Silvia Ribera Cusicanqui (parte 1): «Un llamado a repolitizar la vida cotidiana»

En La Paz, Bolivia, todos los años Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga, historiadora y ensayista integrante del colectivo Ch’ixi, lleva adelante una cátedra libre. “Sociología de la Imagen” se convierte así en un espacio de formación para descolonizar nuestras miradas. Estuvimos un mes compartiendo ese espacio y hacia el final del mismo, la entrevistamos con la intención de seguir comprendiendo nuestros feminismos latinoamericanos.

Silvia Rivera Cusicanqui considera que su postura personal la ha colocado en cierto modo, “al costado” de toda la problemática planteada por el feminismo desde la década de 1960. “Digo al costado, no porque no me sienta interpelada por las ideas y esperanzas feministas, sino porque siempre he vivido la identidad femenina desde el interior histórico y político del colonialismo interno, donde la mujeridad se construye también colonizada”, narra Silvia en su libro Violencias (re) encubiertas en Bolivia.

En la entrevista que le realizamos, le preguntamos acerca de esto que ella nombra como una “forma práctica de ser mujer feminista, sin estar militando en grupos feministas”. Ella considera que ha sido, ante todo indianista, pensando que la opresión femenina y la opresión india son homólogas. Silvia nos planteó que hoy, el indianismo está totalmente abocado en un discurso nacionalista de buscar un estado aymara y una nación aymara y que para ella, “el nacionalismo es lo más antifemenino que hay. Es una vocación de poder totalmente centrada en un ethos masculino”. En esta primera entrega de la entrevista que le realizamos, conversamos con ella acerca de los encuentros y desencuentros entre indianismo y feminismo, los modos en que se estructura la violencia de género hoy y los vestigios coloniales que hay allí.

Nos gustaría comprender cómo identificas la presencia del patriarcado en distintos momentos históricos, cómo éste se fue exacerbando o constituyendo cada vez con mayor fuerza hasta la actualidad. Y en paralelo, pensar cómo se estructuró el poder y la supervivencia de las mujeres en estos siglos desde la conquista española.

—Como les decía, hay elementos patriarcales en la estructura pre hispánica andina, pero yo creo que atenuado por el paralelismo de género, por el carácter bilateral de la autoridad y la existencia por un lado de panakas y aillus que permitían un espacio autónomo de las mujeres donde además el papel ritual que tenían ellas, era además un papel productivo: es un conocimiento de las recetas, de la chicha, de los tejidos, de las canciones y todo eso como un saber femenino reservado interiormente a las mujeres del cual no tenían conocimiento los varones. Por lo tanto había como una cierta autonomía y las fuentes de poder tenían esa doble naturaleza, el ancestro femenino y el ancestro masculino.

Todo eso va a ser trastocado por la invasión, sobre todo la parte ritual, pero debido a la propia ceguera de los colonizadores que enfocaron todas sus herramientas de exacción sobre el varón como jefe de familia, hubo como cierta invisiblidad de las mujeres. El rol de ellas como ritualistas de los márgenes se trasladó al margen del comercio, en tanto el varón estaba desarrollando su actividad en el centro de la comunidad, en el espacio de la producción, la mujer cada vez más tendía a ir a intercambiar fuera de la comunidad. De eso surge toda esa presencia que les impresionaba a los españoles de las mujeres en los tambos. En el siglo XVII hubo un censo y ellos planteaban “esas mujeres qué hacen ahí, deben estar vendiendo sus cuerpos”. O sea, desde la experiencia de ellos en España, la presencia de mujeres en el espacio público sólo podía interpretarse como prostitución en tanto que en realidad, las mujeres fueron claves en el nexo entre la coca y la plata en Potosí y también en el Cuzco.

Entonces a lo largo del siglo XVII, XVIII, esta presencia femenina en las ciudades se estableció como una suerte de tercera república y permitió el surgimiento de ciudades matricentradas donde el papel de estas mujeres era central. Además había un proceso como de aculturación e imitación de las mujeres españolas que terminó generando una sociedad que se podía reproducir a sí misma y que estaba en el intersticio entre la sociedad comunitaria del campo y la sociedad estamental de las ciudades. Esta presencia ha sido persistente. Tu has visto en la rebelión de Tupac Katari, el papel militar, incluso de las mujeres, llegó a ser importante y a lo largo del siglo XIX también. Entonces esos momentos de crisis de la economía exportadora eran momentos de auge del mercado interior y ahí el papel de las mujeres era muy importante. En todo esto, obviamente se ha reproducido el patriarcado porque ha habido una suerte de alianza tácita entre los varones de la sociedad dominada y la sociedad conquistadora.

Entonces, en cada caso ha habido mecanismos como de defensa de todo tipo, pero el destino de las mujeres en las ciudades oscilaba entre el comercio y la servidumbre doméstica. Y ahí ya hay todo un fenómeno de mestizaje asociado a los hijos ilegítimos de mujeres que prestaban servicios en las casas y tenían hijos para el patrón. Entonces todo eso genera una sociedad despreciada por su promiscuidad y todos estos estigmas de género. Pero a la vez, una cierta fortaleza por el carácter colectivo que tenían estas opciones. Esto lo ves ya a principios del siglo XX con la fuerza que tienen los sindicatos de mujeres, tanto de las culinarias como de las vendedoras de los mercados, las lecheras, etcétera que van a constituir los sindicatos más fuertes y perdurables en su adhesión al anarquismo.

Va a llegar al punto en que en un tiempo post guerra del Chaco, las mujeres eran la columna vertebral de la Federación Obrera Local (FOL). La Federación Obrera Femenina (FOF), llegó a ser el principal aglutinante de las y los trabajadores una vez que varios gremios de los varones fueron cooptados por el Estado y por los partidos políticos. Ahí hubo como una cierta tenacidad de las mujeres de mantener su espacio de autonomía al punto que los varones tuvieron, de alguna manera, que plegarse a las luchas de las mujeres.

Todo eso se vino abajo con la Revolución del 52, que entre otras cosas instala la forma moderna del partido y de la sociedad basada en la división de lo público y lo privado y la reclusión femenina en los hogares, a pesar de que había un grupo que se llamaban las Barsolas que no eran más que una suerte de grupo de choque femenino. En realidad las mujeres terminaron siendo muy secundarias en la política hasta los años ochenta o noventa: esta presencia de las mujeres en la política era marginal y lo sigue siendo hasta cierto punto.

—Cuando vos nombrás la política, ¿a qué te referís? ¿A las formas de hacer política más autónomas?

—Al espacio público en general. Si bien hay una apertura a nuevas formas de trabajo fuera de la casa, son formas que reproducen los roles femeninos tradicionales: enfermeras, educadoras.

Vos nombrabas que en la Revolución del 52, la “higienización” fue una política de estado que apuntó a que la llevaran adelante las mujeres en el ámbito doméstico.

—Eso es una política estatal que viene de la época de la oligarquía de los últimos años, del Servicio Cooperativo Interamericano de Educación del departamento de Estado. Allí se introduce toda una cuestión de que la causa de la pobreza indígena es la mugre. Y además, esto viene a ser como un mercado para los detergentes, jabones y todo esto y tiene como efecto el intento de encerrar a la mujer en el hogar al cuidado de los niños y la limpieza del hogar para separar a las mujeres de las labores productivas. Obviamente que esto no lo logran de completo, porque es importantísima la labor productiva en la agricultura, la mujer es fundamental, pero de todas maneras hay un intento muy serio de instalar, pues, el american way of life generalizado a través de políticas higienistas.

En el artículo “Mujeres y estructuras de poder en los Andes: de la etnohistoria a la política”, vos hacés una historización acerca del papel de la mujer antes de la colonia, y marcás como la sociedad boliviana, es una sociedad que tiene una historia de la mujer habitando los espacios públicos de manera muy fuerte, cuestión que hoy pareciera ha quedado un poco oculta. Teniendo en cuenta esta historia de estas mujeres, nosotras nos preguntamos cómo construir hoy un feminismo “con los pies en la tierra”.

—Yo veo que el terreno de unión es la defensa de la madre tierra. Y el nexo con las luchas territoriales y ambientales sobre todo de indígenas de tierras bajas en Bolivia. Yo creo que ahí está el lugar del nexo más fructífero porque une las reivindicaciones feministas con las luchas más territoriales y ambientales de los pueblos indígenas. De hecho yo creo que en este gobierno van de la mano las agresiones a las comunidades y las agresiones a las mujeres, de la mano de un gran incremento de los femicidios, esto es impresionante.

—Las mujeres son las que más están poniendo el cuerpo en las luchas socioambientales, no solamente acá en Bolivia sino en toda América Latina.

—Sí. Y es un nexo fructíferamente fuerte en términos teóricos. Se ha pensado siempre que el cuidado, el alimento, son las cosas del mundo privado, son las cosas de las mujeres y que las mujeres debían salir de eso, salir al mercado del trabajo… eso es un feminismo burgués, de la modernidad. Pero hoy en día, procurar el alimento tiene implicaciones cósmicas. Cuidar de la salud, del cuerpo y de la vida, son cosas de una implicación política mucho más grande a través de este nexo con el tema de la Madre Tierra. Una política de los afectos y del cuidado es hoy una forma de hacer política, es un llamado universal a repolitizar la vida cotidiana.

*Entrevista realizada por Sofía Bensadon y  Débora Cerutti

Las autonomías después del progresismo

Por Raúl Zibechi

Luego de una larga década de gobiernos progresistas, los debates sobre la autonomía y las prácticas autonómicas parecen haber mutado; abandonaron el escenario y se han refugiado en los pliegues menos visibles de los movimientos anti-sistémicos.

En este cambio han confluido varios procesos. Por un lado, los gobiernos progresistas han apoyado con abundantes fondos muchas iniciativas de los movimientos, produciendo un efecto de cooptación o de neutralización de los rasgos anti-capitalistas de las organizaciones. Por otro, ha ganado terreno la propuesta de “jugar en la cancha grande”, como denominan algunos a competir en el terreno electoral, ya que consideran que las “islas de autonomía” no logran conmover al sistema.

Una tercera cuestión se relaciona con las enormes dificultades que tienen los colectivos que trabajan de forma autónoma, para sostenerse en el tiempo en base a sus propios esfuerzos y tender puentes hacia otros grupos similares para emprender acciones más potentes y desafiantes. En resumen, no pasamos por buenos momentos quienes apostamos a la construcción de espacios de autonomía, con estilos de trabajo que se apoyan en la auto-construcción de mundos nuevos.

Una recorrida por diversos espacios realizada este año con movimientos argentinos en Córdoba, tanto en la capital como en Traslasierra, así como con colectivos de las provincias de Santa Fe y Paraná, me permitió auscultar otros debates y modos de trabajo. Uno de ellos es la diversificación de lo que se entiende por autonomía, al punto que muchos colectivos se consideran realmente autónomos aunque reciben fondos de los Estados. Separan la autogestión del espacio propio, de los aportes financieros que perciben.

Aunque en principio resulta una posición algo incómoda y difícil de aceptar, lo cierto es que las prácticas autónomas no sólo no han desaparecido sino que se sostienen en numerosos colectivos, más allá de las definiciones de cada quien. Intuyo que la autonomía como propuesta política goza de mayor simpatía que la capacidad de ser realmente autónomos; que las prácticas autónomas son bastantes más que los colectivos que sólo dependen de sus esfuerzos.

En suma, que la realidad se ha vuelto mucho más compleja y no admite simplificaciones. Sin embargo, existen decenas de organizaciones autónomas, por lo menos en las provincias mencionadas. Tienen algunas características comunes que quiero desglosar.

La primera es que esas prácticas anidan en grupos muy variados, no dedicados a lo que se entiende por “política”, en el sentido de disputar el poder en la sociedad, sino volcados hacia actividades culturales (música, danza, radios libres, editoriales y revistas independientes), sociales (educación popular, comercio justo, alimentación sana) y productivas (elaboración de pan y otros alimentos orgánicos, artesanías y reciclajes).

La segunda es que estos grupos suelen compartir ideas y prácticas ambientalistas o ecologistas, se niegan a plegarse al consumismo, conforman redes de resistencia a la minería y a los monocultivos como la soja, pero también a la especulación inmobiliaria urbana.

No todos son totalmente autónomos, en el sentido de que se apoyan en sus propios recursos, pero cuestionan la participación en las elecciones y gestionan sus espacio y sus tiempos según sus propios criterios. La mayoría han construido espacios de auto-formación, lo que contribuye a potenciar las prácticas autónomas.

En tercer lugar, se trata de un sector muy amplio aunque no suele estar vinculado por una estructura organizativa estable. La tendencia es que los colectivos se agrupen para una actividad concreta o para campañas acotadas en el tiempo, y luego cada organización sigue su propio rumbo. En realidad, existen vínculos estables entre muchas de ellas, pero no están sujetas a un aparato orgánico que las supera.

Existen coordinaciones nacionales, regionales y sectoriales. Pero cada grupo que las integra es, en este caso se aplica perfectamente, autónomo a la hora de tomar sus decisiones sin tener que someterse a la coordinación a la que pertenece. Por eso creo que la autonomía abarca muchos más espacios que aquellos que se definen como autónomos.

La autonomía se ha transformado profundamente desde que emergió en la década de 1990, influida por el zapatismo, la debacle de los partidos de la vieja izquierda, el neoliberalismo que destruyó los estados del bienestar y un sindicalismo funcional al sistema. La mayoría tienen claro que las políticas sociales de los Estados buscan domesticar a los movimientos y parecen haber aprendido a neutralizarlas.

En uno de los varios encuentros en los que participé, uno delos grupos de trabajo de trabajo destacó la importancia de trabajar en “cómo nos abrazamos desde abajo”. Mientras avanzan en reconocer las dependencias que mantienen, no sólo del Estado sino también del mercado, también crecen en dilucidar los modos de relacionarse, para ampliar resistencias y luchas, mientras tejen lo nuevo. No es poco para tiempos tan difíciles.

Por un New Deal Internacional

Por Yanis Varoufakis

Lecciones de 2008 para más allá de 2018

El año 2008 estuvo marcado por la experiencia cercana a la muerte del capitalismo globalizado. Una década después, no tenemos derecho a ver esos eventos como parte de nuestra historia económica. ¿La razón? Todavía seguimos enredados en la crisis desencadenada por los acontecimientos de 2008, los cuales siguen formando hoy parte central de nuestro presente. La misma crisis toma diferentes formas en diferentes lugares, migrando de un continente a otro, de un país a otro. La crisis muta de generador de desempleo a una máquina deflacionista, de ahí a otra crisis bancaria y a un amplificador de los desequilibrios globales del comercio y el capital. Agota los ahorros de la clase media en Alemania y Holanda, comprime los salarios en Occidente, provoca burbujas de crédito en China, mantiene a Grecia y a la periferia de Europa en un estado de permanente Gran Depresión, alimenta el Brexit y el descontento en áreas suburbanas de los Estados Unidos y Europa. Por último, pero no por ello menos importante, pone en peligro las perspectivas de vida de millones de personas en los denominados países emergentes. Además, quisiera argumentar que las causas de la crisis de 2008 están intactas, los desequilibrios que la desencadenaron están empeorando y la política democrática —el único antídoto para esta crisis y la siguiente— se encuentra, trágicamente, en un estado de deterioro como resultado de la interminable crisis que nos reportó el 2008.

Pero, para que no se asusten ante la perspectiva de una charla empapada de tristeza y fatalidad, permítanme prometer que concluiré —al pasar de hablar de 2008 a las lecciones para más allá de 2018— con un mensaje optimista: ¡Sí, podemos! Podemos dejar atrás el 2008 de una manera que fortalezca la democracia y brinde una prosperidad verde compartida por la mayoría de las personas en la mayoría de los países.

Sobre la naturaleza y las causas de 2008

2008 fue el año 1929 de nuestra generación. El sistema financiero globalizado colapsó y sólo fue apuntalado por dos intervenciones masivas: primero, las instituciones de los Estados Unidos respaldaron a los bancos mundiales y sus negocios dolarizados en el extranjero con centros en Londres, Frankfurt y también aquí, en París: la Fed (sistema de la Reserva Federal de los eeuu), con sus gigantescas líneas swap de intercambio principalmente, pero también el Tesoro de los Estados Unidos. Un banquero del bce se refirió con precisión a los bancos centrales europeos en 2008 (el bce, el Banco Central de Suiza y el Banco de Inglaterra en particular), al afirmar que se habían convertido en la 13a rama del sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. En segundo lugar, China, cuyas autoridades aumentaron magníficamente el crédito y la inversión en un intento juicioso, por un lado, de reemplazar la demanda agregada doméstica (perdida por la caída libre de las exportaciones de China) y, por otro, para ganar tiempo y poder actuar en conjunto con Europa y los Estados Unidos.

Mientras que el mundo de las finanzas se salvó de sí mismo gracias a los estados de los Estados Unidos y China, la experiencia cercana a la muerte de la financiarización tuvo repercusiones que se sintieron en todas partes. El efecto agregado sobre la producción y el comercio fue mayor en los dos primeros años de la crisis que en el de la Depresión del 1929. Las certezas creadas durante décadas por el pensamiento del establishment —por ejemplo, que los mercados se autorregulan y la política es en gran medida irrelevante— habían desaparecido, junto con alrededor de 40 billones de capital a nivel mundial, 14 billones de riqueza familiar y 700,000 empleos cada mes, tan sólo en eeuu, e innumerables viviendas embargadas en todas partes. ¡Incluso McDonald’s, por el amor de Dios, no pudo asegurar sus números rojos con el Bank of America!

Mientras tanto, la respuesta de los gobiernos que hasta ahora se habían aferrado tenazmente al conservadurismo fiscal, tal vez como la última ideología superviviente del siglo xx, causó un gran asombro y perplejidad. Una vez que se dieron cuenta de que no era suficiente con inyectar billones de dólares, euros, yenes, etc. en un sistema financiero que había estado unos meses antes nadando en ganancias y liquidez, nuestros presidentes y primeros ministros, hombres y mujeres con impecables credenciales sobre el mercado libre y el antiestatismo, se embarcaron en una juerga de nacionalización de bancos, compañías de seguros y fabricantes de automóviles que pone en vergüenza incluso las hazañas de Lenin.

Aquí, en la Europa continental, donde habíamos creado una extraña unión monetaria con un banco central sin un Estado que la respaldara y con diecinueve gobiernos responsables de rescatar a los bancos nacionales, pero sin un banco central para respaldarlos, el resultado fue una política de contracción notablemente contraproducente, que duró de 2008 a 2015. Es esta misma política la que causó una derrota histórica al capitalismo europeo, una derrota que, a pesar de las diversas proclamas de que la crisis ha terminado, todavía está con nosotros, deprimiendo la inversión real y la productividad y envenenando nuestras democracias, haciéndolas vulnerables a la xenofobia orquestada y a un pánico moral en torno al tema de la migración.

Entonces, ¿qué causó los eventos de 2008? Después de 2008, incluso aquellos que habían argumentado que era imposible que los acontecimientos de 2008 ocurrieran, ahora se han convertido en expertos de sus causas. Así es la vida. Pero veamos las diversas explicaciones:

  • Crecientes desequilibrios comerciales
  • La financiarización crea una dinámica tóxica: la narrativa del riesgo sin riesgo que produce un riesgo sistémico masivo que se alimenta de sí mismo.
  • Teoría económica tóxica que ayuda e incita las finanzas tóxicas; por ejemplo, la Hipótesis del mercado eficiente, la Hipótesis de las expectativas racionales, el llamado Modelo de ciclo real de negocios, la Captura del regulador.
  • La entrada de 2 mil millones de trabajadores (de los antiguos Estados comunistas, de China y de la India) en el proletariado global.
  • El exceso de ahorro global que estos desarrollos engendraron.
  • Los bancos centrales luchando en una guerra equivocada contra el precio, no activo, de la inflación.

Todas estas explicaciones son verdaderas y aptas. Pero, quiero argumentar que todas estas explicaciones son en sí mismas síntomas de una causa más profunda: una subyacente macrodinámica global que se ha estado desarrollando desde la década de 1940. En resumen, mi argumento es que estos desarrollos que precipitaron los acontecimientos de 2008 fueron causados por la naturaleza de la transformación de eeuu, que pasó en este periodo de ser una economía hegemónica cuyo excedente era utilizado (por medios políticos) para estabilizar Europa y Japón, a una economía deficitaria cuya hegemonía creció como resultado de estabilizar la demanda global agregada a través de sus crecientes déficits gemelos.*

Para ver esto, debemos comenzar por el principio: en 1944 y en la Conferencia de Bretton Woods. Cuando la guerra estaba llegando a su fin, la administración de los New Dealers en Washington entendió que la única forma de evitar el regreso de la Gran Depresión, una vez que las armas habían sido silenciadas, era reciclar los excedentes de Estados Unidos en Europa y Japón, y así generar en el exterior la demanda que mantendría a las fábricas estadounidenses produciendo todos los relucientes nuevos productos de consumo que la industria estadounidense cambiaría al final de la guerra.

El resultado fue el proyecto de dolarizar Europa, de fundar la Unión Europea como un cártel de la industria pesada y de construir Japón, todo dentro del contexto de una unión monetaria global que era el sistema de Bretton Woods y su nueva filosofía subyacente según la cual el dinero era copropiedad de quienes lo tenían y de la comunidad global que lo respaldaba. Un sistema que presenta un régimen de tipos de cambio fijos anclados en el dólar estadounidense, tasas de interés casi constantes, bancos aburridos (que operan bajo severos controles de capital) y una gestión encabezada por los Estados Unidos de la demanda agregada de bienes y servicios del capitalismo global.

Este deslumbrante diseño nos trajo una Edad de Oro de bajo desempleo, baja inflación, alto crecimiento y una desigualdad reducida masivamente. Por desgracia, a fines de la década de 1960, los cimientos de Bretton Woods se estaban desintegrando. El superávit estadounidense, que era la base del sistema monetario mundial, desapareció. Esto, combinado con el intento perenne de los banqueros de desvincularse de las restricciones impuestas sobre ellos crearía más tarde, con la bancarrota de Bretton Woods en 1971, el mercado offshore de eurodólares que se convertiría en la base de la financiarización. De hecho, en 1968, Estados Unidos había perdido sus superávits, había caído en crecientes déficits gemelos y, por lo tanto, ya no era capaz de estabilizar el sistema global que había creado reciclando un superávit que ya no tenía. Nunca demasiado lento para aceptar la realidad, Washington mató su mejor creación: el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció la expulsión de Europa y Japón de la zona del dólar.

La decisión del presidente Nixon se basó en la refrescante falta de fobia por el déficit de los estadounidenses. No dispuesto a controlar los déficits imponiendo austeridad (que reduciría la capacidad de los Estados Unidos para proyectar poder hegemónico en todo el mundo), Washington pisó el acelerador para aumentar sus déficits. De esta manera, los mercados estadounidenses funcionaron como una aspiradora gigante que absorbía las exportaciones netas masivas de Alemania, Japón y, más tarde, China, dando paso a la segunda fase del crecimiento de la posguerra (1980-2008). ¿Cómo se pagaban los déficits estadounidenses en expansión? Por un tsunami de dinero de otras personas (alrededor del 70% de las ganancias de los exportadores netos europeos, japoneses y chinos) que se apresuraron entusiastamente a buscar refugio y un mayor rendimiento, un cambio radical que fue ayudado por tres acontecimientos: (i) El crecimiento salarial en los eeuu fue menor que en Europa y Japón (por lo tanto, impulsó el retorno a las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos); (ii) las tasas de interés del 20% + de Paul Volcker; y (iii) la financiarización dolarizada de Wall Street y la City de Londres que ocasionó ganancias auto-reforzadas de papel financiero.

A mediados de la década de 1980, los Estados Unidos estaban absorbiendo una gran parte del superávit de productos industriales originados en el resto del mundo, mientras Wall Street administraría las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos de tres maneras. Primero, otorgó crédito a los consumidores estadounidenses (cuyos salarios se estancaron). En segundo lugar, canalizó la inversión directa en las empresas estadounidenses y, por supuesto, en tercer lugar, financió la compra de letras del Tesoro de los eeuu (es decir, financió los déficits del gobierno estadounidense).

Pero para que Wall Street pudiera actuar como ese «imán» del capital de otras personas y realizar el papel de reciclar el superávit de otras personas con el fin de pagar los déficits de Estados Unidos, tuvo que ser liberado de las estrictas regulaciones del periodo del New Deal y de Bretton Woods. Dicho de otro modo, el eurodólar, un mercado financiero no regulado que se había creado en la ciudad de Londres, tuvo que hacerse cargo del resto del mundo, convirtiéndose en el modelo financiero dominante en Nueva York, aquí en París, en Frankfurt y en el Extremo Oriente.

La avaricia institucionalizada, la desregulación al por mayor, las infames «puertas giratorias», los derivados exóticos, etc., fueron meros síntomas de este nuevo y bravo mecanismo de reciclaje global. Después de 1991, cuando otros dos mil millones de trabajadores ingresaron en la fuerza de trabajo mundial, produciendo un nuevo output que impulsó unos flujos comerciales ya desequilibrados, el capitalismo había entrado en una nueva fase. Es lo que conocemos hoy como Globalización.

En la estela de la globalización, la ue creó su moneda común. La razón por la que la ue necesitaba una moneda común era que, como todos los cárteles, tenía que mantener los precios de sus principales industrias oligopólicas estables en el mercado único europeo. Para hacerlo, era necesario fijar tipos de cambio dentro de su jurisdicción, como se habían fijado durante la era de Bretton Woods. Sin embargo, desde 1972 y hasta principios de la década de 1990, todos los intentos de la ue por fijar las tasas de cambio europeas habían fallado espectacularmente. Finalmente, la ue decidió poner toda la carne en el asador y establecer una moneda única. Esto lo hizo dentro del ambiente de apoyo de estabilidad global (extremadamente desequilibrada, pero temporalmente extraordinaria), mantenido por el Mecanismo Global de Reciclaje de Excedentes anclado en los eeuu. Para sortear los obstáculos políticos presentados por la comprensible reticencia del Bundesbank a sacrificar el marco alemán, terminamos con la paradoja de un bce suministrando una moneda única a los bancos de diecinueve países. De esta manera, los gobiernos de estos países tendrían que salvar sus propios bancos en un momento de crisis, ¡sin un banco central que pudiera apoyarlos!

Mientras tanto, Wall Street, la City de Londres y los bancos franceses y alemanes aprovechaban su posición central en el sistema de reciclaje global anclado en los Estados Unidos para construir pirámides colosales de dinero privado sobre la base de las ganancias netas que fluyen a los Estados Unidos desde el resto del mundo. Esto agregó mucha energía al esquema de reciclaje, ya que alimentó un nivel de demanda cada vez más acelerado dentro de los Estados Unidos, en Europa y Asia. También provocó el extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes.

Para explicar lo que quiero decir con el «extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes», recuerden los embriagadores días de agosto de 2007, cuando comenzó la podredumbre. Mis amigos alemanes, hasta la fecha, me dicen que ellos no lo entienden: ¿Cómo es que el Deutsche Bank, y el resto de los bancos alemanes, fueron, efectivamente, a la quiebra? ¿Cómo puede un sector económico pasar en 24 horas de hacer dinero a tropecientos a la insolvencia, exigiendo enormes rescates a los contribuyentes? La respuesta es tan simple como devastadora.

Consideremos los bancos y exportadores de Alemania en el verano de 2007. Las cuentas nacionales de Alemania confirman el gran superávit comercial de Alemania con los Estados Unidos. En el mes de agosto de 2007, por poner un ejemplo, los ingresos alemanes de exportación netos a los Estados Unidos fueron de unos 5 mil millones. Las cuentas nacionales de Alemania registraron este superávit así como una salida de capital compensatorio desde Alemania a los Estados Unidos. Sin embargo, las cuentas nacionales de Alemania no muestran el verdadero drama detrás de la escena, la acción real.

Desde principios de la década de 1990 y hasta 2007, los banqueros de Frankfurt se morían de ganas por comprar los lucrativos derivados en dólares que Wall Street y la City londinense fabricaban y lo hicieron con dólares que estaban pidiendo prestados a Wall Street. En agosto de 2007, el precio de estos derivados comenzó a caer, las

deudas subyacentes retrocedían y, por lo tanto, las instituciones de Wall Street se enfrentaron a grandes ajustes. Los banqueros alemanes se pusieron apopléjicos cuando sus aterrorizados amigos de Nueva York comenzaron a reclamar sus deudas en dólares. Necesitaban dólares a toda prisa, pero nadie compraría la montaña de derivados tóxicos estadounidenses que ellos habían comprado. Así es como, de la noche a la mañana, los bancos alemanes que estaban nadando en océanos de ganancias en papel se encontraron con la necesidad desesperada de unos dólares que no tenían. ¿No podrían los banqueros de Alemania tomar prestados dólares de los exportadores de Alemania para cumplir con sus obligaciones en dólares? Podrían, pero ¿cómo podrían los 5 mil millones que estos últimos había ganado durante ese último agosto de bonanza ayudar cuando la extraordinaria deuda de los banqueros alemanes con Wall Street, que los estadounidenses reclamaban ahora, excedía los 100 mil millones? Esto es lo que quiero decir con el asombroso desacoplamiento de la economía de las finanzas de los flujos comerciales de los flujos de capital.

El después

En resumen, lo que sucedió a escala global fue que los desequilibrios de flujos financieros denominados en dólares, que inicialmente habían crecido debido al déficit comercial de los Estados Unidos, «consiguieron» desvincularse de los valores económicos subyacentes y los volúmenes de comercio. No sería descabellado decir que casi alcanzaron la velocidad de escape y casi dejan el planeta Tierra detrás —antes de estrellarse violentamente en 2008—.

A partir de ese momento, los políticos se volcaron en transferir las pérdidas de los que las crearon (los banqueros) a los deudores de la clase media, los asalariados, los desempleados, los que tenían pagos por discapacidad y los contribuyentes que no podían permitirse establecer unidades de contabilidad offshore. En Europa, en particular, nuestro liderazgo no sólo no moderó la crisis de la eurozona, sino que al implementar hasta hoy el ocultamiento fraudulento de la insolvencia, produjo una derrota histórica para el capitalismo europeo.

La narrativa dominante sobre lo que salió mal no tenía ninguna base en la macroeconomía y, por lo tanto, eso permitió oscurecer la realidad de que el Eurosistema había sido diseñado para no tener ningún amortiguador que absorbiera la onda expansiva de Wall Street. En consecuencia, una tras otra, las naciones orgullosas se enfrentaron entre sí, con una clase dominante decidida a disfrazar los motivos de una crisis causada por una alianza de banqueros del Norte y del Sur y otros oligarcas rentistas, en un choque causado por los despilfarradores sureños y las laboriosas hormiguitas del norte, o como la crisis de los excesivamente generosos sistemas de bienestar social alemán, griego, italiano, etc. Las repercusiones políticas de este vano manejo de una crisis inevitable son evidentes para todos, por lo que voy a desistir de decir algo más al respecto, a pesar de que mi vida, en estos días, está dedicada a luchar contra la Internacional Nacionalista que surgió de este lío.

Pero dejemos de lado estos desarrollos ya conocidos. La pregunta es: ¿dónde estamos ahora?

Si bien el déficit comercial de los Estados Unidos volvió a los niveles anteriores a la crisis en un par de años, ya no era suficiente para estabilizar la demanda global. El mecanismo previo a la crisis por la cual Wall Street y la City londinense convirtieron (y sobrecargaron) el déficit comercial de los Estados Unidos en inversiones de capital fijo en todo el mundo se ha derrumbado. Claro, la Fed y otros Bancos Centrales trataron de enmendar la situación con tsunamis de liquidez inducida por expansión cuantitativa (ec). Pero eso sólo elevó los precios de activos en el oeste, dando por ejemplo a las corporaciones estadounidenses la oportunidad de recomprar sus acciones mientras ahorran sus propios beneficios en cuentas en el exterior. Donde fluía el dinero, en los Mercados Emergentes, la inversión creció, pero era vulnerable tanto a las fuerzas deflacionarias que Europa exporta continuamente (cortesía de su impulso de austeridad nacional) como a la expectativa de reducción y mayores tasas de interés a largo plazo en los Estados Unidos. Quizás el único pilar de la demanda mundial fue China, aunque su capacidad para mantener ese impulso se vio limitada por la constante amenaza de explosión de su burbuja crediticia.

En resumen, la capacidad de Wall Street para continuar «cerrando» el ciclo de reciclado global en 2008 desapareció y aún no ha sido reemplazada. Los bancos de los Estados Unidos ya no pueden aprovechar los déficits gemelos de los Estados Unidos con el propósito de financiar suficiente demanda dentro de los Estados Unidos para mantener en marcha las exportaciones netas del resto del Mundo. Esta es la razón por la cual el mundo de hoy permanece en los cierres de la misma crisis que comenzó en 2008.

¿Hemos aprendido alguna lección?

Realmente, no. El capitalismo global se comportó como un conductor imprudente que, habiendo sido atrapado por exceso de velocidad, se mantiene en el límite de velocidad por un tiempo, pero luego pisa de nuevo el acelerador como si nada hubiera sucedido. Veamos:

Deuda: 40% más desde 2007, hasta alcanzar el 217% del PIB mundial.

Regulación bancaria: Reglas nacionales más estrictas establecidas para restringir los balances de los bancos, causando un cambio de la intermediación financiera de los bancos a los mercados de capital, principalmente con instrumentos denominados en dólares de renta fija. Pero al hacer que los bancos sean más seguros, la creación de mercado se ha deteriorado o cambiado a un sistema bancario en la sombra, que ha pasado de 28 billones en 2010 a 45 billones en 2018. El riesgo no se ha eliminado, simplemente se ha perdido y se ha dispersado geográficamente; por ejemplo, los bancos estadounidenses dominan más que nunca (los cinco bancos estadounidenses más grandes que se consideraron Too Big To Fail ahora son aun más grandes: representan el 47% de todos los activos bancarios de eeuu, un 44% en 2007), los nuevos gigantes bancarios de Asia se expandieron rápidamente y son los bancos británicos y europeos los que contrataron, ya que las autoridades estadounidenses lo exigieron a los competidores europeos, como Barclays y Deutsche Bank, que proporcionaran más capital a sus operaciones en eeuu o que se marcharan.

Los mercados emergentes pierden su capacidad de ajustar a través de la depreciación: Es bien sabido que los dineros ec (expansión cuantitativa) fluyeron hacia Mercados Emergentes. De hecho, en la última década, los préstamos denominados en dólares a prestatarios de ec crecieron un 17% cada año, y fluyeron a China, Brasil, Chile, Turquía, Argentina, Indonesia, etc., 3.7 billones en total. Esto ahora está causando los problemas que todos sabemos. Peor aún, la devaluación parece no hacer diferencia (ya que los argentinos no mantendrán su dinero en pesos, incluso si se les ofrecen tasas de interés del 100%). Incluso cuando el gobierno tiene suficientes reservas de divisas para cubrir sus obligaciones en dólares, la apreciación del dólar hace que las empresas domésticas que trabajan bajo grandes deudas en dólares se reduzcan en sus hogares, reduciendo así la capacidad de depreciación para impulsar la actividad económica interna.

Un sentido de injusticia: se impusieron multas de 321 mil millones a los banqueros. Era un pequeño porcentaje de la liquidez y los activos públicos que los contribuyentes les habían proporcionado.

Sorprendentemente, a diferencia de la década de 1980, cuando estalló una crisis bancaria mucho más pequeña en los eeuu (el escándalo de Ahorros y Préstamos), que llevó a más de mil banqueros a la cárcel, no se realizaron arrestos por delitos financieros relacionados directamente con las actividades tóxicas de los financieros que ocasionaron el 2008.

No hay planes para el próximo episodio: No existe un plan para cuando el nuevo riesgo de cola golpee de nuevo; un efecto dominó que puede comenzar de varias maneras (por ejemplo, la deuda pública italiana, un colapso de la burbuja crediticia china) y ser más ominoso por la estrategia de Trump de incitar a una falla de coordinación a nivel mundial, por el Brexit en Europa, o por el generalizado envenenamiento de los procesos democráticos.

¿Qué es lo siguiente? La necesidad de una Internacional Progresista y un borrador del New Deal internacional por el que debemos hacer campaña.

La crisis de 2008 engendró la Gran Recesión, que engendró la Gran Deflación, que dio lugar a la Disolución Integral de cualquier apariencia de Gobernabilidad Global. Lamentablemente, la Unión Europea se encuentra en una etapa avanzada de desintegración, con la debacle migratoria frente a los desequilibrios macroeconómicos subyacentes que son incompatibles con el marco institucional del euro. Los Estados Unidos han adoptado la estrategia de pasar a las negociaciones bilaterales; un marco dentro del cual ni la Unión Europea ni la economía china pueden seguir. Las tendencias actuales conducirán, casi con certeza, a lo siguiente: a) Europa exportará una mayor deflación e inestabilidad al resto del mundo; y (b) China reduce sus niveles insostenibles de inversión en más del 10% del PIB, lo que junto con una tasa de crecimiento máximo del 6% y una tasa de ahorro del 40%, conduce a la predicción segura de una salida de capital de China que superará el 10% del PIB. Si bien algunas economías particulares podrán funcionar razonablemente bien en ese entorno, la economía mundial sufrirá y las tensiones se multiplicarán. Si a esta imagen agregamos las presiones de la próxima crisis (es decir, los efectos deflacionarios de la inteligencia artificial y la automatización), el futuro parece sombrío.

¿Puede el futuro ser más luminoso? Sí, por supuesto que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hemos hecho un llamamiento por una Internacional progresista que hará campaña en favor de un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significa esto en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:

Un Programa de Inversión Verde a gran escala mediante el cual se puede utilizar con fines útiles el exceso mundial de ahorro

Esto sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado ocioso para fines públicos. Pero en lugar de a través de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debería ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Fed, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Kf W Development Bank de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el fmi, la ocde incluso (¡!). Los bancos de inversión podrían emitir bonos de forma coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si es necesario. De esta forma, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para grandes inversiones en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías ecológicas que la humanidad necesita.

Tratos de comercio justo, basados en salarios mínimos de vida para los países pobres y un esquema de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos

Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen oligarquías locales, debemos hacer una campaña por acuerdos comerciales que comprometan a los gobiernos de los países más pobres a legislar salarios mínimos para sus trabajadores y que los gobiernos de los países más ricos legislen por un plan de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan recuperarse en los países más ricos y más pobres a la vez.

Un nuevo sistema monetario internacional: una unión global de comercio y capital de compensación

La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un Fondo Internacional de Riqueza para financiar programas que alivien la pobreza, que desarrollen el capital humano, que apoyen comunidades marginadas e inviertan en la Transición Verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en los cinturones de los Estados Unidos y Europa.

Manteniendo sus propias monedas y bancos centrales, los miembros del New Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémosle Kosmos (K), una moneda digital común emitida y regulada por el fmi en la base de un libro digital distribuido transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera pre-acordada al volumen del comercio mundial, todos los cuales estarán denominados en K unidades. Los mercados de divisas funcionarían como lo hacen ahora y la tasa de cambio entre K y varias monedas podría variar de la misma manera que lo hacen los Derechos Especiales de Giro del fmi, el dólar, el euro, el yen, etc. La diferencia, por supuesto, sería que, bajo este sistema, los Estados miembros permitirían que todos los pagos pasen a través de la cuenta K de su banco central. Además, para explotar todo el potencial del sistema para mantener los desequilibrios bajo control, se introducirían dos transferencias estabilizadoras.

El suministro de K se ejecutaría sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsen el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimice el poder discrecional de los políticos y burócratas, regule en gran medida el comercio del sector financiero en Ks y mantenga los desequilibrios del comercio y el capital mundial bajo control usando dos instrumentos:

  1. La Tasa o gravamen: un gravamen de desequilibrio comercial que se cobra anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción al déficit o superávit de su cuenta corriente y se ingresa en un fondo común de riqueza.
  2. El Incremento: las instituciones financieras privadas pagan una tarifa de «aumento» en el mismo Fondo en proporción a cualquier aumento de flujos de capital fuera del país, lo que recuerda el aumento en el precio de la congestión que empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de máximo tráfico.

La lógica de la tasa o gravamen es motivar a los gobiernos de los países con superávit a que aumenten el gasto y la inversión nacionales, al tiempo que reducen sistemáticamente el poder de gasto internacional de los países deficitarios. Los mercados de divisas tendrán esto en cuenta, ajustando los tipos de cambio más rápidamente en respuesta a los desequilibrios de la cuenta corriente y cancelando gran parte de los flujos de capital que hoy soportan un comercio crónicamente desequilibrado. En cuanto a la Tarifa, automáticamente penalizará las entradas o salidas en masa de capital especulativas sin, sin embargo, otorgar poder discrecional a los burócratas o introducir controles de capital inflexibles.

De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo de Soberanía Global con el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en las áreas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.

Conclusión

2008 fue una llamada de atención que cayó en saco roto. El mundo en 2018 es más precario de lo que era en 2007. Las finanzas siguen absorbiendo el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones invierten poco en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de las personas enfrentan perspectivas de vida decrecientes en un mercado laboral en proceso de uberización y la política democrática está siendo envenenada tanto por la obsesión de los negocios de un inservible establishment como por la cada vez más triunfante Internacional Nacionalista xenófoba. Solo una campaña de Progresista Internacional por un New Deal internacional como aquí he trazado puede inspirar esperanza en el futuro.

Discurso presentado en la ocde el 14 de septiembre de 2018

Traduccción de Miguel Ibáñez Aristondo

* Popularizado en los 80s y 90s, el concepto de Twin deficits se refiere a la suma del déficit comercial más el déficit presupuestario.

Jaume-Palasí: “Una dictadura del algoritmo es una dictadura humana escondida detrás de un velo tecnológico”

Por David Martínez Pradales

Lorena Jaume-Palasí es cofundadora y directora ejecutiva de la organización AlgorithmWatch, con sede en Berlín, que analiza la ética de la automatización y la digitalización en el uso de algoritmos con relevancia social. Especializada en filosofía del derecho, forma parte del grupo de sabios sobre inteligencia artificial y big data del Gobierno. Además, lidera el secretariado del Foro para la Gobernanza de Internet (IGF) en Alemania y forma parte de los 100 de COTEC. En resumen, ella de una de las personas que velan para que máquinas y algoritmos contribuyan al bienestar común con un uso justo de sus capacidades.

– ¿Ha afectado el cambio de gobierno a la redacción del Libro Blanco sobre la Inteligencia Artificial que se puso en marcha en la anterior legislatura? ¿Qué podemos esperar de este trabajo?

Ante el cambio de gobierno decidimos pausar durante el resto del verano y dar tiempo a la SESIAD para que pudiese reorganizarse. Ya hemos iniciado el diálogo con el secretario de estado, Francisco Polo, quien también se interesa mucho por la materia. Acabamos de retomar nuestro trabajo con mucha ilusión y ganas de continuar desarrollando y generando propuestas con el nuevo gobierno y salir con una publicación a más tardar a inicios del año que viene. El libro se centra en la integración de la inteligencia artificial en el ámbito social y económico. Si bien las culturas occidentales se caracterizan por su individualismo, la sociedad española es una cultura a caballo entre esas sociedades y las culturas más colectivistas. Por eso nos estamos concentrando en nuestra particularidad como puente entre Europa y Latinoamérica y elaborando correspondientes recomendaciones éticas, regulatorias y propuestas para una estrategia socio-económco.

Hablando de lo público, parece que los mayores logros en IA se dan en empresas privadas y de origen estadounidense, ¿crees que Europa está haciendo los deberes para no quedarse en los márgenes de lo que será la sociedad del futuro?

No es inusual que la innovación se genere en el sector privado. El sector de las nuevas tecnologías ha pasado de la creación de productos de nicho para unos pocos a productos para el uso comercial por masas. Con ello el proceso de innovación tecnológica se ha vuelto más visible. El sector privado tiene menos restricciones y formalidades que el sector público o académico. Asimismo Estados Unidos es un país con más de trescientos millones de habitantes, mientras que Europa es un continente con más de cuarenta estados nacionales y jurisdicciones y diferentes estrategias económicas. Especialmente en la eurozona es un reto crear una estrategia de coordinación que sea adaptada e interpretada por todos los estados miembros de forma equiparable. Ahí tienen los Estados Unidos una ventaja ya que pueden lograr una mayor consistencia regulatoria y certeza legal.

Lorena Jaume-Palasí

Por otro lado la regulación en la eurozona tiene su lado positivo: las nuevas tecnologías no conocen fronteras geográficas y jurisdicciones, por ello tiene mucho sentido el pensar en regulación que va más allá de los límites nacionales. Eso explica que países de la zona nórdica hayan decidido elaborar una estrategia conjunta (si bien la mayoría ya ha elaborado o está elaborando una estrategia nacional). El hecho de que en la región de la UE hay una declaración de coordinación y la comisión europea haya publicado una estrategia regional y haya creado gremios con el mandato de desarrollar dicha estrategia es un paso importante. Y ya vemos que países como Japón están muy interesados en la adecuación de su leyes con la eurozona así como Latinoamérica, los EEUU mismos o Canadá. En otras palabras:

Si bien los EE.UU están a la cabeza en el exporte de tecnología y patentes, la UE es la que está exportando el modelo regulatorio. No es que no estemos haciendo los deberes, EE.UU y la Unión Europea están haciendo los deberes de forma diferente.

El manifiesto de AlgorithmWatch empieza afirmando que las decisiones algorítmicas nunca son neutrales. Sin embargo, parece que el brillo de la tecnología deslumbra y somos mucho más laxos a la hora de aceptar estas herramientas que, en el peor de los casos, configuran nuevas formas de vigilancia y manipulación. ¿Nos encaminamos hacia una dictadura de los algoritmos?

Un algoritmo sólo puede dictar a terceros lo que sus creadores le dictan. En última instancia el uso de algoritmos es el resultado de la tendencia humana al pragmatismo; son el lenguaje con el que se automatizan procesos a fin de alcanzar un mayor grado de eficacia, consistencia y precisión. Una dictadura de los algoritmos es una dictadura humana escondida detrás de un velo tecnológico.

Pero esta tecnología es ambivalente: los sistemas algorítmicos son muy buenos detectando patrones de comportamiento, diferencias y puntos comunes. A través de ellos podemos aprender mucho sobre el ser humano y la sociedad: por ejemplo sobre patrones de discriminación humana que se escapan a la percepción, o patrones de comportamiento celular que nos ayuden a hallar soluciones contra infinidad de enfermedades. Tenemos el futuro en nuestras manos y no tiene por qué ser negro si aplicamos dichas tecnologías conscientes tanto de su potencial como de sus riesgos y con las previsiones debidas.

Es curioso que, al mismo tiempo que se pide transparencia en todos los ámbitos, sobre todo en el político y empresarial, la información que surge de la misma discurre a través de plataformas cuyos algoritmos y, por tanto su intención, son opacos. ¿Debe ser la regulación la forma de superar esta contradicción?

La transparencia en sí es un medio, no un valor político en sí. No es suficiente con que un actor político o una compañía o una fórmula algorítmica sean transparentes y hagan abuso o corrupción visibles. A mi parecer se precisan autoridades independientes sectoriales, capaces de evaluar y sancionar usos en detrimento de la ciudadanía o sociedad y ello, efectivamente, precisa de una regulación clara y tecnológicamente neutral.

¿Cómo garantizar que esta tecnología se desarrolle teniendo en cuenta los aspectos éticos o sociales de su uso?

Se necesita un catálogo de múltiples medidas dependiendo del contexto de uso. En general, los códigos de ética en profesiones como la abogacía y la medicina deberían extenderse y adaptarse a todas las profesiones que diseñan, entrenan e implementan algoritmos: científicos del dato, desarrolladores, matemáticos, pero también managers y todo profesional que implemente procesos de automatización. A parte de ello necesitamos más expertos en filosofía, ética y ciencias sociales analizando el uso e interacción humana con dichas tecnologías. Las ciencias sociales acaban de hacer su entrada en el campo y aún quedan muchos problemas y dilemas por identificar antes de poder elaborar recomendaciones y principios de ética aplicada y legales. Asimismo también se necesita una conversación social en general que debe ser fomentada por la prensa y la política.

Lorena Jaume-Palasí

Según AlgorithmWatch, la responsabilidad sobre el algoritmo es de su creador. ¿Cuál debe ser la responsabilidad de la ciudadanía afectada por las decisiones de dichos creadores de algoritmos?

Esas tecnologías conllevan una cadena de responsabilidades más compleja: hay diferentes formas de usar algoritmos y dependiendo de la tecnología usada, la ciudadanía también es parte creadora: un chatbot aprende su vocabulario del entorno que le rodea y refleja con ello los prejuicios de la sociedad en la que es integrado. Ahí la tecnología se convierte en reflejo de la sociedad y es nuestro deber y responsabilidad como sociedad confrontar esas imágenes y evaluar nuestras normas éticas y sociales.

En general en lo que respecta a la ciudadanía, al igual que con comestibles o el tráfico, debemos identificar qué tareas e informaciones de uso necesita la ciudadanía para interaccionar con esa tecnología y determinar en ese ámbito su responsabilidad: no necesitamos entender de química para poder comprar un yogurt o de ingeniería para poder subirnos a un avión o conducir. Nuestra responsabilidad en esos casos se limita a comprobar la fecha de caducidad del yogurt, seguir las reglas estipuladas como abrocharse el cinturón en el avión, o conocer las reglas de tráfico, el uso del volante, las marchas y el freno en el caso del coche.

¿Debemos resignarnos a la pérdida de privacidad y anonimato en aras de la comodidad y el  progreso?

No, el progreso puede crear tecnologías que fomentan la privacidad también. Pero debemos reflexionar más sobre qué significan la privacidad y anonimato y la gradualidad contextual de éstos, y entender que no son absolutos y deben equilibrarse con otros derechos humanos como la igualdad de trato, la libertad de expresión, la integridad personal, derechos laborales,  etc. que también pueden ser tanto perjudicados como fomentados por dichas tecnologías.

Hablemos un poco de robotización. Su extensión creciente en múltiples sectores industriales y la sustitución de la fuerza humana de trabajo puede llevarnos a una sociedad del ocio, en el mejor de los casos, o una sociedad de agudas desigualdades, en el peor. ¿Cuál es tu pronóstico al respecto?

Ese tipo de dis- y utopías llegan de la mano de cada innovación tecnológica, sea el tren, el fax, la televisión, la calculadora o la inteligencia artificial. El nivel de automatización que estamos alcanzando y que se perfeccionará en los próximos años son modelos de asistencia. Éstos pueden asumir bajo supervisión parte de las tareas dentro de un determinado perfil laboral, pero no una sustitución completa. Los sistemas que se están desarrollando son procesos inductivos, sus resultados se basan en métodos estadísticos. Y ello tiene sus límites: los algoritmos no entienden, no pueden contextualizar y eso no va a cambiar en los próximos años de forma previsible. En todo trabajo se requieren tareas deductivas y lógicas que son difíciles de formular y transformar en dato.

Las compañías capaces de aplicar dichos sistemas de forma efectiva podrán reducir el número de trabajadores empleados. No obstante, esos sistemas conllevan a su vez nuevos perfiles laborales capaces de supervisar y hacer uso de esas tecnologías. Ello creará a su vez nuevos puestos de trabajo y la necesidad de una formación laboral continuada. Si algo nos ha enseñado la historia de la tecnología es que toda pérdida de trabajo va a su vez acompañada por la creación de nuevos perfiles laborales.

Por último, hagamos un poco de ciencia ficción. Has dicho en repetidas ocasiones que la inteligencia artificial no es inteligente. ¿Llegará a serlo? De ser así, ¿podrían los robots entrenados para dar respuestas éticas similares a las humanas, pero con capacidad para tomar sus decisiones, ser considerados sujetos de derechos y deberes?

Eso de momento no me lo puedo imaginar a plazo corto o medio. El tipo de inteligencia artificial que estamos usando se basa en métodos estadísticos, es decir procesos inductivos. El pensar, contextualizar, el mentir y engañar, etc. son procesos que requieren procesos de deducción (basados en pocos datos), de la capacidad de ponerse en la situación de la otra persona a nivel lógico y emocional, que requieren consciencia individual, etc. Esos procesos no son programables con las matemáticas y métodos estadísticos que estamos usando. Por mucho que vistamos la estadística de seda, estadística se queda.

Imágenes de: Joi Ito

Fuente: https://www.nobbot.com/destacados/etica-algoritmos-lorena-jaume-palasi/

Varoufakis: «El euro fue un auténtico veneno para los griegos»

Por Esther S. Sieteiglesias

Durante los meses en los que Yanis Varoufakis (57 años) estuvo al frente del ministerio de Finanzas griego en 2015 lo aprendimos todo de él y de su cuestionamiento al capitalismo, a la UE y al “dictado” de Alemania. Ahora el polémico economista vuelve al pie del cañón, al frente del movimiento DiEM25, con las europeas de mayo en el punto de mira. Durante un debate junto a Jeremy Corbyn en verano sobre el “Resurgimiento del Socialismo”, atendió a las preguntas de LA RAZÓN por email.

– ¿Piensa que la aparente no postura de Corbyn en cuanto al Brexit le ayuda? ¿Por qué no es claro sobre si Reino Unido está mejor dentro o fuera de la UE?

– Jeremy y yo compartimos puntos de vista y experiencias. Una de esas experiencias es la brutal distorsión de nuestras ideas por parte de ciertos medios de comunicación. ¿Quién dice que Jeremy no tiene claro si el Reino Unido está mejor dentro o fuera de la Unión Europea? Es una acusación ridícula y sin base alguna. Jeremy y yo hicimos campaña en contra del Brexit desde antes del referéndum. La posición de DiEM25 fue muy clara: dentro de la UE, en contra de esta UE. Jeremy Corbyn y John McDonald adoptaron esa posición: una clara y sofisticada oposición al Brexit. Que Jeremy no se deshaga en cumplidos a la UE, ni la presente como el mejor invento desde el pan de molde, dice mucho de él. Jeremy demostró que no le interesa tratar al electorado como a niños, y presenta en su lugar una realidad con matices de gris. Y eso dice mucho de él.

Cuando perdimos, Jeremy y yo nos opusimos al intento de demonizar a aquellos que votaron a favor del Brexit, y nos negamos a buscar un segundo referéndum que hubiese intoxicado la democracia británica. En su lugar, nos centramos en buscar fórmulas que minimizaran el impacto del coste del Brexit. Véase, por ejemplo, la propuesta de DiEM25 de implementar una solución “Noruega+”.

– Y hablando de socialismo, ¿qué le parece el resurgimiento del socialismo en España? ¿Le alegró saber que Pedro Sánchez es nuestro nuevo presidente? ¿O es usted más fan de Podemos?

– Me alegró mucho la marcha del Sr. Rajoy y ver cómo el Sr. Sánchez se ha opuesto a la xenofobia y que ha comenzado a buscar alternativas a la austeridad. Sin embargo, no será hasta que el Gobierno español desarrolle una estrategia europea que revierta las políticas que nos trasladan desde Bruselas, Frankfurt y Berlín, que nuestras sociedades podrán respirar dentro de la UE. Mi temor es que ni el PSOE ni Podemos estén dedicando el tiempo suficiente a articular dicha estrategia. Espero que lo hagan, juntos, y quizás con la colaboración de DiEM25, pues hemos adelantado mucho en el desarrollo de un plan para reparar nuestra Unión.

– En su opinión, ¿está Grecia mejor fuera de la seguridad, del paraguas del euro?

– El euro nunca fue una red de seguridad o paraguas para los griegos, excepto para la oligarquía. Fue un auténtico veneno. Desde 2008, mi punto de vista ha sido, que Grecia debe de mantenerse dentro de la zona euro a condición de una profunda restructuración de su deuda, un enérgico programa de inversión, y reformas que socaven el afán rentista de la oligarquía. Asimismo, considero que debemos estar preparados para la posibilidad de que las autoridades europeas obstaculicen estas demandas y amenacen a Grecia con su expulsión del euro.

– Usted ha dicho que incluso si el crecimiento ha vuelto, el euro aún está en peligro, ¿por qué?

– Porque no ha habido un crecimiento sustancial sostenible. El euro se está fragmentando y es inviable en su configuración actual, y eso está alimentando fuerzas deflacionarias que sólo empoderan a la ultraderecha racista. Italia, por ejemplo, tiene una deuda de 2,5 trillones de euros y una banca que es insostenible en el actual sistema monetario. No es coincidencia que miembros del actual Gobierno italiano utilicen tácticas fascistas y promuevan el odio para consolidar su poder.

– Se está librando una guerra comercial en la actualidad, ¿es Donald Trump la principal amenaza para la economía mundial?

– Donald Trump es un síntoma de los fracasos del establishment liberal. La crisis de 2008 destruyó los pilares de la financiación corporativa y del capitalismo global. Es la forma del establishment de instaurar socialismo para los poderes financieros y austeridad para todos los demás lo que ha dado lugar a la emergencia del nacionalismo internacionalista que Trump lidera en EE UU.

Estamos viviendo nuevamente un periodo post-1929 en el que, al menos en Europa, una clase dirigente incompetente está alimentando el fascismo al trasladar las pérdidas de los poderes financieros a la población.

– Ahora lidera el movimiento paneuropeo DiEM25, ¿por qué quiere volver a Bruselas?

– No tengo el menor interés en volver a Bruselas. Pero como demócratas y europeístas comprometidos conscientes de que Europa está siendo destruida por racistas, desde DiEM25 consideramos que tenemos el deber de presentar alternativas. Por un lado, presentamos una alternativa a las fuerzas xenófobas que se aprovechan de la fragmentación de Europa para empujarnos a una versión postmoderna de los años 30, y por otro, presentamos una alternativa al establishment autoritario y neoliberal europeo.

– Antes pensaba que las medidas de austeridad y la economía en general iban a romper la UE. Ahora, creo que lo que más divide es la cuestión migratoria. ¿Está de acuerdo? ¿Cuáles son sus propuestas y soluciones desde DiEM25 para este asunto vital?

Es un error separar la austeridad del asunto de la migración. La austeridad ha causado una depresión permanente en países como Grecia, Italia, Portugal, Hungría y los países bálticos, y un entorno deflacionista en detrimento de los ahorros de las clases medias en lugares como Alemania, Austria y Países Bajos. El miedo y la inseguridad que esta realidad económica inspira, junto a la total pérdida de visión de unidad por parte de los políticos del establishment, es lo que abrió la puerta a los racistas para presentar a los migrantes como culpables de todos los problemas en Europa.

Tal y como sucedió en el periodo de entreguerras, el racismo se expandió como consecuencia de la Gran Depresión. Y ahora también, la xenofobia y la mal denominada “crisis migratoria” están destrozando y envenenando la integridad y el alma de Europa. La respuesta de DiEM25 a todo esto es nuestro New Deal para Europa, una agenda política paneuropea que propone un programa de 500 mil millones de euros anuales a ser invertidos en una transición hacia una economía verde –que generaría millones de empleos de buena calidad– con una política común sobre migración basada en el principio de “dejadlos entrar”.

– Cada vez que se menciona Yanis Varoufakis, el adjetivo «populista» lo precede o acompaña. ¿Le gusta estar en el mismo saco que, por ejemplo, Matteo Salvini?

– Ningún otro político en Europa ha luchado en contra del populismo tanto como yo. El hecho de que el establishment intente tildar de populista a cualquiera que se oponga a sus políticas no me quita el sueño. Pregúntese lo siguiente: ¿quién dio mayor impulso al Brexit? ¿Varoufakis, que hizo campaña en contra del Brexit? ¿O la antidemocrática, autoritaria política y retórica del Banco Central Europeo, la Comisión Europea, la señora Merkel y el Fondo Monetario Internacional? ¿Quién permitió el ascenso al poder del señor Salvini, a quien yo he calificado de fascista? ¿Varoufakis o Mario Monti, Mario Draghi y Matteo Renzi, cuyas políticas han recortado la renta per cápita italiana año tras año?

– Sabiendo ahora lo duro que fue, ¿si Alexis Tsipras le pidiera de nuevo ser ministro, lo aceptaría?

– ¿Por qué querría yo participar en un gobierno que fue elegido para eliminar las mismas políticas a las que luego se sometió por completo en 2015?

– Grecia finalizó en agosto su tercer rescate con los acreedores internacionales, ¿ha merecido la pena el sacrificio de los griegos?

– Es una pregunta dolorosa. ¿Por qué? Porque refleja cómo la propaganda de las oligarquías europea y griega han logrado fomentar la ilusión de que el “rescate” ha terminado. Y no es así. Lo único que ha ocurrido es que el dinero del tercer rescate se acabó y que entramos en un cuarto rescate -con un nombre distinto. La absurda política de austeridad continuada, por ejemplo, más recortes en las pensiones, el incremento de impuestos a los más pobres y la fiscalidad punitiva para las clases medias; todas medidas que entrarán en vigor en 2019. En consecuencia, mientras el estado de insolvencia del país se extenderá hasta 2060, los desahucios se acelerarán, los jóvenes seguirán abandonando el país, y las empresas seguirán quebrando o yéndose de Grecia.

La única diferencia entre el tercer y cuarto rescate es que, en lugar de ofrecer al Estado griego nuevos préstamos para continuar la farsa de que los antiguos préstamos están siendo pagados, se está ofreciendo diferir los pagos hasta después de 2032, con intereses.

– ¿Viven mejor los griegos ahora que en 2010, cuando el país fue rescatado por primera vez?

– Grecia nunca fue rescatada. Entre 2010 y 2015, fueron la banca francesa y alemana los rescatados a través de préstamos por importe de 326 mil millones de euros. De esta suma, el estado griego recibió solo el 5 por ciento. ¿Qué obtuvo el pueblo griego de este “rescate”?

He aquí un triste listado:

380.000 jóvenes abandonaron el país antes de 2015. Otros 200.000 lo hicieron después del verano de 2015. En este momento, 15.000 lo hacen cada mes; en una de cada dos familias no hay nadie con empleo, el 60% de los niños viven bajo el umbral de la pobreza de 2008 y un tercio de los trabajadores griegos se ve obligado a trabajar por 384 euros brutos. 700.000 trabajadores precarios se ven obligados a abonar sus impuestos con un año de antelación. Antes de 2015, las pensiones habían caído un 40%. Tras el verano de 2015, las pensiones se vieron reducidas otro 15-20%, y volverán a caer otro 18% en 2019. Las minúsculas aportaciones adicionales a los pensionistas más pobres fueron eliminadas, el copago farmacéutico y sanitario ha alcanzado el 50%. La dotación para calefacción para familias necesitadas se ha recortado en un 50%. Los desahucios se han acelerado y los impuestos directos e indirectos que afectan a familias pobres han aumentado. Los ferrocarriles del estado y los puertos del Pireo y Tesalónica, así como el antiguo aeropuerto de Atenas, han sido vendidos a oligarcas por cantidades miserables. 14 aeropuertos regionales fueron vendidos a una empresa pública alemana, con dinero griego. Ni un solo euro recibido por las privatizaciones será invertido en Grecia –todo irá a parar a manos de los acreedores-. La tasa de mortalidad griega aumenta tres veces más rápido que en el resto de Europa y los suicidios se han disparado en un 45%. La deuda sigue aumentando y la renta nacional sigue siendo un 25% inferior a 2008.

– ¿Se arrepiente de algo durante esos meses como ministro de Finanzas? ¿Qué me dice de la entrevista con fotografías en la terraza frente a la Acrópolis que se convirtieron en portada de diversos medios de comunicación en el mundo?

– Me arrepiento de haber sido demasiado complaciente con la troika, como cuando busqué una extensión de cuatro meses para nuestras negociaciones, pues asumí que ellos negociarían de buena fe. Simplemente nunca estuvieron interesados en negociar. En perspectiva, tendría que haber abandonado las negociaciones en febrero de 2015, haber procedido con el impago de nuestra deuda al Banco Central Europeo y haber activado nuestro propio sistema de pagos.

En cuanto a la foto de la que me habla, haga la siguiente reflexión: nuestro pueblo ha sido condenado por la oligarquía europea a otros 30 años de esclavitud de deuda y a emigrar, pero la atención está en una foto de mi esposa y yo cenando en nuestra terraza, ¡vaya crimen!

– En 2015, recuerdo haber leído sobre usted cada día. ¿Le gusta estar en el foco?

– No, no disfruté nada estar en el centro de atención, sobre todo cuando se trataba sobre mi estilo de vida. Cada vez que los medios de comunicación se centraban en mi motocicleta o en mi esposa, yo era consciente que lo hacían para no tener que hablar de los que pasan hambre, de la gente necesitada, del desamparo y desesperación. En 2015, y hasta hoy, muchos medios de comunicación internacionales se empeñan en minar su propia credibilidad con una conducta impropia.

Fuente: https://www.larazon.es/internacional/varoufakis-el-euro-fue-un-autentico-veneno-para-los-griegos-GC19938086

Walter Benjamin y el capitalismo como religión

Por Giorgio Agamben

1. Hay signos de los tiempos que, aunque obvios, los hombres, que escrutan las señales en los cielos, no llegan a percibir. Cristalizan en eventos que anuncian y definen la época, es decir, eventos que pueden pasar inadvertidos y no alterar en nada, o casi nada, la realidad en la que encajan y que, sin embargo, y precisamente por esto tienen valor de signo, de indicio histórico: semeia ton kairon. Uno de estos eventos tuvo lugar el 15 de agosto de 1971, cuando el gobierno de EE.UU., bajo la presidencia de Richard Nixon declaró que la convertibilidad del dólar quedaba suspendida. Si bien esta afirmación ponía fin, de hecho, a un sistema que había vinculado durante mucho tiempo el valor de la moneda a una base áurea, la noticia, que saltó en plenas vacaciones de verano, provocó menos debate del que era razonable esperar.

Sin embargo, desde ese momento, la inscripción que todavía se puede leer en muchos billetes de banco (por ejemplo, en los de la libra esterlina o la rupia, pero no en los del euro): “Me comprometo a pagar al portador la suma de …” refrendada por el gobernador del banco central, perdió definitivamente su sentido. Esta frase pasó a significar que a partir de ese momento a cambio del billete el banco central correspondiente haría entrega a quien lo solicitara (si alguien era lo suficientemente tonto como para hacerlo) no una cierta cantidad de oro (para el dólar, 1/35 de onza) sino un billete exactamente igual. El dinero había quedado desprovisto de cualquier valor que no fuera el puramente autorreferencial. Tanto más sorprendente fue la facilidad con que fue aceptado el acto del soberano estadounidense, que equivalía a cancelar el patrimonio de oro del dueño del dinero. Y si, como se ha sugerido, el ejercicio de la soberanía monetaria de un Estado consiste en su capacidad para inducir a los participantes del mercado a emplear sus obligaciones como dinero, en ese momento las obligaciones perdieron toda consistencia real, se habían convertido en puro papel.

El proceso de desmaterialización de la moneda se había iniciado muchos siglos antes, cuando las necesidades del mercado llevaron a añadir a la moneda metálica, necesariamente escasa y engorrosa, letras de cambio, billetes bancarios, juros , goldsmith’s notes, etcétera. Todas estas monedas de papel son en realidad títulos de crédito, por cuya razón se conoce como moneda fiduciaria. La moneda metálica, en cambio, valía –o hubiera debido valer– su contenido de metales preciosos (cuestión, como se sabe, insegura: el caso extremo fue el de las monedas de plata acuñadas por Federico II, que apenas usadas dejaban a la vista el rojo de cobre). Sin embargo, Schumpeter (que vivió, es cierto, en un momento en el papel moneda había desbordado la moneda metálica), pudo afirmar no sin razón que, en última instancia, todo el dinero es sólo crédito. Después del 15 de agosto de 1971, habría que añadir que el dinero es un crédito basado sólo en sí mismo y que no refleja nada más que a sí mismo.

2. El capitalismo como religión es el título de uno de los más penetrantes fragmentos póstumos de Walter Benjamin.

Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con frecuencia (entre otros por Schmitt: “El socialismo pretende dar vida a una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil años”.). Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber, una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se define por tres características:

Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;
Es un culto permanente, es “la celebración de un culto sans trève et sans merci [sin tregua y sin piedad]”. No es posible aquí distinguir entre días festivos y días laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo en el que el trabajo coincide con la celebración del culto.
El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la culpa, sino a la culpa misma: “El capitalismo es quizás el único caso de un culto no expiatorio sino culpabilizador… Una monstruosa conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto, no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal … y para atrapar al final a Dios mismo en la culpa… Dios no ha muerto, sino que se ha incorporado al destino del hombre”.
Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud) conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera, con la religión de la desesperanza. “Este paso del planeta hombre por la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre, es decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de la religión capitalista”. Pero también la teoría freudiana pertenece al sacerdocio del culto capitalista: “Lo reprimido, la representación pecaminosa…es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente paga intereses”. Y, en Marx, el capitalismo “con los intereses simples y compuestos, que son función de la culpa…se transforma inmediatamente en socialismo”.

3. Vamos a tratar de tomar en serio y desarrollar la hipótesis de Benjamin. Si el capitalismo es una religión, ¿cómo podemos definirlo en términos de fe?, ¿en qué cree en el capitalismo? ¿qué implica, en lo que respecta a esta fe, la decisión de Nixon?

David Flüsser, gran estudioso de la ciencia de las religiones –hay también una disciplina con este extraño nombre– estaba trabajando sobre la palabra pistis , palabra griega que Jesús y los apóstoles utilizaban para “fe”. Un día se encontraba en una plaza de Atenas y en un momento dado, al levantar los ojos, vio escrito en grandes caracteres ante él Trapeza tes pisteos. Aturdido por la coincidencia, miró mejor y después de unos segundos se dio cuenta de que simplemente estaba ante un banco: trapeza tes pisteos significa en griego “banco de crédito”. He aquí el significado de la palabra pistis, que llevaba meses tratando de averiguar: pistis, “fe”, no es más que el crédito de que gozamos ante Dios y del que la palabra de Dios goza en nosotros desde el momento en que creemos en él. Por esta razón Pablo puede afirmar en una famosa definición que “la fe es la sustancia de las cosas esperadas”: es lo que da credibilidad a la realidad y a lo que no existe todavía, pero en lo que creemos y tenemos fe, en lo que hemos puesto en juego nuestro crédito y nuestra palabra. Creditum es el participio pasado del verbo latino credere: es aquello en lo que creemos, en lo que ponemos nuestra fe, cuando establecemos una relación de confianza con alguien tomándolo bajo nuestra protección o prestándoles dinero, confiándonos a su protección o tomando dinero prestado. En la pistis paulina pervive, es decir, la antiquísima institución indoeuropea que Benveniste ha reconstruido, la “fidelidad personal”: “El que detiene la fidespuesta en él por un hombre tiene en su poder a este hombre… En su forma primitiva, esta relación implica una reciprocidad: poner nuestra fides en alguien procuraba, a su vez, su garantía y su ayuda”.

Si esto es cierto, entonces la hipótesis de Benjamin de una estrecha relación entre capitalismo y cristianismo recibe una confirmación ulterior: el capitalismo es una religión basada enteramente en la fe, una religión cuyos seguidores viven sola fide (sólo por medio de la fe). Y como, según Benjamin, el capitalismo es una religión en la que el culto se ha emancipado de todo objeto y la culpa de todo pecado y, por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto de vista de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de creer, en el puro crédito (believes in pure belief), es decir: en el dinero. El capitalismo es, por ello, una religión en la cual la fe –el crédito– ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la forma pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar y manejar crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la regulación del crédito, manipula y administra la fe –la escasa e incierta confianza– que nuestro tiempo todavía tiene en sí mismo.

4. ¿Qué ha significado para esta religión la decisión de suspender la convertibilidad en oro? Ciertamente, algo así como una aclaración de su propio contenido teológico, comparable a la destrucción mosaica del becerro de oro o al establecimiento de un dogma conciliar. En cualquier caso, un paso decisivo hacia la purificación y cristalización de su propia fe. Ésta –en forma de dinero y crédito–se emancipa ahora de todo referente externo, cancela su nexo de idolatría con el oro y se afirma en su carácter absoluto. El crédito es un ser puramente inmaterial, la parodia más perfecta de esa pistis , que no es sino “la sustancia de lo que se espera”. La fe –así rezaba la famosa definición de la Carta a los Hebreos– es sustancia – ousia , término técnico por excelencia de la ontología griega– de lo que se espera. Lo que Pablo quiso decir es que el que tiene fe, el que ha puesto su pistis en Cristo, toma la palabra de Cristo como si se tratara de la cosa, el ser, la sustancia. Pero es precisamente este “como si” lo que la parodia de la religión capitalista elimina. El dinero, el nuevo pistis , es ahora inmediatamente y sin residuos sustancia. El carácter destructivo de la religión capitalista, de la que hablaba Benjamin, aparece aquí en plena evidencia. La “cosa esperaba,” ya no existe, ha sido destruida, y tiene que serlo porque el dinero es la esencia misma de la cosa, su ousia en el sentido técnico. Y, de esta manera, se quita de en medio el último obstáculo a la creación de un mercado de la moneda, a la transformación integral del dinero en mercancía.

5. Una sociedad cuya religión es el crédito, que sólo cree en el crédito, está condenada a vivir a crédito. Robert Kurz explicó la transformación del capitalismo del siglo XIX, todavía basado en la solvencia y la desconfianza respecto al crédito, en el capitalismo financiero contemporáneo. “Para el capital privado del siglo XIX, con sus propietarios personales y sus respectivos clanes familiares, eran todavía válidos los principios de honorabilidad y solvencia, a la luz de los cuales el incremento del uso del crédito era casi obsceno, como un comienzo del fin. Las novelas por entregas de la época están llenas de historias donde las familias numerosas se arruinan a causa de su dependencia; en algunos pasajes de Los Buddenbrook, Thomas Mann llegó a crear un tema de Premio Nobel. El capital productivo sujeto al pago de intereses era, por supuesto, esencial para el sistema desde el primer momento de su formación, pero todavía no tenía un papel decisivo en la reproducción capitalista global. Los negocios de capital “ficticio” se consideraban típicos de los ambientes de estafadores y personas deshonestas, al margen del capitalismo real … Incluso Henry Ford se negó durante mucho tiempo al uso del crédito bancario, obstinándose en su decisión de financiar sus inversiones sólo con su propio capital”. (R.Kurz, El fin de la política y la apoteosis de dinero , Roma, 1997; Die Himmelfahrt des Geldes , en “Krisis”, 1995).

Durante el siglo XIX, esta concepción patriarcal se disolvió completamente y el capital empresarial recurrió cada vez más al capital monetario, tomado del sistema bancario. Esto significa que las empresas, con el fin de seguir produciendo, deben, por así decirlo, hipotecar por anticipado cantidades crecientes de trabajo y de futura producción. El capital productor de mercancías se alimenta ficticiamente de su propio futuro. La religión capitalista, de acuerdo con la tesis de Benjamin, vive de un endeudamiento permanente, que no puede ni debe extinguirse. Pero no son sólo las empresas las que viven, en este sentido, sola fide , a crédito (o a débito). También los individuos y las familias, que recurren cada vez más al mismo, están análogamente tan implicados en este continuo y generalizado este acto de fe en el futuro. Y la Banca es el sumo sacerdote que administra a los fieles el único sacramento de la religión capitalista: el crédito-débito.

 

Fuente | “Walter Benjamin y el capitalismo como religión”, Giorgio Agamben | Rebelión

Traductor: S. Seguí