está muy mal en una estructura de incentivos en la que te penalizan por ser honesto y te premian por ser deshonesto. Hay una generación de ingenieros jóvenes en el mundo tecnológico que sienten asco y vergüenza y quieren cambiarlo.

Los niños que están creciendo con ello, ¿tendrán más poder para controlarlo?

Desgraciadamente, no. Un individuo por sí mismo puede hacer muy poco. Necesitamos organizarnos como sociedad. Déjeme ser muy claro. Tenemos un problema de adicción masiva. Es muy parecido a lo que pasó con los cigarrillos. O cuando la gente conducía borracha. En los dos casos había grandes intereses corporativos en esa adicción masiva. Pero de alguna forma pudimos tener una conversación como sociedad y nos dimos cuenta de que era muy estúpido. Y lo cambiamos. De la misma forma, aquí necesitamos tener una conversación como sociedad para cambiar. Este mito de que los jóvenes al ser nativos digitales de alguna forma pueden usar los ordenadores tan bien que no caen bajo el control de la tecnología adictiva es falso. Porque las técnicas de adicción son poderosas y están bien estudiadas. Mi prueba es que mis amigos en la industria no dejan que sus hijos utilicen sus productos. Si eso fuera así, la gente de Facebook y Google dejaría que sus hijos lo usaran. No lo hacen.

¿Cuál es el elemento adictivo?

Utilizan una rama de la ciencia llamada conductismo que empieza en el siglo XIX. Se basa en la idea de que puedes alterar de forma fiable el patrón de comportamiento de una criatura, persona o animal, a través de un ciclo de retroalimentación, y puedes medir lo que hace la criatura. Lo que es diferente de formas anteriores de medios y de publicidad es que puedes medir constantemente todo, desde tu expresión facial, con quién hablas, lo que dices, y por supuesto lo que buscas. Y metes eso en algoritmos con los que decides qué tipo de alimentación recibe esa persona, en redes sociales o información, y buscas correlaciones, de qué forma el cambio en el feed cambia su comportamiento. Más concretamente, buscas esas correlaciones en millones de personas que parecen compartir algún aspecto con esa persona. Y gradualmente, por estadística, sin ni siquiera entender por qué, te das cuenta de que puedes cambiar a la persona a través de cambios en el feed. Y el objetivo número uno es convertirlos en adictos, de forma que sigan usándolo, que sientan que tienen que estar ahí todo el tiempo. El objetivo número dos es satisfacer a los verdaderos clientes, que son los que pagan por manipular y cambiara a la gente, que puede ser para que compren algo o para que se desencanten y no voten. Lo negativo funciona mejor que lo positivo, y así es como el mundo se convierte en una mierda.

¿Cómo se mejora? ¿Cómo sería un Facebook mejorado?

En el cambio de siglo, había un convencimiento general de que todo en Internet debía ser gratis, y que el único modelo de negocio era el de la publicidad. Pero entonces empresas como Netflix decidieron probar otra cosa. Vieron que gracias a Internet podían tener una relación directa con la gente y probaron a ver si la gente pagaría por ver lo que les gustaba. Y eso ha traído un resultado muy positivo para la industria y un escenario que muchos describen como la época cumbre de la televisión. Has pasado de un modelo gratis a un modelo pagado. Creo que de la misma manera ahora creemos que Facebook es lo único posible, porque mucha gente ha crecido con él. Si hubiera una manera de pagar, habría más acceso a información de calidad y más periodistas. Nadie sabe cómo sería exactamente. Nadie sabía cómo sería Netflix.Hay que inventarlo. Pero asumir que no se puede hacer es ridículo.

¿La gente pagará por información fiable?

Hay que preguntarse por qué pagaban por los periódicos en un principio. Cuando un periódico crea una fama de fiable, eso es parte de su valor. La gente que buscaba calidad tenía dónde encontrarla. Ese fue un gran error de la primera filosofía de Internet, que debían desaparecer todos los intermediarios. Eso lo que ha hecho es dar todo el poder a un monopolio central.

La derrota y cómo revertirla

Las reflexiones de la antropóloga Rita Segato en CLACSO

Las investigaciones de la antropóloga Rita Segato se convierten cada vez más en piezas indispensables a la hora de decodificar las complejas coordenadas de la coyuntura regional. Sus nociones, tales como la de pedagogía de la crueldad, trascienden el ámbito académico y forman parte del léxico de los movimientos de mujeres y de los militantes de los movimientos sociales.

Formada en la escuela de la crítica a la colonialidad del saber inspirada por el peruano Aníbal Quijano, recientemente fallecido, sus trabajos sobre la violencia en México, Colombia, El Salvador, Guatemala, Brasil y la Argentina la convirtieron en una profunda conocedora de la región. A la vez, su compromiso con las luchas del feminismo popular y del pañuelo verde, así como la creatividad de su pensamiento sensible y riguroso, lograron que esta profesora argentina, que trabaja en la Universidad de Brasilia y que vive viajando y haciendo escalas periódicas en Buenos Aires y en Jujuy, fuera una voz ineludible para comprender las amenazas de tipo fascistas promovidas por los grandes poderes como respuesta a las aspiraciones colectivas maduradas durante las últimas décadas.

Luego del discurso de Cristina Fernández de Kirchner durante el Foro organizado por CLACSO en Ferro, Rita Segato, que recibió el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, CLACSO 50 Años, tomó la palabra para denunciar un complot reaccionario, orquestado con el fin de promover el miedo, por medio de la implantación de fundamentalismos religiosos cristianos (sean protestantes o católicos), así como por el crimen organizado (las formas paramilitares de control de la vida), portadores de profundos vínculos con la acumulación de capital. En ambos casos se trata de una acción directa aplicada sobre el cuerpo social, y de una misma apelación a la guerra exaltando el mandato masculino y su descarga de poder destructivo sobre cuerpos feminizados y territorios comunalizados, que está en la base del patriarcado.

Sobre la situación política actual, la autora de La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez afirma que, a pesar de algunas de las victorias electorales de los últimos años y del acceso del progresismo político al gobierno en países como Brasil y la Argentina, las derrotas del campo popular han ocurrido menos en el plano de de las instituciones de gobierno y más en el terreno mismo de la sociedad, en donde ocurren o se bloquean los cambios. La derecha más reaccionaria ataca directamente a la sociedad, mientras que los progresismos se ocupan casi exclusivamente de las instituciones políticas. Y advierte: se han puesto demasiadas fichas al Estado, demasiado pocas a las tramas y a la inteligencia colectiva. Segato cree que en el futuro hay que hacer apuestas mejor repartidas entre un campo y otro, y no olvidar que los Estados latinoamericanos no han perdido su carácter neocolonial por lo que deben ser enteramente transformados para volverse útiles a proyectos verdaderamente democráticos. Mientras tanto, actuar en ellos es situarse, como lo decía su maestro peruano, dentro y contra.

 

Clacso: Entre la ventriloquía y la ausencia de autocrítica

Por Maristella Svampa

La inauguración del “Foro de Pensamiento Crítico” de Clacso 2018 (1) fue lo más parecido a una postal “consignista” detenida en el tiempo. La falta de autocrítica de los progresismos fue total, respaldada por la solidaridad incondicional que atravesaba las emocionadas voces de los y las presentadoras, que alternaban a conocidos periodistas y académicos, claramente identificados con los progresismos.

El discurso de Cristina Fernández de Kirchner fue políticamente autocentrado, sin reflexión autocrítica alguna. Aunque lo primero no es novedad, sorprende que la ex presidenta crea que lo inventó todo, ¡hasta los movimientos sociales! (“en el año 2001 había piqueteros en las calles, no había movimientos sociales, ¡hoy hay organizaciones sociales!, que son las hijas de nuestro propio gobierno”, se atrevió a decir, sin que se le moviera una pestaña). El único que se animó a cuestionar a los progresismos desde la izquierda fue el colombiano Gustavo Petro, cuyo discurso incorporó el nuevo lenguaje de la crítica a los neoextractivismos y planteó claramente la encrucijada civilizatoria y la necesaria opción por la vida que deben hacer las izquierdas.

En el segundo día del foro se oyeron las voces críticas de algunos intelectuales. En esa línea, la del colega venezolano Edgardo Lander, que propuso una reflexión autocrítica sobre lo que sucede en Nicaragua y Venezuela, fue la más descollante, aunque también fue una voz bastante solitaria.

Aunque esbozó un tímido análisis de los “límites” del progresismo, el discurso del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, pareció depositar las expectativas en una próxima “oleada progresista”, antes que en la propia experiencia política.

En todo caso, durante esos dos días del megaforo, que fue trasmitido en directo por Youtube, poco y nada se dijo que explicara el ascenso de derechas o extremas derechas, en un contexto del fin del ciclo progresista. Poco y nada se dijo sobre la cuestión de la corrupción a gran escala, ni de la desigualdad y concentración económica con la que terminó el ciclo progresista, tampoco de la fabulosa concentración de poder político en los líderes y lideresas. Para muchos, el problema está siempre en el otro, el neoliberalismo, los medios de comunicación hegemónicos, las derechas tout court.

Aunque Clacso integre centros y grupos de trabajo muy heterogéneos, durante estos años su línea política fue la del apoyo incondicional y acrítico a los progresismos. Esto le hizo mucho daño a Clacso como institución, le quitó credibilidad, pues lejos de convertirse en una usina de pensamiento crítico, diverso, plural, desde la secretaría ejecutiva se tendió a homogeneizar miradas y visiones, convirtiendo a la institución en un ventrílocuo de los líderes y lideresas del progresismo. El cuestionable arte de la ventriloquía se combinó con la expansión de una suerte de comisariado político regional, que algunos ex secretarios de Clacso ejercen todavía hoy con particular vehemencia, ante las críticas que se han venido realizando desde dentro del espacio de las izquierdas (al neoextractivismo, a los gobiernos crecientemente autoritarios de Venezuela y Nicaragua, e incluso al cierre de los canales del pluralismo en Bolivia).

En el plano político, creo que en la región necesitamos más voces críticas como la de Gustavo Petro y menos discursos autocomplacientes como el de Cristina Fernández, si en verdad aspiramos a recrear las izquierdas y enfrentar el avance de la derecha y la ultraderecha.

En cuanto a Clacso, espero que la nueva gestión sea abierta y plural y que el cambio de escenario político (la preocupante derechización) no termine por imponer una lectura única de lo sucedido todos estos años.

Nota:

1) Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), fundado en 1967 y asociado a la Unesco que cuenta con 654 instituciones educativas, académicas y de investigación de 51 países de América Latina y el mundo. El “Foro de Pensamiento Crítico” se inscribe en los encuentros internacionales organizados por la institución. (Redacción Correspondencia de Prensa)

Socióloga, escritora y analista política. investigadora principal del Conicet y profesora titular en la Universidad Nacional de La Plata. Autora entre diferentes libros, Del cambio de época al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina (Edhasa, 2017)

Fuente:

https://brecha.com.uy

Paulo Freire y la Teología de la Liberación: La consciencia cristiana de la pedagogía crítica

Entrevista a Peter McLaren

Tenemos el agrado de compartir la contribución que el conocido pedagogo Peter McLaren envió a Contrahegemonia por motivo del 50 aniversario de Pedagogía del Oprimido, en la que comparte un diálogo profundo con Petar Jandrić de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zagreb, Croacia, donde habla de Freire, sus aportes, vigencia y la necesidad de desarrollar una pedagogía crítica revolucionaria. Les presentamos aquí la primera Entrega.

Peter McLaren es uno de los miembros fundadores del movimiento de pedagogía crítica contemporáneo y un colaborador cercano y amigo de figuras claves que incluyen a Paulo Freire, Henry Giroux y Donaldo Macedo. Los libros canónicos de Peter, como el best-seller “La vida en las escuelas. Una introducción a la pedagogía crítica en los fundamentos de la educación” (1989) ha definido a la pedagogía crítica como nosotros la conocemos hoy.  Como palabra clave detrás del pasaje del posmodernismo al marxismo humanista (Jandric 2017, p. 160) Peter ha puesto la palabra “revolucionario” dentro de la tradición de la pedagogía crítica.

Al borde del milenio, el desarrollo de la pedagogía crítica se ha detenido. Según Derek Ford “la pedagogía crítica está en un callejón sin salida. Esto no es decir que no ofrece algo valioso, pero se ha estancado por algún tiempo (diría que al menos desde principios del siglo XXI)” (Ford 2017, p 2). La posición de Ford describe el estado general de la pedagogía crítica contemporánea, pero definitivamente esto no se aplica a Peter McLaren.

En 2015 Peter publicó el innovador libro “Pedagogía de la Insurrección. De la Resurrección a la Revolución”, con la que reinventa la tradición latinoamericana de la Teología de la Liberación de mediados de siglo XX en el marco del marxismo humanista de la pedagogía crítica revolucionaria. Con “Pedagogía de la Insurrección” Peter ha sacudido una vez más las fronteras establecidas de la tradición y ha adoptado de manera iconoclasta la pedagogía crítica revolucionaria en terrenos nuevos e inexplorados.

En 2014-15 Peter y yo co-escribimos varios textos dialógicos sobre los cambios digitales y la pedagogía crítica (McLaren/Jandrić 2014, 2015a, 2015b; Ja­ndrić 2017). Después de “Pedagogía de la Insurrección” nosotros publicamos algunas conversaciones sobre el desarrollo de la Teología de la Liberación de Peter más allá de su libro (McLaren/Jandrić 2017a, 2017b) y más específicamente sobre la relación entre Teología de la Liberación y marxismo (McLaren/Jandrić 2018). En este artículo nosotros expandimos nuestro trabajo hacia las intersecciones y relaciones entre Teología de la Liberación y Paulo Freire. Mientras Freire incluye bastante esporádicamente la teología de la liberación en sus escritos (ej: The Politicis of Education, 1985), no hay duda de que él “vivió una fe de liberación cristiana” (Kyrilo 2011, p. 167). Ahora que Paulo Freire no está más con nosotros, posiblemente la mejor manera de traer su trabajo al presente es a través del dialogo con Peter McLaren: Amigo cercano de Freire, “pariente intelectual” (Freire3 1995, p. X), y uno de los pensadores contemporáneos clave en la teología de la liberación y la pedagogía crítica revolucionaria.

La vida y el trabajo de Paulo Freire

Petar Jandrić (PJ): Por favor di algunas palabras sobre la vida y el trabajo de Paulo Freire.

Peter McLaren (PM): Paulo Reglus Neves Freire nació el 19 de septiembre de 1921 en la ciudad de Recife, en el noreste de Brasil.  Fue un valiente y humilde erudito, activista social y trabajador cultural. Freire fue capaz de desarrollar una praxis de alfabetización anti-imperialista y anticapitalista que sirvió como la base para una lucha más amplia por la liberación. En su primer experimento en 1963, Freire enseñó a 300 adultos a leer y a escribir en 45 días. Ese método fue adoptado en Pernambuco, un estado productor de caña de azúcar a 1.160 millas al noreste de Río. Este suceso marcó el comienzo de lo que se convertiría en un legendario enfoque en educación.

El trabajo internacionalmente celebrado de Freire con los pobres comenzó a finales de los ´40 y continuó sin cesar hasta 1964, cuando un golpe militar de derecha derrocó al gobierno elegido democráticamente del presidente João Goulart. Freire fue acusado de predicar el comunismo y fue arrestado. Él fue encarcelado por el gobierno militar durante setenta días y exiliado por su trabajo en la campaña nacional de alfabetización, de la que había sido director.

Según Moacir Gadotti, el ejército brasileño consideró a Freire como un “subversivo internacional”, “un traidor a Cristo y al pueblo brasileño” y lo acusó de desarrollar un método de enseñanza “similar al de Stalin, Hitler, Perón y Mussolini”. Él fue acusado además de intentar convertir a Brasil en un “país bolchevique” (1994).

Los 16 años de exilio de Freire fueron tiempos tumultuosos y productivos: un período de cinco años en Chile como consultor de la UNESCO con el Instituto de Investigación y Capacitación para la Reforma Agraria; una convocatoria en 1969 al Centro para Estudios en Desarrollo y Cambio Social de la Universidad de Harvard; un traslado a Ginebra, Suiza en 1970 como consultor de la Oficina de Educación del Consejo Mundial de Iglesias donde desarrolló programas de alfabetización para Tanzania y Guinea-Bissau, que se centró en la re-africanización de sus países; el desarrollo de programas de alfabetización en algunas antiguas colonias portuguesas posrevolucionarias, tales como Angola y Mozambique; asistiendo al gobierno de Perú y Nicaragua con sus campañas de alfabetización; el establecimiento del Instituto de Acción Cultural en Ginebra en 1971; un breve regreso a Chile luego del asesinato de Salvador Allende en 1973 provocando al general Pinochet a declarar a Freire como subversivo; su breve visita a Brasil bajo una amnistía política en 1979; y su regreso final a Brasil en 1980 para enseñar en la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo y la Universidad de Campinas en Sao Paulo.

Estos eventos fueron acompañados por numerosas obras, entre las que destaca “Pedagogía del oprimido” (Freire 1972), “La cultura como práctica dela libertad” (Freire 1970) y “Cartas a Guinea-Bissau. Apuntes de una experiencia pedagógica en proceso” (Freire 1978). En los últimos años, Freire trabajó brevemente como Secretario de Educación de Sao Paulo, continuando su agenda radical de reforma en alfabetización para la gente de esa ciudad.

Basado en un reconocimiento de los fundamentos culturales de las tradiciones populares y la importancia de la construcción colectiva del conocimiento, los programas de alfabetización de Freire para campesinos sin poder ahora son ahora empleados en países de todo el mundo. Relacionando las categorías de historia, política, economía y clase con los conceptos de cultura y poder, Freire ha logrado desarrollar tanto un lenguaje crítico y lenguaje de esperanza que trabaja de conjunto y dialécticamente y que han tenido éxito en ayudar a generaciones de pueblos marginados a liberarse a sí mismos.

PJ: Diga más sobre el famoso enfoque de Freire de alfabetización. Pensándolo hoy ¿por qué fue considerado tan peligroso?

PM: El método de alfabetización de Freire surgió del Movimiento para la Cultura Popular en Recife que había puesto en marcha los “círculos de cultura” (grupos de discusión con personas no alfabetizadas) a finales de los años cincuenta. Freire creía que los oprimidos podían aprender a leer siempre que la lectura no se imponga sobre ellos de una manera autoritaria y que el proceso de lectura valide sus propias experiencias de vida.

Después de todo, los adultos pueden hablar un lenguaje extraordinariamente rico y complejo, pero carecía de las habilidades gráficas para anotar sus ideas. Freire entendió que las personas alienadas y oprimidas no son escuchadas por los miembros dominantes de su sociedad. La “cultura del silencio” que creamos por la cultura dominante no significaba que los oprimidos no pudieran responder a su propia realidad, sino que tal respuesta carecía a menudo de una dimensión crítica.

En el “circulo de cultura” educadores y estudiantes emplean codificaciones para entablar un diálogo sobre las condiciones sociales, culturales y materiales que impactaron sus vidas a diario. En el “círculo de cultura”, el grupo de iguales desempeña un papel crucial al proporcionar el contexto teórico para la reflexión y para transformar las interpretaciones de la realidad de la producción de “sentido común de todos los días” a un conocimiento más crítico.

Freire y sus colegas pasaron un tiempo considerable en entornos de círculos culturales con personas de las comunidades locales, haciendo una lista de las palabras utilizadas, las expresiones, la jerga informal, y los gestos característicos que acompañaron ciertas frases con el fin de obtener una comprensión del “capital cultural” de la gente. Temas como el nacionalismo, el desarrollo, la democracia y el analfabetismo se introdujeron mediante el uso de diapositivas o imágenes, seguido de un diálogo. Las palabras “codificadas”, las formas de vida y las experiencias vividas de los miembros de la comunidad local.

Las codificaciones incluyen fotografías, dibujos, o incluso palabras, ya que eran todas representaciones que permitían extender diálogo y análisis de la realidad concreta representada. Codificación mediada entre las experiencias cotidianas de las personas y la teorización que tuvo lugar en relación al contexto de la vida diaria. Codificaciones además mediadas entre los educadores y los educandos quienes estaban comprometidos en la co- construcción de significados de su existencia diaria.

De esta manera, el enfoque de Freire para la alfabetización fue en contra de los principios de las corrientes principales de métodos de alfabetización que requieren que las personas aprendan las palabras e ideas a partir de libros o materiales que fueron producidos por aquellos en el poder. Aprender a leer de un manual significa que los alumnos deben aceptar las experiencias inscritas en el manual como más importante que la propia. Freire fue capaz de identificar temas generativos que impregnaron las experiencias de quienes creían las condiciones actuales de su existencia, como la pobreza y el analfabetismo, eran debido al destino, o al azar, o a su propia inferioridad constitutiva, sin embargo, quien deseaba tanto para llegar a ser alfabetizado. Freire reconoció que los educandos oprimidos tenían internalizadas profundamente las imágenes negativas de sí mismos (imágenes creadas e impuestas por el opresor) y se sentían incapaces de tomar una participación activa en sus propios asuntos.

PJ: ¿Cómo funcionó en la práctica el enfoque de Freire para la alfabetización?

PM: Los temas generativos que Freire pudo obtener de su tiempo dedicado con los oprimidos fueron codificaciones de experiencias complejas que tuvieron un gran significado social y significado político para el grupo y que era probable generar considerables discusiones y análisis. Fueron seleccionados porque derivaron de la especificidad contextual de la historia y las circunstancias de los educandos, pero también fueron elegidos por su longitud silábica y con el objetivo de presentar todos los fonemas de la lengua portuguesa. El “método” Freire (el trabajo de Freire no puede reducirse a un método estrictamente hablando, ya que es más bien una filosofía política) consistió en una etapa de investigación para encontrar las palabras y los temas generativos de un grupo en términos de su clase social, relevancia y significado para ese grupo. Los temas generativos fueron codificados a menudo en palabras generativas – más específicamente, palabras tri-silábicas que podrían romperse en partes silábicas y ser usadas para “generar” otras palabras (Brown 1987).

Freire y sus círculos de cultura practicaron una forma de decodificación que rompió una codificación en sus elementos constitutivos para que los educandos comenzaron a percibir relaciones entre elementos de la codificación y otras experiencias en sus vidas cotidianas. Dicha decodificación tuvo lugar a través del diálogo, en qué experiencias familiares y cotidianas se hicieron extrañas y el proceso de conocimiento crítico se hizo familiar.

Freire siguió la creación de temas generativos con el proceso de tematización, donde los temas generativos fueron codificados y decodificados y reemplazados por una visión social crítica. Nuevos temas generativos fueron descubiertos y los instructores pudieron descomponer e identificar los grupos fonéticos en esta etapa. Esto fue seguido por la problematización (la antítesis de la resolución de problemas) que consistía en codificar la realidad en símbolos que podrían generar conciencia crítica. Durante la etapa de problematización, el grupo dentro del círculo de cultura examinó los límites y posibilidades de las situaciones existenciales que surgió de la etapa previa. La conciencia crítica exigía un rechazo de la pasividad y la práctica del diálogo. La conciencia crítica era provocada no a través de un esfuerzo individual o intelectual, sino a través de la concientización o identificando contradicciones en la experiencia vivida, y entendiendo y superando mitos, tradiciones e ideologías dominantes, para alcanzar nuevos niveles de conciencia de ser un “objeto” en un mundo donde sólo los sujetos tienen los medios para determinar la dirección de sus vidas.

El proceso de concientización implicó convertirse en un “asignatura” con otras “asignaturas” de los oprimidos y participando en la humanización del mundo a través de la lucha colectiva y praxis. La concientización requiere experimentar la realidad opresiva como un proceso que puede ser superado a través de la praxis transformadora. Tal praxis (un ciclo de acción-reflexión-acción) implicó superar a través de acciones concretas y esfuerzo grupal, aquellos obstáculos al proceso de volverse humanos (Gadotti 1994). El enfoque de Freire para la alfabetización creó las condiciones para los oprimidos para liberarse a sí mismos y, en el proceso, liberar a sus opresores.

Vea el excelente resumen de la metodología de alfabetización freireana de Cynthia Brown (1987).

PJ: Eres demasiado humilde, Peter, tus propios libros, como “Che Guevara, Paulo

Freire y la pedagogía de la revolución” (McLaren 2000), se encuentran entre las más ricas fuentes sobre Paulo Freire. Pero sigamos adelante: por favor relaciona el enfoque de Freire en alfabetización con su comprensión del conocimiento.

PM: Freire fue uno de los primeros filósofos educativos en subrayar en repetidas ocasiones el concepto de “saber” como un acto político. Una forma de examinar el conocimiento que está muy endeudado con las ideas de Freire es ver a los educadores trabajando dentro de la intersección de temporalidad y narrativa como un evento dialéctico. Aquí, experiencia, temporalidad, reflexión y acción social se conjugan en lo que comúnmente se conoce en el discurso freireano como “praxis”.

En el campo de la antropología, el tiempo profano o histórico de los grupos contemporáneos (que involucran la concreción, linealidad e irreversibilidad del tiempo) a menudo son yuxtapuestos con el tiempo mítico de las llamadas sociedades arcaicas (tiempo que repite gestos paradigmáticos o arquetípicos que están llenos de significado profundo para los participantes que utilizan tales formas míticas recurrentes como un prisma para la personalidad). La noción de praxis de Freire, sin embargo, trae ambas concepciones del tiempo en el tejido narrativo del yo emergente.

El acto de conocer se basa en un tipo de deseo mitopoético (un deseo de elevar nuestra propia existencia a un nivel de mayor significado; ver Freeman 1998) vinculado a la comunidad, a un nuevo nivel de autenticidad sagrada, a la organización de la vida en formas imaginativamente nuevas que se niegan a reproducir la alienación y la objetivación necesariamente encontrada en el mundo del trabajo abstracto. Aquí, la praxis revolucionaria pliega el tiempo histórico y mítico en un acto de negar lo que es, en anticipación de lo que podría ser. Esquemáticamente puesto, la línea (la reaparición perpetua del presente en el tiempo histórico) se pliega en el círculo (el primordial horizonte del pasado irredimiblemente configurado).

Uno de los objetivos de Freire es tomar conciencia y trascender los límites en la que podemos hacernos. Logramos esto a través de la externalización, la historización y objetivación de nuestra visión de liberación, al tratar la teoría como una forma de práctica y la práctica como una forma de teoría como impugnamos la psicopatología de la vida cotidiana encarnada en la división social del trabajo del capitalismo. Hacemos esto con la intención de nunca separar la producción de conocimiento de la praxis, de leer la palabra y el mundo dialécticamente (Stetsenko 2002). Al hacerlo mantenemos que la práctica sirve como el último terreno para avanzar y verificar las teorías, así como para proporcionar garantías para los reclamos de conocimiento. Estas garantías no están conectadas a algunos principios fijos que existen fuera de el conocimiento en sí mismo, pero se deriva identificando y dejando al descubierto las potencialidades ideológicas y éticas de una teoría dada como forma de práctica (ibídem.). Los educadores críticos buscan descubrir lo que a primera vista puede aparecer como las relaciones y prácticas cotidianas y transparentes que conforman nuestra existencia, lo que incluso podríamos llamar realidades sociales mundanas. Tomamos estas relaciones y prácticas y tratamos de examinar sus contracciones cuando se ven en relación con la totalidad de las relaciones sociales en las que esas relaciones particulares y las prácticas se desarrollan. Tal examen tiene lugar contra un telón transdisciplinario de fondo que lee la palabra y el mundo históricamente.

PJ: En el pasado, el trabajo de Freire dio forma al panorama de la educación. ¿Qué pasa con su legado contemporáneo?

PM: El trabajo de Freire ha tenido un impacto sorprendentemente significativo en la génesis y desarrollo continuo del campo de la pedagogía crítica. Se constituye la pedagogía crítica por un cuerpo de teoría asociado con el trabajo de Freire y la teoría de crítica social más general que enfatiza la praxis. El campo de la pedagogía crítica ha ampliado recientemente su ámbito para incluir la pedagogía crítica revolucionaria, un intento de recuperar las raíces epistemológicas marxistas de Freire a través del desarrollo de una filosofía de la praxis impulsada principalmente por el trabajo de Marx y Hegel. La investigación de Freire se ha sentido en los campos de la teología, la alfabetización, los estudios de composición, estudios literarios, lingüística aplicada, sociología, antropología y la filosofía política. Que su trabajo ha fertilizado tantas áreas de la investigación es un testimonio de su alcance transdisciplinario.

PJ: Uno de los principales puntos fuertes del trabajo de Freire es su versatilidad. Su legado constantemente reaparece en contextos y situaciones radicalmente diferentes, y “Pedagogía del oprimido” (Freire 1972) es el tercer libro más citado en la historia de las ciencias sociales (Verde 2016). Comprender tal diversidad está más allá de medios humanos, por lo que vale la pena preguntar: ¿Cuál es, para usted, la esencia del trabajo de Freire?

PM: Tuve el privilegio de haber presenciado a Freire caminar entre nosotros, riendo y de pies ligeros, sus diminutos hombros agitándose como turbinas gemelas debajo de su camisa fresca y almidonada, sus delgadas piernas deslizándose despreocupado, despreocupado se inclina, como si le estuviera ayudando una brisa arrugada que servía de contrapunto a su mirada firme, casi implacable. A mí, me pareció como si siempre estaba mirando el presente en algún lugar del futuro, en algún futuro anterior donde los sueños están en curso de colisión con lo que está ocurriendo en los laboratorios de la vida cotidiana que llamamos realidad, donde la luz atraviesa la oscuridad las cámaras no pueden ser iluminadas sin amor. Entender esa colisión es entender la esencia del trabajo de Freire. Sin una lectura cuidadosa de las raíces intelectuales de Freire, solo se puede presenciar la colisión sin comprender los sistemas de inteligibilidad que hacen inevitable tal colisión y sin entender las posibilidades de citar tal colisión con el fin de traer futuros alternativos vinculados a la sostenibilidad del planeta y la humanidad en su conjunto. Este es el gran misterio de la obra de Freire.

PJ: Después de la publicación de “Pedagogía de la insurrección” la teología de la liberación ha resurgido lenta pero seguramente en el discurso de (revolucionario) pedagogía crítica. ¿Cuál es el principal punto de convergencia entre Freire y teología de la liberación?

PM: Freire era cristiano y simpatizaba con Marx, y aunque nunca tuve una oportunidad para discutir con Paulo el tema de la teología de la liberación, creo que habría sido un diálogo fascinante. Para mí, la conciencia crítica es algo eso es central para el movimiento de la teología de la liberación. En el sentido que los cristianos lleguen a reconocer no solo su opción preferencial por los pobres pero, como diría yo, su obligación preferencial y su compromiso con los pobres. Los cristianos de conciencia crítica no solo llegan a reconocer su la formación política como sujetos – su punto de vista epistemológico – en relación con otros, pero también ganan claridad ontológica y étnica en su papel como cristianos.

PJ: Es una pena que usted y Freire nunca hayan discutido la teología de la liberación, pero todavía podemos discutir la teología de la liberación en relación con el trabajo de Freire. Pero primero lo primero ¿es lo que es la teología de la liberación? ¿en qué circunstancias se desarrollo?

PM: La teología de la liberación nació de la auto-teologización de lo radical comunidades de Acción Católica en América Latina. Había variantes protestantes también; Desde la década de 1960, han surgido muchas variantes de la teología de la liberación tales como la teología de la liberación judía, la teología de la liberación negra, teología de la liberación feminista y teología de la liberación latina. La teología de la liberación se opone sistemáticamente a la política conservadora de evangélicos blancos de America en los EE.UU. que alientan la caridad individual sobre económica y transformación y justicia social distributiva tan familiar para muchos.

Viviendo en el país más rico del mundo. Surgió entre los dos laicos y el clero dentro de la iglesia católica preocupación grave en torno a las consecuencias económicas tras el surgimiento de los gobiernos populistas latinoamericanos de los años 50 y 60, especialmente los de Perón en Argentina, Vargas en Brasil, y Cárdenas en México. Al no erradicar la dependencia, la pobreza y la injusticia, y llevar la carga de ayudar tanto a legitimar como a reproducir el poder y la autoridad del estado capitalista durante más de cinco siglos, los teólogos de la liberación consideraron a la Iglesia un gran fracaso en su misión para crear el Reino de Dios, que entendieron en el contexto de creando una sociedad justa en la Tierra, no un paraíso brumoso más allá de la palidez de nubes distantes, pero un mundo en el aquí y ahora. La teología de la liberación, que se unió en un movimiento a lo largo de los años sesenta y setenta, intentó establecer el potencial para un retorno del papel de la Iglesia a la gente (similar a las condiciones que existían en las primeras comunidades cristianas) mediante la crianza crítico de “agencia protagonista” autónoma entre los sectores populares, creando las condiciones de posibilidad para la concienciación entre los campesinos y multitudes proletarizadas (Recientemente acuñé el término “agencia protagonista”, para enfatizar la idea de Freire (1972) de ser el sujeto de la historia en lugar de que el objeto de la historia.

PJ: Esto parece ser una agenda muy freireana, Peter … Por favor, describa la influencia en la pedagogía de la liberación con más detalle.

 PM: El teólogo William Herzog es completamente crítico con las lecturas literarias-críticas de las parábolas de Jesús, especialmente su enfoque en la narratividad y la metafórica, sus formas literarias y aspectos parabólicos y paradójicos, que a menudo resulta en »forzar al lector a reinterpretar el significado de interpretación en sí (1994, p. 13). En tales lecturas, la parábola “fue movida de él mundo … [y] … estar situado más cómodamente en el mundo del intérprete” (Ibid.). En contraste con las lecturas críticas literarias, Herzog aprueba de comparando las parábolas de Jesús con la búsqueda del Jesús histórico, y él aborda la comprensión de las parábolas de Jesús a través de la obra de Paulo Freire – especialmente la aproximación de Freire a la conciencia crítica.

Herzog escribe:

“Además de sus diferencias obvias, Jesús y Paulo tienen algunas cosas en común. Ambas figuras trabajaron con pueblos pobres y oprimidos, y ambas trabajaba con los campesinos. Aunque el trabajo de Freire con los trabajadores urbanos no tiene contrapartida en la actividad pública de Jesús, sus audiencias campesinas son similares […] figuras trabajadas en sociedades que habían sido deformadas por la explotación colonial cuya presencia continuó dando forma a la vida de sus habitantes” (ibid., p. 25).

Herzog examina las similitudes que enfrentan los campesinos a quienes las parábolas de Jesús hablaban, y los propios alumnos de Freire. Escribe: “Freire estaba claramente enfocado en las tareas gemelas de la enseñanza de la alfabetización y el análisis social. Pero ¿y Jesús? siguiendo el ejemplo de Freire, uno puede proponer que las parábolas de Jesús traten temas de interés para sus “estudiantes”. Sus escenas sociales son, por tanto, importantes. Por lo que nos cuentan del mundo en el que los campesinos y las subclases rurales vivieron. Para usar el lenguaje de Freire, codifican temas generativos y objetivan condiciones de opresión para que puedan ser examinadas. Todo esto implica que algunas de las parábolas funcionan de una manera similar a lo que Freire llama “codificaciones”. Representan una escena familiar o tipificada para el propósito de generar una conversación al respecto y estimular el tipo de reflexión que exponer contradicciones en las creencias populares o el pensamiento tradicional”. (ibid.,pag. 26)

Había otro punto de similitud entre Jesús y Freire. Conforme a Herzog, “otros hombres fueron considerados políticamente subversivos, y ambos sufrieron consecuencias políticas por su trabajo “(ibid., p. 27). Freire fue encarcelado en Brasil y luego obligado a autoexiliarse. Jesús »fue crucificado entre dos “bandidos sociales”… a cargo de subversión porque él afirmó ser “rey de los judíos” (ibid., p. 27). Según Herzog, “sin invocar todo el programa desarrollado por Freire, es posible proponer que Jesús usó parábolas para presentar situaciones familiares a los pobres del campo, para codificar los sistemas de opresión que controlaban sus vidas y los mantenían en cautiverio” (Ibid., P. 27). Jesús, que vivió en una cultura oral, usó la narración de cuentos; viviendo en una cultura visual, Freire usaba imágenes como codificaciones. Herzog se ha apropiado Los métodos de Freire para crear palabras generativas, que llevan a codificaciones, luego Descodificar, problematizar y recodificar, utilizando vocabulario y fonética. Tarjetas hasta la fase de postalfabetización para analizar las parábolas que aparecen en la Biblia. En la fase final de la campaña de alfabetización de Freire, palabras generativas fueron reunidos “en un esfuerzo por identificar el universo temático que revelaron” (ibid., p. 23). Según Herzog, “cada época histórica está marcada por grandes temas, y las personas participan en sus épocas históricas en la medida en que identificar, dar forma, crear y recrear esos temas.

Los espectadores pasivos de la historia viven de acuerdo con los temas determinados por otros, quienes a su vez definen sus vidas y límites. La falta de percepción y participación en el nombramiento de la época, los temas conducen a un retiro de la historia, así como a una abdicación de la responsabilidad para rehacer la historia. Cada uno de esos retiros termina en desesperanza. Los temas generativos de cualquier época definen sus aspiraciones y los impedimentos que reprimirían su cumplimiento y nombrarían las tareas que deben emprenderse  para realizar esas aspiraciones. Cada exploración de un tema generativo, entonces, involucra a los intérpretes más profundamente en su nuevo rol como sujetos capaces de comprender su mundo y traduciendo sus conocimientos recién constituidos en programas de acción. Los analfabetos desconcertados se convirtieron en lectores de pensamiento crítico de su mundo” (ibid., p. 23f).

PJ: Un enfoque similar en los pobres también está presente en las obras de Karl Marx. Sin embargo, Freire era un creyente cristiano, mientras que Marx proclamó el famoso la religión como “el opio del pueblo” (Marx 1970). Tu teología de la liberación está profundamente situada en ambas tradiciones, y “Pedagogía de la insurrección” claramente se inclina hacia el enfoque latinoamericano que ve al cristianismo como compatible con, e incluso beneficioso para, la pedagogía crítica revolucionaria. ¿Cuáles son las razones detrás de tal dirección de desarrollo de tu pensamiento?

PM: Freire ha abordado el papel de los teólogos y la Iglesia, su formalismo, su supuesta neutralidad, y cautiverio en una compleja red de burocracia, ritos que pretenden servir a los oprimidos pero en realidad apoyan el poder  de élite: desde la perspectiva de la filosofía de la práctica que desarrolló a lo largo de su vida. Para Freire, la conciencia crítica (concientización) no puede divorciarse de la conciencia cristiana. Freire ataca al idealismo subjetivo burgués a medida que “la conciencia ingenua” se acerca a la transformación de la conciencia como un acto político: decir una palabra verdadera, según Freire, es para transformar el mundo. La clase dominante, desde la perspectiva de Freire, ve la conciencia como algo que puede ser transformado por “lecciones, conferencias y elocuentes sermones “(1973, p. 2). En este caso la conciencia es esencialmente estática, necrófilo (muerte) como distinto de biofílico (amante de la vida), constituye “una adhesión acrítica a la clase dominante” (ibid.), Y sirve como medio de “vaciar la concientización de su contenido dialéctico” (ibid., Pág. 3).

Freire pide un tipo de suicidio de clase en el que la burguesía tome un nuevo aprendizaje de morir a sus propios intereses de clase y experimentar su momento propio  a través de una forma de mutuo entendimiento y trascendencia. Freire argumenta que los teólogos de América Latina deben avanzar y transformar los intereses de la clase dominante en interés del sufrimiento de los pobres “si han de experimentar la muerte como una clase oprimida y nacer de nuevo a la liberación «(ibid., pág. 6). O bien, estarán implicados dentro de una Iglesia, “que se prohíbe la Pascua que predica« (ibid., Pág. 5f). Freire tomó prestado el concepto de “suicidio de clase” de Amilcar Cabral, de Guinea-Bissauan,  líder revolucionario y político caboverdiano asesinado en 1973.

Para Freire, la percepción de las condiciones de injusticia social de este mundo se estipula en que los privilegiados deben cometer un tipo de “clase suicida” donde ellos auto-conscientemente intenten despojarse de su poder y privilegio y comprometerse voluntariamente a desaprender su apego a su propio interés propio. Esencialmente, este fue un tipo de experiencia de Pascua en la que una persona sacrifica voluntariamente sus intereses de clase media o gobernante para renacer a través del compromiso personal de sufrir junto a los pobres.

Por supuesto, este suicidio de clase tiene lugar en el contexto de una misión más grande para acabar con el pecado social de la misma pobreza. Es un proceso de transformación en el que una persona se identifica con los pobres y los oprimidos y se compromete para acabar con todas las víctimas de la cruz. Aquí encontramos un eco de las enseñanzas de San Francisco. Tanto Freire como San Francisco entendieron que una trascendencia de la opresión – un esfuerzo hacia arriba – en la lucha por la liberación fue no es suficiente. Como señala Leonardo Boff en su estudio de San Francisco (1982), un esfuerzo “hacia arriba” camino de las tribulaciones del mundo a través de la consecución de una mística la conciencia no es suficiente. Lo que también se necesita, y más aún, es una “trascendencia “- un acto kenótico de autocomplacencia, una apertura a las vidas de los que están abajo – los pobres, los estigmatizados, los despreciados – y la voluntad de integrarlos en una comunidad de amor, bondad y solidaridad, una fraternidad y solidaridad con los que sufren el flagelo de las privaciones de la vida. Cristo encontró tal trascendencia en los desgraciados de la tierra, en el crucificado de la historia.

PJ: En teoría, el concepto de suicidio de clase de alguna manera parece mucho más viable que en la práctica ¿Cómo podemos pasar de la teoría a la práctica?

PM: Examinemos algunas de las posiciones de Freire aquí. Freire escribe que el praxis por la cual se cambia la conciencia “no es solo acción sino acción y reflexión”(1973, p. 3). Argumenta que la praxis teórica solo es auténtica cuando mantiene el movimiento dialéctico entre sí y la especificidad contextual de la praxis que se desea llevar a cabo, es decir, cuando es consciente de la unidad entre la práctica y la teoría en la que ambas están construidas, conformadas y remodelando la praxis auténtica, en otras palabras, es un “movimiento dialéctico que relaciona la reflexión crítica sobre la acción pasada con la lucha continua” (ibid.).

Para Freire, una pedagogía de la liberación involucra la “praxis social”, que trata de “ayudar a liberar a los seres humanos de la opresión que los estrangula en su realidad objetiva” (ibid., p. 4). La praxis social, como lo explica Freire, es lo que me llevó a la tradición latinoamericana de la teología de la liberación, una teología que anima a los oprimidos a crearse y recrearse en la historia de una manera concreta en lugar de participar en lo que Freire llama “una repetición reformada del presente” (ibid.). Freire escribe: “no puedo permitirme ser un mero espectador por el contrario, debo exigir mi lugar en el proceso de cambio. Así que la tensión dramática entre el pasado y el futuro, la muerte y la vida, el ser y el no ser, ya no es un tipo de callejón sin salida para mí; Lo veo por lo que realmente es: un desafío permanente al que debo responder. Y mi respuesta no puede ser otra que mi praxis histórica; en otras palabras, praxis revolucionaria”. (ibid., p. 7)

La iglesia profética de paulo Freire

PJ: En el artículo “Educación, Liberación y La Iglesia” (Freire 1973), Freire analiza los tres tipos principales de iglesia: el tradicionalista, el modernizador, y la iglesia profética. En estos días, cuando el Papa Francisco lucha una batalla de épica de proporciones frente a las fracciones conservadoras en la Iglesia Católica, el análisis de Freire parece particularmente interesante. ¿Qué tipo de iglesia puede proporcionar la mejor reforma para la teología de la liberación como tú la ves?

PM: Nita Freire, la viuda de Paulo, puede ser citada para ayudar a iluminar una respuesta a tu pregunta. En una entrevista con James Kirylo, Nita escribe que;

“Paulo era un hombre de fe auténtica que creía en Dios. Y mientras era católico, no estaba atrapado en la “religiosidad” de la fe. Él creyó en Jesucristo, y en su bondad, sabiduría y bondad. Él sin embargo, tenía serias preocupaciones con la Iglesia, particularmente con las contradicciones de sus acciones, y las acciones de los sacerdotes. Por ejemplo, el observó, desde su infancia, cuántos sacerdotes comían bien y ganaba, sin embargo, los pobres seguían siendo pobres y hambrientos, solo para escuchar sus plegarias y decir: “No te preocupes, Dios está contigo y tu recompensa es grande en el cielo”. Para Paulo, muchos sacerdotes, con su barriga llena, no tenían auténtica compasión y empatía por los pobres, y no fueron consistentes con lo que habían dicho y lo que hicieron”.

Nita también menciona el trabajo de Paulo sobre las distinciones entre la Iglesia. Ella nota que “cuando Gustavo Gutiérrez invitó a Paulo a trabajar en algunos componentes relacionado con la teología de la liberación, Paulo comenzó a analizar las diferencias distintivas entre lo que él llamó la iglesia tradicional, la iglesia moderna y la profética Iglesia. La iglesia profética es la que da testimonio y es liberada, una que siente contigo; una que está en solidaridad contigo, con todos los oprimidos en el mundo, los explotados, y los que son víctimas de una sociedad capitalista” (ibid., p. 278).

Dadas las ideas de Nita, el aspecto más significativo del trabajo de Freire en los diferentes roles de la iglesia, al menos en lo que se refiere al contexto de la pedagogía crítica revolucionaria desarrollada en mi propio trabajo, sería a lo que Paulo se refiere como la iglesia profética. Esto capta gran parte del espíritu del trabajo de  José Porfirio en teología de la liberación, y el trabajo de Jon Sobrino, Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, James Cone y muchos otros. Sin duda captura el espíritu del Reverendo Martin Luther King. Hay una película biográfica  norteamericana de 1989 que representa la historia del arzobispo salvadoreño Óscar Romero (interpretado por el actor Raúl Juliá), quien fue asesinado mientras celebraba una misa en 1980, habiendo comenzado una organizada resistencia no violenta a la brutal dictadura militar salvadoreña.

Yo vi “Romero” (la película mencionada) con mis alumnos porque representa a los sacerdotes que representan a la iglesia tradicional, moderna y profética. El foco de la película está en la transformación sufrida por Romero de ser un partidario de la Iglesia tradicional, con una aceptación de sus aspectos modernizadores, a afirmar la importancia de la iglesia profética, ya que se enfrenta a la violencia de la guerra civil en El Salvador, y la “concienciación” o concienciación de algunos de sus sacerdotes. “Romero” muestra cómo la iglesia profética surgió de las contradicciones integrando las relaciones sociales de producción, relaciones apoyadas por el corrupción gubernamental, la explotación de los pobres y la guerra de clases que explotó dentro de un sistema capitalista comprador brutal (un sistema donde las élites locales trabajan en nombre de gobiernos extranjeros a cambio de una parte de las ganancias).

Fueron los miembros de la iglesia profética que arriesgaron sus vidas por el bienestar de los pobres, los explotados, aquellos que fueron objetivos de un brutal régimen militar. Pero la iglesia profética está trabajando en todas las comunidades donde la fe, solidaridad y lucha se conjugan con la esperanza de un mundo mejor. Aquí necesitamos recordar las palabras de Dom Hélder Câmara, un romano arzobispo brasilero católico de Olinda y Recife, que tuvo una profunda influencia en Freire: “cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto porque los pobres no tienen comida, me llaman comunista “(Rocha 2000, p. 53)

PJ: La iglesia profética trata sobre la dialéctica entre ser y convertirse que Freire entendió muy bien … como dirían los zapatistas, nosotros hacemos el camino caminando ¿puedes decir algo más sobre las ideas de Freire en esta dialéctica?

PM: No es difícil deprimirse y ahogarse en el cinismo dado el estado de la actual coyuntura histórica. Freire siempre nos recordaba hacer un balance de las posibilidades de liberación envueltas en las condiciones históricas actuales. Hoy plantea un reto especial. La infección repugnante del capitalismo y su implacable cultura de fundición de acero de la crueldad desenfrenada que conocemos como capitalismo de austeridad ha devastado el suelo de la humanidad, creando ejércitos de víctimas cansadas y desesperadas que oscilan entre la desesperanza, los gestos inútiles de desafío e infundados actos de optimismo. Argumentan alegando la indiscutible equivalencia entre capitalismo y democracia ha vuelto hoy todo superfluo, revelado como un truco de propaganda amargamente vehemente, como olas de inmigrantes afortunados de sobrevivir al vórtice del terror en su propio nativo devastado por la guerra los países llegan a través de algún milagro de disciplina y desesperación enfocada, a las puertas de sus vecinos mucho más prósperos. Muchos de ellos son enviados de vuelta para enfrentar de nuevo los despiadados torrentes de guerra o condiciones de austeridad seguro aumentar sus privaciones a escala colosal. Atacado por los obstinados defensores de la supremacía blanca de brotes sin remordimientos de nacionalismo, así como espectáculos de indiferencia mordaces, aquellos que buscaban refugio se dirigieron de nuevo a la abismo, víctimas de un desgaste espantoso, víctimas de la lucha espantosa de la acumulación capitalista en un momento en que el capitalismo, inflado por su propio éxito, ha ya ha pasado su marca de agua. Alternativas al capitalismo podrían también ser prohibidas, como el socialismo y el comunismo se han vuelto que han sido incansablemente condenadas durante décadas, que cualquier pensamiento de rehabilitación ahora se considera impensable.

Como educador marxista humanista por la justicia social, es imperativo que trabajemos hacia la creación de un universo social ausente de la forma valor del trabajo. Lo que admiro tanto de Freire es que ha sido un opositor incondicional del capitalismo, agravando la hegemonía de este coloso imparable. Él destrozó el razonamiento falaz de los exuberantes maestros del colonialismo. Él se negó a desfigurar lo que hemos llegado a través de nuestra imaginación, sin embargo, al mismo tiempo se esfuerza por participar en una dialéctica del concreto. Ha tirado abajo el telón de la hipocresía de los progresistas burgueses cuya defensa para los pobres sigue siendo, pero como un anuncio para sí mismos. La generosidad de Paulo en respuesta a mi trabajo me dio confianza. Como joven erudito y activista a mediados de la década de 1980, admiré cómo pudo vivir una vida ejemplar. Él mostró una independencia mental que no encajaba fácilmente en las ortodoxias prevalecientes en la pedagogía circundante. Freire entendió que construir una nueva sociedad requería no solo condiciones materiales, sino una imaginación utópica, una teoría viva que medie posibilidades  enterradas en la actualidad.

PJ: En un capítulo de un libro reciente escribí: “La pedagogía crítica revolucionaria respeta sus maestros, pero no crea ídolos – como una lucha viva, constantemente cuestiona y reinventa a sus principales figuras y sus obras” (Jandrić 2018, p. 199) ¿Qué aspecto del trabajo de Freire deberíamos reinventar para el momento del aquí ahora? ¿Cómo deberíamos hacerlo?

PM: No hay una justificación irreprochable para ciertas personas como figuras icónicas, ya que existe el peligro de ser susceptibles ser esclavo de las figuras carismáticas a través del culto a la personalidad. Sin embargo, había algo profundo y seriamente icónico en la forma en que Paulo practicó el camino que exhortó a otros a seguir, y una generosidad de espíritu que animó sus relaciones otros. La insaciable sed de aprender de Paulo y profundizar su comprensión de la vida social, fue guiada por sus propias y tempranas experiencias de penurias y el compromiso de crear las condiciones de posibilidad por la justicia a través del diálogo – un diálogo que iluminó activamente la contradicciones internas de la sociedad, contradicciones que, tristemente, inducen a muchos de nosotros a través de la pura fuerza de la desesperación para subestimar la importancia de la lucha en todos los niveles de la sociedad. Tal lucha está bajo el escrutinio de su valiente historia de activismo político, de la cual Paulo jugó un papel importante. Era materialista y católico, pero no tenía una creencia ideológica en el materialismo y esto lo ayudó a abrir la puerta a una forma de utopismo, uno que a menudo era la burla de algunos de sus colegas filósofos, muy a menudo marxistas economisistas. Yo vi su utopismo como crítico para su trabajo, que mostraba una unión de objetividad y subjetividad.

La comprensión de Paulo del futuro fue una que se negó a ignorar las dificultades de vivir la vida cotidiana en el presente capitalista. El utopismo de Paulo no tiró un velo sobre los desafíos que ofrece el presente. El suyo fue un concreto utopismo basado en la lucha de la vida cotidiana, de una manera similar a la forma en que Ernst Bloch trató el tema: que podemos vislumbrar el futuro examinando las contradicciones del presente. Por supuesto, también hay un peligro de que el fascismo se apropiara de la utopía, del cual Bloch era agudamente consciente. Hoy en día, hay corrientes de esta apropiación en la misión de Trump de “Make America Great Again” (hacer América grande de nuevo) que prefigura un pasado mítico de un ideal de sociedad donde los hombres blancos tenían el control de todos los aspectos de sus vidas. El trabajo de Marx fue importante en la forma en que reunió una crítica de la economía política en el mundo dominado por el capitalismo y las visiones que eran populares entre los movimientos socialistas utópicos que basaron su comprensión en lo que faltaba en la vida cotidiana – desencadenando ideas para abordar la injusticia en tal carencia en las condiciones materiales que mediaban la vida cotidiana – haciendo el contexto de utopía específico de las contradicciones en que vivían las personas, sin embargo, al mismo tiempo que proporciona las condiciones para una visión universal de lo que una sociedad  justa podría parecerse.

Nota aclaratoria:

Son muchos los trabajos de Peter McLaren sobre Paulo Freire. Algunas de las respuestas a mis preguntas fueron tomadas directamente de algunos trabajos previos que Peter me envió, y algunas observaciones de Peter han sido extraídas de diálogos previos que nosotros hemos tenido sobre el tema de la teología de la liberación.

Traducción: Luis Hessel

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Un fascista del siglo XXI

El poder constituyente de la excepción

Por Toni Negri

1. El camino democrático al fascismo

Se ha vuelto un lugar común la afirmación de que todo poder es un “poder de excepción”. Sin embargo, dicha afirmación no explica la diferencia entre un régimen fascista y un régimen constitucional. “No hay ninguna diferencia”, replica quien cree en la normalidad de la “excepción”. Que vaya a decírselo a los ciudadanos brasileños, ante la inminencia de la asunción de Bolsonaro, y escuchará la respuesta: “¡Estás loco!”.

En la tradición del marxismo revolucionario, se rechaza la analogía entre el régimen democrático y el régimen fascista. La Tercera Internacional impuso, en los años ’20, esa semejanza (que rápidamente se convirtió en una identidad), y sabemos cómo terminó. Con igual atención y discernimiento, me parece, se debe considerar el concepto de poder constituyente: no puede ni confundirse ni mezclarse con la “excepción política”, con su ejercicio – como pretenden los cultores de la “autonomía de lo político” (quienes, en la senda de Carl Schmitt, no ven en el poder constituyente otra cosa que una figura de la “excepción”).

Respecto a lo que sucedió en Brasil, hay que notar, en primer lugar, el hecho de que el fascismo no llegó a través de un “golpe de Estado” clásico (desde el exterior de las instituciones democráticas), a través de la excepción (como más o menos ocurrió con los fascismos latinoamericanos, hasta Pinochet y los militares argentinos), sino desde el interior del proceso constitucional; no llegó a través de una ruptura de la legalidad constitucional, sino a través de la construcción constitucional de una nueva legitimidad. En segundo lugar, tiendo a creer que el gobierno fascistizante brasileño no ejercerá el poder mediante una mutación externa y violenta del régimen constitucional, sino mediante una leve reducción (salvo contra la población negra) de las libertades civiles y a través de la gobernanza de la Constitución existente. Es decir, a través de la puesta en movimiento de una suerte de “poder constituyente” al interior de la gobernanza – funcional, absorbido dentro de ella y, a la vez, capaz de determinar profundas modificaciones del tejido constitucional. Este camino perverso de la democracia, que ahora se estableció en Brasil pero que ya se había experimentado, en parte o in toto, en otras situaciones y países (Turquía y Egipto, por ejemplo, sin hablar de los ex-socialismos) debe ser sometido a la crítica – preguntándose qué es lo que significa hoy la “democracia representativa”, pero también la “democracia” en general, y a partir de ello, cómo, bajo qué formas y con cuáles objetivos deben moverse quienes pretenden edificar y defender una Constitución que respete la libertad,  que construya igualdad y proporcione sus condiciones; y preguntándose, finalmente, si aún es posible plantearse estas cuestiones, o si habrá que reconsiderar el propio tejido que sostiene estos interrogantes.

 

2. Golpe de Estado institucional

Golpe de Estado constitucional y/o Golpe de Estado democrático: así puede denominarse lo que ocurrió en Brasil, e incorporarlo en una nueva tipología académica del derecho constitucional. El derrocamiento del poder legítimamente existente y su sustitución por un poder no legitimado por el sufragio universal, sino por un órgano del Estado, el Congreso, se realizó detrás de una máscara constitucional. Comenzó con el impeachment de la Presidenta y continuó con su sustitución –simplemente por la vía parlamentaria, excluyéndose una nueva elección general–, poco tiempo después de la renovación electoral de su mandato presidencial. El golpe de Estado prosiguió luego (lo que no es irrelevante) con la aprobación inmediata, por parte del Congreso, de algunas leyes características de un régimen neoliberal (entre las que resalta la que prohíbe el aumento del gasto público por un largo período) que, de manera expeditiva y traicionera, revocaron los paradigmas materiales de la Constitución vigente. La conexión entre el impeachment de Dilma por razones político-morales (corrupción) y la liquidación de la orientación política de su gobierno a través de la afirmación constitucional de un principio neoliberal, revela que su destitución tuvo un carácter político partidista, lo que la califica como un golpe de Estado – siguiéndose de ella una modificación radical de la dirección política del gobierno o, dicho con otras palabras, de la constitución material. Así se liberó el camino para evitar que, incluso en el caso de nuevas elecciones, una mayoría presidencial diversa (que las encuestas le atribuían a Lula) pudiera restablecer lo que ahora estaba constitucionalmente vedado: propuestas no liberales de redistribución del ingreso, o bien, dispositivos alternativos a la legitimidad económica nuevamente determinada. En apoyo de la continuación de una política liberal y, por lo tanto, en la línea de una renovación de las políticas estatales por fuera (y antes) de una legitimación popular, el poder judicial se movilizó a través de la condena y el encarcelamiento de Lula y, posteriormente, a través de su exclusión de la posibilidad de ser votado. No es casual que ese poder judicial haya sido inmediatamente cooptado por el gobierno de Bolsonaro. Finalmente, las elecciones se llevaron a cabo bajo la amenaza –una vez más no externa al proceso institucional– de una intervención del ejército nacional, en caso de que la izquierda triunfara en las elecciones. En este punto fue elegido el nuevo Presidente, un fascista del siglo XXI, restaurándose de este modo, a posteriori, la legitimación democrática del poder. Una restauración muy dudosa y, sin embargo, efectiva. En el gobierno que asumirá a comienzos de año, además del juez de la Lava Jato (la operación que, como ha declarado expresamente el juez Greco, nada tiene que ver con Mani Pulite), habrá un Chicago Boy al mando de las Finanzas y la Economía, en la Cancillería, un hombre ligado a la alt-right y a las políticas de Trump, mientras que al ejército le serán atribuidas las funciones de un Ministerio del Orden.

Este perverso camino-línea que va de la democracia al fascismo, organizado no por movimientos externos sino por las mismas instituciones del poder constitucional mediante la adecuación de los órganos de control a las líneas políticas de la extrema derecha (de la magistratura en particular); la revelación de un diseño coherente que recorre las instituciones, destruyendo todos los nexos e incidiendo sobre las nuevas conformaciones de las figuras formales de la Constitución y de la materialidad de su dirección política, que obtiene su garantía en el proceso de legitimación electoral, suprimiendo así cualquier carácter ético del principio democrático: todo esto impone –cuando la indignación se apacigüe, si eso ocurre– una reflexión sobre el tema mismo de la democracia.

Pero no es suficiente. El facho-populismo de Trump-Bolsonaro comete una violación ulterior de la democracia. La democracia directa es asumida, de manera masificada y mistificada por estos líderes fascistas, siendo transformada de modo de gobierno en figura de legitimación del gobierno. Los tweets de Trump interpretan esta conversión. Las redes sociales y los medios institucionales se vuelcan voluntariamente sobre esta función de legitimación. Es más, se puede decir (y la literatura sobre el tema es vastísima) que la producen, o al menos, la hacen posible. Cuando la indignación se haya aplacado, tendremos aún que plantear el problema de una libertad de expresión adosada al poder. Es el primero de los problemas que debe enfrentar un movimiento de resistencia, con la bandera “Libros sí, armas no” (como se comienza a decir en Brasil), porque tendrá que comenzar por liberar la libre expresión. Por cierto, la contradicción entre la libertad de expresión (constitucionalmente protegida) y el dinero (= propiedad = corrupción = uso criminal de de la falsedad por parte de los grandes medios…) parece irresoluble. Pero sólo lo es para quienes continúan viéndolo como un nudo gordiano y no confían en que una espada pueda cortarlo. Una fuerza política que quiera salir del fango en el que democracia y fascismo se encastran debe plantear ese problema como el primero a resolver.

 

3. Un problema general

En Estados Unidos hay en curso un proceso análogo al brasileño. La solidez democrática y el valor de la Constitución de ese país impiden, por ahora, que el proceso de transformación asuma el aspecto perverso y hasta grotesco de lo que ocurre en Brasil. En Estados Unidos, la presencia de fuerzas de oposición aún puede bloquear (o tornar incierta) la realización de una tendencia como la brasileña. Sin embargo, esto no suprime el hecho de que se está dando un proceso de consolidación reaccionaria del poder. Lo revela el fuerte desplazamiento del Partido Republicano hacia el núcleo duro trumpiano (detrás del cual está el supremacismo de la alt-right), los veinte años de orientación de la Corte Suprema en posiciones ultra conservadoras, la realización de colosales operaciones financieras para el control mediático del voto, etc.

De una manera mucho más frágil, pero con aceleraciones a veces feroces, están ocurriendo procesos análogos también en Italia. Sin embargo, el horizonte político populista se expande en Europa y en América Latina. Esta expansión profundiza dramáticamente el problema que aquí planteamos: ¿cómo el fascismo se establece en y a través de las instituciones democráticas? Y, en segundo lugar, ¿qué es exactamente esta insurgencia fascistizante?

Procuraremos, a continuación, si no responder, introducir esta pregunta con más detenimiento. Contentémonos por ahora con definir este extraño fascismo, que se presenta en una profunda conjugación con el neoliberalismo. Mejor aún, tratemos de definir las dificultades que –según creemos– ha de encontrar en su desarrollo un nuevo experimento radical de las teorías de Chicago. Las actuales conversiones fascistizantes de la clase dirigente capitalista (no de toda, por el momento) parecen de hecho determinadas por la necesidad de sostener con una mayor fuerza, con todos los medios del Estado, constrictivamente, un desarrollo más neoliberal de la profunda crisis. Es importante subrayar esta usual deformidad: la fuerza del autoritarismo es convocada para sostener la crisis del liberalismo. Ahora bien, según esta perspectiva, el fascismo parece presentarse (aunque no solamente) como la fase dura del neoliberalismo, como una fuerte recuperación del soberanismo, como la inversión del slogan “primero el mercado, después el Estado”, en varias figuras, en los puntos donde el desarrollo choca con dificultades máximas, o donde sus dispositivos se quiebran, o mejor, donde enfrenta fuertes resistencias.

Es un reflejo reaccionario el que caracteriza a este fascismo. Esto lo distingue de los fascismos de los años ’20 y ’30 del siglo pasado, cuando los reaccionarios actuaban en el terreno político, mientras que en el terreno económico podían ser relativamente progresistas, pseudo keynesianos. Probablemente esta reacción sea, entonces, un síntoma de debilidad, un efecto de respuesta más que de ataque. Lo cual parece probarse por el hecho de que esta instancia fascista, más que una técnica totalitaria, intenta utilizar mecanismos flexibles para la transformación autoritaria del Estado, calibrando la gobernanza como una suerte de nuevo y perverso poder constituyente. Pero estas no son más que previsiones, que sólo la intensidad de la lucha de clases futura podrá confirmar o negar.

Todavía nos falta preguntar: ¿qué es este fascismo del siglo XXI? El del siglo XX quería destruir los soviets, en Rusia o en cualquier lugar del mundo donde se encontrasen. ¿Dónde están hoy los bolcheviques? Son obviamente fantaseados. Pero la fatiga del neoliberalismo para consolidarse y las crisis políticas que se suman a las económicas resucitan el miedo a los bolcheviques. Esa insistencia es asombrosa.

Para intentar racionalizarla, aventuremos una hipótesis que nos permita calificar estas tendencias fascistas en una época en la cual el desarrollo del modo de producción ha puesto a la multitud en el centro de la lucha de clases. Ahora bien, la multitud es un conjunto de singularidades, ligadas por la cooperación social. El elemento de la cooperación es para la multitud (especialmente en las metrópolis) el punto central de su existencia de clase. En términos productivos, ese poder cooperativo conduce a la multitud hacia lo común. Sin embargo, cuando intervienen fuertes tensiones que actúan sobre las singularidades (que componen la multitud) en términos, por ejemplo, de inseguridad económica o ambiental y de miedo al futuro, entonces la cooperación multitudinaria puede implosionar como defensa de la identidad. El fascismo del siglo XXI parece sostenerse sobre tales incidentes de la naturaleza cooperativa de la multitud.

 

4. Fascismo y neoliberalismo

Si en la época de Platón las constituciones democráticas resultaban inadecuadas para bloquear la crisis de la democracia, en la situación actual favorecen el ascenso del fascismo, generando corrupción.

Las modernas constituciones democráticas se organizaban gracias a la confrontación dinámica de intereses, eventualmente en coalición por derecha y por izquierda, en torno a un modelo de enemistad y de solución pacífica y normada de esa enemistad, bajo la hipótesis de una oposición equilibrada de los intereses contrastantes. Hoy, la globalización ha conducido hacia la homogeneización de la gobernanza a nivel mundial (se podría decir: hacia la homologación), siendo que gobernar en la globalización exige componer la relación entre constitución formal y material a través de la inserción, en la primera, de reglas que surgen de las relaciones monetarias multinacionales de las empresas en el mercado global – y por lo tanto, eliminar sustancialmente la confrontación/conflicto, interno a la propia constitución. El extremismo de centro, las grandes coaliciones, han sido, en este sentido, momentos fundamentales de la recomposición, a través de la gobernanza, de perfiles constitucionales globalmente extendidos. Pero esa fase terminó, y el recrudecimiento de los conflictos ha llevado a una crisis profunda de las fórmulas tradicionales de la gobernanza democrática-liberal. Se suceden, entonces, los experimentos de ruptura: America first, Brexit, y ahora Brazil first, Italia first…

La gobernanza (es decir, el conjunto de dispositivos que unitariamente configuraron el horizonte de los gobiernos nacionales y del gobierno global) se encuentra sujeta a cada vez más frecuentes incidentes constitucionales, que sobre todo tienen el efecto de obliterar los aspectos de democracia progresiva que las constituciones heredaron de la segunda post-guerra y del fin de la Guerra Fría. De este modo, se transforma la fisonomía de los Estados a costa de la democracia. La larga crisis de 2007 empeoró las cosas. Gobernar la crisis siempre implicó que la crisis le impuso sus exigencias a la democracia. Hoy podemos ponderar plenamente las consecuencias de esos incidentes. Cada vez más, las dinámicas dialécticas constitucionales son desconsideradas, las oposiciones son integradas a la gobernanza, el keynesianismo es destruido con el consenso de los keynesianos. Las eventuales operaciones de excepción se dan directamente al interior de la gobernanza democrática, como si respondieran a las articulaciones ocultas de un poder constituyente, más que a opciones y mecanismos controlables. Lo que quiero decir es que la transformación que estos movimientos sugieren es hoy comandada por un poder destructivo de la democracia.

Con la crisis y el debilitamiento del poder norteamericano –que había determinado cierto equilibrio global, al menos en el campo de su dominio– estos procesos se aceleraron, desparramando el caos por todas partes. El nuevo fascismo se instala dentro de este caos. Armándose del proyecto neoliberal para dominarlo, ¿hallará las condiciones para un desarrollo durable? Es muy difícil. En estas condiciones, el neoliberalismo se encuentra en una situación desesperada, si es que pretende restablecer el equilibrio. Habiendo dislocado o rechazado el viejo equilibrio constitucional democrático, ahora está expuesto al vacío. Necesita algo nuevo para responder a las nuevas dificultades, y sólo lo encuentra bajo la forma de autoritarismo, de renovado fascismo… Para sobrevivir a este salto al vacío, tiene que recurrir a instrumentos mediáticos e ideológicos, tiene que difamar y destruir a las fuerzas que lo han confrontado (a veces tímidamente, o incluso anticipando sus direcciones destructivas – esta crisis es prolongada y profunda, y las responsabilidades aún deben ser definidas). Esas fuerzas eran socialdemócratas, keynesianas. Pero los neoliberales que constituyen la nueva fórmula de gobierno fascistizante en Brasil las llaman comunistas y bolivarianas, propagadoras del caos. En Estados Unidos, son los tontos citadinos que subvierten la identidad nacional. Así, este fascismo fundado en el vacío ideológico se cualifica como falsificador de la memoria y restaurador reaccionario de identidades pasadas. Si se trata de un pasado esclavista, como en Estados Unidos, es preocupante; si se trata de un presente esclavista, como en Brasil, es más grave aún.

 

5. No hay que tener miedo

Mis amigos brasileños se preguntan cómo fue posible la victoria de Bolsonaro, por qué sus conciudadanos lo votaron tan masivamente. La respuesta es simple: ellos no votaron por el fascismo, sino más bien por el fin de la corrupción y de la inseguridad, en una coyuntura crítica para su vida que, en realidad, una parte de la población le imputaba al PT. No es difícil pensar que la motivación racista y la defensa de la familia (ver la absurda polémica sobre la cuestión de género) conformaron el coágulo fascista de ese malestar. Es una profecía fácil decir que, como ya señalamos, Bolsonaro no logrará instituir su gobierno como régimen. Al obstáculo mencionado relativo a la conjugación de fascismo y liberalismo, se agrega una dificultad interna específica: frente a los impedimentos tácticos creados por la dispersión de votos en el Congreso, estarán obligados a seguir comprando la mayoría parlamentaria evangélica o de otros mercenarios; el precio a pagar a los ruralistas por el apoyo electoral, por el sostén del gobierno, y en la negociación de los límites ecológicos a la expansión de sus intereses, será aún más alto; las propuestas extremas de privatización del patrimonio público encontrarán la hostilidad del ejército en nombre de la nación, etc. No le va a resultar fácil avanzar. E incluso la consolidación de esta victoria va a ser difícil, muy difícil: chocará contradictoriamente con las mismas constantes de la economía brasileña (abierta a los mercados internacionales de alimentos y energía, cerrada sobre límites ecológicos de enorme importancia, empujada por una fuerte dinámica productiva debido a la amplitud del mercado laboral). Estamos –según parece– en un margen en el cual las promesas de la victoria de Bolsonaro colisionan con las intenciones de sus partidarios neoliberales. ¿Cómo podrán equilibrarse? No estamos en los años ’30, cuando el fascismo se organizaba en torno a una planificación que favorecía a la gran industria (de guerra) y al gran capital bancario – pero con un excedente, que representaba inmediatos beneficios sociales para el proletariado.

Lo que nos hace temblar, luego de la victoria de Bolsonaro, es prever los desastres que este gobierno va a producir de todos modos, puesto que es incapaz de desarrollar otro proyecto político que no sea una razzia contra los pobres, los negros y, de manera general, un programa antisocial (como lo muestra su propuesta ultraliberal). Militarista, homofóbico, machista, guiado por el odio hacia una población mayoritariamente negra (estamos muy lejos del 54% de blancos del censo del 2000), Bolsonaro se verá expuesto al empuje demográfico no-blanco, que no para de crecer. El desastre que se avecina es enorme, y sus consecuencias serán prolongadas.

¿Qué hacer, entonces? Hay que parar de llorar, hay que poner manos a la obra, confortándose con la conciencia de que el cuadro fascista aún es débil. ¿En qué sentido, con qué espíritu hay que comenzar a trabajar? Las provocaciones ya son numerosas, y en el futuro se multiplicarán. En las universidades aparecen escuadrones y grupos de derecha que arman listas de comunistas, los programas escolares comenzaron a llenarse de invocaciones a un pasado esclavista, etc. No hay que tener miedo. No tener miedo deviene el elemento central para la construcción de una resistencia.

El fascismo se apoya en el miedo. Aquí despierta y cultiva el miedo del negro y del comunista. Pero esta dupla es símbolo de la vida, y su lucha es señal de liberación. Los partidos de izquierda, comenzando por el irrecuperable PT, están en crisis. Es en la relación y en la recomposición política de los negros y los comunistas puede construirse una izquierda radicalmente antifascista. Este pasaje es fundamental. No hay antifascismo en Brasil sin una recomposición política de los comunistas blancos y de la población negra. Es innecesario agregar que la chispa de esa recomposición, hoy, son los movimientos feministas. Son movimientos mayoritarios, y la mayoría no tiene miedo.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/un-fascista-del-siglo-xxi/

Violencia y explotación en el capitalismo histórico

Entrevista a Heide Gerstenberger

Por Benjamin Bürbaumer

Figura clave del debate alemán sobre la derivación del Estado, la autora vuelve aquí a exponer los lineamientos generales de su crítica a las principales corrientes de dicho debate, marcando los límites de una derivación puramente lógica de la forma estatal capitalista y la necesidad de incorporar la dimensión histórica al análisis del Estado 1/. Siguiendo esta crítica, Gerstenberger plantea que una figura central en la derivación lógica del Estado, el trabajo asalariado libremente contratado, no responde a una lógica general del capitalismo, sino a una de sus formas históricamente determinadas. En consecuencia, se plantea la compatibilidad entre trabajo forzado y acumulación de capital, proponiendo a la figura del asalariado libre, no como forma natural del capital, sino como el resultado de luchas políticas. Llevadas estas reflexiones al plano de las formas actuales de la acumulación capitalista se destaca la existencia de nuevas formas de trabajo forzado surgidas a partir de las políticas desregulatorias implementadas desde los años 70. Alejada de visiones centradas en una sola forma típica de Estado capitalista, correspondiente únicamente a los países centrales, Gerstenberger se inserta así en el debate sobre las transformaciones en la acumulación de capital, sus relaciones con el Estado y sus formas particulares de existencia en las sociedades periféricas.

Numerosas teorías marxistas consideran al Estado capitalista bajo el paradigma del contrato. El intercambio mercantil generalizado habría remplazado a la violencia directa de los poderosos por relaciones de dominaciones impersonales, mediadas únicamente por diferencias de ingresos y por la compulsión del mercado de trabajo. Desde esta perspectiva, la violencia se habría convertido en esencialmente social o económica antes que directamente política. La historiadora Heide Gerstenberger se opone claramente a este diagnóstico: para ella se trata de una generalización excesiva basada únicamente en un capitalismo domesticado, que como tal no puede describir la esencia misma de las relaciones políticas que prevalecen bajo el capitalismo. En esta entrevista, realizada por Benjamin Bürbaumer, la autora desarrolla las articulaciones profundas entre relaciones capitalistas y violencia política directa. Nos muestra con claridad que una lectura no euro-céntrica de la historia moderna implica considerar la persistencia del trabajo forzado en la larga duración [long durée]. Si en algunos lugares el capitalismo fue capaz de deshacerse de estas prácticas iliberales fue solo bajo la presión popular; lo que indica, en este tiempo de globalización y de nuevos servilismos legales que la acompañan, la tarea a la orden del día.

1.- Usted ha participado activamente de los debates marxistas sobre el Estado capitalista desarrollados en los años 70 que apuntaban, en particular, a resaltar los límites de las políticas estatales reformistas. Es en este contexto en el que se desarrolla el enfoque de la derivación puramente lógica del Estado dentro de una sociedad capitalista. Usted ha criticado la teoría de la derivación al insistir en la necesidad de analizar la constitución histórica del Estado capitalista. ¿Por qué el enfoque histórico fue una enmienda indispensable a los debates de la derivación?

Los marxistas que en la década de 1970 intentaron desarrollar una teoría del Estado capitalista estaban convencidos de que este podía derivarse de las estructuras fundamentales del capitalismo expuestas por Marx en El Capital. Estos debates han resaltado el hecho de que, si bien el carácter de clase del poder estatal capitalista a menudo se expresa a través de la justicia de clase como en otras formas de política de clase abierta, su base más importante radica en la separación entre el Estado y la sociedad. Han señalado acertadamente que esta separación – ya observada por Hegel – no se basa en la ausencia de una intervención política en la sociedad, sino en la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley. Igualdad de los ciudadanos que hace aparecer al Estado como una instancia neutra, separada de los conflictos de clase que caracterizan a las sociedades capitalistas. Dicha neutralidad formal es posible porque, en el capitalismo, la fuerza de trabajo debe ser vendida como mercancía en el mercado por su propietario. Es por esta razón que la protección estatal de la propiedad privada implica formalmente a todos los propietarios de mercancías. Con el desarrollo de las políticas sociales por parte del Estado, su apariencia neutral con respecto a una política de clase, inherente a su forma, es reforzada. Frente a dicha apariencia, la tarea de la crítica social ha sido mostrar los límites de las reformas políticas y sociales en las sociedades capitalistas.

Proponer un análisis de la forma del poder estatal capitalista constituyó un avance teórico, ya que, contrariamente a la concepción del poder estatal como un mero aparato represivo al servicio de la clase dominante, permitió dar cuenta del desarrollo del Estado de bienestar. Sin embargo, su pertinencia teórica se vio limitada por su renuncia a incluir cualquier análisis histórico. De esta forma, dicha teoría fue incapaz de analizar tanto la especificidad del poder estatal colonial como de dar cuenta de las restricciones a las políticas sociales que sucederían tan solo unos años después de dicho debate. Nos hemos dado cuenta, tardíamente, a partir de la globalización capitalista, de que nuestro foco teórico, y por lo tanto también político, en la neutralidad formal respecto a una política de clase, era el resultado de una situación histórica específica. Contrariamente a lo que asumieron quienes participaron en el debate de la derivación, sus concepciones teóricas se basaban, menos en una deducción lógica del poder estatal capitalista a partir de las estructuras fundamentales del capitalismo que en la expresión de una situación histórica especifica. Renunciar al análisis histórico del desarrollo del poder estatal capitalista ha demostrado, por lo tanto, ser un impasse histórico y teórico.

2.- Su último libro se titula El mercado y la violencia – el funcionamiento del capitalismo histórico. Podemos leer esta obra como una crítica del marxismo político que considera que las formas violentas de apropiación económica desaparecen en el capitalismo para dar lugar a la lógica del contrato. ¿Cómo ha podido desarrollarse la relación reificada entre los sujetos de derecho, que se expresa a través del contrato, sin que desaparezca la violencia directa en el capitalismo?

Los contratos existieron mucho antes del capitalismo. Dos razones -una ligada a la política revolucionaria, la otra a la ideología- explican por qué esta figura jurídica se impuso bajo el capitalismo.

Para comenzar, las relaciones de trabajo no podían ser relaciones contractuales hasta que sus elementos centrales no dejaran de estar sometidos a reglas señoriales. Antes de ello, existían o bien reglas impuestas por las autoridades feudales o bien decisiones emanadas de corporaciones que gozaban de monopolios. En algunos casos aislados, como los artistas empleados directamente por su cliente, la competencia regulatoria era prerrogativa exclusiva de señores particulares. Estos contratos realmente negociados entre partes generalmente no se referían a relaciones contractuales a largo plazo, sino que concernían únicamente a obras aisladas.

La imposición progresiva de las relaciones laborales contractuales se ha relacionado en todas partes a conflictos políticos. Es en Francia, donde las luchas revolucionarias contra la desigualdad ante la ley y contra los privilegios señoriales llevaron a la abolición de las corporaciones y a la institución de la personalidad jurídica masculina, donde este hecho puede verse más claramente. Es por esta razón que en Francia los trabajadores tenían el derecho de contratar y rescindir contratos de trabajo mucho antes de que las relaciones sociales capitalistas fueran dominantes y antes del surgimiento del capitalismo industrial

En Inglaterra, por otro el contrario, la desigualdad fundamental de los súbditos del rey se impuso y reprodujo socialmente durante la Edad Media, en lugar de sancionarse institucionalmente, y el poder reglamentario autónomo de las corporaciones fue limitado. La generalización de las relaciones capitalistas de trabajo necesitaba entonces una reforma de la Ley de Maestros y Siervos, vigente durante siglos, pero la abolición de las regulaciones legales precapitalistas de las relaciones laborales no era necesaria. En efecto, el desarrollo del capitalismo en Inglaterra tuvo lugar sin la creación de formas de contrato libre hoy consideradas como características del «trabajo libre asalariado». Los trabajadores eran libres de firmar un contrato de empleo asalariado pero no podían darlo por terminado. Hasta mediados de la década de 1870, se podía penar a los trabajadores que rescindían un contrato de trabajo sin el consentimiento del propietario de los medios de producción. Si bien la posibilidad de recurrir a la violencia estatal no fue utilizada sistemáticamente por los empresarios, muchos sí lo hicieron. El trabajo asalariado no se encontraba entonces separado de la dominación estatal, por lo que la política y la economía aún no estaban separadas formalmente. El punto de inflexión se produjo como resultado de las luchas políticas que condujeron a una ampliación de los derechos de voto y que dieron mayor peso a las demandas de los trabajadores organizados.

A su vez, la hegemonía de las relaciones de producción basadas en contratos libremente contraídos fue también resultado del movimiento internacional para la abolición de la esclavitud. Este último hizo del contrato el criterio del trabajo asalariado libre para diferenciarlo de la esclavitud. Los contratos se convirtieron así en el principal operador de la legitimación de la explotación capitalista; y ya desde la segunda mitad del siglo XIX, los falsos contratos, que enmascaran la realidad del trabajo forzado por la violencia directa, se han convertido en un hábito.

3.- Su libro ofrece un tratamiento exhaustivo de la cuestión de la colonización y cómo esta se inserta en el capitalismo. A este respecto, usted enfatiza que el elemento decisivo no fue el grado de racionalidad económica de la explotación de las colonias, sino su forma política. ¿Qué nos enseña sobre las estrategias de acumulación de capital la forma política en la que se apoya la explotación colonial?

El Estado colonial ha sido constantemente un aparato que organiza una represión abierta en vistas de la explotación. Desde este punto de vista, se parecía mucho más al aparato de dominación de las sociedades europeas del Antiguo Régimen que al Estado capitalista de los países metropolitanos. Hoy se ha establecido que, si bien la explotación de la población indígena en las colonias ha enriquecido a ciertas personas, incluidos algunos miembros del aparato estatal, ha reportado menos beneficios económicos a la sociedad metropolitana de los que durante mucho tiempo habíamos pensado. Esto se aplica también a las fases históricas durante las cuales, al menos en las colonias inglesas y francesas, se intentó forzar el desarrollo económico. La dominación colonial se ha mostrado duraderamente significativa para el desarrollo de las colonias y las post colonias y, por lo tanto, en el resto del mundo. Por un lado, al transformar a los indígenas en nativos, el Estado los ha designado como inferiores, posibilitando ser tratados de esta forma por parte de los ciudadanos. Por otro lado, la dominación colonial organizó la economía de forma tal de convertir a las colonias en proveedoras de la metrópoli, impidiendo entonces el desarrollo de un capitalismo propio en las colonias.

Podemos concluir que la violencia directa es tendencialmente practicada en aquellos lugares donde no se ve obstaculizada por las luchas políticas; y esto a pesar del hecho que, según muestra la experiencia, dicha violencia sea la causa de magros beneficios económicos.

4.- Entre los conceptos clave en su libro, dos son particularmente notables: la «domesticación del capitalismo» y la «explotación desregulada” 2/. ¿Cuál es la contribución de estos dos conceptos a la comprensión del funcionamiento del capitalismo?

La expresión “capitalismo domesticado” es utilizada por Wolfgang Streeck. En este caso se refiere al desarrollo del Estado de bienestar y a la atenuación del conflicto de clase a él asociada. Por mi parte, utilizo este término para referirme a la protección legal de las actividades sindicales, otorgada para que los intereses de los trabajadores puedan expresarse de manera de contribuir a la resolución pacífica de los conflictos sociales. Utilizo el término «domesticado» para designar estas relaciones porque la depredación de la explotación capitalista no se encuentra aquí abolida fundamentalmente. En la historia del capitalismo, la efectividad continua de esta domesticación es regularmente explícita, especialmente en Alemania, donde dónde durante el período nacionalsocialista un “capitalismo domesticado” fue reemplazado por un régimen de trabajo dictatorial. También uso la expresión «capitalismo domesticado» para evitar la de «Fordismo». En cuanto esta última se utiliza para caracterizar una fase histórica precisa, supone una correlación entre el desarrollo de formas concretas de producción y unas de relaciones políticas; hipótesis que no está demostrada empíricamente.

La «explotación desregulada» se refiere principalmente a la fase histórica del capitalismo globalizado, por lo tanto, al período que se abre en la segunda mitad de los años setenta. El término refiere a los límites que se han impuesto, durante el desarrollo del capitalismo, a la valorización de la fuerza de trabajo por parte de los propietarios privados. Limitaciones provocadas por el poder estatal en las sociedades capitalistas de las metrópolis. Con la fundación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), después de la Primera Guerra Mundial, y más tarde con el Consejo Económico y Social de la ONU, se crearon acuerdos internacionales para limitar la explotación. Después de intentar durante mucho tiempo extender los estándares impuestos en las sociedades de las metrópolis capitalistas e internacionalizar estas convenciones a todos sus Estados miembros, la OIT revisó su estrategia en 1998. Desde entonces ha defendido los «estándares laborales fundamentales», aquellos que espera se puedan lograr en los países menos desarrollados desde el punto de vista capitalista. Pero ninguna de estas organizaciones internacionales puede forzar la ratificación de una convención, ni tienen la capacidad de imponer la implementación de una convención ratificada. Lo que no quiere decir, sin embargo, que sean totalmente ineficaces ya que, cuando los humanos luchan por mejores condiciones, pueden invocar el hecho de que, si bien la opinión pública internacional apoya las relaciones laborales capitalistas, también respalda su regulación. En la fase histórica del capitalismo globalizado, la opinión pública internacional percibe la «explotación desregulada» como una práctica violenta, ya que a menudo toma la forma de ataques directos a la libertad y la salud de los trabajadores. Sin embargo, yo también incluyo en la desregulación a la imposición de jornadas laborales muy largas, la exposición de los trabajadores a sustancias peligrosas para la salud, la restricción de la libertad de movimiento de los trabajadores, así como las múltiples formas de discriminación directa.

5.- ¿Cuál es la relación entre el trabajo libre y el trabajo forzado en el capitalismo globalizado? Al referirse a Jairus Banaji, usted recuerda que bajo el capitalismo los contratos tienen la función de hacer que el trabajo parezca voluntario y racional. Al mismo tiempo, usted señala que hoy en día son raros los derechos de propiedad sobre la fuerza de trabajo, un rasgo característico de la esclavitud.

Como dije anteriormente, las compañías que hoy usan relaciones de trabajo forzoso a menudo anticipan un posible enjuiciamiento por parte de las autoridades estatales falsificando contratos. El trabajo forzado, impuesto por la violencia, todavía existe. Se basa literalmente en la compra de seres humanos o en cuando las deudas funcionan como base para una explotación continúa de los deudores y sus descendientes. La esclavitud por deuda sigue prevaleciendo en la India. En Mauritania, la esclavitud persiste a pesar de sus muchas aboliciones desde 1981. Lo mismo ocurre en Níger. Algunos restringen el término esclavitud a estos casos, otros, como Kevin Bales, lo utilizan para todas las formas de explotación en las que los humanos no pueden salir de su lugar de trabajo de forma temporal o permanente.

Este debate terminológico [esclavitud-trabajo forzado] tiene causas políticas. El término esclavitud se usa hoy para expresar indignación moral de una manera particularmente enérgica, pero en general su uso ha sido cada vez menos extendido desde que las potencias coloniales afirmaran que la esclavitud había sido abolida en sus respectivas colonias; aunque en India se otorgaran excepciones oficiales para la llamada esclavitud doméstica o en Níger se decretaran reglas de transición especiales. Sin embargo, el trabajo forzoso, requerido por los Estados coloniales, fue presentado como un medio para civilizar a las poblaciones colonizadas. Aunque la Sociedad de Naciones adoptó convenciones a favor de la abolición de la esclavitud en 1926 y 1930, a las que se refieren las Naciones Unidas, es la expresión trabajo forzoso la que ha dominado, incluso en los convenios de la OIT. Por ejemplo, la legislación brasileña considera que el trabajo forzado es esclavitud, y como tal puede dar lugar a una condena, aunque la posibilidad de enjuiciamiento real ha sido reducida en el otoño de 2017. Yo rodeo estas discusiones terminológicas con el uso de la expresión “explotación desregulada”, que integra la trata de personas real, pero también las prácticas laborales que ponen en peligro la supervivencia biológica y social de los trabajadores, hombres, mujeres y niños. Son trabajadores explotados desreguladamente aquellos que, por ejemplo, se encuentran regularmente impedidos de salir de su lugar de trabajo.

La persistencia del trabajo forzado por la violencia y la simultánea renuncia a la esclavitud clásica se explica, sobre todo, por la posibilidad de encontrar un reemplazo barato de la fuerza de trabajo en cualquier momento. La globalización ha empujado a un inmenso número de hombres y mujeres al mercado laboral en busca de cualquier tipo de ingreso. Dado que para muchos puestos de trabajo hay una oferta laboral mundial que en potencia es prácticamente ilimitada, los propietarios de capital pueden ahorrar los costos en bienes durables para la reproducción y tienen la capacidad de desprenderse de aquellos trabajadores que ya no son valorizables de forma económica. Muchos de los que realizan trabajos forzados, incluidas las trabajadoras sexuales, han sido engañados para llegar a esa posición. Sin embargo, muchos también están dispuestos a aceptar cualquier trabajo remunerado.

6.- ¿En qué medida el estudio de los trabajadores inmigrantes, por ejemplo, el personal de asistencia en cuidados, los jornaleros o los trabajadores temporales, ayuda a comprender las características fundamentales de la explotación de la fuerza de trabajo en el capitalismo globalizado?

En muchos países, los trabajadores migrantes están formalmente o de facto excluidos en gran medida del Estado de bienestar. El hecho de que estén legalmente definidos como extranjeros los expone a una explotación extrema. Esta práctica no solo se ve facilitada por la falta de control de las leyes de protección existentes, sino también por la tendencia, prevaleciente en las sociedades capitalistas de las metrópolis, a que los ciudadanos consideren al Estado de bienestar como su privilegio. La globalización favorece la migración laboral, ya sea porque se abren nuevas oportunidades o porque se han destruido formas de protección social. Simultáneamente los ataques contra los derechos y las ganancias sociopolíticas de los trabajadores en las metrópolis capitalistas han contribuido al desarrollo de un rechazo a la inmigración dentro de estas sociedades. La globalización promueve el nacionalismo.

7.- Usted señala que, a diferencia de los trabajadores migrantes, los trabajadores en áreas off-shore e in-shore no suelen abandonar su país de nacimiento. Sin embargo, en el plano jurídico, se encuentran en un lugar separado, ficticio. ¿Por qué estos espacios se vuelven centrales en el capitalismo globalizado y cuáles son sus consecuencias para los trabajadores?

Las zonas off-shore se constituyen como exclaves del área legal nacional. Aunque, especialmente en el caso de las zonas francas, pueden ser regiones geográficamente separadas, se trata antes que nada de espacios jurídicos. Estos son excepciones a la ley nacional decretada por el Estado al igual que lo son los centros financieros extraterritoriales o los buques bandera de conveniencia. Estos derechos particulares se comercializan internacionalmente para atraer inversores. En el caso de las zonas off-shore, siempre se ofrecen a los inversores extranjeros la eliminación de los derechos de aduana así como beneficios fiscales. Todas las condiciones para la inversión se negocian entre los propietarios del capital extranjero y los estados en cuestión. Hasta hace poco, los estados a menudo aceptaban prohibir la actividad sindical en los sitios de producción afectados. Hoy en día existe una tendencia de renunciar a esta exigencia, pero eso no ha cambiado la persecución de los sindicalistas y huelguistas. En las áreas de producción off-shore, los trabajadores están particularmente sujetos a la competencia internacional de oferta de mano de obra, ya que las empresas se reservan el derecho de reubicar la producción allí donde se cumplan sus requisitos. Aunque en muchos estados que han creado zonas off-shore existe una ley laboral así como medidas de seguridad reguladas que también se aplican a dichas áreas; su débil aplicación implica que los trabajadores aún están en gran medida desprotegidos frente a la competencia del mercado de trabajo internacional. Utilizo el término in-shore para describir las relaciones laborales impuestas a los trabajadores nacionales que no trabajan en una empresa en condiciones off-shore. Los propietarios de capital nacional se benefician del hecho de que los inversores extranjeros negocien malas condiciones laborales. Además, sus prácticas están menos expuestas a las críticas de la opinión pública internacional. Esto también aplica a los proveedores de las compañías que operan en centros off-shore y que no tienen una relación contractual directa con una multinacional extranjera. Bajo esta forma es que recientemente hemos descubierto que niñas indias fueron detenidas y torturadas en fábricas de seda después de que a sus padres se les prometió que recibirían una gran suma de dinero al final del contrato.

8.- ¿Podría usted explicar por qué el estudio del capitalismo global la lleva a enfatizar la relevancia estructural de la soberanía en el marco del Estado-nación?

La soberanía nacional es la base del derecho internacional. Todos los Estados reconocidos por las Naciones Unidas tienen derecho a decidir sus asuntos internos sin limitaciones externas. E incluso si se ejerciera tal restricción, económica o política, no cambiaría el hecho de que los tratados internacionales, salvo raras excepciones, son válidos solo desde el momento en que han sido ratificados por las autoridades competentes del Estado.

Los Estados soberanos deciden qué leyes se aplican en un país. Sus gobiernos también pueden decidir reducir el carácter general de las leyes creando espacios legales separados. Que las condiciones legales off-shore se ofrezcan internacionalmente equivale a una mercantilización parcial de la soberanía nacional.

Los propietarios de capital que actúan hoy internacionalmente no tienen interés en que se haga pública la importancia de su influencia en las decisiones políticas en los países en desarrollo. Prefieren que los actores con los que negocian sean vistos como representantes de un estado soberano. De esta forma, es el gobierno el responsable de la venta de los recursos del país y de cualquier otra medida perjudicial. El gasto para sobornar a los políticos es necesario en este caso, pero este dinero suele ser una buena inversión económica.

Entrevista fue realizada por Benjamin Bürbaumer para la revista Periode: http://revueperiode.net/violence-et-exploitation-dans-le-capitalisme-historique-entretien-avec-heide-gerstenberger/,

La presentación y la traducción a partir de la versión francesa por Javier Waiman

http://www.intersecciones.com.ar/index.php/articulos/55-violencia-y-explotacion-en-el-capitalismo-historico

Notas:

1/ Tanto la principal contribución de la autora como las intervenciones más relevantes de dicho debate pueden consultarte en: https://herramienta.com.ar/sites/default/files/Estado_y_Capital.pdf. Esta reciente compilación, realizada por Alberto Bonnet y Adrián Piva, constituye la primera presentación extensa de este debate en lengua española.

2/ Hemos aquí traducido la expresión «l’exploitation décloisonnée» como “explotación desregulada” en tanto hace referencia, fundamentalmente, al proceso de perdida de las limitaciones y regulaciones legales que habían sido impuestas a la contratación del trabajo que inicia a fines de los años 70.