Guattari para nuestros días

Por Ana Patto Manfredini

Resumen

Se trata de pensar con Guattari. Esta acción de pensar implica la creación de subjetividades que sean capaces de construir nuevos valores, diferentes de los económicos, mercantiles y capitalistas. Una propuesta que parte de un paradigma ético-estético, de una revalorización de la vida, que parece ser imprescindible y urgente. Guattari nos presenta una compleja creación conceptual que puede servirnos de herramienta. Herramienta para pensar, crear, actuar y trasmutar. Filosofía y arte son maneras de hacer política, de crear realidades, abrir posibles en la imposibilidad del presente. Seleccionamos algunas ideas para ilustrar la originalidad y pertinencia de su pensamiento que desarrolló entre los años 60’s y su muerte a principio de los 90.

Introducción

“Así pues, ¿Félix ‘filósofo’? ¿’Psicoanalista’?…
¿Qué significa eso? Ante todo,
un poder de arrastrar, de reunir”

Jean Oury

 

Félix Guattari es tal vez más conocido por su trabajo escrito con el filósofo Gilles Deleuze. Sus producciones en conjunto, en especial El antiEdipo y Mil Mesetas, son obras polémicas, rupturas con una forma de pensar y hacer filosofía, un nuevo análisis de la naturaleza y funcionamiento del capitalismo, así como una nueva teoría del deseo. No obstante, Guattari fue mucho más que su obra con Deleuze. Elevó a la n potencia -para usar un término de los autores-, esa obra en conjunto; desarrolló en sus propias obras los conceptos que creaba con Deleuze, exploró otros campos, insistió en su trabajo con la clínica y la esquizofrenia y nunca dejó de lado su efervescencia revolucionaria. Viajero incansable, militante de una micropolítica diaria e incesante, terapeuta, profesor, filósofo, músico, escritor, guionista, Guattari ha sido sin duda un personaje importante de nuestra reciente historia de la filosofía.

Hablar de Félix Guattari, escribir de Félix Guattari o citar a Félix Guattari no es solamente una corrección bibliográfica o una cortesía, sino una cuestión filosófica y política esencial. Concordamos con Franco Berardi, cuando éste afirma la importancia de reposicionar el pensamiento de Guattari en el mapa crítico actual:   “Luego de la muerte de Gilles Deleuze, en noviembre de 1995, el pensamiento rizomático obtuvo la atención que no había obtenido anteriormente. Pero los académicos han puesto en acto una especie de cortés remoción. Gilles Deleuze ha sido acogido en el salón bueno de la respetabilidad universitaria. Félix Guattari permanece afuera. No era un académico, frecuentaba malas compañías, por esto en la prensa de actualidad dedicada al pensamiento rizomático se tiende, más o menos conscientemente, a citar el nombre de Gilles Deleuze olvidando el de Félix. Más allá de cortesía y corrección bibliográfica, existe aquí una cuestión filosófica esencial.”[1]

FRANCO BERARDI

FRANCO BERARDI

Nos interesa aquí, en particular, es la corrección política que implica pensar con Guattari, quien hace filosofía política, además de otras muchas cosas. Su trabajo es esencialmente político, militante, revolucionario. ¿Por qué Guattari? Porque nos parece una poderosa caja de herramientas conceptuales apta o consistente para enfrentar los problemas que vivimos; nuestros problemas, nuestras vidas, este mundo, esta sociedad. No otra. Encontramos en el pensamiento de Guattari un aguda y novedoso análisis de la producción capitalista, así como de aquello que resiste, pervierte, combate esa lógica de apropiación de la vida. Un pensamiento siempre en el presente, siempre atento a los movimientos de apertura y captura que se efectúan ahora, pero cuyos efectos definen el porvenir.

A fin de presentar esa potencia crítica actual del pensamiento de Guattari aquí subrayamos apenas algunas de sus ideas, considerando la amplitud de sus escritos y trabajos. Elegimos aquellas ideas que evidencian con más claridad la singularidad y originalidad de su obra, lo que le diferenciaría de otras teorías críticas dedicadas al estudio del capitalismo contemporáneo y aquellas que resuenan con nuestro problema político actual.

 

El capitalismo es un operador semiótico

En 1982, momento en que la intelectualidad occidental se preocupaba con la tercera guerra mundial y las amenazas de ataques nucleares, Guattari publica un libro en donde habla de un capitalismo mundial integrado (CMI). El libro aparece primeramente en los círculos militantes, y luego es publicado en Italia con el título de Piano sul pianeta. Capitale mundiale integrato e globalizzazione. En esa publicación, Guattari nos da una definición del capitalismo que ya había sido trazada en su trabajo con Deleuze: “el capital no es una categoría abstracta, sino un operador semiótico al servicio de formaciones sociales determinadas. Su función asume el registro, el equilibrio, la regulación y la sobrecodificación de formaciones de poder propias de las sociedades industriales desarrolladas y flujos de las relaciones de fuerza relativos al conjunto de potencias económicas del planeta”[2].

Para entender lo que es ser un operador semiótico tenemos que explicar de qué se trata esa teoría semiótica. Podemos rastrear la problemática de la teoría de los signos en diferentes momentos de la obra de Deleuze y Guattari, con muchas variaciones y diferentes aplicaciones, no obstante, podemos encontrar también una consistencia entre las variaciones conceptuales de signo[3]. Para empezar, la teoría de los signos de Deleuze y Guattari discute directamente con las teorías y consideraciones lingüistas y estructuralistas. Para nuestro autor hay diferentes regímenes de signos que no son necesariamente significantes.

Los signos se liberan de la subordinación al significante, ya no se limitan al lenguaje, y atraviesan los más diferentes estratos. Tenemos toda suerte de signos poblando los universos referenciales. El signo es el afectoque se produce en un encuentro (Spinoza), afecto que es de por sí una diferenciación, un desvío.[4] El signo es el resultado de nuestro encuentro con el mundo, índice de desterritorialización. Somos atravesados y constituidos por signos de diferentes naturalezas, siendo las subjetividades construcciones semióticas donde se cruzan los más diferentes regímenes de signos. Las semióticas son siempre mixtas.

SPINOZA

SPINOZA

El capitalismo es un operador semiótico en tanto está produciendo afectos por medio de diferentes regímenes de signos, en tanto produce subjetividades, en tanto produce efectos en el mundo real y concreto. Ya no es sólo la abstracción de la ley del valor que está en juego; se trata de una acción concreta de tecnologías de transporte instantáneo de información que parece integrar todos los fragmentos del proceso de valorización del capital.[5]Mientras el trabajo parece entrar en crisis, sufrir grandes desterritorializaciones que hacen inmediata una revisión de lo que es el trabajo en las sociedades actuales, la valorización del capital virtual parece no tener límites. Y cuando llega a un límite, a una crisis generalizada, ahí está el Estado (y los contribuyentes) – en su última nueva forma neoliberal – para salvar la sociedad de las catástrofes que son inevitables si alguien no interviene.

El capitalismo virtual, las finanzas, funcionan directamente en lo real. Lo virtual es real aunque sea de una naturaleza intensiva, es decir, no se trata de un estado de cosa, de un fenómeno, de una extensión, sino de una intensidad, una potencia, fuerza que se da “entre” las cosas y sujetos, siempre en el medio, en crisis, desterritorializando; tal es la naturaleza de ese capital financiero. Tenemos diferentes operaciones o regímenes semióticos funcionando. Hay régimen significante toda vez que aparece una unidad, toda vez que hay una sujeción social, toda vez que hay un individuo sometido, o un Estado fortalecido. Hay régimen asignificante toda vez que consideramos los flujos, sea de dinero, sea de personas, sea de cabellos.

LARRY RIVERS

LARRY RIVERS

Respecto a la producción de capital virtual, tenemos una operación semiótica de carácter o naturaleza asignificante. El funcionamiento de la maquina cibernética no se debe a un proceso significante, interpretativo y alfabético. Estamos hablando de un lenguaje numérico, un funcionamiento binario 0-1 que hace funcionar la valorización. El resultado es una producción de riquezas o valores sin precedentes. El carácter desterritorializado y potencial de esos signos numéricos es lo que hace de la economía bursátil el poder que es, le da su capacidad de generar – y perder – cantidades inimaginables de valor en milésimos de segundos. Estamos hablando de un tipo de producción de valores que perdió cualquier noción de referente.

Es esa máquina asignificante la novedad del capitalismo en su presentación financiera. Es también una de las contribuciones más originales de la filosofía de Guattari. Decir asignificante es decir que esas semióticas son funcionales y operacionales, es decir, funcionan sin movilizar semióticas representativas o relativas al lenguaje. Un programa de computadora no funciona en base a un sistema de signos alfabéticos, los signos que están haciendo funcionar la computadora son de otro tipo. Claro que sigue existiendo una relación entre agente y signo, pero esa no es de carácter intersubjetivo ni exclusivamente humana. “Agentes humanos, así como agentes no humanos, funcionan como puntos de ‘conexión, junción y disyunción’ de flujos y como redes componiendo el agenciamiento colectivo empresa o sistema de comunicación, y así en adelante.”[6]

Las máquinas significantes no desaparecen sino que se desplazan de lugar; aunque la computadora en sí no funcione bajo un régimen semiótico significante, las computadoras están hechas para que el usuario pueda usarla desde su lenguaje significante (las letras del teclado, se escribe, se archiva, se lee). La máquina significante es la responsable por la formación del sujeto del discurso, como sujeto del lenguaje. Hay que tomar cuidado con la relación entre sujeto y lenguaje en esas teorías inspiradas por Deleuze y Guattari porque el sujeto no es un sujeto de enunciación o de enunciado. El sujeto no es el que enuncia, son las máquinas significantes que crean los enunciados, por eso los enunciados son siempre colectivos, agenciamientos.[7]

Ahora bien, si el capitalismo es una maquinaria semiótica y por ende tiene su producción de subjetividad específica, ¿qué serían de las subjetividades producidas por esas máquinas significantes y asignificantes?

 

Sujeción social y servidumbre maquínica

Sabemos que Deleuze y Guattari no son los únicos filósofos a teorizar sobre la relación entre producción de subjetividades y producción social. Esa relación está tanto en Marx como en Foucault, también en Nietzsche podemos encontrar esa problemática en la teorización de una construcción moral. No obstante, la novedad que podemos encontrar en Capitalismo y esquizofrenia es la idea de una naturaleza maquínica de las subjetividades producidas por el capitalismo. La novedad que vivimos hoy en día, en el capitalismo contemporáneo, tardío, o virtual, es un nuevo régimen de producción subjetiva. Con la aparición de las máquinas digitales, informáticas y cibernéticas tenemos también el surgimiento de un nuevo tipo de sujeción, un nuevo sometimiento subjetivo: la servidumbre maquínica.

Si el capitalismo produce subjetividades, lo hace de dos maneras, utilizando dos dispositivos diferentes: sujeción social [assujettissement sociaux] y servidumbre maquínica [asservissements machiniques].[8] La sujeción social es aquella que acompaña los funcionamientos disciplinarios de organización social, es la antigua forma de construcción de subjetividad fijada en la idea de un sujeto, de un individuo con una identidad, sexo, nombre, nacionalidad, oficio. Es mérito de Foucault el análisis de la complejidad de los mecanismos de sujeción social, ese modo de gubernamentabilidad de los sujetos, ese trabajo de sí que acompaña la economía y que fundamenta la división del trabajo.[9] Es ahí que actúan los términos capitalista-trabajador, es ahí que encontramos la personificación del capitalismo. Ese es el trabajo de las máquinas significantes.

Ahora bien, según Deleuze, Foucault sabia de la brevedad de ese modelo disciplinador; así como la soberanía tuvo su “fin”, los dispositivos disciplinares no eran eternos. Deleuze ubica esa crisis del modelo disciplinar o de sujeción social en el momento pos segunda guerra mundial, momento en que un modelo de control parece sustituir las antiguas formas de sujeción. No significa que la sujeción o disciplina deje de existir, más bien sufre un desplazamiento, nuevas variaciones dada la combinación con las nuevas formas de control. La sociedad de control que Deleuze y Guattari anuncian en sus obras es justamente el funcionamiento de un nuevo tipo de construcción subjetiva, de una nueva maquinaria que empieza a actuar en favor de la producción capitalista. Hace funcionar un nuevo modelo de subjetivación, la servidumbre maquínica. La diferencia de ese modo de control y los antiguos dispositivos disciplinarios se encuentra principalmente en su carácter despersonalizado, desindividualizante: ya no hay individuos que controlar, ya no hay unidades que modelar individualmente; lo que tenemos es un gobierno de los flujos. Los sujetos ya no son individuos sino cantidades abstractas, base de datos, contraseñas. Se trata de un control de flujos –de dinero, información, de consumo– más que de individuos; las personas son entradas y salidas de flujos, más que individuos posicionados en una masa.

 

Maquinismo. Una nueva relación hombres-máquinas

Esa diferenciación entre los dos modos de subjetivación capitalista implica entender otro concepto que es fundamental en la obra de Deleuze y Guattari, el concepto de máquina. Este concepto aparece incluso en una obra de Guattari anterior a su encuentro con Deleuze, en un texto titulado Máquina y Estructura. Este texto, aunque fue publicado en 1972, en la revista Change y también en el libro Psicoanálisis y Transversalidad, fue elaborado anteriormente, para una ponencia en 1969 en la Escuela Freudiana de París. Como el biógrafo François Dosse nos sugiere, el texto bien que podría llamarse Máquina contra estructura, pues ahí ya estaban dadas las coordenadas de desacuerdo de Guattari con las teorías estructuralistas de Lacan.[10]

Este concepto que ya aparece en 1969 en esta presentación de Guattari, tal vez sin esa pretensión en este momento, se volvería uno de los conceptos principales de la obra en conjunto de Deleuze y Guattari. Lo maquínico en Deleuze y Guattari no es algo limitado a lo tecnológico o a lo mecánico. La máquina técnica sería una de las máquinas que actúan, atraviesan el campo social. Máquinas estéticas, máquinas semióticas, máquinas económicas. Todo eso hace parte del funcionamiento de una “megamáquina” que sería la sociedad o la organización social.

“Cuando Lewis Mumford crea la palabra “megamáquina” para designar la máquina social como entidad colectiva, tiene literalmente toda la razón (aunque reserve su aplicación a la institución despótica bárbara): ‘Si, más o menos de acuerdo con la definición clásica de Reuleaux, podemos considerar una máquina como la combinación de elementos sólidos que poseen cada uno su función especializada y funcionan bajo el control humano para transmitir o ejecutar un trabajo, entonces la máquina humana sería una verdadera máquina.’”[11]

FRANÇOIS DOSSE

FRANÇOIS DOSSE

Podemos encontrar también la definición de máquina abstracta en Deleuze y Guattari, no obstante esa máquina no es nada abstracta como las ideas platónicas, ya que actúa en los agenciamientos concretos.[12] Es abstracta porque no tiene un contenido definido antes de entrar en un agenciamiento. Las máquinas funcionan como principios, como un principio de razón suficiente; son ellas que hacen las distribuciones de materiales sobre un plano; en otras palabras, son ellas que agencian cuerpos, palabras, en grados de territorialización y desterritorialización; y todo esto se da en un plano de inmanencia. En Mil mesetas podemos encontrar tres distinciones en correspondencia: Plano de inmanencia + máquinas abstractas + agenciamiento concreto.[13]

Si regresamos al problema de la producción de subjetividades propia del capitalismo, debemos considerar que se trata de agenciamientos concretos producidos por máquinas abstractas. En lo que corresponde al agenciamiento concreto de la sujeción social, la relación con la máquina sería de naturaleza exterior: “Hay sujeción cuando la unidad superior constituye al hombre como un sujeto que remite a un objeto que ha devenido exterior, tanto si ese es un objeto o un animal, una herramienta o incluso una máquina.”[14] El hombre usa la máquina, y en tanto usuario, está sujeto. Es la lógica sujeto-objeto, usuario-máquina, en la cual el hombre está separado o diferenciado de la máquina. Es el lado “humanista” del capitalismo, la producción de capital humano, de plusvalía humana. Es contra esta sujeción social que los movimientos de liberación social de los años 60-70 luchaban.

La relación con la máquina cambia en la servidumbre, el hombre ya no usa la máquina sino que es parte del funcionamiento maquínico de producción. “Hay esclavitud [servidumbre] cuando los hombres son piezas constituyentes de una máquina, que componen entre sí y con otras cosas (animales, herramientas), bajo el control y la dirección de una unidad superior”[15]. Es este modelo que encontramos en los imperios, en los sistemas despóticos. El análisis de Mumford, de la megamáquina, es ese tipo de funcionamiento donde el hombre es una pieza de la máquina social despótica.

Desde luego que el tipo de servidumbre que tenemos en el capitalismo no es el mismo que tenían los Estados imperiales antiguos. Es otro imperio el que tenemos acá. Un imperio cuyo Emperador perdió la cara, la personificación; el poder de mando ya no está encerrado en una persona o en un apellido. Lo que manda es un flujo, un flujo de capital despersonificado. Pero como en los antiguos imperios, el individuo no es algo individualizado, no estamos en la dimensión del ciudadano, el individuo es un engranaje del agenciamiento “empresa”, del agenciamiento mediático. Recordemos del sentido cibernético que el concepto de asservissements tiene en francés: “pilotaje” o “gobierno” de los componentes de un sistema.

“Un sistema tecnológico sojuzga (‘gobierna’ o ‘pilota’) variables (temperatura, presión, fuerza, velocidad, resultado) asegurando la cohesión y el equilibrio funcional del todo. La servidumbre es el modo de control y regulación (gobierno) de una máquina social o técnica, como una fábrica, una empresa o un sistema de comunicaciones. Ella restituye la ‘servidumbre maquínica’ de los antiguos sistemas imperiales (egipcio, chino), y consecuentemente es un modo de comando, regulación y gobierno ‘asistido’ por la tecnología, constituyendo, como tal, una especificidad del capitalismo.”[16]

Así, Guattari no sólo crea una nueva definición de máquina, sino también una nueva relación entre hombre y máquinas. En esta nueva relación, ya no somos sujetos conscientes que usan un objeto, ya no somos sujetos que actuamos sobre objetos o herramientas. Somos entradas y salidas (input y output) de un proceso de producción que no diferencia entre tecnología, hombre, animal y plantas.

 

 

Caosmosis

Después de Mil mesetas, publicado en 1980, Guattari produce diferentes libros y textos sin la compañía de Deleuze. En la década de ochenta publica libros sobre la naturaleza del capitalismo –los textos sobre el capitalismo mundial integrado, micropolítica, desarrolla la propuesta de la ecosofía con sus trabajos sobre las tres ecologías, continua con su trabajo en la clínica La Borde, entre muchas otras actividades que parecían nunca ser suficientes para nuestro filósofo. Pero es hasta el año de su muerte, 1992, que tenemos la publicación de uno de los libros más complejos de Guattari: Caosmosis. Esta complejidad radica en el hecho de que en estos escritos encontramos un poco de todo lo que Guattari había teorizado hasta entonces. Guattari se muere el mismo año de esa publicación; muerte inesperada, que no hace de Caosmosis un intento de despedida del autor. No obstante, el libro parece cumplir esa función, y Guattari se despide con esa obra que parece sistematizar toda su creación filosófica, y así navegar por los conceptos y problemas que desarrolló desde los años sesenta.

Nos detendremos en el concepto que da título al libro, y que sin duda es uno de los puntos originales de la teoría de Guattari y que cumple la función de herramienta conceptual para pensar críticamente nuestro presente. ¿Qué es la caosmosis? Según sus palabras:

“La esencia de la máquina no proviene de una continuidad indefinida, ella está en mutación. Para eso, debe intervenir un fenómeno de ruptura, de corte, así como para los individuos captados en el seno de su especie, y entre las especies mismas en sus filums evolutivos. Hay vida y muerte de las máquinas tecnológicas, teóricas, etc. La existencia de un colapso entre la mayor complejidad y su abolición es posible. Lo llamo la caosmosis: se puede estar en una relación altamente diferenciada con el mundo, con el entorno, pero también no estarlo, desaparecer, disolverse en el caos. Esta articulación entre los dos elementos permite la evolución, la producción creadora.”[17]

La caosmosis es la condición para cualquier acto de creación. Implica la idea de que el caos y el orden no son contrarios sino complementarios. Es necesario un caos para que nazca la novedad, un nuevo orden de las cosas. ¿Cómo se va de lo indeterminado a lo determinado, de lo virtual a lo actual, de lo intensivo a lo extensivo? A través de un proceso caósmico. Del caos, al territorio, para volverse a abrir al cosmos. Es lo que hace la pintura, cuando combate a los clichés, cuando crea un estilo, cuando logran hacer nacer de la catástrofe, un portal al cosmos. Discusión que encontramos en Van Gogh, Willian Turner, Cézanne, Bacon, Paul Klee, entre otros pintores.[18] Es también lo que vemos en la música con el ritornelo, en ese proceso que del caos al ritmo, pasa por medios, crea territorios y nuevos universos de referencias, para luego abrirse al Cosmos. “Fuerzas del caos, fuerzas terrestres, fuerzas cósmicas: las tres se enfrentan y coinciden en el ritornelo.”[19]

FRANCIS BACON

FRANCIS BACON

La Caosmosis no es una idea nueva de Guattari, ya estaba presente en otros conceptos, como el de Cuerpo sin órganos – ya que esté se trata justamente de ese proceso “entre” lo virtual y lo actual, lo disperso y lo consistente, experimentación. Esa idea de proceso, que tiende ora hacia una territorialización, a la formación de grandes conjuntos, a una sedentarización; ora tiende a la fuga, a la ruptura, al caos. En este segundo movimiento, no se trata de huir del mundo, sino de hacer el mundo huir. Algunos dirán que hoy vivimos tiempos catastróficos[20]. Que vivimos un momento irreversible, donde un desequilibrio entre el funcionamiento del planeta y producción capitalista parece amenazar nuestra existencia, junto a la del planeta y demás especies. Apocalipsis que no vendrá de la rabia de los dioses, o de una casualidad del universo, sino que hace parte del discurso científico. Parece que nuestra catástrofe, el caos de nuestro presente, es de una dimensión inédita en la historia. Es tan grande su dimensión, que se considera un cambio geológico, como afirman los teóricos que defienden la idea de una nueva era geológica, la del Antropoceno.

La teoría de Félix Guattari, la idea de la caosmosis y el lugar que el caos tiene en esa teoría – condición para la creación – tal vez sea una herramienta conceptual a considerar, a fin de evitar cualquier nihilismo. Nuestra catástrofe tiene un nombre y fecha, como todo agenciamiento concreto: capitalismo, máquina capitalista, neoliberalismo, economía de la deuda, de acumulación, máquina de producción de riquezas y miserias. Catástrofe ambiental, social, subjetiva, política y económica. Y sin duda, ante cualquier amenaza de catástrofe, de caos, descontrol o desequilibrio, las voces del orden, de retención y de control resuenan por todos lados, sea entre los políticos, sea en los medios o en las redes sociales. Fascismos, nacionalismos, racismos, y las más diversas consignas están al orden del día. Toda una demanda a movimientos de reterritorialización, de contención, de selección, que el capital financiero en sí mismo no necesita para funcionar. Éste, funciona en “desfuncionamiento”, por medio de crisis, cuanto más loca se pone la máquina, más dinero se produce. No obstante, la máquina económica no funciona sola, moviliza todas las demás dimensiones de la vida – naturales, sociales, políticas, afectivas, animales, artísticas, científicas, etc.

 

Ecosofía, la pragmática ético-estética

Para terminar con nuestra exposición, elegimos un concepto que parece ser, ya al final de los años ochenta, el concepto que Guattari empleaba para pensar una nueva práctica política revolucionaria, una que fuera suficientemente consistente para enfrentar y combatir las dinámicas avasalladoras del capitalismo contemporáneo. Se trata del concepto de ecosofía. Guattari vivió el momento en que los movimientos ecológicos ganaban fuerzas como movimiento político, a la vez que las alarmas sobre los desastres naturales por diferentes sectores científicos ganaban más resonancia. No obstante, ya advertía de los peligros y las prudencias necesarias para que el movimiento ecológico no fuera capturado por las redes capitalistas de producción. De ahí la pregunta, a finales de los ochenta: “¿Cómo podría recobrar una brújula para orientarse en el seno de una modernidad cuya complejidad la sobrepasa por todas partes? ¿Será el miedo a la catástrofe un motor suficiente en este dominio?”[21]

En 1989 publica el libro titulado Las tres ecologías, obra en la cual desarrolla la propuesta práctica/teórica de una ecosofía. El término aparece anteriormente ya en sus escritos Plan sobre el planeta, publicado en 1982, en italiano por primera vez. Hoy encontramos también disponible una compilación de textos reunidos por Stéphane Nadaud con el titulo ¿Qué es la ecosofía?, conjunto de textos donde encontramos una amplia selección de artículos y entrevistas sobre la temática. Considero que este material podría ser una de las herramientas conceptuales para pensar nuestra catástrofe, recordando a Isabelle Stengers, aquella económista, social y ambiental. ¿Qué es la ecosofía, en las palabras de Guattari? Y traigo una larga cita:

“El término ecología es ecléctico. Engloba realidades heterogéneas, lo cual constituye por otra parte su riqueza. En primer lugar, es una ciencia, la ciencia de los ecosistemas de todo tipo. Al lado de eso, la ecología se ha vuelto un fenómeno de opinión, que cubre sensibilidades muy diversas; desde aquellos conservadores, incluso reaccionarios, que pregonan un retorno a valores ancestrales, hasta aquellos que intentan la recomposición de una polaridad progresista que sustituya a la antigua polaridad derecha-izquierda: Yo he intentado una confluencia conceptual entre todas estas dimensiones. Así nació la idea de ‘ecosofía’ que articula tres ecologías: medioambiental, social y mental.” (…) “En mi espíritu no hay oposición entre las ecologías: política, medioambiental y mental. Toda aprehensión de un problema medioambiental postal el desarrollo de universos de valores y por tanto de un compromiso ético-político. Apela también a la encarnación de un sistema de modernización, para sostener dicho universo de valores, es decir prácticas sociales, de campo, prácticas analíticas cuando se trata de producción de subjetividad”.[22]

ISABELLE STENGERS

ISABELLE STENGERS

La ecosofía tiene que ser una lucha o una práctica que actúe en diferentes ámbitos, en diferentes capas de la realidad. No es solamente un problema con el medio ambiente sino principalmente con la construcción de valores sobre este medio ambiente, así como con las demás valorizaciones, económica, política, social, subjetiva, etc. Es cierto que los grupos y los individuos no pueden “ahorrarse cierto sumergimiento existencial en el caos”, como dice Guattari. Cuando soñamos, vamos a ese mundo de lo caótico. Y de ahí tenemos que sacar algo: ¿será un sentimiento de desastre o la revelación de nuevas líneas posibles?

ECOSOFÍA

ECOSOFÍA

¿Y quién gestiona el caos capitalista? Lo sabemos: la bolsa de valores, las multinacionales y – cada vez menos – los poderes estatales. Todos organismos descerebrados.

“La existencia del mercado mundial es ciertamente indispensable para la estructuración de las relaciones económicas internacionales. Pero no se puede esperar de dicho mercado que regule como por milagro los intercambios humanos del planeta. El mercado inmobiliario contribuye al desorden de nuestras megalópolis. El mercado del arte pervierte la creación estética. Es entones primordial que al lado del marcado capitalista se manifiesten mercados territorializados, que se apoyen sobre las formaciones sociales consistentes, que afirmen sus modos de valorización. Del caos capitalista deben surgir lo que llamara ‘atractores’ de valores: valores diversos, heterogéneos, de disenso.”[23]

Ahora bien, sabemos que no es nada fácil crear valores: “es difícil llevar a los individuos a salir de sí mismos, a desprenderse de sus preocupaciones inmediatas y a reflexionar sobre el presente y el futuro del mundo. Carecen, para llegar a esto, de incitaciones colectivas.”[24] Y no se trata de ampliar las amenazas, los miedos, sino de realizaciones prácticas. ¿Cómo incitar a la gente a hacer estas prácticas diferentes? ¿Ecosóficas? Se trata de producir una nueva subjetividad, aquella que incite a la construcción de una nueva valorización de la vida. Una nueva construcción subjetiva con nuevos valores que no estén fundados en la economía mercantil. Y el paradigma de esta construcción no puede ser científico u económico, sino ético-estético, es decir, se trata de la construcción de nuestras formas de ser, existir y crear. El hombre como artista de la existencia, que se crea a sí mismo. Y un hombre que ya no es hombre, que perdió su forma humana y es parte de un proceso heterogéneo que implica diferentes formas, seres, fuerzas, máquinas.

Desde el pensamiento de Guattari, podemos pensar/problematizar la realidad a partir de una amplia red conceptual, original, singular y actual, visionaria, como diría su amigo Bifo.[25] Sin duda tenemos una teoría revolucionaria que parte del complejo productivo de la vida, del estudio de la naturaleza del capitalismo en sus dimensiones industrial/disciplinar y capitalismo financiero/sociedad de control, y de la afirmación incesante de una urgente mutación existencial a la que nuestro presente nos obliga. Socialismo o barbarie. Existencia o muerte. Sin lugar al nihilismo, pesimismo y pasividad, el pensamiento de Guattari no cesa de afirmar la vida. Incluso en los momentos más sombríos de la historia, incluso cuando todo parece una tragedia, él encuentra una alegría, una comedia, una posibilidad de fuga y de creación.[26]

 

 

Bibliografía

  1. Berardi, Franco, Félix: narración del encuentro con el pensamiento de Guattari: cartografía visionaria del tiempo que viene, Cactus, Buenos Aires, 2013.
  2. Deleuze, Gilles, Pintura, el concepto de diagrama, Cactus, Buenos Aires, 2008.
  3. Deleuze, Gilles, y Guattari, Félix, Mil mesetas (capitalismo y esquizofrenia), trad. José Vásquez Pérez, Pretextos, Valencia, 2010.
  4. Dosse, François, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, Buenos Aires, Fonde de Cultura Económica, 2009.
  5. Guattari, Félix, Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Traficantes de sueños, Madrid, 2004.
  6. Guattari, Félix, ¿Qué es la ecosofía? Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud, Cactus, Buenos Aires, 2015.
  7. Lapoujade, David, Deleuze, los movimientos aberrantes, Cactus, Buenos Aires, 2016.
  8. Lazzarato, Maurizio, Signos, Máquinas, Subjetividades, Edições Sesc São Paulo/n-1 edições, São Paulo, 2014.
  9. Nacimento, Roberto D. S., Teoría dos signos no pensamento de Gilles Deleuze, Tesis de doctorado, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Universidade de Campinas, São Paulo-Brasil, 2012.
  10. Raunig, Gerald, Mil maquinas. Breve filosofía de las máquinas como movimiento social, Traficantes de sueños, Madrid, 2008.
  11. Stengers, Isabelle, In catastrofic times: Resisting the Coming Barbarism, Open Humanities Press/Meson Press, Londres, 2015.

 

Fuente: https://2018.reflexionesmarginales.com/guattari-para-nuestros-dias/

“Back to Adorno”, 30 años después: conversación con R. Hullot – Kentor

“Back to Adorno”, Thirty Years Later: Conversation with R. Hullot-Kentor*

ROBERT ZWARG**

robert.zwarg@gmx.de

FABIO AKCELRUD DURÃO***

fabioadurao@gmail.com

Robert Zwarg y Fabio Akcelrud Durão se reunieron con Robert Hullot-Kentor en suapartamento de Nueva York para debatir sobre su ensayo “Back to Adorno” [“Volver a Adorno”] y sobre el hecho de introducir la Dialectica de la Ilustración en los Estados Unidos.1

Robert Zwarg: “Back to Adorno” fue publicado en 1989, hace casi 30 años, en Telos. El título del artículo suscitó un nuevo interés por la obra de Adorno en los EEUU, al que también contribuiste con el resto de tus ensayos y traducciones. Has pasado gran parte de tu vida estudiando y escribiendo sobre Adorno, la mayor parte del tiempo cuando este era rechazado o desconocido en los EEUU. Y hay algo en tu trabajo –la voz que infundes en tus traducciones– que se encuentra más próximo a la textura extraordinariamente difícil del pensamiento y del estilo de Adorno que lo que puede hallarse en otros comentarios y traducciones estadounidenses.

Robert Hullot-Kentor: Te lo agradezco, Robert, incluso con la sensación de estar poniendo palabras en tu boca. Pero, por lo que respecta a lo difícil que es traducir a Adorno, debería matizarse que es bastante reciente que la barrera entre idiomas se considere tan drásticamente absoluta. Wallace Stevens consideraba que el francés y el inglés eran la misma lengua. Y si lees la literatura filosófica y científica ame- ricana anterior a la Segunda Guerra Mundial, te sorprenderías de lo fieles que eran las traducciones en todas las lenguas europeas, especialmente en alemán. Había nuevas traducciones constantemente, por supuesto; pero las lenguas no se presumían inalcanzables.

RZ: Aun así, estoy seguro de que estás de acuerdo conmigo en que Adorno presenta problemas especiales. En el prefacio de la primera traducción de Prismas de Adorno, Sam Weber llegó a afirmar que la intraducibilidad de este autor es“su más profunda y cruel verdad.” Tú has escrito sobre estos problemas bastantea menudo.

RHK: ¿Eso lo “más profundo en Adorno”? ¿La parte “cruel”? Me suena sospecho- so, aunque también revelador.

RZ: ¿En qué sentido?

RHK: Según mi parecer Weber está diciendo, literalmente, que lo que es cruel es que estamos privados de la obra de Adorno por un impedimento insuperable de traducirle, ¿no? Pero hay una resonancia ahí que ha de ser escuchada. Weber está detectando algo en Adorno y se siente atraído por ello, un límite cruel que no solo se halla en los límites.

RZ: Sin duda, Adorno podía ser áspero.

RHK: Podía ser extremadamente odioso. En una carta a Kracauer recientemente publicada que he leído últimamente, por ejemplo, describe a Eric Auerbach –una figura apenas conocida en la historia de la humanidad– como un académico detestable y repugnante; un hombre de una erudición desafortunadamente insensible;

“En los últimos días he tenido que leer algo de Erich Auberbach, con gran horror. Representa más o menos todo lo que detesto del carácter académico. Y ni siquiera tiene suficientes conocimientos positivos. Sobre Leibniz escribe fra- ses de una asombrosa falta de formación [Unbildung]”2.

RZ: Es duro, estoy de acuerdo.

RHK: Sí, Unbildung pronunciado como un pecado imperdonable por parte del filósofo que en Prismas calificó a la “cultura” de “basura”. Y Adorno recurre constantemente a este tipo de aseveraciones, en sus cartas y en su estilo, en la batalla que su obra libra por aislarse. No tendríamos nada de Adorno sin eso. Al parecer, especialmente en su juventud, aterrorizaba a sus colegas. Y cuando en alguna parte de Minima Moralia afirma, por ejemplo, que “todo el mundo se siente desdichadoporque nadie tiene fuerza para amar”, uno puede sorprenderse ante una accidentalauto-revelación inadvertida3. Este es el aspecto de Adorno que desafortunadamente le hace tan atractivo para quienes se consideran esencialmente simpatizantes, sobre todo cuando lo imitan directamente.

RZ: En alemán lo llaman “adornita” [Adornit].

RHK: Es un calificativo práctico; su terminación irregular da cuenta de su significado. El hecho de que este estilo imitativo revele por sí mismo inmediatamente la mentira da la medida de la obra de Adorno.

RZ: Quizás. Pero recordemos que Sam Weber estaba hablando del callejón sin salida que supone traducir Adorno y, como he dicho antes, tú mismo has escrito bastante a menudo sobre ello.

RHK: Sí, por supuesto. Y con respecto a eso, en serio, al traducir a Adorno, todo cuanto puede salir mal va mal todo el tiempo. Intenta traducir Wahrheitsgehalt (ine- vitablemente vertido como “contenido de verdad”). Traducir “contenido” porGehalt nos devuelve a todas las aporías que implica traducir la ousia de Aristótelescomo “sustancia”, un problema con el que parece que no podemos suprimir. Perola parte realmente difícil es Wahrheit, que remite a una palabra fácilmente dis- ponible en inglés que siempre estará mal estilísticamente. No puede sonar bien. El“cruel” de Weber –en su “cruel verdad”– es todo aquello que impide que esa evocación de la verdad se derrumbe. Con todo, lo misterioso de toda traducción –si es eso lo que estamos discutiendo– es que esto ocurre todo el tiempo, a pesar de todo. Incluso la peor traducción de la obra de Adorno tiene gran parte de ello. El “contenido de verdad” de alguna forma lo dice. Ahora que lo pienso, si uno quiere hacerlo realmente bien, es irritante cómo en general las traducciones espantosas acaban estando logradas.

RZ: Estás diciendo algo sobre el lenguaje en sí, ¿no?

RHK: Todos lo sabemos, ¿no? El lenguaje es traducción: todo lo que es traduciblees lenguaje. Decir “el cielo es azul” es lo más lejos a que llega una traducción, y es tremendamente lejos. ¿Qué otra cosa podemos hacer? Si no tuviéramos boca ni lengua –cuesta imaginarlo– tardaríamos en lograrlo, pero podríamos arreglárnoslas de alguna manera encogiendo los hombros. En cada gesto, el cuerpo humano mismo es un acto de traducción. O, como le gustaba expresar a Adorno, el ser humano es mimético. Por cierto, ¿te has encontrado alguna vez la carta de diez páginas que el adolescente James Joyce escribió a Ibsen en un noruego brillante hojean- do un diccionario noruego?

RZ: James Joyce no es un cualquiera. Pero, por lo que dices, supongo que el Diccionario de los Intraducibles recientemente publicado no te resulta atractivo. RHK: Es un logro y, sin duda, un gran proyecto. Pero, ¿qué palabras habladas y no habladas no son el estudio y la resonancia de otra lengua? “Intraducibles” pareceafirmar algo académicamente sublime. Visualmente logras el mismo efecto si estu- dias la panorámica de una piscina seca. Su pose de incomprensión es un avance académico proyectado sobre el lenguaje, en buena medida un escepticismo siempre competitivo.

RZ: ¿Así que no lo admiras tanto?

RHK: El título no. ¿Tal vez deberían haberlo denominado El Diccionario del mayor Verstand? ¿Por qué no hablamos de alguna otra cosa?

Fabio Akcelrud Durão: Estoy de acuerdo. Como decía Robert al comienzo,queríamos dialogar sobre “Back to Adorno”. ¿Qué te parece ese texto ahora?¿Habría que escribirlo de nuevo? ¿O resulta extraño desde aquí, si se toma palabra por palabra?

RHK: Por supuesto que resulta extraño, Fabio; palabra por palabra, es extraño. Treinta años después, tengo que verlo extraño. Mis plumas se están cayendo; ahora estoy en la liga de los señores mayores. No estaba allí cuando lo escribí. Rolf Tiedemann, mi viejo amigo, parecía mucho mayor que yo cuando nos conocimos —a mis ojos, en todo caso—. Para la mayoría ahora seríamos de la misma edad. Así es cómoveo “Back to Adorno” ahora; sus plumas cayeron hace tiempo. Es uno de esostrucos astutos del tiempo.

FAD: ¿“Trucos astutos del tiempo”?… Oh, bien… estoy a favor de los trucosastutos del tiempo. ¿Hay muchos de esos? Necesitamos empezar y hablar sobre Adorno y la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU –sobre la Ilustración en sí en los EEUU– ¿es así, Robert?

RZ: Así es: quería aclarar esto.

FAD: De acuerdo. Pero, antes de que se nos escape, vamos a hablar sobre esos trucos astutos del tiempo. ¿Hay muchos o solo algunos?

RHK: Uno desearía que hubiera justo los suficientes. Para empezar a hacer re- cuento, podríamos echar un vistazo a Nabokov. Si no están allí, no estarán en ninguna parte. Por cierto, son esas técnicas, esos trucos, los que hicieron que Nabokov fuera importante para el pensamiento de Adorno.

FAD: No sabía que Adorno hubiera leído a Nabokov; ¿alguna vez escribió sobre él?

RZ: Yo sabía que le dedicó un escrito al primo de Nabokov, el compositor Nicolas Nabokov.

RHK: Eso es interesante, Robert. Pero no creo que Adorno escribiera nada específicamente sobre Vladimir Nabokov. Ojalá lo hubiera hecho. Fue Tiedemann quien me mencionó una vez, en relación a un pasaje de Lolita que mencioné en “SecondSalvage”, en mi introducción al Current of Music4, que Adorno estaba profunda- mente afectado por Lolita. Como estaba diciendo, habrían sido cuando menos esos trucos astutos del tiempo los que le importaban, no la versión pop-eros de Lolita.

RZ: Ya que estamos hablando sobre Nabokov, vamos a seguir con él; igual nos aporta un aspecto para entender el posible lugar de Adorno en los EEUU. ¿No estuvieron Adorno y Nabokov al mismo tiempo en EEUU? Me pregunto si se encontraron en alguna ocasión.

RHK: Adorno llegó a los EEUU en 1938. Contando por lo alto y partiendo de que Nabokov llegó al puerto de Nueva York en 1940, coincidieron aquí durante casi una década. Podrían haberse conocido; no es un secreto que mucha gente –exiliada– interesante se conoció en Nueva York por aquel entonces. Adorno y Nabokov podrían haber estado juntos en mutuo desconocimiento como estuvieron Lévi-Strauss y Mondrian examinando grabados africanos en el Metropolitan Museum.

FAD: Robert, te preguntaba si podrían haberse conocido, no si pasaron por alto un encuentro.

RHK: Lo sé, Fabio, créeme. Eso me recuerda, de todas maneras, que cuando estuve investigando para Current of Musiç un portero de Christopher Street en Manhattan, donde Adorno vivió brevemente al llegar a Nueva York en un edificio decorado elegantemente con techo artesonado en el vestíbulo y con las puertas del ascensor de latón tachonadas, me dijo que Walt Disney y Bela Lugosi también residían en el edificio en ese momento. Catalogué la historia de apócrifa. Pero la idea de aquellas puertas del ascensor profundamente refinadas abriéndose a Bela Lugosi, Adorno y Walt Disney –los tres pisando el parquet que cubría el vestíbulo–tiene un surplus de encanto.

FAD: ¿Estás sugiriendo que nos imaginemos a Nabokov, cazamariposas plegado bajo su codo, saliendo de ese ascensor con ellos?

RHK: ¿Imaginar? No; no hace falta mucha imaginación. Estamos jugando; es fantasía; es un comic; el cumplimiento de los deseos no es imaginación. Pero, por qué no, pongamos a Nabokov también en ese ascensor.

FAD: Dudo que hubiera estado allí en una tarde de visita con los Adorno. No se habrían entendido.

RHK: Nabokov podía ser desvalidamente tolerante, pero habría hecho todo lo posible por evitar un encuentro con Adorno. Difícilmente podrían ser hermanos de sangre. Aun así, lo que Adorno vio en la obra de Nabokov es un sensus communis, un modernismo radical ahora caduco. Cuando Nabokov escribe en Pálido Fuego, “deseo que te estremezcas no solo ante lo que lees sino ante el milagro de que sea legible”, ofrece también un comentario sobre el ideal de trabajo de Adorno. Ayuda a esclarecer por qué Adorno como conferenciante y profesor, frente a lo que ocurre en sus escritos principales, podía ser tan transparentemente claro. No se trata de que algunas veces quisiera ser simple y otras veces complicado.

FAD: Eso es verdad. Uno se estremece ante lo que es legible tanto en Nabokov como en Adorno.

RHK: Ante lo que es legible. Y, como dice Nabokov, “ante el milagro de ser legible”, que quiere decir legible no en el sentido de un contenido prodigioso o en elde una técnica posible de lectura, sino en el de la técnica de aprehender lo que es inherente a la posibilidad cuando lo inerte se despliega. Sus parodias son “arte interactivo” y “ficción dialógica”. Uno alardea intentando decir estas cosas. Nabokov encontró la manera de resumirlo.

FAD: Pero, ¿qué hay de Adorno? De hecho, ahora estoy aún más interesado en esos trucos astutos del tiempo. ¿Aluden al sensus communis del modernismo que mencionabas hace un momento?

RHK: Puede que lleguemos a ello, Fabio. Pero vamos a encontrar la manera de llevar la conversación a lo que Robert tiene en mente, nuestro tema, la Ilustración y la Dialéctica de la Ilustración.

RZ: Sí, la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU. Por eso estamos hablando de“Back to Adorno”. El ensayo afirma ser una reintroducción de la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU. Escribes en el primer párrafo, hablando de la obrade Adorno, que “en América, su obra nació en una botella”.

RHK: Todo pensamiento tiene su contra-imagen y a veces una combinación de contra-imágenes. En esa línea me refería a una frase de un poema de El blanco en movimiento de W. S. Merwin sobre el “nacer en una botella” superpuesta al conocido comentario de Adorno a Brecht, cuando estuvieron juntos a la orilla del Pacífico, sobre que desearía poder condensar su trabajo como si fuera un mensaje en una botella. Consciente de que en aquellos años el trabajo de Adorno ya no se estudiaba en Europa, de que había sido de alguna manera desechado, yo quería sacar ese mensaje de aquella botella aquí, en los EEUU.

FAD: Nunca vamos a lograr hablar de todo esto. ¿Tal vez hemos comenzado en la dirección equivocada? No hay nada tan inspirador como un callejón sin salida.

RHK: Coraggio, Fabio. Quizá fue en un momento como este cuando alguien se topó con quién sabe qué, ¿quizás las matemáticas? Y por lo que se refiere a los callejones sin salida, eso es probablemente lo que menos me gusta de “Back to Adorno”.

RZ: ¿Qué quieres decir?

RHK: Que insta a una vuelta a Adorno. Eso es un callejón sin salida. No he escrito mucho, pero “Back to Adorno” es el peor título que se me ha ocurrido hasta ahora. No hay manera de comprender el trabajo de Adorno volviendo a él. Sabía eso cuando titulé el ensayo.

RZ y FAD: ¿Lo sabías?

RHK: Sí, claramente. La primera frase buscaba arreglar el título: “El único ‘volver a’ legítimo es el que reclama una vuelta a lo que nunca fue alcanzado en primerainstancia, que es el caso de los escritos de Adorno.” Esto envuelve hábilmente eltapón de la botella en un sello de plomo.

RZ: ¿Cuál es el problema del título y por qué pusiste un título que considerabas erróneo?

RHK: El título era la solución a un rompecabezas poco edificante: el hecho es que uno quiere que le publiquen su trabajo; es algo propio de la especie. Paralelamente, sentía cierta hostilidad hacia el editor jefe de Telos, Paul Piccone. Piccone era carismático, gesticulaba con tosquedad, y, en general, era un tipo sin igual, con una energía inagotable–y muy, muy prepotente. Lo bueno de esa prepotencia fue que consiguió, como sabéis, dar en su revista a la Escuela de Frankfurt la mayor audiencia que ha recibido en los EE.UU. en muchos años. Toda una generación de intelectuales americanos descubrió allí algo que no podían encontrar en ninguna otra parte: todos estamos en deuda con él. Pero esa prepotencia podría ser también intensamente anti-intelectual y obtusa, y con los años ese aspecto se incrementó cada vez más.

RZ: He oído que era una figura compleja.

RHK: Es una manera de decirlo. Hacia finales de los ochenta, Piccone alejó la línea editorial de la revista de lo que conocemos como Teoría Crítica hacia cuestio- nes de federalismo, en la dirección del Instituto Cato, con una orientación más de derechas, lo que comportaría para Telos una subvención de dinero que a principios de los noventa se manifiesta como apoyo para la Liga Norte en Italia – y como una preocupación con Schmitt. Mientras tanto, cuando le propuse el artículo a Piccone, que nunca entendió una palabra de la obra de Adorno, me dijo que la última cosa que necesitaba Telos en ese momento era un ensayo sobre él. A eso es a lo que me enfrentaba.

RZ: ¿Así que el rompecabezas era cómo conseguir publicar un ensayo por un editor autoritario cuyo interés era llevar la revista hacia otros derroteros?

RHK: Eso es. Así que puse un título que consideré claramente equívoco, porque estaba seguro de que Piccone –autoproclamado Polifemo e inveterado emprende- dor interesado en vender la revista de la que era único propietario– entraría al trapo, perfectamente consciente de que es un título que vende en el Movimento falsamente de izquierdas. De modo que “back to Adorno”, point d’exclamation.

FAD: Eso fue un poco oportunista de tu parte también, ¿no?

RHK: Inofensivamente oportunista, espero. El trato que hice conmigo mismo fue que la publicación del ensayo sería mi recompensa por el título comprometido, y no por debajo de eso –en un nivel un poco exquisito– por demostrar al universo, limitado a mí mismo, la torpeza de Piccone por haber caído en la trampa. Eso son los triunfos de la vida. Pero estás en lo cierto, Fabio. No estoy seguro de qué precio tiene esto noumenalmente. Afortunadamente, los estadounidenses en general no tienen egos trascendentales, yo no lo tengo.

RZ: ¿Entonces la razón por la que decidí traducir y publicar tu trabajo “Back to Adorno” para una colección alemana de ensayos sobre la Dialéctica de la Ilus- tración en los EEUU es el aspecto que consideras más engañoso en relación a Adorno?

RHK: Más o menos. Pero, para tu libro querías una pista sólida sobre el lugar de la Dialéctica de la Ilustración en EEUU, y ahí lo tienes. No es del todo malo. Unosaños después de que se publicara “Back to Adorno” negocié una traducción completa de los Gesammelte Schriften de Adorno en la Standford University Press con el apoyo de Rolf Tiedemann. Eso no salió adelante. De hecho, como extraña anécdota histórica, según un rumor el proyecto murió definitivamente en el escritorio de la entonces rectora de Standford, Condoleeza Rice. Pero en todo caso “Back to Adorno” logró convencer a la editorial de la necesidad de una nueva traducción dela Dialéctica de la Ilustración, que mejoró considerablemente el trabajo de Cumming, y de publicar toda la serie de las clases magistrales de Adorno.

RZ: Pero aún no has explicado por qué el título “Back to Adorno” es tan malaidea.

RHK: La filosofía de Adorno es la crítica de lo primitivo desde la perspectiva de lo primitivo. Primitivo quiere decir, según Adorno, aquello que no logra escapar a su propio origen. Comprender la dinámica de la compulsión con la que lo primitivo reproduce su propio origen, irreconciliado con su propio origen, es el punto cen- tral alrededor del cual se organizan los fragmentarios capítulos de la Dialéctica de la Ilustración.

RZ: Entonces, ¿el título “Back to Adorno” reivindica la restitución del origen, alcontrario de la tesis más central de la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: Como si la libertad tuviera que encontrarse en la antigua falta de libertad, como dice Adorno en la Teoría estética y de diversas maneras a lo largo de su obra. La crítica de lo primitivo desde la perspectiva de lo primitivo no llama, como pudiera parecer, a un retorno a lo primitivo como un nuevo punto de partida, de forma parecida al vitalismo. Implica una noción transformada de regresión, y es por eso que la Dialéctica de la Ilustración es tan dinámicamente compleja. Este es también el motivo de que el pensamiento de Adorno esté tan intrínsecamente vinculado a Freud, que desarrolló este nuevo concepto de regresión como una consecuencia del descubrimiento de las pulsiones inconscientes, que fue su descubrimiento más importante.

RZ: ¿Cómo influye esto en la idea de regresión?

RHK: El reconocimiento de esas pulsiones, como lo primitivo en nosotros y en el mundo que nos rodea, supone una transformación en el tiempo y del tiempo. En estos términos, la regresión ya no puede ser adecuadamente entendida como unavuelta a un estadio más temprano. Se menciona la idea del “retorno de lo reprimido” tanto como se ignora su comprensión del tiempo. Lo que vuelve no es un retroceso a un estadio más temprano. Es lo que una vez más, con aparente inevitabilidad, presenta la reivindicación de lo que no se ha logrado dejar atrás. Se ha mantenido como punto de “fijación”, en el lenguaje de Freud. Este es el concepto transformado de regresión al que Adorno se refiere cuando escribe en alguna par- te, quizás en Minima Moralia, que somos los conflictos irresueltos del pasado.

FAD: He ahí un truco astuto del tiempo.

RHK: Uno de ellos.

RZ: Pero Freud y Adorno a menudo consideran la regresión como aquello que parece un retroceso en el tiempo, como una vuelta a un estadio más temprano, ¿no?

RHK: Sí. Abrid la Interpretación de los sueños y encontraréis muchos ejemplos y diagramas de ese modelo de regresión. Especialmente en la obra tardía de Adorno, una de sus características irritantes es la repetida calificación de lo “bárbaro” en elsentido que indicas.

RZ: Sigamos con esa idea. Fabio te preguntaba al principio de nuestra conversa-ción si querrías o tendrías que escribir “Back to Adorno” de nuevo. Más que volver a ello, podríamos decir que esa cuestión no ha desaparecido. Dada tu crítica a “Back to Adorno”, ¿qué supondría esta idea transformada de regresión paraacercarse al propio trabajo de Adorno?

RHK: En momentos como este uno piensa en la frase de Heráclito de que “nadiese baña dos veces en el mismo río”. Heráclito es simplemente un filósofo con unabuena cabeza sobre sus hombros que odiaba mojarse los pies y un hombre que pudo aprender una lección.

FAD: ¿Estás diciendo que has aprendido una lección?

RHK: Aprecio la traducción, Fabio.

RZ: ¿Cuál sería la lección?

RHK: Que he intentado la pregunta antes. Tienes que acercarte a ella de modo oblícuo. Si vas de frente, te encuentras sobrepasado. La pregunta misma —plantea- da tan ampliamente como su seriedad merece— es si el pasado puede ayudarnos y de qué manera; como cuando Adorno escribe en la Dialéctica de la Ilustración que el problema no es recuperar el pasado, sino sus pretéritas esperanzas. Esa es otra for- ma de formular ese sentido transformado del tiempo. No es nada menos que la afirmación más resumida de lo que Adorno entendía por Wahrheitsgehalt. A propósito, por lo que respecta a ese sensus communis, este es el desarrollo del pensamiento que encontramos no solo en Adorno sino también en Joyce y en Virgina Woolf y en aquellas pocas páginas que Juan Ruflo nos dejó; es la articulación interna de lo que uno anhela en la papiroflexia narrativa de Nabokov.

RZ: Vale, ya que lo prefieres, vamos a tomar otro rumbo. En “Back to Adorno”, eres duro con Horkheimer. Encuentras su escritura floja y le criticas por oponer- se a la reimpresión de la Dialéctica de la Ilustración después de que Adorno y él hubieran regresado a Alemania. ¿Ha cambiado tu forma de ver a Horkheimer?

RHK: Todavía sigo sin saber dónde ir con la escritura de Horkheimer. Puede que sea mi problema; claro que reconozco su importancia y le admiro considerablemente. Pero soy lo contrario de un lector voraz. Solo quiero leer palabra por palabra, palabras que medio pronuncias mientras avanzas y las palabras de Horkheimer no mantienen esa atención. No puedo quedarme pegado a la página; mis ojos se dirigen hacia el margen y siguen su curso.

RZ: Pero, ¿qué hay sobre la postura de Horkheimer, cuando él y Adorno volvie- ron a Alemania, con respecto a la publicación de la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: Con respecto a eso sí que ha cambiado mi parecer. Su reticencia a reimprimir la obra después de la Segunda Guerra Mundial fue la inquietud de que su crítica de la Ilustración pudiera afirmarse en nombre de una crítica primitiva de la razón y redundar en favor del fascismo. Ese miedo era legítimo y entiendo sus preocupaciones mucho mejor ahora que estamos siendo testigos de cómo toda una parte del mundo se está arrastrando por una especie de espiral por la que Alemania ya se precipitó una vez. En los EEUU basta pensar en figuras contemporáneas como Steve Bannon –el estratega de Trump– que cita a Derrida y a la Escuela de Frankfurt para justificar la “deconstrucción del estado administrativo”. Lo que combateen nombre de la Escuela de Frankfurt son todas esas estructuras burocráticas que impiden que el Estado pueda usarse como un arma directa de saqueo.

RZ: Me pregunto si la espiral a la que te refieres es la misma que engulló el mundo a mediados del siglo XX. Pero, incluso si lo fuera, no hay manera de evitar que las ideas sean manipuladas de esta manera. También le ocurrió al psicoaná- lisis durante el Tercer Reich.

RHK: Eso es cierto. Y el estilo epigramático de la Dialéctica de la Ilustración no podía ser más consciente de ese peligro en la forma compacta de su expresión; su impulso a endurecerse para evitar cualquier disolución o explotación de su comprensión de la relación entre Ilustración, dominación y autoritarismo. La némesis de este estilo, sin embargo, es que, en su abreviación deliberadamente drástica, impide articular históricamente el significado de la Ilustración y la hace muy vulnerable a posibles malinterpretaciones.

RZ: Eso ya se ha dicho antes, ¿verdad?

RHK: Sé que ya se ha dicho todo sobre la obra, y que lo ha dicho gente con la que no estoy de acuerdo en su lectura de Adorno, pero ha de decirse de nuevo: ¿dónde incluyen las páginas de Dialéctica de la Ilustración un reconocimiento sustancial del compromiso de la Ilustración con la emancipación universal, de su rechazo al poder arbitrario, de su afirmación de la libertad de movimiento y de ser uno mismo, dónde aparece la Ilustración como crítica del privilegio y la autoridad en cualquier dimensión del pensamiento y la vida? ¿Dónde se encuentra en Dialéctica de la Ilustración que el reconocimiento del ideal de la tolerancia es un logro de la Ilustración? Todo esto apenas se atisba en la obra. Horkheimer tenía buenas razones para temer los usos que pudieran hacerse justo después de la guerra de estas elisiones apenas aludidas en la obra. ¿Se puede concluir de la Dialéctica de la Ilustración que la Ilustración es fascista?

FAD: ¿Estamos hablando de la crítica de la autoridad y del ideal de tolerancia en la Ilustración europea que empieza en el siglo XVII, digamos desde Locke pasando por Montesquieu? ¿O dentro de una dinámica global que afecta a todo el curso de la historia, que es como caracteriza la Ilustración una importante tradición de pensamiento alemana –y Adorno en particular?

RHK: Tu perplejidad va al fondo del asunto; estaba intentando llegar a ello. Y es más que una mera cuestión de estilo, aunque el estilo conciso realmente ayuda a enmascarar la deficiencia. La Dialéctica de la Ilustración no hace la distinción por la que te estás preguntando, y realmente no puede hacer esa distinción. Ese es un problema central de la obra que se expone en su petitio principii, como los autores lo denominan en el prefacio del estudio.

FAD: ¿Qué petitio principii? Recuérdamelo.

RHK: Petitio principii, como sabes, es la falacia lógica de una conclusión que ya está dada en la premisa del argumento. En el prefacio de la Dialéctica de la Ilustración, en un punto crucial de la introducción al texto, los autores se refieren a su compromiso con la Ilustración como valor con estas dos palabras nada más, como un supuesto compromiso con la libertad de pensamiento, que por lo demás ha de mantenerse subcutáneo en la crítica inmanente de la Ilustración.5 Esto tiene lugar a lo largo de toda la obra de manera extraordinaria; es indudable. Pero la tímida afirmación de la libertad de pensamiento en esa petitio principii oculta en no menor medida el hecho de que una presentación más desarrollada del logro de la Ilustración habría desorganizado completamente la tesis de que toda la historia puede concebirse en términos de dominación como sacrificio. Este es el movimiento global de la Ilustración en su lógica de racionalización desde el origen manifiesto del capitalismo, del que se dice que ya era evidente en el viaje de Odiseo. Sin la reducción altamente sublimada de los logros de la Ilustración a la petitio principii, esa tesis originariamente sagaz no podría haberse presentado de modo tan unidimensional.

FD: No sé si te estoy siguiendo; ¿qué quieres decir?

RHK: Estoy diciendo que, si bien su petitio principii no es importante en el orden de la falacia lógica, sí que encubre una falacia histórica que se hace evidente cuando nos preguntamos —como tú te preguntabas hace un momento, Fabio— sobre la relación del período histórico de la Ilustración con la dialéctica general de la dominación. La dialéctica de la Ilustración puede pretender ser la dialéctica de la historia, pero no es toda ella histórica. Adorno no era un historiador, y él mismo lo sabía.

RZ: ¿Cómo es eso?

RHK: Bueno, al considerar el surgimiento de los ideales de la Ilustración que hemos mencionado –que constituyen la posibilidad de esta misma discusión–, una historiadora como Ellen Meiksins Wood, sobre quien pienso a menudo y a quien traigo a nuestra conversación en este momento, explica en El origen del capitalismo que estos valores de la Ilustración se originan en el absolutismo francés y en una revolución motivada por juristas y burgueses que no eran ni modernos ni capitalistas, ni tampoco fuerzas de la racionalización.6 ¿Dónde habrían colocado Adorno y Horkheimer esta serie de diferenciaciones y logros históricos en la dinámica de lo que se supone que es un desarrollo de una Ilustración esencialmente capitalista, del sacrificio como dominación, desde el primer momento? Sin esta petitio principii que permitió a los autores eludir la vasta complejidad del desarrollo histórico y simplificar drásticamente la cuestión conceptual de la Ilustración no podrían haber escrito Dialéctica de la Ilustración.

FAD: ¿De verdad no hay ninguna mención a la tolerancia en la Dialéctica de la Ilustración?

RHK: En algunos comentarios al margen nada más. Pero Adorno sí habló sobre tolerancia en Minima Moralia, en pasajes escritos al mismo tiempo que la Dialéctica de la Ilustración. En “Mélange” se burla de ella. La tolerancia es el fino velo del humanismo fácilmente eliminable, escribe; no es ni tan siquiera una máscara para la intolerancia, sino que ella misma es intolerante en su estudiada indiferencia y falsa universalidad. La tolerancia, continúa Adorno, es lo que los nazis mostraron a sus víctimas al tratarlas a todas igual como víctimas. No creo que Adorno salga muy bien parado de este pasaje. No es difícil triunfar despectivamente sobre la tolerancia: la historia da buena cuenta de ello. Pero ¿es posible pensar sin tolerancia? Y cuando se coloca la tolerancia en el contexto del formalismo de los derechos burgueses, la manipulación de la igualdad por mor de la desigualdad, como Adorno indicaba, o en el contexto de la filosofía que intenta ser la conciencia consecuente de la no-identidad, sigue habiendo algo que falla a la hora de comprender el logro de su aparición en la crítica de la Ilustración a la autoridad y la coerción, de la cual—de eso se trata aquí— Adorno no puede dar cuenta en su exposición.

RZ: Así que, en contra de tu postura en “Back to Adorno”, ¿ahora estás argumentando que, dado que el libro identifica arrogantemente la Ilustración con el fascismo, Horkheimer estaba en lo cierto al no querer reimprimir el libro en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, en un contexto en el que podría llegar a convertirse en un arma para la derecha?

RHK: Para nada: yo no pienso eso. Nadie necesita demostrar la importancia de laDialéctica de la Ilustración. Lo que se encuentra ahí, de un modo incomparable —no puedo pensar en una obra equiparable— es el reconocimiento de lo que ha sido el precio de la historia, como su dialéctica: un precio que ahora tratamos de comprender con urgencia.

RZ: Ahí estoy de acuerdo contigo.

RHK: De modo que, sí, la Dialéctica de la Ilustración debería haber sido publicada a su regreso a Alemania, tanto como hoy merece ser estudiada de nuevo. Pero tanto Horkheimer como Adorno conocían sus limitaciones. ¿Qué habría pasado si ellos hubiesen escrito una introducción en la que se hubiesen enfrentado a sus preocupaciones por el posible malentendido del libro, de la Ilustración? Podría haber sido claramente constructivo. Y al final, muchos años después, habría sido bueno para Adorno también, especialmente cuando, en una especie de conflicto de generaciones, sus clases magistrales fueron ridiculizadas y abucheadas por los estudiantes al final de su vida. En lugar de llamar a la policía para lidiar con ellos, podría haber tenido legítimamente mucho más que decirles sobre la necesidad de dejar hablar a la otra parte en esos momentos de revuelo; y no haberles leído en un momento de crisis, ante su indignación, su estudio sobre la Iphigenia de Goethe.

FAD: ¿Estás diciendo que Adorno no solo podría haber pedido una mejor comprensión de su obra a los estudiantes, sino que él mismo podría haber comprendido mejor a los estudiantes?

RHK: Eso estoy diciendo, sí.

FAD: ¿Pero no hay algo aparentemente irresistible y también infructuoso en conversaciones que, como esta, acaban debatiendo sobre cómo podría y debería haber sido el pasado, como si ocupásemos un lugar más elevado en la historia, meneando nuestras cabezas a sabiendas de los errores, ya fueran de Horkheimer o de Adorno? ¿Eso no forma parte de aquello a lo que Adorno pensaba que había que resistir en lo que llamó la fascinación por el pasado?

RHK: No estoy seguro que eso sea todo lo que estamos haciendo en este momento, aunque sí en parte. Pero permíteme estar completamente de acuerdo contigo, Fabio, porque parece cierto que nos encontramos a cada paso con el quid pro quo de reproche, culpa y retribución. De hecho, esa es la tesis de Adorno: que la ley del talión, como la regla del principio de intercambio, hace que la regresión parezca un retorno mecánico al pasado en lugar de permitirnos comprender el peso del pasado en cuanto lo anhelado por él. Además de que parece que señalamos solo los momentos en que la Dialéctica de la Ilustración flaquea, una introducción que quisiera librarse del “back to it” tendría que ser capaz de ponerla en relación con la posibilidad de lo nuevo, porque el pasado solo puede venir en nuestra ayuda en virtud de su necesidad de lo nuevo.

RZ: Reconozco esa reflexión.

RHK: Entonces reconocerás también el resto de la reflexión, que si somos los conflictos irresueltos del pasado –como Adorno escribe– podemos experimentar la posibilidad de lo nuevo al despertar la memoria de lo que no llegó a realizarse. Eso es lo que Adorno tenía en mente cuando en sus escritos tardíos se refería a que lo que él llamaba el “bloqueo”, el impedimento que experimentamos en cada situación, se disolvería si la historia pudiera conducirse hacia la verdad. O, mejor, que la historia sólo llegaría a ser verdad de ese modo, y así “se transformaría en maestra”.

FAD: Esa sería otra manera de describir lo que hay de estremecedor en la obra de Adorno: que puede leerse.

RHK: Sí, esto no es menos significativamente legible en Lolita que en la última novela de Nabokov, Cosas transparentes. Las “cosas transparentes” en esa obra sonaquellas en las que el presente se abre al pasado, pero tenuemente, no translúcida- mente. Son transparentes en el sentido de que los sonidos del canto de las sirenas pueden escucharse como si estuvieran hablando por sí mismos y abiertos a un oído que se vuelve hacia ellos anhelante y perplejo. La narrativa de la novela, que nos advierte en numerosas ocasiones de que uno puede perderse fácilmente en estas cosas transparentes, solo alcanza su conclusión cuando ellas se encienden como brasas en las que el hotel, la única residencia que resta de la novela –del mundo–explota en llamas. La novela misma entra en combustión al no poder escapar a su propio origen.

FAD: ¿El truco astuto del tiempo de nuestro propio momento?

RHK: Ante el cual, en la experiencia de esta novela, nos estremecemos como ante aquello frente a lo que necesitamos y esperamos estremecernos. En la novela, en aquellas llamas, el bloqueo social se convierte en la dinámica de un momento de transcendencia que está bloqueado –una transcendencia bloqueada como única posibilidad de trascendencia estética.

RZ: Pero, antes de que esto se convierta en un debate sobre la Teoría Estética, ¿quizás deberíamos concluir algo sobre el lugar que ocupa la Dialéctica de la Ilustración en los EEUU?

RHK: Dado que los EEUU están ahora en el segundo año de la presidencia de Donald Trump, ya se lea, se estudie, se comente o se cite la Dialéctica de la Ilustración o no, el reconocimiento del precio desastroso de lo que está ocurriendo apenas podría estar más lejos de nosotros. Pero si la obra aún espera con urgencia ser introducida aquí, no sería en tanto que regreso a sus páginas impecables, sino com- prendiendo cómo sus visiones se transforman al reconocer todo aquello que se quería dar por supuesto en su petitio principii.

Traducción de Nekane García Amezaga

Notas:

* Filósofo y ensayista residente en Nueva York
** Post-Doc en el Deutsches Literaturarchiv Marbach
*** Universidad de Campinas (Brasil).

1 Robert HULLOT-KENTOR, “Back to Adorno,” Telos 81 (1989): págs. 5–29. Reimpreso posterior- mente en Robert HULLOT-KENTOR: Things Beyond Resemblance, Nueva York: Columbia University Press, 2006, págs. 23-44.

2 Theodor W. ADORNO and Siegfried KRACAUER: Briefwechsel 1923–1966, Frankfurt a. M.: Suhr- kamp, 2008, pág. 650.

3 Theodor W. ADORNO: Minima Moralia, Londres / Nueva York: Routledge, 2007, pág. 163.

4 Cfr. Robert HULLOT-KENTOR: “Second Salvage. Prolegomenon to a Reconstruction of Current of Music”, en Things Beyond Resemblance , ob. cit., págs. 94-124.

5 Max HORKHEIMER y Theodor W. ADORNO, Dialectic of Enlightenment, Stanford: Stanford Univer- sity Press, 2002, pág. xvi.

6 Elen MEIKSINS WOOD, The Origin of Capitalism: A Longer View, Londres: Verso, 2017, págs. 181–89.

Porto-Gonçalves: “Evo y Álvaro se quedaron con los cocaleros y contra los indígenas”

Porto-Gonçalves fue amigo de García Linera y, como tal, le envió una carta sobre el Tipnis.

El geógrafo brasileño Carlos Walter Porto-Gonçalves conoce la Amazonia boliviana mejor que muchos bolivianos. Trabajó cuatro años con los siringueros de la zona y se identificó con sus saberes y sus luchas. Este activista por la defensa de la Amazonia siguió de cerca la primera marcha indígena que partió de Trinidad a La Paz en el 90 y luego se identificó con los indígenas del Tipnis que también marcharon hacia La Paz en 2011 rechazando la construcción de una carretera por medio de la reserva forestal. Los indígenas fueron reprimidos en el camino y rechazados por el gobierno de Evo Morales.

Porto-Gonçalves, como otros intelectuales latinoamericanos, había puesto su esperanza en el gobierno de Morales, pero, con los sucesos del Tipnis –según dijo– se dio cuenta de que Morales y García Linera rompieron un pacto que habían hecho desde abajo con los indígenas, para quedarse con los cocaleros.

¿Cuál es la situación actual de la Amazonia?

Yo siempre he rebatido la idea un poco apocalíptica de que la Amazonia se está acabando, pero recién, por solicitud de Coica (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica),  se hizo un balance conjunto y confieso que me quedé asustado. Hay una serie de mapas que muestran el impacto del aumento exponencial de presas hidroeléctricas. Si hay energía significa que va a avanzar la soya, la minería y las concesiones de exportación de petróleo y gas. Las carreteras también se amplían y fragmentan el bosque como una espina de pez, que muestra el avance del capital sobre el bosque. El avance del desmonte y es escandaloso. Significa que la Amazonia va a continuar como en los últimos 20 o 25 años, que fueron los más agudos de devastación. Si continúa así por más de 25 o 40 años, podemos hablar de una catástrofe, con implicaciones para el equilibrio global del planeta.

¿Qué significaría eso para el planeta?

La extensión de la Amazonia es de ocho  millones de kilómetros cuadrados, ocho veces Bolivia. Ahora, ¿te imaginas el área desmontada, con la insolación y sin bosque?. Habrá un aumento escandaloso de la temperatura. Al mismo tiempo, el bosque tiene una función hidrológica. El Río Amazonas lanza hacia el Atlántico la mayor cantidad de agua dulce. Por otro lado, los árboles en la Amazonia todo el día están lanzando agua a la atmosfera. Todo ese proceso dejará de existir. El agua del Caribe también depende de la Amazonia. Entonces, existe una dinámica metabólica para el planeta inmensa y los impactos son terribles e incalculables.

¿Y qué significará esta catástrofe para los habitantes indígenas de la Amazonia?

Yo creo que es lo más importante. Siempre se habla de la Amazonia haciendo referencia  a  la naturaleza, parece que no hubiera gente. Hay que descolonizar el pensamiento y saber que hay gente en esa región. Es más, hubo gente antes de tener el bosque. Son más de 300 pueblos indígenas en toda la Amazonia venezolana, colombiana, ecuatoriana, peruana, boliviana, brasileña, con una riqueza de conocimiento fantástica.

¿Qué va a pasar con la supervivencia de esos pueblos si es que sigue esta depredación?

El conocimiento que esos pueblos tienen es fundamental para un diálogo de conocimientos con otras sociedades. El avance, la devastación y construcción de las carreteras va a poner en riesgo a toda esa gente. Decir que no hay nada que aprender de esa gente es la peor herencia del colonialismo, el desperdicio de conocimiento.

Entre los países que tienen Amazonia. ¿Cuál de todos es el más depredador?

Depende del criterio que usas, si es la extensión territorial devastada, es Brasil. Hay países donde la situación es muy preocupante porque ya desde los años 70 hacen explotación de petróleo en la Amazonia. Por ejemplo, en Ecuador hay una devastación completa. Yo diría que Brasil (es el que más depreda) por la extensión de área que ya fue afectada por desmontes y por la explotación de minería.

Hay gobiernos populistas, de derecha y de otras corrientes. En función a eso, ¿hay algunos que devastan más que otros?

Mariestella Svampa, de Argentina, dice que salimos del consenso de Washington para entrar al consenso de las commodities. O sea, parece que a la derecha o a la izquierda, las prácticas son (iguales). Por ejemplo, Colombia, que no pasó por una experiencia de gobierno progresista, logró un acuerdo con las FARC sobre todo para abrir espacios a la expansión de las commodities, de la soya, de la caña, de la explotación ganadera, todo eso está avanzando con nuevas carreteras que antes estaban ocupadas por las FARC. Venezuela está pasando de ser un país petrolero a un país minero, con la explotación en el Orinoco para exportar a China. Y también empieza en Bolivia con las carreteras, como la del Tipnis. Inclusive junto al Tipnis existe un área de reserva de hidrocarburífera inmensa, la carretera es para eso, para facilitar esa conexión y facilitar la expansión de los cocaleros. En general, los gobiernos progresistas o los de derecha, como ya lo expresó Svampa, llegaron al consenso de las commodities. Estamos prisioneros de esa visión de país periférico, de proveedor de materias primas de exportación.

¿Qué grado de afectación existe de los proyectos de Brasil en la Amazonia boliviana?

La verdad es que en la época de los gobiernos del PT (Partido de los Trabajadores) y, sobre todo, con la  Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa), la presencia brasileña afectaba de manera muy fuerte a Bolivia; pero la crisis me parece que derivó en un stand by. Brasil, en los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, tenía inversiones con un papel protagónico  del Estado, existía un banco público estatal de fomento (Bandes) para inversiones de infraestructura, carreteras, presas hidroeléctricas, que dio 100 mil millones de dólares anuales para financiar obras de Odebrecht, OAS. Bandes sólo podía prestar plata a la empresa brasileña en Brasil, pero Lula ha hecho algo que ningún gobierno hizo, sacó un decreto que permitía que dé a empresas brasileñas fuera de Brasil. Así, Bandes financiaría a OAS para la construcción de la carretera que atraviesa el Tipnis y otros proyectos. Bolsonaro no quiere eso, entonces sacó de la financiación a Bandes y ahora no hay quién financie obras de esa magnitud. Los gobiernos de derecha, como el de Bolsonaro en Brasil, no quieren ese protagonismo estatal y no quieren impulsar esa política de integración sur-sur. Pero, la integración que venía impulsando Lula era también una integración desde arriba pero desintegrada por abajo, donde están los indígenas y campesinos. El caso del Tipnis es emblemático, porque era una carretera que integraba y desintegraba, la misma carretera integraba el capital y desintegraba a los indígenas y campesinos.

¿Usted en algún momento apoyó al gobierno de Evo Morales?

Yo trabajé en Bolivia a finales de los 80 e inicios de los 90. Trabajaba con los campesinos gomeros en Pando y Beni durante cuatro años, conozco bien la Amazonia boliviana. (El de Evo) era un gobierno que podía ampliar la movilización social y Evo venía con un bloque histórico, apoyando la ruta de la reapropiación de la naturaleza. Diría que tenía esperanzas de que su fuerza fuera una fuerza positiva, más allá de mi amistad, porque tenía un grupo de trabajo del que participaba con Álvaro García Linera de Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Evo siempre ha sido un líder campesino cocalero. La defensa del pueblo indígena no hace parte del camino político de Evo, que ha sido sobre todo un liderazgo cocalero, campesino. Evo ha pasado a tomar la reivindicación indígena tras el debate con el embajador (de EEUU), Manuel Rocha, quien quería “cero coca”. Hay una frase de Evo Morales fantástica, en la que dice que “cero de coca es cero de quechua, es cero de aymara, es cero de guaraní”. En ese momento, Evo capta la dimensión indígena, que era en defensa de la coca tradicional contra la coca excedentaria.

¿Era imposible no apoyarlo?

Sí, por eso hay que ver la importancia del Tipnis. En la época de 2010 hice una carta pública, a Evo y personalmente a Álvaro como amigo, compañero, sobre la dificultad de las izquierdas de comprender lo diferente.

¿Sólo fue una carta firmada por usted o fue de un colectivo?

La carta la hice solo, personalmente, tenía un conocimiento por haber vivido en Bolivia y me sentía con a autoridad para hablar. Yo viví en Pando, en la ciudad de Cobija, yo conozco Trinidad, en Beni, y percibí todo aquel sentimiento de la primera marcha de los indígenas de los 90 y sé la importancia de eso. Había salido un nuevo léxico, una nueva gramática teórico política, para un debate político mundial, que venía de allí, porque hablaba de la vida, la dignidad y el territorio. ¿Por qué la izquierda decide hacer una carretera para cortar el corazón del Tipnis?, ¿por qué no puede pasar de largo? Los indígenas no estaban en contra de la carretera, estaban en contra de aquel tipo de trayecto. Cuando aconteció el conflicto, el gobierno estaba en una confusión. Cuando Evo dijo cero de coca es cero de indígenas, estaba haciendo un bloque con los indígenas, un bloque histórico desde abajo, con lo del Tipnis. Pero, Evo y Álvaro se quedan con los cocaleros y contra los indígenas, incumplen un pacto, eso es grave, eso es grave. Él había armado un pacto histórico nacional popular desde abajo, pero con el Tipnis, él rompe ese pacto.

¿Usted se decepciona del proyecto?

Más de una vez las izquierdas tienen dificultad de comprender estas dinámicas, que la lucha no es contra el capitalismo, la lucha es también contra la colonialidad. Es una cosa más profunda, Bolivia no es más un Estado nacional, es un Estado plurinacional, no es poca cosa, se trata de aceptar la idea de la plurinacionalidad. Yo trabajo como geógrafo y para mí el territorio es un tema muy fuerte. Cuando estaba trabajando con los siringueros de Brasil y de Bolivia, ha sido un período muy culto, donde escuchaba la misma frase: no queremos tierra, queremos territorio. Confieso que no entendía. Cuando el gobierno rompe ese pacto con el movimiento desde abajo, también rompe la comprensión de esa diversidad, de esas territorialidades, temporalidades y reitera cosas típicas de la izquierda.  Yo tenía mucha esperanza en ese proceso que venía de Bolivia.

¿Usted diría que Evo Morales ha traicionado esos principios?

No sé si cabe esa categoría. Yo tengo una idea de que el Estado puede ser una necesidad, pero no es una virtud. Las izquierdas siempre buscaron conquistar el Estado. Si hicieras un mapa de los años 60, te sorprenderías de ver que todos los movimientos antisistémicos estaban en el gobierno. La estrategia tenía dos pasos: conquistar el Estado en el primer paso y cambiar el mundo en el segundo. El primer paso se pasa, el segundo no. Es un tema en el que toda la izquierda se atrapa, en cuanto toma el poder. Me parece mucho más profundo que decir que fue una traición, son esas contradicciones que hacen entender que el Estado no es el lugar de la liberación, tenemos que buscar algo con el Estado, contra el Estado y más allá del Estado. Marx decía que la comuna era la forma de la revolución y Engels hace una autocrítica de que la lucha debe ser centralizada como se ha formulado antes. Hay que recuperar el Marx tardío, el Marx poscapital que admite que la comuna rural rusa puede ser la base del comunismo, un Marx no evolucionista.

¿Cuál es su opinión sobre el manejo del gobierno respecto a la Amazonia, donde se anuncian dos grandes represas y la carretera por el Tipnis?

Me parece que el Gobierno continua con la visión de aumentar la producción, con la visión desarrollista, por tanto no está entendiendo la Amazonia. El Gobierno continúa prisionero de una lógica desarrollista para conseguir capital para hacer programas sociales, para financiar los bonos sociales.

¿Es malo el asistencialismo?

Decir que no tienen importancia alguna es un absurdo, pero tenemos una experiencia dramática en Brasil. Así lo hizo el gobierno de Lula, que tenía varios programas de ese tipo, pero en Brasil se siguen pagando las mayores tasas de interés a los bancos. Lula no tocó los intereses del capital financiero, no tocó las cuestiones fundamentales de la reforma agraria, por lo tanto, continuó apoyando al agronegocio como fuente de divisas. Es decir, las cosas estructurales que provocaron injusticia permanecieron. Dar bonos para políticas sociales es seguir mostrando una política de patas cortas, que no tiene futuro. La pregunta es cómo está la gestión de fondo, cómo está avanzando en la reforma agraria en Bolivia, cómo avanza el reconocimiento de los territorios indígenas, de los autogobiernos, el Estado plurinacional debe funcionar como tal. Me parece que la lógica colonial permanece, hay toda una exhibición de banderas, de indígenas por todo lado, wiphalas por todo lado, se habla mucho de lo indígena, pero atiende a una folklorización, una banalización y eso tiene consecuencias más profundas.

Fuente: https://www.paginasiete.bo/nacional/2019/6/23/evo-alvaro-se-quedaron-con-los-cocaleros-contra-los-indigenas-221944.html?fbclid=IwAR1ur66bcQCbWLoxdWR0PXl0Yyduhrf6O__h-SNpJ9xaBWk9xo-z6sPUH-k

María Luisa Rodríguez: «A la Universidad Nacional de Colombia le falta compromiso con su política de género»

La profesora María Luisa Rodríguez cuenta que vivió en carne y hueso las deficiencias de esta universidad al enfrentar el acoso sexual.

María Luisa Rodríguez, abogada constitucionalista, exmagistrada auxiliar del Consejo de Estado y profesora de la Universidad Nacional, interpuso la primera tutela contra la universidad por no aplicar el enfoque de género en el caso que ella tuvo que vivir de acoso por parte de un profesor estadounidense en 2017. Desde entonces ha recorrido todas las instancias institucionales en busca de apoyo. En el camino ha conocido a más mujeres en la misma situación, cuyos procesos ha acompañado.

¿Cómo fue su caso en particular?

En 2017 viví una situación de acoso (sexual) por parte de un profesor extranjero, que fue investigado y sancionado por la Universidad de Purdue (Estados Unidos), donde está contratado. Antes de que se venciera el proceso y de que se emitiera la primera decisión, un colega de la Facultad de Derecho, Maguemati Wagbou, lo invitó a un evento en la Universidad Nacional. Esto me obligó a buscar respaldo de la universidad, aplicar todas sus rutas para evitar que el profesor acosador volviera. Nunca había hecho un proceso disciplinario contra nadie, esto fue nuevo en mi vida personal y profesional.

¿Qué la llevó a poner esta tutela?

La impunidad. El saber que la universidad no aplicó un enfoque de género para un caso como el mío, que estaba tan documentado. Que uno sienta que no hacen nada con el caso de una profesora lleva a pensar: ¿qué hacen con una estudiante o una administrativa?

¿Qué pensó cuando supo que el profesor que usted denunció venía a Colombia y a su propia universidad?

Me sentí completamente descuadernada. Para mí era un desafío que él viniera a mi facultad, financiado por la universidad a la que pertenezco. Lo primero que tuve que hacer, desgraciadamente, fue llevar el caso de forma pública al Comité de Unidades Básicas para intentar bloquear la visita, exponer las pruebas y romper el secreto que tenía el proceso en Estados Unidos. Yo lo había manejado con total discreción. La facultad reaccionó a favor mío bloqueando la visita del profesor y comunicándoselo a Maguemati. Sin embargo, él buscó ayuda en la Facultad de Ciencias Humanas, donde lo respaldaron. Luego siguió una búsqueda de apoyos. Fui a donde la decana de Ciencias Humanas, la cual me escuchó, pero no hizo nada porque no había una norma expresa para detener su visita. A partir de esto comencé a compartir con otras mujeres de la facultad que también habían sido víctimas de acoso, como Alexi Amaya (trabajadora administrativa, quien denunció por acoso al profesor José Guillermo Castro). Si nos pasa algo tenemos que ir adelante, avanzar, y no quedarnos calladas.

¿Qué siguió?

Busqué ayuda en todos los niveles. Me respondieron que el profesor no estaba sancionado y que ellos no podían bloquear la visita de Stephens. Les expliqué a todos que un profesor extranjero no tiene un derecho adquirido para venir a ninguna universidad. Además, internacionalmente, por la Convención Belém do Pará, las investigaciones de género tienen que ser en contexto, y está claro que había una relación directa de poder, de dominación por parte del profesor, que desafió el venir a mi universidad estando en medio de un proceso de acoso.

Cuando llegó la fecha, recibí ayuda del Grupo de Seguridad y Género, con las que siempre estaré agradecida. Ellas se movilizaron y así logramos detener la presentación del profesor acosador en el evento, pero no su viaje. En esa época el Protocolo de Atención a Violencias Basadas en Género todavía no existía formalmente. Apenas se estaba probando.

La Universidad de Purdue lo sancionó a los pocos días. Stephens apeló, pero le ampliaron la sanción. Tuve la audiencia con ellos después de la visita del profesor Ronald Stephens, les expliqué el nivel de intimidación que me estaba causando. Renuncié a una estancia que tenía organizada, había obtenido financiación por parte de ellos y fue dolorosísimo decir no a ese intercambio.

Los de Purdue lo sancionaron impidiéndole volver a Colombia. Eso me tranquilizó, pero fue decepcionante ver que la universidad (Nacional) no hizo mucho.

¿Para ese momento ya habían denunciado Alexi Amaya y Lizeth Sanabria sus respectivos casos de acoso?

No habían salido a la luz. El de Alexi se estaba investigando. Yo la apoyé antes de que sucediera mi caso.

¿Qué pasó después de que Purdue le dio la razón y por qué no ha podido acceder a la reparación?

Esto fue nuevo para Purdue. Acababan de aprobar el protocolo de género. Contra el profesor Stephens había denuncias que involucraban a estudiantes, pero esta fue la primera de una profesora. Purdue reaccionó bien y dejó la enseñanza de que estos procesos deben ser rápidos. Lo que me quedé esperando fue la reparación que se falló en la segunda instancia, donde se reconoció que perdí una oportunidad. Ese acoso me dejó en una situación de desventaja, perdí las oportunidades para relacionarme internacionalmente, para mejorar mi inglés, para realizar clases allí, investigación, en fin. Fui a la Oficina de Relaciones Internacionales, hablé con la directora, Nancy Rozo, y le comenté que quería restablecer mis nexos con Purdue. Ella me trató con displicencia y me culpó de frustrar el convenio con Purdue.

Allá (en Purdue) fueron solidarios con mi reparación, pero lamentablemente, como el proceso ha sido por mi cuenta y sin el respaldo institucional, no he podido organizar la visita con las condiciones que estaban previstas y me tocó aplazarla porque la universidad (Nacional) cambió su calendario en virtud del paro del año pasado.

Entonces, ¿cree que la Universidad Nacional es responsable de la ausencia de reparación?

Sí, en tanto no he tenido un apoyo, una vocería de la UN. A mí me parece vergonzoso que yo, como víctima, tenga que negociar la reparación, como si no trabajara en ninguna universidad. Los hechos se dieron en el marco de mis funciones como profesora y como directora de relaciones internacionales de la facultad. No conocí al señor Stephens en la calle, ni en un bar. Cuando él regresó a Colombia también fue en el marco de una visita oficial. Es tan inaceptable como absurdo que una entidad que tiene una vinculación con una funcionaria, al nivel de contratación que yo tengo, se haga la loca con sus responsabilidades. Creo que lo que le ha faltado a la universidad es un mínimo de compromiso con una política de género seria.

La violencia estructural que ejerció la Universidad Nacional es dolorosa. Vivir una violencia sexual o un acoso es solo una fase frente a lo que significa confrontarte con tu empleador, a la apatía de sus funcionarios, que para ellos sea normal culpabilizarte de lo que pasó.

¿Este episodio afectó su carrera profesional?

Si me comparo con mis colegas, en estos tres años, desde que empezaron los ataques de Maguemati, no he tenido oportunidad de publicar ni de participar en grupos de investigación. Venía con fuerza fortaleciendo mi perfil investigativo y cada vez que venía la convocatoria se entrometía algún documento del proceso por responder o porque me he dedicado a hacer activismo, que está muy bien, pero tiene un perjuicio para mi remuneración, para mi prestigio académico. Aún no sé hasta qué punto la estigmatización va a estar ahí, aún no he dimensionado sus efectos pero soy consciente que he recibido más críticas que respaldo.

Por otro lado, no solo fue el caso de Maguemati y Stephen. Guillermo Castro actuó contra mí acusándome y publicando mis datos personales a toda la base de 50.000 correos electrónicos de la Nacional. He recibido también amenazas que la universidad nunca aclaró y que están ahí, porque no sabemos ni siquiera de dónde provinieron y cuál era el objetivo.

¿Cuáles amenazas?

Amenazas en el pasillo de la facultad. Frente a mi salón dejaron un cartel que decía: «Feministas? Ratas? Espérenos!», con una imagen como de la cara de Hitler (Ver la línea de tiempo al final del artículo). Eso nos deja en una situación de vulnerabilidad porque no sabemos ni de dónde viene, lo que es peor, porque no lo puedes controlar.

¿Hay amenazas en la Universidad Nacional contra el colectivo de mujeres feministas?

Las estudiantes manifiestan que, a través de redes, las han amenazado con retaliaciones físicas, como echarles ácido o violarlas. Han recibido contrademandas, y creo que es la manera más contundente de desactivarlas, porque apenas empiezan las investigaciones y la mayoría de ellas no saben cómo reaccionar a estos procesos penales y no tienen asesoría jurídica gratuita. Además las distrae de sus actividades como colectivo. Es preocupante el uso judicial de los denunciados para contraatacar y debilitarlas.

Usted decía que su caso la volvió una figura pública en la universidad y que la han buscado para que ayude con casos similares…

La mayoría se me acercaron cuando dirigí la cátedra Eduardo Umaña Luna, de feminismos. Las estudiantes eran de pregrado y lo que me contaron fue muy grave. Algunas han recibido múltiples formas de violencia, hasta accesos carnales, a los que la universidad no respondió.

¿Qué la lleva a decir que la Universidad Nacional protege los derechos humanos de los hombres y no los de las mujeres?

Cuando un profesor es amenazado, generalmente por el conflicto interno o por movilización social, la UN activa mecanismos de protección. Cuando una mujer denuncia amenazas, se preguntan si es un caso de género o de derechos humanos. Ahí comienzan las falencias estructurales de atención. Hay infravaloración de los casos de mujeres. Si se miran los resultados de los procesos, ha habido muy pocos profesores en toda la historia la Universidad Nacional condenados por acoso. Lo cual es desconcertante, teniendo en cuenta los niveles de denuncias.

El caso de la estudiante Lizeth Sanabria, que denunció al profesor Freddy Monroy en abril de 2018, me parece gravísimo. Primero, que ella se hubiera expuesto otra vez a la violencia para obtener la prueba reina, una prueba de semejante calidad con la que se podría iniciar el proceso y condenar, y aun así la universidad se demoró más de un año en tomar una decisión. Otra de las falencias en el caso de Lizeth fue la incapacidad de las personas involucradas en el ascenso que tuvo Freddy Monroy a profesor titular, después de conocida esa prueba y antes de ser despedido. No hubo reproche ético, que siempre está en todos los aspectos de evaluación de los procesos. Pareciera que la violencia contra las mujeres ni siquiera está relacionada con la ética, como sí lo están la corrupción o la pérdida de bienes.

¿La rectora se ha pronunciado sobre estos casos?

Lo que sentimos es que la rectora está alejada de esta situación. Me sorprende que ella, la primera mujer en ese cargo, no tenga empatía con las mujeres de la comunidad académica. Nunca ha propiciado un encuentro con las víctimas. Sé que la red de profesoras está redactando una carta en virtud de estos casos y para solicitarle una audiencia. Yo había agotado esa ruta con el rector Mantilla. Él no me atendió. Luego, la rectora tuvo conocimiento de mi caso directamente con la Procuraduría y jamás intentó comunicarse conmigo.

 

constitucionalista, exmagistrada auxiliar del Consejo de Estado y profesora de la Universidad Nacional.

Fuente:

https://www.elespectador.com/noticias/judicial/la-u-nacional-le-falta-compromiso-con-su-politica-de-genero-docente-que-fue-acosada-articulo-865241

Lise Vogel: “Más allá de la interseccionalidad”

Lise Vogel es una intelectual feminista estadounidense. Socióloga e historiadora del arte, Vogel se define como feminista marxista y es autora de Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory. Su libro, editado originalmente en 1983 con modesta repercusión, fue reeditado en 2013 en un escenario de revitalización del feminismo y el movimiento de mujeres. En este contexto, su trabajo fue considerado por algunos sectores como la base para la teoría de la reproducción social, con ansias de encontrar respuestas a realidades complejas como la creciente precarización del trabajo, las medidas de austeridad que golpearon más durante a las mujeres, obligándolas en muchos casos, a multiplicar sus horas de trabajo no remunerado en los hogares.

En este texto, Vogel, invita a una reflexión sobre la interseccionalidad, el mantra (según sus palabras) en boga en el feminismo, dentro y fuera de la academia, en tiempos de bancarrota del feminismo neoliberal. Como en otros movimientos que luchan contra la opresión, la fragmentación de la clase trabajadora y las múltiples divisiones, que las clases dominantes abrazan y alientan, se refractan en respuestas impotentes como las políticas identitarias y la propia atomización de los movimientos. ¿Son la clase, la raza y el género factores equivalentes? ¿De dónde surgen los conceptos -que hoy parecen intocables- de la diversidad y la interseccionalidad? ¿Son discutibles?

Lise Vogel, no sin aspectos polémicos, ensaya en este artículo –publicado en Science & SocietyVol. 82, No. 2, abril 2018– algunas respuestas, rastros históricos y conclusiones. Más que a una adhesión o rechazos monolíticos, Vogel invita a hacer(nos) preguntas necesarias a uno de los movimientos sociales más dinámicos de los últimos años que, como otros, está atravesado por discusiones políticas y debates estratégicos.

***

MÁS ALLÁ DE LA INTERSECCIONALIDAD

En este artículo examino la genealogía de la “interseccionalidad”. Más específicamente, observo la historia de la conceptualización de la “diversidad” que consiste en la interacción de múltiples “categorías de diferencia social”, por ejemplo, la raza, la clase, el género, etc. [1]. La “interseccionalidad” parece ser uno de varios conceptos, atractivos aunque con fallas, desplegados durante los últimos ochenta y tantos años para representar esa heterogeneidad social. Concluyo con algunas sugerencias para desarrollar un enfoque más adecuado para conceptualizar la “diversidad”.

La explicación estándar

Las académicas feministas negras inventaron la noción de “interseccionalidad” a finales de los años 1980. A partir de ese momento, se convertiría en la forma dominante para conceptualizar la “diversidad” dentro y fuera de la academia. Esta es una típica discusión introductoria, en una entrada de Wikipedia:

Interseccionalidad (o teoría interseccional) es un término acuñado por primera vez en 1989 por la defensora de los derechos civiles y destacada académica de la teoría crítica sobre la raza, Kimberlé Williams Crenshaw. Es el estudio de identidades sociales superpuestas o que interseccionan y sistemas de opresión, dominación o discriminación relacionados. La interseccionalidad es la idea de que las identidades múltiples se cruzan para crear un conjunto que es diferente de las identidades que lo componen. Estas identidades que pueden cruzarse incluyen género, raza, clase social, etnia, nacionalidad, orientación sexual, religión, edad, discapacidad mental, física, enfermedad mental, física, así como otras formas de identidad. Estos aspectos de identidad no son “entidades unitarias, mutuamente exclusivas, sino… fenómenos que se construyen recíprocamente”. La teoría propone que pensemos cada elemento o trato de una persona como inextricablemente relacionado con todos los otros elementos para comprender de forma completa la identidad.

Este marco puede utilizarse para comprender cómo la injusticia sistémica y la desigualdad social ocurren sobre una base multidimensional. La interseccionalidad sostiene que las conceptualizaciones clásicas de la opresión en la sociedad –como el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia, la xenofobia y los fanatismos basados en creencias– no actúan de forma independiente una de la otra. En cambio, estas formas de opresión se interrelacionan, creando un sistema de opresión que refleja la “intersección” de múltiples formas de discriminación (“Interseccionalidad”, 2017, revisado el 4/3/2017).

Por lo tanto, el marco interseccional dice poder lidiar tanto con la identidad personal y los aspectos estructurales como los privilegios, la opresión y la Justicia.

La creación del concepto de interseccionalidad ocurrió en el contexto de una expansión masiva de un nuevo campo académico, los estudios de la mujer [2]. A medida que sucedía esto, una especie de historia mitológica del desarrollo de la segunda ola feminista se transformaba en estándar. De acuerdo con esta explicación, el feminismo de la segunda ola emergió en los años 1960 y 1970 como un fenómeno monolítico blanco de clase media que ignoraba la raza y la clase. Recién en los años 1980, continúa el mito, cuando las mujeres negras entraron en la academia y desafiaron con fuerza el feminismo dominado por las mujeres blancas, las cosas cambiaron. Las académicas feministas afroamericanas –por ejemplo Kimberlé Crenshaw, Patricia Hill Collins, bell hooks, y muchas otras– lideraron esta introducción de la raza al análisis feminista. En algunos casos tomaron la clase también. Su liderazgo ganado con mucho esfuerzo bajo el estandarte de la “interseccionalidad” finalmente logró romper con los errores del llamado feminismo blanco.

En los años 1980 y después, este racconto cronológicamente confuso se volvió hegemónico entre las feministas blancas así como las negras, incluso aquellas que deberían haber sabido que no era así. Pero esto es profundamente problemático. En primer lugar, simplifica la historia de la compleja evolución del feminismo de la segunda ola, que desarrolló múltiples alas y no solo dentro de la academia. De hecho, y como discutiré más adelante, las feministas socialistas –y marxistas [3]– siempre prestaron atención a la clase; ¡cómo no lo harían! Y la raza a menudo jugaba un rol en sus análisis también.

Existe además un aspecto metodológico: la historia siempre es compleja y con múltiples capas, y deberíamos ser cuidadosas con las historias unilaterales. Una explicación puede ser hegemónica sin silenciar enteramente las voces alternativas. De la misma manera, una explicación que es hegemónica en un momento puede perder su posición dominante en otro. Esto último es lo que ha sucedido, creo, con los análisis feministas socialistas en las décadas que llevaron al apogeo de la interseccionalidad.

Otro problema con la explicación estándar es que puede no permitirnos ver la evidencia histórica que la contradice. En otras palabras, funciona como el paradigma de Kuhn, que amenaza con invisibilizar cualquier información que no quepa en ese estándar. Permítanme llamarlo el paradigma del “feminismo blanco”. Como todos los paradigmas, tiene alguna validez, pero en general sesga la historia, con consecuencias graves.

El registro histórico

¿Qué es lo que sucedió “realmente”? ¿Y por qué es importante que corrijamos el registro histórico? [4] Para responder estas preguntas tenemos que ir hacia atrás más allá de los años 1980, hasta la década de 1960 e incluso antes. En los años 1960 y 1970, el activismo y los análisis feministas socialistas eran fuerzas importantes en el movimiento de mujeres emergente. Muchas feministas socialistas sostenían que tres sistemas (dimensiones, diferencias o como se quiera llamarlo) -raza, clase y género- interactúan en la vida de las personas, sean estas o no conscientes de ello. Los sistemas a menudo se consideraban en interacción simultánea y entrelazamiento inextricable en una matriz de privilegios y dominación.

También existía una conclusión de que la raza, la clase y el género eran de alguna forma fenómenos comparables, y de igual peso o importancia. Al asumir que las varias dimensiones del marco raza/clase/género son comparables, incluso equivalentes, las feministas socialistas hacían una declaración política que era importante en ese momento: a saber, que ningún elemento de la trilogía podía ponerse por delante a priori. Por lo tanto, la reflexión de las feministas socialistas sobre raza/clase/género podía distinguirse política y analíticamente del feminismo radical (que ponía el género primero), por un lado, y el socialismo tradicional (que generalmente colocaba la clase primero), por otro. En un período de activismo intenso, esta posición política era importante.

Raza/clase/género rápidamente se transformó en un mantra, una serie de factores a los que siempre había que prestar atención y codificar en eslóganes políticos, posiciones en los periódicos, pliego de reclamos, etc. Y a medida que el feminismo avanzaba hacia a la academia en los años 1970 y después, raza/clase/género debía reflejarse en artículos, revistas, títulos, currícula y manuales de estudio. Como marco de análisis así como acción política, raza/clase/género –también conocidos como “la trilogía”– parecía nuevo y poderoso.

En otras palabras, la reflexión sobre raza/clase/género no se originó en las actividades de las académicas feministas negras durante los años 1980. En cambio, surgió junto con el movimiento de mujeres y otros movimientos de los años 1960 y comienzos de la década de 1970. De hecho, muchas de las primeras activistas del movimiento de liberación de las mujeres habían participado de los movimientos por los derechos civiles y de la liberación negra y contra la guerra. Mi propia trayectoria sirve de ejemplo: en 1964 y 1965 trabajé con el SNCC (por sus siglas en inglés, Comité Coordinador Estudiantil No Violento) en Mississippi; en el norte apoyé el movimiento antiguerra y fui una entusiasta militante del movimiento de liberación de las mujeres cuando despegaba a fines de los años 1960. No es una sorpresa que haya utilizada el modelo raza/clase/género en mis dos primeros artículos feministas (Vogel, 1971;1974).

Con el paso del tiempo, el marco de análisis raza/clase/género se expandió para incluir otros factores que podían jugar un rol en los privilegios y la opresión: la etnia, la sexualidad, la geografía, la religión, la cultura, la identidad de género, la capacidad/discapacidad, y así sucesivamente. De forma un poco vergonzosa, el marco raza/clase/género empezaba a parecer una lista de supermercado. Además, cuantos más factores se mencionaban, más interacciones había que examinar, lo que planteaba serios problemas para el análisis.

Para los años 1980, muchos de los movimientos sociales opositores de las décadas anteriores había sido objeto de varios tipos de ataque, incluida la represión violenta. Aun así, el movimiento por la liberación de las mujeres, ahora llamado feminismo, sobrevivió e incluso creció. Y las nuevas generaciones de estudiantes y profesoras que entraron en la academia en los años 1980 y después incluyeron a muchas personas que habían participado en un movimiento social o habían reflexionado mucho sobre el fenómeno de la “diversidad”. Esto, desde mi punto de vista, fue la base para reescribir la historia de los años 1960 –primero por los medios y luego por las propias académicas feministas–. Cuánto más excitante deben haber sido ubicar los puntos más importantes en la línea cronológica propia.

¿Cómo llegamos del concepto enormemente popular de raza/clase/género al concepto enormemente popular de la interseccionalidad? ¿Por qué un mantra reemplazó al otro? En mi opinión, no se trató solamente de las intervenciones de Crenshaw y otras académicas negras, más allá de que hayan sido importantes. Fue el contexto en el cual tuvieron lugar. Algo de ese contexto debe haber hecho a la interseccionalidad particularmente atractiva y a raza/clase/género, menos (ver también la nota al pie número 1 más arriba).

Quizás la interseccionalidad, como la “diversidad”, parecía mejor para incluir todo de forma accesible y matizado, mientras que, al mismo tiempo, preservaba la autonomía de los sistemas específicos dentro de la unidad de interseccionalidad. En contraste, raza/clase/género, mucho menos parecida a una lista de supermercado, puede haber parecido demasiado torpe, demasiado tajante, en la era del posmodernismo y la deconstrucción.

Otra característica atractiva de la interseccionalidad, en comparación con raza/clase/género, es que suprime las poderosas palabras raza y clase –con su capacidad de conjurar no solamente la opresión sino la violencia y sus gestos implícitos hacia la justicia social y el cambio estructural. Mucho mejor oscurecer el significado en aquellas décadas conservadoras. Estoy pensando en diferentes fuentes de financiamiento, comités vitalicios, y demás, así como jóvenes que buscaban un lugar en la academia.

Orígenes

Hasta ahora he sostenido que la conceptualización de “diversidad” en términos del marco raza/clase/género era común en las militantes del ala izquierda del movimiento por la liberación de las mujeres durante los años 1960 y 1970. Pero, ¿de dónde vino? ¿Fue inventado, como otros conceptos del movimiento por la liberación de las mujeres –por ejemplo, “sexismo”, “femicidio” y “Ms.” [5]? ¿O el movimiento por la liberación de las mujeres lo heredó?

Creo que es muy probable que la conceptualización raza/clase/género se haya vuelto popular en los años 1960 producto de una tradición con un siglo de antigüedad, transmitida en la experiencia vivida y el activismo de las mujeres afroamericanas. Encontré evidencia para esta hipótesis en el trabajo y los escritos de Maria Miller Stewart, Sojourner Truth, Anna Julia Cooper, Mary Church Terrell, Pauli Murray, y otras. Estas activistas –a menudo citadas por autoras de la interseccionalidad como pioneras interesantes pero desconectadas– podrían haber sido de hecho las portadoras de una tradición feminista negra viva, que sería continuada más tarde por el artículo de Fran Beal de 1969 sobre el “doble riesgo”, la declaración del Combahee River Collective de 1977, el texto de Kimberlé Crenshaw de 1989 sobre la interseccionalidad, y así sucesivamente (Beal, 1970; Combahee River Collective, 1977: Crenshaw, 1989).

Las mujeres blancas y negras activas en el Partido Comunista de Estados Unidos seguramente jugaron un rol importante en esta transmisión. De acuerdo con la historiadora Kate Weigand, en los años 1930 y 1940, “las publicaciones comunistas utilizaban regularmente los términos ‘triples cadenas’ y ‘triple opresión’ para describir el estatus de las mujeres negras” (Weigand, 2001, 99; ver también McDuffie, 2011). Otros términos incluían “triple explotación” y “doble jornada”. Quizás el mayor exponente de la reflexión raza/clase/género antes de los años 1960 fue Claudia Jones, una importante líder de negra del PC de Estados Unidos y del Congreso de Mujeres Estadounidenses [6] (Boyce Davies, 2008, 2011; Lynn, 2014).

En mi propia experiencia como activista feminista marxista y académica en los años 1960 [7], el marco de análisis de raza/clase/género parecía familiar, e inmediatamente disponible. No era algo que tenía que pensar demasiado, mucho menos inventar. ¿Habré elegido el marco teórico de mis padres izquierdistas?

En resumen, las feministas negras tuvieron razón en reconocer el mérito a Crenshaw y otras académicas negras por encabezar el esfuerzo de poner en primer plano la interseccionalidad en los años 1980, pero perdieron la oportunidad de enraizar su aporte de manera más profunda en el contexto histórico de las vidas de las mujeres negras.

Las personas que no son historiadoras podrían preguntar si es importante conocer la historia correcta. ¿Es posible, quizás, que esté siendo demasiado detallista? Creo que importa sobre todo por lo que se pierde cuando nos cuentan la historia errónea. Como ya mencioné, perdemos mucho cuando aceptamos el paradigma del “feminismo blanco”. Pasamos por alto la importancia de muchas activistas negras que desde hace más de un siglo forjaron una tradición de resistencia. Pasamos por alto el rol del PC de EE. UU. y el Congreso de las Mujeres Estadounidenses. No le damos la atención que se merecen a los aportes de militantes comunistas individuales, activistas y autoras que giraron a izquierda, tanto blancas como afroamericanas.

También existen otras historias borradas por el paradigma del “feminismo blanco”. Nos lleva a olvidar que algunas de las mujeres blancas que participaron del movimiento de liberación negra de los años 1960, también fueron parte de la fundación del movimiento por la liberación de las mujeres. A eso se suma que las mujeres negras que jugaron un rol dirigente como Pat Robinson, que en 1960 formó el grupo de mujeres Mount Vernon/New Rochelle y atrajo a un sector de trabajadoras negras, desaparecen. El paradigma del “feminismo blanco” también vuelve marginal la importancia del activismo alrededor de los derechos de la seguridad social, que era tanto un tema feminista como de clase y un movimiento que también comenzó bastante antes que el apogeo del feminismo de la segunda ola.

Sin acceso al trasfondo histórico completo de los años 1960 y los anteriores, nos quedamos con una historia perturbadora de hostilidad entre académicas feministas blancas y negras, surgido repentinamente en la década de 1980.

Modelos y lentes

Finalmente, permítanme brindar algunos elementos sobre la utilidad de conceptos tales como raza/clase/género y la interseccionalidad. Los veo, principalmente, como conceptos descriptivos. Es decir, proveen un marco conceptual para describir e investigar la “diversidad”, pero por sí mismos no explican nada. Estrictamente hablando, entonces, son imprecisos y algunas personas dirían que no hay que utilizarlos.

Sin embargo, creo que estos conceptos pueden ser útiles como primeras aproximaciones. Brindan una forma atractiva, aunque inadecuada, de hablar sobre las relaciones entre las múltiples “dimensiones de diferencia” como la raza, la clase y el género. Y para aquellas personas nuevas en estos temas, pueden funcionar como mecanismos para elevar la conciencia. Por ejemplo, un proyecto del Centro de Víctimas de la Tortura en Minnesota discute la interseccionalidad como una forma de ir “más allá de temas particulares y política de identidades”. Específicamente, “la interseccionalidad es tanto un lente para ver el mundo de la opresión como una herramienta para erradicarla”. El proyecto también presenta casos de estudio de tácticas exitosas de derechos humanos que fueron desarrolladas y desplegadas utilizando esta “caja de herramientas estratégica” [8]. No quisiera ser la persona que reprende a estos activistas por utilizar un concepto incorrecto.

En el largo plazo, los esfuerzos feministas-marxistas para conceptualizar la “diversidad” requieren más que una nueva metáfora o expresión de moda (Davis, 2008). Medio siglo después de que las feministas socialistas comenzaran a pensar sobre estos temas, vivimos en un escenario político y teórico diferente. Relativamente pocas nuevas feministas hoy se identificarían como feministas socialistas. Una cantidad menor incluso se consideraría feministas marxistas, pero aquellas que sí lo hacen tienen acceso a un discurso marxista internacional vívido que antes estaba completamente ausente.

En este punto, creo que podemos ir más allá de las anteriores conceptualizaciones. Comenzaría por descartar la presunción de que variadas dimensiones de diferencia –por ejemplo, la raza, la clase y el género– son comparables. Quiérase o no, esta presunción de comparabilidad lleva a un interés por identificar paralelos y similaridades entre las categorías de diferencia, y le resta importancia a sus particularidades. De igual forma, puede sugerir que las diferentes categorías son iguales en su rol causal.

Una vez que nos deshacemos del modelo comparativo, podemos romper el pequeño círculo estrecho de categorías supuestamente similares. Nuestra tarea teórica sería, entonces, poner el foco en las especificidades de cada dimensión, y desarrollar la comprensión de cómo encaja todo –o no lo hace–. Producto de este proceso podría surgir una lente, o quizás varias lentes, con las que analizar la información empírica [9].

Al pensar sobre la clase, tenemos mucha literatura, remontándonos al propio Marx. Tradicionalmente, esa literatura ignoraba los temas de género y raza, al presumir que la clase era la dimensión fundamental. Más recientemente se han realizado avances en el reconocimiento del rol distintivo de la clase sin rechazar enteramente otras dimensiones. Martha Giménez (2001; 2018), por ejemplo, ha planteado desde hace tiempo que la trilogía debería ser descartada, y ser reemplazada por un “regreso a la clase, reconociendo la naturaleza de clase de la sociedad estadounidense y las relaciones de opresión que la fragmentan”. Con una perspectiva de la ciencia política, Victor Wallis (2015; 604) explora “la distinción estructural de la dominación de clase, en comparación con las estructuras de opresión en intersección enmarcadas por la raza, el género, la sexualidad u otros criterios”. En otras palabras, se está volviendo posible, incluso aceptable, reconocer la clase como clave, al mismo tiempo que se incorporan análisis de otros factores.

Sobre el género, el punto de partida podría ser la “teoría de la reproducción social”, una nueva perspectiva que todavía se encuentra en proceso de desarrollo. Mi libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (1983, 2013) [10] ha sido bautizado como la base de la Teoría de la Reproducción Social. En los siguientes párrafos, bosquejo algunos de los elementos de la Teoría de la Reproducción Social, como mejor la entiendo.

El término “Reproducción Social” viene de Marx, por supuesto, pero también de mi debate sobre una “perspectiva de la reproducción social”, que opuse a una “perspectiva de sistemas duales” (Vogel, 2013, 133-136, pássim). La Teoría de la Reproducción Social dice ofrecer una perspectiva “unitaria” sobre la cuestión de la opresión de la mujer. La palabra “unitaria” aparece solo en el subtítulo del libro (Hacia una teoría unitaria); está completamente ausente del texto. Sin embargo, mis colegas sienten enérgicamente que “unitaria” es una característica significativa de la Teoría de la Reproducción Social. Se aferran a ella, sospecho, por dos motivos. En primer lugar, marca un rechazo definitivo a las teorizaciones de sistemas duales que dominaron incluso el pensamiento feminista socialista durante mucho tiempo. Y en segundo lugar, promete una solución teóricamente unificada. Como dice Tithi Bhattacharya (2013), “El aspecto más importante de la teoría de reproducción social es que el capitalismo es un sistema unitario que puede integrar exitosamente, aunque de forma desigual, la esfera de la reproducción y la de la producción. Los cambios en una esfera provocan alteraciones en la otra”.

Ferguson y McNally (2013, xxiii) enfatizan la originalidad del libro en su lectura de Marx:

Más que injertar un enfoque marxista de la opresión de género en el seno del análisis marxiano del capitalismo –huyendo del eclecticismo metodológico que plagaba la teoría de los dos sistemas–, Vogel se propone extender y expandir el logro conceptual de las categorías clave de El Capital, así como explicar rigurosamente las causas de la opresión de las mujeres. Pero hacer esto implica, sin género de dudas, acercarse a El Capital de una forma antidoctrinal, acentuando su espíritu científico y abordarlo como un programa de investigación que invita al desarrollo de sus conceptos centrales. La búsqueda de Vogel de la teoría unificada no solamente hace esto sino que también sondea las carencias teóricas en El Capital, lugares donde el texto guarda un llamativo silencio cuando se requería –en efecto, debería hacer– justo lo contrario . “El marxismo y la opresión de las mujeres”, por lo tanto, impulsa la innovación lógica del propio marco conceptual hacia conclusiones que eludieron tanto el autor como generaciones de lectores posteriores [11].

El poder de la Teoría de la Reproducción Social es, considero, que teoriza las vidas de las mujeres de la clase trabajadora dentro del proceso de acumulación capitalista en general. Sí, “la clase” –o, mejor, el proceso de acumulación capitalista– es clave, pero en la medida que el capitalismo depende de la fuerza de trabajo de los seres humanos, la “clase” y el “género” tienen bases materiales y un vínculo íntimo uno con el otro.

No tanto la “raza”. La “raza” siempre me ha parecido el más problemático de estos elementos de la llamada trilogía. Creo que tenemos que empezar a utilizar el análisis de “raza” de Barbara Fields en el contexto de EE. UU. como elemento ideológico.

La ideología racial proporcionó los medios para explicar la esclavitud a las personas cuyo terreno era la república fundada en las doctrinas radicales de la libertad y los derechos naturales, y, más importante, una república en la que aquellas doctrinas parecían represar de forma adecuada el mundo en el cual viven todos menos una minoría. Solo cuando la negativa de la libertad se transforma en una anomalía aparente, incluso para los miembros menos observantes y reflexivos de la sociedad euroamericana, esta ideología explica sistemáticamente la anomalía… La raza explicaba por qué algunas personas tenían el derecho a negar lo que otras daban por sentado: a decir, la libertad, supuestamente un regalo evidente de la naturaleza de Dios (Fields, 1990, 114).

Decir que la “raza” es ideológica no significa que no es real –de hecho es poderosamente real, como los historiadores han demostrado y como experimentamos en Estados Unidos todos los días.

Esta discusión revela incluso otra forma en que la noción de una trilogía de factores comparables es insuficiente. La raza, la clase y el género no son de forma alguna comparables ontológicamente. El término “clase” es un indicador clave que señala hacia el terreno de la acumulación capitalista, donde se consume la fuerza de trabajo y se produce la plusvalía. En la medida que el proceso biológico contribuye a la reproducción de la fuerza de trabajo, el “género” intersecta con la “clase”, pero no es lógicamente necesario para ello [12]. “Clase” y “género” pueden ser analizados en abstracto, al formar parte del sistema de acumulación capitalista comprendido en el nivel teórico. Pero la “raza” se distingue, más real y, de mínima, tan dañina en nuestros días, creo, como la clase y el género.

Traducción: Celeste Murillo

Fuente: http://www.izquierdadiario.es/

Bibliografía

• Ahmed, Sara, On Being Included: Racism and Diversity in Institutional Life. Durham, Duke University Press, 2012.
• Beal, Frances M.,“Double Jeopardy: To Be Black and Female” (revisado de un folleto de 1969), en Sisterhood is Powerful, New York, Vintage Books, 1970.
• Benn Michaels, Walter, The Trouble with Diversity: How We Learned to Love Identity and Ignore Inequality. New York, Metropolitan Books, 2006.
• Bhattacharya, Tithi, “What is Social Reproduction Theory?”, https:// socialistworker.org/2013/09/10/what-is-social-reproduction-theory, 2013.
• Bhattacharya, Tithi, “How Not To Skip Class: Social Reproduction of Labor and the Global Working Class”, Viewpoint Magazine, https://www.viewpointmag.com/ 2015/10/31/how-not-to-skip-class-social-reproduction-of-labor-and-the-global-working-class, 2015.
Boyce Davies, Carole. Left of Karl Marx: The Political Life of Black Communist
Claudia Jones, Durham, Duke University Press, 2008.
• Boyce Davies, Carole (ed.), Claudia Jones: Beyond Containment, Banbury, Ayebia Clarke Publishing, 2011.
Cabrera, Nolan, “Review of The Trouble with Diversity, by Walter Benn Michaels”, InterActions: UCLA Journal of Education and Information Studies, 2008.
• Collins, Patricia Hill y Sirma Bilge, Intersectionality, Cambridge, Polity Press, 2016.
• Beverly Guy-Sheftall (ed.), Combahee River Collective (1977), “A Black Feminist Statement”. In Words of Fire, An Anthology of African-American Feminist Thought, New York, The New Press, 1995.
• Crenshaw, Kimberlé, “Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Discrimination Doctrine, Feminist Theory, and Antiracist Practice”, University of Chicago Legal Forum, 1989, pp. 139–167.
• Davis, Kathy, “Intersectionality as Buzzword: A Sociology of Science Perspective on What Makes a Feminist Theory Successful”, Feminist Theory, 2008, pp. 67–85.
• Evans, Sara, “Women’s Liberation: Seeing the Revolution Clearly”, Feminist Studies, 2015, pp. 138–149.
• Ferguson, Susan, and David McNally. 2013. “Capital, Labour-Power, and Gender Relations” (ver en castellano “Capital, fuerza de trabajo y relaciones de género”, en https://marxismocritico.com/2017/01/16/capital-fuerza-de-trabajo-y-relaciones-de-genero/, 16/01/2017.
• Fields, Barbara J., “Slavery, Race and Ideology in the United States of America”, New Left Review 181 (mayo-junio), 1990, pp. 95–118.
• Giardina, Carol, Freedom for Women: Forging the Women’s Liberation Movement, 1953-1970, Gainesville, The University Press of Florida, 2010.
• Giménez, Martha, “Marxism and Class, Gender and Race: Rethinking the Trilogy”, Race, Gender & Class, 2001, pp. 22–33.
• Giménez, Martha, “Intersectionality: Marxist Critical Observations”, Science & Society (abril), 2018.
• “Intersectionality”, Wikipedia, https://en.wikipedia.org/wiki/Intersectionality. Revisado 04/03/2017.
• James, Marlon, “Why I’m Done Talking About Diversity. Or, Why We Should Try an All-White Diversity Panel”, http://lithub.com/marlon-james-why-im-donetalking-about-diversity, 2016.
• Lynn, Denise, “Socialist Feminism and Triple Oppression: Claudia Jones and African American Women in American Communism”, Journal for the Study of Radicalism, (otoño), 2014, pp. 1–20.
• McDuffie, Erik S., Sojourning for Freedom: Black Women, American Communism, and the Making of Black Left Feminism. Durham, Duke University Press, 2011.
• Robinson, Lillian S., Sex, Class, and Culture. Bloomington, Indiana University Press, 1978.
• Taylor, Keeanga-Yamahtta (ed.), How We Get Free: Black Feminism and the Combahee River Collective, Chicago, Haymarket Books, 2017.
• Vogel, Lise, “Modernism and History” (con Lillian Robinson), New Literary History, (otoño), 1971, pp. 177–199.
• Vogel, Lise, “Fine Arts and Feminism: The Awakening Consciousness”, Feminist Studies, 1974, pp. 3-37.
• Vogel, Lise, Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory, New Brunswick, Rutgers University Press, 1983.
• Vogel, Lise, “Telling Tales: Historians of Our Own Lives”, Journal of Women’s History, (invierno), 1991, pp. 89-101.
• Vogel, Lise, “Domestic Labor Revisited”, Science & Society, 2000, pp. 151-170.
• Vogel, Lise, Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory. Edición Revisada, Leiden, Brill/Boston, Haymarket, 1983-2013.
• Wallis, Victor, “Intersectionality’s Binding Agent: The Political Primacy of Class”, New Political Science (diciembre), 2015, pp. 604–619.
• Weigand, Kate, Red Feminism: American Communism and the Making of Women’s Liberation, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 2001.

NOTAS AL PIE
[1A fines prácticos, baso mi discusión en ejemplos y la historia de Estados Unidos. Dejo de lado también problemas complejos concernientes a la ideología, aunque acuerdo en gran parte con Martha Giménez, que escribe (es una comunicación privada el 26 de enero de 2017): “Creo que una referencia a una ‘historia de la conceptualización de la diversidad’ fue también concomitante con el proceso de culturizar la desigualdad, la opresión y la explotación. La noción de diversidad, creo, es parte del proceso de oscurecimiento [de la] naturaleza política de las teorías feministas y las teorías de opresión racial y étnica, exclusión y explotación, que reducen sus demandas y objetivos a la integración en las instituciones ocupacionales y educativas. La preocupación por la diversidad olvida el foco en los cambios estructurales que podrían beneficiar al grupo y lo reemplaza con movilidad ascendente para unos pocos” (ver también Benn Michaels, 2006; Fields, 2000, 118; Ahmed, 2012; Cabrera, 2006; James, 2016).
[2Más tarde se extenderá el uso de “estudios de género”, pero en este momento se hablaba de estudio de la mujer [N. de T.].
[3No es posible separar el feminismo socialista del marxista de la forma que se llevaban a la práctica en los años 1970. Por ese motivo, utilizo el término feminismo socialista de forma inclusiva, siguiendo en general el uso contemporáneo de Estados Unidos. Desde fines de los años 1960 hasta mediados de los años 1970, el término “liberación de las mujeres” era común, e intentaba demarcar a las alas más jóvenes y presuntamente más radicales del movimiento de mujeres del llamado feminismo burgués de la National Organization of Women (Organización Nacional de las Mujeres, NOW por sus siglas en inglés, N. de T.). Dentro del movimiento por la liberación de las mujeres, las feministas socialistas formaban una tendencia distintiva. Para fines de los años 1970, el término “liberación de las mujeres”, con su connotación de una transformación radical más allá de la igualdad de derechos, sería reemplazada por el término feminismo. El feminismo era ahora un término más amplio del que había sido antes, quizás reflejando la menor importancia de distinguir las alas dentro del movimiento de mujeres.
[4Intenté por primera vez corregir el registro histórico en un artículo publicado hace 25 años en el Journal of Women’s History (Vogel, 1991). Como aquí, desafiaba la historia del origen mítico y cuestionaba por qué se había vuelto ideológicamente dominante, incluso entre las feministas progresistas. En vano. Solo recientemente, existen estudios y análisis con una explicación más precisa de los desarrollos en los años 1960 y 1970. Ver especialmente Evans, 2015; Giardina, 2010; Collins y Bilge, 2016, capítulo 3; y Taylor, 2017.
[5En inglés, la abreviatura Ms. se utiliza para nombrar a una mujer y evitar su estado civil, como sucede en castellano con señora o señorita (no existe equivalente en nuestra lengua) [N. de T.].
[6Congress of American Women en inglés, fue una organización estadounidense por los derechos de las mujeres. Fundada en 1946, tuvo una corta vida (fue disuelta en 1950) por estar asociada a la Unión Soviética en los años de macartismo en Estados Unidos. Una de sus principales dirigentes fue Elinor S. Gimbel [N. de T.].
[7Lilian Robinson (1978) brinda un racconto vívido de cómo era ser parte de la actividad académica y participar en el movimiento por la liberación de las mujeres que emergió en los años 1960 y 1970.
[9Para la metáfora de la teoría como un lente, ver Vogel, 2000; reimpreso en Vogel, 2013, 183-198. Para mis visiones sobre la teoría como necesariamente abstracta y separada de la investigación empírica, ver ibídem, especialmente, 184-195.
[10En el momento de su primera publicación en 1983, Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory recibió poca atención. (Ferguson y McNally [2013] pusieron la pobre recepción del libro en contexto histórico). Treinta años después, en 2013, Brill y Haymarket lo reimprimió en un nueva edición que incluye dos textos adicionales. Uno es una excelente introducción de Susan Ferguson y David McNally, “Capital, Labour-Power, and Gender Relations”, con la intención de hacer algunos de mis argumentos más accesibles. Republicado de esta forma, Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory ha generado mucho interés, no solo en su rol de establecer una base para la Teoría de la Reproducción Social.
[11“Capital, fuerza de trabajo y relaciones de género”: Susan Ferguson, David McNally, Traducción de Isabel Benítez Romero para Marxismo Crítico, disponible en https://marxismocritico.com/2017/01/16/capital-fuerza-de-trabajo-y-relaciones-de-genero/.
[12Para ver ejemplo de cómo la reproducción de fuerza de trabajo no necesariamente requiere procesos biológicos, ver Vogel, 2013, capítulos 10 y 11.

Método de análisis

Por Antonio Gramsci

¿Las relaciones internacionales preceden o siguen (lógicamente) a las relaciones sociales fundamentales? Indudablemente las siguen. Toda renovación orgánica en la estructura modifica también orgánicamente las relaciones absolutas y relativas en el campo internacional a través de sus expresiones técnico-militares. Aún la misma posición geográfica de un Estado nacional no precede sino sigue (lógicamente) las innovaciones estructurales, incidiendo sobre ellas, sin embargo, en cierta medida (precisamente en la medida en que las superestructuras inciden sobre la estructura, la política sobre la economía, etc.). Por otro lado, las relaciones internacionales inciden en forma pasiva o activa sobre las relaciones políticas (de hegemonía de los partidos). Cuanto más subordinada a las relaciones internacionales está la vida económica inmediata de una nación, tanto más un partido determinado representa esta situación y la explota para impedir el adelanto de los partidos adversarios (recordar el famoso discurso de Nitti sobre la revolución italiana ¡técnicamente imposible!). De esta serie de datos se puede llegar a la conclusión de que, con frecuencia, el llamado “partido del extranjero” no es precisamente aquel que es vulgarmente indicado como tal, sino el partido más nacionalista, que en realidad, más que representar a las fuerzas vitales del propio país, representa la subordinación y el sometimiento económico a las naciones, o a un grupo de naciones hegemónicas.
Desde esa serie de hechos se puede llegar a la conclusión de que a menudo el llamado “partido del extranjero” no es precisamente el que se indica como tal, sino el partido más nacionalista, el cual, en realidad, más que representar las fuerzas vitales del país, representa la subordinación y sometimiento económico a las naciones o a un grupo de naciones hegemónicas.
El problema de las relaciones entre la estructura y las superestructuras es el que hay que plantear y resolver exactamente para llegar a un análisis acertado de las fuerzas que operan en la historia de un cierto período, y para determinar su correlación. Hay que moverse en el ámbito de dos principios: 1) el de que ninguna sociedad se plantea tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes, o no estén, al menos, en vías de aparición o desarrollo; 2) el de que ninguna sociedad se disuelve ni puede ser sustituida si primero no ha desarrollado todas las formas de vida implícitas en sus relaciones. De la reflexión sobre esos dos cánones se puede llegar al desarrollo de toda una serie de otros principios de metodología histórica. Por de pronto, en el estudio de una estructura hay que distinguir entre los movimientos orgánicos (relativamente permanentes) y los movimientos que pueden llamarse “de coyuntura” (y que se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales). Los fenómenos de coyuntura dependen también, por supuesto, de movimientos orgánicos, pero su significación no tiene gran alcance histórico; producen una crítica política minuta, al día, que afecta a pequeños grupos dirigentes y a las personalidades inmediatamente responsables del poder. Los fenómenos orgánicos producen una crítica histórico-social que afecta a las grandes agrupaciones, más allá de las personas inmediatamente responsables y más allá del personal dirigente. Al estudiar un período histórico se presenta la gran importancia de esta distinción. Se tiene, por ejemplo, una crisis que a veces se prolonga durante decenios. Esa excepcional duración significa que se han revelado en la estructura contradicciones insanables (las cuales han llegado a madurez), y que las fuerzas políticas que actúan positivamente para la conservación y la defensa de la estructura misma se esfuerzan por sanarlas y superarlas dentro de ciertos límites. Esos esfuerzos incesantes y perseverantes (puesto que ninguna forma social confesará nunca que está superada) constituyen el terreno de lo “ocasional”, en el cual se organizan las fuerzas antagónicas que tienden a demostrar (demostración que, en último análisis, sólo se consigue y es “verdadera” si se convierte en nueva realidad, si las fuerzas antagónicas triunfan, pero que en lo inmediato se desarrolla a través de una serie de polémicas ideológicas, religiosas, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., cuya concreción puede estimarse por la medida en la que consiguen ser convincentes y alteran la disposición preexistente de las fuerzas sociales) que existen ya las condiciones necesarias y suficientes para que puedan, y por tanto deban, resolver históricamente determinados problemas (“deban”, porque todo incumplimiento del deber histórico aumenta el desorden existente y prepara catástrofes más graves).