La banalización de la izquierda

Por Raúl Prada Alcoreza

El refrán que aprendí de mi padre es una verdad exagerada deja de ser verdadera; también se podría decir que una verdad exacerbada se convierte en una impostura. La paradójica historia de la izquierda parece corroborar ambos refranes. Sobre la base de la denuncia de la injusticia y su interpelación, la izquierda se presenta como alternativa de los condenados de la tierra, de los y las explotadas, de los y las discriminadas; es decir, sobre la base del reconocimiento y la descripción de la evidencia de la injusticia social, económica, política y cultural. Sin embargo, esta verdad histórica, social, económica y cultural ha sido inflamada de tal modo que la evidencia insoslayable se convierte en la premisa forzada de la proposición de que los condenados de la tierra y los y las explotadas requieren de voceros, intelectuales, ideólogos, vanguardias, que hablen por ellos y los representen, incluso que inoculen la consciencia de clase para sí. En otras palabras, se exige que los y las desposeídas y explotadas, las clases subalternas, elijan, como representantes del proletariado, en genérico, del pueblo, a los portavoces de la clase y del pueblo, que no necesariamente son proletarios o pobres, sino hombres esclarecidos en la lucha de clases. Esta sustitución política, que ya es una exageración, pues no se explica cómo intelectuales no proletarios pueden representar al proletariado; es el comienzo de la historia paradójica de la izquierda, es más, con el correr del tiempo, la historia de la banalización de la izquierda.

Hablamos de la historia política cuando la izquierda toma el poder, lo ejerce, los usa y termina siendo una maquinaria indispensable en la reproducción del poder. Hablamos de la historia cuando la izquierda llega a ser gobierno y ejerce, o trata de hacerlo, gubernamentalidad; por lo tanto, captura fuerzas y conduce fuerzas mediante los dispositivos institucionales. Entonces la izquierda ejerce el dominio sobre otros conjuntos de fuerzas; en otras palabras, domina, ejerce dominación. El problema se agrava cuando se ejerce la dominación contra el mismo proletariado, es más, contra el mismo pueblo, al que se dice liberar. Es cuando la verdad se exacerba convirtiéndose en una excusa para dominar a secas, para justificar la dominación ejercida, incluso, sin mucho miramiento, para justificar el nacimiento, enriquecimiento y consolidación de un nuevo estrato social privilegiado, la jerarquía burocrática, que ya no se distingue de la burguesía, salvo por los estilos y las premuras de un enriquecimiento exponencial.

El refrán que aprendí de mi padre es una verdad exagerada deja de ser verdadera; también se podría decir que una verdad exacerbada se convierte en una impostura. La paradójica historia de la izquierda parece corroborar ambos refranes. Sobre la base de la denuncia de la injusticia y su interpelación, la izquierda se presenta como alternativa de los condenados de la tierra, de los y las explotadas, de los y las discriminadas; es decir, sobre la base del reconocimiento y la descripción de la evidencia de la injusticia social, económica, política y cultural. Sin embargo, esta verdad histórica, social, económica y cultural ha sido inflamada de tal modo que la evidencia insoslayable se convierte en la premisa forzada de la proposición de que los condenados de la tierra y los y las explotadas requieren de voceros, intelectuales, ideólogos, vanguardias, que hablen por ellos y los representen, incluso que inoculen la consciencia de clase para sí. En otras palabras, se exige que los y las desposeídas y explotadas, las clases subalternas, elijan, como representantes del proletariado, en genérico, del pueblo, a los portavoces de la clase y del pueblo, que no necesariamente son proletarios o pobres, sino hombres esclarecidos en la lucha de clases. Esta sustitución política, que ya es una exageración, pues no se explica cómo intelectuales no proletarios pueden representar al proletariado; es el comienzo de la historia paradójica de la izquierda, es más, con el correr del tiempo, la historia de la banalización de la izquierda.

Hablamos de la historia política cuando la izquierda toma el poder, lo ejerce, los usa y termina siendo una maquinaria indispensable en la reproducción del poder. Hablamos de la historia cuando la izquierda llega a ser gobierno y ejerce, o trata de hacerlo, gubernamentalidad; por lo tanto, captura fuerzas y conduce fuerzas mediante los dispositivos institucionales. Entonces la izquierda ejerce el dominio sobre otros conjuntos de fuerzas; en otras palabras, domina, ejerce dominación. El problema se agrava cuando se ejerce la dominación contra el mismo proletariado, es más, contra el mismo pueblo, al que se dice liberar. Es cuando la verdad se exacerba convirtiéndose en una excusa para dominar a secas, para justificar la dominación ejercida, incluso, sin mucho miramiento, para justificar el nacimiento, enriquecimiento y consolidación de un nuevo estrato social privilegiado, la jerarquía burocrática, que ya no se distingue de la burguesía, salvo por los estilos y las premuras de un enriquecimiento exponencial.

La genealogía de esta izquierda en el poder la ha convertido, lo que era la convocatoria y el imaginario romántico de la rebelión, en una formación discursiva cuyos significantes se desligan de los significados que guarda la memoria de las luchas, cuyas significaciones ya son otras, mas bien, pragmáticas. La formación discursiva se vuelve fofa, es notoriamente recurrente y, por esa reiteración repetitiva se desgasta y cae en la letanía del aburrimiento. El discurso de izquierda ya no convoca, sino que sirve para mantener un sonido, el de la inercia. Se llega al extremo o al colmo que hombres que se reclaman de “izquierda” terminan haciendo lo mismo que los hombres tildados de “derecha”, incluso peor, lo mismo incrementado. En efecto, en estas condiciones ya no se puede distinguir qué es “izquierda” y qué es “derecha”. Salvo la procedencia de la acusación.

Cuando se han padecido estos gobiernos de “izquierda”, se puede sacar una conclusión práctica: la mejor propaganda para la “derecha” es esta “izquierda” en el gobierno. Esta “izquierda” gubernamental demuele la utopía romántica y el proyecto revolucionario. El vaciamiento de los contenidos es tan profundo que de la utopía no queda nada, salvo el borroso recuerdo de una ilusión adolescente; de la revolución y de lo revolucionario no queda nada, salvo fotografías del momento de entusiasmo de la rebelión social. Esto es como quedarse con las imágenes de las cenizas después del incendio social.

Los resultados electorales en Brasil dan un panorama extremadamente grave de la decadencia política; la decadencia política de la “izquierda”, que ha degrado al máximo el sentido de la revolución, independientemente que sea ésta una verdad histórica o no. Vació de todo contenido a la utopía emergida como proyecto de la sociedad alterativa. La gravedad de la situación radica, que el pueblo, no solamente desencantado del PT y de su líder sindical, sino avergonzado de haber tenido como representantes a una burguesía sindical financiera, embarcada en la extensiva red clientelar y prebendal en el país mais grande do mundo, empantanado en la galopante corrupción del Estado federativo y las empresas públicas. Esta experiencia política catastrófica llevo incluso a parte del pueblo a votar por un candidato que reúne todos los rasgos y características del conservadurismo más recalcitrante de la oligarquía café con leche y de la dictadura militar. El espectro anacrónico colonial que el mismo pueblo odia. Esto quiere decir que la atroz experiencia del PT en el gobierno ha demolido las capacidades de lucha, de autodeterminación y de movilización del pueblo. La derecha más ultramontana debe agradecer a Luiz Inácio Lula da Silva y a Dilma Rousseff, así como a sus gobiernos, por haber empujado al pueblo al desaliento y a la desolación política, como para que terminen, en plena crisis existencial, a votar por un candidato del fascismo criollo latinoamericano.

Si la experiencia de los “gobiernos progresistas” empuja al pueblo, en el momento de desolación, desesperanza y desencanto, a votar por un candidato recalcitrantemente conservador, la antípoda de lo nacional popular, quiere decir que el mejor camino a gobiernos de “derecha” son estos atajos de gobiernos de “izquierda”. Seguramente, como los ideólogos liberales se adelantaron, se llegue a afirmar que los gobiernos de “izquierda” demuestran la inviabilidad del “socialismo”. Añadiéndole, además, que no pueden instaurarse y gobernar sino como “dictadura”. Lo que no dicen estos ideólogos liberales, a quienes no les faltan argumentos descriptivos, aunque develen la ausencia de una explicación completa, es que la inviabilidad también se demuestra respecto a ideal liberal. El pragmatismo de los gobiernos liberales ha sacrificado el ideal liberal; en esto se parecen a los “gobiernos socialistas”, también pragmáticos, que han sacrificado el ideal socialista por transiciones dramáticas, que se asemejan a despotismos anacrónicos y a monarquías barrocas “socialistas”.

Si algo nos muestra el mundo de las mallas institucionales estatales es que lo ideal, producto de la razón, no cabe en este mundo pragmático, se trate de un “Estado liberal” o de un “Estado socialista”. Cuando aparecen estos termidorianos, que más se parecen a las versiones de cine del exterminador, ideólogos liberales e ideólogos socialistas se quedan asombrados, sin poder responder ni explicarse este fenómeno político del fascismo criollo, que irrumpe anacrónicamente en el escenario moderno. Esto parece que pasa en situaciones de profunda crisis institucional, ideológica, política y cultural. Cuando la promesa liberal del “desarrollo” no tiene asidero, tampoco la promesa de justicia social de la izquierda, cuando el pueblo, agobiado por la cruel realidad del ejercicio de poder, ya no quiere escuchar promesas y opta por la ausencia de las mismas, desesperado se lanza al apocalipsis, que considera como una catarsis del castigo cosmológico, quiere limpieza total.

Descripción de la primera vuelta electoral en Brasil

La BBC mundo hace un balance somero de los resultados de la votación de la primera vuelta electoral en Brasil. Vamos a acudir a este balance para partir de esta descripción y buscar interpretaciones de lo acontecido.

Una gran mancha verde con un reducto rojo y una anomalía amarilla.

Es una de las formas en las que se pueden analizar los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil, en las que el candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro se hizo con más del 46% de los votos. El verde muestra los estados en los que ganó Bolsonaro y su partido, el PSL (Partido Social Liberal): un total de 17. Bolsonaro fue primero en 4 de las 5 regiones en las que se divide Brasil y se hubiera declarado ya presidente de Brasil si no fuera porque Fernando Haddad, candidato del izquierdista Partido de los Trabajadores, venció en 8 de los 9 estados de la región Nordeste del país y en Pará, en el norte.

Así, Nordeste se convirtió en el “último reducto de la izquierda”, tal y como destaca este lunes el diario brasileño O Globo. Gracias a ese apoyo, con el 29% de los votos Haddad disputará la segunda vuelta. Pero no lo tendrá fácil: solo aglutinando una gran coalición anti-Bolsonaro lograría vencer en esa segunda ronda, que se celebrará el 28 de octubre.

Brecha existente

A pesar del terremoto político que supone la victoria de un candidato calificado de racista, misógino y homófobo, y defensor de la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, la brecha territorial que muestran los resultados no es nueva, aunque se ha agudizado. Hasta 2002, la mayoría de los estados brasileños votaban de forma más homogénea. Pero a partir de 2006, cuando el entonces presidente Lula da Silva se presentaba a la reelección, las distintas regiones pasaron a votar con patrones diferentes. Ese año, el PT lideró en todo el Nordeste, parte de la región Norte, Minas Gerais y Río de Janeiro, entre otros. Por otro lado, el PSDB (El Partido de la Social Democracia Brasileña que en estos comicios obtuvo los peores resultados de la historia con el 4,7% de los votos) estaba entonces al frente de Sao Paulo, en el Centro-Oeste, y de parte de las regiones Sur y Norte. En líneas generales, ese patrón se mantuvo hasta el 2014. La principal diferencia con estos comicios fue la sustitución del PSDB por el PSL, al cual Jair Bolsonaro se afilió en el mes de marzo. Y el segundo cambio más importante fue la reducción del área de influencia del PT. En las elecciones de 2014, el partido de Lula da Silva, afectado por numerosos casos de corrupción, ganó en 15 estados. En 2010, fueron 18. En esta ocasión fueron solo 9.

Transferencia de votos

De esta forma, la gran mayoría de los votos a Bolsonaro fueron en las regiones del Sur y el Sudeste, donde viven el 58% de los electores. Pero sus resultados en la región Nordeste no fueron buenos. Allí, el exmilitar conquistó solo el 15% de los votos. Haddad, al contrario, se hizo con el 46% de sus votos en el Nordeste, más de lo que obtuvo en el Sur y en el Sudeste juntos, beneficiándose claramente de una transferencia de votos de Lula da Silva, primero, y Dilma Rousseff, después. “Durante el gobierno de Lula creció la economía, en parte por el boom de las materias primas en el mundo. Su gobierno creó algunos programas sociales centrados en los pobres, por ejemplo, para lidiar con el hambre, y creando más oportunidades para que pudieran llegar a la universidad”, asegura Adriano Brito, editor de BBC Brasil. “Algunas de las ciudades más pobres del país están en el Nordeste, así que algunos votantes se mantienen leales a Lula, a pesar de las acusaciones de corrupción”. Algunos medios brasileños señalan que, tras conocerse los resultados, grupos de Whatsapp y Facebook se llenaron de mensajes contra los habitantes del Nordeste, acusándolos de ser receptores de ayudas sociales y de trasladarse a otros estados para buscar trabajo. La anomalía amarilla refleja la victoria del candidato del centroizquierda Ciro Gomes en Ceará, su estado, donde ha sido gobernador él y también su hermano Cid Gomes[1].

El 46% de la votación para Jair Messias Bolsonaro habla de que la mayoría votó por este candidato, tipificado como de ultraderecha; que Fernando Haddad haya logrado el segundo lugar con el 29% es una derrota para el PT, que estuvo ganando las elecciones nacionales de una manera consecutiva. Si es cierto que la victoria de Bolsonaro no le alcanza para llegar al gobierno en la primera vuelta, que esta obligado a la concurrencia de una segunda vuelta, no se puede ocultar el sorprendente asenso de la votación del conservadurismo recalcitrante, asenso que implica, por lo menos, momentáneamente, ser la primera fuerza electoral. También es una derrota, esta vez catastrófica para el Partido de la Social Democracia Brasileña, que en estos comicios obtuvo los peores resultados de la historia con el 4,7% de los votos. Es decir, que no es tan objetivo decir que hay como una “polarización” de las tendencias políticas en el Brasil; lo que se observa, mas bien, es un dramático asenso de la “derecha” más conservadora brasilera y un retroceso notorio de la convocatoria del PT, incluso una abismal caída de lo que se puede calificar como centro político. Se evidencia una marcada derechización de la votación. Sin dar más vueltas, de una manera descriptiva se debería decir que se trata de una contundente victoria de la “derecha”, incluso de la “derecha” más recalcitrantemente conservadora. Aunque haya una segunda vuelta estos resultados no se borran, cualesquiera sean los resultados de la segunda vuelta.

Los análisis de izquierda, de los intelectuales de izquierda, de los progresistas, incluso las aseveraciones de parte de los medios de comunicación, que hacen patente su asombro, dejan mucho que desear. Ha ganado la “derecha” y ha sido derrotada la “izquierda”, aunque ésta sea una impostura política, como ya hicimos notar en anteriores ensayos. También ha sido derrotado el centro pragmático y oportunista, de “izquierda” y de “derecha”. En estas votaciones, prácticamente ha desaparecido el centro; lo que tenemos en el mapa político transversal es un desplazamiento del campo político hacia la “derecha” y un vaciamiento estadístico de la “izquierda”, que lucha por sobrevivir en el mapa político. Esta es la descripción de la que debemos partir para intentar un análisis de la situación y de la crisis política.

Bolsonaro fue primero en 4 de las 5 regiones en las que se divide Brasil, ganó en 17 estados; el Partido de los Trabajadores venció en 8 de los 9 estados de la región Nordeste del país y en Pará, en el norte. Geográficamente, la “derecha” domina la representación del espacio político del Estado Federal de Brasil. La “izquierda” se ha reducido al nordeste. Este es el dato de la geografía política del momento. No se puede eludir la derrota de la llamada “izquierda” ni por los resultados demográficos, ni por los resultados geográficos. Los analistas de izquierda creen que, con la relativización de los datos, por ejemplo, cuando se habla de “polarización”, se salvan de la flagrante derrota política. Antes dijimos que no hay peor defensa que evitar la crítica; podríamos añadir que no hay peor defensa que relativizar la derrota. Esta “izquierda” se expone, se hace más vulnerable, se prepara a construir nuevas derrotas.

Para la segunda vuelta el PT convoca a una alianza anti-fascista, quizás no solo de “izquierda”, sino también de centro, para ganar a Bolsonaro, dicen, para defender la “democracia”. El problema es que el PT es parte de la banalización de la izquierda, de la degradación del mito y el simbolismo cultural de la figura romántica de revolución. ¿Cómo pueden ser convincentes cuando hablan de “defender la democracia”? Si las prácticas de la burguesía sindical se han encargado de corroer la institucionalidad democrática formal. El llamado del PT es desesperado. ¿Cómo puede reclamarle al pueblo defender las conquistas del “proceso de cambio” cuando lo que han manifestado es la galopante corrupción, que ha carcomido la fortaleza del partido de masa de los trabajadores, es más, del Movimiento sin Tierra, el movimiento campesino más grande del mundo, una sociedad alternativa dentro de la sociedad brasilera? Parte del pueblo considera, lo ha dicho, que ha dado un voto castigo al PT, precisamente porque dice que no quiere votar por la corrupción. Logren o no esa alianza anti-fascista para enfrentar a Bolsonaro en la segunda vuelta, lo ineludible es que el PT, en las gestiones del “gobierno progresista”, ha castrado las capacidades de lucha del pueblo, ha debilitado las fuerzas de la multitud, que apostaron, a través de la movilización y la convocatoria social, a la alternativa democrática de justicia social.

Si bien puede ser cierto que la victoria de la ultra-derecha es momentánea, que se debe a la crisis política y del Estado-nación, a la que arrastró la burguesía sindical y sus prácticas prebéndales, además del desenvolvimiento de la formación de un nuevo estrato, sindical, de la burguesía brasilera, coaligada con el capital financiero y con el capitalismo extractivista, a pesar de las tres revoluciones económicas, la industrial, la tecnológica-científica, la cibernética, lo que no se puede eludir es que esta práctica de gobierno, este ejercicio del poder, por parte del PT, ha demolido a las fuerzas populares, por lo menos en las coyunturas del presente. Rearmar al bloque social no implica, ni mucho menos, conformar una alianza anti-fascista electoral, lo que de por sí es una caricatura política para enfrentar la derrota de la forma de gubernamentalidad populista, progresista y clientelar, al avance convocativo de la “derecha” puritana, sobre todo a la reorganización política de la ultra-derecha, no solo en el Brasil, sino en el mundo.

Ciertamente sería inútil intentar convencer a la “izquierda”, embarcada en esta simulación revolucionaria de los “gobiernos progresistas”, sobre la necesidad de una autocrítica y una evaluación crítica de lo acontecido; sería una perdida de tiempo, pues esta “izquierda” se encuentra atrapada en la perspectiva ideológica, convencida de su verdad. Cuando se trata de explicar sus derrotas acude a las teorías de la conspiración, elementales esquematismos basados en la simpleza dualista del amigo y enemigo, esquematismo que se convierte en el dualismo grosero del bueno y el malo. No es pues con esta “izquierda” con la que hay que comunicarse, que forma parte de los dispositivos del círculo vicioso del poder, aunque sean una versión del discurso de la justicia social, que pretende contrastarse con el discurso “técnico” neoliberal del mismo círculo vicioso del poder. La urgente comunicación es con las multitudes que conforman el pueblo, en sus complejas dinámicas sociales. De lo que se trata es de activar la potencia social, la potencia creativa de la vida.

Notas

[1] Leer Brasil: el mapa que muestra la división política del país en dos (y el único estado donde no ganaron ni Bolsonaro ni Haddad).

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45787273.

Silvia Federici: “El feminismo debe dar una respuesta contundente a esta nueva caza de brujas que es parte del programa de las agencias internacionales”

Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta

“Necesitamos capacidad de construir redes de apoyo y de defensa, de conocimientos; son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas”.
Silvia Federici

En el marco del Diplomado Repensándonos desde la economía feminista emancipadora organizado por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el grupo de trabajo CLACSO Economía Feminista Emancipatoria en San Cristóbal de las Casas, México; la escritora y activista feminista Silvia Federicidictó el seminario: “Una mirada feminista sobre el imperio global norteamericano”. La semana entrante estará realizando charlas en Argentina, pero aprovechamos la oportunidad para conversar con ella sobre algunas preocupaciones de la realidad de Argentina y la Región.

—En función de tus análisis sobre los ajustes estructurales y el FMI como instrumento de los mismos, ¿cómo crees que va a impactar el nuevo acuerdo con Argentina en la vida de las mujeres?

—Tenemos un montón de evidencias que muestran que la Política de la Austeridad que el FMI ha impuesto por décadas a gran parte de la población del mundo, sobre todo a los países que salían del colonialismo, ha impactado en mayor medida en las mujeres, porque con la intensificación del trabajo han intentado reabsorber la crisis de la reproducción de sus familias y sus comunidades. La suba de los precios significa más trabajo para la mujer, buscar lugares donde los precios son más bajos para compensar lo que no pueden comprar.

La política de imponer la privatización, dar acceso al agronegocio y a las compañías mineras extractivistas, se transforma no solo en un deterioro del medio ambiente, sino en más trabajo y preocupación en las mujeres para garantizar un poco de seguridad a su familia. La baja en los salarios y el empleo, significó que muchísimas mujeres tengan la necesidad de migrar, con los peligros que eso implica, o la necesidad de buscar otro trabajo fuera de la casa, en empleos informales que han incrementado su riesgo porque están todo el día en la calle, expuestas a la competencia de otros vendedores, enfrentándose a la policía. Sin dudas ha incrementado la violencia contra las mujeres, y por eso, yo creo que las mujeres tienen un compromiso más fuerte en la lucha contra estas agencias internacionales representantes del capital internacional que están empobreciendo el mundo, que crean un mundo dominado para la violencia y donde no dejan posibilidades de planear un futuro, obligando a una vida consumada en el trabajo.

silvia-federici-exponiendo-Nacho-Yuchark-lavaca-feminismo-02
(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

—En este contexto de ajuste neoliberal, también se está dando el avance de los fundamentalismos religiosos en América del sur; ¿qué lectura hacés de esto, sobre todo en Argentina, que tanto desde la Iglesia Católica como desde las Iglesias Evangélicas, en los últimos tiempos vienen sosteniendo campañas y movimientos como “con mis hijos no te metas” o “salvemos las dos vidas”?

—Es clara la inversión y la expansión de las sectas pentecostales en cualquier parte del mundo, en el marco de la política de la globalización. Es preocupante cómo la expansión de la relación capitalista, la utilización de las medidas de producción, el extractivismo y la política de la austeridad ha sido aplicada en diferentes partes del mundo, conjuntamente con la llegada de fundamentalistas; yo lo llamo una inversión, que nos recuerda los misioneros que acompañaron la primera conquista. Han servido para dividir, para canalizar la energía de la protesta, para poder controlarla, para dividir las comunidades, diciendo: “Si tú eres pobre, lo eres porque alguna/o está conspirando en tu comunidad, está Satanás, está el pecado”. Proponen una versión neoliberal calvinista que dice que todos somos pecadores, han introducido de nuevo la imagen de Satanás, del infierno, de que somos pecadores, creando divisiones, también con el poder del dinero porque llegaban a comunidades que se estaban desestructurando por el extractivismo, por la política de la austeridad, donde la solidaridad estaba disminuyendo y ellos traían una visión muy fea de que son los seres humanos y las relaciones sociales lo que lo generó, sembrando sospechas, criminalizando formas de conductas muy cotidianas y tradicionales, como por ejemplo las varias formas de actividades que las mujeres curanderas han hecho a lo largo del tiempo. En algunas comunidades de aquí ya se dice “somos tan pobres que tenemos una maldición”, no se dice “es por el fondo monetario”, “es por la mina”; se dice “es una maldición” y acusan a personas de ser satánicas.

Estas actividades de las sectas fundamentalistas son parte integrante de las políticas neoliberales, dividen a la gente, ocultan los problemas reales con el discurso del pecado. Esta inversión de la secta pentecostal ha sido muy planeada, programada y manipulada desde arriba, por ejemplo, es clara la complicidad y la intervención de grupos políticos de la derecha de los Estados Unidos, los primeros fundamentalistas, las primeras sectas que llegaban a África y a Latinoamérica, llegaban directamente de Washington como parte de un proyecto político, como siempre he dicho en mi trabajo, no es suficiente desplazar a la gente; junto con el desplazamiento es necesario sembrar una ideología que paralice, que divida, que bloquee la protesta. El uso de la religión ha sido muy eficaz; es el mismo discurso ya sea la Iglesia Católica o la iglesia que sea, han comprendido que la religión es fundamental para disciplinar a las mujeres, su cuerpo, su sexualidad, por la disciplina general de la sociedad, por el trabajo, quién puede reproducirse y quién no, cómo y en cuál manera, su sexualidad es la forma de ser autónoma o no serlo, servir a los hombres o no hacerlo. La religión crea toda una disciplina para la mujer que es también una disciplina laboral, que sirve para la organización capitalista que incrementa la ganancia, la capacidad de imponer un régimen de trabajo siempre más intenso.

La denuncia de esta forma de control sobre las mujeres, de esta ideología, de la práctica que están armando, debe ser parte importante de la agenda feminista; estudiar cómo se están organizando, dónde y de qué forma. Yo he empezado a estudiar estas prácticas de las sectas pentecostales a partir de mi experiencia en África, particularmente en Nigeria, pero también he visto que en otras partes de África, siempre con la llegada de estas sectas fundamentalistas, empezaba una nueva persecución de mujeres acusadas de ser brujas. Se habla hoy de miles y miles de mujeres quemadas por ser “brujas”. Yo he escrito un artículo en 2008 Globalización, Caza de brujas y solidaridad feminista en el África de hoy, que da una visión general de esta nueva caza de brujas en África y en India, pero hoy me sigue preocupando que esta caza de brujas se está expandiendo, ya hay casos en América Latina, de mujeres acusadas porque son curanderas, como me han comentado unas compañeras.


Estos fundamentalismos religiosos no son la causa principal, son un instrumento de un proyecto político del despojo, de la privatización, del control siempre más expandido, de las corporaciones, del bissness, sobre la naturaleza, los bosques, medidas para parar la lucha, para dividir la gente, para que se maten unos con otros, se acusen unos con otros, todavía tiene un papel importante. Es parte de una agenda internacional, es un continuo, es la forma más contundente de toda una política, que en Argentina llega con la discusión del aborto, es muy importante denunciar que estos movimientos religiosos no se preocupan por la mujer, se preocupan del feto, de la vida solo cuando está en el vientre de la mujer, porque no les cuesta nada preocuparse, y usan esta preocupación para disciplinar a las mujeres. No les importa nada la vida de nuestros hijos e hijas, cuando el gobierno de la Argentina desvaloriza la moneda un 40%, entonces: ¿qué van a comer estos niños/as? ¿qué es la defensa de la vida? Se debe denunciar a esta iglesia pedófila, no tienen ninguna legitimidad esta jerarquía de hombres potentes y perversos, que desde el medioevo hasta ahora, han sido la piedra fundante del sistema feudal y capitalista.


—A propósito del W20 que se realizó en Argentina, ¿se puede pensar en un feminismo de Estado que busca instrumentalizar la potencia de los feminismos autónomos, anticoloniales y anticapitalistas de la Región?

—El capitalismo en el tiempo debe armar estrategias diferentes, darle al viejo sistema de explotación una nueva cara, esperando engañar a la gente; el ajuste estructural, el NAFTA, la guerra contra la droga ninguna es bastante, la gente se organiza y protesta. La idea de la emprenditorialidad es una continuación y una repetición de lo que han hecho las Naciones Unidas, de entrampar a las mujeres con ciertas imágenes; hace tiempo era la emancipación, ahora el emprendedurismo. La supuesta emancipación ha significado el involucramiento de las mujeres en empleos en miles de maquilas que destruyen su cuerpo, sus relaciones sociales, su vida; la política de austeridad, es una vida sin futuro. Y ahora la emprenditorialidad para la mayoría de las mujeres significa endeudarse, encarcelarse en el microcrédito que no solamente no te hace emprendedora y te endeuda, sino que es una medida para separar las mujeres de la tierra. Es otra forma de privatizar la tierra, una trampa, salvo para una minoría de mujeres que son ricas y que tienen acceso al capital, y es por lo tanto, una forma de promover la mujer como capitalista, como explotadoras de otras mujeres.

Esta es la empresa de hoy y no tiene nada de positivo para nosotras, es una trampa que crea nuevas formas de violencias, por ejemplo; cuando se da un crédito a un grupo de mujeres y una no puede pagar, donde antes existían redes de solidaridad, ahora se crean sospechas, actitudes de policía porque saben que si tu no pagas, debo pagar yo, y esto es una forma de romper las redes de solidaridad que existen en los pueblos entre las mujeres, se siembra una dinámica perversa, que individualiza.

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(Imagen: Rebelarte)

—Paralelamente con este adverso contexto político, económico y social en América del Sur se da el crecimiento del movimiento feminista en Argentina con la lucha por el aborto legal, las feministas universitarias en Chile y recientemente el movimiento de mujeres Ele Nao en Brasil, con una nueva emergencia multitudinaria de mujeres en las calles ¿Qué lecturas haces de estas nuevas emergencias en este contexto y cuáles son los principales desafíos?

—La lucha de las mujeres en América del Sur desafortunadamente, se está desplegando con un incremento de la violencia y matanzas, como el caso de Marielle Franco, que ahora han amenazado a su esposa y madre y a otras compañeras porque saben que son mujeres muy poderosas, tienen miedo de las mujeres, es una caza de mujeres que va a ser larga, saben que las mujeres somos la primera línea y por eso nos matan.

El movimiento de mujeres está siendo cada vez más fuerte, y se está dando cada vez en más lugares de intervención, el caso de la escuela media es fundamental, o como en Chile en particular, que tiene toda una Historia increíble de lucha en las universidades, y es importante la denuncia sobre el acoso sexual en las universidades, porque no solo las maquilas o las calles son un lugares de acoso sexual, la universidad también lo es.

Por otro lado, la lucha por el aborto es importante, pero también se debe añadir la reivindicación que las mujeres puedan tener las condiciones materiales necesarias para tener hijos/as, si así lo quieren. Muchas veces lo he dicho, uno de los errores del movimiento feminista de los Estados Unidos ha sido el de presentar el aborto como el control sobre nuestro cuerpo sin ver que al mismo tiempo, muchísimas mujeres estaban siendo esterilizadas; en las cárceles, en los hospitales estaban cortando todas las posibilidades de estar en la casa criando a sus hijos, o de tener sus hijos/as. Al mismo tiempo que se niega el aborto, se niega la maternidad por la falta de recursos, por la esterilización, porque la obligan prácticamente a dar en adopción por situaciones de empobrecimiento y la maternidad subrogada. En Estados Unidos como respuesta al movimiento por el aborto, en el fin de los años 70 hubo una protesta de mujeres afros, creando un nuevo movimiento por la justicia reproductiva, no podemos pensar en el control sin al mismo tiempo cambiar las condiciones materiales, que nos permiten si queremos, tener hijos e hijas, para la mujer de color, para las mujeres esclavizadas siempre reproducir la vida ha sido hostigado, a la mujer esclava no le permitían ser madre.

Es muy importante la reproducción de la construcción del tejido social fuerte, solidario donde las mujeres se abren con otras mujeres, se comunican y no se encierran en sí mismas, en sus problemas, en sus miedos, porque es fundamental la capacidad de construir redes de apoyo de defensa, de conocimientos; si algo te pasa, las otras se mueven y te mueven. Son necesarias formas de organización en función de la defensa sino, no hay posibilidad de lucha o las posibilidades de lucha son muy reducidas.

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(Imagen: Nacho Yuchark para lavaca)

*Por Valeria Scardino y Verónica Ferrucci para La tinta.

Dentro de las redes del fascismo: dos semanas entre los grupos de Whatsapp de votantes de Bolsonaro

Por Sebastián Valdomir

A diez días para la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, se divulgaron algunos detalles de la estrategia y funcionamiento de los grupos de mensajería digital de la campaña de Jair Bolsonaro. El tema ya venía siendo ubicado como pieza relevante de su campaña por algunos analistas políticos y de comunicación en medios escritos, pero sin mayores repercusiones. Este miércoles The New York Times publicó una columna sobre el funcionamiento de la divulgación masiva de contenidos falsos por grupos de mensajería, y finalmente el jueves el diario Folha de Sao Paulo le dio cobertura a la conexión entre empresas y financiamiento de la estrategia de divulgación de noticias falsas.

Llamar ahora la atención sobre el tema no es menor. Pero la reacción ante su incidencia en el proceso electoral llega demasiado tarde, sobre todo porque se trata de una estrategia que se viene implementando por lo menos desde hace tres años.

Ingresar a los grupos de Whatsapp y Telegram de Bolsonaro no es difícil. Sobre todo en los que fueron activados para la segunda vuelta y que tuvieron como eje la agitación digital en los estados y ciudades del nordeste donde el candidato perdió contra Fernando Haddad en la primera vuelta.

Uno de los grupos a los que ingresé fue creado en enero de 2017, es decir, un año y medio antes de estas elecciones. Otro, en este caso de Telegram, tuvo una media de 8.400 mensajes diarios, con 3.500 miembros estables. A partir de los resultados de la primera vuelta del 7 de octubre, cuando se confirmó que el nordeste fue la región en donde más se resistió el embate de Bolsonaro, se pudo monitorear por lo menos 26 grupos de Whatsapp, atendiendo diferentes estados y puntos urbanos de esa región. Como Whatsapp tiene un límite relativamente pequeño de integrantes por grupo, los activistas los segmentaron hasta generar centenares de nuevos grupos. Además, pasaron a emplear Telegram, que permite armar mega grupos con varios miles de usuarios.

Es importante tener claro que la etapa de rápida masificación de la estrategia de mensajería de Bolsonaro está bastante alejada en el tiempo de la etapa de implantación de la estrategia. Todo indica que el inicio del trabajo de generación de contenidos coincide en el tiempo con hechos como las movilizaciones de 2015 en paralelo al proceso de impeachment a Dilma Rousseff, el transcurso de la investigación Lava Jato y la huelga de camioneros.

Es decir, primero hubo un aprovechamiento de los grupos de mensajería en teoría “no políticos” pero que estaban fuertemente activados en demandas o campañas de movilización contra el gobierno, para transmitir un mensaje de descontento político. Una vez instalado el proceso electoral, la “migración” desde esos grupos “no políticos” a grupos de apoyo a Bolsonaro fue casi instantánea.

La estrategia les dio buenos resultados. Luego del ataque con una puñalada en Juiz de Fora, Bolsonaro no participó en actividades urbanas. Si se considera, además, que el candidato casi no tuvo presencia en el horario electoral asignado en televisión abierta, y se compara su rendimiento del 7 de octubre con el de Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña, que tuvo la segunda mayor asignación de minutos en el horario electoral, el contraste no puede ser más chocante. La decisión de no utilizar la mediación de los canales tradicionales para transmitir su mensaje le generó innumerables beneficios al candidato del Partido Social Liberal. Pero para que ello fuera posible, estos dispositivos debieron ser desarrollados con mucho tiempo de antelación respecto al momento específico de las elecciones.

¿Lo peor es que sea fake?

La reacción de los últimos días en Brasil apunta que estos canales se utilizan para diseminar contenidos falsos y fake news. Sin embargo, el problema mayor no es este. En general, la izquierda –y tampoco especialistas de comunicación política, académicos o periodistas– no tiene muy claro dónde radica lo más grave del asunto. Un análisis del funcionamiento y de los diferentes tipos de mensajes pueden dar algunas pistas, pero hay que tener claro que sólo eso no proporciona mayor información sobre lo que está detrás de la estructura de emisores, receptores y mensajes.

Los grupos vistos en las últimas semanas son más que nada espacios de agitación y difusión de memes, videos variados (que van desde los tópicos clásicos del “marxismo cultural”, la Escuela de Frankfurt y el psicoanálisis hasta consejos de “supervivencia urbana”) y propagación de consignas. Una menor cantidad de mensajes refieren a posteos más “clásicos” con comentarios o análisis de una nota, la campaña en general, propuestas de los candidatos, etcétera. Algunos grupos especializados en debates evitan los videos y las imágenes y se centran en pulir frases para los diferentes temas de la campaña electoral, y en cómo rebatir argumentos de otras personas.

Entre los centenares de mensajes diarios, se pueden identificar patrones de organización bastante sencillos, así como los roles que juegan algunos usuarios que pasan de ser simples adherentes. Con relación a lo primero, usualmente los grupos amplifican los mensajes de tipo “Tarea del día”, que indican alguna acción digital concreta para realizar de forma bastante simple y automática luego de que llega el mensaje. Por ejemplo, una de ellas era ingresar al sitio del Senado y cliquear en la opción de “Plebiscitar la revocación del Estatuto de Desarme Civil”. El resultado a las pocas horas fue medio millón de votos por el “Sí”. Y así, muchas otras “tareas”, como reenviar videos a los contactos particulares, intervenir en discusiones en Twitter o Facebook, hostigar a algún analista “del otro bando”.

Los mensajes, en general, tratan de ser muy sencillos. Sin embargo, no es el contenido del mensaje en sí lo que resalta, sino la rapidez con que se plantean respuestas ante los temas del día o incluso, de momentos exactos. Otro aspecto es que en casi ningún caso se trata de construir argumentos para una discusión racional, sino de un énfasis en la repetición, la instantaneidad y las respuestas preelaboradas, lo que indica una lógica instrumental pero no comunicativa.

El hecho en sí termina constituyendo un hecho comunicativo, pero no la lógica detrás del funcionamiento de estos dispositivos de respuesta rápida. Lo más creíble no es lo más divulgado ni aceptado. Mensajes absurdos –cuando no directamente grotescos– dan paso a múltiples respuestas y reacciones que preparan a los usuarios para eventuales interacciones cuando son reenviados a otros grupos que funcionan en la periferia de la política (grupos familiares, de amigos, en el trabajo, etcétera).

No existe posibilidad alguna de establecer un canal de diálogo por fuera de toda esa racionalidad instrumental. Muchos videos comienzan con la muletilla de reconocer el derecho a cada uno de elegir su candidato, para luego dar paso a la seguidilla de que optar por Haddad es darle el voto a un payaso que defiende bandidos y, por ello, quien lo defienda es otro bandido, un gay, una puta o un cínico, en los tonos más despectivos e insultantes posibles. El interés mayor no es convencer al otro, sino derrotarlo. Todo en 15 segundos de tensión y aceleración total.

El eje no parece estar planteado entre lo verdadero y lo falso, sino entre la adhesión y el rechazo, entre la aceptación y el odio. Lo importante es que la máquina funcione y no tanto lo que produzca.

Aunque Bolsonaro no puede jactarse de su productividad a lo largo de su carrera como parlamentario, en junio de 2017 presentó dos proyectos relacionados al uso de Whatsapp. Uno de ellos era una enmienda constitucional que apuntaba a agregar un inciso al artículo 102, indicando que el uso de servicios de mensajería, como la mencionada, solamente podía ser limitado por una decisión del Supremo Tribunal Federal, y no por jueces de primera o segunda instancia.

Frenar un dispositivo tecnológico puntual no resolverá el problema, porque como se ha mencionado, existen varios más para cumplir su función. El estudio de los mensajes analizados por The New York Times estimaba que 56% de los contenidos más compartidos analizados eran engañosos. Poner el acento sobre un contenido en particular –falso o no–, no modificará la esencia del problema.

Hubo fraude, hay fraude, habrá fraude

Llama la atención cómo los adherentes y miembros del “movimiento” comparten la idea que todo el sistema político, el conjunto de actores políticos y diferentes instituciones –incluido el Tribunal Electoral– están contra Bolsonaro. Se engaña el que piensa que solamente hay críticas a los llamados esquerdópatas –izquierdistas afines al Partido de los Trabajadores (PT), al Partido Comunista, a Lula; en Uruguay el término que se le asemeja es el de focas, con el que se procura ridiculizar a los adherentes del Frente Amplio–, sino también a figuras de partidos tradicionales de la centro-derecha brasileña como Fernando Henrique Cardoso o José Serra. Otro foco de crítica es la cobertura que hacen de Bolsonaro los medios de prensa escrita (sobre todo Folha de São Paulo), pero también la cadena Globo de televisión y la iglesia católica.

Este abanico le termina impregnando a todo el asunto un carácter de gesta, de rebelión brutal contra el status quo. La interacción no deja de ser un tránsito entre la tragedia, bajezas repugnantes y caricaturas de debates extremadamente serios. Armas, aborto, anticomunismo ferviente, el reconocimiento de derechos para personas LGBT, todo pasa por el tamiz de un sentido de urgencias, de un “esto no da para más” más impostado que verosímil.

Más fingido incluso es el “hacer de cuenta” que pueda ser cierto que si no gana Bolsonaro solamente se deberá al fraude del PT y no a la unificación de todo un espectro democrático para frenar el fascismo. Brasil es demasiado festivo como para el “que se vayan todos” pero está expresando de esta manera que si no gana Bolsonaro el caos será el titular del día siguiente.

En los diferentes grupos, la reacción a la denuncia de las notas mencionadas fue de épica: el bolsonarismo inquietando a los medios más influyentes del mundo. En definitiva, terminó reforzando el mecanismo de “todos contra nosotros” y la idea de que, con los celulares como única herramienta, “el pueblo está bancando la campaña del Capitão”.

El resultado de la segunda vuelta no alterará en lo fundamental estos vasos comunicantes de una porción significativa de la sociedad brasileña. Tampoco alterará la composición del Congreso. Después de todo, las corporaciones más importantes de la estructura económica y social de Brasil reforzaron su presencia en el Parlamento. Las bancadas religiosas, militares, de ex policías y del agronegocio podrán imponer al próximo gobierno sus líneas sin grandes dificultades. Proyectos como el régimen penal para menores infractores, la liberación del porte de armas, el fin de demarcación de tierras para comunidades indígenas, negras y campesinas, podrán ser impuestos como moneda de cambio entre el próximo Ejecutivo y el Congreso.

En los grupos se expresa lo más superficial de esos temas; de hecho llama la atención la marginalidad de lo económico y lo laboral entre los miles de mensajes cruzados. Nadie habla de la crisis económica o del recorte del gasto público para políticas sociales o de la reforma laboral implantada por el gobierno de Temer.

Tal vez sea demasiado pronto para afirmar que las redes sociales cambiaron la política para siempre, tal como dijo recientemente José Roberto De Toledo, un periodista de la Revista Piauí, cuando dijo que “Whatsapp es el cementerio de la democracia”. Lo que sí parece claro es que salir ahora a las apuradas a intentar contener el impacto no tiene mayor sentido. Incluso hablar de este tema en este tramo de la campaña también puede tener un efecto de cáscara de banana para lo que resta del sistema político democrático.

De hecho, como si fuera una macabra bienvenida al mundo del bolsonarismo, otros temas muy importantes denunciados esta semana quedaron tapados, como la denuncia publicada en Carta Capital el pasado lunes, sobre la interceptación y seguimiento del equipo de campaña de Haddad por un sector de la inteligencia del Ejército.

Para muestra…

“Comenzó la represión en Whatsapp!, Comenzó la Censura general en internet, Flavio Bolsonaro se encuentra impedido de utilizar la red! Su número +552199548-9280 está impedido de registrarse en Whatsapp. Divulguen”

“Es así, gente, ellos están apelando a todo. Mi Dios, eso es alarmante. Régimen totalitario es lo que ya vivimos!”

“Los comunistas petistas y psolistas revelan su vocación para la censura y el cercenamiento de las libertades individuales”

“Fascismo mata? Sí. Racismo mata? Sí. Machismo mata? Sí. Homofóbia mata? Sí. Xenofobia mata? Sí. Pero tu ignorancia disfrazada de pseudo intelectualidad histórica como justificación para votar en partido de bandidos mata mucho más”

“Solicitar el bloqueo de Whatsapp fue la mayor estupidez electoral en la historia política brasilera. #VeASerBurrodeEsaFormaaVenezuela”

“Amigos, precisamos de gente en este grupo para reclutar nuevos bolsonaristas @haddadvsbolsonaro”

“Video DENUNCIA GRAVÍSIMA!! PT planea armar un atentado a Haddad en las vísperas de las elecciones. Este es el nuevo golpe del PT. https://deusacimadetodos.com/”

“Para interactuar con personas en búsqueda conocimientos y habilidades de sobrevivencia urbana y rural con la llegada del posible CAOS si la IZQUIERDA gana la elecciones de manera fraudulenta, ingresar al grupo”

“Grupo Whatsapp para Denuncias (43) 99644-9099. Envíe videos y fotos de abusos políticos en su Parroquia! -Reenvíen este video para que todas las personas que vayan mañana a misa por el día de Nuestra Señora Aparecida denuncien a curas y obispos y quienes vayan a hacer campaña por el PT”

“Atención, Católicos, denuncien padres que usen la maquinaria de la Iglesia para hablar de política. Filmar el hecho es importante para realizar la denuncia.”

“Cuando uno piensa que el PT ya no tiene más nada para robar, el viene y le roba los colores de la campaña a Bolsonaro”.

“Feliz Día del Niño, en especial a aquellos que van a nacer. Aquí no abortamos el futuro de una Nación”

“¿Será que Trump viene a la asunción de Bolsonaro?”

“Hoy refuté (con argumentos) a un colega que dijo que Bolsonaro era racista. Él se basó en aquella entrevista en CQC –respondiendo a la pregunta capciosa– de la negra Gil. Argumenté que Bolsonaro pidió la grabación original para probar que el programa había manipulado el orden de las respuestas. Que Dios nos bendiga en esta lucha que enfrentamos”

“Patriotas! Vamos a garantizar un gobierno anti comunista en 2019. En el día de la Elección, vote y permanezca próximo al local de votación hasta la difusión de los resultados. Estén preparados para parar indefinidamente el país en todas las 5570 ciudades. Bolsonaro solamente no será ganador de estas elecciones si hay fraude. Resistencia Patriótica Brasilera. Dios, Familia y Patria con Orden y Progreso”

“El infierno está delante de tus ojos: LUla CIro FERnando Y nos va a reinar si tú lo permites”

“Están queriendo implantar el Día de Marielle. Si Bolsonaro hubiera muerto nosotros también deberíamos exigir el día de Bolsonaro. Él si lo merece y ella no. Solo por ser negra, pobre y de favela. Pobre no, era concejal y ya gana bien“

“Haddad tiene que entender que Brasil quiere a Bolsonaro y nada que él haga va a cambiar eso… Solo culpa a las redes sociales siendo que detrás de las redes sociales existe una persona, un elector, un ser humano buscando cambios. Mi sueño es encontrar a Haddad de frente…”

Fuente: https://findesemana.ladiaria.com.uy/articulo/2018/10/dentro-de-las-redes-del-fascismo-dos-semanas-entre-los-grupos-de-whatsapp-de-votantes-de-bolsonaro/?display=amp

Una introducción a la vida no fascista

Texto de Michel Foucault que sirve como introducción al libro «Anti-Edipo» de Deleuze y Guattari.

El Anti-Edipo: Una introducción a la vida no fascista

Durante los años 1945-1965 (pienso en Europa), había una determinada manera correcta de pensar, un cierto estilo de discurso político, una cierta ética para intelectuales. Había que tutearse con Marx, no dejar que los sueños vagabundeasen demasiado lejos de Freud, y tratar los sistemas de signos – el significante –  con  el mayor respeto. Esas eran las tres condiciones que convertían en aceptable esta singular ocupación que consiste en escribir y enunciar una parte de verdad acerca de sí mismo y de su época.

Después vinieron cinco años breves, apasionados, cinco años de júbilo y de enigma. A las puertas de nuestro mundo, Vietnam, evidentemente, y el primer gran golpe asestado a los poderes constituidos. Pero aquí, dentro de nuestras murallas, ¿qué estaba ocurriendo, exactamente?¿ Una amalgama de política revolucionaria  anti-represiva?¿ Una guerra librada en dos frentes, el de la explotación social y la represión psíquica?¿Una escalada de la libido, modulada por el conflicto de clases? Es posible. De todos modos, es a partir de esta interpretación familiar y dualista que se ha pretendido explicar los acontecimientos de esos años. El sueño que, entre la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del fascismo, mantuvo bajo su encanto a las fracciones más utópicas de Europa – la Alemania de Wilhem Reich y la Francia de los surrealistas – había regresado para arrebolar a la mismísima realidad: Marx y Freud iluminados por una sola incandescencia.

Pero, ¿fue realmente esto lo que ocurrió? ¿Fue realmente una recuperación del proyecto utópico de los años treinta, esta vez a la escala de la práctica histórica? ¿O bien, por el contrario, hubo un movimiento hacia luchas políticas que ya no se adecuaban al modelo prescrito por la tradición marxista?¿Hacia una  experiencia y una tecnología del deseo que habían dejado de ser freudianas? Es cierto que los viejos estandartes fueron enarbolados una vez más, pero el combate se desplazó y ganó nuevas zonas.

El Anti-Edipo muestra en primer lugar, la extensión del terreno cubierto. Pero es mucho más que eso. No derrocha su caudal en denigrar viejos ídolos, si bien es cierto que se divierte mucho con Freud. Y, sobre todo, nos incita a ir más lejos.

Sería un error leer el Anti-Edipo como la nueva referencia teórica, es decir, esa famosa teoría que tan a menudo nos ha sido anunciada: la que todo lo englobará, esa absolutamente totalizadora y tranquilizante; esa, se nos asegura, “que tanto necesitamos” en esta época de dispersión y de especialización, de donde “la esperanza” ha desaparecido. No hay que buscar una “filosofía” en esta extraordinaria profusión de nociones nuevas de conceptos-sorpresas. El Anti-Edipo no es un Hegel relumbroso.

Yo creo que la mejor manera de leer el Anti-Edipo, consiste en abordarlo como un “arte”, en el sentido en que se habla de “arte erótico”, por ejemplo. Apoyándose en las nociones, en apariencia abstractas, de multiplicidades, flujos, dispositivos y ramificaciones, el análisis de la relación del deseo con la realidad y con la “máquina” capitalista aporta respuestas a preguntas concretas. Preguntas que se preocupan menos del por qué de las cosas que de su cómo. ¿Cómo se introduce el deseo en el pensamiento, en el discurso, en la acción? ¿De qué manera el deseo puede y debe desplegar sus fuerzas en la esfera de lo político e intensificarse en el proceso de derrumbamiento del orden establecido? Ars erotica, ars theoretica, ars politica.

De allí los tres adversarios a los cuales el Anti-Edipo se halla confrontado: Tres adversarios que no poseen la misma fuerza, que representan grados diversos de amenaza, y que el libro combate con diferentes medios.

1. Los ascetas políticos, los militantes morosos, los terroristas de la teoría, aquellos que quisieran preservar el orden puro de la política y del discurso político. Los burócratas de la revolución y los funcionarios de la Verdad.

2. Los lamentables técnicos del deseo – los psicoanalistas y semiólogos – que registran cada signo y cada síntoma y que desearán reducir la organización múltiple del deseo a la ley binaria de la estructura y de la carencia.

3. Por último, el enemigo mayor, el adversario estratégico (ya que la oposición de el Anti-Edipo con sus otros enemigos constituye más bien un combate táctico): el fascismo. Y no solamente el fascismo histórico de Hitler y de Mussolini – que tan bien supo movilizar y utilizar el deseo de las masas- sino también el fascismo que existe en todos nosotros, que habita en nuestros espíritus y está presente en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar el poder,  desear esa cosa misma que nos domina y nos explota.

Yo diría que el Anti-Edipo (ojalá que sus autores me perdonen) es un libro de ética, el primer libro de ética escrito en Francia desde hace mucho tiempo (y de ahí, tal vez, la razón por la cual su éxito que no se limita a un “lectorado” en particular: ser anti-Edipo se ha convertido en un estilo de vida, en un modo de pensar y de vivir).

¿Cómo hacer para no convertirse en fascista incluso cuando (sobre todo cuando) se cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo hacer desaparecer de nuestro discurso y de nuestros actos, de nuestros corazones y placeres, ese  mismo?  ¿Cómo arrancar ese fascismo incrustado en nuestro comportamiento? Los moralistas cristianos buscaban las trazas de la carne que se habían introducido en los repliegues del alma. Deleuze y Guattari, en cambio, acechan las más ínfimas partículas del fascismo en el cuerpo.

Rindiendo un modesto homenaje a San Francisco de Sales (1) podría decirse que el Anti-Edipo es una introducción a la vida no fascista.

Este arte de vivir contrario a todas las formas de fascismo, ya estén instaladas o próximas de serlo, van acompañadas de un cierto número de principios esenciales, que yo resumiría como sigue si tuviera que convertir este gran libro en un manual o una guía de la vida cotidiana:

– Liberad la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizadora.

– Incrementad  la acción, el pensamiento y los deseos mediante proliferación, yuxtaposición y disyunción, antes que por subdivisión y jerarquización piramidal.

– Liberaos de las viejas categorías de lo Negativo (la ley, el límite, la castración, la carencia, la laguna) que el pensamiento occidental ha sacralizado durante  tanto tiempo como forma de poder y modo de acceso a la realidad. Preferid aquello que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, las disposiciones móviles a los sistemas. Considerad que lo que es productivo no es sedentario sino móvil.

– No imaginéis que haya que ser triste para ser militante, incluso si lo que se combate es abominable. Es el vínculo del deseo a la realidad (y no su fuga en las formas de la representación) el que posee una fuerza revolucionaria.

-No utilicéis el pensamiento para dar a una práctica política el valor de Verdad; ni la acción política para desacreditar un pensamiento, como si no fuera más que pura especulación. Utilizad la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como un multiplicador de las formas y de los dominios de intervención de la acción política.

– No exijáis a la política que restablezca los “derechos” del individuo tal cual han sido definidos por el filosofo. El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es “desindividualizar” por la multiplicación y el desplazamiento, por la suma de combinaciones diferentes. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que une a individuos jerarquizados, sino un constante generador de “desindividualización”.

– No os enamoréis del poder.

– Podría incluso decirse que Deleuze y Guattari aman tan poco el poder que trataron de neutralizar los efectos del poder vinculados a su propio discurso. De ahí los juegos y las trampas que encontramos un poco en todo el libro, y que convierten su traducción en un auténtico tour de force. Pero no se trata de las trampas familiares de la retórica, aquellas que tratan de seducir al lector sin que éste sea consciente de la manipulación, y que terminan por ganarlo para la causa de los autores, contra su voluntad. Las acechanzas de el Anti-Edipo son las del humor: otras tantas invitaciones a dejarse expulsar, a despedirse del texto dando un portazo. El libro hace a menudo pensar que no se trata de otra cosa que de humor y de juego, allí donde, sin embargo, ocurre algo esencial, algo tremendamente serio: el acoso de todas las formas del fascismo, desde aquellas, colosales, que nos rodean y nos aplastan, hasta las  formas más pequeñas que instauran la amarga tiranía de nuestras vidas cotidianas.
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(1) Hombre de Iglesia del S. XVII, que fue obispo de Ginebra. Es conocido por su Introducción a la vida devota.
(*) Este texto de Michel Foucault sirvió de prefacio a la edición estadounidense de Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, , de Gilles Deleuze y Félix Guattari, publicada en 1977. Formará parte de Dits et écrits, antología de textos de Michel Foucault, que aparecerá en 1989 en Gallimard, ( tomado de “Magazine Littéraire”). Publicado en español en Cuadernos de Marcha, Montevideo; también en: M. Foucault (F. Álvarez Uría y J. Varela, editores), 2010, Foucault. Obras esenciales, Paidós, Barcelona, pp. 673-676.

El presente texto procede de: http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/antiedipo.html

Sobre la relación entre género y clase

ENTREVISTA A TITHI BHATTACHARYA

Por Paula Varela

Tithi Bhattacharya es marxista, feminista y profesora de historia de la Universidad de Purdue, en el Estado de Indiana (EE. UU.). En 2017 editó Social Reproduction Theory. Remapping Class, Recentering Opression, libro que tiene la particularidad de proponerse como una visión marxista de la Teoría de la Reproducción Social. Aquí presentamos una charla en la que nos expone sus puntos de vista sobre las relaciones entre clase y género, las posibilidades de un feminismo anticapitalista y la búsqueda de fortalecer la clase obrera.

IdZ: En tu libro decís: “estoy proponiendo aquí tres cosas: (a) una reafirmación teórica sobre la clase trabajadora como sujeto revolucionario; (b) una más amplia definición sobre la clase trabajadora que aquella que refiere a la/os asalariadas/os; (c) una reconsideración de la lucha de clases que incluya a las luchas más allá de los salarios y las condiciones laborales”. Me gustaría organizar la entrevista en torno a esa afirmación. Primero, la idea de la clase obrera como sujeto revolucionario no es una posición muy habitual en el feminismo en general, e imagino que tampoco es generalizada en el feminismo del 99 %. ¿Qué significa la defensa de esa propuesta en el marco de los debates del feminismo en la actualidad?

Bueno, gracias por la pregunta porque considero que es muy importante. No creo que haya una contradicción entre este punto de vista del poder de la clase obrera o la potencialidad de la clase obrera para cambiar el mundo, y el feminismo del 99 %, surgido en 2016 a partir de la Huelga de Mujeres [1]. Porque nació precisamente para establecer esta idea del poder de la clase obrera. Porque particularmente en Estados Unidos y el norte de Europa, pero también en vastas regiones del mundo (yo trabajo de forma muy cercana con el feminismo de India de donde provengo), la idea de feminismo que se gestó durante el neoliberalismo fue la que construyó esta vaga figura del “empowerment”. Esa idea de “empoderamiento” evita la pregunta de quién es la que se empodera y para qué fines, esas son las preguntas que el neoliberalismo silencia. Entonces, el feminismo se volvió algo cercano a la idea de “empoderamiento” de las mujeres, lo que, en términos reales, se transformó en la idea de éxito de un sector muy pequeño de las mujeres de todo el mundo: éxito como políticas, éxito como mujeres de negocios, éxito como CEO, etc. Cuando las mujeres escalan estas posiciones y tienen éxito, eso es considerado un éxito para el feminismo. Mientras que el verdadero problema es que, para la gran mayoría de las mujeres en todo el mundo; el neoliberalismo significó un empobrecimiento absoluto de las condiciones de vida y las condiciones de trabajo. Entonces, si el feminismo quiere convertirse en una amenaza para el sexismo y la violencia capitalistas, en lugar de ser una cierva del desarrollo capitalista, entonces tiene que ser un feminismo anticapitalista. Esta forma de entender el feminismo está estrechamente ligada a la cuestión del poder de la clase obrera. Creo que hay un problema teórico y un problema político que hay que abordar. El teórico es que, durante mucho tiempo, tanto en las concepciones liberales de clase y clase obrera, como en la autopercepción de la clase trabajadora, ha habido una separación teórica entre lo que son considerados problemas de clase y lo que son cuestiones de opresión social. Las mujeres, las minorías étnicas o, más aún, las personas trans, no son vistas como miembros de una clase, entonces somos comprendidas por nuestra opresión más que por nuestra pertenencia de clase. Pienso que este es un problema que la Teoría de la Reproducción Social, como está planteado en el libro, trata de sacar a la luz. Trata de disputar que las percepciones de género, de raza, de discapacidad, etc. deben ser comprendidas como parte de la cuestión de clase y no como asuntos separados. Esa es la parte teórica. Las conclusiones estratégicas que una saca es que todas esas cuestiones son cuestiones de lucha de clases. Las luchas que desafían la opresión social, también son luchas de clases. Entonces, para mí la concepción de que la lucha de clases está limitada a luchas por aumentos salariales o luchas dentro de los lugares de trabajo, debe ser combatida. En la etapa neoliberal, las condiciones de vida empeoraron junto a las condiciones laborales. Las dos están relacionadas, de hecho la vulnerabilidad de las condiciones de vida te hace más vulnerable en el lugar de trabajo. Si no tenés seguridad migratoria, es más fácil para el patrón despedirte. O si sos mujer, también es más fácil para el jefe acosarte. Por ejemplo, en relación a la cuestión migratoria: la lucha contra cuotas migratorias (“immigration rates”) no se puede separar de la lucha por la sindicalización, porque las dos son luchas que van de la mano. Esa es la consecuencia estratégica: en el libro intentamos tener un entendimiento más integral de la clase trabajadora, que integre cuestiones de raza, género, igualdad u opresión social entendido como un todo.

IdZ: En relación a esta comprensión más integral de la clase trabajadora, en el libro vos planteás que es una “ampliación” de la definición de clase, pero yo me pregunto: ¿una ampliación respecto de qué definición de clase trabajadora? ¿La de Marx? ¿La de cierto marxismo? ¿La de la mayoría de los sindicalistas?

Bueno, en el libro hay mucho uso de la palabra o del prefijo “re”, porque entendemos a esta comprensión teórica no tanto como algo nuevo sino más bien como una recuperación de las tradiciones marxistas clásicas. La idea central es que, en el Volumen I de El Capital (en el conjunto de los tres volúmenes de El Capital) y en varios otros lugares, Marx desarrolla una comprensión del motor del capitalismo. ¿Cuál es esa dinámica que impulsa el sistema hacia adelante? El motor se ubica en la producción de mercancías por parte de la clase obrera en el lugar de trabajo, que permite al capitalista extraer plusvalía a través de ese proceso. Así que no es un proceso extra económico como los modos de producción anteriores. Es y se hace a través de la explotación y la extracción de ganancias y plusvalía, a través de hacer que la trabajadora [2] trabaje más tiempo o más intensivamente para que el patrón obtenga sus ganancias. Así que este es el punto de partida y el motor del capitalismo. Pero hay varias partes de la obra de Marx, por ejemplo, La Ideología Alemana, donde Marx y Engels dicen básicamente que ese es el modo que la trabajadora tiene de vivir, de subsistir, en algún sentido, ese es el comienzo del sistema: la trabajadora tiene que estar separada de sus medios de subsistencia, porque si todos tuviéramos acceso a reproducir nuestras vidas, no tendríamos que trabajar para nuestros jefes. Nadie iría a un trabajo horrible de 9:00 a 5:00 o incluso cada vez más horas, si tuviéramos acceso a producir nuestra propia comida y sostener nuestras propias vidas. En un momento particular de la historia del capitalismo, la clase obrera fue separada o violentamente arrancada de sus medios de reproducción, razón por la cual la obrera pasa a depender del capitalista para reproducir su vida. Por eso vende su fuerza de trabajo o su capacidad de trabajar: para ganarse la vida. En la historia del capitalismo, la cuestión comienza cuando la trabajadora empieza a trabajar, es decir, se toma a la fuerza de trabajo como un hecho dado. En Teoría de la Reproducción Social doy un paso atrás y digo: “la fuerza de trabajo no es dada, tiene que ser reproducida”. Hay numerosos procesos sociales que entran en esa reproducción de la fuerza de trabajo. No está dada. Porque si tomáramos la fuerza de trabajo como un hecho dado, entonces la fuerza de trabajo de cada humano sería exclusivamente la fuerza de trabajo portada al nacer. Pero, obviamente, la fuerza de trabajo no se reduce a esa fuerza “primera”: es formada, moldeada, producida y perfeccionada por nosotras dentro de la familia y dentro de las redes sociales a las que pertenecemos por muchos años. Ninguno de estos son procesos naturales. Todos estos son procesos sociales. La Teoría de la Reproducción Social nos hace mirarlos. Me gusta pensarla como un mecanismo teórico extremadamente elaborado para desenvolver: estamos desenvolviendo constantemente todas las categorías naturalizadas, filosóficas y políticas, que el capitalismo nos presenta. Entonces tenemos la pregunta de qué tipo de procesos sociales producen la fuerza de trabajo. Lo que es obvio es que hay un proceso biológico: das a luz y después sos socializada. En la mayoría de las familias no socializamos a nuestras hijas (tal vez deberíamos empezar dentro del movimiento feminista), diciendo: el matrimonio o la monogamia son terribles. Algunas de nosotras obviamente hablamos con nuestras hijas sobre estas cosas una vez que son lo suficientemente maduras para manejar estas preguntas. Pero no empezamos por ahí. En otras palabras: socializamos a la niña en relaciones sociales capitalistas. Luego socializamos a la niña en las escuelas, en los centros de salud. Y cuando menciono estos mecanismos de socialización más institucionales, inmediatamente nos damos cuenta de que están segmentados. Ciertos barrios tienen ciertos tipos de escuelas y otros tienen mejores escuelas.

Así que estamos hablando de la reproducción diferencial de la fuerza de trabajo: una parte de la fuerza de trabajo es preparada o socializada para ir a Harvard, mientras que otra parte de la fuerza de trabajo es preparada y socializada para convertirse en un trabajador de la construcción. Así que de nuevo, cuando decimos que la fuerza de trabajo se reproduce no es un proceso simple. Necesitamos mirar las varias instituciones sociales que reproducen la fuerza de trabajo. Entonces empezamos a entender que la reproducción de la fuerza de trabajo es también la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. Ambos están intrínsecamente relacionados. La producción de mercancías en el lugar de trabajo y la producción de mano de obra o de la trabajadora fuera del lugar de trabajo, son procesos relacionados. De lo contrario, las relaciones sociales capitalistas se volverían inestables. Así pues, para asegurar su propia estabilidad tiene que haber una conexión sistémica entre cómo se reproduce la fuerza de trabajo, en qué lugares, etc. Por ejemplo, la familia basada en el parentesco tiene que ser estable para que la próxima generación pueda ser socializada. Las feministas en Argentina son una gran inspiración en este momento porque esa es precisamente una de las cosas que ustedes están combatiendo. Nuestras hermanas en las calles están luchando contra el hecho de que los políticos capitalistas y la Iglesia Católica están básicamente presionando por un fortalecimiento de la unidad familiar a través de la cuestión del aborto, diciendo que las mujeres tienen que ser madres. Es una comprensión forzada de la relación de las mujeres con sus cuerpos, con nuestros cuerpos y con la unidad familiar. Obviamente, Argentina no está sola en esto. Todos los países capitalistas tienen una agenda “pro-familia”, es solo una cuestión de hasta qué punto presionan con eso en nuestras gargantas.

IdZ: En relación con esto, porque en Argentina, la cúpula de la CGT salió a plantear la preocupación por los costos que significaría para las obras sociales la legalización del aborto (argumento que, por cierto, ya habían planteado sectores de la derecha como la vice Presidenta Michetti) ¿Vos consideras que el derecho al aborto es un derecho que tienen que levantar los sindicatos?

Absolutamente. Creo que los sindicatos –no solo los sindicatos, sino cualquier sector del movimiento obrero, tengan o no organización sindical– deberían ocuparse de la cuestión del aborto. Sin derechos sobre nuestra capacidad reproductiva, tenemos derechos reducidos sobre nuestra capacidad productiva. Esas batallas no pueden separarse en absoluto. Y creo que estamos más débiles tanto en el movimiento feminista como en el movimiento obrero si los sindicatos se niegan a luchar por nuestros derechos reproductivos. Lo mismo pasa con el racismo: si los sindicatos no toman estas luchas, se debilitan. El derecho al aborto es un terreno muy importante de empoderamiento para las mujeres de la clase trabajadora. No sé cuáles son las cifras en Argentina, pero en Estados Unidos es una batalla de clases directa: la gente rica puede pagar el aborto, esa es la simple verdad. Parentalidad Planificada (Planned Parenthood) es la institución que más ayuda en el aborto (en los EE. UU.) y ha estado recibiendo mucha violencia del Estado y de los antiabortistas en general. La gran mayoría de las mujeres que acceden a los servicios de Parentalidad Planificada son pobres y de color, el 60 % son mujeres de color. Se trata de una cuestión de clase directa para las mujeres de la clase trabajadora. Y si se piensa en esto, la cuestión de dar a luz a una niña o no dar a luz a una niña es completamente una cuestión de la clase trabajadora. ¿Cómo vas a alimentar a la niña? Esa es la primera pregunta y está directamente ligada a qué tipo de trabajo tenés , que a su vez, está relacionada con el tipo de atención médica a la que podes acceder. ¿Realmente podes dar a luz? ¿Podes gestar durante nueve meses para dar a luz? ¿Dispones de atención médica para gestar al bebé y dar a luz? Una vez que nazca el bebé ¿Cómo diablos lo vas a alimentar? ¿Tenes un hogar para ella? También está ligado a otros problemas ¿Se te quitará el bebé en la frontera por las autoridades migratorias, como lo está haciendo Trump? Todos estos son problemas reproductivos. No están separados, porque el nacimiento de un bebé no es solo una cuestión de mujeres. Son las mujeres y los cuerpos identificados como femeninos los que dan a luz (porque los hombres trans también lo hacen), pero la cuestión de la parentalidad es completamente una cuestión social.

IdZ: En el libro vos planteás que el circuito de la reproducción de la fuerza de trabajo (terreno en el que aparecen todas estas cuestiones que son propias de la clase obrera aunque no suela verse de ese modo) está subordinado al circuito de la producción. ¿Podrías precisar esa relación? ¿Qué significa esta subordinación?

En términos marxistas, para decirlo simplemente, la fuerza de trabajo de los trabajadores se aprovecha para producir mercancías en el lugar de trabajo, pero la reproducción de esa fuerza de trabajo ocurre fuera del circuito de producción de mercancías. Entonces esos dos circuitos están obviamente conectados de la manera en que hablamos antes, pero son circuitos separados. Son circuitos relacionados pero separados. ¿Cuáles son las características de esta separación? Dentro del lugar de trabajo, el capital tiene el control y la dominación total sobre las actividades de los trabajadores. Pero ese no es el caso en la reproducción de la fuerza de trabajo. El capitalismo, por supuesto, en la medida en que es una totalidad global sistémica, tiene influencia y dominio sobre el circuito de reproducción de la fuerza de trabajo, pero no tiene control total. Por ejemplo, aunque a la mayoría de los políticos capitalistas les gustaría, en realidad no pueden entrar en nuestros hogares y dictar cómo vivimos, lo intentan de varias maneras, por ejemplo, con la prohibición del aborto legal, las leyes que justifican la violación y otras expresiones de sexismo. Estas son diversas formas en que el capitalismo intenta controlar el circuito de la reproducción. Pero simplemente no tiene control total. Así que no importa cuáles sean las leyes de aborto, no importa qué tan fuerte sea la Iglesia Católica, las mujeres y los hombres todavía tienen sexo por placer, no solo tienen sexo para reproducirse. Las mujeres jóvenes todavía encuentran placer al decir “no, yo no seré una mujer heterosexual, soy lesbiana o soy una persona trans”, de modo que los seres humanos expresan constantemente su potencial humano real en innumerables formas, más allá de lo que el capitalismo considera normativo o correcto. Esas cosas suceden todo el tiempo. Por cierto, no digo que ser lesbiana o ser una persona trans sea en sí mismo un desafío para el capitalismo. Por supuesto que no lo es, puede volverse un desafío al capitalismo si se transforma en un movimiento, pero una persona individual que se convierte en trans no necesariamente es un desafío al capitalismo. Lo que trato de señalar es que estas relaciones sociales, estos desarrollos emocionales afectivos continúan a pesar de los intentos de los capitalistas por regularlos o dominarlos. Y la razón por la cual la dominación o regulación nunca es completa y siempre está en formación y resistencia, es por la forma en que se configura el sistema: el capitalismo no tiene control total sobre la reproducción de la fuerza de trabajo. Tiene que dejar que las trabajadoras se ocupen de su propia reproducción social y determinen la mejor forma de encajar en este sistema. Debido a esa laxitud y a que hay un cierto grado de autonomía, es que pueden ocurrir todo tipo de cosas subversivas en esta esfera. De nuevo, con esto no estoy diciendo que en la esfera del trabajo no ocurren cosas subversivas: una huelga es exactamente eso. Estoy diciendo que allí la subversión se enfrenta al control directo del capital, mientras que en la esfera de la reproducción social las subversiones y las afirmaciones suceden a pesar de este control del capital mucho menos pleno.

IdZ: Esta idea de pensar la lucha de clases en el terreno de la reproducción social obliga, creo, a la pregunta por lo que el sociólogo John Womack llamó “posición estratégica” para designar aquellas posiciones dentro del circuito productivo en las que los trabajadores tenían más poder de fuego, es decir, aquellas posiciones en las que, del modo más económico en términos de su fuerza, causaban el mayor daño al capital. ¿Cuál es la relación entre estos dos territorios de lucha de clases (el de la producción y el de la reproducción) para vos desde el punto de vista de las posiciones estratégicas? ¿Son equivalentes desde el punto de vista de la capacidad de daño de la clase trabajadora? ¿Es lo mismo una huelga en una fábrica, en un subterráneo que en un barrio?

Como marxista, creo que el mayor poder de la clase trabajadora está en el lugar de trabajo. Es ahí donde el colectivo de clase es más fuerte y es ahí donde tiene la capacidad de dañar o colapsar este sistema. Y es así porque, en el lugar de trabajo, si el trabajador deja de trabajar, está parando el motor del sistema que es la extracción de la plusvalía. Todo el resto existe para que el sistema extraiga plusvalía. Si detiene esta extracción de plusvalía, el sistema debe cerrarse. Entonces, sí, creo que la importancia estratégica del lugar de trabajo es diferente y es mucho más poderosa que las luchas no laborales. Eso en términos de lo que es más perjudicial para el sistema en su conjunto. Sin embargo, no podemos ver el asunto de una forma estática, como si hubiera estadios de la lucha. La razón por la que creo que esta es muy importante en este momento es porque globalmente el poder de los sindicatos y, por lo tanto, el poder de los trabajadores en el lugar de trabajo, no solo disminuyó sino que en grandes franjas del globo, no existe. Por ejemplo, en dos de las economías más grandes, India y China, el poder de los sindicatos en los lugares de trabajo es mínimo. Hay un vasto sector informal en India donde la gente nunca ha oído hablar de los sindicatos. Así que estamos hablando de un período de 40 años en el que el capital ha librado una batalla implacable contra los sindicatos en el lugar de trabajo y ha disminuido su poder. Ante ese tipo de circunstancias podemos decir dos cosas como militantes: podemos decir “clase, nosotros vamos a esperar el momento mítico dorado en el que los sindicatos sean reconstruidos”; esa es una posición de izquierda que sostiene que todo el poder debe provenir de los sindicatos, motivo por el cual todas las luchas deben ser para reconstruir el movimiento sindical, y eso es todo en lo que hay que enfocarse y concentrarse, cualquier otra lucha debe estar subordinada a esa lucha. La posición del ala derecha sería que la clase trabajadora está terminada, ya no habrá una lucha colectiva contra el capital porque el movimiento sindical ha terminado. Esas son las dos respuestas posibles a la posición debilitada de la clase trabajadora en el lugar de trabajo. Creo que nosotras, como feministas marxistas, tenemos un punto de vista diferente. Decimos: “¿por qué la gente va a trabajar?”. La gente no va a trabajar para tener dinero. La gente va a trabajar para vivir. Entonces, la forma salarial es una mediación entre el ser humano y su existencia, su manutención. Los salarios son un medio, por eso la gente se concentra en el salario. Creo que, como marxistas, a veces olvidamos y, los jefes de los sindicatos definitivamente se olvidan, que no es el salario lo que preocupa al trabajador. Lo que le preocupa es lo que el salario permite conseguir, que es la vida. Cuando las condiciones de vida empeoran para la clase trabajadora, la lucha estalla. No importa que la clase trabajadora no pueda luchar en el lugar de trabajo porque el poder colectivo se ha debilitado, la clase trabajadora sigue luchando en los barrios, en las luchas por la renta, por el agua potable, y esas luchas creo que construyen la confianza de la clase como un todo, de manera que luego esa confianza pueda volver a expresarse en el lugar de trabajo. Como marxistas, si se tiene una visión a largo plazo, se observa que el desarrollo de la conciencia de la clase trabajadora puede ocurrir de innumerables maneras. Puede suceder que, en forma simultánea, se desarrollen huelgas en el lugar de trabajo junto con el desarrollo de movimientos sociales. Puede suceder también que no haya movimientos sociales sino solo luchas en el lugar de trabajo, una ola de huelgas que se traduzca en un movimiento social, por ejemplo, en un movimiento antiimperialista. Pero lo contrario también puede ocurrir: si extendés la herramienta de la huelga más allá del lugar de trabajo, los movimientos sociales pueden construir confianza en la clase obrera para que la huelga retorne al lugar de trabajo, para que hagan paro en el lugar de la producción. Por ejemplo, si a un trabajador cuyo principal problema es la vivienda (el alquiler) va el sindicato y le propone organizarse en su lugar de trabajo, quizás el trabajador piensa (influido por el discurso liberal): “No veo mi interés en unirme al sindicato”. Pero supongamos que el propietario de la casa lo echa a patadas, el trabajador es madre o padre, y su familia y su vida se ven amenazadas, y entonces viene el sindicato y dice que lo va a ayudar a organizarse contra el propietario en su barrio. Entonces el trabajador podría pensar: “OK, esto es realmente sobre mi vida. Quiero trabajar con este sindicato porque esta situación es una basura”. Ahí es donde se genera la confianza en el sindicato. Y entonces, cuando el sindicato va y dice “si tenemos salarios más altos, entonces será más fácil tener acceso a mejores viviendas…”, entonces el trabajador podría considerar unirse al sindicato porque ahora el sindicato ha participado en duras luchas sociales para tener su confianza. Y creo que este tipo de “sindicalismo de lucha de clases” es el camino a seguir en el período neoliberal, porque el movimiento sindical ha sido tan atacado en el lugar de trabajo en todo el mundo, que para reconstruirlo no podemos limitar nuestra imaginación y nuestros horizontes políticos a el lugar de trabajo solamente. Debemos dirigirnos al trabajador en su mundo de la vida entera. Y es por eso que la cuestión del aborto se vuelve importante…

IdZ: Iba a preguntarte justamente eso. En esta dinámica que va desde afuera del lugar de trabajo hacia adentro, desde movimientos por reclamos que en principio no se presentan como propios de la clase obrera (aunque lo son), hacia la organización y la lucha en la producción como centro neurálgico del capitalismo ¿vos considerás que las mujeres tienen un rol especial que cumplir, un rol protagónico? Pienso en el hecho de que las mujeres son la mitad de la clase obrera, son el 70 u 80 % en los trabajos de la reproducción social, ¿creés que eso abre la posibilidad de pensar a las mujeres como vanguardia de una reconstrucción de la clase obrera? ¿O creés que esa puede ser una hipótesis esencialista?

No creo que sea esencialista en absoluto. Creo que es importante porque hace al tipo de cosas que discutimos anteriormente. Ante todo, está la cuestión numérica de que una mayoría de las trabajadoras son mujeres y están en todos los sectores. Eso ya es un tema que tenemos que tener en cuenta. Pero creo que hay un problema estructural más profundo que hace que las luchas tengan tanta marca de género, estén tan generizadas en los últimos años: el problema estructural es que el neoliberalismo en estos 40 años ha llevado adelante un ataque cruel contra los estándares de vida de las trabajadoras: salud, pensiones, escuelas, privatización de los servicios públicos. La privatización de todos los recursos que los seres humanos necesitamos para reproducirnos, ha estado a la vanguardia de los ataques neoliberales, eso significa que durante 40 años nuestra capacidad de reproducción ha sido atacada por el neoliberalismo y, debido al sexismo, las mujeres han cargado con la peor parte de estos ataques. Cuando privatizan tu agua las personas más afectadas son las mujeres, cuando cerras las escuelas, las mujeres son las más afectadas, cuando el sistema de salud se privatiza o directamente se cierra, las mujeres (que son las que asumen las tareas del cuidado en las familias y en los barrios), son las más afectadas. Entonces, desde hace 40 años que el neoliberalismo viene atacando a la reproducción social, lo cual ha tenido consecuencias fuertemente generizadas, y creo que se debe hablar mucho más de esto en los sindicatos, entre los marxistas y la gente de izquierda. El 2008 fue la gota que rebalsó el vaso del consenso neoliberal, la crisis se instaló en “la casa” del capitalismo. Pero si nos fijamos en los movimientos anteriores, de diez años antes de 2008 y diez años después de 2008, verán cuán intensamente generizados son. A menudo, o son dirigidos por mujeres, o la gran mayoría de los participantes en estos movimientos sociales son mujeres, y los problemas que plantean son todos temas que tienen graves consecuencias para las mujeres. Pero no estamos hablando de cuestiones necesariamente feministas. Es por eso que creo que el feminismo del 99 % tiene perfecto sentido, porque no se puede hablar de mejorar la situación de las mujeres, a menos que se ataque al sistema mismo que crea esas condiciones de humillación para las mujeres. Y ese sistema es el capitalismo. Entonces, no se puede fortalecer al feminismo en el mundo de hoy si no es un feminismo que sea también anticapitalista, porque todos estos temas de los que estamos hablando no son cuestiones feministas, sino que son cuestiones fuertemente relacionadas con el género, lo que las convierte en cuestiones feministas. Creo que debemos descartar la idea de que el feminismo se trata solo de mujeres. El feminismo se trata de género y el género está en el corazón de cómo el capitalismo se reproduce a sí mismo. Así que a menos que los hombres, las mujeres y las personas de todas las sexualidades y elecciones y habilidades se unan en esta batalla, el feminismo no se fortalece. Si vos planteas un feminismo que es solo para mujeres cis, o solo para ciudadanos, eso no es feminismo, porque al hacerlo fortaleces el sistema. Si luchas solo por mujeres cis, realmente fortaleces la familia capitalista y las ideas hetero-normativas de parentesco, que a su vez serán las ideas que se vuelvan en tu contra. Por lo tanto, como persona cis te conviene luchar por los derechos trans, pero no por una “buena moral”, sino porque tu interés está ligado a eso, porque luchar por eso debilita el sistema como un todo, y por lo tanto, tus condiciones mejoran cuando el sistema se debilita. Así que esta es la razón por la que creo que la pregunta acerca de qué es un “tema feminista” debe ser una pregunta constante, porque creo que todos los temas anticapitalistas son en realidad cuestiones feministas.

IDZ: Por último, quisiera terminar la entrevista con tu opinión sobre un proceso que creo que está muy relacionado con lo que estamos hablando: las huelgas docentes en EE.UU. que, de febrero en adelante, se expandieron por distintos Estados formando lo que llamaron la “Primavera docente”. Tres preguntas: ¿Por qué ahora? ¿Por qué en el sector de la educación pública? ¿Por qué las mujeres a la cabeza?

Bueno, voy a comenzar por el final. El 77% de todos las docentes de EE. UU. son mujeres. Eso es un hecho. En algunos Estados el porcentaje es más del 80%. Entonces, que la mayoría de las huelguistas hayan sido mujeres responde a ese hecho. ¿Por qué ahora? Porque en los últimos 40 años, el neoliberalismo ha atacado a la educación y ha intentado diversas maneras de privatizar la educación, debilitar a las docentes en su lugar de trabajo, debilitar a los grandes sindicatos de docentes y, básicamente, atacar el trabajo mismo de la enseñanza. Cuando las personas se convierten en maestras es porque realmente les gusta enseñar a los niños, y creo que debemos tomar eso en serio. No es solo una especie de esfuerzo emocional que las maestras hacen, es realmente una alegría y un orgullo que las personas sienten en su labor de enseñar, de dar forma a una mente joven. Y cada política que se ha llevado adelante para las escuelas públicas (y que es bipartidista, de George Bush a Barack Obama) ha socavado la capacidad de la docente para hacer justamente eso: disfrutar de formar y enseñar en sus propias aulas. Por ejemplo, los tests estandarizados como modo de medir la performance docente: todas esas políticas son herramientas que intentan controlar el proceso de enseñanza a nivel del aula. Y a nivel macro, hay fuertes recortes de fondos para la educación pública , que obliga a las escuelas a cerrar y obliga a las maestras a que abandonen sus trabajos porque se vuelve inviable para una persona enseñar, mantener una familia y tener una vida. En definitiva, durante los últimos 40 años ha habido un fuerte ataque a la profesión docente que estaba destinado a llegar a un punto crítico en algún momento. Creo que la elección de Donald Trump sacudió todos estos temas juntos de un modo que no había sido hecho antes. Es decir, todos estos pequeños ingredientes ya existían, Donald Trump no los inventó. Pero creo que intensificó los procesos políticamente y el reclamo docente comenzó a jugar un papel muy importante. Y el género tiene una importancia vital en esto y no es solo porque la gran mayoría de las maestras son mujeres, sino porque la enseñanza, por desgracia, es considerada un trabajo de mujeres. Yo pasé un tiempo en West Virginia cuando estalló la huelga. Estuve en Kentucky también. Y la clase dominante entendió mucho más rápido que nosotras la importancia del género en estas huelgas. Ellos usaron todo tipo de epítetos sexistas para descalificar a las maestras. En West Virginia, a las maestras las llamaban “Dumb Bunnies” (“conejos estúpidos”, en referencia a la serie de libros infantiles), para decir que eran conejitos estúpidos que saltaban sin saber lo que estaban haciendo. En respuesta, las maestras se vistieron de conejitas rosas e hicieron una manifestación en la capital: “ok, somos conejitos estúpidos”. Así que, por un lado, tenés eso. Pero además tenés otro tema: el catalizador de la huelga de West Virginia fue el ataque a las jubilaciones docentes. Una de las conquistas que las maestras mantenían en el marco de todas estas políticas contra la educación pública era la jubilación y el servicio de salud. Como son empleos estatales, aún conservan esos derechos. Pero esta última ronda de ataques también fueron contra la jubilación. Entonces, primero, el salario no es lo suficientemente bueno; segundo, las condiciones de trabajo son humillantes, pero incluso si aguantabas todo eso, una vez que te retirabas tenías, al menos, una jubilación que te permitía pasar la última etapa de tu vida de modo tranquilo. Eso fue quitado para las maestras en West Virginia. Y como se sabe, cuando se trata de la tercera edad, el género juega un rol particular porque son las mujeres las que se encargan del cuidado de las personas mayores. Por lo tanto, afecta a las mujeres de maneras particulares. Pero también el tema de la salud adoptó carácter de género en West Virginia. Se les dijo a las maestras que tendrían que cumplir con ciertos estándares para acceder a la atención médica. Y para ello tendrían que llevar un dispositivo en la muñeca que controlaría todos sus ritmos y capacidades biológicas. Y sobre la base de ese control, se determinaría la cantidad del monto a pagar por el seguro de salud. Entonces, una mujer de 40 años, sería monitoreada de acuerdo con la misma escala que una mujer de 70 años con cirugía de rodilla y que un hombre de 25 años. ¿Quién es más vital entre el hombre de 25 años, la mujer de 47 años o la mujer de 70 años? Quien fuera más vital pagaría menos. De ese modo es que tratan de vincular la atención médica y las jubilaciones a los ritmos biológicos. Obviamente, eso se convirtió en un tema fuertemente de género. Estos fueron algunos de los problemas que desencadenaron la huelga en West Virginia. Pero creo que la verdadera pregunta que debemos hacernos es por qué se extendió la huelga. Porque si, como dijeron los políticos, se trataba de un problema local, entonces debería haberse quedado en West Virginia. Pero se extendió porque es un problema sistémico. Esta ha sido la condición docente en los EE. UU. en los últimos 40 años. Lo que West Virginia demostró fue que podemos ganar. Y eso sucedió contra todo pronóstico. La dirección del sindicato estaba en contra de las maestras, los políticos republicanos estaban en contra de las maestras, los Demócratas estaban pidiendo a las maestras que terminaran el conflicto por menos. Y, sin embargo, las maestras organizadas en la base en el lugar de trabajo se mantuvieron firmes contra todas estas fuerzas y ganaron. Y ese dulce sabor de la victoria fue lo que convenció a todas estas otras maestras de que se puede lograr. Esta idea de que «se puede lograr» se perdió en el movimiento obrero y en el horizonte de imaginación y de conciencia de la clase obrera de los EE. UU. durante mucho tiempo. Así que ahora, si miras lo que ocurre en los EE. UU., West Virginia no solo puso de pie a las maestras, puso en huelga a las trabajadores de las aerolíneas, activó las huelgas de UPS (servicio de correo). De repente hay un clima en el aire de que “puede suceder”, de que “podemos ganar”. Esa conciencia está, repentinamente, de vuelta en el aire y creo que es muy muy importante reconocer el papel de una lucha en el lugar de trabajo en un pequeño Estado, el poder y el potencial que tiene una vez que gana.

NOTAS AL PIE
[1Véase “Nancy Fraser: el feminismo del 99 % y la era Trump”, La Izquierda Diario, 29/3/2017.
[2Durante la entrevista, Tithi Bhattacharya utiliza el género femenino para referirse a una trabajadora mujer, varón o de cualquier género. Dado que en castellano los plurales tiene género, hemos decidido utilizar “trabajadoras” para referirnos a trabajadoras mujeres, varones o de cualquier género.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/Sobre-la-relacion-entre-genero-y-clase

Silvia Federici: “Que nuestro bienestar no se construya sobre el sufrimiento de los otros”

Nacida en la Italia fascista, la escritora, profesora y activista dice de sí misma que fue “feminista antes de tiempo”. Al tiempo que es una de las figuras más relevantes en el desarrollo del feminismo de las últimas décadas, Federici también es una pensadora cuyos cuestionamientos radicales al Estado capitalista alientan a replantearse a fondo cómo estamos habitando el mundo y hacia qué desastre nos encaminaríamos de seguir así.

Por Alejandra Guillén

Laura está enojada porque siente que su familia la trata como servidumbre y porque su marido sí pudo jubilarse y ella no podrá hacerlo; sigue siendo la única responsable de cocinar, de limpiar la casa y de cuidar de todos. Es tapatía y fue educada para servir a su marido y a sus hijos. Pero desde hace tiempo este rol le parece injusto. Por eso, haber escuchado en Guadalajara a la feminista Silvia Federici le “cambió la vida”, pues entendió que el trabajo doméstico no pagado se ha justificado en nombre del amor romántico y que éste ha sido el sostén del funcionamiento del sistema capitalista.

Silvia Federici centró su charla del 2 de marzo en la guerra contra las mujeres y las nuevas formas de acumulación capitalista,1 precisamente en uno de los estados con más desaparecidas2 y que ocupa los primeros lugares de violencia contra ellas.3 Al inicio de la conferencia señaló que el capitalismo tiene distintas formas de violencia, pero que ella analiza la particularidad de la violencia sexista porque es necesario entenderla para poder combatirla. En su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Traficantes de Sueños, 2010),probablemente el más difundido en México, la feminista italoestadounidense explica que la transición del feudalismo al capitalismo se basó en la guerra contra las mujeres a lo largo de tres siglos de la caza de brujas, periodo en el que se construyó la posición de la mujer como sirvienta de los hombres y se destruyó un universo de prácticas incompatibles con la disciplina del trabajo capitalista. Así, las mujeres tuvieron que depender económicamente de su pareja y se generó un intercambio de servicios sexuales: “es clásico, es sexo por dinero, te apoyo y tú me das tus servicios. Es así en la prostitución y en el matrimonio. En la relación matrimonial, la mujer está empobrecida; el pacto empieza al lamentarte de tu pobreza. Ellos dicen: ‘No te lamentes, tú sé mi sirvienta, yo te doy dinero si te conviertes en mi esclava’. Pero esa naturalización de la violencia se rompió con el movimiento feminista”.

Su pensamiento ha germinado porque su propuesta antipatriarcal y anticapitalista es provocadora, moviliza a muchas que, como Laura, comienzan a cuestionar las relaciones de dominación en su vida cotidiana.

Silvia Federici

Una de las pruebas a las mujeres acusadas de brujería se hacía en una balanza pública. Los frailes aseguraban que las brujas pesaban muy poco porque montaban escobas; si la mujer pesaba menos de cinco kilos, era una bruja. Muchas veces las balanzas, como era previsible, estaban alteradas para que así fuera. Foto: Archivo.

Silvia Federici nació en Parma, Italia, en 1942. En los años sesenta se mudó a Estados Unidos a estudiar Filosofía en la Universidad de Buffalo, y participó en cuatro movimientos que se entrelazaban: el estudiantil, el pacifista, el feminista y el que peleaba por los derechos civiles. Su feminismo es peculiar, ya que se nutre del pensamiento de la autonomía obrera italiana, del pensamiento anticolonial y de su propia experiencia en el feminismo. Con el Colectivo Feminista Internacional impulsó la campaña Wages for Housework (Salario para el Trabajo Doméstico), que rechazaba el trabajo doméstico como destino natural de las mujeres. En el libro Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas (2013) explica que pasó 40 años lidiando con el problema del trabajo reproductivo y rebelándose contra éste, al menos como estaba configurado en el capitalismo. En los años ochenta trabajó como profesora interina en la Universidad de Port Harcourt, en Nigeria, donde atestiguó la instrumentación de las políticas neoliberales y sus efectos “devastadores”, y comenzó a observar los nuevos procesos de colonización y de cercamiento de tierras en todo el mundo.

En África también amplió su atención más allá del trabajo doméstico, a la agricultura de subsistencia, y descubrió la gran fuerza e importancia del acceso de las mujeres a la tierra por ser ésta la base material esencial para sobrevivir. Este vínculo con la tierra es lo que explica también por qué las mujeres han encabezado por años la defensa de los territorios, pues sin la tierra y sin la naturaleza no hay futuro.

En las últimas décadas, Silvia Federici, también profesora de la Hofstra University de Nueva York, ha comenzado a usar el concepto de la política de lo común, inspirada en parte en el levantamiento zapatista en 1994, en el fracaso del modelo de lucha por el poder para construir una alternativa al capitalismo y en la historia de comunidades y pueblos que antes del capitalismo vivieron como sociedades solidarias y autoorganizadas. Lo común abarca el agua, el aire, la tierra, los servicios comunes, las lenguas, las producciones colectivas de culturas antiguas, y la inquietud es cómo construir una política de los comunes para constituir los cimientos de una economía no capitalista. Su perspectiva de los comunes, vista desde el feminismo, consiste en reconstruir lo colectivo, los tejidos sociales, la cooperación, juntar lo dividido (con el otro, con la naturaleza), como una necesidad de la nueva etapa de la guerra contra el capitalismo. Y esto implica rechazar que nuestra reproducción tenga lugar a expensas del resto de los comunes y de los bienes comunes del planeta, “que nuestro bienestar no se construya sobre el sufrimiento de los otros”.

Tu infancia transcurrió en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo influyó eso en el pensamiento feminista y anticapitalista que desarrollaste posteriormente?

Nací en un periodo muy dramático, en abril de 1942. En enero empezaron los campos de la muerte en Alemania y yo nací en Italia, un país fascista. La primera memoria de mi vida es la memoria de la guerra, de los bombardeos, tengo imágenes de bombas que caen, memorias conectadas con los cuartos, con la oscuridad, con tratar de escapar de los bombardeos. Y también tengo imágenes de gran ansiedad, de la gente que corre. Mi infancia fue prácticamente un continuo escuchar la historia de mi familia, una historia de desastre, del terror de despertar en la noche con el cielo rojo. Mi mamá me contaba que siempre se iba a dormir con ropa, con la maleta lista para huir porque tenía dos niñas. ¡Tanta historia! Yo crecí en Parma, ciudad con tradición antifascista: en 1922 hubo días de guerra urbana, el proletariado hizo barricadas para impedir que los fascistas entraran. Fui a la prepa en una ciudad comunista, en la región de Emilia. Todo esto ha tenido influencia en mi vida; tuve una politización instintiva, pues con mi papá se hablaba de política, de fascismo. Él era maestro de historia, hablé mucho con él de filosofía. Mi familia es antifascista, él era un liberal antifascista, crecí con todo eso, tuve un proceso de politización con él. Era anticlerical: yo llegaba de la iglesia con mi mamá y me preguntaba: “¿Qué ha dicho el cura?”, luego hacía una crítica. Entonces, tuve una politización inmediata.

En periodos de guerra, cuando se lucha por la vida, ¿por qué es común que las mujeres vayan adelante?

Nunca reflexioné sobre esto cuando estaba chica, pero ahora puedo ver que la vida se sustentaba a través de las mujeres, porque, en el periodo en que huimos de los bombardeos, mi papá nos llevó a una granja, al campo, con unos pocos animales, y eran las manos de mujeres las que nos permitieron siempre contar con comida. En la ciudad, la comida era racionada, en el campo no. Cuando regresábamos a la ciudad, mi mamá podía contar con comida porque tenía una hermana que trabajaba en el campo. Mi mamá me recordaba que durante la guerra no sufrimos la fame(hambre), porque estaban mi tía, las mujeres de la granja, porque en el campo se podía comer. Las mujeres siguieron sembrando, y, sí, ocultando gente también.

Silvia Federici

Lucy Burns fue una sufragista estadounidense y defensora de los derechos de las mujeres. Activista apasionada y fundadora del Partido Nacional de la Mujer. Burns fue arrestada mientras protestaba en la Casa Blanca y fue enviada a Occoquan Workhouse. En la cárcel, Burns se unió a Alice Paul y muchas otras mujeres en huelgas de hambre afirmando que eran presas políticas. Ser encarcelada no detuvo el activismo de Burns. Desde el interior del asilo organizó protestas con otras presas y también ayudó a organizar y distribuir uno de los primeros documentos que definían el estado de las presas políticas. Se circuló a través de agujeros en las paredes hasta que cada sufragista prisionera lo hubiera  firmado. Cuando los funcionarios de la prisión se dieron cuenta de lo que Burns estaba haciendo, la transfirieron a una cárcel del distrito y la pusieron en confinamiento solitario. Foto: Lucy_Burns_in_Occoquan_Workhouse

Parece importante que en las luchas también exista un vínculo con la tierra porque, de entrada, permite la autogestión alimentaria

Sí, sí, sí, mucho, mucho. La historia de mi infancia, mi formación cultural y política, tiene dos partes muy contrastantes: la guerra y mi relación con el campo, porque el periodo en el que mi papá decidió llevarnos al campo para escapar de los bombardeos fue una maravilla. Después de que la guerra terminó, regresé por varios años porque estaba enamorada del campo, completamente enamorada. Para mí, el campo era el opuesto de la guerra. Fíjate, era una niña de dos, tres años, y luego regresé a los seis, siete años a encontrar animales, cuando empecé a crecer me dieron la tarea de salir por la mañana a buscar los huevos; fue un momento tan mágico, impactante, igual que ver la vendemmia, cuando se cosechan las uvas, cuando todos van al campo, porque, antes de la guerra, Italia era bastante agrícola. Todo cambió con el milagro económico, la industrialización, la guerra potenció la urbanización. Este lugar, que no es distante de donde mi familia ha vivido, es mágico. ¡Las mujeres cultivaban tantas cosas! Vegetales, flores, tenían animales, un puerco, gallinas, una vaca, árboles de manzanas. La vida allá era ver el cielo con todas las estrellas, ver cuando desgranaban el maíz en forma muy rústica, con todas las mujeres hablando, cantando, con luz de candela, era una cosa increíble, mágica, de otro mundo. Nunca lo he olvidado. Tengo una pasión muy fuerte por el campo, por el verde, por los ríos, por las hojas. Para mí, los árboles son dioses, entonces creo que este vínculo con el campo ha sido el otro componente muy fuerte de mi política; y tengo gran recelo con la tecnología capitalista, soy muy lenta para entusiasmarme con ella. Ahora tengo 76 años y es el primer viaje en el que traigo un celular (para estar pendiente de la salud de un ser querido). Soy tecnológicamente atrasada porque pienso en el costo ambiental de todo, para mí cada primavera es una cosa mágica, ver las flores. La magia de la naturaleza nunca me ha abandonado. No he olvidado que ésa es la magia más grande que tenemos en el mundo, antes que la tecnología. Pensar que en la tierra están todos los colores, que hay una inmensa creatividad de la tierra.

¿Ese vínculo que perdimos es parte de lo que nos tiene desvinculados de la vida?

Sí, claro, este proceso es una temática de mi trabajo: que el desarrollo capitalista es una forma de empobrecimiento en todos los sentidos. Es económico porque el capitalismo no produce riqueza para la mayoría, produce escasez con despojo: si no nos expropian, no pueden obligarnos a trabajar por un salario. A los que tienen foresta, bosque, comida, agua, no los pueden obligar a trabajar; entonces primero deben empobrecernos, despojarnos. Ésa es toda la lección de Marx, de cómo se crean poblaciones de trabajadores que no tienen nada, que no tienen tierra, para provocar escasez, pobreza estructural. La condición estructural del capitalismo es empobrecernos económicamente, pero también produce otro tipo de escasez al separarnos de la naturaleza, de los animales; nos separan de los otros, nos enseñan a tener miedo de los otros, a no ver que los otros son un enriquecimiento. Este individualismo es un empobrecimiento inmenso que nos hace vulnerables a tantas formas de explotación; es como que han cortado nuestra conexión con el mundo, con el mundo de los otros, con los animales, así que somos pequeñitos, vulnerables, ansiosos y empobrecidos, hemos perdido los poderes. Miles de años atrás, en regiones como Babilonia, hoy Irak, descubrieron las constelaciones con sólo observar el cielo, sin telescopio; en la Polinesia navegaban de noche sin luna porque conocían la ondulación de las olas, con su cuerpo podían comprender la ondulación de la ola y dirigir la barca. Son poderes que vienen de la profunda conexión con la naturaleza que hemos perdido totalmente, como la capacidad de orientarse en la foresta (el bosque) mirando el vuelo de los pájaros, de las estrellas, el sol, son todas cosas que hemos perdido. Entonces, me parece importante desnaturalizar la idea de que sin el capitalismo no podemos vivir.

¿Qué elementos debe tener el regreso a la tierra para recuperar la imaginación en cualquier lucha anticapitalista, antiestatista?

El regreso a la tierra no sólo es un factor económico de sobrevivencia, es también un factor espiritual, porque regresar a la tierra significa reconectarse con todo un mundo de fuerzas más grandes que nosotros. Es comprender las primeras cosas, que es algo más grande que el capitalismo. En segundo lugar, ahí hay una inmensa creatividad y variedad, porque la tierra es un proceso de creación continua, entonces hay que comprender que estamos en un mundo que es un organismo viviente; porque la tierra no es solamente materia en movimiento, es animada, tiene su creatividad.

Silvia Federici

“El capitalismo también depende del trabajo doméstico”, reza el cartel, a propósito del trabajo de cuidados que realizan muchas mujeres. Foto: collections.museumca.org.jpg.

¿Qué te dio la intuición y el olfato para desarrollar tu obra Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria?

Muy simple, llegó porque estábamos… ¡Ah!, ¿te he mostrado? Sólo un momento… [Silvia va a su habitación y regresa con un librito donde hay fotografías y memorias de su participación en la lucha feminista en Estados Unidos.] Hicimos una campaña del análisis del trabajo doméstico, diciendo que no es natural de las mujeres. En ese entonces muchas mujeres nos criticaban porque decían: “La casa es el área de la sociedad donde no está el capitalismo”, se idealizaba como un espacio libre de relación capitalista. La otra crítica que nos hacían era que la casa era un lugar atrasado, precapitalista; los socialistas nos acusaban porque decían que la casa era una herencia precapitalista, entonces las mujeres debían luchar, salir. Así empecé un análisis de la historia, que me gusta mucho, porque quería comprender. Mirando el presente podía ver que el trabajo en casa no tenía nada de natural. Con los marxistas está la historia de la industrialización, pero no la historia del trabajo doméstico, de la reproducción de la vida. Hay un capítulo donde Marx habla de cómo se reproduce la fuerza de trabajo: los trabajadores buscan el salario y compran las necesidades de la vida. Pero nunca habla del trabajo de reproducción, y pues yo pensaba que era importante mostrar cómo el capitalismo se ha construido. Entonces empecé a estudiar el siglo XIX, el siglo XVIII, y vi que para comprender tenía que partir del principio, ir a antes del capitalismo, porque necesitaba comprender cuál era la reproducción de la vida antes del capitalismo. Así empecé a estudiar el periodo feudal, el periodo de la acumulación originaria, de la caza de brujas.

Un factor que encontré en el camino es el concepto de la strega, que es la bruja en italiano. El personaje de la strega, palabra latina, que es un pájaro, legendario, de manos verdes, vuela en la noche y cuando emite un grito muy funesto es como un anuncio de muerte. La presencia de lastrega en Italia está presente en muchos dialectos, en lenguas reales… Bueno, esta figura también era parte de la vida cotidiana, porque mi mamá, cuando quería decirme que no tenía el pelo bien, que la ropa no estaba bien, que no me había puesto en forma decente para salir, decía: “Pareces una strega”. Es algo muy vivo en la sociedad, es una figura mala, que sirve para disciplinarte.

Después, en el trabajo histórico, encontré el panfleto de dos americanas, Barbara Ehrenreich y Deirdre English,4 que menciono en el libro, que interpretaba la figura de la strega como la curandera; decía: “con el desarrollo de la profesión médica se mata a mujeres acusándolas de stregas, de curanderas”. Esto me impresionó mucho porque el panfleto empieza con una cronología que dice: “la caza de brujas se desarrolló en los siglos XVII, XVIII”, y dije: “Es la fundación originaria del capital, es el periodo de la acumulación originaria, de la Conquista de América”. Entonces me puse a estudiar seriamente la caza de brujas y comprendí que sí es parte de la transición del mundo feudal al desarrollo del capitalismo. Así empecé a conectar estas cosas.

Hay resistencia a la idea de que se puede vivir sin Estado, se cree que es el único modelo en el que podemos vivir…

El Estado es una creación bastante reciente, porque, por miles de años, las comunidades eran autogestionadas, o muchas veces había sistema de explotación a través de tributo, pero no era el Estado como hoy, que no es sólo el gobierno: está la organización de la salud, de lo público, de la educación, tiene tantas trancas, es el Estado tentacular, como el pulpo, que incluye el capital. Fui a Nigeria. En este lugar, antes de la colonización de los ingleses, no estaba el Estado, eran todas comunidades interconectadas, autogestionadas. Esta idea de que no podemos vivir sin Estado —bueno, el Estado y el capital, porque el Estado es la traducción política del capitalismo— es tan fuerte que liberarse de ella tiene que ser un programa a largo plazo. Lo que no comparto es la visión marxista, porque Marx es contradictorio, piensa que el futuro debe ser una sociedad de productores libres; también, que una sociedad más justa sin explotación del trabajo debe ser una sociedad sin Estado. Pero pienso que es un periodo intermedio de la dictadura del proletariado, porque hasta ahora eso ha sido un gran fracaso, ha sido un capitalismo de Estado, por eso no comparto esta visión. Por eso, para mí se debe empezar a trabajar de abajo, porque si vamos a esperar al Estado, ¡no! Ya el Estado, para muchas personas, no da nada, sólo militarización, en gran parte del mundo es solamente una fuerza opresiva, no es una fuente de sustento. Hay que comprender que el común es la única garantía de sobrevivencia, porque el Estado te mata, no te da vivienda, salud, no te da educación, no te da nada, sólo opresión, cárceles, narcos.

Silvia Federici

Manifestación por la liberación de la mujer el 26 de agosto de 1970 en Nueva York. En la imagen, una mujer sostiene un cartel que reza: “Nosotras representamos a las mujeres negras y del tercer mundo, las más explotadas y oprimidas en la raza humana”. Foto: Keystone.

¿Coincides con esta perspectiva de que en países como Colombia o México la guerra del narcotráfico es una estrategia de contrainsurgencia?

Claro, es una estrategia de contrainsurgencia, y en Colombia no se ha acabado con los acuerdos de paz. No es paz, la paz es parte del modelo económico.

Acá en México, lo que ocurre es que en la sierra y otros lugares hay trabajo forzado, esclavitud, poblaciones desplazadas o asesinadas por no querer trabajar para las empresas del narcotráfico.

Lo que pasa es que no tenemos mente histórica, porque tienen un programa a largo plazo. La gran agencia del capital internacional, y las agencias como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, son parte del nuevo Estado internacional, porque el capitalismo necesita un Estado internacional, con los viejos y los nuevos conquistadores, la comunidad europea, el gobierno de Estados Unidos. Ellos son los grandes protagonistas del capital y tienen un plan, que para mí es vaciar el campo, vaciar todas las regiones que producen formas de sustento (las playas, los mares, los campos, los bosques), para obligar a todos a urbanizarse, pues así pueden controlar las formas básicas de sustento: controlando esto, imponen la forma de explotación que quieren, obligándonos a urbanizarnos en megaciudades que son campos de concentración: ahí nos pueden controlar bien. Creo que esto que dices es que se está reinventando la economía de la plantación. A los que saquen del campo, de las áreas costeras, es a los que pueden obligar a trabajar con salarios más bajos, en condiciones de nueva esclavitud, por eso vacían los territorios. Su plan es que cualquier acceso directo debe ser eliminado, y a quien no acepte, lo matan. Te permiten estar como sirviente, como nuevo esclavo, con salario bajo, sin reglas, te pueden despedir cuando quieran. Esta visión no es pesimista, es realista porque ya sucede. Donde hay obstáculos hacen guerra, terror de Estado.

Sobre los cuerpos, las desapariciones, el despojo en México…

Acabo de leer un manuscrito para el que escribí un prólogo, de una compañera de España, acerca de cómo los periodistas interpretan la violencia contra las mujeres; ella trabaja con un caso de 1996, cuando tres muchachas desaparecieron y las encontraron muertas. Es un análisis fuerte y contundente de cómo los medios las convierten en acusadas, porque estaban afuera en la noche; sus cuerpos habían sido torturados para inyectarles miedo. Y, cuando lees, no dicen cómo fue posible, cuáles son las condiciones para que esto pase: se naturaliza el comportamiento de los hombres. Ella también cuestiona el término desaparición, porque oculta la violencia del acontecimiento.

Lo que vemos es tecnificación de la desaparición en varios sentidos, desde prácticas
de narcos hasta administración de cuerpos para su no identificación; parece que está planeado…

Sí, sí, ¿has leído a Rita Segato? Sí, que anuncia, que tortura; es fuerte, es violencia que no busca ocultarse; antes se ocultaba, ahora se publicita. Esto te dice qué nivel de impunidad tienen, de seguridad: ¿por qué la publicidad? Dan a la policía evidencias, pero no tienen miedo. Pueden contar con la impunidad, así que quieren publicidad con el cadáver. Es nueva violencia, pedagógica, que manda mensajes, como dice Rita Segato; es violencia de manual, científica, pensada; es sangre fría, han pensado cómo aterrorizar científicamente. Cómo agredir a niños, a mujeres, para enviar un mensaje más terrible: “No tenemos límites”.

Silvia Federici 

Página de la revista Life de abril de 1976. En ella se puede apreciar a Silivia Federici (la cuarta de izquierda a derecha en la línea frontal), encabezando una serie de protestas por el trabajo no remunerado.

¿Cómo te imaginas tu liberación, la liberación en colectivo?

Yo no la imagino en un futuro utópico, la imagino ahora. La liberación ha sido entrar en el feminismo. Para mí, es trabajar con mujeres, conectarme con mujeres, comprender cosas. Yo misma he cambiado, me siento apoyada. El movimiento feminista en general se ha apoyado para crear identidades más fluidas, para combatir la identidad capitalista de la feminidad y de la masculinidad, aunque muchas veces en Estados Unidos hay jóvenes que ven el hecho de ser mujer como identidad degradante. No, yo estoy contenta de ser mujer, hemos luchado para cambiar lo que significa ser mujer. Una mujer, no en el sentido capitalista, porque ha sido un terreno de lucha en que el movimiento feminista se ha desarrollado para cuestionar la definición de ser mujer. Hemos cambiado, mi concepción de ser mujer ha cambiado con los años: cuando era pequeña, de 10, 11 años, me molestaba ser mujer, mucho, mucho. Yo he vivido la crisis de mi cuerpo, la feminización de mi cuerpo, el pecho que se forma, como una verdadera derrota. Sentía que ser mujer era muy desvalorizado, porque crecí en una sociedad que vivió 20 años en el fascismo, con una concepción militar de la vida, la masculinización más fea, la visión de la mujer como máquina para crear soldados. Para mí, esta cultura continuaba, no terminó con el fin de la guerra. Y ahora no, no siento el problema de ser mujer, porque me he sumado a la lucha de la mujer y hemos cambiado lo que significa ser mujer, hemos luchado. Hemos visto el poder de las mujeres.

¿Qué concepción tenías de la mujer y cuál tienes hoy?

Es una genealogía, de poco a poco. Yo fui feminista antes de tiempo; por eso, cuando salió el movimiento, ¡pum!, yo ya estaba ahí, porque tenía la clara percepción de que ser mujer era un límite a tu posibilidad de vida, que había expectativas que no podía reconocer. Nunca he deseado tener hijos, y bueno, para mi mamá era natural que podía casarme, tener hijos, no lo contrario; pero yo pronto empecé a ver que las mujeres sufren más y por eso son las más fuertes. Este antagonismo con los hombres lo tenía muy marcado. También, cuando me enamoraba, siempre sentía que me molestaba la relación con los hombres y una parte de mí siempre pensaba: “¿Por qué las mujeres tienen una carga más grande que los hombres? Deben ser más fuertes para poder continuar”. Y recuerdo un pequeño poema de un poeta italiano que habla de sufrimiento, parecía una lamentación de mujeres. Me impactó tanto… Estas cosas me han dado un sentido de las mujeres como colectividad, que tenían algo en común, que es el sufrimiento, el lamento, y a la vez son más fuertes.

Silvia Federici

¿Por qué es importante reconstruir la idea del amor romántico?

La parte amorosa es muy problemática; es muy importante cambiarla porque todo esto del amor romántico, la desesperación que las mujeres viven, el ocultamiento del trabajo no pagado a través de la ideología del amor romántico… He escrito un artículo que se llama Salarios contra el trabajo doméstico,5 porque hay toda una educación ideológica; a las mujeres nos han enseñado a estimarnos a partir de que un hombre te quiera o no te quiera; si te dejan te sientes desvalorizada, porque nos han enseñado que la vida es servir a los hombres; uno que te diga: “¡Ah, tú eres una mujer fantástica, una mujer especial”, es el pago por la jornada de trabajo en casa. Esto crea una dinámica perversa. La mujer puede hacer otras actividades, tener otras fuentes de valor, sobre todo colectivas. Hay que superar la idea de que un hombre significa tu vida, y dar prioridad al amor con otras compañeras y no con un hombre. Si te identificas con las otras compañeras cuyo bienestar es tu bienestar, no puedes perderte en esta competencia por un hombre que te ha dejado o no, lo digo por experiencia personal, porque todas hemos crecido más que vosotras, porque vengo de una generación en la que el amor romántico era la estrella. El feminismo me ha cambiado mucho, mucho; los celos, desesperarse por el amor… me ha cambiado mucho, es parte de la transformación necesaria.

En tus charlas dijiste que tampoco es que los hombres sean monstruos, sino que hay que entender la raíz histórica del despojo de tierras, y que a cambio les dieron a mujeres a su servicio.

Sí, son víctimas ellos también, por eso no quiero ser igual que ellos, porque no creo que los hombres sean un modelo de vida. Cuando hablan de la idea de la igualdad de los hombres, ¿cuáles hombres? ¿Trump o los jóvenes afros en cárceles? ¿Cuáles hombres? Porque cuando dicen: “Queremos ese lugar”, ya tienen la percepción de un tipo de hombre, con buen salario, con buen nivel de vida, pero hay hombres que no tienen nada. Igualdad, ¿con qué? ¿Con quién? ¿Qué modelo de vida quieren? m.

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1. En el Auditorio Salvador Allende del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, como parte de las actividades de la Cátedra Jorge Alonso. Antes, ese mismo día, impartió la conferencia “Feminismo y política de los comunes” en el ITESO.

2. En Jalisco, el reporte es de mil 279 mujeres desaparecidas y es el segundo estado con más casos, después del Estado de México, de acuerdo con la nota “Jalisco, segundo estado con mujeres desaparecidas”, de Darwin Franco Migues, publicada en Número Cero el 13 de febrero de 2018.

3. En la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (2016), Jalisco ocupa el quinto sitio de violencia contra las mujeres, y entre todas, la de pareja es la más frecuente: 47 de cada 100 mujeres mayores de 15 años han sufrido agresiones por parte de su pareja.

4. Autoras de Witches, Midwives and Nurses: a History of Women Healers, Old Westbury, Feminist Press, 1973.

5. Publicado por primera vez en Wages Against Housework, Falling Wall Press, 1975.