El Antiedipo

Entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari

L’Arc, n.º 49, 1972. Entrevista con Catherine Backes-Clément

– Ustedes oponen constantemente un inconsciente esquizoanalítico, compuesto de máquinas deseantes, al inconsciente psicoanalítico, al que dirigen toda clase de críticas. Utilizan la esquizofrenia como patrón de referencia. Pero, ¿dirían ustedes sinceramente que Freud ignoraba el dominio de las máquinas o, al menos, de los aparatos? ¿Dirían que no comprendió el campo de la psicosis?

– F.G.- Es complejo. En ciertos aspectos, Freud tenía plena conciencia de que su verdadero material clínico, su base clínica procedía de la psicosis, de Bleuler y Jung. Y esto es así hasta el final: todas las novedades del psicoanálisis, desde Melanie Klein hasta Lacan, proceden de la psicosis. Por otra parte, está el caso de Tausk: es posible que Freud temiese una confrontación de los conceptos analíticos con la psicosis. El comentario sobre Schreber revela todo tipo de ambigüedades. En cuanto a los esquizofrénicos, se tiene la impresión de que a Freud no le gustan en absoluto, dice sobre ellos cosas horribles, extremadamente desagradables… Ahora bien, es cierto, como usted dice, que Freud no ignoraba la maquinaria del deseo. El deseo, las maquinarias del deseo son incluso el descubrimiento propio del psicoanálisis. Nunca en el psicoanálisis dejan de zumbar, de chirriar, de producir. Y los psicoanalistas no dejan nunca de alimentar o de realimentar las máquinas, sobre un fondo esquizofrénico. Pero quizá hacen o desencadenan cosas de las que no tienen clara conciencia. Quizás su práctica implica operaciones incipientes que no aparecen con claridad en la teoría. No hay duda de que el psicoanálisis ha perturbado toda la medicina mental, como una especie de máquina infernal.

Aunque ya desde el principio estuviese sometido a compromisos, causaba perturbaciones, imponía nuevas articulaciones, revelaba el deseo. Usted acaba de invocar los aparatos psíquicos tal y como son analizados por Freud: aparece ahí todo un aspecto de maquinaria, de producción de deseo y de unidades de producción. Pero hay otro aspecto: la personificación de estos aparatos (el super-yo, el yo, el ello), una escenografía teatral que sustituye las verdaderas fuerzas productivas del inconsciente por simples valores representativos. Así es como las máquinas del deseo se convierten progresivamente en maquinarias teatrales: el super-yo, la pulsión de muerte como deus ex machina. Tienden progresivamente a funcionar fuera de la escena, entre bastidores. O bien como máquinas de ilusión, de producción de efectos. Toda la producción de-seante queda anonadada. Nosotros decimos estas dos cosas al mismo tiempo: Freud descubre el deseo como libido, como deseo que produce; pero no cesa de enajenar la libido en la representación familiar (Edipo). Sucede con el psicoanálisis igual que con la economía política tal y como la veía Marx: Adam Smith y Ricardo descubren la esencia de la riqueza como trabajo que produce, pero no cesan de enajenarla en la representación de la propiedad. El deseo se proyecta sobre una escena de familia que obliga al psicoanálisis a ignorar la psicosis, a no reconocerse sino en la neurosis, y a dar una interpretación de la propia neurosis que desfigura las fuerzas del inconsciente.

– ¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un “giro idealista” en psicoanálisis, asociado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?

G. D.- El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no as contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas. Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado -un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo- en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista, No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama a solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos. Cuánto desatino, cuántas estupideces han podido decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños.

Una psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las grandes máquinas sociales, Es la ocupación del campo social histórico por parte de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la psicosis es su línea «paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a todos esos aparato. represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica» que diseña un campo ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, d psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización. Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su idealismo, al idealismo familiarista y teatral.

– Su libro tiene un aspecto psiquiátrico o psicoanalítico, pero también un aspecto político y económico, ¿Cómo conciben ustedes la unidad de estos dos aspectos? ¿Intentan ustedes recuperar de algún modo la tentativa de Reich? Hablan ustedes de catexis fascistas, tanto al nivel del deseo como al del campo social. Se trata en tal caso de algo que claramente concierne al mismo tiempo a la política y al psicoanálisis. Pero no se comprende bien qué es lo que ustedes opondrían a esas catexis fascistas. ¿Qué es lo que se puede contraponer al fascismo? Se trata de una cuestión que no concierne únicamente a la unidad de este libro, sino también a sus consecuencias prácticas: y estas consecuencias son de una enorme importancia, porque si nada impide esas “catexis fascistas”, si ninguna fuerza las contiene, si lo único que puede hacerse es constatar su existencia, ¿cuál es el significado de su reflexión política y de su intervención en la realidad?

F. G.- Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión y terminará amenazando, incluso desde el interior, a las propias máquinas revolucionarias. Distinguimos dos clases de catexis en el campo social: las catexis preconscientes de interés y las catexis inconscientes de deseo. Las catexis de interés pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catexis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. En cierto sentido, lo que llamamos esquizoanálisis tendría su punto ideal de aplicación en los grupos, y especialmente en los grupos militantes: es en ellos en donde se dispone de modo más inmediato de un material ajeno a la familia, donde aparece el funcionamiento a veces contradictorio de las catexis. El esquizoanálisis es un análisis militante, libidinal-económico, libidinal-político. Al contraponer esos dos tipos de catexis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenómeno suntuario o romántico, a los intereses, que serían económicos y políticos; al contrarío, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados allí donde el deseo ha predeterminado su lugar. Igualmente, no hay revolución conforme a los intereses de las clases oprimidas a menos que el deseo haya adoptado una posición revolucionaria que comprometa a las propias formaciones del inconsciente. Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parto de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideología, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologías). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan más que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarquía por completo opresiva. Cuanto más se asciende en una jerarquía, incluso aunque se trate de una jerarquía seudo-revolucinaria, menos posible será la expresión del deseo (por contra. tal expresión aparece en las organizaciones de base, aunque sea muy deformada). A este fascismo del poder nosotros contraponemos las líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen al deseo, a las máquinas del deseo y a la organización de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape «personalmente”, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una cañería o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los códigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Denunciamos toda la temática de la oposición hombre-máquina, el hombre alienado por la máquina, etc. Desde el movimiento de Mayo, el poder, apoyado por las seudo-organizaciones de izquierda, ha intentado hacer creer que sólo se trató de unos cuantos niños mimados que luchaban contra la sociedad de consumo, mientras que los obreros de verdad sabían perfectamente dónde estaban sus intereses… Pero jamás hubo lucha contra la sociedad de consumo (noción imbécil donde las haya. Al contrario, lo que decimos es que aún no hay suficiente consumo, aún no ha suficiente artificio, los intereses no estarán jamás de parte de a revolución hasta que las líneas dé deseo no alcancen el punto en el que e deseo y la maquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados “datos naturales” de la sociedad capitalista. Nada más fácil que alcanzar ese punto, pues el más minúsculo de los deseos se eleva hasta él, y al mismo tiempo nada más difícil, porque comporta todas las catexis del inconsciente.

G. D.- En este sentido. la cuestión de la unidad del libro está fuera de lugar. Hay, ciertamente, dos aspectos: el primero es una crítica de Edipo y del psicoanálisis; el segundo, un estudio acerca del capitalismo y de sus relaciones con la esquizofrenia. Pero el primer aspecto depende estrechamente del segundo. Atacamos al psicoanálisis en los siguientes puntos (que conciernen tanto a su teoría como a su práctica): su culto a Edipo, su reducción de la libido a catexis familiaristas, incluso bajo las formas encubiertas y generalizadas del estructuralismo o del simbolismo. Decimos que la libido actúa mediante catexis inconscientes que difieren de las catexis preconscientes de interés, pero que, como estas últimas, conciernen al campo social. Sea una vez más el caso del delirio: nos preguntan si hemos visto alguna vez un esquizofrénico, pero nosotros preguntamos a los psicoanalistas si ellos han escuchado alguna vez un delirio. El delirio no es familiar, sino histórico-mundial. Se delira a propósito de los chinos de los alemanes, de Juana de Arco y del Gran Mongol acerca de los arios y los judíos, del dinero, del poder y de la producción, y no en absoluto sobre papá y mamá. Aún más: la famosa “novela familiar” depende estrechamente de las catexis sociales inconscientes que aparecen en el delirio, y no a la inversa. Intentamos mostrar en qué sentido esto es ya cierto en la infancia. Proponemos un esquizoanálisis que se contrapone al psicoanálisis. Basta con atenerse a los dos escollos principales con los que tropieza el psicoanálisis: es incapaz de llegar a las máquinas deseantes de cualquiera porque se mantiene en las figuras o estructuras edípicas; es incapaz de llegar a las catexis sociales de la libido porque se queda en las catexis familiaristas. Esto se observa a la perfección en el ejemplar psicoanálisis in vitro del Presidente Schreber. Lo que a nosotros nos interesa (y que, en cambio, no interesa en absoluto a los psicoanalistas) es esto: ¿Cuáles son tus máquinas deseantes? ¿Cuál es tu manera de delirar el campo social? La unidad de nuestro libro consiste en que entendemos que las insuficiencias del psicoanálisis, así como su ignorancia del fondo esquizofrénico, están vinculadas a su profunda pertenencia a la sociedad capitalista El psicoanálisis es como el capitalismo: la esquizofrenia es su límite, pero no deja de desplazar el límite ni de intentar conjurarlo.

– Su libro está lleno de referencias, de textos que se utilizan generosamente, tanto en su propio sentido cuanto a veces contra él, pero se trata, en cualquier caso, de un libro cuyo subsuelo es una “cultura» precisa. Reconocen ustedes una gran importancia a la etnología, y sin embargo poca a la lingüística; otorgan gran relevancia a ciertos novelistas ingleses y americanos, pero apenas a las teorías contemporáneas de la escritura. Más concretamente, ¿por qué ese ataque a la noción de significante, y cuáles son las razones que les hacen rechazar su sistema?

F. G.- No tenemos nada que ver con el significante. No somos los únicos ni los primeros. Puede verse el caso de Foucault, o el reciente libro de Lyotard. La oscuridad de nuestra crítica del significante se debe a que se trata de una entidad difusa que todo lo reduce a una máquina obsoleta de escritura. La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica. Nuestra hipótesis es ésta: el Significante es el signo del gran Déspota que, al retirarse, libera una región que puede descomponerse en elementos mínimos entre los que existen relaciones regladas. Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castra-dor dél significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan.

El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: “¿Qué quiere decir esto incluso es esta misma cuestión en cuanto borrada. Para nosotros el inconsciente no quiere decir nada, ni tampoco el lenguaje. El fracaso del funcionalismo se debe a que se ha intentado aplicar a dominios que le son extraños, a grandes conjuntos estructurados que, por serlo, no pueden estar formados de la manera en que funcionan. El funcionalismo, al contrario, no tiene rival en el dominio de las micro-multiplicidades, de las micro-máquinas, de las máquinas deseantes, de las formaciones moleculares. Y, a este nivel, no hay en absoluto máquinas cualificadas de tal o cual manera, como por ejemplo una máquina lingüística, porque hay elementos lingüísticos en toda máquina, en convivencia con elementos de otro tipo, El inconsciente es un micro-inconsciente, es molecular, y el esquizoanálisis es un micro-análisis, La única cuestión es cómo funciona, con qué intenciones, qué flujos, qué procesos, qué objetos parciales, cosas todas ellas que no quieren decir nada.

G. D.- Eso mismo es lo que pensamos de nuestro libro. De lo que se trata es de saber si funciona, y cómo y para quién. Es una máquina. No se trata de releer, habrá que hacer otras cosas. Es un libro hecho gozosamente, No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue el camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente. Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados, Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra. no se trata de una moda, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan a cabo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes. Por ejemplo, en etnología. O en psiquiatría. O el trabajo de Foucault: aunque no practicamos el mismo método, tenemos la impresión de coincidir con él en multitud de puntos, esenciales a nuestro modo de ver, del camino que él trazó antes que nosotros. Es verdad que hemos leído mucho, pero un poco al azar. Nuestro problema no estriba en un retorno a Freud o a Marx. No es una teoría de la lectura. Lo que buscamos en un libro es el modo en que abre el paso a algo que escapa a los códigos: flujos, líneas activas de fuga revolucionaria, líneas de descodificación absoluta que se oponen a la cultura. Incluso para los libros existen estructuras, códigos y ataduras edípicas, tanto más solapadas por cuanto no son figurativas sino abstractas. Lo que nos ha llamado la atención de los grandes novelistas ingleses y americanos es ese don del que los franceses casi siempre carecen, las intensidades, los flujos, libros-máquinas, libros para ser usados, esquizolibros. Tenemos a Artaud, y la mitad de Beckett. Quizá se reproche a nuestro libro el ser demasiado literario. pero estamos seguros de que este reproche procederá de profesores de literatura. Acaso tenemos la culpa de que Lawrence, Miller, Kerouac, Burroughs, Artaud o Beckett sepan más acerca de la esqui-zofrenia que los psiquiatras y los psicoanalistas?

– Pero ¿no se arriesgan ustedes a un reproche más serio? El esquizoanálisis que proponen es, de hecho, un anti-análisis; en consecuencia, se les podría reprochar que valoran la esquizofrenia de manera románt1ca e irresponsable; e incluso que tienen tendencia a confundir al revolucionario con el esquizo. ¿Cuál sería su actitud ante estas posibles críticas?

G. D.- F. G.- Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada. Sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.

Publicado por Jeannine Zambrano y en Buenos Aires por la poeta Leonor Silvestri en pasionerotismoypoesiaantigua@gruposyahoo.com.ar

Guerra de la geopolítica del capital por el control de la tecnología 5G

Por Decio Machado
 
En medio de la escalada de tensión entre China y Estados Unidos, esto que hemos definido como guerra comercial entre las dos principales potencias del planeta, se sitúa bajo telones la disputa por liderar la nueva revolución industrial tecnológica.
China es la segunda potencia económico mundial y está en camino de convertirse en los próximos años en la primera. Sus altas tasas de crecimiento le permitieron situarse en esta posición sin necesidad de liderar sectores como la innovación y la tecnología, sin embargo el gigante asiático se centra ahora en el fomento de áreas clave como la inteligencia artificial y la robótica. Para alcanzar este objetivo, desde Beijing se diseñó en 2015 la estrategia “Made in China 2025”. Se trata de una hoja de ruta a diez años encaminada a reorientar su industria manufacturera hacia sectores de alta tecnología, dejando atrás su modelo de producción intensiva.
La política “Made in China 2025” pasó desde entonces a ser el foco principal de las preocupaciones de EEUU, dado que el gobierno estadounidense tiene como objetivo que la cuarta revolución industrial y el “Internet de las Cosas” (Internet of Things o IoT) estén liderados por la industria norteamericana.
Pese a que gigantes tecnológicos chinos como Alibaba, Tencent, Baidu o líderes en la fabricación de smartphones como Huawei han ascendido hasta las primeras filas del ranking global de compañías tecnológicas, donde se miden internacionalmente con empresas estadounidenses como Apple, Google o la surcoreana Samsung en el segmento de celulares, el eje de este conflicto está hoy centrado en la disputa por el control de la tecnología 5G.
Hablando en términos comprensibles, la llegada de las redes 5G va a impactar en la productividad de las economías con mucha mayor fuerza que las tecnologías anteriores, lo que dejará rezagados a quienes se queden atascados en dicha innovación tecnológica y perderán posiciones respecto a su posición hegemónica en el sistema mundo.
La “G” de 5G significa “Generación”. Sus antecedentes comenzaron con el 1G de la tecnología inalámbrica para celulares a comienzos de los años noventa y se expandió al 2G cuando las compañías comenzaron a habilitar que sus usuarios pudiesen enviar SMS entre dispositivos. Se conoció el 3G cuando se comenzó a enviar mensajes de texto y a navegar por Internet, llegándose al 4G a través de las mejoras en capacidad y velocidad en esas mismas prestaciones.
El 5G, un innovador tipo de conexión inalámbrica diseñada para mantenerse al día con la proliferación de dispositivos celulares conectados a Internet y atender nuevas necesidades subjetivas desarrolladas dentro de un mundo evolucionado por el capital, ya comienza aterrizar de forma embrionaria en los mercados desarrollados siendo aún un gran desconocido para muchos líderes empresariales y especialmente para los políticos. Minusvalorar la importancia e impacto de esta nueva tecnología, considerándola sólo una mera versión actualizada del actual 4G es un error que pueden pagar muy caro los países emergentes y Europa dentro de sus disputas tecno-geopolíticas.
Un reciente informe de Gartner Inc, consultora estadounidense especializa en tecnología informática, pronostica que 20.8 mil millones de dispositivos estarán conectados a Internet en 2020, es decir, tres veces más de los ahora existentes.
La tecnología 5G aportará nuevas características que la convertirá en algo único hasta el momento y que determinará su impacto global, de forma especial en la productividad de la economía. Esto se debe a que multiplicar por muchas veces la capacidad de transmisión de datos, llevándola a velocidades por encima del gigabit por segundo y llegando hasta los 10 gigabits en sus versiones más avanzadas -frente a los pocos cientos de megabits que ofrecen hasta el momento las mejores redes de 4G-, la convertirán en la protagonista de la cuarta revolución industrial tecnológica por dos factores fundamentales: la latencia (velocidad de la red a una interacción) y la capacidad de conectar miles de objetos simultáneamente.
En el 4G la latencia está por encima de los 59 milisegundos mientras que con la tecnología 5G podrá situarse por debajo de los 5 milisegundos, lo que hará que esta se convierta en la herramienta esencial para el control digital de máquinas en tiempo real. Es así que se llegará a la automatización industrial, generándose el ecosistema dentro del cual se articulará la imparable e implacable (se estima una pérdida de más de 140 millones de empleos globales) robotización industrial que se avecina.
Por otro lado y siguiendo la información contenida en una investigación de la consultora Recon Analitycs para Cellular Telecommunications Industry Association -la patronal estadounidenses de las telecomunicaciones-, se pasará de una tecnología como la 4G que ahora puede conectar hasta 2.000 dispositivos por kilometro cuadrado a la 5G, que cubrirá un millón de objetos conectados en ese mismo espacio. Es por ello que quien controle la tecnología 5G es quien ganará la carrera por la competitividad industrial, lo que se ha convertido en términos geopolíticos en una prioridad absoluta para los próximos años.
Cabe recordar que Estados Unidos lideró el descubrimiento e implementación de la tecnología 4G, lo que le permitió comandar mundialmente el desarrollo de la economía digital. Esto permitió que miles de startups basadas en los smartphones florecieran. Sin ello, entidades que hoy dominan la tecnología digital tales como Facebook, Instagram, Uber, Airbnb o Netflix no hubiesen sido estadounidenses.
Es por ello que la Administración Trump está tan preocupada por cortar cualquier posible intromisión de los gigantes tecnológicos chinos en el desarrollo de la tecnología 5G, prohibiéndoles a firmas como Huawei y Zhong Xing Telecommunication Equipment Company Limited (ZTE) -proveedor global de equipamiento de telecomunicaciones y soluciones de redes- participar en las redes de los operadores estadounidenses. Pero además, EEUU ha prohibido a sus funcionarios federales, de forma específica a los relacionados con el ámbito de la seguridad, usar celulares marca Huawei o ZTE, lo que ha llevado a los operadores estadounidenses como AT&T a suspender contratos de comercialización de teléfonos Huawei.
Por su parte, China valora en estos momentos incluso transformar su ecosistema empresarial de telecomunicaciones. Tras años de empeño en generar equilibrios en su industria nacional, donde tres operadoras de telecomunicaciones -todas estatales y controladas por la burocracia gubernamental- controlan el mercado, hoy el gobierno chino se plantea fusionar sus dos operadoras más “pequeñas”, China Unicom y China Telecom (alrededor de 400 millones de usuarios cada una), con el fin de generar sinergias y optimizar sus tiempos para desplegar rápidamente una red 5G de forma que no queden rezagadas frente a la poderosa China Mobile (con casi mil millones de clientes).
Los celulares compatibles con el 5G comenzarán a llegar al mercado el año que viene. Los vendedores de equipamiento (Nokia, Ericsson, Huawei, ZTE y Samsung) ya compiten por firmar los principales acuerdos vinculados a proporcionar equipos para la próxima generación de redes celulares. Todo ello pese a que las compañías chinas están siendo expulsadas de algunos mercados más allá del estadounidense, como es el caso de Australia e India. Esto ha limitado la elección sobre las redes en esos países a Ericsson y Nokia, abriendo la puerta también para que Samsung reconstruya su posición en los equipos de telecomunicaciones. Estamos ante una verdadera batalla entre empresas…
Dicha batalla por el 5G arrancó en 2014 cuando la rusa MegaFon -anteriormente conocida como North-West GSM- firmó un acuerdo de cooperación con Huawei para testear el 5G momentos previos a la Copa Mundial de la FIFA de 2018. De las docenas de bancos de pruebas, lanzamientos piloto y contratos firmados desde entonces, Ericsson ha ganado más de 80, frente a los 64 de Huawei y los 45 de Nokia, quedando rezagados Samsung y la china ZTE. Pero los primeros contratos reseñables han llegado este año con los lanzamientos de redes 5G en EEUU, donde Ericsson ganó un acuerdo “histórico” con T-Mobile en septiembre por USD 3.500 millones, que igualó otro similar firmado por Nokia con la misma operadora en julio. Ambas compañías también han cerrado acuerdos con AT&T, Verizon y Sprint aprovechando la ausencia forzada de las compañías chinas en EEUU.
Sin embargo, pese a que EEUU estableciera las pautas para la adopción inicial del 5G, aún es posible para las empresas chinas encontrar ganancias, dado que se espera que las compañías Huawei y ZTE -más allá de su mercado nacional- ganen una gran cuota en Europa y otras regiones.
Por su parte, América Latina sigue con una tasa de adopción del smartphone muy alta, del 65%. Se espera llegar al 71% en 2020. Será el momento en el que llegará el 5G a nuestros mercados -un año después de su implementación en Europa- y asistiremos a una nueva disputa por el control de dicho mercado en nuestra región. Se estima una cobertura del 50% en el año 2025, cuando el total de conexiones de esta nueva generación será superior a los 50 millones en Latinoamérica.

Tendré que errar solo

Por Jacques Derrida

Texto publicado en Libération, París, 7 de noviembre de 1995. Traducción de Manuel Arranz en «Cada vez única, el fin del mundo», Valencia, Pre-Textos, 2005. Edición digital de Derrida en castellano

 

Demasiado que decir, y hoy no tengo ánimo para ello. Demasiado que decir sobre lo que nos acaba de suceder, sobre lo que me acaba de suceder a mí también, con la muerte de Gilles Deleuze, con una muerte temida sin duda (sabíamos que estaba muy enfermo), con esta muerte concreta, esta imagen inimaginable cuyo acontecimiento seguirá ahondando, todavía más si es posible, el doloroso infinito de otro acontecimiento. Deleuze el pensador es ante todo el pensador del acontecimiento, y siempre de este acontecimiento. Lo fue del principio al fin. Releo lo que decía del acontecimiento, ya en 1969, en uno de sus mejores libros. Logique du sens. Primero cita a Bousquet («A mi gusto por la muerte, dice Bousquet, que era un fallo de la voluntad, sustituiré un deseo de morir que sea la apoteosis de la voluntad»), y luego continúa: «De ese gusto a ese deseo, nada cambia en cierto modo, salvo un cambio de la voluntad, una especie de salto de todo el cuerpo, sin moverse del sitio, que troca su voluntad orgánica por una voluntad espiritual, que desea ahora no exactamente lo que sucede, sino algo en lo que sucede, algo por venir que está de acuerdo con lo que sucede, de acuerdo con las leves de una oscura conformidad humorística: el Acontecimiento. En este sentido es en el que el amor fati se identifica con la lucha de los hombres libres». (Habría que citar interminablemente.)

Demasiado que decir, sí, sobre el tiempo que con tantos otros de mi «generación» tuve la suerte de compartir con Deleuze, sobre la suerte de pensar gracias a él, pensando en él. Desde el principio, todos sus libros (pero sobre todo Nietzsche, Difference et Répètition, Logique du sens) fueron para mí no sólo fuertes incitaciones a pensar, por supuesto, sino que en cada ocasión la experiencia turbadora, tan turbadora, de una proximidad o de una afinidad casi completa con las «tesis», si puede decirse así, a través de las diferencias demasiado evidentes en aquello que llamaré, a falta de palabra mejor, el «gesto», la «estrategia», la «manera”: de escribir, de hablar, de leer quizás. Por lo que respecta, aunque esta palabra no es apropiada, a las «tesis», y concretamente a aquella que concierne a una diferencia irreductible a la oposición dialéctica, una diferencia «más profunda» que una contradicción (Différence et Répètition), una diferencia en la afirmación felizmente repetida («sí, sí»), la asunción del simulacro, Deleuze sigue siendo sin duda, a pesar de tantas diferencias, aquel de quien me he considerado siempre más cerca de entre todos los de esta «generación», jamás he sentido la menor «objeción» insinuarse en mí, ya fuese virtualmente, contra ninguno de sus discursos, incluso si ha sucedido a veces que haya protestado contra tal o cual proposición de L’Anti-Œdipe (se lo dije un día mientras volvíamos juntos en coche de Nanterre, después de haber asistido a la lectura de una tesis sobre Spinoza) o tal vez contra la idea de que la filosofía consista en «crear» conceptos. Me gustaría tratar un día de explicarme a propósito de semejante acuerdo sobre el contenido filosófico cuando ese mismo acuerdo no excluye nunca todas esas distancias que no sabría, todavía hoy, nombrar o situar. (Deleuze había aceptado la idea de publicar un día una larga entrevista improvisada entre nosotros sobre este tema, pero tuvimos que esperar, que esperar demasiado.) Únicamente sé que esas diferencias jamás dieron lugar entre nosotros a otra cosa que amistad. Jamás una sombra, ningún gesto, que yo sepa, ha indicado lo contrario. Esto es algo tan raro en nuestro medio que por eso quiero hacerlo constar aquí en este momento. Esta amistad no tenía que ver solamente con el hecho, por lo demás significativo, de que tuviésemos los mismos enemigos. Nos veíamos poco, es cierto, sobre todo en los últimos años. Pero todavía puedo oír el sonido de su voz un poco cascada diciéndome tantas cosas que me gusta recordar literalmente («mi enhorabuena», me susurró con una amable ironía un verano de 1955 en el patio de la Sorbona cuando yo estaba a punto de conseguir una agregaduría: o bien, con la misma amabilidad del veterano: «Es una pena que dediquéis todo ese tiempo a esta institución [el Colegio Internacional de Filosofía], preferiría que os dedicaseis a escribir…». Recuerdo también la memorable década «Nietzsche» en Cerisy, en 1972, y tantos y tantos otros momentos que me hacen, sin duda como a Jean François Lyotard (que se encontraba también allí), sentirme hoy muy solo, como un melancólico superviviente de eso que llamamos, con esa terrible y un poco falsa palabra, una «generación». Cada muerte es única, sin duda, y por lo tanto insólita, pero ¿podemos llamarla insólita cuando, de Barthes a Althusser, de Foucault a Deleuze, se ceba de ese modo en la misma «generación», como en serie –y Deleuze fue también el filósofo de la singularidad serial–, podemos llamar insólitas todas esas muertes fuera de lo común?

Sí, todos amábamos la filosofía, ¿quién puede negarlo? Pero es verdad, lo dijo él mismo, que Deleuze era de todos, en esta «generación», el que practicaba la filosofía más alegremente más inocentemente. Me parece que no le habría gustado la palabra que he utilizado antes, «pensador». Habría preferido «filósofo». Se reconocía a este respecto «el más inocente (el más exento de culpabilidad por “hacer filosofía”» (Pourparlers 1972-1990). Ésta era sin duda la condición para dejar en la filosofía de este siglo la profunda, la incomparable huella que ha dejado. La huella de un gran filósofo y de un gran profesor. El historiador de la filosofía que procedió a una especie de selección para configurar su propia genealogía (los estoicos, Lucrecio, Spinoza. Hume, Kant, Nietzsche, Bergson, etcétera), fue también un inventor de filosofía que no se encerró jamás en ningún coto filosófico (escribió sobre la pintura, el cine y la literatura, Bacon, Lewis Carrol, Proust, Kafka, Melville, etcétera).

Y además quiero decir también aquí que me gustaba y admiraba su manera –siempre justa– de tratar con la imagen, los periódicos, la televisión, la escena pública y las transformaciones que ha experimentado en el curso de los últimos decenios. Economía y prudente retirada. Me sentía solidario con lo que él hacía y decía a este respecto, por ejemplo en una entrevista en Libération a raíz de la publicación de Mille Plateaux (en la línea de su panfleto de 1977). «Habría que saber», decía, «lo que está pasando actualmente en el terreno de los libros. Vivimos desde hace algunos años un periodo de reacción en todos los dominios. No hay ninguna razón para que no afecte también a los libros. Estamos a punto de fabricarnos un espacio literario, lo mismo que un espacio jurídico, un espacio económico, político, completamente reaccionarios, prefabricados y agobiantes. Yo creo que hay ahí una empresa sistemática que Libération tendría que haber analizado». Esto es «mucho peor que una censura», añadía, pero «este periodo de esterilidad no durará eternamente». Tal vez, tal vez. Como Nietzsche y como Artaud, como Blanchot, otras admiraciones compartidas, Deleuze no perdió nunca de vista esa alianza de la necesidad con lo aleatorio, con el caos y lo intempestivo. Cuando escribí sobre Marx hace tres años, en el peor momento, me tranquilicé un poco al saber que él pensaba hacerlo también. Y voy a releer esta tarde lo que él decía en 1990 a este respecto:

Felix Guattari y yo hemos seguido siendo marxistas, de dos maneras diferentes, tal vez, pero los dos. Porque no creemos en una filosofía política que no esté centrada en el análisis del capitalismo y de su evolución. Lo que más nos interesa de Marx es el análisis del capitalismo como sistema inmanente que no cesa de rechazar sus propios límites, y que se los vuelve a encontrar siempre a una escala más grande, porque el límite es el Capital mismo.

Continuaré o recomenzaré a leer a Gilles Deleuze para aprender, y tendré que errar solo en esa larga entrevista que debíamos haber hecho juntos. Mi primera pregunta, creo, habría tratado de Artaud, de su interpretación del «cuerpo sin órganos», y de esa palabra, «inmanencia», a la que siempre recurrió, para hacerle decir o para dejarle decir algo que todavía sigue secreto para nosotros. Y habría intentado decirle por qué su pensamiento no me ha abandonado nunca desde hace casi cuarenta años. ¿Cómo podré hacerlo ahora?

Bifo: “Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico”

Entrevista de Amador Fernández-Savater

Es una experiencia cotidiana: el trabajo en un contexto capitalista esprincipalmente el medio para un fin (la ganancia). Un trabajo indiferente por tanto a su contenido, vaciado de significado, determinado primordialmente por el dinero. Mantequilla o misiles: lo mismo da, lo importante es que el producto-mercancía venda en el mercado. Marx lo llamó “trabajo abstracto” y a partir de él definió el modo de producción capitalista y su carácter destructivo.

Según Franco Berardi (Bifo) -filósofo italiano, teórico de los medios de comunicación y las transformaciones del trabajo, implicado en movimientos políticos desde los años setenta-, dos niveles más de abstracción se añaden en nuestros días a la abstracción del trabajo: el gobierno de las finanzas (un poder sin arraigo local alguno) y las redes virtuales de comunicación (un intercambio simbólico sin cuerpos). La financierización de la vida y la virtualización del contacto generan según Bifo nuevas formas de malestar social, nuevas patologías, nuevos tipos de sufrimiento.

¿Puede politizarse ese malestar? ¿Qué formas de acción colectiva pueden reconvertir el sufrimiento en fuerza transformadora? La sublevación (edición española en Artefakt, edición argentina en Hehkt) reúne una serie de textos escritos por Bifo al calor de los movimientos de las plazas (primavera árabe, 15M, Occupy…). La sublevación, tal y como aparece pensada en el libro, es en primer lugar el levantamiento de los cuerpos explotados, estresados, deprimidos. El primer paso para la reconstrucción de un cuerpo social capaz de desafiar el dominio de la híper-abstracción digital y financiera.

***

Abstracción financiera

1. ¿En qué consiste la abstracción financiera?

Bifo. Nombro así al conjunto de los automatismos financieros que subyuga la vida real y la producción, vaciándolas de energía y de poder político.

2. ¿En qué sentido la abstracción financiera vacía el poder político?

Bifo. Es algo muy obvio que todos hemos entendido en los últimos años: las instituciones de la democracia política no pueden nada frente a la prioridad de la abstracción financiera. La liquidación del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, el día mismo que propuso un referéndum sobre el “plan de ayuda” del BCE al Estado griego en 2011 fue la declaración final de la anulación de la democracia en el continente europeo. Las tradiciones humanistas e ilustradas quedaron igualmente barridas de un plumazo ese mismo día.

3. Explícate.

Bifo. El humanismo es esencialmente el movimiento por el cual la voluntad humana se emancipa de la tutela divina. Por su lado, la Ilustración proclama la superioridad de la Razón y de la Ley sobre la fuerza de los “animal spirits” del egoísmo económico. Pues bien, God is back, la potencia superior de lo divino sobre la voluntad humana regresa, pero ahora con la forma del capital financiero. Las leyes no tienen hoy ninguna fuerza frente a la circulación global de los algoritmos financieros, ni ante la potencia desterritorializada de las empresas globales.

4. ¿Pero no sido siempre así en la historia del capitalismo? ¿Por qué sería esto una novedad?

Bifo. Creo que la clase financiera es distinta a la clase que en los siglos de la modernidad conocimos como burguesía. La burguesía se enriquecía gracias a la explotación de la clase obrera, pero también gracias a la producción de bienes útiles para la vida social. Es una clase que acumula plusvalía a través de un proceso de producción de bienes útiles. Sin embargo, la clase financiera -o, mejor dicho: el conjunto de los automatismos financieros- se enriquece a través de la destrucción del valor producido, a través de la privatización de los bienes comunes. La plusvalía de las financias es una minus-valía desde el punto de vista social.

Por otro lado, la burguesía tenía una fuerte territorialización ciudadana y nacional, mientras que la clase financiera es una clase totalmente desterritorializada, incapaz de identificarse con ningún lugar específico.

Malestar social

5. ¿Qué efectos tiene la abstracción financiera sobre el cuerpo vivo de la sociedad?

Bifo. Ya no hay continuidad en la experiencia del trabajo: no se llega cada día al mismo lugar, no se cumplen las mismas rutinas, no se encuentra a las mismas personas. El trabajador mismo ya no existe como persona, es el productor intercambiable de fragmentos de tiempo/trabajo conectados en una red global.

El tiempo vivido por los trabajadores precarios se fragmenta -o, mejor dicho, sefractaliza– al tener que adaptarse constantemente a los requerimientos de la producción. Pero tengamos en cuenta que el cuerpo vivo tiene sus pulsiones, su sensibilidad, su tiempo y sus deseos. La abstracción financiera superpone un tiempo espasmódico, en constante aceleración, a la sensibilidad del cuerpo individual y colectivo.

6. Produciendo por tanto efectos a nivel individual y colectivo, ¿no? ¿Cuáles son?

Bifo. Las patologías causadas por la aceleración y la competición agresiva se manifiestan a nivel individual como una verdadera epidemia de sufrimiento mental, psíquico, emocional. Las crisis de pánico, los problemas de atención, la soledad competitiva, la depresión… A nivel colectivo, la consecuencia es la crisis de la solidaridad social. Cada individuo percibe a los otros esencialmente como competidores y no como cuerpos afectivos.

Abstracción digital

7. A la abstracción financiera se le añade una abstracción digital, ¿en qué consiste, cómo opera?

Bifo. La abstracción digital es el efecto de la aplicación de las tecnologías de virtualización a la comunicación entre los seres humanos y su operatividad se manifiesta como intercambio lingüístico sin cuerpo, como escisión entre palabra, cuerpo y afectividad.

8. En el libro analizas los efectos “éticos” de la virtualización del contacto, ¿cuáles son?

Bifo. Para mí, ética y estética están íntimamente relacionadas: la parálisis ética, la incapacidad de gobernar éticamente la vida individual y colectiva, proviene de una perturbación de la estesia, es decir, de la percepción de la continuidad sensible del propio cuerpo en el cuerpo del otro. De una comprensión erótica del otro. La virtualización del contacto produce un efecto de de-sensibilización emotiva, de soledad relacional, de fragilidad psicológica.

9. Quizá es algo que podemos entender mejor a partir de la diferencia que haces en el libro entre “lógica de conjunción” y “lógica de conexión”.

Bifo. La conjunción es un intercambio en el cual los cuerpos se ponen en relación recíproca de manera tal que cada comunicación se manifiesta como singular, irrepetible. La simpatía, es decir, el sentir compartido (sym-pathos), es la dimensión general del intercambio conjuntivo.

Pero mientras que la lógica conjuntiva implica la interpretación de la dimensión gestual, corporal y de las implicaciones emocionales (con sus ambigüedades y matices), la lógica conectiva reduce la relación con el otro a pura descodificación de una sintaxis, a un contacto funcional dentro de estándares predeterminados. Es el caso de Facebook.

El proceso de mutación que se desarrolla en nuestra época está centrado en el cambio de la conjunción a la conexión como paradigma del intercambio entre los organismos conscientes.

La sublevación

10. Entre 2010 y 2013 se activaron movilizaciones masivas en Inglaterra, Túnez, Egipto, España, Grecia, EEUU, más tarde en Brasil y Turquía, ahora en China… Las características y los objetivos de esas movilizaciones han sido muy diferentes, como diferentes son las condiciones políticas y culturales de los diferentes contextos. Pero tú consideras que esa serie de levantamientos forman parte de la misma onda, ¿por qué?

Bifo. Creo que sí, porque todas esas movilizaciones, incluyendo las que se dieron en las ciudades árabes, tenían desde el comienzo una misma voluntad de reactivar la solidaridad y la dimensión física de la comunicación social. Los trabajadores y los estudiantes rebeldes intentaron en primer lugar crear condiciones deconjunción directa, física y territorial para salir de la alienación virtual.

¿Por qué ocupar una plaza, una calle o un territorio cuando sabemos muy bien que allí no reside ningún poder político y que el sistema financiero no se localiza en una dimensión territorial? Porque la primera cosa que necesitan los trabajadores precarizados es la reactivación de una dimensión afectiva y territorial que permita reconstruir las condiciones emocionales de la solidaridad. Me parece que ese es el sentido de la toma de las plazas, de las acampadas. Una sublevación colectiva es en antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico. La experiencia de una complicidad afectuosa entre los cuerpos.

11. ¿Cómo se “organiza” una política así, mediante qué formas, instituciones, etc.?

Bifo. Me gusta poner la imagen del mantra: el mantra es una respiración colectiva armónica, una metáfora de lo que en la dimensión política llamamos solidaridad. La organización que imagino no pasa a través de la democracia representativa, ni de una organización centralizada como fue el partido leninista del siglo XX. Tiene más que ver con el ritmo de un mantra.

12. ¿Qué balance haces de la onda de movimientos que se activó en 2011? ¿Qué potencias y límites ha encontrado?

Bifo. El balance es ambivalente. Por un lado, podemos decir que los movimientos de las plazas no lograron frenar ni un ápice la explotación financiera, la imposición de la deuda, la destrucción y privatización de los bienes comunes. En ese sentido podemos hablar de fracaso. Pero creo que debemos valorarlos desde un punto de vista evolutivo más largo. Estos movimientos han revelado la dimensión afectiva de lo social. Es la condición necesaria para emprender un movimiento de recomposición de los saberes comunes -científicos, técnicos, afectivos, organizativos- por fuera de la explotación capitalista.

13. ¿Cómo piensas una posible alianza entre lo digital y la dimensión “física” de la rebelión?

Bifo. Las nuevas tecnologías han sido y siguen siendo herramientas para la ampliación de la comunidad, aunque sólo virtual, y para la coordinación de iniciativas y acciones a nivel global. Pero sólo la presencia física y territorial puede activar la empatía y la solidaridad. Al mismo tiempo, en términos de eficacia, las acciones más exitosas en términos de sabotaje del dominio imperial han sido acciones como las de Assange y Snowden que se desarrollan en la dimensión digital. La acción subversiva es muy eficaz cuando se desarrolla en la esfera digital, cuando se infiltra en el interior de la dimensión algorítmica del capitalismo.

14. En España, varios dispositivos más o menos “partidarios” surgidos a partir del 15M apuntan a “tomar el poder político” en sus diferentes escalas (nacional, regional, municipal), aprovechando un vacío creado por la deslegitimación radical del sistema de partidos instalado en la Transición española, ¿qué papel crees o imaginas que pueden tener las instituciones estatales en la promoción del cambio social que proyectas en el libro?

Bifo. Las nuevas organizaciones políticas, como Syriza y Podemos, pueden ser muy útiles para la resistencia de los trabajadores, para la supervivencia en condiciones de empobrecimiento y disgregación social. Pero no creo que puedan hacer mucho contra el poder financiero, ni para favorecer la liberación de las energías intelectuales del trabajo por fuera de la dominación capitalista.

La frase “yes, we can” de Obama fue más un exorcismo contra la impotencia de la política y de la voluntad que un programa. El hecho de que la máxima autoridad mundial diga “podemos” es el signo de que algo no funciona, un sentimiento de impotencia que la política no puede admitir pero que es evidente. Seis años después de su primera victoria, Obama tiene que reconocer que no puede salir de la “guerra infinita” bushista, que no puede parar la devastación del medio ambiente, que no puede modificar la tendencia hacia la concentración de la riqueza.

No podemos, esa es la verdad. El tiempo de la voluntad y de la política se acabó. Tenemos que desplazar la energía social hacia una dimensión que no es ni la democracia representativa ni la subversión política, sino la imaginación de nuevas formas de organización del conocimiento y de la producción, la creación de una plataforma técnica y política para la auto-organización de la inteligencia colectiva (fuerza productiva principal del tiempo presente).

15. Creo que para tí la política consiste en una “mutación antropológica” (como decía Pasolini, aunque él la temía). ¿Cómo se puede pensar esa “mutación antropológica” por fuera del esquema revolucionario tradicional del “Hombre nuevo” que ha causado tantos estragos en el siglo XX?

Bifo. Pasolini temía justamente la mutación antropológica producida por el capitalismo tecnológico y global, y su miedo tenía buenas razones. Nos encontramos en la situación de uniformización y de violencia psíquica interindividual que él presagiaba hace cuarenta años. Tenemos que imaginar una salida antropológica de la mutación antropológica uniformizadora que impone el capitalismo global, pero una salida distinta a la del siglo XX.

Las utopías de la modernidad se fundaron sobre la exaltación testosterónica de la juventud. Fueron utopías violentas y esperanzadas (esto es, en última instancia desilusionantes, consagradas al arrepentimiento). Nuestra fuerza ya no puede basarse en el ímpetu juvenil, la agresividad masculina, la batalla, la victoria o la apropiación violenta, sino en el gozo de la cooperación y el compartir. Reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales.

 

NOTA: En castellano, Bifo ha publicado también  La fábrica de la infelicidad Después del futuro o El sabio, el mercader y el guerrero.

Franco Berardi, Bifo: “Las analogías entre la Europa de hoy y la Alemania nazi son muy fuertes”

Por Lola Matamala

Franco Berardi, Bifo, es profesor de Filosofía en la Universidad de Bolonia. Además, es autor de artículos, guiones de documentales y de libros como el último, Fenomenología del fin (Ed. Caja Negra). Pero sobre todo, Bifo es uno de los pilares de aquellos años 70 italianos de la autonomía obrera, de la insurgencia a través de la fundación de Radio Alice y del pensamiento crítico europeo frente al neoliberalismo que vivimos. 

Berardi aterrizó en Madrid de la mano del Museo Reina Sofía para participar en Subversión o barbarie. El fin del mundo tal y como lo conocemos, un debate sobre la Red, las emociones, las nuevas masculinidades. También presentó su último trabajo como guionista en el documental dirigido por Andrea Groppiero Comunismo Futuro, frente a un auditorio lleno y atento durante dos días consecutivos. En uno de los descansos conversó con La Marea.

Sería extraño no comenzar esta entrevista sin preguntarle sobre su visión de la situación italiana postelectoral.

Jajajaja. La situación política italiana… ¡me parece una broma! Obviamente lo que está pasando en Italia es la clave que sirve de explicación general, pero también se aplica a la situación del país. Es decir, la derrota final del Partido Democrático es como la derrota de la izquierda neoliberal en el mundo. Es un efecto de la venganza del mismo pueblo de izquierdas que los han tratado de manera evidente y vulgar. La izquierda italiana en los últimos diez años se ha transformado en una fuerza de tipo neoliberal y también vinculada al capitalismo financiero, a los bancos. Ante esto, todo esto es previsible y se lo merecen. En este periodo, el problema es la complejidad particular que tiene el trumpismoitaliano. La palabra trumpismo es imprecisa, pero la palabra Trump es interesante. En inglés significa lo que se está demostrando: destrozar, humillar… Eltrumpismo italiano tiene caras diferentes pero solo hay un alma, clásicamente fascista, que es representada por un pequeño partido: Fratelli di Italia (Hermanos de Italia).Ellos son los que sostienen la herencia del fascismo mussoliniano. El componente racista está representado por la Liga y el elemento de mafia clásica lo encabeza Berlusconi. A esto, se añade una forma indefinible que se llama Movimiento 5 Estrellas, que es la novedad interesante.

Usted votó por ellos ¿verdad?

Sí, hace cinco años. Los voté porque, aunque no me parecían muy interesantes, consideré quecomo propuesta era útil para frenar la ofensiva neoliberal europea. Fue un error por mi parte.

¿Y qué conteníael M5S para poder frenar esa ofensiva?

El Movimiento 5 Estrellas se había cualificado contra el fiscal compact: no pagamos la deuda. Era el elemento que me parecía más claro en su programa. Dos días después de las elecciones del 2013, Mario Draghi habló y comentó que le parecía que los periodistas estaban muy nerviosos por lo que está pasando en Italia, pero que no se preocuparan porque el sistema financiero europeo procedería con el piloto automático. ¡Fue genial! Mario Draghi me dio una auténtica lección teórica. Me explicó cuál es la relación entre sistema financiero y política. Esto pasó antes de la experiencia griega y era la primera vez que yo entendía a una persona que representa al máximo nivel el sistema financiero y declara que el poder lo “tenemos nosotros. Lo que decida el parlamento nacional no nos importa mínimamente”. Ese era el significado explícito de las palabras de Draghi. Ahí me di cuenta de que había votado por un partido inútil y por un partido racista. Eso es lo que me provocó un sentimiento de disociación de mí mismo.Más tarde, la posición del M5S se fue definiendo poco a poco sobre el problema de la inmigración pero fue definitivo cuando a finales del año pasado, Di Maio, jefe político del Movimiento, declaró que la inmigración era el efecto de grupos económicos italianos que quieren ganar dinero sobrela explotación de los pobres migrantes que vienen a Italia porque son invitados. Fue significativo que Di Maio tuviera la misma posiciónque más tarde manifestarael ministro de Interior de GentiloniMarco Minniti. Llegados a este punto, clarifiqué mi posición frente al M5S.No creo que en los próximos meses veamos en Italia grandes novedades políticas porque la situación no se puede estabilizar. Lo único interesante que puede haber dentro de lo que está pasando es que el Banco Central Europeo, la autoridad financiera europea, decida algo sobre la situación económica italiana.

¿Considera que Italia está en una situación parecida a la Grecia intervenida por la Troika?

Italia no está políticamente como Grecia: es mucho más catastrófica. Económicamente, sí que está igual que el país heleno. En Italia se ha destrozado el 25% del aparato industrial desde 1996 a 2008, de esta manera, la situación económica en tiempo largo puede devenir en una catástrofe.

¿Está hablando de una intervención en toda regla del Banco Central Europeo?

No lo sé, pero ¿qué han hecho en el caso griego? Envió ala Troika y redactó un memorándum que decidió qué se podíay quéno se podía hacer. Tsipras, que es una persona responsable, ha aceptado las reglas decididas por la Troika, y si en Italia se forma un gobierno con Di Maio y Salvini, como es lo más probable, y nos hacen ser responsables, el proceso europeo se encontrará con un obstáculo insuperable que puede producir el colapso. Se sigue diciendo que en España hay recuperación, pero quien se está recuperando es el sistema bancario mientras que la sociedad se está empobreciendo. Esta es la tendencia dominante en Europa y creo que hay un punto límite que me parece que no se puede traspasar: un gobierno antieuropeo en Italia.

Ante esta situación que comenta, ¿Potere al Popolo puede ser una alternativa como aglutinadora de las fuerzas de la izquierda italiana y devolver ilusión al país?

Potere al Popolo me parece un desafío estético. Yo he votado por Potere al Popolo e incluso he hecho una campaña frenética por este partido. A mí me parece que fueron muy acertados porque en la campaña se hicieron llamar “Soy Loco” tomándolo del nombre del centro social napolitano en donde nacieron y que antes había sido un hospital psiquiátrico. Desde ese espacio social Je so’Pazzo han generado una experiencia de desafío a la falsedad del sistema político italiano. De hecho, al conocer el 1% de los votos conseguidos en las últimas elecciones, su jefa política declaró: “¡Hemos ganado las elecciones!”. Aún así, no se puede considerar una experiencia política. No se puede comparar con el Podemos que apareció en las instituciones después del 15-M y de una movilización de seis millones de personas.

No obstante, supongo que su apuesta no es la representación institucional.

Exacto, estoy totalmente lejos de esta posibilidad. La representación institucional puede ser algo interesante como en el caso español y puede ser una cuestión interesante para el futuro, pero es lo menos importante por lo que tenemos que interesarnos. Lo importante es buscar una manera de poder comunicarnos con la generación colectiva al que no le importa nada de la democracia ni de la representación institucional. De hecho, la mayoría vota por partidos que se definen esencialmente como derechistas y abiertamente racistas

 

bifo_workshop11

Permítame que salte el charco y le pregunte sobre cómo valora la situación actual del norte y sur latinoamericano en donde el movimiento social tuvo gran repercusión en las instituciones de aquellos países y donde aprendimos desde Europa.

Creo que la atención siempre recayó sobre Chiapas. El zapatismo es el efecto de una época en la cual el proceso revolucionario en la derrota global se territorializa provisionalmente en lugares que pueden funcionar como virus porque hay elementos contagiosos. El discurso zapatista presentó una novedad fuertemente vinculada con la historia de una comunidad y con un carácter que no es el carácter tradicional de la vanguardia, es el carácter del contagio. Un ejemplo es cómo esa comunicación del movimiento zapatista tuvoefectos en Italia, sobre todo, al comienzo de este siglo. Hoy, el zapatismorepresenta algo que ya no es actual pero que puede reactualizarse. ¿El resto de la experiencia latinoamericana?Se está postmodernizando muy rápida y muy catastróficamente. Veo lo que está pasando en Argentina y cómo el neoliberalismo llega con una fuerza destructora que encuentra elementos tradicionales de fascismo, de criminalidad masiva, etc., etc. Y lo que está pasando en Brasil me parece una auténtica pesadilla

¿En dónde se palpan esos elementos postmodernos?

Son postmodernos en el sentido de la mezcla de experiencias diferentes, de temporalidades diferentes que viven en el mismo territorio. Postmoderno significa muchísimas cosas, pero también es una reactualización del barroco en una sociedad hiper-tecnológica e hiper-globalizada.

¿Y por qué se está dando este pensamiento entre una gran mayoría?

El problema es que la mente crítica es algo del pasado que la formación contemporánea de la condición de la mente colectiva e individual se verifica en condiciones de aceleración de la infoesfera y de la mitologización del pensamiento. Es decir, la capacidad de un pensamiento crítico recordando, que la crítica dispone dela capacidad de discriminación entre lo verdadero y falso, yha sido la condición en la cual la izquierda siempre pudo acumular fuerzas a través de esta comprensión. Pero esta capacidad se ha desvanecido porque la mente contemporánea no funciona con un criterio de tipo crítico y sí según un criterio mitológico en el cual todo puede convivir con lo contrario de todo, en donde no rige ni funciona el principio de contradicción en el interior del pensamiento mitológico.Entonces, ¿cómo se verifica la política dentro de la condición mitológica? De maneramemética. El meme es una unidad que no es unidad de persuasión crítica pero sí es una unidad de contagio viral. El meme es la manera de la formación contemporánea. La grandísima mayoría de los chicos que hoy tienen veinte años se están formando dentro de un contexto tecno-comunicacional que no permite la formación de un pensamiento crítico. Tenemos que razonar e imaginar políticamente en una situación que contradice el fundamento mismo de lo que ha sido política de izquierda en los últimos cien años y ese es el problema.

Volviendo a Trump y poniéndolo como ejemplo del devenir político mundial. ¿El presidente estadounidense es un producto de las redes sociales?

También es un productor y sí, evidentemente la elección de Donald Trump es el efecto de formarse y de manifestarse del pensamiento político de las masas y es el ejemplo de que no tiene que ver con el pensamiento crítico. Trump se presenta, como que representante de los intereses de los trabajadores humillados, explotados, empobrecidos por el capitalismo financiero, a la vez que se presenta como representante del mundo financiero más agresivo que se ha conocido. Hoy, lo que estamos viendo es que después de la reforma fiscal impuesta por Trump que empobrece enormemente la mayoría de la población, de los trabajadores blancos, no le resta fuerza ni consenso. ¿Cómo se puede explicar una locura de este tipo? Tal vez porque la mayoría de la sociedad contemporánea no funciona según los criterios de discriminación y de elección que pertenecen al pensamiento del pasado. Es la forma misma de la política como capacidad de la voluntad colectiva, como capacidad de gestionar y como capacidad de gobernar es lo que está desapareciendo.

Se podría decir que esa incapacidad de crítica es común en los votantes en donde está ganando la derecha o la ultraderecha. Me gustaría que desgranara más ese electoradode Trump yel de otros países en donde hay, como ha comentado,una masculinidad blanca que está enfadada con una izquierda que no les ha dado lo que necesitaban.

Desde mediados de los 70, los trabajadores occidentales han sido bombardeados por una forma de identificación psíquica que está fundamentada en el hecho de que en el mundo hay vencedores y perdedores, no explotados ni explotadores. Es decir, nosotros somos los blancos y somos los vencedores, pero no es así. Lo triste es que después de estos 40 años de neoliberalismo, los trabajadores blancos americanos, británicos y del resto de Europa han descubierto que el salario es la mitad que el de entonces, y ahora nos damos cuenta de que somos perdedores. Esto se coloca en un contexto antropológico de larguísimo plazo que conforma la pérdida de potencia de la raza blanca en el planeta. Si pensamos lo que era el racismo en el siglo XIX y principios del XX era de los vencedores. Íbamos a países africanos, igual que a países como India, conseguíamos dominar y destrozábamos el continente o los países. Ahora es un racismo de una raza blanca que está aterrorizada por una situación en la que los trabajadores blancos son los perdedores. En este punto, la nueva forma de identificación de Trump es la representación de los humillados. Él te dice que no eres un trabajador, como dicen los demócratas y los sindicatos, que eres un guerrero blanco.

La aparición del nuevo racismo blanco no es el efecto de una potencia real, es el producto de una humillación. La historia se arriesga a demostrar que la raza blanca es la dominante pero no lo es ni desde el punto de vista económico (vemos lo que está pasando entre China y EEUU) ni desde el sexual, ya que la pérdida de esta dominación mundial es también una crisis en la identidad de la masculinidad blanca. Además, el hombre blanco es el más envejecido del planeta, por lo tanto, el miedo a los africanos o a los árabes representa el miedo a los jóvenes. El resultado es el conjunto de formas de interiorización de una impotencia que está generando una reacción que se manifiesta a través de una vuelta al racismo con una cara diferente.

¿Cuálpuede ser la clavepara poder generar pensamiento crítico y revertir la situación?

En primer lugar hay que destacar que se ha perdido la percepción de que somos explotados. Y sí, habría una manera que estaría basada en rescatar el internacionalismo aunque ahora está desapareciendo de la escena mundial contemporánea, que era la premisa de una unidad entre los explotados del mundo. También hay otra clave que se apoya en elpapel del trabajo cognitivo. Aunque los trabajadores cognitivos también pueden ser racistas y forman parte de la masa de los empobrecidos humillados, y su capacidad productiva puede reabrir el juego político porque sí que tienen la capacidad de sabotear, de desmantelar y de reprogramar la máquina frente a la impotencia del resto de los trabajadores explotados.

¿Otra salida, en este caso económica, podría ser la renta básica?

La cuestión de la renta básica se ha tratado en muchos países para solventar la situación económica de personas hasta que encuentren un trabajo. La relación de salario y supervivencia humana funcionó en la época industrial pasada, durante la modernidad. pero hoy no funciona porque ya no necesitamos tanto trabajo, que no significa menos actividad. Necesitamos menos trabajo dependiente y más trabajo libre. La desalarización de la condición humana es la condición para liberar las potencialidades mismas de las tecnologías.

En Kassel, una de las sedes de la pasada edición de Documenta 14, irrumpe con Auschwitz on the beach en el que compara el drama de la inmigración actual con lo que sucedió con los judíos durante el nazismo. Creo que usted es el único pensador europeo de renombre que enuncia algo tan rotundo.

Las analogías entre lo que está pasando en Europa hoy y lo que pasó en Alemania el siglo pasado son muy fuertes. Antes que nada hay una analogía en la dinámica social,el nazismo nace del efecto del empobrecimiento de la población alemana de los años 20 como hoy la derecha europea está naciendo por el mismo fenómeno. ¿Cómo canalizar la energía agresiva de los empobrecidos europeos? Hitler se presentó diciendo que eran los guerreros blancos frente a susenemigos judíos porque, según él, eran la la causa de su empobrecimientoya que dominaban la banca, etc. ¿La misma dinámica de hoy? Sí, es la dinámica que se está siguiendo, de hecho Viktor Orban tiene el mismo discurso en Hungría en donde, además, apenas hay inmigrantes. Para la ultraderecha, la causa del empobrecimiento no es por el capitalismo, sino por los inmigrantes que nos quitan el trabajo: es el fantasma, absolutamente familiar, al drama de los judíos del siglo pasado.

La idea de declarar públicamente esta analogía se efectuó mediante la intervención de Auschwitz on the beachMuchos me dijeron que ¿cómo podía comparar lo que pasó con los judíos con lo que está pasando en el Mediterráneo si las cifras de aquellos se contaron por millones? Es evidente que el problema para algunos son las cifras… En este caso, las cifras oficiales (no podemos comprobar las realeshablan de varias decenas de miles de personas muertasen el Mediterráneo, de 700.000 personas en campos de concentración en Libia, de 3 millones de personas que están en los campos de concentración turcos. Por otro lado, hay un número incalculable que viven en el interior de campos de concentración en islas griegas como Lesbos o en lugares italianos como Lampedusa. Todo esto es solo el comienzo de un proceso de tensión y de exterminio porque no es algo que esté terminando hoy: estamos hablando de algo que cada año se acrecienta y que no somos capaces de saber cuándo se puede terminar. A ello habría que añadir los cerca de 10 millones de personas que vienen desde Malí, Nigeria, etc. y que las tropas francesas ya están frenando con la ayuda de Italia, que ha prometido enviar tropas.Es un fenómeno enorme que puede devenir con las mismas proporciones que el exterminio de los nazis y se trata de manejar este problema no solo histórico, sino económico y social. Claro está que el efecto del cambio político derechista que se está verificando en buena parte de Europa no va a servirpara corregir el problema, sino todo lo contrario.

Y para este sufrimiento, usted propone una terapia…

La palabra terapia la utilizo mucho pero me doy cuenta de que puede llevar a equívocos porque en la traducción médica significa algo muy parcial, en la recuperación del orden fisiológico. En mi caso, la palabra terapia la nombro para referirme al carácter de sufrimiento en el cual se manifiesta la mutación cognitiva y afectiva que se está verificando, sobre todo, en la generación, que como digo, ha aprendido más palabras por una máquina que por su madre.Esta definición sintetiza el problema que es una especie de anempatía, es decir, una incapacidad de percepción empática del cuerpo del otro y que se traduce en una epidemia de soledad y de aislamiento psíquico que produce sufrimiento. Por un lado, se producen unas patologías que se vinculan con la aceleración informativa y por la competitividad y que conllevan a ser impermeables en los disturbios y tensiones.Por otro lado, lleva a la depresión.

Por eso su “pareja ideal” sería la que estuviera formada por una persona ingeniera y otra poeta.

Sí, porque el trabajador cognitivo encuentra en el ingeniero su manifestación más concreta y más productiva a la vez que representa la pérdida de empatía. Lo emparejo con en el poeta porque así se puede imaginar la solidaridad entre los trabajadores cognitivos yla capacidad de empatía del trabajo técnico del ingeniero.

Regresando a Italia y concretamente a la Bolonia de 1977, ¿qué emociones le asaltan?

Me suscita pensamientos, no emociones. Me suscita un momento doble en la vida personal de muchísimas personas. El 77 no es solo el momento de la creatividad y de la alegría, es también el comienzo dela crisis de la modernidad. Es un año muy complejo porque tiene dos caras: una muy colorida y muy alegre;y otra desesperada y oscura. Es el año que Sex Pistols cantan No future.Es el año del The is not alternative de Thatcher. Solo me suscita el recuerdo de una explosión insurreccional.

¿Volvería a montar Radio Alice?

Fue una experiencia muy eufórica pero hoy no hay un espacio para ello. En 1975, si tenías un receptor radiofónico solo sintonizabas Rai1 yRai2, igual que en la televisión. El efecto que producía era una sensación de un oasis en el desierto, ahora lo contrario. Hay una acumulación extraordinaria y contundente,panicante y deprimente. Hoy hay ruido blanco y no me gustaría añadir una voz a un millón de ruidos blancos. Creo que la comunicación más rica es el silencio. Creo que el comienzo de la terapia en una sociedad del ruido blanco sería el silencio.

Queda cierta desesperación, Franco…

No hay que preocuparse demasiado.La desesperación es una condición del pensamiento cuando el pensamiento entiende que no hay una posibilidad, pero no es contradictorio con la felicidad. La felicidad es una condición del corazón y del cuerpo.

Foto: Colectivo Enmedio y Lola Matamala
lamarea.com

Raíces de un fenómeno socio-político: Una huracán llamado Bolsonaro

Por Raúl Zibechi

El ascenso vertiginoso de la ultraderecha tiene raíces históricas, sociales y culturales que es necesario desentrañar para ir más allá de los adjetivos. Las elites dominantes han abandonado la democracia como instancia de negociación de intereses opuestos y parecen encaminarse hacia un enfrentamiento radical con los sectores populares. En Brasil esto significa una guerra de clases, de colores de piel y de géneros, donde las mujeres, los negros y los pobres son el objetivo a batir.

La arrasadora victoria de Jair Messias Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, es el mayor tsunami político, social y cultural que ha vivido este país en su historia. Si dejamos de lado las posturas elitistas y conspirativas, debemos aceptar que la gente sabía a quién votaba, que no lo hicieron engañados ni presionados. Más aún, esta vez los grandes medios no jugaron a favor del candidato ultraderechista, difundieron sus bravatas y no escatimaron críticas.

Para completar este breve cuadro, debe saberse que Bolsonaro tuvo muy poco tiempo en los espacios gratuitos de la tevé, los que en otras ocasiones cambiaron las preferencias electorales. Por pertenecer a un pequeño partido sin casi representación parlamentaria (el PSL, Partido Social Liberal), debió utilizar las redes sociales, donde tuvo una performance muy superior a la de los demás postulantes. Se presentó como el candidato antisistema aunque lleva 27 años como diputado, y consiguió captar los sentimientos en contra del establishment de la mayoría de los brasileños.

Bolsonaro surfeó y alentó la ola social conservadora, machista y racista, pero no fue el hacedor de esos sentimientos. Los aprovechó porque coinciden con su forma de ver el mundo.

La tormenta política del domingo pasado llevó hasta las instituciones a personajes desconocidos, como Eduardo Bolsonaro, el hijo, que reunió 1,8 millones de votos para lograr su banca de diputado, la mayor votación para ese cargo en la historia del país. La desconocida abogada Janaina Paschoal, que fue una pieza clave en la destitución de Dilma Rousseff en 2016 (fue una de las autoras del pedido de impeachmentcontra la expresidenta), fue electa con el mayor caudal de votos que se recuerda para su cargo de diputada estatal, en el estado de São Paulo. Kim Kataguiri, un joven impresentable animador del Movimiento Brasil Libre (MBL) que llenó las calles en 2015 y 2016 contra el PT, fue electo por el derechista Demócratas (DEM) y aspira a presidir la Cámara de Diputados federal.

EL CENTRO DERROTADO

La derecha en su conjunto consiguió 301 de los 513 escaños de la cámara baja (véase nota en página 13), un aumento sustancial, ya que en 2010 tenía 190 diputados y en 2014, 238. La izquierda perdió uno respecto a las elecciones de 2014: obtuvo 137 diputados, pero en 2010 había alcanzado 166. El gran derrotado fue el centro, que cayó a 75 escaños, de 137 en 2014. Entre los partidos, el MDB de Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso son los grandes derrotados con apenas 31 y 25 diputados respectivamente. Hubo además una proliferación de nuevos partidos con escasa representación, pero que en su conjunto suman 95 escaños, la mayoría de la derecha (la organización de los datos anteriores, en las categorías “izquierda”, “centro” y “derecha”, fue hecha por el Centro de Estudios de Opinión Pública de la Universidad Estatal de Campinas y fue publicada por el Observatório das Eleições).

Las tormentas tienen resultados como el que mostró la primera vuelta: no dejan nada en su lugar, sacan a la superficie aquello que estaba sumergido y, tras el desolador panorama del día después, enseñan las heces que nadie quería ver. Pero muestran también que, debajo y detrás de las heridas, hay caminos posibles que las fuerzas institucionales y sus acomodados analistas se niegan a transitar.

El día después enseña varios hechos que deben ser desmenuzados para avizorar lo que puede depararnos el futuro inmediato: el ¡Ya Basta! que pronunció la sociedad en 2013, la herencia de la dictadura militar, el fin del lulismo y las limitaciones de la izquierda para afrontar los nuevos escenarios.

EL FACTOR JUNIO 2013

Fue el momento decisivo, el que formateó la coyuntura actual, desde la caída de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. Junio de 2013 comenzó con manifestaciones del Movimiento Pase Libre (MPL) contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que consiguió movilizar alrededor de 10 mil personas. Se trata de una agrupación juvenil formada en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, que encarna a los jóvenes estudiantes de las ciudades y tiene formas de organización y movilización horizontales y festivas.

La reacción de la policía militar fue, como siempre, brutal. Pero esta vez la población de las grandes ciudades sorprendió a todos, al salir a las calles por cientos de miles y hasta millones. A lo largo del mes, 20 millones ocuparon las calles en 353 ciudades. Fue un evento fundamental de la historia reciente de Brasil, que mostró los altos niveles de descontento y frustración social pero, a la vez, la potencia transformadora que anidaba en la sociedad.

El PT no entendió que se trataba de un clamor pidiendo más: más inclusión, mejores servicios sociales, más igualdad, exigiendo un paso más en las políticas sociales que se venían aplicando, lo que implicaba tocar los intereses del 1% más pudiente del país. El gobierno y su partido retrocedieron espantados, sin comprender que podían ponerse al frente las multitudes para desbloquear un sistema político que jugaba a favor de las elites.

Suele sucederle a los que están arriba, que los murmullos de abajo los inquietan, porque sueñan con la paz social para seguir representando a los ausentes. En efecto, la representación es un teatro que sólo funciona si los representados ocupan las sillas para que los representantes se hagan cargo del escenario.

La ultraderecha, sin embargo, supo interpretar las debilidades de la presa (el gobierno del PT), como esos cazadores contumaces, entendió los puntos flacos de la presa (la corrupción) y se lanzó con saña en una guerra de rapiña. Los resultados están a la vista. La izquierda vació las calles en junio de 2013 y se las dejó a una derecha que desde las vísperas de la dictadura (1964) había perdido toda conexión con las multitudes. El PT y el conjunto de la izquierda perdieron la única oportunidad que habían tenido de torcerle el brazo a la derecha y las elites.

Luego vinieron las millonarias manifestaciones contra el gobierno del PT, la ilegítima destitución de Dilma, la multiplicación de los sentimientos contra los partidos y el sistema político y, finalmente, el crecimiento imparable de Bolsonaro. Es cierto que la crisis económica es el telón de fondo de todo este proceso, que polarizó aún más a la sociedad. Pero había otros caminos si la izquierda hubiera dejado los cómodos despachos para aquilatar los verdaderos dolores de la población más pobre.

LA HERENCIA DE LA DICTADURA

Brasil es el único caso en la región en el que no hubo un Nunca Más, ni juicios a los militares y civiles del régimen. Lo peor es que para buena parte de la población —además de las elites por supuesto—, la dictadura fue un buen momento económico y representó el lanzamiento de Brasil como potencia regional.

La dictadura generó importantes inversiones en obras de infraestructura, consiguió un crecimiento económico sostenido en la década de 1960 y comienzos de 1970, hasta que llegó el estancamiento. En el imaginario de muchos brasileños, fue un período positivo, tanto en lo económico como en la autoestima nacional. Fueron los años de oro de la geopolítica brasileña delineada por el general Golbery do Couto e Silva que llevó al país a tener una presencia determinante entre sus vecinos y convertirse en la principal potencia regional, al doblegar a la Argentina en la vieja competencia por la expansión de influencias.

Según el filósofo Vladimir Safatle, “la dictadura se acomodó a un horizonte de democracia formal pero en lo subterráneo estaba allí, presente y conservada. Las policías continuaron siendo policías militares, las fuerzas armadas siguieron intocadas, ningún torturador fue preso y se preservó a los grupos políticos ligados a la dictadura” (Agencia Pública, 9-X-18). En consecuencia, cuando la Nueva república nacida luego de la dictadura (1964-1985) comenzó a naufragar, el horizonte de 1964 reapareció como el imaginario del país deseable, para una parte sustancial de la población.

Como ejemplo de esta realidad, están no sólo las brutales declaraciones de Bolsonaro contra gays, lesbianas, negros e indios, sino las de importantes personalidades del sistema judicial. El nuevo presidente del Supremo Tribunal Federal, José Antonio Dias Toffoli, justifico días atrás el golpe de Estado de los militares diciendo que prefiere referirse a ese momento como el “movimiento de 1964” (iG Último Segundo, 1-X-18). Safatle asegura que “no conseguimos terminar con la dictadura” y opinó que el PT podría haberlo hecho pero ni siquiera lo intentó, pese a que Lula alcanzó un increíble 84% de aprobación cuando dejó el gobierno.

Otras consecuencias de la continuidad de la dictadura en democracia, es la composición de las instituciones del Estado. En el parlamento los sectores más reaccionarios vienen creciendo de formar sostenida desde 2010 y alcanzaron la hegemonía en 2014. El bloque ruralista que apoya el agronegocio y rechaza con violencia la reforma agraria, cuento con casi 200 diputados, mientras la bancada evangélica oscila en torno a los 76 diputados. La “bancada de la bala” (que defiende la pena de muerte y el armamento de la población) pasó de no tener ningún senador a conseguir 18 sillones de los 54 que estaban en disputa (Uol, 9-X-18).

En el mismo sentido puede registrarse la abrumadora presencia de militares en el equipo de campaña de Bolsonaro, empezando por su candidato a vicepresidente, el general Hamilton Mourão, que defiende desde la eliminación del aguinaldo hasta una nueva Constitución, pero sin asamblea constituyente. Quizá lo que mejor revela el espíritu de esta ultraderecha, son los pasos dados por Bolsonaro cuando estaba en el proceso de elegir a su vice: uno de los sondeados fue el “príncipe” Luiz Philippe de Orléans e Bragança, descendiente de familia imperial (Carta Capital, 5-VIII-18).

EL FIN DEL LULISMO

El fin del lulismo tiene dos raíces: la crisis económica de 2008 y el nuevo activismo social. La paz social era la clave de bóveda del consenso entre trabajadores y empresarios, así como de un “presidencialismo de coalición” que albergaba partidos de izquierda y de centro derecha, como el MDB de Michel Temer.

Las consecuencias de la crisis económica de 2008, que derrumbó los precios de las commodities y derechizó a las elites, sumada a las jornadas de junio de 2013 que hicieron añicos la paz social, enterraron el llamado consenso lulista. Cuando apenas había inaugurado su segundo gobierno, el 1 de enero de 2015, Dilma Rousseff se propuso calmar al gran capital a través de un ajuste fiscal que erosionó buena parte de las conquistas de la década anterior.

El descontento de la base social del PT fue capitalizado por la derecha más intransigente. Recordemos que Dilma ganó con el 51 por ciento de los votos, pero meses después su popularidad se situaba por debajo del 10 por ciento. Con el ajuste fiscal el PT perdió una base social laboriosamente construida, que se había mantenido fiel al partido durante dos décadas de derrotas, antes de llegar al poder.

Lo cierto es que el lulismo no fracasó, sino se agotó. Durante una década había proporcionado ganancias a la mayoría de los brasileños, incluyendo a la gran banca , que obtuvo los mayores dividendos de su historia. Pero el modelo desarrollista había llegado a su fin, ya que se había agotado la posibilidad de seguir mejorando la situación de los sectores populares sin realizar cambios estructurales que afectaran a los grupos dominantes. Algo que el PT aún se niega a aceptar.

En el terreno político, la gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo que sumaba más de una decena de partidos, la mayoría de centro derecha como el MDB. Pero esa coalición se desintegró durante el segundo gobierno de Dilma, entre otras cosas porque la sociedad eligió en 2014 el parlamento más derechista de las últimas décadas, que fue el que la destituyó en 2016.

Otra consecuencia del ascenso de la derecha más conservadora, es la crisis de la socialdemocracia de Cardoso. El PSDB perdió toda relevancia, así como el MDB y el DEM que eran la base de la derecha neoliberal. El PSDB se formó en 1988 durante la transición a la democracia y la redacción de la Constitución. Junto al PT fueron los rivales más enconados de la política brasileña, pero a la vez era los dos principales partidos capaces de aglutinar una amplia colación a su alrededor, algo que le permitió a Cardoso gobernar entre 1994 y 2002.

Los resultados del candidato presidencial del PSDB, Geraldo Alckmin, el 7 de octubre, de apenas el 4 por ciento de los sufragios, enseñan la crisis del partido histórico de las elites y las clases medias blancas urbanas. Su base social emigró a Bolsonaro, por lo menos en las elecciones federales, aunque aún conserva cierto protagonismo en el estado de São Paulo, donde se asientan sus núcleos históricos. El descalabro de este sector, neoliberal pero democrático, puede tener hondas repercusiones en el futuro inmediato, independientemente de quién gane el domingo 28.

LA IZQUIERDA SIN ESTRATEGIA

Lo que se viene ahora es una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la población negra e indígena, contra todos los movimientos sociales. Con o sin Bolsonaro, porque su política ya ganó y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones. Cuando dice que hay que “poner punto final a todos los activismos en Brasil”, está reflejando un sentimiento muy extendido, que pone por delante el orden a los derechos (Expresso, 8-X-18).

No es un caso aislado. La ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, acaba de lanzar su propio exabrupto, esta semana en una entrevista televisada, al vincular los movimientos sociales con el narcotráfico, abriendo de ese modo el grifo de la represión. Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstáculos para implementar medidas más profundas contra las economías populares y la soberanía estatal sobre los bienes comunes.

Sobre el futuro inmediato, el cientista político César Benjamin señala: “Temo que un gobierno de Boslonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilización de grupos, de masas que lo apoyan, que el régimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado de Pará puede entender que llegó la hora de lanzar sus pistoleros, un policía que participa de un grupo de exterminio entenderá que puede ir más lejos”. Concluye con una frase lapidaria: “El sistema vigente de los años 80, especialmente desde la Constitución de 1988, ya no existe más” (Piauí, 8-X-18).

Cuando la izquierda apostó todo a una democracia claramente deficiente, sucedieron dos cosas. Primero, se evidenciaron sus dificultades a la hora de moverse en el borde de los cauces institucionales, como lo hacen todos los movimientos sociales. Hacerlo, significaría poner en riesgo los miles de cargos estatales y todos los beneficios materiales y simbólicos que conllevan. En cierto sentido enseñó su incapacidad de cambiar su estrategia, cuando la derecha sí lo hizo.

Segundo, optar por este camino suponía no tomar en cuenta que para los sectores que la izquierda dice representar, como los jóvenes y las mujeres de las favelas —los más atacados por el sistema del “orden”—, nunca hubo democracia verdadera. Estos sectores se ven forzados a moverse en el filo de la legalidad, porque, usando un concepto de Fanon, en la “zona del no-ser”, donde los derechos humanos son papel mojado, la sensatez les dice que no pueden confiar en las instituciones estatales. La impunidad del crimen de Marielle Franco habla por sí sola.

Limitarse al terreno electoral es suicida para un movimiento de izquierda, cuando del otro lado están rifando las libertades mínimas. Entre la lucha armada de los 60 y la adhesión ciega a elecciones sin democracia, hay otros caminos posibles. Los que vienen transitando tantos pueblos organizados para recuperar la tierra, cuidar la salud, el agua y la vida. Si algo nos enseña el Brasil de estos años, es que hace falta tomar otros rumbos, no limitados a la estrategia estatista, probablemente inciertos, pero que tienen la virtud de abrir el abanico de posibilidades.

Fuente: https://brecha.com.uy/huracan-llamado-bolsonaro/