Luis González Reyes: «Pensar en salir del crecimiento es pensar en escapar de las cadenas»

Entrevista con Luis González Reyes, de Ecologistas en Acción, sobre cómo el ‘Green New Deal’ es incompatible con un decrecimiento que considera inevitable.

Luis González Reyes (Madrid, 1974) es miembro de Ecologistas en Acción. Desde la ONG, González Reyes defiende que el sistema económico capitalista ha alcanzado los límites ecológicos del planeta, y que el crecimiento económico del que depende va a detenerse, independientemente de las medidas que se tomen. Eso sí, podemos elegir que ese escenario postcrecimiento sea organizado y justo, evitando que la desigualdad siga siendo el motor de la sociedad.

Estas son algunas de las ideas que el activista plasma en el prólogo de ‘Decrecimiento vs. Green New Deal’, libro editado en español por Traficantes de Sueños y que recoge los argumentos de cinco intelectuales de izquierdas publicados originalmente en la revista New Left Review. Los autores (Herman Daly, Troy Vettese, Robert Pollin, Mark Burton y Peter Somerville), contraponen distintas hojas de ruta progresistas para afrontar la crisis climática y ecológica: desde el Green New Deal defendido por Pollin hasta la reforestación radical de Vettese, en las páginas se visitan los pros y los contras de cada unos de los caminos que la izquierda ecologista tiene ante sí en un momento crucial de su historia. Climáticahabló con González Reyes de la importancia de este debate y el marco económico e histórico en el que nos encontramos.

¿Por qué contraponer decrecimiento y Green New Deal? ¿Acaso no son compatibles ambas propuestas?

El decrecimiento, más allá de ser una propuesta política, también es una realidad física. Estamos chocando con los límites del planeta. La opción es cómo realizarlo: de forma justa, con un reparto de unos recursos escasos, o de forma injusta, permitiendo que unas pocas manos acaparen esos recursos.

En su lugar, lo que plantea el Green New Deal es un aumento de la producción energética mediante renovables y una electrificación masiva de nuestro sistema socioeconómico, generando toda una serie de puestos de trabajo que permitan mantener más o menos nuestra estructura socioeconómica y el crecimiento indispensable para el mantenimiento del capitalismo. Así que no, no son propuestas compatibles, aunque ambas pongan en el centro los problemas ambientales.

En el libro se menciona en muchas ocasiones el Producto Interior Bruto (PIB) como dimensión medible del crecimiento, y a menudo se lo tilda de religión o de ideología. ¿Hemos llegado a adorar el crecimiento?

El crecimiento es imprescindible para el capitalismo. No hay reproducción del capital si no hay crecimiento en los parámetros agregados de la economía, medido mediante el PIB. Y si no hay reproducción del capital entramos en situaciones de crisis, con todas sus consecuencias económicas y sociales. En ese sentido, podemos calificar el crecimiento como una ideología, porque empapa totalmente tanto la forma en que nos organizamos económicamente como nuestras instituciones culturales.

El PIB, no obstante, no tiene nada que ver con el bienestar social ni con el respeto al medio ambiente. Por ejemplo, crece si tenemos que aumentar la seguridad privada o si talamos un bosque y ponemos una urbanización ahí. Pensar en salir del crecimiento es pensar en escapar de las cadenas que nos tienen atados en nuestro sistema socioeconómico.

Esta realidad económica del crecimiento es en la que hemos vivido, al menos la mayoría de nosotros, durante todas nuestras vidas. ¿Cómo se le comunica a la gente que en un periodo relativamente corto de tiempo su paradigma va a cambiar radicalmente?

Ahora mismo, el crecimiento es algo incontestable a nivel social y político, porque todo nuestro sistema está estructurado en torno al mercado. Para satisfacer a nuestras necesidades tenemos que recurrir al mercado y para eso necesitamos dinero que conseguimos a través del trabajo asalariado. De manera que para que todo esto funcione, tiene que haber un crecimiento de la economía, que tiene que no entrar en crisis.

Así que, si queremos romper ese círculo de manera organizada, tenemos que disputar al mercado la forma de satisfacer las necesidades. De hecho, la necesidad de decrecer es algo que se comunica y la población entiende, pero sin esa alternativa nuestra práctica seguirá siendo la misma. Necesitamos construir economías sociales, solidarias, feministas y ecológicas, que sean las que satisfagan nuestras necesidades bajo parámetros distintos.

A la hora de comunicar yo no me olvidaría de dos emociones que siempre tienen un papel determinante en cualquier movimiento humano. Por una parte, el miedo. Necesitamos tener miedo a las cosas que nos pueden dañar, y las situaciones de crecimiento injusto y caótico nos pueden dañar mucho como sociedades.

Pero el miedo por sí mismo genera parálisis o búsqueda de chivos expiatorios. Por eso, lo tenemos que combinar con una esperanza real de que podemos construir órdenes más justos, solidarios, democráticos y libres sobre las ruinas de un orden económico que se va a venir abajo. Y para conseguir sostener esa esperanza necesitamos construir esas alternativas reales.

Precisamente, una de las críticas que Pollin hace al resto de autores en el libro es la poca concreción de esas propuestas ante la urgencia de la crisis climática. ¿Está de acuerdo con esto? ¿Cree que hay poca concreción?

No lo creo. Vemos determinados modelos relacionados con la vivienda, como pueden ser los modelos de derecho a uso y construcción ecológica. Otros que tienen que ver con los formatos empresariales y económicos, como son las cooperativas sin ánimo de lucro y con funcionamiento de intercooperación. También vemos modelos de transformación del sistema alimentario, como todo lo que se ha venido desarrollando en el sector agroecológico, que además está dando saltos de escala hacia grados mayores que sean capaces de satisfacer a más personas. O todo los nuevos modelos energéticos que permiten satisfacer el consumo, de forma más frugal y austera, pero priorizando necesidades colectivas y a la vez con sistemas basados en las renovables.

Sí que hay propuestas concretas, pero son distintas de las que propone Pollin, que están muy basadas en las intervenciones estatales fuertes, con expansión monetaria, con una implantación grande del Big Data acoplado al desarrollo de las renovables y la electrificación.

Usted considera en el prólogo del libro que ya estamos viviendo el colapso del modelo del crecimiento. ¿En qué se observa esto?

Cuando yo hablo de colapso me refiero a la ruptura del orden social y del orden económico que tenemos para entrar en otra estructura radicalmente distinta, sea la que sea. No me refiero a que esto suceda de la noche a la mañana, ni de un año para otro. Es un proceso rápido en términos históricos pero lento en términos humanos.

Algunos indicadores de que esto está sucediendo ya: uno de los elementos determinantes de nuestro orden económico actual es la globalización de los ciclos productivos y financieros. Durante los últimos años estamos viendo un proceso de desglobalización. Esto tiene detrás causas políticas, pero también económicas y ambientales.

Otro indicador es el cambio en gran parte de nuestros órdenes culturales. Hasta hace relativamente poco, el imaginario social mayoritario decía algo así como ‘vamos a vivir mejor que nuestras madres y nuestros padres’. Ese imaginario social se ha roto: ya hay una concepción bastante extendida de que en el futuro los consumos serán menores que en el presente e incluso en pasados cercanos.

De todas formas, creo que lo que estamos viviendo son las primeras etapas. Conforme avancemos, probablemente veremos cambios más importante en términos históricos.

También propone una reruralización de la sociedad. ¿A qué se refiere y cómo sería este proceso para un ciudadano urbano medio?

El proceso de urbanización ha tenido detrás el motor de unas fuentes energéticas densas, como han sido los combustibles fósiles, que nos han permitido dedicar muy poco tiempo y muy poco trabajo a conseguir nuestra energía, y a partir de ahí podíamos dedicar ese tiempo y trabajo a muchas otras cosas. Así es como podemos permitirnos vivir en espacios urbanos. Sin embargo, cuando esto deje de ser posible, cuando dejen de entrar miles de camiones al día en espacios como Madrid o Barcelona, no nos va a quedar otro remedio que dedicar más tiempo a esa obtención de la energía, que no es otra cosa que todo lo tiene que ver con todos los trabajos relacionados con la agricultura o la ganadería.

Y esto significa que una parte de la población tendrá que irse a vivir al campo, pero también que las ciudades se convertirán en espacios de producción agropecuaria. De hecho, esto sucede ya de forma similar en ciudades como Detroit o La Habana, a pesar de que sus políticas y sus sistemas económicos son marcadamente distintos.

La propuesta principal del Green New Deal es la sustitución masiva de fuentes de energía fósil por fuentes de energía renovable y la electrificación total de la economía. Usted sugiere que es una solución poco realista. ¿Por qué?

En primer lugar, las renovables son indudablemente mejores desde el punto de vista ambiental y social que los combustibles fósiles. Sin embargo no podemos pensar que las renovables nos van a dar las mismas prestaciones que los combustibles fósiles, que son unas fuentes energéticas excelentes si solamente miramos el parámetro energético: tienen una alta densidad energética, han estado disponibles en grandísimas cantidades, son muy versátiles, están disponibles independientemente del tiempo meteorológico y del momento del año, son fácilmente transportables…

También tenemos que pensar en ese proceso de electrificación global, que presenta problemas. Por ejemplo, en el sector del transporte: podemos construir unos pocos coches eléctricos, pero no sustituir todos los vehículos de motor de explosión. Esa es una inversión gigantesca de tiempo, de dinero, de materiales y de energía. Pero, en realidad, no es la única inversión: habría que realizar otra igual de grande en adaptar y ampliar la red de gasolineras. Habría que cambiar toda la red eléctrica para llegar a todos esos puntos, habría que aumentar la generación… y súmale los problemas de acceso a determinados recursos, como el litio; pero no solo el litio, que son limitados. Y todo eso, solo para un sector: el del transporte.

De manera que creo que es mucho más realista pensar que lo que vamos a tener es una reducción de la movilidad. Una parte de esa movilidad podrá ser eléctrica, pero desde luego será mucho menor que la que tenemos ahora.

Todos los autores del libro están de acuerdo en que no es posible que la economía crezca infinitamente, pero solo uno, Daly, habla de la población. ¿Cómo propone que se controle la población sin aplicar medidas draconianas como en China?

Efectivamente, la población tampoco puede crecer indefinidamente, pero situemos el problema. Hay tres factores que se conjugan en los impactos ambientales: el consumo, la tecnología que utilizamos, y la población. Y si vemos cuál es su peso relativo, descubrimos que los dos primeros son los principales responsables de los impactos ambientales. Efectivamente, cuanta más población seamos, peor, pero no es lo fundamental ahora mismo.

Yo no me concentraría en eso ahora, pero hay distintas formas de afrontar el problema. Las Naciones Unidas vienen incidiendo desde hace un tiempo en que en aquellas sociedades en las que las mujeres tienen un mayor control sobre su cuerpo, están más emancipadas y tienen acceso a mejores sistemas educativos, en general, han ido reduciendo no solo su incremento poblacional, sino incluso su población. Por lo tanto, el empoderamiento de la mujer es un elemento básico en el control poblacional.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/pensar-en-salir-del-crecimiento-es-pensar-en-escapar-de-las-cadenas/

Angela Davis: “Todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación”

La activista norteamericana, invitada a una conferencia en el CCCB, califica de represión la actuación policial del 1-O

Filósofa, activista afroamericana, luchadora histórica por los derechos humanos, feminista hasta el alma, Angela Davis, en Barcelona para presentar su último libro, La Libertad es una batalla constante (Capitán Swing) y dar una conferencia, La revolución hoy, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), no se lo pensó ni un segundo para afirmar que todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación. Y eso incluye a Cataluña: “Estoy muy contenta de estar en estos momentos, que son difíciles, en Barcelona, no sé si puedo entender todos los matices de lo que está pasando , pero creo que la gente tiene el derecho a la autodeterminación. Todos los pueblos deben tomar las decisiones y escoger su propio destino”. La profesora fue una de las personalidades internacionales que hace unos meses firmó el manifiesto Let Catalans vote (Dejen votar a los catalanes).

 

La activista insistió en que no podía hacer un análisis porque le faltaba conocer “con profundidad la complejidad de la situación” pero sí que dejó claro que había visto las imágenes de las cargas policiales del pasado 1-O “se han visto en todo el mundo” y comentó que ante ellas “lo importante es resistir ante la represión”. Echando mano de otras realidades de la policía como agentes represores, se refirió a los abusos de la policía norteamericana con la población negra, Davis aseguró que en España “hay historias incrustadas, como la policial, que siguen influyendo en nuestro presente y nuestro futuro”. “En el caso de Estados Unidos, están volviendo los asesinatos de negros por policías. Aquí, las imágenes de la represión vuelven del pasado y sacan su cabeza más espantosa. Espero que aquí esa realidad se resuelva aunque este país tiene un largo historial de represión”. De paso, destacó que la historia de España y de sus movimientos de lucha ha influido en otros movimientos de todo el mundo: «Para mí fueron un ejemplo».

Davis comentó que no es la primera vez que está en España y le toca vivir un momento delicado: “La última vez fue en Bilbao con unas protestas muy importantes por los presos vascos y en concreto con la petición de libertad de Arnaldo Otegi. Yo fui a la cárcel e intenté visitarle, pero no me dejaron”.

Con todo, Davis se esforzó en ser optimista y confió en que las luchas surtirán efecto: “tal vez nosotros ya no lo veamos pero tenemos que confiar en que eso ocurra en un futuro”. Recordó que como activista del Partido Pantera Negra (Black Panther Party) y miembro del Partido Comunista de Estados Unidos, lo que motivaba su lucha y lo sigue haciendo es lo mismo, la defensa del movimiento de liberación negro en Estados Unidos, a los que ha sumado otras violencias ejercidas por los estados como el que sufre el pueblo palestino en manos de Israel.

Con el pelo completamente blanco pero con intactas energías, Davis explicó que la reciente protesta de los jugadores negros de la NBA que permanecen de rodillas cuando suena el himno norteamericano, lo empezaron a hacer las jugadoras de equipos de básquet femeninos. La que fue condenada a pena de muerte en 1972 bajo la acusación de asesinato y secuestro, preguntada sobre si hoy en día defendería la utilización de la lucha armada, dijo que prefería hablar del “ambiente revolucionario del movimiento de liberación africano. Han pasado 50 años y yo les diría a los que piensan que se está viviendo un momento parecido que todas las revoluciones implican una transformación profunda”.

Davis fue juzgada y condenada a pena de muerte de 1972, acusada de asesinato y secuestro, y se convirtió en uno de los símbolos de la lucha por los derechos civiles de las personas negras. La filósofa y profesora considera que hay todavía mucho trabajo por hacer y aseguró que el racismo que se puede ver en la actitud europea con los refugiados o en el trato que se dispensa en los Centros de Internamiento (CIES) a los inmigrantes está íntimamente ligado al capitalismo: ”el racismo es un productor de ingresos y de beneficios para el sistema”.

https://elpais.com/ccaa/2017/10/09/catalunya/1507561465_666357.html?id_externo_rsoc=FB_CC

Vandana Shiva: «El mayor poder, hoy, es la valentía de decir ‘NO’»

«La lucha de la Humanidad contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido». Es la frase del escritor Milan Kundera que más repite la ecofeminista india, filósofa y doctora en Física Vandana Shiva, un referente mundial en activismo medioambiental y autora de numerosos libros. En el último, se pregunta ¿Quién alimenta realmente al mundo? y afila el lápiz por un ecologismo conectado con los saberes ancestrales que guarda la naturaleza. Durante esta conversación, también aboga por un capitalismo y una democracia de mejor calidad.

Por Sara Calvo Tarancón

Dehradun es, con probabilidad, la ciudad más inclinada del mundo. Parte de una llanura en las faldas del Himalaya, apenas a 300 metros sobre el nivel del mar, y se encarama a la colina del monte Tiuni, casi cuatro kilómetros más arriba, donde se desperdigan las últimas viviendas. En medicina, se llama simpaticotónicos a quienes, como algunos de sus habitantes, se exponen a cambios bruscos de presión atmosférica. Se les reconoce, entre otros síntomas, por su estado de alerta constante y su hiperactividad. Vandana Shiva nació en Dehradun hace 66 años, y no sería descabellado afirmar que pertenece a este «perfil bioclimático», como lo denomina la ciencia. Hija de una granjera y un guardabosques, su empatía con la naturaleza le vino de serie, pero no se quedó ahí. En 1976, saltó a Canadá y obtuvo el doctorado en Filosofía de la Ciencia por la Universidad de Guelph, y, tres años más tarde, creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, vergel incontenible de proyectos e iniciativas: la difusión de la agricultura ecológica por medio del programa Navdanya, el estudio y mantenimiento de la biodiversidad con la creación de la Universidad de las Semillas, la regeneración del sentimiento democrático (Movimiento Democracia Viva) o el compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista (Mujeres Diversas por la Diversidad). A esas alturas, Shiva ya se autodefinía, tajante, como ecofeminista.

Su trayectoria la avala: ha escrito más de una docena de libros influyentes con títulos meridianos como Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo, La praxis del ecofeminismo: biotecnología, consumo y reproducción o el último −recién publicado−, ¿Quién alimenta realmente al mundo?, y, entre sus muchos asesoramientos para organismos internacionales, destaca el reporte La mayoría de los agricultores en India son mujeres, para Naciones Unidas. También ha dado sapiencia a Gobiernos de India y el extranjero (entre ellos, el español, durante la legislatura deJosé Luis Rodríguez Zapatero, y a organizaciones alejadas de los poderes públicos como International Forum on Globalization, Women’s Environment & Development Organization y Third World Network. La revista Time la definió en 2003 como «heroína ambiental de nuestro tiempo» y hoy preside la Comisión del Futuro de la Comida, asentada en Italia. Shiva se llama como el dios hindú de la destrucción, que tenía cuatro brazos. En el primer atributo, esta filósofa no coincide en absoluto; en el segundo, con creces. Da la impresión de que tuviera un sinfín de extremidades para hacer tantas cosas en una sola vida. El ecofeminismo es un concepto de finales de los setenta, nombrado por primera vez por la socióloga francesa D’Eaubonne, para referirse a la conexión ideológica que existe entre la explotación de la naturaleza y la de las mujeres, en un sistema dominado por hombres. Hoy, es una definición asimilada y extendida por todos los ámbitos del pensamiento. La conversación con Ethiccomienza en este punto. «Las mujeres son las parteras de la agricultura. El capitalismo patriarcal y el colonialismo son hambre, malnutrición, depravación. Para que la gente tenga alimentos reales y para que los agricultores puedan cultivarlos de forma libre, el sistema tiene que cambiar. Y, si no cuidamos el planeta, perderemos el lugar donde cultivar los alimentos».

Los puntos de vista de Shiva son siempre universales. Los problemas de nuestro tiempo no son solo los de los más desfavorecidos: «El ecofeminismo es ubicuo, porque significa lo mismo en Occidente que en el Tercer Mundo. Es fácil darse cuenta de que la naturaleza no está muerta ni es inerte, algo que, después de dos siglos de auge del carbón y el petróleo, este tipo de capitalismo que se practica nos ha hecho creer. Es tristemente comprensible: al final, si la naturaleza está muerta, hay más material fósil que extraer. Pero no, la naturaleza está viva y, por fortuna, fuera de los mercados. Los científicos se dan cuenta de eso: el sistema está vivo, las semillas, la tierra, las abejas y los insectos. La naturaleza es fascinante y tiene una inteligencia increíble. ¿Cómo encuentran las rutas de migración los pájaros, por ejemplo? Todo lo que tenemos viene de la capacidad productiva de la tierra». En este punto de la conversación, la filósofa llega a una conclusión concluyente: «Las mujeres han sido catalogadas como el segundo sexo pasivo. Se ha declarado que no trabajamos porque tenemos que estar en casa y cuidar de los hijos y hacer la comida, cosas que no están consideradas como un trabajo que produce beneficios para este sistema. En realidad, se considera que los dos elementos más importantes de nuestra vida, como son la tierra y las mujeres, no producen nada. Esa creencia es la que nos ha llevado a la crisis. Ante todo, la ecológica, donde vemos que se están extinguiendo las especies, que desaparece el agua y aparece la desertificación. Estamos llenando el planeta de tóxicos y plásticos, lo cual genera violencia. Reconocer las capacidades de la naturaleza y de las mujeres introduce la posibilidad de que exista un sistema no violento de prosperidad y bienestar para todos. Esto es algo necesario para el futuro».

Vandana-Shiva

Defensora de la exclusividad seminaria de las mujeres y la tierra, Shiva reclama que a esta última se le está despojando, cada vez más, de ese derecho. O, al menos, de ejercerlo a su ritmo. A un ritmo natural. «La comida de los supermercados no es comida, son productos que se parecen a los alimentos. Están absorbiendo el comercio local desde hace diez años, desde que existe la globalización. No es una batalla perdida todavía, por suerte. Incluso en España hay tiendas locales. En mi país, India, hay alimentos en todos los lugares, asequibles, frescos, diversos, nutritivos. Pero he visto cómo, ley tras ley, esto ha ido cambiando. Para mí, los alimentos son una cuestión democrática. A eso lo llamo ‘democracia de la tierra’. Porque ahora tenemos que trascender ese antropocentrismo que va codo con codo con la dominación de la naturaleza. Cuando asumimos que somos parte de ella, aprendemos de qué va todo esto», explica. Su activismo empezó desde una pequeña localidad del Himalaya y lo extendió a todo el mundo sin la facilidad de las redes sociales. Hoy, Shiva no subestima su poder, pero lo observa con tiento: «Sirven, como se ha demostrado, para denunciar tanto los casos de acoso [algo que ha hecho el movimiento #MeToo] como el caos climático del que hablo en mi libro. Pero he visto muchas mentiras fabricadas en las redes sociales. Lo vi en las elecciones de Trump con Facebook. Tenemos una democracia falsa que permite ganar elecciones a alguien como él. En lo que verdaderamente creo es en el poder real que tenemos para actuar con base en la solidaridad. La humanidad tiene potencial. Y sí, Internet y las redes sociales pueden tener un rol importante, pero no pueden ser un sustituto de las personas físicas, reales, actuando colectivamente en las calles».

La doctora se remite a una frase que repite con frecuencia: «La tecnología se está convirtiendo en una nueva religión». Y la explica: «Hoy en día, las religiones son impotentes. El peligro es el uso político, no ya de la religión, sino de la fe. La fe puede ser privatizada. Antes era distinto. Cristóbal Colón tuvo poder para colonizar otras tierras con la voluntad del Papa y ahí la religión se usó para conquistar. Pero la religión nunca ha tenido el poder de destruir los sistemas de la tierra ni de ir a las entrañas de los sistemas climáticos, de las especies en peligro de extinción o de la propagación de los tóxicos. Hablemos, ahora, de la tecnología. Cuando reconoces que es una herramienta, tú decides si quieres usarla para proteger la tierra y en beneficio de la sociedad. Con frecuencia, la tecnología está restringida en mi país, porque destruye trabajo. En India, ciertas industrias nunca van a ser mecanizadas, porque dan empleo a millones de personas. Hay que considerar todos estos asuntos. Cuando la tecnología empieza a ser aupada hacia un altar, lo primero que hace el establishment es controlarla, porque esto significa controlar también la democracia». El alegato contra el exceso de poder de ciertas empresas es inevitable: «Algunas se comportan como si no existieran leyes ni democracia. ¿Cómo se puede controlar a los que controlan el mundo? En primer lugar, entendiendo nuestros propios poderes, nuestras propias fortalezas y los límites que podemos poner. En mi país, en mi tierra, el instrumento más potente que existe es el poder de la gente que dice no. Cuando Gran Bretaña nos obligó a cultivar algo que no queríamos, no lo hicimos. Cuando nos forzaron a base de impuestos y tasas, las mujeres se levantaron y les dijeron: ‘Preferimos morir antes que daros nues- tro arroz’. Además, ese momento coincidió con la grave hambruna en Bengala, en la que murieron dos millones de personas. Esto fue en 1942». Shiva concluye con una aseveración contundente: «Ese es el poder que me interesa, el poder de decir no. Es el poder de la desobediencia civil. Cada vez que digo no al poder corporativo, estoy limitando el poder. Es lo que hemos hecho con las semillas en los últimos 30 años. Cuando Monsanto nos dijo que sería dueña de cada semilla a través de los organismos genéticamente modificados y las patentes, supimos que teníamos que protegerlas. Teníamos que asegurar que todas y cada una de las semillas estuvieran en manos de los campesinos. Hoy puedo decir, sinceramente, que, 30 años después, la de Monsanto es una voz marginal entre la población».

Fuente: https://ethic.es/entrevistas/vandana-shiva/?fbclid=IwAR2evROgZafl2IlWO4BrDviicFD3GJvNQ0a-H2ZicnfPjfSPmqgNl4qoaag

Guattari para nuestros días

Por Ana Patto Manfredini

Resumen

Se trata de pensar con Guattari. Esta acción de pensar implica la creación de subjetividades que sean capaces de construir nuevos valores, diferentes de los económicos, mercantiles y capitalistas. Una propuesta que parte de un paradigma ético-estético, de una revalorización de la vida, que parece ser imprescindible y urgente. Guattari nos presenta una compleja creación conceptual que puede servirnos de herramienta. Herramienta para pensar, crear, actuar y trasmutar. Filosofía y arte son maneras de hacer política, de crear realidades, abrir posibles en la imposibilidad del presente. Seleccionamos algunas ideas para ilustrar la originalidad y pertinencia de su pensamiento que desarrolló entre los años 60’s y su muerte a principio de los 90.

Introducción

“Así pues, ¿Félix ‘filósofo’? ¿’Psicoanalista’?…
¿Qué significa eso? Ante todo,
un poder de arrastrar, de reunir”

Jean Oury

 

Félix Guattari es tal vez más conocido por su trabajo escrito con el filósofo Gilles Deleuze. Sus producciones en conjunto, en especial El antiEdipo y Mil Mesetas, son obras polémicas, rupturas con una forma de pensar y hacer filosofía, un nuevo análisis de la naturaleza y funcionamiento del capitalismo, así como una nueva teoría del deseo. No obstante, Guattari fue mucho más que su obra con Deleuze. Elevó a la n potencia -para usar un término de los autores-, esa obra en conjunto; desarrolló en sus propias obras los conceptos que creaba con Deleuze, exploró otros campos, insistió en su trabajo con la clínica y la esquizofrenia y nunca dejó de lado su efervescencia revolucionaria. Viajero incansable, militante de una micropolítica diaria e incesante, terapeuta, profesor, filósofo, músico, escritor, guionista, Guattari ha sido sin duda un personaje importante de nuestra reciente historia de la filosofía.

Hablar de Félix Guattari, escribir de Félix Guattari o citar a Félix Guattari no es solamente una corrección bibliográfica o una cortesía, sino una cuestión filosófica y política esencial. Concordamos con Franco Berardi, cuando éste afirma la importancia de reposicionar el pensamiento de Guattari en el mapa crítico actual:   “Luego de la muerte de Gilles Deleuze, en noviembre de 1995, el pensamiento rizomático obtuvo la atención que no había obtenido anteriormente. Pero los académicos han puesto en acto una especie de cortés remoción. Gilles Deleuze ha sido acogido en el salón bueno de la respetabilidad universitaria. Félix Guattari permanece afuera. No era un académico, frecuentaba malas compañías, por esto en la prensa de actualidad dedicada al pensamiento rizomático se tiende, más o menos conscientemente, a citar el nombre de Gilles Deleuze olvidando el de Félix. Más allá de cortesía y corrección bibliográfica, existe aquí una cuestión filosófica esencial.”[1]

FRANCO BERARDI

FRANCO BERARDI

Nos interesa aquí, en particular, es la corrección política que implica pensar con Guattari, quien hace filosofía política, además de otras muchas cosas. Su trabajo es esencialmente político, militante, revolucionario. ¿Por qué Guattari? Porque nos parece una poderosa caja de herramientas conceptuales apta o consistente para enfrentar los problemas que vivimos; nuestros problemas, nuestras vidas, este mundo, esta sociedad. No otra. Encontramos en el pensamiento de Guattari un aguda y novedoso análisis de la producción capitalista, así como de aquello que resiste, pervierte, combate esa lógica de apropiación de la vida. Un pensamiento siempre en el presente, siempre atento a los movimientos de apertura y captura que se efectúan ahora, pero cuyos efectos definen el porvenir.

A fin de presentar esa potencia crítica actual del pensamiento de Guattari aquí subrayamos apenas algunas de sus ideas, considerando la amplitud de sus escritos y trabajos. Elegimos aquellas ideas que evidencian con más claridad la singularidad y originalidad de su obra, lo que le diferenciaría de otras teorías críticas dedicadas al estudio del capitalismo contemporáneo y aquellas que resuenan con nuestro problema político actual.

 

El capitalismo es un operador semiótico

En 1982, momento en que la intelectualidad occidental se preocupaba con la tercera guerra mundial y las amenazas de ataques nucleares, Guattari publica un libro en donde habla de un capitalismo mundial integrado (CMI). El libro aparece primeramente en los círculos militantes, y luego es publicado en Italia con el título de Piano sul pianeta. Capitale mundiale integrato e globalizzazione. En esa publicación, Guattari nos da una definición del capitalismo que ya había sido trazada en su trabajo con Deleuze: “el capital no es una categoría abstracta, sino un operador semiótico al servicio de formaciones sociales determinadas. Su función asume el registro, el equilibrio, la regulación y la sobrecodificación de formaciones de poder propias de las sociedades industriales desarrolladas y flujos de las relaciones de fuerza relativos al conjunto de potencias económicas del planeta”[2].

Para entender lo que es ser un operador semiótico tenemos que explicar de qué se trata esa teoría semiótica. Podemos rastrear la problemática de la teoría de los signos en diferentes momentos de la obra de Deleuze y Guattari, con muchas variaciones y diferentes aplicaciones, no obstante, podemos encontrar también una consistencia entre las variaciones conceptuales de signo[3]. Para empezar, la teoría de los signos de Deleuze y Guattari discute directamente con las teorías y consideraciones lingüistas y estructuralistas. Para nuestro autor hay diferentes regímenes de signos que no son necesariamente significantes.

Los signos se liberan de la subordinación al significante, ya no se limitan al lenguaje, y atraviesan los más diferentes estratos. Tenemos toda suerte de signos poblando los universos referenciales. El signo es el afectoque se produce en un encuentro (Spinoza), afecto que es de por sí una diferenciación, un desvío.[4] El signo es el resultado de nuestro encuentro con el mundo, índice de desterritorialización. Somos atravesados y constituidos por signos de diferentes naturalezas, siendo las subjetividades construcciones semióticas donde se cruzan los más diferentes regímenes de signos. Las semióticas son siempre mixtas.

SPINOZA

SPINOZA

El capitalismo es un operador semiótico en tanto está produciendo afectos por medio de diferentes regímenes de signos, en tanto produce subjetividades, en tanto produce efectos en el mundo real y concreto. Ya no es sólo la abstracción de la ley del valor que está en juego; se trata de una acción concreta de tecnologías de transporte instantáneo de información que parece integrar todos los fragmentos del proceso de valorización del capital.[5]Mientras el trabajo parece entrar en crisis, sufrir grandes desterritorializaciones que hacen inmediata una revisión de lo que es el trabajo en las sociedades actuales, la valorización del capital virtual parece no tener límites. Y cuando llega a un límite, a una crisis generalizada, ahí está el Estado (y los contribuyentes) – en su última nueva forma neoliberal – para salvar la sociedad de las catástrofes que son inevitables si alguien no interviene.

El capitalismo virtual, las finanzas, funcionan directamente en lo real. Lo virtual es real aunque sea de una naturaleza intensiva, es decir, no se trata de un estado de cosa, de un fenómeno, de una extensión, sino de una intensidad, una potencia, fuerza que se da “entre” las cosas y sujetos, siempre en el medio, en crisis, desterritorializando; tal es la naturaleza de ese capital financiero. Tenemos diferentes operaciones o regímenes semióticos funcionando. Hay régimen significante toda vez que aparece una unidad, toda vez que hay una sujeción social, toda vez que hay un individuo sometido, o un Estado fortalecido. Hay régimen asignificante toda vez que consideramos los flujos, sea de dinero, sea de personas, sea de cabellos.

LARRY RIVERS

LARRY RIVERS

Respecto a la producción de capital virtual, tenemos una operación semiótica de carácter o naturaleza asignificante. El funcionamiento de la maquina cibernética no se debe a un proceso significante, interpretativo y alfabético. Estamos hablando de un lenguaje numérico, un funcionamiento binario 0-1 que hace funcionar la valorización. El resultado es una producción de riquezas o valores sin precedentes. El carácter desterritorializado y potencial de esos signos numéricos es lo que hace de la economía bursátil el poder que es, le da su capacidad de generar – y perder – cantidades inimaginables de valor en milésimos de segundos. Estamos hablando de un tipo de producción de valores que perdió cualquier noción de referente.

Es esa máquina asignificante la novedad del capitalismo en su presentación financiera. Es también una de las contribuciones más originales de la filosofía de Guattari. Decir asignificante es decir que esas semióticas son funcionales y operacionales, es decir, funcionan sin movilizar semióticas representativas o relativas al lenguaje. Un programa de computadora no funciona en base a un sistema de signos alfabéticos, los signos que están haciendo funcionar la computadora son de otro tipo. Claro que sigue existiendo una relación entre agente y signo, pero esa no es de carácter intersubjetivo ni exclusivamente humana. “Agentes humanos, así como agentes no humanos, funcionan como puntos de ‘conexión, junción y disyunción’ de flujos y como redes componiendo el agenciamiento colectivo empresa o sistema de comunicación, y así en adelante.”[6]

Las máquinas significantes no desaparecen sino que se desplazan de lugar; aunque la computadora en sí no funcione bajo un régimen semiótico significante, las computadoras están hechas para que el usuario pueda usarla desde su lenguaje significante (las letras del teclado, se escribe, se archiva, se lee). La máquina significante es la responsable por la formación del sujeto del discurso, como sujeto del lenguaje. Hay que tomar cuidado con la relación entre sujeto y lenguaje en esas teorías inspiradas por Deleuze y Guattari porque el sujeto no es un sujeto de enunciación o de enunciado. El sujeto no es el que enuncia, son las máquinas significantes que crean los enunciados, por eso los enunciados son siempre colectivos, agenciamientos.[7]

Ahora bien, si el capitalismo es una maquinaria semiótica y por ende tiene su producción de subjetividad específica, ¿qué serían de las subjetividades producidas por esas máquinas significantes y asignificantes?

 

Sujeción social y servidumbre maquínica

Sabemos que Deleuze y Guattari no son los únicos filósofos a teorizar sobre la relación entre producción de subjetividades y producción social. Esa relación está tanto en Marx como en Foucault, también en Nietzsche podemos encontrar esa problemática en la teorización de una construcción moral. No obstante, la novedad que podemos encontrar en Capitalismo y esquizofrenia es la idea de una naturaleza maquínica de las subjetividades producidas por el capitalismo. La novedad que vivimos hoy en día, en el capitalismo contemporáneo, tardío, o virtual, es un nuevo régimen de producción subjetiva. Con la aparición de las máquinas digitales, informáticas y cibernéticas tenemos también el surgimiento de un nuevo tipo de sujeción, un nuevo sometimiento subjetivo: la servidumbre maquínica.

Si el capitalismo produce subjetividades, lo hace de dos maneras, utilizando dos dispositivos diferentes: sujeción social [assujettissement sociaux] y servidumbre maquínica [asservissements machiniques].[8] La sujeción social es aquella que acompaña los funcionamientos disciplinarios de organización social, es la antigua forma de construcción de subjetividad fijada en la idea de un sujeto, de un individuo con una identidad, sexo, nombre, nacionalidad, oficio. Es mérito de Foucault el análisis de la complejidad de los mecanismos de sujeción social, ese modo de gubernamentabilidad de los sujetos, ese trabajo de sí que acompaña la economía y que fundamenta la división del trabajo.[9] Es ahí que actúan los términos capitalista-trabajador, es ahí que encontramos la personificación del capitalismo. Ese es el trabajo de las máquinas significantes.

Ahora bien, según Deleuze, Foucault sabia de la brevedad de ese modelo disciplinador; así como la soberanía tuvo su “fin”, los dispositivos disciplinares no eran eternos. Deleuze ubica esa crisis del modelo disciplinar o de sujeción social en el momento pos segunda guerra mundial, momento en que un modelo de control parece sustituir las antiguas formas de sujeción. No significa que la sujeción o disciplina deje de existir, más bien sufre un desplazamiento, nuevas variaciones dada la combinación con las nuevas formas de control. La sociedad de control que Deleuze y Guattari anuncian en sus obras es justamente el funcionamiento de un nuevo tipo de construcción subjetiva, de una nueva maquinaria que empieza a actuar en favor de la producción capitalista. Hace funcionar un nuevo modelo de subjetivación, la servidumbre maquínica. La diferencia de ese modo de control y los antiguos dispositivos disciplinarios se encuentra principalmente en su carácter despersonalizado, desindividualizante: ya no hay individuos que controlar, ya no hay unidades que modelar individualmente; lo que tenemos es un gobierno de los flujos. Los sujetos ya no son individuos sino cantidades abstractas, base de datos, contraseñas. Se trata de un control de flujos –de dinero, información, de consumo– más que de individuos; las personas son entradas y salidas de flujos, más que individuos posicionados en una masa.

 

Maquinismo. Una nueva relación hombres-máquinas

Esa diferenciación entre los dos modos de subjetivación capitalista implica entender otro concepto que es fundamental en la obra de Deleuze y Guattari, el concepto de máquina. Este concepto aparece incluso en una obra de Guattari anterior a su encuentro con Deleuze, en un texto titulado Máquina y Estructura. Este texto, aunque fue publicado en 1972, en la revista Change y también en el libro Psicoanálisis y Transversalidad, fue elaborado anteriormente, para una ponencia en 1969 en la Escuela Freudiana de París. Como el biógrafo François Dosse nos sugiere, el texto bien que podría llamarse Máquina contra estructura, pues ahí ya estaban dadas las coordenadas de desacuerdo de Guattari con las teorías estructuralistas de Lacan.[10]

Este concepto que ya aparece en 1969 en esta presentación de Guattari, tal vez sin esa pretensión en este momento, se volvería uno de los conceptos principales de la obra en conjunto de Deleuze y Guattari. Lo maquínico en Deleuze y Guattari no es algo limitado a lo tecnológico o a lo mecánico. La máquina técnica sería una de las máquinas que actúan, atraviesan el campo social. Máquinas estéticas, máquinas semióticas, máquinas económicas. Todo eso hace parte del funcionamiento de una “megamáquina” que sería la sociedad o la organización social.

“Cuando Lewis Mumford crea la palabra “megamáquina” para designar la máquina social como entidad colectiva, tiene literalmente toda la razón (aunque reserve su aplicación a la institución despótica bárbara): ‘Si, más o menos de acuerdo con la definición clásica de Reuleaux, podemos considerar una máquina como la combinación de elementos sólidos que poseen cada uno su función especializada y funcionan bajo el control humano para transmitir o ejecutar un trabajo, entonces la máquina humana sería una verdadera máquina.’”[11]

FRANÇOIS DOSSE

FRANÇOIS DOSSE

Podemos encontrar también la definición de máquina abstracta en Deleuze y Guattari, no obstante esa máquina no es nada abstracta como las ideas platónicas, ya que actúa en los agenciamientos concretos.[12] Es abstracta porque no tiene un contenido definido antes de entrar en un agenciamiento. Las máquinas funcionan como principios, como un principio de razón suficiente; son ellas que hacen las distribuciones de materiales sobre un plano; en otras palabras, son ellas que agencian cuerpos, palabras, en grados de territorialización y desterritorialización; y todo esto se da en un plano de inmanencia. En Mil mesetas podemos encontrar tres distinciones en correspondencia: Plano de inmanencia + máquinas abstractas + agenciamiento concreto.[13]

Si regresamos al problema de la producción de subjetividades propia del capitalismo, debemos considerar que se trata de agenciamientos concretos producidos por máquinas abstractas. En lo que corresponde al agenciamiento concreto de la sujeción social, la relación con la máquina sería de naturaleza exterior: “Hay sujeción cuando la unidad superior constituye al hombre como un sujeto que remite a un objeto que ha devenido exterior, tanto si ese es un objeto o un animal, una herramienta o incluso una máquina.”[14] El hombre usa la máquina, y en tanto usuario, está sujeto. Es la lógica sujeto-objeto, usuario-máquina, en la cual el hombre está separado o diferenciado de la máquina. Es el lado “humanista” del capitalismo, la producción de capital humano, de plusvalía humana. Es contra esta sujeción social que los movimientos de liberación social de los años 60-70 luchaban.

La relación con la máquina cambia en la servidumbre, el hombre ya no usa la máquina sino que es parte del funcionamiento maquínico de producción. “Hay esclavitud [servidumbre] cuando los hombres son piezas constituyentes de una máquina, que componen entre sí y con otras cosas (animales, herramientas), bajo el control y la dirección de una unidad superior”[15]. Es este modelo que encontramos en los imperios, en los sistemas despóticos. El análisis de Mumford, de la megamáquina, es ese tipo de funcionamiento donde el hombre es una pieza de la máquina social despótica.

Desde luego que el tipo de servidumbre que tenemos en el capitalismo no es el mismo que tenían los Estados imperiales antiguos. Es otro imperio el que tenemos acá. Un imperio cuyo Emperador perdió la cara, la personificación; el poder de mando ya no está encerrado en una persona o en un apellido. Lo que manda es un flujo, un flujo de capital despersonificado. Pero como en los antiguos imperios, el individuo no es algo individualizado, no estamos en la dimensión del ciudadano, el individuo es un engranaje del agenciamiento “empresa”, del agenciamiento mediático. Recordemos del sentido cibernético que el concepto de asservissements tiene en francés: “pilotaje” o “gobierno” de los componentes de un sistema.

“Un sistema tecnológico sojuzga (‘gobierna’ o ‘pilota’) variables (temperatura, presión, fuerza, velocidad, resultado) asegurando la cohesión y el equilibrio funcional del todo. La servidumbre es el modo de control y regulación (gobierno) de una máquina social o técnica, como una fábrica, una empresa o un sistema de comunicaciones. Ella restituye la ‘servidumbre maquínica’ de los antiguos sistemas imperiales (egipcio, chino), y consecuentemente es un modo de comando, regulación y gobierno ‘asistido’ por la tecnología, constituyendo, como tal, una especificidad del capitalismo.”[16]

Así, Guattari no sólo crea una nueva definición de máquina, sino también una nueva relación entre hombre y máquinas. En esta nueva relación, ya no somos sujetos conscientes que usan un objeto, ya no somos sujetos que actuamos sobre objetos o herramientas. Somos entradas y salidas (input y output) de un proceso de producción que no diferencia entre tecnología, hombre, animal y plantas.

 

 

Caosmosis

Después de Mil mesetas, publicado en 1980, Guattari produce diferentes libros y textos sin la compañía de Deleuze. En la década de ochenta publica libros sobre la naturaleza del capitalismo –los textos sobre el capitalismo mundial integrado, micropolítica, desarrolla la propuesta de la ecosofía con sus trabajos sobre las tres ecologías, continua con su trabajo en la clínica La Borde, entre muchas otras actividades que parecían nunca ser suficientes para nuestro filósofo. Pero es hasta el año de su muerte, 1992, que tenemos la publicación de uno de los libros más complejos de Guattari: Caosmosis. Esta complejidad radica en el hecho de que en estos escritos encontramos un poco de todo lo que Guattari había teorizado hasta entonces. Guattari se muere el mismo año de esa publicación; muerte inesperada, que no hace de Caosmosis un intento de despedida del autor. No obstante, el libro parece cumplir esa función, y Guattari se despide con esa obra que parece sistematizar toda su creación filosófica, y así navegar por los conceptos y problemas que desarrolló desde los años sesenta.

Nos detendremos en el concepto que da título al libro, y que sin duda es uno de los puntos originales de la teoría de Guattari y que cumple la función de herramienta conceptual para pensar críticamente nuestro presente. ¿Qué es la caosmosis? Según sus palabras:

“La esencia de la máquina no proviene de una continuidad indefinida, ella está en mutación. Para eso, debe intervenir un fenómeno de ruptura, de corte, así como para los individuos captados en el seno de su especie, y entre las especies mismas en sus filums evolutivos. Hay vida y muerte de las máquinas tecnológicas, teóricas, etc. La existencia de un colapso entre la mayor complejidad y su abolición es posible. Lo llamo la caosmosis: se puede estar en una relación altamente diferenciada con el mundo, con el entorno, pero también no estarlo, desaparecer, disolverse en el caos. Esta articulación entre los dos elementos permite la evolución, la producción creadora.”[17]

La caosmosis es la condición para cualquier acto de creación. Implica la idea de que el caos y el orden no son contrarios sino complementarios. Es necesario un caos para que nazca la novedad, un nuevo orden de las cosas. ¿Cómo se va de lo indeterminado a lo determinado, de lo virtual a lo actual, de lo intensivo a lo extensivo? A través de un proceso caósmico. Del caos, al territorio, para volverse a abrir al cosmos. Es lo que hace la pintura, cuando combate a los clichés, cuando crea un estilo, cuando logran hacer nacer de la catástrofe, un portal al cosmos. Discusión que encontramos en Van Gogh, Willian Turner, Cézanne, Bacon, Paul Klee, entre otros pintores.[18] Es también lo que vemos en la música con el ritornelo, en ese proceso que del caos al ritmo, pasa por medios, crea territorios y nuevos universos de referencias, para luego abrirse al Cosmos. “Fuerzas del caos, fuerzas terrestres, fuerzas cósmicas: las tres se enfrentan y coinciden en el ritornelo.”[19]

FRANCIS BACON

FRANCIS BACON

La Caosmosis no es una idea nueva de Guattari, ya estaba presente en otros conceptos, como el de Cuerpo sin órganos – ya que esté se trata justamente de ese proceso “entre” lo virtual y lo actual, lo disperso y lo consistente, experimentación. Esa idea de proceso, que tiende ora hacia una territorialización, a la formación de grandes conjuntos, a una sedentarización; ora tiende a la fuga, a la ruptura, al caos. En este segundo movimiento, no se trata de huir del mundo, sino de hacer el mundo huir. Algunos dirán que hoy vivimos tiempos catastróficos[20]. Que vivimos un momento irreversible, donde un desequilibrio entre el funcionamiento del planeta y producción capitalista parece amenazar nuestra existencia, junto a la del planeta y demás especies. Apocalipsis que no vendrá de la rabia de los dioses, o de una casualidad del universo, sino que hace parte del discurso científico. Parece que nuestra catástrofe, el caos de nuestro presente, es de una dimensión inédita en la historia. Es tan grande su dimensión, que se considera un cambio geológico, como afirman los teóricos que defienden la idea de una nueva era geológica, la del Antropoceno.

La teoría de Félix Guattari, la idea de la caosmosis y el lugar que el caos tiene en esa teoría – condición para la creación – tal vez sea una herramienta conceptual a considerar, a fin de evitar cualquier nihilismo. Nuestra catástrofe tiene un nombre y fecha, como todo agenciamiento concreto: capitalismo, máquina capitalista, neoliberalismo, economía de la deuda, de acumulación, máquina de producción de riquezas y miserias. Catástrofe ambiental, social, subjetiva, política y económica. Y sin duda, ante cualquier amenaza de catástrofe, de caos, descontrol o desequilibrio, las voces del orden, de retención y de control resuenan por todos lados, sea entre los políticos, sea en los medios o en las redes sociales. Fascismos, nacionalismos, racismos, y las más diversas consignas están al orden del día. Toda una demanda a movimientos de reterritorialización, de contención, de selección, que el capital financiero en sí mismo no necesita para funcionar. Éste, funciona en “desfuncionamiento”, por medio de crisis, cuanto más loca se pone la máquina, más dinero se produce. No obstante, la máquina económica no funciona sola, moviliza todas las demás dimensiones de la vida – naturales, sociales, políticas, afectivas, animales, artísticas, científicas, etc.

 

Ecosofía, la pragmática ético-estética

Para terminar con nuestra exposición, elegimos un concepto que parece ser, ya al final de los años ochenta, el concepto que Guattari empleaba para pensar una nueva práctica política revolucionaria, una que fuera suficientemente consistente para enfrentar y combatir las dinámicas avasalladoras del capitalismo contemporáneo. Se trata del concepto de ecosofía. Guattari vivió el momento en que los movimientos ecológicos ganaban fuerzas como movimiento político, a la vez que las alarmas sobre los desastres naturales por diferentes sectores científicos ganaban más resonancia. No obstante, ya advertía de los peligros y las prudencias necesarias para que el movimiento ecológico no fuera capturado por las redes capitalistas de producción. De ahí la pregunta, a finales de los ochenta: “¿Cómo podría recobrar una brújula para orientarse en el seno de una modernidad cuya complejidad la sobrepasa por todas partes? ¿Será el miedo a la catástrofe un motor suficiente en este dominio?”[21]

En 1989 publica el libro titulado Las tres ecologías, obra en la cual desarrolla la propuesta práctica/teórica de una ecosofía. El término aparece anteriormente ya en sus escritos Plan sobre el planeta, publicado en 1982, en italiano por primera vez. Hoy encontramos también disponible una compilación de textos reunidos por Stéphane Nadaud con el titulo ¿Qué es la ecosofía?, conjunto de textos donde encontramos una amplia selección de artículos y entrevistas sobre la temática. Considero que este material podría ser una de las herramientas conceptuales para pensar nuestra catástrofe, recordando a Isabelle Stengers, aquella económista, social y ambiental. ¿Qué es la ecosofía, en las palabras de Guattari? Y traigo una larga cita:

“El término ecología es ecléctico. Engloba realidades heterogéneas, lo cual constituye por otra parte su riqueza. En primer lugar, es una ciencia, la ciencia de los ecosistemas de todo tipo. Al lado de eso, la ecología se ha vuelto un fenómeno de opinión, que cubre sensibilidades muy diversas; desde aquellos conservadores, incluso reaccionarios, que pregonan un retorno a valores ancestrales, hasta aquellos que intentan la recomposición de una polaridad progresista que sustituya a la antigua polaridad derecha-izquierda: Yo he intentado una confluencia conceptual entre todas estas dimensiones. Así nació la idea de ‘ecosofía’ que articula tres ecologías: medioambiental, social y mental.” (…) “En mi espíritu no hay oposición entre las ecologías: política, medioambiental y mental. Toda aprehensión de un problema medioambiental postal el desarrollo de universos de valores y por tanto de un compromiso ético-político. Apela también a la encarnación de un sistema de modernización, para sostener dicho universo de valores, es decir prácticas sociales, de campo, prácticas analíticas cuando se trata de producción de subjetividad”.[22]

ISABELLE STENGERS

ISABELLE STENGERS

La ecosofía tiene que ser una lucha o una práctica que actúe en diferentes ámbitos, en diferentes capas de la realidad. No es solamente un problema con el medio ambiente sino principalmente con la construcción de valores sobre este medio ambiente, así como con las demás valorizaciones, económica, política, social, subjetiva, etc. Es cierto que los grupos y los individuos no pueden “ahorrarse cierto sumergimiento existencial en el caos”, como dice Guattari. Cuando soñamos, vamos a ese mundo de lo caótico. Y de ahí tenemos que sacar algo: ¿será un sentimiento de desastre o la revelación de nuevas líneas posibles?

ECOSOFÍA

ECOSOFÍA

¿Y quién gestiona el caos capitalista? Lo sabemos: la bolsa de valores, las multinacionales y – cada vez menos – los poderes estatales. Todos organismos descerebrados.

“La existencia del mercado mundial es ciertamente indispensable para la estructuración de las relaciones económicas internacionales. Pero no se puede esperar de dicho mercado que regule como por milagro los intercambios humanos del planeta. El mercado inmobiliario contribuye al desorden de nuestras megalópolis. El mercado del arte pervierte la creación estética. Es entones primordial que al lado del marcado capitalista se manifiesten mercados territorializados, que se apoyen sobre las formaciones sociales consistentes, que afirmen sus modos de valorización. Del caos capitalista deben surgir lo que llamara ‘atractores’ de valores: valores diversos, heterogéneos, de disenso.”[23]

Ahora bien, sabemos que no es nada fácil crear valores: “es difícil llevar a los individuos a salir de sí mismos, a desprenderse de sus preocupaciones inmediatas y a reflexionar sobre el presente y el futuro del mundo. Carecen, para llegar a esto, de incitaciones colectivas.”[24] Y no se trata de ampliar las amenazas, los miedos, sino de realizaciones prácticas. ¿Cómo incitar a la gente a hacer estas prácticas diferentes? ¿Ecosóficas? Se trata de producir una nueva subjetividad, aquella que incite a la construcción de una nueva valorización de la vida. Una nueva construcción subjetiva con nuevos valores que no estén fundados en la economía mercantil. Y el paradigma de esta construcción no puede ser científico u económico, sino ético-estético, es decir, se trata de la construcción de nuestras formas de ser, existir y crear. El hombre como artista de la existencia, que se crea a sí mismo. Y un hombre que ya no es hombre, que perdió su forma humana y es parte de un proceso heterogéneo que implica diferentes formas, seres, fuerzas, máquinas.

Desde el pensamiento de Guattari, podemos pensar/problematizar la realidad a partir de una amplia red conceptual, original, singular y actual, visionaria, como diría su amigo Bifo.[25] Sin duda tenemos una teoría revolucionaria que parte del complejo productivo de la vida, del estudio de la naturaleza del capitalismo en sus dimensiones industrial/disciplinar y capitalismo financiero/sociedad de control, y de la afirmación incesante de una urgente mutación existencial a la que nuestro presente nos obliga. Socialismo o barbarie. Existencia o muerte. Sin lugar al nihilismo, pesimismo y pasividad, el pensamiento de Guattari no cesa de afirmar la vida. Incluso en los momentos más sombríos de la historia, incluso cuando todo parece una tragedia, él encuentra una alegría, una comedia, una posibilidad de fuga y de creación.[26]

 

 

Bibliografía

  1. Berardi, Franco, Félix: narración del encuentro con el pensamiento de Guattari: cartografía visionaria del tiempo que viene, Cactus, Buenos Aires, 2013.
  2. Deleuze, Gilles, Pintura, el concepto de diagrama, Cactus, Buenos Aires, 2008.
  3. Deleuze, Gilles, y Guattari, Félix, Mil mesetas (capitalismo y esquizofrenia), trad. José Vásquez Pérez, Pretextos, Valencia, 2010.
  4. Dosse, François, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, Buenos Aires, Fonde de Cultura Económica, 2009.
  5. Guattari, Félix, Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Traficantes de sueños, Madrid, 2004.
  6. Guattari, Félix, ¿Qué es la ecosofía? Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud, Cactus, Buenos Aires, 2015.
  7. Lapoujade, David, Deleuze, los movimientos aberrantes, Cactus, Buenos Aires, 2016.
  8. Lazzarato, Maurizio, Signos, Máquinas, Subjetividades, Edições Sesc São Paulo/n-1 edições, São Paulo, 2014.
  9. Nacimento, Roberto D. S., Teoría dos signos no pensamento de Gilles Deleuze, Tesis de doctorado, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Universidade de Campinas, São Paulo-Brasil, 2012.
  10. Raunig, Gerald, Mil maquinas. Breve filosofía de las máquinas como movimiento social, Traficantes de sueños, Madrid, 2008.
  11. Stengers, Isabelle, In catastrofic times: Resisting the Coming Barbarism, Open Humanities Press/Meson Press, Londres, 2015.

 

Fuente: https://2018.reflexionesmarginales.com/guattari-para-nuestros-dias/

“Back to Adorno”, 30 años después: conversación con R. Hullot – Kentor

“Back to Adorno”, Thirty Years Later: Conversation with R. Hullot-Kentor*

ROBERT ZWARG**

robert.zwarg@gmx.de

FABIO AKCELRUD DURÃO***

fabioadurao@gmail.com

Robert Zwarg y Fabio Akcelrud Durão se reunieron con Robert Hullot-Kentor en suapartamento de Nueva York para debatir sobre su ensayo “Back to Adorno” [“Volver a Adorno”] y sobre el hecho de introducir la Dialectica de la Ilustración en los Estados Unidos.1

Robert Zwarg: “Back to Adorno” fue publicado en 1989, hace casi 30 años, en Telos. El título del artículo suscitó un nuevo interés por la obra de Adorno en los EEUU, al que también contribuiste con el resto de tus ensayos y traducciones. Has pasado gran parte de tu vida estudiando y escribiendo sobre Adorno, la mayor parte del tiempo cuando este era rechazado o desconocido en los EEUU. Y hay algo en tu trabajo –la voz que infundes en tus traducciones– que se encuentra más próximo a la textura extraordinariamente difícil del pensamiento y del estilo de Adorno que lo que puede hallarse en otros comentarios y traducciones estadounidenses.

Robert Hullot-Kentor: Te lo agradezco, Robert, incluso con la sensación de estar poniendo palabras en tu boca. Pero, por lo que respecta a lo difícil que es traducir a Adorno, debería matizarse que es bastante reciente que la barrera entre idiomas se considere tan drásticamente absoluta. Wallace Stevens consideraba que el francés y el inglés eran la misma lengua. Y si lees la literatura filosófica y científica ame- ricana anterior a la Segunda Guerra Mundial, te sorprenderías de lo fieles que eran las traducciones en todas las lenguas europeas, especialmente en alemán. Había nuevas traducciones constantemente, por supuesto; pero las lenguas no se presumían inalcanzables.

RZ: Aun así, estoy seguro de que estás de acuerdo conmigo en que Adorno presenta problemas especiales. En el prefacio de la primera traducción de Prismas de Adorno, Sam Weber llegó a afirmar que la intraducibilidad de este autor es“su más profunda y cruel verdad.” Tú has escrito sobre estos problemas bastantea menudo.

RHK: ¿Eso lo “más profundo en Adorno”? ¿La parte “cruel”? Me suena sospecho- so, aunque también revelador.

RZ: ¿En qué sentido?

RHK: Según mi parecer Weber está diciendo, literalmente, que lo que es cruel es que estamos privados de la obra de Adorno por un impedimento insuperable de traducirle, ¿no? Pero hay una resonancia ahí que ha de ser escuchada. Weber está detectando algo en Adorno y se siente atraído por ello, un límite cruel que no solo se halla en los límites.

RZ: Sin duda, Adorno podía ser áspero.

RHK: Podía ser extremadamente odioso. En una carta a Kracauer recientemente publicada que he leído últimamente, por ejemplo, describe a Eric Auerbach –una figura apenas conocida en la historia de la humanidad– como un académico detestable y repugnante; un hombre de una erudición desafortunadamente insensible;

“En los últimos días he tenido que leer algo de Erich Auberbach, con gran horror. Representa más o menos todo lo que detesto del carácter académico. Y ni siquiera tiene suficientes conocimientos positivos. Sobre Leibniz escribe fra- ses de una asombrosa falta de formación [Unbildung]”2.

RZ: Es duro, estoy de acuerdo.

RHK: Sí, Unbildung pronunciado como un pecado imperdonable por parte del filósofo que en Prismas calificó a la “cultura” de “basura”. Y Adorno recurre constantemente a este tipo de aseveraciones, en sus cartas y en su estilo, en la batalla que su obra libra por aislarse. No tendríamos nada de Adorno sin eso. Al parecer, especialmente en su juventud, aterrorizaba a sus colegas. Y cuando en alguna parte de Minima Moralia afirma, por ejemplo, que “todo el mundo se siente desdichadoporque nadie tiene fuerza para amar”, uno puede sorprenderse ante una accidentalauto-revelación inadvertida3. Este es el aspecto de Adorno que desafortunadamente le hace tan atractivo para quienes se consideran esencialmente simpatizantes, sobre todo cuando lo imitan directamente.

RZ: En alemán lo llaman “adornita” [Adornit].

RHK: Es un calificativo práctico; su terminación irregular da cuenta de su significado. El hecho de que este estilo imitativo revele por sí mismo inmediatamente la mentira da la medida de la obra de Adorno.

RZ: Quizás. Pero recordemos que Sam Weber estaba hablando del callejón sin salida que supone traducir Adorno y, como he dicho antes, tú mismo has escrito bastante a menudo sobre ello.

RHK: Sí, por supuesto. Y con respecto a eso, en serio, al traducir a Adorno, todo cuanto puede salir mal va mal todo el tiempo. Intenta traducir Wahrheitsgehalt (ine- vitablemente vertido como “contenido de verdad”). Traducir “contenido” porGehalt nos devuelve a todas las aporías que implica traducir la ousia de Aristótelescomo “sustancia”, un problema con el que parece que no podemos suprimir. Perola parte realmente difícil es Wahrheit, que remite a una palabra fácilmente dis- ponible en inglés que siempre estará mal estilísticamente. No puede sonar bien. El“cruel” de Weber –en su “cruel verdad”– es todo aquello que impide que esa evocación de la verdad se derrumbe. Con todo, lo misterioso de toda traducción –si es eso lo que estamos discutiendo– es que esto ocurre todo el tiempo, a pesar de todo. Incluso la peor traducción de la obra de Adorno tiene gran parte de ello. El “contenido de verdad” de alguna forma lo dice. Ahora que lo pienso, si uno quiere hacerlo realmente bien, es irritante cómo en general las traducciones espantosas acaban estando logradas.

RZ: Estás diciendo algo sobre el lenguaje en sí, ¿no?

RHK: Todos lo sabemos, ¿no? El lenguaje es traducción: todo lo que es traduciblees lenguaje. Decir “el cielo es azul” es lo más lejos a que llega una traducción, y es tremendamente lejos. ¿Qué otra cosa podemos hacer? Si no tuviéramos boca ni lengua –cuesta imaginarlo– tardaríamos en lograrlo, pero podríamos arreglárnoslas de alguna manera encogiendo los hombros. En cada gesto, el cuerpo humano mismo es un acto de traducción. O, como le gustaba expresar a Adorno, el ser humano es mimético. Por cierto, ¿te has encontrado alguna vez la carta de diez páginas que el adolescente James Joyce escribió a Ibsen en un noruego brillante hojean- do un diccionario noruego?

RZ: James Joyce no es un cualquiera. Pero, por lo que dices, supongo que el Diccionario de los Intraducibles recientemente publicado no te resulta atractivo. RHK: Es un logro y, sin duda, un gran proyecto. Pero, ¿qué palabras habladas y no habladas no son el estudio y la resonancia de otra lengua? “Intraducibles” pareceafirmar algo académicamente sublime. Visualmente logras el mismo efecto si estu- dias la panorámica de una piscina seca. Su pose de incomprensión es un avance académico proyectado sobre el lenguaje, en buena medida un escepticismo siempre competitivo.

RZ: ¿Así que no lo admiras tanto?

RHK: El título no. ¿Tal vez deberían haberlo denominado El Diccionario del mayor Verstand? ¿Por qué no hablamos de alguna otra cosa?

Fabio Akcelrud Durão: Estoy de acuerdo. Como decía Robert al comienzo,queríamos dialogar sobre “Back to Adorno”. ¿Qué te parece ese texto ahora?¿Habría que escribirlo de nuevo? ¿O resulta extraño desde aquí, si se toma palabra por palabra?

RHK: Por supuesto que resulta extraño, Fabio; palabra por palabra, es extraño. Treinta años después, tengo que verlo extraño. Mis plumas se están cayendo; ahora estoy en la liga de los señores mayores. No estaba allí cuando lo escribí. Rolf Tiedemann, mi viejo amigo, parecía mucho mayor que yo cuando nos conocimos —a mis ojos, en todo caso—. Para la mayoría ahora seríamos de la misma edad. Así es cómoveo “Back to Adorno” ahora; sus plumas cayeron hace tiempo. Es uno de esostrucos astutos del tiempo.

FAD: ¿“Trucos astutos del tiempo”?… Oh, bien… estoy a favor de los trucosastutos del tiempo. ¿Hay muchos de esos? Necesitamos empezar y hablar sobre Adorno y la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU –sobre la Ilustración en sí en los EEUU– ¿es así, Robert?

RZ: Así es: quería aclarar esto.

FAD: De acuerdo. Pero, antes de que se nos escape, vamos a hablar sobre esos trucos astutos del tiempo. ¿Hay muchos o solo algunos?

RHK: Uno desearía que hubiera justo los suficientes. Para empezar a hacer re- cuento, podríamos echar un vistazo a Nabokov. Si no están allí, no estarán en ninguna parte. Por cierto, son esas técnicas, esos trucos, los que hicieron que Nabokov fuera importante para el pensamiento de Adorno.

FAD: No sabía que Adorno hubiera leído a Nabokov; ¿alguna vez escribió sobre él?

RZ: Yo sabía que le dedicó un escrito al primo de Nabokov, el compositor Nicolas Nabokov.

RHK: Eso es interesante, Robert. Pero no creo que Adorno escribiera nada específicamente sobre Vladimir Nabokov. Ojalá lo hubiera hecho. Fue Tiedemann quien me mencionó una vez, en relación a un pasaje de Lolita que mencioné en “SecondSalvage”, en mi introducción al Current of Music4, que Adorno estaba profunda- mente afectado por Lolita. Como estaba diciendo, habrían sido cuando menos esos trucos astutos del tiempo los que le importaban, no la versión pop-eros de Lolita.

RZ: Ya que estamos hablando sobre Nabokov, vamos a seguir con él; igual nos aporta un aspecto para entender el posible lugar de Adorno en los EEUU. ¿No estuvieron Adorno y Nabokov al mismo tiempo en EEUU? Me pregunto si se encontraron en alguna ocasión.

RHK: Adorno llegó a los EEUU en 1938. Contando por lo alto y partiendo de que Nabokov llegó al puerto de Nueva York en 1940, coincidieron aquí durante casi una década. Podrían haberse conocido; no es un secreto que mucha gente –exiliada– interesante se conoció en Nueva York por aquel entonces. Adorno y Nabokov podrían haber estado juntos en mutuo desconocimiento como estuvieron Lévi-Strauss y Mondrian examinando grabados africanos en el Metropolitan Museum.

FAD: Robert, te preguntaba si podrían haberse conocido, no si pasaron por alto un encuentro.

RHK: Lo sé, Fabio, créeme. Eso me recuerda, de todas maneras, que cuando estuve investigando para Current of Musiç un portero de Christopher Street en Manhattan, donde Adorno vivió brevemente al llegar a Nueva York en un edificio decorado elegantemente con techo artesonado en el vestíbulo y con las puertas del ascensor de latón tachonadas, me dijo que Walt Disney y Bela Lugosi también residían en el edificio en ese momento. Catalogué la historia de apócrifa. Pero la idea de aquellas puertas del ascensor profundamente refinadas abriéndose a Bela Lugosi, Adorno y Walt Disney –los tres pisando el parquet que cubría el vestíbulo–tiene un surplus de encanto.

FAD: ¿Estás sugiriendo que nos imaginemos a Nabokov, cazamariposas plegado bajo su codo, saliendo de ese ascensor con ellos?

RHK: ¿Imaginar? No; no hace falta mucha imaginación. Estamos jugando; es fantasía; es un comic; el cumplimiento de los deseos no es imaginación. Pero, por qué no, pongamos a Nabokov también en ese ascensor.

FAD: Dudo que hubiera estado allí en una tarde de visita con los Adorno. No se habrían entendido.

RHK: Nabokov podía ser desvalidamente tolerante, pero habría hecho todo lo posible por evitar un encuentro con Adorno. Difícilmente podrían ser hermanos de sangre. Aun así, lo que Adorno vio en la obra de Nabokov es un sensus communis, un modernismo radical ahora caduco. Cuando Nabokov escribe en Pálido Fuego, “deseo que te estremezcas no solo ante lo que lees sino ante el milagro de que sea legible”, ofrece también un comentario sobre el ideal de trabajo de Adorno. Ayuda a esclarecer por qué Adorno como conferenciante y profesor, frente a lo que ocurre en sus escritos principales, podía ser tan transparentemente claro. No se trata de que algunas veces quisiera ser simple y otras veces complicado.

FAD: Eso es verdad. Uno se estremece ante lo que es legible tanto en Nabokov como en Adorno.

RHK: Ante lo que es legible. Y, como dice Nabokov, “ante el milagro de ser legible”, que quiere decir legible no en el sentido de un contenido prodigioso o en elde una técnica posible de lectura, sino en el de la técnica de aprehender lo que es inherente a la posibilidad cuando lo inerte se despliega. Sus parodias son “arte interactivo” y “ficción dialógica”. Uno alardea intentando decir estas cosas. Nabokov encontró la manera de resumirlo.

FAD: Pero, ¿qué hay de Adorno? De hecho, ahora estoy aún más interesado en esos trucos astutos del tiempo. ¿Aluden al sensus communis del modernismo que mencionabas hace un momento?

RHK: Puede que lleguemos a ello, Fabio. Pero vamos a encontrar la manera de llevar la conversación a lo que Robert tiene en mente, nuestro tema, la Ilustración y la Dialéctica de la Ilustración.

RZ: Sí, la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU. Por eso estamos hablando de“Back to Adorno”. El ensayo afirma ser una reintroducción de la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU. Escribes en el primer párrafo, hablando de la obrade Adorno, que “en América, su obra nació en una botella”.

RHK: Todo pensamiento tiene su contra-imagen y a veces una combinación de contra-imágenes. En esa línea me refería a una frase de un poema de El blanco en movimiento de W. S. Merwin sobre el “nacer en una botella” superpuesta al conocido comentario de Adorno a Brecht, cuando estuvieron juntos a la orilla del Pacífico, sobre que desearía poder condensar su trabajo como si fuera un mensaje en una botella. Consciente de que en aquellos años el trabajo de Adorno ya no se estudiaba en Europa, de que había sido de alguna manera desechado, yo quería sacar ese mensaje de aquella botella aquí, en los EEUU.

FAD: Nunca vamos a lograr hablar de todo esto. ¿Tal vez hemos comenzado en la dirección equivocada? No hay nada tan inspirador como un callejón sin salida.

RHK: Coraggio, Fabio. Quizá fue en un momento como este cuando alguien se topó con quién sabe qué, ¿quizás las matemáticas? Y por lo que se refiere a los callejones sin salida, eso es probablemente lo que menos me gusta de “Back to Adorno”.

RZ: ¿Qué quieres decir?

RHK: Que insta a una vuelta a Adorno. Eso es un callejón sin salida. No he escrito mucho, pero “Back to Adorno” es el peor título que se me ha ocurrido hasta ahora. No hay manera de comprender el trabajo de Adorno volviendo a él. Sabía eso cuando titulé el ensayo.

RZ y FAD: ¿Lo sabías?

RHK: Sí, claramente. La primera frase buscaba arreglar el título: “El único ‘volver a’ legítimo es el que reclama una vuelta a lo que nunca fue alcanzado en primerainstancia, que es el caso de los escritos de Adorno.” Esto envuelve hábilmente eltapón de la botella en un sello de plomo.

RZ: ¿Cuál es el problema del título y por qué pusiste un título que considerabas erróneo?

RHK: El título era la solución a un rompecabezas poco edificante: el hecho es que uno quiere que le publiquen su trabajo; es algo propio de la especie. Paralelamente, sentía cierta hostilidad hacia el editor jefe de Telos, Paul Piccone. Piccone era carismático, gesticulaba con tosquedad, y, en general, era un tipo sin igual, con una energía inagotable–y muy, muy prepotente. Lo bueno de esa prepotencia fue que consiguió, como sabéis, dar en su revista a la Escuela de Frankfurt la mayor audiencia que ha recibido en los EE.UU. en muchos años. Toda una generación de intelectuales americanos descubrió allí algo que no podían encontrar en ninguna otra parte: todos estamos en deuda con él. Pero esa prepotencia podría ser también intensamente anti-intelectual y obtusa, y con los años ese aspecto se incrementó cada vez más.

RZ: He oído que era una figura compleja.

RHK: Es una manera de decirlo. Hacia finales de los ochenta, Piccone alejó la línea editorial de la revista de lo que conocemos como Teoría Crítica hacia cuestio- nes de federalismo, en la dirección del Instituto Cato, con una orientación más de derechas, lo que comportaría para Telos una subvención de dinero que a principios de los noventa se manifiesta como apoyo para la Liga Norte en Italia – y como una preocupación con Schmitt. Mientras tanto, cuando le propuse el artículo a Piccone, que nunca entendió una palabra de la obra de Adorno, me dijo que la última cosa que necesitaba Telos en ese momento era un ensayo sobre él. A eso es a lo que me enfrentaba.

RZ: ¿Así que el rompecabezas era cómo conseguir publicar un ensayo por un editor autoritario cuyo interés era llevar la revista hacia otros derroteros?

RHK: Eso es. Así que puse un título que consideré claramente equívoco, porque estaba seguro de que Piccone –autoproclamado Polifemo e inveterado emprende- dor interesado en vender la revista de la que era único propietario– entraría al trapo, perfectamente consciente de que es un título que vende en el Movimento falsamente de izquierdas. De modo que “back to Adorno”, point d’exclamation.

FAD: Eso fue un poco oportunista de tu parte también, ¿no?

RHK: Inofensivamente oportunista, espero. El trato que hice conmigo mismo fue que la publicación del ensayo sería mi recompensa por el título comprometido, y no por debajo de eso –en un nivel un poco exquisito– por demostrar al universo, limitado a mí mismo, la torpeza de Piccone por haber caído en la trampa. Eso son los triunfos de la vida. Pero estás en lo cierto, Fabio. No estoy seguro de qué precio tiene esto noumenalmente. Afortunadamente, los estadounidenses en general no tienen egos trascendentales, yo no lo tengo.

RZ: ¿Entonces la razón por la que decidí traducir y publicar tu trabajo “Back to Adorno” para una colección alemana de ensayos sobre la Dialéctica de la Ilus- tración en los EEUU es el aspecto que consideras más engañoso en relación a Adorno?

RHK: Más o menos. Pero, para tu libro querías una pista sólida sobre el lugar de la Dialéctica de la Ilustración en EEUU, y ahí lo tienes. No es del todo malo. Unosaños después de que se publicara “Back to Adorno” negocié una traducción completa de los Gesammelte Schriften de Adorno en la Standford University Press con el apoyo de Rolf Tiedemann. Eso no salió adelante. De hecho, como extraña anécdota histórica, según un rumor el proyecto murió definitivamente en el escritorio de la entonces rectora de Standford, Condoleeza Rice. Pero en todo caso “Back to Adorno” logró convencer a la editorial de la necesidad de una nueva traducción dela Dialéctica de la Ilustración, que mejoró considerablemente el trabajo de Cumming, y de publicar toda la serie de las clases magistrales de Adorno.

RZ: Pero aún no has explicado por qué el título “Back to Adorno” es tan malaidea.

RHK: La filosofía de Adorno es la crítica de lo primitivo desde la perspectiva de lo primitivo. Primitivo quiere decir, según Adorno, aquello que no logra escapar a su propio origen. Comprender la dinámica de la compulsión con la que lo primitivo reproduce su propio origen, irreconciliado con su propio origen, es el punto cen- tral alrededor del cual se organizan los fragmentarios capítulos de la Dialéctica de la Ilustración.

RZ: Entonces, ¿el título “Back to Adorno” reivindica la restitución del origen, alcontrario de la tesis más central de la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: Como si la libertad tuviera que encontrarse en la antigua falta de libertad, como dice Adorno en la Teoría estética y de diversas maneras a lo largo de su obra. La crítica de lo primitivo desde la perspectiva de lo primitivo no llama, como pudiera parecer, a un retorno a lo primitivo como un nuevo punto de partida, de forma parecida al vitalismo. Implica una noción transformada de regresión, y es por eso que la Dialéctica de la Ilustración es tan dinámicamente compleja. Este es también el motivo de que el pensamiento de Adorno esté tan intrínsecamente vinculado a Freud, que desarrolló este nuevo concepto de regresión como una consecuencia del descubrimiento de las pulsiones inconscientes, que fue su descubrimiento más importante.

RZ: ¿Cómo influye esto en la idea de regresión?

RHK: El reconocimiento de esas pulsiones, como lo primitivo en nosotros y en el mundo que nos rodea, supone una transformación en el tiempo y del tiempo. En estos términos, la regresión ya no puede ser adecuadamente entendida como unavuelta a un estadio más temprano. Se menciona la idea del “retorno de lo reprimido” tanto como se ignora su comprensión del tiempo. Lo que vuelve no es un retroceso a un estadio más temprano. Es lo que una vez más, con aparente inevitabilidad, presenta la reivindicación de lo que no se ha logrado dejar atrás. Se ha mantenido como punto de “fijación”, en el lenguaje de Freud. Este es el concepto transformado de regresión al que Adorno se refiere cuando escribe en alguna par- te, quizás en Minima Moralia, que somos los conflictos irresueltos del pasado.

FAD: He ahí un truco astuto del tiempo.

RHK: Uno de ellos.

RZ: Pero Freud y Adorno a menudo consideran la regresión como aquello que parece un retroceso en el tiempo, como una vuelta a un estadio más temprano, ¿no?

RHK: Sí. Abrid la Interpretación de los sueños y encontraréis muchos ejemplos y diagramas de ese modelo de regresión. Especialmente en la obra tardía de Adorno, una de sus características irritantes es la repetida calificación de lo “bárbaro” en elsentido que indicas.

RZ: Sigamos con esa idea. Fabio te preguntaba al principio de nuestra conversa-ción si querrías o tendrías que escribir “Back to Adorno” de nuevo. Más que volver a ello, podríamos decir que esa cuestión no ha desaparecido. Dada tu crítica a “Back to Adorno”, ¿qué supondría esta idea transformada de regresión paraacercarse al propio trabajo de Adorno?

RHK: En momentos como este uno piensa en la frase de Heráclito de que “nadiese baña dos veces en el mismo río”. Heráclito es simplemente un filósofo con unabuena cabeza sobre sus hombros que odiaba mojarse los pies y un hombre que pudo aprender una lección.

FAD: ¿Estás diciendo que has aprendido una lección?

RHK: Aprecio la traducción, Fabio.

RZ: ¿Cuál sería la lección?

RHK: Que he intentado la pregunta antes. Tienes que acercarte a ella de modo oblícuo. Si vas de frente, te encuentras sobrepasado. La pregunta misma —plantea- da tan ampliamente como su seriedad merece— es si el pasado puede ayudarnos y de qué manera; como cuando Adorno escribe en la Dialéctica de la Ilustración que el problema no es recuperar el pasado, sino sus pretéritas esperanzas. Esa es otra for- ma de formular ese sentido transformado del tiempo. No es nada menos que la afirmación más resumida de lo que Adorno entendía por Wahrheitsgehalt. A propósito, por lo que respecta a ese sensus communis, este es el desarrollo del pensamiento que encontramos no solo en Adorno sino también en Joyce y en Virgina Woolf y en aquellas pocas páginas que Juan Ruflo nos dejó; es la articulación interna de lo que uno anhela en la papiroflexia narrativa de Nabokov.

RZ: Vale, ya que lo prefieres, vamos a tomar otro rumbo. En “Back to Adorno”, eres duro con Horkheimer. Encuentras su escritura floja y le criticas por oponer- se a la reimpresión de la Dialéctica de la Ilustración después de que Adorno y él hubieran regresado a Alemania. ¿Ha cambiado tu forma de ver a Horkheimer?

RHK: Todavía sigo sin saber dónde ir con la escritura de Horkheimer. Puede que sea mi problema; claro que reconozco su importancia y le admiro considerablemente. Pero soy lo contrario de un lector voraz. Solo quiero leer palabra por palabra, palabras que medio pronuncias mientras avanzas y las palabras de Horkheimer no mantienen esa atención. No puedo quedarme pegado a la página; mis ojos se dirigen hacia el margen y siguen su curso.

RZ: Pero, ¿qué hay sobre la postura de Horkheimer, cuando él y Adorno volvie- ron a Alemania, con respecto a la publicación de la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: Con respecto a eso sí que ha cambiado mi parecer. Su reticencia a reimprimir la obra después de la Segunda Guerra Mundial fue la inquietud de que su crítica de la Ilustración pudiera afirmarse en nombre de una crítica primitiva de la razón y redundar en favor del fascismo. Ese miedo era legítimo y entiendo sus preocupaciones mucho mejor ahora que estamos siendo testigos de cómo toda una parte del mundo se está arrastrando por una especie de espiral por la que Alemania ya se precipitó una vez. En los EEUU basta pensar en figuras contemporáneas como Steve Bannon –el estratega de Trump– que cita a Derrida y a la Escuela de Frankfurt para justificar la “deconstrucción del estado administrativo”. Lo que combateen nombre de la Escuela de Frankfurt son todas esas estructuras burocráticas que impiden que el Estado pueda usarse como un arma directa de saqueo.

RZ: Me pregunto si la espiral a la que te refieres es la misma que engulló el mundo a mediados del siglo XX. Pero, incluso si lo fuera, no hay manera de evitar que las ideas sean manipuladas de esta manera. También le ocurrió al psicoaná- lisis durante el Tercer Reich.

RHK: Eso es cierto. Y el estilo epigramático de la Dialéctica de la Ilustración no podía ser más consciente de ese peligro en la forma compacta de su expresión; su impulso a endurecerse para evitar cualquier disolución o explotación de su comprensión de la relación entre Ilustración, dominación y autoritarismo. La némesis de este estilo, sin embargo, es que, en su abreviación deliberadamente drástica, impide articular históricamente el significado de la Ilustración y la hace muy vulnerable a posibles malinterpretaciones.

RZ: Eso ya se ha dicho antes, ¿verdad?

RHK: Sé que ya se ha dicho todo sobre la obra, y que lo ha dicho gente con la que no estoy de acuerdo en su lectura de Adorno, pero ha de decirse de nuevo: ¿dónde incluyen las páginas de Dialéctica de la Ilustración un reconocimiento sustancial del compromiso de la Ilustración con la emancipación universal, de su rechazo al poder arbitrario, de su afirmación de la libertad de movimiento y de ser uno mismo, dónde aparece la Ilustración como crítica del privilegio y la autoridad en cualquier dimensión del pensamiento y la vida? ¿Dónde se encuentra en Dialéctica de la Ilustración que el reconocimiento del ideal de la tolerancia es un logro de la Ilustración? Todo esto apenas se atisba en la obra. Horkheimer tenía buenas razones para temer los usos que pudieran hacerse justo después de la guerra de estas elisiones apenas aludidas en la obra. ¿Se puede concluir de la Dialéctica de la Ilustración que la Ilustración es fascista?

FAD: ¿Estamos hablando de la crítica de la autoridad y del ideal de tolerancia en la Ilustración europea que empieza en el siglo XVII, digamos desde Locke pasando por Montesquieu? ¿O dentro de una dinámica global que afecta a todo el curso de la historia, que es como caracteriza la Ilustración una importante tradición de pensamiento alemana –y Adorno en particular?

RHK: Tu perplejidad va al fondo del asunto; estaba intentando llegar a ello. Y es más que una mera cuestión de estilo, aunque el estilo conciso realmente ayuda a enmascarar la deficiencia. La Dialéctica de la Ilustración no hace la distinción por la que te estás preguntando, y realmente no puede hacer esa distinción. Ese es un problema central de la obra que se expone en su petitio principii, como los autores lo denominan en el prefacio del estudio.

FAD: ¿Qué petitio principii? Recuérdamelo.

RHK: Petitio principii, como sabes, es la falacia lógica de una conclusión que ya está dada en la premisa del argumento. En el prefacio de la Dialéctica de la Ilustración, en un punto crucial de la introducción al texto, los autores se refieren a su compromiso con la Ilustración como valor con estas dos palabras nada más, como un supuesto compromiso con la libertad de pensamiento, que por lo demás ha de mantenerse subcutáneo en la crítica inmanente de la Ilustración.5 Esto tiene lugar a lo largo de toda la obra de manera extraordinaria; es indudable. Pero la tímida afirmación de la libertad de pensamiento en esa petitio principii oculta en no menor medida el hecho de que una presentación más desarrollada del logro de la Ilustración habría desorganizado completamente la tesis de que toda la historia puede concebirse en términos de dominación como sacrificio. Este es el movimiento global de la Ilustración en su lógica de racionalización desde el origen manifiesto del capitalismo, del que se dice que ya era evidente en el viaje de Odiseo. Sin la reducción altamente sublimada de los logros de la Ilustración a la petitio principii, esa tesis originariamente sagaz no podría haberse presentado de modo tan unidimensional.

FD: No sé si te estoy siguiendo; ¿qué quieres decir?

RHK: Estoy diciendo que, si bien su petitio principii no es importante en el orden de la falacia lógica, sí que encubre una falacia histórica que se hace evidente cuando nos preguntamos —como tú te preguntabas hace un momento, Fabio— sobre la relación del período histórico de la Ilustración con la dialéctica general de la dominación. La dialéctica de la Ilustración puede pretender ser la dialéctica de la historia, pero no es toda ella histórica. Adorno no era un historiador, y él mismo lo sabía.

RZ: ¿Cómo es eso?

RHK: Bueno, al considerar el surgimiento de los ideales de la Ilustración que hemos mencionado –que constituyen la posibilidad de esta misma discusión–, una historiadora como Ellen Meiksins Wood, sobre quien pienso a menudo y a quien traigo a nuestra conversación en este momento, explica en El origen del capitalismo que estos valores de la Ilustración se originan en el absolutismo francés y en una revolución motivada por juristas y burgueses que no eran ni modernos ni capitalistas, ni tampoco fuerzas de la racionalización.6 ¿Dónde habrían colocado Adorno y Horkheimer esta serie de diferenciaciones y logros históricos en la dinámica de lo que se supone que es un desarrollo de una Ilustración esencialmente capitalista, del sacrificio como dominación, desde el primer momento? Sin esta petitio principii que permitió a los autores eludir la vasta complejidad del desarrollo histórico y simplificar drásticamente la cuestión conceptual de la Ilustración no podrían haber escrito Dialéctica de la Ilustración.

FAD: ¿De verdad no hay ninguna mención a la tolerancia en la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: En algunos comentarios al margen nada más. Pero Adorno sí habló sobre tolerancia en Minima Moralia, en pasajes escritos al mismo tiempo que la Dialéctica de la Ilustración. En “Mélange” se burla de ella. La tolerancia es el fino velo del humanismo fácilmente eliminable, escribe; no es ni tan siquiera una máscara para la intolerancia, sino que ella misma es intolerante en su estudiada indiferencia y falsa universalidad. La tolerancia, continúa Adorno, es lo que los nazis mostraron a sus víctimas al tratarlas a todas igual como víctimas. No creo que Adorno salga muy bien parado de este pasaje. No es difícil triunfar despectivamente sobre la tolerancia: la historia da buena cuenta de ello. Pero ¿es posible pensar sin tolerancia? Y cuando se coloca la tolerancia en el contexto del formalismo de los derechos burgueses, la manipulación de la igualdad por mor de la desigualdad, como Adorno indicaba, o en el contexto de la filosofía que intenta ser la conciencia consecuente de la no-identidad, sigue habiendo algo que falla a la hora de comprender el logro de su aparición en la crítica de la Ilustración a la autoridad y la coerción, de la cual—de eso se trata aquí— Adorno no puede dar cuenta en su exposición.

RZ: Así que, en contra de tu postura en “Back to Adorno”, ¿ahora estás argumentando que, dado que el libro identifica arrogantemente la Ilustración con el fascismo, Horkheimer estaba en lo cierto al no querer reimprimir el libro en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, en un contexto en el que podría llegar a convertirse en un arma para la derecha?

RHK: Para nada: yo no pienso eso. Nadie necesita demostrar la importancia de laDialéctica de la Ilustración. Lo que se encuentra ahí, de un modo incomparable —no puedo pensar en una obra equiparable— es el reconocimiento de lo que ha sido el precio de la historia, como su dialéctica: un precio que ahora tratamos de comprender con urgencia.

RZ: Ahí estoy de acuerdo contigo.

RHK: De modo que, sí, la Dialéctica de la Ilustración debería haber sido publicada a su regreso a Alemania, tanto como hoy merece ser estudiada de nuevo. Pero tanto Horkheimer como Adorno conocían sus limitaciones. ¿Qué habría pasado si ellos hubiesen escrito una introducción en la que se hubiesen enfrentado a sus preocupaciones por el posible malentendido del libro, de la Ilustración? Podría haber sido claramente constructivo. Y al final, muchos años después, habría sido bueno para Adorno también, especialmente cuando, en una especie de conflicto de generaciones, sus clases magistrales fueron ridiculizadas y abucheadas por los estudiantes al final de su vida. En lugar de llamar a la policía para lidiar con ellos, podría haber tenido legítimamente mucho más que decirles sobre la necesidad de dejar hablar a la otra parte en esos momentos de revuelo; y no haberles leído en un momento de crisis, ante su indignación, su estudio sobre la Iphigenia de Goethe.

FAD: ¿Estás diciendo que Adorno no solo podría haber pedido una mejor comprensión de su obra a los estudiantes, sino que él mismo podría haber comprendido mejor a los estudiantes?

RHK: Eso estoy diciendo, sí.

FAD: ¿Pero no hay algo aparentemente irresistible y también infructuoso en conversaciones que, como esta, acaban debatiendo sobre cómo podría y debería haber sido el pasado, como si ocupásemos un lugar más elevado en la historia, meneando nuestras cabezas a sabiendas de los errores, ya fueran de Horkheimer o de Adorno? ¿Eso no forma parte de aquello a lo que Adorno pensaba que había que resistir en lo que llamó la fascinación por el pasado?

RHK: No estoy seguro que eso sea todo lo que estamos haciendo en este momento, aunque sí en parte. Pero permíteme estar completamente de acuerdo contigo, Fabio, porque parece cierto que nos encontramos a cada paso con el quid pro quo de reproche, culpa y retribución. De hecho, esa es la tesis de Adorno: que la ley del talión, como la regla del principio de intercambio, hace que la regresión parezca un retorno mecánico al pasado en lugar de permitirnos comprender el peso del pasado en cuanto lo anhelado por él. Además de que parece que señalamos solo los momentos en que la Dialéctica de la Ilustración flaquea, una introducción que quisiera librarse del “back to it” tendría que ser capaz de ponerla en relación con la posibilidad de lo nuevo, porque el pasado solo puede venir en nuestra ayuda en virtud de su necesidad de lo nuevo.

RZ: Reconozco esa reflexión.

RHK: Entonces reconocerás también el resto de la reflexión, que si somos los conflictos irresueltos del pasado –como Adorno escribe– podemos experimentar la posibilidad de lo nuevo al despertar la memoria de lo que no llegó a realizarse. Eso es lo que Adorno tenía en mente cuando en sus escritos tardíos se refería a que lo que él llamaba el “bloqueo”, el impedimento que experimentamos en cada situación, se disolvería si la historia pudiera conducirse hacia la verdad. O, mejor, que la historia sólo llegaría a ser verdad de ese modo, y así “se transformaría en maestra”.

FAD: Esa sería otra manera de describir lo que hay de estremecedor en la obra de Adorno: que puede leerse.

RHK: Sí, esto no es menos significativamente legible en Lolita que en la última novela de Nabokov, Cosas transparentes. Las “cosas transparentes” en esa obra sonaquellas en las que el presente se abre al pasado, pero tenuemente, no translúcida- mente. Son transparentes en el sentido de que los sonidos del canto de las sirenas pueden escucharse como si estuvieran hablando por sí mismos y abiertos a un oído que se vuelve hacia ellos anhelante y perplejo. La narrativa de la novela, que nos advierte en numerosas ocasiones de que uno puede perderse fácilmente en estas cosas transparentes, solo alcanza su conclusión cuando ellas se encienden como brasas en las que el hotel, la única residencia que resta de la novela –del mundo–explota en llamas. La novela misma entra en combustión al no poder escapar a su propio origen.

FAD: ¿El truco astuto del tiempo de nuestro propio momento?

RHK: Ante el cual, en la experiencia de esta novela, nos estremecemos como ante aquello frente a lo que necesitamos y esperamos estremecernos. En la novela, en aquellas llamas, el bloqueo social se convierte en la dinámica de un momento de transcendencia que está bloqueado –una transcendencia bloqueada como única posibilidad de trascendencia estética.

RZ: Pero, antes de que esto se convierta en un debate sobre la Teoría Estética, ¿quizás deberíamos concluir algo sobre el lugar que ocupa la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU?

RHK: Dado que los EEUU están ahora en el segundo año de la presidencia de Donald Trump, ya se lea, se estudie, se comente o se cite la Dialéctica de la Ilustración o no, el reconocimiento del precio desastroso de lo que está ocurriendo apenas podría estar más lejos de nosotros. Pero si la obra aún espera con urgencia ser introducida aquí, no sería en tanto que regreso a sus páginas impecables, sino com- prendiendo cómo sus visiones se transforman al reconocer todo aquello que se quería dar por supuesto en su petitio principii.

Traducción de Nekane García Amezaga

Notas:

* Filósofo y ensayista residente en Nueva York
** Post-Doc en el Deutsches Literaturarchiv Marbach
*** Universidad de Campinas (Brasil).

1 Robert HULLOT-KENTOR, “Back to Adorno,” Telos 81 (1989): págs. 5–29. Reimpreso posterior- mente en Robert HULLOT-KENTOR: Things Beyond Resemblance, Nueva York: Columbia University Press, 2006, págs. 23-44.

2 Theodor W. ADORNO and Siegfried KRACAUER: Briefwechsel 1923–1966, Frankfurt a. M.: Suhr- kamp, 2008, pág. 650.

3 Theodor W. ADORNO: Minima Moralia, Londres / Nueva York: Routledge, 2007, pág. 163.

4 Cfr. Robert HULLOT-KENTOR: “Second Salvage. Prolegomenon to a Reconstruction of Current of Music”, en Things Beyond Resemblance , ob. cit., págs. 94-124.

5 Max HORKHEIMER y Theodor W. ADORNO, Dialectic of Enlightenment, Stanford: Stanford Univer- sity Press, 2002, pág. xvi.

6 Elen MEIKSINS WOOD, The Origin of Capitalism: A Longer View, Londres: Verso, 2017, págs. 181–89.

Porto-Gonçalves: “Evo y Álvaro se quedaron con los cocaleros y contra los indígenas”

Porto-Gonçalves fue amigo de García Linera y, como tal, le envió una carta sobre el Tipnis.

El geógrafo brasileño Carlos Walter Porto-Gonçalves conoce la Amazonia boliviana mejor que muchos bolivianos. Trabajó cuatro años con los siringueros de la zona y se identificó con sus saberes y sus luchas. Este activista por la defensa de la Amazonia siguió de cerca la primera marcha indígena que partió de Trinidad a La Paz en el 90 y luego se identificó con los indígenas del Tipnis que también marcharon hacia La Paz en 2011 rechazando la construcción de una carretera por medio de la reserva forestal. Los indígenas fueron reprimidos en el camino y rechazados por el gobierno de Evo Morales.

Porto-Gonçalves, como otros intelectuales latinoamericanos, había puesto su esperanza en el gobierno de Morales, pero, con los sucesos del Tipnis –según dijo– se dio cuenta de que Morales y García Linera rompieron un pacto que habían hecho desde abajo con los indígenas, para quedarse con los cocaleros.

¿Cuál es la situación actual de la Amazonia?

Yo siempre he rebatido la idea un poco apocalíptica de que la Amazonia se está acabando, pero recién, por solicitud de Coica (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica),  se hizo un balance conjunto y confieso que me quedé asustado. Hay una serie de mapas que muestran el impacto del aumento exponencial de presas hidroeléctricas. Si hay energía significa que va a avanzar la soya, la minería y las concesiones de exportación de petróleo y gas. Las carreteras también se amplían y fragmentan el bosque como una espina de pez, que muestra el avance del capital sobre el bosque. El avance del desmonte y es escandaloso. Significa que la Amazonia va a continuar como en los últimos 20 o 25 años, que fueron los más agudos de devastación. Si continúa así por más de 25 o 40 años, podemos hablar de una catástrofe, con implicaciones para el equilibrio global del planeta.

¿Qué significaría eso para el planeta?

La extensión de la Amazonia es de ocho  millones de kilómetros cuadrados, ocho veces Bolivia. Ahora, ¿te imaginas el área desmontada, con la insolación y sin bosque?. Habrá un aumento escandaloso de la temperatura. Al mismo tiempo, el bosque tiene una función hidrológica. El Río Amazonas lanza hacia el Atlántico la mayor cantidad de agua dulce. Por otro lado, los árboles en la Amazonia todo el día están lanzando agua a la atmosfera. Todo ese proceso dejará de existir. El agua del Caribe también depende de la Amazonia. Entonces, existe una dinámica metabólica para el planeta inmensa y los impactos son terribles e incalculables.

¿Y qué significará esta catástrofe para los habitantes indígenas de la Amazonia?

Yo creo que es lo más importante. Siempre se habla de la Amazonia haciendo referencia  a  la naturaleza, parece que no hubiera gente. Hay que descolonizar el pensamiento y saber que hay gente en esa región. Es más, hubo gente antes de tener el bosque. Son más de 300 pueblos indígenas en toda la Amazonia venezolana, colombiana, ecuatoriana, peruana, boliviana, brasileña, con una riqueza de conocimiento fantástica.

¿Qué va a pasar con la supervivencia de esos pueblos si es que sigue esta depredación?

El conocimiento que esos pueblos tienen es fundamental para un diálogo de conocimientos con otras sociedades. El avance, la devastación y construcción de las carreteras va a poner en riesgo a toda esa gente. Decir que no hay nada que aprender de esa gente es la peor herencia del colonialismo, el desperdicio de conocimiento.

Entre los países que tienen Amazonia. ¿Cuál de todos es el más depredador?

Depende del criterio que usas, si es la extensión territorial devastada, es Brasil. Hay países donde la situación es muy preocupante porque ya desde los años 70 hacen explotación de petróleo en la Amazonia. Por ejemplo, en Ecuador hay una devastación completa. Yo diría que Brasil (es el que más depreda) por la extensión de área que ya fue afectada por desmontes y por la explotación de minería.

Hay gobiernos populistas, de derecha y de otras corrientes. En función a eso, ¿hay algunos que devastan más que otros?

Mariestella Svampa, de Argentina, dice que salimos del consenso de Washington para entrar al consenso de las commodities. O sea, parece que a la derecha o a la izquierda, las prácticas son (iguales). Por ejemplo, Colombia, que no pasó por una experiencia de gobierno progresista, logró un acuerdo con las FARC sobre todo para abrir espacios a la expansión de las commodities, de la soya, de la caña, de la explotación ganadera, todo eso está avanzando con nuevas carreteras que antes estaban ocupadas por las FARC. Venezuela está pasando de ser un país petrolero a un país minero, con la explotación en el Orinoco para exportar a China. Y también empieza en Bolivia con las carreteras, como la del Tipnis. Inclusive junto al Tipnis existe un área de reserva de hidrocarburífera inmensa, la carretera es para eso, para facilitar esa conexión y facilitar la expansión de los cocaleros. En general, los gobiernos progresistas o los de derecha, como ya lo expresó Svampa, llegaron al consenso de las commodities. Estamos prisioneros de esa visión de país periférico, de proveedor de materias primas de exportación.

¿Qué grado de afectación existe de los proyectos de Brasil en la Amazonia boliviana?

La verdad es que en la época de los gobiernos del PT (Partido de los Trabajadores) y, sobre todo, con la  Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa), la presencia brasileña afectaba de manera muy fuerte a Bolivia; pero la crisis me parece que derivó en un stand by. Brasil, en los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, tenía inversiones con un papel protagónico  del Estado, existía un banco público estatal de fomento (Bandes) para inversiones de infraestructura, carreteras, presas hidroeléctricas, que dio 100 mil millones de dólares anuales para financiar obras de Odebrecht, OAS. Bandes sólo podía prestar plata a la empresa brasileña en Brasil, pero Lula ha hecho algo que ningún gobierno hizo, sacó un decreto que permitía que dé a empresas brasileñas fuera de Brasil. Así, Bandes financiaría a OAS para la construcción de la carretera que atraviesa el Tipnis y otros proyectos. Bolsonaro no quiere eso, entonces sacó de la financiación a Bandes y ahora no hay quién financie obras de esa magnitud. Los gobiernos de derecha, como el de Bolsonaro en Brasil, no quieren ese protagonismo estatal y no quieren impulsar esa política de integración sur-sur. Pero, la integración que venía impulsando Lula era también una integración desde arriba pero desintegrada por abajo, donde están los indígenas y campesinos. El caso del Tipnis es emblemático, porque era una carretera que integraba y desintegraba, la misma carretera integraba el capital y desintegraba a los indígenas y campesinos.

¿Usted en algún momento apoyó al gobierno de Evo Morales?

Yo trabajé en Bolivia a finales de los 80 e inicios de los 90. Trabajaba con los campesinos gomeros en Pando y Beni durante cuatro años, conozco bien la Amazonia boliviana. (El de Evo) era un gobierno que podía ampliar la movilización social y Evo venía con un bloque histórico, apoyando la ruta de la reapropiación de la naturaleza. Diría que tenía esperanzas de que su fuerza fuera una fuerza positiva, más allá de mi amistad, porque tenía un grupo de trabajo del que participaba con Álvaro García Linera de Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Evo siempre ha sido un líder campesino cocalero. La defensa del pueblo indígena no hace parte del camino político de Evo, que ha sido sobre todo un liderazgo cocalero, campesino. Evo ha pasado a tomar la reivindicación indígena tras el debate con el embajador (de EEUU), Manuel Rocha, quien quería “cero coca”. Hay una frase de Evo Morales fantástica, en la que dice que “cero de coca es cero de quechua, es cero de aymara, es cero de guaraní”. En ese momento, Evo capta la dimensión indígena, que era en defensa de la coca tradicional contra la coca excedentaria.

¿Era imposible no apoyarlo?

Sí, por eso hay que ver la importancia del Tipnis. En la época de 2010 hice una carta pública, a Evo y personalmente a Álvaro como amigo, compañero, sobre la dificultad de las izquierdas de comprender lo diferente.

¿Sólo fue una carta firmada por usted o fue de un colectivo?

La carta la hice solo, personalmente, tenía un conocimiento por haber vivido en Bolivia y me sentía con a autoridad para hablar. Yo viví en Pando, en la ciudad de Cobija, yo conozco Trinidad, en Beni, y percibí todo aquel sentimiento de la primera marcha de los indígenas de los 90 y sé la importancia de eso. Había salido un nuevo léxico, una nueva gramática teórico política, para un debate político mundial, que venía de allí, porque hablaba de la vida, la dignidad y el territorio. ¿Por qué la izquierda decide hacer una carretera para cortar el corazón del Tipnis?, ¿por qué no puede pasar de largo? Los indígenas no estaban en contra de la carretera, estaban en contra de aquel tipo de trayecto. Cuando aconteció el conflicto, el gobierno estaba en una confusión. Cuando Evo dijo cero de coca es cero de indígenas, estaba haciendo un bloque con los indígenas, un bloque histórico desde abajo, con lo del Tipnis. Pero, Evo y Álvaro se quedan con los cocaleros y contra los indígenas, incumplen un pacto, eso es grave, eso es grave. Él había armado un pacto histórico nacional popular desde abajo, pero con el Tipnis, él rompe ese pacto.

¿Usted se decepciona del proyecto?

Más de una vez las izquierdas tienen dificultad de comprender estas dinámicas, que la lucha no es contra el capitalismo, la lucha es también contra la colonialidad. Es una cosa más profunda, Bolivia no es más un Estado nacional, es un Estado plurinacional, no es poca cosa, se trata de aceptar la idea de la plurinacionalidad. Yo trabajo como geógrafo y para mí el territorio es un tema muy fuerte. Cuando estaba trabajando con los siringueros de Brasil y de Bolivia, ha sido un período muy culto, donde escuchaba la misma frase: no queremos tierra, queremos territorio. Confieso que no entendía. Cuando el gobierno rompe ese pacto con el movimiento desde abajo, también rompe la comprensión de esa diversidad, de esas territorialidades, temporalidades y reitera cosas típicas de la izquierda.  Yo tenía mucha esperanza en ese proceso que venía de Bolivia.

¿Usted diría que Evo Morales ha traicionado esos principios?

No sé si cabe esa categoría. Yo tengo una idea de que el Estado puede ser una necesidad, pero no es una virtud. Las izquierdas siempre buscaron conquistar el Estado. Si hicieras un mapa de los años 60, te sorprenderías de ver que todos los movimientos antisistémicos estaban en el gobierno. La estrategia tenía dos pasos: conquistar el Estado en el primer paso y cambiar el mundo en el segundo. El primer paso se pasa, el segundo no. Es un tema en el que toda la izquierda se atrapa, en cuanto toma el poder. Me parece mucho más profundo que decir que fue una traición, son esas contradicciones que hacen entender que el Estado no es el lugar de la liberación, tenemos que buscar algo con el Estado, contra el Estado y más allá del Estado. Marx decía que la comuna era la forma de la revolución y Engels hace una autocrítica de que la lucha debe ser centralizada como se ha formulado antes. Hay que recuperar el Marx tardío, el Marx poscapital que admite que la comuna rural rusa puede ser la base del comunismo, un Marx no evolucionista.

¿Cuál es su opinión sobre el manejo del gobierno respecto a la Amazonia, donde se anuncian dos grandes represas y la carretera por el Tipnis?

Me parece que el Gobierno continua con la visión de aumentar la producción, con la visión desarrollista, por tanto no está entendiendo la Amazonia. El Gobierno continúa prisionero de una lógica desarrollista para conseguir capital para hacer programas sociales, para financiar los bonos sociales.

¿Es malo el asistencialismo?

Decir que no tienen importancia alguna es un absurdo, pero tenemos una experiencia dramática en Brasil. Así lo hizo el gobierno de Lula, que tenía varios programas de ese tipo, pero en Brasil se siguen pagando las mayores tasas de interés a los bancos. Lula no tocó los intereses del capital financiero, no tocó las cuestiones fundamentales de la reforma agraria, por lo tanto, continuó apoyando al agronegocio como fuente de divisas. Es decir, las cosas estructurales que provocaron injusticia permanecieron. Dar bonos para políticas sociales es seguir mostrando una política de patas cortas, que no tiene futuro. La pregunta es cómo está la gestión de fondo, cómo está avanzando en la reforma agraria en Bolivia, cómo avanza el reconocimiento de los territorios indígenas, de los autogobiernos, el Estado plurinacional debe funcionar como tal. Me parece que la lógica colonial permanece, hay toda una exhibición de banderas, de indígenas por todo lado, wiphalas por todo lado, se habla mucho de lo indígena, pero atiende a una folklorización, una banalización y eso tiene consecuencias más profundas.

Fuente: https://www.paginasiete.bo/nacional/2019/6/23/evo-alvaro-se-quedaron-con-los-cocaleros-contra-los-indigenas-221944.html?fbclid=IwAR1ur66bcQCbWLoxdWR0PXl0Yyduhrf6O__h-SNpJ9xaBWk9xo-z6sPUH-k