El ocaso del sueño (norte)americano

El trumpismo emergió como respuesta reaccionaria a la impactante presencia callejera de jóvenes y sindicalistas y ha logrado hasta ahora neutralizar el protagonismo de esos sectores

Por Claudio Katz

Trump comenzó su gestión con un frenético ritmo de medidas reaccionarias para apuntalar un proyecto autoritario. Pretende estrangular las conquistas democráticas, criminalizar las protestas populares y someter a los opositores.

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Fabienne Brugère: “El desamor tiene un poder liberador”

La pensadora francesa analiza el valor que puede tener una ruptura y define el presente como una era del miedo

Por Berna González Harbour

La filósofa francesa Fabienne Brugère, especialista en Estética y Filosofía del arte y en teoría feminista, sufrió una ruptura tan brutal que decidió aplicar su capacidad de investigar al desamor. Profesora en universidades de varios países y Caballero de la Legión de Honor (¡!), esta mujer nacida en Nevers en 1964 pasó por Madrid para hablar del miedo dentro del Foro de la Cultura celebrado en Valladolid y la Fundación Telefónica.

Pregunta. Su último libro en Francia es Desamor. Manual de un retorno a la vida. ¿Por qué?

Respuesta. Siempre he pensado que la filosofía se hace en función de la propia experiencia, en un eco del existencialismo de Beauvoir y Sartre. Y al conocer en carne propia una ruptura amorosa me di cuenta que no había nada en filosofía que hablara del desamor. Hay mucho sobre el amor eterno, el amor pasional, el amor de Dios, pero el fin del amor es un problema filosófico que ha interesado poco a los filósofos. Por eso he querido hacer de ello un concepto filosófico. Y tomé el verbo desamar porque es un proceso, un accidente de vida que puede conducir a amar de nuevo y amar de otra manera.

P. ¿Qué debemos saber sobre el desamor?

R. Desamar no es un fracaso, es una prueba de vida, un accidente ante el que hay que reaccionar. Puede llevarnos a una reflexión sobre nosotros mismos. A pesar del dolor, desamar es la posibilidad de examinar la vida y ver cómo me conduce a amar mejor.

P. ¿Tiene un poder liberador?

R. Exactamente eso, un poder liberador. La idea es que la ruptura, si la atravesamos, puede ser una fuente de emancipación, enseñarnos a amar de una forma menos prisionera de los estereotipos, más libremente, menos conservadora, no solamente considerando la necesidad de hacer familia, pareja y todo lo que la sociedad nos obliga en torno del amor.

P. ¿Qué significa “atravesar”? Es fácil de decir.

R. Evaluar y tomar conciencia de lo vivido es el primer paso del proceso. Lo segundo es el ejercicio de expresar las pasiones de cólera, odio, soledad o tristeza. Y después hay que llegar a vaciar el lugar, mudarse, reubicarse para poder llegar a otro sitio. Se trata de descomponer el amor que ya no está y así entenderlo. Eso me puede llevar a recomponer la vida si contamos con ayuda.

P. ¿Usted lo consiguió?

R. No sé si hablaría en términos de conseguirlo. Pero he hecho un camino que hoy en día muchos están obligados a hacer porque las historias amorosas son cada vez más complicadas, cada vez menos identificables con un único camino y esta experiencia la atravesamos todos antes o después.

P. ¿Es necesario el perdón?

R. No es imprescindible. Para ello es necesaria la ética, el respeto y si esto no se asume no merecemos el perdón. Yo soy escéptica sobre el perdón porque, para que exista, debe haber reparación, que la persona sea capaz de decir que lo ha hecho mal. No se puede perdonar en cualquier condición.

Fabienne Brugère, en el Espacio Fundación Telefónica en Madrid.
Fabienne Brugère, en el Espacio Fundación Telefónica en Madrid.Pablo Monge

P. Hemos visto en Francia numerosos casos de abusos en la clase intelectual. ¿Hay un problema sexual con esa permisividad del abuso?

R. Hoy hay grandes cambios en Francia, pero después del Mayo del 68 hubo un contexto en el que la liberación sexual coexistía con una falta de reconocimiento del individuo, de los menores, de las mujeres, especialmente en los medios literarios. Hubo incapacidad de ver las formas de dominación y una suerte de ilusión que lo identificaba como deseo. Y no era deseo, era abuso sexual por parte de gente poderosa y protegida. Y eso nadie ha querido verlo hasta que la ola mundial del #MeToo ha repercutido fuertemente.

P. Usted se ha posicionado de forma muy crítica contra Polanski. ¿Defiende su cancelación o, más actualmente, la de Karla Sofía Gascón, la protagonista de la película Emilia Pérez por sus tuits?

R. Hay que diferenciar la obra y la persona. El problema de Francia es que durante mucho tiempo se consideraba que solo la obra contaba y el creador podía portarse mal. Yo creo que la obra cuenta, pero que un artista es un humano ordinario, no un genio por encima de la ley. Lo que rechazo es que Polanski haya contado con mucha financiación pública y esta sí debería considerar no solo la obra sino también al cineasta y su comportamiento. Sobre Gascón, no es el mismo nivel, son unas declaraciones de hace años. Lo importantes es que ella pida excusas y que haya reparación por su parte.

P. Viene a Madrid a hablar de miedo. ¿Hay más miedo hoy?

R. Sí, hoy vivimos una era de miedo en Europa porque estamos cada vez más individualizados. Estamos en sociedades más individualistas en que la responsabilidad es cada vez más individual y por ello las personas tienen miedo a tanta responsabilidad: de conseguir dinero para vivir, de estar bien, de tener relaciones amorosas… Cuanto más individualizada está esa responsabilidad, más miedo provoca. Y esto está ligado también al neoliberalismo. Cada uno debe llegar por sí mismo a todo y así nace una culpabilidad por todo lo que no conseguimos. Es un régimen de miedo. El libro Expulsiones de Saskia Sassen define el capitalismo a partir de esas expulsiones: cada vez hay más individuos expulsados de la posibilidad de una vivienda, expulsados por la precariedad, expulsados a residencias por la edad; y también por la explotación del suelo, de las aguas… hay una cadena de expulsiones que genera individuos fuera del capitalismo y el miedo a quedar fuera. Y, además, hoy estamos al borde de la guerra. No es un periodo muy alentador.

Los avances tecnológicos chinos y el control por las “tierras raras” explica la preocupación de Trump por poner fin al conflicto en Ucrania

Quiero tener seguridad de tener las tierras raras”, dijo Trump a los periodistas a principios de febrero…

VIJAY PRASHAD / HISTORIADOR INDIO*

En su primer mes de regreso en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, indicó su interés en anexar Groenlandia y negociar un acuerdo de paz para Ucrania que incluiría el acceso a los minerales y metales ucranianos.

Es importante señalar que Groenlandia ya ha sido un punto de discordia en torno a sus vastas reservas de minerales de tierras raras, con nombres tan notables como disprosio, neodimio, escandio e itrio (hay diecisiete minerales de tierras raras que son fundamentales para cualquier tecnología avanzada).

Dado que Groenlandia forma parte de Dinamarca, está sujeta a las normas de la Unión Europea. En 2011, la UE publicó una lista de materias primas críticas, que incluía estos minerales de tierras raras. Luego, en 2023, la UE aprobó la Ley de Materias Primas Críticas, que instaba a la producción nacional de estos minerales y metales críticos y a su importación al continente.

Ucrania, por su parte, posee un enorme tesoro de tierras raras (desde apatita hasta circonio), así como reservas de litio y titanio. Trump exigió a Ucrania al menos 500.000 millones de dólares de estas reservas como pago por el apoyo de Estados Unidos en la guerra. “Quiero tener seguridad de tener las tierras raras”, dijo Trump a los periodistas a principios de febrero, sonando como un personaje de El Señor de los Anillos .

En la actualidad, tanto Estados Unidos como Europa importan casi todos estos metales raros cruciales de China. A fines de diciembre de 2024, en represalia por el endurecimiento de las sanciones y los aranceles de Estados Unidos al sector tecnológico chino, el gobierno chino prohibió la exportación de antimonio, galio y germanio, así como de materiales superduros (materia con una dureza superior a 40 gigapascales o GPa) a Estados Unidos.

Durante la administración del expresidente Joe Biden, Estados Unidos intentó frenar el desarrollo de China en materia de inteligencia artificial y equipos para la fabricación de chips restringiendo la exportación de chips de memoria de gran ancho de banda (HBM) a China. La capacidad de China para reducir la cadena de suministro ha creado una crisis en Occidente, que es precisamente la razón por la que Trump hizo sus comentarios sobre el tesoro de tierras raras de Groenlandia y Ucrania.

Desde el punto de vista de la seguridad nacional, tiene todo el sentido buscar un alto el fuego en Ucrania. Estados Unidos no gana nada con esta guerra, que se ha convertido en una cuestión de prestigio para las élites europeas. Si Trump logra restablecer las relaciones con Rusia, podría utilizarlo para obtener derechos sobre minerales y metales en Ucrania, así como para exigir el control sobre los recursos de Groenlandia (en lugar de una anexión directa).

Pero más que nada, si Estados Unidos logra reactivar las relaciones con Rusia, buscará debilitar la alianza del país con China.

Esta es la estrategia del “Kissinger inverso” : bajo la presidencia de Richard Nixon, el asesor de seguridad nacional Henry Kissinger adoptó a fines de los años 1960 una estrategia para hacerse amigo de China con el fin de aislar a la Unión Soviética, mientras que la estrategia del “Kissinger inverso” de Trump busca aislar a China rompiendo sus vínculos con Rusia.

El 4 de febrero de 2022, China y Rusia firmaron un acuerdo de amistad “sin límites”; veinte días después, las tropas rusas invadieron Ucrania y, a pesar de las dudas sobre este hecho, China apoyó a los rusos durante toda la guerra. Por lo tanto, es poco probable que Rusia acepte una estrategia de Kissinger al revés, aunque hay sectores de la élite rusa que están ansiosos por un acercamiento a Occidente.

Estados Unidos no pierde nada si impone un alto el fuego en Ucrania. Rusia no es una amenaza importante para el control estadounidense sobre la economía mundial. Es simplemente un exportador de materias primas, concretamente de petróleo, gas natural y otros minerales y metales. Estados Unidos sabe que Rusia no lo atacará con su arsenal nuclear porque eso sería suicida, y sabe que Rusia simplemente quiere una garantía de seguridad de que sus ciudades no se vean amenazadas por armas nucleares intermedias en poder de los estados vecinos.

Sin embargo, Estados Unidos considera a China como una seria amenaza existencial. En las semanas transcurridas desde que Trump comenzó a anunciar sus aranceles y posibles anexiones, una pequeña empresa china presentó una plataforma de aprendizaje automático de código abierto llamada DeepSeek que supera significativamente a ChatGPT, con sede en Estados Unidos, en varios aspectos, incluidas las tareas técnicas y matemáticas. [ Lo que dice DeepSeek sobre el papel de Nuland en la guerra de Ucrania ]

Al mismo tiempo, durante la inminente prohibición de la plataforma de redes sociales TikTok, los usuarios estadounidenses la abandonaron no por un reemplazo occidental sino por Xiaohongshu (o Red Note) de China .

Finalmente, el dispositivo de fusión nuclear chino Experimental Advanced Superconducting Tokamak (EAST), escribió Physics World , “produjo un plasma de alto confinamiento en estado estable durante 1.066 segundos, rompiendo el récord anterior de EAST de 2023 de 403 segundos”.

Este último desarrollo supone un avance hacia el potencial de una planta de energía de fusión, una promesa de energía limpia casi ilimitada y sin residuos radiactivos significativos.

Estos avances no son accidentales, sino consecuencia de una planificación a largo plazo del gobierno chino, encabezado por el Partido Comunista. Desde la era de reformas de 1978, China ha sido cautelosa a la hora de permitir la entrada de capitales e industrias extranjeras al país sin que ello suponga un beneficio para la economía china.

Ese beneficio vino en forma de transferencia de tecnología y ciencia a cambio de acceso al mercado, un acuerdo que las empresas del Norte Global, ávidas de una fuerza laboral de alta calidad y salarios bajos, aceptaron.

El gobierno chino financió sus sistemas de educación superior, ofreció incentivos a la innovación privada y utilizó el excedente de las exportaciones para construir infraestructura. Los avances planificados permitieron al sector industrial de China mejorar sus fuerzas productivas y no depender meramente de la producción intensiva en mano de obra o de la producción que utiliza tecnologías antiguas.

Cuando el presidente Xi Jinping utilizó el término “nuevas fuerzas productivas de calidad” durante una visita a la provincia de Heilongjiang en septiembre de 2023, esta idea ya se había manifestado en las nuevas fábricas de toda China (es decir, fábricas “oscuras” o totalmente automatizadas).

En marzo de 2024, en la reunión de dos sesiones, la frase “nuevas fuerzas productivas de calidad” entró en el informe sobre la labor del gobierno . El tercer pleno de julio de 2024 profundizó el concepto centrándose en la promoción de “avances tecnológicos revolucionarios, asignación innovadora de fuerzas productivas y transformación industrial en profundidad y modernización de las industrias”.

El Instituto Australiano de Política Estratégica , creado por el gobierno australiano en 2001 y financiado en parte por el ejército australiano, ha desarrollado un sistema de seguimiento de tecnologías críticas que lleva un registro detallado de sesenta y cuatro tecnologías críticas. Su último informe , de agosto de 2024, ofrece una evaluación de veintiún años de los países que lideran el desarrollo de tecnologías críticas.

Entre 2003 y 2007, Estados Unidos fue líder en sesenta de sesenta y cuatro tecnologías, mientras que China lo fue en solo tres de ellas. Sin embargo, entre 2019 y 2023, Estados Unidos fue líder en solo siete de las sesenta y cuatro tecnologías, mientras que China lo fue en cincuenta y siete de las sesenta y cuatro.

China es líder en áreas tan diversas como el diseño y fabricación de circuitos integrados avanzados (fabricación de chips semiconductores), sensores gravitacionales, computación de alto rendimiento, sensores cuánticos y tecnología de lanzamiento espacial.

Estados Unidos es líder en relojes atómicos, ingeniería genética, medicina nuclear y radioterapia, computación cuántica, satélites pequeños, vacunas y contramedidas médicas. El informe señala que “las enormes inversiones y décadas de planificación estratégica de China están dando sus frutos”.

El compromiso con la innovación se ha extendido por toda la sociedad china. En la Nueva Área de Lingang, en Shanghái, el gobierno local ha articulado políticas para crear una zona industrial con capacidad informática de alto nivel que acelere la innovación industrial a través de las nuevas fuerzas productivas de calidad que se han creado.

Mientras tanto, la administración Trump ha anunciado profundos recortes a la financiación científica en Estados Unidos. A finales de enero apareció un ensayo en Chatham House con el urgente título “El mundo debería tomar en serio la perspectiva del dominio tecnológico chino y empezar a prepararse ahora”. Es interesante que el titular no se centrara directamente en Estados Unidos sino en “el mundo”, porque al autor le preocupaba que “en el escenario más extremo, China pudiera eclipsar a Estados Unidos rápidamente”.

En 1891, el difunto poeta y diplomático de la dinastía Qing Huang Zunxian (1848-1905) tomó el ascensor hasta la galería de observación de la Torre Eiffel (inaugurada sólo dos años antes). Huang escribió un poema, Sobre la escalada a la Torre Eiffel , sobre las extraordinarias vistas que disfrutó desde allí, mirando hacia abajo a los «millones de acres de las tierras más fértiles del mundo».

Aunque la tecnología que le permitió disfrutar de esta vista lo impresionó, lo que había en el terreno lo cautivó menos:

“Toda Europa es un antiguo campo de batalla; sus habitantes aman la guerra y no hacen concesiones a la ligera. Hoy, seis grandes emperadores se reparten el continente, cada uno de ellos alardeando de ser el líder más fuerte del mundo. Estos individuos se parecen a los reyes proverbiales en una concha de caracol, que perdieron el tiempo sumando victorias y derrotas.”

Hoy en día, no ha cambiado mucho, salvo el vocabulario del campo de batalla: aranceles, medidas coercitivas unilaterales, misiles nucleares intermedios y la cúpula de hierro.

Durante la pandemia, la consigna en países aliados de Estados Unidos como India fue “colaboración, no confrontación”. Sería mucho mejor si Estados Unidos decidiera colaborar con China por el bienestar del planeta en lugar de tratar de obligar al país a revertir su desarrollo.

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es escritor asociado y corresponsal jefe de Globetrotter. Es editor de  LeftWord Books  y director de  Tricontinental: Institute for Social Research . Es investigador principal no residente en  el Chongyang Institute for Financial Studies de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos  The Darker Nations y  The Poorer Nations . Sus últimos libros son  Struggle Makes Us Human: Learning from Movements for Socialism  y, con Noam Chomsky,  The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan and the Fragility of US Power .

George Monbiot, contra el neoliberalismo: «Tenemos la peor ideología dominante en el peor momento posible»

El periodista británico, que lleva más de 30 años tomándole el pulso al planeta mezclando el análisis político y climático, publica ‘La doctrina invisible’ (Capitan Swing), un libro que pretende ir al hueso de todas las crisis que afectan al planeta: el neoliberalismo, una ideología tan destructiva como invisible.
Por Andrés Actis / Climática

«Imaginemos que los habitantes de la Unión Soviética nunca hubieran oído hablar del comunismo. Más o menos así es como nos encontramos nosotros en estos momentos: la ideología dominante de nuestro tiempo, que afecta a casi todos los aspectos de nuestras vidas, para la mayoría de nosotros carece de nombre. Si lo mencionas, es probable que la gente te ignore, o bien que reaccione con una mezcla de perplejidad y desdén: «¿Qué quieres decir? ¿Eso qué es?»».

El primer párrafo de La doctrina invisible. La historia secreta del neoliberalismo (y cómo ha acabado controlando tu vida), editado este año por Capitan Swing, es una profunda daga, una incómoda pero necesaria interpelación a los millones de ciudadanos que se oponen a un capitalismo salvaje que, más que nunca, amenaza todos los pilares de las democracias modernas.

Sus autores, el periodista británico George Monbiot y el cineasta estadounidense Peter Hutchison nos pegan varias bofetadas en las primeras veinte páginas. El mensaje sería: ¿cómo pretendemos detener el ascenso de los Trump o los Milei si ni siquiera conocemos la ideología –sus postulados, sus lobbies, sus mecanismos– que los aúpa?

«Las crisis se suceden, pero no comprendemos sus raíces comunes. No logramos reconocer que todos los desastres surgen o se ven agravados por la misma ideología coherente, una ideología que tiene, o al menos tenía, un nombre. ¿Qué mayor poder puede haber que operar sin nombre?», plantean.

Los autores definen al neoliberalismo como «una ideología cuya creencia central es que la competencia sería la característica que define a la humanidad». Es una doctrina que nos presenta como “codiciosos y egoístas”, algo nada malo, porque esa codicia y ese egoísmo “iluminan el camino hacia la mejora de la sociedad, generando la riqueza que acabará por enriquecernos a todos”.

Sentado en el escritorio de su casa en Londres, Monbiot –periodista, académico, escritor, ecologista y activista político, a quien Nelson Mandela le entregó un Premio Global de las Naciones Unidas por ser un destacado defensor medioambiental–, acepta la propuesta de Climática de seguir tirando del hilo conductor del libro.

Admite que le preocupa la apropiación que han hecho los neoliberales de la palabra «libertad». También el autoritarismo en puerta para tapar que estamos ante un sistema económico «que conduce al colapso ambiental».

Pide poner el foco en el triángulo formado por el fascismo, el neoliberalismo y las redes sociales –«pensábamos que los medios tradicionales eran lo suficientemente malos, pero en comparación con Elon Musk o Mark Zuckerberg, los empresarios de los medios parecen estar dirigiendo una clínica de yoga», ironiza–, y llama a construir «contranarrativas efectivas» para luchar contra este enorme monstruo.

Pocas veces en la historia moderna hemos coexistido con tantas crisis simultáneas: crisis de las democracias liberales, crisis climática, crisis de desinformación, crisis de salud pública. ¿Hay alguna de estas crisis que no esté atravesada por el neoliberalismo?

Creo que el neoliberalismo ha contribuido a todas ellas. No es la única causa. Hay otros sistemas que también han contribuido a estas crisis. Pero, sin duda, el neoliberalismo las ha acelerado y exacerbado. El problema es que cuando más necesitamos de una acción política eficaz para enfrentar todas estas crisis, el neoliberalismo nos dice que los gobiernos no están para producir ninguna acción política eficaz. Todo lo contrario. Los gobiernos deben dar un paso al costado y no estorbar. Los gobiernos deben permitir que el poder económico haga lo que quiera. Los gobiernos deben derribar las protecciones públicas y todas aquellas regulaciones que molestan al poder económico. Tenemos la peor ideología dominante en el peor momento posible.

¿Por qué esta ideología dominante es tan invisible? 

El neoliberalismo ha hecho un esfuerzo muy grande y deliberado por disfrazar sus ideas. Desde aproximadamente mediados de la década de 1950, los pensadores neoliberales dejaron de usar el término neoliberalismo. De hecho, no usaron ningún término para describirse a sí mismos porque querían crear la impresión de que lo que estaban describiendo era el orden natural. Así es cómo funciona el mundo, cómo funciona la selección natural.

Para el neoliberalismo, los seres humanos son egoístas y codiciosos. No solamente tenemos que aceptarlo, también tenemos que abrazarlo, porque este egoísmo y codicia harán que todos sean más ricos y que, por un efecto derrame, ese dinero va a llegar a los pobres. Sin embargo, lo que sabemos gracias a una amplia gama de estudios científicos es que los seres humanos no somos primordialmente egoístas y codiciosos, a excepción de una pequeña proporción a la que llamamos psicópatas. La mayoría de nosotros tenemos algo de egoísmo y codicia, pero otros valores son más importantes para nosotros, como la empatía y el altruismo, la comunidad, la familia, la pertenencia y la bondad hacia los demás. Queremos un mundo mejor para nosotros, pero también para otras personas. Sin embargo, el neoliberalismo nos dice que somos psicópatas y nos dice que esta es la única manera en que podemos ser.

¿Estamos entrando en una nueva fase del neoliberalismo? Argentina, por ejemplo, ha tenido en los 90 un gobierno con esta ideología, el de Carlos Menem. ¿Cómo encaja un personaje tan disruptivo como Javier Milei?

Milei es un ejemplo clásico del neoliberalismo. Llegó al poder con la ayuda de una red neoliberal, la Red Atlas, que coordina las actividades de los think tanks neoliberales de todo el mundo. Ellos proporcionaron gran parte de su política, de su mensaje y de su marketing. Lo que vemos es un esfuerzo coordinado a nivel mundial, apoyado por algunas de las personas y corporaciones más ricas del planeta, para implementar una forma particular de política. Argentina es ahora un ejemplo clásico de cómo funciona este sistema y Milei es un ejemplo perfecto de un político neoliberal que recorta el estado de bienestar, que destruye los servicios públicos, que abre los recursos a las corporaciones, que derriba las regulaciones que protegen a los ciudadanos de a pie. Su única preocupación es satisfacer al capital y a sus lobbistas. Milei representa el gran sueño neoliberal.

¿Necesita del autoritarismo para meter bajo tierra las desigualdad que ha generado?

Una de las grandes ironías del neoliberalismo es que quienes formularon por primera vez esta ideología, como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, dijeron que estaban salvando al mundo del totalitarismo. Afirmaban que cualquier intento de generar acción colectiva y toma de decisiones colectivas, de utilizar la política para cambiar la vida de las personas, era una pendiente resbaladiza hacia el estalinismo o el nazismo. Que esto nos llevaría al totalitarismo. Pero como estas políticas son extremadamente impopulares y afectan a la mayoría de los ciudadanos, los Estados tienen que volverse cada vez más autoritarios. Y mientras desregula la economía, oprime a quienes intenten interferir con su programa procapital.

Volvamos al ejemplo de Argentina. Milei dice defender la libertad, siempre está hablando de libertad. Pero es un presidente muy autoritario. La libertad es una palabra que el neoliberalismo usa como arma. Si te opones a lo que ellos piden, estás en contra de la libertad. Pero son muy cuidadosos de no especificar la libertad para quién, porque hay muy pocas libertades universales. La libertad para un grupo es cautiverio para otro grupo. La libertad del jefe para explotar a sus trabajadores es cautiverio para los trabajadores. La libertad de la corporación para arrojar productos químicos a un río es una pérdida de la libertad de las personas que viven de ese río. Lo que hace Milei, y tantos otros líderes políticos, es buscar la libertad para los ricos, lo que lleva al cautiverio de los pobres.

¿Cómo se contrarresta este triunfo narrativo? La palabra libertad es muy poderosa y movilizante. 

Este triunfo narrativo es muy peligroso. Todos estamos a favor de la libertad. Todos queremos libertad. Y la libertad es un valor excelente. Es un valor que todos deberíamos perseguir. Pero tenemos que reconocer que la libertad general de la sociedad depende de restringir las libertades de personas extremadamente poderosas y destructivas.

Entonces, cuando Elon Musk es libre, las libertades en todo Estados Unidos se reducen en gran medida. Un caso clásico es el desmantelamiento que está haciendo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El hombre más rico del mundo quiere destruir esta agencia. Y el resultado de eso es que algunas de las personas más pobres del mundo tienen que quedarse sin comida, sin medicinas, sin la ayuda esencial que necesitan. Él es más libre. Como resultado, ellos son menos libres. Entonces, la libertad es siempre un equilibrio. Si quieres liberar a la población en su conjunto tienes que restringir muchas actividades del capital.

Julia Steinberger, una académica de referencia en el movimiento climático, dice que no hay victoria posible para el conocimiento científico si no se desenmascara a los tentáculos del neoliberalismo. ¿Coincide?

Estoy totalmente de acuerdo. Julia es una heroína para mí. Es una pensadora y científica maravillosa y una de las pocas que es capaz de contextualizar la ciencia climática políticamente. El neoliberalismo está fuertemente en contra de la ciencia climática y ambiental. Está constantemente tratando de denigrarlas, de quitarles fondos, de restringirlas. Ha ayudado a difundir escandalosas ficciones conspirativas sobre los científicos del clima, diciendo que investigan sólo por el dinero. Porque como todos sabemos, si quieres convertirte en multimillonario, conviértete en científico del clima, así algún día incluso podrías pagar tu alquiler. No te conviertas en ejecutivo petrolero porque no reciben dinero en absoluto. Ironía aparte, es todo tan ridículo que las personas que crean un valioso conocimiento por muy poco dinero son consideradas opresores. Simplemente por decirle a los neoliberales cosas que no quieren oír: que este sistema económico no regulado conduce al colapso ambiental.

¿Las redes sociales son el brazo comunicativo del neoliberalismo?  

Tenemos que entender que el capitalismo es muy creativo en sus ataques a la democracia. Y ha encontrado dos herramientas muy poderosas: el fascismo y el neoliberalismo. Ahora estamos viendo un híbrido de fascismo y neoliberalismo en personajes como Trump, Milei o Victor Orban, y uno de sus instrumentos más poderosos son las redes sociales. Quiero decir, pensábamos que los medios tradicionales eran lo suficientemente malos. Veíamos a Fox News y a Rupert Murdoch como desproporcionadamente poderosos. Pero en comparación con Elon Musk o Mark Zuckerberg, los empresarios de los medios parecen estar dirigiendo una clínica de yoga. Ahora vemos surgir un conjunto de poderes mucho más peligrosos incluso que los medios tradicionales. Y la razón de eso es que las redes sociales penetran nuestras vidas en una medida mucho mayor que los medios tradicionales. Se meten con nuestras mentes de manera mucho más efectiva y nos reclutan como soldados rasos contra nuestros propios intereses.

Por lo tanto, más desinformación, más neoliberalismo.

La desinformación es esencial para cualquier sistema que actúe en contra de los intereses de la mayoría de la población. Se trata de un sistema diseñado y concebido deliberadamente para actuar en beneficio de las personas más ricas del mundo, intereses que son diametralmente opuestos a los intereses de la gran mayoría de los ciudadanos del mundo. Por lo tanto, sí: la única forma de mantener ese sistema vivo es mediante la desinformación. El neoliberalismo se siente muy cómodo en el terreno de la desinformación.

¿Qué papel juega la Inteligencia Artificial en esta ideología? 

Estamos hablando de una tecnología que se puede utilizar de forma positiva y negativa, que no deja de ser una tecnología muy amenazante. En este momento, se puede utilizar para manipularnos en un grado aún más sofisticado, un nivel superior al que han utilizado hasta ahora las herramientas informáticas estándar. Esto representa una amenaza adicional. Esto hará que sea mucho más fácil hacer videos deepfake, por poner un ejemplo. Y que la reputación de muchas personas, de quienes luchan contra esta ideología, sea destruida por estos videos. En definitiva, la IA va a generar una proliferación de desinformación mucho mayor que la que hemos visto hasta ahora.

¿Cuáles son los elementos esperanzadores, si los hay, para pensar que se puede derrotar al neoliberalismo? 

Una cosa que he aprendido en los 40 años que llevo trabajando como periodista y activista es que nunca se sabe de dónde va a surgir la esperanza. Hace unos años, me sentía muy deprimido por los problemas climáticos. Pensaba que nadie podía con esto, que nada iba a cambiar. Y de repente, una colegiala de 15 años se sienta fuera del parlamento sueco y todo empieza a cambiar. Los seres humanos somos infinitamente inventivos. Tenemos una amplia gama de herramientas a nuestra disposición. Lo que ha ido mal es que nos hemos vuelto muy pasivos. No hemos logrado desarrollar contranarrativas efectivas. No hemos logrado desarrollar una historia que explique a dónde vamos a ir y cómo vamos a llegar allí. Nos hemos quedado demasiado atrapados en el pasado, obsesionados con triunfos pasados. No se puede volver atrás con una política como esta. Tenemos que desarrollar nuevos sistemas, nuevos sistemas de pensamiento, nuevas ideologías. Y podemos aprender cosas de la forma en que operaron los neoliberales. Ellos entendieron cómo crear un cambio de sistema. Y el cambio de sistema es lo que debemos buscar. Nuestro libro es un aporte para pensar cómo hacemos para frenar todas esas crisis que nos atraviesan.

Daron Acemoglu: «Nunca hemos tenido empresas tan poderosas como las grandes tecnológicas»

Profesor en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y coautor de los libros ‘Por qué fracasan los países’ (Deusto, 2012) y ‘Poder y progreso‘ (Deusto, 2023), Daron Acemoglu (Estambul, 1967) es uno de los economistas más respetados del mundo. No por nada, su influencia y su trabajo han sido reconocidos con el Nobel de Economía de 2024, de la mano de Simon Johnson y James A. Robinson. Hablamos con él en esta entrevista en exclusiva. 

Por Óscar Granados / Ethic

¿Qué significó para usted el Premio Nobel?

Es un reconocimiento que me llena de alegría, no solo por mi trayectoria, sino también porque valida el esfuerzo del equipo que he formado junto con mis coautores en varios trabajos y muchas otras personas, incluida una nueva generación de jóvenes investigadores.

En su libro más reciente, Poder y progreso, menciona que estamos en un momento crítico en cuanto a la relación entre tecnología, igualdad y democracia. ¿Qué consecuencias prevé si el mundo no aborda la compleja relación entre estas tres fuerzas?

Existen dos conjuntos de problemas que probablemente compartan causas comunes. Primero, la democracia en el mundo industrializado parece más vulnerable ahora que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial, o incluso antes. Esta situación ha convertido a la democracia en un eje fundamental para muchas otras características institucionales como los derechos civiles, la participación, la libertad de expresión y los medios de comunicación. En Occidente y en ciertos países de América Latina, cuando la democracia se debilita, estos derechos e instituciones también sufren. Todo el tejido institucional de estas sociedades se presenta como más frágil. No creo que debamos exagerar. El declive o colapso de la democracia no es inminente. Sin embargo, observamos la situación en Estados Unidos: Donald Trump, con su fuerte agenda antidemocrática; además, el apoyo a la democracia entre los jóvenes está allí en su punto más bajo. Y vemos tendencias similares en gran parte de América Latina, donde el respaldo a la democracia es considerablemente menor que en la década de 2000. Esto plantea una amenaza significativa con implicaciones potencialmente nefastas para la prosperidad, la libertad de expresión y la igualdad. Al mismo tiempo, nos encontramos al borde de cambios importantes basados en los avances de los últimos 40 años que probablemente se acelerarán. La inteligencia artificial, que depende de tecnologías digitales, podría amplificar algunas de estas tendencias de maneras únicas. La desigualdad ha aumentado en muchos países, incluidas partes de América Latina, Estados Unidos y Europa, y esta situación puede empeorar.

¿Y qué otros factores?

El envejecimiento es otro factor crítico. Todos los países industrializados están envejeciendo, algunos más rápidamente que otros. América Latina, en particular, envejecerá a un ritmo acelerado y no está adecuadamente preparada para enfrentar estos cambios. Aunque tenemos ejemplos de países como Japón, Corea del Sur y Alemania, no creo que estemos listos para afrontar estos desafíos demográficos ni para el cambio climático o las transformaciones en la globalización. Algunos de los desafíos democráticos y las tensiones políticas actuales no pueden entenderse completamente sin considerar la globalización, aunque su naturaleza puede evolucionar en las próximas décadas. Todo esto requiere instituciones más robustas que nunca para fomentar el compromiso, el consenso y nuevas soluciones basadas en el diálogo social y la experiencia. Sin embargo, nuestras instituciones actuales dificultan esta tarea. Tomemos como ejemplo Estados Unidos, donde la polarización ha alcanzado niveles que complican la aprobación de leyes sobre el clima, la capacitación de los trabajadores o la regulación de la IA. Estas son cuestiones críticas que debemos abordar.

En uno de sus últimos trabajos habla sobre el poder y la riqueza que acumulan las grandes firmas de tecnología. ¿Alguna organización en la historia ha tenido tanta influencia y control como los gigantes corporativos de hoy?

En mi opinión, no. Aunque podríamos compararlos con la Compañía de las Indias Orientales, que, respaldada por apoyo militar y político, controlaba el subcontinente indio, su dominio fue relativamente superficial. Lo sorprendente de los gigantes tecnológicos actuales, especialmente Facebook, Google y, hasta cierto punto, Apple, Amazon y Microsoft, es que no solo son enormes y multinacionales, sino que además controlan las fibras mismas de la sociedad. Dan forma a la información, están integrados en todos los aspectos de la vida cotidiana e influyen en la opinión pública. Nunca hemos tenido empresas tan poderosas como las grandes tecnológicas.

¿Ni siquiera las grandes empresas de petróleo?

No, porque estas entidades [tecnológicas] tienen una influencia considerable sobre la sociedad civil e incluso sobre los periodistas. La Standard Oil, por ejemplo, era extremadamente grande y controlaba un recurso esencial, pero nunca logró integrarse en el tejido del pensamiento público. No logró convencer a los medios y al público de que sus actividades eran por el bien común, como lo hacen las empresas tecnológicas actuales. Esa es la situación a la que nos enfrentamos.

Muchas veces se dice que ponerles un freno crea barreras a la competitividad, incluso el conocido informe Draghi aborda este tema. ¿Cree que es así?

Sí, pero creo que debemos ser realistas al respecto. La regulación ciertamente puede ralentizar los negocios, especialmente si no está diseñada de manera óptima, lo que puede dar lugar a ineficiencias. Sin embargo, eso no significa que la regulación sea intrínsecamente negativa o innecesaria. Tiene costos y beneficios. Cuando se trata de algunas de las empresas más poderosas de la historia, la regulación se vuelve esencial. Aunque considero que algunas afirmaciones sobre el potencial de la IA son exageradas, si incluso una fracción de ellas es cierta, esta tecnología será transformadora. Definitivamente, necesitamos mecanismos que contrarresten ese poder, incluso si el proceso resulta algo ineficiente.

¿Qué opina sobre la regulación europea en IA?

Mi perspectiva sobre la regulación europea es triple. En primer lugar, Europa, y la Comisión Europea en particular, merecen elogios. Siempre han estado a la vanguardia. Las regulaciones europeas reflejan en gran medida valores sólidos, como la gobernanza democrática, los derechos humanos, los derechos civiles, la libertad de expresión y la privacidad. Sin embargo, la regulación europea también ha tenido limitaciones en algunas áreas. El informe Draghi señala que Europa está rezagada en comparación con Estados Unidos y China en el ámbito de la IA, e incluso con Canadá. La regulación efectiva es un desafío, ya que incluso las normativas bien intencionadas pueden tener consecuencias no deseadas. Es necesario un enfoque regulatorio más flexible. Tomemos como ejemplo el histórico Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD). Apoyo plenamente los valores subyacentes del RGPD, como la privacidad de los datos y la protección de la información personal. Si me hubieran encomendado la tarea de diseñar reglas de protección de datos, tal vez no lo habría hecho mejor. Sin embargo, el RGPD ha tenido efectos adversos. De hecho, ha perjudicado a las pequeñas empresas. Mientras que las grandes compañías tecnológicas encontraron formas de cumplir sin mejorar significativamente la privacidad, las empresas más pequeñas han tenido dificultades bajo su peso.

Entonces, ¿qué hacemos?

No se trata de rechazar la regulación. Más bien, se trata de mejorarla. Necesitamos comprender las lagunas jurídicas, abordarlas y reconocer los límites de la democracia para lograrlo. Europa, al igual que Estados Unidos, está polarizada y la Comisión Europea carece de un mandato democrático sólido. Es complicado para la Comisión decir: «Nuestro RGPD, nuestra creación, no funcionó como se esperaba; necesitamos revisarlo». Por último, creo que es posible que necesitemos un enfoque diferente en materia de regulación. Aunque las regulaciones europeas defienden valores excelentes, veo un problema en su naturaleza reactiva. Las empresas de tecnología dan el primer paso, lanzando productos que pueden infringir derechos o eludir las leyes, y los reguladores responden después. Vemos el mismo enfoque reactivo en Estados Unidos. Mi argumento, como se describe en Poder y progreso y otros trabajos, es que debemos adoptar una postura proactiva. En lugar de esperar a que las empresas de IA desarrollen estas tecnologías y luego reaccionar, deberíamos dirigir el desarrollo desde el principio de manera que maximice el beneficio social.

Parece todo un desafío predecir los avances en tecnología, ¿no lo cree?

Es cierto, pero no siempre se necesita una previsión precisa para crear una regulación proactiva. Por ejemplo, Europa y Estados Unidos, aunque de manera imperfecta y en una escala limitada, han implementado una regulación proactiva en el sector energético. En lugar de esperar a observar el comportamiento de las empresas energéticas, impusieron impuestos al carbono y otorgaron subsidios a la innovación para fomentar las energías renovables y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Ese es un enfoque verdaderamente proactivo.

En Poder y progreso advierte sobre el uso de la IA. ¿Cree que es una herramienta que podría impulsar la generación de riqueza en varios países, o es más probable que exacerbe las desigualdades económicas?

Es un poco pronto para decirlo definitivamente. Mucho dependerá de cómo se desarrolle la IA generativa. Como plataforma que combina ideas, técnicas y prácticas, es muy prometedora y podría incluso superar a otras aplicaciones de IA, como la predictiva, que impulsa los algoritmos de recomendación en plataformas como Netflix. La IA predictiva ha tenido un gran impacto y ha influido en cómo interactuamos con la tecnología a diario. La IA generativa tiene el potencial de ir aún más lejos. Sin embargo, podría evolucionar en diferentes direcciones. Podría convertirse en una herramienta basada en conocimientos específicos y expertos, apoyando campos como la atención médica, los oficios especializados y el periodismo, ofreciendo soluciones adaptadas a cada contexto. Ese enfoque sería muy beneficioso. O podría inclinarse hacia un modelo de inteligencia general, como se observa con ChatGPT, que busca una amplia automatización sin un enfoque especializado, lo cual podría no ser tan útil ni transformador. Lo que me gustaría ver es que la IA generativa deje de intentar imitar la inteligencia general y, en cambio, se concentre en proporcionar conocimiento preciso y contextual, en el que los profesionales, como electricistas, enfermeras, plomeros y periodistas, puedan confiar.

¿Ha utilizado ChatGPT?

Lo he utilizado en el pasado, aunque ya no tanto. Inicialmente, experimenté con ChatGPT durante unas horas para comprender sus capacidades. Quería ver si podía ayudarme en dos áreas específicas. Primero, lo probé para editar un artículo de opinión de alrededor de 1.100 palabras, pidiéndole que lo acortara. Sin embargo, honestamente, no lo hizo bien. No pudo identificar los argumentos principales ni distinguir entre los puntos esenciales y los contrapuntos. Concluí que carece del juicio necesario para esa tarea. La segunda área fue la investigación de antecedentes. Funciona razonablemente bien en este aspecto, pero a menudo presenta imprecisiones, por lo que termino verificando los hechos minuciosamente. Actualmente, utilizo más Google y Google Scholar para este propósito, aunque la IA generativa ahora aparece indirectamente en mis búsquedas, ya que Google la ha integrado en su función de búsqueda.

Mensaje a las bases de Malcolm X (Fragmentos)

Compartimos algunos fragmentos del Mensaje a las bases de Malcolm X, un discurso pronunciado el 10 de noviembre de 1963 en la iglesia King Solomon Baptist Church en Detroit, durante la reunión de la Conferencia Norteña de Líderes de Base Negros (Northern Negro Grass Roots Leadership Conference).


… Queremos hablar clara y directamente en un lenguaje que todo el mundo pueda entender con facilidad. Todos hemos estado de acuerdo esta noche en que Estados Unidos tiene un problema muy serio. El problema que tiene Estados Unidos somos nosotros. Nosotros somos su problema…

Así es, somos gente negra, los llamados negros; ciudadanos de segunda, ex-esclavos, Tú no eres más que un esclavo, no te gusta que te lo digan. Pero ¿qué otra cosa eres?, eres un ex-esclavo. No llegaste en el buque Mayflower, llegaste en un barco de esclavos. Encadenado como un caballo o una vaca o una gallina. Y los que llegaron en el Mayflower son los que te trajeron aquí. Te trajeron los llamados peregrinos o padres fundadores de la patria. Ellos fueron los que te trajeron.

… Para entenderlo tienes que recordar lo que este joven hermano decía sobre el negro doméstico y el negro del campo en los tiempos de la esclavitud.  Había dos clases de esclavos: el negro doméstico y el negro del campo. Los negros domésticos vivían en la casa del amo, vestían bastante bien, comían bien porque comían de su comida. las sobras que él dejaba. Vivían en el sótano o en el desván, pero vivían cerca del amo y querían al amo más de lo que el amo se quería a sí mismo. Daban la vida por salvar la casa del amo, y más prestos que el propio amo. Si el amo decía. «Buena casa la nuestra», el negro doméstico decía: «Sí, buena casa la nuestra». Cada vez que el amo decía «nosotros», él decía «nosotros».  Así puedes identificar al negro doméstico.

Si la casa del amo se incendiaba, el negro doméstico luchaba con más denuedo que el propio amo por apagar el fuego. Si el amo se enfermaba, el negro doméstico le decía: «¿Qué pasa, amo? ¿Estamos enfermos?» ¡Estamos enfermos!  Se identificaba con el amo más de lo que el propio amo se identificaba consigo mismo. Y si tú le decías al negro doméstico: «Vamos a escaparnos», el negro doméstico te miraba y te decía: «Hombre, estás loco, ¿qué es eso de separarnos (del blanco)?, ¿dónde hay mejor casa que ésta?, dónde voy a encontrar mejor ropa que ésta?, ¿dónde puedo comer mejor comida que ésta?». Ese era el negro doméstico.

En aquellos tiempos lo llamaban «nigger doméstico» (término racista). Y así los llamamos ahora, porque todavía tenemos unos cuantos niggers domésticos por ahí.

Este negro doméstico moderno quiere a su amo. Quiere vivir cerca de él. Está dispuesto a pagar tres veces el precio verdadero de una casa con tal de vivir cerca de su amo. Para luego alardear. «Yo soy el único negro aquí. Soy el único en mi trabajo. Soy el único en esta escuela», ¡No eres más que un negro doméstico! Y si viene alguien ahora mismo y te dice. «Vamos a separarnos», le dices lo mismo que decía el negro doméstico en la plantación: «Qué es eso de separarnos ¿De Estados Unidos, de este hombre blanco tan bueno?, ¿dónde vas a conseguir mejor trabajo que el de aquí? Eso es lo que dices, ¿no es cierto?». «No dejé nada en África», eso es lo que dices. ¡Sí, dejaste los sesos en África, hombre!

En esa misma plantación estaba el negro que laboraba los campos. Los negros del campo. Ellos eran las masas. Siempre había más negros en los campos que en la casa. El negro del campo vivía en un infierno, comía sobras. En la casa del amo se comía carne de puerco de la buena. Al negro del campo no le tocaba más que lo que sobraba de los intestinos del puerco. Hoy en día eso se llama «menudillos». En aquellos tiempos lo llamaban por su nombre: ‘tripas’. Eso es lo que eres: ‘come tripas’. Y algunos de ustedes todavía son come tripas.

Al negro del campo lo apaleaban desde la mañana hasta la noche; vivía en una choza, en una casucha, usaba ropa vieja de desecho. Odiaba al amo. Digo que odiaba al amo. Era inteligente. El negro doméstico quería al amo. Pero aquél negro del campo, recuerden que era la mayoría, y odiaba al amo. Si ibas con el negro del campo y le decías:

«Vamos a escaparnos, vayámonos de aquí», él no preguntaba: «¿A dónde vamos?» sólo decía:

«Cualquier lugar es mejor que este».  Actualmente tenemos negros del campo en Estados Unidos. Yo soy un negro del campo. Las masas son negros del campo…

Igual que el amo de aquellos tiempos usaba a Tom —al negro doméstico— para mantener a raya a los negros del campo, el mismo viejo amo tiene hoy a negros que son mas que tíos Tom modernos, tíos Tom del Siglo XX, para mantenernos a raya a ti y a mí, para tenernos controlados, mantenernos pasivos, pacíficos, no violentos…

Traducción tomada de https://www.marxists.org/