Buscaba un mar en calma pero te encontré

Anticipamos un extracto de las “Nueve buenas razones para empezar de cero” publicadas en Kritik. Manual de supervivencia a la agonía del capital (DeriveApprodi 2019)

 

1. El Movimiento ya no existe. Tranquilos, no se preocupen: no nos referimos a movimientos sociales, que incluso en los últimos años han surgido a veces de manera fragmentaria y esporádica, sin constituir un ciclo, con lenguajes, prácticas y afirmaciones ambiguas y contradictorias. Pero lo es, y quizás lo sea más y más, los movimientos dentro de la crisis permanente son criaturas monstruosas y bastardas. Nosotros, si este pronombre aún tiene sentido, donde el Movimiento ya no existe, entendemos muy poco a estas criaturas, porque no responden a nuestros deseos, nuestros códigos, nuestra retórica. De hecho, a menudo los rechazamos, los calificamos de reaccionarios, felicitándonos cuando la profecía se cumple. Raras veces, en cambio, tratemos de hacernos aturdidos productivamente: sin duda es más fácil denunciar la fealdad del monstruo para absolvernos de nuestra insuficiencia, en lugar de preguntarnos concretamente sobre nuestras insuficiencias para ubicarnos proyectualmente en las entrañas de la criatura inquietante.

Entonces, el Movimiento del que hablamos y que ya no existe es el de la anomalía italiana de los años ‘60 y ‘70, del entrelazamiento de la organización autónoma y la autonomía de clase, entre proyecto y lucha, entre grupos y procesos de conflicto. Fue realmente, en esa coyuntura específica, el movimiento que suprime el estado actual de las cosas. Es esa anomalía, en un sentido fuerte, lo que nos permitió llamarnos “militantes del movimiento” en los años ‘80 y ‘90 sin tener que dar más explicaciones. Esto no sucedió en otras partes del mundo, donde el movimiento es simplemente una movilización que comienza y termina, alrededor de un reclamo limitado, y donde el término militante duro es reemplazado por la figura líquida del activista. Ahora, y no solo a partir de hoy, está claro para todos que esta anomalía sobrevive solo como una identidad ideológica, o si queremos como una genealogía gloriosa. Sin embargo, dado que las revoluciones no se hacen con identidad, ideología o mera genealogía, es necesario avanzar. No por el bien de lo nuevo, una palabra en sí misma vacía y sin sentido; pero por la inutilidad de la nostalgia, es decir, llevar la ropa de los muertos para evitar el luto.

Después del final del Movimiento, ¿solo hay diluvio, soledad y desesperación? No, en absoluto. Hay una necesidad de empezar de nuevo. Porque básicamente los militantes revolucionarios siempre comienzan de nuevo. Y cuando dejan de empezar de nuevo, dejan de ser militantes revolucionarios.

[…]

4. El futuro está muerto. Ya escuchamos el zumbido del ruido de fondo: aquí están, los que halagan el extremismo nihilista. Relajaos y tratéis de razonar, si sois capaces. El nihilismo, especialmente en la composición juvenil, es un hecho. ¿Es un problema? Por supuesto, es un problema. Pero este problema está en las cosas, no en las palabras que describen las cosas. Es el nihilismo producido por el capital y la crisis. Es el nihilismo de las finanzas de Wall Street y sus lobos como modelo de vida. Es el nihilismo de expectativas que ya no están disminuyendo sino que ahora han disminuido. Compañeras y compañeros, si realmente les cuesta mucho hacer una investigación y no una ideología, al menos mientras vais hacia al centro social o la universidad, sintonicen la radio del coche para los éxitos de verano. “Solo por esta noche, amor y capoeira”, “mañana no habrá, un poco como las historias en instagram”, “esta noche no te diré que no”, y así sucesivamente. Atención, no es la alegre conquista del presente del joven proletariado, detrás de la cual se estableció la ética sacrificial del partido comunista. Y ni siquiera es el no futuro de los punks, en una mezcla de ira y rechazo, de desesperación y autoexclusión de una sociedad que fue en la dirección opuesta. Este presentismo es totalmente interno de la crisis permanente y de la asimetría radical de sus relaciones de poder, es la conciencia resignada de que no hay expectativas y es simplemente una cuestión de disfrutar de lo pequeño que uno tiene. Es un nihilismo pasivo, no activo.

El problema no es condenar a quienes queman todo. La izquierda hace esto, porque temen que tarde o temprano alguien también les prenda fuego. El problema es cómo organizamos la perspectiva desde las cenizas, que es completamente diferente del futuro, porque tiene sus raíces en la materialidad del presente, de lo que somos y en contra lo que intentamos ser. Cómo asumimos el fracaso de las perspectivas ofrecidas por el capital de manera activa y no pasiva, es como una oportunidad para construir expectativas totalmente autónomas. Cómo asumimos que la ruptura es un proceso y no un evento, un deseo de todo y no estar satisfechos con los márgenes, la autonomía colectiva y no las comunidades intersticiales.

[…]

6. No somos extremistas, es la realidad la que es extrema. La idea típicamente democrática e izquierdista de que la moderación del tono corresponde a una ampliación del consenso siempre ha sido políticamente perjudicial. De hecho, se basa en una concepción cuantitativa de la política, por lo que uno mira los números y no el potencial subjetivo. Esta concepción puede ser útil para aquellos que deben tomar votos, es catastrófica para aquellas que las instituciones representativas quieren destruirlas. O es útil para aquellos que quieren reproducir su propia institución, por desafortunada y marginal que sea, y volvemos a la satisfacción de los dos compañeros agregados. Conflicto y consenso, dijeron hace veinte años a aquellos que estaban cortejando a la sociedad civil (¡brrrr!), lo que significaba: simular de hacer el conflicto para obtener el consenso por ellos mismos.

Sin embargo, hoy esa idea también es falsa, porque la crisis produce una polarización social a la que corresponde una polarización de comportamientos, pasiones, posibilidades. Siempre ha sucedido de esta manera, hay fases en las que el espacio de contención entre la revolución y la reacción se agota; y entre las posibilidades de movilización en un sentido o en el sentido opuesto, el límite es débil y reversible. Esta reversibilidad no dura para siempre: cuando se estabiliza, el borde deja de ser lábil. Hasta entonces, lo que dice el poeta es válido: donde el peligro es máximo, también crece lo que salva. Hoy es el conflicto que contiene el consenso en sí mismo. Los reaccionarios han entendido esto, “nosotros” no.

Cuando escuchen a alguien invocar el frentismo democrático hoy, sepais que él es un enemigo. Porque el frentismo es nuestro enemigo, lo que significa traer agua al molino de aquellos que quieren preservar el status quo. Y, sobre todo, la democracia es el enemigo, un dispositivo extraordinario para la despolitización y el agotamiento de la subjetividad. La democracia no niega la posibilidad de conflicto, sino que la anestesia y resuelve dentro de los límites del consenso, es decir, de las propias formas de autorreproducción. El poeta de hoy diría: donde se cuestiona la democracia, también crece lo que salva. Añadimos: donde hay izquierda y democracia, disparamos sin piedad. Sin lágrimas por las rosas.

[…]

8. Entonces, queridos y queridas camaradas, aferrados a las grotescas certezas de vuestra identidad vacía, nuestros caminos están inexorablemente separados. Sin polémica, sin odio, sin resentimiento. Ustedes no son nuestros enemigos o nuestros adversarios. Simplemente, sois inútiles. No sentimos enojo hacia vosotros. Probemos algo que quizás sea mucho peor: tristeza y dolor. Si tenemos tiempo nos despediremos rápidamente. Si decidís sobrevivir, reproduciendo lo que sois, nunca nos volveremos a encontrar. Si decidís morir para renacer, sabéis dónde encontrarnos: dentro y en contra de una realidad que solo necesitáis mirarla para sentir odio y querer destruirla.

9. No somos eternos: debemos morir para alcanzar la inmortalidad. Debemos ponernos continuamente en crisis para convertirnos en lo que siempre hemos sido. Se sabe que una de las definiciones más hermosas, aunque desconocidas, del militante revolucionario la dio San Pablo: somos hombres y mujeres en este mundo, no de este mundo. Hoy, muchos de los que nos rodean y a quienes hemos dicho adiós han optado por ser lo opuesto: hombres y mujeres de este mundo, no en este mundo, y por lo tanto en contra. El individuo está solo, decíamos; y añadimos que sola está también la organización entregada a la administración de su existente. La conciencia de nuestras derrotas es lo que nos permite dar, de nuevo y siempre, el asalto al cielo. Detrás de su retórica triunfalista y satisfecha, vemos la aceptación de la peor derrota: la soledad de quienes finalmente han renunciado a ese asalto. Lo ponéis en vuestras páginas web y imprimís en vuestras sudaderas porque ya no está en vuestra cabeza ni en vuestras acciones.

Entonces, la soledad puede ser derrotada solo en la investigación militante dentro de la composición de clase, es decir, dentro del caos, las contradicciones y las ambigüedades que la animan y fragmentan. Dentro y en contra. Alimentar a la organización de forma espontánea y llevar a la organización a la espontaneidad. La autonomía siempre ha sido esto: es la organización que refleja la espontaneidad de uno, es la espontaneidad que refleja la propia organización. Es una apuesta que va a la raíz, poniendo en juego lo (pequeño) que tenemos, para poder conquistar (mucho) lo que deseamos.

Si estáis buscando un mar en calma para disfrutar de una identidad ideológica, manténgase alejados de estas olas. Estamos buscando la tormenta. Es inútil descargar nuestras insuficiencias hacia la subjetividad existente. Usted que ve la oscuridad en todas partes, pregúntese si sus lentes están oscurecidas o si miran en la dirección equivocada. Entonces, ¿no lo has descubierto todavía? Nadie duerme, hay sol incluso por la noche, lo he dicho mil veces, para que cualquier cosa pueda pasar. ¿Estamos listos para algo más que una noche especial?

 

Fuente: https://comitedisperso.wordpress.com/2019/05/17/buscaba-un-mar-en-calma-pero-te-encontre/

Entrevista a Raúl Zibechi y las políticas neoliberales en torno a la vivienda

Desde Radio Malva entrevistamos al politólogo uruguayo Raúl Zibechi acerca de las políticas neoliberales en torno a la vivienda. Aprovechando su paso por València el pasado mes de marzo para asistir a una charla-coloquio en el CSOA L’Horta, planteamos cuestiones sobre el urbanismo, el turismo y la gentrificación que afectan a nuestros barrios a día de hoy.

En tu charla hablaste de las políticas neoliberales que se están produciendo en torno a la vivienda tanto en Latinoamérica como en Europa, ¿cómo funcionan estas políticas?

Las políticas neoliberales quieren mercantilizarlo todo, incluso la vida. Hablamos de un modelo especulativo que no tolera la diversidad, que trata de homogeneizarlo todo para poder mercantilizar mejor, convertir todo en productos similares para poder venderlos más fácilmente. En el caso concreto de la vivienda, se especula con el suelo urbano. Tratan de rediseñar zonas centrales que hace 30 o 40 años eran periferias y que ahora se han revalorizado, por ello se quiere expulsar a la gente para hacer negocio y construir grandes edificios. Se expulsa a familias con el aumento de los alquileres o como me han contado que hacían en el Cabanyal, directamente con excavadoras.

Gentrificación y turistificación son las palabras que aparecen continuamente cuando hablamos de estos procesos. En nuestro país el desarrollismo enfocado al turismo es una política que viene de décadas atrás y que convierte a barrios y ciudades en escaparates para el visitante.

Estos procesos provocan la sobreutilización de las zonas más céntricas, las zonas monumentales o de playa y las convierte efectivamente, en grandes escaparates. Aumenta el número de apartamentos turísticos, se encarecen los servicios, las viviendas, los precios de los alquileres, se promocionan zonas bien conservadas, con buenos trasportes y grandes restaurantes y el resto de la ciudad se queda en una situación mucho más vulnerable. Finalmente quienes se benefician del turismo son las aerolíneas, los grandes hosteleros, es el mismo capital financiero que está implicado en los procesos de gentrificación.

Sin embargo, el turismo siempre se nos vende como una fuente irrenunciable de riqueza.

Todo el sistema neoliberal se basa en una publicidad falsa, ya sea para construir una represa en una comunidad indígena o un hotel en la playa, siempre se promete que generará empleo. El turismo genera empleo temporal, precario, salarios bajos y malas condiciones laborales. Es muy difícil encontrar en la hostelería un empleo fijo, bien remunerado y con buenas condiciones. En general, el modelo actual provoca una enorme precariedad de vida a todos los niveles, no sólo a nivel laboral. Este mismo modelo tiene también su impacto ambiental negativo, ya que con el turismo se sobreutilizan los recursos hídricos, como por ejemplo está ocurriendo en Mallorca donde la calidad del agua es muy mala. Es la lógica del extractivismo de recursos en favor del gran capital, ya se habla de extractivismo urbano, si no logramos frenar este modelo nos arrinconarán en las periferias de las ciudades en condiciones muy malas.

Los movimientos sociales que luchan contra estos fenómenos de gentrificación y turistificación en sus barrios, reivindican el derecho a una vivienda digna, algo que consideramos de justicia. Sin embargo, en este mismo sentido desde Latinoamérica nos llegan las luchas por el derecho al territorio, una filosofía con una lógica más comunitaria que en cierta medida se contrapone al sentido individualista que conlleva el derecho a la vivienda.

En mi opinión el concepto de territorio es clave. Toda vivienda se construye sobre un terreno, una tierra, no podemos legislar sobre el derecho a la vivienda sin tratar sobre el terreno urbano que es el principio para acceder a una vivienda. En muchos lugares de Latinoamérica se entiende que las viviendas están afincadas en territorios, vivimos en comunidades y el territorio nos debe permitir seguir siendo comunidad. La relación de los seres humanos con el territorio es importante para garantizar la vida. Quien vive y forma parte de un territorio lo cuidará. Nosotros decimos que el territorio no nos pertenece sino que nosotros pertenecemos al territorio. El territorio no es para usufructuarlo es para sostenerlo. El territorio es agua, alimento, tierra, vida, comunidad, es todo lo que gira en torno a esa convivencia. Ninguna familia puede enfrentar el modelo de forma individual, tenemos que hacerlo en comunidad.

La vida en comunidad y el arraigo a un territorio es lo que nos permite hablar de la identidad de un barrio. Sucede que cuando hablamos de preservar esa identidad se nos acusa rápidamente de oponernos al progreso.

En el debate sobre el desarrollo que defienden los grandes empresarios nos encontramos como muchos sectores populares y de trabajadores que piensan que el consumismo, lo moderno y el progreso son lo bueno. En la última crisis mucha gente ha llegado a replantearse las cosas pero falta mucho trabajo por hacer en este sentido. El sistema tiene mucha fuerza y la cultura del consumo y la idea de modernidad tienen mucho peso. Van a faltar todavía muchas crisis y fallos del sistema para que aspiremos a una vida sencilla, un buen vivir, una buena calidad de vida sin mucho consumo, sin coches. Anoche en Benimaclet estuvimos veinte minutos para aparcar y otros diez para llegar desde donde encontramos sitio hasta el CSB Terra, ¿qué ventaja fue ir en coche si finalmente tardamos más en llegar a los sitios?

Has explicado como en Latinoamérica muchos gobiernos progresistas promovieron políticas desarrollistas en la últimas décadas que han resultado muy perjudiciales. Nosotros tenemos el caso del PEC en el barrio del Cabanyal o del PAI de Benimaclet con un gobierno progresista además de varios proyectos similares en el resto de la ciudad.

La cuestión común entre la izquierda y la derecha es que ninguno de los dos cuestiona el modelo de desarrollo. La izquierda sigue el modelo neoliberal. Se plantean pautas para paliarlo pero no para cuestionar el modelo. Si esto no se cuestiona vamos a ver una creciente polarización social como ya está ocurriendo en varias partes del mundo. El 1% es cada vez más rico y mientras que la desigualdad sigue creciendo. Sobre esta polarización social va a ver una polarización política. Ahí vemos como aparece la ultraderecha. Además el modelo neoliberal genera una sociedad cada vez más militarizada donde la protesta se criminaliza, la policía tiene un gran poder y en un juicio su palabra vale siempre más que la de un ciudadano.

Si las instituciones juegan a nuestro favor mejor pero el jugador no es el partido ni el político, ni el diputado, ellos pueden favorecernos o perjudicarnos pero el actor principal es la gente. Lo que nosotros hagamos es lo decisivo, si tenemos apoyo de arriba pues mejor. Los políticos son como el viento que puede soplar o no a nuestro favor pero quien debe pilotar la nave es la gente.

Sucede en ocasiones que se tiende a la desmovilización cuando los gobiernos de izquierda están en el poder

Debemos hacer más cosas además de movilizarnos, no sólo hay que manifestarse sino ser capaces de crear espacios nuevos, propios. No alcanza con reclamar el derecho a la vivienda sino que hay que comenzar a crear las soluciones por nosotros mismos, esto es lo decisivo, no podemos depender de la clase política.

Fuente: https://radiomalva.org/2019/03/26/raul-zibechi-y-las-politicas-neoliberales-en-torno-a-la-vivienda/

Henry Giroux: “La crisis de la escuela es la crisis de la democracia”

El pedagogo estadounidense Henry Giroux reclama una reforma del sistema educativo para que el pensamiento crítico impregne todas las asignaturas

Por Ana Torres Menárguez

Henry Giroux (Providence, 1943), uno de los académicos más reconocidos en Canadá y uno de los impulsores de la llamada pedagogía crítica, tiene un discurso radical sobre los fallos del sistema educativo. Él no habla de los resultados de las pruebas PISA —que miden el conocimiento en ciencias, matemáticas y comprensión lectora de los alumnos de 15 años en los países de la OCDE—. De hecho, cree que las pruebas estandarizadas son una estrategia de la derecha para desviar la atención del «verdadero» problema de la educación: no fomentar el pensamiento crítico para crear ciudadanos «conformistas» que no reclamen nada a las administraciones.

Afincado en Toronto, Giroux es conocido por sus publicaciones conjuntas con Paulo Freire, uno de los pedagogos de referencia del siglo XX por su teoría de la pedagogía del oprimido, donde propone la rebelión de los más desfavorecidos a través del acceso a la educación. Giroux, investigador en la McMaster University de Ontario, fue incluido en la obra Fifty Modern Thinkers on Education: From Piaget to the Present (Routledge, 2002), que nombra a los 50 pensadores que más han contribuido al debate educativo en el siglo XX.

Giroux, que acaba de publicar el libro La guerra del neoliberalismo contra la educación superior (Herder), critica que las universidades están siendo atacadas con recortes continuos en su financiación, especialmente los departamentos de humanidades, para que dejen de ser centros de pensamiento. La semana pasada, tras dar una conferencia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, atendió a este diario.

Pregunta. ¿Qué es la pedagogía crítica?

Respuesta. No es un método que se pueda aplicar en los colegios. Es una revisión del tipo de escuela que queremos. Es un intento por reconocer que la educación es siempre política y el tipo de pedagogía que se usa tiene mucho que ver con la cultura, la autoridad y el poder. La historia que contamos o el futuro que imaginamos se refleja en los contenidos que enseñamos. La pedagogía tal y como está planteada ataca en lugar de educar. Es un sistema opresivo basado en el castigo y en la memorización, que persigue el conformismo. Hay que desarrollar otros métodos que formen alumnos capaces de desafiar las prácticas antidemocráticas en el futuro.

P. Desde hace unos años, ha habido una ola de innovación educativa que ha transformado muchos colegios. ¿No cree que estén cumpliendo esa función?

R. Las escuelas están siendo atacadas, especialmente desde Gobiernos fascistas y de derechas. En Brasil, Bolsonaro ha animado a los estudiantes a denunciar a los profesores de izquierdas de un supuesto adoctrinamiento y quiere eliminar todas las referencias a Paulo Freire de los temarios. Acaba de anunciar un recorte en las carreras de humanidades como filosofía y sociología para priorizar profesiones que «generen un retorno al contribuyente». La crisis de la escuela es la crisis de la democracia. Los gobiernos de derechas no quieren que la gente piense y la educación tiene un papel central en la lucha contra las narrativas tóxicas y el surgimiento de ideologías ligadas a la supremacía blanca.

Los exámenes forman parte de un discurso de opresión, son una forma de disciplinar a los alumnos

P. ¿Cómo se puede aterrizar el cambio que propone? ¿Cree que los partidos de izquierda sí están a la altura?

R. Primero el interés tiene que venir de la calle, de la comunidad de vecinos y de los propios profesores. El poder se tiene que tomar la educación en serio. La izquierda es muy estúpida en lo que se refiere a la educación. No se dan cuenta de la importancia que tiene. En Estados Unidos, Obama replicó el programa de los republicanos, el teaching for the test (focalizar la enseñanza en la superación de exámenes estandarizados). Los exámenes forman parte de un discurso de opresión, son una forma de disciplinar a estudiantes y a profesores y restan imaginación a los alumnos. Se tiene que potenciar el diálogo, la construcción de identidades y cómo encajar a los otros, por ejemplo, a la minorías.

P. ¿Cuál es el peligro de los exámenes?

R. Son una estrategia para hacer ciudadanos menos críticos. A los profesores se les ha dicho que no son intelectuales, que son tecnócratas y que están ahí para medir el conocimiento de los alumnos, que lo que importa son los exámenes. Parece que la evaluación es el centro del sistema educativo. Pero la función de la escuela debería ser conseguir crear ciudadanos tolerantes, con capacidad de diálogo. El colegio es el lugar donde se crean las identidades. ¿Quién quieres ser? Cuando el profesor y los contenidos son incuestionables, están inculcando una forma autoritaria de entender la sociedad. Silenciar las dudas sobre lo que viene dado desde arriba. La derecha sabe tomar ventaja de eso.

P. Canadá es un ejemplo de inclusión en las aulas. ¿Cree que es un referente?

R. Canadá tiene un sistema muy progresista, pero tampoco se salva. En Ontario el nuevo primer ministro, Doug Ford, del partido conservador, ha suprimido las clases de educación sexual y ha obligado a volver al plan de 1990. Quiere centrar el sistema en educar para el trabajo. Los gobiernos transforman la educación en algo que no debería ser.

Las universidades cada vez funcionan más como empresas. Los estudiantes se han convertido en clientes

P. ¿No cree que las escuelas deben preparar a los alumnos para las habilidades que pide el mercado de trabajo? Van a encontrar un terreno muy competitivo.

R. No les tienen que preparar para el trabajo que tendrán en el futuro, sino para el tipo de sociedad en la que quieren vivir. Te ofrezco las habilidades digitales para que trabajes en Google o en Facebook, pero vivirás en una sociedad fascista e intolerante. Eso no vale. Hay que priorizar que aprendan a ser ciudadanos informados cuando hay partidos de extrema derecha que están ascendiendo al poder.

P. Le podrían acusar de tener una visión demasiado utópica.

R. Sobrevivir no es solo encontrar el trabajo adecuado, es reclamar un buen sistema público de salud o el derecho a una vivienda digna. El sistema escolar, basado en la competitividad entre iguales y en la idea de ganadores y perdedores, enseña a creer que cuando tienes un problema la culpa es tuya. Que los problemas son individuales. Las personas no pueden trasladar los problemas personales a carencias del sistema. Así surgen individuos alienados que se culpan a sí mismos de su situación desgraciada. «No hice lo suficiente en el colegio, por eso me va mal», piensan, en lugar de mirar al estado del bienestar, ver si se está desmantelando. Hay que enseñar a luchar y a exigir a la administración que cumpla sus obligaciones.

P. En su último libro hace una crítica muy dura al trato que dan los Gobiernos a las universidades.

R. Trump ha amenazado con retirar fondos federales de universidades que cree que están copadas por liberales e izquierdistas y ha propuesto reducir el presupuesto educativo en 7.000 millones en 2020. El 70% de los profesores de educación superior en Estados Unidos tienen contratos a media jornada.Eso afecta a su libertad de expresión, piensan que si hablan pueden ser despedidos. Tienen miedo de movilizarse contra la administración. La universidad debería ser un espacio para el diálogo. Las universidades cada vez funcionan más como empresas, no contratan intelectuales para liderarlas, sino CEOs. Los estudiantes se han convertido en clientes. La gente joven es un valor en el que merece la pena invertir, una inversión a largo plazo. Pero los políticos, tanto de izquierdas como de derechas, solo buscan resultados a corto plazo.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2019/05/09/actualidad/1557407024_184967.html

Federico Aguilera Klink: «La universidad actual enseña a obedecer y elimina la curiosidad» (I)

Por Salvador López Arnal

Federico Aguilera Klink es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna y Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente Lucas Mallada, 2004. Esta conversación está relacionada con su artículo: « La universidad: entre la irrelevancia, la mediocridad y la cretinización de alto nivel», publicado en el portal digital Rebelión [1].

Salvador López Arnal (SLA): Publicaste el 6 de septiembre de 2018 en Rebelión el artículo «La universidad: entre la irrelevancia, la mediocridad y la “cretinización” de alto nivel». Permíteme algunas preguntas sobre este trabajo y temáticas relacionadas. Abres tu escrito con dos citas. La primera –doble– es de Antonio Orejudo. La segunda parte de la cita dice así: «…la única conclusión era que nuestra universidad había sufrido desde la República hasta nuestros días un proceso de degradación moral y académica del que era imposible recuperarse (…) Al perderse en los primeros años de la Transición la oportunidad de corregir drásticamente esta situación, los jóvenes políticos de la democracia facilitaron al franquismo una de sus últimas victorias: garantizaron que los efectos de ese atroz desmoche llevado a cabo por el régimen en la universidad perdurarían durante siglos». ¿No es Orejudo demasiado crítico? ¿No han existido movimientos universitarios que han abonado, que han sido activos en senderos muy pero que muy alejados?  

Federico Aguilera Klink (FAK): La expresión «atroz desmoche», pertenece a Laín Entralgo y da título al libro de Jaume Claret Miranda que muestra la depuración que hace el franquismo en la universidad, a partir del golpe de estado de 1936, y la postración en la que queda. Esto no excluye la posterior existencia minoritaria de movimientos universitarios ni de docentes aislados que constituían y siguen constituyendo auténticos oasis en el desierto o en el páramo universitario franquista y actual. Por eso estoy de acuerdo con Orejudo en que la situación no cambió mucho con la Transición igual que no cambió en muchos otros ámbitos, como lamentablemente seguimos constatando todavía. Mi propia experiencia como estudiante y como profesor es que ni ha habido ni hay voluntad de enseñar a pensar por cuenta propia pues la mayoría del profesorado no sabe lo que es eso, se mantiene en la obediencia y en la sumisión, de manera consciente o inconsciente.

SLA: La segunda cita es esta: «Periodista: ¿Piensa que instituciones como la universidad desaparecerán en el futuro y serán sustituidas por otro tipo de institución más abierta, completa y profunda? David Peat: En más de un sentido esto es motivo hasta de esperanza». Pero esa institución más abierta, completa y profunda, ¿no sería, nombrada de otro modo, una universidad realmente democrática al servicio del saber y no de otro tipo de finalidades? O, visto desde otro punto de vista, ¿la desaparición de la universidad actual no puede generar escenarios aún peores?

FAK: No veo que pueda haber nunca una universidad democrática sin que existan personas democráticas ni instituciones democráticas. Todo esto en la universidad es pura apariencia. Cuando hablo de personas democráticas me quedo con la idea de Erich Fromm (La condición humana actual) del «carácter revolucionario» en el sentido de personas que traten de ser «desobedientes, libres e independientes». ¿A qué poder le interesan esas personas y esa universidad? La desaparición de la universidad actual, para mí un espacio de aburrimiento y de sumisión (con excepciones individuales), es una necesidad. La sumisión de los docentes al poder político-empresarial, (cuando no se someten al «establishment mandarinal universitario» del que habla Morin), elaborando “ideas”, programas e investigaciones a la carta, es realmente lastimosa.  

SLA: Pero existen excepciones en esa sumisión del profesorado al poder político-empresarial… Por lo demás, a muchos profesores asociados su situación laboral no les permite muchas disidencias.

FAK: Por supuesto que existen excepciones, que yo considero “heroicas” y dignas de admiración, que achaco a personas que se mueven en torno a ese carácter revolucionario del que habla Fromm, y que asumen la precariedad. Sobre las disidencias, es cierto que los profesores asociados son muy vulnerables y no se les permite salirse del surco porque se les castigaría con la no acreditación o simplemente se les expulsaría, lo que muestra el estado de apertura intelectual de la universidad y revela que muchos catedráticos han llegado a serlo por ser obedientes a una línea de trabajo y a un poder. También conozco el caso, muy poco habitual, de una doctoranda que se negó a aceptar la composición del tribunal que iba a juzgar su tesis doctoral, propuesta por el catedrático que era director de su departamento, porque los miembros del tribunal no sabían nada del tema de la tesis. Y conozco el sufrimiento y el coraje de esa persona, hoy titular. Por eso, lo peor, a todos los niveles docentes de la “jerarquía” universitaria es, desde mi punto de vista, la sumisión aprendida o la obediencia instalada mentalmente que, como pasaba en la mili, se transforma en exigencia de obediencia para el “inferior”. Es como decir (consciente o inconscientemente), si yo obedezco, tú también; de ahí que para una persona que obedece y que está atrapada-instalada en la jerarquía académica ver a alguien que trata de desobedecer y de pensar mínimamente por cuenta propia es algo insoportable, pues te recuerda qué estás haciendo tú en ese contexto de poder. Castoriadis en «¿Qué democracia?» [1] lo expresa de manera espléndida: «el poder más grande… preformar a alguien de tal modo que haga por sí mismo lo que se quería que hiciera sin necesidad de dominación o de poder explícito. Conforma un conjunto de capacidades, disposiciones y potencialidades incorporadas en nuestras prácticas antes de que el sujeto pueda tomar conciencia de ellas…lo que imposibilita (al menos de entrada) su cuestionamiento, por eso hay que asumir como tarea primordial la formación de los individuos autónomos» . Castoriadis, 2005, 26).  

SLA: Comentas en el artículo que la universidad debería enseñarnos a pensar y a hacernos personas mejores, centrándose en «enseñar a pensar por cuenta propia, planteándose las preguntas relevantes para poder entender el mundo en el que vivimos y poder así entenderse mejor uno mismo y rechazar el aprender a obedecer». Si no es eso lo que se hace, ¿qué se enseña en tu opinión en nuestras actuales universidades?

FAK: La universidad actual enseña a obedecer y anula la curiosidad, anulando o contribuyendo a invalidar psicológicamente a las personas que al final ni comprenden dónde viven ni se comprenden a sí mismas, se alienan, se alejan de ellas mismas y aprenden a repetir lo que se les “enseña” para poder escapar cuanto antes con el menor coste monetario y psíquico. Esto lo expresaba muy bien en 1969 Joan Robinson, catedrática de economía de la Universidad de Cambridge: «La economía es una rama de la teología. ¿Cómo se ha logrado hacer aceptar a varias generaciones de estudiantes estos conjuros sin sentido? La mayoría de los estudiantes no comprenden de qué va la cosa; piensan que tal vez no sean lo suficientemente inteligentes para entenderlo y se callan. Pero los inteligentes aprenden el truco; empiezan a tener un interés en creer que han aprendido algo importante. Dedicarán el resto de sus vidas a enseñarlo a nuevas generaciones. Así se va perpetuando el sistema [pero] los estudiantes no pueden desperdiciar unos años preciosos aprendiendo solo a recitar conjuros» [3].

Por su parte, Leontief, Premio Nobel de Economía, afirmaba en 1982 [4]: «Los departamentos de Ciencias Económicas están preparando a una generación de eruditos estúpidos, genios de las matemáticas esotéricas, pero verdaderos niños en materia económica […]. Los métodos utilizados para mantener la disciplina intelectual en los departamentos de Economía más influyentes de las universidades estadounidenses pueden, a veces, recordar a los usados por los marines para mantener la disciplina en Paris Island» [5].

Lo que indican las citas anteriores es qué se enseña y cómo se enseña, es decir, se enseña dogmatismo o “catecismo” con los manuales y eso requiere disciplina y autoritarismo (que no es nada más que maltrato), una manera autoritaria de “repetir”, igual que cuando yo, de pequeño, aprendía el catecismo. Pero además, lo que ocurre es que cuando uno lee con atención los manuales y los compara con los textos originales de algunos autores citados en esos manuales, resulta que los autores de esos manuales demuestran que, en muchos casos, no han leído a los autores que “citan” sino que se limitan a copiar y repetir lo que vienen diciendo los manuales desde el inicio de los tiempos. Esa es al menos mi experiencia con autores como Pigou, Coase o Hardin, de los que los manuales solo repiten majaderías que ellos nunca escribieron, pero que, si las recitas en el ámbito académico, «da la apariencia de que sabes», de que sabes repetir, claro.

Si esto ocurre en Inglaterra y los EEUU sin un «atroz desmoche» franquista, pero con otro tipo de «desmoche», ya te puedes imaginar el futuro de la universidad. Por eso, el profesorado que no cumple con estos requisitos de obediencia y sumisión (hablar de intelectuales es un sarcasmo) es el que acabará yéndose y formando otros centros de pensamiento o se quedará mientras pueda aguantar, pero siempre de manera muy minoritaria y sufriendo, como señalo en mi artículo, o quizás acabe sometiéndose.  

SLA: Pero los ejemplos que pones se refieren a facultades de Economía o de Economía y Empresa, podría ocurrir que no fuera el caso en otras facultades. Por ejemplo, en Físicas, Matemáticas, Historia o Filosofía.

FAK: Podría ocurrir, pero no es lo que me llega (sin buscarlo) cuando doy algún curso y sale el tema. Conozco licenciados en Ingeniería, Medicina, Derecho, Veterinaria, Agronomía, Farmacia y muchas otras especialidades que me hablan, en público, de sus experiencias negativas en este sentido.  

SLA: Decías antes que el profesorado crítico acabará yéndose y formando otros centros de pensamiento o bien se quedará mientras pueda aguantar. Si fuera lo primero, ¿dónde podría irse? ¿A qué centros de pensamiento te estás refiriendo?

FAK: Claro, esa es la respuesta de David Peat, refiriéndose a Inglaterra, que no sé en qué habrá quedado. En nuestro país desconozco la existencia de centros de ese tipo aunque hay intentos de crearlos de manera informal por parte de profesores, universitarios o no, que cuentan con la seguridad del funcionariado. También hay personas independientes, me viene a la cabeza el caso de Jordi Pigem (filósofo), de Manel Ballester (catedrático de cardiología y ahora fuera de la universidad), de Paco Puche, uno de nuestros grandes especialistas en el tema del amianto, de Pedro Prieto, uno de nuestros grandes sabios, que llevan a cabo una investigación realmente fascinante y muy relevante. A otro nivel, espacios como, Oxfam, GRAIN, Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO), Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), Observatorio Crítico de la Energía o blogs como Usted no se lo cree (Ferran Vilar) y The Oil Crash (Antonio Turiel), entre otros, juegan un papel muy destacado.  

SLA: Citas a Ralston (La civilización inconsciente. Anagrama. Barcelona, 1997, 81-82: «Las universidades se han convertido en amplia medida en las criadas del sistema corporativista. Y esto no se debe solo a las especializaciones académicas y sus impenetrables dialectos, que han servido a su vez para ocultar tras multitud de velos la acción gubernamental e industrial… si las universidades son incapaces de enseñar la tradición humanista como parte central de sus más alicortas especializaciones es que se han hundido otra vez en lo peor del escolasticismo medieval». Me detengo en esta reflexión. Donde leo «sistema corporativista», ¿debo leer, como equivalente, sistema capitalista?

FAK: Entiendo que sí, realmente no hay otro sistema. Ralston se refiere a las universidades occidentales, pero parece que la situación debe ser similar por todo el mundo. No hay que olvidar la pregunta que se hacía Erich Fromm en La condición humana actual, «¿Qué clase de hombre requiere nuestra sociedad para poder funcionar bien?». Y respondía: « Necesita hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos, que deseen consumir más y más y cuyos gustos estén estandarizados y puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que, no obstante, estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social; hombres que puedan ser guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin meta, salvo la de continuar en movimiento, de funcionar, de avanzar».

Chris Hedges, en La muerte de la clase liberal, lo plantea con más dureza refiriéndose a las universidades en EEUU, que son las que siempre nos ponen como ejemplo, y Owen Jones en El Establishment, sugiere la misma situación en Inglaterra. Me parece que es importante cuestionar el mito de la universidad como espacio libre e independiente que no creo que haya existido como tal y en conjunto, alguna vez en algún lado, sean universidades privadas o públicas. Manda el que financia, pero insisto, siempre hay pequeños espacios de resistencia y de independencia, hasta en las universidades más insospechadas, que suelen conllevar un coste personal elevado y una gran soledad, al mismo tiempo que un placer insuperable derivado de sentir que investigas y enseñas lo que consideras socialmente relevante y del agradecimiento de algunos pocos estudiantes por estar ahí y así.  

SLA: ¿Ralston está pensando en las universidades privadas o en las públicas?

FAK: No hace una distinción entre ambas, pero se puede afirmar que no tiene que haber demasiadas diferencias. Hay dos noticias recientes que pueden ayudar a entender las lógicas de las universidades privadas. La primera se refiere a la Universidad de Harvard, ejemplo incuestionado de «universidad de calidad». Pues bien, hace unas semanas, la ONG GRAIN publicó un informe señalando que el fondo de dotación de la Universidad de Harvard había gastado 1.000 millones de dólares en la compra de 850.000 hectáreas de tierras agrícolas e indicaba que:

Las adquisiciones de tierras agrícolas por parte de Harvard fueron hechas sin las auditorías previas adecuadas y han contribuido al desplazamiento y el acoso a comunidades tradicionales, a la destrucción ambiental y a conflictos por el agua. En particular, las consecuencias de estas adquisiciones son perjudiciales en Brasil, donde el fondo de dotación de Harvard adquirió casi 300 mil hectáreas de tierras en el Cerrado, la sabana más biodiversa del mundo.

Las poco claras inversiones en tierras de Harvard tuvieron como resultado ganancias inesperadas para los administradores de los fondos y sus socios comerciales, pero fracasaron como estrategia de inversión para la universidad.

Y exhortaba a los estudiantes, docentes y ex alumnos de Harvard a exigir que el fondo de dotación de la universidad termine con todas las inversiones en tierras agrícolas, tome medidas inmediatas para resolver todos los conflictos de tierras asociados a sus propiedades actuales y asegure que las comunidades afectadas sean compensadas adecuadamente por los daños. [6]

Por otro lado, las universidades privadas son básicamente «unidades de negocio» como expresa con claridad una reciente noticia [7] que señala que Laurate Education, el dueño de la Universidad Europea, «la pone en venta con el resto de su negocio continental». «Así lo han confirmado los responsables del grupo estadounidense en la última presentación de resultados, correspondientes al segundo trimestre de su ejercicio fiscal. En ella, la compañía detalló sus planes de “desinvertir sus unidades de negocio ubicadas en Europa, Asia, y Centroamérica, con las que se espera generar un mínimo de 1.000 millones de euros en ventas y crear un modelo de negocio más simplificado”, según se explica en el documento dirigido a los inversores».

SLA. Tomemos un descanso si te parece.

FAK: De acuerdo.

Notas:

(1) F. Aguilera Klink, « La universidad: entre la irrelevancia, la mediocridad y la cretinización de alto nivel», Rebelión, 6 de septiembre de 2018, disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246149 .

(2) “¿Qué democracia?”. En Escritos políticos. Antología. Edición de X. Pedrol. Ediciones de La Catarata. Madrid.

(3) Robinson J. “La economía hoy”, en Relevancia de la Teoría . Ediciones Martínez Roca. Barcelona. 1976, pp. 165-173.

(4) Leontief W. “Academic Economics”, Science 09 Jul 1982: Vol. 217, Issue 4555, pp. 104-107, versión española en Archipiélago (33), 28-33, 1998.

(5) Se pueden ver más ejemplos en: http://www.publicacionescajamar.es/pdf/publicaciones-periodicas/cuaderno-interdisciplinar-de-desarrollo-sostenible-cuides/8/8-510.pdf

(6) GRAIN y Rede Social de Justiça e Direitos Humanos, El fiasco de Harvard: mil millones de dólares en tierras agrícolas, GRAIN, septiembre de 2018, disponible en: https://www.grain.org/article/entries/6013-el-fiasco-de-harvard-mil-millones-de-dolares-en-tierras-agricolas .

(7) García Ropero, «El dueño de la Universidad Europea la pone en venta con el resto de su negocio continental», Cinco Días, 16 de agosto de 2018, disponible en: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/08/15/companias/1534352073_725544.html .

Fuente: Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n.º 144, invierno 2018/19, pp.- 123-147.

Maristella Svampa: “El fracking es parte de la historia de saqueo en América Latina”

Por Danilo Martínez

En su último libro, Chacra 51, la investigadora habla de su regreso a la Patagonia en tiempos de fracking. El desarrollo de los recursos no convencionales en aéreas que históricamente vivieron de la explotación frutícola.

La Izquierda Diario tuvo la oportunidad de dialogar con la socióloga Maristella Svampa quien además se ha desarrollado como investigadora y escritora, abordando problemáticas socioambientales y sus consecuencias en los ecosistemas que son intervenidos por las prácticas de extractivismo en diferentes regiones de América Latina.

En esta oportunidad tomamos la presentación de su último libro “Chacra 51, Regreso a la Patagonia en tiempos de fracking” donde nos cuenta como se fue armando esta investigación sobre el desembarco de la explotación de gas no convencional en una localidad como Allen, y en un valle que se destacó por su importante producción frutícola.

Las contradicciones en la convivencia de los dos modelos productivos y sus derivaciones socioambientales, como así también las perspectivas ante el crecimiento de Vaca Muerta como modelo de extractivismo son ejes en este dialogo que compartimos con Maristella Svampa.

¿Cuáles fueron las motivaciones que tuviste a la hora de pensar y escribir una novela como “Chacra 51, Regreso a la Patagonia en tiempos de fracking”?

Se inserta mas en un registro literario que ensayístico por el estilo de presentación de la misma, pero se trata de un texto de no ficción que tiene un carácter biográfico en el origen que es parte de un registro personal y local, para después insertarse en un registro más global, y vincular las experiencias del fracking en el Alto Valle y su relación con la crisis socioecológica.

Es un texto que atraviesa diferentes registros, el literario, el ensayístico, parece una novela porque está escrito en algunos capítulos como si fuera una novela, en clave literaria. De hecho yo soy autora de tres novelas, y la gente en general desconoce esto porque me asocia más bien al ensayo sociológico político pero yo he escrito tres novelas en clave patagónica, eso es que sus historias tienen lugar en la Patagonia.

Del 2005 es mi primera novela, Los Reinos Perdidos, luego “Donde están enterrados nuestros muertos” de 2012 y El Muro en 2013. En todo caso la literatura ha sido un lugar donde yo conecto lo político con lo literario y de alguna manera Chacra 51 resume todos estos registros, o intenta conciliarlos porque efectivamente la clave personal, biográfica da mayor libertad en términos estilísticos. Sin embargo hay que decir que el hecho donde parte la novela es un hecho muy doloroso.

En 2011 volviendo de Ecuador en una de mis tantas actividades en la lucha contra el extractivismo, me entero por parte de mi hermana que en la chacra de mi abuelo había una torre extrayendo petróleo y gas, y que el permiso había sido otorgado por un primo que estaba a cargo de la administración de la chacra. Ese primo no nos había consultado a la familia y lo había echo sin autorización, entonces empieza ahí todo un periplo que yo diría tenia contenidos dramáticos porque nadie sabía de que se trataba muy bien la explotación. Yo empecé a averiguar de qué se trataba y ahí fue que me encontré con toda la literatura sobre el fracking, sobre la explotación de hidrocarburos no convencionales.

Tengan en cuenta que no se sabía nada en ese momento de lo que era y que recién en 2012 con la expropiación parcial de YPF es que toma estado publico la existencia de los hidrocarburos no convencionales y la Argentina como uno de los países con mayor cantidad de recurso no convencional en el planeta en donde estamos terceros o cuartos depende el ranking.

¿Estamos viviendo por la industria hidrocarburífera, momentos alarmantes consecuencia del fracking, y vos lo comenzaste a vivir esta experiencia con mucha antelación?

Lamentablemente, y es mas viniendo de una experiencia de lucha e investigación en relación al neoextractivismo sobre todo minero más que petrolero en esa época y ligado al agronegocio y con una perspectiva mas latinoamericana también.

Y me encontré que en mis pagos de origen tenía lugar una experiencia, un laboratorio a cielo abierto en relación al fracking. Fue un registro doloroso porque además cuando en 2013 empezamos a dar la batalla con “Quique” Viale y otra tanta gente del Alto Valle, tanto en Neuquén por la firma del convenio YPF-Chevron, como el avance de los hidrocarburos en Allen, empezamos a dar esa lucha contra el neoextractivismo petrolero, en donde encontramos varios obstáculos porque nos encontramos con que efectivamente se había consolidado un amplio consenso en cuanto al horizonte que podía abrir la explotación de Vaca Muerta y de la cuenca neuquina en general. Eso que denominamos con Enrique Viale el consenso del fracking, el consenso “eldoradista” del fracking.

¿Explícanos ese concepto “eldoradista” que lo tomas en el libro en reiteradas ocasiones como el nuevo “Dorado”?

Siempre he dicho que el neoextractivismo en América Latina está ligado a la historia de saqueo y explotación donde Potosí es el origen sin duda, y marca el nacimiento de América Latina como un continente saqueado y expoliado en sus recursos naturales y al mismo tiempo la incorporan como un exportador de naturaleza hacia los países centrales.

Pero la contracara de esa realidad de despojo y de saqueo y desigualdad es la ilusión “eldoradista”, esto es la conciencia de que la posesión de los llamados recursos naturales estratégicos, al compas de los sucesivos ciclos económicos, podía darnos la posibilidad de enriquecernos súbitamente, la idea del enriquecimiento súbito o mágico, esa ilusión mágica.

Recuerdo que René Zabaleta hablaba en los años 80 de esta ilusión de enriquecimiento mágico de los latinoamericanos o que anida en el alma de todos los latinoamericanos, que está ligada a la historia de América latina en una época fue el oro y la plata, en otra fue el caucho y el guano, luego el petróleo, hoy en día también lo es el litio, la soja y nuevamente los recursos hidrocarburíferos, pero en todo caso lo que se alimenta es esta idea que a través del control del Estado los países pueden explotar o controlar esta renta extraordinaria y acortar la distancia que nos separa de los países más desarrollados.

Esa es la visión “eldoradista” que de hecho alimento la mirada de Cristina Fernández de Kirchner y mucho más aun lo acelero el discurso y la acción de Mauricio Macri que ha puesto a Vaca Muerta casi como garantía de este fabuloso endeudamiento externo.

Naciste en Allen y viviste el esplendor de la fruticultura en el Alto Valle, que posiciono a la localidad de Allen como la principal productora de manzanas y peras en el país. ¿Cómo analizas esta nueva forma de extracción que vive la localidad y la situación de los chacareros que pasan a ser llamados superficiarios en estas nuevas relaciones de producción?

Yo pongo el acento en el pasaje de la figura del chacarero al superficiario lo que implica que los recursos que están bajo tierra pertenecen al Estado, pero en realidad el chacarero pierde la oportunidad de transformar el territorio, y eso es lo que ha sucedido con el avance de la matriz hidrocarburífera.

El libro cuenta en los sucesivos capítulos esta tensión, esta contradicción entre determinada matriz ligada a la frutícola, regional de carácter centenario y por otro lado la ocupación intensiva del territorio por parte de la matriz ligada a los hidrocarburos no convencionales.

No es que hay convivencia pacífica como alegan los funcionarios y las empresas, lo que hay es una competencia muy clara por el territorio, por sus recursos y también una competencia desleal al calor de la crisis de la fruticultura en la cual los pequeños chacareros, sobre todo en la salida, ya que muchos de ellos en Allen tienen una edad promedio de sesenta años y están de salida por lo que ceden ante la crisis ante la propuesta de una petrolera que le renta una o dos hectáreas.

En esa línea yo coincido con la propuesta de Belén Álvaro que dice que no es la crisis de la fruticultura sino de un modelo de fruticultura en el cual efectivamente en esa cadena que integra varios actores que se ven beneficiados a través del proceso de concentración que son los grandes exportadores y los fijadores de precios.

El Estado lejos de participar con políticas publicas que impliquen un rediseño de esa relación de una manera más igualitaria, lo que hace es apostar a ganador sobre todo de los grandes jugadores, las grandes exportadoras y tratar de calmar los ánimos de los pequeños y medianos productores que están en crisis, a través de subsidios que tienen un corto alcance, entonces necesitamos repensar al calor de la crisis un modelo más integrador que sobre todo ponga en el centro al pequeño y mediano productor que ha sido el actor histórico en este modelo de economía regional.

No olvidemos que si hay algo que caracterizo a la economía frutícola de Río Negro y Neuquén es la centralidad del pequeño productor, el pequeño propietario de tierra capitalizado, esa capitalización le daba la posibilidad de un cierta autonomía, de hecho si uno mira la cartografía de los pequeños y medianos productores donde siguen siendo una gran mayoría, pero al mismo tiempo hay una gran concentración porque cincuenta productores hoy son los grandes propietarios de la tierra es decir una gran asimetría, un gran desigualdad en términos de propiedad de tierra y una gran cantidad de pequeños y medianos productores que apenas cuentan con una pequeña porción de tierra que no es rentable en estos momentos.

Entonces hay que repensar este diseño y lo que sucede es que no tenemos un Estado activo ni que esté pensando en todo caso en los actores más débiles de la cadena. Y al mismo tiempo se está fomentando el falso discurso de la convivencia, cuando en realidad lo que vemos es que hoy en día es Allen la que está siendo arrasada por el avance de la actividad hidrocarburífera, y prontamente pasara a ser Fernández Oro, Vista Alegre y no nos descuidemos porque también el avance implica otras localidades del Alto Valle.

Allen en algún momento se declaró antifracking y su ordenanza fue derogada en favor de esta explotación.

Eso esta contado en el libro centralmente, porque esto fue durante el año 2013 en donde por un lado discutimos y nos cuestionamos el convenio con Chevron, recordaran además que hubo ese episodio de gran represión en la ciudad de Neuquén que fue aprobada en la Legislatura y en donde estuvimos, me recuerdo que estaba Myriam Bregman, Pino, entre otros, ya que éramos varios los que estábamos, los que subimos a ese avión por la mañana para participar de esa marcha.

Pero también participamos de varias luchas en Allen que produjeron la sanción de esta ordenanza antifracking que fue derogada dos meses y medio después por el Tribunal de Justicia provincial, así como fue derogada también la ordenanza que se sanciono en Fernández Oro y en Vista Alegre. Es decir hay una voluntad explicita por parte del Estado provincial de aplastar a los municipios y no aceptar la autonomía en términos ambientales tal cual lo fija la Carta Orgánica de los municipios.

¿Cuál es la propuesta que compartís en Chacra 51, el libro que estas presentando y cuáles son los adelantos que nos podes dar?

Hay dos registros interesantes por lo menos a nivel local o regional que tiene el libro. Por un lado hay una historia del Alto Valle que conozco desde niña, la historia de un ecosistema ligado a la fruticultura, sin idealizaciones pero también rescatando la riqueza de ese ecosistema, pero por otro lado está la historia del avance de esa matriz hidrocarburífera que hoy es tan problemática, tan controversial en otros países la explotación de los hidrocarburos no convencionales a través del fracking que incluso se discute en otros países y más aun ha desatado grandes luchas en Europa en EE.UU e incluso algunos han prohibido el fracking desde el 2012 en adelante como es el caso de Francia, Irlanda, Escocia y hay Estados en EE.UU que también han prohibido el fracking por los impactos socioambientales y sociosanitarios que están mas que probados científica y empíricamente. Sin embargo esto no se ha constituido en un problema público en el Alto Valle.

Yo creo que debemos indagar acerca del porque, esto que es tan grave, que suscita tantos debates públicos en otras latitudes, aquí es una suerte de punto ciego. Yo apuesto a que esto sea instalado como un problema público y que la gente tenga conciencia del daño y de los impactos que esto va a traer.

En ese sentido es una interpelación a la gente del Alto Valle, no solo la gente de Allen que en estos momentos está viendo los impactos de esta matriz. No nos olvidemos que en estos días hubo un nuevo accidente en Vaca Muerta en el cual murieron dos trabajadores porque también hay otros temas, yo lo digo en el libro y lo decimos también en otros materiales publicados colectivamente acerca del fracking que requiere del subsidio del Estado, no solo porque es antieconómico y costoso, sino que además es poco rentable en términos energéticos, ya que al cabo del segundo año los pozos de fracking producen el 50 % menos y exigen más perforaciones por los cuales los impactos socioambientales son aún mayores.

En esta línea en Argentina ha habido claramente en relación a Vaca Muerta un blindaje de la problemática que no se tematiza, pero ese blindaje no es solo socioambiental sino que también laboral, lo cual viene de la mano de la flexibilización laboral y eso ha aumentado notoriamente la tasa de accidentes ambientales y laborales con la muerte de trabajadores, por lo cual necesitamos incorporarlo a la agenda publica.

¿Se puede desarrollar una perspectiva antifracking, dejando los recursos como Vaca Muerta donde están, bajo tierra?

Yo creo que sí, que deberíamos dar un debate público sobre el tema en un contexto de crisis socioecológica a nivel planetario como el que vivimos, y si efectivamente la Argentina quiere cumplir con lo que suscribió en el Pacto de Paris, que es emitir menos gases de efecto invernadero para que el calentamiento global no supere el grado y medio o dos.

Si Argentina quiere cumplir con el Pacto de Paris debería dejar Vaca Muerta bajo tierra, todos los hidrocarburos que están en la cuenca neuquina bajo tierra. Y no olvidemos que Argentina tiene un gran potencial para energías limpias, para energías no renovables, como la eólica o la solar y este tipo de energías hoy en día son rentables económicamente. Hace diez años no lo eran pero hoy en día lo son.

Es necesario repensar el escenario de las energías renovables, pero no como lo hace el Gobierno actual bajo el marco de la concentración o la privatización, sino desde un punto de vista distinto que implique repensar el sistema energético como un bien común, pensarlo en la relación con el derecho universal de la gente a la energía.

Todo eso es conversable y podría abrirse una agenda publica en el cual es país se piense, no como una potencia energética exportadora al copas de la destrucción de sus territorios y la desposesión de los mismos, sean estos chacareros o comunidades indígenas sino a través de un concepto que ligue sobre todo bienes comunes y soberanía energética, me parece que esa es la clave para pensar efectivamente el cambio de matriz energética, no es algo imposible, no es algo utópico, pero debemos dejar de pensarnos como un país exportador de naturaleza que abastece supuestamente al mundo.

Publicado por La Izquierda Diario

Militares, policías y democracia

Por Raúl Zibechi

¿Es posible modificar   la cultura política y la actitud concreta hacia la población de las fuerzas armadas y policiales? A la luz de la experiencia reciente en Uruguay y Brasil, la respuesta es negativa. Luego de tres décadas y media de democracia y más de una década de gobiernos de izquierda, los aparatos represivos reafirman su papel tradicional y no están dispuestos a modificarlo.

Me referiré en particular a las fuerzas armadas, ya que tienen alguna especificidad respecto a las policiales. En Uruguay acaba de registrarse una crisis entre el gobierno de Tabaré Vázquez y el alto mando militar (por el encubrimiento por los mandos de torturadores y asesinos), que se saldó con el relevo en el Ministerio de Defensa y en la cúpula militar. Sin embargo, los problemas a los que me refiero no se relacionan con una u otro persona. Son estructurales.

El nuevo ministro de Defensa, José Bayardi, ofreció una entrevista en la que explica el inmovilismo por la endogamia de la familia militar. Las relaciones de los estudiantes militares, los cadetes y los oficiales se dan en entornos familiares que proceden de la misma profesión, explica (https://bit.ly/2GRl8Fi).

Eso explica, en su opinión, la enorme carga de los militares retirados sobre los oficiales más jóvenes en relación con un relato construido y difundido en los entornos cotidianos de los oficiales. Es imposible o muy difícil romper con el relato construido sobre los hechos de la dictadura, sin romper a su vez con los vínculos de relación familiares.

La izquierda en el gobierno desde 2005, sostuvo la necesidad de modificar la educación en las escuelas militares, algo que tampoco puso en práctica.

En Brasil sucede algo similar. Los militares justifican la dictadura, la niegan o la minimizan. No sólo los retirados que están en el gobierno de Jair Bolsonaro, que son los que pueden hacer declaraciones públicas, sino las propias fuerzas armadas como institución. Ellas jugaron un papel decisivo en el derrocamiento de Dilma Rousseff y en el encarcelamiento de Lula, de la mano del anterior comandante en jefe del Ejército, general Eduardo Villas Bôas.

La izquierda brasileña critica con dureza a Bolsonaro y al juez Sergio Moro, ahora ministro, lo cual es acertado. Pero no habla de la comunicación del general el día antes del juicio a Lula, el 3 de abril de 2018: Aseguro a la nación que el Ejército brasileño comparte el deseo y las ansias de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, la paz social y la democracia(https://bit.ly/2q4Iwq9). Fue una presión indebida sobre la justicia, pero representaba la opinión de las fuerzas armadas.

Me interesa constatar dos cuestiones centrales: que los aparatos armados del Estado no han cambiado y no tienen ni la intención ni la posibilidad de hacerlo, y que la izquierda no está debatiendo lo que hacer al respecto.

Sobre la primera cuestión, no podemos engañarnos, ya que el papel de los militares en la sociedad (al igual que si hablamos de las fuerzas policiales) no depende de tal o cual oficial, ni siquiera del gobierno de turno, porque responde a una cuestión estructural. Las fuerzas armadas pueden aceptar la democracia y aún las reglas de las instituciones democráticas, pero no van a cambiar sus modos y harán todo lo posible para neutralizar cualquier actitud del poder político que afecte sus intereses.

Coincido con las afirmaciones del ministro Bayardi en el sentido de la endogamia, como parte de la explicación del continuismo militar respecto a las dictaduras. En Brasil la dictadura terminó en 1985 (casi 35 años de democracia) y el PT gobernó entre 2003 y 2016. En Uruguay la dictadura terminó en 1984 y el Frente Amplio gobierna desde 2005. Ahora se reconoce lo evidente, que no hubo cambios en la mentalidad ni en la actitud de los militares, pese a que ambos gobiernos les han otorgado beneficios materiales importantes, tanto salariales como presupuestales para la modernización de las fuerzas.

La segunda cuestión es la izquierda. El problema es que no debatimos sobre las fuerzas armadas, quizá porque deberíamos entonces discutir sobre las continuidades en la cultura del poder judicial, de la policía, del parlamento, en fin, de todos los estamentos con poder que conforman la sociedad. Y por último terminaríamos debatiendo sobre las y los militantes de izquierda.

Lo más grave, a mi modo de ver, es que no sólo no debatimos sobre los armados sino que tampoco sabemos qué hacer. Los tiempos transcurridos en democracia y bajo gobierno de izquierda son suficientes para hacer balance. La realidad de estos dos países es la misma que la de todo el continente, más allá del color de los gobiernos.

Podemos seguir haciéndonos los distraídos, hasta que la falta de actitud se nos vuelva en contra. El problema de los cuerpos armados, su persistencia en el papel represivo contra los pueblos y poblaciones, nos está hablando de los límites que tiene administrar el Estado.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2019/05/10/opinion/019a2pol