La minoridad

Por Raúl Prada Alcoreza

La ilustración o iluminación, en alemán Aufklärung, está asociada con la crítica, en el sentido kantiano. La crítica se realiza respecto al conocimiento, a los límites del conocimiento y lo que puede el conocimiento, sus posibilidades; se trata de colocar al conocimiento en sus condiciones de posibilidad. La iluminación o ilustración tiene que ver con el uso crítico de la razón, aunque también con las condiciones de posibilidad de la razón; pero, sobre todo, con la posición crítica respecto a la gubernamentalidad. Se trata de no dejarse de gobernar, salvo por uno mismo; se diría un autogobierno. A esto llamaba Emmanuel Kant adquirir la mayoría de edad, cuando la única autoridad que se reconoce es la razón. El no querer ser gobernado por una autoridad que no sea la razón equivale, si se quiere, al ejercicio de la libertad. En el transcurso también puede darse el cuestionar la forma de gobierno, que no se considera el del buen gobierno; el buen gobierno vendría a ser el adecuado a lo que se quiere como voluntad propia. Entonces, la crítica del conocimiento se convierte en crítica de la gubernamentalidad.

Para decirlo radicalmente, el no ser gobernado por otro equivale al ejercicio pleno de la libertad; también al ejercicio de la crítica y de la ilustración, de la mayoría de edad. En otras palabras, no ser dependiente, no estar subordinado, ni sometido ni ser sumiso. Podemos decir que aquí radica el problema de la política, de la genealogía política, pues, en la práctica, la política institucionalizada ha generado formas de gobierno en los términos del gobierno de unos, los representantes, sobre los otros, los representados. En consecuencia, se termina aceptando o forzando la aceptación de que la mayoría acepte el gobierno de unos pocos, por más que sean elegidos por la mayoría. Al hacerlo, efectivamente se pone límites a la libertad, así como a la crítica y a la ilustración.

A pesar de que la modernidad reivindica la ilustración como su alborada, la paradoja es que el ejercicio de la modernidad, por así decirlo, pone límites a la ilustración, a la crítica y a la libertad; es decir, al uso crítico de la razón. En consecuencia, la modernidad, a pesar de que reclama la mayoría de edad, como un gran logro de la educción moderna, lo que en efecto termina haciendo es conformar distintas modalidades de minoridad; es decir, de dependencia. Esta situación se agudiza cuando se dan formas de gubernamentalidad que, de manera descarnada, se oponen a la ilustración y a la crítica, al uso crítico de la razón, es decir, a la mayoría de edad. Esto ocurre cuando postulan formas de gubernamentalidad carismáticas, encarnadas en la convocatoria del mito, el caudillo. Esta forma de gubernamentalidad, elevadamente patriarcal, promueve la dependencia en los gobernados, los constituye como sujetos dependientes, los congela en la minoridad.

Si bien las formas extremas de promoción de la minoridad se dan en formas de gubernamentalidad carismáticas, marcadamente patriarcales, la minoridad no deja de promoverse en las formas de gubernamentalidad no carismáticas, vinculadas, por ejemplo, a la democracia formal, a las formas de gubernamentalidad liberal. Entre estas formas de gubernamentalidad que promueven la minoridad, menos evidentes o explicitas, y las otras formas de gubernamentalidad, que también lo hacen, solo que, de una manera descarnada, hay genealogías que las conectan y articulan. El problema que se comparte en ambas formas de gubernamentalidad es que se promueve la minoridad para conformar y consolidar las formas de gobierno.

Al respecto, quizás sea más ilustrativo considerar las formas de promoción de la minoridad en las formas de gubernamentalidad carismáticas, pues en estos casos sobresale de manera explicita la inclinación y la compulsión a la dependencia de los representados. La minoridad es enaltecida como lealtad, fidelidad, incluso, en sus formas más dramáticas, como la entrega incondicional al caudillo o al líder. Las masas encarnan cuantitativamente la voluntad del caudillo; en la convocatoria del mito, en el caudillo, las masas creen encontrar la realización acabada de sus propias voluntades agregadas, convertidas en la voluntad general o la voluntad del pueblo. En estos escenarios políticos se pierde toda posibilidad al uso crítico de la razón, incluso, haciendo uso de términos clásicos, aunque desgastados, no hay condiciones de posibilidad para la formación de la opinión pública. Lo que se impone es el discurso dominante, el discurso de la razón de Estado, que viene a ser, en las formas de gubernamentalidad carismáticas, el culto a la personalidad, la apología del caudillo, convertido en padre de la patria y del pueblo. El pueblo masivamente se convierte en el hijo o en los hijos demandantes, pero también dependientes y sumisos.

Este es el extremo de la minoridad, cuando su conformación, constitución y consolidación es un hecho masivo, popular. En estas condiciones de posibilidad o, mas bien, dicho de mejor manera, condiciones de imposibilidad históricas, culturales y políticas se da lugar lo que podemos llamar el círculo perverso de la economía política del chantaje. El caudillo chantajea al pueblo y el pueblo chantaje al caudillo con su lealtad. Ambos se comprometen en un laberinto afectivo alterado, que sustituye al ejercicio de la política. La política, como tal, como ejercicio democrático, desaparece, para ser sustituida por el juego enardecido de chantajes emocionales.

Ahora bien, considerando lo que configura la exposición, el esquematismo implícito, que a la vez ilustra y a la vez explica o interpreta el acontecimiento político y el acontecimiento del conocimiento, conformado por las relaciones de fuerza y por la fenomenología de la percepción convertida en fenomenología conceptual, la intensidad del acontecimiento se encuentra en la emergencia de la experiencia social extrema denominada revolución. En este sentido, la revolución expresa la radicalidad de la crítica y la crítica radical, la desmesura de la ilustración como acontecimiento de autogobierno; el uso crítico de la razón se involucra creativamente en la realización de la libertad, que es creación. La mayoría de edad o la responsabilidad plena se constituye en la liberación de la potencia social, convertida en autonomía creativa. Sin embargo, teniendo en cuenta la experiencia social en las historias políticas de la modernidad, los desenlaces paradójicos de las revoluciones derivaron en lo simétricamente opuesto al entusiasmo y liberaciones múltiples y creativas de las revoluciones; derivaron en el totalitarismo, usando un término discutible y harto abusado, empero, que puede permitirnos jugar con los contrastes de lo paradójico.

Como hemos anotado varias veces, cuando era menester hacerlo, no recurrimos a las hipótesis triviales o tesis banales relativas a la “traición a la revolución”, argumentaciones que caen en los efluvios de la consciencia desdichada, desgarrada y culpable, acompañada por el espíritu de venganza. Argumentaciones cuya función es la de la catarsis, de ninguna manera la de la interpretación y la explicación, menos la de la reflexión, que abriría puertas a la investigación esclarecedora. Nuestra tarea ha sido encontrar en las dinámicas de la revolución la inmanencia y la inherencia de lo que contiene como espesor complejo de contradicciones. Bajo este enfoque, en Paradojas de la revolución , interpretamos los decursos paradójicos de este acontecimiento intenso. Dijimos que las revoluciones, que expresan, en el imaginario radical, la utopía contenida en los anhelos y la potencia social, no dejan de ser eventos singulares de la modernidad, como acontecimiento cultural de la experiencia social de la vertiginosidad desbocada. En este sentido, realizan la tendencia radical de la modernidad, en tanto suspensión de lo dado, así como transformación estructural, institucional y cultural, además de transvaloración de los valores. Todo se desvanece en el aire. Empero, esta experiencia de la vertiginosidad y la suspensión se asienta, arraiga y emerge de un zócalo conservador de la sociedad; de la cohesión social institucionalizada. La utopía no persigue otra cosa que dar lugar, dar nacimiento, a una conformación institucional armónica; es decir, a un equilibrio utópico, que no puede ser otra cosa que la estructura institucional final, última, plena; en pocas palabras, el fin de la historia.

Este anhelo del fin de la historia es conservador, a pesar de sus pretensiones contrarias, revolucionarias. El fin de la historia realizada es el mismo origen de la historia o, si se quiere su previo, la utopía del origen arcádico. En términos de figura filosófica se puede decir que el fin de la historia es el retorno a la matriz añorada en la nostalgia inmensa del sujeto histórico insatisfecho. En este círculo histórico, expresado de varias maneras por la filosofía de la historia, Nos encontramos con la consecuencia histórica-política-cultural corroborada de que la revolución es también la restauración, el retorno al origen conservado en la memoria imaginaria y mitológica.

En este sentido, paradójico, lo revolucionario, es decir, su realización, se complementa con lo más propiamente conservador, el mito del origen. No hablamos aquí de las formas ideológicas conservadoras, menos de sus expresiones “derechistas”, que son, mas bien, formaciones discursivas inconclusas y fragmentarias, además de banales. Hablamos de la conservación como memoria. También las formas ideológicas revolucionarias, las denominadas “izquierdistas”, son también formaciones discursivas y fragmentarias, aunque un poco más elaboradas que las “derechistas”. En este caso, hablamos de transformación como consecuencia de la repetición misma de la conservación, en el juego dinámico integral y complementario entre azar y necesidad. Lo que parece ocurrir que esta proliferación creativa entre azar y necesidad se circunscribe, en los imaginarios sociales, a tramas y narrativas esquemáticas dualistas, imaginarios sostenidos en estructuras y mallas institucionales cristalizadas como fósiles obstaculizadores, opuestos a la creatividad de la potencia social.

Sobre todo, en lo que podemos reconocer como civilización moderna, con todas sus diversidades singulares concurrentes, la obsesión por los esquematismos dualistas y la fosilización institucional se convierte no solo en un anclaje sino en un peligro, pues ha inhibido la potencia social y ha embarcado la captura de fuerzas sociales en una competencia compulsiva por la dominación, no-utopía, sino idea imposible del poder absoluto. En otras palabras, por esta obsesión labrada, las sociedades modernas se encaminan hacia su propio suicidio.

Podemos decir, especulativamente, interpretando teóricamente, que este decurso histórico de la humanidad se da por el error de confundir el mundo efectivo con el mundo de las representaciones, por confundir los instrumentos que construye con la realización esencial de la humanidad, con los principios y finalidades de la sociedad, cuando solamente son medios provisionales de la sobrevivencia humana; por lo tanto, cambiables y vencibles.

Volviendo a las paradojas de la modernidad, entre las que se encuentran las paradojas de la revolución, la explicación de que la revolución derive en la restauración, por lo tanto, en la expresión política conservadora, contrastante respecto al entusiasmo transformador de la explosión misma de la revolución, puede encontrarse en que sigue siendo un evento histórico.

La crisis, que enfrentan las sociedades modernas contemporáneas, no se circunscriben, como antes, en el imaginario ideológico, en las crisis políticas, sociales, culturales y económicas, sino que las exceden. Se trata de la crisis ecológica planetaria. Las dinámicas complejas de la sincronización ecología planetaria no son interpretables desde la perspectiva histórica; se trata de la simultaneidad dinámica del tejido complejo del espacio-tiempo. Frente a la crisis ecológica, el concepto de revolución resulta altamente reductivo en lo que respecta a las soluciones y reducciones de la problemática y la complejidad.

La respuesta teórica que hemos dado con relación a la crisis ecológica es que las sociedades humanas, si quieren sobrevivir, tienen la responsabilidad de reinsertarse a los ciclos vitales ecológicos planetarios. Esta reinserción exige otra crítica radical, que va más allá de la crítica del conocimiento, de la ilustración, de la interpelación a las formas de gubernamentalidad. La crítica integral y ecológica exige la crítica de la humanidad misma, en tanto economía política que separa humano de no-humano, valorizando lo humano y desvalorizando lo no-humano.

Hay que salir no solo del círculo vicioso del poder sino de la condición humana, demasiado humana. Es menester integrarse a la condición ecológica planetaria, así como a la condición del tejido del espacio-tiempo del multiverso, en sus distintas escalas. Este planteamiento puede aparecer como místico o como las configuraciones simbólicas de los mitos indígenas del continente de Abya Yala, pero, aparte de los parecidos, lo que parece crucial es que la experiencia de la crisis ecológica no solo devela nuestra vulnerabilidad expuesta, sino que nos muestra lo que somos y estamos más acá y más allá de nuestros imaginarios sociales. Somos singularidades existenciales de la sincronización compleja del multiverso. Planetariamente participamos de la integración dinámica de los ciclos vitales. Para decirlo literalmente, de una manera teatral, nuestro destino está íntimamente ligado a los destinos de los otros múltiples seres que habitan el planeta.

Ya no se trata pues de crítica, que no deja de ser racional, en el sentido del uso crítico de la razón. Ya no se trata de ilustración, en el sentido del cuestionamiento a las formas de gubernamentalidad, ya no se trata de revolución, que es la utopía racional de la idea radical de liberación, sino se trata de la reincorporación del ser humano a su seno planetario.

Apoyando estas elucubraciones interpretativas y críticas, en pleno desborde la crisis ecológica, contamos con las propias interpretaciones de las ciencias físicas, matemáticas, biológicas y ecológicas, en su condición presente, dadas sus propias transformaciones epistemológicas. La mirada micro-biológica nos coloca en la recurrencia de las dinámicas moleculares; la mirada física nos coloca en la relatividad y en la virtualidad cuántica; la mirada ecológica nos coloca en la complejidad dinámica de los nichos y eco-sistemas. Es cuando nos damos cuenta de que no somos los individuos, que creemos ser, sino los nichos ecológicos singulares, las articulaciones multidimensionales de un asombroso multiverso, hecho en distintas escalas integrales. Ante esta evidencia crucial nuestra dramática historia, sobre todo moderna, resulta un anecdotario de pretensiones de las subjetividades humanas, dadas en múltiples historias de las sociedades humanas.

Nada que se encuentra en el ser humano que no se halla ya en el multiverso, en distintas manifestaciones, asociaciones y composiciones, en diferentes escalas. Nuestro paso en el multiverso es un trazo posible en la multiplicidad innumerable de trazos posibles de las asociaciones y composiciones de las mónadas, en sus distintas escalas. Somos uno de los rasgos de los tejidos complejos del espacio-tiempo en constante devenir. No es que nadie nos va a recordar en la ingratitud y la inmensidad infinita del multiverso, como decía Friedrich Nietzsche lapidariamente, sino que somos huella e información en la memoria compleja y dinámica del multiverso.

Para concluir, en los términos de esta exposición, la minoridad parece congénita a la condición humana, a la finitud del ser humano, a la consciencia de esta finitud, en tanto el ser “humano” no supere esta condición. Cuando deje de ilusionare que es un ser separado de la naturaleza, de la materialidad y energía del universo, cuando comprenda que es parte íntimamente integrante de la naturaleza, de la materialidad dinámica y energética del universo, abandonará espontáneamente esta minoridad para asumir su responsabilidad en el mundo, en el planeta y en el multiverso.

 

[1] Paradojas de la revolución

 https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

Entrevista a Armand Balsebre y Rosario Fontova sobre «Las cartas de Elena Francis»

Por Salvador López Arnal

Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la UAB, es autor de El lenguaje radiofónico (Cátedra, 2012, 6ª edición) e Historia de la radio en España (Cátedra, 2001-2002, dos volúmenes). Junto a Rosario Fontova ha publicado Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo (Cátedra, 2014).Rosario Fontova es además autora de La Model de Barcelona. Històries de la presó (Generalitat de Catalunya, 2010).

Nos centramos en esta conversación en la última de sus publicaciones conjuntas: Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo, Madrid, Cátedra, 2018, 510 páginas.  

Para los lectores más jóvenes, ¿quién o qué fue Elena Francis?  

Elena Francis fue la reina de los consultorios, un formato de programa diseñado para la audiencia femenina en las tardes radiofónicas del franquismo. Fue un personaje de ficción creado por el Instituto Francis y Radio Barcelona (Cadena SER) al servicio de la promoción comercial de los productos y tratamientos Francis, y como instrumento de propaganda del nacionalcatolicismo. Elena Francis nunca existió en realidad, pero las oyentes que acudieron a su consulta, durante los poco más de 33 años de existencia continuada en las ondas, siempre consideraron que tras la voz que les hablaba desde el micrófono y tras la firma que cerraba las cartas de respuesta a sus consultas en la comunicación postal había un personaje verdadero y auténtico.  

¿Quién o quiénes escribían las cartas? ¿Cuántas cartas se escribieron aproximadamente? ¿Cuántas se conservan?  

Las cartas fueron recibidas en las distintas emisoras donde se radiaba el consultorio sentimental y en la sede del Instituto Francis, enclavado inicialmente en la calle Pelayo. Y finalmente en la Ronda de San Pedro de Barcelona. Debieron de recibirse millones, de las cuales se conservan unas 100.000, que fueron rescatadas in extremis de la destrucción. Fueron halladas en 2005 en una masía de Cornellà, depositadas en cajas muy deterioradas a causa de la humedad y los roedores. Esta masía había pertenecido a la familia Fradera, una de las 200 fortunas más ricas de Cataluña.

El subtítulo de vuestro libro es “La educación sentimental bajo el franquismo”. ¿A qué llamáis educación sentimental? He pensado al leerlo en Manuel Vázquez Montalbán, ¿un homenaje?  

Decía Vázquez Montalbán sobre Elena Francis que “esa voz es un cordón umbilical con los paraísos de la infancia”, en referencia a los sonidos de la radio que se oían en las casas españolas durante la dictadura. En concreto, muchas personas recuerdan la hora de la merienda con el sonido del consultorio de fondo como un regreso a la feliz niñez de los juegos. Vázquez Montalbán escribió sobre Elena Francis y la radio, sobre la copla, sobre el cine español, siendo seguramente el primero que analizó todos estos fenómenos de la cultura popular como auténticos fenómenos de la comunicación de masas sin menosprecio elitista. Todo ese poso cultural es el que conformaba la educación sentimental, forjada a base de los recuerdos y sensaciones, una especie de “magdalena de Proust” de la clase trabajadora. Y es también el que va apareciendo en las cartas de Elena Francis.

Publicasteis también en Cátedra, en 2014 si no recuerdo mal, Las cartas de la Pirenaica. Sé que no es lo mismo (aunque tal vez haya alguna relación). ¿Os interesa especialmente el género epistolar? ¿Por qué?  

El género epistolar, que ha pasado a ser arqueología, es una herramienta muy atractiva para analizar el pasado y mucho más fiable que las memorias. Los dos fondos epistolares que hemos estudiado contienen el suficientemente número de cartas sobre los principales temas como para que la anécdota se convierta en categoría. Las cartas de la Pirenaica analizaba las cartas que enviaban los antifranquistas a Radio España Independiente (REI). Esta correspondencia componía un fresco muy completo y representativo de la España amordazada. Allí por ejemplo se menciona por primera vez la existencia de fosas comunes, con una precisión exacta, o se informa de conatos de protesta contra la dictadura, en parte magnificados por la propia emisora. Lo que nos ha interesado es que tanto en el epistolario REI como el de Elena Francis se revela la vida cotidiana de los españoles diríamos anónimos, que estaban alejados de las clases privilegiadas o dirigentes, y que escribían de forma sincera e ingenua, auténtica. Y en ambos casos aparece un excelente retrato colectivo de cómo eran y qué hacían. Por otro lado, ambos epistolarios, que abarcan prácticamente el mismo período cronológico, tienen algo en común muy curioso en torno a la necesidad de referencias o mitos. Los antifranquistas veneraban a Dolores Ibarruri, la Pasionaria, a la que consideraban una madre y protectora. Las Mujeres Francis veneraban a Elena Francis de una forma parecida.

¿De quién surgió la idea de “Elena Francis”? ¿Con qué objetivo?  

El personaje de Elena Francis fue una idea de Francisca Bes Calbet, directora del Instituto Francis, y de la primera guionista del consultorio, Ángela Castells, la autora principal, que construyó el personaje como esa “madrecita buena”, hada protectora y ángel de la guarda de centenares de miles de mujeres atormentadas que buscaban en sus consejos alivio y consuelo. Pero al mismo tiempo, esa “madrecita buena” fue también una “policía de la moral”, protectora implacable del dogma de Acción Católica, martillo de infieles, una de las que mejor contribuyó a la recristianización de la sociedad que se opera en España tras la guerra civil, complementando las misiones de apostolado femenino de la Sección Femenina, Acción Católica y el Patronato de Protección de la Mujer.

¿Cómo llegó a tener “Elena Francis” el abrumador éxito que tuvo? En mi casa se escuchaba por ejemplo.  

El éxito de Elena Francis se debe a una suma de factores. Primero, por la calidad de la factura expresiva y narrativa con que fue creado el personaje, a partir de las líneas maestras que impuso desde un principio la guionista Ángela Castells, una dramaturgia que supieron continuar sus sucesores. Ángela Castells combinaba muy bien el lenguaje culto con expresiones más propias del lenguaje común que utilizaban las mujeres de clase trabajadora. En segundo lugar, porque Elena Francis, aunque impartía doctrina, también ofrecía consejos muy sensatos para la solución de problemas estéticos, domésticos y sentimentales, y lo hacía en un registro que mezclaba el afecto y el cariño maternal con la censura y la reprobación más vehemente. Muchas mujeres, emigrantes, sobreviviendo en los grandes núcleos urbanos o en centros industriales, sin familia a su lado, desarraigadas, necesitaban oír una voz que las escuchara y aconsejara. Esa fue Elena Francis. Y en tercer lugar, por el misterio que había detrás del personaje, la voz sin rostro, que amplificaba los mecanismos de persuasión. Sin embargo, creemos que el poder comunicativo de Elena Francis no residió únicamente en la radio, sino en su dimensión epistolar. El poder de Elena Francis no fue solo mediático, sino que estuvo en ese más de un millón de cartas que Elena Francis contestó de forma personal, construyendo una relación más íntima con su público y mucho más efectiva.

¿En qué sectores sociales influía más? ¿En las clases trabajadoras? ¿Por qué en estos grupos sociales si fue así?  

La realidad que confirman las cartas es que el público mayoritario del consultorio fueron las mujeres de clase trabajadora, aunque la emisión se dirigía principalmente a mujeres de clase media, que era el público más capacitado para adquirir los productos Francis y frecuentar los tratamientos de estética y belleza del Instituto; como se decía en la emisión inaugural del 27 de noviembre de 1950, “para ayudarles en el lugar que ocupan, tan difícil, tan duro, pero tan digno y tan hermoso de amas de casa”.

Y fue así porque la radio se convirtió en los años 50 y 60 en el medio principal de la cultura popular, con los seriales, la música de copla, los concursos y los consultorios como elementos principales. Una parte importante de la audiencia femenina de clase trabajadora, aislada en el hogar, invisible en la esfera pública, conseguía a través del consultorio una notoriedad inédita muy gratificante.

¿Se puede hablar de una “Mujer Francis”? ¿Cuáles serían sus características si tuviera sentido mi pregunta anterior?  

Es necesario distinguir entre el público que escuchaba la radio y las mujeres que escribían cartas. La Mujer Francis era en general joven e inmigrante. Un 67% de las cartas analizadas en nuestro estudio proceden de Cataluña, pero fueron escritas en su mayoría por emigrantes de Andalucía, Castilla, Valencia, Aragón, Extremadura o Galicia. Había amas de casa (se casaban jóvenes, hacia los 20 años), trabajadoras de las fábricas, modistas, campesinas, oficinistas y sirvientas. El estilo de las cartas, la falta de instrucción que revelan y el tipo de vida que llevaban demuestra que el grueso de las mujeres que escribían al consultorio pertenecían a las clases más humildes. El aspecto personal, las relaciones con las amigas y con el novio centraban sus preocupaciones. Cuando se casaban, la cosa empeoraba y ahí entran los relatos de abusos, malos tratos, alcoholismo, etc. En general, revelaban situaciones de vulnerabilidad personal y aislamiento social, de soledad y desamparo.

¿Qué ideología se destilaba en el consultorio radiofónico? ¿Se puede hablar de nacional-catolicismo patriarcal en estado puro?  

El consultorio de Elena Francis fue una herramienta muy eficaz para la educación de la mujer en las normas de la Iglesia. Las pautas de buen comportamiento que imponía la señora Francis en asuntos de moral, familia y relación con los hombres coincidían perfectamente con los postulados de Acción Católica. Hay múltiples referencias directas a esta institución religiosa en las respuestas. A las chicas casaderas, por ejemplo, Elena Francis les decía que alternaran en Centros y Círculos de Acción Católica, “allí conocerá a verdaderos caballeros con el servicio militar cumplido y entre ellos hallará el verdadero amor”.

En el universo Francis casi todo era pecado y la mujer debía obediencia y sumisión al padre o al esposo. Ante los problemas de maltrato, abandono del hogar, adulterio o violación, Elena Francis pedía resignación, olvido y perdón, con los lugares comunes propios de la retórica eclesiástica: “la vida, amiga mía, es un valle de lágrimas”, “para juzgar está Dios”, “hemos venido a este mundo únicamente a sufrir y no a gozar”, etc. Desde esta perspectiva, la doctrina Francis intervino ejemplarmente en la legitimación el franquismo.

¿Y quiénes eran las voces y los guionistas del programa? ¿Llegaron a ser conocidos por la ciudadanía?  

En una primera etapa hemos detectado en las cartas que algunas oyentes sí conocían la identidad de las voces que había detrás del personaje de Elena Francis, pues eran actrices que formaban parte también del cuadro escénico de la emisora. A María Garriga, por ejemplo, la primera Elena Francis, al mismo tiempo que interpretaba este personaje se le podía escuchar también en algunos de los seriales y radioteatros de la emisora. Pero la mayoría de las oyentes y consultantes lo ignoraban y creían ciegamente que Elena Francis era la voz que la representaba. Y por supuesto, aquellas que recibían en su domicilio una carta de respuesta a sus consultas no dudaban en absoluto de que fuera Elena Francis en persona quien estaba detrás de la firma que cerraba las cartas. Fue una inmensa impostura, que se mantuvo durante más de tres décadas con un gran secretismo, obligando a las actrices y locutoras a guardar silencio sobre cualquier aspecto del consultorio. Todavía hoy ha sido difícil hacer hablar a antiguas empleadas del Instituto Francis para que colaboraran con nuestra investigación.

Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la UAB, es autor de El lenguaje radiofónico (Cátedra, 2012, 6ª edición) e Historia de la radio en España (Cátedra, 2001-2002, dos volúmenes). Junto a Rosario Fontova ha publicado Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo (Cátedra, 2014).  

Rosario Fontova es además autora de La Model de Barcelona. Històries de la presó (Generalitat de Catalunya, 2010).

Nos centramos en esta conversación en la última de sus publicaciones conjuntas: Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo, Madrid, Cátedra, 2018, 510 páginas.

Nos habíamos quedado aquí. Las oyentes, los oyentes aunque fueran menos, ¿pensaban que les respondía entonces una persona muy sabia y muy humanista e incluso feminista?  

Elena Francis, un ente inexistente, era respetadísima, incluso reverenciada. Las mujeres que le escribían confiaban ciegamente en ella y la consideraban una mujer sabia cuyos “acertados consejos” iban a seguir a rajatabla. Hay mucha soledad y desamparo en esa especie de idolatría. Y da escalofríos pensar que su opinión rompió muchas relaciones personales, de amistad y familiares. No era en absoluto feminista. Lo único que no se le puede reprochar es que aconsejaba habitualmente a las jóvenes que estudiaran y se formaran.

¿Hay vestigios de todo aquella educación sentimental en las nuevas generaciones o es ya pasado?  

Es terrible constatar que la violencia contra la mujer que actualmente es una epidemia viene de lejos, según se observa en las numerosas cartas que relatan malos tratos y la supeditación absoluta de la mujer al varón. El sistema patriarcal se ha enquistado de forma perversa en la sociedad, incluso en las generaciones jóvenes. Pero es indudable que desde la Transición se han dado pasos muy importantes, lógicamente. Hay que recordar que en aquellos años la relación entre hombres y mujeres no era natural, no se relacionaban como iguales.

¿El régimen fascista español apoyó de alguna forma aquel programa? ¿Tuvo algo que ver la Falange?  

Falange tuvo que ver con el consultorio en la medida en que Ángela Castells, autora fundacional del mismo, era miembro de la Sección Femenina, a cuya organización se vinculó durante la guerra civil tras la muerte de su esposo a manos de militantes de la FAI. Ángela Castells actuó de quintacolumnista en Barcelona a favor de Franco, y hasta los años 60 tuvo una responsabilidad importante en el Patronato de Protección a la Mujer.

¿Cuántas cartas habéis podido analizar? ¿De qué años? ¿Dónde se guardan en estos momentos?  

Hemos analizado un total de 4.325 cartas, de las cuales, de cada una de ellas, hemos realizado una ficha. El abanico cronológico abarca desde 1950 a 1972, con una gran disparidad de un año a otro. Más de dos centenares de cartas pertenecen a un coleccionista privado que las compró en los Encants de Barcelona. Pero el grueso de estas cartas están depositadas en el Arxiu Comarcal del Baix Llobregat (ACBL), en Sant Feliu de Llobregat, a cuya directora, la historiadora Mari Luz Retuerta, hay que agradecerle su empeño en recoger las cartas, someter una parte a tratamiento archivístico y ponerlas a disposición de los investigadores. El Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) no quiso saber nada de este fondo documental, que constituye por su volumen el conjunto epistolar más importante de España.

¿De qué hablaban esas cartas? ¿De asuntos sentimentales básicamente? ¿Escribían mujeres únicamente?  

Hay que tener en cuenta que las cartas se enviaban a un consultorio cuya función primordial era publicitar productos de belleza que se vendían contra reembolso y un Instituto de Belleza situado en Barcelona que tenía muy buena reputación. La mayoría de las cartas, por lo tanto, se referían a asuntos de apariencia personal. Una buena crema podía costar el equivalente al salario de dos semanas de una obrera. En un momento del nacimiento de la sociedad de consumo, del trasvase del campo a la ciudad, las costumbres de higiene y adorno personal preocupaban mucho a aquellas mujeres que iban al cine y hojeaban las revistas ilustradas femeninas. Este tipo de cartas no pueden tomarse a la ligera pues la mayoría revelan complejos y sentimientos de inferioridad provocados por el tan hispano “qué dirán”, que tanto daño ha hecho al desarrollo de la población femenina. En segundo lugar las cartas se referían a asuntos sentimentales relacionados con los ritos del festejo, los encuentros en el baile y los paseos, con la iniciación sexual considerada un pecado. Hay otro gran bloque de mujeres ya casadas, insatisfechas, que se consideraban desgraciadas y cuyo horizonte personal se limitaba a las paredes de su hogar. Y como hemos dicho antes, un paquete de cartas está centrado en la violencia doméstica, en el desprecio total hacia las mujeres como norma no cuestionada. En todas estas cartas, el peso de la religión y el de la institución familiar, forjadora del reaccionario sentimiento de culpa, se revelan como corresponsables del atraso en que estuvieron sumidas las mujeres. Escribían también hombres, desde el niño que quería triunfar como su ídolo Joselito, al hombre que buscaba novia o esposa, y al joven que no se relacionaba bien con las chicas y no sabía que probablemente era homosexual.

¿Les respondían? Si fue así, ¿quiénes lo hacían? 

El éxito del consultorio fue abrumador. Y como en un programa de radio solo podía hacerse referencia a unas 6 o 7 cartas y llegaban a diario centenares, la familia fundadora del consultorio habilitó una oficina, bastante siniestra por lo que nos han contado, donde una media docena de oficinistas contestaban la mayoría de las cartas de forma particular y por correo postal. Estas oficinistas tenían un cajón especial donde se depositaban las cartas marcadas con un asterisco, señal que significaba que su contenido era particularmente “peligroso”. Paralelamente a esta oficina, que se encargaba sobre todo de dar salida a las cartas sobre belleza, grafología, hogar, etc., había otras personas que contestaban cartas particularmente, probablemente las que procedían de aquel cajón. Una de ellas fue Pietat Estany, que durante varios años dio contestación en nombre de Elena Francis a las cartas más espinosas y duras.

¿Cómo es que el programa duró hasta 1984, casi diez años después de la muerte del dictador golpista?  

El consultorio fue un gran negocio para el Instituto Francis. Pero los cambios operados en la estructura social española y la progresiva disminución de la influencia de la Iglesia durante la Transición obligaron al Instituto Francis a replantearse la financiación de la emisión. Elena Francis se convirtió poco a poco en un personaje anacrónico, y una parte de las normas de conducta transmitidas ya no tenían sentido tras la aprobación de la Ley del Divorcio o la legalización de la píldora anticonceptiva. Comenzaron a llegar cada vez menos cartas. El perfil sociocultural de la mujer de clase trabajadora de los años 50 y 60 ya no era el mismo entre las mujeres trabajadoras de los años 80, muchas de ellas ya instaladas en la clase media y con un mayor nivel educativo. Y por otro lado, la radio inició durante la Transición su refundación como medio informativo, al servicio de la actualidad, suprimiendo formatos más propios de la ficción.

¿Por qué la cita de Albert Camus que abre vuestro libro? “El papel del escritor […] no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”. ¿Quiénes sufrían en este caso?  

Como escritor y periodista Albert Camus es uno de nuestros referentes. Y nos gustó mucho esa cita sacada de su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1957. Si nos interesó en su momento el fondo epistolar de La Pirenaica, y ahora éste sobre el consultorio de Elena Francis, es porque nos retratan con bastante nitidez la vida ordinaria y las costumbres de la sociedad española de clase trabajadora, la gente común, aquella que nunca ha tenido ni tendrá protagonismo alguno en la historia. Creo que la misión de un historiador también es ponerse “al servicio de quienes la sufren”. La Mujer Francis fue una víctima de la gran opresión que ejerció el franquismo sobre la mujer, más allá de su condición social o de haber pertenecido al bando ganador o perdedor en la guerra civil. La represión ejercida contra la mujer, causa de muchos de sus miedos y de la sumisión al varón, es también una de las victorias calladas del franquismo sobre todos nosotros.

¿Cuánto tiempo os ha llevado vuestro trabajo?  

Hemos estado poco más de tres años. Dedicamos unos 15 meses a una exploración sistemática del fondo documental, con visitas semanales al Archivo Comarcal del Baix Llobregat, con el objetivo de confeccionar una ficha de cada carta y un mapa conceptual de los problemas que afectaban a las Mujeres Francis. Y los dos años restantes trabajamos en definir la estructura, buscar la documentación complementaria y contextual (bibliográfica y recopilación de fuentes orales) y en la redacción y edición del libro.

¿Habéis hecho alguna presentación del libro? ¿A la gente joven le suena todo aquello?  

De momento, las presentaciones realizadas han sido en Madrid (24 octubre), Santiago de Compostela (30 de octubre), Vigo (31 de octubre), Sant Feliu de Llobregat (20 de noviembre), Barcelona (26 de noviembre) y Zaragoza (10 de diciembre). Estamos dispuestos a ir allí donde nos llamen, porque creemos que Las cartas de Elena Francis es una buena contribución a la historia sociocultural del franquismo.

Los jóvenes hoy no saben nada de Elena Francis, pero es necesario hacerles partícipes de cómo vivían las “Mujeres Francis”, pues en su lamento probablemente está una parte de la historia de supervivencia de sus madres o abuelas.

Me he olvidado antes. Convendría, tal vez, un breve apunte sobre Ángela Castells  

Ángela Castells Barreno había nacido en Barcelona en 1904, hija de un agente de seguros y director de la delegación barcelonesa del Banco Vitalicio. Se casó con el apoderado de los negocios textiles de la familia Viladomiu. Tras la muerte de su marido a manos de la FAI nada más empezada la guerra civil, Castells se incorpora a la Sección Femenina de Falange y actúa de quintacolumnista. En 1941 la dirección de Radio Barcelona la contrata como responsable de las emisiones religiosas, “Rosario para el hogar”, participando también como guionista de las emisiones femeninas. En 1945 se casa en segundas nupcias con el responsable de la Unión de Radioyentes de la emisora. En 1950 asume la función de crear la base narrativa y expresiva del consultorio de Elena Francis. Se mantendrá como guionista de la emisión hasta diciembre de 1953 cuando toma posesión del cargo de Vocal de la Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer. Fue una mujer muy religiosa y preocupada por la educación moral de la mujer en los principios del nacionalcatolicismo, y muy bien conectada con la magistratura del Obispado de Barcelona. En su labor de dirigente del Patronato de Protección a la Mujer Castells fundó el Hogar Santa Marta, gestionado por Mujeres de Acción Católica para acoger y ayudar a muchachas del servicio doméstico, a madres solteras o niñas huérfanas, trabajando en pro de la conversión de chicas “extraviadas”, las “martitas”. Ángela Castells falleció en 1981. Nuestro libro pretende reivindicar su nombre como protagonista en la fundación el consultorio de Elena Francis. El Instituto Francis nunca la reconoció como autora del personaje. Si existió alguna Elena Francis esa fue Ángela Castells.  

¿Queréis añadir algo más queridos amigos?  

Muchas gracias por vuestro interés. Esta investigación se suma a otros trabajos sobre la historia de las costumbres y los sentimientos, disciplinas todavía incipientes pero muy útiles para conocer los pormenores de la vida cotidiana de la gente común durante los años del franquismo. Por otro lado, creemos que la lectura de esta obra puede ayudarnos a recordar mejor de dónde venimos, y darnos cuenta del grado de castración mental que el dogma del nacionalcatolicismo impuso a muchas mujeres.

Fuente: El Viejo Topo, núm 374, marzo de 2019.

Peterloo

Por Peter Linebaugh

El imperio británico venció a Napoleón en 1815 en el campo de batalla de Waterloo (Bélgica) y aplastó los principios universales de la Revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Además, expropió los bienes comunes de comunidades en todo el mundo mediante leyes parlamentarias de cercamientos en Inglaterra y conquistas militares en otros lugares. Durante este momento de posguerra de altos precios, huelgas fallidas, salarios a la baja, desempleo, estómagos vacíos, y desafección, en 1819 una notable pero incompleta coalición de reformistas y revolucionarios se encontró en St. Peter’s Field en Manchester, Reino Unido, el 16 de agosto hace 200 años. Es la lucha de clases al descubierto. La clase dominante de terratenientes, mercaderes, banqueros y propietarios de fábricas está desplegada ante una clase obrera de trabajadores manuales, obreros de fábricas, trabajadores de plantaciones, trabajadores domésticos, constructores de barcos y marineros, y trabajadores sin empleo. El resultado es una masacre. Analizando la matanza a posteriori, a un periodista astuto se le ocurrió la ecuación: Waterloo + St. Peter’s Field = Peterloo.La película de Mike Leigh que lleva ese nombre es una notable descripción de una batalla fundamental en la historia de la lucha de clases. Murieron dieciocho, y seiscientos cincuenta fueron heridos. La masacre se realizó con sables, espadas y cascos de caballos, sin pólvora. Esa es la razón por la que tantos fueron heridos. Fue una carnicería. Como mínimo, la película hace justicia al suceso, pero, como veremos, se requiere más que un mínimo.

En 1819 una revolución era posible, escribe E. P. Thompson, autor de La formación de la clase obrera en Inglaterra, porque la clase dominante estaba dividida y aislada. El integumento del poder dependía de la deferencia y el miedo, lo que el poeta romántico Percy Shelley entendió e intentó interrumpir:

 

Creced como Leones después del letargo

en cantidades invencibles;

sacudid vuestras cadenas como si fueran rocío

que durante el sueño os hubiera caído encima;

vosotros sois muchos, ellos son pocos

 

Este fragmento es de Shelley, cuyo himno enardecedor, La Máscara de la anarquía, “fue escrito con motivo de la masacre de Manchester”. Shelley se encontraba en Livorno, en Italia, hasta ahora dormitando en el exilio, hasta ahora soñando creativa y clandestinamente con el Frankenstein de Mary, pero ahora despertándose desde la distancia.

La película empieza con un corneta desorientado vagando por el campo de batalla de Waterloo, moviéndose con nerviosismo de un lado a otro en un estado de desconcierto traumático. La muecas, deformaciones y los murmullos sin palabras de su cara representan el caos a su alrededor. La siguiente escena muestra al Primer ministro hablando en el Parlamento, ¡proponiendo una resolución para hacer un regalo a Wellington de 750.000 libras! A continuación se ve a Joseph volviendo a Lancashire entre los barrizales que deja tras de sí la marea baja. De vuelta a casa busca tristemente un trabajo entre la lluvia, en los establos o con los carromatos.

Antes del gran encuentro al aire libre, debaten constitucionalistas contra insurrectos, promotores de la autodefensa armada contra promotores de la no-violencia,  defensores de la reforma parlamentaria ante las demandas económicas, defensores de la fuerza física contra defensores de la fuerza moral. Los debates de la clase obrera ocurren en tabernas, naves industriales, entre fogones de cocina y mesas, en campos al lado del río. (El encuentro del campamento está ausente en la película, así como la Escuela Metodista del Domingo.) El encuentro informal en la taberna concluye con el aviso de que se puede perdonar a un niño y reconfortarlo si teme la oscuridad, ¿pero cómo se puede reconfortar o perdonar a un adulto si teme a la luz?

Los “réptiles dorados” de la clase dominante, mientras tanto, están también divididos –entre nobles, militares, abogados, y la burguesía– ; los oímos debatir en el tribunal de magistrados, en la Cámara de los comunes, en las oficinas del Ministerio de Interior, donde abren cartas, contratan espías, instruyen a alborotadores y mandan órdenes a regimientos locales o húsares nacionales. ¿Deberían colgar a alguno? ¿Deberían subir los salarios de miseria? ¿O deberían intentar anonadar al populacho en su totalidad, con terror de masas si hace falta? La lucha de clases forma parte de la gestión de un Estado. Las herramientas para la represión son varias: censura de la prensa, encarcelamiento de los líderes, criminalización de los pobres, supervisión de los desposeídos, los militares contra todos. El arte de gobernar acaba siendo el del engaño hipócrita. El gobierno busca una excusa, y entonces produce una: la masacre. La soga se aprieta, los sables se afilan.

Aparecen tres personas ante el juez, sentado, “una dispersa, inútil y trastornada” mujer, un ladrón de un reloj de plata ganado en una partido de dados, y un hombre que tomó una chaqueta en lugar de robarla, que se describe a sí mismo como un “reformista” que propone una economía del “compartir”. Esto provoca fuertes carcajadas al sagaz magistrado. Con alegría dictamina sus castigos: azotes públicos, deportación a Botany Bay y la horca. El mástil fatal de Albión.

Los reformistas pedían organizaciones políticas, libertad de prensa, libertad de reunión pública y derecho a voto. Tenían que transformarse a ellos mismos, de muchedumbre a movimiento político. Los trabajadores estuvieron en huelga durante cinco semanas en uno de los molinos y no consiguieron nada. No es un tema que la retórica del portavoz o del ministro pueda apaciguar. La reforma parlamentaria era, en el mejor de los casos, solo un medio para la mejora de la vida y, en el peor, un callejón sin salida; o una proposición política la cual no era esperable que la joven muchachita –la clase obrera de Lancashire– aceptara. En estos debates precoces, y la película esencialmente es un debate finalizado por la masacre, la separación de los temas políticos de las realidades económicas emerge en las diversas experiencias de los contrincantes.

Un estandarte de la Carta Magna con el gorro frigio, símbolos de la libertad inglesa y francesa, representa al proletariado a medida que se convierte en clase obrera. “Libertad o muerte”. Un estandarte con un arpa irlandesa. La retórica puede ser difícil de digerir (la jerga incluye palabras como “odium” o “spurious”), uno tiene que sintonizar la oreja a las diferentes voces. Una voz irlandesa liderando la sociedad femenina de reformadoras de Manchester,Women’s Reform, muchas voces de Lancashire, las voces londinenses de los pijos.

Samuel Bamford debería ser leído hoy en día, tanto como lo son Frederick Douglass o Malcom X, u Olaudah Equiano. Él era un operario de un telar manual, en contraste con el tejedor proletario de la fábrica. Su oficio, no representado en la película, se ha vuelto redundante con las máquinas y los motores a vapor. Un lamento evocador fue cantado por un penoso cantante de baladas –“el sol brillará de nuevo sobre los tejedores”–. Bamford empareja dramáticamente con Henry “Orator” Hunt.

“Respira desde lo más profundo de tus pulmones y habla desde lo más alto de tu voz”, entona Henry “Orator” Hunt mientras expulsa a todos los otros oradores de la campaña electoral de ese día. Su grandilocuencia rimbombante e inflada penetra a los locales de Manchester. Su ego pomposo complementa al bondadoso, inteligente y observador Samuel Bamford. Bamford aboga por la autodefensa armada, pero Hunt amenaza con retirarse si hay armas presentes. Bamford lidera al contingente que marcha desde Middleton por un sendero herboso en un día soleado. Las mujeres van de blanco, los hombres con sus mejores galas de domingo, y hombres, mujeres y niños ataviados con hojas de laurel; forman hileras de belleza. Este es un festival de los oprimidos. Limpieza, buen orden y sobriedad son las consignas: el objetivo es avergonzar a la clase alta, que calumnia a la gente llamándolos la turba o la chusma –todos sucios, descuidados y sin orden ni concierto–. Así que habiendo dejado de lado los palos y las piedras, avanzan. Gentes pacíficas y determinadas de los pueblos textiles de la zona, ¡marcando el paso con su pierna izquierda!

“La conducta pacífica de tantos miles de hombres desempleados no es natural”, escribió el General Byng. Les dió miedo. Esta era una clase dominante frágil. En la cabeza de la clase dominante, una patata lanzada contra la ventana de cristal del coche de la princesa regente rápidamente se transforma en aterradores disparos. El tintineo del vidrio roto es suficiente para causar que el Ministro de interior tartamudee aterrorizado. “Tranquilidad”, ronronea la princesa regente mientras deglute otro bombón. El proletariado había sido, de hecho, “tranquilizado”, esto es: masacrado. Estos personajes regios son dignos de la ácida descripción de Shelley: gobernantes despachando corazones humanos para alimentar a sus perros, aplastando cerebros de niños con piedras de molino.

Las partes más cariñosas de la película son las escenas que muestran la microeconomía de los oprimidos. Los pasteles de carne no son vendidos, sino intercambiados por unos huevos (“¡un cuarto de penique, o un penique y un cuarto por media docena!”, grita una mujer en el mercado). Un penique por un pastel. La madre de Joseph comparte su comida.

Hay un interludio pastoril a mitad de la película. Sin discursos, sin avance de la trama o sin desarrollo de los personajes. Tres violinistas tocan una bonita melodía sentados sobre la hierba. Al lado del curso de agua dos muchachas con delantales blancos escuchan con aprecio agarradas del brazo. El suelo, la hierba, el riachuelo no son propiedad de nadie. Es común.

Entre las declaraciones de testigos contemporáneos encontramos la que sigue: “Cortaron y pisotearon a la gente; y entonces acabaron cortando y pisoteando como se haría en el desbrozamiento de un ejido [common]”. Merece la pena pararse en la declaración. Se describen dos eventos completamente diferentes, una masacre y una expropiación, que pertenecen a dos procesos económicos completamente diferentes: la creación de un mercado de trabajo y la creación de terreno cultivable. Pero expresa una verdad de su tiempo, la expropiación de la comunidad: la muerte de las personas y la expropiación de la tierra.

Algunos espectadores pueden sentir que hay demasiada “historia desde arriba”. El debate político está amansado. El debate es sobre el Parlamento y la Cámara de los comunes (distritos electorales iguales, voto secreto, sufragio universal masculino) en lugar de sobre las asambleas populares y las casas en el común. Algunos temas de debate no están presentes en la película. Los seguidores de Thomas Spence, quienes habían abogado desde hace tiempo por ejidos para todos, es decir, la distribución equitativa de la tierra de 400 lores en favor de los millones de personas que la necesitaban. Robert Wedderburn, un jamaicano negro, “el retoño de un africano”, como solía decir, lideró los debates entre la gente común de Londres. Una semana antes de la masacre de Peterloo, el tema de debate fue “¿Puede ser asesinato matar a un déspota?”. Un espía del gobierno le reportó diciendo que el robo de hombres y mujeres en África fue “realizado por hombres del Parlamento –quienes lo hicieron para ganar dinero–, lo mismo hacían cuando les empleaban en sus fábricas de algodón, para convertirles en esclavos, para ganar dinero y llegar al Parlamento”. Afirmaba que Cristo fue un reformador radical. Entonces, el 13 de octubre de 1819, pedía venganza por los asesinatos de Manchester, y puso la pregunta a debate en la capilla de la calle Hopkins, “¿Cuál de los dos partidos tenía más posibilidades de salir victorioso en la Guerra Universal, los ricos o los pobres?”. En mayo de 1820 era aplaudido en la cárcel de Dorchester.

El miedo de la clase dominante era recordado por “la traducción de la chusma en una clase disciplinada”, escribe E. P. Thompson. Pero la clase está aún incompleta. Solo mira el callejón aledaño al muro de la fábrica, ¿y qué ves? Fardos de algodón apilados. No es suficiente con insinuarlo. Hay circuitos de dinero y circuitos de trabajo que son globales; ninguno de ellos está en la película. El capitalismo no es solo un asunto inglés. Muchos de esos primerizos proletarios industriales eran inmigrantes irlandeses huyendo de la hambruna. ¿Pero quién producía el algodón y cómo llegaba hasta Manchester? En Inglaterra, no se trata solo de que el capital comande la fuerza de trabajo desde India a Ciudad del Cabo, pasando por Misuri; la clase obrera en Inglaterratambién es global. Esta ya no es una excepción perdonable entre los trabajadores intelectuales en Inglaterra. Sus historiadores, poetas, novelistas, directores de cine deberían conocerlo mejor, a menos que estén contentos con lo mismito de siempre: los jardines verdes y las preciosas salas de dibujo de las películas de Jane Austen en la BBC, que solo apuntalan el aparato ideológico de la supremacía blanca.

Una fábrica consigue más y más telares mecánicos. El proletariado (niños, mujeres, hombres) se mueve afanosamente en el estruendo. Fuera, pilas de fardos de algodón llenan el callejón, apoyados en el muro de la fábrica. Todos pueden ver el origen atlántico de las materias primas de la producción. Esa es una forma de mirar al capital. Pero no vemos los circuitos atlánticos en su forma monetaria. Más en particular, no vemos la naturaleza atlántica de la fuerza de trabajo, es decir, la esclavitud.

No hay referencia alguna, a parte de las denominadas “materias primas” del sistema de plantaciones y la productividad de látigo que las produjo en América. Robert Wedderburn, dijimos, era un jamaicano negro, activo en el movimiento inglés. John Jea, nacido en Calabar, esclavizado en Nueva York, casado con una irlandesa, predicaba “el evangelio eterno” en Lancashire y Manchester, habiendo compuesto, cantado y publicado himnos de la libertad el año anterior. Una sustanciosa parte de la tripulación de los barcos era negra. William Davidson, hijo de esclavos jamaicanos, se unirá a Arthur Thistlewood, seis meses después de Peterloo, en un fallido intento insurgente de asesinato de todos los ministros británicos durante una cena (la conspiración de la Calle Cato); y junto con otros sería ahorcado por ello el primero de mayo de 1820. Después, Denmark Vesey de Charleston, Carolina del Sur, intentó una insurrección atlántica en el verano de 1822.

Peterloo está en el cénit de un ciclo de la guerra de clases. En América y las Indias Occidentales la resistencia estaba virando. De actos individuales como la huída, hacia luchas colectivas. Mientras, las insurrección se rumoreaba en Virginia y la Florida durante la primavera de 1819. En Charleston, cuatro séptimos de la población era afroamericana. La Iglesia Metodista Africana era fuerte en sus números e incipiente radicalismo; se enfrentó a la supresión activa en 1821. Más de treinta personas fueron colgadas en julio de ese año en Charleston. Compárese este número con los dieciocho muertos en Manchester para hacerse una idea de la composición de la clase obrera a ambos lados del Atlántico.

Pero volvamos a la película. Joseph es asesinado en Peterloo. Las últimas palabras del filme son el Padre Nuestro –“danos el pan de cada día”–, pero la última imagen es la madre de Joseph, quien lo ha consolado, alimentado, acompañado, y ahora lo entierra. Si hay pan de cada día que dar, ella lo dió, compartiéndolo con una pareja muy hambrienta en la manifestación que acaba de llegar de Liverpool. La suya ha sido la voz con los pies en la tierra todo el tiempo, escéptica y esperanzada a partes iguales. Ha sobrevivido desde el primer momento en el que la vemos amasando masa para pasteles, con una luz que entra por la ventana digna de Vermeer, hasta la última imagen de la película: su cara, de luto e impasiva, en un retrato propio de Walker Evans. Nos mira: ¿qué pensamos? ¿Cómo respondemos?

Karl Marx nació justo unos meses antes. La teoría del valor trabajo toma su clara expresión gracias a la masacre; la teoría del valor trabajo toma su asiento en el centro de la economía política de este tiempo. Aquí Shelley dirigiéndose a los “Hombres de Inglaterra”:

 

La semilla que sembráis, otro la cosecha;

la riqueza que descubrís, otro se la queda;

las ropas que tejéis, otro las viste;

las armas que forjáis, otro las porta.

Sembrad semillas, pero que ningún tirano las coseche;

descubrid riqueza, que ningún impostor la atesore;

tejed ropas, que ningún ocioso las vista;

forjad armas, en vuestra defensa habréis de portarlas

 

El emotivo himno “Hombres de Inglaterra” de Shelley debe ser revisado para incluir mujeres y esclavos. Así, a esa primera estrofa añadimos:

El algodón que recoges, otro se lo lleva;

los hijos que crías, otro los explota.

 

Y a la segunda estrofa citada:

 

Recoged algodón, para engalanaros con él;

criad hijos, para orgullo y salud humanos.

 

Finalmente, la película de Mike Leigh se encuentra en la tradición de La formación de la clase obrera en Inglaterra de E. P. Thompson. Y es así que comparte su mayor defecto. Los irlandeses dicen “la historia de Inglaterra ocurre en otro lugar”, y eso pasa aquí. La película y el libro se limitan a una versión de Inglaterra que está bien, que es toda blanca. Sin embargo, este defecto no debe hacernos olvidar las virtudes del libro y la película, tan necesitadas hoy: el énfasis en la realidad absoluta de la clase, el énfasis en la dinámica histórica de la lucha de clases, y una insistencia en que pensemos en las vías y los medios para conseguir la victoria.

es profesor de Historia en la Universidad de Toledo, Ohio. Es autor de The London Hanged y (con Marcus Rediker) La hidra de la Revolución: la historia oculta del Atlántico revolucionario (trad. castellana: Editorial Crítica, Barcelona, 2005).

Fuente:

https://www.firstofthemonth.org/peterloo/

Traducción:Alexi Quintana y David Guerrero / sinpermiso.info

La lucha de Jasic: debate de balance entre los maoístas chinos

Por Qian Beli

En julio del año pasado, 2018, 89 trabajadores de la empresa Shenzhen Jasic Technology Co. Ltd. exigieron el derecho a crear un sindicato. Aunque en la última década ha habido un creciente número de conflictos y huelgas obreras en Shenzhen, el caso Jasic es inusual, ya que fue apoyado abiertamente por un grupo de estudiantes y recién graduados maoístas y marxistas.

Los activistas estudiantiles llegaron a Shenzhen y apoyaron las reivindicaciones de los trabajadores de mejores condiciones de trabajo, el pago de salarios atrasados y la seguridad social, junto con la indemnización por despido así como la creación de un sindicato. Procedentes de diferentes partes de China, organizaron un “Grupo de Apoyo a los trabajadores de Jasic” y se unieron a los trabajadores de Jasic que combatían a la policía.

También establecieron un sitio web – que ahora ha sido eliminado – llamado “Vanguardia de nuestra era” para dar a conocer el caso Jasic y pedir apoyo a las luchas de estos trabajadores. [En la actualidad el sitio web oficial del grupo de apoyo, probablemente gestionado desde algún lugar fuera del país, es https://jiashigrsyt1.github.io/]

La lucha de Jasic se intensificó rápidamente pasando de ser una lucha de organización sindical en una planta a una lucha política contra las autoridades locales. Enseguida fue reprimida, con muchas detenciones. Cuatro trabajadores están a la espera de juicio y 34 simpatizantes están bajo arresto domiciliario, obligados a repudiar su causa, o han desaparecido. De los 34, dos son de ONGs y no tenían nada que ver con el caso mas allá de reenvíar noticias con sus teléfonos móviles.

Casi dos docenas más, al regresar a la universidad, han sido interrogados, amenazados, golpeados y en algunos casos expulsados. Como algunos clubes universitarios marxistas perdieron su registro, varios intelectuales de izquierda, entre ellos Noam Chomsky, han hecho públicas declaraciones de apoyo a los activistas detenidos y anunciado su intención de boicotear las conferencias sobre marxismo patrocinadas oficialmente por China.

Más de 50 estudiantes actuaron en solidaridad con los trabajadores de Jasic. Muy distinto de lo que sucedió en la plaza de Tiananmen en 1989, cuando al comienzo de las protestas, los intelectuales y los estudiantes se aislaron de los trabajadores.

Tanto el profesor Pun Ngai en la Universidad de Hong Kong como el escritor y activista Au Loong Yu han calificado el caso Jasic, en el que los estudiantes se han organizado y movilizado en apoyo de los trabajadores, de “importancia histórica.” Au ha señalado que aunque los estudiantes individualmente por primera vez apoyaron a los trabajadores de saneamiento en la huelga de Guangzhou de 2009, en el caso Jasic los jóvenes maoístas desarrollaron “un alto perfil de resistencia y confrontación”, que evidencia su compromiso en una situación altamente represiva.

Mientras que estos autoproclamados socialistas en China provienen del maoísmo, este artículo sobre sus debates internos muestra como están tratando de resolver problemas estratégicos y tácticos frente a la aguda represión, y las diferencias regionales y de niveles de conciencia y combatividad de los trabajadores. El autor, Qian Benli, es un activista laboral en China.

Para firmar una petición en favor de la liberación de los militantes chinos presos ir a https://www.labourstartcampaigns.net/show_campaign.cgi?c=4078 .

 

En términos generales, En China hoy hay dos grandes tendencias maoístas. Una tiene más conexiones con la nomenklatura del régimen; están a favor del nacionalismo en el pensamiento de Mao y defienden a los actuales dirigentes del Partido Comunista Chino (PCCh) por su posición firme en contra de Occidente.

Otra tiene una posición mucho más crítica sobre el régimen chino actual. Creen que el PCCh ha sido controlado por los capitalistas y la solución es la revolución proletaria. (1) Esta segunda tendencia prefiere identificarse a sí misma como marxista-leninista-maoísta de izquierda (en lo sucesivo, ml-ml). (2)

De acuerdo con un artículo publicado por el sitio web Red China (China Roja), la corriente ml-ml emergió como una fuerza política a principios de este siglo XXI a partir de varios grupos de izquierda presentes en internet. Inicialmente sus miembros incluían a activistas obreros veteranos que han participado en las luchas contra la privatización de las empresas de propiedad estatal (EPE), antiguos miembros del PCCh que no les gustaban las reformas capitalistas, guardias rojos de la Revolución Cultural, etc.

Después de 2012, la ml-ml se revigorizó con sangre fresca de grupos universitarios de izquierda, con estudiantes e intelectuales jóvenes. La movilización de Jasic en 2018 mostró que la ml-ml era más mayor y estaba mejor organizada que otras corrientes de izquierda en China, pero no hay evidencias de una organización unificada.

De hecho, los debates provocados por las consecuencias de esta movilización muestra que las generaciones veteranas y las más jóvenes de ml-ml – para mayor comodidad, ‘guardias’ viejos y jóvenes- tienen desacuerdos políticos y estratégicos importantes.

Jasic: una breve cronología

Muchos informes han descrito los detalles del conflicto de Jasic y las protestas relacionadas, la movilización y la represión. En este artículo no vamos a repetir toda la historia, pero si trazar una breve cronología para entender los debates dentro de la corriente ml-ml.

Desde marzo hasta julio de 2018: Varios casos de resistencia contra reglas ilegales y las intimidaciones de la dirección en la fábrica Jasic en Shenzhen. Varios trabajadores de Jasic decidieron establecer un sindicato de fábrica y buscaron la ayuda de la sección sindical oficial del distrito. Esta última respondió que primero debía obtener el consentimiento de la dirección de la fábrica.

10-18 de julio: Los activistas obreros recogieron 89 firmas de sus colegas que querían unirse al sindicato de fábrica. Sin embargo, estos activistas fueron despedidos por la dirección de uno en uno con diferentes excusas.

20 julio: Siete trabajadores despedidos protestaron fuera de la fábrica. La policía vino y se los llevó. Fueron física y mentalmente maltratados en la comisaría de policía. Más tarde, otros trabajadores protestaron frente a la comisaría de policía y exigieron la liberación de los siete trabajadores. La policía detuvo a algunos de estos manifestantes.

21-27 de julio: Información online y comienzo de la movilización. Más protestas fuera de Jasic y las comisarías de policía. Los participantes eran principalmente trabajadores de la fábrica en Shenzhen. El día 27, la policía hizo un arresto masivo de 30 manifestantes, entre ellos un estudiante.

De 28 de julio a principios de agosto: La propaganda y la movilización se intensifican. Tanto viejos como jóvenes guardias ml-ml, y de otras corrientes de izquierda, el movimiento obrero en todo el país, y estudiantes de muchas universidades mostraron su solidaridad de diversas maneras. Los medios internacionales comienzan a informar del conflicto.

Se forma el Grupo de Apoyo a los trabajadores de Jasic (en lo sucesivo, el grupo de apoyo). Cada vez más personas llegan a Shenzhen para unirse al grupo, incluyendo tanto guardias jóvenes como viejos de la ml-ml. La policía local se convierte en su principal objetivo.

11 agosto: El Grupo de Apoyo publicó una carta abierta, pidiendo a la autoridad central del PCCh que investigue a los “reaccionarios y las fuerzas del mal” que se esconden en el interior del gobierno de Shenzhen. Uno de los organizadores del Grupo de Apoyo, Shen Mengyu, fue secuestrado por la noche, lo que provocó una nueva ronda de boletines que condenan la represión y solicitan apoyo solidario.

24 de agosto: La policía allana el apartamento que el Grupo de Apoyo había alquilado para alojamiento temporal. Sesenta personas fueron detenidas, 50 de ellos estudiantes. La mayoría de los estudiantes fueron puestos en libertad en dos días. Sin embargo, algunos de ellos son constantemente acosados por sus universidades y la policía local. En otras ciudades varias personas relacionadas con la corriente ml-ml son arrestados por la policía en sus oficinas o residencias ese mismo día.

9-11 de noviembre 2018: Al menos otras 18 personas relacionadas con los ml-ml son detenidos en todo el país.

Actualización reciente: Una serie de grupos universitarios de influencia ml-ml haber sido sancionados. Muchos de los estudiantes que se unieron al grupo de apoyo (incluyendo los que no fueron a Shenzhen) están bajo vigilancia o son expulsados temporalmente de la universidad. A mediados de enero de 2019, 36 personas detenidas durante el conflicto de Jasic todavía no han sido liberados.

En marzo de 2019, por lo menos 10 miembros del Grupo de Apoyo se habían visto obligados a grabar vídeos de confesión, en los que afirman que el conflicto de Jasic fue causado por una conspiración de ultraizquierdistas para incitar a la subversión del poder del Estado.

Críticas por parte de los viejos guardias

Los guardias veteranos de la ml-ml están evidentemente descontentos con los resultados de la movilización de Jasic. Inicialmente, la crítica fue interna, pero los jóvenes guardias publicaron su respuesta en noviembre pasado. El 1 de enero de 2019, los viejos guardias publicaron una carta abierta a los jóvenes guardias en el sitio web de China Roja.

La carta empieza alegando que los atributos “pequeño-burgueses” de los jóvenes guardias han tenido consecuencias muy graves, que se muestran no sólo durante el conflicto de Jasic.

Señala que prestan más atención a los trabajadores migrantes jóvenes, pero descuidan a los trabajadores fijos de las SOE, prestan más atención a las regiones costeras, pero abandonan las del interior, prestar más atención a los procedimientos legales capitalista, pero abandonan los métodos de lucha más eficaces desarrollados por los trabajadores chinos en las luchas anteriores y pagan más atención a la propaganda en las redes sociales, abandonando el trabajo de organización entre las masas.

La carta a continuación, sostiene que la causa fundamental del fracaso en Jasic es lo que describen como la hoja de ruta burguesa del “movimiento obrero”:

“En primer lugar la lucha por la creación de sindicatos formales y abiertas, legalizados por la ley capitalista; a continuación, la lucha por la democracia capitalista. Con el fin de constituir sindicatos, los jóvenes que defiendan las ‘teorías’ marxista-leninista-maoístas deben ir a trabajar a las fábricas y movilizar a los trabajadores para llevar a cabo la lucha. El método de ‘lucha’ debe ser exigir a los capitalistas; si la ‘lucha’ es reprimida, hay que hacer una petición al aparato del Estado capitalista; si se reprime de nuevo, hay que apelar al poder mágico de la opinión pública”.

La carta sostiene que esta hoja de ruta puede funcionar en Occidente, pero no en la China actual. Porque China es un país semi-periférico en el sistema capitalista mundial, y la explotación de una gran cantidad de mano de obra barata es el elemento vital del capitalismo chino. Así, la clase capitalista no permitirá a los trabajadores organizar sindicatos legales mientras el dominio capitalista siga funcionando “normalmente”.

Cuando el dominio capitalista se desmorone frente a una marea revolucionaria, la clase obrera china podrá exigir los derechos sindicales de forma autónoma y en general, pero sus exigencias irán sin duda alguna más allá de eso en ese momento. Por lo tanto, la reivindicación básica de crear un sindicato en Jasic con la ayuda de los sindicatos oficiales del PCCh por parte de los jóvenes guardias era ilusoria desde el principio.

Los viejos guardias piensan que los jóvenes guardias cometieron más errores una vez que la protesta inicial de los trabajadores fue reprimida por la policía local. Un error fue esperar que la presión de la solidaridad de izquierda y de la opinión pública en el extranjero podría cambiar la posición del gobierno capitalista.

La carta señala que el poder de la opinión pública es muy limitado en la China actual. En la mayoría de los casos, el futuro de la lucha de los trabajadores depende decisivamente de las relaciones de poder de clase locales en cada momento. Los capitalistas locales y los burócratas sólo hacen concesiones cuando los trabajadores son una amenaza real para ellos – como una huelga eficaz capaz de causar importantes pérdidas económicas o afectar las promociones de los burócratas locales.

Otro error relacionado fue culpar a otras personas por no mostrar suficiente solidaridad tras el fracaso. La carta señala que la movilización de gente para mostrar su solidaridad en internet e ir a Shenzhen no salvó la lucha; en cambio, ha dejado al descubierto la red ml-ml y permitido que muchos izquierdistas jóvenes sean víctimas de la represión estatal.

Las posiciones de la Vieja Guardia

En su carta, los viejos guardias expliquen su propuesta de hoja de ruta correcta para la liberación proletaria en China. Instan a los jóvenes guardias a cambiar su enfoque de los sindicatos y la democracia capitalista y a concentrarse en la cuestión central de la revolución proletaria: cómo tomar el poder del Estado.

Afirman que China nunca dejará de ser un país semi-periférico en el sistema capitalista mundial. De acuerdo con su definición, los países del centro explotan a los otros países, como China tiene la mayor población del mundo, en su conjunto, simplemente no puede explotar a los otros países.

Por lo tanto, la clase capitalista china no será capaz de resolver las futuras crisis económicas y políticas. Esto provocará una crisis revolucionaria, pero en ese momento el proletariado chino no tendrá suficiente fuerza para tomar el poder estatal a nivel nacional. Habrá un período de transición de varias decenas de años. Durante este período, el proletariado formará su propio partido y madurará políticamente. Luego podrá tomar el poder.

Sin embargo, el dominio capitalista es ahora estable. Los viejos guardias sugieren que la principal tarea de los ml-ml es aprender los métodos y experiencias de las luchas de las masas trabajadoras, en lugar de tratar de “inspirar”, “dirigir” o “movilizar” las luchas de los trabajadores.

Por otra parte, los activistas jóvenes deben ir al interior en lugar de a las regiones costeras. En la medida que las regiones interiores de China están mucho menos desarrolladas económicamente, el poder de la clase capitalista es relativamente más débil, por lo que será más fácil establecer las bases revolucionarias del proletariado durante el período de transición.

Aunque el número de trabajadores migrantes es muy importante en las regiones costeras, no tienen fuertes lazos con los residentes locales (en muchos casos, ambas partes también tienen intereses en conflicto), por lo que les será difícil tomar el estado allí, incluso durante el período revolucionario.

Para hacer frente a la represión estatal, los viejos guardias también dan sugerencias concretas. Utilizan el ejemplo del caso del Grupo de Lectura Maoísta. (3) En otro artículo publicado recientemente en la web China Roja, los viejos guardias afirman que la campaña de solidaridad había sido dirigida por ellos desde enero de 2018.

Su estrategia fue reconocer la legitimidad del Estado, citando a Xi Jinping en la petición. Al mismo tiempo, reivindicar que los “ocho jóvenes” eran marxistas-leninistas que se dedican principalmente a actividades de bienestar social y no suponían una amenaza política.

Propusieron que después de entregar su petición al Ministro de Seguridad Pública, los cuatro fugitivos debían entregarse a la policía, públicamente, como una manera de ampliar la influencia de la corriente ml-ml. (4)

El artículo concluye que estas estrategias han reducido al mínimo las pérdidas de los ml-ml en una situación en la que el equilibrio de poder de clase no estaba a su favor. Por el contrario, durante el conflicto de Jasic, los jóvenes guardias ignoraron las sugerencias y advertencias de los viejos guardias y se negaron a retirarse, lo que resulta en grandes pérdidas frente a la represión estatal.

Respuesta de los jóvenes guardias

Desde el pasado mes de noviembre, los jóvenes guardias han publicado una serie de artículos para responder abiertamente a las críticas y sugerencias anteriores. Defienden que la petición de un sindicato por parte de los trabajadores de Jasic no fue una propuesta surgida en los ‘jóvenes izquierdistas de origen social pequeño-burgués’, sino resultado de la auto-determinación surgida de las luchas obreras diarias.

También niegan la teoría de los viejos guardias de que la explotación de una gran cantidad de mano de obra barata siempre será el pilar del capitalismo chino. En su opinión, la transformación económica y la escasez de mano de obra ampliaran gradualmente el espacio para el movimiento sindical. Por lo tanto, cada vez más trabajadores, inevitablemente, harán suya esa reivindicación.

Los jóvenes guardias argumentan que su propia posición de apoyar la reivindicación de un sindicato no es reformista o una hoja de ruta más pequeño-burguesa – nunca han pensado o dicho que los objetivos finales fueran la creación de sindicatos legales o el logro de una democracia capitalista al estilo occidental. La apoyaron porque los trabajadores sindicalizados serían más propensos a acciones colectivas en la medida que el conflicto de clases se intensifique en el futuro.

También insisten en que protestar contra la policía después de la primera ronda de detenciones fue una decisión de los trabajadores, aunque fuese equivocada o demasiado optimista. Creen que el movimiento obrero de China, inevitablemente, madurará políticamente en el futuro, y que por lo tanto no se debe desalentar a los trabajadores que han tomado este paso en la actualidad.

Sobre la cuestión de la movilización de los estudiantes, sus argumentos son los siguientes: en primer lugar, después de la detención en masa del 27 de julio, los estudiantes eran la única fuerza que podía seguir protestando, y viajar a Shenzhen fue su opción proactiva. En segundo lugar, debido a las complicadas circunstancias y los rápidos cambios de coyuntura en Shenzhen, las acciones de los estudiantes no eran perfectas, pero esto no niega la naturaleza esencialmente progresista del Grupo de Apoyo.

En tercer lugar, como activistas los estudiantes se enfrentan a la maquinaria violenta del estado, tarde o temprano, por lo tanto sus experiencias durante la lucha de Jasic y la represión consiguiente son lecciones útiles.

Sobre la cuestión de priorizar las regiones costeras frente a las del interior, los guardias jóvenes tampoco están de acuerdo con los viejos guardias. Afirman que China tiene 287 millones de trabajadores migrantes, que comprende el 70% de la clase obrera; las luchas de los trabajadores chinos están más concentradas en las regiones costeras del este, especialmente el delta del río Perla; la clase obrera en las regiones del interior es pequeña en número, no está concentrada, y por lo general es menos militante.

Se burlan de la idea de “establecer las bases revolucionarias del proletariado en el interior,” calificándolas de fantasías de “revolucionarios de salón”. En un artículo, incluso denuncian las sugerencias de los viejos guardias como ‘capitulacionismo’ y les acusan de “apuñalar a sus camaradas desde el punto de vista capitalista”.

Los jóvenes guardias creen que, a pesar de que la lucha de Jasic ha tenido algunos contratiempos, que no ha sido un fracaso total – también ha tenido algunos logros. Por ejemplo, la discusión en China sobre la situación social está predominantemente en manos del Estado y los liberales, pero la lucha de Jasic fue un paso importante que ha permitido que las masas oigan las voces de la izquierda.

La movilización estudiantil también habría demostrado que las decenas de millones de estudiantes universitarios son la reserva de talento de la izquierda china y apunta un futuro brillante para la izquierda.

¿Continuar la lucha?

Al menos en apariencia, los jóvenes guardias ml-ml no aceptan las críticas y las sugerencias de los viejos guardias. A pesar de las pérdidas que sufrieron, continúan en la lucha a su manera, con gran entusiasmo. Como se describe en el Mensaje de Año Nuevo del Grupo de Apoyo:

“… El 26 de diciembre, el 125 cumpleaños del presidente Mao Zedong, cuatro representantes del Grupo de Apoyo fueron a su lugar de nacimiento, Shaoshan. Sus apasionados discursos y canciones ganaron el aplauso de la audiencia. La gente de todas las regiones del país, sin miedo a los trucos de la autoridad, se unieron al Grupo de Apoyo en su lucha por la justicia y se sumaron al esfuerzo para rescatar a los camaradas detenidos …

“Todo el mundo en el GAJ (Grupo de Apoyo Jasic) está dispuesto a apoyar a los camaradas en las prisiones capitalistas y para sacrificarlo todo por la liberación de la clase obrera, preparados para ser detenidos y esposados por la sucia policía de Guangdong que defiende a los capitalistas!”.

Como observador externo, acepto que algunas de las críticas y las sugerencias de los viejos guardias no tienen sentido y entiendo que los activistas no pueden dar a conocer todas sus estrategias y tácticas bajo un régimen autoritario. Sin embargo, algunos problemas son aún discutibles.

En primer lugar, el discurso social en la China de hoy es muy reaccionario. El “liberalismo” chino está lejos de ser la peor parte de la derecha – las ideas racistas, el sexismo, el nacionalismo, el patriarcado y el burocratismo tienen mayor influencia que las ideas de izquierda en general.

En este entorno, las consignas ultra-izquierdistas pueden desanimar a algunos jóvenes partidarios de la izquierda. Por ejemplo, el número de jóvenes estudiantes o trabajadores que están sinceramente dispuestos a “sacrificar todo por la liberación de la clase obrera” o “ser detenidos y esposados por la sucia policía” – especialmente cuando son conscientes de que su sacrificio no supondría ningún beneficio para los trabajadores cuyos intereses se han comprometido a servir.

Por otra parte, ya que muchos de los que están dispuestos a hacer tales sacrificios están en la cárcel, ¿quién va a reclutar y formar a más jóvenes para la izquierda? Los artículos en los medios sociales probablemente no serán capaces de sustituir el trabajo de organización en el mundo real.

En segundo lugar, si el gobierno de Guangdong es controlado por capitalistas y reaccionarios, ¿los que están en Beijing son acaso nuestros camaradas? Creo que tenemos que tener en cuenta que, independientemente de las luchas entre facciones de la clase dominante, todas ellas comparten una orientación común que es la de suprimir todas las resistencias de la clase obrera en el conjunto de China.

El gobierno central de Beijing a veces afirma que “ama a los trabajadores y los pobres”, pero esto es sólo su división del trabajo en el juego de “policías buenos y malos”. La izquierda no debe enviar el mensaje a las masas de que algunos ‘hermanos mayores’ están de nuestro lado, incluso con el fin de rescatar a sus camaradas.

En tercer lugar, el debate regiones costeras o del interior no es una cuestión en blanco o negro. Si algunas personas pueden organizar o establecer contactos con los trabajadores de las regiones del interior, deben hacerlo; si los demás encuentran que es más fácil construir grupos en el delta del río Perla, deben continuar su trabajo.

No es una cuestión de principios. Hay muchas universidades en las ciudades del interior, que también están industrializadas, como Wuhan y Chongqing; también hay grandes empresas estatales y una clase obrera tradicional en ciudades costeras como Shanghai.

Imaginemos un escenario: un estudiante de izquierda va a la universidad en Wuhan y se dedica a actividades de apoyo a los trabajadores locales; después de graduarse se traslada a Shenzhen para unirse a un grupo que comparte la misma política, mientras que algunos de sus compañeros de izquierda deciden quedarse y seguir trabajando con los trabajadores locales de Wuhan.

Después de algunos incidentes, acaba en la lista negra de la policía de Guangdong y es constantemente acosado allí; tiene que volver a su ciudad natal, donde la represión no es tan grave, y empieza a ponerse en contacto con los izquierdistas locales … Este escenario es probablemente la respuesta más natural y práctica para los jóvenes izquierdistas de la China de hoy.

Notas:

  1. En el pasado, algunos de ellos también esperaban que la facción maoísta en el partido se hiciese con el poder y llevase al país por su senda preferida. La caída de Bo Xilai, rompió esa esperanza.
  2. Los liberales chinos y de extrema derecha a menudo se refieren a los maoístas como “Mao Zuo.” Este término puede causar confusión. La traducción literal al inglés es “izquierda maoísta”, que distingue a los maoístas de otros izquierdistas. Pero la gente también traduce este término por “izquierda maoísta”, que indica que hay una derecha maoísta. Para los liberales y la extrema derecha, “izquierda” es una palabra negativa, por lo que este término se utiliza generalmente de una manera irrespetuosa. Los izquierdistas no-maoístas utilizan este término también, pero las implicaciones son complicadas. Algunas personas piensan que todos los maoístas son estalinistas y cuando les llaman “Mao Zuo” dan a entender que son engañosos. Otros tratan a los maoístas de izquierda con más camaradería y creen que podrían ser aliados en muchas luchas; por lo que se refieren a los maoístas de izquierda como “Mao Zuo”, para distinguirlos de los maoístas pro nomenklatura.
  3. En noviembre de 2017, la policía allanó un grupo de lectura de la Universidad de Tecnología de Guangdong. Cuatro participantes fueron detenidos y otros cuatro se convirtieron en fugitivos. En sus cartas abiertas publicadas más tarde, algunos de ellos se identifican como ml-ml. Se puso en marcha una campaña de solidaridad a nivel nacional. En marzo de 2018, la policía de Guangdong habían retirado los cargos y todos los ocho jóvenes habían sido liberados.
  4. Al final resultó que la policía de Guangdong retiró los cargos antes de que los fugitivos fueran convencidos de entregarse.
Es el heterónimo de un activista por los derechos obreros chino.

Fuente: Against the Current

Traducción:Enrique García / sinpermiso.info

Estados Unidos contra China

¿Acaso el imperio estadounidense es tan vasto y arrogante en sus exigencias, que cualquier potencia emergente debe enfrentarse a él?

Por Susan Watkins

Las crecientes tensiones entre Washington y Pekín aún no constituyen una nueva guerra fría, pero señalan un cambio importante en la política estadounidense. Desde la década de 1990, cuando se orquestó el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio —garantizando sus activos en dólares en el momento cumbre de la crisis financiera—, se había puesto el énfasis en la cooperación, aunque respaldado por el poderío militar. Actualmente Washington amenaza con incrementar la guerra arancelaria y pide a los miembros de la Otan el boicot a la tecnología de 5G china que lidera el mercado.

El Departamento de Justicia ha organizado una espectacular acusación internacional a la directora ejecutiva de una empresa tecnológica china por comerciar con Irán. La última declaración de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense presenta a China, junto con Rusia, como “potencias revisionistas”. Estados Unidos esperaba, según explicaba ese documento, que su integración en el orden internacional liberalizaría a China; en cambio, la RpCh estaba tratando de ampliar el alcance de su “modelo económico impulsado por el Estado”. Su objetivo era desplazar a Estados Unidos del Pacífico occidental y reordenar la región a su conveniencia.

También había autocríticas. Como única superpotencia después de la Guerra Fría, Washington había sido demasiado complaciente. “Asumimos que nuestra superioridad militar estaba garantizada y que una paz democrática era inevitable. Creíamos que la ampliación e inclusión liberal-democrática alterarían fundamentalmente la naturaleza de las relaciones internacionales y que la competencia daría paso a una cooperación pacífica”. En cambio, ha comenzado una nueva era de “competencia entre las grandes potencias”, que implica un choque sistémico “entre las visiones libre y represiva del orden mundial” (1).

Aunque la postura estadounidense más dura cuenta con un amplio apoyo por encima de las diferencias partidarias, Wall Street se muestra nervioso. Robert Rubin dijo a los lectores de The New York Times que no se puede instruir simplemente a China para que cambie su modelo económico, aunque debería reconocer que algunas consecuencias de su sistema eran inaceptables para Estados Unidos. Martin Wolf explicó en el Financial Times que el camino correcto era administrar las relaciones con una China que sería a la vez “enemiga y amiga”.

Pero los medios liberales han respaldado en general la nueva línea. “Las sospechas internacionales tienen tanto que ver con la naturaleza del sistema chino como con la propia compañía [Huawei]”, declaró el Financial Times. “Trump tenía razón al presionar sobre todos los temas”, declaró The New York Times. The Economist estaba de acuerdo en que “Estados Unidos debe ser fuerte”: “La disposición de Trump a interrumpir y ofender puede ser efectiva” (2). Un texto de cabecera en el último número de Foreign Affairs marca las acusaciones. China está buscando un “dominio completo” en la región del Índico-Pacífico, donde pretende ser la “potencia hegemónica indiscutida en los terrenos político, económico y militar”.

Pekín ha podido elegir en sus relaciones con las instituciones del orden global diseñadas por Estados Unidos —la ONU, la OMC, el Banco Mundial—, y se ha forjado un apoyo en las regiones donde Estados Unidos ha estado ausente (relativamente hablando): África, Asia Central, Irán, Sudán, Corea del Norte, etcétera. Ha venido socavando el sistema de alianzas de Estados Unidos en Asia, alentando a Filipinas a distanciarse de Washington, apoyando la apertura de Seúl a Pyongyang, respaldando a Japón contra los aranceles estadounidenses, etcétera.

Una es una superpotencia de mercado libre, que se extiende a todo el mundo, la otra es un Estado comunista de base campesina, que ha experimentado treinta años de crecimiento capitalista de alta velocidad

Aunque Estados Unidos debería confiar en mantener su preeminencia en Asia mediante medios “competitivos pero pacíficos”, debería prepararse asimismo para el uso de la fuerza militar (3). ¿Hasta qué punto son graves estos nuevos antagonismos entre grandes potencias y cuál es su lógica? Desvelar las relaciones estructurales entre ambas es complicado no solo por su mutua interdependencia, sino también por las disparidades existentes entre ellas, sea como “amigas” (socios financieros y económicos) o como “enemigas”. Esas asimetrías caracterizan no solo su tamaño, riqueza, poder y modelos políticos, sino sus metas y objetivos.

En la última era de la competencia entre las grandes potencias, los protagonistas eran del mismo género: Estados-nación capitalistas industriales avanzados, que no obstante se expandían a velocidades distintas y con posesiones en el exterior desiguales. En el caso presente, ambos organismos son entidades singulares, distintas de cualquier otra cosa que haya existido en la Tierra. Una es una superpotencia de mercado libre, que se extiende a todo el mundo, la otra es un Estado comunista de base campesina, que ha experimentado treinta años de crecimiento capitalista de alta velocidad. La Unión Soviética también era una entidad singular; pero la URSS se fundó como negación del sistema capitalista (su opuesto, dijo Lenin). También la RpCh; sin embargo, China se ha convertido en el sector más dinámico de ese sistema, produciendo altos rendimientos para el capital atlántico, invirtiendo billones en activos denominados en dólares y asegurando la “gran moderación” de los salarios y precios de Estados Unidos, con sus flotas de buques de contenedores que surcan el Pacífico para abastecer los estantes estadounidenses.

La interdependencia financiera y económica entre ellas no solo es asimétrica (acreedor pobre, deudor rico), sino que opera a múltiples niveles que se han ido ajustando en diferentes grados y en diferentes tempos, y que se hallan a merced de las variaciones de sus monedas. Antes de 2007, los comentaristas veían los desequilibrios comerciales entre ambas potencias como el mayor riesgo para la estabilidad económica mundial. Desde entonces, el valor de las importaciones estadounidenses procedentes de China ha aumentado un 57 por 100, mientras que la RpCh ofrece un mercado insustituible para los productos agrícolas, aeroespaciales y de maquinaria estadounidenses.

Sin embargo, las áreas de simbiosis contrastan con la agudización de la competencia sectorial, no solo con las compañías estadounidenses, sino en todos los mercados del mundo rico. En el plano interno, las dos economías ofrecen un conjunto diferente de contrastes. Estados Unidos representa un capitalismo continental maduro, cuyo sector industrial alcanzó su punto de crecimiento máximo hace setenta años. Durante los últimos cuarenta ha venido debatiéndose contra la caída de sus tasas de beneficio, la presión a la baja de los salarios, la deslocalización y la huida en busca de mayores rendimientos en la especulación de activos y en la inversión exterior.

Pero si su parte en el PIB mundial se ha reducido desde 1945 de la mitad a un cuarto, Estados Unidos ha fortalecido su liderazgo mundial en las finanzas, la producción cultural y la innovación tecnológica; la propia revolución digital es algo “Made in usa”. En comparación, el PIB per cápita de China es inferior a la séptima parte del de Estados Unidos y su parte en la producción mundial es del 18 por 100. Pero el crecimiento chino se ha disparado a un promedio anual sostenido del 10 por 100 durante tres décadas, desacelerándose sólo en los últimos años.

Al ofrecer mano de obra barata y dócil para el trabajo de ensamblaje en Zonas Económicas Especiales especialmente diseñadas, China adquirió los conocimientos técnicos de la fabricación moderna al tiempo que absorbía las ganancias de la exportación

Desde la década de 1970, la producción de riqueza en Estados Unidos se ha desplazado lentamente del “rustbelt” al “sunbelt”, acumulándose en unas pocas docenas de distritos. Durante el mismo periodo, China se ha transformado de un país rural asiático en una sociedad urbanizada ultramoderna con el mayor sector intelectual del mundo. En este caso espectacular de desarrollo combinado del recién llegado, no es fácil distinguir el país de origen de los factores involucrados.

China inició su despegue industrial en la década de 1990 sobre grandes oleadas comerciales que se iban globalizando rápidamente bajo la dirección de Estados Unidos: la caída de los aranceles, los torbellinos de la inversión de capital, la logística de la containerización cerrada y precintada. Estas fueron las condiciones previas para su crecimiento. Pero la RpCh tomó prestada la fórmula inicial para su modelo impulsado por las exportaciones de los “gansos voladores” del este de Asia, y gran parte del capital inicial provino de la diáspora regional china y de Hong Kong, Taiwán y Japón.

Al ofrecer mano de obra barata y dócil para el trabajo de ensamblaje en Zonas Económicas Especiales especialmente diseñadas, adquirió los conocimientos técnicos de la fabricación moderna al tiempo que absorbía las ganancias de la exportación. Pero el imán que atrajo a las empresas estadounidenses, japonesas y europeas a establecerse allí era endógeno, “made in China”: un vasto mercado interno de consumo, cuyas capacidades económicas y culturales se habían desarrollado bajo el gobierno comunista.

La alfabetización campesina, una fuerza laboral femenina emancipada y un sistema nervioso burocrático que se extiende a todas las aldeas, capaz de dirigir los préstamos bancarios, organizar las infraestructuras y controlar los flujos de capital. Estos factores locales, tanto como su tamaño, diferencian al desarrollo chino del seguido por el resto de “países de reciente industrialización”.

Como entidades político-económicas, las dos potencias no solo han venido creciendo a diferentes velocidades, sino que cada una ha ido cambiando, interna y externamente, de diferentes maneras. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos, como potencia hegemónica mundial, toleraba un alto grado de proteccionismo económico en su campo. A medida que la amenaza comunista retrocedía y la competencia intercapitalista se intensificaba, Washington fue abandonando su resolución abnegada y comenzó a usar su peso global para afirmar los intereses nacionales estadounidenses (4).

Nixon revocó los acuerdos de Bretton Woods en favor del sistema del dólar fiduciario. Los funcionarios de Reagan fortalecieron a Alemania y a Japón para revalorizar sus monedas y dar una ventaja adicional a los exportadores estadounidenses. El Banco Mundial y el FMI se utilizaron para abrir las economías golpeadas por las crisis y poner sus activos en venta. Estos fueron los primeros indicios de un nuevo orden imperial que se completó una vez que Estados Unidos emergió como la única superpotencia.

Este nuevo orden instituyó un régimen de “reformas estructurales”, que penetraron profundamente en la vida económica y política de otros países, abriéndolos a los flujos financieros y comerciales internacionales. Las reformas se centraron en los derechos de propiedad de las empresas y los inversores atlánticos que operaban en el extranjero, permitiéndoles adquirir la propiedad de los activos nacionales situados en otros países e integrarlos en flujos de ganancias globales. Al mismo tiempo, Estados Unidos instituyó un cambio radical en las relaciones interestatales, abandonando el principio westfaliano de la jurisdicción soberana del Estado. La soberanía se concebía ahora como una licencia parcial y condicional, que podía retirarse si un Estado cumplía las normas económicas y políticas liberales establecidas por la “comunidad internacional” liderada por Washington y supervisada por sus instituciones globales (5).

Mientras tanto, la erosión de la soberanía de otros Estados iba acompañada por su acumulación en el centro imperial, donde Estados Unidos se arrogaba el derecho al cambio de régimen, con o sin el consentimiento de sus aliados, embarcándose en un programa de guerra claramente nacional, centrado en el petróleo y en Israel, que afectaba a la totalidad del Gran Oriente Próximo.

El doble objetivo del Pcch ha sido proteger el modelo político-económico que había construido y mejorar el estatus de China dentro del sistema internacional dirigido por Estados Unidos

Bajo ese nuevo orden, la política de Washington hacia China era muy clara. Las directrices establecidas en su National Security Strategy de 1993 se han seguido inflexiblemente desde entonces. La prioridad estratégica para Estados Unidos después de la Guerra Fría era evitar la aparición de una nueva superpotencia, para lo cual mantendría la indiscutible supremacía aérea y naval en la región del Pacífico que había disfrutado desde 1945. Washington vigilaría a China estrechamente y la “apoyaría, contendría o equilibraría” según fuera necesario.

El objetivo era presionar a Pekín para que implementara las reformas estructurales definidas por el Banco Mundial, abriera totalmente sus mercados a las empresas e inversores del Atlántico Norte y garantizara sus derechos de propiedad. Washington esperaba que la socialización de las élites chinas dentro de su sistema universitario ayudaría a producir un nuevo estrato de Yeltsins y Gorbachovs, abierto a la idea de reemplazar el Pcch por una forma más aceptable de gobierno. Pekín no ha manifestado una ambición equivalente de reformar el sistema interno de Estados Unidos, ni de desafiar frontalmente el nuevo orden interestatal.

Operando dentro del nuevo orden globalizado, Pekín esperaba protegerse del destino que había golpeado a los “mercados abiertos” de la región durante la crisis asiática de 1997, cuando el FMI descargó su furor sobre Yakarta, Bangkok y Seúl

El doble objetivo del Pcch ha sido proteger el modelo político-económico que había construido y mejorar el estatus de China dentro del sistema internacional dirigido por Estados Unidos. A diferencia de la prosa severa de los documentos políticos estadounidenses, las versiones públicas de la “gran estrategia” china han sido nebulosas, cuando no negativas. “Mantener un perfil bajo, ocultar el brillo, no buscar el liderazgo, sino hacer algunas cosas”, es la sabiduría atribuida a Deng Xiaoping. En la práctica, la política exterior de China ha sido vacilante.

Tratando de complacer a los estadounidenses, se ha volcado en movimientos agresivos contra regímenes “fraternales”: la desastrosa invasión de Vietnam en 1979; el envío de uigures para apoyar a los muyahidines respaldados por Estados Unidos en Afganistán; el respaldo a Estados Unidos en las sanciones contra Corea del Norte. Acompañándolas de ocasionales condenas del hegemonismo estadounidense, emitió su voto favorable en el Consejo de Seguridad de la ONU a la ocupación de Iraq y al bombardeo de Libia.

Operando dentro del nuevo orden globalizado, Pekín esperaba protegerse del destino que había golpeado a los “mercados abiertos” de la región durante la crisis asiática de 1997, cuando el FMI descargó su furor sobre Yakarta, Bangkok y Seúl. Los controles de capital y un enorme volumen de ganancias en dólares fueron sus primeras líneas de defensa, empezando por el superávit comercial de dos billones de dólares con Estados Unidos, de cuyos consumidores dependía el modelo de exportación chino. Al mismo tiempo, los dirigentes del Pcch pretendían pasar lo más rápidamente posible del modelo de exportación al crecimiento impulsado por el consumo doméstico, mediante un gigantesco programa de inversión interna.

Desde principios de la década de 2000, la reconstrucción física del país (cientos de ciudades nuevas, miles de kilómetros de autopistas, plantas de energía, viaductos, trenes de alta velocidad) absorbió materias primas e insumos de los países cercanos del hemisferio sur, para quienes China se convirtió en un importante socio comercial: Brasil, Argentina, Venezuela, Zambia, Sudán, Australia, Indonesia, etcétera. Durante ese proceso se convirtió en un constructor de infraestructuras de primer nivel en todo el mundo, creando autopistas a lo largo de los Andes y puentes entre las islas del Océano Índico, con contratos facilitados por créditos baratos.

La nueva China arrojaba una luz brillante sobre los límites del poder estadounidense, sobre las zonas que el ajuste estructural había dejado sin desarrollar y sobre los países castigados por el capricho de Washington. La crisis financiera trajo consigo un punto de inflexión histórico en las relaciones entre Estados Unidos y China. Una buena parte de las reservas de dólares de Pekín se habían invertido confiadamente en Fanny Mae y Freddie Mac. El descubrimiento de que se estaban volatilizando en la crisis crediticia llegó como una conmoción. “Cuando más entusiasmados estábamos con el rápido crecimiento de las reservas de divisas, constatamos que China había caído inconscientemente en una ‘trampa del dólar’”, dijo un experto (6).

Washington puso a ambas instituciones dinamizadoras del mercado hipotecario estadounidense bajo su tutela, pero éste era solo un fuego entre muchos, siendo mucho más peligroso el riesgo que se cernía sobre el conjunto del sistema bancario atlántico. La Reserva Federal estableció líneas semiocultas de intercambio de divisas con los bancos centrales involucrados de las que Rusia y China quedaron excluidas.

Para Washington, el mayor golpe geopolítico de 2009 provino de Japón, donde el opositor Partido Demócrata obtuvo una victoria aplastante. Su líder, Hatoyama Yukio, anunció que el fracaso de la Guerra de Iraq y el desplome de Wall Street mostraban que la era de la globalización liderada por Estados Unidos estaba llegando a su fin, y dio la bienvenida a una nueva era de multipolaridad. Japón reconocía ahora que su esfera básica de intereses era la región de Asia Oriental. Debía aspirar a una integración monetaria regional (con China), como una extensión natural del crecimiento económico, con un nuevo marco de seguridad en consonancia. Exigió que Estados Unidos renunciara a su enorme base militar y naval en Okinawa, la isla meridional más próxima a la provincia china de Fujian que a Tokio, desde la que ejerce el control del Pacífico occidental y de los mares del Este y Sur de China.

El gobierno de Obama movilizó sus fuerzas contra el plan. En abril de 2010, Hatoyama se había derrumbado, mientras se ponía en marcha el “giro de Obama hacia Asia” en el que se basaría el 60 por 100 de la potencia de fuego estadounidense. La reacción de Pekín a la crisis financiera fue doble. En el ámbito diplomático, el gobierno de Hu Jintao resolvió “diversificar” su política exterior. Si bien Washington seguía siendo “la clave de las claves”, “las áreas circundantes son la primera prioridad, los países en vías de desarrollo son la base, los foros multilaterales son la escena importante”. Entretanto Pekín combinaba un paquete épico de estímulos con una instrucción a los bancos para que duplicaran sus cifras de préstamos, estimándose el efecto general en casi el 20 por 100 del PIB.

Las autoridades centrales especificaron los sectores en los que el gasto debía quedar a cargo de los gobiernos regionales y de nivel inferior: salud, educación, vivienda de bajos ingresos, investigación y desarrollo digital, protección del medio ambiente, etcétera, aunque buena parte acabó en casos de asignación deficiente, burbujas especulativas y préstamos dudosos.

A corto plazo, el crecimiento se restauró mediante un sensible giro hacia las empresas de titularidad estatal y el sector financiero protegido por el Estado, que el Banco Mundial deploró, tras la protección de los controles de capital reforzados. La creciente deuda interna, acumulada entre un organismo estatal y otro, fue la principal razón para que China no abriera más sus mercados al capital atlántico. La desaceleración de la economía y el descontento popular favorecieron la decisión de endurecer las restricciones políticas. Cuando el exceso de capacidad se acumuló en el sector de la construcción nacional, el gobierno de Xi Jinping dio forma estratégica al proyecto de adjudicación de contratos en el extranjero. La Iniciativa del Cinturón y la Ruta, o Nueva Ruta de la Seda, anunciada en 2013, se extendería hacia el oeste a través de Eurasia y hacia el sur hasta Singapur, uniendo puertos desde Hambantota (Sri Lanka) a Guadar (Pakistán) y Yibuti a lo largo de los océanos meridionales del continente.

Los préstamos y las facturas se podrían acomodar fuera del sistema del dólar. Al mismo tiempo, los observadores estadounidenses comenzaron a hacer sonar la alarma sobre los avances chinos en tecnología digital, reconocimiento facial e inteligencia artificial, alimentados por las corrientes de datos de su vasta población digitalizada.

Las opciones de China son aún más limitadas. No puede darse el lujo de deshacerse de sus dólares y carece de cualquier equivalente al sistema de alianzas de Estados Unidos con los países más ricos

Desde cierto punto de vista, la RpCh ha sido un ejemplo clásico de un crecimiento capitalista desigual, que ha impulsado el surgimiento de una nueva gran potencia que inevitablemente causaría fricciones en relación con la partición existente del planeta. Pero si en 1914 las grandes potencias europeas estaban tan igualadas en fuerza militar y económica que podían luchar entre sí durante cuatro años antes de que uno de los bandos prevaleciera, hoy en día el imperio estadounidense es tan vasto, tan arrogante en sus demandas, que cualquier potencia en rápido ascenso debe chocar inmediatamente con él; pero su poderío militar hace imposible su derrota.

De ahí resulta como alternativa la sumisión o el punto muerto de un largo y enconado enfrentamiento. El gobierno de Trump ha endurecido el tono de las relaciones con China, pero el cambio de política de Washington del “apoyo” a “equilibrar y contener” ya estaba en marcha con Obama. Las crecientes tensiones entre las dos potencias están, una vez más, determinadas asimétricamente, aunque queda por ver si Xi será más beligerante que sus antecesores.

No obstante, la interdependencia entre ellas hace pensar que muchas de las armas de Washington pueden resultar de doble filo. El comercio ha crecido, aunque aumentarán las tensiones. La guerra arancelaria de Trump ya amenaza con dañar a los sectores de población estadounidenses con mayor peso electoral y político (agricultores, banqueros, empresas aeroespaciales y de máquina-herramienta), mientras que el sistema político de la República Popular China puede mitigar más fácilmente la insatisfacción doméstica ante los consabidos ajustes de cinturón generados por los bloqueos extranjeros. La Reserva Federal podría sacar rápidamente el capital invertido en China elevando los tipos de interés, pero eso haría que Estados Unidos y el resto del mundo volvieran a caer en recesión. Las sanciones financieras similares a las aplicadas a Irán y Rusia, y que ahora están siendo aplicadas tentativamente a los jefes ejecutivos de Huawei, no tienen efectos secundarios en el país, pero ejercen una notable presión sobre los aliados. Hasta Alemania se está resistiendo a las últimas medidas contra Teherán. El ruido de sables en el estrecho de Taiwán o en el Mar del Sur de China uniría a la población china tras de Xi, mientras que provocaría la alarma en Wall Street. La política exterior estadounidense actual está llevando de hecho a Rusia, China e Irán a una alianza en la práctica.

Pero las opciones de China son aún más limitadas. No puede darse el lujo de deshacerse de sus dólares y carece de cualquier equivalente al sistema de alianzas de Estados Unidos con los países más ricos. Lo que puede hacer es aprovechar el arma tradicional de los débiles: aceptar, para luego no hacer nada. Eso hace que lo más probable sea un patrón de desgaste prolongado: periodos de mayor presión alternados con distensión, acuerdos en la cumbre intercalados con alarmas y boxeo de sombra, crisis repentinas sobre aviones espía, intervenciones para avivar o apaciguar las revueltas.

Los posibles focos de tensión son muchos. Sin embargo, la dirección que tomará a medio plazo el Estado chino, el mayor del mundo, sigue siendo difícil de adivinar. Esto se debe principalmente a que el carácter del propio Estado y la economía que preside son muy opacos.

En este número de NLR publicamos tres perspectivas distintas sobre las relaciones entre economía y Estado en China. En “El Pcch y el ancien régime”Peter Nolan expone la concepción del papel del mercado y de la administración pública en que se basa el planteamiento del régimen de Xi Jinping, apoyándose en los recursos ideológicos del confucianismo. Desde ese punto de vista, la regulación estatal, con el Pcch al mando, es esencial para configurar un mercado que satisfaga las necesidades de la población. “Ronald Coase en Pekín”, de Christopher Connery, repasa la era de la reforma siguiendo los pasos del economista de Chicago en su libro How China Became Capitalist(2012) para desvelar una versión peculiarmente china de la cultura neoliberal habilitada por el Estado. Finalmente Victor Shih, en discusión con Robert Brenner, ofrece un análisis unificado del papel del régimen como administrador del auge chino basado en las exportaciones, en relación con sus intentos actuales de dirigir una economía endeudada entre la Escila de la recesión y el Caribdis de la fuga de capitales.

Podemos formular preguntas a cada uno de ellos. A Nolan: ¿hasta qué punto se parecen la economía política confuciana y la práctica estatal existente? A Connery: ¿el tipo chinificado de neoliberalismo que aplaudió Coase agota las realidades chinas? A Shih: ¿cuáles son las medidas políticas de los dilemas económicos con los que se debate el Pcch? ¿Qué fuerzas en conflicto están en juego, dentro y fuera del Partido?

En lo que respecta a las tensiones entre China y Estados Unidos, cada perspectiva implica al respecto consecuencias diferentes. Aunque, como señala Nolan, el resultado sigue siendo una cuestión abierta, la importancia lógica de su lectura sería que la alteridad fundamental del sistema económico de la RpCh hará inevitables esos enfrentamientos. En el caso de Connery, Estados Unidos no tendrá que preocuparse en lo que concierne al capitalismo, aunque sí en lo que atañe a su primacía económica. La visión de Shih implicaría que la propia alteridad del sistema chino —muy dependiente de la deuda— es la razón por la que Estados Unidos tiene poco por lo que preocuparse en términos de desafío sistémico o competencia económica. Tres lógicas diferentes, pues, para reflexionar sobre los ejes de las relaciones futuras entre China y Estados Unidos.

NEW LEFT REVIEW #115
Artículo publicado en el número 115 de la edición española de New Left Review y reproducido con permiso por El Salto.

 

NOTAS AL PIE
1 National Security Strategy of the United States of America, Washington dc, 2017, pp. 25, 27, 45-46.
2 Consejo editorial, «Huawei will struggle to assuage Western concerns», Financial Times, 28 de enero de 2019; Consejo editorial, «You don’t understand tariffs, man», The New York Times, 4 de diciembre de 2018; «China vs America», The Economist, 18 de octubre de 2018.
3 Oriana Skylar Mastro, «The Stealth Superpower: How China Hid Its Global Ambitions», Foreign Affairs, enero-febrero de 2019.
4 Perry Anderson, «Imperium», nlr 83, septiembre-octubre de 2013, p. 16; ed. cast.: Imperium et Consilium, Madrid, 2014, p. 25; y American Foreign Policy and Its Thinkers, Londres y Nueva York 2015, p. 17. Ahí se examinan en detalle las variaciones a lo largo del tiempo de la adecuación y fricción entre los aspectos universal- capitalista y nacional-supremacista de la hegemonía estadounidense.
5 Peter Gowan, «El cosmopolitismo neoliberal», nlr 11, noviembre-diciembre de 2001, pp. 151-165. El Tratado de Westfalia de 1648 puso fin a las devastadoras guerras de religión del siglo XVII mediante un acuerdo mutuo de respeto a la jurisdicción doméstica de cada soberanía.
6 Yu Yongding, director del cass Institute of World Economics and Politics, hablando en 2011, citado en Jonathan Kirshner, American Power after the Financial Crisis, Ithaca (ny), 2014, p. 115.

Esferas de la insurrección

Por Suely Rolnik

Un fragmento del flamante libro de la psicóloga, docente y activista brasileña Suely Rolnik, traducido por Damian Kraus y editado por Tinta Limón Ediciones. “Es necesario resistir en el propio campo de la política de producción de la subjetividad y del deseo dominante en el régimen en su versión contemporánea –es decir, resistir al régimen dominante en nosotros mismos–, lo cual no cae del cielo ni se encuentra listo en alguna tierra prometida”, dice la autora.

Una atmósfera siniestra envuelve el planeta. El aire del ambiente, saturado de las partículas tóxicas del régimen colonial-capitalístico, nos sofoca.

Con sucesivas transmutaciones, este régimen viene perdurando y sofisticándose desde finales del siglo XV, la época de su fundación. Su versión contemporánea –financierizada, neoliberal y globalitaria– empieza a formarse en el paso del siglo XIX al siglo XX y se intensifica luego de la primera guerra mundial, cuando se internacionalizan los capitales. Pero a partir de mediados de la década de 1970 llega a su poder pleno, al afirmarse contundentemente –y no por casualidad– luego de los movimientos micropolíticos que sacudieron el planeta durante las décadas de 1960 y 1970. Durante ese período –mediados de la década de 1970– se concretan los primeros pasos de un trabajo de desciframiento del actual rumbo de este régimen en su compleja naturaleza, es decir, de los principios que la rigen y de los factores que engendran las condiciones para su consolidación.

Sin embargo, y tal como suele suceder en los momentos de transición radical, fundamentalmente a partir de mediados de la década de 1990 –cuando se empiezan a hacer sentir con mayor claridad sus efectos nefastos sobre la vida cotidiana– este desciframiento se expande y se densifica, dando lugar a un debate colectivo que viene desplegándose desde entonces. Dicho debate adquiere su impulso en la experiencia de los movimientos sociales que emergen en el transcurso de la década anterior como reacción a la toma del poder mundial por parte del actual régimen. Como rayos, esos movimientos han venido irrumpiendo en los cielos del capitalismo globalitario cada vez que se forman nubes tóxicas debido a la densificación de la atmósfera en alguna de sus regiones, cuando su perversión supera el límite de lo tolerable. La intensidad de irrupción de dichos movimientos –equiparable a la de la violencia del régimen que los había desencadenado– tiende entonces a provocar una desestabilización temporal de su tiránica omnipotencia. Y a la misma velocidad que surgen desaparecen para resurgir enseguida, de otro modo y en otros lugares, movilizados por nuevos acontecimientos que nos instalan en lo intolerable –lo cual evidentemente los lleva a producir otras cartografías, otros sentidos, distintos a los que los preceden. Esta serie de movimientos se extiende hasta comienzos de la década del 2000, cuando se interrumpe, para volver a reaparecer luego de la crisis de 2008. La nueva serie de movimientos, que se encuentra actualmente aún en curso, emerge en diferentes puntos del planeta, fundamentalmente a partir del comienzo de la segunda década de este siglo, y precede a la escritura de este ensayo.

En el contexto de estos movimientos y del debate a ellos asociado se inserta el presente ensayo. Su punto de partida es uno de los temas del orden del día en esta construcción colectiva: el modo de relación entre el capital y la fuerza vital, propio del régimen en su actual versión, y por entero distinto a su modo fordista. En esta nueva versión, el ámbito de la fuerza vital de la cual se alimenta el capitalismo ya no se reduce a su expresión como fuerza de trabajo, lo que implica una metamorfosis radical de la propia noción de trabajo. Eso se acompaña de una paulatina dilución de la forma del Estado democrático de derecho, de la cual dependían las leyes laborales propias del régimen en su versión anterior.

El abuso de la vida

Si bien la base de la economía capitalista es la explotación de la fuerza de trabajo y de la cooperación inherente a la producción para extraer plusvalía de ellas, dicha operación –a la que podemos denominar “proxenetización” o “cafisheo” para asignarle un nombre que diga más precisamente la frecuencia vibratoria de sus efectos en nuestros cuerpos– fue cambiando de figura con las transfiguraciones del régimen en el transcurso de los cinco siglos que nos separan de su origen. En su nueva versión, es de la propia vida que el capital se apropia; más precisamente, de su potencia de creación y transformación en la emergencia misma de su impulso –es decir, en su esencia germinal–, como así también de la cooperación de la cual dicha potencia depende para efectuarse en su singularidad. La fuerza vital de creación y de cooperación es así canalizada por el régimen para construir un mundo acorde con sus designios. En otras palabras, en su nueva versión, es la propia pulsión de creación individual y colectiva de nuevas formas de existencia, y sus funciones, sus códigos y sus representaciones lo que el capital explota, haciendo de ella su motor. Por eso la fuente de la cual el régimen extrae su fuerza deja de ser exclusivamente económica para serlo también intrínseca e indisociablemente cultural y subjetiva –por no decir ontológica–, lo cual la dota de un poder perverso más amplio, más sutil y más difícil de combatir.

Frente a este cuadro, se hace evidente que no basta con actuar en la esfera macropolítica, en donde actúan tradicionalmente las izquierdas, sobre todo las institucionales. Esto explicaría incluso su impotencia ante los rumbos actuales del régimen colonial-capitalístico. De acuerdo con la visión introducida por autores que pensaron la nueva relación entre el capital y el trabajo, con su enfoque en la apropiación por el capital de la potencia de creación –especialmente Toni Negri y Michael Hardt,  quienes denominaron al nuevo pliegue del régimen como “capitalismo cognitivo”–, la resistencia actualmente pasaría por un esfuerzo de reapropiación colectiva de esa potencia para construir con ella aquello a lo que estos autores designan como “lo común”.  En diálogo con ellos, podemos definir a lo común como el campo inmanente de la pulsión vital de un cuerpo social cuando este la toma en sus manos, de manera tal de direccionarla hacia la creación de modos de existencia para aquello que pide paso. También según Hardt y Negri, de esta construcción de lo común resultan cambios en las formas de la realidad. Su argumento indica que si en el capitalismo industrial las formas de la fuerza de trabajo y su cooperación –en este caso organizadas como producción en cadena– estaban predefinidas por el capital, en el modo de expropiación de esta fuerza propio de la nueva versión del régimen, sus formas no están predeterminadas, pues es de la propia potencia de su construcción que se constituye el capital fijo. Esto abriría una posibilidad de autonomía en la orientación del destino de la fuerza vital. Sin embargo, dicha fuerza es desviada a favor de la producción de escenarios destinados a la acumulación de capital.

También según estos autores, y partiendo del principio de que la potencia vital pertenece a quien trabaja, es precisamente la experiencia de su relativa autonomía la que genera las condiciones favorables para su reapropiación. Retomando el diálogo con ellos, podemos añadir que de la reapropiación deseante, individual y cooperativa, del destino ético de la pulsión vital –en síntesis, de su reapropiación ontológica–, puede resultar un desvío colectivo de su abuso a manos del régimen en dirección hacia una ética de la existencia. Sin embargo, y tal como los autores mencionados lo señalan, su reapropiación por parte de la sociedad es virtual mientras no encuentra formas de actualización, lo cual depende de una voluntad colectiva de actuar con miras a la construcción de lo común, que no está dado a priori.

Es exactamente en esta dirección que vienen actuando algunos de los mencionados movimientos colectivos que irrumpen a mediados de la década de 1990 y vuelven a irrumpir en distintos momentos desde entonces, en el activismo propiamente dicho y, no por casualidad, también en el arte, con sus fronteras cada vez más indiscernibles. En esa transterritorialidad se crean las condiciones más favorables para la movilización de la potencia de creación de las prácticas activistas, como así también de la potencia micropolítica en las prácticas artísticas que, aunque su esencia reside en dicha potencia, se encuentran hoy en día desprovistas de ella en favor de su proxenetización por el capital, que encuentra en ese dominio una fuente privilegiada para su expropiación.

Una inquietud mueve la escritura de este ensayo: si bien ya constituye un paso importante reconocer que no basta con resistir macropolíticamente al actual régimen, y que urge también e igualmente obrar para reapropiarse de la fuerza de creación y cooperación –es decir, actuar micropolíticamente–, reconocer esto racionalmente no asegura acciones eficaces en esta dirección. Sucede que la reapropiación del impulso de creación depende de que esta incida sobre las acciones del deseo, de modo tal de imprimirle su dirección y su modo de relación con el otro. Sin embargo, tales acciones tienden a chocar contra la barrera de la política de producción de la subjetividad y del deseo inherente al régimen vigente. Al igual que en cualquier otro régimen, es el modo de subjetivación que en él se produce lo que le imprime su consistencia existencial, sin la cual no se sostendría; uno no existe sin el otro. En el caso del nuevo pliegue del régimen colonial-capitalístico, el cafisheo de la pulsión vital nos impide reconocerla como nuestra, lo que hace que su reapropiación no sea tan obvia como lo pretendería nuestra vana razón.

Si se tiene esto en cuenta, resulta evidente que no se logra retomar las riendas de esa potencia mediante un sencillo decreto de la voluntad, por más imperiosa que esta sea, ni tampoco a través de la conciencia, por más lúcida y bienintencionada que la misma sea. Ni mucho menos se logra reapropiarse de ella colectivamente como un solo cuerpo supuestamente natural que estaría dado a priori y, por si fuera poco, en sinergia absoluta entre todos los elementos que lo componen, tal como lo pretenden los heraldos mesiánicos de un paraíso terrenal. Es necesario resistir en el propio campo de la política de producción de la subjetividad y del deseo dominante en el régimen en su versión contemporánea –es decir, resistir al régimen dominante en nosotros mismos–, lo cual no cae del cielo ni se encuentra listo en alguna tierra prometida. Al contrario, es un territorio al cual debe conquistárselo y construírselo incansablemente en cada existencia humana que compone una sociedad, y esto incluye intrínsecamente a su universo relacional. De dichas conexiones se originan comunidades temporales que aspiran a actuar en esa dirección en la construcción de lo común. Con todo, tales comunidades jamás ocupan el cuerpo de la sociedad como un todo, pues este se hace y se rehace en el inexorable embate entre distintos tipos de fuerzas.

Pero, ¿cómo liberar la vida de su proxenetización?

Insurgir o sublevarse en este terreno implica diagnosticar el modo de subjetivación vigente y el régimen de inconsciente que le es propio; y que se investigue cómo y por dónde se viabiliza un desplazamiento cualitativo del principio que lo rige. Sin ello, la tan aclamada propuesta de reapropiación colectiva de la fuerza creadora como profilaxis de la patología del presente no saldrá del laboratorio de las ideas, y corre el riesgo de permanecer confinada en el plano imaginario, con sus hermosas ilusiones alentadoras.

Propongo designar como “inconsciente colonial-capitalístico” a la política del inconsciente dominante en este régimen y que atraviesa toda su historia, pues lo único que varían son sus modalidades junto con sus transmutaciones y sus formas de abuso de la fuerza vital de creación y cooperación. En tal sentido, podemos también denominarlo “inconsciente colonial-cafisheístico”, por las razones antes evocadas. Es probablemente a la resistencia contra este régimen del inconsciente que se refieren Deleuze y Guattari cuando claman por una protesta de los inconscientes en el año 1972, cuando apenas si se esbozaba el trabajo de elaboración colectiva de la audaz experiencia de mayo de 1968 y, simultáneamente, la toma del poder por el nuevo régimen manifestaba entonces sus primeras señales, aun nebulosas.

La intención que mueve el presente texto es la de escrutar la modalidad actual del inconsciente colonial-cafisheístico introducida por el capitalismo financierizado y neoliberal, la cual se define, insisto, por el secuestro de esa fuerza en el propio nacimiento de su impulso germinador de mundos. Pero, ¿cómo esquivar ese régimen del inconsciente en nosotros mismos y en nuestro entorno? En otras palabras, ¿en qué consistiría la mentada protesta de los inconscientes?

La respuesta a esta pregunta requiere de un trabajo de investigación que solo puede efectuarse en el terreno de la propia experiencia subjetiva. Habrá que buscar vías de acceso a la potencia de la creación en nosotros mismos: la naciente del movimiento pulsional que mueve las acciones del deseo en sus distintos destinos. Un trabajo de experimentación sobre uno mismo que demanda una atención constante. En su ejercicio, la formulación de ideas es inseparable de un proceso de subjetivación en el cual esa reapropiación se vuelve posible durante breves y fugaces momentos, y cuya consistencia, su frecuencia y su duración se amplían paulatinamente, a medida que ese trabajo avanza.

De este modo, el trabajo necesario para contestar esta pregunta nos exige que, junto con el desplazamiento de la política de producción de la subjetividad y del deseo dominante en la nueva versión de la cultura moderna occidental colonial-capitalística, desplacemos igualmente la política de producción de pensamiento, propia de esa cultura, activando su médula vital y su habilidad para desarmar las configuraciones del poder. Sin ello, nuestra intención se ahoga en la orilla. Desde la perspectiva de esos desplazamientos, pensar y sublevarse se convierten en una sola y la misma práctica: una no avanza sin la otra. Corrobora esta indisociabilidad el hecho de que, si bien tal práctica solo puede plasmarse por principio en el ámbito de cada existencia, la misma no transcurre aisladamente. En primer lugar, porque su propio motor no empieza ni termina en el individuo, ya que su origen reside en los efectos de las fuerzas del mundo que habitan en cada uno de los cuerpos que lo componen, y su producto lo constituyen las formas de expresión de esas fuerzas, procesos de singularización en cada uno de ellos, los cuales se plasman en un terreno común a todos, y lo transfiguran. Nada que ver con la autorreflexividad, la interioridad o los temas privados. La segunda razón, que resulta inseparable de la primera, consiste en que tal práctica se alimenta de resonancias de otros esfuerzos que van en la misma dirección y de la fuerza colectiva que promueven, no solamente a causa de su poder de polinización sino también y fundamentalmente por la sinergia que producen.

Resonancias de este tipo no son únicamente hallables en un campo determinado del saber que tendría el presunto monopolio de la expertise en el tema, tal como el de los estudios culturales, poscoloniales o queer, por ejemplo, que serían los más obvios. Podemos encontrarlas en diversos campos de la práctica teórica y, más aún, pueden surgir a partir de la producción de pensamiento en cualquier esfera de la vida colectiva: desde la así llamada “alta cultura” hasta la canción popular, pasando por las experimentaciones que se llevan a cabo –entre otras esferas– en la sexualidad, en la relación con el otro, en la agricultura o en aquello que los pueblos indígenas han venido insistiendo en decirnos desde que osaron tomar la palabra públicamente en alto y buen tono. Tales resonancias y las sinergias que producen crean las condiciones para la formación de un cuerpo colectivo común cuya potencia de invención, al actuar en direcciones singulares y variables, pueda llegar a tener la fuerza suficiente como para contener el poder de las fuerzas que prevalecen en otras constelaciones, aquellas que se componen de cuerpos que intentan cafishear la pulsión vital ajena o que se entregan a su proxenetización. Con esas sinergias se abren caminos para desviar tal potencia de su destino destructor.

Es esta precisamente la perspectiva que rige el pensamiento en la elaboración de este ensayo; y es, por ende, y por principio, no solo transdisciplinaria sino también indisociable de una pragmática clínicopolítica. Al ser este necesariamente el trabajo de muchos y de cada uno, que nunca se agota, las ideas que aquí se compartirán constituyen tan solo algunas herramientas conceptuales entre las que están hoy en día inventándose en múltiples direcciones para abordar la pregunta anteriormente formulada: “¿Cómo liberar la vida de su proxenetización?”. Este proceso de invención resulta de la inteligencia colectiva que viene activándose a una velocidad exponencial, movilizada por la urgencia de enfrentar el alto grado de perversión del régimen en su nueva versión. Las herramientas aquí sugeridas nos ayudarán a examinar tanto la política de producción de la subjetividad, del deseo, del pensamiento y de la relación con el otro que nos lleva a una entrega ciega a la apropiación de la fuerza de creación como a aquella en la cual se viabiliza su reapropiación. Contaremos así con un criterio para establecer la distinción entre esas micropolíticas y el tipo de formaciones del inconsciente que resulta de cada una de las mismas en el campo social.

Fuente: http://lobosuelto.com/esferas-de-la-insurreccion-suely-rolnik/