Entrevista especial con Bruno Cava: Neoliberalismo y neokeynesianismo. Un círculo infernal cuya ruptura requiere una nueva imaginación política

Luchar por el retorno del modelo asistencialista es una nostalgia y representa un retraso. La nueva lucha debe ser por la Renta Básica Universal, dice el investigador.

Por: Patricia Fachin e João Vitor Santos.

Foto: Rovena Rosa – Agência Brasil.

Mientras que 40 millones de brasileños están desempleados y las proyecciones para 2021 estiman que el número de nuevos miserables en el país podría aumentar de 10 a 20 millones sólo este año, los políticos e intelectuales asociados a la izquierda y a la derecha siguen peleando en el debate sobre cuál es el papel del Estado y del mercado para hacer frente a la crisis económica, social y sanitaria que afecta al país. La respuesta a estos problemas no está en el libre funcionamiento del mercado y la eficiencia, ni en el Estado del bienestar fordista-keynesiano que entró en crisis en los años 70, porque «muchas propuestas neokeynesianas no son más que la vanguardia del atraso», advierte Bruno Cava en una entrevista por correo electrónico con IHU On-Line.

Crítico con la «dicotomía infernal entre neoliberalismo y neokeynesianismo» y desafiado a pensar «algo nuevo, con una nueva concepción del Estado y del mercado», Cava asegura que el reto del siglo XXI es el de la «imaginación política», es decir, proponer el «commonfare, o común», desde la institución de una Renta Básica Universal. «Falta imaginación política para ir más allá del mero reflejo defensivo, de las investigaciones reactivas que se limitan a diagnosticar un enemigo todopoderoso que nos amenaza por esto o por aquello. En la Renta Universal se inserta no sólo otro concepto de dinero, lo que llamamos biometálico, sino también una plataforma para la potenciación de otras luchas. Al igual que la política de Pontos de Cultura, podríamos pensar en un ecosistema regado por transferencias directas de democratización radical: Pontos de Salud do Comum, Pontos de Ecologia, Pontos de Mídia Livre, Pontos de Ação Cidadã, etc. Conjugando la transferencia de ingresos con la institucionalización de círculos multinivel de participación directa de quienes producen la propia vida social», dice.

Recientemente publicado junto con Giuseppe Cocco, Cava reflexiona sobre los problemas monetarios de nuestro tiempo y propone una alternativa a las teorías que encierran el dinero estrictamente al mercado y al Estado.

En la siguiente entrevista, comenta el libro en perspectiva con la crisis actual y llama la atención sobre los efectos generados por la distribución de la renta durante la pandemia. «Varios países del mundo experimentaron un programa de renta básica que tuvo efectos en múltiples dimensiones: mitigó la miseria y la pobreza, estabilizó la demanda sosteniendo el consumo y sostuvo el nivel de actividad económica dentro de un mínimo estructural, además de haber actuado como variable de estabilización política. (…) El debate sobre la naturaleza del dinero se ha vuelto neurálgico en nuestra actualidad, muy intenso, ganando espesor conceptual y penetración en la arena pública. Nuestro libro, sin quererlo, acabó inscribiéndose en un instante clave», dice.

Bruno Cava es licenciado en Ingeniería por el Instituto Tecnológico de Aeronáutica – ITA y en Derecho por la Universidad del Estado de Río de Janeiro – UERJ, de la que también es máster en Filosofía del Derecho, y ofrece cursos gratuitos presenciales y online, a través del canal Horazul (Youtube). Autor de varios libros, además del libro A vida da moeda. Crédito, imágenes, confianza (Río de Janeiro: MAUAD X, 2020), también ha publicado, entre otros, A multidão foi ao deserto (Annablume, 2013) y, con Alexandre Mendes, A constituição do comum (2017).

Vea la entrevista.

IHU On-Line – Ante una situación de crisis económicas y financieras recurrentes, ¿cuál es la importancia de reflexionar sobre la moneda, tema de su nuevo libro, La vida del dinero. ¿Créditos, imágenes, confianza?

Bruno Cava – Hace un año, habría sido inimaginable la proliferación de ayudas a la renta que se produjo a lo largo de la pandemia. Gobiernos que hace sólo unos meses tenían como agenda principal la imposición de medidas de austeridad, reducción del déficit de gasto y techos de gasto público, abrieron el grifo del presupuesto y emitieron un gran volumen de dinero para transferencias directas de emergencia a las poblaciones.

En Brasil, un gobierno cuyo ministro de economía es de la Escuela de Chicago fue capaz de promover el mayor programa de transferencias monetarias de la historia, ya que la ayuda de emergencia superó al Programa Bolsa Família en recursos y número de personas atendidas. Varios países del mundo experimentaron un programa de renta básica que tuvo efectos en múltiples dimensiones: mitigó la pobreza y la miseria, estabilizó la demanda sosteniendo el consumo y sostuvo el nivel de actividad económica dentro de un mínimo estructural, además de haber actuado como variable de estabilización política.

En este escenario, una serie de discusiones volvieron a la palestra: la Renta Universal, el Quantitative Easing for the People (QEP, una propuesta de Jeremy Corbyn), el helicopter money (Milton Friedman), la Modern Monetary Theory – MMT, además de la agudización de las polarizaciones entre keynesianos y fiscalistas sobre el papel del Estado en la promoción del desarrollo social y económico en un país tan desigual. El debate sobre la naturaleza del dinero se ha convertido en algo neurálgico en nuestro intenso debate actual, ganando grosor conceptual y penetración en la arena pública. Nuestro libro, sin quererlo, acabó inscribiéndose en un momento clave.

Hace un año, habría sido inimaginable la proliferación de ayudas a la renta que se produjo a lo largo de la pandemia – Bruno Cava

IHU On-Line – En el libro, usted menciona que para tener una mejor comprensión del concepto de dinero, es necesario considerar los diversos campos del conocimiento, como la sociología, la antropología, la teoría de la literatura, el cine y la comunicación, y no sólo la historia económica, la economía política o la filosofía de la economía. ¿Cómo limitan estos últimos campos nuestra comprensión del concepto y cómo amplían los primeros esta noción?

Bruno Cava – En su tratado sobre la historia del pensamiento económico, J. Schumpeter comenta cómo las teorías del dinero preceden y superan lo que, en la modernidad, se circunscribió como el campo epistémico de la ciencia económica. De hecho, la ciencia monetaria nació antes que la economía política moderna y ya implicaba densos debates desde al menos los Quinhentos europeos. En el libro se abordan de pasada algunas escuelas de pensamiento monetario, como la salmantina y la florentina. En la España del Siglo de Oro, el tema del dinero fue una preocupación central de los teólogos neotomistas de la contrarreforma, destacando las obras de Martín de Azpilcueta (1491-1586), el «Doctor Navarrus», que defendió el crédito-moneda frente a las prohibiciones de la Iglesia sobre lo que entendía como usura (en la bula «In eam pro nostro», el Papa Pío V condenó la práctica de las letras de crédito en su conjunto, por incurrir en el pecado de usura). Jean Bodin, el teórico del principio del soberano único, escribió una obra sobre la inflación y el dinero, en 1558, anticipando la Teoría Cuantitativa (que sería formulada sólo siglos después, por John Locke y David Hume) y también podemos encontrar en el Leviatán de Hobbes (1651), un pasaje en el que describe el funcionamiento del dinero como un flujo, a través de la metáfora de la circulación de la sangre. Entender el dinero es un poderoso tónico del pensamiento.

El dinero tiene esa cualidad única de ser intuitivo y sencillo de entender en su uso, pero al mismo tiempo vertiginosamente complejo cuando se intenta abarcarlo mediante un concepto. De ahí que inspire tantas elaboraciones procedentes de los más diversos campos del saber: la dimensión de los intercambios en Mauss o Lévi-Strauss, del don y del gasto en Bataille, la filosofía del dinero de Georg Simmel, la imagen-dinero en Gilles Deleuze, las reflexiones sobre la moneda falsa en Charles Baudelaire, Jacques Derrida o Jean-Joseph Goux, la crítica a la estructura fetichista de la sociedad capitalista en el marxismo, etc. Giuseppe y yo intentamos hacer justicia a este pluralismo de enfoques para abrir los caminos del pensamiento en un trabajo preparatorio.

Planteamos el problema de otra manera: cómo las transformaciones del modo de funcionamiento del dinero transforman los conceptos de Estado y mercado, y la propia relación de interpenetración dinámica entre Estado y mercado – Bruno Cava

IU en Línea – ¿Cuáles son los principales tópicos y confusiones entre quienes critican el mundo financiero y el dinero?

Bruno Cava – Tomando un horizonte a largo plazo, identificamos dos polos-tendencias en el debate general en torno al dinero, el mercado-céntrico y el estado-céntrico o cartalista. La primera es la que piensa en el dinero como una criatura del Mercado, como resultado de la necesidad de desarrollar intercambios entre los seres humanos. Una formulación clásica de esta teoría genética, que va del trueque al papel moneda, se encuentra en el libro Sobre los orígenes del dinero (1886), de Carl Menger, el fundador de la Escuela Austriaca de Economía. La segunda se opone a ello, ya que considera que el dinero es una criatura del Estado. Una obra seminal de los cartistas es La teoría estatal del dinero (1905), más vinculada al historicismo alemán y cuya última dentición es el MMT.

En el libro que publicamos, explicamos cómo ambas tendencias tienen un momento de verdad, ya sea histórico o teórico, en la medida en que el dinero es un fenómeno complejo y no admite un despliegue lineal desde un único punto de origen (lo que Nietzsche llamaría la lógica del Wunder-Ursprung, que busca metafísicamente la alta esencia de la cosa en sí misma en la fuente milagrosa). Sin embargo, en lugar de intentar descifrar cómo el Estado y el mercado generarían dinero, planteamos el problema de otra manera: cómo las transformaciones del modo operativo del dinero transforman los conceptos de Estado y mercado, y la propia relación de interpenetración dinámica entre Estado y mercado, ya que Estado y mercado son también entidades históricas contingentes en constante variación entre sí. Para ello, en una primera parte, el libro sobrevuela la historia de la remonetización europea desde el siglo X hasta la Segunda Revolución Industrial (siglo XIX); y, en la segunda, se presenta una visión lateralizada de las aportaciones procedentes de la teoría de la literatura, el cine, la filosofía y la antropología.
Clichés

Los clichés y las caricaturas se derivan generalmente de la absolutización de un polo-tendencia. Habrá quienes consideren que el mercado es una ilusión provocada por el endiosamiento del intercambio, cuando en realidad lo que rige el comercio y la producción son las dinámicas de poder, que es la caricatura antimercadocéntrica; y quienes consideren que el Estado es sólo una fachada para la defensa de los intereses privados y, en este sentido, una forma ilegítima de apalancar su propia posición competitiva en el mercado, que es la caricatura antiestatista. En La vida del dinero, sorteamos estos dos reduccionismos, criticándolos, cosiendo los polos-tendencias en un tapiz histórico y conceptual.

Keynes sólo intentaba salvar lo insalvable y las reformas keynesianas tuvieron y suelen tener una vida corta – Bruno Cava

IU On-Line – Por otro lado, ¿cuál es su crítica a la división que algunos teóricos hacen entre dinero y producción, o economía real y economía ficticia, refiriéndose al mundo productivo y al mundo financiero? ¿Cuáles son los problemas de este tipo de lectura general?

Bruno Cava – La base conceptual de esta división entre real/ficticio está en el Romanticismo alemán, cuya figura filosófica principal fue Hegel, en el paso del siglo XVIII al XIX. Hasta esa época, el dinero se intentaba fundamentar en entidades materiales: los renacentistas lo hacían en el metal precioso, los mercantilistas en el comercio internacional y los fisiócratas en la productividad natural de la tierra. El paso al siglo hegeliano conduce a la dinamización del lastre de una sustancia física en una actividad inmaterial constitutiva, es decir, nace el concepto de trabajo, la objetividad captada en proceso, en la marcha de sus determinaciones. Y el trabajo siempre está referido a la finitud del ser humano, porque el cuerpo es limitado, tiene un límite de desgaste, una vida finita, un consumo de energía que, con el tiempo, lo devora y destruye. Esto conduce al pesimismo de los economistas políticos, porque transponen la finitud inherente al trabajo al límite histórico del desarrollo productivo de los recursos: las trampas del equilibrio de Adam Smith, el horizonte de estancamiento terminal de David Ricardo, la catástrofe demográfica de Thomas Malthus, y también la inexorable crisis y catástrofe del capitalismo, para Karl Marx.

La consecuencia lógica en el concepto de dinero es asignar una medida de correspondencia real al dinero. Cuando el dinero corresponde a la medida de la actividad productiva, es decir, a la posibilidad de movilizar la capacidad ociosa, es beneficioso para la economía real. Sin embargo, cuando hay más dinero que producción posible, entonces el dinero se convierte en falso, lo que lleva a la depreciación de la moneda. De ello se desprende la separación entre buenas y malas finanzas: las primeras son adecuadas a la movilización productiva potencial en una etapa determinada de desarrollo de las fuerzas productivas; las segundas son excesivas y terminan en el casino de la especulación y el capital ficticio de los rentistas parasitarios.

La culminación lapidaria de este esquema se encuentra en la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero de J.M. Keynes (1936). Para salvar el capitalismo en crisis, Keynes defiende como respuesta a los dilemas la reorganización de un Estado capaz de estimular y coordinar la producción, mediante la promoción de la demanda agregada, para provocar sistémicamente la «eutanasia del rentista». Obsérvese cómo el dinero es una variable subordinada y dependiente de la producción y del trabajo/empleo, como herramienta para combatir las crisis del capitalismo.

En el libro, apoyado especialmente en los trabajos de Jean-Joseph Goux, mostramos cómo hay un giro posthegeliano en la economía de los signos, a lo largo de la década de 1870, que ya anticipa lo que se ha dado en llamar «posmodernidad» y que rastreamos en múltiples frentes paralelos: en la revolución marginalista en la ciencia económica, en el movimiento impresionista en la pintura, en las innovaciones formales de la novela realista, así como en el martillo filosófico de Friedrich Nietzsche. Después de esta revolución, hay una nueva objetividad dada por la intensidad del deseo, que desindexa el dinero de la producción y cortocircuita el intento de anclar las finanzas y el dinero en la producción y la industria. Entendemos que así ha funcionado el modo capitalista a lo largo del siglo XX y XXI: Keynes sólo pretendía salvar lo insalvable y las reformas keynesianas eran y suelen ser efímeras.

Queremos abrir una vía de escape para que el dinero no se reduzca exclusivamente a una criatura del capitalismo fetiche, que el dinero no tenga simplemente la cara del patrón – Bruno Cava

IHU On-Line – ¿Por qué el dinero fue visto como el gran villano de las relaciones humanas y por qué, en su evaluación, esta comprensión es errónea? ¿Cuál es la centralidad de las teorías de Marx para que prolifere esta visión sobre el dinero?

Bruno Cava – De los textos de Marx es posible deducir dos conceptos completamente distintos sobre el dinero. En esta respuesta sólo abordaré el primer concepto, porque es el que aparece en la obra más difundida, Das Kapital, y porque las teorías críticas marxistas lo adoptan como presupuesto fundamental. Me refiero a la crítica del fetichismo de la mercancía que Marx emprende en los estudiados tres primeros capítulos de la Parte I de El Capital. El dinero aparece allí como un momento indispensable en la constitución del proceso del capital, porque el capital necesita conmensurar el valor de las cosas y el valor del trabajo. Es decir, para constituir una sociedad guiada por la producción de mercancías, es necesario que el trabajo humano se encapsule también como mercancía.

La antropología eurocéntrica del siglo XIX atribuía el primitivismo a los pueblos no occidentales por idolatrar objetos. De manera irónica, Marx quiere mostrar cómo los occidentales civilizados tienen su propio fetiche: la idolatría del dinero. Atribuimos un quantum de dinero a los productos y al trabajo como si fuera una propiedad mágica añadida al uso concreto de la cosa. Esto es una ilusión sólo en la medida en que es una ilusión objetiva (ideología), porque hay un dinamismo en el proceso que se manifiesta concretamente en las relaciones entre las personas.

Marx elaborará el dinero no sólo como equivalente general de conmutación de los productos del trabajo, sino también como palanca para deflagrar el trabajo, en forma de inversión en capital. Con la formación de la sociedad capitalista, el dinero se convierte en capital, adquiriendo una función que no tenía, es decir, impulsar la contradicción. Por tanto, Marx vincula la forma del dinero a la forma del capital y, en este sentido, la cara del dinero será siempre la del patrón. Pero no el jefe personalizado que se opone al servidor externo.

La conversión de la relación directa de mando en la relación indirecta del salario interioriza la figura del patrón, en la relación social del trabajo. En otras palabras, para Marx, la peripecia dialéctica consiste en que el dinero permite que la subordinación al patrón se experimente como libertad de trabajo, porque olvidamos el momento de explotación que está contenido en la totalidad de las relaciones capitalistas. Aquí está la explotación, una relación impersonal, estructural y vivida como autonomía individual (en inglés, la palabra «free» mantiene la ambigüedad: trabajo libre o gratuito). Para Marx, el dinero es funcional para formar la estructura fetichista de la sociedad capitalista.

Un pensador de la Escuela de Fráncfort, Alfred Sohn-Rethel (1899-1990), lleva la crítica del fetichismo más allá para identificar en él una estructura del propio pensamiento. En la medida en que actuamos socialmente como si las cosas estuvieran dotadas de una propiedad mágica, nuestra acción social realiza esta propiedad en la práctica, dotándola ipso facto de una concreción. Sohn-Rethel explica entonces cómo el propio pensamiento implicado en las relaciones sociales capitalistas contiene una verdad procesal. El capital-dinero altera la propia forma de pensar en Occidente, aunque no sea de forma consciente.

En La vida del dinero, entendemos que, metodológicamente, se dio un gran paso por parte de Marx y la Escuela de Frankfurt. Consiste en formular no una reflexión más sobre el dinero, como objeto externo al sujeto que piensa, sino cómo el dinero condiciona la matriz misma de las reflexiones, con un vínculo interno entre el pensamiento y el dinero. Nuestra diferencia es que, en lugar de una evolución histórica irreversible que hace del dinero un momento de la constitución progresiva de la explotación a nivel mundial (del metabolismo del mercado global), vemos que el dinero no está totalmente enjaulado en la forma dialéctica del capital.

Para ello, volvemos a un enigmático texto de Pierre Klossowski de 1970 (La moneda viva, prologado laudatoriamente por Foucault y marco teórico del llamado postestructuralismo francés), para problematizar el concepto de fetiche e identificar un proceso deseante que excede las capturas dialéctico-capitalistas. Queremos abrir una vía de escape para que el dinero no se reduzca exclusivamente a una criatura del capitalismo fetichista, que el dinero no tenga simplemente la cara del patrón. Esto es sólo una parte de la historia.

Ya estamos vendiendo nuestros cuerpos si pensamos en cómo nuestras propias cualidades personales y capacidades semicorporales son la base de la valorización del trabajo en el mercado – Bruno Cava

IHU On-Line – En el libro, usted dice que con el giro afectivo, cognitivo y mediático del capitalismo, el dinero ya no es una mediación alienante de las relaciones entre los seres humanos, sino que los cuerpos, a su vez, se convirtieron inmediatamente en dinero. ¿Puede explicar cómo se produjo este proceso?

Bruno Cava – En La moneda viva, Klossowski pide al lector que haga un ejercicio mental. Aparentemente, lo que sigue se enmarcaría en el género de la literatura utópica, según la tradición de los literatos libertinos de los países católicos del siglo XVIII. El ejercicio consiste en imaginar una sociedad en la que, como medio de pago, las personas tuvieran un derecho directo al uso de los cuerpos de los demás. El conjunto de afectos que constituyen el cuerpo serviría de moneda. Es decir, se prescindiría de la mediación del dinero que interpone el momento de la autonomía de la voluntad respecto al propio cuerpo, según el principio de la sociedad moderna de que somos libres de conceder o negar a otros el acceso a nuestro propio cuerpo. A continuación, Klossowski advierte al lector que esto ya está ocurriendo y que el ejercicio es realista. ¡¿Pero cómo?! Con el giro afectivo del capitalismo, nuestras cualidades relacionales, afectivas y cognitivas están cada vez más implicadas en el proceso de valorización.

A finales de los años sesenta, asistimos al auge de la cultura de la celebridad, a la valorización del cuerpo en la publicidad y al paso de la centralidad del trabajo material marcado por el resultado objetivo producido (fordismo), al trabajo inmaterial en el que predominan la imagen, el estilo, el cuidado y el valor afectivo (posfordismo). Ya estamos vendiendo nuestros cuerpos si pensamos en cómo nuestras propias cualidades personales y capacidades semicorporales son la base de la valorización del trabajo en el mercado. Las vidas se están volviendo «instagrameables», colocando nuestro cuerpo-imagen-cerebro como el principal activo. Se trata de una tendencia que ya aparece en la literatura filosófica francesa de los años setenta, a partir de la obra de Klossowski, por ejemplo en el Antiedipo (1972) de G. Deleuze y Félix Guattari.

Esto también conduce a una mutación de la naturaleza del dinero. Si deja de ser una mediación para el intercambio de la libertad sobre el cuerpo por una inversión directa del cuerpo en el proceso del capital, entonces la reapropiación del dinero también deja de ser una reapropiación del propio cuerpo, desenganchándolo de la dinámica de la captura. El antagonismo deja de elaborarse como una lucha extrínseca entre el cuerpo del trabajador y el cuerpo del patrón, porque fuimos producidos como cuerpos (haces de afectos) ya dentro de la máquina capitalista. La disputa se sumerge entonces en el propio cuerpo, intrínsecamente, como liberación de la tendencia a la captura. Uno de los trabajos teóricos más brillantes que aborda esta cuestión, en sintonía con las reflexiones de Klossowski en cierta medida, se encuentra en Paul Preciado. En otro tono, por así decirlo pesimista, también en la obra de Franco Berardi.

Las vidas se están volviendo «instagrameables», poniendo nuestro cuerpo-imagen-cerebro como principal activo – Bruno Cava

IU On-Line – También dices que entender cómo funciona el dinero «es una tarea preparatoria esencial para quienes quieran pensar en los problemas de nuestro tiempo y formular propuestas para las urgencias sociales y económicas que nos aquejan». ¿Puede explicar esta idea? ¿En qué consiste esta comprensión y cómo permite formular propuestas para los problemas de nuestro tiempo?

Bruno Cava – Cada vez que se discute una política, la primera objeción es: ¿quién pagará esto? ¿De dónde viene el dinero? Podríamos responder: ¿de dónde salió el dinero de la ayuda de emergencia en Brasil? ¿Y los préstamos del banco? ¿Tiene el banco todo ese dinero ofrecido como crédito en una caja de seguridad, como el tío Scrooge? Otra cuestión importante: ¿a dónde va el dinero? Digamos que la persona recibe una transferencia directa y utiliza el dinero. Bueno, sigue circulando. El dinero es una circulación permanente, mucho más un flujo que una acción. La idea de dinero no es más que un recorte estático de una película, que es el torrente monetario ininterrumpido que constituye el sistema internacional.

Como en la película «Cosmópolis» (2014), de D. Cronenberg: la pantalla verde con las cotizaciones bursátiles no se detiene ni un segundo, van fluyendo, escurriendo, como la limusina del protagonista por el bullicio de la ciudad. El médico y teólogo Miguel Servet describió por primera vez la circulación sanguínea, la diferencia entre sangre arterial y venosa y el intercambio de oxígeno, y fue perseguido por católicos y protestantes hasta que fue ejecutado en la Ginebra calvinista de 1556. Thomas Hobbes explica el funcionamiento del dinero haciendo una analogía con la teoría de Servet: el dinero es la sangre y algo ocurre dentro de ella, que la lleva o la descarga de un excedente.

En el libro, Giuseppe Cocco y yo aprovechamos esta concepción hobbesiana, porque el dinero es inextricable de los vivos, como el oxígeno de la sangre. Es la intensidad deseante la que lleva el dinero de un excedente y hace que anime el cuerpo. El intercambio energético de oxígeno tiene lugar entre singularidades, como redes de colaboración de producción biopolítica. Por eso defendemos con ahínco los programas de transferencia de ingresos. Oxigenan los tejidos sociales de la multitud, provocando efectos multiplicadores de flujo de plusvalía. En esto, divergimos tanto de los que entienden que es el Estado el que bombea la sangre (cartalistas, MMT) como de los que lo ven surgir espontáneamente de un espacio de competencia bien diseñado (neoliberales). El dinero vivo, arterial, resulta del efecto molecular de los pulmones de la multitud, para prolongar la analogía con la obra del aragonés inmolado.

Es la intensidad deseante la que lleva el dinero de un excedente y lo hace animar el cuerpo – Bruno Cava

IHU On-Line – También mencionas que «la crítica al neoliberalismo y a las políticas de austeridad o a los ajustes estructurales llega a su límite dentro de su propia perspectiva, como un problema interno a la propia percepción. Se critica la economía neoliberal en nombre de la economía pre-neoliberal, cuya crisis fue la que impulsó la situación a los dolores y conflictos de la reestructuración, de la que surgió, en su proceso histórico, el actual marco macroeconómico». ¿Dónde están los límites de la crítica al neoliberalismo y a las lógicas de la austeridad y los ajustes fiscales? ¿Qué revela la crítica actual a estas lógicas?

Bruno Cava – Tal y como lo expresó Giuseppe Coccopontuerto en una reciente entrevista con IHU On-Line, se debe a que, en términos de macroeconomía, lo que hoy pasa por progresista e izquierdista coincide con lo que era la práctica hegemónica durante el periodo de la administración Nixon, a principios de los años 70, cuando pronunció la famosa frase de que «ahora todos somos keynesianos». La propuesta de reajustar el papel del Estado a la condición de proveedor de servicios públicos, sanidad y educación gratuitas y de calidad es la promesa del Estado del bienestar fordista-keynesiano que entró en crisis a mediados de esa década.

Lo que pasa por progresista, en realidad, es un retroceso a una época anterior y, en este sentido, muchas propuestas neokeynesianas no son más que la vanguardia del atraso. Como si la debacle de las instituciones del estado de bienestar se hubiera disuelto simplemente por la acción del capitalismo, como una victoria triunfal del capital sobre la clase. Nos correspondería entonces atrincherarnos en los últimos bastiones del modelo asistencialista y, concomitantemente, luchar por su retorno. Es la posición nostálgica de un David Harvey.

El problema del estado del bienestar es el estado, el «estado». La formación histórica del Estado durante el período de los gloriosos años 30 en el Norte fue la de un Estado-Plan, que planificó la movilización y el reclutamiento del trabajo colectivo de masas. Es el período de la gran industria subvencionada por las políticas públicas, como motor de la inserción nacional en la globalización del capitalismo fordista. Las grandes unidades productivas concentraron la fuerza de trabajo. Fue esta organización la que propició la ampliación productiva al consumo de masas y la generalización de los servicios para la clase trabajadora, en el Norte Global, en el período que se conoció como los Treinta Gloriosos del capitalismo. Sólo que este periodo dorado tiene un lado oscuro, que es el formateo disciplinario de la vida, el envilecimiento sistemático de las minorías y el pacto neocolonial que hizo de los países no alineados en la Guerra Fría depósitos de mano de obra barata y recursos naturales para el desarrollo de los centros dinámicos de la economía mundial.

El problema del Estado del bienestar es el Estado, el «Estado» – Bruno Cava

El ciclo de luchas de 1968, ese largo arco de ebullición general de los pueblos, fue por tanto antidisciplinario, antifascista, minoritario y anticolonial. Esta reanudación de la iniciativa de clase, por otros medios, en otros términos, afirmaba su autonomía respecto a la gran unidad disciplinaria de los trabajadores: el sindicato, el partido obrero, la fábrica de producción en serie, los suburbios residenciales, etc. El Estado llano se deshace en luchas hasta llegar a una situación terminal, que se resuelve a finales de los años 80 con la reestructuración neoliberal, monetarista y fiscalista.

El problema de combatir teórica y políticamente la austerocracia imperante con el estado de bienestar es triple. En primer lugar, por no tener en cuenta cómo el Estado del bienestar fue objeto de contestación durante décadas de luchas en múltiples frentes. En segundo lugar, por no considerar la impracticabilidad de volver al mundo fordista, cuando el circuito de valorización ha cambiado de arriba abajo, en la economía del conocimiento, en la lógica inmaterial, cognitiva y afectiva que produce tecnologías, estilos de vida y mundos imaginarios. En tercer lugar, al no tener en cuenta que el neoliberalismo se consolidó sobre la debilidad de las respuestas fordistas-keynesianas para hacer frente al mundo posterior a 1968, por lo que es sencillamente ineficaz devolver al neoliberalismo precisamente lo que ha aprendido bien a desactivar y superar. Se necesita algo nuevo, con una nueva concepción del Estado y del mercado. Es en este desafío de la imaginación política implicada en los movimientos que el campo operístico contemporáneo (con el que Giuseppe y yo estamos asociados teóricamente) ha estado proponiendo el commonfare. Como una superación del ideal del propio Estado Welfarista, aunque, en el complejo de los hechos, ya no exista.

Muchas propuestas neokeynesianas no son más que la vanguardia del atraso – Bruno Cava

IHU On-Line – También dices que «lo que en la época de Nixon era el discurso del capital, hoy, medio siglo después, se presenta en el debate público con un aire de crítica radical. Lo peor no es la ironía de esta observación, sino el hecho de que, con esto, la crítica ni siquiera toca los problemas económicos y monetarios de 2020». ¿Cuáles son los problemas económicos y monetarios de nuestro siglo?

Bruno Cava – Durante su gobierno en Estados Unidos (1969-74), al final de los Treinta Gloriosos, el republicano conservador Richard Nixon se declaró intervencionista en materia económica. Le atribuyen la frase «Ahora todos somos keynesianos». Keynes tenía una extraordinaria perspicacia y, ante la crisis de la economía mundial de 1929, se dio cuenta del grave problema que planteaba el liberalismo clásico del laissez-faire. Existiría una tendencia al estancamiento interna al funcionamiento del capitalismo, ligada al hecho de que la competencia dio paso a la inversión segura de la renta. La tasa de rendimiento fue disminuyendo y esto condujo a una espiral de recesión, provocando desempleo y crisis social. En este sentido, Keynes es un liberal como Smith o Ricardo, que se da cuenta de cómo el mercado capitalista abandonado a su suerte no conduce a la optimización automática, sino a la competencia disruptiva o al estancamiento. Su propuesta es sencilla: necesitamos un agente externo, un poder económico moderador, que pueda intervenir para garantizar la ventaja de invertir y tomar la iniciativa.

De ahí que el dinero sea un instrumento para promover la inversión y el consumo, para movilizar la riqueza, no para permitir que se deposite en un rentista tan seguro como inmovilista en la economía. El Estado keynesiano es un Estado que pisa el acelerador para ir cuesta arriba y el freno para ir cuesta abajo, calibrando el nivel de inversión pública en la medida necesaria para aumentar o reducir la demanda. Tenemos así una concepción de la planificación económica basada en agentes públicos disociados de la lógica del mercado, en una fuerte regulación del mismo.

Cada vez que se producen crisis económicas, como en los años 70 (crisis del fordismo), 2008-10 (subprimes y deuda soberana europea) o 2020 (la pandemia del covid-19), los gobiernos se ven obligados a recurrir a las recetas keynesianas para contener la espiral recesiva y reactivar la demanda decreciente. Este es el a-b-c macroeconómico que cualquier gobierno, de izquierdas o de derechas, no dudará en adoptar para tratar de renormalizar el funcionamiento de la economía. Cómo estas propuestas keynesianas destinadas a rescatar al capitalismo de su crisis pudieron asumir un aire de subversión y crítica radical es un gran enigma para nosotros.

Lo comentamos en el libro anterior, El rompecabezas de los sin forma (2018) y, de forma más suelta, en El nuevo neoliberalismo y el otro (2018), en el que atribuíamos este fenómeno al hecho de que existe una disociación estanca entre neoliberalismo y neokeynesianismo, como si fueran dos gigantes en perpetuo enfrentamiento. En ese libro, desarrollamos cómo no hay contradicción entre el neoliberalismo y las teorías de Keynes. Muy al contrario, a pesar de que Keynes es la némesis declarada de los autores neoliberales, no es posible pensar la economía global sin entender el reposicionamiento estratégico de los Estados, al servicio de la dinámica de la globalización polarizada por Estados Unidos y China. Esto último no es lo otro de lo que sería un neoliberalismo occidental tout court, sino su presupuesto metabólico, desde al menos la costura de la alianza sino-americana que Nixon empezó a tejer con Mao Zedong. Los problemas monetarios de este siglo radican en la dificultad para salir de esta dicotomía infernal entre neoliberalismo y neokeynesianismo, para liberar la dinámica biopolítica del dinero (Moneda Viva) de la doble captura del mercado y del Estado. Sólo pudimos esbozar líneas generales, pero convergimos en un programa de programas, que es la Renta Universal.

No hay contradicción entre el neoliberalismo y las teorías de Keynes – Bruno Cava

IU On-Line – ¿Cuáles son los retos para revertir los problemas monetarios de nuestro tiempo en formas de garantizar políticas de bienestar social, como una renta básica universal, por ejemplo?

Bruno Cava – Hay una discusión profunda y minuciosa para un proyecto de reforma tributaria, previsional y administrativa del Estado brasileño, según diversas coloraciones político-ideológicas. Estos debates son relevantes en el ámbito especializado y en el académico. Sin embargo, lo que realmente puede provocar el cambio son las luchas que llevan a las instituciones a cambiar. La democracia no puede lograrse sin la movilización social, con diferentes niveles de organización y producción colectiva de herramientas, contenidos y medios de comunicación. Desgraciadamente, tras un periodo de gran agitación durante el ciclo de la Primavera Árabe, la izquierda más globalista y aireada parece haberse atrincherado junto a los partidos y representantes del viejo progresismo, acobardados ante lo que sería una ola bárbara. Mientras tanto, los nuevos derechistas se mueven a lo grande, disfrutando del malestar social que sigue siendo bastante intenso en Brasil y más allá.

En la Renta Universal se inserta no sólo otro concepto de dinero, lo que llamamos biometálico, sino también una plataforma para la potenciación de otras luchas – Bruno Cava

Nos falta imaginación política para ir más allá del mero reflejo defensivo, de la investigación reactiva que se limita a diagnosticar un enemigo todopoderoso que nos amenaza por esto o aquello. En la Renta Universal se inserta no sólo otro concepto de dinero, lo que llamamos biometálico, sino también una plataforma para la potenciación de otras luchas. Al igual que la política de Pontos de Cultura, podríamos pensar en un ecosistema regado por transferencias directas de democratización radical: Pontos de Salud do Comum, Pontos de Ecologia, Pontos de Mídia Livre, Pontos de Ação Cidadã, etc. Conjugando la transferencia de ingresos con la institucionalización de círculos multinivel de participación directa de quienes producen la propia vida social.

Alexandre Fabiano Mendes, en su investigación, ha desarrollado cómo hay tres olas de democratización institucional a la luz de las mutaciones del mundo del trabajo.

La primera es asistencialista, en la que la ciudadanía está ligada al consumo y a la recepción de los bienes y servicios ofrecidos.

La segunda es la participativa, que vivió su momento de oro durante algunas administraciones municipales a finales de los años 90, y que implica la asociación entre el Estado y la sociedad civil organizada.

La tercera es el Común, una democracia constituyente en la que el Estado se disuelve en la red de singularidades, en movimientos que producen instituciones del común. Este horizonte del que ya están preñadas las formas de vida (el sujeto histórico implícito en los resortes es la multitud, que el capitalismo cognitivo explota), depende de esta capacidad de poner en marcha la imaginación más allá de los debates especializados, como una reorganización a partir de territorios y redes.

Experiencias de este tipo, aún incipientes, fueron puestas en práctica por laboratorios del procomún durante el largo junio brasileño, y podemos destacar el caso del ecosistema activista en la metrópoli de Belo Horizonte. La lucha por la Renta Universal, un programa de programas, tiene ese potencial de universalizar en lo concreto las más diversas luchas dentro del paradigma de la democracia constituyente, alcanzando el «tercer margen» de Alexandre F. Mendes, a la altura de lo que podemos soñar y realizar.

Nos falta imaginación política para ir más allá del mero reflejo defensivo, de la investigación reactiva que se limita a diagnosticar un enemigo todopoderoso que nos amenaza por esto o aquello – Bruno Cava

IU On-Line – La emisión de dinero es vista por los gobiernos y algunos economistas como un riesgo de alimentar la inflación. ¿Está de acuerdo? ¿Cuáles son los pros y los contras de la emisión de dinero en el contexto actual?

Bruno Cava – Existe un riesgo de inflación siempre que se emite dinero sin confianza. El error está en la fuente de confianza. Los neoliberales vinculan la confianza a la idea de credibilidad nacional que da la adopción de medidas de austeridad. Cuanto más sea capaz el gobierno de reducir el déficit público y aliviar la presión fiscal, más fiable será para las instituciones diseñadas por el neoliberalismo, como el Fondo Monetario Internacional – FMI o la Troika europea. Los cartalistas, por su parte, aunque rechazan el concepto de confianza por ser metafísico, asumen sin embargo un concepto de credibilidad, ya que entienden que cuanto más fuerte es el país, más puede emitir créditos. La moneda podría emitirse hasta alcanzar la capacidad productiva ociosa del país, generando empleo, movilizando la mano de obra y la industria que, de otro modo, estaría atascada por falta de inversión. El lastre de la moneda, en este caso, es el potencial embalsado de la producción y el trabajo.

Los economistas de la MMT vinculan el gasto deficitario al fomento del empleo, es decir, la variable de estabilización macroeconómica no es la inflación sino el nivel de ocupación de la población económicamente activa. Habría que invertir en proyectos gubernamentales para generar empleo hasta llegar al paro cero, y entonces la inflación pasaría a ser una preocupación. Y más: lo que controla la inflación, para los MMTistas, es la fiscalidad, porque los impuestos sacan el exceso de dinero de la circulación, y no los recortes presupuestarios. En su diagnóstico, habría un gran espacio fiscal por explotar que no se aprovecha sólo por el interés de los buscadores de rentas en mantener el dinero inmovilizado e improductivo, o según el mecanismo de la trampa de la liquidez descrito por Keynes. Hay un componente sinófilo de la TMM cuando se importa al tercer mundo, cuando vemos en China un modelo de soberanía monetaria: el dinero se emite para promover el crecimiento y no al revés, no es el crecimiento el que condiciona el aumento de la masa monetaria.

El dinero alimenta la confianza en la productividad social de las redes de colaboración, en el emprendimiento difuso, porque cree en la capacidad de las propias personas para organizarse y movilizarse productivamente – Bruno Cava

En nuestro libro, en cambio, trabajamos con el concepto de confianza, pero sin vincularlo a la idea de una credibilidad dictada desde arriba, por ejemplo, por las agencias de calificación de riesgo de los países o los fondos de ayuda internacional. Entendemos que el dinero-crédito presupone la confianza, porque deriva su valor de las relaciones, incluido el futuro implícito en estas relaciones. El gobierno de Dilma fracasó porque las enormes inversiones públicas en empresas de los campeones nacionales resultaron ser un drenaje perverso para la reinversión electoral o para la más baja picardía, como en el caso de Cabral. Mientras tanto, el crédito público se otorgaba sin siquiera un criterio de eficiencia. Todo esto no produjo resultados que trajeran confianza social, y las revelaciones de Lava Jato, por lo demás totalmente ciertas, terminaron por fulminar la confianza en el dinero manipulado por el gobierno brasileño. En gran parte, la crisis que disolvió la confianza en las instituciones de 2015-17 y alimentó el suelo de los movimientos antipolíticos tiene su origen en este fracaso de un gobierno que no supo dotar a la moneda de confianza y verdad. La moneda traficada por Brasil Maior era como un billete de tres reales. Frente a esto, los programas de transferencias directas, como Bolsa Família y las ayudas de emergencia, o los programas de transferencias directas cualificadas, como los Pontos de Cultura en la época del ministerio de Gilberto Gil, muestran la otra vía, la segunda vía del Común.

El dinero alimenta la confianza en la productividad social de las redes de colaboración, en el emprendimiento difuso, porque cree en la capacidad de las propias personas para organizarse y movilizarse productivamente. Más allá de una organización fordista de arriba abajo, en un proyecto gubernamental o incluso en una fábrica de automóviles, para que la gente tenga las condiciones para convertir la precariedad en creatividad, y la inseguridad económica en una oportunidad de reconstruir la autonomía para crear. Los estudios sobre los resultados del Programa Bolsa Família en Brasil se utilizan en todo el mundo como una política buena y barata para el desarrollo social y económico. El siguiente paso es la Renta Universal, a la que tenemos el privilegio de atrevernos aquí en Brasil.

Cuando el Papa apunta a una «economía de Francisco», imagino que hay que radicalizar las delineaciones de la doctrina oficial de la Iglesia y de la encíclica Fratelli Tutti, para restablecer un vínculo interno entre pobreza y militancia – Bruno Cava

IHU On-Line – ¿Cómo ve los discursos del Papa Francisco en defensa de una nueva economía?

Bruno Cava – El Papa hace muchas menciones a San Francisco de Asís y a la Doctrina Social de la Iglesia. En este aspecto, sigo un atisbo de Toni Negri y Michael Hardt, en Imperio. Comparan la figura del militante comunista con la del santo católico. El militante es como un Francisco que deambula, sumergiéndose en la vida de la multitud, experimentando sus diferentes facetas. El militante es alguien que se mezcla con lo diferente, que no rehúye sumergirse en los usos simples, en las cosas prácticas. Desligados de la posesión, utilizarán las cosas del mundo y compartirán sus usos con los demás, un uso que es agregativo y amoroso (véase también La más alta pobreza de Giorgio Agamben). Esta dimensión de una forma de vida desvinculada de los grandes proyectos y de la elocuencia de las grandes narrativas, al mismo tiempo que junto a los que aguantan y resisten, me parece una dimensión un tanto olvidada en la parte del activismo que actualmente está tan arraigada.

Hay una obsesión normativa que delimita las burbujas y pontifica lo que debe ser y lo que no, lo que puede y lo que no. Los bolsonaristas, los lulistas, la izquierda o la derecha. Pongo como ejemplo la huelga de camioneros. Si en el ciclo de ocupaciones brasileñas (2010-14) y durante las jornadas de junio pudimos mezclarnos, el amplio movimiento huelguístico de los autónomos se mostró casi inaccesible a la militancia mínimamente organizada. Recuerdo bien, en 2013, cómo viajaba y circulaba por ahí, suelto, con la capacidad de entretener conversaciones con todo tipo de personas. Eso, me parece, se ha perdido entre las guerras culturales y los realineamientos electorales desde 2014. Es como si perdiéramos el suelo por el que caminábamos y el propio caminar, para encontrar el Común, más allá de la apropiación del mercado o del aparato partidocrático.

Cuando el Papa apunta a una «economía de Francisco», imagino que hay que radicalizar las delineaciones de la doctrina oficial de la Iglesia y la encíclica Fratelli Tutti, en sus enseñanzas de paz y justicia social, para restablecer un vínculo interno entre pobreza y militancia. La pobreza no como el negativo de la propiedad, sino como el positivo de los usos comunes que se reinventan en la experiencia difícil y precaria. Desde la precariedad, un nuevo horizonte de solidaridad y alegría que tiene una dimensión económica.

Fuente:

http://www.ihu.unisinos.br/606240-neoliberalismo-e-neokeynesianismo-um-circulo-infernal-cuja-ruptura-exige-uma-nova-imaginacao-politica-entrevista-especial-com-bruno-cava

La alternativa posible de la Comuna de París

Por Marcello Musto

Los burgueses siempre lo habían conseguido todo. Desde la revolución de 1789, habían sido los únicos que se habían enriquecido en tiempos de prosperidad, mientras que la clase trabajadora había tenido que soportar regularmente el coste de las crisis. La proclamación de la Tercera República abrió nuevos escenarios y ofreció la oportunidad de revertir este rumbo. Napoleón III había sido derrotado y capturado por los alemanes, en Sedán, el 4 de septiembre de 1870. En enero un año después se rendía París, que había estado sitiada durante más de cuatro meses, lo que obligó a los franceses a aceptar las condiciones impuestas por Otto von Bismarck. Se produjo un armisticio que permitió la celebración de elecciones y el posterior nombramiento de Adolphe Thiers como jefe del poder ejecutivo, con el apoyo de una amplia mayoría legitimista y orleanista. En la capital, sin embargo, a diferencia del resto del país, la conjunción progresista-republicana tuvo éxito con una abrumadora mayoría y el descontento popular fue más generalizado que en otros lugares. La perspectiva de un ejecutivo que dejase inmutables todas las injusticias sociales, que quería desarmar la ciudad y estaba dispuesto a hacer recaer el precio de la guerra sobre los menos favorecidos, desató la rebelión. El 18 de marzo estalló una nueva revolución; Thiers y su ejército tuvieron que refugiarse en Versalles.

De lucha y de gobierno

Los insurgentes decidieron celebrar inmediatamente elecciones libres, para garantizar la legitimidad democrática de la insurrección. El 26 de marzo, una abrumadora mayoría (190.000 contra 40.000 votos) aprobó las razones de la revuelta y 70 de los 85 miembros electos se declararon a favor de la revolución. Los 15 representantes moderados del llamado «parti de maires» (partido de los alcaldes), grupo formado por ex presidentes de algunos distritos, dimitieron inmediatamente y no se incorporaron al consejo de la comuna. Poco después fueron seguidos por cuatro radicales. Los 66 miembros restantes, que no se distinguían fácilmente por su doble afiliación política, representaban posiciones muy variadas. Entre ellos había una veintena de republicanos neo-jacobinos (incluidos los influyentes Charles Delescluze y Felix Pyat), una docena de prosélitos de Auguste Blanqui, 17 miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores (incluidos los mutualistas seguidores de Pierre-Joseph Proudhon, que con frecuencia no estaban de acuerdo con los colectivistas afines a Karl Marx) y un par de independientes. La mayoría de los miembros de la Comuna eran trabajadores o representantes reconocidos de la clase trabajadora. De ellos, 14 procedían de la Guardia Nacional. Fue precisamente el comité central de esta el que depositó el poder en manos de la Comuna, aunque este acto fue el inicio de una larga serie de contradicciones y conflictos entre las dos entidades.

El 28 de marzo, una gran masa de ciudadanos se reunió cerca del Hôtel de Ville y recibió con alegría la inauguración de la nueva asamblea que oficialmente tomó el nombre de la Comuna de París. Aunque solo duró 72 días, fue el evento político más importante en la historia del movimiento obrero del siglo XIX. La Comuna revivió la esperanza de una población agotada por meses de penurias. En los barrios surgieron comités y grupos en apoyo. En cada rincón de la metrópoli se multiplicaron las iniciativas de solidaridad y los planes para la construcción de un mundo nuevo. Montmartre pasó a llamarse «la ciudadela de la libertad». Uno de los sentimientos predominantes fue el deseo de compartir. Militantes como Louise Michel dieron ejemplo por su espíritu de abnegación. Víctor Hugo escribió sobre ella: “Hiciste lo que hacen las grandes almas locas. Has dado gloria a los que están aplastados y sometidos”. Sin embargo, la Comuna no vivió gracias al impulso de un dirigente o de unas pocas figuras carismáticas. De hecho, su principal característica fue su dimensión claramente colectiva. Mujeres y hombres se ofrecieron voluntarios para un proyecto de liberación común. La autogestión ya no se consideró más una utopía. La auto-emancipación se convirtió en algo esencial.

La transformación del poder político

Entre los primeros decretos de emergencia proclamados para frenar la pobreza desenfrenada estaba el bloqueo del pago de los alquileres (era justo que «la propiedad hiciera su parte de sacrificio») y la suspensión de la venta de objetos – por un valor no superior a 20 Francos-, depositados en las casas de empeño. También se crearon nueve comisiones colegiadas para reemplazar los ministerios existentes: guerra, finanzas, seguridad general, educación, subsistencia, justicia, trabajo y comercio, relaciones exteriores, y servicios públicos. Posteriormente se nombró un delegado para gestionar cada una de ellas.

El 19 de abril, tres días después de las elecciones parciales tras las cuales fue posible reemplazar los 31 escaños que quedaron vacantes casi de inmediato, la Comuna redactó la Declaración al Pueblo Francés, en la que se aseguraba «la garantía absoluta de la libertad individual, de la libertad de conciencia y la libertad de trabajo” y “la intervención permanente de la ciudadanía en los asuntos comunes”. Se afirmaba que el conflicto entre París y Versalles «no podía terminar con compromisos ilusorios» y que el pueblo tenía «el deber de luchar y vencer». Mucho más significativos que el contenido de este texto, síntesis un tanto ambigua para evitar tensiones entre las distintas tendencias políticas, fueron los actos concretos a través de los cuales los militantes de la Comuna lucharon por una transformación total del poder político. Iniciaron una serie de reformas que tenían como objetivo cambiar profundamente no solo la forma en que se administraba la política, sino su propia naturaleza. La democracia directa de la Comuna preveía la revocabilidad de los representantes electos y el control de su labor a través de la vinculación de mandatos (medida insuficiente para resolver la compleja cuestión de la representación política). Los magistrados y otros cargos públicos, también sujetos a control permanente y la posibilidad de revocación, no serían designados arbitrariamente, como en el pasado, sino mediante oposición o elecciones transparentes. Había que impedir la profesionalización de la esfera pública. Las decisiones políticas no debían corresponder a pequeños grupos de funcionarios y técnicos, sino ser tomadas por el pueblo. Los ejércitos y las fuerzas policiales ya no serían instituciones separadas del cuerpo de la sociedad. La separación entre Iglesia y Estado era una necesidad indispensable.

Sin embargo, el cambio político no terminaba con la adopción de estas medidas. Debía ir mucho más a la raíz. La burocracia tenía que reducirse drásticamente, transfiriendo el ejercicio del poder a manos del pueblo. El ámbito social tenía que prevalecer sobre el político y este último -como ya había argumentado Henri de Saint-Simon- dejaría de existir como función especializada, ya que sería asimilado progresivamente por las actividades de la sociedad civil. El cuerpo social recuperaría así las funciones que habían sido transferidas al estado. Derribar la dominación de clase existente no era suficiente; había que extinguir el dominio de clase como tal. Todo esto habría permitido la realización del plan diseñado por los comuneros: una república constituida por la unión de asociaciones libres verdaderamente democráticas que se convertirían en impulsoras de la emancipación de todos sus componentes. Era el autogobierno de los productores.

La prioridad de las reformas sociales

La Comuna creía que las reformas sociales eran incluso más relevantes que las transformaciones en el orden político. Representaban su razón de ser, el termómetro con el que medir la fidelidad a los principios para los que había nacido, el elemento de diferenciación definitivo frente a las revoluciones que la habían precedido en 1789 y 1848. La Comuna ratificó varias disposiciones con una clara connotación de clase. La fecha de vencimiento de las deudas se pospuso tres años, sin pago de intereses. Se suspendieron los desahucios por impago de los alquileres y se adoptaron medidas para que las casas desocupadas fueran requisadas a favor de las personas sin hogar. Se hicieron proyectos para limitar la duración de la jornada laboral (de las 10 horas iniciales a las ocho previstas en el futuro), se prohibió, bajo sanción, la práctica generalizada entre los empresarios de imponer multas espurias a los trabajadores con el único propósito de reducir sus salarios. Se decretaron salarios mínimos decentes. Se adoptó la prohibición de la acumulación de múltiples puestos de trabajo y se estableció un límite máximo para los salarios de los cargos públicos. Se hizo todo lo posible para aumentar el suministro de alimentos y reducir los precios. Se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías y se abrieron algunas carnicerías municipales. Se implementaron diversas medidas de asistencia social para los más vulnerables, incluido el suministro de alimentos a mujeres y niños abandonados, y se aprobó el fin de la discriminación entre niños legítimos y naturales.

Todos los comuneros creían que la educación era un factor indispensable para la liberación de los individuos, sinceramente convencidos de que representaba el requisito previo de cualquier cambio social y político serio y duradero. Por tanto, animaron múltiples y relevantes debates en torno a las propuestas de reforma del sistema educativo. La escuela sería obligatoria y gratuita para todos, niños y niñas. La enseñanza religiosa sería reemplazada por la enseñanza laica, inspirada en el pensamiento racional y científico, y los costes del culto ya no recaerían en el presupuesto estatal. En las comisiones especialmente creadas y en la prensa se produjeron numerosas tomas de posición destacando cuán fundamental era la decisión de invertir en la educación femenina. Para convertirse verdaderamente en un «servicio público», la escuela tenía que ofrecer las mismas oportunidades a los «niños de ambos sexos». Por último, debía prohibir «las distinciones de raza, nacionalidad, fe o posición social». Los avances de carácter teórico fueron acompañados de las primeras iniciativas prácticas y, en más de un distrito, miles de niños de la clase trabajadora recibieron material didáctico gratuito y entraron, por primera vez, en un edificio escolar.

La Comuna también legisló medidas de carácter socialista. Se decidió que los talleres abandonados por los propietarios que habían huido de la ciudad, a quienes se les garantizó una indemnización a su regreso, serían entregados a asociaciones cooperativas de trabajadores. Los teatros y museos -que estarían abiertos a todos y no serían de pago- fueron colectivizados y confiados a la dirección de quienes se habían adherido a la «Federación de Artistas de París», presidida por el pintor e incansable militante Gustave Courbet. En él participaron unos 300 escultores, arquitectos, litógrafos y pintores (entre muchos también Édouard Manet). A esta iniciativa le siguió el nacimiento de la «Federación artística» que agrupó a los actores y al mundo de la ópera.

Todas estas acciones y disposiciones se llevaron a cabo sorprendentemente en solo 54 días, en un París todavía atormentado por los efectos de la guerra franco-prusiana. La Comuna sólo pudo funcionar del 29 de marzo al 21 de mayo y, además, en medio de una heroica resistencia a los ataques de Versalles, en una defensa que requería un gran derroche de energía humana y de recursos económicos. Además, dado que la Comuna no tenía ningún medio de coerción, muchas de las decisiones tomadas no se aplicaron de manera uniforme en el amplio territorio de la ciudad. Sin embargo, constituyeron un notable intento de reforma social y señalaron el camino de un posible cambio.

Una lucha colectiva y feminista

La Comuna fue mucho más que las medidas aprobadas por su asamblea legislativa. Incluso aspiró a alterar sustancialmente el espacio urbano, como lo demuestra la decisión de demoler la Columna Vendôme, reputada como un monumento a la barbarie y símbolo reprensible de la guerra, y secularizar algunos lugares de culto, destinando su uso a la comunidad. La Comuna vivió gracias a una extraordinaria participación masiva y un sólido espíritu de ayuda mutua. En este levantamiento contra la autoridad jugaron un papel destacado los clubes revolucionarios, que surgieron con increíble rapidez en casi todos los distritos. Se establecieron 28 y representaron uno de los ejemplos más importantes de la movilización espontánea que acompañó a la Comuna. Abiertos todas las noches, ofrecieron a la ciudadanía la oportunidad de reunirse, después del trabajo, para discutir libremente la situación social y política, verificar lo que habían logrado sus representantes y sugerir alternativas para la solución de los problemas cotidianos. Se trataba de asociaciones horizontales que favorecían la formación y expresión de la soberanía popular, pero también espacios de auténtica hermandad y fraternidad. Eran espacios donde todos podían respirar la embriagadora posibilidad de convertirse en dueños de su propio destino.

En esta vía de emancipación no existía la discriminación nacional. El título de ciudadano de la Comuna estaba garantizado a todos los que trabajaban por su desarrollo y los extranjeros tenían los mismos derechos sociales garantizados que los franceses. Prueba de este principio de igualdad fue el papel predominante que asumieron varios extranjeros (unos 3.000 en total). El húngaro, miembro de la Asociación Internacional de Trabajadores, Léo Frankel, no solo fue uno de los funcionarios electos de la Comuna, sino que también el responsable de la comisión de trabajo, uno de los «ministerios» más importantes de París. Los polacos Jaroslaw Dombrowski y Walery Wroblewski, fueron nombrados generales con mando de la Guardia Nacional y desempeñaron un papel igualmente importante.

En este contexto, las mujeres, aún privadas del derecho al voto y, en consecuencia, también de sentarse entre los representantes del Consejo de la Comuna, jugaron un papel fundamental en la crítica del orden social existente. Transgredieron las normas de la sociedad burguesa y afirmaron su nueva identidad en oposición a los valores de la familia patriarcal. Salieron de la dimensión privada y se ocuparon de la esfera pública. Formaron la «Unión de Mujeres por la Defensa de París y por la Atención a los Heridos» (nacida gracias a la incesante actividad de Élisabeth Dmitrieff, militante de la Asociación Internacional de Trabajadores) y jugaron un papel central en la identificación de batallas sociales estratégicas. Consiguieron el cierre de los burdeles, lograron la igualdad salarial con los maestros varones, acuñaron el lema «a igual trabajo, igual salario», reclamaron igualdad de derechos en el matrimonio, exigieron el reconocimiento de las uniones libres, promovieron la creación de cámaras sindicales exclusivamente femeninas. Cuando, a mediados de mayo, la situación militar empeoró, cuando las tropas de Versalles llegaron a las puertas de París, las mujeres tomaron las armas e incluso lograron formar su propio batallón. Muchos expiraron su último aliento en las barricadas. La propaganda burguesa las convirtió en objeto de los ataques más despiadados, acusándolas de haber incendiado la ciudad durante los enfrentamientos y atribuyéndolas el despectivo calificativo de “las petroleras”.

¿Centralizar o descentralizar?

La Comuna quería establecer una auténtica democracia. Era un proyecto ambicioso y difícil. La soberanía popular a la que aspiraban los revolucionarios implicaba la participación del mayor número posible de ciudadanos. A finales de marzo, se habían desarrollado en París una miríada de comisiones centrales, subcomités de barrio, clubes revolucionarios y batallones de soldados que flanqueaban el duopolio ya complejo compuesto por el consejo de la Comuna y el comité central de la Guardia Nacional. Este último, de hecho, había conservado el control del poder militar, a menudo operando como un verdadero contrapoder del primero. Si el compromiso directo de una gran parte de la población constituía una garantía democrática vital, la multiplicidad de autoridades sobre el terreno complicaban el proceso de toma de decisiones y hacían tortuoso la aplicación de las ordenanzas.

El problema de la relación entre la autoridad central y los organismos locales produjo no pocos cortocircuitos, lo que resultó en una situación caótica y muchas veces paralizante. El ya precario equilibrio saltó por completo cuando, ante la emergencia de la guerra, la indisciplina presente en las filas de la Guardia Nacional y una creciente ineficacia de la acción gubernamental, Jules Miot propuso la creación de un Comité de Salud Pública de cinco integrantes. – una solución inspirada en el modelo dictatorial de Maximilien Robespierre de 1793. La medida fue aprobada el 1 de mayo, por 45 votos a favor y 23 en contra. Fue un error dramático que decretó el principio del fin de una experiencia política sin precedentes y dividió a la Comuna en dos bloques opuestos. A los primeros pertenecían los neo-jacobinos y blanquistas, partidarios de la concentración del poder y, en última instancia, de la primacía de la dimensión política sobre la social. El segundo incluía a la mayoría de los miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores, para quienes el ámbito social era más importante que el político. Consideraban necesaria la separación de poderes y creían que la república nunca debía cuestionar las libertades políticas. Coordinados por el infatigable Eugène Varlin, hicieron público su claro rechazo a las derivas autoritarias y no participaron en la elección del Comité de Salud Pública. Para ellos, el poder centralizado en manos de unos pocos individuos contradecía los postulados de la Comuna. Sus cargos electos no eran los poseedores de la soberanía – esta pertenecía al pueblo – y, por tanto, no tenían derecho a enajenarla. El 21 de mayo, cuando la minoría participó nuevamente en una sesión del consejo de la Comuna, se hizo un nuevo intento de restablecer la unidad en su seno. Pero ya era demasiado tarde.

La Comuna, sinónimo de la revolución

La Comuna de París fue reprimida con brutal violencia por los ejércitos de Versalles. Durante la llamada «semana sangrienta» (del 21 al 28 de mayo) fueron muertos entre 17.000 y 25.000 ciudadanos. Los últimos enfrentamientos tuvieron lugar a lo largo del perímetro del cementerio de Père-Lachaise. El joven Arthur Rimbaud describió la capital francesa como una «ciudad dolorosa, casi muerta». Fue la masacre más violenta de la historia de Francia. Solo 6.000 comuneros lograron escapar y refugiarse en el exilio en Inglaterra, Bélgica y Suiza. Hubo 43.522 prisioneros. Un centenar de ellos fueron condenados a muerte tras juicios sumarísimos de los consejos de guerra, mientras que otros 13.500 fueron enviados a prisión, a trabajos forzados o deportados (en buena parte, especialmente, a la remota Nueva Caledonia). Algunos de ellos se solidarizaron y compartieron la misma suerte que los insurgentes argelinos que habían liderado la revuelta anticolonial de Mokrani, que tuvo lugar al mismo tiempo que la Comuna y que también fue aplastada violentamente por las tropas francesas.

El espectro de la Comuna intensificó la represión anti-socialista en toda Europa. Justificando la violencia estatal sin precedentes ejercida por Thiers, la prensa conservadora y liberal acusó a los comuneros de los peores crímenes y expresó gran alivio por la restauración del «orden natural» y la legalidad burguesa, así como su satisfacción por el triunfo de la «civilización» sobre la “anarquía”. Aquellos que se habían atrevido a cuestionar la autoridad y atacar los privilegios de la clase dominante fueron castigados de manera ejemplar. Las mujeres volvieron a ser consideradas seres inferiores y los trabajadores, con sus manos sucias y llenas de callos, que se habían atrevido a pensar que podían gobernar, fueron devueltos a los lugares que se les reservaba en la sociedad.

Sin embargo, la insurrección parisina dio fuerza a las luchas de los trabajadores y las empujó hacia posiciones más radicales. A raíz de su derrota, Eugène Pottier escribió una canción destinada a convertirse en la más famosa del movimiento obrero. Sus versos dicen: «¡Agrupémonos todos en la lucha final. El género humano es la internacional! (Groupons-nous, et demain, L’Internationale sera le genre humain!). París había demostrado que era necesario perseguir el objetivo de construir una sociedad radicalmente diferente de la capitalista. A partir de ese momento, aunque «El tiempo de las cerezas» nunca llegó para sus protagonistas (según el título de la célebre canción compuesta por el comunero Jean Baptiste Clément), la Comuna encarnó la idea abstracta y el cambio concreto al mismo tiempo. Se convirtió en sinónimo del concepto mismo de revolución, fue una experiencia ontológica de la clase trabajadora. En La guerra civil en Francia, Marx afirmó que esta «vanguardia del proletariado moderno» logró «acercar a los trabajadores de todo el mundo a Francia». La Comuna de París cambió la conciencia de los trabajadores y su percepción colectiva. Después de 150 años, su bandera roja sigue ondeando y nos recuerda que siempre es posible una alternativa. Vive la Commune!

profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx’s Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 13 de marzo 2021

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

La necesidad de un gesto materialista frente a la impotencia

Por Sebastián Scolnik

La conmoción abierta con cada femicidio confirma aporías y abre preguntas. En los últimos años, se manifestó una intensa creencia en las instituciones. Aún si ellas funcionan mal, o demasiado bien si las vemos en la perspectiva de los poderes estructurales, la convicción de que los cambios políticos las reformarían fue ganando terreno en amplias franjas de la opinión pública progresista y los elencos gubernamentales. El viejo paradigma, “no importa cuán corruptas y miserables sean las instituciones si las gobernamos y dirigimos nosotros” ha revelado toda su impotencia en una larga serie de hechos que involucran el gatillo fácil como forma de regulación de la vida de los jóvenes pobres, la reorganización mafiosa de los territorios y las dificultades para revertirla por parte de las organizaciones populares que allí  trabajan, el encubrimiento de la represión, ahora llamada violencia institucional, y los femicidios. La complicidad judicial, policial y de los poderes locales respecto a estos hechos, sean ellos poderes estatales o para estatales con anclaje en el estado, no cesa en confirmar la impotencia de la acción estatal, cuando se propone reformadora, y la eficacia de esos segmentos del estado que están articulados a los poderes concretos. Entonces, ¿no ha llegado la hora de pensar en qué punto estamos parados y cómo encarar los desafíos actuales?

Cuando desapareció Jorge Julio López, testigo del accionar terrorista de la policía en la dictadura, no pudo ser cuidado por la “policía de la democracia”, demasiado tributaria de la anterior aún si no se lo propuso explícitamente.  Desde el vértice del estado se llevó a cabo una extensa política de reconocimiento y reparación de las víctimas de la dictadura, como así también una apertura jurídica para la condena de sus crímenes. Esas políticas, también acompañadas de una miríada de programas, educativos, jurídicos, de asistencia, protección de testigos, etc., no pudo evitar la desaparición de López ni que su rostro se destiñera por el sol, viajando impreso en las lunetas de los patrulleros.

Cuando vemos dirigentes sociales de amplia trayectoria tener que irse de ciertos territorios por el accionar narco, el negocio inmobiliario o la expansión de la frontera de la soja, con la complicidad de fiscalías y policías, y a merced de la narrativa de los medios de comunicación. Cuando vemos a las pibas que denuncian abusos o violencia de género y son verdugueadas por fiscales y policías, muchas veces mujeres, o alentadas a desestimar esas denuncias a través de amenazas o burocratizando y diluyendo su contenido (pasó en el reciente caso de los jugadores de fútbol con la testigo que fue a denunciar, y también en el caso de Úrsula), cuando vemos una justicia cómplice con el accionar represivo (como en el caso de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel) o en los casos de gatillo fácil (el caso de Facundo Astudillo Castro, amparado por el Secretario de Seguridad de la Pcia. de Bs As Sergio Berni, fue el más resonante de una patética lista que abarca todo el país), confirmamos la impotencia del estado para resolver estas situaciones de un modo favorable.

Hoy el estado se proclama en favor de la igualdad de género, habilitando ciertas leyes, proponiendo un ministerio y programas educativos obligatorios. También se declara partidario de los Derechos Humanos, de los jóvenes, de los migrantes, y de todos los sectores desfavorecidos por la dinámica del capitalismo actual. Sin embargo, estos reconocimientos, sin duda importantes, poco pueden respecto a situaciones concretas donde esos enunciados se ponen en juego, y donde una eficaz política de derechas, con enunciados fáciles, efectistas y moralizantes, parece llenar el vacío de sentido que recorre la experiencia contemporánea.

La política no consiste en ocupar lugares sino en definir qué es un problema para abrirlo y tratarlo de otro modo. Entre el credo institucional y el voluntarismo militante algo precisa ser inventado. ¿No habrá llegado el momento de pensar en otras formas de acción capaces de revertir aquel horror que constatamos a diario y percibimos envuelto en los designios de un triste fatalismo? ¿No será la hora de fundar nuevas instituciones populares en los territorios concretos donde se dan estas peleas (estructuras militantes, jurídicas, profesionales, laborales, de información, investigación, cuidado y autoprotección), reconocidas jurídicamente por el estado y sostenidas económicamente por él? ¿No precisamos con urgencia estos nucleamientos de contrapoder, constituidos con lógicas diferentes al modo mercantil, financiero, mediático y estatal? Aún si estos puntos activos, capaces de acompañar de modo múltiple la fragilidad de las experiencias que buscan abrirse paso en esos territorios, tuvieran que ir contra el estado por la propia dinámica de las formas en que este se manifiesta (policía, justicia, bandas de diverso tipo), ¿no es pensable que el estado en lugar de reconocer sus narrativas y hablar sus conceptos, admita una consistencia que les es propia y que precisa desplegarse para revertir el horror que opera en los barrios? Y los núcleos militantes, a menudo mirándose en el espejo del estado, ¿no podrían pensar en formas de autoinstitución popular que consigan recursos para el sostenimiento de las experiencias del cuidado y la producción de modos de vida sin quedar atrapados en voluntarismo y el desgastante esfuerzo individual? ¿Seguirán las víctimas a merced de fiscales y comisarías locales o podremos pensar en un nuevo poder popular (ligado al feminismo, la justicia popular, las nuevas economías y la inteligencia colectiva) capaz de llevar adelante otras lógicas, otros vínculos, dando consistencia a las iniciativas que denuncian y enfrentan los actuales mecanismos de poder? ¿No será el momento de reconocer la impotencia gubernamental y exigir los recursos y respaldos para el desarrollo de este tipo de experiencias? ¿No hemos constatado lo suficiente el carácter racista, patriarcal, jerarquizante y propietario de las instituciones? ¿Cómo nos daremos la fuerza para enfrentar este nuevo tipo de poder que se impone, a través de la violencia y el manejo de la afectividad popular, sobre nuestros territorios y proyectos? Tal vez debamos darnos un espacio para hipótesis materialistas menos sostenidas en nuestras creencias (estatistas, autonomistas, de izquierda o del tipo que sean), que nos posicionen en el terreno de la disputa, entre la sutileza y la eficacia, sacándonos del gesto impotente de quien constata aquello que ya se nos ofrece como una evidencia irrefutable.

 

Releyendo las reflexiones de un maestro sobre su propio maestro: Giuseppe Prestipino repiensa a Lukács

Por Antonino Infranca

A pocos meses del fallecimiento de Prestipino, un pequeño libro –Su Lukács. Frammenti di un discorsoetico-politico (Sobre Lukács. Fragmentos de un discurso ético-político) – llama nuestra atención sobre el análisis que el filósofo italiano dedicó a Lukács; ante todo, a un aspecto central del último Lukács: la ética. Como se sabe, Lukács, en sus últimos años de vida, aproximadamente durante sus últimos veinte años, se dedicó a la construcción de un verdadero sistema filosófico. Primero, la Estética, a la que debía seguir una Ética. Después de haber concluido la Estética –al menos, en la forma monumental en que la conocemos, de unas 1600 páginas, en vista de que la intención de Lukács era escribir un segundo volumen–, el filósofo húngaro se disponía a escribir una Ética, pero se dio cuenta de que debía definir, en primer lugar, el sujeto de esta ética y, por ende, comenzó a escribir la Ontología del ser social. Se encontraba recién terminada esta obra, junto con su versión más breve y ágil, los Prolegómenos a la ontología del ser social, cuando la muerte puso fin a la obra sistemática de Lukács. De la Ética permanecen algunos apuntes de los que es posible, con alguna dificultad, extraer algunos conceptos.

Prestipino, sin embargo, consiguió, sobre todo en los años finales del siglo pasado, rastrear algunos conceptos de naturaleza ético-política en Lukács; y La Porta, el editor del libro, logró sintetizar esta investigación en las páginas de este opúsculo; sobre todo, consiguió sintetizar la actitud de Lukács frente a la gran cuestión de la democracia: “La democracia es, para Lukács, ser con el otro, o ser entre los otros” (p. 12).Puede verse que lademocracia, categoría de la política, tiene un contenido ético, una apertura al Otro y una convivencia con los otros, de modo que el individuo es un ser-en-común con los otros; el individuo es, en el fondo, una comunidad de acciones recíprocas. Hay que tener presente que en alemán –la lengua en la que escribía Lukács– “comunidad” es Gemeinschaft, que significa también “acción recíproca”. Personalmente, siempre he leído la Ontología de Lukács como una teoría del individuum, es decir, de un ser no dividido entre una singularidad y una colectividad, entre un hombre y la comunidad en la que él vive. Encuentro, pues, en Prestipino una lectura muy similar a la mía, como es obvio tratándose marxistas como nosotros.

Este individuo, este ser social, es “una posibilidad aún no realizada” (p. 24); para emplear términos de Bloch –otro filósofo marxista muy caro a Prestipino–: es un todavía-no-ser. Lo que impide la realización de esta posibilidad es la alienación que domina al mundo contemporáneo –añado– en todos los sistemas de producción de la riqueza y en toda la sociedad existente, de modo que la alienación es hoy el verdadero elemento globalizador. Prestipino sostiene que “el concepto de alienación […] sustituye la noción de explotación” (p. 43); creo que la alienación es un instrumento más refinado para completar la acción de la explotación y, en este sentido, utilizo la concepción de “cosificación” que Lukács empleó en Historia y conciencia de clase, su primera obra maestra marxista. En la Ontología del ser social, la alienación retorna como un fenómeno extendido a la íntegra esfera del ser social, como dije más arriba; puede ser considerada un fenómeno global, el fenómeno característico de nuestra época. La característica epocal, que Prestipino revisa, es que la alienación es una forma de desarraigar al individuo del género humano para recluirlo en la propia particularidad, para hacer de él un átomo separado de la acción recíproca, de la comunidad con los otros. Hablo de desarraigo porque la reclusión en la particularidad es también una aniquilación de las relaciones con la tradición, con la historia, que forman la particularidad del ser social de todo ser humano. El individuo particular de hoy puede encontrar una nueva identidad en las relaciones naturales con los otros –como por ejemplo en el sexo, la etnia, la generación (cf. p. 45), que son formas de comunidad rudas y ancestrales–; relaciones naturalesque debe superar para tener una vida llena de sentido. La revuelta contra estas barreras naturales, es decir: el feminismo, el movimiento LGBT, el Black LivesMatter o la revolución blanca –que parece ser el movimiento de emancipación de los ancianos, de los que no se habla en un continente anciano como el europeo, pero es de actualidad en América Latina, un continente joven– son la manifestación actual de la lucha contra las “barreras naturales” a las que hacía referencia Prestipino.

Nos encontramos hoy en el umbral temporal de un cambio de época. La situación de alienación / explotación a la que está sometida genéricamente la humanidad no puede durar eternamente; ha nacido con la subsunción del trabajo al capital y con “el condicionamiento fundamental ejercido sobre la producción por parte de la racionalidad” (p. 24). La extrema racionalización vuelve imposible una vida humana en estas condiciones de alienación y explotación, que ha devenido también en explotación ambiental, con el riesgo del fin de la propia vida biológica del ser social. El marxismo puede presentarse como una nueva filosofía de la historia que indaga las posibilidades futuras –el todavía-no-ser de Bloch, en vista de que este pertenece a la genericidad del ser social (cf. p. 51)–. No deben construirse posibilidades futuras a partir de la nada, sino que hay que extraerlas del ser social, donde permanecen ocultas y oprimidas por la alienación. Son potentiae –en términos de Spinoza– que pueden pasar in actum a consecuencia de una acción de liberación de la verdadera y auténtica esencia humana. Pero, entiéndase bien, esta liberación es, en primer lugar, un acto de elección: en la naturaleza humana no es posible elegir por la propia particularidad, por el gesto perverso hacia el otro ser humano, sino que es posible elegir por el acto solidario, fraterno hacia el otro ser social, superando obviamente las barreras naturales a las que hacíamos referencia anteriormente. Es una elección por la vida del otro, como si se tratara de la propia. Es posible elegir la relación recíproca, la comunidad, y es esta la elección por el crecimiento del ser humano, por el crecimiento de la humanidad. Esta es la sustancia del discurso de Prestipino, que he profundizado, evidentemente, en dirección a una filosofía de la liberación, algo que no era de hecho ajeno al filósofo siciliano.

Prestipino no avala in toto las posiciones de Lukács, pero retoma algunas de las características acusaciones dirigidas a Lukács por sus críticos; ante todo, su incomprensión hacia la vanguardia. Lukács, no entendiendo las nuevas orientaciones de la ciencia contemporánea, “no comprende que la vanguardia artística y literaria perseguía quizás un ‘realismo’ más adecuado a los desarrollos experimentales de nuestro siglo en el saber en general y en el conocimiento científico en particular. Combate a los exponentes de las vanguardias porque, a su juicio, su ‘angustia en cuanto afecto dominante’, lejos de testimoniar, con instrumentos nuevos del conocimiento, el ‘caos’ reinante en la sociedad contemporánea, sería solo la ‘expresión emotiva’ de una ‘incapacidad para vislumbrar las leyes y la dirección de la evolución social’ subyacentes al presunto ‘caos’” (p. 59). El lector de las “páginas lukácsianas” sabe que el juicio de Lukács sobre al menos dos de los mayores exponentes de la vanguardia del siglo XX, Kafka y Brecht, no era tan negativo. En Brecht reconoce Lukács, en el discurso fúnebre dedicado al dramaturgo alemán,[1] reconoce el gran mérito de haber causado una crisis en la conciencia contemporánea y, por ende, aquel afecto dominante, aquella angustia, tuvo un efecto de estímulo hacia la liberación respecto de la alienación. En el caso de Kafka, en una carta privada al filósofo Konder, Lukács reconoce haberse equivocado en su propio juicio negativo.[2]

A mi juicio, Prestipino no se circunscribió al término “realismo”. Lukács entendía que el realismo de las vanguardias, aunque adecuado a la época en que vivieron los artistas, no consiguió sumergirse en profundidad en la indagación de lo típico de la época y de la sociedad capitalista, el blanco polémico común a la vanguardia y a Lukács. En la práctica, este objetaba a las vanguardias su falta de tipicidad, es decir: la inaptitud para representar los elementos típicos de la época de un modo que no sea superficial e inesencial. Pero Lukács reconocía, en un autor de la misma época como lo fue Thomas Mann, esta capacidad para sumergirse en profundidad en la representación de los temas de la época. Por ejemplo, en la novela DoktorFaustus, el escritor alemán trata temas vanguardistas, pero simultáneamente representa la alienación dominante en la sociedad alemana entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. En efecto, en Thomas Mann, como auténtico realista, lo real es la esencia típica, síntesis de singularidad y universalidad (cf. p. 75); no, por cierto, una singularidad que expresa sensiblemente una realidad solo individual, no reconocible para los otros.

La crítica a la incomprensión de las vanguardias antecede a una revisión de las típicas acusaciones de stalinismo dirigidas contra Lukács:

Me parece que el peculiar “infortunio” de Lukács se deriva del hecho de que solo él, entre los grandes de la cultura occidental, hizo elogios de Stalin y era, a la vez, un “inactual” pensador hegeliano-marxista […]; fue obsequioso con el stalinismo y, a la vez, tenaz adversario del “irracionalismo” […]; fue “stalinista” y, a la vez, antimodernista en el terreno estético-artístico […]; finalmente, ningún otro gran intelectual estuvo tan condicionado como él, en la vida y en el pensamiento, por la disciplina partidaria (p. 71).

Puede notarse que el tono de estos enunciados es irónico; Prestipino no parece convencido de que Lukács haya sido de hecho un stalinista efectivo, aunque cree que algunas de sus actitudes y tomas de posición teóricas no hayan estado suficientemente alejadas de las concepciones stalinistas. En suma, Prestipino reconoce que Lukács ha sido, para muchos críticos suyos, “un chivo expiatorio para las numerosas cabezas que había que cortar conjuntamente” (p. 72). Personalmente, no creo en el stalinismo de Lukács, aunque reconozco que ha sido en muchas ocasiones víctima del stalinismo: fue arrestado por la policía stalinista en julio de 1941 y liberado merced a la intervención del líder de la Tercera Internacional Dimitrov, tan solo a causa de relaciones personales; fue expulsado de la Universidad de Budapest en 1949 por sus posiciones no ortodoxas; fue deportado a Rumania, en cuanto miembro del gobierno revolucionario de Nagy, en 1957. Fue miembro durante pocos años del Partido Comunista Húngaro porque sus posiciones no eran ortodoxas; esto es, Lukács no era en absoluto fiel a las posiciones de dicho partido, sobre todo en las concepciones teóricas: si el stalinismo exaltaba el realismo socialista, Lukács exaltaba el realismo burgués; si el stalinismo sostenía que no había ninguna relación entre el pensamiento hegeliano y Marx, Lukács escribe un libro sobre el joven Hegel, en el que pone de relieve filológicamente las deudas de Marx con Hegel; si el stalinismo condenaba el idealismo, Lukács condenaba el irracionalismo. Son todas diferencias entre el stalinismo y el pensamiento lukácsiano. ¿Y las citas “laudatorias” de Stalin? En todos sus escritos autobiográficos, Lukács reconoció siempre que las citas eran el instrumento para evadir el control de la censura stalinista y publicar ensayos que no estaban en línea con las directivas del partido. Se trata de acrobacias intelectuales, pero los tiempos y lugares en que vivió Lukács no permitían una lucha abierta contra el régimen stalinista; Prestipino reconoce que el stalinismo no permitía mediaciones (cf. p. 69). Sin embargo, habría podido tener presentes estos hechos.

Permanece, no obstante, el reconocimiento, por parte de Prestipino, de su deuda con Lukács: “¡El comunismo es una decisión, es una voluntad racional que debe afirmarse sin certezas preliminares!” (p. 96). Prestipino y Lukács han permanecido como dos intelectuales orgánicos que hicieron esa elección; una elección que es ante todo ética. Alguien definió a Lukács como un “hombre bueno”; lo mismo puede decirse de Prestipino. Lukács se arriesgó a pagar muy caro esta elección; Prestipino, que vivió una generación después del filósofo húngaro, y en Italia, un país democrático, no pagó nada por su elección, pero al menos supo reconocer que Lukács era un punto de referencia teórica imprescindible para quienes quieran hacer esa elección.

 


· “Rileggendo le riflessioni di un maestro sul proprio maestro. Giuseppe Prestipinoripensa Lukács”. Trad. del italiano de Miguel Vedda.

··Antonino Infranca es filósofo, italiano. Doctor en Filosofía por la Academia Húngara de Ciencias y por la Univ. de Buenos Aires. Realizó investigaciones en el Archivo Lukács, de Budapest. En 1989, recibió el Premio Lukács. Es autor, entre otros libros, de Tecnécrates (1998; Herramienta, 2004), El otro occidente (2000; trad. al francés: 2004), Trabajo, individuo, historia. El concepto de trabajo en Lukács (Herramienta, 2005), Los filósofos y las mujeres (2006) y Apocalisse. L’inizio e la fine dellamodernità (2021). Coeditor de G. Lukács Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía (Herramienta, 2003), G. Lukács, Ontología del ser social: El trabajo (Herramienta, 2004) y G. Lukács, Táctica y Ética. Escritos políticos (1919-1929) (Herramienta, 2014) y de numerosas ediciones en italiano. Ha publicado numerosos artículos sobre Lukács, Bloch, Gramsci, Kerényi, Croce, Heidegger; ha traducido al italiano los ensayos de Dussel sobre Marx. Es miembro del Consejo Asesor de Herramienta.

[1] Cf. mi traducción al italiano en: https://filosofiainmovimento.it/elogio-funebre-a-bertolt-brecht-di-gyorgy-lukacs/

[2] Cf. mi traducción al italiano en:https://filosofiainmovimento.it/lettere-di-g-lukacs-a-due-filosofi-brasiliani/

Thomas Piketty y Karl Marx, dos visiones totalmente diferentes del capital

Por Eric Toussaint

En su libro El capital en el siglo XXI [1] Thomas Piketty [2] hace una precisa recopilación de datos y un trabajo útil con su análisis de la distribución desigual de la riqueza y la renta, pero es importante destacar que algunas de sus definiciones son confusas y cuestionables. Tomemos la definición de capital propuesta por Thomas Piketty: «En todas las civilizaciones el capital cumple dos grandes funciones económicas: sirve, por una parte, para alojarse (es decir, para producir “servicios de vivienda”, cuyo valor calculado a partir del arrendamiento de las habitaciones consiste en el bienestar de dormir y vivir bajo un techo en lugar de a la intemperie) y, por la otra, como factor de producción para elaborar otros bienes y servicios…»

Aquí nos sumerge Piketty en una historia fantasiosa de la humanidad en la que el capital ha estado presente desde el principio

Y continúa: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen referirse tanto a las herramientas (pedernal, etc.) como a los acondicionamientos agrícolas (cercas, irrigación, drenaje, etc.) y a los alojamientos rudimentarios (grutas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional, y a locales de vivienda siempre más elaborados”. Aquí nos vemos sumergidos por Piketty en una historia fantasiosa de la humanidad en la que el capital ha estado presente desde los orígenes y en la que las rentas de una cuenta de ahorros de un jubilado pobre se equiparan con los ingresos del capital.

El capital según Thomas Piketty

Esta gran confusión encuentra su extensión en el análisis presente en el corazón de su libro El capitalismo en el siglo XXI. Para Thomas Piketty, un apartamento de un valor de 80.000 € o un depósito de 2.000 € en una cuenta postal [3] constituyen un capital, de la misma forma que una fábrica o un edificio comercial de 125 millones de €. Evidentemente, en el día a día muchas personas de todo el mundo consideran que tienen un capital en forma de piso valorado en 80.000 €, al que se suma un seguro de vida de 10.000 € y tal vez 2.000 € en una cuenta postal. Por lo tanto, estarán totalmente de acuerdo con la definición dada por Piketty, los libros de texto de economía tradicional y su banquero. Pero se equivocan porque en la sociedad capitalista el capital es una relación social que permite a una minoría enriquecerse apropiándose del trabajo de otros (ver más abajo).

En la sociedad capitalista, el capital es una relación social que permite a una minoría enriquecerse apropiándose del trabajo de otros

Ahora bien, cuando Piketty habla de un impuesto progresivo sobre el capital, tiene en cuenta todos los patrimonios privados, ya sean 1.000 € en una cuenta bancaria o la fortuna de Lakshmi Mittal, Jeff Bezos, Bill Gates o Elon Musk.

La confusión continúa cuando se trata de rentas: la renta obtenida de alquilar un apartamento modesto o la que un jubilado gana de su cuenta en el banco son consideradas por Piketty como ingresos de capital al mismo título que los ingresos que extrae de Facebook su jefe Mark Zuckerberg.

Si pasamos a los salarios, Thomas Piketty considera que todos los ingresos declarados como salarios son salarios, ya sean los de un director general de un banco que percibe un «salario» de 3 millones de euros anuales (en este caso, esta suma es en realidad una renta del capital y no un salario propiamente dicho [4]) o los de un empleado bancario que percibe 30.000 € al año.

El capital según Karl Marx

Es conveniente cuestionar el significado que Piketty atribuye a palabras como «capital» y definir de otra manera qué se entiende por rentas del capital o rentas del trabajo. Piketty presenta el capital como algo que existe en todas las civilizaciones y que siempre tiene que existir. En esto, se inscribe en la continuidad de la economía política del siglo XVIII y principios del XIX, la que encontramos en un autor como Adam Smith en particular, antes de que Karl Marx arrojara luz sobre lo que es, realmente, el Capital (y el salario) y que desarrollara una crítica de la economía política de su tiempo.

Es conveniente cuestionar el significado atribuido por Piketty a palabras como «capital»

Karl Marx ironiza a propósito de los autores de su tiempo que vieron en las primeras herramientas de pedernal, el origen del capital o que simplemente lo vieron como capital. Esto es lo que escribe: “Probablemente por eso, mediante un proceso de “alta” lógica, el Coronel Torrens descubrió en la piedra del salvaje, el origen del capital. “En la primera piedra que lanza el salvaje al animal que persigue, en el primer palo que agarra para cortar la fruta que no puede alcanzar con la mano, vemos la apropiación de un artículo con el objetivo de adquirir otro, y descubrimos así el origen del capital. «(R. Torrens: Ensayo sobre la producción de riqueza, etc. p. 79.)». Marx añade sin rodeos y sin creer una palabra: «Con toda probabilidad, aquel primer palo [S/ocí], [stock en alemán], explica por qué en inglés stock es sinónimo de capital» [5].

Karl Marx en su obra El Capital afirma: “los medios de producción y de subsistencia, en cuanto propiedad del productor directo, no son capital. Sólo se convierten en capital cuando están sometidos a condiciones bajo las cuales sirven, a la vez, como medios de explotación y de sojuzgamiento del obrero” [6] . Karl Marx explica que un artesano que posee sus herramientas y trabaja para sí mismo no tiene capital y no recibe un salario. Durante los siglos que precedieron a la victoria de la clase capitalista sobre el antiguo orden, la abrumadora mayoría de las y los productores trabajaron por su cuenta, ya fuera en la ciudad o en el campo: los artesanos organizados en corporaciones o las familias campesinas constituían la mayor parte de las y los productores, poseían su herramienta de producción y en el campo la mayoría de las familias campesinas poseían tierras y, además, podían utilizar los bienes comunales para alimentar parcialmente al ganado o para recoger madera para hacer fuego.

Karl Marx explica que un artesano que posee sus herramientas y trabaja para sí mismo no tiene capital

Entre finales del siglo XV y finales del siglo XVIII en Europa Occidental, la clase capitalista en desarrollo tuvo que obtener el apoyo del Estado para despojar a esta masa de productores de sus herramientas y / o de sus tierras [7] Y para forzarles a aceptar ser asalariadas y asalariados para sobrevivir. La clase capitalista empobreció y desposeyó a las clases populares para obligarlas a aceptar la condición de asalariados y asalariadas. El proceso no se desarrolló de forma natural. Karl Marx analizó de manera detallada y rigurosa los métodos de la acumulación primitiva de capital. En el libro 1 de El Capital, pasa revista a todos los métodos utilizados para despojar a las y los productores de sus medios de producción y, por tanto, de sus medios de subsistencia. [8]

La clase capitalista ha empobrecido y desposeído a las clases populares para obligarlas a aceptar la condición de asalariadas y asalariados

Karl Marx extrae de un libro publicado por Edward Gibbon Wakefield (20 de marzo de 1796 – 16 de mayo de 1862) una anécdota que ilustra su planteamiento: “Mister Peel, nos dice en un tono lamentable, se llevó consigo de Inglaterra a Swan River, Nueva Holanda, provisiones y medios de producción por valor de cincuenta mil libras esterlinas. Mister Peel también tuvo la previsión de llevarse a trescientas personas de la clase trabajadora, hombres, mujeres y niños. Una vez en su destino, “el señor Peel se quedó sin un sirviente que le hiciera la cama o le sacara agua del río« [9]. [10] Karl Marx comenta con ironía: “¡El infortunado Peel que tenía todo planeado! Solo se había olvidado de exportar las relaciones de producción inglesas al río Swan». En efecto, en Australia, donde se encontraba Nueva Holanda, había una gran cantidad de tierra disponible y las y los trabajadores pudieron encontrar un terreno y establecerse por su cuenta. Karl Marx, a través del comentario sobre este fiasco del capitalista Peel, quiere mostrar que mientras las y los productores tengan acceso a los medios de subsistencia, en este caso a la tierra, no están obligados a aceptar ponerse al servicio de un capitalista [11].

Karl Marx concluye “cuando el trabajador puede acumular para sí mismo, y lo puede hacer mientras siga siendo el propietario de sus medios de producción, la acumulación y la producción capitalistas son imposibles. Les falta la clase asalariada, de la que no pueden prescindir. «(…)»La primera condición de la producción capitalista es que la propiedad de la tierra ya esté arrebatada de las manos de las masas».

Añade: “el modo capitalista de producción y acumulación, y por tanto la propiedad privada capitalista, presupone la aniquilación de la propiedad privada basada en el trabajo personal; su base es la expropiación del trabajador».

Karl Marx escribe: “La posesión de dinero, de subsistencia, de máquinas y de otros medios de producción no hace en absoluto a un hombre un capitalista, a menos que exista un cierto complemento, que es el asalariado, otro hombre, en una palabra, obligado a venderse voluntariamente».

La propiedad privada capitalista presupone la aniquilación de la propiedad privada basada en el trabajo personal; su base es la expropiación del trabajador

Precisemos también que Karl Marx, en la misma sección de El Capital dedicada a la Acumulación Primitiva, denunció con la mayor fuerza el exterminio o el sometimiento por la fuerza bruta de las poblaciones indígenas de América del Norte y otras regiones víctimas de la dominación colonial y la primitiva acumulación de capital: «El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria.” [12].

Las consecuencias de la definición de capital según Thomas Piketty

Volviendo al libro de Piketty, la definición que se da en él de capital introduce una completa confusión. Volvamos a su definición: «En todas las civilizaciones, el capital cumple dos funciones económicas importantes: por un lado para la vivienda (…), y por otro lado, como factor de producción para producir otros bienes y servicios. .». Entonces, para Piketty, el capital ha existido en todas las civilizaciones, se remonta a la prehistoria escribiendo: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen referirse tanto a las herramientas (pedernal, etc.) como a los acondicionamientos agrícolas (cercas, irrigación, drenaje, etc.) y a los alojamientos rudimentarios (grutas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional, y a locales de vivienda siempre más elaborados”. Para Piketty, una herramienta prehistórica de sílex, una cueva, una planta de ensamblaje de computadoras son capitales. De creer a Piketty, la acumulación «capitalísta»se remonta incluso a la recolección de varios pedernales tallados.

Según Piketty, «Históricamente, las primeras formas de acumulación de capital parecen involucrar tanto herramientas (pedernal, etc.) (…) como viviendas básicas (cuevas, tiendas de campaña, chozas, etc.)»

Esta descripción no permite en absoluto comprender la especificidad histórica del capital, su génesis, la forma en que se reproduce, en que se acumula, a qué clase pertenece, a qué relaciones sociales y a qué relaciones de propiedad corresponde. La lista de ejemplos de capitales que presenta Thomas Piketty parece un catálogo de Lidl o Carrefour, es en cierto modo un inventario al estilo Prévert, hay un poco de todo y no falta prácticamente nada de nada [13] .

Hablando de acumulación capitalista hoy, Piketty enfatiza casi exclusivamente el papel de la política sucesoria y tributaria favorable a las y los capitalistas, pero en realidad estos factores, que juegan un papel no despreciable en la transmisión y fortalecimiento del capital, no lo crean. Históricamente, para que el capital del capitalista iniciara un enorme proceso de acumulación, era necesario despojar por la fuerza a las y los productores de sus herramientas así como de sus medios de subsistencia y ha sido necesario explotar su fuerza de trabajo. La acumulación de capital que continúa hoy presupone la prosecución de la explotación de las y los trabajadores y de la Naturaleza. El capital no juega en absoluto un papel útil para la sociedad, por el contrario, la prosecución de su acumulación y su actividad es literalmente mortífera. Ignorando esto, Piketty puede escribir: “A partir del momento en que el capital juega un papel útil en el proceso de producción, es natural que tenga un rendimiento» [14].

La confusión que mantiene Piketty sin duda hay que ponerla en relación con sus convicciones: “No me interesa denunciar las desigualdades o el capitalismo como tal, (…) las desigualdades sociales no plantean un problema en sí mismas, por poco que estén justificadas, es decir en base a la utilidad común (…) ” [15] .

Mi crítica de las definiciones dadas por Thomas Piketty no quita el interés del cuadro monumental que pinta sobre la evolución de las desigualdades en términos de riqueza e ingresos durante los dos últimos siglos. Y, dejando a un lado los innegables desacuerdos fundamentales sobre la noción de capital, es importante buscar reunir, para lograr una reforma tributaria antineoliberal, una amplia gama de movimientos e individuos que van desde Thomas Piketty hasta movimientos de izquierda anticapitalista. Si además es posible unirse para exigir la cancelación de las deudas públicas en poder del Banco Central Europeo por importe de más de 2,5 billones de euros, hay que hacerlo. No me arrepiento de haber firmado conjuntamente en febrero de 2021 con Thomas Piketty un llamamiento a la cancelación de las deudas soberanas en poder del BCE. Como los otros miembros del CADTM que firmaron este texto, creo que debemos ir más allá, en particular imponiendo a las grandes fortunas y grandes empresas una importante Tasa Covid [16]. El CADTM considera que la cancelación de las deudas públicas debe ir acompañada de una serie de medidas anticapitalistas y no es seguro que Thomas Piketty las suscribiera.

Gracias a Anne-Sophie Bouvy, Christine Pagnoulle, Brigitte Ponet, Claude Quémar y Patrick Saurin por su relectura.

Traducido por Alberto Nadal

Para saber más:

«Que faire de ce que nous apprend Thomas Piketty sur Le Capital au XXIe siècle», publié le 19 janvier 2014, http://cadtm.org/Que-faire-de-ce-que-nous-apprend-Thomas-Piketty-sur-Le-capital-au-XXIe-siecle. Hay versión en español: ¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI? http://cadtm.org/Como-podemos-utilizar-lo-que

El artículo mencionado más arriba está publicado en una forma adaptada en varios capítulos a partir del 1 de marzo de 2021: « La concentration de la richesse en faveur du 1 % », http://www.cadtm.org/La-concentration-de-la-richesse-en-faveur-du-1

Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir? https://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al

[TRIBUNE] Annuler les dettes publiques détenues par la BCE pour reprendre en main notre destin, http://www.cadtm.org/TRIBUNE-Annuler-les-dettes-publiques-detenues-par-la-BCE-pour-reprendre-en-main. Está publicada en español por El País el 5 de febrero de 202. Publicado en https://www.almendron.com/tribuna/anular-la-deuda-publica-mantenida-por-el-bce-para-que-nuestro-destino-vuelva-a-estar-en-nuestras-manos/

El Capital en español, en su edición publicada por Siglo XXI editores, en los formatos pdf, doc, mobi-audiolibro (sin notas) se puede consultar en http://ecopol.sociales.uba.ar/el-capital/ que es la edición referida en todas las notas.

Para el Tomo I, los links son los siguientes (ndt):

Vol I http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol-1.pdf

Vol II http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol.-2.pdf

Vol III http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol.-31.pdf

Thomas Piketty, El capital del siglo XXI se puede consultar en http://tiemposmodernos.weebly.com/uploads/6/3/1/3/6313332/el_capital_en_el_siglo_xxi__thomas_piketty__%5Bpoderoso_conocimiento%5D.pdf ndt).

Nota Bene: Lamentablemente no he podido leer el libro de Alain Bihr et de Michel Husson, Thomas Piketty: une critique illusoire du capital, édité par Page 2 & Syllepse en 2020

Notas

[1] Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica, 2014. 663 pp.

[2] Thomas Pikketty El capital en el siglo XXI. p. 235

[3] Hay que señalar que, según Piketty, las sumas en Francia en cuentas de ahorro, cuentas de cheque, etc. solo representan alrededor del 5% del patrimonio (privado)!. p. 231

[4] Es muy cómodo para las y los capitalistas incluir en el cálculo de la masa salarial las muy altas rentas de las y los patrones de una empresa que, además, son completados con dividendos y stock-options.

[5] Fuente: nota a pie de página de Marx en El capital, Libro primero: pág 223. http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol-1.pdf. Para las citas de Marx de este artículo, ver El Capital, en su edición publicada por Siglo XXI editores, en los formatos pdf, doc, mobi-audiolibro (sin notas) que se puede consultar en http://ecopol.sociales.uba.ar/el-capital/

[6] Karl Marx, El Capital, Libro libro 1, vol.3 Cap. XXV La teoría moderna de la colonización pág. 955-958.

[7] El acaparamiento de las tierras por los capitalistas comienza en Inglaterra a partir del siglo XV y es conocido con el nombre de “movimiento de los enclosures”, consistente en poner fin al derecho de uso colectivo de las tierras y de los comunes en beneficio de la propiedad privada de los ricos aristócratas y burgueses. Leer el Capítulo XXIV del libro 1 de El capital de Karl Marx. Pg 891. La llamada acumulación originaria.

[8] La parte del libro El Capital en la que Karl Marx pasa revista a las diferentes fuentes de la acumulación primitiva capitalista es el T I, Vol 3. Cap. XXIV, pag. 891. La llamada acumulación originaria.

[9] E. G. Wakefield: England and America, vol. Il, p. 33. Citado por Karl Marx

[10] Karl Marx, El Capital, T I, Vol 3, Cap. XXV, La Teoría Moderna de la Colonización p. 955 y sig.

[11] Hablando de la situación particular de América del Norte o de la Australia de comienzos del siglo XIX, Marx explica que la posibilidad para las y los colonos de origen europeo de acceder a la tierra o de establecerse por su cuenta permite que “Tal asalariado de hoy se vuelva mañana artesano o cultivador independiente”. En América del Norte, en Australia y en otras regiones de colonización europea, la situación se fue modificando progresivamente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, y la gran masa de las y los productores independientes, cuyos ancestros habían emigrado de Europa han sido a su vez desposeídos de sus medios de producción.

[12] Karl Marx, El Capital, Libro libro 1, Vol 3 Cap. XXIV La Llamada acumulación originaria pág 939.

[13] En el original en francés Eric Toussaint se refiere al poema de Jacques Prévert (publicado en 1946), http://francais.agonia.net/index.php/poetry/13984336/Inventaire, “Inventario” que se puede leer en español en http://laletratalvez.blogspot.com/2011/10/inventario-por-jacques-prevert.html ndt.

[14] Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, p 465.

[15] Idem p. 46..

[16https://www.cadtm.org/Por-una-tasa-Covid-19-en-Europa

Eric Toussaint, doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Capitulación entre adultos. Grecia 2015: Una alternativa era posible, El Viejo Topo, Barcelona, 2020; Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Ha sido miembro de la Comisión de Auditoria Integral del Crédito (CAIC) del Ecuador en 2007-2011.Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015.

Fuente: http://www.cadtm.org/Thomas-Piketty-y-Karl-Marx-dos-visiones-totalmente-diferentes-del-Capital

Las varias caras progresistas en campaña sucia contra el candidato indígena del Ecuador

Salvador Schavelzon (para Desinformémonos.org, columna Peripecias del Sur y Autonomías) 

Llama la atención la furia con que defensores de los gobiernos progresistas sudamericanos, desde distintos países, se dedicaron a criticar y difamar de forma tendenciosa a un candidato indígena a la presidencia del Ecuador. Yaku Pérez, de la etnia quechua-cañari, con larga trayectoria de defensa del agua contra la minería en su región, dirigente de la Confederación Indígena del Ecuador (CONAIE) y de la Confederación de la nacionalidad Kichwa (ECUARUNARI), obtuvo 1.800.000 votos (superando el 19%) que por pocos miles quedó desplazado al tercer lugar en un resultado que es hoy contestado en la justicia. 

Este episodio puede leerse como emblemático para entender los límites y dilemas de un progresismo políticamente debilitado que debe enfrentar los costos del tipo de política que implementó.

Las campañas en redes sociales contra Yaku Pérez entraron en juego mientras el escrutinio se definía y por varios días el candidato indígena permaneció en el segundo lugar. Al concluir el conteo de votos, el banquero Guillermo Lasso (CREO, Creando Oportunidades) alcanzó el segundo lugar, resultado más favorable para el candidato del correísmo, Andrés Arauz (UNES, Unión por la Esperanza), que en primera vuelta obtuvo el 32% de los votos. Yaku Pérez es abogado, hizo postgrados sobre gestión de cuencas hidrográficas, derecho ambiental, justicia indígena y derecho penal, y fue Prefecto de Azuay, renunciando para presentar la candidatura. También estuvo preso varias veces en conflictos de defensa del agua, secuestrado por una empresa minera china, y sufrió por represalia la expulsión de su compañera, de nacionalidad extranjera, también activista, después de una movilización durante el gobierno de Correa. 

Juan Carlos Monedero, del partido español Podemos y vínculos políticos con el progresismo, participó en las elecciones de Ecuador del 7 de febrero como observador electoral. En entrevista en TeleSur, al día siguiente de la elección, dio el tono de lo que se escucharía por varios días. Consideró la candidatura de Pérez un producto de laboratorio, financiado desde afuera. Habló de “candidato falso” y de “indígenas no reales”, mientras defendía a Arauz como candidato que le permitiría a Ecuador “volver a tener un lugar en el mundo”. La desconfianza sobre el carácter indígena de Yaku Pérez y su candidatura deriva de que para Monedero la adopción de un nombre indígena sólo podía tener el propósito de engañar, y que desde el desconocimiento del mundo indígena compara con la entrada en un convento. Para un injuriado Monedero tampoco la lucha anti minera es auténtica, y negó que Yaku Pérez tenga apoyo colectivo o proyecto de país.  

Monedero denunciaba en la televisión lo que sería una operación para evitar la elección de Andrés Arauz, consistente en reemplazar a Guillermo Lasso por Yaku Pérez en segundo turno, con más posibilidades electorales de vencer al candidato que reemplazó a Correa, condenado en causas de corrupción, y que tampoco pudo ser habilitado para disputar la vicepresidencia. Sería una operación que contaría con el apoyo de Estados Unidos y se había operado a través de los medios, presentando esa candidatura positivamente. Extraño este análisis venir de uno de los fundadores de Podemos, que surge como fenómeno en la política española justamente así, con amplio espacio en los grandes medios para un candidato que abría un espacio más allá de la vieja polaridad dominante.  

En pocos días analistas y actores políticos progresistas llevarían a cabo una operación contra la reputación de Yaku Pérez, sólo abandonada cuando el banquero Lasso se impuso sobre el indígena en el conteo de los votos, quedando atrás el riesgo de una difícil elección con Pérez. Otro español cercano a los gobiernos progresistas sudamericanos, Alfredo Serrano, del CELAG, afirmó “Podríamos decir que Yaku es un candidato no progresista que logró quedarse con parte del voto progresista e indigenista”, negaba también que los votos hayan sido para él. Escribió que podrían haber sido para cualquier otro líder indígena quitando mérito a la elección de Yaku Pérez, en un razonamiento que no se aplicaba para el candidato del correísmo. Por unos días de lo que se trataba era de deconstruir su candidatura sea para preparar una disputa en segundo turno o para impedir que se cuestione el resultado electoral. 

La alta votación para el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), brazo político fundado en 1995 de una hoy dividida CONAIE, se explica por la extensión de la presencia del movimiento indígena en las regiones amazónica y serrana del país, además de reflejar sin duda la fractura política dejada por el levantamiento de once días de bloqueos y protestas en octubre de 2019. Iniciadas contra un aumento de combustibles decretado por el presidente Lenin Moreno, y con papel determinante de la CONAIE, las protestas anunciaban la inquietud y descontento que se manifestó también con un millón de votos nulos y que no encontrará expresión el 11 de abril, cuando se enfrenten el banquero Guillermo Lasso y el candidato de Rafael Correa, que se encuentra exiliado en Bélgica. En el levantamiento de octubre la CONAIE había dejado claro que el rechazo al gobierno de Lenin Moreno, no significaría un acercamiento con Correa, que en su gobierno criminalizó cientos de líderes indígenas, y esa oposición que atraviesa la polaridad Correa-anti Correa se expresó en la elección de Yaku Pérez. 

El resultado electoral fue una derrota para el presidente Lenin Moreno, que después de romper políticamente con Correa, de quien fuera vicepresidente y candidato sucesor, terminó fuera de juego por la presión de las calles. Pero también fue una mala elección para el correísmo, que esperaba ganar en la primera vuelta, capitalizando el descrédito del actual gobierno. La derecha tradicional, en un frente encabezado por el banquero, también se debilitó, impactada por la mala gestión de la pandemia en Guayaquil. Para Pachakutik fue una victoria, que permite retomar la disputa anti neoliberal de octubre de 2019, además de avanzar en su agenda anti extractivista buscando dar lugar a otro modelo de desarrollo para el país.  

Alicia Castro, de trayectoria en el sindicalismo peronista renovador de los ‘90 y ex embajadora kirchnerista en Venezuela y el Reino Unido, se sumaba a la campaña de desprestigio contra Yaku Pérez desde twitter, y preguntaba: “Quién es el candidato @yakuperezg que quiere tumbar las elecciones en #Ecuador aliado a @Almagro_OEA2015 ; puede confundir a algunos desinformados como “ambientalista”, “indigenista” o “nueva izquierda” En cambio, es un farsante. Nada nuevo bajo el sol, desde la Malinche.”  

Cuestionar la autodefinición indígena es común como parte de las estrategias del despojo colonial de siempre. Es con el argumento de los “falsos indios” con lo que se avanza con la frontera agrícola sobre territorios indígenas en toda la región sudamericana, o se defienden obras de desarrollo que amenazan su agua y formas de vida. Aliado al poder del agronegocio y la megaminería, el correísmo sabe que encuentra en Yaku Pérez y la CONAIE un obstáculo para el modelo depredador en base al cual gobierna. Los ataques de la elección, denunciando operaciones que se demostraron infundadas, debe entonces entenderse como continuidad de la fuerte represión y hostigamiento contra las organizaciones indígenas y territorios que tuvo lugar durante el correísmo. 

No es nueva la persecución de los gobiernos progresistas sudamericanos a líderes indígenas y de luchas medioambientales en el continente, y tampoco que el progresismo se sienta más cómodo disputando elecciones con candidatos de derecha, iniciando campañas sucias contra posibles alternativas en la primera vuelta de una elección presidencial. Pero la posibilidad de que un candidato indígena dispute desde la izquierda contra el progresismo es una novedad en Ecuador y también para el resto de América Latina. La nueva izquierda parlamentaria y de búsqueda de espacio institucional en la región participó también en la campaña contra Yaku Pérez. Esta izquierda que reúne disidencias, “apoyos críticos’, nuevos líderes que disputan elecciones presidenciales en Chile y Perú, Suele mantenerse bajo el ala de influencia política del progresismo o izquierda que fue o permanece en el gobierno, fortaleciendo así su influencia política y la falta de renovación. Tímidas críticas a un modelo dependiente que inviabiliza la vida es hecha sólo detrás de las cortinas y contribuyendo a mostrar el modelo económico, los consensos del poder como única alternativa.  

La expectativa de Pachakutik por alcanzar el segundo lugar, unificó un movimiento indígena dividido, con liderazgos y visiones que se enfrentan internamente en líneas más clasistas, más abiertas a alianzas con sectores mestizos, de confrontación en las calles, o de liderazgos personales en disputa. En esta coyuntura, sin embargo, se dispusieron a movilizarse en defensa del voto, sin dejar de marcar diferencias. Frente a una derecha sin fuerza y un progresismo con apoyo corroído y sin poder plantear un debate sobre el modelo de desarrollo en toda la región, las diferentes tendencias del movimiento indígena y la izquierda crítica no desarrollista despliegan tendencias, contradicciones y convergencias que realmente importan como posible paso adelante en la política sudamericana. En estos debates algunas propuestas de Yaku Pérez son criticadas por Leónidas Iza, que tuvo papel protagónico en el levantamiento de octubre, y otros líderes. Es un debate necesario en el que el progresismo no entró, volcándose a una campaña marcada por la lógica electoral y de polarización con la derecha que no dejaría espacio para nada más.  

La candidatura de Yaku Pérez cuestionó con datos técnicos los resultados de la elección, pidiendo el conteo de 20.050 actas observadas (de un total de 39 mil). La Corte Electoral sólo aceptó revisar 31 actas, después reducidas a 28 y con las cuales se aumentó la votación de Pachakutik en 612 votos, constatando votos atribuidos equivocadamente en el conteo inicial a candidatos que quedaron más abajo del tercer lugar. En base a esa disparidad hubo movilizaciones y presentación de un recurso que no fue atendido en la Corte y tramita ahora en el Tribunal Electoral. Una reunión con Lasso cuando no estaba definido el escrutinio para pedir conjuntamente un recuento de votos en algunas provincias, y que terminó sin concretarse, encendió los alertas progresistas. Fue Lasso el que se alejó del pedido de recuento, cuando se consolidó su leve ventaja.  

Yaku Pérez denunció fraude para excluirlo del segundo turno, presentando indicios de irregularidades. El progresismo consideró esta denuncia como parte de otro fraude, esta vez contra el candidato Arauz, con riesgo de ruptura constitucional, deslegitimizando nuevamente al candidato Pérez, cuya presencia en el juego sería meramente como operación de la derecha y Estados Unidos para frenar al correísmo. La entrada en campo del progresismo de otros países, muestra un cierto cortocircuito entre líneas argumentales legalistas, militantes y de noticias falsas y autoritarismo estatal. De la prepotencia que criminalizó líderes o militariza un territorio indígena para imponer un proyecto de minería, como en el caso Shuar y de Sarayaku, pasamos al discurso victimizante que sensibiliza la opinión pública sudamericana con la denuncia del lawfare. 

Si siguiendo a las investigadoras de CLACSO Adoración Guamán y Soledad Stoessel entendemos el lawfare como “herramienta de uso extendido que combina la manipulación mediática de la opinión pública, la represión física y jurídica, el encarcelamiento y la criminalización del opositor político” vemos que esta es exactamente la situación que el movimiento indígena enfrentó con Correa en la defensa de sus territorios, y también Yaku Pérez en la campaña de difamación que negaba su carácter indígena y la legitimidad de su lucha y de la alta elección. Pero las investigadoras utilizan el concepto para señalar la persecución de Correa, e incluso sumándose a la ola de sospechas sobre Yaku Pérez, con otro argumento común en la desconstrucción mediática que sufrió el candidato de presentarlo aislado de un movimiento indígena que el progresismo imagina confluyendo con el correísmo. 

La campaña sucia negaba también el carácter ecologista y lo asociaba con la derecha y el imperialismo, acusándolo de ser canal para intervencionismo norteamericano. En los días posteriores a la elección, el progresismo militante se preparaba para denunciar un golpe, como lo hizo en Bolivia de 2019 y en Brasil de 2016. El progresismo latinoamericano vio entonces en Yaku Pérez un aliado de Luis Almagro, secretario general de la OEA que fue un factor de desequilibrio llevando a la renuncia de Evo Morales en 2019, después de que convocado por este, recomendó la repetición de las elecciones. La filósofa Luciana Cadahia, simpatizante del correísmo, denunciaba en posteo público de Facebook un pacto entre Yaku Pérez y el banquero Lasso que sería una “jugadita hegeliana” orquestada por Almagro (secretario General de la OEA), y con participación de la prensa, en que un acuerdo entre el “dizque” movimiento indígena y la oligarquía buscaría de forma sofisticada una derrota de Arauz, cerrando una alianza entre el segundo y el tercer puesto de la elección, sin los costos que Almagro habría tenido que pagar por su accionar en la crisis boliviana. 

Ante la fuerza de la elección de Yaku Pérez otro camino hubiera sido abrir un diálogo político sobre modelo de desarrollo y la agenda de octubre de 2019. A contramarcha de la campaña sucia, y mostrando hasta qué punto la puesta en duda del carácter de izquierda e indígena de Yaku Pérez es difamatoria, el propio  Andrés Aráuz destacaba en su twitter después de la elección: “Progresismo + Unidad Plurinacional + Socialdemocracia = 70% El 7 de febrero el pueblo ecuatoriano ya venció”, sumando los votos del correísmo con los de Yaku Pérez y también el cuarto ubicado, Xavier Hervas de Izquierda Democrática, lejos de negar el carácter antineoliberal de sus contrincantes, y más bien acercándose a ellos para buscar sus votantes y presentar como oposición principal la del banquero Lasso contra correísmo. Cabe dudar, sin embargo, hasta qué punto fuera de las elecciones los gestos antineoliberales y ecologistas pueden ser llevados adelante por el progresismo. 

Salta a la vista el juego ambiguo y de varias caras del progresismo que, sin embargo, deben considerarse como momentos de un mismo movimiento. Antes de la elección la preocupación del correísmo se enfocaba a una operación que involucró al fiscal general de Colombia, con supuestas pruebas encontradas en el celular de un guerrillero capturado del ELN involucrando su organización con financiamiento al correísmo. La repercusión en la prensa activó los mecanismos de un progresismo de línea institucionalista. El Grupo Puebla, que reúne ex presidentes, académicos y juristas (entre ellos Andrés Arauz y Rafael Correa) y participó como observador de las elecciones, denunciaba un ataque contra la democracia.  

Con firmas de Axel Kicillof, Guilherme Boulos, Daniel Jadué, Gustavo Petro, Pablo Iglesias y Verónika Mendoza, el Espacio Futuro que nuclea una generación más joven del mismo campo político progresista se pronunciaba contra cualquier modificación en la fecha de las elecciones, sumándose a la campaña que desconsideraba sin conocer las denuncias de irregularidades que el candidato indígena presentaba a la Corte y Tribunal Electoral del Ecuador. En un juego político que usa el Estado de Derecho como un argumento político cuando conviene, que además se proclama observador electoral en nombre de la democracia, no daba la menor importancia ante la presentación de indicios de irregularidades. Su papel político es el de usar cuadros de prestigio académico para poner en el aire la retórica del golpe con la que el progresismo se defiende de un modo justo, muchas veces, pero muy parcial y silenciador de prácticas semejantes operadas desde el propio espacio.  

Contra el movimiento indígena es otra la cara que aparece, llegando a la criminalización, ya no desde la argumentación jurídica democrática del Estado de Derecho sino desde la persecución policial, el acoso jurídico, para no hablar del propio avance sobre los territorios contra lo que Yaku Pérez y la CONAIE resistieron. La campaña contra Yaku Pérez, que debe relacionarse con sesiones de difamación pública en el programa televisivo presidencial de Correa contra el líder indígena y su compañera, Manuela Picq, también activista, se extendió en las redes sociales cuando asomó al segundo turno y el progresismo imaginó una nueva versión de una «nueva modalidad de golpe”. La susceptibilidad ya despertada por las operaciones de la derecha, que existen, movilizó una máquina mediática que rápidamente deja de diferenciar su institucionalismo con gestos prepotentes, de un proyecto de poder que, en nombre de lo popular, y fiel al estilo de la izquierda estatal autoritaria, es incapaz de lidiar con la diferencia. 

La Revolución Ciudadana de Correa carga con tensiones y ambivalencias que se expresan, como en el MAS de Bolivia y otros lugares, con las alianzas internacionales en que se sustentan. Frente a las denuncias de lawfare que acercan a Correa de Cristina Kirchner y la defensa legalista con que el PT respondió al juicio político de Dilma, desde Cuba, Nicaragua y Venezuela la acusación que se escuchó contra Yaku Pérez era la de colaboración con el imperialismo.  

Contra esta narrativa que presentó a Yaku Pérez como apoyador de golpes sudamericanos y posible pieza de un golpe contra Correa apoyado por Estados Unidos, puede citarse que el 12 de junio de 2019 Yaku Pérez se solidarizaba con Lula da Silva como representante de Coordinadora de la Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA, representante de 511 pueblos indígenas 9 países). En la vigilia frente a donde el ex presidente cumplía arresto decretado en el marco de la operación Lava Jato afirmó “Estoy aquí para solidarizarme con vos, Lula, estamos contigo y no descansaremos, estaremos en resistencia”. Sobre inversiones internacionales, Pérez se quejó de la actitud agresiva de China con el extractivismo y violación de derechos humanos, sobre Estados Unidos, sin embargo, dijo que “el halcón es halcón”, pero habló positivamente de algunas políticas de Biden. 

El alineamiento automático de progresistas sudamericanos contra un candidato indígena llama mucho la atención si vemos las posiciones que defiende el correísmo, no sólo en la cuestión socioambiental. Tres días antes de las elecciones, el cierre de campaña de Correa, desde el exilio, apostó a los votantes conservadores, criticando a Yaku Pérez por su posición favorable a la interrupción del embarazo hasta los tres o cuatro meses, refiriéndose a esta posición en términos de “aborto por hedonismo” y “porque me dediqué sin cuidado a una actividad frenética sexual y puedo quitarme el hijo sin ningún requisito”. Rafael Correa llegó a amenazar con presentar su renuncia en 2013 en caso de aprobación del aborto en la asamblea legislativa, y propuso que expulsaran del partido a las mujeres que apoyaron esta posición. Su conservadurismo excede la guerra declarada contra los indígenas por sus recursos naturales, y puede verse en el impulso del Plan Familia, cuya recomendación para educación sexual era “abstinencia y valores”. 

Un tuit de Yaku Pérez reflotado por Correa y otros cuando disputaba el segundo lugar daba cuenta de su posición anticorrupción, en noviembre de 2016, y decía: “La #Corrupción acabó al gob d Dilma y Cristina; ahora falta q caigan @MashiRafael y Maduro. Solo es cuestión d tiempo”. Se entiende que para quien hoy se ocupa de criticar el warfare contra Cristina Kirchner o del propio Correa, o quien vea la caída de Dilma y Evo como operaciones orquestadas desde Washington para imponer gobiernos de derecha, sea propicio a desconfiar de Pérez.  

Pero posiciones anticorrupción, por más liberales que parezcan, no son sólo banderas utilizadas por la derecha contra el progresismo, y se constata como casi obligatorio para cualquier izquierda nueva, como lo fue Podemos de España, que a pesar de los vínculos políticos dejó de defender gobiernos como el de Maduro y Ortega, o nuevas izquierdas en Chile y Perú, además del progresismo cuando llegaba al poder. Tampoco extraña la oposición a Dilma Rousseff, que aprobó leyes antiterroristas, criminalizó activistas, se alió a pastores conservadores, empresarios del agronegocio, bancos y la gran minería, incluso cediendo ministerios a estos sectores. Como la carretera por el TIPNIS, el petróleo del Yasuní, Dilma carga con el costo político de autorizar Belo Monte, represa faraónica y mal calculada, de impacto incalculable ya visible, que financió su campaña y es símbolo de la destrucción ambiental y etnocida de la Amazonia. En un video reciente, refiriéndose a las manifestaciones populares de las jornadas de junio de 2013 en Brasil, Dilma Rousseff se refiere a diálogos con Putin y Erdogán en que más que golpe o lawfare la interpretación del proceso político que llevó a su caída es el de guerra híbrida impulsada por la potencia norteamericana.    

Sólo desde el desconocimiento total de la dinámica de las organizaciones indígenas en las últimas décadas es posible caracterizar a ONGs como capaces de manipular a los pueblos y responsables por la movilización y rechazo a obras que de hecho dejan territorios con contaminación de cianuro o sin agua. Se puede hablar de campaña sucia contra Yaku Pérez porque sus ejecutores no desconocen la trayectoria de las organizaciones indígenas (de las que el progresismo fue aliado), así como el papel de Yaku Pérez y la CONAIE. El discurso sobre ONGs que influencian grupos indígenas para atacar la soberanía nacional es solamente una campaña para defender intereses económicos y políticos, favorables a la gran minería y explotación petrolera sin límites, y es exactamente el discurso de Bolsonaro y la derecha peruana o colombiana para avanzar sobre la selva.  

Por otra parte, tuits con poca repercusión de años atrás se hacen circular en una operación que tiene en vistas desarmar una candidatura, denunciando un golpe, pero en realidad mostrando preocupación por el riesgo de enfrentamiento en segunda vuelta con un candidato más competitivo que sabe poner el dedo en la yaga de los límites del progresismo y representa directamente la movilización social. Lo que queda no dicho es el debate político que está presente desde que el progresismo definió su perfil desarrollista y se enfrentó en toda la región a las organizaciones indígenas históricas. 

En la línea de desconstrucción de la candidatura de Pérez de línea más bolivariana, incluso de movimientos aliados al gobierno de China. El portal del MST de Brasil publicó un resumen de un artículo del periodista norteamericano Ben Norton con el título “El candidato ecosocialista de Ecuador: indígena y partidario de los golpes de Estado en América Latina”. Desde la Fundación Bonifacio, ligada a Aldo Rebelo (PCdoB), ex ministro de Lula y Dilma, se afirmaba que Yaku Perez era el caballo de troya de las potencias extranjeras. El artículo afirma que detrás de banderas identitarias, ambientalistas e indigenistas se defienden intereses extranjeros, a través del contacto con ONGs. Por el mismo camino iría Atilio Borón, en el portal cubadebate, afirmando que el discurso indígena y de izquierda del candidato indígena no pasa de un engaño y sirve intereses imperialistas.  

Desde Kawsachin News, un servicio de noticias en inglés de las federaciones de productores de coca del Chapare, Ollie Vargas acusaba a Yaku Perez de usar fake news para incitar crímenes contra migrantes venezolanos en Ecuador. El candidato indígena se había referido a denuncias de intervención de “hermanos venezolanos” en una conversación viralizada sin que podamos conocer el contexto en un micro vídeo que lo asocia al discurso sí anti venezolano y xenófobo de Lenin Moreno. El popular youtuber brasileño Jones Manoel  asoció a Yaku Pérez con el canciller bolsonarista de extrema derecha conservadora Ernesto Araújo y otras figuras de la política del Brasil. Por su posición adscripta a la reciente ola revisionista de Stalin, un texto de José Correa Leite relacionaría los ataques, calumnias y fake news que circularon sobre Yaku Pérez con las operaciones de «amalgama» del stalinismo en los ´50. El progresismo en el gobierno o luchando para volver moviliza todo tipo de recurso, en un amplio espectro político y de estilos discursivos.  

Esta línea de acusación que debe entenderse en el marco de la guerra comunicacional inflamada en que imperialismo, comunismo, nazismo son moneda corriente, se basó en la construcción tendenciosa de Ben Norton, que en su blog critica el postmodernismo y corrientes anarquistas ecologistas y primitivistas, presentando al candidato indígena como un golpista apoyado por los Estados Unidos. Una foto con el embajador norteamericano mientras cumplía agenda como prefecto de la provincia Azuay, los tuits sobre líderes sudamericanos desplazados y una curiosa combinación de argumentos sobre el partido Pachakutik y el movimiento indígena. Llama la atención que mientras por un lado se presenta a Yaku Pérez como líder aislado del resto del movimiento, del otro se presenta como prueba de su papel al servicio de los Estados Unidos los fondos que las fundaciones norteamericanas para ayuda al tercer mundo destinaron al movimiento indígena, sin ninguna especificación sobre estos fondos ni vinculación directa a Yaku Pérez.  

Una carta abierta criticando este artículo y otro de la revista Jacobin, con firmas de académicos e intelectuales como Isabelle Stengers, Arturo Escobar, Miriam Lang y Alberto Acosta (“Stop Racist and Misogynist Attacks on the Emergent Indigenous, Eco-Feminist Left in Latin America, and Address the Crisis in Today’s Ecuador”) tuvieron como resultado inmediato que la publicación norteamericana de izquierda Monthly Review levantara el texto de Ben Norton. El doble juego del progresismo trae cortocircuitos entre su aspecto institucionalista, democrático seguido en las candidaturas del progresismo de Brasil, Argentina, Bolivia y ahora Ecuador, que para sortear problemas con la justicia y el voto negativo optó en los últimos pleitos por figuras moderadas y liberales (Haddad, Fernández, Arce y Aráuz); y un progresismo bolivariano, leninista, nacionalista que emerge menos a la hora de gobernar y más en estas disputas de redes sociales. Ben Norton criticaba en uno de sus textos a Judith Butler, otra firmante de la carta contra los ataques a Yaku Pérez, en un artículo en que “denuncia” a la intelectual por donar cerca de mil dólares a la campaña de la actual vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, alguien que hoy está lejos de ser foco de crítica de los gobiernos progresistas.  

La carta con decenas de firmas de desagravio, acierta en buscar despejar las difamaciones contra Yaku Pérez y su compañera, poniendo la discusión en sus términos reales: el progresismo estatal desarrollista, que combina caras populista y liberal, buscando atacar a una izquierda anti extractivista, que expresa la posición indígena en los conflictos de los años correístas con el movimiento indígena, además de otras banderas progresistas de derechos de mujeres, plurinacionales y LGTB que el correísmo no supo representar o ha abandonado. Pero para Ben Norton en su artículo, las críticas ambientalistas contra el progresismo son piezas de marketing publicitario. Con reportes desde Venezuela y Nicaragua, además de Ecuador, el artículo presenta a Estados Unidos “desesperado” para evitar la “ola socialista” que recorrió América Latina en la primera década del siglo XXI, y encontró en Yaku Pérez una “herramienta perfecta”.  

En otra carta, se presenta al líder indígena como candidato que “combate la ofensiva del neoliberalismo al tiempo que rompe con los vicios caudillistas y la corrupción sistémica de la vieja izquierda autoritaria e impugna en nombre de la vida y de la tierra las graves limitaciones del modelo de desarrollo extractivista”. Esta carta denunciaba la campaña de difamación y vilipendio en redes sociales y fue firmada por Marina Silva, que sufrió una campaña sucia muy dura cuando se enfrentó contra Dilma Rousseff en las elecciones de 2010 y 2014, e intelectuales latinoamericanos que también fueron linchados mediáticamente por sus críticas a los gobiernos de Bolivia y Venezuela, como Rita Segato y Maristella Svampa. 

En uno de los tuits de Yaku Pérez citado por sus detractores compara la política de intervención sobre la CONAIE organizaciones indígenas de Correa y Evo Morales con Conamaq, Confederación de Ayllus y Marqas del Qullasuyo. En ambos casos se invadieron sedes, se intentó crear organizaciones paralelas a favor de proyectos de destrucción territorial, con cooptación o compra de líderes con beneficios estatales. En el tuit también se comparaba el Yasuní con el TIPNIS, en el primero Correa dio lugar a la explotación petrolera después de haber fracasado un proyecto en que pedía al mundo dinero para defender el parque nacional de la explotación que sería nociva, en la argumentación inicial de Rafael Correa. Fue en ese espíritu que en el artículo 71 de la Constitución aprobada en 2008 se introdujo la figura de Derechos de la Naturaleza y aunque se busque maquillar, la ruptura de Correa con esta agenda es innegable. 

El TIPNIS fue un punto de inflexión en Bolivia, en 2011, cuando el gobierno del MAS impulsó una campaña y operación política para la construcción de una carretera que atravesaría el mayor parque nacional y territorio indígena del país, con oposición de los pueblos indígenas y las centrales históricas que fueron brutalmente reprimidas. En febrero de 2021, como jefe de campaña para las elecciones regionales, Evo Morales ofreció continuar la construcción de la carretera a cambio del voto por su candidato en el departamento del Beni. En su tuit, Yaku Pérez comparaba a Correa con Evo Morales a partir de varios rasgos: “Ambos apostaron x reelección, autoritarismo, machismo, extractivismo y populistas”. Son posiciones coherentes con la postura del movimiento indígena en el continente, y no una postura de cara a elecciones. 

En una disputa parecida, García Linera encabezó desde do gobierno de Bolivia, la crítica al movimiento indígena y las ONG que acompañaron las luchas que llevaron el MAS al poder y en que él mismo había sido consejero. La argumentación que confluye con la de los militares y la derecha conservadora latinoamericana en que los indígenas juegan para intereses extranjeros, mezclaba de forma deshonesta fundaciones ligadas al poder político norteamericano con ONGs de apoyo militante y jurídico a indígenas. Como vemos en el gobierno de Bolsonaro, presentando indígenas a favor del agronegocio o creando centrales indígenas pro gobierno, como en Bolivia. Una de las acusaciones de Ben Norton contra Manuela Picq es justamente mencionar que denunció el ecocidio de los incendios forestales de 2019 en Bolvia. Según Norton, así ella contribuyó a preparar el terreno para el golpe. En realidad, contribuyó a denunciar que con decretos a favor de las quemas de bosques, conseguidos por el poder del agronegocio aliado al MAS, el gobierno incentivaba la desforestación del mismo modo como ocurrió en Brasil con movilización progresista.  

Por un lado, el Grupo Puebla, el Espacio Futuro y la Internacional Progresista con mandatarios y otros actores políticos que se ubican políticamente en la socialdemocracia o el progresismo, rechazan operaciones como la del fiscal colombiano, con susceptibilidad ante las disputas que se vivieron en la Corte Electoral, buscando impedir el recuento de votos. Por otro el ataque de destrucción de reputación, contra posiciones a las que cabría en realidad enmarcarlas en un debate político. linchamiento mediático y ataques personales como las que hizo el MAS con Gualberto Cusi, juez aymara más votado en la elección directa de 2011 para los altos tribunales y destituido por presión del gobierno; como Rafael Correa volvió cotidiano en la defensa de explotación extractiva, encuadrado movilizaciones con leyes antiterroristas, como Bachelet con los mapuches.  

Estas operaciones que son frecuentes en diferentes escalas no tienen forma de ser reparados o atenuados y son piezas imprescindibles de un tipo de construcción política que debería llamar la atención de sus apoyadores honestos. Contra la eterna paciencia de la “izquierda crítica”, uno se pregunta cuántos atropellos son necesarios para entender que es una línea política prioritaria la defensa del extractivismo aunque eso implique violar derechos y romper con pueblos indígenas. Al final, siempre prevalece el cálculo que entiende como estratégico mantener un apoyo popular con políticas estatales en detrimento del respeto al territorio indígenas. Es por esta lógica, también, que la elección del 7 de febrero preocupó al progresismo. Los ríos de dinero del petróleo para políticas públicas durante el correísmo, las campañas de marketing con mucho más recursos , no permitieron la victoria electoral por amplia mayoría que permitiría dar legitimidad a las políticas asociadas a este proyecto político. Es ahí que debe pensarse la fuerza de un levantamiento como el de octubre de 2019. 

Raúl Zibechi tiene razón cuando dice que “las insurrecciones populares no caben en las urnas”, observando como por más que el levantamiento de octubre haya sido un parteaguas en la historia reciente, expresando la resistencia de las comunidades rurales y ciudades medianas, Zibechi observa como las urnas no logran modificar la relación de fuerzas de un parlamento que mayoritariamente apoya el extractivismo y no pone en cuestión el modelo neoliberal. En su perfil de Facebook, Alejandra Santillana evalúa después de las elecciones que “Las calles y la construcción de tejido social organizado siguen siendo un camino determinante aún para lo que ocurra en el plano electoral. Imaginar un proyecto feminista popular Plurinacional y campesino sigue siendo un asunto pendiente que no se resolverá únicamente en el diálogo con el estado, nuestra entrada a este o en reformas institucionales”.  

Una vez despejado el tema del necesario rechazo a una campaña sucia es pertinente discutir junto al movimiento indígena de la CONAIE las diferencias sobre propuestas de Yaku Pérez que generaron oposición interna, y las distintas estrategias de confrontación y diálogo que también crearon divergencias durante el gobierno de Lenin Moreno. Las movilizaciones vividas en varios países latinoamericanos antes de la pandemia se encuentran latentes y abren un debate que no cabe en la polarización entre derecha y progresismo.  

La crítica al acoso judicial de los líderes progresistas, y el avance de la derecha en la región, no debe significar congelar las contradicciones y conflictos anti neoliberales, indígenas por territorio y de clase que marcarán el periodo que se abre, más allá de los límites del progresismo. La extrema derecha crece en la región, de hecho, porque los gobiernos progresistas se incorporaron a la clase política que las mayorías ven como elites del poder desconectadas. Izquierdas del orden, que además asumen el lugar autoritario estatal con eficacia, no pueden proponer otro modelo de desarrollo aunque en algún lugar entiendan la legitimidad de las luchas indígenas.   

Desde el apoyo al correísmo, Valeria Coronel reconoce que “Arauz tendría que ser mucho más enfático en que su proyecto es el de las movilizaciones de octubre, tendría que acercarse al movimiento indígena y romper las barreras que se establecieron en algún momento entre Correa y el movimiento indígena”. Eso no parece ser posible y en los distintos países hubo muchos esfuerzos desde el Estado para acercarse a los líderes indígenas. En el citado texto de Guamán y Stoessel se afirma que «el Ecuador que hoy se expresa en las urnas ha mostrado su voluntad de superar dicha polarización [Lasso/Correa]. Se devela así la urgencia de renovar las agendas públicas con un componente más progresista en el campo de los derechos (sexuales, reproductivos, asociativos, sindicales y participación ciudadana) y en la cuestión ecológica.”  Pero, ¿Es eso realmente posible desde el correísmo que persiguió y encarceló líderes indígenas, y busca alcanzar audiencia conservadora y religiosa hablando de aborto por hedonismo a pocos días de la elección?

En un panorama de la política latinoamericana actual, Claudio Katz separa progresistas moderados y radicales… lo primeros en el Brasil del PT y en los “progresismos tardíos” de México y Argentina actual, los radicales en Bolivia y Venezuela, aunque haya dudas con los sucesores de Chávez y Evo Morales. Katz llama a votar a Arauz, como única alternativa a la que el movimiento indígena debería plegarse, en la segunda vuelta. Admite que las declaraciones de Yaku Pérez en las elecciones de 2017, por las que afirmó  “prefiero un banquero a un dictador”, y que es leída como adscripción al neoliberalismo –desde la lógica bipolar- es consecuencia del “durísimo conflicto” con el gobierno empeñado em ampliar la extracción minera, y que incluyó 400 procesos judiciales contra dirigentes indígenas. Pero vuelve al regazo del progresismo, cuya cara radical o moderada parecen ser dos momentos de un mismo juego de retórica clásico en los nacionalismos del siglo XX cerrando filas siempre con la defensa del orden de un mismo proyecto de poder. Esta posición decanta de su caracterización del movimiento indígena en dos vertientes, una clasista, que podría confluir con el correísmo, y otra “etnicista”, de Yaku Pérez, de demandas corporativa, vínculos espurios con ONGs y sintonías con la ideología neoliberal. Katz sugiere también que la corriente etnicista podría llevar a Latinoamérica un desangre étnico-comunitario como el de los Balcanes, Medio Oriente o África, citando análisis en este sentido de José Antonio Figueroa. 

Junto al progresismo de la denuncia legalista y de la acusación de colaboración con el imperialismo, el progresismo “crítico” cierra filas con la esperanza imposible de acercamiento hacia aquellos actores que persigue y busca destruir mediáticamente. La solución de Katz y otros apunta a Bolivia, donde “los líderes del MAS introdujeron el Estado plurinacional, el respecto a las lenguas y costumbres de las comunidades y la orgullosa reivindicación de la tradición indigenista”. Para ellos es la incorporación de la agenda indígena para poder proseguir con la agenda del desarrollo. Desde el seguimiento de los procesos políticos sólo puede significar intervenir desde el Estado em el movimiento indígena para dividirlo y, quitando del camino elementos de resistencia y lucha contra el modelo extractivista, conceder reformas cosméticas mientras el modelo basado en negocios privados o del Estado en la explotación de recursos naturales se desarrolla con la fuerza y legitimidad hegemónica que hoy en América Latina el progresismo constata que ha perdido.