Christophe Dejours: “Sin posibilidades de sublimar a través del trabajo, es muy difícil conservar la salud mental”

por Verónica Engler

Es psicoanalista, pero plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: el trabajo como base de la identidad, fuente fundamental de sentido para la vida y mediador para la autorrealización en lo social

 

El histórico teatro IFT de la ciudad de Buenos Aires se llenó. No había un recital ni una obra de teatro sino la conferencia “Trabajo, precarización y subjetividad”, brindada por el prestigioso psicoanalista francés Christophe Dejours, que llegó al país invitado por la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA) y la editorial Topía. El público variopinto que acudió a escucharlo estaba compuesto por personajes del ambiente psi (profesionales, profesores, intelectuales, estudiantes), pero también por integrantes de sindicatos varios interesados en las ideas de Dejours sobre el trabajo y su relación tanto con la salud como con la enfermedad.

Considerado el padre de la Psicodinámica del Trabajo, este especialista plantea algo no muy tenido en cuenta desde el psicoanálisis: que el trabajo es la base de la identidad, una fuente fundamental de sentido para la vida y un mediador irreemplazable para la autorrealización en lo social. “El capitalismo actual viene intentando imponer sentidos para naturalizar su degradación, con el fin de abaratar costos y aumentar ganancias”, advierte en conversación con PáginaI12. “De la forma en que nos apropiemos del trabajo y de lo producido, de las estrategias de defensa colectiva construidas por trabajadoras y trabajadores, dependerá que el trabajo pueda o no constituirse en un medio de experimentación de la solidaridad y como antídoto a la alienación que impone el neoliberalismo”.

–Para la concepción clásica del psicoanálisis la explicación de las conductas humanas se plantea a partir de la centralidad de la sexualidad. Pero desde su perspectiva el trabajo también ocupa un lugar central tanto como fuente de sufrimiento como de placer. ¿De qué manera el trabajo deja de tener un lugar marginal en la constitución de la subjetividad?

–Siendo esquemático se puede decir que hay dos ejes en la realización de uno mismo. La realización personal en el campo erótico pasa por el amor, que es el campo habitual del psicoanálisis. El segundo campo es la realización de uno en el campo social, eso pasa por el trabajo. En estos dos campos delimitan dos tipos de destino para la pulsión: uno sexual y el otro sublimatorio. Cuando uno se refiere a la concepción freudiana, la sublimación fue considerada como exclusiva de seres excepcionales, los grandes hombres, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci. Pero la clínica del trabajo muestra que la cuestión de la sublimación se encuentra presente en todos los que trabajan. En cada oficio la cuestión de la sublimación está presente. La clínica muestra que cuando se puede aprovechar o tener la suerte de contar con una buena organización del trabajo, que permite su desarrollo, la sublimación se beneficia, funciona. Esa es la forma principal de la transformación del sufrimiento en el trabajo en el placer en el trabajo. Pero no es solamente generador de placer, la victoria sobre el sufrimiento es una victoria desde el punto de vista de la salud. Cuando uno está forzado a trabajar mal, porque las condiciones son malas, porque está la presión de la productividad cuantitativa contra la cualitativa, las condiciones de sublimación se rompen, y mucha gente se enferma. Donde no hay posibilidades de sublimar a través del trabajo, se torna muy difícil conservar la salud mental, y muchas veces hay que desarrollar estrategias muy complicadas para protegerse contra los ambientes deletéreos en el trabajo.

–¿Qué sucede cuando no se tiene la posibilidad de trabajar, cuando se está desempleado/a?

–Cuando uno es privado de la posibilidad de trabajo uno pierde la posibilidad o el derecho de traer su contribución a través del trabajo a la construcción de la sociedad, y consecuentemente si uno pierde esa posibilidad, no se puede más tampoco beneficiar de la retribución, y generalmente la retribución en el sentido común es el salario. Pero en la clínica del trabajo, como yo la entiendo, uno se da cuenta de que hay otra forma de retribución, que pasa por la sublimación. Si no podemos hacer un aporte de una contribución a la sociedad o a la empresa o a los colegas, o eventualmente a los subordinados, perdemos el derecho de beneficiarnos con el reconocimiento, que es una forma de retribución extremadamente importante desde el punto de vista psíquico y que desde el punto de vista de la salud es más importante que la retribución material a través del salario. Cuando uno no puede aportar una contribución a través del trabajo, se pierde el beneficio posible de esa retribución simbólica a través del reconocimiento, y en esta cuestión el porvenir desde el punto de vista de la salud mental se vuelve mucho más precario. La gente que está desempleada de manera crónica tiene una incidencia de perturbaciones psíquicas mucho más elevadas que aquellos que están empleados, que están trabajando. Creo que es igual en todas partes del mundo, no es algo nuevo.

–¿Qué patologías y qué posibilidades de encontrar placer en el trabajo encuentra en las condiciones actuales del neoliberalismo?

–Pequeño problema (se ríe)… El trabajo puede ser generador de lo peor, por eso hoy en día llega a provoca suicidios en los lugares de trabajo; pero también puede generar lo mejor, de manera tal que gracias al trabajo la salud metal mejora. Y el problema, entonces, consiste en comprender por qué, por un lado, pasamos a la desolación, la desesperanza, y por qué en algunos casos se vuelve felicidad. Y hay una razón que es muy precisa, que es el rol decisivo en la organización del trabajo. Hay algunas organizaciones del trabajo que son particularmente deletéreas para la salud mental y vemos cómo progresivamente cada vez hay más patologías mentales del trabajo, sobre todo desde el comienzo del siglo XXI, con el surgimiento de nuevas patologías que antes no existían. En la organización del trabajo hay un cambio mayor que corresponde a lo que llamamos el “giro de la gestión”, que es la manera en la cual dentro del mundo del trabajo se concreta el arribo masivo del neoliberalismo. Se introducen nuevos métodos, nuevos dispositivos, que cambian completamente la organización del trabajo: la evaluación personal de los desempeños; la noción de calidad total; la normalización o estandarización del trabajo, el tema de las normas como las ISO; la precarización; y también la manipulación comunicativa producida por las mismas empresas. Esta manipulación es muy importante, no solamente respecto de lo externo, de la empresa para afuera, haciendo publicidad, por ejemplo mostrando los resultados de la empresa en la bolsa; sino que también es una comunicación que está destinada al interior, porque se vuelve un sistema de prescripciones, al cual los mismos trabajadores asalariados deben estar muy atentos, para poder utilizar las buenas formas del lenguaje, las maneras en las que hay que implicarse en las relaciones jerárquicas, lo que uno puede o no decir, todo eso está dictado por la comunicación interna.

–Este sistema de presión y control ideológico está vigente tanto en las empresas privadas como en organismos públicos, ¿verdad?

–Sí, claro. Y estos nuevos métodos tienen unos impactos muy poderosos, muy fuertes, no solamente sobre la manera de trabajar de manera individual, sino también sobre la manera de trabajar junto con los demás, sobre todo de los colectivos de trabajo. Ese giro de la gestión, de los números, se traduce por una voluntad de romper todo lo que sea colectivo, y romper las cooperaciones, para poder tener únicamente individuos que en la jerga de la gestión llaman “los individuos responsables”. Y los métodos en cuestión son muy fuertes, muy poderosos, y han logrado desestructurar esas cooperaciones. Al hacer eso, al desestructurar esa cooperación, se destruyen cierto tipo de vinculaciones entre las personas, sobre todo las relaciones de convivencia, que tienen que ver con estar atento a lo que necesita el otro, la ayuda, el saber vivir juntos y la solidaridad. Todo está destruido por estos nuevos dispositivos. Ahora cada uno está solo en un mundo que es hostil, y donde cada persona está en competencia con su vecino, y también incluso en el modo de la competencia desleal. Y esto se ve tanto en el nivel inferior de la escala, porque la competencia es extremadamente dura respecto de la cuestión del empleo, pero también es muy duro en la cima de la jerarquía, donde los cuadros superiores pasan su tiempo vigilándose unos a otros, por ejemplo. Esta cuestión de lo colectivo y la solidaridad, esta cuestión de vivir juntos, es una cuestión social y política por supuesto, pero es también una cuestión que tiene que ver con la salud.

–¿Por qué?

–Porque la mejor manera de prevenir contra riesgos psicosociales, contra las patologías mentales del trabajo, es justamente esta convivencia, el vivir juntos, la solidaridad. Hay dos grandes fuentes en la salud en el trabajo, la primera es el vínculo individual con la tarea, que está relacionado con la sublimación, pero también está el hecho de poder entrar en un vínculo, en una relación de pertenencia en un equipo, pertenencia a un oficio, una profesión, porque todas estas pertenencias nos remiten siempre a sistemas de valores. Cada profesión está estructurada por ciertas reglas, esas reglas de trabajo no son nunca únicamente normas para tratar la cuestión de la eficacia; esas normas de trabajo organizan también los vínculos y los lazos entre los miembros de un equipo. Al desestructurar esos colectivos, se les hace perder a los trabajadores todo el beneficio de la ayuda mutua, que no es solamente en favor de la eficacia, sino que también es una ayuda mutua respecto del sufrimiento.

–¿Por qué en relación a las patologías en el trabajo usted prefiere no hablar de estrés?

–Porque en la concepción del estrés el trabajo se presenta como un entorno, es decir algo que está alrededor y que contiene cierto número de prescripciones, reglas, restricciones, inconvenientes. De esta manera, el trabajo es una cuestión externa que actúa sobre un individuo considerado como un ser aislado. Pero lo que la clínica del trabajo nos está mostrando es que el trabajo no está únicamente por fuera del individuo, para que yo pueda hacer un trabajo de calidad el trabajo tiene que volverse interno, es necesario subjetivar el trabajo, tengo que aceptar sentirme invadido por el trabajo, mucho más allá del tiempo concreto de trabajo, por fuera del trabajo también, hasta cuando vuelvo a mi casa por ejemplo. Esto también es parte del trabajo, son todas las perturbaciones que ocasiona el trabajo, por fuera de él. Entonces, el trabajo está en el interior, no por fuera, no es un entorno, pero la teoría del estrés considera al trabajo como un entorno prácticamente material, y considera al individuo como un individuo prácticamente biológico. La teoría del estrés es una teoría que está destinada no a hacer psicología o, en el mejor de los casos, es psicología animal, el modelo es comportamental, extremadamente simplista. Para comprender la sutilidad de los vínculos entre el trabajo y la subjetividad es necesario una estructuración conceptual extremadamente sofisticada en al menos tres disciplinas. Primero es necesario tener una teoría del sujeto que no sea simplista, esto lo hace el psicoanálisis; pero también es necesaria una teoría del trabajo. Hay disciplinas del trabajo que dan cuenta de la complejidad del trabajo vivo que no tiene nada que ver con lo que se dice del estrés. También es necesario un tercer tipo de conocimiento sobre la teoría social y la teoría de la dominación; no solamente la dominación entre clases, sino también la dominación de género. De acuerdo con la teoría del estrés los hombres y las mujeres son lo mismo, pero la clínica del trabajo muestra que para los hombres y las mujeres el trabajo no implica lo mismo, el sufrimiento en el trabajo para hombres y mujeres no es igual, y las estrategias de defensa que construyen hombres y mujeres son diferentes.

–Algunos teóricos tan disímiles como André Gorz o Jeremy Rifkin habían previsto una reducción del tiempo de trabajo social y una expansión del tiempo libre, pero lo que sucedió a partir de los años 90 es exactamente lo contrario: para quienes tienen trabajo, la jornada laboral se volvió prácticamente ilimitada.

–Creo que las declaraciones de Jeremy Rifkin son parte de una manipulación de la opinión pública para inculcar el miedo, pero sus análisis son completamente falsos. Un año después de la publicación de su libro (El fin del trabajo, 1995), se anunció el pleno empleo en los Estados Unidos. Pero el trabajo de André Gorz y Dominique Meda, en Francia, es más serio, son dos intelectuales reconocidos. Rifkin es solo un consultor exitoso que está al servicio de la ideología neoliberal.

–A comienzos de este siglo, el filósofo italiano Franco Berardi postulaba que la sociedad industrial construía máquinas de represión de la corporeidad y del deseo, mientras que la sociedad posindustrial funda su dinámica sobre la movilización constante del deseo, por eso la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio ha sido progresivamente cancelada. ¿Está de acuerdo con estas ideas? ¿Cuáles serían las consecuencias de poner a trabajar la libido en pos del capital y de la identificación total con la empresa?

–No estoy convencido de los planteos que hace Berardi. El problema no está en el deseo más o menos bien dominado por la sociedad posindustrial. Sobre todo porque la sociedad actual no es posindustrial, sigue siendo muy industrial. La industria solo se ha trasladado de norte a sur, pero la masa de trabajadores industriales ha crecido en todo el mundo. El problema radica más bien en el giro neoliberal de finales del siglo XX. En el mundo del trabajo, este punto de inflexión tomó la forma de un “giro en la gestión”, con nuevos métodos y organización del trabajo. Estos métodos, extremadamente efectivos resultan en un mayor poder de dominación. Lo que me interesa investigar es un control poderoso de los pensamientos y comportamientos de los individuos, que no pueden construir fuerzas significativas para luchar contra estas nuevas formas de dominación. El resultado es que los trabajadores se ven obligados a trabajar cada vez más duro y más tiempo. Desde el punto de vista de la salud, esto se traduce en una explosión de patologías: burnout, Karoshi (muerte súbita por accidente vascular), Karôjisatsu (suicidio por exceso de trabajo) y abuso de sustancias psicoactivas, entre otros. Creo que el dramático deterioro de la salud mental en el trabajo no aboga por la movilización del deseo o la libido, más bien significa la agravación de la servidumbre, el aumento del sufrimiento, el desbordamiento de estrategias individuales y colectivas de defensa contra el sufrimiento en el trabajo y la incapacidad para defenderse contra los efectos nocivos de las nuevas formas de gestión.

La depresión global: el gatillo comercial y tecnológico

por Michael Roberts

A pesar de todos los discursos optimistas del presidente de Trump sobre el estado de la economía estadounidense, los últimos datos sobre la actividad económica y la producción industrial sugieren que Estados Unidos se suma a Europa y Japón en una fuerte desaceleración al entrar en la segunda mitad de 2019. Y ello ocurre cuando la guerra comercial y tecnológica entre los EE.UU. y China ha subido un nuevo escalón y amenaza con desencadenar una recesión global antes de que termine el año.

informan los economistas de JP Morgan de que el avance de mayo del PMI de los EE.UU., Europa y Japón (G-3) apunta una disminución de 0,7 puntos, consistente con un crecimiento anual de sólo un 2,5% del PIB mundial. Los índices de compras de los gerentes (PMI) son encuestas de opinión de las compañías sobre sus compras y ventas actuales y futuras. Han demostrado ser orientadores razonables de la producción real. Y un crecimiento del 2,5% a nivel mundial se considera una ‘perdida de velocidad’ de la economía mundial, por debajo de la cual se avecina una recesión.

Según JP Morgan la fabricación mundial de manufacturas está sufriendo la peor parte – de estar casi en 50 en el PMI (por debajo de 50 significa una contracción). Pero los servicios, que constituyen el 70-80% de la mayoría de las principales economías (al menos en la definición oficial), también se deslizan hacia los niveles de la mini-recesión de 2015-6.

Más preocupante aún, “los índices mundiales de expectativas de manufacturas y servicios parecen caer alrededor de 2 puntos en mayo y arrastraría los índices por debajo de los mínimos establecidos a principios de 2016.”   (JPM).

Al igual que otros analistas, el Economic Outlook de la OCDE , publicado la semana pasada, predice un crecimiento más lento que el año pasado en la mayoría de las grandes economías – en algunos casos mucho más lento. Más aún, incluso en 2020, el crecimiento mundial no volvería al ritmo que alcanzó en los últimos años, según afirma. Ángel Gurría, su secretario general, dijo: “La economía mundial está en zona peligrosa.”

Hasta ahora, ha sido en Europa y Japón dónde eran visibles las señales de una desaceleración e incluso de una franca recesión. Pero ahora la economía de Estados Unidos puede sumarse. El PMI manufacturero de Estados Unidos cayó a 50,6 en mayo, lo que implica casi un estancamiento. Es el índice más bajo desde septiembre de 2009 como consecuencia de que los nuevos pedidos cayeron por primera vez desde agosto de 2009, mientras que la producción y el empleo aumentaron menos.

PMI manufacturero de EE.UU.

El sector servicios también cayó. El indicador económico global mostró la expansión más débil en el sector privado desde mayo de 2016. El viernes pasado, conocimos datos reales de bienes duraderos fabricados en EE UU. En mayo, los nuevos pedidos cayeron un 2,1% respecto al mes anterior, en abril de 2019. Los equipos de transporte, también cayeron dos de los últimos tres meses. El modelo GDPNow de la Fed de Atlanta (un indicador muy fiable de crecimiento futuro) estima que el crecimiento del PIB real de EE UU en el segundo trimestre de 2019 será sólo un 1,3%.

Cuando se llega a Europa, la última cifra para la locomotora de Europa, la industria manufacturera alemana, es una lectura particularmente triste. El índice de mayo apunta un quinto mes de contracción en el sector industrial, porque los nuevos pedidos continuaron cayendo bruscamente, en gran parte debido a la menor demanda en toda la industria del automóvil y los efectos de la liquidación de existencias. Además, la tasa de destrucción de empleo se aceleró hasta ser la mayor desde enero de 2013.
PMI manufacturero alemán

Incluso si el sector de servicios aguanta, la actividad general en Alemania es muy débil. Y la encuesta de confianza empresarial está en su punto más bajo desde hace casi cinco años. La actividad en la zona euro en su conjunto está también en su nivel más bajo en cinco años.

PMI compuesto de la zona euro

La economía de Japón está  “empeorando” por primera vez en más de seis años, de acuerdo con uno de los principales indicadores del gobierno. El índice de condiciones económicas, compilado por la Oficina del Gabinete del Gobierno de Japón cayó un 0,9% de febrero a marzo. Esto obligó a los estadísticos del gobierno a reducir su evaluación de la economía de “debilitamiento” a “empeoramiento” – el más bajo de los cinco niveles. La última vez que la Oficina del Gabinete utilizó el grado inferior para describir su economía fue en enero de 2013. El economista de Barclays Kazuma Maeda señala que la  rebaja “mecánica” de la evaluación no implica necesariamente una recesión en perspectiva. Sin embargo, agregó: “Dicho esto, existe una creciente preocupación acerca de una recesión económica”.

El crecimiento de la actividad nominal en Japón, que puede ser visto como un a variante actualizada del PIB nominal, ha estado cayendo desde finales de 2017, ya que la disminución del crecimiento de la producción real ha sido mayor que el aumento de la inflación. El índice de la actividad nominal del núcleo, ha caído alrededor de un 0,5 por ciento, más bajo que durante el choque deflacionario de 2016.

Como acotación al margen, vale la pena señalar que Japón es un ejemplo de la política fiscal y monetaria keynesiana. El Banco de Japón tiene tasas de interés negativas y ha comprado casi todos los bonos gubernamentales disponibles de los bancos, así como deuda corporativa y valores, a través de inyecciones de crédito masivas en los últimos diez años. Y ha aplicado sistemáticamente déficits presupuestarios para tratar de impulsar la economía; tanto es así que la deuda pública en relación con elPIB es la más alta del mundo. Sin embargo, el crecimiento del PIB nominal y de los precios continúa estancado.

Los que defienden la Teoría Moderna Monetaria deberían tomar nota. Sí, se pueden ejecutar déficits presupuestarios de manera permanente y contraer deudas públicas sin consecuencias para la inflación o incluso la divisa en una economía como Japón. Pero no se puede conseguir un impulso permanente del crecimiento si las empresas japonesas o el gobierno no invierten. La creación de dinero no es necesariamente creación de valor. La ironía es que el primer ministro Abe planea elevar el impuesto sobre las ventas a finales de este año para tratar de reducir los déficits y los coeficientes de deuda en línea con las políticas neoliberales. La última vez que lo hizo, Japón entró en recesión.

Fuera de los bloques imperialistas, las economías de los llamados «mercados emergentes” también se están desacelerando. Turquía, Argentina y Pakistán ya están en recesión. Brasil y Sudáfrica están al borde. Y los flujos de capital a estas economías desde el bloque imperialista se están secando, mientras que la inversión del sector público casi se ha paralizado.

La inversión pública neta en los mercados emergentes ha caído por debajo del 1% del PIB por primera vez en su historia, aumentando los temores de un déficit de infraestructuras. La participación que los gobiernos de los países en  desarrollo en la producción nacional que dedican a la inversión en activos como escuelas, hospitales, transporte e infraestructura de energía (neta, sin  la depreciación del stock de capital existente), ha caído desde el 3,3 por ciento en 1997 a un mínimo de sólo el 0,9 por ciento el año pasado, según datos del FMI. Es mucho menos que lo que el FMI cree que se necesita para satisfacer las necesidades básicas y permitir a estos países cerrar las brechas de infraestructura que están ralentizando su ritmo de desarrollo.

De hecho, si se excluye a China, el crecimiento de la inversión está cayendo en el resto de las economías del G-20. Sólo los EE.UU. y la India están manteniendo la inversión positiva. Si fallasen, en la medida en que la inversión es el impulsor de la economía, se produciría una recesión global.

Si se descuenta a China de las cifras, el promedio ponderado para el resto del mundo emergente es del 3,9 por ciento del PIB, sensiblemente inferior a la cifra del 4,8 por ciento de una fecha tan reciente como 2010. Los 49 países en desarrollo de bajos ingresos, sobre todo en África, pero también países como Vietnam, Bangladesh y Moldavia, están aún peor situados, y el FMI cálcula que necesitan invertir un 7.1 por ciento del PIB al año adicional hasta 2030 en carreteras, electricidad y agua. Si se suma la sanidad y la educación, esta proporción se eleva a un colosal 15,4 por ciento del PIB, o $ 528.000 millones anuales.

La baja rentabilidad es lo que explica sobre todo por qué la inversión corporativa ha sido tan débil desde 2009.  Los beneficios realizados han sido desviados a la especulación financiera: fusiones y adquisiciones, la recompra de acciones y el pago de dividendos. Además, ha habido una cierta acumulación de dinero en efectivo por los FAANGS. Todo esto se debe a que la rentabilidad de la inversión productiva sigue siendo históricamente baja.

El otro factor clave en la larga depresión ha sido el aumento de la deuda, especialmente de la deuda corporativa. Con una baja rentabilidad, las empresas han acumulado más deuda para financiar proyectos o especular. Las grandes empresas como Apple o Microsoft pueden hacer esto porque tienen reservas de efectivo en las que apoyarse si algo va mal; las empresas más pequeñas pueden manejar esta espiral de la deuda porque las tasas de interés se mantienen en mínimos históricos y, por lo tanto, el servicio de la deuda sigue siendo viable – siempre y cuando no haya una caída de las ventas y ganancias.

Cuando los fundamentos como la rentabilidad y la deuda son negativos para el capital, cualquier cosa puede desencadenar una depresión. Cada crisis tiene un disparador diferente o causa próxima. La recesión internacional de 1974-5 fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo y la salida de EE.UU. del patrón dólar-oro. La caída de 1980-1982 fue provocada por una burbuja inmobiliaria en Europa y una crisis industrial en las principales economías. La recesión de 1990-2 fue provocada por los precios del petróleo y la guerra de Irak. La leve recesión de 2001 fue el resultado de la explosión de la burbuja dot.com. Y la Gran Recesión se inició con el colapso de la burbuja inmobiliaria en los EE.UU. y la consiguiente restricción de crédito provocada por la diversificación internacional de los derivados de crédito. Pero detrás de cada una de estas crisis hubo un movimiento a la baja en la rentabilidad del capital productivo y, finalmente, una desaceleración o disminución de la masa de ganancia. (El nexo entre inversión y beneficios).

Ahora parece posible que la amenaza de una guerra comercial entre los EE.UU. y China podría ser un nuevo detonante de una recesión global. Ciertamente, el banco de inversión estadounidense, Morgan Stanley ha elevado ese riesgo: “Si bien una escalada temporal de las tensiones comerciales podría gestionarse sin graves daños, un enfrentamiento duradero podría tener graves consecuencias. Si las conversaciones se estancan, no hay acuerdo y los EE.UU. imponen aranceles de un 25% sobre los restantes $ 300 mil millones en importaciones de China, creemos que la economía global tenderá a la recesión “.

La OCDE también ha puesto de relieve el peligro de una guerra comercial. Según la OCDE, el comercio internacional ha disminuido bruscamente. Su tasa de crecimiento ha caído del 5,5 por ciento en 2017 a lo que la OCDE cree que será un 2,1 por ciento y 3,1 por ciento este año y el próximo, respectivamente. Es menor que el crecimiento económico proyectado, es decir, el comercio se está reduciendo como proporción de la actividad económica mundial. Desde el año 2009, cuando se produjo la desaceleración del crecimiento de la inversión que ha llevado a una desaceleración en el crecimiento del comercio, el FMI estima que tres cuartas partes de la desaceleración del crecimiento del comercio podrían atribuirse a la débil actividad económica, especialmente de la inversión. Pero ahora la bota parece estar en el otro pie.

Los números de la OCDE sobre la inversión agregada son corroborados por estadística más precisa. La inversión de la mayoría de las grandes compañías estadounidenses, como se informa en la normativa reguladora, se ha frenado de forma espectacular. Según una investigación de The Wall Street Journal, 356 dude las 500 compañías del índice S & P invirtieron sólo más del 3 por ciento en capital en el primer trimestre; desde una tasa de crecimiento del 20 por ciento del año anterior. Para los mayores inversores de capital, esta cayó de plano. Las fricciones comerciales parecen ser la causa principal – directamente para las empresas que dependen especialmente de la demanda china, como los productores de chips especializados, así como indirectamente por el aumento de la incertidumbre en toda la economía. Según otro estudio, muchas empresas estadounidenses que operan en China también están frenando la inversión.

Morgan Stanley también advierte que no hay que subestimar el impacto de las tensiones comerciales de varias maneras. En primer lugar, el impacto en el sector empresarial de Estados Unidos sería más generalizado si China pudiera decretar barreras no arancelarias como la restricción de compras. Dada la ralentización del crecimiento global que ello produciría, las ganancias de las operaciones internacionales de las empresas se verían afectadas y las empresas no serían capaces de trasladar completamente los aumentos de aranceles a los consumidores.

Lo que hace probable que la guerra comercial no se resuelva de manera amistosa para evitar una recesión global es que la batalla entre los EE.UU. y China no es sobre ‘comercio desleal’, sino un intento de los EE.UU. de mantener su superioridad tecnológica global frente al rápido ascenso como competidor de China. El ataque a Huawei, organizado a nivel mundial por los EE.UU., es sólo un comienzo.

Está en marcha una reacción en cadena en la medida en que una industria gigante se prepara para un choque violento. El banco de inversión estadounidense Goldman Sachs ha observado que, desde 2010, el único lugar donde los beneficios empresariales han crecido es en los EE.UU.. Y esto, según Goldman, se debe totalmente a las empresas de super-tecnología. Las ganancias globales fuera de ese sector son sólo moderadamente más altas de lo que eran antes de la crisis financiera, mientras que los beneficios del sector tecnológico se han disparado bruscamente hacia arriba (lo que refleja principalmente el impacto de las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos).

La desaceleración del crecimiento está siendo impulsada por una baja inversión y rentabilidad en la mayoría de las economías y en la mayoría de los sectores. Sólo las grandes empresas de tecnología en los EE.UU. han evitado esta tendencia, ayudadas por una reciente bonanza de los beneficios procedentes de las reformas fiscales de  Trump. Pero ahora la guerra tecnológica con China afectará también a las ganancias de las empresas de tecnología – incluso si los EE.UU. y China llega a un acuerdo comercial.

El FMI está muy preocupado. El nuevo economista jefe del FMI, Gita Gopinath, comentó: “Si bien el impacto sobre el crecimiento global es relativamente modesto en este momento, la última escalada podría mellar significativamente los resultados empresariales y el clima existente en los mercados financieros, interrumpir las cadenas de suministro globales, y poner en peligro la recuperación prevista del crecimiento global en 2019.” Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial del Comercio, dijo que la guerra comercial entre EEUU y China estaba perjudicando a la economía mundial. La OMC ha quedado al margen, en la medida en que la administración Trump dirige sus ataques directamente contra China. Azevedo ha señalado que: “se han introducido $ 580 mil millones de medidas restrictivas en el último año, siete veces más que el año anterior. Esto desanima a los inversores, está frenando a los consumidores, y por supuesto está teniendo un impacto en la expansión de la economía mundial. Todo el mundo pierde … cada uno de los países perderán si no encontramos una solución“.

Así es.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

“Entre la vida y la obra de Andrés Rivera emerge la coherencia ideológica”

Andrés Rivera cruzó la cultura argentina con una obra potente y reveladora. Su vida y sus palabras ahora son relatadas en una biografía publicada por Editorial Sudestada.

Por Leandro Albani para La tinta

Un hombre obsesionado con su oficio de escritor, de palabras secas y cortantes, de ideas duras y claras que supo sostener en el tiempo. Esa persona es la que los periodistasMartín Latorracay Juan Ignacio Orúedescriben y analizan en Andrés Rivera. El obrero de la literatura, biografía publicada recientemente por Editorial Sudestada.

Pero, en el libro, también aparece el Rivera más íntimo, el que trabaja en sus escritos con detalle y una disciplina sistemática, el padre de dos hijos que, pese a su parquedad, transmite sentimientos profundos, el militante comunista fogueado en un entorno familiar de luchas sindicales e historias de una Europa lejana y nebulosa.

andres-rivera-libro-sudestadaLatorraca y Orúe relatan la vida de Rivera de forma concisa, ágil, armando un rompecabezas con testimonios, retazos de historias de un país siempre al borde y una prosa que rechaza hundirse en análisis eruditos o encorsetados por una academia que siempre miró de reojo al autor de La revolución es un sueño eterno, El farmer, Ese manco Pazy El verdugo en el umbral, entre muchas otras novelas y libros de cuentos.

La biografía, además, cuenta con un anexo que recoge varios artículos de su época de periodista (bajo el seudónimo de Pablo Fontán) en el diario El Cronista Comercial, su polémica escrita con el historiados Norberto  Galassoy una carta de Ricardo Piglia a Rivera, que rescata una amistad profunda (y epistolar) poco conocida.

La tinta dialogó con Latorraca y Orúe sobre cómo nació la idea del libro, la estrecha relación que mantuvieron con Rivera, la implicancia del escritor en la cultura argentina y un legado cargado de palabras justas, incómodas y militantes.

—¿Cómo nace la idea del libro?

—Martín Latorraca (ML): Con Andrés, tenía una relación de muchos años de admiración literaria y de amistad, de mucha cercanía. Cuando lo conocí a Juan hace cinco o seis años, empezamos a hablar sobre lo que nos gustaba de la literatura argentina y salió el nombre de Andrés, que los dos admirábamos. Un día, charlando, nos dijimos por qué no hacíamos una biografía, aunque, en realidad, es más un recorrido, un retrato con muchas voces. Entonces, empezamos a investigar, a buscar todos sus libros, que son 32 títulos, armamos un listado de entrevistados y todo el trabajo de preproducción.

—¿Qué características de la obra y de Rivera como persona les interesó volcar en el libro?

—Juan Ignacio Orúe (JIO): Creo que la característica principal que atraviesa su obra y toda su vida se resume en la última línea de La revolución es un sueño eterno: “¿Qué revolución compensará las penas de los hombres?”. En esta síntesis brutal, entre vida y obra, lo que emerge es la coherencia ideológica. Él siempre estuvo detrás de ese objetivo de cambio social, un ideal que conecta con la historia de su familia inmigrante, obrera, judía y de izquierda. En esa búsqueda, no renunció a la belleza en la escritura.Andrés planificaba su obra con obsesión. Hablamos de la línea final del libro, pero no olvidemos el comienzo. Es una patada en la cabeza. Y cualquier escritor sabe que el comienzo y el final de cada texto son centrales. Andrés lo tenía clarísimo.

—¿Qué pudieron encontrar o descubrir investigando la vida de Rivera que los asombró?

—JIO: El quiebre de la amistad con Juan Gelman, los motivos de esa ruptura y los hechos que sucedieron alrededor de esa situación, los desconocía. Coincide con el fallecimiento de Carlos, el hijo mayor de Andrés; con el vínculo amoroso que Gelman tenía con la ex esposa de Rivera, con su participación en Montoneros y su paso a la clandestinidad. Es una de las etapas más duras. Me asombró, también, haber descubierto su obra periodística. Pudimos rescatar varios textos suyos de su época en El Cronista Comercial. Trabajó allí durante la última dictadura y firmaba con el seudónimo Pablo Fontán. Fue compañero deTito Cossay Osvaldo Sorianoen la sección Cultura. Andrés cubrió el velatorio de Ringo Bonavenaen el Luna Park. La crónica es tremenda. En esos textos, se nota cómo aparecía de a poco la poética que iba a consolidar más adelante en sus novelas y cuentos.

—ML: Lo que más me asombró fue su etapa de laburante, de corrector de estilo o de periodista. En la época de El Cronista Comercial,su compromiso con sus compañeros, su actitud de ayudar y de enseñar a los periodistas nuevos. Son cosas que no conocía, pero podía imaginar por su posición política y su ideología, pero eso me asombró gratamente. Todos sus compañeros, salvo un caso, lo recuerdan bien, como un tipo que enseñaba, ayudaba, los defendía.

andres-rivera-libro-sudestada-3—Hay una idea de Rivera como una persona muy osca. ¿Eso era así?

—ML: Lo conocí a fines de 1990, en Córdoba, en su casa, con Susana Fiorito. Fuimos con otra compañera de un periódico en donde trabajábamos. Nos recibió para una entrevista, justo estaba cocinando pescado con ensalada de rabanitos. Nos sirvió sin preguntarnos si nos gustaba. A mi compañera no le habló en toda la charla, hasta que, en un momento, ella le preguntó y él la vio y le empezó a hablar. Algo de Rivera era como una coraza, aunque era un tipo muy tierno y adorable, pero tenía eso de tipo duro y osco que, imagino, viene de su crianza con padres militantes, inmigrantes judíos, en una casa que era un hervidero político, donde se hacían reuniones de militantes, entonces, creció en ese ámbito de más dureza. Cuando te juntabas con él, te decía “hola, ¿cómo te va?” y, en un momento, te decía que te tenías que ir. No tenía dobleces ni en su vida política ni en su vida sentimental o en la amistad.

—¿Cómo ven la figura de Rivera dentro del mundo de la literatura de Argentina?

—JIO: Creo que es central. Pertenece a la generación de escritores que estaba instalándose antes del último golpe militar, que bloquea la lectura y la producción literaria de todos ellos. Narradores, en general, provenientes de sectores medios y bajos, varios de provincias, acostumbrados a transitar los márgenes de la cultura oficial y legítima, con sensibilidad social y un lenguaje cercano al realismo alejado del costumbrismo, que padeció la persecución política, el exilio o la desaparición. Un grupo de autores cercano al mundo concreto del trabajo que se caracterizó por tener varios oficios, además de la escritura, fundamentales para sobrevivir. Eran obreros, docentes, correctores, libreros, periodistas, pilotos, vendedores, tipógrafos, pintores. Pienso en Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Daniel Moyano, David Viñas, Humberto Costantini, Antonio Di Benedetto. Fue una de las voces más claras en el debate cultural en tiempos de menemismo. En los últimos años, estuvo más alejado del debate público, pero su marxismo seguía intacto.

—¿Qué ausencia queda en el campo de la cultura con el fallecimiento de Rivera?

—JIO: El vacío es grande, pero Andrés ya estaba cansado. Queda su obra que interpela al poder, que, a su modo, es un relato posible de la Argentina, del mundo del trabajo, sus luchas y desgracias. Ojalá esta biografía impulse a que más lectores se interesen por ella.

—ML: Claramente, lo que se conoce como “la academia” lo dejó de lado. Cuando empieza la democracia, la Facultad de Filosofía y Letras es copada por el alfonsinismo y todos los que venían del Partido Comunista quedaron un poco olvidados. En esa facultad, no se lee a Rivera. Hace falta la mirada que tenía, porque hoy los escritores no hablan sobre la realidad que está pasando.Recuerdo siempre las columnas que Andrés publicaba en Clarín, porque le pedían notas sobre la actualidad y él las escribía con los tapones de punta. Falta esa mirada crítica, sin medias tintas sobre la realidad. Los escritores, los intelectuales, hoy se acomodan bastante a un lado u otro de la grieta y por ahí surfean.

*Por Leandro Albani para La tinta

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento para un crecimiento económico más inclusivo?

Los dos objetivos deben ser la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos
Por  CARLOS OCHANDO CLARAMUNT (LA PARADOJA DE KALDOR)

Existe ya bastante evidencia teórica y empírica sobre los efectos positivos del gasto social sobre la eficiencia y el crecimiento económico. Citemos algunos.

En primer lugar, las políticas públicas corrigen fallos del mercado e internalizan efectos externos (positivos y negativos) que el intercambio libre del mercado no considera, lo que resulta muy positivo para la toma de decisiones económicas de los agentes privados.Por ejemplo, la intervención pública permite la corrección de las imperfecciones en el mercado de capitales. En presencia de mercados de capitales imperfectos, una mayor desigualdad impide o limita la inversión en capital humano (especialmente, en salud y educación) de quienes no superan un determinado umbral de ingresos, disminuyendo el capital humano agregado y con él la tasa de crecimiento económico y la productividad. La mayor equidad distributiva puede facilitar un mejor acceso al crédito y a la información de los hogares pobres, aumentando las oportunidades para que hagan inversiones productivas (Galor y Zeira, 1993).

Por otro lado, existen externalidades positivas del gasto público en bienes sociales o preferentes sobre la productividad y la movilidad de la fuerza de trabajo y esto es fundamental para incrementar la competitividad en los mercados internacionales e impulsar el desarrollo económico y el cambio tecnológico. Así mismo, la reducción de la pobreza y un mayor nivel de desarrollo humano (en términos de educación, salud y nutrición) eleva la productividad de la fuerza de trabajo y estimula el proceso de innovación en la economía.

No obstante, creemos que los actuales Estados del bienestar pueden contribuir a un crecimiento económico más inclusivo mediante la consecución de dos objetivos claves: la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos.

Estado del bienestar y desigualdad

Numerosos estudios teóricos y empíricos llegan a la conclusión de que la desigualdad en la distribución de la renta está negativamente correlacionada con la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo o, lo que es lo mismo, que una mejora en la distribución de la renta contribuye a favorecer positivamente la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo. Hasta el propio FMI ha llegado a aceptar que la desigualdad económica y el crecimiento insostenible son las caras de una misma moneda y que una reducción de la desigualdad tiene efectos positivos sobre el crecimiento económico (Berg y Ostry, 2011; Ostry, Berg y Tsangarides, 2014).En resumen, el Estado del bienestar no se mostraría tan disfuncional con el crecimiento económico como algunas corrientes de pensamiento económico liberal pretenden plantear. Y ¿por qué?

El argumento fundamental es que el Estado del bienestar puede generar efectos positivos sobre los incentivos económicos y el crecimiento económico (Bandrés, 2014). Explicaremos algunos argumentos que refuerzan esta tesis:

– Una mayor desigualdad aumenta la probabilidad de inestabilidad política y conflicto social, ampliando la incertidumbre sobre la garantía de los derechos de propiedad y la calidad de las instituciones, con los consiguientes efectos negativos sobre la inversión y el crecimiento económico. Por tanto, una mayor equidad permite una mayor estabilidad política y social del sistema democrático, condición previa para el crecimiento económico.

– Una mayor desigualdad genera una mayor demanda de políticas redistributivas que reducen la inversión y la tasa de crecimiento (“tesis de la redistribución endógena”). Una extrema desigualdad puede sesgar la política tributaria, o bien hacia planteamientos más populistas con lo que introduciría distorsiones y desincentivos que mermen el crecimiento económico (Alesina y Rodrik, 1994; Persson y Tabellini, 1994) o bien hacia los intereses de los grupos de mayor nivel de renta, lo cual también puede provocar un menor crecimiento económico.

– La reducción de la desigualdad aumenta la confianza y/o el capital social, aspectos nucleares del desarrollo y crecimiento económico. Autores como Sanz y Corrochano (2010) proponen la necesidad de incentivar la formación en capital social para potenciar los efectos económicos y sociales del Estado del bienestar. Apuntan que “el Estado de Bienestar tiene efectos dinamizadores positivos sobre el crecimiento económico cuando existe una fuerte presencia de capital social que, teóricamente, reduce el abuso de las prestaciones y permite sinergias que facilitan la reincorporación de los ciudadanos a la actividad social y económica productiva” (Sanz y Corrochano, 2010: 102).

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento eficaz contra la desigualdad? Los Gráficos 1 y 2 parecen validar esta tesis. Los países con mayor gasto social obtienen mejores resultados en términos de reducción de la desigualdad y de tasa de pobreza.

Gráfico 1

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Gráfico2

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

Estado del bienestar y empleo

A diferencia de autores liberales, pensamos que el Estado del bienestar no es la causa de las crisis económicas, sino que favorece -y no dificulta- las salidas sostenibles y sólidas a las mismas.

No es cierto que aquellos países que han desarrollado más extensamente el Estado del bienestar muestren peores resultados en términos económicos. Todo lo contrario. Los países con fuertes Estados del bienestar obtienen mejores resultados en términos de desempleo, crecimiento económico, inflación, productividad y competitividad. Lo cual no quiere decir que no tengan necesidad de reformar de forma periódica, dinámica e innovadora sus políticas sociales.

El Estado del bienestar puede ser un instrumento eficaz en la lucha contra el desempleo. Varios argumentos nos ayudan a comprender esta afirmación. El gasto social ayuda a mantener alto y estable el consumo y la demanda agregada interna, en la medida en que las prestaciones van dirigidas a grupos con alta propensión al gasto, lo que hace innegable el carácter anticíclico de las prestaciones sociales y sus consecuencias estabilizadoras sobre el ciclo económico. Por tanto, la expansión del gasto público y, en concreto, del gasto público social tiene un impacto positivo (directo e indirecto) en la creación de empleo (público y privado).

Por otro lado, el Estado del bienestar impulsa sectores y actividades económicas potencialmente creadoras de empleo (público y privado). Los servicios sociales y de atención personalizada (personas mayores, dependientes, menores, etc.) son sectores con un crecimiento potencial del empleo muy importante en los próximos años, sobre todo, en países como España, donde estos servicios sociales están claramente infradesarrollados. La potenciación de estos servicios sociales públicos, pilares centrales del Estado del bienestar, tendría un efecto claramente dinamizador sobre la economía y tendría dos efectos importantes sobre el empleo: a) directo, ya que representan un porcentaje importante del empleo creado en el sector de servicios y b) indirecto, ya que permiten aumentar la participación activa de las mujeres en el mercado de trabajo.

En cierta medida, el buen comportamiento del empleo que tienen otros países desarrollados de nuestro entorno se debe a una mayor extensión y cobertura de sus regímenes públicos de bienestar social, como se puede comprobar en el Gráfico 3.

Gráfico 3

 

Fuente: https://ctxt.es/es/20190529/Politica/26415/Carlos-Ochando-Claramunt-economia-Estado-social-bienestar.htm

El régimen de la opinión y la urgencia posteadora

Por Diego Valeriano

Opinar, carburar toda la noche la angustia de un comentario en tu publicación, llamar a los canales frente a cada injusticia, escribir en un pobre blog, contar los RT, wasapear a esa radio militante, subir una historia de Instagram de cada mínimo acontecimiento. Ser panelistas de la propia vida. Si este Facebook sigue así, todo posteo es político.

Militar como festejante. Estallar de alegría ante cualquier novedad, amar acríticamente, termear, recordar a la víctima según el victimario, postear contra el Fondo, ser taxativo tirado en el sillón. Rascar del fondo de la galería alguna foto para la ocasión: la de la jefa, una con Alberto, ante cada nieto, una con Estela del 2008 y cada 24 la foto de tu hija con los dedos en ‘V’ aunque ella ya ni quiera ir a la marcha. Entrar manija en la urgencia de la visibilidad.


Todo es opinable. Todo se expone en su obviedad, todo es excesivamente visible: el hater como tal, el cristinismo como cristinismo, las travas como travas, los intelectuales como intelectuales y el trotskismo como todo llanto. La manija de la visibilidad y la opinión es la que garpa. Visibilizar todo como consumo, como necesidad vital, como lo que nos da tranquilidad en medio de una vida que es horrible, como lo piola que ni calma nuestras frustraciones.


Hablar, pensar, escribir sobre otros, sobre cosas, sobre lo que pasa, decir que todo es político y no decir nada. Ir cambiando la foto de perfil según la coyuntura, usar el pañuelo verde en la mochila siendo un chabón de 40, no errarle ni una efeméride de lucha y memoria. Que todo entre en el régimen de la opinión, de la urgencia posteadora, de lo explicable, de lo que vale porque tiene likes.

¿Es necesario opinar tanto? ¿Hay que tener un timeline coherente? ¿Un muro combatiente? ¿Hay que pelear con la tía porque se ríe de que digas todes? ¿Ser visibles?

Mejor rajar del régimen de la opinión, volverse imperceptibles, no ser gato del algoritmo. Ideas que casi ni se esbozan para no ser manipuladas. Hacer por hacer, fabular el mundo entero sin salir a la pantalla. Construir constelaciones de afectos, segundear a quienes queremos. Acciones que no sean capturables, ni tengan respuesta. Hacer algo dulce y transformador que no se haga mercancía, cagar a piedrazos los patrulleros sin motivo y a pesar de tener la edad que tenemos. ¿Volverse invisibles? Construir estrategias de visibilización gedientas, absurdas, ATR, bien chetas. Mirar todo a través de un ojo perverso, peposo, atrevido. Un ojo que lo deforma todo, que lo desfonda todo. Que devuelve a la gilada como lo que es. Invisibilidad que invita a la pregunta sin respuesta, que deja una estela incomprensible y que, frente a cada opinión, tiene un sticker.

* Por Diego Valeriano para La tinta. Imagen: Steve Cutts

Las vicisitudes del Estado latinoamericano

Una conversación con Mabel Thwaites Rey, politóloga e investigadora
Por Jeffery R. Webber
Webber: Bueno, estamos acá en la oficina de Mabel Thwaites Rey, 2 de mayo en Buenos Aires. Para empezar ¿puedes describir tu formación política e intelectual, para los lectores que no la conocen?Thwaites Rey: Mi formación académica es… yo egresé de la Facultad de Derecho. Tengo el título de abogada que es mi título de base, pero rápidamente empecé a hacer posgrados y formarme en Ciencias Sociales y a dar clases en la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires y me fui formando… tengo una maestría en Estudios Sociales de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), después tengo una maestría en administración pública de la Universidad de Buenos Aires y un doctorado en la Universidad de Buenos Aires en el área de Teoría del Estado. Mi formación más fuerte ha sido en el campo de teorías del Estado y también en el análisis de políticas públicas, ajuste estructural y economía política en ese sentido muy laxo y muy grande.

Tengo una formación marxista y eso significó que en algún momento de mi vida haya militado en formaciones partidarias, luego no, pero siempre vinculada a movimientos, y vinculada a movimientos en la universidad y fuera de la universidad con mayor simpatía más con que con otros a lo largo de mi trayectoria vital, pero siempre con un perfil que podría decirte de izquierda independiente, en un sentido no partidario y, en este caso, vinculado la Argentina lo partidario más fuerte de la izquierda ha quedado más ligado a los partidos trotskistas, que es una tradición a la que yo no pertenezco. Si bien tengo muchas afinidades y afecto por compañeros, no pertenezco a la tradición trotskista y sí me siento como más próxima a todo el movimiento autonomista con muchas críticas también a ciertas… creo que hacer un mix entre unas y otras, pero bueno es ese el encuadre político desde el cual escribo, desde el cual pienso y como estudiosa de la problemática estatal puedo decir que no soy estatista, pero sí entiendo la dimensión estatal y creo que, frente a cierta subestimación que tuvimos durante muchos años de discutir la problemática y el fenómeno estatal, siempre insisto en la necesidad de tomar en cuenta este animal político tan complejo que es el Estado.

Webber: Bueno, es un buen lugar empezar con el Estado. Teóricamente ¿cuál es tu posición, teóricamente en general, sobre el estado capitalista y en particular sobre las particularidades del Estado de América Latina?

Thwaites Rey: Bueno, lecturas… he seguido las lecturas clásicas sobre el Estado, tengo una formación gramsciana muy fuerte, trabajé mucho sobre la perspectiva teórica de Antonio Gramsci y plantear el Estado como el Estado ampliado, la idea del Estado como articulador de relaciones sociales, que es la deriva poulantziana que más me interesa. Y me gustó seguir más el segundo Poulantzas, más que el primero más estructural, aunque reconozco que el aporte de Poulantzas a la comprensión de la dinámica y la problemática estatal ha sido muy fundamental. Así que, tanto las derivas de Gramsci como las derivas poulantzianas son, me parece que las más fructíferas a mi modo de ver para analizar el encuadre del Estado.

Sí, también, las lecturas de la Escuela de la Derivación que me parece que son otros de los aportes importantes, lo que siguen resultando complejas son las búsquedas de conceptos intermedios que nos permitan entender categorías más específicas y procesos más concretos, es que lo que estamos siempre luchando con las teorías de la derivación y, ciertamente, lo que sí une a muchas de estas corrientes es la mirada del Estado como relación social y yo lo que le sumo y lo que aparece en otros trabajos míos que insisto mucho es la dimensión contradictoria de lo estatal, la dimensión insuperablemente contradictoria del formato estatal.

Entonces, eso creo, que hacer énfasis en lo contradictorio quiere decir que, aquellas instancias y aquellas instituciones que son producto de la lucha de clases, y que se plasman en aparatos específicos en el Estado como conquistas del proceso de lucha popular son, a la vez, los que pueden, simultáneamente, apaciguar la lucha, encauzarla y solidificar el capitalismo. Entonces todo el tiempo estamos corriendo por ese andarivel de pensar que toda conquista puede volverse en una forma de subordinación, pero eso no nos impide a que conquistemos, porque cuando luchamos y no hay conquista no estamos más liberados, sino que a veces estamos más frustrados, con los cual, poder analizar esa contradicción es algo central.

En ese sentido, coincido con algunos de los planteos que hace Álvaro García Linera al respecto, la idea del nudo… de los nudos de sutura que también plantea un O’Donnell, el O’Donnell de los años 80, es central… es decir, cómo lidiar con esta situación que nos plantea el desafío de la estructura estatal.

Webber: ¿Y las especificidades de América Latina?

Thwaites Rey: Y las especificidades de América Latina… hay otro libro que escribimos y que trabajamos, también, analizando qué es lo específico que tiene. La especificidad de América Latina tiene que ver con su constitución históricamente dependiente de la relación del capital a escala global. Entonces, lo que hay de específico es que las formaciones estatales latinoamericanas no pueden ser pensadas, no pueden ser analizadas sin su constitución como parte del proceso de expansión del capitalismo a escala global, desde la conquista en adelante. Están todas las discusiones sobre en qué momento… si América Latina fue feudal, fue capitalista, en qué momento, hay un montón de debates al respecto, pero lo que sí es imposible negar es que los formatos de constitución de los Estados periféricos tienen la característica de no poder tener la gobernanza plena de sus espacios de reproducción social, porque están atravesados por las lógicas de acumulación global. Y eso tiene un peso específico muy particular.

Nosotros discutimos mucho en los 90 con John Holloway, que es un amigo al que quiero mucho, y discutíamos con que, si bien es cierto que el capital… la idea de la circulación global del capital y la puja de los Estados nacionales por capturar porciones del capital y hacerlos productivos en los espacios territoriales, nacionales, es algo que atañe al conjunto de los espacios estatales territoriales nacionales. No es lo mismo las capacidades, las historias que tienen unos Estados nacionales que otros.

Entonces ahí aparece la dimensión específica para analizar el anclaje nacional que tiene una particularidad muy distintiva en América Latina. Es decir, plantear los nacionalismos en América Latina no es plantear «los nacionalismos» en general y, menos aún, los nacionalismos europeos. No se puede hacer una traslación directa, es decir, todo nacionalismo es malo… todo internacionalismo es por definición bueno, que lo es como internacionalismo, pero las luchas anticoloniales, las luchas de dominación, las luchas antiimperialistas tienen una especificidad y connotan a los Estados nacionales periféricos de una manera distinta. Yo creo que una de las especificidades de los Estados nacionales está allí.

Webber: Y para contextualizar históricamente esta ola del progresismo y después su declive, podemos empezar con la coyuntura del fin de los años 90 y comienzos de los años 2000, ¿qué explica esta emergencia de muchos diferentes tipos de izquierda y movimientos sociales y, después, gobiernos progresistas?

Thwaites Rey: Yo tengo una perspectiva, en este sentido, de analizar el surgimiento de los movimientos de contestación, protesta, demandas populares, que se van acumulando a lo largo de la década de ajuste neoliberal. Los ajustes neoliberales tuvieron, también, particulares en cada uno de los espacios nacionales de la región. En cada país fue distinto, pero tienen en común la idea de privatizaciones más o menos. En la Argentina fue muy drástico el proceso de privatizaciones, desregulación, apertura económica, flexibilización laboral, una serie de elementos que tenían que ver con el consenso de Washington, que arrasaron nuestras economías y, sobre todo, la calidad de vida de los pueblos.

Esto generó en distintas expresiones, con mayor y menor radicalidad. En la mayoría de nuestros países existieron irrupción de luchas y de movimientos y de malestares que fueron, digamos, derivando en, hacia el fin del siglo, la emergencia de gobiernos que se hacían eco de estas demandas y, en mayor o menor medida, se oponían a las políticas neoliberales que los precedieron. Por eso decimos… se discutió mucho qué eran, si eran posneoliberales, la discusión si eran de izquierda, progresistas, cómo catalogar… «la ola rosa», los países más rojos, más rosas… pero lo que unifica, creo es que todos, mal o bien, impugnaron, disputaron en término más retóricos y algunos más en concreto, al neoliberalismo. Fueron todos gobiernos que se plantaron para decir: no al neoliberalismo, no queremos ser neoliberal, estamos en contra de las políticas de ajuste neoliberal.

Eso tiñe a todos los procesos, que algunos de ellos plasman en gobiernos, otros no… algunos se quedan… por eso digo, si uno analiza el proceso como un ciclo, en este ciclo podés incluir al México que en el 2006 pierde las elecciones por fraude López Obrador, entonces en ese momento también hubo un ciclo de auge de luchas que, sin embargo, no remata en un gobierno como los otros de ciclo.

Ese es un elemento, ¿no?, decir… el primer elemento es el origen, es el proceso de luchas.

Un elemento significativo es la llegada de Hugo Chávez al poder. La presencia de Hugo Chávez – gana las elecciones en el 98, asume en el 99, pero se radicaliza en el 2002 y plantea una mirada del socialismo del siglo 21 – y renueva y refuerza, tanto a favor como en contra, un montón de estos procesos. Eso con todas las diferencias que tienen el resto de cada uno de los Estados nacionales de la región con el caso venezolano… pero ese es un hito fundamental.

El otro elemento a tener en cuenta es dónde… cuándo… cómo… se despliega este ciclo. Este ciclo se despliega en un contexto internacional de aumento del precio los commodities, de una bonanza para los países exportadores que los englobó a todos. Es decir, todos los países se vieron beneficiados, más allá de los gobiernos que tuvieron y las formas de utilización de los recursos que hicieron, todos se vieron beneficiados por ingresos extraordinarios provenientes de sus artículos de exportación, sean alimentos o energía, minerales.

Eso no quiere decir que haya sido lo mismo -incluso con políticas sociales-, el caso de Perú, Chile o Colombia, que los casos de, netamente los ciclos de Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Incluso dentro de estos países las formas de hacerse de esa renta diferencial fueron distintas, porque también tenía que ver con qué tipo de producción es la que se exporta. No es lo mismo apropiar renta de cobre o del gas y nacionalizar esas… o ya eran nacionales esas producciones, que en el caso argentino que la renta fundamental viene de la tierra que es un recurso que está en manos privadas. Entonces, la discusión es cómo capturar esa renta diferencial, que por supuesto, trajo enormes conflictos y tensiones, que son las que vienen en la historia de la Argentina, históricamente, la tensión de cómo capturar la renta diferencial que viene del clima y del lugar geográfico donde están ubicadas esas tierras. Entonces, bueno, ese es el segundo componente.

Y el tercer componente, que tiene como rasgo común la mayoría de estos procesos, es el papel que se le asigna al Estado, nuevamente, no porque el Estado no hubiera tenido un papel muy fuerte y central en la etapa neoliberal, lo tuvo, pero lo tuvo para reconducir los procesos para la captura de ese excedente a favor del capital y, en este caso, lo que empiezan a recuperar los Estados nacionales es capacidad de arbitraje entre las fracciones burguesas y capacidad de redistribución y de mediación entre clases dominantes y clases populares, o entre capital/trabajo… la capacidad de mediación, de colocarse como tercero escindido más fuerte.

Bueno ahí, siguiendo a René Zavaleta y un poco la recuperación que hace Luis Tapia, del momento estructural o del momento instrumental, hubo un momento más estructural, la posibilidad del que el Estado operara como bonapartista, podríamos decir en alguna otra tradición teórica, y pudiera mediar en esas relaciones. Esto es, son los tres elementos que nosotros destacamos sobre la totalidad del proceso. Con los problemas que cada uno de estos elementos tuvo.

En términos de luchas, lo que podemos plantear es que el alza y el auge del momento de lucha le fue seguido por un momento de mayor declive de lucha popular como tal. En esto hay muchas discusiones sobre el porqué del apaciguamiento de la movilización popular al interior de los procesos populares, o hubo movilizaciones desde arriba o planteadas desde los propios Estados.

Una corriente… Massimo Modonesi, mi amigo, que él plantea lo de «revolución pasiva» y «pasivización», asume la idea de que lo que producen los gobiernos es una captura, subsunción de la energía de los procesos populares, para reconducirlos en la recomposición burguesa. Entonces, son revoluciones pasivas, en el sentido progresivo porque hacen concesiones, pero mantienen la estructura.

Coincido en que pueden ser miradas desde así, siempre y cuando uno no tenga una mirada absolutamente, casi diría romántica, de un movimiento popular que siempre está en expansión y que fue aplastado y que quería seguir… cuando la realidad muestra varias cosas. En primer lugar, muestra que si bien nosotros decimos que el proceso… en la raíz del proceso, de este ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina tiene que ver con las protestas, las demandas, las luchas populares de los años 90, no todos los procesos llegaron aupados y en andas de las luchas populares.

Salvo en el caso de Bolivia, que es el caso más claro de una consistente movilización popular que desemboca en el gobierno de Evo Morales, en la mayoría de los casos había mediaciones. En la Argentina la crisis fue en el 2001/2002, en el 2003 había habido la posibilidad… ya estaban reconducidas, bastante, las fuerzas políticas. En Ecuador pasó lo mismo es la Revolución Ciudadana, no es el movimiento Pachacuti el que está a la cabeza del proceso de la Revolución Ciudadana. En la propia Venezuela no es que hubiera un proceso de gran activación popular sino que es al revés luego, desde el Estado, se empieza a reactivar con lo cual la «pasivización» en el caso de venezolano es más compleja, es decir, más que «pasivizar» sobre todo en primera etapa, hubo un intento de activación. En los casos de, más aún, Brasil y Uruguay, mucho más… llegan dos coaliciones de centroizquierda que habían sido tremendamente combativas, pero que habían en algún momento, en el caso del PT muy claro, hecho alianzas políticas y morigerado su discurso público como para poder ganar. Entonces no vienen en andas de una gran ola que uno pueda decir, entonces hubo un proceso de «pasivización» consciente o de los dirigentes de contención.

El otro elemento para pensar esto es que no hay ninguna posibilidad de gobierno y de conducción sino se tratan de articular y calmar ciertas exacerbaciones de demandas y luchas. Y, además, no es lo mismo desde el gobierno intentar articular un montón de demandas que ser parte de un movimiento que tiene algunas y tiene las propias.

Entonces, eso es lo que estamos trabajando ahora.

Pero, ese es uno de los temas, el primer elemento. El segundo elemento tiene que ver con, dijimos, el proceso de que se expanda todo este ciclo… digamos, sostenido por un proceso de aumento de los ingresos de los países por el aumento de los commodities. Esto empieza a tener límites y, además, lo que produce es la paradoja de que profundiza los esquemas productivos anteriores. El extractivismo, y la monoproducción y la desindustrialización se van acrecentando por efecto de este proceso.

En Brasil es muy fuerte, es decir hay un proceso en el que la participación industrial y la participación agrícola en estos años va descendiendo la participación industrial y va acrecentándose el porcentaje de la producción agrícola. La tendencia a la «sojización», el aumento de la tierra cultivada con la soja, con todos los conflictos que eso trae y la imposibilidad de producir alguna otra forma de producción más integrada y que tuviera en cuenta otros criterios, incluso los medioambientales. Esto es notable, que en el período se va a favor del ciclo, y bueno… vamos y seguimos capturando.

Lo que nos provoca, también aquí, una pregunta compleja porque a veces una cosa es la crítica de la descripción de lo que sucedió y la otra es entender si podría haber sido tan fácilmente de otra manera, porque qué relación de fuerzas tenés que plantear para desposeer materialmente a los sectores que son dueños, materialmente de estos sectores y en un encuadre internacional que te pide eso. Hay varias discusiones en ese sentido que todavía no terminan de saldarse y que, creo que como se salden tiene también que ver con la manera en que nos vamos a parar frente a otros ciclos, o adónde empujamos ciclos nuevamente de expansión de los intereses populares. Eso es un tema.

Lo que digo sí, entonces, es que este ciclo permitió capturas de ese excedente y redistribución a partir de ese excedente. Las políticas sociales, la profundización de las políticas sociales y en casos muy clave, como en la Argentina, pero no solo en la Argentina poner en el eje el consumo y el empleo fueron centrales. Es decir, después de décadas de aumento del desempleo, la desocupación, la pauperización, garantizar acceso a niveles de consumo para los sectores populares y niveles de empleo, es decir la capacidad de generación de empleo, fueron centrales. Entonces, por eso decimos que, Maristella Svampa dice que hubo un «pacto de los commodities «, es decir que el pacto fue seguir produciendo commodities . Nosotros consideramos que hay un pacto del sostén al consumo y el empleo, a como diera lugar. Que también es central, porque si creemos que el ciclo de los commodities no aplica a todo, porque los commodities estuvieron… porque no decimos todos los países que no ensayaron ningún proceso.

Esto es un elemento. Y el otro elemento a tener en cuente es que salvo los procesos que por el grado de descomposición política en el que llegaron requirieron o habilitaron la posibilidad de reformas constitucionales, como en Bolivia, Ecuador y Venezuela, en el resto no hubo un proceso de transformación de bases, de organización política. Y aún en los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia que tuvieron procesos de transformación constitucional, los formatos de representación política quedaron más o menos sin alterar.

La idea de la base es la representación política democrático representativa, con elecciones periódicas no cambió. Con lo que tiene de bueno en cuanto a la posibilidad de consulta popular constante, pero lo que tiene de malo al clausurar otras instancias que pudieran dar una estabilidad mayor al proceso de transformación. Porque los modelos de elecciones liberales democráticos más clásicos tienen la urgencia de demostrar resultados muy inmediatos para poder ganar elecciones, lo que conspira también con ciertos procesos de transformación e, incluso, transformaciones de derecha… la derecha que pide tiempo, ahora están pidiendo tiempo y sí… tenés que ir a elecciones y tenés que ganar las elecciones en función de lo que entregás.

Entonces, es cierto que, también, cuando se critica la no profundización de proceso de transformación estructural y seguir usando la renta de los recursos del ciclo de bonanza es que también, si no redistribuís perdés apoyo político, si perdés apoyo político no ganás y no seguís. Entonces, ese es un tema central: cómo hacés para producir procesos de transformación que requirieron una sustracción mayor de ese excedente para destinarlo a otra política de largo plazo, cuando hay demandas muy inmediatas, muy acuciantes y exigentes para satisfacer.

Entonces, decía… el proceso de transformación genera una tensión constante donde en cada país sea distinto los cuellos de botella en cuanto a la estructura económica productiva, que no permite ampliarse en la medida en que no se toquen tampoco las bases materiales de sustentación, y cómo construís esas bases materiales, entonces uno podría decir, bueno, por qué no se pudieron construir bases de apoyo popular más fuertes, por qué no se pudieron hacer. Uno de los ejes que nosotros explicamos en este artículo y que seguimos trabajando es la dimensión de consumo estructurante a escala global, es decir el consumo y la forma de consumo, los artefactos de consumo definidos a escala global son un factor de solidez material del sistema capitalista, mucho más fuerte del que a veces nosotros tenemos ganas de aceptar. Es decir, están allí y son artefactos muy poderosos en términos de construcción cultural.

Webber: Bueno, hemos discutido las construcciones de la ola del progresismo ahora, ¿cuándo y por qué empieza el llamado fin de ciclo de esta ola?

Thwaites Rey: Yo tengo una hipótesis que son elementos económicos generales que es el ciclo… primero la crisis del 2008 del capitalismo global, que América Latina la pudo ir contrarrestando, pero que a partir del 2011 empieza a acentuarse más y en el 2013 creo que es un momento ya muy fuerte en donde empieza a aparecer problemas serios en casi todos los países de la región. Que el que mejor los sortea es Bolivia. Bolivia es el país que tiene más… que lo ha venido sorteando con un manejo más ortodoxo, quizá, de su economía pero no tuvo el cimbronazo que tuvo Ecuador, Venezuela con la baja del precio del petróleo, la Argentina.

Empezaron a aparecer síntomas de mucha debilidad estructural que agudizaron los problemas estructurales de cada país. Cada país tiene su propia trama de inserción en el mercado mundial, sus propias lógicas de articulación económica y social y política en función también de esa trama.

Eso en el 2013 yo creo que es un momento muy clave, el momento donde Dilma es reelecta e inmediatamente aplica un plan de ajuste contrario a lo que ella había promovido con lo cual desata una cadena de rechazos y de protestas que después lo capitaliza la derecha. Y la muerte de Chávez. Yo creo que así como uno puede plantearse como un hito, darle fecha de inicio al ciclo, es la llegada de Hugo Chávez al poder, creo que la muerte de Hugo Chávez en el 2013 es un momento de inflexión política muy fuerte para la región. Me parece que ahí la imposibilidad de traspasar a Maduro ese liderazgo, la imposibilidad de contener las presiones políticas y económicas que se vienen encima en esta etapa, son muy grandes. Es decir, todos los límites que tenía el proceso bolivariano empiezan a agudizarse y tras la muerte de Chávez se aceleran más.

O sea que yo podría decirte que este ciclo es de una década larga. Ni siquiera es de una década y media – una década larga y ahí empiezan… están las protestas en Brasil, le siguen las protestas en Ecuador, las protestas en Argentina que tienen dos componentes. Vos tenés la protestas de las clases altas y medias altas que empiezan a fogonear y toman un protagonismo muy activo en las calles en estos países, pero también protestas populares de distinto orden, también en Ecuador, en Argentina, protestas que tienen que ver con salarios, que tienen que ver con impuesto a las ganancias, malestares que se van congregando. Y con un elemento que empieza a aparecer y que no tiene que ver estrictamente con estos gobiernos porque es la corrupción, la idea de la corrupción, que se empieza a hacer muy ostensible. Hay una alianza mediática, ya lo sabemos, y la alianza mediática judicial, que es un actor otro de algo de lo que estamos empezando a estudiar mucho más en detalle… decíamos bueno, el poder judicial, los jueces, están ahí. Pero están ahí fuertemente y estuvieron ahí mediados con, además articulados con los servicios de inteligencia y con la embajada de los Estados Unidos, con las redes de los servicios de inteligencia a escala global de una manera muy fuerte, muy invisible, muy poco conocida pero cada vez más fuerte.

Entonces empezaron a aparecer estos episodios, estos escándalos de corrupción, algunos reales otros no comprobables pero sí que son verosímiles. Es decir, que haya corrupción es siempre algo verosímil y también la incapacidad de los gobiernos para tomar nota de lo que importan estos procesos de corrupción. No puede haber personajes que estén en los entornos gubernamentales o que estén en cargos de poder teniendo un ostensible enriquecimiento, visto y ser subestimado. Esta cuestión de esta dimensión es muy fuerte y no tuvo respuestas buenas, contundentes de parte de las dirigencias de los procesos, no. Y bueno, esto es algo que bueno, la dimensión mediática es una de… de oposición de ser la cabeza… de ser las cabezas organizadoras de las oposiciones.

En casi todos los procesos aparecen los medios de comunicación como los líderes organizadores de las oposiciones por derecha muy fuerte. Siempre estuvieron, pero siempre se sabe que están allí los medios, pero esta vez se han hecho de una manera muy visible, muy poderosa y con herramientas de difusión muy fuertes que también desmienten un poco la idea de que las redes y por internet había una suerte de horizontalidad y de circulación democrática de las ideas que se demostró que no es así. Al revés hay mayor concentración, mayor capacidad de fuego, entonces bueno, esto es algo de lo que explica, que además, bueno, las derechas no se quedaron quietas, derechas como decimos, derechas sociales y políticas, no se quedaron quietas desde el primer día. Y además, en ninguno de estos procesos, salvo en Venezuela que llegó a ganar con el 65%, pero siempre tenés entre un 30 y 40% de la población, mínimo, que nunca estuvo aceptando los procesos de transformación, que estuvo en contra.

Entonces, esa gente estaba allí, con capacidad de irradiar, de articular con recursos de poder, con recursos económicos muy fuertes. Entonces, frente a eso empieza la crisis económica, se hacen más vulnerables a los gobiernos, más vulnerables estos procesos y empieza un proceso de degradación política muy fuerte.

El primero, el triunfo electoral de Mauricio Macri, como el que marca el hito… que parecía hasta impensable que pudiera ganar. En este contexto de crisis que tenía ya la Argentina, sí las rispideces, las contradicciones pero parecía que no iba a tener la posibilidad de ganar, de hecho gana por muy poco, pero lo más sorprendente es la velocidad con la que empieza a producir un proceso de transformación al punto de que hoy tenemos otra vez una deuda externa inmanejable. Que la empezaron a hacer desde el primer día, empezaron a endeudarse… pero hasta a nosotros nos sorprende la magnitud del endeudamiento, la magnitud de este proceso de deterioro económico social de todas las variables, tenés inflación, tenés recesión enorme, tenés desempleo y tenés un endeudamiento imparable, una alta tasa de interés, dólar altísimo… todas las variables explotaron.

Webber: Bueno, fuera de Macri, cómo caracterizas esta nueva ola de la derecha. Porque tenemos Macri, hasta Bolsonaro, hasta Piñera, hay inflexiones diferentes en diferentes países pero ¿cuáles son las características comunes y las particularidades, algunas particularidades?

Thwaites Rey: Lo que uno parece notar es el grado de intolerabilidad que tienen ciertos sectores sociales a los mínimos procesos de reformas. Y el temor exagerado a procesos que, para nosotros, no habían generado ninguna transformación muy profunda, sin embargo provocan una irritación y rechazo mucho mayor a lo que efectivamente produjeron estos procesos.

En algunos casos, tiene que ver con la inflamación de retórica, de confrontación más retórica que reales, que generan un antagonismo y es preocupante en cuanto a que, más allá de los procesos en sí, apareciera como una derecha latinoamericana, sobre todo, muy enojada contra toda la cosa que se ponga de izquierda. Que me parece que esa es una característica distinta a las derechas europeas que tienen sobre todo… sí los que identifican que la izquierda y los progresismos protegen a los inmigrantes… pero aquí, en la región, la idea de las izquierdas planteando igualitarismos no tolerables, y con el argumento de la corrupción… es decir, bueno, pero además son corruptos. Pero hay un fuerte sentimiento, la corrupción es una escusa, es una muy buena escusa porque si no, no te explicás cómo aceptan a personajes como los de Macri, que viene de una familia que se ha enriquecido con contratos del Estado, que él mismo ha tenido causas, entonces no es ningún ser impoluto que digas, bueno, es una persona honestísima.

Sin embargo, la idea… que no aparecía con tanta claridad en un principio, pero sí aparece la idea de… bueno el garantismo, en el caso de Argentina era la idea del sistema legal garantista, el sistema judicial de garantías de los derechos humanos. Entonces, ellos lo ven como la defensa del delincuente, la idea de la defensa del delincuente, la mano dura… que también pasa en Brasil. En Brasil pasa más exacerbado, más desembozado y con un racismo muy explícito. En Brasil te asusta la posibilidad de ese racismo explícito.

Y en la Argentina tiene ese componente de orden, de meritocracia y en la Argentina tiene ese componente muy particular del antiperonismo, es decir la idea del peronismo como un «plebeyismo» igualador, que vulnera la meritocracia de las que se sienten, sobre todo las capas medias de la Argentina, además de los sectores altos de las clases altas, herederos de una tradición de sus abuelos inmigrantes.

Nosotros muchas veces nos reímos, y decimos: acá hay una meritocracia hereditaria, porque su abuelito hizo méritos para toda su descendencia, porque hablan de los méritos. Entonces, hay este componente que tiene muy entroncada la idea del peronismo como lo de poner en plano de igualdad lo que no tiene que ser igual y no necesariamente antidemocrático, y eso es lo paradojal, porque es como… bueno… una democracia tiene que permitir que cada uno haga todos sus escaloncitos y sus méritos… y pareciera como que el peronismo lo que hacer es intentar saltarlos.

Pero, a su vez, no es solo el peronismo, porque ya en esta vuelta de tuerca que en el antikirchnerismo es un peronismo que se lo considera de izquierda, desde esa concepción. Entonces hay una rehabilitación de ideas que siempre estuvieron, porque uno dice por qué hay reacción de la derecha, porque la derecha siempre está ahí. No es que de repente aparecen. Estaba, siempre estuvieron. El tema es que en determinados procesos, retroceden porque no tienen posibilidad de articular sus propias demandas, porque la escena pública está hegemonizada por otros discursos y otras políticas, entonces no las pueden expresar. Hay un determinado momento en que eso refluye entonces salen y salen con todos sus fueros y con todas sus posibilidades de expresarlas, tienen los medios de comunicación que le dan forma, le dan forma a lo que está. Porque también es otra falacia creer que los medios de comunicación inventan todo y manipulan y a la gente la llevan de las narices, sino que le dan forma y le dan sustancia a aquello que está, que estaba. Lo que pasa es que después le dan esa encarnadura, entonces ahí es donde la disputa es más fuerte.

Además creo que, ciertamente, no hay que tener ninguna mirada conspirativa para saber que el Departamento de Estado norteamericano, a través de las embajadas, de agregados militares operó y sigue operando. Y bueno, la llegada de Trump acelera este proceso. Con resultados contradictorios y complejos, porque es tan brutal su accionas porque hasta espanta a los más propios, pero que están, están.

Entonces, por qué este ciclo, es porque el ciclo es de respuesta, el ciclo tiene características de derecha más particulares, más racistas en Brasil, menos xenofóbicos en algunos lugares que otros, no podemos decir que hay una derecha xenofóbica en la Argentina, por ejemplo, porque, si bien el recurso es muy fácil, de la inmigración, no termina de prender tanto porque no es un tema que… bueno, las inmigraciones en la Argentina son de los países limítrofes, sobre todo de Bolivia y Paraguay que es la mayor, y Perú, pero Bolivia y Paraguay es los que se recibe mayor cantidad de gente que está aquí, muy integrada, muy trabajadora en tareas que no compiten con las rareas que hacen los argentinos nativos. Es decir, siempre hay algún rebrote, siempre hay alguna posibilidad de que aparezca, pero no es tan exacerbado como en otros espacios. Lo que no quiere decir que no esté siempre el peligro de que eso sea exacerbado, si hay alguna necesidad política de exacerbarlo.

Webber: La última pregunta es, con todos estos nuevos gobiernos de la derecha, ellos tampoco tienen su propia salida a estas crisis, porque en el mercado mundial no hay una respuesta al 2008 todavía, entonces la popularidad de Bolsonaro es casi un 30% ahora, hay una crisis de Macri por las próximas elecciones, entonces ¿cuál es la probabilidad de una duración más larga de esta nueva derecha?

Thwaites Rey: Yo creo que hay una diferencia muy importante entre la ola de los 90, la ola neoliberal de los 90 con ésta. En los 90 había una ola que tenía una densidad económica, política e intelectual muy fuerte. Porque era una promesa de que aplicando determinadas medidas del consenso de Washington – privatización, desregulación, apertura, disciplinamiento fiscal – iban a producirse mejoras notables. Y, sobre todo, había el elemento de la globalización como un ariete para decir, bueno, en este proceso la globalización nos va a permitir acceder a distintos mercados, la soberanía del consumidor, era muy fuerte la promesa, muy fuerte la promesa de un bienestar que, además, era decir cómo salimos de los límites de los modelos «benefactoristas», y del gasto del Estado.

La promesa fue muy fuerte. Y en América Latina, llave en mano venía el proyecto, decía ustedes deben, tienen que aplicar estas políticas. Entonces el consenso de Washington hacía que las burguesías internas, encargadas de aplicar estos proyectos, no tenían que hacer ningún esfuerzo intelectual para plantearlo. Era bajar, llave en mano, venían con los créditos el Banco Mundial, el BID, todos los préstamos venían con un manual de procedimientos para conducir el Estado y decir, así funcionamos. Con las peculiaridades, obviamente, en Argentina tuvimos un proceso de convertibilidad, del uno a uno, que hundió al país pero venía, además, con una densidad intelectual muy fuerte.

Lo que parecen hoy las derechas es no tener rumbo. No hay ninguna cosa que encante y que muestre un rumbo enamorador, porque si seguimos todos para allá vamos a andar. No lo hay, no lo tienen porque las consecuencias de la crisis son muy brutales, no pueden mostrarlo, pero lo preocupante es que esto exacerba otro tipo de derechas más brutales, más xenófobas, más antipopulares y más dispuestas a usar la fuerza y la violencia, que es lo que empieza a preocupar.

Porque la pregunta es: ¿qué viene después de los fracasos de estos gobiernos restauradores de la corrupción? Y de la molestia, porque prometen cosas que no van a poder cumplir. Y qué es lo que viene luego, por eso es tan peligroso, por eso es tan peligroso la forma de resolución de la crisis venezolana. Por eso es tan peligrosa esa forma de resolución. Uno puede decir hay una lista enorme de errores y defectos y de problemas que ha tenido el chavismo poschávez, ¿no? El madurismo, que arrastra que no puede resolver cosas que ya venían de antes, uno puede discutir sobre todos los problemas que eso trae. Pero a como está, una confrontación planteada donde lo que hay es una restauración.

Yo creo que, igualmente, hay que ser cautos porque el apoyo que pudieron tener las incursiones en Medio Oriente de los gobiernos norteamericanos en estos años, tenían un componente muy fuerte que era el terrorismo que me atacó… el 2001, me atacan, son terroristas, vienen y nos matan a nosotros, es muy difícil pensar que Venezuela… qué te hace, qué te hizo un venezolano… porque es más parecido a lo de Cuba, con el lobby de los de Miami, es decir el lobby de Miami, qué son terroristas los cubanos… nunca pudieron expandir esa idea más allá de Miami.

Eso es un límite, pero con Trump uno nunca sabe qué se puede esperar, porque no sabemos cuáles son las lógicas que derivan de su escenario estratégico de cara a las elecciones y de cara a su posible reelección. Eso me preocupa porque desestabilizar al proceso venezolano de la peor manera es realmente uno de los temas importantes para la región. El cachivache este que hicieron en este día, esta locura con Guaidó, un golpe de Estado y que los gobiernos de derecha de la región salieran todos a apoyar una cosa que es a todas luces un golpe, que no implica que uno esté de acuerdo en cómo están llevándose las cosas adelante en Venezuela.

Pero también digo de qué otra manera podrían hoy, porque también es verdad que uno puede criticarlos pero, es decir, de qué manera lo harían ¿no? También hay que ser honesto y decir de qué manera lo harías distinto en este contexto de presiones internacionales. Es una incógnita. La honestidad intelectual nuestra tiene que ser, también, decir eso. Y uno escucha, escucha gente de Venezuela diciendo cosas muy duras, muy crudas y padeciendo cosas que son muy terribles y las comprendés y decís bueno… acá está lleno de… ahora de muchísimos venezolanos, generalmente no muy politizados, como no se politizó toda la… que dicen que la están pasando mal y lo odio a ese gobierno y vos no lo conocés y tienen razón.A ver, el tema es que lo que hay de en frente es un arrasamiento muy poderoso que la verdad que es para tener en cuenta cómo se recompone la situación.

Por eso, cuando en el 2015 hubo un ballotage en la Argentina y se discutía sobre qué hacer en ese sentido, discutimos, yo personalmente lo he escrito y lo he dicho, no es que Scioli que era el candidato del peronismo que iba a suceder a Cristina, fuera mejor o que tuviera… pero era algo muy claro que la señal política y los límites políticos que iba a poder tener Scioli eran muy distintos a los que tuvo Macri. La señal política de Macri, la llegada de Macri al gobierno habilitó el empoderamiento de las derechas en Venezuela que ganaron elecciones, habilitó el impeachment a Dilma Roussef, el encarcelamiento de Lula y la llegada de Bolsonaro. Uy… miren si no habilitó… la existencia… la ruptura, incluso ahora la ruptura del bloque incipiente y dificultoso pero que tuvo un sentido de pararse como nunca, en esta etapa hubo una serie de gobiernos que apostaban a armar otra cosa.

Lo que pasa es que eran gobiernos, gobiernos que son personal del Estado, o sea son cuadros políticos, personal estatal, que no logran disciplinar a burguesías locales muy entramadas con la lógica de circulación del capital global. Entonces, con muy poca visión de clase, en el sentido de organización, incluso es paradójico lo de la burguesía brasileña que siempre se la elogió, es la burguesía brasileña que es industrialista que tiene más noción de defensa de su territorio además por el tamaño del Brasil, todo… ha quedado muy diluida, muy sin rumbo, sin saber para dónde ir… que terminen apoyando al gobierno de Bolsonaro, que ahora no saben para donde va… que es cualquier cosa, entonces. La situación es compleja.

En la Argentina sí hay un recurso que permanece muy fuerte que es la capacidad de movilización y organización y articulación popular que existe. Si hoy la Argentina no estalló, así mal y con un estallido trágico para los sectores populares, es porque hay una trama que contiene una trama que se fue construyendo desde el 2000/2001, hay una trama en los barrios que el gobierno hábilmente toma y el Fondo Monetario financia, porque si no contenemos, acá se va todo al diablo, pero hay una situación de organización y capacidad de respuesta, que ahora, bueno, cómo se plasma políticamente el juego por la base y el juego a nivel electoral, cómo se juegan las candidaturas, cómo se arman los espacios políticos, está por verse ¿no? Estamos en momentos interesantes.

*Jeffery R. Webber es profesor de economía política en Goldsmiths, Universidad de Londres y coautor de Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI. Ensayos de interpretación histórica, con Franck Gaudichaud y Massimo Modonesi (UNAM, 2019).