LA GRAN PREGUNTA NO ES: El nazismo es de izquierda?

LA GRAN PREGUNTA (la verdadera) es: las FAKENEWS son de derecha?

Por Giuseppe Cocco

He aquí la trampa: cuando la izquierda –por haber sido descubierta con las manos en la cumbuca[1]– dice que LAVA JATO es un error, ruin, Cabral un gobernador perseguido, que el triplex “no es de él”, que Maduro es un defensor de la democracia y el impeachment un golpe y la sublevación de Junio de 2013 una operación de la CIA… o sea, cuando la ex˗quierda es la mayor fuente de fake news es “fácil” para la derecha hacer exactamente la misma cosa, simétricamente, nadando de brazada en la falsa polarización producida por el Lulismo en sus más diferentes versiones, siendo el “voto crítico” lo más Fake.

La fake news más inquietante  no esa bobería de que el nazismo fue de izquierda (basta preguntar a los judíos que eran comunistas o socialistas y que combatieron junto a los movimientos de izquierda en la resistencia al nazi-fascismo –ni a la degeneración antropológica de derecha israelí conseguirá apagar esa realidad)

Lo que inquietante es que los mismos que transformaron un impeachmente en “golpe” (de manera irresponsable) querían después hegemonizar las justas manifestaciones contra las conmemoraciones del verdadero golpe promovidas por el nuevo poder que esa irresponsabilidad nos legó.

Entonces, el Nazismo es…la fake news de las fake news…

Cuando el presidente del Brasil dice que “el nazismo era de izquierda”…esta simplemente repitiendo la operación que el nazismo hizo… es muy simple, sin embargo innovador (tristemente innovador es ver eso aconteciendo en el museo del Holocausto).

Lo que la Alt Right hace es solo renovar y utilizar los métodos que eran del nazi-fascismo: el Nazismo (y el fascismo tambien) fue una de las primeras mega-fake news. La innovación esta en afirmar la Fake News (el nazismo era de izquierda) arriba de otra Fake News (el socialismo –que siempre fue internacionalista- subordinado al nacionalismo)

El Nacional-socialismo (Nazismo) organizó un movimiento de masas anti-izquierda y anti-liberal (anti-democrático, anti-obrero, anti-socialista, anti-comunista … y anti-semita) sobre la base de una mega FAKENEWS, una de las primeras y tristemente más exitosas: al paso que el ex militante socialista –Mussolini- utilizó la simbología de la Roma antigua- el partido de Hitler unió “nacionalismo” y “socialismo”, explicitando la propuesta : tomar las reivindicaciones sociales (socialistas) y subordinarlas al nacionalismo: Alemania sobre todo… las conquistas sociales serian nacionales, de subordinación de los pueblos inferiores a una raza aria que sería purificada de sus elementos impuros (judíos, gitanos, enfermos mentales)… y sabemos dónde fue a parar.

Ahora, las Fake news nunca son totalmente fake: porque ellas utilizan algunos elementos verdaderos y porque ellas tienen un público que las quiere como verdaderas. En los años 1930, la izquierda mundial tuvo que encarar esta triste realidad del nazismo ganando las elecciones en Alemania, cambiar de gobierno, afirmarse como poder absoluto y… HACER UNA ALIANZA CON LA URSS DE STALIN: socialistas, activistas obreros, comunistas fueron de este modo masacrados en los Gulags soviéticos y en los Campos de trabajo que el nazismo habia imitado de la URSS (uno de los primeros fue el de Dachau, cerca de Munich).

La relacion entre Prestes y Vargas no podría ser más tristemente emblemática de ese nudo que opone y une a la ex˗quierda a su verdugo: el hecho de que Vargas haya entregado a su esposa –comunista y judía –  a los nazis, no impidió que Prestes después se solidarizara con Vargas…en nombre del… nacionalismo. El que Vargas haya sido un nacionalista integralista (simpatizante del nazi-fascismo hasta cambiar de vereda cuando ese parecía estar derrotado) no impidió a la izquierda brasileña declararse varguista y nacionalista (existe un libro que compara a Lula con Vargas editado por la intelectualidad petista)

En la repetición actual, es la misma cosa que se repite: la ex˗quierda que nos llevó a la victoria electoral de Bolsonaro y quiere ser la defensora de la democracia, en realidad defiende la dictadura de Maduro. El activismo democrático es considerado enemigo por los dos!! Las fake news alimentan a las fake news… el agujero ya se transformó en abismo y estamos apenas en el inicio…

LA RESISTENCIA, SIN EMBARGO, CONTINUA, HASTA EN LAS PLAZAS DE ARGEL!!!

Traduccion del portugues: Santiago De Arcos-Halyburton

[1] Olla, recipiente, cuenco, “lata”, es decir metiendo la mano para defraudar dineros públicos o recibir coimas.

Constitución y excedencia (prólogo al libro Marx y Foucault, de Toni Negri)

Por Diego Sztulwark

  1. Una escritura salvaje

La experiencia de Toni Negri se funda en una decisión biográfica, intelec- tual y política que afecta por completo su escritura: el ser es excedencia y constitución. Lo que es se da como apertura y producción. Si hay violencia en la ontología se debe a la ruptura que el ser opera respecto de toda medida impuesta. La vivencia de lo real es la del disfrute de la materia y del cuerpo, la alegría del fenómeno y el despliegue de la desmesura dentro de y contra los límites que supone toda síntesis dialéctica. Esta decisión inicial se despliega en una serie de oposiciones generativas: potencia contra poder, singularidad contra individualidad, dinámica constituyente contra fijación, expresión contra representación, antagonismo contra antítesis, anomalía contra normativización, común contra privado-público, his- toricidad contra teología, desborde contra adecuación. Siendo proceso abierto, el ser o lo común solo existe como aquello que debe ser construido y verificado en el plano de la historia efectiva, a lo largo de una vida, a través de unos textos, por medio de una praxis.

¿Cómo procesa la prisión, la frustración de los proyectos colectivos un comunista de esta índole? Según sus palabras, sosteniendo el deseo de “mantener más allá de la derrota una verdad que de lo contrario habría desaparecido, y una lectura del destino político de mi generación que de lo contrario habría sido falseada por la represión”. Había una línea fuerte que defender, una potencia producida por una pasión. Así comienza Historia de un comunista, su autobiografía. El problema que atañe a Negri es el siguiente: ¿es convincente el dispositivo existencial, intelectual y político que le permite investigar la productividad del ser –la irreversibilidad del tiempo y la determinación histórica– soportando el peso de una profunda derrota? Gombrowicz escribió en su Diario argentino que los comunistas le causaban una doble impresión: le fascinaba la lucidez crítica de su diagnóstico del presente y lo irritaba la puerilidad que se apoderaba de ellos cuando describían el tiempo de la emancipación por venir. Crítica y utopía como momento fuerte y débil. Este libro pretende romper ese tipo de teleología blanda, crítico-profética. Captar este esfuerzo es imprescindible para leer a Negri. Su creencia en el movimiento de la historia surge de una razonada conversión personal –realizada sobre la base de una temprana adhesión al inmanentismo bruneano– desde la militancia cristiana al materialismo comunista. Esa conversión fue intelectualmente intensa y dio como resultado una articulación origi- nal entre ontología e historia que intenta problematizar y resolver la relación entre necesidad y contingencia, crisis e innovación, decisión y estructura. En Marx y Foucault se retoma esta labor articulatoria a partir de la tensión específica que se plantea entre determinación y subjetivación: Marx es el nombre de la determinación real e histórica (el hoy); Foucault, el de la subjetivación, la creación de dispositivos de apropiación creativa y de apertura de nuevos horizontes (el mañana): Marx es el ahora, Foucault, el porvenir. La propia noción de horizonte es tratada de un modo anti-utópico: nada abajo, nada arriba. Solo es- pacio para el juego conflictivo de las fuerzas. El comunismo de Negri, despojado de trascendencia y nostalgia, se da como el conjunto de las percepciones y afecciones que se experimentan dentro y contra el poder. Excedencia y constitución son las categorías principales de la dia- léctica negriana en la que el Uno se divide en dos. Siendo la ambición de lo Uno desafiada por el movimiento de una diferenciación interna y antagonista. Lo Uno sueña que persiste igual a sí mismo (régimen de la representación) mientras resulta socavado-desbordado por un movimiento de constitución que rompe y va más allá de toda mistifica- ción (régimen de la expresión). ¿Qué mistificación? La que conduce el monismo hacia lo Uno. Porque el ser no es Uno, término substancial, homogéneo y permanente, sino relación, multiplicidad, dinamismo productivo. Excedencia y constitución son los rasgos fundamentales de una ontología materialista del devenir que se localiza en el nivel de los cuerpos, de los afectos y de los conocimientos, es decir, en el nivel de una vivencia común continuamente enriquecida de interacción de las singularidades. El carácter concreto de esta experiencia da su sentido particular al léxico negriano: historicidad, fundación, investigación, crisis, tendencia, común, composición y apertura.

2. El método de la autonomía

La obsesión central de Negri ha sido siempre el método: cómo aferrar lo real. ¿Qué nociones permiten agenciar, en el plano de la historia y de la acción política, esta manifestación de excedencia –que se impone como determinación efectiva– en términos de una nueva constitución, es decir, de apertura de nuevos horizontes subjetivos, ético-políticos? La primera resolución es spinozista: el método es insurreccional, determinista y abierto. La excedencia como generosidad de la diferencia se expresa como potencia que anima y explica la composición constituyente de las singularidades. La segunda será un historicismo absoluto, la exigencia de elaborar las categorías capaces de operar una comprensión y una transformación sobre la realidad. En Negri, esta exigencia historicista está dominada por la experiencia de su militancia en el autonomismo obrerista, corriente fundada en los años sesenta por Alquati, Panzieri y Tronti en torno a la subjetividad del trabajo vivo en la fábrica (rechazo a la explotación, autonomía de la lucha por el salario, reapropiación de la tecnología, coinvestigación obrera), núcleo central de lo que Negri llama “la diferencia italiana”. Este es el énfasis de Marx y Foucault. Se trata de aprehender sobre el terreno de la historia la dimensión ontológica y práctica del antagonismo a partir del surgimiento de deseos organizados en luchas concretas, en las que se forjan conocimientos, afectos, modos de vivir. El método es, en tercer lugar, entonces, investigación militante o coinvestigación en el plano de las luchas, atención analítica y creación de conceptos a la altura de este ensamble antagonista entre ontología e historia, excedencia y constitución, determinación y subjetivación. Lo que la investigación persigue es una completa recomposición de la razón bajo los efectos –aprendizajes– de los deseos comunes que emergen en las luchas (Negri las llama “mutaciones antropológicas”). El instrumental autonomista se vale aquí de dos nociones operativas: composición técnica y política del trabajo. El método es, en cuarto lugar, un composicionismo: deduce la determinación y la subjetivación obrera de las mutaciones de la composición orgánica del capital (trabajo vivo que produce valor sometido a trabajo objetivado que lo conserva y que es utilizado como dispositivo de explotación). Al investigar el proceso de producción de capital desde abajo, como una relación conflictiva cuyo dinamismo fuerza la mutación de la composición orgánica, se distinguen las figuras anticipatorias del trabajo según una dimensión técnica que remite a la determinación objetiva (la relación con las máquinas, las disposiciones laborales, las cualidades puestas en juego en el proceso de trabajo), y según una dimensión política (que refiere a la subjetivación, a los procesos de autonomización, de organización, de reapropiación).

El método entonces tiende a profundizar en la dinámica real y concre- ta de la lucha de clases. Lukács, Merleau-Ponty, Kosík. La insurrección adquiere rasgos concretos en la composición técnica y política de la clase obrera. En la época actual, definida por el pasaje del obrero masa al obrero social, cuando la subsunción del trabajo vivo en el capital es completa y la explotación se extiende al conjunto de la actividad social, la composición técnica se define por el hecho ultra-significativo de la aparición del sujeto maquínico, que apropiándose de cuotas de capital fijo, es decir, de medios de producción, adquiere una composición política que tiende a la autonomización de la cooperación productiva respecto del mando del capital. Composición técnica y composición política definen, en el pasaje del fordismo al posfordismo, un nuevo concepto de clase que Negri llama multitud. Este nuevo concepto de clase se caracteriza por su inclinación a valorizarse a través de conexio- nes cognitivas, lingüísticas y afectivas que escapan (excedencia y fuga) al consumo del capital. Esta valorización autónoma es creación de subjetividad. El antagonismo viene dado, entonces, por la resistencia que en este contexto oponen los modos de vida a la traducción del valor en valor capitalista. Cuando esta resistencia deviene bloqueo del proceso de la acumulación de capital, cuando el carácter excedentario del trabajo inmediatamente social ya no se deja capturar por el coman- do del capital, la crisis se convierte también en posibilidad de crear representaciones, traducciones e instituciones no capitalistas del valor socialmente producido.

El método deviene diagnóstico y política. El diagnóstico se revela dispositivo productivo. En la época de la subsunción real de la sociedad en el capital –predominio de la plusvalía relativa sobre la absoluta–, cuando el conocimiento deviene fuerza productiva tendencialmente dominante, el antagonismo se da sobre el inmediato plano de lo social (la vida, los modos de vida), de tal manera que ya no es posible dis- tinguir antagonismo social, lucha de clases y ciencia política. Cuando la productividad del trabajo es la actividad colectiva (virtuosismo del lenguaje, de los afectos, del conocimiento, de los cuidados, de la comunicación) capaz de reapropiarse de segmentos de los medios pro- ductivos y de profundizar en concreto su deseo de autonomía dentro de la fábrica social (por medio de las luchas del trabajo metropolitano en todos los planos de la existencia), la exigencia de renovación del método se agudiza y necesita corroborarse en el plano de la organiza- ción de lo que Negri llama lo “común” (y que hace corresponder con la “biopolítica” foucaultiana).

La importancia de la dimensión metodológica se corrobora no solo en la práctica de la co-investigación y en la experiencia de la política sino también en la polémica y en las enemistades filosóficas de Negri: su relación con la dialéctica hegeliana, a la que adhirió de joven (Negri fue traductor de Hegel y autor de Estado y derecho en el joven Hegel, nunca publicado en español) y a la que reprocha su racionalización idealista de los procesos reales y una solución reaccionaria de las oposiciones reales (de clase), por medio de una mediación sintética que reúne y limita; su ambigua reacción ante el diagnóstico de los pensadores de la Escuela de Frankfurt de una sociedad alienada, completamente reorganizada por el mando del capital, y una dialéctica en suspenso o negativa, que Negri reconstituye críticamente mediante la exaltación de la noción marxiana de la subsunción real de la sociedad en el capital y también de la distin- ción entre biopoder y biopolítica en Foucault, que le permite admitir la hegemonía del capital reabriendo al mismo tiempo la asunción de un espacio de antagonismos y crisis; su rechazo terminante del pesimismo ontológico heideggeriano, asociado a una ética impotente y a una des- activación de la praxis, que se vuelve contra las tecnologías bloqueando toda comprensión de los procesos de reapropiación de la máquina por el trabajo; su rechazo práctico de la llamada “autonomía de lo político” tal y como la formuló el pci a partir de Togliatti y que abrió paso a la política del “compromiso histórico” como apuesta a la participación en el control del aparato del estado, que reduce lo político como un ejercicio del poder soberano sin atender al problema de los valores, es decir, a la continuidad de la representación del valor trabajo como valor capital, cuestión medular que lleva a Negri a realizar una lectura izquierdista de Foucault, acentuando el dominio de las micropolíticas (el juego cualitativo que se da en el plano de las relaciones sociales), y nos lleva a nosotros, lectores sudamericanos, a reflexionar en la reducción de lo político sobre lo estatal realizada por los gobiernos llamados progresistas; por último, las refutaciones a los más importantes filósofos actuales tales como Bruno Latour (cuya antropología de la vida afirma una cosmo- política que anula, según Negri, la historicidad biopolítica del mundo), Rancière y Agamben (pensadores de lo político como sustracción, en los que se debilita la dimensión histórica y se disuelve el peso de las singularidades) y, sobre todo, Alain Badiou, cuyo platonismo sería una reacción contra la materialidad de la lucha de clases, el comunismo una idea y la noción de acontecimiento una formalización de la ruptura que rechaza toda inmanencia con la materialidad del antagonismo.

3. De la renta al fascismo

El método aspira a captar lo real, es decir, el modo en que la actividad humana crea valor, pero también el modo en que el capital se repre- senta ese valor (el modo en que se lo apropia), y el antagonismo que mediante la lucha del trabajo vivo anticipa las nuevas figuras subjetivas.

La secuencia podría formularse así: en primer lugar, dar con la exce- dencia; en segundo, comprender las formas de explotación (siempre conectadas con las formas de dominio); y finalmente, determinar el antagonismo hacia la autonomía. La investigación muestra hasta qué punto la actividad productiva se extiende al conjunto de la actividad humana (poniendo en el centro el conocimiento y el intelecto general del que habló Marx); verifica el pasaje por el cual la vieja clase obrera cede lugar a nuevas formas del trabajo y a la cooperación social, esparcida ahora al conjunto del territorio y la vida (biopolítica); se esfuerza por comprender los modos de explotación capitalista sobre las conexiones afectivas, intelectuales, lingüísticas; y elabora hipótesis antagonistas sobre las tendencias autonomistas de los modos de vida.

¿Qué resultados arroja hoy la investigación? En primer lugar, la nue- va figura del trabajo inmediatamente cooperativa (social, cognitiva), ligada a la máquina, extendida al territorio; en segundo lugar, el papel del capital financiero como representación del valor, que se despliega a partir de las funciones del dinero como medida, comando y control de la actividad social y de la renta como dispositivo privilegiado de apro- piación de plusvalor (y, por tanto, de creación de clase dominante); en tercer lugar, las luchas por el salario social, la reproducción y la creación de modos de vida que exceden los dispositivos financieros de captura y bloquean la acumulación generando crisis continuas.

Esta comprensión del capital financiero como modo específico de acumulación se enfrenta a la comprensión habitual de la crisis como oposición de una figura “mala” del capital (las finanzas como especu- lación parasitaria) frente a una “buena” (el capital como desarrollo, industria), y recupera la correlación entre lucha de clases y crisis. Según Negri, hay un tejido inmanente entre nuevas figuras productivas y he- gemonía de las finanzas. Pero se trata de un tejido complejo y opaco. A diferencia del patrón metido en la fábrica, el comando financiero no organiza la producción sino que explota la cooperación. La ganancia deviene renta.

La crisis de la acumulación de capital es explicada por Negri por la presencia, en su interior, de la actividad cooperativa cuya demanda de un salario social y defensa del welfare tiende a la autonomía por la vía de la reapropiación de las condiciones de su auto-organización y auto- valorización. El carácter biopolítico de las luchas impugna la relación de representación tanto en el nivel político, el nivel de la legitimación electoral del estado neoliberal, como en el nivel de la representación capitalista del valor-trabajo al interior de la relación de la subsunción real. Esta doble impugnación está en el corazón de la crisis del neoli- beralismo y le impide consolidarse sin acudir a elementos del fascismo que apuntan a destruir la excedencia y a interrumpir momentos cons- tituyentes por la vía represiva (racismo, sexismo, clasismo).

El fracaso del llamado populismo de izquierda en constituirse en alternativa fuerte de lo neoliberal se sitúa exactamente en este punto. Su incapacidad de cuestionar la doble representación en la que se basa la hegemonía del capital se evidencia en la pobreza de las hipótesis sobre los usos posibles de las finanzas en una perspectiva de lo común, y en imaginar formas constitucionales que devuelvan poder de decisión a las figuras de la cooperación. Sin embargo este fracaso puede convertirse en una buena noticia si redunda en un nuevo alineamiento de alianzas y estrategias en el enfrentamiento con las élites neoliberales, si redunda en una nueva comprensión de la hegemonía como protagonismo de las luchas biopolíticas, si –a diferencia de planteos como el de Ernesto Laclau– la producción de hegemonía queda a cargo de estas luchas: en torno a la reproducción, las formas de reapropiación de las tecnologías (para que no queden del lado de la soberanía y de la acumulación), la defensa del welfare, la lucha contra el racismo, el sexismo, el clasismo y la invención de la infraestructura y los derechos para disfrutar el común.

4. Foucault para leer a Marx más allá de Marx

En Historia de un comunista, Negri describe la evolución de la academia europea como el ámbito en el que madura una filosofía reaccionaria y contrarrevolucionaria que decanta en la filosofía de Heidegger. Marx y Foucault opone una contrahistoria: la de la fragua de un nuevo materialismo filosófico que corona en los intelectuales del obrerismo italiano, en ciertos pensadores del postestructuralismo francés, sobre todo Michel Foucault y, junto a él, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Nuevo materialismo quiere decir aquí reinmersión del pensamiento que surge en contacto con las luchas, (68 francés; 68-77 italiano). Una mención especial le dedica Negri a Mario Tronti, fue él quien le enseñó a concebir el trabajo vivo como subjetividad, auténtica singularidad de la italian theory. El nexo a identificar es entonces aquel que liga a Tronti con Foucault. A propósito, Negri cuenta que leyó a Foucault mientras escribía su trabajo Marx más allá de Marx. Y agrega que su lectura de Foucault fue particularmente cuidadosa de ciertas categorías de Gramsci (en concreto, sugiere cierta relación posible entre biopoder y “revolución pasiva”). Foucault representa para Negri una renovación del método: actualización de la ontología y reconocimiento de las nue- vas determinaciones, pero sobre todo comprensión del nuevo espacio de subjetivación de las luchas dentro de y contra un biopoder. Es ese proceso de subjetivación el que se acentúa en Negri, en polémica con una lectura de Foucault (sobre todo anglosajona) que anula la diferencia entre biopoder y biopolítica. Contra la presentación de un Foucault fascinado con los biopoderes neoliberales, Negri insiste en identificar en los últimos años de la enseñanza de Foucault el momento metodológico decisivo, que funda una versión fuerte y productiva de lo posmoderno, que capta el antagonismo al interior del capitalismo contemporáneo. Es forzando esta distinción, creando la noción de biopolítica, que se abre el espacio para reconocer y participar de las dinámicas de subjetivación de las determinaciones materiales. Si el biopoder es el medio en el que se extienden y explotan las nuevas formas de cooperación (la subsunción real desde el punto de vista del control de la vida), la biopolítica es el dentro, contra y más allá que permite captar la riqueza de las resistencias en cuanto que plus (reapropiación-autonomía-invención de modos de vida): excedencia y constitución.

4. Un príncipe para las micropolíticas

Marx y Foucault ayuda a plantear un nuevo concepto de lo político. La inspiración maquiaveliana de la política como división del campo social, como pragmática del deseo y como distinción entre poder y potencia (que está por detrás de la diferencia biopoder/biopolítica), funciona como polémica con la teología política de Carl Schmitt (la “decisión soberana” y la “excepción”). La noción negriana de antagonismo provee criterios materialistas capaces de retomar el dinamismo de la relación amistad-enemistad fuera de toda mistificación.

En torno al príncipe se juega, entonces, un nuevo momento del método: el de la construcción de la decisión por parte de la multitud. Se trata del momento de la organización, de la creación de los disposi- tivos que crean subjetividad, del paso del “en sí” al “para sí”. Con una salvedad fundamental: que este pasaje es fuertemente inmanente y se da en el interior del antagonismo. Es el momento de mayor creatividad del pensamiento de Negri, donde mejor se resuelve la continuidad entre su propia experiencia militante y su encuentro con Foucault. El príncipe como multitud se constituye en un pasaje fuertemente micropolítico, que implica inventar prácticas de neutralización y reapropiación de cada una de las tecnologías de producción que operan al mismo tiempo como tecnologías de mando (tecnologías, moneda, medios de comunicación). Así como Panzieri, Alquati y sus compañeros de los Quaderni Rossi enseñaron a Negri, a comienzos de los años sesenta, la práctica de la autonomía obrera, de la coinvestigación con los trabajadores de la Fiat como un instrumento directo de organización, y donde se trataba de comprender cómo el poder del capital sobre la clase obrera pasaba por el uso de la máquina como dispositivo de mando, pero también cómo sabotear ese comando, Foucault le ofrece las claves para actualizar el método de la coinvestigación/organización en el nuevo espacio de los biopoderes. El príncipe como multitud emerge en el pensamiento de Negri como forma política de expresión de los deseos de no ser gober- nados, rechazo al trabajo, apertura de modos de vida contra el poder soberano subsumido en los biopoderes.

Solo resta comprender cómo este nuevo maquiavelismo funciona dentro de la crisis de la democracia y el estado de derecho liberal (y esto es particularmente claro en América del Sur en las últimas décadas), es decir, buscar las conexiones internas entre el papel de las luchas micro- políticas/biopolíticas y las dificultades de expansión del neoliberalismo. Y volver entonces (para precisar aún más el momento imaginativo en el esfuerzo de la organización) al encuentro impensado entre Maquiavelo y Foucault. Un encuentro que se da a nivel conceptual a través de la filosofía que Deleuze y Guattari ponen en marcha en El Anti-Edipo y Mil mesetas. Deseos, agenciamientos y máquinas abren una nueva vía para escapar del mando y abrir nuevos territorios.

También aquí se detecta una respetuosa conversación con Gramsci, para quien el príncipe no es una figura del realismo del poder soberano sino al contrario, el operador revolucionario que conecta excedencia con constitución, praxis de clase con conocimiento histórico, hegemonía con nueva institución. Negri retoma a Gramsci, sitúa al príncipe sobre la senda spinoziana de las nociones comunes tal y como se producen en la relación antagonista, y lee las nociones “fortuna” y “virtud” con el par determinación/subjetivación. Si para Maquiavelo el príncipe poseía un saber finito y debía una y otra vez abrirse a lo incalculable del azar y a las circunstancias cambiantes en función de una determinada tarea histórica (la unidad burguesa de Italia), en Gramsci el moderno príncipe se vuelve una instancia colectiva (partido comunista), que hace una filosofía (virtud) de la praxis (fortuna) para realizar la tarea histó- rica del comunismo. Negri recupera esta tradición para dar forma a su Príncipe-Multitud, modalidad organizativa que busca construir decisión política dentro de la trama de las luchas biopolíticas, dentro de y contra el mando del capital financiero y en función de un commonwealth, más allá de la relación convencional entre partido y Estado-nación.

4. ¿Una nueva constitución? (Brasil y Argentina)

El método reconoce un último momento en el que excedencia y cons- titución devienen derecho, institución, articulación entre una mate- rialidad concebida en mutación dinámica y formalización plástica y abierta. La coyuntura política es leída, entonces, a partir de un ángulo institucional. El derecho debe captar y dar curso al acontecimiento. No hay política de izquierda, en el sentido ya argumentado de una política que sustituya la representación capitalista del poder y del valor (es decir, más allá de la propiedad estatal y privada), sin un deseo de constitucionalización de la excedencia.

Marx y Foucault propone este tipo de cuestiones a la discusión política y leído desde la coyuntura sudamericana actual, tanto de la situación brasileña como de la argentina, permite pensar productivamente la crisis de legitimidad del programa neoliberal así como su último recurso a elementos neofascistas tendientes a reprimir, como en el caso de Brasil, los elementos de excedencia (negros, favelados, mujeres, comunistas) a fin de estabilizar el orden, pero también permite problematizar el horizonte de una posible derrota electoral del programa neoliberal, que sería completamente insuficiente sin un impulso constituyente ausente en los partidos políticos, pero presente en movimientos sociales de mujeres, de las diferencias sexuales, antirrepresivos, en defensa de los bienes comunes o de trabajadores precarios. Marx y Foucault ayuda a plantear el problema de la reforma de la constitución como una cuestión absolutamente central para refundar una idea de izquierda que no se disuelva en un populismo centrista ni en una izquierda impotente.

¿Qué nos dice Negri respecto de una reforma de la constitución? Primero, que las constituciones liberales que organizan la racionalidad del estado en nuestros países tienen un a priori sólido en la propiedad privada y no en la producción del común. Este es el primer bloqueo a la representación no capitalista de la actividad social que haría falta remover, por la sencilla razón de que la producción y la innovación, la expansión de la riqueza social depende del acceso a los bienes comunes (recursos naturales, conocimientos, información, infraestructuras). Lo que implica inventar un nuevo humanismo, el humanismo de la época poshumana, es decir, asumir las condiciones en que los humanos pro- ducimos humanos (welfare), un pensamiento radicalmente alternativo frente a aquel que sostiene las actuales condiciones fundadas en las exigencias de la renta financiera. Construir criterios para sustituir el fundamento liberal de tal representación por otro del común sería una primera tarea estratégica de los constituyentes.

En segundo lugar, y tomando en cuenta el papel del conocimiento en la producción social, resulta absolutamente estratégico desplegar políticas de autoformación y formación del común en torno al mundo laboral, las comunicaciones, las universidades y el mundo educativo y cultural como dinámicas de valorización e integración –construcción– de lo social mismo. Este punto adquiere una importancia coyuntural de primer orden, además, en la confrontación con los neofascismos y populismos de derechas, puesto que sin la expropiación de instrumentos de producción y comunicación capaces de elaborar verdades comunes, el entero mundo de la esfera pública queda soldado al poder de las finanzas.

Deducido de lo anterior, y esto es lo tercero, hace falta implementar –dice Negri– políticas de democratización de las finanzas, orientarlas a la producción de lo social como tal, rediseñando los bancos pero tam- bién los mecanismos de inversión: “se trata de inventar instrumentos democráticos de big governance, volviendo permanentes los instru- mentos utilizados en momentos agudos de la crisis”. Tomar la moneda como momento del común e imaginar inversiones no dominadas por la noción de ganancia.

En cuarto lugar, se trata de superar la política sustentada en prác- ticas de representación y profesionalización. La propia experiencia de movimientos de masas y la multiplicación de organizaciones sociales es la base desde la cual es posible esta superación. En quinto lugar, y correlativo a lo anterior, se trata de imaginar una descentralización federalista del poder lo más pegada posible a esa base.

Estas y otras propuestas para una reforma de la constitución tienen el valor de abrir el horizonte de la coyuntura política en lo que quizás sea la más delicada fase del método: el de la adecuación continua de los procesos formales y de gobierno a las modificaciones ocurridas en el sistema social (constitución material). En este punto resurge toda la problematicidad de la relación entre método y coyuntura, que no puede ser resuelta sin dar pasos efectivos en la reinvención de disposi- tivos de investigación militante capaces de crear en y desde las luchas los lenguajes, los diseños y las reformas, pero también la fuerza con la que atravesar cada vez el orden jurídico.

 

 

1-  Con historia rerum gestarum se hace referencia a la “historia sobre las cosas que ocurrie- ron”, es decir al relato, la narración de las cosas que ocurrieron; res gestae significa en cambio “las cosas que ocurrieron” en cuanto cosa de lo ocurrido”, la historia como materia. La primera se ofrece como descripción de los hechos; la segunda como ciencia orientada a la “re-composición” o análisis del proceso histórico –historicidad (Geschichlichkeit) en cuanto ciencia, destreza o aptitud–. [N. del T.]

2-Dilthey, “Concepción del mundo y análisis del hombre a partir del Renacimiento y la Reforma” (1911).

3- “Atrévete a saber”, también usado como “ten el valor de usar tu propio entendimiento”. [N. del T]

  • Merleau-Ponty, Las aventuras de la dialéctica, trad. L. Rozitchner, La Pléyade, Buenos Aires, 1974, pp. 37-38.
  • Ibidem, p.49

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=22960

Silvia Federici: “Hoy las jóvenes no quieren solo una mejora en la situación de la mujer, quieren un cambio social”

Del feminismo autónomo de los años setenta a la ola feminista actual. De la caza de brujas a la cruzada antiderechos. Del salario por trabajo doméstico al debate sobre la renta básica universal. De los planes de ajuste estructural a la mercantilización de los vientres. Federici es historia viva del feminismo, pero también milita en este presente acelerado.

Por Sarah Babiker

A mediados de marzo Silvia Federici (Parma, 1942) pasó de nuevo por Madrid. En esta ocasión, la reconocida teórica feminista visitaba el Estado con un propósito central, participar en el Primer Encuentro Feminista sobre la Caza de Brujas que se celebró en Iruñea entre el 22 y el 24 de marzo. Un proyecto de memoria histórica en el que la autora de Calibán y la Bruja se embarcó hace un par de años de la mano de la Editorial Traficantes de Sueños.

Acudí a la entrevista con Federici un poco preocupada, por un lado sabía que venía de un largo vuelo transatlántico y estaría cansada. Por otro me habían comentado que no le entusiasmaban las entrevistas —ella misma me corroboraría después, que no le ve sentido a que le hagan un montón de entrevistas seguidas en las que, inevitablemente, algo acabará por repetirse—. Sin embargo, afable y con más ganas de dialogar que de ser interrogada, Federici contestó generosamente toda una batería de preguntas variopintas.Del feminismo autónomo de los años setenta a la ola feminista actual. De la caza de brujas a la cruzada antiderechos. Del salario por trabajo doméstico al debate sobre la renta básica universal. De los planes de ajuste estructural a la mercantilización de los vientres. Federici es historia viva del feminismo, pero también milita en el presente acelerado, una mente en continua escucha y reflexión, capaz de conectar los momentos históricos, revisitar las luchas y afrontar las contradicciones del movimiento feminista.

Recuerdo cuando viniste en septiembre de 2017, había una larga cola para verte en el Matadero, fuimos cientos las que nos quedamos afuera. Hasta una joven rapera, Gata Cattana, tristemente desaparecida, te incluía en uno de sus temas. Entiendo que como feministas buscamos referentes que nos aporten paradigmas de reflexión, que nos empujen a la acción, ¿que se siente desde ese lugar de referente?

Cuando llegué al Matadero y vi tantas compañeras fuera, y después esta sala inmensa llena de mujeres, me dije, ¡dios mío! Es una responsabilidad grande, pero sobre todo tengo una gran confianza, sé que estas mujeres son muy críticas. Me digo, voy a decir lo que pienso que es correcto y después ellas evaluarán, entonces no me siento tan oprimida, confío muchísimo en la capacidad crítica de las compañeras. Soy consciente de su interés, pero también de que todo esto es porque hay un movimiento, aquí en España como en Argentina, Uruguay o Chile, se siente, desde hace varios años, que hay una fuerte movilización feminista. Esto llega no solamente a mis charlas, creo que esta movilización tan entusiasta, tan abierta y tan interesada no es solamente receptiva conmigo, sucede con otras compañeras también, entonces me parece una señal muy muy positiva, me genera mucho entusiasmo a mí también porque me parece regresar a los primeros años setenta. Es algo que me hace sentir más joven, me da la sensación de que algo está cambiando. Sobre todo ver tantas mujeres jóvenes, muy jóvenes que se están sumando al movimiento.

¿Aparte de la masividad, en qué sentido te recuerda este momento a los años setenta?

Yo siento que aquí —y como decía, también en Argentina—, hay este rechazo a posturas conciliadoras, hay un posicionamiento que se opone abiertamente a la violencia contra las mujeres, al uso que se hace del trabajo de la mujer, que rechaza la manipulación institucional del feminismo. Es un movimiento que se rebela contra este uso institucional del feminismo domesticado que se ha hecho para integrar a la mujer en proyectos de desarrollo capitalista. Yo creo que hoy las jóvenes lo perciben y lo rechazan, y quieren un cambio, no quieren una mejora solamente en la situación de la mujer quieren un cambio social. Esta visión más grande, más amplia, es el común denominador entre los movimientos hoy y la primera fase del movimiento feminista, antes de que fuera institucionalizado.

Estamos asistiendo también en estos tiempos a intensas discusiones en torno al feminismo interseccional, el feminismo liberal, la existencia de una cuarta ola. A mí me gustaría que explicaras en qué consiste el feminismo autónomo.

El feminismo autónomo es un feminismo que rechaza cualquier dependencia del estado y de los hombres. En los años 70, el concepto de autonomía las feministas lo adoptaron en primer lugar para distinguirse de las feministas que continuaban trabajando en organizaciones dominadas por los hombres.  Se trata de esto: Autonomía frente a los hombres, autonomía frente a las instituciones, frente a los partidos. Es un feminismo que defiende su  propia agenda política.

En un contexto en el que hemos visto un ataque muy fuerte contra el Estado de Bienestar o contra los derechos de las mujeres, ¿no resulta complicado defender la autonomía y proteger derechos que creíamos conquistados y parecen bajo amenaza?

Yo no creo que sea así, creo que una vez te integran en los partidos te toca renunciar a cualquier capacidad de fijar tus objetivos. Tenemos una experiencia de muchos años, lo hemos visto, hay ya mujeres en todos los partidos que se definen como feministas. En Estados Unidos tenemos a Hillary Clinton y a muchas otras que se dicen feministas, pero hemos visto qué feminismo es.Es un feminismo que usa la dimensión política, pero eliminando todos los elementos que pueden ser subversivos, domesticando el feminismo. Hay un posicionamiento institucional que usa el feminismo para integrar a la mujer en la organización del trabajo capitalista. Y hemos visto qué significa integración, significa integración en los trabajos menos seguros, peor pagados, muchas veces más peligrosos. Esto es lo que nos ofrecen los partidos, nos ofrecen dicha emancipación a través del trabajo asalariado que ya se ha demostrado completamente que es un proceso negativo porque ha ocultado esta gran explotación que se ha armado, que se ha organizado en el nombre de la emancipación femenina.

Confieso que venía con ansiedad a esta entrevista porque mis hijas han estado enfermas y llevo una semana sin dormir. Me da mucho pudor hacer un comentario así en este contexto, me parece un exceso. También me pregunto si en cierta medida nosotras mismas contribuimos a fijar una narrativa que oculta los cuidados.

Claro, exactamente. Y hemos visto que prácticamente desde los años 80 hasta hoy el estado en la Unión Europea o Estados Unidos, por no hablar de América Latina o África, va cortando todos los servicios, o el apoyo económico al trabajo de cuidados. Estamos sufriendo una crisis del proceso de reproducción de la vida cotidiana muy intensa, muy crítica, lo podemos ver con los niños, con los mayores, con quienes tienen enfermedades y no son autosuficientes. Es una crisis de época: se está bajando la esperanza de vida, me parece que esta es una señal muy clara.

Has teorizado sobre el trabajo de cuidados que realizan las mujeres como el núcleo de la reproducción de la mano de obra, el pilar sobre el que se sustenta el capitalismo. Sin embargo, ante el desempleo en crecimiento y las nuevas batallas como la de la gestación subrogada, pareciera que más que reproducir mano de obra, se quiera que las mujeres reproduzcan vida como un producto más a comercializar.

Sí. Es una visión neoliberal de la reproducción que políticamente dice que toda reproducción debe pasar a través del mercado. Intenta hacerse pasar por autonomía, por capacidad de control sobre nuestro cuerpo, la capacidad de vender nuestro cuerpo, no solamente nuestro cuerpo, de vender nuestro hijo o hija. Soy totalmente contraria a la maternidad subrogada, es una venta de niñas y de niños, se está legitimando en base a esta presunta búsqueda de autonomía. Pero no, ¿quién defiende los derechos de estos niños?  Dado que se habla de un contrato se trata de una venta.Debemos movernos, ya ahora hay muchísimos niños y niñas que son completamente descartados, nadie los quiere, porque tienes malformaciones, no son del género elegido… Entonces ni la mujer que los ha gestado, ni la pareja que los ha comisionado, nadie se ocupa. Algo que estamos descubriendo hoy en Estados Unidos es que se ha creado como un mercado subterráneo a través de internet, donde hay personas que han tenido un niño a través de la maternidad subrogada, lo están vendiendo de nuevo. Se trata entonces de un mercado totalmente descontrolado. Si vamos a crear nueva vida debemos responsabilizarnos.Hay una cosa que debemos rechazar. No sé si pasa aquí pero lo he visto en Estados Unidos y también en Italia: se legitima la maternidad subrogada con la argumentación que permite a los hombres homosexuales tener hijos. Entonces parece que ser padres es un derecho, cueste lo cueste. Esto me preocupa porque he visto que también algunas compañeras empiezan a ser favorable en base a esa “solidaridad” con los hombres gays. No compañeras, no, no hay un derecho absoluto a la paternidad

Al final se trata de un paso más en el proceso de mercantilización de nuestra existencia.

Sí, es una mercantilización de la vida, es una mercantilización de los niños, es una mercantilización ulterior de nuestros cuerpos. Luego hay otro factor que no se investiga bastante pero leyendo entrevistas con mujeres que han aceptado ser madres subrogadas lo que hay también es mucha decepción pues deben firmar un contrato muy restrictivo. Parece que muchas mujeres aceptan porque piensan que procreando un niño para esta familia que es una familia de mayor nivel socioeconómico, van a quedar emparentadas. No piensan que después nunca más verán al bebé, que no tendrán relación alguna con sus hijas o hijos. Se quedan muy decepcionadas: es algo que también habría que investigar, cuáles son sus motivos. Otra cuestión es la del trauma físico y emocional para el bebé, hay una compañera española, Patricia Merino, que ha escrito un libro muy bueno: Maternidad, Igualdad y fraternidad (Clave Intelectual, 2017). Leyendo su libro me he dado cuenta de algo que no sabía, muchos de estos bebés cuando les separan de su madre sufren un trauma muy grande, ella dice que ya con tres meses el bebé conoce la voz de su mamá, este bebé es carne de su carne. Hay un fetichismo del ADN, pero en realidad este bebé nace del cuerpo de esta mujer, es parte integrante de su cuerpo. Al nacer busca su pecho. Cuando los separan inmediatamente, parece que muchos lloran desesperados por semanas, algunos se enferman. De esto no se habla. Hay tantos elementos que cuando se ve a plena luz la maternidad subrogada se entiende que es una cosa muy perversa.

¿Y en Estados Unidos está normalizada?

No hay debate porque el debate ya fue en los años 80 y allí acabó todo. También porque creo que muchas feminista en los años 80 estaban muy centrada en el trabajo extradoméstico. Entonces la mayor parte del movimiento feminista no ha luchado por la licencia de maternidad, no ha luchado contra la maternidad subrogada, no ha luchado porque el Estado dé recursos por el trabajo de cuidados, ha abandonado esta batalla y ahora podemos ver que el trabajo extra doméstico no ha resuelto de ninguna forma —al contrario, ha agudizado— la crisis de la reproducción.

Estáis trabajando en la recuperación de la memoria histórica de las brujas. En Calibán y la Bruja también subrayabas el tema de la reproducción y el control sobre el cuerpo de las mujeres como un campo de batalla. ¿Se diría que hay un paralelismo con la actualidad ante los movimientos antiderechos que estamos viendo en todo el planeta?

Podemos hablar de esto durante un día entero. En Estados Unidos formo parte de un grupo de mujeres que estamos luchando contra la violencia hacia las mujeres en el contexto de la acumulación capitalista. Perseguimos contextualizar la violencia, señalar cuáles son sus raíces económicas, políticas y sociales. Cuando decimos violencia decimos muchísimas cosas, porque hay tantas formas diferentes de violencias. Hemos empezado centrándonos en dos cosas, una es la caza de brujas en el mundo. La otra es en la que estamos trabajando más, lo que llamamos la criminalización del embarazo, que está pasando sobre todo con mujeres afrodescendientes, migrantes, latinas, etc.Hay toda una orquestación, las mismas sectas pentecostales que van a África, que financian la caza de brujas allí, son las que demonizan a las mujeres que van a abortar, las que se manifiestan delante de las clínicas, las que han obligado a muchas a cerrar. En algunos casos, integrantes de estas sectas, han llegado hasta a asesinar a las doctoras y doctores que practicaban abortos.

¿Criminalización del embarazo? ¿no del aborto?

Hay un libro muy interesante que ha salido ahora en los Estados Unidos que se llama Birth Strike (PM Press, 2019) [Huelga de Nacimientos]. La autora, Jenny Brown, ha hecho un buen análisis. Argumenta que en realidad estas organizaciones de la derecha por el derecho a la vida son las que están luchando para decir que el feto es una persona, esto tiene unas consecuencias muy fuertes. Hoy en día en Estados Unidos están aprobando medidas que reducen a la mujer a vasija del feto. El feto gana derechos y las mujeres los pierden. Cada vez más se define a la mujer como un contenedor y toda su vida acaba siendo reglada por el bienestar del feto.

Por ejemplo hay mujeres que tuvieron accidentes de coche y fueron arrestadas por poner el feto en riesgo. Otras que han buscado medicina —no drogas— que podían tener algún efecto en el feto, también han tenido problemas. Cada vez en más estados es difícil demostrar que has tenido un aborto natural. Estamos regresando a una situación como la de la caza de brujas. La bruja es la mujer que hostiga la vida, el proceso de la procreación. Estos integrantes de las organizaciones de derecha que van frente a las clínicas mientras las mujeres abortan y les gritan ¡asesinas!, son los herederos de los jueces que condenaban a las mujeres que habían usado anticonceptivos. El libro Birth Strike es importante porque, por ejemplo, documenta como hoy continúa esto. Muchas veces se habla de que el capitalismo ya no necesita fuerza de trabajo, no es verdad, pide trabajadores, lo que está disminuyendo no es el trabajo, está disminuyendo el salario, están cortando las remuneraciones. Brown advierte que, en gran medida, esta movilización de la derecha tiene que ver con que el capital está preocupado porque las mujeres están reduciendo su productividad procreadora. Cada vez las mujeres tienen menos niños, debido al coste de tener un hijo —en Estados Unidos se calcula que solo en el nacimiento supone un gasto de entre 3000 o 4000 dólares—, a las dobles jornadas, al empobrecimiento, a la dependencia de los hombres.

Pero no es que las mujeres elijan no tener hijos, es que no pueden

No hemos tenido la capacidad de obligar al Estado a darnos la posibilidad de decidir verdaderamente si queremos tener niños o no. Para muchísimas mujeres esta capacidad de decidir si quieren o no, no existe. Saben que si tienen hijos van a pagar un precio muy alto. Entonces la respuesta es como una huelga silenciosa. Hay una huelga general en muchos países que en respuesta a los recortes a las ayudas a la reproducción, responden reduciendo el número de hijos, no es una huelga con pancartas, con marchas, pero es una huelga. De ahí esta respuesta de la derecha, que se carga de tantos significados. Aquí hay una continuidad: este capitalismo que desde sus inicios hasta hoy está interesado en el cuerpo de la mujer, porque el cuerpo de la mujer produce todos los trabajadores. Mucha de la experimentación que se hace con la justificación de sanar la infertilidad, creo que es también experimentación sobre cómo crear úteros artificiales. Hay todo un interés en crear vida fuera del cuerpo de las mujeres.

En Revolución en Punto Cero (Traficantes, 2013) dedicas un artículo al cuidado de las personas mayores. En una conversación reciente con compañeras mayores, ellas se preguntaban si el feminismo había fallado a la hora de politizar la vejez y los cuidados de las personas de edad avanzada.

Hay mujeres hoy que tienen un trabajo extradoméstico, tienen niños que cuidar, y tienen parientes propios o del marido de los que encargarse. Qué vida es esa, es la vida de muchísimas mujeres que no tienen apoyo. Hay niños que crecen solos, y mayores que viven una vida de soledad. La integración de la mujer en el mercado de trabajo no ha sido compensada con servicios sociales. El capitalismo se ocupa poco de los niños pero en ellos ve los futuros trabajadores. No se preocupa de los mayores, espera que mueran para no pagar ningún subsidio o prestación social.

En la cadena internacional de los cuidados, es justo el cuidado de mayores el que absorbe una mayor cantidad de trabajadoras migrantes con condiciones laborales pésimas.

En Italia, se puede decir que la mayor parte de las cuidadoras, sobretodo en la clase media, son mujeres migrantes. Y se está comprobando otra tendencia que me parece muy peligrosa y alarmante, se trata de exportar a los mayores, de la misma forma que la gente se va a India para la gestación subrogada, o muchos hombres europeos viajan a Tailandia para tener sexo con mujeres porque las pagan menos y pueden hacer muchas cosas más, también se manda a los mayores fuera para que reciban cuidados a un precio más accesible. Hay clínicas, sea en la Europa del Este, sea en India o Tailandia, donde miles de familias en Alemania ya mandan a sus mayores. Piensan, “tiene Alzheimer, no comprende, y como no comprende lo mandamos fuera”.No quiero juzgar moralmente porque me doy cuenta de que mucha gente puede estar en condiciones tales que no se pueden cargar más de trabajo. Pero me parece algo realmente preocupante, me pregunto qué pasa con estos mayores cuando se encuentran en un lugar en el que no comprenden la lengua, donde no hay un control, donde no hay ningún vínculo con sus vidas. Es una gran crueldad.

Has vivido en muchos países y entiendo que eso te da una mirada amplia, se han hablado de tus reflexiones en torno a Italia, EEUU, América Latina, pero me gustaría que nos detuviésemos un momento sobre tu etapa en Nigeria. 

Para mí ese fue un momento fundamental. Yo estaba trabajando en Calibán y la Bruja y en varios movimientos sociales, y cuando fui en los años 80 —pasé bastante tiempo en Nigeria— fue fundamental,  fue el lugar donde pude ver la actuación de la nueva forma de globalización, de esta nueva fase neoliberal del capitalismo. Ya en los años 70 había una fase de preparación. Empieza con la crisis, el proceso que yo llamo de la contrarrevolución. Para mí la globalización es una contrarrevolución. Una contrarrevolución contra la lucha anticolonial, la de los trabajadores industriales, contra el ciclo de lucha de los años 60 y 70. El capitalismo ha necesitado cambiar todo para poder seguir explotando.

La segunda mitad de los años 70, del embargo al petróleo, la subida de los precios, es un periodo de experimentación. Es en los años 80 que se empieza a ver la nueva forma y esta comienza —tiene su base material— con el ajuste estructural, con la recolonización del tercer mundo. Cuando ves todos los elementos que componen el programa de ajuste estructural ves que es un programa de recolonización. Esto me ha dado una comprensión general de lo que pasaba. Derrotar las luchas del tercer mundo en África y en América Latina, recolonizar, restaurar la relación de dependencia, fue importante también para derrotar la lucha en Europa y los Estados Unidos. Creo que esto nunca se ha comprendido. Si se pudiese comprender, hoy no podría existir este racismo entre los trabajadores europeos o estadounidenses hacia los inmigrantes. No se comprende que estos migrantes son el producto de la política de la Comunidad Europea, el producto del FMI, del Banco Mundial, de la privatización de las compañías petroleras. A partir de la derrota del las luchas anticoloniales, el capitalismo pudo también desmantelar la Fiat, Detroit, se trasladó la gran industria más allá de la frontera. Desmantelar las luchas anticoloniales ha sido el primer paso para construir el desmantelamiento de la forma organizativa de la lucha. Para mí fue un momento fundamental que ha conformado en gran parte mi mirada política.

EL DEBATE SOBRE LA RENTA BÁSICA

Hablando de cuidados, un elemento crucial de tu trayectoria es la campaña por el salario doméstico en los setenta. Esta propuesta fue enfrentada por una parte del feminismo, que apuntaba a que remunerar los cuidados haría que se afianzase la especialización de las mujeres en el trabajo doméstico. ¿Un renta básica no permitiría el acceso a recursos sin necesidad de una especialización en el trabajo de cuidados?

Cuando se habla la renta básica es muy importante decir de qué vamos a hablar. No puedo decir que soy contraria a la renta básica, no se puede ser contraria a la renta básica porque no soy contraria a ningún proyecto político que implique la redistribución de la riqueza social a favor de quienes no tienen. Primero hay que aclarar esto. Tengo preocupaciones porque renta básica se puede interpretar de muchísimas maneras. Si piensas que el primero que ha propuesto la renta básica fue Milton Friedman… la Renta Básica se puede interpretar de una forma completamente neoliberal. Friedman proponía la Renta Básica para librar al Estado de cualquier responsabilidad frente a la reproducción social. Mandamos a los pobres un cheque mensual y al final podemos recortar de todas partes. También hay una versión de la renta básica que dice, si la damos como un derecho de ciudadanía que significa que los migrantes, las mujeres que no tienen ciudadanía, quedan fuera. Me parece que también este es un modelo a rechazar. Para mí el debate es sobre renta básica frente al trabajo. Lo que me preocupa es que la renta básica olvida completamente el trabajo que las mujeres ya están haciendo.

¿En qué sentido olvidaría el trabajo doméstico?

Quiero explicar aquí mi preocupación porque creo que es muy importante: tenemos ya una historia, un ejemplo. En Estados Unidos, hay que ver cómo el estado ha sido capaz de dividir a los trabajadores con respecto a las ayudas. Las madres solteras desempleadas cobraban una ayuda del estado, esto les permitía criar a sus hijos sin inmediatamente ponerse a buscar un trabajo. Estas mujeres fueron acusadas de ser parásitos, vivir a costa de los trabajadores. Nosotras, en la campaña por el salario doméstico, siempre hemos apoyado a estas mujeres que recibían ayudas sociales. Se decía: every mother is a worker.Lo que me preocupa de muchas versiones de la renta básica, es que dice que es independiente del trabajo. Pero para mí, políticamente, no lo es. A nivel de organización, ¿cómo podría organizarse de manera que no permita al estado manipularnos, dividirnos: estos son los que reciben ayudas mientras tú trabajas todo el día. Por otro lado, si la renta básica es una cuestión de reproducción y trabajo, nos ha costado muchos años establecer que la reproducción social en realidad es trabajo y los beneficiarios finales son los empleadores. Me preocupa que esto se vuelva a invisibilizar con una renta básica.

También me intriga mucho: hace muchos años que cuando vengo sobretodo a Europa escucho hablar de la Renta Básica. Pero dónde está la gran organización que vendrá a reclamarla, porque yo no la veo, oigo sobre el programa, pero no veo un proceso organizativo. Hoy en Italia el gobierno Salvini ha implementado la renta básica. Mi sobrina, que tiene un trabajo precario y mal pagado, está investigando si puede acceder, es realmente difícil. Entonces ¿de qué hablamos?

Me disculpo por no haber especificado que hablaba de la Renta Básica Universal e Incondicional. Justamente, uno de los argumentos para defenderla, es que con una renta de estas características no pasaría lo que le está pasando a tu sobrina. No hay que cumplir un montón de condiciones como se exigen en Italia. Además es universal, por lo que no puede entenderse como un subsidio para quienes no trabajan creando esa división que mencionabas antes, pues las personas que trabajan también lo reciben.

Mientras no corte los servicios sociales… Porque si hay una renta básica que se persiga al coste de perder la sanidad, todas las formas de apoyo, entonces qué renta básica necesitas, una muy muy alta…

Sí, se trata solo de una herramienta que formaría parte de un marco de políticas sociales mucho más amplio. Por sí sola, como medida, no alcanza, claro.

Entonces, en principio es una gran idea, pero organizativamente ¿se puede hoy? ¿Tú la ves hoy? Como tú la entiendes se da también a gente que tiene un trabajo asalariado. ¿Piensas que hoy es posible?, ¿hay organizativamente la posibilidad de llevar adelante un proyecto así?.

Hay teóricos, economistas, proyecciones que demuestran cómo financiarlo, pero sí, creo que falta un sujeto político que la exija, que esté en condiciones de ganar esa batalla.

Para conseguir algo así necesitas poder. Ahora no somos ni tan siquiera capaces de conservar lo que tenemos, estamos siempre enfrentando continuos nuevos recortes. En los Estados Unidos casi cada día están recortando un programa esencial, ecológico, económico. Y desafortunadamente no hay la fuerza social y política, por eso que esa renta básica como me la explicas está muy bien, pero organizativamente no veo cómo hoy se pueda reclamar. Podemos decir que queremos la revolución, y es que queremos la revolución. Por ejemplo, podemos pedir también el alquiler gratis. Esa era una de nuestras demandas: para la mujer que hace trabajo reproductivo la casa es su fábrica. Entonces, porque debería pagar una renta por su fábrica. Nunca se ha tenido la fuerza política organizativa de imponer esta demanda. Entonces, me gustaría ver cómo se está organizando la lucha por una renta básica, porque yo no veo la organización que está promoviendo esto.

Puede ser que se esté abordando más desde lo discursivo, por parte de personas especializadas, en encuentros y conferencias. Yo creo que supondría una redistribución tan radical de la riqueza, un tal cambio de paradigma, que es imposible imponerla “convenciendo” si no se tiene el poder para forzarla. Y ahora mismo no hay un sujeto político que esté dando esa lucha.

A mí me parece que el paso hacia adelante se va haciendo con programas que directamente van a eliminar la jerarquía, las divisiones. Este tipo de programa ya presume una unificación que no existe, el problema es cómo vamos a crear un sujeto unificado, un interés común, porque hoy no lo hay.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-trabajo-reproductivo-gestacion-subrogada-caza-de-brujas-renta-basica

El mundo fantástico de la Larga Depresión

Por Michael Roberts

La semana pasada, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos decidió dejar de subir su tasa de interés política durante 2019. La Fed comenzó a subir los tipos de interés desde cerca de cero a finales de 2016 con el argumento de que la Larga Depresión (en el crecimiento económico, la inversión y el empleo en los EE.UU. y en otras economías importantes) había terminado. A medida que las economías alcanzan el pleno empleo y utilizan el exceso de capacidad industrial, los salarios deberían aumentar y la inflación se aceleraría, por lo que sería necesario frenar cualquier ‘recalentamiento’ con mayores tasas de interés para frenar el endeudamiento y el gasto. Esta política de ‘normalización’, como se la llama, se justificaría después de los recortes de impuestos que Trump aplicó a finales de 2017. Estas medidas dieron lugar a un fuerte aumento de los beneficios después de impuestos para las empresas estadounidenses y una aparente recuperación en EE.UU. del crecimiento real del PIB, alcanzando una tasa interanual del 3% al final de 2018. Todo parecía ir bien.

Sin embargo, como sostuve en la primavera de 2018, la economía mundial había alcanzado en realidad su punto máximo. Y ahora, casi un año más tarde, los pronósticos de una continua ‘recuperación’ se han invertido. Hace un año, la Fed había elevado su previsión de crecimiento del PIB real para el conjunto de 2018 hasta el 2,7% y el 2,4% para 2019. Pero en su reunión de marzo de 2019, ha reducido su pronóstico para 2019 hasta el 2,1% y solo el 1,9% para el año 2020, reduciéndola de nuevo a sólo un 1,8% para 2021 – muy por debajo del 3% permanente del que se ha jactado Trump gracias a sus medidas fiscales.

Por el contrario, ahora la Fed frena sus aumentos de la tasa de interés y pone fin a su política de ajuste monetario reduciendo su enorme acumulación de bonos del gobierno, resultado de su programa de ‘relajación cuantitativa’, lanzado en la Gran Recesión para salvar a los bancos y proporcionar dinero barato para la inversión.

¿Que esta pasando?  Siempre se corre el riesgo cuando se suben los tipos de interés cuando el crecimiento económico y la inversión son débiles que provoquen un colapso del mercado de valores y una nueva depresión económica. Pero siendo probable que el crecimiento económico estadounidense en el actual trimestre a finales de marzo no supere una tasa anual del 1,5% y que la zona euro, el Reino Unido y Japón se deslicen de nuevo hacia una franca recesión, la Fed ha tenido miedo y ha congelado su política de normalización. La Larga Depresión no ha terminado después de todo.

La diferencia más sorprendente, sin embargo, entre la Larga Depresión y la Gran Depresión de la década de 1930 es que en la última década en las principales economías la tasa oficial de desempleo ha caído de nuevo a mínimos históricos (en los EEUU, Reino Unido, Japón) .

Y sin embargo, la inflación no se ha disparado. El equilibrio entre una tasa de desempleo baja y una inflación alta (como muestra la llamada curva de Phillips) , es una predicción típica de la teoría de la demanda agregada keynesiana. Pero no se ha materializado. La curva de Phillips (la relación entre la tasa de desempleo y la tasa de inflación) es casi plana en la mayoría de las economías capitalistas: no hay equilibrio.

Esto confunde a la teoría económica convencional y las políticas de los bancos centrales, como he descrito en mi anterior artículo “No me parece que hayamos logrado de manera convincente nuestro mandato de un 2% de manera simétrica,” dijo el presidente de la Fed, Jay Powell. “La presión a la baja sobre la inflación es uno de los grandes retos de nuestro tiempo”.

Lo que parece haber sucedido es que, a raíz de la Gran Recesión, en un entorno de baja rentabilidad del capital en la mayoría de las grandes economías, las empresas han optado por contratar más fuerza de trabajo que invertir. Los nuevos trabajadores están siendo empleados en ocupaciones con salarios bajos, y / o con contratos temporales y a tiempo parcial. 

Por ejemplo, un 17% de los trabajadores estadounidenses esta únicamente empleado a tiempo parcial, un tercio más que en la década de 1960. La tasa oficial de desempleo de Estados Unidos podría ser baja, pero porque muchos estadounidenses en edad de trabajar han salido del mercado de trabajo: para estudiar, trabajar de manera informal o simplemente vivir en casa con la familia.

Y ha habido un aumento en el empleo por cuenta propia – en la llamada ‘economía digital’. Así, mientras que los trabajadores cualificados (que escasean) han comenzado a obtener aumentos de salarios, la mayor parte de la fuerza laboral no directiva en los EEUU, el Reino Unido, Japón y Europa, han sufrido períodos significativos de disminución de sus ingresos reales. Mientras que la tasa de crecimiento medio del PIB real por persona en los EEUU fue del 1,5% desde el año 2009, el promedio de los ingresos reales por hora para la mayoría de los trabajadores de Estados Unidos han aumentado sólo un 0,8% al año.

Por lo tanto no ha habido una inflación ‘impulsada por los salarios’ y los ingresos medios reales se han estancado. El sector capitalista no ha aumentado la inversión en nuevas máquinas, instalaciones o tecnología que sustituya mano de obra o aumente la productividad de la mano de obra existente. Mientras que en la Gran Depresión de la década de 1930, el desempleo se mantuvo alto hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, mientras que la productividad aumentó considerablemente; lo contrario que en este Larga Depresión.

La última estimación de la inversión de capital global llevada a cabo por los economistas de JP Morgan sugiere que las órdenes de inversión están cayendo y las importaciones de bienes de capital han pasado a ser negativas.

Por el contrario, el mercado de valores de Estados Unidos se dirige a nuevos máximos. Ahora estamos en un mundo económico donde parece que hay una especie de ‘pleno empleo’, pero con estancamiento de los salarios reales (para la mayoría), bajas tasas de interés e inflación y, sobre todo, una inversión productiva baja. Mientras tanto, la deuda corporativa está aumentando rápidamente a nivel mundial con la emisión de obligaciones de las principales compañías a bajas tasas de interés con el fin de volver a comprar sus propias acciones y así aumentar el precio de sus acciones y continuar la fiesta.

La Larga Depresión se ha convertido en un mundo fantástico en el que suben los precios financieros de activos, baja la inversión y se reduce el crecimiento de la productividad, en el que casi todo el mundo puede conseguir un trabajo (trabajo a tiempo parcial, temporal o por cuenta propia), pero no ganar para vivir.

es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2019/03/22/the-fantasy-world-of-the-long-depression/

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

Prosur: un proceso sin chicha ni limoná

Por Decio Machado / Universidad Nómada del Sur

El pasado 22 de marzo los mandatarios de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú, además del embajador de Guayana en Chile, firmaron la llamada “Declaración de Santiago”. Mediante este documento los Estados implicados declaran su voluntad de revitalizar y fortalecer la integración de América del Sur a través del llamado Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur).

Esta nueva iniciativa nace de los presidentes Iván Duque y Sebastián Piñera, y se plantea como reemplazo de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), al que se le cuestiona bajo el planteamiento de ser concebido bajo parámetros ideológicos.

Crisis de la UNASUR

Para buscar los orígenes de la crisis de la UNASUR hay que remontarse al periodo en el cual la caída de los precios de los commodities en el mercado global comenzó a afectar a las economías suramericanas. Entre el año 2014 y 2015 los Consejos Ministeriales y Sectoriales del UNASUR  -espacios temáticos de discusión y articulación de consensos- comenzaron a paralizarse, vaciándose de contenidos este espacio de integración regional. 

El discurso de la soberanía nacional y la conformación de la Patria Grande encontró su contradicción en las políticas hiperextractivistas auspiciadas por el progresismo latinoamericano, lo que hizo que se incrementará la dependencia de estos países respecto al mercado capitalista mundial. Terminado el boom de los commotidies y por lo tanto el excedente económico, ningún gobierno progresista continuó apostado por la integración regional.

En este sentido, la parálisis de UNASUR deviene de antes del fin del ciclo progresista en el subcontinente, si bien es un hecho que el cambio de clima político que ha sufrido la región ha terminado de apuntillar esta iniciativa. En abril del 2018, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú decidían suspender su participación en este organismo por tiempo indefinido, justificando su decisión con base a la falta de “resultados concretos que garanticen el funcionamiento adecuado de la organización” tras haber transcurrido 270 días sin acuerdo respecto al nombramiento de un nuevo secretario general que reemplazara a Ernesto Samper. Cuatro meses después Colombia anunciaría su salida definitiva y en marzo del presente año Ecuador haría lo mismo. 

De esta manera, atrás iban quedando un conjunto iniciativas inconclusas y declaraciones de intenciones sin aplicación auspiciadas a lo interno de esta iniciativa regional, tales como el Banco del Sur, el Sistema Unitario de Compensación Regional, la posibilidad de montar una Corte Penal regional para luchar contra los delitos transnacionales, así como medidas destinadas a erradicar la pobreza o acuerdos para la adquisición interregional de fármacos genéricos con el fin de negociar en bloque un buen precio.

En paralelo y desde una lógica antagónica, los países con gobiernos no progresistas de la región -Chile, Colombia, y Perú- más México, lanzaban en 2011 la iniciativa Alianza del Pacífico con el propósito de generar un nuevo espacio de integración, en este caso con enfoque meramente comercial y con claro perfil liberal. Esta iniciativa no era menor, pues los pocos países inicialmente involucrados sumaban el 40% del PIB de América Latina. En la actualidad se hayan en proceso de incorporación a este espacio países latinoamericanos como Costa Rica, Ecuador, Guatemala y Panamá.

Un Prosur cuestionado desde la misma derecha

El nacimiento de Prosur es forzado y no responde a un proceso diplomático entre los países de la región sino más bien a coyunturas políticas internas de sus auspiciadores. Tanto Duque como Piñera sufrían fuertes caídas de popularidad en sus respectivos países durante la primera quincena de enero, momento en el cual posicionaron públicamente esta iniciativa.

Según el presidente Iván Duque, Prosur “no tiene ningún tipo de raíz política, institucional, ni económica”, tratándose simplemente de una “fuerza de coordinación”. Pese a la declaración anterior, este espacio nace excluyendo desde su origen a un país como la República Bolivariana de Venezuela, al que se le vetó la posibilidad de formar parte de esta iniciativa. Sería el ex presidente Juan Manuel Santos quien, pocos días después de la fundación de Prosur, pondría en cuestión la falacia oficial respecto a la carencia de criterio ideológico al interior de este nuevo espacio suramericano: “”Me parece que Prosur, o esto que están creando, es lo mismo, Unasur al otro lado… entonces si fracasó uno va a fracasar el otro… lo importante es tener un proceso de integración en América Latina que sea efectivo”. En todo caso, el formato con el que nace Prosur implicaría más su existencia como un foro de alto nivel -espacio para el debate de mandatarios suramericanos de países con gobiernos de perfil conservador- que una organización multilateral cuyo objetivo esté anclado a la integración regional. 

El cuestionamiento a Prosur no solo llega de los espacios ideológicamente más anclados a la izquierda convencional hoy en crisis, quienes definen a este invento como un espacio de desintegración regional al servicio de los espurios intereses norteamericanos, recurrido discurso de quienes tienen poco o nada que decir… Son los propios voceros de sectores empresariales suramericanos, que indudablemente comparten con los gobiernos fundadores de Prosur su ideología conservadora e incluso ultraconservadora, quienes expresaron su cuestionamiento a la nueva iniciativa con las siguientes palabras: “una mala idea para reemplazar otra mala idea”. Por poner tan solo un ejemplo, diversos sectores gremiales del capital chileno expresaron durante la cumbre fundacional de Prosur, en Santiago de Chile, sus críticas a este proceso manifestando que este nuevo organismo podría terminar opacando la “exitosa” iniciativa de integración comercial impulsada por el mismo Sebastián Piñera en su primer gobierno, en referencia a la Alianza del Pacífico.

En definitiva, si en algo aciertan los lobbies empresariales es en considerar que no es necesario tener dos instancias que avanzan, en esencia, para el mismo objetivo… es decir, la defensa de sus intereses corporativos.

En definitiva y más allá de posiciones ideológicas, la construcción de bloques regionales es una respuesta de la que se dotaron los Estados -más allá del ideario político con el que comulguen sus coyunturales gobiernos- en diferentes espacios geográficos del planeta para hacerle frente a la globalización. En este sentido, la falta de institucionalidad que se vive en los países de la región deriva en que en lugar de intentar subsanar iniciativas de integración regional en mal estado de salud, nuestros gobiernos hayan ido impulsando diferentes proyectos que opacaron y dificultan el accionar de los anteriores. Así hemos asistido a la conformación de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAG) y ahora Prosur… Cabría indicar que sin duda América Latina debe tener el récord mundial de iniciativas de integración regional fallidas y que la nueva apuesta auspiciada por los gobiernos conservadores de la región no tendrá como destino un final diferentes a las anteriores.

Estados mafiosos y poder político

Por Raúl Zibechi

Ante nuestros ojos   podemos observar cómo los Estados-nación se van deslizando hacia instituciones controladas por grupos paramilitares, mafias policiales y narcotraficantes. Lo que antes parecía una excepción, acotada a situaciones casi extremas, ahora se está convirtiendo en norma, a medida que el Estado ya no es aquella institución capaz de controlar territorios y asegurar el monopolio de la violencia legítima, como sostuvo Max Weber.

La crisis de los estados va de la mano con el crecimiento de grupos que ocupan los espacios que en otros tiempos fueron controlados por aquellas instituciones. El sociólogo brasileño José Claudio Alves, especialista en las periferias urbanas, asegura que las milicias de Río de Janeiro controlan la adjudicación de las áreas donde los migrantes del nordeste pueden comprar terrenos y construir sus viviendas, gracias a informaciones privilegiadas obtenidas dentro del Estado (goo.gl/KSQY5G).

Me impresiona mucho el poder que tienen estos grupos y la fragilidad de la justicia frente a ese poder, sostiene Alves. Está haciendo referencia a un poder territorial que tiene su propio brazo político, anclado en las bancadas de la ultraderecha y partidos con una lógica fundamentalista religiosa, en el caso de Brasil. Como sucedió con Marielle Franco, concejala negra y lesbiana asesinada hace un año, se asiste a un aumento de las ejecuciones sumarias ante la nula respuesta estatal.

No se están registrando ni homicidios ni desapariciones, por lo menos en Río, porque el miedo es más poderoso que la voluntad de denunciar. Estamos ante la pérdida de derechos y la situación va empeorando, en toda la región latinoamericana. Cinco décadas de grupos de exterminio han elevado hasta 75 por ciento la votación para Bolsonaro y la extrema derecha en la Baixada Fluminense, la región carioca más violenta del estado, según Alves. La violencia actual fue construida durante la dictadura y profundizada en democracia.

Las milicias van cambiando. Ahora detectan dónde se está moviendo el capital (grandes obras de infraestructura, como parte del modelo extractivo), y controlan de forma violenta el acceso al empleo que esas obras generan, de modo que cobran impuestos a las personas que quieren trabajar en las empresas, ya sean privadas o estatales. Los empleados deben entregar parte de sus salarios a los paramilitares.

Esto lo he visto en Medellín, en Río de Janeiro y cada vez en más ciudades de América Latina, ya sea bajo gobiernos conservadores o progresistas, porque estamos ante una mutación estructural de esa relación que llamamos Estado. Otra novedad es la milicia marítima, sigue Alves. Aborda a los pescadores en el mar, les pide licencia de pesca y exige dinero para que sigan haciendo su trabajo de sobrevivencia. Controlan incluso el acceso a los servicios médicos de los hospitales de Río, cobrando tasas y negando el ingreso a quien no paga.

Conclusión: La relación de las milicias con el Estado es determinante para que se transformaran en una estructura de poder absoluta, amplia, autoritaria, potente y creciente en Río de Janeiro. Actúan de forma legal, con acceso a informaciones económicas que consiguen del Estado mediante aliados; pero también ilegal: asesinan, torturan y desaparecen. Salimos de la dictadura oficial, para la dictadura de los grupos de exterminio y las milicias, apunta Alves, para quien nunca existió un fin de la dictadura.

Ante esta deriva creo que podemos hacer dos reflexiones.

La primera es que la crisis de los estados es el aspecto determinante que lleva a la creación de poderes como las milicias, paraestatales que no antiestatales. Este es el cambio estructural en relación con las instituciones; algo que he visto días atrás en Barcelona, donde el poder municipal no pudo detener la represión policial a los inmigrantes. Este poder creció incluso bajo Lula o los Kirchner, no por culpa de ellos sino porque estamos ante un proceso global, irreversible por ahora.

La segunda se relaciona con nuestras estrategias. Incrustarse en el Estado, ocupar el Estado o tomarlo, o como se llame a ese proceso consistente en ganar elecciones y administrar lo existente, tenía sentido cuando los Estados-nación encarnaban una configuración mínimamente democrática. Ahora puede ser muy peligrosa, porque nos paraliza ante enemigos que desbordan cualquier control institucional y nos hace cómplices de sus desmanes.

El historiador Emilio Gentile señala que la novedad de la ultraderecha actual consiste en el peligro de que la democracia se convierta en una forma de represión con consentimiento popular (goo.gl/5v37eS). Una fachada electoral que encubre la falta de democracia es un mal asunto porque nos entretiene mientras desarma los poderes propios, que son los únicos que nos pueden permitir enfrentar y superar esta fase del capitalismo extractivo que depreda los bienes comunes, desarticula los estados-nación y arremete contra los pueblos del color de la tierra.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2019/03/29/opinion/018a1pol