Brett Scott: «Los bancos están creando una idea romántica de los pagos electrónicos para conseguir más poder»

ENTREVISTA | Activista y antiguo bróker de bolsa

  • «Se nos cuenta que esos sistemas pueden evitar la evasión de impuestos, pero no tiene sentido cuando tenemos en cuenta que los bancos tienen divisiones enteras encargadas de ayudar a sus clientes a defraudar»
  • «Los datos relativos a pagos son mucho más sensibles o más delicados que otro tipo de datos. Lo que compras está diciendo lo que haces, cómo actúas»
  • «Abandonar el uso del dinero en efectivo es hacer un pacto con el diablo»

Por Marina Estévez Torreblanca

Suecia es el lugar donde se fabricaron billetes por primera vez en Europa, en el año 1661 (casi nueve siglos después que en China). También podría ser un país pionero en la desaparición del dinero en efectivo: en 2016 solo el 1% de los pagos se hicieron por esta vía. Este control financiero casi «totalitario» (con información sobre lo que se compra, cuándo y dónde) responde a una estrategia por parte de los bancos, empresas intermediarias en los pagos y gobiernos, según alerta el activista y antiguo bróker de bolsa Brett Scott.

Su libro, Hackeando el futuro del dinero (Profit Editorial) acaba de ser publicado en castellano y Scott se encuentra haciendo entrevistas estos días en España. En conversación con eldiario.es defiende un posible sistema financiero de crédito mutuo entre comunidades que escape al control de los bancos centrales y comerciales.

Mientras se materializa esta, a día de hoy, utopía, asegura que no quiere dar «una idea romántica sobre el efectivo», pero defiende la necesidad de un sistema mixto entre los billetes en el bolsillo y los pagos electrónicos. Explica que el sector financiero está dedicando muchos recursos a idealizar la economía digital, con riesgos como la desaparición de la intimidad, el uso espurio de los datos y los ciberataques. Y alerta de que los pobres serían los primeros perjudicados por la desaparición de la moneda física. «Abandonar el uso del dinero en efectivo es hacer un pacto con el diablo», advierte.

Usted alerta sobre el hecho de que el uso de bancos y pagos electrónicos puede suponer un control sobre la vida y las actividades de las personas, pero normalmente compartimos información voluntariamente a través por ejemplo de las redes sociales. ¿Por qué es peor ese otro control?

Lo primero que diría es que simplemente el hecho de que ya estemos controlados no significa que no haya que pelear para mantener un cierto nivel de privacidad. La comunidad de la privacidad, es decir, la gente que está luchando por mantener la privacidad, por ejemplo en las redes sociales, puede mantener un cierto control sobre sus datos y su información o sobre cómo se va a usar.

También diría que los datos relativos a pagos son mucho más sensibles o más delicados que otro tipo de datos (es un control casi absoluto sobre las actividades por parte de instituciones no democráticas como los bancos, a las que tienes que pedir «permiso» para pagar). Las redes sociales muestran ciertas cosas sobre la gente, pero no hablan sobre cómo se actúa realmente. Existe un dicho en inglés que habla de poner el dinero donde pones tu boca. Lo que quiere decir es que lo que compras está hablando sobre lo que haces, cómo actúas.

De este modo, conseguir datos sobre pagos es mucho más sensible que los de las redes sociales. Y controlar este tipo de datos tiene también consecuencias más serias.

A favor del dinero electrónico frente al efectivo hay también otros argumentos. Por ejemplo, en España se calcula que la economía sumergida puede llegar a equivaler al 24% del PIB. Esto tiene consecuencias en evasión fiscal y también en la protección de los trabajadores que cobran parte o todo su salario en dinero sin declarar. ¿Qué opina?

Yo creo que la frase que viene a cuento aquí es que hay que tener cuidado con lo que se desea. Es cierto que puedes usar los pagos digitales para formalizar los sistemas económicos, porque existe un intermediario que lo vigila todo. Pero al mismo tiempo se está aumentando el poder del sector financiero, se aumenta el poder de la banca y de los intermediarios de pago y al mismo tiempo se está exponiendo a los usuarios a nuevos riesgos, por ejemplo, a los ciberataques, a los fraudes. Y cuestiones como la dependencia que se genera en la gente sobre este tipo de plataformas. Por ejemplo, ¿qué ocurre si hay un apagón, si hay problemas con la electricidad?

La manera en la que lo podría explicar es que no quiero dar una idea romántica sobre sobre el efectivo, pero el sector financiero sí está creando esta imagen romántica de los pagos electrónicos y la economía digital.

Es un pacto con el diablo, porque se nos cuenta que quizás se puedan solucionar problemas mediante esta economía digital, pero solo a cambio de darle mucho más poder a las entidades financieras que no rinden cuentas de ningún tipo. Si tú quieres hacer esto, vale, de acuerdo, se puede hacer. Pero hay que tener en cuenta también que el sector financiero no va a solucionar necesariamente los problemas.

Por ejemplo, si hablamos de impuestos. Se nos cuenta que mediante esos sistemas se puede evitar el fraude fiscal, pero no tiene sentido cuando tenemos en cuenta que los bancos actualmente tienen divisiones enteras encargadas de ayudar a que sus clientes evadan el pago de impuestos.

Los países que actualmente están actuando de manera más activa en el sentido de hacer desaparecer el dinero en efectivo son los escandinavos, que son socialdemocracias que se suelen colocar como ejemplo de garantías de los derechos de sus ciudadanos. ¿Por qué cree que ocurre allí precisamente?

Uno de los motivos principales de que esto suceda en países como Suecia y que no sean críticos con estos sistemas digitales, es que la gente confía en sus instituciones. Hay una población muy preparada que cree que las instituciones trabajan siempre en su beneficio, por lo que no ponen problemas a la hora de someterse a estas instituciones, incluidas las financieras. Pero esta confianza en las instituciones no sucede en otros países. Este es un punto que a menudo olvidan los defensores de estos sistemas digitales. Digamos que asumen que todo el mundo va a querer incorporarse a estos grandes sistemas institucionales, pero esto no es necesariamente así, solo hay alguna gente que lo desea.

En algunas organizaciones de ayuda al desarrollo se imagina que si estos sistemas de pago digital, sin efectivo, llegaran a la gente en todos los países, todo mejoraría. Pero lo que sucede es que hay países donde puede haber problemas de debilidad institucional, de infraestructuras, educación. Esto es donde se cree que se debe intervenir a nivel tecnológico para mejorar la economía.

Pero a menudo por muchas capas de tecnología que se añadan, no se soluciona nada. Si no hay fortaleza institucional, por muchas capas tecnológicas que pongas no vas a resolver los problemas, solo vas a ser objeto de más abusos.

Brett Scott, autor de 'Hackeando el futuro del dinero'.

En el caso de que el dinero en metálico llegara a desaparecer ¿qué capas de la población se verían más perjudicadas?

Siempre los más pobres. La analogía que utilizo a menudo es la de los coches y las bicicletas. Si piensas en un sistema de transporte, idealmente querrás tener los dos. Pero si destruyes la industria de la bicicleta, la gente que no tenga acceso a los coches tendrá que caminar.

La analogía de las bicis y los coches es útil. Los pagos digitales llegan muy lejos y son muy rápidos, mientras que los pagos en efectivo son más lentos pero mucho más accesibles. Pero si miras a largo plazo, una sociedad donde solo haya coches, si algo va mal con el sistema de fabricación toda la sociedad estará afectada.

Aunque inicialmente será la gente sin acceso a las cuentas bancarias la que tendrá que operar de maneras más informales tras el ataque al sistema del dinero en efectivo, en circunstancias extremas todo el mundo se verá perjudicado. Se habla mucho de las crisis financieras globales. Si en una de estas crisis hay una pérdida de confianza en el sistema bancario, todo el mundo querrá salir del sistema, intentará sacar el dinero de los bancos. Y si no hay metálico, esto puede tener consecuencias graves.

¿Cuál es para usted entonces el sistema idóneo? ¿combinar bicicletas y coches?

Sí, cuando se diseña un sistema económico siempre se pretende que haya un balance de elementos y por eso yo no tengo una idea romántica con respecto al efectivo. Yo uso el sistema bancario y los pagos digitales, pero la idea de una sociedad sin efectivo donde la gente se ve forzada a realizar siempre sistemas de pago digital, es algo muy diferente. El sistema de efectivo está regulado por los bancos centrales, mientras que los sistemas de pago digital están controlados por bancos y empresas privadas de pago. Y tienen amplios presupuestos para promover sus sistemas, mientras que los bancos centrales nunca dedican ningún tipo de presupuesto a promover o a difundir  el efectivo. Con lo cual es un juego en el que hay una gran desigualdad entre los protagonistas. Como resultado, la gente no recibe una educación al respecto y sólo se quedan con una parte de la historia.

¿Qué podemos a su juicio hacer como individuos para evitar este control del sistema bancario?

La dinámica política es que el sistema bancario privado controla el acceso al efectivo en gran medida y controla el acceso del público. Es por cómo funciona el sistema monetario. Esto es un gran problema porque el equivalente sería Microsoft controlando el acceso a Linux o algo así. Por ello, tendría que haber una intervención política para forzar al sistema bancario a mantener el acceso al dinero en efectivo al público, que es algo que el Estado debe exigir.

Luego hay otro tema y es que en gran medida muchos gobiernos han dejado de aceptar el dinero del propio estado como pago por sus servicios públicos. Un ejemplo podría ser el del Reino Unido, el sistema de transportes de Londres, que es un monopolio estatal, y se niega a aceptar dinero en metálico desde hace muchísimos años. Es decir, una institución estatal no acepta dinero estatal para pagar por sus servicios. Todas las instituciones debería aceptar dinero estatal por sus servicios, en lugar de forzar a todo el mundo a acudir a los bancos privados.

El dinero lleva muchos años sin estar respaldado por un valor real (como era el oro) sino en su valor fiduciario, basado en la confianza. ¿Hacia dónde puede evolucionar el futuro del dinero?

Creo que el dinero que tenemos actualmente es más poderoso que el oro. No estoy de acuerdo en que esté basado en la confianza. Históricamente hay dos enfoques: uno es el que ve el dinero como un producto, una mercancía, el que lo ve como algo que intrínsecamente tiene un valor que nos hace desearlo, como el oro. Soy escéptico sobre ello.

Luego está la otra idea que habla del dinero como algo basado en la confianza o en una especie de acuerdo colectivo. Pero existiría una tercera vía, un tercer concepto que está más refinado y en el que yo creo más. Las teorías de redes. La gente está inmersa en redes totalmente interdependientes. Ningún individuo en la sociedad puede decidir no usar dinero. No usamos el dinero porque confiemos en él, lo usamos porque si no estamos fastidiados. Todos somos dependientes de esta inmensa red que nos acaba atrapando y que es extremadamente fuerte.

Por ejemplo, los dólares estadounidenses. Se trata de una red de 300 millones de personas o más, es un sistema mucho más poderoso que un trozo de oro que nos puede parecer muy bonito. Es una gran red interrelacionada en la que ningún individuo tiene ningún poder. Entonces, el arte de política monetaria es cómo alteras el número de unidades en esa red, y es lo que hacen a menudo los bancos centrales.

Yo vengo de una escuela de pensamiento monetario que se llama cartalismo, basada en la idea de que el dinero está basado en sistemas de créditos y redes formales (la Teoría Monetaria Moderna también se conoce como neocartalismo).

¿En qué lugar colocaría a las monedas tipo bitcoins dentro de esos ecosistemas? 

De hecho el bitcoin intenta replicar estas teorías de dinero como commodity, como un bien, pero usando una estructura de red. Para los evangelistas del bitcoin, la idea que subyace es que las unidades de moneda tienen un valor en sí mismas por la cantidad limitada que existe de la misma. Es un poco como se concebía el valor del oro.

Con esta concepción, es como si coges esta botella de agua que tengo en la mano, la lanzas y existe por ahí y se va transmitiendo, se va pasando de mano en mano. Con el bitcoin se piensa una cosa similar, este sistema de tokens que emites, los lanzas y se van moviendo.

Con los sistemas de crédito lo que piensas es: estas unidades que lanzas se expanden y se contraen. Son entidades que respiran y representan a otra gente. Las unidades en sí mismas son conductos que conectan con otra gente, que permiten el acceso a otras personas. Es muy abstracto, pero digamos que las unidades de crédito tienen dos caras y el bitcoin solo una. Es una de las razones por las que el bitcoin ha sido tan fácilmente vapuleado por los otros sistemas.

Los creadores de bitcoin dijeron en cierto modo «bueno, no nos gusta la gente que está a cargo del sistema monetario, los bancos centrales y comerciales. Entonces vamos a crear otro sistema que sea estático». Lo que se podría hacer es mantener este dinamismo, pero que haya otra gente que lo gestione. Los bitcoin no solucionan los problemas, sino que crean otros. Aunque bueno, para ciertas cosas yo los uso y pueden ser muy divertidos.  

¿Ve usted posible que haya un control distinto de este sistema «dinámico», aparte de los bancos centrales y comerciales?

Probablemente algunos de los experimentos más punteros en sistemas monetarios que se van a realizar vayan a venir de la intersección entre los criptosistemas y los sistemas de crédito que se expanden y se contraen. Por ejemplo, uno los sistemas alternativos que existen son los sistemas de crédito mutuo, que a día de hoy son pequeños experimentos de sistemas dinámicos de comunidades que se juntan para usar dinero entre ellas. Normalmente son muy pequeñas. Pero ahora existe la posibilidad, gracias a la tecnología, de llevar estos sistemas de crédito mutuo a otro nivel y que sea mayor.

Lo que podría existir en el futuro serían redes digitales con todos estos sistemas de crédito mutuo interconectados, que funcionen como lo hacen ahora los bancos centrales pero mucho más controlados por las personas. Nadie ha construido este sistema todavía, pero hay gente experimentando ya con este crédito mutuo a través de blockchain, por ejemplo. El sistema Sardex en Cerdeña es un buen ejemplo de sistema fuerte de crédito mutuo (Scott es asesor de Brixton Pound, una moneda que se usa solo en ese barrio de Londres). La idea es que se pudiera replicar este sistema de un modo mucho más orgánico.

Fuente: https://www.eldiario.es/economia/bancos-creando-romantica-electronicos-conseguir_0_941755932.html

No paniquees

Por Franco “Bifo” Berardi

Viendo ΚΛΕΙΣΑΜΕ (encerrado, en griego) de Sol Prado y escuchando las voces y el silencio.

Un suave voz femenina murmura una sesión de yoga y nos invita a inhalar y, luego, a exhalar.

Una voz maternal y la visión del agua del mar: inhala… exhala…

¿No escuchas una voz repitiendo desde el fondo: no entres en pánico? No entres en pánico.

La cámara del drone planea finalmente sobre la isla.

Sol Prado ha filmado el silencio, la luz y la tristeza en la isla de Leros.

La primera vez que escuché sobre esta isla fue en el año 1977, cuando un amigo mío, el esquizo-analista Félix Guattari visitó el asilo psiquiátrico más increíble: un viejo edificio convertido en refugio para la gente sin recursos que habían perdido la cabeza, su familia, su hogar.

En los ’60, durante los años de dictadura, se recluyeron aquí a presos políticos.

Durante décadas, este lugar ha dado asistencia a personas con problemas psiquiátricos. ¿Asistencia? ¿Cómo puede ser protegid_ el desamparad_ de los monstruos que nacen del interior, del pasado, del futuro?

Esto es, en efecto, la locura: estar sumergid_s en flujos de tiempo disociados.

Para sincronizar la vida social, la civilización moderna expulsó la locura de la ciudad de la Razón y restringió a aquell_s que no podían integrarse en la máquina de interacción social racional.

La cámara deambula por el interior de espacios vacíos del asilo abandonado: marcos de camas rotos, escombros, basura en el suelo: kipple.

“Kipple son los objetos inútiles, el correo basura, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente alrededor, el kipple se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a la cama y deja un poco de kipple en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más.” (Philip Dick)

Ahora el campo visual serpentea de una habitación a otra, un vuelo de puertas abiertas, una pared, una mano recoge un blíster de medicamentos que alguna vez contuvo productos farmacéuticos: pastillas para personas que sufrían  de kipple mental, ahora se han convertido, ellas mismas, en kipple.

Tarde o temprano todo y tod_s nos convertiremos en kipple. Tú lo harás, yo lo haré.

No entres en pánico.

Toma pastillas. Toma estas pastillas y escucha la suave voz de la entrenadora de yoga que aún resuena a la distancia, desapareciendo por momentos, luego volviendo.

Inhala… Exhala…

Luego, vemos los interiores del antiguo asilo: personas sin recursos fueron amontonadas en este edificio en ruinas sin asistencia médica. Alguien venía cada día traer comida; y pastillas, supongo. ¿Cómo podrías sobrevivir sin pastillas en medio del kipple cósmico que rompe la frontera entre el caos y el orden, entre el exterior y el interior, entre el espacio civilizado y el marasmo en ebullición?

Imágenes en blanco y negro de cómo lucía el lugar hace cuarenta años, Kodak TX 5063. Aquí se encarcelaron a pres_s polític_s durante los años de la dictadura del coronel.

Isla griega, agua azul resplandeciente, turistas a la luz del día.

No te olvides de la Primera Ley: “Existe la Primera Ley de Kipple…” Kipple expulsa aquello que no es kipple. Kipple parece ser una combinación de entropía y capitalismo.

Este lugar no se parece en absoluto a un hospital; no hay psiquiatras, no hay terapeutas, ni enfermer_s. No hay sentimientos humanos.

Solo la muerte como único futuro.

¿Qué otra cosa puede ser el futuro sino la muerte? ¿Qué es lo que oculta el futuro sino la muerte?

Luego saltamos al ahora, a nuestra época, la era de la gran migración, de campos de concentración diseminados por todas partes y, en particular, por toda la costa mediterránea.

Detrás del edificio decrépito que alguna vez albergó a personas rechazadas debido a sus problemas mentales, la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas ha creado ahora un campo de refugiados  para aquell_s que desembarcan en las islas griegas que se hallan frente a la costa de Turquía.

En la película no se ven seres humanos. No hay seremos humanos por aquí. Podemos percibir su presencia, la presencia de mujeres y hombres que vivieron aquí en el pasado y la presencia de mujeres y niños que viven aquí actualmente, como habitantes precari_s.

Frágiles módulos prefabricados dispuestos por l_s profesionales de la UNHCR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), intentan dar cobijo a l_s que huyen de la ira de la historia

Un mapa de Siria dibujado en una pared delgada.

Durante los 21 minutos 38 segundos de la película de Sol Prado ΚΛΕΙΣΑΜΕ (cuyo significado es “encerrado”), nunca se ven las caras de las personas que están viviendo allí.

La película (pura contemplación del pánico) no muestra caras, ni personas, tan solo pabellones blancos vacíos hecho de tela y madera. Tan solo ropa en un saco de dormir, tan solo desechos,  desolación.

Solo al final, el deambular de la cámara captura, allí en la distancia detrás de la malla de alambre, a dos niños  que aparecen repentinamente y  luego se pierden de vista.

Ahora vuelve la voz murmurante y nos sugiere que inhalemos y exhalemos.

¿Existe alguna vía de escape política al exterminio? ¿Existe alguna alternativa? Europa es una entidad moribunda, la clase financiera y los gobiernos neoliberales se apropiaron del proyecto europeo, y ahora l_s europe_s se sienten enajenad_s, enfurecid_s y se han vuelto agresiv_s, porque la agresividad es la única terapia contra la depresión que se pueden permitir.

En este punto, convergen el espectro político de la izquierda y de la derecha: rechazo de los inmigrantes, protección de las fronteras, esta la agenda de los actores políticos que se alternan el poder. L_s ciudadan_s europe_s están asustad_s por esta repentina irrupción de aquell_s que, durante tanto tiempo, habían apartado de su vista.

La gente que huye de la guerra, del terror, de la miseria son rechazados por l_s europe_s porque l_s perciben como portador_s del caos, como el preludio del diluvio.

Los buenos sentimientos de apertura y caridad no harán mucho, porque el diluvio viene para quedarse, no se trata tan solo de un efecto de la propaganda racista. No nos engañemos: la ola de migración es un efecto de la globalización (comunicación en red, smartphones, transportes), y del cambio climático. Por lo tanto, la ola de migración está abocada a expandirse, mientras la miseria, la guerra, la devastación medioambiental, pero también, el deseo, la curiosidad y la sed por la osada aventura induzcan al proceso de desterritorialización. Y nadie puede parar esta ola.

Est_s inmigrantes, que l_s europe_s rechazan, son l_s herald_s de algo que hemos estado anticipando durante años, durante décadas: ell_s son la imparable némesis de quinientos años de expansión y colonización europea. Nosotr_s, l_s colonizador_s, la raza blanca, l_s modernizador_s, nos hemos otorgado la autoridad de distinguir entre el orden y el caos, de convertir la barbarie en civilización. Ahora estamos experimentando el fin de la supremacía blanca basada en el control exclusivo de la técnica.

Ahora las tecnologías están en manos de tod_s, seis billones de smartphones, tres billones de personas con acceso a Internet, dos billones de cuentas de Facebook, un billón de cuentas Instagram; e incontables pastillas.

En las islas griegas han desembarcado multitudes de fugitiv_s de Siria.

No tod_s pueden intentar hacer el viaje, pero cada vez más personas lo hacen: millones de jóvenes african_s, empujad_s por la catástrofe medioambiental, la agresión islámica y los efectos de la expoliación colonial, recorren los territorios subsaharianos y atraviesan el desierto del Sahara en camiones inseguros. Much_s de ell_s llegan a Agadez: un traficante de personas de Agadez hace el viaje una vez por semana junto a 30 pasajeros en su camioneta. La ruta cambia constantemente debido a las regulares tormentas de viento que cambian la forma del desierto. Si no conoces el desierto, te perderás. Y a much_s, una vez perdidos, se les acaba la gasolina – y luego el agua. “Y si no hay agua, no sobrevivirás más de 3 días.” Much_s de ell_s mueren de sed e insolación.

Así, son 3 los bandidos: los traficantes rivales, los yihadistas o los simples oportunistas que intentan robar coches, dejando a sus previos conductores en el desierto.

Luego, las milicias armadas libanesas, apoyadas y financiadas por el gobierno italiano, intentan evitar que estas personas lleguen al mar mediterráneo.  Las milicias libanesas están deteniendo, esclavizando, torturando y violando a much_s de l_s jóvenes african_s que han tenido la suerte de sobrevivir al desierto.

Finalmente, much_s llegan al mar y una nueva aventura comienza: pagando a traficantes, desafiando las olas, evadiendo la guardia costera libanesa y, por último, enfrentando el racismo de las autoridades italianas.

El racismo está creciendo en el hemisferio norte porque aquell_s que se piensan como la raza blanca están sintiendo el fragor de la gran migración.

Y entran en pánico.

¿Es posible una salida pacífica a cinco siglos de colonialismo, expoliación sistemática, empobrecimiento y humillación? Se ha desatado una guerra contra los inmigrantes porque l_s europe_s están entrando en pánico y porque no es posible convencer a l_s jóvenes nigerian_s, siri_s, iraquíes, afgan_s que se queden donde están. ¿Por qué deberían hacerlo?

Por lo tanto, solo las pastillas pueden ayudar a calmar y a hacernos olvidar el ineludible caos que atormenta nuestras mentes y nuestras expectativas.

Inhala… Exhala…

Toma pastillas,

sé un buen padre,

sé un buen hij_,

sé una buena madre.

Ve a la isla de Leros

a pasar tus vacaciones.

Haz yoga.

Vota al partido democrático,

ell_s te protegerán de la tormenta.

Vota a los nazis,

ell_s te protegerán de la tormenta.

Vota a la gente buena,

ell_s te protegerán del caos.

Vota a los asesinos,

ell_s te protegerán del caos.

Franco « Bifo » Berardi es filósofo, escritor y agitador cultural. Graduado en estética y formado con Félix Guattari, actualmente es profesor de historia social de los medios de comunicación en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán). Fue un destacado activista de la llamada autonomia operaria italiana durante la década de los setenta y, desde entonces, ha desarrollado una prolífica obra crítica en la que ha estudiado las transformaciones del trabajo y de la sociedad producidas por la globalización, especialmente en cuanto al rol de los medios de comunicación en las sociedades postindustriales. Su producción teórica ha ido acompañada deun activismo por los medios de comunicación alternativos, tarea que inició con la fundación de la revista A/Traverso, fanzine del movimiento de 1977 en Italia, y que prosiguió con la creación de la Radio Alice —la primera emisora pirata del país— y la TV Orfeu, cuna de la televisión comunitaria en Italia. En el terreno ensayístico, debutó con Contro il lavoro (Feltrinelli, 1970) y, desde entonces, ha publicado medio centenar de títulos, algunos de ellos traducidos al castellano, como La fábrica de la infelicidad (Traficantes de Sueños, 2003), La sublevación (Artefakte, 2013) o, recientemente, Fenomenología del fin (Caja Negra Editora, 2017).

Traducción del texto al español por Alejandra López Gabrieldis

https://kleizamemovie.com/

Maristella Svampa: «La clase política apuesta a un modelo que sabe que es insustentable, pero que a corto plazo le genera ingresos»

La socióloga, escritora e investigadora que firmó la carta de apoyo al FIT-Unidad, detalla la problemática ambiental de la región y la responsabilidad de los gobiernos. La mirada sobre el rol de la juventud en las protestas ambientales y una reflexión sobre el movimiento de mujeres.

La socióloga, escritora e investigadora que firmó la carta de apoyo al FIT-Unidad, detalla en esta entrevista, la problemática ambiental de la región y la responsabilidad de los diferentes gobiernos de turno. Su mirada sobre el rol de la juventud en las protestas ambientales y una reflexión sobre el movimiento de mujeres.

El lobby minero, y algunos candidatos ahora también, hablan de “minería sustentable”. ¿Puede haber minería sustentable?

Creo que en primer lugar hay que reflexionar sobre los avatares que ha tenido la categoría “desarrollo sustentable”. Si en los años ’80 y ‘90, surgió en el panorama internacional una cara muy positiva, muy disruptiva, de la mano de movimientos ecologistas, rápidamente esta noción fue apropiada por los grandes lobbys empresariales, por el establishment, y en ese sentido sufrió un problema de desgaste y de vaciamiento. Al principio, la noción de desarrollo sustentable, sobre todo, hacía hincapié en dos cosas: primero en el hecho de que había que asegurar las condiciones de producción y reproducción de la vida, el ciclo natural. Y en segundo lugar, había que garantizar el presente y el futuro de las próximas generaciones.

Esa doble idea de garantizar los ciclos de la vida y, por otro lado, el pacto intergeneracional, es algo que desaparece del discurso de los grandes actores de trasnacionales y, en líneas generales, del lobby que se ha instituido en torno al término de sustentabilidad. Con esto quiero decir que la noción de sustentabilidad se fue convirtiendo en una noción débil, muy en consonancia con la idea de modernización ecológica. ¿Qué quiere decir modernización ecológica?

Que no se cuestiona el crecimiento económico y se considera que los impactos que acarrea el uso de tecnología nociva para el ambiente, puede ser mitigado con el uso de más tecnología.

Esa es la idea central que hoy se encuentra en las grandes corporaciones a sabiendas que, en definitiva, detrás de la noción de desarrollo sustentable, siempre la prioridad lo tiene que definir lo económico, no la protección del ambiente. Con lo cual, ya se ha falseado esa idea que era tan disruptiva y novedosa a inicio de los ´80 y los ´90. En términos específicos, si uno va al modelo de megaminería y al modelo de hidrocarburos no convencionales a través del fracking, ahí uno ve el carácter contradictorio de la expresión. Porque la minería es de las actividades que genera más pasivos ambientales, utiliza grandes cantidades de agua, enormes cantidades de sustancias químicas que tienen un alcance muy contaminante. Los impactos sobre los territorios y sobre la salud de la población están más que probados, la cantidad de accidentes que ha habido, sobre todo estos últimos años, muestran el carácter insustentable de la minería.

Miremos el caso de Brasil, donde los diques que contienen el desecho minero se han roto, como en el caso de Mariana y Brumandinho, donde hubo más de 300 muertos. Y que coloca el cuestionamiento sobre la compañía Vale que es una de las más contaminantes del mundo. En Argentina, veamos el caso de Veladero. Siempre se habló del modelo sanjuanino como un modelo ideal de minería sustentable, cuando en realidad es lo contrario. Detrás de la acción de Barrick Gold, lo que hay es destrucción de glaciares y también derrames de solución cianurada, que han contaminado aguas. La Asamblea de Jachal ha denunciado esto, se ha denunciado penal y judicialmente la responsabilidad de Barrick Gold, y de los gobiernos que han encubierto estos impactos, hubo ya tres derrames de solución cianurada.

En esa línea creo que la sociedad argentina ya es consiente que no se trata de una actividad sustentable, más allá de la enorme publicidad y la gran cantidad de dinero que invierten las empresas y los gobiernos para falsear la información y convencer a las poblaciones de una suerte de destino minero, inevitable. Ya los impactos son visibles.

En el caso del fracking, también se quiso construir a nivel global debido a los cuestionamientos y las grandes controversias desatadas, la idea de “fracking seguro y sustentable”. Era el caballito de batalla de las grandes empresas y va a contramano de una gran cantidad de estudios realizados sobre todo en Estados Unidos, que es el país en donde ha habido más desarrollo del fracking, que demuestran los impactos territoriales; ambientales; la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas; los impactos en la salud sobre las personas, sobre los animales; la emisión de gas metano, en fin, una larga lista de impactos que muestran con claridad el carácter insustentable del fracking.

En el caso del fracking las empresas son doblemente cuestionadas, dado que son conscientes que están promoviendo una matriz energética ligada a las energías sucias, las energías más contaminantes. A sabiendas de que estamos en un momento civilizatorio en el cual es necesario orientarse hacia un escenario de transición energética, promoviendo las energías limpias, las energías renovables.

Esto es parte de un discurso, “responsabilidad social empresarial”, “minería sustentable”, “fracking responsable”, que muestra el enorme poder que tiene el lobby minero para controlar a los medios de comunicación con la pauta publicitaria. Creo que es necesario romper este consenso impuesto por el lobby, para demostrar el carácter insustentable de estos modelos, donde toda la literatura científica, la evidencia en los territorios lo demuestran.

Mencionaste el ejemplo sanjuanino, también se ha avanzado o intentado avanzar con estos modelos en Río Negro, Chubut o Mendoza, ¿cuál es el rol de los gobernantes en este sentido y qué opinas de las resistencias que también se expresaron en las provincias?

En primer lugar hay que decir que en toda América Latina se ha sostenido un imaginario de desarrollo productivista, que apunta al crecimiento exponencial sin medir los impactos sobre el ambiente y las poblaciones. Por otro lado, este imaginario de desarrollo también se basa en una visión instrumental, antropocéntrica de la naturaleza, donde se considera a la naturaleza como algo que se puede dominar y explotar de manera indiscriminada y como si el ser humano fuera exterior a la misma, no una parte de la naturaleza. Y, en tercer lugar, en América Latina hay un imaginario que tiene que ver con la abundancia de bienes naturales y la ilusión de muchos gobernantes de creer que la demanda de los países poderosos de algunos de esos bienes naturales hará posible salir del subdesarrollo o de la pobreza.

Ese imaginario ya no se sostiene debido al carácter de la crisis socioecológica que señala la urgencia de orientarnos hacia otro modelo, pero además porque la pobreza no solo persiste sino que se han ensanchado las desigualdades, y ha habido grandes cuestionamientos a estos modelos que son altamente destructivos. Creo que gran parte de la dirigencia política todavía sigue prisionera de ese imaginario y esto va por encima del color ideológico que se tenga. Esto va desde el progresismo hasta los neoliberales e inclusive gran parte de la izquierda sigue siendo desarrollista.

Por otro lado, a partir del año 2000, lo que hemos visto en América Latina es una alianza entre gobiernos, a nivel nacional, provincial y local, con los grandes actores de las trasnacionales en función de estos modelos de desarrollo. Porque también hay intereses económicos en juego, no se trata solo del ideal de progreso. Gioja tiene inversiones, él y su familia, en empresas que proveen servicios a la actividad minera. En Neuquén también, la familia Sapag y muchos de quienes componen la clase política, tienen intereses económicos muy claros en tanto y en cuanto participan de esas empresas que proveen servicios petroleros.

Les doy otro caso particular, la Secretaria de Ambiente de la provincia de Río Negro que se llama Alicia Migani, es propietaria ella y su familia de una empresa que provee servicios a una industria petrolera. O sea, ella es Secretaria de Ambiente y a la vez le vende servicios a las empresas que debe controlar. Y esto sucede todo el tiempo, hablemos de petróleo, de soja o de megaminería. El sistema de puerta giratoria que este gobierno consolidó con la presencia de CEOs en su gabinete, marca a las claras que para ellos no existe un problema de conflicto de intereses. La clase política apuesta entonces a un modelo que sabe que es insustentable, pero que a corto plazo le genera ingresos.

Y respecto a los organismos internacionales, ¿qué implicancia tiene el acuerdo actual con el FMI en relación a los recursos naturales?

Hay una contradicción en este tema, porque el FMI exige un proceso de ajuste que implica una reducción de los subsidios estatales a Vaca Muerta. Con lo cual eso ha perjudicado a las empresas que han sido enormemente beneficiadas con los subsidios estatales. Para que se tenga una idea, en 2018 los subsidios estatales que recibieron las empresas, sobre todo Tecpetrol e YPF, equivale al doble de lo erogado por las universidades nacionales y prácticamente lo mismo que el presupuesto del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Al gobierno le interesa más promover las energías fósiles que son altamente contaminantes, beneficiando a las grandes empresas otorgándoles enormes subsidios para que se sigan manteniendo en Vaca Muerta, a costa de la educación, la salud, y otros sectores claves de la sociedad.

Esta contradicción que mencionaba hizo que los sectores ligados al petróleo protestaran en contra de esta reducción de subsidios, que aun así sigue siendo muy alta. Vaca Muerta tiene una serie de blindajes que están hechos para fomentar el desarrollo de la misma. Tiene un blindaje laboral porque, efectivamente, Guillermo Pereyra y el Supeh firmó un convenio de flexibilización laboral tremendo con las empresas para garantizar la baja del costo laboral. En segundo lugar tiene un blindaje político, y todos los sectores en este sentido avalan. Un blindaje mediático, todos los medios de comunicación promueven el desarrollo de Vaca Muerta y ocultan, sobre todo, los impactos y también todas las objeciones que provienen de informes internacionales y dan cuenta de la inviabilidad financiera de Vaca Muerta.

Hay un blindaje que se quiere establecer y es el blindaje jurídico y consiste, sobre todo, en colocar límites a la protesta social y en particular a la protesta de los mapuches. En el medio de todo esto hubo un juicio de parte de la comunidad Campo Maripe que, para sorpresa de muchos, el juez finalmente propuso no penalizar a las comunidades mapuche e hizo un llamado para que se contemplen sus derechos territoriales y sus derechos colectivos. Ese fallo del juez fue rápidamente apelado y rechazado, el mismo día en que anunciaban la fórmula Macri y Pichetto con un primer viaje de Cambiemos a Vaca Muerta. Claramente la intencionalidad política era mostrar que se iba a evitar todo tipo de conflictos y que no se van a reconocer los derechos de los pueblos colectivos allí en Vaca Muerta. Es decir, que Vaca Muerta no cierra sin flexibilización laboral, sin represión y no reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, y sin blindaje político.

Teniendo en cuenta el posible futuro gobierno de Alberto Fernández, ¿qué rupturas o continuidades crees que pueda tener respecto al modelo energético, en relación también al gobierno de Macri?

Hay varias cosas para decir y la primera es que estamos muy preocupados por la continuidad manifiesta de parte de Alberto Fernández sobre los modelos de mal desarrollo, tanto el modelo de agronegocio, el modelo megaminero y el del desarrollo de los hidrocarburos no convencionales.

Creo que hay que intentar instalar la agenda, no podemos volver a repetir los errores que se cometieron en años pasados. Los progresismos tenían como punto ciego la problemática ambiental y la discusión sobre los modelos de desarrollo. Hoy en día, eso ya no se puede obturar. Se ha abierto la discusión y, si bien es cierto que los medios masivos de comunicación intentan clausurarla, hay mucho activo militante ambiental, hay mayor conciencia en los sindicatos y en los partidos. Esperamos que la Izquierda tenga un rol importante para colocar la problemática socioambiental en la agenda, y que los progresismos también abran la agenda.

Esperamos que no sea lo mismo, no tropezarnos dos veces con la misma piedra y que se abra la agenda, pero estamos muy preocupados porque las declaraciones de Alberto Fernández alientan esta idea de continuidad lineal, cuando en realidad lo que hay que hacer es abrir la agenda y pensar en otras variantes, otras salidas. A nivel global se está discutiendo la agenda energética. En Argentina ya se han introducido energías renovables que están, podríamos decir, muy mercantilizadas porque, en el marco del gobierno neoliberal, las energías renovables están en manos de grandes empresas, la dependencia tecnológica es muy grande en relación a China, y todo eso hay que rediscutirlo porque las energías renovables son necesarias y además rentables económicamente.

También hay que tener en cuenta que cuando uno mira la matriz energética en Argentina, no es solamente la extracción de combustibles fósiles lo que hay que cuestionar. Hay que cuestionar el sistema de transporte. Más del 31% del consumo energético de combustibles fósiles tiene que ver con el transporte terrestre. En Argentina se desmanteló el sistema ferroviario en los años 90, hay que reorganizar el sistema de transporte para repensar la matriz energética o la transición energética. Y para eso hay que tocar el poder de actores sindicales, sin dudas muy poderosos, que se han consolidado en las últimas dos décadas. Pero ese trabajo hay que hacerlo porque, efectivamente, es el sistema de transporte el que emite el 31% de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Tenemos que empezar a pensar las diferentes variantes respecto de la transición energética que implican sistema de transporte, mayor eficiencia energética, transición hacia energías limpias, combate de una pobreza energética. ¿Ustedes saben, por ejemplo, que que la mayor parte de las leyes energéticas que tenemos hoy en día son las mismas que teníamos en la época del menemismo? Ni el kirchnerismo las tocó y, por supuesto, lo que tocó este gobierno fue la línea de mayor mercantilización, como puede ser la ley de energías renovables.

Vemos que se renueva el ciclo de protestas ambientales en el mundo y a nivel local también, aquí en Mendoza se empezó a expresar un movimiento de estudiantes secundarios por el ambiente, ¿qué rol tienen para vos los jóvenes?

Aquí hay dos cuestiones para analizar y la primera es que los incendios en la Amazonía marcaron un punto de inflexión. Se mostró con claridad la emergencia de una nueva conciencia ambiental, de la cual son portadoras sobre todo las generaciones más jóvenes. Los incendios mostraron que esto tiene que ver con la economía y con sostener modelos insustentables, la expansión de la frontera agropecuaria, la expansión de la frontera sojera, los extractivismos en general, que sobre todo están avanzando en los países del sur. Es parte de esta nueva división del trabajo.

Esto está ligado además a la aceleración del metabolismo social del Capital. El modelo de consumo necesita más materia y más energía, y para eso se presiona más sobre los bienes naturales. La Amazonía está en riesgo, también están en riesgo los glaciares. Nosotros tenemos una Ley de Glaciares que defender. Si ustedes miran el caso de Bolivia y Perú, ya es un hecho que los glaciares se están derritiendo, y son nuestras cuencas hídricas, nuestras “fábricas de agua” las que están en juego.

Es un momento en el cual la crisis civilizatoria, en términos socioecológicos, es más que evidente. Y en esa línea sí, son los más jóvenes los que son más conscientes de ello. Es su futuro, y más aún, es su presente el que está en juego. A mí me sorprendió gratamente cuando fuimos en Buenos Aires a protestar en la embajada de Brasil, encontrarme con nuevas organizaciones, “Jóvenes por el clima”, “Alianza por el clima”, los mismos sectores veganos. En fin, son nuevos interlocutores y yo lo que promuevo en este sentido es un diálogo intergeneracional, porque lo que necesitamos es restituir la memoria de las luchas socioambientales de Argentina y América Latina. Y que son luchas claramente contra el neoextractivismo y las diversas formas de neoextractivismo.

Entonces, las y los jóvenes que hoy asumen la defensa del planeta, criticando el cambio climático y los modelos de desarrollo insustentable, deben mirar esas luchas socioambientales que, desde las provincias sobre todo, desde la periferia, vienen señalando estos problemas desde hace tanto tiempo y vienen colocando límites, a través de la promoción de leyes protectoras.

¿Esta preocupación interpela también al feminismo? ¿Juega o puede jugar un rol el movimiento de mujeres en esta pelea?

Sí, claro. Las mujeres tienen un rol fundamental, en tanto y en cuanto han sido históricamente protagonistas de luchas populares. Las mujeres son las primeras en denunciar los impactos silenciados por las grandes corporaciones, en la salud de las mujeres y de los niños. Entonces, tradicionalmente en los territorios, quienes defienden la vida y la sostenibilidad de los mismos son las mujeres. No es casual que las luchas contra el neoextractivismo sean encabezadas por mujeres en donde, además, las mujeres van conquistando un nuevo lenguaje sobre el territorio.

Un lenguaje en el cual, cuerpo, territorio, naturaleza, la noción de ecodependencia aparece como central, la noción de cuidado. En el ecofeminismo, hay una reapropiación de los cuidados en clave emancipatoria, con la idea de que sean todos, mujeres y hombres, quienes desarrollen la noción del cuidado del otro, y por ende también el cuidado de la vida, el cuidado del planeta. El cuidado es algo que el patriarcado ha escencializado, pero en realidad el cuidado tiene que ver con la misma posibilidad de supervivencia de los seres humanos. La civilización no hubiese podido extenderse de no haber sido por las relaciones de interdependencia y de cuidado, porque nosotros somos seres vulnerables y para nada somos seres independientes de la naturaleza. Entonces, las mujeres vuelven a traer ese mensaje de la relacionalidad con la naturaleza, de la interdependencia, de la necesidad de respeto y cuidado del otro que, en esta clave ecológica, se traduce en un cuidado de la naturaleza.

Y en esa línea yo creo, que si al principio del ciclo progresista, los pueblos originarios fueron los que elaboraron una nueva narrativa emancipatoria a través de las nociones de buen vivir, hoy en día son los movimientos de mujeres. Creo que es necesario promover una relación entre los feminismos más antipatriarcales de las ciudades, que denuncian los femicidios, la violencia de género, y que promueven nuevos derechos, con los feminismos populares que luchan en los territorios contra las grandes empresas extractivistas y sus alianzas con los gobiernos.

 

Chalecos amarillos, un balance provisional

Este movimiento enormemente dispar se ha ido constituyendo como un genuino contrapoder débil pero eficaz. Inasible por las instituciones tradicionales, su fortaleza se derivaría de su liquidez y de su multiplicidad
Por Carlos Taibo

La atención que el movimiento francés de los chalecos amarillos –los gilets jaunes– ha suscitado por estos pagos ha sido más bien escasa. Pareciera como si se sobreentendiese, por un lado, que se trata de una iniciativa vinculada estrechamente con la singular realidad del país en que ha germinado y, por el otro, que su destino ineluctable es desaparecer. Sobran las razones, sin embargo, para recelar de esas dos intuiciones que impiden –parece– prestar atención a hechos importantes.

Uno de esos hechos asume la forma de la enorme dificultad que arrastramos en materia de predicción de lo que está llamado a ocurrir con movimientos de muy diverso cariz y, más allá de ellos, con la biología de la realidad social. Y eso que en Francia se habían revelado al respecto señales de muy diverso orden, como las que asumieron la forma del rechazo popular de la llamada Constitución europea en 2005, del crecimiento paulatino de la abstención electoral, del auge del Frente Nacional, de la manifestación de movimientos varios en las banlieues de las grandes ciudades o, más recientemente, de la aparición de iniciativas como Nuit Debout. Parece servida la conclusión de que los treinta gloriosos–la edad de oro de los Estados del bienestar– han quedado muy atrás, de tal suerte que las reglas del juego correspondientes han sido dinamitadas.

Estamos, por lo demás, y habrá que volver sobre el argumento, ante un movimiento enormemente dispar, del que todo, o casi todo, puede decirse. Bastará con recordar que, al menos inicialmente, parecía incalificable, portador como era de muchos elementos propios de la derecha que, con el paso del tiempo, y de la mano de una confluencia de luchas, parecen haber remitido a medida que los chalecos amarillos se politizaban, se expandían y recibían apoyos intensos en la sociedad francesa1.

Los chalecos amarillos han configurado, en fin, y en palabras de Étienne Balibar, un genuino contrapoder2. Un contrapoder débil pero eficaz que, inasible por las instituciones tradicionales, disfrutaría de una fortaleza que se derivaría, no sin paradoja, de su liquidez, de su multiplicidad y de su fuerza difusa3. Por detrás lo que despunta, con toda evidencia,  es una crisis general de los mecanismos de representación política, en el buen entendido de que los chalecos amarillos no son su causa, sino una de sus manifestaciones. Y una crisis, también, y por cierto, de la representación sindical al uso.

1. El movimiento de los chalecos amarillos vio la luz en el otoño de 2018, y en primera instancia lo hizo al amparo de un cuestionamiento franco de la figura de Macron, “el presidente de los ricos”, retratado una y otra vez como arrogante y envanecido, y emplazado muy lejos de cualquier proyecto orientado a moralizar, como pretendía la retórica oficial, la política francesa. El movimiento bebía de una percepción muy extendida que entendía, con razones sólidas, que la clase política vive al margen de los problemas de la gente de a pie, víctima, esta última, de la precariedad, del desempleo, del deterioro de los servicios públicos y de constantes subidas de impuestos que, en cambio, no afectaban a las capas más ricas de la población. “No nos escuchan, nos desprecian”, se ha escuchado en más de una ocasión. Lo que se revelaba era, en paralelo, una conciencia repentina –sin duda debía haberse hecho valer mucho antes– de que el Estado no sólo no protegía a las gentes de abajo en ámbito alguno: se entregaba, antes bien, a su represión. Si la elección de Macron como presidente supuso un golpe durísimo para los partidos clásicos, la aparición de los chalecos amarillos ha acarreado un golpe no menos duro para la credibilidad del proyecto macroniano4.

2. Pocas tareas hay más difíciles que la de trazar un perfil de las personas integrantes del movimiento de los chalecos amarillos. Intentaré, aun así, acometer la tarea correspondiente. El movimiento lo integran ante todo gentes que son trabajadoras en activo o jubiladas, con una media de 45 años de edad, integrantes de las clases populareso de una clase media en proceso de desclasamiento. En él parece registrarse una mayor presencia de personas empleadas que de obreras, en el buen entendido de que entre sus integrantes se hallan también gentes que trabajan en la artesanía, en el comercio –unas y otras están más presentes que en el conjunto de la población– y miembros del pequeño empresariado. En general, quienes participan del movimiento se vinculan con instancias productivas tradicionales, alejadas de la lógica de la globalización, y en un 74% de los casos se hallan en situación de precariedad5. Los cuadros directivos están, por otra parte, poco representados. Apenas hay jóvenes y –parece– se dan cita pocas personas desempleadas.

Entre los chalecos amarillos se registra una presencia masiva de mujeres: un 56% de la militancia, según Vandepitte6, y un 45%, según Farbiaz7, serían tales, con franca mayoría de las mujeres trabajadoras pobres8, a menudo madres de familias monoparentales, con salarios más bajos que los de los hombres, trabajos precarios, con frecuencia a tiempo parcial, y graves problemas en materia de conciliación. No parece particularmente relevante, con todo, la presencia de mujeres que disfrutan –es una manera de hablar– de pensiones muy reducidas. En términos generales, tampoco parece que las capas más pobres de la sociedad francesa participen activamente del movimiento, en el que es, en fin, escasa la presencia de población inmigrante.

Aunque a menudo se ha sugerido que los chalecos amarillos proceden de zonas rurales, en la mayoría de los casos no se trata de miembros del campesinado entendido en el sentido tradicional. En semejante contexto a duras penas sorprenderá que la condición de clase de la militancia del movimiento sea difusa, como lo demostraría el hecho de que junto a integrantes del proletariado precarizado se den cita miembros de una clase media endeudada y empobrecida. El panorama se enrarece aún más si se certifica la presencia en ascenso de gentes que habitan en los barrios populares de las grandes ciudades, gentes que en unos casos se suman por solidaridad y en otros por compartir las demandas del movimiento9. De este último han sacado provecho, por lo demás, grupos humanos que, como los vinculados con la policía, la enfermería, el profesorado o el estudiantado, han procurado mejorar su situación profesional. En este terreno los chalecos amarillos habrían operado como estímulo para que se reaviven otros conflictos.

Según una encuesta que cita Farbiaz, un 15% de los chalecos se sitúa en la extrema izquierda, un 42,6% en la izquierda, un 6% en el centro, un 12,7% en la derecha y un 5,4% en la extrema derecha10. Muchos de los chalecos amarillos, acaso la mayoría, se niegan, de cualquier modo, a ubicarse en un eje izquierda-derecha, del que recelan. Casi la mitad de la militancia se manifestó en la calle por vez primera en su vida al calor del movimiento, en tanto sólo un 44% había participado en una huelga con anterioridad11.

3. Importa, y mucho, prestar atención a la procedencia geográfica de los chalecos amarillos. E importa porque por momentos se hace evidente que, junto a los problemas tradicionales, frecuentemente vinculados con la inmigración, de los suburbios de las grandes ciudades hay otros que remiten a la situación de la Francia castigada sin paliativos por el proceso de globalización. Al respecto se ha revelado una conciencia clara de los efectos negativos de esta última, que acercan a grupos humanos muy diversos en una Francia periférica que se opone a la de las metrópolis, claramente integrada en la economía-mundo12.  No está de más que recuerde al respecto que la globalización suscita, como parece inevitable, percepciones muy diferentes. Bastará con recordar que mientras el 68% de quienes pueden describirse como cuadros dirigentes ven en ella una oportunidad, el 74% de los integrantes de la clase obrera la percibe, en cambio, como una amenaza13.

Se ha hablado de una Francia que se levanta contra las élites parisinas – pareciera como si para muchos chalecos amarillos los conceptos de parisino, burguésy explotadorestuviesen muy próximos14– y, de manera más precisa, se ha identificado lo que se ha dado en llamar la diagonal del vacío. A los ojos de Hervé Le Bras, esta Francia incorpora departamentos caracterizados por un activo despoblamiento. En ellos se dan cita zonas rurales o semirrurales preteridas que pierden comercios, maternidades y servicios públicos, en las que hay que recorrer distancias importantes para acudir al trabajo, trasladarse a la escuela o presentarse en un hospital, en las que los habitantes a menudo no pueden disfrutar de vacaciones y en las que se registran, en suma, un incremento visible de las desigualdades y la desaparición, en los hechos, de los ascensores sociales. Hablo, en otras palabras, de la Francia que acoge a gentes que no parecen importar a nadie.

En la trastienda lo que despunta –lo repetiré– es una confrontación entre las metrópolis, por un lado, y las ciudades pequeñas y el mundo rural, por el otro, en el buen entendido de que no se antoja sencillo identificar, en términos demográficos, cuál es la Francia urbana y cuál la rural. Comoquiera que los límites entre una y otra son a menudo difusos, Christophe Guilluy prefiere hablar de una colisión entre territorios dinámicos y territorios marcados por la fragilidad social15. Estos últimos dependerían en exceso del empleo público y de actividades tradicionales manifiestamente en retroceso. Según el propio Guilluy, en la Francia periférica –el asiento principal de los chalecos amarillos– se daría cita nada menos que el 61% de la población del país16.

4. La principal forma de acción de los chalecos amarillos ha sido la ocupación de rotondas y, con ella, también la de los servicios de peaje de las autopistas, acompañada con frecuencia de la inutilización de los radares de control de velocidad de las carreteras. En todos estos casos, como en el de las numerosas manifestaciones desarrolladas, las acciones se han hecho valer sin respetar las normas legales y al amparo de lo que las más de las veces han sido prácticas espontáneas fuera de control.

Dos son las dimensiones que me interesa rescatar en relación con estas cuestiones. La primera obliga a subrayar que los chalecos amarillos habrían abierto el camino a una suerte de tercera modalidad de huelgaque se agregaría a dos ya conocidas. Estas últimas son la huelga de producción, que traba –como su nombre indica– la generación de bienes y de servicios, y la huelga de consumo, que hace lo propio con el consumo de esos bienes y servicios. Las ocupaciones de rotondas apuntan, como acabo de sugerir, a una tercera modalidad, que tal vez podría llamarse huelga de distribución. Su objetivo mayor es impedir que, en virtud del despliegue de trabas a la circulación de vehículos, los bienes lleguen a los centros comerciales. Esta forma de control de determinados espacios ha sido particularmente lesiva para los intereses de las grandes superficies.

La segunda dimensión que invocaba vuelve en más de un sentido sobre un argumento que ya me ha atraído: los chalecos amarillos no se nutren de las capas más pobres de la sociedad, como lo vendría a demostrar el hecho de que en muchos casos sus demandas guardan relación expresa con el automóvil y su mundo. No se olvide al respecto que el movimiento surgió de resultas del designio de oponerse a la enésima subida en el precio de los carburantes y que en la mayoría de los casos estamos hablando, obviamente, de gentes que disponen de un automóvil. A tono con lo sugerido, muchas de las demandas, o al menos de las demandas iniciales, formuladas por el movimiento subrayaban la dificultad de hacer frente a las exigencias derivadas de la disposición de un automóvil que, según una estimación, se llevaba a menudo un 20% de los salarios más bajos17.

5. Una de las críticas comúnmente vertidas sobre los chalecos amarillos es la que identifica en éstos vínculos estrechos con la derecha y, más aún, con la extrema derecha. Hay quien ha creído ver en aquellos, y quien piensa todavía que la descripción es correcta, un movimiento poujadista de la pequeña burguesía reaccionaria18. A los ojos de cierta derecha, y por otra parte, los chalecos amarillos serían los verdaderos franceses, muy alejados de los movimientos radicales de los suburbios urbanos. Desde esta perspectiva, Francia estaría desapareciendo, los inmigrantes se beneficiarían de políticas que no beneficiarían, en cambio, a los franceses, los judíos controlarían los bancos y los medios de comunicación, los comisarios de policía serían masones…19. Estas percepciones a duras penas pueden sorprender. Al fin y al cabo, las áreas geográficas de manifestación de los chalecos amarillos lo han sido también, en muchos casos, de asentamiento del Frente Nacional, una fuerza que procuraba responder, bien que con claves las más de las veces diferentes, a los problemas correspondientes.

Tiene sentido que recoja un puñado de observaciones que redundan en esa interpretación del movimiento como una iniciativa vinculada con la derecha. Se han identificado en aquel, bien que con presencia limitada, conductas racistas y sexistas, y también mensajes antisemitas. No han faltado tampoco entre los chalecos amarillos las demandas encaminadas a alentar medidas duras contra la inmigración. Aunque la cuestión es compleja, muchas de las defensas de la soberanía nacional beben también del discurso de determinados segmentos de la derecha tradicional. Más allá de lo anterior, y de manera tal vez más consistente, a menudo se ha señalado que son muchos los chalecos amarillos que no buscan otra cosa que el beneficio propio, lejos de cualquier proyecto colectivo y solidario. Con frecuencia, y por añadidura, no consta que la militancia de hoy haya mostrado su solidaridad con muchas de las huelgas registradas en el pasado20.

Hay quien estima, por lo demás, que los sectores de derecha extrema que se han acercado al movimiento, o que han formado parte de él desde el principio, rara vez acogen, sin embargo, a militantes del partido de Marine Le Pen, una fuerza política que contemplaría a los chalecos amarillos con ojos más bien escépticos y desconfiados21. Las cosas como fueren, parece que cabe identificar –como inmediatamente tendré la oportunidad de subrayar– un fracaso general de la extrema derecha a la hora de colocar en primer plano sus demandas y, con él, un retroceso general de sus activistas.

6. Ya he señalado que en inicio el movimiento de los chalecos amarillos reclamó la desaparición de una tasa que debía gravar los carburantes. Más allá de ello, exigió que se pusiese fin a una larga etapa de reducción del poder adquisitivo, de subida de los precios de los alquileres y de deterioro de los servicios sociales.

Con el paso del tiempo, parece evidente, sin embargo, que las demandas se precisaron, se ampliaron y, en su caso, se vieron completadas con otras. Recordaré al respecto, por ejemplo, cómo por detrás de la solicitud de que desapareciese la tasa sobre los carburantes despuntaba una clara conciencia en lo que atañe a un hecho: los recursos obtenidos en virtud de tasas como esa no se destinaban, o solo eran asignados tangencialmente, a encarar los problemas medioambientales. El Gobierno francés no tenía, por otra parte, ninguna intención de prohibir el queroseno o los viajes de los cruceros. Las víctimas eran, como siempre, las gentes de abajo, llamadas a pagar una imaginable reconversión ecológica de la economía. El movimiento acabó planteando, en fin, otras medidas, como las relativas al aislamiento térmico de viviendas, llamado a permitir la reducción del consumo de energías fósiles, al establecimiento de impuestos más altos sobre el fuel marítimo y el queroseno, a la gratuidad del transporte público o a la búsqueda de alternativas al automóvil. Y asumió con claridad que la lucha contra el cambio climático debía suponer que se restrinjan las posibilidades al alcance de quienes –las grandes empresas– son responsables mayores de aquel.

Se verificaron también cambios en lo que atañe a la forma de afrontar la inmigración, y eso que, según un estudio que cita Farbiaz, un 48% de los chalecos amarillos parecía estimar que en materia de empleo la población francesa debía disfrutar de prioridad ante la inmigración regular22. Aun con ello, si al principio se reivindicaban en su caso políticas represivas, con el paso del tiempo se postularon medidas encaminadas a mejorar la situación de las personas refugiadas y sin papeles, al amparo de una incipiente conciencia de que muchos problemas eran comunes y de que había que integrar a la inmigración en la lucha de los chalecos. En esta deriva es lícito sostener que tuvo su influencia el hecho de que se incorporasen al movimiento sectores urbanos vinculados con los movimientos sociales críticos desplegados en los años anteriores.

Cada vez ha sido más notoria, en suma, la manifestación de discursos anticapitalistas que, con vocación de contestación general, colocan la igualdad y el medio natural en lugares centrales de las demandas. Y a menudo ha sucedido, también, que aquellas de entre estas que parecían poco ambiciosas encontraban en los hechos una radicalidad mayor que la que correspondía a tantas consignas grandilocuentes.

7. El retrato que, desde los estamentos oficiales, se ha ofrecido de los chalecos amarillos ha sido cualquier cosa menos matizado. En su esencia se ha asentado en la afirmación de que la militancia correspondiente forma parte de lo peor, de lo más descarnado, de lo más ignorante, de lo menos respetable, de la sociedad, de tal suerte que es carne de cañón al servicio de discursos irracionales procedentes de la izquierda y de la derecha. Esa militancia reflejaría, por añadidura, la incapacidad lamentable de una parte de la sociedad francesa en lo que se refiere a la integración en la lógica de una globalización modernizadora y liberadora. El retrato que me interesa ilustraría, del lado de su emisor, la presencia de lo que Edwy Plenel describe como una combinación de “desprecio de clase, temor a lo desconocido, rechazo de lo inédito, miedo del que tiene algo que perder, confort del sabio, postura de vanguardia, crispación del político profesional”23. O, por decirlo con otras palabras, revelaría el ascendiente de una percepción maniquea que contrapondría “debate frente a manipulación, apertura frente a crispación, racionalidad frente a conspiración, opiniones políticamente correctas frente al discurso del odio, pragmatismo frente a fantasmas, historia frente a mitología, gobernanza frente a irracionalismo”24.

Por detrás de ese retrato se barrunta, claro, un visible esfuerzo de distorsión, de caricaturización, de la realidad que identificaría sin más, en los chalecos amarillos, un movimiento violento y extremista articulado por salvajes que no creen en la representación democrática y que no son conscientes de las dificultades que los gobernantes tienen que encarar. Pero se manifiesta también un pánico no ocultado ante lo que no se conoce ni se controla, con una consecuencia principal: comoquiera –se nos dice– que los chalecos son gentes incultas y desinformadas, sus opiniones no merecen ser tomadas en consideración. Este discurso trae a la memoria, por cierto, las posiciones de un sinfín de responsables políticos de la UE que han señalado, con singular desparpajo, que no tiene sentido organizar referendos sobre materias polémicas.

Cierto es, con todo, que la reacción de los estamentos oficiales ha tenido una consecuencia material mucho más relevante: la que ha asumido la forma de un respaldo franco a formas varias de represión. Desde los hechos de mayo de 1968 ningún movimiento había provocado una respuesta represiva tan dura. Entre mediados de noviembre de 2018 y mediados de febrero de 2019 más de tres mil personas fueron heridas en el transcurso de manifestaciones y cortes de tráfico25. Entre el 17 de noviembre y el 21 de diciembre, por otra parte, diez personas perdieron la vida; nueve de ellas lo hicieron de resultas de accidentes de carretera26.

La dura represión policial se ha visto completada con medidas que recuerdan poderosamente a la llamada ley mordaza española: detenciones, procesamientos, encarcelamientos, multas… No ha suscitado, sin embargo, mayores controversias en los círculos de poder. Las fuerzas vivas, incluidas algunos sindicatos, han criticado con dureza la violencia de los chalecos amarillos sin hacer otro tanto con la ejercida por la policía. Esta última ha exhibido, en suma, un sesgo llamativo que queda bien retratado de la mano de una frase incluida en el libro Les gilets jaunes: points de vue anarchistes,coordinado por Monica Jornet: “La policía desaparece cuando cierran los supermercados”27.

8. A duras penas sorprenderá que en semejante escenario hayan menudeado, del lado de los chalecos amarillos, las críticas vertidas contra los medios de comunicación y, por extensión, contra la intelectualidad y la politología. Esas críticas dan por demostrado que la mayoría de los primeros se han entregado a la manipulación más abyecta, lejos de cualquier descripción más o menos aséptica de los hechos. Al respecto se han identificado estrategias mediáticas varias, como las que han invitado a  distinguir entre chalecos buenos y malos, a sugerir la influencia de potencias extranjeras, a asimilar el movimiento a posiciones extremistas, a distorsionar los daños producidos por manifestaciones y cortes de tráfico28o, en otro plano, a exagerar una y otra vez la presencia de discursos xenófobos y sexistas. Por encima de todo, se ha tomado nota de que muchos medios no parecían reivindicar otro horizonte que el que planteaba la necesidad de recuperar cuanto antes “la normalidad”.

De las críticas que ahora me interesan no se han librado en modo alguno muchas figuras intelectuales que han contribuido poderosamente a apuntalar el discurso oficial. Hay quien ha recordado al respecto que en 1871 fueron muchos los intelectuales que se opusieron ferozmente a la Comuna de París y cerraron filas con las gentes de orden. Ente los chalecos amarillos, que han hecho y hacen un uso intenso de las redes sociales, se ha tomado nota, en fin, de que la militancia habla una lengua distinta de la que emplean la clase política, quienes mueven los hilos de la tecnocracia y el estamento profesoral.

9. Se ha invocado a menudo el carácter libertario, o anarquizante, de muchas de las prácticas y de las demandas de los chalecos amarillos. Al respecto pueden identificarse, ciertamente, realidades interesantes, mezcladas, aun así, con otras que no lo son tanto. Si bien está, en cualquier caso, que se enuncie lo que se estima que falta, o que sobra, entre los chalecos amarillos, hay que valorar, ante todo, qué es lo que estos últimos aportan en este terreno. ¿Cuáles son los elementos mayores que invitan a atribuir una condición libertaria a los chalecos amarillos?

El primero lo aporta el rechazo del sistema político como un todo, visiblemente acompañado, las más de las veces, de un rechazo paralelo de la “oligarquía de los competentes” de la que hablaba Paul Ricoeur29. El segundo llega de la mano de una apuesta por un movimiento sin líderes, asentado en mandatos imperativos y en delegaciones revocables. Al respecto parece que resuenan las palabras recogidas en un texto difundido por los communards parisinos en 1871: “No perdáis de vista que los hombres que os servirán mejor son los que elegiréis entre vosotros, los que viven vuestra vida y comparten las mismas palabras. Desconfiad de los ambiciosos y de los recién llegados: unos y otros sólo se mueven por su propio interés y siempre acaban por considerarse indispensables”30. En un tercer estadio, el movimiento se ha configurado al margen de sindicatos –que se entiende son a menudo copartícipes de la lógica del sistema y  suelen dar la espalda a la clase trabajadora– y partidos. En este orden de cosas no está de más agregar que no han progresado, o apenas lo han hecho, los intentos de forjar listas electorales basadas en los chalecos amarillos. En un cuarto escalón, estos últimos han apostado por la autoorganización y en algunos casos han reivindicado formas de municipalismo libertario y de democracia directa que en ocasiones se ha interpretado tenían antecedentes en los sans-culottes y, de nuevo, en la Comuna de París. Cierto es, con todo, que no parece que esas formas hayan prosperado con claridad, algo que a buen seguro ha estimulado las controversias internas. En un quinto plano, en fin, al amparo de los chalecos amarillos se ha verificado la gestación frecuente de grupos de afinidad, en el buen entendido de que algunos de estos eran sin duda anteriores al propio movimiento. Cierto es que tampoco aquí han faltado las disputas. Recordaré al efecto que hay quien aprecia en los chalecos amarillos muchos ejemplos de apoyo mutuo, de empatía, de confianza, de amistad genuina31, de sororidad y de colectividad solidaria que recuerdan a la economía moral, de carácter precapitalista, estudiada por E.P. Thompson  al amparo de las revueltas populares del XVIII32. Pero hay también quien ve en ellos únicamente un movimiento articulado por individuos que no buscan –ya me he referido al argumento– sino su beneficio individual.

No está de más que apostille que buena parte de lo que con alguna ligereza llamaré izquierda tradicionalse ha sentido atraída por, y vinculada con, los chalecos amarillos. Aquella ha visto en estos una reaparición de la cuestión socialy, bien que con dimensiones más nebulosas, de la propia clase obrera. Lo que en el momento inicial fue una alarma ante una iniciativa que exhibía dimensiones xenófobas y derechistas abrió camino más adelante, en muchos casos, a una actitud de acercamiento y de movilización de la militancia.

10. Hay que preguntarse, siquiera sea brevemente, por las semejanzas, y por las diferencias, existentes entre los chalecos amarillos franceses y el movimiento del 15 de mayo –el 15M– en España. Entre las semejanzas bien está identificar tres. La primera, como elemento impulsor de estas iniciativas, es el relieve de fenómenos de desclasamiento que afectan, ante todo a miembros de las clases medias. Cabe adelantar, con todo, la idea de que, mientras en el caso del 15M la movilización ante esos fenómenos correspondió ante todo a los vástagos de las personas afectadas, en el de los chalecos amarillos el protagonismo ha recaído directamente sobre estas últimas. Una segunda similitud subraya el peso de un uso intenso, y comúnmente inteligente, de las redes sociales en el caso de los dos movimientos. Me permito agregar, en tercer lugar, que tanto el 15M como los chalecos amarillos han exhibido, en su forma de organizarse y actuar, prácticas de corte libertario que revelan una escasa voluntad de ajustarse a las normas y las leyes establecidas. En ambos movimientos, y por añadidura, se han hecho valer, en un terreno próximo, discusiones agrias en lo que respecta a la posibilidad y conveniencia de desarrollar fórmulas de coordinación.

En lo que se refiere a las diferencias, la primera, a la que me he referido unas líneas más arriba, apunta el carácter visiblemente más juvenil del 15M en comparación con los chalecos amarillos. La segunda anota que, a diferencia de estos últimos, el 15M ha sido y es un movimiento fundamentalmente urbano, que a duras penas ha asentado sus activos en zonas rurales; salta a la vista que esto no puede predicarse de los chalecos amarillos, por mucho que sea cierto –ya lo he sugerido– que estos últimos no han aprestado un movimiento de carácter estrictamente rural. Me atrevo a agregar, en fin, que las disputas relativas a la presencia de sectores de la derecha tradicional, y de la propia ultraderecha, entre los chalecos amarillos no tienen parangón en el caso del 15M, un movimiento en el que el ascendiente de esas cosmovisiones ideológicas, acaso con alguna excepción poco relevante que afectó a los primeros momentos, fue nulo. Parece servida la conclusión de que el 15M, por muchos conceptos, recuerda antes  al movimiento Nuit Debout, más juvenil y urbano, que a los chalecos amarillos.

No está de más que concluya con la mención de que, mientras las demandas formuladas por el 15M no han tenido eco mayor en las políticas oficiales, no puede decirse lo mismo de las desarrolladas por los chalecos amarillos, que han obligado a las autoridades francesas a dar marcha atrás en algunas de sus iniciativas.

11. Formulo unas rápidas conclusiones relativas a lo que ha sido hasta hoy, y a lo que puede ser en el futuro, el movimiento de los chalecos amarillos.

a) No parece que las elecciones al parlamento de la UE celebradas en mayo de 2019 hayan movido el carro, ni lo hayan frenado, de los chalecos amarillos. En cualquier caso, si alguien veía en estos un poderoso movimiento en favor de la abstención, los hechos no parecen haber confirmado esa percepción. En este terreno, y de cara al futuro, quedan abiertas muchas incógnitas. Aunque no es probable que una fuerza política emerja de los chalecos amarillos, hay que prestar atención, sin duda, a los fenómenos que, años atrás, se hicieron valer en el origen del Movimento 5 Stelle en Italia y de Podemos en España.

b) Los chalecos amarillos han supuesto una reaparición, con fuerza, de la cuestión socialy, con ella, una notable repolitización. Detrás de uno y otro fenómeno se aprecia, hasta cierto punto, la reaparición paralela de lo que cabe entender que es un orgullo de clase frente al poder en sus diferentes manifestaciones. Todo lo anterior es el producto de hondas transformaciones que, operadas en la sociedad francesa, han dejado fuera de juego a todo el mundo, sin excluir a quienes las promueven y a quienes de ellas obtienen beneficio. Una señal de la hondura de esas transformaciones es la incapacidad de los partidos tradicionales, y de los sindicatos, para darles réplica.

Cierto es que por detrás de este escenario pende una discusión, compleja, sobre el perfil contemporáneo de las clases sociales. Bastará con que recuerde al respecto las dificultades de caracterización de la militancia de los propios chalecos amarillos, entre quienes no faltan, muy al contrario, integrantes de la clase media o de la pequeña burguesía, junto con miembros del proletariado de condición más tradicional. Farbiaz se ha servido afirmar que “los chalecos amarillos no son un síntoma del fin del mundo, pero sí lo son del fin de un mundo, como es el de las clases sociales bien identificadas”33. Hay quien concluirá, con todo, que la presencia de realidades ambiguas, con elementos saludables y otros que acaso no lo son tanto, remite a una heterogeneidad que es un activo nada despreciable.

c) Carecemos de perspectiva suficiente para trazar un balance general de lo que son, y de la herencia que dejarán, los chalecos amarillos. Estos últimos, ¿constituyen la antesala de una insurrección general o remiten a un ejemplo más del fracaso de los movimientos de contestación? De ser esto último, ¿cuál será, pese a todo, su legado? Uno de los participantes en el libro coordinado por Monica Jornet se pregunta llamativamente, al respecto, si esta revuelta será la buena34.

En la trastienda se hacen valer, aun así, incógnitas importantes. Una de ellas se pregunta si los chalecos amarillos se proponen resolver sus problemas o aspiran, por el contrario, a algo más. ¿Se darán por satisfechos con un mundo algo menos injusto o querrán ir más lejos? Aunque parece sensata la afirmación de que muchos de los elementos que se revelan en los chalecos amarillos remiten antes al designio de recuperar un orden que quedó en el olvido, y no al de alentar una transformación revolucionaria de la sociedad35, lo suyo es reconocer que los límites entre lo uno y lo otro no siempre son claros. Me viene a la memoria al respecto un argumento que, formulado por Daniel Bensaïd, afirma que “si queremos cambiar el mundo, no es en nombre de las generaciones venideras, sino en el de las que han fracasado”36. A título provisional, y en fin, conviene subrayar que la repercusión externa del movimiento ha sido hasta ahora débil, algo que, al menos en una primera lectura, obliga a concluir que aquel obedece ante todo a circunstancias específicamente francesas que dificultan una imaginable expansión37.

d) Cuando, en el mundo en el que mayormente me muevo, el anarquista/libertario/autogestionario, se han abordado discusiones sobre los chalecos amarillos pronto se me ha hecho evidente que las percepciones que estos suscitaban tenían más que ver con lo que cada cual lleva dentro de la cabeza que con la realidad propia del movimiento francés. Lo digo de otra manera de la mano de una distinción que a buen seguro fuerza la realidad. En el mundo recién mencionado hay gentes que creen por encima de todo en las organizaciones identitariamente anarquistas y que recelan de lo que ocurre fuera de ellas. Pero hay al tiempo gentes que, antes bien, guardan las distancias con respecto a las organizaciones anarquistas y a su capacidad de acción transformadora, y esperan que esta última se vincule de manera fundamental con movimientos que surjan entre la gente común. Es fácil concluir que las personas que se emplazan en esta segunda posición tienden a ver con buenos ojos a los chalecos amarillos, en tanto en cuanto, y en cambio, quienes se sitúan en la primera los contemplan con mayor recelo.

e) Muchas veces he citado una frase de Walter Benjamin. Hablo de la que reza que bien puede ocurrir que las revoluciones que nos esperan configuren un acto en virtud del cual la humanidad que viaja en el tren tire, venturosamente, del freno de emergencia. Siempre que he recurrido a ese argumento lo he hecho pensando en la catástrofe ecológica en la que estamos y en el colapso resultante que, probablemente, se halla a la vuelta de la esquina. El movimiento de los chalecos amarillos, junto con otros muchos, ha tenido la virtud de subrayar que la aserción de Benjamin tiene otros usos posibles, y entre ellos el que invita a aplicar también ese freno de emergencia en lo que se refiere a la condición, de dramática y creciente desigualdad, de nuestras sociedades.

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Bibliografía

 

Collettivo EuroNomade (2019): Gilets jaunes. Manifestolibri, Roma.

Farbiaz, Patrick (2019): Les Gilets jaunes. Documents et textes. Du Croquant, Vulaines sur Seine.

Ghitti, Jean-Marc (2019): Gilets jaunes, un signe de notre temps. Amazon, Wroclaw.

Guilluy, Christophe (2015): La France périphérique. Comment on a sacrifié les classes populaires. Flammarion, París.  

Huyghe, François-Bernard; Desmaison, Xavier; Liccia, Damien (2018): Dans la tête des gilets jaunes. V.A., Versalles.

Jornet, Monica (dir.) (2018): Les gilets jaunes: points de vue anarchistes.Monde Libertaire, París.

Plenel, Edwy (2019): La victoire des vaincus. À propos des gilets jaunes. La Découverte, París.    

Sallenave, Danièle (2019): Jojo, le gilet jaune. Gallimard, París.

Vandepitte, Flaurent (2019): Le petit livre des gilets jaunes. First, París.

VVAA (2019):”Gilets jaunes, autour d’une révolte sociale”, monográfico de Les utopiques. Cahier des réflexions (nº11, verano).



1. Ghitti, 2019: 14.

2. Cit. en Collettivo EuroNomade, 2019: 32.

3. Collettivo EuroNomade, 2019: 102.

4. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018: 2.

5. Vandepitte, 2019: 24.

6. Vandepitte, 2019: 23,

7. Farbiaz, 2019: 20.

8. Jornet, 2019: 211.

9. VVAA, 2019: 92 y ss.

10. Farbiaz, 2019: 21.

11. Farbiaz, 2019: 26.

12. Guilluy, 2019: 14-15.

13. Guilluy, 2019: 74.

14. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018; 7.

15. Guilluy, 2019: 24.

16. Guilluy, 2019: 28.

17. Jornet, 2019: 141.

18. Farbiaz, 2019: 222.

19. VVAA, 2019: 58.

20. Jornet, 2019: 85.

21. Collettivo EuroNomade, 2019: 80.

22. Farbiaz, 2019: 22.

23. Plenel, 2019: 11.

24. Huyghe, Desmaison y Liccia, 2018: 16-17.

25. Vandepitte, 2019: 94.

26. Vandepitte, 2019: 94-95.

27. Cit. en Jornet, 2019: 52.

28. Collettivo EuroNomade, 2019: 149.

29. Cit. en Plenel, 2019: 33.

30. Cit. en Plenel, 2019: 165.

31. Farbiaz, 2019: 43

32. Collettivo EuroNomade, 2019: 97.

33. Farbiaz, 2019: 31.

34. Jornet, 2019: 108.

35. Collettivo EuroNomade, 2019: 26.

36. Cit. en Sallenave, 2019: 21.

37. Véase VVAA, 2019: 140 y ss.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190911/Politica/28153/chalecos-amarillos-gilets-jaunes-anarquismo-patrick-farbiaz-carlos-taibo.htm

El detonante de la nueva recesión mundial

Por Michael Roberts

En el momento justo, cuando tenía lugar la cumbre de los líderes de las principales economías capitalistas (G7) en Biarritz, China anunció una nueva ronda de aranceles por valor de 75 mil millones de dólares para las mercancías importadas de Estados Unidos. Una represalia ante la nueva ronda de aranceles a los productos chinos que los EE.UU. tienen prevista para diciembre. El presidente de EE.UU. Trump reaccionó con enojo e inmediatamente anunció que iba a aumentar los aranceles ya existentes en 250 mil millones de dólares para los productos chinos e imponer más aranceles por valor de 350 mil millones de dólares a las importaciones de China.

El presidente de Estados Unidos también dijo que ordenaba a las compañías de Estados Unidos buscar la manera de abandonar sus operaciones en China. “No necesitamos a China y, francamente, sería mucho mejor sin ella”, escribió el Sr. Trump. “Ordeno, por lo tanto, a nuestros grandes empresas estadounidenses comenzar inmediatamente a buscar una alternativa a China, incluyendo cómo traer de vuelta a casa sus empresas y fabricar sus productos en los EE.UU.”.

Esta intensificación de la guerra comercial, naturalmente, dañó a los mercados financieros; el mercado de valores de EE.UU. cayó fuertemente, los precios de los bonos subieron, con los inversores buscando “refugios seguros» en los títulos públicos; y el precio del crudo cayó mientras China se prepara para una reducción de las importaciones de petróleo de Estados Unidos.

Estos acontecimientos se produjeron sólo un día después de que los últimos datos sobre el estado de las principales economías capitalistas revelaran una desaceleración significativa. El índice de la actividad manufacturera de Estados Unidos (PMI) para agosto estuvo por debajo de 50 por primera vez desde el final de la Gran Recesión en 2009.

De hecho, los índices de EE.UU., la zona euro y Japón están por debajo de 50, lo que indica que estamos ya en una recesión manufacturera real. Y el de ‘nuevos pedidos’ para cada región ha sido aún peor – así que el índice de las manufacturas caerá aún más. Hasta ahora, los sectores de servicios de las principales economías han estado aguantando, evitando así los índices de una depresión económica en toda regla. “Este descenso aumenta el riesgo de que la debilidad del sector manufacturero pueda haber comenzado a extenderse a los servicios, un riesgo que podría generar un debilitamiento mayor al esperado en los mercados de trabajo estadounidense y global”. (JPM). En general, JP Morgan estima que la economía mundial está creciendo a un ritmo anual de apenas un 2,4% – cerca de los niveles considerados como ‘perdida de velocidad’ antes de una auténtica recesión.

A pesar de todas sus bravatas acerca de lo bien que va la economía de Estados Unidos, Trump está preocupado. Además de atacar a China, también se lanzó a criticar al presidente de la Reserva federal de EE.UU., Jay Powell, por no recortar las tasas de interés para impulsar la economía, afirmando que Powell es un “enemigo” de la economía de Estados Unidos tan peligroso ¡como China!

Powell acababa de hablar en la reunión anual de verano de los banqueros centrales del mundo en Jackson Hole, Wyoming. En su discurso, básicamente dijo que la política monetaria solo podía hacer lo que podía. Las guerras comerciales y otros ‘choques’ globales no pueden superarse solo con políticas monetarias. El comité de política monetaria de Powell está dividido sobre qué hacer. Algunos quieren mantener las tasas de interés donde están porque tienen miedo de que unas tasas de interés demasiado bajas (y en todas partes son negativas) impulsarán un crecimiento insostenible del crédito y estallará la burbuja. Otros quieren recortar las tasas, como Trump exige, para resistir las fuerzas recesivas que descienden sobre la economía. Powell aseguró que “Estamos examinando los instrumentos de política monetaria que hemos utilizado tanto en tiempos de calma como de crisis, y nos preguntamos si debemos ampliar nuestra caja de herramientas”.

El problema es que los banqueros centrales en Jackson Hole se están dando cuenta, como ya se había hecho evidente, de que la política monetaria, ya sea convencional (reducción de las tasas de interés) o no convencional (impresión de dinero o ‘flexibilización cuantitativa’), no esta funcionando a la hora de  conseguir que las economías salgan de su bajo crecimiento y poca productividad y eviten una nueva recesión.

Muchos de los trabajos académicos presentados a los banqueros centrales en Jackson Hole están marcados por el pesimismo. Uno argumenta que los banqueros necesitan coordinar la política monetaria en torno a una «tasa natural de interés mundial” para todos. El problema es que “existe una considerable incertidumbre acerca de cuál es esa tasa neutral precisamente” en cada país, y mucho más a nivel mundial. Como dijo un orador: “Soy prudente a la hora de utilizar este concepto imposible de medir para estimar el grado de divergencia política en todo el mundo (o incluso sólo el G4)”. ¡Así están los fundamentos de la política monetaria de la mayoría de los bancos centrales de los últimos diez años!

Otro papel señala que “la divergencia en políticas monetarias vis-a-vis los EE.UU. tiene efectos indirectos más importantes en los mercados emergentes que en las economías avanzadas. ”Por lo tanto, la transmisión de la política monetaria interna es imperfecta, y en consecuencia, las medidas de política monetaria de los mercados emergentes diseñadas para limitar la volatilidad del tipo de cambio pueden ser contraproducente”. En otras palabras, el impacto de la tasa de política de la Reserva Federal y del dólar en las economías más débiles es tan grande que los bancos centrales más pequeños no pueden hacer nada con su política monetaria, ¡excepto empeorar las cosas!

No es de extrañar, que el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, aprovechase la oportunidad en su discurso antes de abandonar su puesto para sugerir que la respuesta debía ser poner fin a la hegemonía  del dólar en los mercados comerciales y financieros. Los EE.UU. suponen sólo el 10 por ciento del comercio mundial y el 15 por ciento del PIB mundial, pero asimismo la mitad de las facturas comerciales y dos tercios de la emisión de valores a nivel global, según el gobernador del Banco de Inglaterra. Por ello, “mientras que la economía mundial está siendo restructurada, el dólar sigue siendo tan importante como cuando se derrumbó en 1971 el sistema de Bretton Woods. Causa demasiados desequilibrios en la economía mundial y es un peligro para las economías emergentes más débiles, que no pueden obtener suficientes dólares. Ha llegado la hora de un fondo mundial de protección contra la fuga de capitales y más tarde de un sistema monetario mundial ¡con una moneda mundial! ¡Qué ilusiones! Pero es una muestra de la desesperación de los bancos centrales.

La inminente recesión global también ha concentrado las mentes de la teoría económica dominante. Hay división de opiniones entre los economistas ortodoxos sobre que política económica hay que adoptar para evitar una nueva recesión global. El ortodoxo keynesiano, Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos con Clinton y profesor de Harvard, ha argumentado que las economías capitalistas están en ‘estancamiento secular’. Así que él cree que  la flexibilización monetaria, ya sea convencional o no,  no funcionará. Se necesitan estímulos fiscales.

Por otra parte, Stanley Fischer, ex gobernador adjunto de la Reserva Federal de Estados Unidos, y ahora ejecutivo del mega fondo de inversión Blackrock, reconoce que los estímulos fiscales no funcionarán porque no son ‘suficientemente ágiles’, es decir tardan demasiado tiempo en tener efecto. Además, se corre el riesgo de que aumente la deuda pública y los intereses hasta niveles insostenibles. Por lo tanto, las medidas monetarias son mejores.

Los post-keynesianos y los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna están muy emocionados porque Summers parecía estar de acuerdo con ellos, finalmente, – a saber, porque el estímulo fiscal a través de los déficits presupuestarios y los gastos del gobierno pueden frenar el colapso de la ‘demanda agregada’. Parece que el consenso entre los economistas comienza a ser que los bancos centrales pueden hacer muy poco o nada para apoyar a las economías capitalistas en 2019.

Pero en mi opinión, ni los ‘monetaristas’ ni los keynesianos/TMM tienen razón. Ni una mayor flexibilización monetaria ni estímulos fiscales podrán detener la recesión que se aproxima. Esto se debe a que no tiene que ver con la débil ‘demanda agregada’. El consumo de los hogares en la mayoría de las economías es relativamente fuerte porque la gente sigue gastando más, en parte, a través de un mayor endeudamiento a tasas muy bajas de interés. La otra parte de la ‘demanda agregada’, la inversión empresarial es débil, cada vez más débil. Pero eso es debido a la baja rentabilidad y ahora, más en el último año debido a la caída de las beneficios en los EE.UU. y en otros lugares. De hecho, los márgenes de beneficio empresarial en los Estados Unidos (beneficios como porcentaje del PIB) se han reducido (desde su nivel récord) durante más de cuatro años, la mayor contracción de postguerra.

Los keynesianos, post-keynesianos (y los partidarios de la TMM) creen que los estímulos fiscales a través de más gasto público y el aumento de los déficits presupuestarios de los gobiernos es la manera de poner fin a la Larga Depresión y evitar una nueva recesión. Pero nunca ha habido la menor prueba de que tales medidas de gasto fiscal funcionen, excepto en la economía de guerra de 1940, cuando el grueso de la inversión fue pública o dirigida por el gobierno, y la capacidad de decisión sobre la inversión industrial arrebatada a las empresas capitalistas.

La ironía es que el mayor gasto fiscal a nivel mundial ha sido el de Japón, que ha tenido déficits presupuestarios durante 20 años, con poco éxito a la hora de conseguir un crecimiento económico por encima del 1% anual desde el final de la Gran Recesión; y el de los EE.UU de Trump, con sus recortes y exenciones de impuestos corporativos en 2017. La economía de Estados Unidos se está desacelerando rápidamente, y Trump está hablando de hacer más recortes de impuestos y exigiendo a Powell que recorte las tasas de interés. En Europa, el Banco Central Europeo está preparando una nueva ronda de medidas de flexibilización monetaria. E incluso el gobierno alemán juega con la idea de aumentar el gasto público mediante el déficit fiscal.

Así que probablemente tengamos una nueva ronda de flexibilización monetaria y de medidas de estímulo fiscal, para satisfacción de todas las escuelas de teoría económica ortodoxas y heterodoxas. Pero no va a funcionar. La guerra comercial y tecnología es el detonante de una nueva recesión global.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Traducción:G. Buster

Política partisana contra política de partido: entrevista al historiador Valerio Romitelli

¿Podemos ir más allá del modelo de los partidos políticos? El historiador italiano Valerio Romitelli encuentra en la experiencia partisana la historia inspiradora de una experimentación política alternativa.

Por Amador Fernández-Savater

¿Podemos ir más allá del modelo de los partidos políticos? ¿Salir de las pretensiones de hegemonismo de las que toda organización con forma de partido está inevitablemente poseída? El historiador Valerio Romitelli encuentra en la lucha de las bandas partisanas italianas la historia inspiradora de una experimentación política alternativa. Es la tesis fundamental de su último libro, La felicidad de los partisanos y la nuestra. Organizarse en bandas(publicado en Italia por la editorial napolitana Cronopio).

Es un libro precioso, que se acerca a la historia partisana como si fuera un depósito de energía que se tratase de liberar para agitar con ella el presente. Por un lado, mediante un trabajo minucioso de desmontaje de todos los estereotipos que codifican la memoria y sepultan su energía. Por otro, enlazando la experiencia partisana con las búsquedas actuales de una política de emancipación que escape de las lógicas de centralización y representación de los partidos, que ya han mostrado suficientemente sus límites para transformar la realidad.

La felicidad de los partisanos es la felicidad de los pioneros, de los inventores, de quienes crean modos propios de reapropiarse de su destino, incluso en medio de las peores condiciones. Si queremos salir hoy de la tristeza política, es decir de la impotencia para cambiar la realidad y a nosotros mismos con herramientas obsoletas, necesitamos encontrar empuje, aliento e inspiración en otro imaginario de referencia. En una historia hecha de intensidades y no de puros signos. Aquí se inscribe la historia de los partisanos de Romitelli.

Valerio Romitelli (Bolonia, 1948) es profesor de historia de los movimientos sociales y los partidos políticos en la Universidad de Bolonia. Ha fundado el Grupo de Investigación de Etnografía del Pensamiento (GREP) que desarrolla trabajos de investigación en lugares cruciales de la sociedad como fábricas, escuelas o servicios sociales, recogiendo y dando valor a las propias palabras y pensamientos de quienes los habitan. Entre sus últimas publicaciones, señalamos Storie di politica e di potere (2004) y L’amore della politica. Pensieri, passioni e corpi nel disordine mondiale (2014). Sobre la experiencia de los partisanos italianos, ha publicado también L’odio per i partigiani. Come e perché contrastarlo, en 2008.

Memoria viva y memoria muerta

1- Lo que te pediría en primer lugar son algunas coordenadas generales de la experiencia partisana, para situar al lector español menos informado.

Valerio Romitelli. Cuando se habla de los partisanos italianos, estamos hablando de cerca de 200.000 jóvenes, en su momento de máxima expansión, que por iniciativa propia, durante unos 20 meses, entre septiembre de 1943 y abril de 1945, se constituyeron en bandas armadas (más o menos coordinadas pero también con fracturas entre ellas, o bien aisladas) con el objetivo de combatir al ocupante nazi y a los colaboracionistas de la República de Salò.

Fue un fenómeno que afectó sobre todo al norte y al centro-norte de Italia, en la medida en que a partir del verano del 43 los aliados angloamericanos, después de desembarcar en Sicilia, comenzaron a ascender por la península, si bien de una forma tan discontinua y dificultosa que Roma, por ejemplo, sólo fue liberada en la primavera del año siguiente. Todo terminará alrededor del 25 de abril de 1945, con la victoria política de los partisanos, que lograron salvar la imagen de Italia, antes fascista, ante los ojos del mundo.

Sin embargo, los partisanos serán derrotados en el proceso de reconstrucción del nuevo Estado republicano, que los excluirá de la vida pública. La construcción de la República, que sucedió a una monarquía que se había comprometido con el fascismo, será de hecho gestionada por los pactos entre los nuevos partidos y las superpotencias vencedoras, todos de acuerdo en asignar al Vaticano una importancia que nunca había tenido en la historia de nuestro país.

2- Lo primero que sorprende al leer tu libro es descubrir la cantidad de estereotipos que conforman nuestra imagen de la experiencia partisana: ni se autodenominaba “resistencia”, ni era un fenómeno puramente militar y ¡ni siquiera tenía como himno la famosa Bella Ciao! Te quería preguntar qué tipo de percepción fabrican estos estereotipos de la experiencia partisana, a qué relatos obedecen, de dónde vienen.

Valerio Romitelli.  Los partisanos italianos nacen en el vacío de poder abierto tras el 8 de septiembre de 1943, cuando se disuelve el gobierno Badoglio, que trataba de firmar un armisticio con los aliados, y se constituye el régimen colaboracionista de la República de Salò, con Mussolini al frente pero bajo el control absoluto de los nazis. Los partisanos no tenían, pues, nada que defender y lo tenían todo por reinventar.

Si se estudian las “fuentes de abajo” (periódicos, manifiestos, diarios, cartas, etc.), vemos muy claramente que no emplearon nunca la palabra “resistencia”, a no ser que fuera para aludir a una simple táctica bélica. Los partisanos se definían más bien como “rebeldes”, “revolucionarios” y, sí, también como “patriotas”, pero en un sentido totalmente nuevo, radicalmente antifascista, contra el resurgir de cualquier residuo del fascismo. Y el reclamo a la patria implicaba también no esperar a que fuera la invasión aliada la que decidiera los destinos de nuestro país. Razón por la cual se produjeron importantes desencuentros entre partisanos y aliados (cuyos bombardeos provocaron, en la Italia de entonces, ¡más muertos que los de la propia Wehrmacht!).

Para entender situaciones políticas tan singulares como la de los partisanos italianos, considero este aspecto metodológico de crucial importancia: hay que partir siempre de las palabras empleadas por los propios protagonistas. En caso contrario, se termina por anular la singularidad de estas situaciones de ruptura, decisivamente innovadoras, reduciéndolas a acontecimientos equivalentes e intercambiables. Y esto es lo que se ha querido hacer al homologar el fenómeno de los partisanos italianos a simples variantes de la resistencia europea al nazi-fascismo.

Es justo lo mismo que, con la guerra ya terminada, querían los aliados y los partidos renacientes bajo su vencedora ala protectora. Para ello se ocultó la gran diferencia que existía entre la Italia completamente renovada por la que habían luchado los partisanos y la Italia que efectivamente surgió del final de la guerra: una Italia que, si bien ya no era monárquica, reciclaba a muchos ex-fascistas en todas las instituciones del Estado, asumía un Vaticano más fuerte que nunca, mostraba una sumisión extrema a la influencia norteamericana, crecía económicamente pero al precio de una subordinación política completa, etc. La guerra partisana no fue simplemente militar, sino que también fue una guerra política para la renovación del país.

Hoy en día, todo esto queda cancelado cada vez que se entona la famosa “Bella ciao!”, que ningún partisano cantó ni siquiera en sueños, pues el tema se compuso después de que su experiencia hubiera terminado.

3- Otro de los clichés o “ideas recibidas” que tenemos sobre la experiencia partisana es que se trataba de un movimiento organizado y dirigido por los partidos políticos, en particular por el Partido Comunista Italiano.

Valerio Romitelli.  Allá por 1943 en Italia los partidos antifascistas, que habían sobrevivido a veinte años de fascismo, se demuestran políticamente incapaces tanto de destruir el régimen (que se deshace solo) como de emprender cualquier cosa en el vacío político que el 8 de septiembre trae consigo. Lo único que consiguen hacer es participar en parte en el gran movimiento de formación de bandas de partisanos, un movimiento que, cierto, es en un primer momento espontáneo, pero que inmediatamente se estructura y se organiza de un modo completamente singular y diverso. De hecho, muchas bandas son muy pronto del todo o en parte apartidistas -o lo serán después-, o bien incluyen a partisanos de distinta orientación política.

Este aspecto se borra en los homenajes a los partisanos que en realidad sólo pretenden celebrar a los partidos en tanto que verdaderos protagonistas del renacimiento republicano y post-fascista del país. Y de ese modo nace la fábula según la cual los partisanos no habrían sido otra cosa que el brazo armado de los partidos, mientras que estos últimos habrían sido siempre los mismos, antes, durante y después del fascismo, y también hoy: siempre los únicos custodios de los italianos buenos, celosos de la democracia. ¡Se comprende qué beneficio consensual sacan de esta fábula también los politicastros actuales!

Nada de esto es cierto: los partidos antes del fascismo eran algo completamente distinto a los partidos después del fascismo. Los primeros eran autóctonos, mientras que los segundos estaban condicionados del todo por los juegos diplomáticos de las superpotencias vencedoras, y se convirtieron luego, a partir de 1992 más o menos, en meras marionetas movidas por los medios de comunicación y los sondeos de opinión, completamente al servicio del “mercado”.

En cambio, si partimos de que los que cambiaron el destino de nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial fueron las bandas partisanas, podremos repensar de manera distinta toda nuestra historia más reciente.

4- Rescatar la singularidad de la experiencia partisana es uno de los objetivos más valiosos y preciosos de tu trabajo. Tal y como explicas, esta singularidad corre el riesgo de verse anulada por dos tipos de miradas. En primer lugar, está la mirada que minusvalora la experiencia partisana calificándola de explosión espontánea, puramente emocional, necesariamente pasajera, pre-política o políticamente inmadura, etc. En segundo lugar, está la mirada “evolutivo-lineal” que encaja a los partisanos en una historia política (la del Partido Comunista Italiano) que nos impide captar la discontinuidad que introducen, la novedad que aportan. En los dos casos, la experiencia partisana resulta devaluada: sólo tiene valor en función de -o subordinada a- la experiencia de los partidos. Perdemos así el contacto con su potencial singular: lo que nos puede decir, lo que podemos aprender de ella, lo que puede aún inspirarnos.

Valerio Romitelli.  En un libro anterior (El amor de la política. Pensamiento, pasiones y cuerpos en el desorden mundial, 2014) propuse tratar de entender cuándo y cómo la política funciona de forma experimental, es decir, de manera completamente distinta al modo conservador y al modo reaccionario. Para ello, resulta esencial entender cuáles son los “cuerpos organizados” que se ponen a prueba haciendo política. Los partidos modernos (nacidos a partir del modelo socialdemócrata entre los siglos XIX y XX, primero, y del bolchevique vencedor del Octubre de 1917 en Rusia, después) aparecen entonces como grandes figuras de la época, alternativas a la Iglesia, a los ejércitos, a los Estados, a la empresas, a los bancos, etc. Para bien o para mal, los partidos son las figuras protagonistas del siglo pasado: los laboratorios políticos de masas.

Pero al igual que sucede con toda experimentación científica o artística, tampoco la política es constante, sino cíclica: funciona por secuencias. Las figuras que protagonizarán la secuencia política 1943-45 en Italia son las bandas partisanas y no los partidos. La experiencia que hicieron los partisanos no era pre-política con respecto a la de los partidos, sino la experiencia de otra política. Profundamente innovadora. Lo que yo propongo entonces es pensar la experiencia partisana en interioridad.¿Qué significa esto? Trabajar por rescatar la materialidad de la experiencia (lo que dijeron e hicieron los partisanos, cómo se organizaron y combatieron), en lugar de considerarla simplemente como un espíritu a homenajear. Es decir, construir un recuerdo materialista, no retórico ni mitológico, de la lucha partisana. Sólo de ese modo podemos tener una memoria vivo en el presente.

La célebre partisana Rosy Romelly, entre compañeros, verano del 44
La célebre partisana Rosy Romelly, entre compañeros, verano del 44

La felicidad de los partisanos

5- Para ti, la experiencia partisana no es una “reacción automática” a la situación de guerra, ni los partisanos eran simplemente mártires de una causa que se sacrificaron por un deber moral. Por el contrario, describes la experiencia partisana como una experiencia de felicidad colectiva. Ni obligación ni necesidad, sino deseo y felicidad. Se trata de algo muy sorprendente, dadas las circunstancias en las que actuaron. ¿En qué consiste esa felicidad del partisano, de dónde viene?

Valerio Romitelli. Para celebrar a los partisanos como figuras sin un legado singular siempre se los ha presentado como muertos heroicos, como víctimas, como personajes tristes de una historia trágica y cerrada para siempre. Y es cierto que los partisanos, como guerrilleros que fueron, sufrieron de un modo hoy impensable. Actualmente, gozamos todavía (aunque cada vez menos) del bienestar que nos trajeron los “treinta años gloriosos” de la larga posguerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, un bienestar semejante no era ni tan siquiera imaginable. Sin embargo, hoy en día somos políticamente infelices: no logramos, en tanto que gente común, decidir nada de cuanto condiciona nuestros destinos. En cambio, los partisanos, aun sufriendo todas las penalidades, aun inmolándose a menudo en acciones al límite del suicidio, eran políticamente del todo felices. Su dicha consistía en decidir el propio destino, y con él el de todo el país. No es ninguna fantasía mía. Lo dicen sus memorias. Lo dicen los grandes escritores que fueron partisanos, tales como Meneghello o Fenoglio. Lo decían sus escritos en los muros, sus pasquines, sus documentos.

Eran felices y llevaron a cabo una experimentación política feliz, es decir, lograda. Sus modos de organizarse y de combatir fueron un éxito completo, si tenemos en cuenta lo que por encima de todo se proponían: echar a los nazis, vencer a los colaboracionistas de Salò, dejar un ejemplo difícilmente igualable sobre cómo se puede renovar políticamente un país entero, aun siendo una minoría, aun siendo sólo un puñado de jóvenes.

El que lo que siguiera a su experiencia no haya sido una historia tan feliz no quita nada al hecho de que al releer hoy su gesta como se debe, en interioridad, podamos vernos empujados a intentar análogas experiencias.

6- Le das mucha importancia en el libro a una frase muy bella de Ada Gobetti, periodista y partisana ella misma: “la amistad era la clave de la batalla partisana”. ¿Puedes explicarnos la razón?

Valerio Romitelli. Existe toda una tradición de pensamiento, a la que los mismos marxistas le hacen a veces demasiadas concesiones, que sitúa el odio y el conflicto como prioridad de la política. Yo cuestiono ese primado. Lo que sostengo al contrario es, por decirlo brevemente, que para hacer cualquier guerra, primero se necesita dotarse de un ejército: es decir, que antes de entrar en cualquier tipo de conflicto, si no se quiere sucumbir inmediatamente, hay que prepararse y, por tanto, hacer amigos, unirse y organizarse en un cuerpo colectivo, capaz también de hacer frente a las derrotas. El caso de los partisanos italianos es particularmente instructivo. El que pretendía combatir a los nazis aisladamente o mal organizado estaba abocado a desaparecer rápidamente y sin dejar rastro. De donde se deduce que la amistad, el amor estrechamente compartido por la misma causa, es la condición prioritaria de cualquier experiencia política (que implica también, por supuesto, el odio y el conflicto).

La bicicleta, el vehículo en el cual las "staffette" partisanas transportaban armas de la montaña a la ciudad.
La bicicleta, el vehículo en el cual las «staffette» partisanas transportaban armas de la montaña a la ciudad.

Política partisana y política de partido

7- Afirmas que los microcuerpos de las bandas partisanas hicieron una experimentación alternativa a la del partido. ¿En qué consiste esta distinción entre la “política de partido” y la “política partisana”?

Valerio Romitelli. La “política partisana” fue una política experimental:excluía la discusión en términos ideológicos (regímenes, sistemas o modelos buenos o malos) para pensar exclusivamente en cómo organizarse en el presente, en las condiciones existentes en la situación presente.

Se trataba pues de una política completamente interna a la situación, al territorio y a la población. Es decir, no derivaba su acción de los cálculos politiqueros o de los juegos diplomáticos, ni tampoco estaba subordinada a las potencias extranjeras (como era el caso del PCI con respecto a la URSS), sino que desarrollaba una estrategia autodeterminada, que se fundaba solamente sobre las propias fuerzas, y se pensaba y decidía sobre el terreno.

Diversidad, adecuación a circunstancias cambiantes, movilidad espacial y cultural, flexibilidad y adecuación a objetivos, apoyo de la población local, coraje para inventar un modo propio de estar… son otras claves fundamentales de la política partisana, heterogéneas a la política de partido.

Al acabar la guerra, se construyeron partidos a partir de las bandas partisanas. El PCI no sólo instrumentalizó la experiencia partisana, sino que lo hizo sin acoger casi ninguna de las expectativas de renovación radical de Italia que habían motivado a los propios partisanos. En la posguerra, el PCI será el mayor partido comunista dentro de un país capitalista, pero su acción, casi siempre burocrática, equívoca y a fin de cuentas dimisionaria, no se recuperará ya de este pecado original de haberse apropiado indebidamente de la herencia partisana.

8- Según explicas en el libro, los partidos han cambiado radicalmente, pero la experiencia partisana podría tener hoy una actualidad para vivificar nuestra idea y práctica de la política. Es decir, para salir de la infelicidad presente. ¿En qué sentido, cómo lo piensas?

Valerio Romitelli.  Dada la complejidad de la pregunta, responderé en estilo telegráfico. Tanto los gobiernos como los partidos mayoritarios o de oposición, a día de hoy, no experimentan ya nada que no sea aquello que les impone el “mercado”, es decir, los bancos y los lobbys que los sostienen. Derecha e izquierda convergen cada vez más hacia aquel centro cuyo corazón late al ritmo de las reformas prescritas por el neoliberalismo. Más a la derecha y más a la izquierda queda muy poco, aparte de los sentimientos anacrónicos, el oscuro y ancestral odio racial o el mucho más respetable, pero en todo caso ineficaz, llanto por los viejos temas de los partidos de los tiempos del Estado del bienestar. Por lo tanto, vivimos en una situación en la que la política ya no tiene organizaciones propias.

El problema de cómo reorganizarse políticamente para dar cuerpo a políticas universalistas —las únicas dignas de ser calificadas, precisamente, como políticas— está, por lo tanto, abierto. ¿Cómo afrontarlo? Cada solución posible hay que buscarla, pienso yo, a distancia del Estado. El Estado de bienestar ha sido suplantado hoy casi en todas partes por el “Estado securitario” (que es el único que les gusta a los “mercados”, siempre al acecho de lugares donde hacer inversiones “seguras”): implicarse con los poderes de semejantes Estados con la idea de que así mejoramos sus políticas sólo puede llevar al perfeccionamiento de las medidas de seguridad. Medidas que son siempre exactamente lo contrario de aquello que habían sido las medidas universalistas del Estado del bienestar.

Tratar de hacer política a distancia del Estado significa intentar hacer política sin partido, prescindir de los ritos electorales, pero también de la idea de corregir las injusticias a través del derecho y sus tribunales, etc. Una vez que el horizonte político ha sido despejado de Estado y de los partidos no queda ya nada más que lo social, siempre ambivalente, impuro, sucio, incierto, bastardo. Pero es aquí donde debemos sumergirnos para tratar de construir alternativas a las actuales políticas neoliberales. Y, sobre todo, debemos sumergirnos en el nuevo entorno social que se está formando en Europa pero también en otros lugares: allí donde los ciudadanos son sólo un componente al lado de aquellas poblaciones de extranjeros que, aunque siempre minoritarias, están destinadas a cambiar radicalmente el rostro de muchos países.

Por esta razón, una experiencia como la de los partisanos italianos puede tener todavía algo que enseñarnos. Porque sus bandas se constituyeron, duraron e hicieron una política capaz de transformar los destinos de nuestro país, una política distinta de la de los partidos y experimentada en completa ausencia de cualquier Estado al que hacer referencia.

"La felicidad de los partisanos y la nuestra", editorial Cronopio
«La felicidad de los partisanos y la nuestra», editorial Cronopio

La experiencia partisana y el presente

9- ¿Persiste como recuerdo vivo, inspirador, la experiencia partisana en Italia? ¿Podrías darnos ejemplos de “reactualizaciones” de su memoria y ejemplo que te parezcan interesantes?

Valerio Romitelli.  A partir de la posguerra y en adelante, los grupos que en Italia más se han inspirado de forma declarada en la experiencia partisana han sido las Brigadas Rojas, cuyo terrorismo entre los años 70 y 80 fue políticamente desastroso. Aquello que más les gustaba a los brigadistas de los partisanos era el hecho de que la suya era una lucha armada. El gran error de los brigadistas fue no entender la profunda diferencia que hay entre hacer política en tiempo de guerra, como era el caso entre el 43 y el 45, y hacer política en tiempo de paz, como entre los años 70 y los 80, o como hoy en Europa, por lo menos. Todavía hoy, muchos militantes “antagonistas”, lectores de Michel Foucault, en particular de su seminario de 1976, insisten en considerar esta distinción paz/guerra como ficticia, pero para mí sigue siendo fundamental.

Aquello que a mí me interesa de la experiencia de los partisanos es que estos, sin tener ningún apoyo institucional o mediático, no siendo más que una minoría ínfima, padeciendo condiciones tremendas, lograban ganarse la simpatía y el apoyo activo de las poblaciones allí donde operaban. Por mucho que este sea un dato siempre disputado por la literatura de derechas, me parece evidente que sin estos apoyos la experiencia de los partisanos no habría nunca podido crecer, durar ni extenderse de la forma en que lo hizo.

10- En este sentido de entrar en contacto con las poblaciones, y no de representarlas como pretende cualquier vanguardia, dices que la experiencia partisana podría inspirar “nuevos cuerpos colectivos” capaces de “pensar un pensamiento”. ¿Podrías desarrollar esto?

Valerio Romitelli.  Hoy en día, para tratar de organizar nuevas políticas alternativas, sostengo que es imprescindible hacer investigaciones entre las poblaciones que más sufren las políticas capitalistas. Sólo así se puede saber cuáles podrían ser los objetivos, las reivindicaciones más adecuadas para unir a estas poblaciones, que actualmente se encuentran muy divididas y dispersas, también por culpa del colapso de la credibilidad sufrida por las organizaciones tradicionales comunistas o, más en general, “de clase”.

Es decir, se trata de “pensar el pensamiento” de las poblaciones explotadas y oprimidas. Sin presuponer ningún “sujeto político” ni “antagonismo esencial” alguno (como ocurre en las teoría de las “multitudes” de Toni Negri y los post-obreristas), sino sólo el hecho de que tales poblaciones piensan una realidad, la suya, que le resulta extraña también a quien hace la investigación, al menos hasta el momento de hacerla. Por lo tanto, se trata de entender, con los métodos adecuados, sus palabras y de usar las fuentes indispensables para la elaboración de cualquier política alternativa. Hoy en día, entre los movimientos alternativos y antagonistas en Italia no faltan tentativas de este tipo investigación: existen grupos de jóvenes antropólogos comprometidos que hacen investigaciones muy interesantes, por ejemplo.

Por mucho que los partisanos no hubieran estudiado para adquirir esta capacidad etnográfica, por así decirlo, está claro que fueron las singulares circunstancias de aquel momento las que los instruyeron rápidamente. Por este motivo he sostenido que los partisanos fueron capaces de “pensar un pensamiento” -que es una fórmula que surge del trabajo que llevo a cabo con el Grupo de Investigaciones Etnografía del Pensamiento, GREP.

11- Fuerzas oscuras del presente (narco, mafia, redes terroristas como Al-Qaeda) se organizan de alguna manera hoy también “en bandas” (de forma autónoma, descentralizada, flexible, móvil, sin referencia a partidos o Estados). ¿Cuál sería ahí el valor específico que podría tener la inspiración de la experiencia partisana?

Valerio Romitelli. Ciertamente, hablar bien hoy en día del concepto de bandas puede resultar escandaloso. Pero incluso dejando a un lado los casos del Daesh o de Al-Quaeda, a cuya existencia parece que ya no hay duda de que han contribuido más o menos directamente los servicios secretos occidentales, se puede decir que muchas de las bandas criminales que hay dispersas por el mundo se ven favorecidas, más que obstaculizadas, por la conversión del Estado de bienestar en “Estado securitario”. De hecho, tal conversión ha creado en el interior de lo social “tierras de nadie” donde la lucha por la supervivencia es siempre dura y violenta. No creo, sin embargo, que para hacer frente a este fenómeno tenga sentido reivindicar intervenciones por parte de Estados que funcionan más como parte del problema que como solución.

Por lo demás, cada política tiene sus propios riesgos. Algunas bandas criminales, como por ejemplo en Centroamérica, pero también en África y en otros lugares, no son sino la degeneración de bandas que en su día fueron políticas, como lo fueron en su día los partisanos italianos. El peligro de que estas últimas, una vez alcanzada la paz, degenerasen en simple bandidismo (cosa que sucedió en algunos casos muy esporádicos) fue una de las razones por las cuales los partidos, con el comunista a la cabeza, consideraron imprescindible su disolución después de la primavera del 45.

Por lo tanto, organizarse en bandas puede tener las consecuencias más diversas. Lo que más me interesa a mí de esta categoría es que nos permite pensar en una multiplicidad de micro-cuerpos políticos, alejados de las pretensiones de hegemonismo de las que toda organización con forma de partido está inevitablemente poseída. Y dado el nivel de corrupción que afecta hoy a casi cualquier partido y Estado en el mundo entero, se puede decir que el peligro de degenerar en la criminalidad debería obsesionar también al que considera posible hacer políticas alternativas dentro de marcos totalmente legales.

Traducción del italiano: Álvaro García-Ormaechea. Y la ayuda de Steven Forti. ¡Gracias a los dos!