Miguel Mellino: la racialización como dispositivo de poder del neoliberalismo

Por Diego Sztulwark

La racialización de las poblaciones es unos de los dispositivos fundamentales del neoliberalismo, afirma Miguel Mellino, antropólogo y activista del movimiento antirracista italiano y europeo. Profesor en la Universidad de Nápoles “L’Orientale”, autor de La crítica postcolonial. Descolonización, capitalismo, cosmopolitismo en los estudios poscoloniales (Paidós), La cultura y el poder. Conversación sobre los ‘cultural studies’ con Stuart Hall (Amorrortu).

¿A qué le llamas “negritud”?

Podemos dar dos definiciones de negritud: una ‘historiográfico-literal’, y otra de tipo ‘sociológico-estructural’. Ambas constituyen los dos vértices de lo que se ha llamado, en la tradición de los ‘Black Studies”, la imaginación política radical negra. La primera, nacida en los años ’30 por intelectuales caribeños y africanos como Aimé Césaire (Martinica), Leopold Senghor (Senegal) y Leon-Gontran Damas (Guyana Francesa), ha creado el neologismo “negritud”, con un significado antropológico, filosófico y político que reivindica las “civilizaciones africanas”, la herencia africana (negra) en todas las culturas e identidades de los grupos afro-descendientes del mundo. El movimiento de la negritud fue una de las primeras expresiones globales de lo que más tarde se llamaría “orgullo negro”: se trataba de la reafirmación positiva de una identidad cultural negada, inferiorizada, patologizada y también racializada por los dispositivos de poder y saber coloniales. Se trató de uno los afluentes mas importantes de la potencia cultural y política de los posteriores movimientos anti-coloniales en Africa y en el Caribe, pero también el Black Power de los años ’70, principalmente en Estados Unidos.

Este movimiento tiene conexión con Franz Fanon y el proceso de descolonización argelino. 

Exacto, el texto de Fanon Los condenados de la tierra fue uno sus referentes más inmediatos. El movimiento de la negritud consideraba —desde su concepción profundamente humanista y no sin contradicciones— lo racial como una construcción ideológica, política y cultural colonial, una invención occidental si se quiere. Pero no negaba, sino que enfatizaba el proceso histórico y cultural surgido de esa invención.

¿Cómo se conecta esta definición literaria o cultural de la raza con lo que llamaste la concepción “sociológico-estructural”?

La complejidad política de la cuestión racial surge, precisamente, de esta conexión. Ya en Estados Unidos una corriente sociológica y literaria desarrollada por autores africano-americanos —como W.E.B. Du Bois (The Souls of Black FolkBlack Reconstruction) y Richard Wright (Native Son, Black Boy), o caribeños como C.L.R. James (Black Jacobins) entre otros— investigaban en sus obras lo que hoy podemos llamar el racismo como “fenómeno estructural” moderno, es decir como condición estructural de la producción y reproducción social de las sociedades coloniales y post-coloniales y como elemento base de la construcción de los Estados naciones surgidos de la dominación colonial. 

¿Cual es la importancia política actual de estos movimientos?

Creo que obligan a repensar toda una serie de cuestiones mediante las cuales se fue formando el antagonismo político occidental: desde el concepto de humano dominante en la cultura y en los saberes modernos, hasta la dinámica de la desigualdad, del internacionalismo y de la lucha de clases, ya que el “marxismo blanco” europeo (y no solo) había minimizado la cuestión racial, considerándola como una simple superestructura, cuya verdad estaba siempre en otra parte: en la economía, en la división del trabajo, en la manipulación política, etc. De aquí en adelante la raza, visibilizada como dispositivo material de dominio global, tiende a afectar los conceptos clave del pensamiento social moderno: sujeto, clase, capitalismo, proletariado, Estado, nación. “El problema del siglo XX es la línea del color”, supo decir alguna vez Du Bois. Más categórico, Fanon: “En los contextos coloniales el racismo no es una superestructura. Se es rico porque blanco, se es pobre porque negro. En los contextos coloniales (se podría agregar hoy también post-coloniales) hay que distender el marxismo”.

 

¿Cómo ingresa el concepto de raza en la modernidad occidental?

El concepto de raza moderno y occidental tiene su origen, según Aníbal Quijano, en la intersección de dos acontecimientos clave de la modernidad: la conquista de América y el surgimiento del capitalismo como modo de producción global. Los nativos de América Latina son los primeros sujetos modernos en ser calificados como “razas” por el dominio colonial, puesto que la racialización es el primer justificativo del dominio al que acudió el capitalismo colonial: un sistema estructurado sobre el extractivismo, la esclavitud y una jerarquización de la ciudadanía establecida a partir de una división y control racial del trabajo. A partir de ese momento, todas las categorías étnico-geográficas del pensamiento social —“europeo”, “indígena”, “oriental”, “africano” y “occidental”– serán categorías racializadas. Menos conocido es el segundo laboratorio racial de la historia, que se da con la conquista inglesa de Irlanda. La racialización inglesa del nativo irlandés durante la conquista colonial –en la que el cristianismo está muy presente— es el laboratorio principal del sistema racial de la plantación esclavista que se desarrollará más tarde en el sur de Estados Unidos y en el Caribe. Fue sólo durante la trata de la esclavitud a partir del siglo XVII que la raza comienza a materializarse como dispositivo de gobierno a través de la línea del color. El de raza es un concepto moderno que reúne muchas influencias, entre ellas la matriz sexual-patriarcal y de genero del concepto de raza.

¿Porqué seguir hablando en términos de razas cuando ya sabemos que se trata de un término sin fundamento biológico?

En primer lugar, raza y racismo no siempre fueron categorías asociadas a una concepción biológica o fenotípica de las supuestas jerarquías sociales. Racismo biologicista, racismo pseudo-científico y racismo asociado al color de la piel representan solo momentos en el desarrollo del racismo como dispositivo de dominio. Como sabemos, la idea de la existencia de razas humanas no tiene ningún fundamento biológico. Sin embargo, esto no quiere decir que raza y racismo como dispositivos de dominio hayan desaparecido. Me parece entonces que habría que pensar el poder de estos dispositivos más allá de su falacia constitutiva. Por eso propongo pensar la raza como un discurso: las razas no existen, no tienen ningún fundamento más allá del mundo social, pero el discurso (histórico-colonial) de la raza sigue teniendo efectos materiales y simbólicos sobre los cuerpos, sobre las poblaciones y sobre la constitución material de las sociedades contemporáneas. Algo que se ve muy bien en la construcción actual del migrante como enemigo público, como otro, como inferior, como diverso, etc. Raza y racismo están a la base de lo que llamamos la colonialidad del presente.

¿Cómo funciona el discurso del racismo actualmente, cómo funciona ese dispositivo especifico y moderno de poder?

Propongo abordar el racismo como una tecnología moderna de gobierno de poblaciones y territorios, cuyo fin es la extracción de plus-valor de las sociedades, es decir, que procura incrementar la potencia productiva capitalista de un determinado tejido social. Lejos de ser un elemento irracional, anacrónico o residual, el racismo forma parte del dominio capitalista moderno. Dentro de las concepciones de la economía política racial moderna, la explotación racial y post-racial, la segregación, marginalización y el despliegue de la violencia securitaria sobre determinados grupos, funcionan como una condición mínima para la productividad del entero entramado social. El racismo representa, por tanto, una “condición estructural” de producción de las sociedades modernas. El racismo es un hecho social total, y por tanto resulta insuficiente hablar sólo de un “racismo institucional”. Raza y racismo atraviesan —fracturan— la estructura de clases y la producción de los géneros como dispositivos de poder. Si aceptamos estas definiciones de racismo, de su rol y función como dispositivo productivo, creo que está claro por qué es tan necesario al neoliberalismo, un sistema económico que se funda sobre la jerarquización de la ciudadanía y sobre la desigualdad estructural como elemento de movilización social, en el sentido empresarial y de competitividad general de la expresión.

Visitando librerías de Buenos Aires notabas la ausencia de bibliografía sobre la negritud.  

Es llamativo que buena parte de la producción teórica y literaria “negra” esté prácticamente ausente del panorama intelectual y cultural argentino. En las librerías de Buenos Aires, muy nutridas de traducciones de lo que se publica en Europa y en otros lugares, es difícil encontrar textos pertenecientes a la tradición africano-americana, teórica y literaria. Quizás se deba a una cierta invisibilidad histórica de la cuestión racial, una ceguera motivada por una cierta mitología de la integración en la Argentina, cierta auto-narración de lo nacional y popular como automáticamente superador de las diferencias y de las viejas jerarquías raciales coloniales. La realidad, como sabemos, está muy lejos de todo eso: “el crisol de razas” es parte de un discurso dominante que no termina de cuajar con la realidad material y cotidiana del racismo en la Argentina, ni tampoco con la colonialidad del Estado nacional. La pregunta un poco banal que haría es esta: ¿por qué leemos, y tenemos como punto de referencia, autores norteamericanos y europeos “blancos”, cuando la reflexión negra en estos lugares nos habla mucho más de nuestra historia y de nuestros problemas?

¿Cómo afectó el peronismo el modo de concebir la cuestión racial en la Argentina?

El peronismo ha puesto de manifiesto la articulación de la línea del color en Argentina. El 17 de Octubre se puede considerar como la irrupción de la articulación especifica de la cuestión racista/racial en Argentina. Pienso en el peronismo en su dimensión de movimiento desde abajo más que en sus figuras institucionales de poder. El peronismo fue y es el síntoma de la articulación racial del capitalismo en la Argentina: como representante de lo que podemos llamar la negritud del país, por un lado trató de incluir en la ciudadanía todo aquello que el liberalismo-racista había dejado afuera, pero por otro lado no logró quebrar la colonialidad del Estado nación argentino: el límite mismo de esa imposibilidad es el discurso peronista sobre la cuestión indígena. Una parte del problema fue seguramente la concepción nacional-popular y también de izquierda o marxista de la lucha política en la Argentina: allí donde se veía nación o clase había que haber visto también ‘raza’ como un elemento problemático de quiebre —de discontinuidad— en la producción de jerarquías e identidades políticas internas, es decir del espacio social nacional. El tema siempre estuvo presente, pero como un espectro: lo que falta es una articulación teórica de la cuestión racial/racista en argentina.

 

Fuente: el cohete a la luna

Decir «fascismo» confunde y despolitiza

Por Raúl Zibechi

La extrema derecha actual es hija del extractivismo/cuarta guerra mundial, mientras el fascismo fue parido por el capitalismo monopolista en competencia por los mercados mundiales, por el colonialismo e imperialismo en su deriva racista, como señaló Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Comprendo que en los debates apasionados contra esa derecha machista y racista que crece exponencialmente, hablemos de fascistas o fachos y utilicemos adjetivos similares. Muchos lo hacemos como forma de fustigarlos. Sin embargo, el análisis sereno que expide el pensamiento crítico debería ir más al fondo de la cuestión.

Una porción importante de tales analistas desgajan el crecimiento de esta ultraderecha de la realidad económica, social y cultural que vivimos, y atribuyen este proceso a la influencia de los medios, al papel del imperialismo y a otras cuestiones generales que no consiguen explicar el fenómeno y lo atribuyen o bien a causas exógenas o a fenómenos como las redes sociales que no explican nada. La Revolución Francesa no fue consecuencia de la expansión de la imprenta, ni la rusa fue hija de la electricidad o del cine, aunque estos desarrollos tecnológicos tuvieron su influencia.

Por otro lado, el capitalismo no fue siempre igual. No siempre pretendió eliminar a camadas enteras de la sociedad, como aspira hacerlo en estos tiempos. Hubo periodos en los cuales las clases dominantes buscaron integrar a las clases peligrosas, y a esa política la denominamos estados del bienestar. Ahora se trata de explicar porqué han pasado de la integración a la segregación, para fantasear luego con el exterminio.

Para comprender el nazismo y el fascismo, Karl Polanyi se remontó a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, analizando en detalle el cercamiento de los terrenos comunales (enclosures) en favor de los terratenientes. Ese proceso fue clave para promover la modernización, liberando a los campesinos de la tierra de la que fueron expulsados, sin más opción que ofrecer sus brazos a la naciente industria.

Pero la proletarización del campesinado fue un proceso traumático, que desarticuló la sociedad inglesa, como destaca Polanyi en La gran transformación, publicado en 1944. Con datos económicos, sociológicos y antropológicos, el autor concluye que el liberalismo económico y su mercado autorregulado, destruyeron los cimientos materiales y espirituales de las sociedades.

En sus propias palabras, la economía de mercado procedió a la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra, y de las ruinas de la vida comunitaria nació la tentación fascista.

Las ultraderechas actuales tienen otra genealogía, aunque es evidente que hay puntos en común. Quiero destacar algunos aspectos que muestran las diferencias con el fascismo de los años 30 del siglo pasado y señalan también la necesidad de hurgar en nuestras sociedades para entender la deriva en curso.

Uno, el extractivismo expulsa a la mitad de la población (según regiones más o menos) de una vida digna, incluyendo salud, educación, vivienda, agua y seguridades mínimas. Esa población a la intemperie, debe ser controlada con nuevos modos: masificación de cámaras de seguridad, militarización, feminicidios, bandas de narcotraficantes, milicias parapoliciales, entre las más conocidas formas legales e ilegales.

Dos, el tipo de Estado que corresponde a este sistema de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, es el Estado policial, con sus correspondientes campos de concentración para los de abajo. Quien crea que exagero, que observe los entornos de la gran minería, de las megaobras de infraestructura y de los monocultivos, donde esto ya funciona. ¿Qué son las barriadas de las periferias urbanas, sin agua pero con abundancia de hombres armados, sino campos de concentración?

Tres, este sistema desborda violencia estructural, machista y racista, por todos sus poros. Sugiero dos lecturas. El reportaje de Katrin Beenhold en The New York Times sobre los varones de extrema derecha en Alemania del este (goo.gl/Y98L51), donde la violencia machista tiene un claro motivo sistémico; y El laboratorio social de China en Xinjiang, en II Manifesto (goo.gl/bH9JTk), donde el poder ejerce un control capilar y diabólico sobre la población.

Los varones, desde Alemania hasta Brasil, no se vuelven feminicidas por su genética, sino porque perdieron muchas cosas, como consecuencia de un modo de acumulación que no reconoce fronteras. Entre lo que perdieron, está el mandato de masculinidad, que analiza Rita Segato.

Cuatro, este sistema extractivo de guerra no puede ser desmontado paso a paso, ni desde adentro, porque sus instituciones no funcionan para la sociedad sino contra ella. No son las instituciones que conocimos durante el periodo del desarrollismo y el estado del bienestar que protegían a los ciudadanos. Las de ahora lo parasitan, en particular a quienes viven en la zona del no-ser: pobres y descartables, mujeres y jóvenes.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/11/09/opinion/022a2pol

 

David Harvey: «No creo que la academia sea peor que una corporación, pero tampoco creo que sea mejor»

A 200 años de su nacimiento, el viejo aguafiestas (Karl Marx Died 1883. Aged 65…) sigue más vivo que nunca. La larga cola de estudiantes y profesores reunidos en torno a la más reciente visita al Perú de David Harvey (1935, Kent, Inglaterra) da testimonio de ello.

Irónicamente, el geógrafo y sociólogo británico inicia su charla magistral recordando que no leyó a Marx hasta los 35 años y que no tenía interés en ser considerado un marxista. ‘Se me suele presentar como una autoridad en el pensamiento marxista. No lo soy. Solo uso aspectos del pensamiento marxista que me hacen sentido. Y veo que mientras más loco el mundo se vuelve, más sentido hace Marx’, recuerda.

Harvey vincula este estudio de Marx a su propia experiencia personal tras mudarse de Inglaterra a los Estados Unidos –a la Universidad John Hopkins, en Baltimore, Maryland.  ‘Lo que vi (en Baltimore) no me hacía sentido. En uno de los países más ricos del mundo, encontré a gente viviendo en condiciones de vivienda desesperadamente terribles’, agrega.

De allí que leer a Marx –y hará énfasis constante en la primera página del primer tomo de El Capital, en la diferencia entre valor de uso y valor de cambio- no fuera ‘una decisión política’. ‘Leer a Marx fue una decisión intelectual, en relación a lo que servía a mi análisis. (…) No estaba interesado en ser un marxista, estaba interesado en entender por qué el sistema de vivienda no funcionaba’: Harvey bromea luego, y recuerda que a fines de los 60 leer a Marx, más aún, leer un libro –uno tan voluminoso- no era considerado radical en lo absoluto.

Es una buena forma de introducir el tema de la mesa magistral, uno que congrega a tantos jóvenes investigadores y activistas en la XVI edición del Coloquio de Estudiantes de Antropología de la PUCP: a saber, si la academia puede ser radical en tiempos neoliberales (y algo de discusión hubo solamente en torno al uso del término ‘neoliberalismo’ para un evento académico).

Harvey –bajito y flaco, barba blanca, chaqueta marrón, una camiseta estilo polo shirt de color rojo (¿de qué otro iba a ser?)- adelanta algo de su respuesta. ‘La mayoría de las buenas ideas que he tenido no han venido desde dentro de la academia, han venido de interactuar con gente, movimientos políticos, desde fuera de la academia’, comenta.

Acto seguido, el profesor de CUNY rememora su experiencia al leer a Marx junto a un grupo de presos: ‘había una diferencia en cómo reaccionaban los prisioneros y cómo reaccionaban los privilegiados jóvenes de clase social alta en la universidad. Los prisioneros estaban como: ‘¿por qué nos dices esto? ¡Es obvio!’. Medio en serio, medio en broma, señala que convencer de los argumentos de Marx a jóvenes universitarios le ha tomado, en algunos casos, años.

¿Si era difícil leer El Capital en los años 70? Lo era. Pero en los años 90 –después de 20 años de neoliberalismo y programas de ‘ajuste estructural’ en todo el mundo-, la realidad para Harvey parecía coincidir mucho con lo predicho por Marx. Y ahora más todavía: el geógrafo no abandona sus primeros temas de interés –el sistema de vivienda en los Estados Unidos- y enfatiza en cómo las ciudades contemporáneas están pensadas no como espacios de vivienda, sino de inversión. ‘Edificios para los millonarios, estamos construyendo como locos ciudades para que la gente invierta, no para que la gente viva’, recalca, y vuelve otra vez a la página uno del tomo uno de El Capital: ‘¡es la diferencia entre valor de uso y valor de cambio!’.

Entre la crisis de la vivienda actual y la  geopolítica económica mundial, a Harvey le preocupa el boom de la construcción de China. ‘Si el boom de China se cae -y hay señales de que lo hará- habrá una depresión a nivel global, y nadie sabrá que hacer con esos grandes edificios construidos por millonarios para invertir, no para vivir’, señala. Una vez más, menciona a Marx para luego indicar que su entendimiento del marxismo es mas bien flexible, sin dogmatismos.

Terminada la charla introductoria, llegan las preguntas de los estudiantes. Seleccionadas previamente a través de una convocatoria en redes sociales, estas abordan diferentes aspectos de la academia en relación al capitalismo contemporáneo: ¿se puede ser verdaderamente objetivo cuando las investigaciones son financiadas –más todavía en el Sur Global- por el Estado o grandes corporaciones, las que tienen sus propios intereses? ¿Cómo hacer si la academia está atravesada por las mismas desigualdades y opresiones que busca combatir como –en voz muy alta al leer la pregunta- el acoso sexual y otras formas de sexismo?

‘Hay una idea romántica de los académicos en su Torre de Marfil’, inicia Harvey. ‘Hay idiotas (assholes), estúpidos, gente que es terrible en términos de relaciones sociales, y debe haber un esfuerzo por luchar contra estos temas’, puntualiza, pero recalca que la lucha se da al interior de las instituciones. Luego viene el gancho: ‘no creo que la academia sea diferente a una corporación. No creo que sea peor, pero tampoco tengo razones para creer que sea mejor’.

El importante teórico de las ciudad hace luego énfasis en la necesidad del financiamiento externo, aunque bromea con sus propios límites: ‘puede sonar algo liberal, pero…’

A los estudiantes, Harvey les pide aprender a ser subversivos dentro de la academia, darle vuelta a sus conceptos y categorías, ser astutos, clever: ‘pueden decir que eso es deshonesto. Sí. Pero es honesto en un sentido más profundo’.  Apunta a su propia experiencia: ‘es como un juego: cuando yo mismo usaba conceptos de valor de uso y valor de cambio y no decía a nadie que venían de Marx’. Arranca algunas risas al auditorio.

‘Foucault tiene este buen libro, Vigilar y castigar (Discipline and Punishment). Las disciplinas tienen que ver tanto con el castigo como con el conocimiento. Se trata de la vigilancia y el castigo. Son los guardianes del conocimiento. Por eso una de las cosas que amo de ser geógrafo es que nadie sabe qué es. Los economistas son los peores’. Risas, muchas más.

Las próximas preguntas giran en torno al activismo por el medio ambiente (el concepto de Antropoceno) y a la desigualdad que puede establecer la academia entre quien estudia y quien es objeto de estudio –una pregunta que recorre buena parte de la historia de la antropología.

En sus respuestas, Harvey se aleja un poco de las respuestas simples y entra de lleno a la crítica del capitalismo contemporáneo. ‘Soy un anticapitalista racional’. Sonidos de ‘error en la aplicación’ suenan desde la computadora justo después. ‘Una vez se encendió la alarma contra incendios’, agrega Harvey. Risas, muchísimas.

Al geógrafo, confiesa, no le interesa demasiado la literatura sobre el Antropoceno. ‘Capitalist-cene’ , bromea, para luego afirmar tajantemente que ‘ser un ambientalista serio significa ser anticapitalista. No se puede evadir eso’. Antes ya ha puesto como ejemplo a Michael Bloomberg, el multimillonario alcalde de Nueva York. Bloomberg es ambientalista, (‘¡realmente lo intenta!’), pero a la vez favorece la frenética construcción especulativa de edificios ‘no para vivir, sino para invertir’.

No se detiene demasiado sobre la cuestión del Otro en la academia, sino que aborda en detalle la necesidad de una nueva vanguardia política. Una, además, que no actúe de manera reactiva imitando las fuerzas del neoliberalismo. Si Nixon afirmaba que ‘todos somos keynesianos ahora’, lo cierto es que ‘todos somos neoliberales ahora’, comenta Harvey.

Para el pensador, las fuerzas oposicionales de los 60 –los fuertes sindicatos, los movimientos sociales- se han disuelto porque la razón a la que se oponían también ha desaparecido. Lo que hace el neoliberalismo, por lo que resulta imparable, es que produce fuerzas opuestas que lo que hacen es imitar ellas mismas al neoliberalismo en su lógica de acción.

‘Lo que tiene que hacer un movimiento político revolucionario es romper el espejo’, señala. ‘Decir: voy a construir algo que es radicalmente diferente. Sí, necesitamos una vanguardia’, agrega. Y por eso mismo, también, Harvey contempla cómo el neoliberalismo está produciendo formas cada vez más fascistas de autoritarismo. Trae a colación los casos de Estados Unidos, Brasil, India, Polonia, Hungría. “La respuesta es autoritaria. Y neofascista. Por eso es tan importante romper el espejo, no reproducir los moldes”, sentencia.

Precisamente es la última pregunta la que gira en torno a la posición ética de la academia frente a procesos como el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos o el Brexit en Inglaterra. Harvey responde como responde un marxista.

‘Me es incómodo hablar de esto como una cuestión de ética o moral. No es que sean irrelevantes, pero son temas que deben ser confrontados. Una de las fuerzas del análisis marxista, si uno lee los Manuscritos Económicos Filosóficos, es que Marx escribe como un humanista, un idealista, que interpreta la alienación como una separación entre lo mejor de nosotros y lo que somos forzados a ser en la sociedad capitalista. La posición idealista, que implica sí una ética y una moralidad, es muy fuerte en los escritos tempranos de Marx. Pero en algún punto se da cuenta que los asuntos con los que lidia están más allá de los compromisos éticos morales de los individuos. Requieren una transformación colectiva de los modos de producción’, replica. Pero avanza todavía más: no hay forma de conciliar el capitalismo con la ética si se atiende a las leyes coercitivas de la competencia.

El último ataque es a la mercantilización del mundo. Hasta los ambientalistas bonos de carbono son commodities. La posición revolucionaria, señala, pasa por reconocer la diferencia entre –página uno, tomo uno de El Capital– valor de uso y valor de cambio. Tras Thatcher, la vivienda se volvió una forma de acumular capital (y especular con él). Es un mito que lo privado funcione mejor que lo público, enfatiza.

¿Qué hacer? Sacar del dominio de las leyes coercitivas de la competencia a la vivienda, a la salud, a la educación (‘¡nunca debió estar en el mercado!’). Devolverles su calidad de público. Si no se hace, la desigualdad aumentará. Y con ella, el advenimiento del neofascismo tras el neoliberalismo. Que no se lo cuenten: Marx said it first.

Fuente: https://calderon094.wordpress.com/2018/11/08/david-harvey-no-creo-que-la-academia-sea-peor-que-una-corporacion-pero-tampoco-creo-que-sea-mejor/

David Graeber: “El mercado financiero es el principal creador de trabajos de mierda”

Por Quino Petit

Es uno de los líderes intelectuales del pensamiento radical contemporáneo. Anarquista ‘indie’, hijo de un miembro de las Brigadas Internacionales, formó parte del movimiento Occupy Wall Street y hoy imparte clases de antropología en la London School of Economics. Mordaz e implacable con el papel de los economistas antes y durante la Gran Recesión, ha escrito una provocadora obra que desbarata la idealización que las sociedades occidentales otorgan al empleo

David Graeber, neoyorquino de 57 años, es un anarquista que da clases en la London School of Economics. Un antropólogo outsider que imparte conocimientos en el templo de estudio del capitalismo global. Un profesor exiliado a la fuerza en Londres, desde que más de una veintena de universidades de su país rechazasen su currículo después de una abrupta marcha de Yale tras salir en defensa de un alumno que trataba de organizar un sindicato de estudiantes. Un académico provocador que ha escrito en sus ratos libres obras tan peculiares como En deuda (Una historia alternativa de la economía) y La utopía de las normas (De la tecnología, la estupidez y los secretos placeres de la burocracia). Un tipo, en definitiva, que se define a sí mismo como un workaholic confeso y ahora publica en España, de nuevo con la editorial Ariel, uno de los títulos más estimulantes de la temporada: Trabajos de mierda.

La génesis del nuevo libro de Graeber parte de un artículo que publicó en una revista alternativa en 2013. Pronto se viralizó a través de las redes sociales, se tradujo a 13 lenguas en un par de semanas y catapultó su popularidad entre las élites del pensamiento radical. Aquella aproximación al fenómeno de los trabajos de mierda —no confundir con los oficios basura— que pueblan, según su versión, distintas latitudes del planeta ha acabado convirtiéndose en un entretenido libro de más de 400 páginas donde su autor afirma, entre otras provocaciones, que cerca de la mitad de los empleos actuales podrían eliminarse sin que nadie notase nada. ¿La razón? Son absolutamente innecesarios por su tendencia a la burocratización y managerización de las organizaciones. “Tras haber preguntado a gente de diversos ámbitos qué hacen realmente en su jornada laboral, te das cuenta de la gran cantidad de tiempo que pierden en tareas que no sirven para nada. Keynes tenía razón: la jornada de 15 horas semanales es y debería ya ser viable y, por supuesto, sostenible. Todos tendríamos una vida mejor”.

David Graeber, retratado en la London School of Economics
David Graeber, retratado en la London School of Economics MANUEL VÁZQUEZ

Adscrito a corrientes de militancia anticapitalistas como Occupy Wall Street, de la que ha sido uno de sus líderes intelectuales, no resulta extraño que Graeber haya venido recientemente a Liverpool, al norte de Reino Unido, para impartir doctrina en los debates en torno al futuro de la izquierda organizados por Momentum, movimiento decisivo en el impulso del líder laborista británico Jeremy Corbyn. Estos encuentros, donde Graeber ha dejado su impronta anarquista con estética de rockero indie,han coincidido en el espacio y en el tiempo con el congreso anual del Partido Laborista, donde ha sido noticia la insistencia de la ambigüedad de Corbyn respecto a la posibilidad de celebrar un segundo referéndum sobre el Brexit y su petición de elecciones anticipadas si el plan de la primera ministra, Theresa May, fracasa en las tirantes negociaciones con la Unión Europea.

Más allá de que el Brexit cristalice finalmente en su forma dura o blanda, David Graeber manifiesta dudas sobre si, en efecto, llegará a materializarse. “Unas elecciones podrían poner en la mesa de las conversaciones con Europa a Jeremy Corbyn. Y él podría decir: yo represento lo contrario a lo que no os gustaba de los tories en esta negociación. Empecemos de nuevo”. Interpretando a la perfección el papel de profesor distraído, recién levantado a media mañana y sin desayunar, elegantemente despeinado; vestido con americana oscura, chaleco verde, camisa blanca con varios botones desabrochados, pantalones marrones y zapatos a juego un tanto desvencijados, todo de segunda mano y con marcado acento británico —“vivo de alquiler muy cerca de Portobello Road y compro toda mi ropa allí”—, Graeber toma asiento en el bullicioso lobby del hotel de Liverpool donde ha pasado la noche antes de intervenir en las charlas sobre el futuro de la izquierda.

¿Así que el 50% de los trabajos que tenemos son una mierda?

No lo sé de manera exacta, pero lo que sugiero con esa cifra es la cantidad de empleados que piensan que lo que hacen no sirve para nada. Para escribir sobre este tema he hablado con diversos tipos de trabajadores. Apenas un 15% o un 20% aseguraban ser felices con su labor. Y un 37% aseguraban que lo que hacían no contribuye absolutamente a nada. Es algo que sucede en muchas organizaciones del mundo. Si una enfermera pasa la mayor parte de su tiempo rellenando formularios en lugar de atender a los pacientes, se está desnaturalizando su esencia. Y cuando esa persona es consciente de la situación es cuando yo aplico la definición de trabajo de mierda.

Usted clasifica los empleos como “no demasiado”, “altamente” y “totalmente” merdosos. Nadie está a salvo.

Eso es. Yo también lo padezco. Hay decenas de obligaciones y papeleo que tengo que realizar y que hace cinco años nadie necesitaba. Cuanto más personal administrativo hay en una universidad y mayores puestos de supervisión se crean en diferentes niveles, mayor es la cantidad de burocracia que se demanda entre departamentos y menor el tiempo para investigar, dar clases y enseñar.

¿Cuánta mierda tiene usted que soportar en su puesto?

Es difícil de medir. En mi caso, creo que mi oficio no está mal. Pero soy un workaholic. Trabajo todo el tiempo. Y en mis ratos libres escribo libros.

¿Tiene familia?

No. Mis padres y mi hermano, mi familia en Estados Unidos, murieron. Me gustaría formar una algún día.

¿Y qué hace un anarquista en la London School of Economics?

Hay que trabajar. Después de que no me renovaran el contrato en Yale, mandé mi currículo a más de una veintena de universidades de Estados Unidos. Pero no me quisieron. Así que me vine a Reino Unido. La London School of Economics es una institución peculiar. Hay departamentos que no tienen nada que ver entre sí.

¿Había antecedentes relacionados con el pensamiento anarquista en su familia?

Mi padre fue miembro de las Brigadas Internacionales. Combatió en España durante la Guerra Civil y vivió en Barcelona. A los 16, me regaló un ejemplar de Homenaje a Cataluña, de Orwell. La mayor parte de la gente no piensa que el anarquismo sea una mala idea, sino una locura. Pero una de las cosas que aprendí de él fue que estas ideas no son un disparate, y que las personas pueden conducirse a sí mismas.

Ahora que vive en Reino Unido, ¿cuántos trabajos de mierda cree que dejará el Brexit? No lo sé, pero será lo mejor que les ha pasado nunca a los abogados. Habrá que reescribirlo todo, concebir nuevas leyes aquí y en la Unión Europea para un nuevo escenario. Aunque tampoco sé si el Brexit llegará a materializarse. No creo que los toriestuvieran claro lo que estaban haciendo cuando lo plantearon, a pesar de que lo llevaran a cabo. Hay muchos precedentes en la historia de este tipo de catástrofes. Miremos de nuevo a la Primera Guerra Mundial: ninguno de los actores tenía intención de hacer lo que anunciaban, a pesar de que siguieran adelante y pasara lo que pasó.

¿Le parece comparable el Brexit con la Primera Guerra Mundial?

Es la mejor analogía posible. Un escenario que también está lleno de tratados que nadie entiende, en el que nadie esperaba que sucediera lo que está pasando. No creo que la gente llegue a pelearse como en la Primera Guerra Mundial, pero los resultados serán catastróficos. Surgirán nuevas obligaciones, legislaciones complejas…. Por eso, si un colectivo saldrá ganando con el Brexit serán los abogados.

¿Cómo valora el papel que instituciones capitales como la London School of Economics desempeñaron antes del referéndum del Brexit?

Es un problema: resulta molesto que nos señalen cuando la mayoría de los estudiantes de esta universidad son de fuera de Reino Unido. Es una institución internacional. Y una de las cosas que me asustaron con el anuncio del ­Brexit es que hay una parte de financiación europea. Quizá pudo haber cierta complacencia antes del referéndum, pero tampoco nadie pensaba que Donald Trump ganaría las elecciones en Estados Unidos. Desde un movimiento como Occupy Wall Street, contra la corrupción del sistema político, intentamos advertir de que la gente estaba harta.

¿Quizá movimientos como Occupy Wall Street ayudaron a impulsar la ira necesaria para acabar votando a Trump?

No creo que tengamos ese poder. La ira de esos votantes ya estaba ahí. Nosotros decíamos lo que ningún medio de comunicación ni miembros de la clase política manifestarían jamás, a pesar de que todos lo piensen. Todo el mundo está de acuerdo en la corrupción de los sistemas políticos. Si no se brindan soluciones constructivas, la gente apostará por medidas destructivas. De ahí el avance de Gobiernos populistas elegidos democráticamente. Y el aumento de suicidios, asesinatos y sobredosis en países como Estados Unidos.

¿Cuánto podrían haber ayudado los economistas a entender lo que estaba pasando antes de la caída de Leh­man Brothers hace 10 años y del estallido de la Gran Recesión?

A veces a la gente le gusta hablar mal de los economistas basándose en la estupidez. No creo que la estupidez sea el problema, sino la corrupción. Prácticamente cada economista que no formaba parte de la estructura institucional sabía lo que iba a pasar. Era obvio. Pero el papel de los economistas era negarlo, porque para eso les pagaban.

David Graeber: “El mercado financiero es el principal creador de trabajos de mierda”

Y el mercado financiero es, según usted, el paradigma de creación de trabajos de mierda.

Sí, ahí es donde todo empieza. Si te dedicas a extraer riqueza y redistribuirla, no hay ninguna motivación para ser eficiente; cuanto más ineficiente eres, más puedes retener.

¿Por qué cree que no parece posible cumplir la profecía de Keynes en torno a la jornada de 15 horas semanales?

Hay varias razones. Por ejemplo, políticamente siempre se ha dicho que tener más empleos es algo bueno. Nadie dice que tenemos demasiados en nuestra sociedad. Siempre se elogia el valor de las familias que trabajan duro. ¿Y qué pasa con las familias que lo hacen con moderada intensidad? ¿No se merecen nada? Siempre ha existido una presión política hacia la creación de empleo. ¿Eso es prosperidad? Depende de lo que cada uno entienda por ese concepto, sobre todo si se valora el tiempo libre.

Pero usted precisamente se declara adicto al trabajo.

Yo dedico mi tiempo libre a leer y escribir libros, pero ahí no estoy trabajando para nadie que no sea yo. Y también disfruto mi oficio… Hay algo perverso en eso, la verdad. Aunque también pienso que mi labor crea un valor social. He recibido muchas llamadas de estudiantes años después de haber sido alumnos míos para darme las gracias por lo que aprendieron conmigo. No sé si a los banqueros les pasa mucho.

Entre los componentes de un oficio de mierda usted localiza las reuniones innecesarias, interrupciones absurdas, tiempo dedicado al correo electrónico… Quizá el foco debería ponerse entonces en la nefasta organización interna en las empresas.

Sí. Muchas compañías están especializadas en crear mierda interna. Cualquier organización lo hace. Y ante la presión de crear más empleos, todas tienden a engrosar sus plantillas con puestos que no son tan necesarios y crean más niveles intermedios.

Usted centra el tiro en los abogados mercantiles, pero muchos de ellos no consideran que el suyo sea un trabajo de mierda. Y, por supuesto, adoran sus ingresos.

Sobre todo los que están en el top del ranking.

¿Cree que solo la avaricia es la motivación de los trabajos de mierda?

En el caso de los abogados mercantiles, sí. Y luego está la mafia, que emplea directamente al diablo. Pero hemos de ser justos. Tampoco podemos señalar a quien dice que no podría desempeñar una función que genere beneficios sociales y a la vez pagar el alquiler.

¿Nos engañaron en la escuela cuando decían que seríamos mejores si trabajábamos duro?

Absolutamente. Predomina esa idea de que no eres una buena persona a menos que trabajes más de lo que realmente quieres. Hay estudios sociológicos que centran la mayoría de los valores occidentales en el empleo, pero al mismo tiempo la mayoría de la gente odia lo que hace.

Lacayos. Esbirros. Parcheadores. Marca-casillas. Supervisores. Son algunas de las categorías que emplea para asegurar que en los países occidentales, más que el capitalismo, predomina una especie de feudalismo medieval con incontables jerarquías entre propietarios y servidores. Pero quizás estamos algo mejor que en el medievo.

Hay ventajas y desventajas. Entre estas últimas destacan altos niveles de vigilancia y supervisión: se elogian aquellos puestos que toman decisiones por otros. Siempre se pensó que solo la gente que fabrica vasos debería dirigir a los que fabrican vasos: eso generaba cierta autonomía. Pero hoy se tiende a creer lo contrario: solo los licenciados en las escuelas de negocios pueden dirigir a cualquiera. Si hablamos de las ventajas de nuestro tiempo, hay algunos elementos de democracia, avances científicos…

Una receta para cambiar lo que no funciona está para usted en la renta básica universal, garantizada de por vida a todo el mundo, de manera que cada cual podría dedicarse a la poesía o a ser cantantes de rock. Más allá de la viabilidad de la propuesta y de que todo el mundo tenga talento para ser poeta, quizá ni siquiera así muchos llegarían a ser felices.

Lo que está claro es que un alto porcentaje de los empleados consideran que lo que hacen a diario no sirve para nada. Otra cosa son los trabajos peligrosos o desagradables pero necesarios, que deberían estar mejor pagados. Y también están los oficios necesarios a secas. La gran mayoría de quienes consideran su labor innecesaria son infelices. No solo en Occidente. He recibido testimonios parecidos de muchas partes del planeta. Quizá habría que ayudar a replantearse el significado del dinero.

Y luego están los que aman lo que hacen, aunque lo consideren una porquería.

Solo el 6%, según los estudios que manejo, están satisfechos con su puesto a pesar de que no encuentran ningún propósito en lo que hacen.

¿Cree que están manipulados por el mercado? ¿O por el 1% que acapara la mayor parte de la riqueza?

No, probablemente odien a sus familias. O algo parecido. En serio: el capitalismo descarrilará más temprano que tarde. Sucederá en 30, 40 o 50 años. Y eso no quiere decir que vendrá algo mejor. Puede ser algo incluso peor.

¿Cree que la vida es una mierda?

La vida es lo contrario. Por eso es tan absurdo pasársela pretendiendo parecer ocupado. El dependiente de una tienda que está la mayor parte del tiempo reorganizando estanterías hasta que entre un cliente, por el mero hecho de que su jefe crea que está ocupado, está convirtiendo su trabajo en una mierda. Se trata de un ejemplo que se puede aplicar en cualquier otro ámbito. Estamos encerrados en un círculo vicioso. Pasamos tanto tiempo currando duro, o haciendo como que curramos duro, que no sabemos qué pasaría si dejáramos de hacerlo. Desde la perspectiva liberal siempre se ha dicho que eso generaría más crimen y más drogadictos, que la gente no sabría gestionar tanto tiempo libre. Muy bien, metamos a la gente en prisión durante ocho horas al día. Total, es el mismo efecto que consiguen los empleos innecesarios. Esa es una de las razones del aumento de las depresiones: va contra nuestra naturaleza convivir con la moral que impone pasarnos ocho horas trabajando continuamente con independencia de que haya algo que hacer o no.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/10/10/eps/1539173321_857486.html

Bifo: “Nos volvemos brutales cuando no entendemos la relación entre la palabra y el cuerpo”

Conversamos con el filósofo Franco Berardi en el Bar de la Tribu. Las derechas actuales, un fascismo sin juventud y sin victoria, donde no hay nada que ganar. La sensibilidad como capacidad de entender la ambigüedad. El lenguaje sin afecto, causa de la precariedad. El general intellect encargado de desmantelar y repogramar la máquina global. El problema político de reactivar la conjunción erótica de cientos de millones de cuerpos cognitivos.
Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22126

Richard Stallman: “Internet en China es una herramienta de vigilancia masiva al servicio de una tiranía total”

Entrevista a Richard Stallman

Por Rafael Sotelo

Líder del movimiento de software libre, Presidente de la Free Software Foundation, Creador del Proyecto GNU… Richard Stallman (Nueva York, 1953) es, sin duda, la referencia mundial en el ámbito del software libre.

Un experto con décadas de trabajo a sus espaldas que se ha convertido en la cabeza visible de un movimiento con millones de seguidores en todo el mundo, que parte de un cambio radical en la forma de entender  la creación y distribución de programas informáticos. Tal y como explican en la web de GNU: “los usuarios tienen la libertad de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, modificar y mejorar el software. Es decir, el software libre es una cuestión de libertad, no de precio”.

Richard Stallman será uno de los ponentes estrella del próximo Librecon 2018, que se celebrará el 21 y 22 de noviembre en el Palacio Euskalduna de Bilbao, donde hablará sobre las metas y la filosofía del movimiento del Software Libre. Aprovechando su presencia en Librecon, hemos hablado con él.

Entrevista a Richard Stallman

– ¿Por qué todavía hay tanta gente que desconoce qué puede ofrecerles el software libre?

Sólo puedo especular.

Especulo que esto se debe al poder financiero y publicitario de empresas como Apple, Microsoft, Google, Amazon y
otros. Ellos pagan para que los sistemas se configuren para presionar a las personas a abandonar su libertad y privacidad.

– ¿Se equilibrarán algún día las fuerzas entre el software libre y el propietario?

No quiero que se “equilibren”: quiero derrotar al software privativo y eliminarlo. El software privativo hace injusticia a sus usuarios, por lo tanto no debería existir.

– Hubo un momento en que las administraciones públicas de España pensaban que el software libre era una gran opción para ellos. Sin embargo, parece que esos días son historia ¿Qué papel deben asumir las instituciones públicas en el desarrollo del software libre?

Cada agencia pública existe para la gente y opera para la gente. En particular, hace su trabajo de computación para las personas. Por lo tanto tiene la responsabilidad, hacia la gente, de mantener el control total sobre ello. Eso implica usar solo software libre (de hecho, solo sus propias copias de software libre). Una agencia pública nunca debe dar el control a ningún tercero externo o privado sobre la computación que hace para la gente.

– IBM ha gastado 34.000 millones de dólares para comprar Red Hat. ¿Qué piensas sobre esta operación? ¿Qué impacto crees que puede tener para IBM y la industria en general?

No lo sé. IBM podría mejorar Red Hat o empeorar las cosas. A priori, espero que una gran empresa empeore las cosas en general, pero eso es sólo una conjetura.

– Eres un gran defensor de las libertades, y has hablado en más de una ocasión sobre la necesidad de defender la libertad de nuestra vida digital. ¿En qué punto estamos ahora? ¿Cuál es la mayor amenaza para esta libertad?

Creo que estamos al borde de la represión digital total. Viene principalmente de tres fuentes:

  • Software no libre, ya que pone al desarrollador en una posición de poder sobre los usuarios.
  • Vigilancia de conexiones y actividad en internet de personas.
  • Otros sistemas de vigilancia masiva, incluyendo cámaras en la calle que reconocen las placas de los coches y las caras de la gente ¿Pensabas que las leyes contra cubrirse la cara eran una amenaza a los derechos humanos solo para las mujeres musulmanas? Si es así, ¡piénsalo de nuevo!

¿Qué piensas de iniciativas como Sesame Credit en China? ¿Crees que podría extenderse a otras partes del mundo?

Es parte de la represión digital total que temo. Otros países están trabajando en el mismo sentido, aunque de una forma menos centralizada.

– Recientemente, el ex CEO de Google, Eric Schmidt, predijo que Internet se dividiría en dos grandes bloques, uno dominado por China y el otro por Estados Unidos. ¿Qué piensas acerca de esto?

Internet en China es una herramienta abierta de vigilancia masiva al servicio de una tiranía total. Internet en los Estados Unidos es también una herramienta de vigilancia masiva. Si queremos alguna diferencia significativa entre
Estados Unidos y China, debemos eliminar la vigilancia. No solo regularla, sino eliminarla.

– Imagina que pudiésemos viajar en el tiempo hasta 1985, el año del Manifiesto GNU. ¿Qué consejo le darías al Richard de esa época?

Crea un kernel monolítico.

– Hagamos un poco de futurología, ¿qué titular te gustaría leer dentro de un año en Marketing4eCommerce?

  • Las 10 webs más populares pueden ser utilizadas con Javascript deshabilitado, y soportan el pago anónimo vía GNU Taler 
  • Intel anuncia que los procesadores del futuro podrán funcionar sin activar la puerta trasera de su Management Engine.

Cuestionario rápido a Richard Stallman

– ¿Tienes cuenta en alguna red social?

Alguien configuró un bot que reenvía las publicaciones en stallman.org a Twitter.

– IOS, Android o …?

¡Absolutamente no! Esos son sistemas operativos no libres, así que no tendré ninguno en mi computadora. Tampoco tendré Windows, MacOS o ChromeOS. No ejecuto NINGÚN software no libre en mi computadora. Incluso el software de arranque es libre (uso LibreBoot). No cambiaré mi libertad y mi privacidad para tener una mayor comodidad.

– ¿Aplicación o web mobile? 

Ninguno. Básicamente, no puedo ejecutar ninguna aplicación, ya que requieren sistemas operativos no libres que me niego a utilizar. Y la mayoría de ellos no son libres.

Puedo mirar sitios web simples, pero los complejos envían software no libre al navegador del usuario de forma silenciosa. Este software está incluido en las propias páginas web. Ya que me niego a ejecutar software no libre, utilizo un navegador (IceCat) que incluye LibreJS. LibreJS detecta código JS no libre, y lo bloquea.

– ¿En qué comercio electrónico y cuánto tiempo hace de tu última compra online?¿Qué fue?

Hace unos 10 años, renovando el dominio stallman.org. Decidí que estaba bien usar una tarjeta de crédito para eso porque el dominio está a mi nombre. En ese momento, creo que no era necesario ejecutar ningún código JS no libre.

– ¿Último libro leído?

La onda cerebral, de Poul Anderson

– ¿Qué sitio web has encontrado últimamente que te ha sorprendido?

El ACM (Association for Computery Machinery) me envió una encuesta en su sitio web, y pude realmente responder a las preguntas. En el lado contrario, surveyMonkey requiere software no libre para algunos aspectos. Básicamente, siempre fallan.

– ¿Qué es lo que más te gusta hacer que no tiene nada que ver con lo digital?

Me encantaba hacer danza folclórica internacional hasta que una lesión me obligó a dejar de hacerlo.

– Construyamos una cadena mágica: ¿A quién crees que deberíamos entrevistar?

Sugiero entrevistar a Luís Falcón, desarrollador de GNU Health.

Fuente: https://marketing4ecommerce.net/richard-stallman-internet-en-china-es-una-herramienta-de-vigilancia-masiva-al-servicio-de-una-tirania-total/