José Cláudio Souza Alves: “En Rio de Janeiro la milicia no es un poder paralelo. Es el Estado”

En una entrevista concedida a Pública, portal de periodismo de investigación brasileño liderado por mujeres, el sociólogo José Cláudio Souza Alves explica las relaciones entre legisladores y milicianos en Rio de Janeiro, y afirma que la familia Bolsonaro es heredera política de diputados ligados a grupos de exterminio en los años 90. Y resume: “la milicia es el Estado”[1].

Aquí los principales tramos de la entrevista que realizó Pedri Gregori:

 

P: ¿Cómo nacieron las milicias de Río de Janeiro?

SA: Su prototipo estalló con mucha fuerza durante la dictadura militar. En 1967 surgió la Policía Militar con gran poder y como cuerpo auxiliar de los militares de la época. Hacia finales de los años 60 estos policías militares y otros agentes de seguridad que actuaban como sicarios comienzan a formar grupos de exterminio, escuadrones de la muerte. Estos grupos se fueron expandiendo y fortaleciendo durante los años 70. Luego, en los 80, los civiles comenzaron a liderar grupos de exterminio, pero siempre vinculados con los agentes del Estado. Y ya con la llegada de la democracia, más bien desde los 90, esos sicarios de los 80 comenzaron a ser electos como alcaldes, diputados y concejales.

Así, entre 1995 y el 2000 comenzó a establecerse la forma que tienen hoy las milicias de la Baixada Fluminense, Zona Oeste y Rio de Janeiro, que están asociadas a las ocupaciones de tierras urbanas. Se trata de liderazgos que emergieron de esas ocupaciones y la mayoría son policías militares, policías civiles, bomberos o agentes de seguridad, y actúan donde antes tenía presencia el narcotráfico -y en una relación de confrontación con los narcotraficantes-. Al mismo tiempo, establecieron una estructura de poder similar, basada en la cobranza de “impuestos”, y la venta de servicios y bienes urbanos como agua, vertederos o terrenos.

 

P: ¿La población apoya a las milicias?

SA: La milicia surgió con un discurso que pretendió erigirla en un contrapeso al narcotráfico. Y ese discurso aun cuela. Sin embargo, con el tiempo la población fue viendo que las milicias no toleran la confrontación. La gente ha comenzado a tener miedo y ya no los apoya como antes. La historia de las milicias siempre es así.

 

P: ¿Cuál es la historia de Rio das Pedras?

SA: Rio das Pedras es una comunidad en expansión en la que viven nordestinos muy pobres. Allí existen terrenos en los que nadie puede construir porque son inadecuados, son muy inestables. Entonces sólo existe una franja puntual de tierra donde pueden hacerse edificaciones; son tierras irregulares, devueltas por la Unión, o tierras de particulares que no consiguieron asentarse por alguna razón. Entonces la milicia pasa a controlarlas, tomarlas y legalizarlas -muchas veces vía la Prefectura, pagando el IPTU (impuesto sobre la propiedad predial y territorial urbana) de esos inmuebles. Como el sistema catastral no está regulado, fácilmente los milicianos tienen acceso a información y controlan esas áreas. Y luego las venden.

 

P: ¿En Rio das Pedras surgió la primer milicia de Rio?

SA: No es tan así. A mi modo de ver, la milicia surgió en diferentes lugares al mismo tiempo. En Rio das Pedras, pero también en la Zona Oeste de Rio y también en Duque de Caxias, en la Baixada Fluminense. Como señalé antes, entre 1995 y 2000, más o menos, se dio un periodo de surgimiento de esas ocupaciones urbanas de tierras, si bien no tal cual se presentan hoy, sí con liderazgos comunitarios próximos a lo que sería un control por la violencia de esos espacios, un control político más autoritario.

Lo que sucede es que en Rio das Pedras eso se dio más rápidamente que en los demás lugares. Entonces allí comenzó esa dinámica de cobro de impuestos, que en las demás zonas aun no existía. Se trata de una comunidad miserable, empobrecida, que está constituyéndose a partir de una red migratoria de nordestinos. Esta comunidad ha quedado de rehén de un grupo de milicianos convocado y financiado por empresarios y comerciantes para “brindar protección”, impedir que entre el narcotráfico.

 

P: ¿cuántas son las milicias que hay actualmente en Río de Janeiro?

SA: Sé que son muchas. Por ejemplo, hay varias que actúan en Sao Bento y en el Pilar, que es el segundo mayor distrito de Duque de Caxias. Las hay en Nova Iguaçú y en Queimada. Prácticamente en cada municipio de la Baixada Fluminense hay milicias. Seropédica, por ejemplo, es hoy una ciudad dominada por milicianos. Ellos controlan los impuestos por seguridad que cobran del comercio, de la extracción de arena y de otros servicios; por ejemplo, un moto taxi tiene que pagar 80 reales por semana para funcionar, y un vendedor de palomitas de maíz paga 50 reales por semana. Una locura. A pesar del discurso de la seguridad, ellos también controlan la distribución del agua, del gas, del tabaco, de la bebida. Y también cobran por realizar ejecuciones sumarias.

Asimismo, las milicias están envueltas en el tráfico de drogas, con algunas facciones específicas. El Tercer Comando Puro funciona en algunas ciudades de la Baixada a partir de acuerdos con milicianos, que ganan dinero, por ejemplo, alquilándoles áreas protegidas. Se trata de la misma relación que tiene la policía con el narcotráfico: funciona en la medida en que se paga un soborno.

Por lo tanto, hay un mercado que mueve millones, desde hace ya tiempo.

 

P: En la investigación llevada a cabo por la operación llamada “Los Intocables” se cita el Escritorio de la Muerte, un grupo de exterminio que es contratado para matar. ¿Eso es común?

SA: Sí. Nunca oí hablar de una milicia que no tuviera la práctica de la ejecución sumaria. Normalmente la milicia tiene un equipo o un grupo responsable de las ejecuciones sumarias. El comerciante que no quiere pagar, el morador que no paga el inmueble que compró, cualquier desacuerdo o interferencia con los intereses de la milicia va a ser punido por ese brazo armado.

La novedad de la milicia es la variedad de servicios que brindan más allá de la ejecución sumaria y de la seguridad: agua, bombonas de gas, conexiones ilegales de tv por cable, transporte clandestino de personas, tierra, terrenos, inmuebles. La milicia no se queda ahora fija en grandes comerciantes o empresarios. Ha pulverizado esa antigua realidad y se ha ido sofisticando.

 

P: ¿En qué otros negocios ilegales actúan los milicianos?

SA: En Duque de Caxias roban petróleo de los oleoductos de Petrobrás e instalan minidestilerías en casas particulares. Todo ilegal y con un inmenso riesgo. Allí venden combustible adulterado. También hacen entierros clandestinos de basura en medio de esa región con dragas y tractores. Son mil reales por camión de basura. Y no importa el origen: pueden ser desechos contaminantes, industriales u hospitalarios.

 

P: La milicia tiene también control sobre los bienes públicos, como basurales, y ellos se apropian de esos espacios para llevar a cabo actividades ilegales…

SA: La base de una milicia es el control militarizado de áreas geográficas. Entonces el espacio urbano en sí se transforma en una fuente de ganancia. Si controlas militarmente -con armas y por medio de la violencia- ese espacio urbano, ganarás dinero con ese espacio urbano. ¿De qué manera? Por ejemplo, vendiendo inmuebles. Hay un programa del Gobierno federal llamado Mi Casa, MI Vida, que busca garantizar el derecho a la vivienda. Pero la milicia llega y controla militarmente esa área, e incluso determina quién va a ocupar la casa; o cobra impuestos a sus habitantes.

También venden inmuebles y tierras, que pueden ser de la Unión o de particulares. Así, ese control militarizado de esos espacios es la base de la milicia. ¿Cómo disponen de esa información necesaria? La conocen desde dentro de la estructura del Estado.

Y hay que tener un respaldo político para hacer eso. Voy a poner un ejemplo: en Duque de Caxias, un numero razonable de escuelas públicas no es abastecido por el sistema de agua de la CEDAE (Compañía Estatal de Aguas y Alcantarillado). Allí el agua no llega. ¿Cómo funcionan esas escuelas? Compran el agua a camiones distribuidores. ¿Quién es el que la vende? ¿Quién ganó la licitación para la distribución de agua a un precio estratosférico? Personas ligadas a los milicianos. Así, la Prefectura se beneficia con la venta de información y los ingresos de los milicianos crecen.

La Baixada y Rio de Janeiro son grandes laboratorios de ilicitudes y de ilegalidades que se asocian para fortalecer una estructura de poder político, económico y cultural, geográficamente establecido y enraizado en la violencia, en el control armado.

 

P: ¿La milicia surgió en Rio de Janeiro por la ausencia del Estado?

SA: Hay una continuidad del Estado. El sicario es votado, el miliciano es votado; tiene relaciones directas con el Estado. El miliciano es el Estado. Por eso no me parece adecuado pensar que surgieron ante al ausencia del Estado. Son los poderes públicos los que determinan quién va a operar el control militarizado y la seguridad de un área. Porque son los propios agentes del Estado. No es un poder paralelo. Se trata de un Estado que avanza en operaciones ilegales y se vuelve aun más poderoso que en el ámbito legal. Porque allá él dispone sobre la vida de la gente de manera totalitaria, y las personas no pueden oponerse.

 

P: Pero, por otro lado, quien elige a los políticos milicianos es la población…

SA: Sí, pero no me parece adecuado afirmar que los residentes de estos lugares son complacientes y cómplices del crimen. ¿Esas personas eligieron a Flávio Bolsonaro, que ahora se ha descubierto que posiblemente tenga vínculos con esos grupos? Lo eligieron, pero ¿en qué condiciones viven ellos como para llegar hasta esto? Esas poblaciones están sometidas a condiciones de miseria, de pobreza y de violencia que se imponen sobre ellas.

Cinco décadas de grupos de exterminio terminaron en un 70% de votos por Bolsonaro en la Bajada. Y tres gestiones del PT en el Gobierno federal, 14 años en el poder, no socavaron esa estructura. Otorgaron el programa Bolsa Familia y varios grupos se vincularon al PT y se beneficiaron, pero el PT no alteró para nada realidad de la mafia. De hecho, el PT hizo alianzas electorales con esos grupos.

 

P: ya que mencionó la historia de Flávio Bolsonaro, ¿qué vincula al gabinete de un político a un miliciano, como fue el caso de éste con la madre y la esposa de Adriano Magalhaes da Nóbrega?

SA: En primer lugar, el discurso de la familia Bolsonaro, comenzando por el padre desde hace ya algún tiempo, y luego éste proyectando políticamente a sus hijos. Ellos son los herederos del discurso del delegado Sivuca (Jose Guilherme Godinho Sivuca Ferreira) quien acuñó la expresión “un buen delincuente es un delincuente muerto”, o de un Emir Larangeira, ambos electos diputados en 1990 y miembros del brazo político de los grupos de exterminio.

Ese discurso se perpetuó y se consolidó. Está claro que los milicianos van a respaldar ese discurso y van a fortalecerse a partir de el porque expone el plan de seguridad pública defendido por Bolsonaro. El dice que los policías militares son los héroes de la nación y que, por lo tanto, deben ser apoyados, respaldados y reconocidos. De hecho serán blindados por la ley, a través de la exclusión de ilicitud que está en el programa de Bolsonaro. Así, hay sectores que desde la dictadura militar operan en la ilegalidad, en la ejecución sumaria, que son muy receptivos a ese discurso. No es casual que Flávio Bolsonaro haya hecho referencias a ellos en la Asamblea Legislativa, y que haya rendido honores a dos de estos milicianos presos.

 

P: Más allá de ese discurso simbólico, ¿usted ve también un vínculo financiero entre los milicianos y los políticos?

SA: Hay operaciones que se dan por dentro de la estructura política oficial. Por ejemplo, en Duque de Caxias hay un registro general de inmuebles y de tierras que son de la Unión. Hay milicianos que están pendientes, en el catastro de la Prefectura, de los que están irregulares, por ejemplo, porque no se han pagado sus impuestos. Así, el miliciano comienza a pagar el IPTU, cancela la deuda y consigue que la propiedad sea registrada a su nombre. Y la Prefectura lo hace. Lógicamente, el propietario original nunca tendrá el coraje de exigir la devolución de esa propiedad, porque está controlada militarmente.

Sin esos elementos, sin esos individuos, sin esa conexión directa con la estructura estatal no habría milicias actuando como lo hacen hoy. Es determinante. Por eso digo que no es poder paralelo al Estado. Es el poder del Estado.

Y hay políticos que están siendo electos con el dinero de las milicias. Éste financia el poder de un político como Flávio Bolsonaro, y el poder político de un Flávio Bolsonaro va a favorecer el lucro de los milicianos. Va en las dos direcciones. Es determinante entonces que esa estructura sea así, y sólo se perpetúa porque es así.

 

P: ¿son comunes los casos como el de la madre y la esposa de Adriano Magalhaes de Nóbrega, que fueron contratadas como asesoras en el gabinete de Flávio Bolsonaro?

SA: Sí. Eso es muy común. Se crea un vínculo de poder y de dinero con esas personas. Ese señor, a partir de su esposa y de su madre, creó un vínculo inmediato con Flávio Bolsonaro y eso le dio fuerza en su comunidad. Y así se crea una estructura de poder que es familiar. Ellos [los Bolsonaro] defienden la estructura familiar. Y si usted investiga un poco más, el asunto también es religioso, porque las milicias tienen vínculos con cierta estructura religiosa evangélica. Es como una estructura perfecta, tradicional, conservadora, con un lenguaje religioso que tiene una gran credibilidad en amplios sectores de la sociedad. Por eso también es que las milicias, los sicarios de la Baixada, y los políticos afines actúan a cara lavada. El tipo llega al barrio y dice: -“yo soy el cara, yo soy el matador, tengo vínculos con fulano y mengano. Yo ocupo este cargo”. Eso para dejar bien claro que si usted fuera a intentar alguna cosa, a eso es a lo que se va a enfrentar. Es la base total del miedo, y es muy real.

 

P: Respecto de ese capital político, ¿ellos tienen el poder de manipular el voto de la población durante el periodo electoral? ¿Existe una red organizada para eso?

SA: En verdad las milicias venden los votos de una comunidad entera, como un paquete. Tienen el control preciso del votante, del lugar de votación de cada persona que tenga el derecho de sufragio. Saben cuántos votos va a haber y hasta son capaces de identificar a quienes no los hayan votado, con las consecuencias previsibles del caso.

 

P: Pero ¿no han habido acciones para desmontar esa estructura, como se vio en Rio das Pedras?

SA: La operación Los intocables tiene un perfil más general. Yo he sido bastante crítico respecto de ese tipo de operaciones. Como la milicia es una red, y muy grande, por cada preso hay 100 más para ocupar su lugar. Porque si mantienes la estructura funcionando económica y políticamente, va a perpetuarse. Nadie toca a esa gente; en general sólo intervienen sobre el narcotráfico. Y éste no es el más poderoso. La milicia es más poderosa que el tráfico, entre otras cosas por que la milicia se vota, y el narcotráfico no. La base de la milicia está en expansión y no se toca; es el Estado. En cambio, el traficante vive para matar y morir.

Incluso hay más: si observas a los milicianos presos, verás que tienden a ser blancos, no negros. Podrá aparecer algún pardo o moreno. Tampoco son flacos, están bien alimentados. Y yo creo que la clase a la que pertenecen los milicianos es muy diferente a la de los narcotraficantes. No son ni tan negros, ni tan pobres, ni tan periféricos.

 

P: El caso Marielle[2] volvió a los focos esta semana porque los milicianos que fueron presos en la operación Los intocables integraban el Escritorio del Crimen, grupo sospechado de estar tras su muerte. A fines del año pasado, el secretario de Seguridad Pública de Rio, Richard Nunes, afirmó que el asesinato habría estado relacionado con la apropiación de tierras. ¿Cree que su muerte se dio porque ella entorpecía los negocios de los milicianos?

SA: Hay dos razones. Por un lado, la de incomodar y perjudicar los intereses de la milicia. Ella tenía el poder para hacerlo, como impulsar una comisión de investigación parlamentaria, esto es, exigir una investigación para obligar al Estado y a los medios a centrarse en el problema. Y el otro elemento es que ella era mujer. Y era una mujer cuyas acciones eran intensas, verdaderas y no se amedrentaba. Nunca se subordinó. Y la verdad es que ellos no soportan a las mujeres con esos rasgos. Marielle Franco, Patrícia Acioli[3], que fue asesinada también, y Tania Maria Sales Moreira[4] -aunque murió de cáncer estaba amenazada de muerte- tenían ese perfil. Eran mujeres con mucho coraje, mucha determinación. Y la misoginia de las milicias hace que no soporten ese tipo de mujer, y por eso las eliminan.



[1] Souza Alves fue vicerrector de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro y hace 26 años que investiga las milicias en el estado de Rio de Janeiro.

[2] Marielle Franco era concejala en la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro cuando fue asesinada a tiros junto con su chofer en marzo de 2018 [N. de la T.].

[3] Jueza carioca que llevaba adelante investigaciones sobre narcotráfico y milicias fue muerta a tiros el 12 de agosto de 2011 [N. de la T.].

[4] Fiscal de la República [N. de la T].

 

sociólogo brasileño

Fuente: publica

Traducción:Camila Vollendender / sinpermiso.info

Geografía invisible de la ira de clase trabajadora

Por Christophe Guilluy

El sociólogo Christophe Guilluy [aquí entrevistado por Guido Caldiron para il manifesto global], que se ha convertido en controvertida estrella del debate político e intelectual con su La France périphérique (Flammarion, 2015), en la que proponía una interpretación de la nueva geografía social globalizada de Occidente, ha publicado ahora No Society ([Taurus, Madrid, 2018 ] La società non existe en su versión italiana), que analiza el origen y efectos de lo que describe como “final de las clases medias occidentales”. De acuerdo con Guilluy, la actual ola populista no es, en este sentido, más que la punta del  “iceberg” de un difundido resentimiento de la antigua clase trabajadora, privada de su papel y “estatus” y marginada, geográficamente incluso, de los centros de las metrópolis globales.

El populismo de derechas se alimenta de la idea de que Europa se encamina hacia un declive inevitable. Pero si bien describen un derrumbe del continente en términos identitarios, usted pinta, en cambio, un cuadro de crisis desde un punto de vista social, y habla acerca  del “final de la clase media occidental”. ¿Qué ha sucedido exactamente?

No creo en la noción de declive. Europa sigue siendo el continente más rico del planeta. La cuestión es diferente, sin embargo: tiene que ver con el hecho de que tenemos que vérnoslas con un modelo económico que ya no integra las categorías más modestas que solían formar la base de la clase media occidental. Son jornaleros, oficinistas, agricultores, propietarios de pequeños negocios, que todavía constituyen la mayoría, pero que no han encontrado su lugar dentro del modelo neoliberal. Sin deslizarse necesariamente hacia la pobreza, esas categorías han quedado socialmente debilitadas, y por tanto creen que el modelo económico propuesto por las clases dominantes no ha resultado ventajoso para ellos.

¿Por qué se ha traducido este “desclasamiento” hacia abajo en un sentimiento de resentimiento que tiene como consecuencia un choque entre  “los de abajo” y “los de arriba”, en lugar de adoptar la forma tradicional del conflicto social?

Aunque la globalización —y su corolario, la división internacional del trabajo — ha permitido el surgimiento de una clase media china o india, ha destruido al mismo tiempo los empleos industriales de las clases trabajadoras occidentales. Por doquier en Occidente, los empleos de las clases trabajadoras o han desaparecido o se han convertido en precarios. Al mismo tiempo, el mercado de trabajo está polarizado, y ahora se divide entre empleos de altas capacidades y bien pagados, y empleos precarios, “trabajos de mierda” que atrapan a las clases populares en una forma de inestabilidad permanente. Por esta razón, hablo acerca de un lento proceso de “abandono de la clase media”, que comenzó con los trabajadores, luego con los agricultores, y hoy ha alcanzado a los empleados y a los autoempleados, que son cada vez más precarios.

Esta situación explica el retorno de un conflicto social entre las precarias clases trabajadoras occidentales y las demás, las clases más altas, que se han integrado en el sistema.

Su libro se abre con una cita de Margaret Thatcher, que declaró en 1987 que “la sociedad no existe”. Treinta años después del estreno de las políticas neoliberales encarnadas por la Dama de Hierro y Reagan, ¿se ha convertido en realidad tan siniestro pronunciamiento?   

Ese “la sociedad no existe” de Thatcher describe un proceso global que ha tendido a achicar el Estado del Bienestar y los servicios públicos. La idea de que la clase trabajadora no debería esperar nada del Estado se vio luego acompañado por otro punto de inflexión de envergadura: la “secesión de las élites” que ya identificó Christopher Lasch en los años 80. Esta “secesión” no implica sólo a la clase de las élites sino al conjunto de las clases más altas, las que se benefician del modelo económico que se ha impuesto gradualmente, y que se concentran en las grandes metrópolis globalizadas.

No Society constituye la culminación del proyecto de investigación que comenzó con La France périphérique, en la que describía usted el éxodo de la clase obrera hacia zonas cada vez más marginales en términos de servicios, empleos y oportunidades. ¿Se está produciendo ese mismo fenómeno en el conjunto de Occidente? ¿Y qué relación existe entre este fenómeno y la exclusión social de los barrios periféricos?    

Ya se trate de Francia, los Estados Unidos, o el Reino Unido, la creación de empleos y riqueza se concentra, de media, en las metrópolis globalizadas. Se vuelven cada vez más ricas y gentrificadas, y se han convertido en las nuevas ciudadelas del siglo XXI. Por primera vez en la historia, la mayoría de las clases trabajadoras ya no vive donde se crean los empleos sino en ciudades pequeñas, ciudades desindustrializadas de tamaño mediano o zonas rurales, en las que el empleo es cada vez más escaso y donde vemos una “retirada” de servicios públicos. El contexto de los barrios periféricos, empezando por las banlieuesfrancesas, es diferente. Esas zonas pobres se encuentran ahora dentro de metrópolis cada vez más ricas, e ilustran perfectamente el funcionamiento de la ciudad globalizada, en la que las desigualdades están constantemente en aumento. Son, de hecho puntos de recogida para una fuerza de trabajo destinada a empleos de bajas capacidades y mal pagados, que precisa la burguesía de la metrópolis (sobre todo, en la construcción, en servicios personales o de comidas). Se trata de un modelo potencialmente explosivo, porque en estos terrenos la división social esconde separación étnica.

¿Qué relación existe entre la crisis del mundo de la clase trabajadora, luego la de la clase media, y el ascenso del populismo de derechas? ¿Puede usted trazar una suerte de geografía social del fenómeno?

En todos los países desarrollados, el populismo se manifiesta dentro de la misma categoría sociológica (las clases bajas) y en la misma geografía (zonas rurales, ciudades pequeñas, pequeñas urbes desindustrializadas). La Norteamérica de la periferia fue la que eligió a Trump, y la periferia del Reino Unido la que decidió a favor del Brexit. Y aunque el contexto nacional, social y económico sea distinto, la dinámica que entrañan es más o menos la misma. En la región Norte-Paso de Calais, antiguo bastión de la izquierda, las clases trabajadoras, y especialmente los jornaleros y la población rural votan ahora  al Rassemblement National de Marine Le Pen.

En este contexto social, ha surgido en Francia el movimiento de los gilets jaunes (“chalecos amarillos”). En su opinión, ¿qué representa y qué peso podría tener en el resultado de las elecciones en su país?  

Creo que este movimiento representa la encarnación concreta del concepto de “la Francia de la periferia“. El mapa de las primeras protestas en las rotondas de tráfico en noviembre, donde empezó todo, se corresponde de modo preciso con la geografía de la Francia dispersa, donde encontramos a todos los grupos sociales más vulnerables, los que han quedado sometidos a una situación frágil por el actual modelo económico: tanto jornaleros como empleados, rurales y urbanos, jóvenes y pensionistas. Desde este punto de vista, los gilets jaunesrepresentan una señal positiva de la recomposición de una clase, algo que está actualmente en proceso. Sin embargo, es importante advertir que este movimiento no es de izquierdas ni de derechas sino que representa a las clases trabajadoras del siglo XXI, las cuales, si bien representan una mayoría, ya no parecen creer en la dualidad derecha-izquierda. Más allá de la cuestión del populismo, estamos viendo un éxodo desde la “sociedad líquida” de abajo, a cargo de las clases populares.

Habla usted del crecimiento de la “paranoia de la identidad” que acompaña al desarrollo del multiculturalismo. En su opinión, las clases dominantes promueven la apertura a los migrantes porque saben que pueden mantener inalteradas las “fronteras invisibles”—tanto sociales como urbanas—que les separan de los “extranjeros”, algo a lo que no pueden atenerse las clases trabajadoras. En su opinión, ¿de qué anticuerpos podríamos disponer contra el racismo?

Yo creo que las clases dominantes y la nueva burguesía explotan e instrumentalizan a los inmigrantes. Por esa razón hablo de la hipocresía de la “burguesía cool” que apoya las ideas de una ”sociedad abierta”, pero vive en realidad en sus ciudadelas segregadas, no en los vecindarios donde se concentra la inmigración. Así pues, es necesario dejar una cosa clara: la proporción de los racistas es exactamente la misma entre las clases trabajadoras y entre los burgueses. Si las clases altas y formadas no se deslizan hacia el populismo es sólo porque tienen los medios para erigir su “barrera invisible”. Esta es la razón por la cual cuestionarnos sobre esta cuestión constituye un requisito previo para reducir las tensiones. En mi trabajo he introducido el concepto de “inseguridad cultural”, tratando de mostrar que, sobre todo en un entorno de clase trabajadora, no es tanto la relación con “el otro” lo que suscita problemas sino más bien la inestabilidad demográfica la que lleva al temor de convertirse en minoría y perder un capital social y cultural al que se atribuye gran importancia. Es un temor que aflige a todas las clases trabajadoras, independientemente de sus orígenes.

En la conclusión de su libro, dice usted que el reto ya no estriba en “gestionar el declive social” sino más bien el de rehacer la sociedad de nuevo.

Creo que es la única educación posible. Pero no podemos “rehacer la sociedad” sin integrar a las clases populares que representan la mayoría de la población. Las protestas populares no lo detendrán, y los gilets jaunes y los partidarios del Brexit seguirán existiendo durante los próximos cien años si nada cambia. Por esta razón, las clases dominantes —incluyendo aquí a los partidos políticos— deberían revisar sus programas. Resulta necesario responder a nuevas necesidades sociales y culturales, teniendo en cuenta que la gente no va a desaparecer.

geógrafo de campo, hurga desde hace veinte años en las fracturas sociales francesas, a las que consagró un atlas en el año 2000, ‘Atlas des fractures françaises’ [Éditions L´Harmattan, 2000] seguido del ‘Atlas des nouvelles fractures sociales’ [Autrement, 2004] — coescrito con Christophe Noyé — y, en 2010, de ‘Fractures françaises’ [Bourin Éditeur]. Creador del concepto de “inseguridad cultural”, su libros más conocidos y discutidos son ‘La France périphérique. Comment on a sacrifiè les clases populaires’ [Flammarion, 2014] y ‘Le Crépuscule de la France d’en haut’ [Flammarion, 2016]. Acaba de publicar ‘No society. La fin de la clase moyenne occidentale’ (Flammarion, octubre de 2018)

Fuente:

il manifesto global

Esa masacre detrás del actual pacto social chino

Por Tommaso de Francesco

El giro de Deng Xiaoping, —una acumulación basada en el mercado para luego lanzar los cimientos del socialismo chino—, se había materializado desde principios de la década de 1980 con la cancelación de los 60.000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista y ya no igualitaria.

En la noche entre el 3 y el 4 de junio de 1989, el Ejército Popular Chino reprimió con la violencia de los tanques la protesta masiva que desde el 26 de abril y por iniciativa de los estudiantes que querían celebrar la muerte del ex secretario del Partido Comunista Hu Yaobang, se habían instalado y habían estado manifestándose durante semanas en la plaza de Tianannmen.

Fue un baño de sangre, el de los jóvenes estudiantes que habían comenzado la protesta, pero al final la mayoría de las víctimas fueron los trabajadores, las fuentes oficiales hablaron de 300 muertos, pero otras fuentes, tanto internas como externas, hablaron, de forma más veraz, de miles de muertos. Lo que realmente no podía soportar el nuevo liderazgo chino guiado por Deng Xiaoping, el modernizador pro-occidental que había regresado al poder a fines de la década de 1970 después de haber sido derrocado por el movimiento de la Revolución Cultural nacido contra la ocupación de parte del partido de toda la esfera política y contra la «vía capitalista de Deng», era la extensión de la protesta, ahora generalizada en todo el país y precedida, un mes antes, por la sangrienta revuelta de los trabajadores de Changsha.

Tianannmen será el catalizador, símbolo y detonador de esta protesta social. Desde ese momento, hasta el día de hoy, según las mismas fuentes oficiales chinas, las victimas han sido decenas y decenas de miles, como nuestra Angela Pascucci siempre ha recordado.

En 1989, la extensión y radicalidad de la movilización social cuestionó dos principios fundamentales del giro de Deng: por un lado, las modernizaciones (industria, agricultura, defensa, ciencia/tecnología) comenzaron con la expectativa de la innombrable «quinta» modernización, la de la democratización de la política y la sociedad sobre la que había insistido el movimiento del «Muro de la Democracia» ya en 1979, también aquel reprimido por Deng; y, por otro lado, la unidad del Partido Comunista Chino que cuestionó la gran movilización en curso. No se pudo imitar el cambio que Gorbachov, de visita en China justo a mediados mayo, representó en la URSS.

Los ojos de los medios de comunicación internacionales se limitaron a ver la representación en papel maché de la estatua de la libertad, la americana, erigida en Tianannmen por grupos de estudiantes y la pintura arrojada en un único retrato de Mao. Pero había algo más en la plaza. Además de las miles de imágenes de Mao y las banderas rojas, había trabajadores, campesinos inmigrantes, mujeres…, el ágora, la práctica de la democracia para los sujetos golpeados por las reformas de Dengh.

Esta era la total representación del descontento de la nueva China, devastada por un modelo distorsionado que desde principios de la década de 1980 Deng puso en marcha junto con la dirección del partido guiado entonces por Zhao Ziyang, que luego se opondría a la represión de la protesta.

El giro de Deng Xiaoping, una acumulación basada en el mercado para comenzar entonces las bases del socialismo chino, se había materializado desde principios de los años 80 con el cierre de los 60,000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista que ya no era igualitaria; con el sistema de doble precio, con los mínimos bajo control estatal en lugar del control del mercado de materias primas (antesala de un vasto sistema de corrupción); con, la introducción de «zonas económicas especiales» abiertas a inversiones capitalistas extranjeras; el inicio de las migraciones masivas del orden de cientos de millones de personas a las ciudades «especiales» disponibles para la sobreexplotación de las multinacionales, con el empobrecimiento de la gran China del interior, distorsionando el equilibrio existente entre el campo y la ciudad; la construcción de una nueva clase de súper ricos con la reducción a cero del «tazón de arroz de hierro», el bienestar mínimo pero igual para todos.

Las transformaciones sociales y las contradicciones que se derivarán de ello se refieren a la China de hoy, que se ha convertido en el único país verdaderamente capitalista en la faz del mundo, con ganancias y un alto PIB (un espejismo para Occidente) reinvertido. El pacto social actual en China se basa en la violencia «oculta» ejercida en aquellos días de principios de junio de 1989 en Tianannmen.

Es cierto que el modelo chino de transformación del «socialismo real», que podríamos llamar capitalismo de partido centrado solo en el crecimiento económico, no ha fracasado como la iniciativa de Michail Gorbachov en la URSS con la perestroika, la glasnost y el Congreso de los Diputados del Pueblo que tuvo como objetivo cambiar sólo la esfera política; pero el alto PIB alcanzado, el hiperproductivismo y ahora la siempre importante «Ruta de la Seda», que no compensan al nuevo liderazgo «armonioso» de Xi Jinping de los desastres causados por la destrucción del medio ambiente en China, con el abismo de la desigualdad rampante. y con la búsqueda espasmódica y competitiva de materias primas por el mundo.

La realidad china actual muestra los términos de un desarrollo que para poder existir debe dividir a 1.400 millones de seres humanos de manera desigual y debe destruir y robar los recursos energéticos. Nosotros, a partir de la masacre de Tianannmen, podemos preguntarnos: ¿a qué precio?

veterano periodista romano, es codirector desde 2014, junto a Norma Rangeri, del diario “il manifesto”. Poeta epigramático y satírico, es también autor de novelas y cuentos y compilador de diversas antologías literarias.

Fuente:

https://ilmanifesto.it
Traducción: Ana Jorge / sinpermiso.info

Portugal: La crisis del régimen en un régimen de crisis

Por Francisco Louça

Que cada cual arrima el ascua a su sardina es una vieja ley de la humanidad y no hay excepciones (y mucho menos este cronista, por así decirlo). Sin embargo, saberlo no basta para interpretar la pequeña disputa provocada por las declaraciones del Presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa,  en una reunión en la Fundación Luso-Americana, en la que anticipó una larga crisis de las derechas. Se podría reducir todo a un presidente que teme desequilibrios en el sistema político y sabe que en este caso, la cooperación con el Gobierno del PS, lo que alguien ha llamado un «bloque central-institucional” sería devaluada por el predominio del Primer Ministro en caso de una victoria por un amplio margen, o de un líder del PSD que, en caso de emergencia, se refugiase en lugares comunes sobre la crisis universal de los regímenes políticos para evitar hacer comentarios sobre las perspectivas de su partido,

Podrían aumentar las críticas de algunas personalidades históricas sueltas del PSD contra Marcelo, pero ni son muchos ni sus críticas muy explícitas como para exigir pedir contención u otras rimas. Tenemos así una conversación en circuito cerrado, que se difuminará tan pronto como los resultados de las elecciones de octubre demuestren la incapacidad de las derechas de crear polarización política, de salir de su amargo pasado – todo gira alrededor del retorno anhelado de Passos Coelho, lo que lo dice todo sobre la novedad que la derecha supone para el país – y en disputar el centro donde el PS se ha instalado sólidamente.

Pero hay más fuego que humo. De hecho, hay una crisis de régimen y en varios países, crisis larvada en algunos casos, en otros explosiva. Por lo menos en la Unión Europea es así; sin embargo, vamos a ver a qué solución se llega para los cargos de la Comisión, el Consejo y el BCE. Y puesto que la UE es el alfa y omega de toda la ideología y la política de las derechas y el centro, lo que obliga a una convivencia comprometedora, esta inestabilidad descubre sus dificultades estructurales. En varios de los países más poderosos ya no saben qué es el  régimen, ni qué partidos lo componen, ni la hoja de ruta a seguir. Se apilan las fantasmagorías, los tratados son reemplazados por actos discrecionales, la gestión de la economía es incompetente, los acuerdos son minúsculos y las soluciones perversas, de la inmigración a la moneda, y los dirigentes dan miedo. Así las cosas, nuestra crisis nacional de régimen todavía tiene otros contornos, más allá de la contaminación europea. El modelo actual, aplazando la reestructuración de la deuda para hacer una gestión a corto plazo de las cuentas públicas, impone fuertes restricciones al desarrollo social y la reconversión energética, como se puede comprobar por el estertor de algunos servicios públicos y la falta de otras inversiones, a pesar del alivio en los bolsillos de los trabajadores. Diez años de recortes (o veinte años, en el caso de los ferrocarriles) suponen un alto precio en hospitales, escuelas y el transporte, que hacen estallar las costuras. No sé qué ventaja puede tener para las derechas sugerir que existe una crisis de régimen, pero implica que la cosa es más grave que su miseria actual: recuerda simplemente que ha estado haciendo de las suyas y que, a lo sumo, se limita a exhibir el argumento trivial de que todos son culpables.

Así que sí, hay una crisis de régimen, hay un régimen de crisis en esa crisis de régimen. Y eso es lo que preocupa a la derecha, el centro no puede obviar, y constituye un desafío para las izquierdas. Comencemos por la derecha: el régimen de crisis es esa forma de ser de las derechas cuando se limitan a ensayar trucos para evadirse. Las campañas de Nuno Melo y Paulo Rangel fueron ejemplares en este sentido. Hubo muchas fotos, casos, acusaciones, la política fue reemplazada por el frenesí. Continuará así. He escrito, y estoy cada vez más convencido de ello, que el efecto Trump o Steve Bannon será muy profunda en las derechas, que imitan las tecnologías tóxicas (¿quién lanzó el SMS que anunció la elección de Basta! y de la Alianza el domingo por la tarde de las elecciones?), radicalizan la política (la «ideología de género» es repetida por los más inesperados “mini-bolsonaristas”), tratan de crear una agenda de “corrupción», multiplican el odio, entran a tiros en los debates. Fue un fracaso en las elecciones europeas y, en lugar de aprender la lección, la apuesta se incrementará en las elecciones legislativas. La crisis de las derechas, como intuye el Presidente Rebelo de Sousa, está aquí para quedarse, reemplazará a los actuales líderes, volverá a orientar las políticas de estos partidos y será para peor. Este régimen de crisis es un camino sin vuelta atrás.

En el centro, la cuestión no está mejor. El régimen de la crisis es en este caso la sustitución de la política por el deseo de poder absoluto. ¡Mayoría absoluta o muerte! es un chantaje que ya fue ensayado en la crisis de la dimisión del gobierno a causa de la huelga de los maestros, grotesco episodio que muestra hasta qué punto se puede llegar en este desvarío. Ahora se acumulan los errores de presunción: la selección de la lista para las elecciones europeas tenía su precio, la eliminación forzada de Ferro Rodrigues puede ser aún más cara, y el deslumbramiento de algunos líderes socialistas y oponentes a los acuerdos con la izquierda, que ahora acarician la idea de una alianza PS-PAN, menospreciando al PAN como si fuera un nuevo Daniel Campelo, dice mucho de la forma descuidada y papanatas cómo se abordan las respuestas que un partido debe al país. Percibo la prisa, intuyo tiempos difíciles y el desgaste de la Unión, con tensiones económicas y costes adicionales para mantener el status quo de las políticas sociales: el gobierno quiere ganar margen de maniobra para evitar las presiones de la izquierda, que le permita una navegación de bajura que no pierda de vista la costa, volviendo a lo que siempre le ha gustado ser. Así, el PS, erigido en partido del régimen, quiere volver a ser el más sutil y peligroso de sus enemigos, él mismo.

Por último, la crisis del régimen no escatimará a las izquierdas. Les exige presentar propuestas coherentes y dirigentes capaces de responder a la crisis del régimen. El régimen de la crisis, en este caso, es el doble reto de mantener su representación social y ampliar su espacio de acción para llegar a ser el protagonista de las alternativas. Si la derecha vivirá sus años de crisis, la izquierda debe convertirse en quién condicione la política portuguesa. Veremos si es capaz.

catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

Traducción:G. Buster / sinpermiso.info

Gerald Hayo: “Las violaciones correctivas a mujeres LBQ son una práctica común en Kenia”

La activista keniata denuncia en el documental Nowyou are a woman cómo sobrevivió a una violación múltiple por ser lesbiana y cómo las mujeres no heterosexuales de su país son forzadas a tener hijos y a casarse para encontrar libertad.

Por Rubén Serrano

Kenia es uno de los 70 países del mundo que a fecha de marzo de 2019 criminaliza tener relaciones con alguien de tu mismo sexo. Actualmente, ser homosexual en Kenia se castiga con hasta 14 años de prisión. La situación se agrava si eres una mujer lesbiana, como es el caso de Gerald Hayo, que sobrevivió a una violación múltiple correctiva organizada por su propia familia. La activista dedica ahora su vida a luchar por los derechos de las mujeres lesbianas, bisexuales y queer (LBQ) del país africano. Fire!!, la Muestra Internacional de cine Gay y Lésbico de Barcelona, ha estrenado con el cartel de “entradas agotadas” el documental Nowyou are woman de la periodista Alba Muñoz, en el que Hayo relata su historia al mundo. En un momento en el que hablar supone exponerse, Hayo quiere romper con el silencio sistemático que invisibiliza las vulneraciones de derechos humanos y la desigualdad que sufren las mujeres keniatas que no siguen el mandato de la heterosexualidad.

Tu hermano y tu madre organizaron una violación múltiple correctiva para “curar” tu homosexualidad y para convertirte en una “mujer de verdad”. ¿Cómo de comunes son estas violaciones en Kenia hacia las mujeres LBQ?

Las violaciones correctivas en Kenia son una práctica común debido a diversas razones. Entre ellas porque la familia junto con otras personas piensan que [ser LBQ] está mal y, por tanto, necesitan corregirte. Es algo con lo que las víctimas tienen que vivir, reduce tu autoestima y afecta a la forma con la que te relaciones con los demás. Puede llegar a hacerte sentir que no vales la pena y puede hacer que sientas hostilidad y falta de respeto hacia otros seres humanos.

Tu familia no acepta que seas homosexual. ¿Qué le sucede a una mujer LBQ en Kenia si su familia la rechaza?

En muchos casos cuando sales del armario en Kenia como mujer LBQ eres propensa a ser violada, a que te repudien y a matrimonios forzosos. Muchas veces la familia intenta encontrar formas de curarte, incluso usando la medicina tradicional o rezando. Se aseguran de encontrar la forma de curarte porque creen que la homosexualidad no es algo con lo que se nace, sino que es algo aprendido por presión social o por imitación.

No pudiste terminar tu educación debido a tu orientación sexual. ¿Es algo que también se repite en las vidas de otras mujeres LBQ?

Es algo muy usual entre nosotras. Muchas ocasiones te expulsan del colegio por ser homosexual y tus padres deciden no pagar tu educación hasta que demuestres que no lo eres. Pero, ¿cómo lo demuestras? Si no vas a la escuela, te fuerzan a casarte o simplemente te dicen que te vayas.

¿Cómo cambió la relación con tu familia después de la violación?

Me fui de casa y sigo sin vivir cerca de ellos. Creo más en lo que quiero que en lo que puedo dar y lo que quiero es conseguir paz con mi familia y conmigo misma. No me importa lo que ellos quieran, porque lo que ellos quieren no me está ayudando.

¿Qué supone ser una mujer LBQ para la sociedad keniata?

La sociedad keniata no reconoce a las mujeres LBQ. La gente cree que no existen, pero ya no solo las mujeres LBQ sino la propia homosexualidad. Si ven a alguien con tatuajes o piercings, piensan que pueden ser homosexuales. La idea general en Kenia es que la homosexualidad es una secta.

Entonces, ¿a qué peligros se puede enfrentar una mujer LBQ en Kenia por parte incluso de su propio entorno?

El caso más común es el abuso verbal. Puedes ir por la calle y de pronto alguien te puede llamar shoga [término suajili para referirse de forma despectiva a las personas homosexuales]. Es como si fueras el demonio. Puedes estar con tu moto y cruzarte con alguien que decide seguirte para quizá violarte o hacerte cualquier cosa que puede justificar. Simplemente dicen “esta es lesbiana” y no les sucede nada. La gente sabe y tiene la certeza de que si golpean o asesinan a una persona homosexual no les ocurrirá nada. Además, si te arrestan y tienes una imagen masculina, te envían a las celdas de los hombres donde ocurren muchas violaciones. Hay casos en los que te detienen, le suplicas a la policía que te deje salir porque te van a violar allí dentro y la propia policía se acuesta contigo a cambio de dejarte salir. Eso también esta sucediendo.

¿Esto solo ocurre si eres mujer LBQ?

No quiero concebirlo como que es una cosa que tan solo te pasa si eres homosexual, porque también he visto cómo han violado a mujeres heterosexuales.

Lo denuncias abiertamente en el documental: ¿Las mujeres LBQ de Kenia son forzadas a tener hijos, por ejemplo a través de la violación?

Sí. Ser madre en Kenia es muy importante porque, conforme mas creciendo, te das cuenta de que tu círculo cercano da por hecho que vas a casarte, asentarte en un sitio y tener una familia. Pero al mismo tiempo, si eres lesbiana, bisexual o queer, algunas mujeres LBQ piensan que no deberías ser madre. Hay estigma. No puedes ser madre y que el padre de tu hijo no esté contigo, porque eso significa que has tenido sexo con muchas personas diferentes y que quizá eres prostituta. Ser madre soltera y lesbiana es muy difícil.

En el documental también expones que cuando una mujer LBQ tiene hijos encuentra un poco de libertad y su familia empieza a aceptarla. ¿Que tengan hijos es una solución eficaz para lograr su integración social?

Es una buena escapatoria. Cuando tienes gente a tu alrededor que piensa que tienes 20 o 25 años y que ya deberías tener una familia, si tienes un hijo te puedes proteger a ti misma. Puedes argumentar que tu marido se ha muerto, ¿sabes? Si te atacan, tienes algo con lo que defenderte, ya que si eres homosexual entienden que no puedes tener niños debido al tipo de relación sexual que mantienes.

Tú eres creyente. ¿Qué papel desempeña la religión en la homofobia imperante de Kenia?

La influencia del discurso religioso en la homofobia es enorme. Los ciudadanos creen en los líderes religiosos porque como representan a Dios tenemos que confiar en todo lo que dicen. Si dicen que la homosexualidad es demoníaca y que está mal, todo el mundo lo verá de esa forma. Nadie te cree si dices que eres homosexual y que crees en Dios. Estas dos piezas no pueden ir juntas: si eres homosexual, no puedes creer en Dios y si dices que crees en Dios, no eres homosexual.

Gerald Hayo 1
Gerald Hayo.

Kenia se podría haber convertido en el primer país del África del Este en despenalizar la homosexualidad. Sin embargo, hace unas semanas el Tribunal Supremo decidió no hacerlo. ¿Qué supone esta decisión para el país y para las personas LGTBI+?

Es una decisión muy triste. Todo el proceso iba a tener un impacto tanto negativo como positivo porque las actitudes hacia las personas LGTBI+ todavía son muy diferentes. Por una parte, la resolución es negativa porque la gente ha recordado que la homosexualidad es ilegal. El veredicto ha vuelto a encerrar en el armario a muchas personas LGTBI+. Quizá, personas que iban a salir del armario ahora tienen miedo de hacerlo. Mis amigas llevaban esta pulsera [señala una banda con la bandera del arcoíris] y ahora se la han quitado. Incluso caminar por la calle no es fácil. Por otro lado, si ladecisión ha dejado algo positivo es el saber que se podría haber conseguido un cambio histórico. Este proceso también evidencia que la comunidad ha abierto los ojos de nuevo y que quiere tener esta conversación. Para nosotras y nosotros, significa volver a plantear esta conversación de un modo diferente.

¿Cómo os organizáis y cómo resistís contra la discriminación y la violencia las mujeres LBQ?

Las mujeres LBQ en Kenia nos organizamos de forma diferente porque hay varias organizaciones en todas las regiones del país. Lo que tenemos en común es que luchamos por el empoderamiento económico, legal y sanitario. Los hombres homosexuales ya tienen espacios y el Gobierno los tiene en cuenta como una población clave. Es a través de la sanidad por donde las mujeres LBQ se pueden hacer visibles y por donde podemos empezar a hablar

¿Qué ha permitido que los hombres homosexuales tengan un espacio en Kenia que las mujeres LBQ aún no tienen?

Los hombres homosexuales pueden acceder al sistema sanitario y esto es un privilegio. Tienen lugares a los que acudir a hacerse las pruebas [de VIH] y organizaciones que luchan contra el VIH y el sida les ofrecen la medicación. El Gobierno es consciente del problema. Sin embargo, las mujeres LBQ no tienen espacios así. Incluso hay organizaciones en los que las mujeres LBQ no son fuertes debido a esa falta de visibilidad.

¿Temes por tu vida y por tu seguridad en Kenia?

Sé que no es seguro salir del armario en Kenia pero he estado muerta y ahora no lo estoy, así que puedes sobrevivir. He intentado averiguar qué es lo peor que me podía pasar cada vez que decía públicamente que soy lesbiana y la mayoría de las veces en las que lo contaba no pasaba nada. Si le explicas a alguien tu realidad, te entiende. Nunca he recibido una actitud negativa y eso me da más poder para creer que si encontramos otra forma de hablar este tema, las cosas irán mejor. Siempre hemos hablado a través de líderes religiosos, trabajadores sanitarios o la policía. Queremos nuestra voz. Tenemos que hablar por nosotras mismas.

En el documental explicas que te gustaría ser como una llave para abrir mentes y hacer que la gente tenga un mejor entendimiento sobre la homosexualidad. ¿Cómo se puede derrotar la homofobia?

El poder para conseguir ese cambio tiene que venir de una herramienta nueva en lugar de utilizar una que ya existe. Quiero que ese cambio no provenga de algo que ya esté escrito ni de algo que tengas que leer para poder entender. Mi arma es mi realidad. Creo que juntando y documentando nuestras vidas, la gente podrá saber que la mujeres LBQ existimos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/kenia/gerald-hayo-las-violaciones-correctivas-a-mujeres-lbq-son-una-practica-comun-en-kenia-

Venezuela y la «geoecopolítica» del oro (I)

Por Emiliano Teran Mantovani

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Aunque el oro es un commodity de muy alto valor en el sistema capitalista global, ha sido el petróleo el que ha marcado determinantemente la historia contemporánea de Venezuela. Pero como es sabido, esta nación construida en torno al crudo, se encuentra hoy en medio de la peor crisis de su historia, colapsada y haciendo aguas por todos lados. El derrumbe de la Venezuela petrolera está produciendo una revalorización de otros commodities distintos al crudo, y va generando la emergencia de nuevos escenarios y formas de disputa por los llamados “recursos naturales” en el país.

En este complejo contexto, el oro cobra una importancia crucial. Ya en la década de los años 90, cuando se sufrían los efectos de la debacle económica iniciada en los 80s, se consideraba a este metal como uno de los principales respaldos para enfrentar la crisis de la deuda externa y sustentar políticas de ajuste neoliberal. En aquellos años se sugería una política de pago de la deuda con oro. El para entonces Presidente Rafael Caldera abría el camino a la minería aurífera en la Reserva Forestal de Imataca, lo que no ocurrió sin resistencias por parte de organizaciones sociales y voceros sensibilizados por el ambiente, generando una de las movilizaciones más interesantes de la historia de los movimientos ecologistas venezolanos contemporáneos.

Hoy, el oro se está constituyendo como uno de los principales refugios económicos del Gobierno de Nicolás Maduro. Pero esto es necesario verlo más allá de las tendencias a la expansión de la mega-minería (con el Arco Minero del Orinoco como proyecto emblemático) y las pretensiones del Gobierno de captar la mayor cantidad posible de toneladas de este metal precioso. La devastadora crisis, el muy considerable retroceso de la circulación de la renta petrolera (y la gigantesca pérdida de valor del bolívar), el colapso del Petro-Estado y la generalización de la corrupción, han estimulado extraordinariamente la multiplicación de las economías informales de extracción y las disputas territoriales, en buena medida orientadas a la apropiación directa de recursos, siendo el oro el commodity más preciado y el que genera mayores rivalidades. Y estas disputas están siendo violentas, muy violentas, lo que incluye la participación de grupos armados organizados de diverso tipo.

Visto a escala geográfica, más que formas segmentadas, estos procesos de extracción aurífera se nos presentan como complejas y amplias ramificaciones territoriales que impactan determinantemente localidades específicas (como El Callao, Las Claritas, Tumeremo, Alto Paragua, Ikabarú, Yapacana, Tocuyito, por mencionar ejemplos), pero que se expanden hasta abarcar y transformar cuencas hidrográficas, biorregiones, zonas fronterizas (de Colombia, Guayana, Brasil), hasta, en última instancia, articularse con redes internacionales de commodities.

Así que Venezuela no está siendo sólo atravesada por las diversas dimensiones de los conflictos que giran en torno al petróleo, sino al mismo tiempo por un bullente entramado de conflictos multi-escalares que giran alrededor del oro. Esta trama puede ser entendida como la geo-ecopolítica del oro, en la medida en la que se cruzan simultáneamente intereses económicos transnacionales y disputas geopolíticas e intercapitalistas, formas de organizar y capitalizar la naturaleza desde la gestión nacional-estatal del extractivismo, grupos de poder territorial (que pueden ser ilegales, criminales y armados), economías locales de la extracción, grandes impactos ambientales y comunidades afectadas e involucradas en estos conflictos.

A diferencia del petróleo, que se caracteriza por una extracción realizada fundamentalmente a través de infraestructuras, tecnologías de punta y un negocio altamente monopolizado por transnacionales y estados nacionales, el oro puede ser arrancado de la tierra por numerosos actores, sin requerir necesariamente amplias maquinarias o procesos muy complejos para su extracción. En las fiebres del oro, todos son potenciales mineros. La crisis de la Venezuela petrolera y esta particular geo-ecopolítica del oro son una clara expresión de la forma actual del extractivismo en el país: rapiña, violencia, ilegalidad y, en buena medida, sobrevivencia.

 

Venezuela y las cadenas globales del oro: la articulación entre legalidad e ilegalidad

Fuente: Verité, «The Nexus of Illegal Gold Mining and Human Trafficking Report»

Muchos saben de dónde sale el oro, pero pocos, muy pocos, saben hacia dónde va. Son las cadenas globales de valor de este metal precioso, que operan entre la legalidad y la ilegalidad. En varios países de América Latina, del total del oro extraído, más del 75% proviene de la minería ilegal. En Venezuela, esta cifra supera el 90%. Así que no estamos ante un fenómeno marginal, sino constitutivo de la minería aurífera, lo cual se ha intensificado marcadamente con la globalización.

En estas cadenas globales del oro, las violentas minas de Venezuela se conectan también con redes y mercados muy oscuros de la ilegalidad y el crimen organizado, intermediarios internacionales y agentes de las corporaciones transnacionales (que operan en las sombras), grupos armados locales, actores del conflicto armado colombiano y/o funcionarios militares corruptos. Son estructuras de poder que se instalan, que se institucionalizan, que se vuelven dominantes, controlando al menos una parte del proceso de apropiación y distribución global de este commodity.

Esta forma de la actividad minera vincula mercurio y sangre, altos niveles de deforestación con trata de personas, devastación de cuencas hidrográficas con trabajo forzado. Su rentabilidad puede ser superior a otros sectores de las economías ilícitas como el tráfico de drogas (por eso parte de estos segmentos han migrado al negocio de la minería ilegal).

Con la crisis venezolana, el Gobierno nacional ha intensificado su participación en los procesos de extracción de oro, pero hasta la fecha no ha reactivado sus enclaves minero-industriales formales, ni mucho menos ha podido instalar y operativizar otros nuevos. Esto implica que para la captación de las nuevas toneladas de oro que han sido presentadas en medios televisivos y prensa escrita y digital –recuérdese las imágenes del Presidente Maduro con varios lingotes de oro en el Palacio de Miraflores–, el Gobierno termina haciendo parte y metiéndose de lleno en estas complejas redes globales del oro, a pesar de que anuncie que todo ello se realiza sólo con pequeños mineros organizados por el Estado, que no usan mercurio y que practican una minería amigable con el ambiente.

En estas cadenas globales, el oro puede recorrer varios países, antes de llegar a refinerías que se encuentran en diversas partes del mundo. Entre los grandes refinadores se encuentran Estados Unidos, Canadá, Suiza, Italia, Emiratos Árabes Unidos, entre otros. Las ventas de oro por parte del Gobierno de Venezuela, que hoy están formalmente afectadas por las sanciones impuestas por los Estados Unidos, fluyen por canales alternativos como Turquía o Uganda, aunque previo a las sanciones volaban hacia varios de los canales hegemónicos mencionados, en operaciones subterráneas y quasi clandestinas vinculadas principalmente al pago de la deuda externa y sus servicios.

Diversos informes han mostrado cómo la gran mayoría de las grandes refinadoras reciben en diferentes proporciones oro proveniente de la minería ilegal. Así que ese oro, que proviene de entornos tan violentos, de alta degradación ambiental y despojo social, se “lava” y se funde con oro legal, para luego pasar ‘blanqueados’ a las bóvedas de los bancos (centrales o privados) de los países más ricos del planeta, a las grandes empresas joyeras y a productores diferentes aparatos eléctricos que usan este material, mientras sigue marcando el ritmo de los mercados bursátiles de commodities.

El significado del oro en el contexto de la crisis económica mundial es tremendo, y más si se resalta la crisis del (patrón) dólar, la guerra comercial y los progresivos pasos de varios países y mercados para ir desacoplándose de este patrón y diversificar los respaldos y valores de cambio mundiales. Es en este contexto que, por ejemplo, deben interpretarse las sostenidas y aceleradas compras de oro por parte de potencias como Rusia y China, las cuales al mismo tiempo se han posicionado de diversas maneras en el proyecto del Arco Minero del Orinoco; o las disputas por el control del oro venezolano, evidentes en medidas neocoloniales como la confiscación de reservas auríferas venezolanas almacenadas en bancos internacionales (como el caso del Bank of England).

De esta forma, se alimenta globalmente el extractivismo aurífero en Venezuela. El actual Gobierno venezolano está engranado con el brutal proceso neocolonial global de despojo que conlleva esta actividad para el país y los territorios directamente impactados, al proponer un esquema de expansión de la minería sin precedentes, con una vertiginosa lógica de flexibilización y favorecimiento al capital transnacional. El proyecto del Arco Minero del Orinoco refleja esta forma de extractivismo salvaje que se trata de imponer en el país, que combina modalidades informales/ilegales con los modos de los proyectos formales de mega-minería industrial. Este extractivismo de ajuste representa una nueva fase del saqueo, conformado básicamente para sostener grupos de poder locales, nacionales y extranjeros. Nada de interés para el pueblo, aunque la neolengua gubernamental así lo insista.

 

Resistencias y derecho a la vida

La geo-ecopolítica del oro nos revela que, bajo esta lucha de intereses corporativos, de redes criminales internacionales, de una razón de Estado que operacionaliza el despojo y la devastación en nombre del pueblo, se encuentran numerosas comunidades, pueblos y ecosistemas severamente impactados. En toda América Latina se producen resistencias ante esta actividad extractiva, como la defensa del Páramo de Santurbán y las luchas contra el proyecto de La Colosa en el Tolima (Colombia); las constantes movilizaciones en Cajamarca contra el proyecto Conga (Perú); o las luchas de los indígenas shuar, junto a otras organizaciones sociales, contra el proyecto Mirador en la cordillera del Condor (Ecuador).

En Venezuela, plagada de conflictos por el oro, también se han producido resistencias (principalmente de pueblos y comunidades indígenas), las cuáles han estado muy marcadas por la crisis actual. La descomposición del estado de derecho, el fortalecimiento de grupos armados en los territorios, así como la precarización de la vida, han fortalecido formas de lucha por la sobrevivencia, arrinconando las aspiraciones de defensa de la naturaleza.

Los indígenas pemón, al sur del estado Bolívar, han defendido primordialmente su autodeterminación territorial como pueblo y su derecho a vivir, planteando una dura resistencia, que ha sido combatida por el Estado a través de la violencia y la fuerza de las armas. Los pemón se han convertido en uno de los símbolos de las resistencias de los pueblos indígenas del país y han logrado hacer converger una serie de solidaridades en varias partes del país. Estas convergencias representan la juntura de voluntades, descontentos y anhelos de cambio, que aunque provengan de ámbitos y gremios muy diferentes, revelan las potencialidades de reencuentro del campo popular en torno a agendas de lucha que surgen desde abajo (algo que se va replicando, como en el caso de las movilizaciones en defensa del Cerro La Vieja). Abren posibilidades embrionarias de articulación hacia plataformas o movimientos amplios. Y sobre todo, contribuye a crear condiciones para la emergencia de nuevas subjetividades políticas, nuevas cosmovisiones y formas de lucha en las que las luchas por el territorio, por la naturaleza y contra el extractivismo sean también parte de la agenda esencial de los movimientos populares.

El escenario es muy complejo y adverso, pero también muy contradictorio, inestable, y en realidad, lleno de oportunidades.

 

Emiliano Teran Mantovani es miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela