El fin de Brasil como potencia global emergente

por Raúl Zibechi

«Del ridículo no se vuelve», acostumbraba decir el general argentino Juan Domingo Perón parafraseando a otro presidente, Domingo Faustino Sarmiento.

La frase se puede aplicar con todo rigor al papelón de Jair Bolsonaro en el Foro de Davos, donde tenía 45 minutos para explicar su programa de gobierno ante la crema de los empresarios del mundo, pero la inspiración se le agotó en apenas seis y medio. Peor aún, dejó plantados a los medios y a los organizadores al suspender la rueda de prensa, que todos los mandatarios ofrecen, junto a tres de sus ministros.

Bolsonaro no tiene mucho para decir pero, sobre todo, no sabe cómo hacerlo. Sigue actuando de la misma manera que lo hacía cuando era un oscuro diputado. O, como lo describela periodista Eliane Brum, «sigue creyendo que está en campaña y que seguirá ganando al grito de las redes sociales». Para la periodista, la más laureada de Brasil, Bolsonaro tiene un «nivel escolar» y su intervención «sonaba como la de un estudiante mediocre presentando un trabajo copiado a un colega, porque no tenía convicción y las frases no se conectaban unas con otras».

«La mediocridad es peligrosa», reflexiona Brum, ya que el presidente se comporta como un hincha de fútbol. «Me dio miedo», dijo el Nobel de Economía Robert Shiller: «Brasil es un gran país que merece algo mejor». Una personalidad como la Bolsonaro al frente de un país de 200 millones de habitantes y la décima economía del mundo, no puede dejar de preocupar incluso a quienes lo apoyaron.

Uno de sus hijos, Flavio, senador electo y diputado de Río de Janeiro durante cuatro mandatos, se enriqueció de forma muy rápida con cantidades muy por encima de sus ingresos, por lo que están siendo observado porque se sospecha corrupción. Peor aún, estaría involucrado con grupos paramilitares como «Escritorio del Crimen», el responsable del asesinato de la concejal Marielle Franco.

Flavio contrató a la madre y la esposa de Adriano da Nóbrega, líder del grupo actualmente fugado, para trabajar en su despacho, y entregó al criminal la medalla Tiradentes, la más alta distinción que ofrece la Asamblea Legislativa de Río, cuando estaba preso por homicidios cometidos como miembro de la Policía Militar.

El vicepresidente, el general Hamilton Mourao, ha desmentido decisiones de Bolsonaro y de su canciller, como la promesa de campaña de que Brasil trasladaría la embajada en Israel a Jerusalén. Algunos países árabes como Arabia Saudí presionan para cortar las importaciones de carne brasileña si se llegara a concretar.

En los medios políticos se suceden las especulaciones que van desde un impeachment a Bolsonaro, hasta un «golpe suave» para apartarlo del poder o dejarle un papel decorativo. El periodista brasileño Pepe Escobar señala que la red Globo tendría un «documental explosivo que muestra que el atentado con cuchillo que sufrió en septiembre pasado, durante la campaña electoral, era en realidad un truco».

Sin embargo, Bolsonaro es un problema menor para Brasil. Los verdaderos, los que están en la base de la neutralización del país como potencia emergente y como líder incluso de la región sudamericana, son mucho más profundos y amenazan con retornar al país al lugar de semicolonia exportadora de materias primas, bajo la sombra de la potencia dominante y sin la menor proyección internacional.

La primera puede sintetizarse en la adquisición de Embraer por Boeing. Bolseando decidió aprobar la venta sin ejercer el derecho de veto que le otorga la posesión de un acción de oro. La nueva sociedad tendrá una estructura en la cual Embraer controlará el 20% y Boeing el 80%, mientras el desarrollo del avión de transporte militar KC-390, realizado enteramente por la brasileña, quedará con 51% para Embraer y 49% para Boeing. Sólo la aviación ejecutiva y de defensa quedarán en manos de Embraer. Por esta operación la brasileña recibirá 3.100 millones de dólares, después de impuestos y gastos de la transacción.

Embraer entregó a Boeing su parcela más lucrativa, siendo la tercera fabricante de aviones comerciales del mundo y vanguardia en los de un solo pasillo. La pregunta que muchos se hacen es si podrá sobrevivir una empresa que fabrica sólo aviones ejecutivos que representan apenas el 26% de la facturación total. El primer problema es la deserción previsible de ingenieros, los cerebros en este tipo de empresas, y nada menos que 4.500 de los 16.000 empleados de Embraer.

Renata Belzunces del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos, sostiene que la venta de Embraer afecta la soberanía nacional. La empresa estratégica más importante de Brasil se volverá, en su opinión, una mera abastecedora de piezas para EEUU.

Según la economista, es la empresa más innovadora del país y «la principal exportadora de productos de alta intensidad tecnológica capaz de generar desarrollo junto al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales y al Departamento de Ciencia y Tecnología Aeroespacial». Una empresa de este porte trabaja con decenas de otras, que le suministran productos de alta tecnología conformando un polo tecnológico de avanzada, que ahora quedará muy reducido.

La segunda cuestión es que Brasil queda sometido, por voluntad expresa de sus gobernantes, a ser un mero satélite de EEUU. Según el director del Instituto de Estudios Latino Americanos (IELA), Nildo Ouriques, el sector militar encabezado por Mourao que tiene el verdadero poder en Brasil, «sólo piensa en agradar a Estados Unidos». En su opinión, esta actitud que define como «agringamiento», se relaciona con la dictadura militar (1964-1985) que «pasó a la reserva entre 10 y 12.000 oficiales acusados de nacionalistas o comunistas».

El resultado es que un vicepresidente como Mourao coloca a Brasil en relación de dependencia con la política exterior estadounidense, siendo «incapaz de luchar por la soberanía, observando el mundo con la mirada de los EEUU».

Es evidente que un gran país que pretenda ser potencia emergente y referencia para sus vecinos debe contar con una economía con tecnologías de punta y, sobre todo, debe tener una personalidad propia. La naciones que se someten a una gran potencia, no pueden jugar el papel de líderes o referentes, menos en un período de grandes cambios y sacudones geopolíticos como el actual.

Venezuela: Cuando la izquierda dejó la cancha sola y libre para el imperialismo

Rafael Uzcátegui / Coordinador General de Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea)

Hasta el mes de octubre de 2016 era válida una interpretación del conflicto venezolano como una disputa entre dos burguesías por imponer su modelo de dominación. En ese momento hubo una transformación estructural de la disputa, cuando el gobierno de Nicolás Maduro decidió convertirse en una dictadura. La democracia, con todas y sus limitaciones, era el terreno de juego donde todas las fuerzas políticas y sociales podían impulsar una transformación, teniendo como herramientas esas libertades democráticas que, como sabemos, costaron mucha sangre, sudor y lágrimas alcanzarlas. Si la policía asesinaba a un compañero, podíamos denunciarlo ejerciendo la libertad de prensa y expresión y tener la expectativa que los asesinos algún día serían castigados precisamente por esa justicia formal, con todos los adjetivos que deseemos acompañarla. En dictadura sencillamente había que abandonar esas ilusiones y prepararnos o para la resistencia o para la dominación.

Desde ese día hicimos muchas cosas para alertar, adentro y afuera, la gravedad de lo que estaba pasando. En el 2017 fuimos parte de la multitud que en toda Venezuela se movilizó por un cambio, pagando un precio muy alto por ello, en muertos, heridos y exiliados sociales. No fue sino hasta que los miles de venezolanos migrantes llegaron a los países de la región que algunas organizaciones comenzaron a escuchar lo que denunciábamos. Durante mucho tiempo, pero especialmente bajo la dictadura de Maduro, las fuerzas y grupos internacionales de izquierda, salvo excepciones, nos dejaron solos, le dieron la espalda al creciente rugir del pueblo venezolano, hoy una absoluta mayoría, por una transformación del estado de las cosas. En este camino muchos de los jóvenes que protestaban en la calle no podían encontrar referentes en las izquierdas, muchas de ellas por ser cómplices es su silencio, otras abiertamente apoyando, hasta última hora, al autoritarismo y la coerción por hambre y humillación.

Luego de la muerte de Chávez y hasta enero de 2019, para muchos de los progresismos Venezuela se convirtió en un tema incómodo, políticamente incorrecto en su deriva totalitaria. Se dejó de hablar sobre la revolución bolivariana porque era mejor pasar la página. Ahora muchos de los que callaron, conscientemente, ahora denuncian el protagonismo “de las derechas” y del “imperialismo” en la resolución del drama en nuestro país. Los mismos que dejaron la cancha sola, que nunca tuvieron la intención de salir de la camisa de fuerza de las ideologías para escuchar el sufrimiento de las personas de carne y hueso y tener una respuesta a ello.
Hoy, cuando las muchedumbres están desesperadas por un cambio de rumbo, que los saque de la agobiante miseria que padecen y que los obliga a irse, literalmente, caminando sobre la frontera, el liderazgo lo ha asumido la presidencia de la Asamblea Nacional, que guste o no, fue votada por 14 millones de personas. Quien contiene al autoritarismo desbocado del madurismo no es ninguna coalición de fuerzas izquierdistas, sino los países del mundo que por sus propias razones han decidido darle fecha de caducidad al bolivarianismo en el poder. Esta cartografía del conflicto la definió, para volverlo a reiterar, la inacción de las izquierdas y progresismos del mundo, que razonaron y actuaron dejando a su suerte al pueblo venezolano.

No es lo mismo la democracia, imperfecta todo lo que se argumente, a la dictadura. No me cabe en la cabeza ningún activista que, en la España de los cincuentas, hubiera balbuceado siquiera la consigna “Ni Dictadura ni Transición”. O pongámoslo más cerquita, en el Perú de los 90´s, “Ni Fujimori Ni Toledo”. A este despropósito es el que nos convocan, algunos, el día de hoy.

Se puede ser todo lo anti Trump que se desee y, a su vez, estar en contra de todo lo que representa Nicolás Maduro. Yo mismo lo soy. Lo intolerable es asumir una posición que se niegue a incidir en los acontecimientos. Cualquier contención la podemos construir con las multitudes en movimiento. Pero para eso hay que estar en la calle junto a ellas. No invitándolas a la pasividad y la desmovilización.

Trabajar con el cuerpo: Diálogos entre feministas y prostitutas

Por Barbara Bonomi Romagnoli

Sí, sin signo de interrogación: el trabajo sexual es trabajo. Y como tal hay que aceptarlo. No significa que se apruebe esa elección, sino reconocer su dignidad al igual que otras, aceptando al menos detenerse y escuchar lo que las partes directas e interesadas tienen que decir. Y sin tener que recordar cada vez que el tráfico y la explotación son diferentes y que las trabajadoras sexuales están en primera línea del frente en la lucha contra la ilegalidad, el abuso y la violencia. Sí, es cierto que el trabajo sexual elegido sin restricciones concierne a una minoría de personas, pero eludir la comparación porque afecta a pocas personas es como decir: ya no tratamos con minorías étnicas o feministas porque no son la mayoría de la población.

Es indudable que Carla Lonzi declaró, en su momento, que «el feminismo se presentó como la salida entre las alternativas simbólicas de la condición femenina, la prostitución y la clausura: poder vivir sin vender el cuerpo y sin renunciar a él», pero no creo que, como argumentan, entre otras, Monica Ricci Sargentini y Alessandra Bocchetti, que haya sido paradójico, incluso impropio, haber organizado en la Casa internazionale delle donne, en Roma, el 21 de enero, un encuentro público sobre trabajo sexual precisamente en la sala dedicada a Lonzi, la feminista que, en el Manifesto di Rivolta Femminile de 1970, escrita con Carla Accardi y Elvira Banotti, afirmó: «damos la bienvenida a la sexualidad libre en todas sus formas». Al contrario, creo que Lonzi habría escuchado con cuidado y atención, como lo hicieron las doscientas personas presentes, los emocionantes testimonios y las resoluciones subsiguientes, y que abrieron el debate a preguntas y contradicciones que ciertamente no se resolvieron, pero que marcaron un primer paso importante para comenzar a razonar, de forma dialogante, sobre una cuestión candente y quizás, para mucha gente, irritante.

Candente, al punto de hacer saltar los mínimos niveles de respeto mutuo, tal como lo demuestra los ataques violentos sufridos por las organizadoras en las redes sociales o la indebida injerencia de algunas voces del feminismo italiano para evitar que la reunión tuviera lugar en la «casa de todas»; irritante porque hablar de «trabajo sexual» significa debatir no solo con quienes han decidido sin coerción trabajar con su propia sexualidad y con su cuerpo, sino también lidiar con las dudas y los temores, deseos, perturbaciones y rémoras que el hablar de «sexo» implica.

«Durante algún tiempo hemos presenciado en el mundo feminista reacciones emocionales descontroladas en oposición a un planteamiento que reconoce a las prostitutas como interlocutoras iguales porque entiende la prostitución como un hecho político», recordó Maria Rosa Cutrufelli, escritora, autora en 1981 de Il cliente. Inchiesta sulla domanda di prostituzione, la primera investigación que puso el foco sobre el protagonista masculino del asunto. «Hoy se habla de trabajo sexual, una expresión reciente nacida precisamente de la lucha de las prostitutas y tras los debates en los espacios feministas —continuó Cutrufelli— y aunque no puedo seguir opinando, como en los años ochenta, que la prostitución es la institución negra y oscura contrapuesta a la institución clara y blanca del matrimonio, ciertamente —también retomando a Kate Millett y su texto The prostitution papers— se puede afirmar que no ha cambiado en los círculos feministas la resistencia general a reconocer igual dignidad a las mujeres que eligen voluntariamente vender su cuerpo: aquí me gusta hablar de elección voluntaria en lugar de elección libre».

No es de la misma opinión Pia Covre, fundadora con Carla Corso del Comitato per i diritti civili delle prostitute, durante años activa en las redes internacionales y que ha venido desde Pordenone para contar su experiencia personal: «Personalmente, prefiero la expresión “libre elección” porque así es como lo viví yo cuando, en un momento de mi vida, decidí que quería que me pagaran por un intercambio económico-sexual que se daba por supuesto en las relaciones. Me bastó echar dos cuentas para entender que ganaría más dinero que haciendo de camarera».

«Hasta 1982, cuando nacimos como comité, hice política de varias maneras, incluso con los radicales por el derecho al aborto, —ha explicado Covre—, pero nunca había participado en asambleas feministas. Ir a reunirme con ellas y encontrarse frente a un muro fue muy decepcionante, pero esto no me impide sentirme feminista. He pasado mi vida luchando por mi (y nuestra) autodeterminación y libertad, porque, de lo contrario, siempre seremos aplastadas entre las presiones abolicionistas y regulatorias que, en ambos casos, no se preocupan por las condiciones materiales de la vida, incluso las higiénico-sanitarias, de quienes hacen este trabajo, a menudo, incluso para escapar de la pobreza».

Así pues, por un lado, no se elude el nudo de las condiciones materiales de partida que pueden convertirse en limitaciones, por el otro, los protagonistas repiten, el trabajo sexual se elige teniendo bien presente el resto del mundo laboral y lo que implica. Sin embargo, el estigma recae en algunos trabajos y no sobre todos: «Si trabajara para una corporación multinacional o para una sociedad cuya dirección es masculina, como casi siempre, ¿alguna de ustedes también diría que soy una sierva del capitalismo patriarcal? Si comiera cadáveres de animales torturados, mamíferos como yo, o de otras especies, algunos dirían: es una asesina, una especista infame, ¿con la misma gravedad de «la que hace” de prostituta, de stripper o de amante?».

Estas son preguntas dirigidas sobre todo a aquellas feministas que piensan que de ciertos trabajos hay quizá que avergonzarse, hasta el punto de negarlos, sin tener en cuenta todas las variables involucradas. También por esta razón, muchas redes de trabajadoras y trabajadores sexuales entrelazan sus batallas por los derechos civiles con las de los y las migrantes y, al mismo tiempo, piden la despenalización del trabajo sexual y una legislación no represiva sobre el tema de la migración; subrayar que el trabajo sexual no es necesariamente un trabajo por tiempo indefinido y las condiciones de vida pueden cambiar si se protegen los derechos civiles y sociales. El colectivo feminista Ombre Rosse se mueve dentr de este contexto y participó en la reunión aportando testimonios directos para entender quiénes son y qué quieren las personas que realizan un trabajo sexual. Para proteger a sus activistas, el colectivo optó por intervenir de forma anónima y con el apoyo de Silvia Gallerano, actriz e intérprete del monólogo La Merda, con el que ya ha recibido muchos premios internacionales. «Trabajar con el cuerpo significa un montón de cosas incluyendo compartir algo íntimo. Esto es valido para el trabajo sexual, pero también para otros trabajos que involucran cuerpo, sensaciones y relaciones. Muchos trabajos de cuidado suponen intimidad corporal y no solo, muchos trabajos performativos incluyen expresiones corporales e interpretaciones que tienen sus raíces en la esfera íntima», como la trabajadora sexual interpretada por Gallerano, quien agrega: «elegí hacer este trabajo como adulta, después de un camino feminista que me dio la oportunidad de razonar sobre mi estar en el mundo, un razonamiento que no ha concluido porque seguir en ese estar en el mundo también significa volver a cuestionarse continuamente, al menos para mí».

Sin embargo, hay quienes tienen certezas inoxidables y decidieron que cualquiera que tome esta decisión es esclava del patriarcado: «Vender tu cuerpo es una frase que odio y que siempre he odiado. Como si no existiera mi mente, mi inteligencia, como si mi cuerpo se pudiera descuartizar. ¿o tal vez el problema es tener sexo a cambio de dinero? ¿practicar el sexo sin amor? ¿o es el sexo solo el problema?», —la otra voz del colectivo fue directa al grano: «Me gustaría poder trabajar en cooperativas dirigidas por colegas, protegidas del abuso, la explotación y la violencia, incluso por parte de las fuerzas del orden».

Pero es violencia también «hablar y decidir en mi lugar, juzgarme, inferiorizarme, victimizarme y estigmatizarme, querer hacer leyes contra mi libertad de elección: pensé que esto lo hacían sacerdotes, objetores, machistas, no mujeres que se declaran feministas como yo». —concluyó Ombra Rossa— Me gustaría que el pensamiento feminista acepte y respete las subjetividades no conformes, las minorías oprimidas, otras experiencias e identidades, me gustaría que el feminismo rompa definitivamente el esquema patriarcal de santa-puta que dice criticar y, en cambio, reitera».

También porque, como ha señalado Giorgia Serughetti, —investigadora de la Universidad de Milán Bicocca y autora en 2013 de Uomini che pagano le donne—, claramente no podemos seguir apuntando con el dedo sobre la oferta, sino que «también debemos tener en cuenta la complejidad de la demanda, ese mundo variado compuesto en su gran mayoría por hombres, pero ya no solo por hombres, que pregunta y también busca en Internet sexo pagado, siempre en un contexto en el que las relaciones de poder están dentro del marco económico del sistema capitalista. Basta con pensar —agrega Serughetti— en el caso en que se vio a mujeres  pidiendo servicios sexuales a cambio de una remuneración a solicitantes de asilo. La repetición del esquema de poder de un sujeto privilegiado sobre una persona en desventaja (hombre/mujer, blanca/migrante) no solo enfatiza el tema de la desigualdad, sino que también derrumba otro lugar común que quiere ver al cliente como un sujeto desviado».

Finalmente, todas las cartas se mezclan con la actuación de Rachele Borghi, profesora de geografía en la Sorbona y miembro del comité de contratación del CNR francés. A raíz del proyecto colectivo transnacional Zarra Bonheur, compartido con la pornoactivista Slavina, Borghi literalmente ha expuesto las palabras de quienes eligen el trabajo sexual y buscan alianzas políticas con otras sexualidades disidentes y con quienes estén en disposición de aceptar sus vidas. De hecho, no solo recordó que era una feminista transfeminista en la red con muchas otras, sino que, felizmente, montó en secuencia una sección transversal de los razonamientos de las mujeres que luchan por el reconocimiento del trabajo sexual y los argumentos violentos de quienes en las últimas semanas han atacado irrespetuosamente la posibilidad de escuchar diferentes feminismos.

periodista italiana feminista

Fuente: https://27esimaora.corriere.it/18_gennaio_22/lavorare-il-corpo-dialoghi-femministe-prostitute-7c9e0d2e-ff98-11e7-8956-3bd9e98ac74a.shtml

Traducción:Ana Jorge / sinpermiso.info

Yayo Herrero: «Si alguien protagoniza hoy una revolución global es el capital»

Por Iñaki Zaratiegin/ Entrevista a Yayo Herrero

Vino al mundo como Sagrario Herrero López (Madrid, 1965) y es Yayo en todas las biografías. «No me llamaron por mi nombre ni cuando nací», reconoce. Coordinó durante nueve años el colectivo Ecologistas en Acción y ha dirigido durante siete el organismo independiente Fundación Benéfico Social Hogar del Empleado (FUHEM). Destacada activista del ecofeminismo y militante a tiempo completo por las justicias sociales y los equilibrios naturales, es asidua de nuestros foros y debates –»me encanta venir, mi hija hizo la carrera en Bilbao; me dicen que pida la ciudadanía vasca…»–. La última vez pasó tres atareados días en la capital vizcaína. Presentó el libro “Invitación a la educación ecosocial en el Antropoceno”, de José Manuel Gutiérrez Bastida, que ha prologado. Moderó el debate “Diálogo entre ecosocialismo y religión”, con el jesuita Patxi Álvarez y el pensador franco-brasileño Michäel Löwy. Y protagonizó el encuentro “Frankenstein y los monstruos del desamor”. Yayo es conversadora cercana, generosa y entusiasta.

Antropóloga, ingeniera agrícola, economista, profesora social, militante ecofeminista… ¿En qué orden?

Son indisociables. Ser activista es consecuencia inmediata de ir conociendo más sobre el mundo. Me resulta muy difícil trabajar en lo nuestro, ver cómo se profundizan la crisis ecológica y las desigualdades, y no querer transformarlo.

No se sintió ecologista hasta visitar una granja industrial de aves cuando estudiaba Ingeniería.

Me pareció brutal lo que hacemos para comer, una manera de producir alimentos que causa un tormento terrible a los animales. Es una industria centrada en maximizar el negocio y se produce en condiciones más y más terribles que envenenan la tierra y las personas y maltratan a otras formas de vida.

Lleva unos cuantos años peleando. ¿Principales empeños ganados y perdidos?

En el feminismo y el ecologismo, mis espacios más cómodos, en lo puntual ha habido batallas ganadas y perdidas. Hay muchas sentencias sobre infraestructuras ilegales ganadas en juicio. La ciudadanía y hasta la legislación nos han dado la razón en un montón de cosas: la calidad del aire, poner freno y establecer figuras de protección a infraestructuras dañinas… Hay mucho terreno ganado en el campo de la naturaleza. Y el movimiento feminista ha dado pasos imparables en torno a la emancipación y autonomía.

¿Los resultados en lo ecológico van más lentos que en lo feminista?

Sí, a pesar de éxitos puntuales perdemos la batalla global, la de sostener la vida humana en condiciones dignas para las mayorías sociales en un planeta con límites físicos. Se profundizan las desigualdades, se achican los espacios donde desarrollar la vida y es más difícil vivir bien. Por no hablar de dinámicas como el cambio climático. Pero hay cada vez más la sensación de que teníamos razón y más importante nos parece la tarea. No discutimos ya sobre un modelo de desarrollo sostenible sino sobre cómo parar la insostenibilidad y conseguir vidas dignas en un planeta en pleno cambio climático y con sus límites sostenibles sobre la mesa.

Participa en seminarios con títulos como «La bolsa o la vida. Capitalismo y otras formas de delincuencia organiza»a». ¿Qué enseña?

La contradicción de la guerra contra la vida que perpetran los dueños del capital. O ganan ellos, y la vida se orienta con los mercados como epicentro, o ponemos en el centro el conjunto de todas las vidas, apostando por un cambio radical, por la disputa de la hegemonía económica, política y cultural. Los marxismos dijeron que había una oposición capital/trabajo. Ecologismo y feminismo muestran que hay una oposición entre la maximización del capital y todos los trabajos, no solo los pagados, también los del hogar. Y el ecologismo social dice que hay una oposición entre capital y vida.

En el documenta« «El espíritu del »5″, el cineasta Ken Loach documentó bien el modelo social de bienestar, tras la Segunda Guerra Mundial, y su desmantelamiento desde Margaret Thatcher. ¿Es la revolución conservadora?

Hay muchas resistencias locales, incluso intensas, pero si alguien protagoniza hoy una revolución global es el capital. Sus cambios hacen naufragar hasta las bases antropológicas que organizan la vida: el marco de relaciones, las solidaridades, las reciprocidades entre humanos… En Occidente se construyó ese estado de bienestar y duró los “30 gloriosos” [1945-1975] en base a una correlación de fuerzas entre clase obrera organizada y capital que no se da hoy, y en un momento de gran bonanza mineral en el que no se había alcanzado el pico del petróleo. Parecía factible mantener el sistema de producción de bienes y servicios a gran escala y en el tiempo, con dinámica expansiva y que fuera ampliando derechos. Pero desde esas miradas emancipadoras de las izquierdas hay que revisar la cuestión de los límites físicos del planeta. Fue un modelo que se generó en solo una parte del mundo y a costa de recursos de otros lugares.

Y sucedió la reacción neoliberal

Tiene mucho que ver con el fracaso del capital de cumplir su promesa de fabricar bienes y servicios crecientes para satisfacer las necesidades de las mayorías. Topó con los límites del planeta y, siendo incapaz de ampliar y hacer crecer la esfera material de la economía, empezó a maximizar la ganancia apostando por otra forma de organizarse: la economía financiarizada que crecía con la especulación, los mercados del futuro… Generó bolsas de riqueza ficticia, burbujas que explotan y deuda extrema. Y se va desmantelando ese estado de bienestar, construido en zonas muy concretas del planeta para proteger a las mayorías.

¿Tras la última crisis, la economía no volverá a crecer al ritmo anterior?

El economista francés Thomas Piketty [“La economía de las desigualdades”, 2015] dijo que las sociedades ricas se deben acostumbrar a que la economía crezca en un 1 o 1,5 por ciento como mucho y siempre que se descubran nuevas fuentes energéticas; impresionante brindis al sol. El historiador norteamericano Immanuel Wallerstein dice que los ciclos recurrentes de expansión y recesión del capitalismo son ya picos dentro de un planeta físico translimitado. Dientes de sierra cada vez más próximos que tienen mucho que ver con esa dinámica de agotamiento.

¿El capital, sus responsables y colaboradores de todo tipo, no ven esa realidad o no la quieren ver?

Más bien lo segundo. Las elites sí se están preparando. En la última reunión del Foro de Davos hablaron de la necesidad de establecer una renta mínima porque los nuevos procesos económicos van a generar “mucha población sobrante”. Se referían al mercado laboral, pero también, y de fondo, a la gente sobrante a escala masiva de los territorios donde se extraen los últimos minerales que quedan. En sus análisis internos, los ejércitos se postulan como especialistas del caos y definen el cambio climático y el agotamiento de los recursos como multiplicadores de amenazas. Hay metáforas significativas cono la del huracán Sandy en 2012. Manhattan se quedó a oscuras, pero permaneció iluminada la torre Goldman Sachs.

¿Y las fuerzas tradicionales de izquierdas, partidos o sindicatos?

Es trágico tener a tanta gente de las izquierdas políticas emancipadoras mirando a otro lado o pensando que con políticas socialdemócratas que traten de hacer justicia con el excedente del crecimiento económico se paliarán las desigualdades. La socialdemocracia funcionó en los “30 gloriosos” porque había un excedente económico importante con el que hacer políticas públicas. Pero sin excedente, la socialdemocracia se queda inerme, insignificante. Decepciona y lo que surge son los fascismos. Introducir el análisis del ecologismo social es clave para entender lo que está pasando en Brasil, Canadá, Austria, Italia… No son países, como se decía, con estados fallidos. Ante el miedo y la percepción de la inutilidad de algunas izquierdas, personas que potencialmente podrían tener conciencia de clase caen en lo que pasó en los años treinta y votan fascismo.

Avisa de que si el sistema no cambia, para necesitar menos energía y menos materiales, vamos al colapso

Para que la economía se sostenga hace falta flujo de mano de obra y materias primas. Lo primero es tiempo de vida de las personas y lo segundo, naturaleza. Si el sistema prescinde de la mano de obra robotizando la economía, requiere un uso más intensivo de minerales y energía; se altera más la dinámica natural y se sufren distorsiones en la producción, fruto del cambio de los ciclos naturales. Lo que se produce llega cada vez para menos. Hay un estrechamiento del marco de personas privilegiadas. Lo deja claro la mal llamada crisis de refugiados. Llegan a nuestras fronteras y se las cerramos, pero las abrimos a las materias que vienen de sus países. La verdad que hay tras el capitalismo globalizado en esta época de los límites sobrepasados es casi fascismo. Ya hay muchísimas vidas colapsadas en Siria, Irak, Afganistán… O zonas arrasadas por las dinámicas extractivas. Y hasta en la periferia de nuestras urbes: gente que saca a sus mayores de la residencia porque necesita la pensión en casa.

En ese campo de las dependencias, ha señalado que la gestión de la Diputación guipuzcoana con EH Bildu fue puntera y pionera

Conozco mucho a Laura Gómez, una feminista consecuente que era directora de Igualdad. Se hizo una política coherente entre Hacienda, los Servicios Sociales y el área de Igualdad. Una apuesta preliminar, inicial, trabajada con el movimiento feminista, para garantizar un sistema en el que la persona tuviera cubierto el derecho a ser cuidada y quienes realizaran ese trabajo no fueran explotadas. El gobierno no fue revalidado en las elecciones siguientes y el plan se desmanteló.

Fue precisamente una cuestión medioambiental la que condicionó aquellas elecciones: ¿Qué hacer con la basura urbana?

El proyecto puerta a puerta es una forma de gestionar los residuos que vamos a tener que implantar antes o después. Los residuos son un grave problema y la incineración no es la solución sino una muy mala práctica porque contamina con partículas que nos hacen enfermar. Lo llaman incluso valorización energética, pero el movimiento ecologista opina que no es tal. Se queman, entre otras cosas, residuos orgánicos necesarios para nuestros suelos, que tienen en general poco contenido de materia orgánica. Se sabe de sobra que la clave es aplicar en orden las tres conocidas erres: reducir al máximo los residuos generados en origen de fabricación (¡las mandarinas manufacturadas por gajos!), reutilizar (antes devolvíamos las botellas a la tienda y se sigue haciendo en otros países) y reciclar sin trampas.

¿Es significativo que un problema de basuras se convierta en elemento central del juego político?

Es terrible que un proyecto absolutamente racional como separar la basura puerta a puerta se convierta en una tremenda arma arrojadiza y electoral. Una utilización política que no existe en otras partes del Estado (Barcelona, Extremadura, Mallorca, Alicante…) donde se está implantando sin ningún problema. Por supuesto que aquella iniciativa se pudo hacer mejor, pero si no somos capaces de implicarnos en ese tipo de esfuerzos para no respirar polución y no enfermar vamos mal. Parece una tarea terrible separar basuras, o estéticamente horrible tener bolsas en la vía pública, pero el mercado nos tiraniza de mil maneras: tenemos las calles colonizadas por el coche privado o por carteles publicitarios, etc. y ¿eso no nos incomoda? Algún esfuerzo individual habrá que hacer para que el planeta no rebose de mierda.

Parecía que la crisis revisaría esquemas, pero aquí mismo se ha reactivado un arsenal de infraestructuras polémicas: se orilló el superpuerto Jaizkibel, pero continúa la saga del TAV y las novedades son la incineradora de Gipuzkoa, el Metro y la ampliación de la macro superficie Garbera en Donostia…

Globalmente, aprendemos poco y hay un problema de fondo: el crecimiento como creencia sagrada; o la economía crece o nos morimos de hambre. La trampa tras esas grandes infraestructuras es que el momento de maximización del capital, el momento del pelotazo, es la propia construcción, cuando se desvía dinero público a las constructoras. Y así quedan por ahí infraestructuras construidas sin justificación de utilidad, mal o nulamente usadas. Una brutal deriva de dinero público a manos privadas. Todos los casos de corrupción indican que se adjudican obras a cambio de sobres, financiación…

Se suelen justificar esas operaciones bajo la lógica de crear empleo

Es el caramelo, una lógica bien metida en la cabeza de la gente. Si cuentas los puestos de trabajo que se prometen con los TAV y grandes infraestructuras no habría casi paro. Pero el Estado español es un país récord en infraestructuras y en paro. Te venden una incineradora que envenena la vida, una Y griega vasca innecesaria y hasta un metro bajo la playa de una ciudad de escala urbana maravillosa para moverse. Te venden una marcianada como progreso. Esos recursos deberían ir obligadamente a proteger una vida digna para las mayorías sociales.

Y en este panorama, ¿qué aporta el ecofeminismo?

El ecofeminismo es un diálogo entre el ecologismo y el feminismo y vive un buen momento. Somos ecodependientes y sociodependientes. La vida humana en solitario es vulnerable y hay que sostenerla deliberadamente, interactuando sobre una naturaleza limitada. Se sostiene en una lógica social en la que unas personas cuidan a otras, sobre todo en determinados momentos del ciclo vital. El pensamiento ecofeminista es una corriente de pensamiento y un movimiento social que pueden ayudar a hacer una buena deconstrucción del momento que vivimos y esbozar vías de salida que no sean falsas soluciones. Que ataquen a la raíz estructural de un modelo capitalista, colonial, patriarcal, ecocida e injusto.

¿Cuando habla de deconstrucción del modelo económico, significa renunciar en parte al llamado progreso tecnológico y científico?

Hay que darle una vuelta de arriba abajo. Necesitamos mucha y buena ciencia para afrontar los retos que tenemos. El cambio climático, el declive de los minerales, la destrucción generalizada del planeta son resultado del modelo de desarrollo científico y tecnológico utilizado por el capitalismo. No es un problema técnico que resuelvan ingenieros y expertos sino un problema global, político, de redistribución de la riqueza. Como dice Vandana Shiva [filósofa y escritora india], de mal desarrollo. Cuando decimos que debemos renunciar a determinados sectores productivos, que son un problema para la continuidad de la especie en la tierra, contestan que si no crecen la economía y el progreso cómo vamos a vivir. Un planteamiento peligroso: o la economía crece o no hay posibilidad de vida buena. Y para ello, sacrifiquemos hasta la propia vida y la posibilidad de futuro. El FMI dice que el mayor riesgo en España es que se rectifiquen las reformas de los últimos años; que dignificar salarios, pensiones o dependencias pone en riesgo la economía. Si el riesgo para la economía es que la gente más vulnerable viva bien, ¡vaya economía tenemos!

Con la crisis florecieron el 15M, Occupy Wall Street, las primaveras árabes, las Nuit debout parisinas… ¿Qué queda de aquellas movilizaciones?

Queda mucho, aunque en lugares no tan visibles. Viví un ejemplo significativo con el huracán Sandy de Nueva York en 2012, que ya he recordado. En tres días se montó un servicio de voluntariado con unas 60.000 personas y la mayoría venía del movimiento Occupy. Parecía estar larvado, pero seguía vivo, organizado y resultó un organigrama muy útil cuando fue necesario, en una situación catastrófica. Si vamos a los barrios se ve una mayor capacidad de articulación en tejidos que estaban desmembrados, una generación que se politizó entonces, un capital que no se ha perdido. La conformación de Podemos y la materialización del 15M en candidaturas para el cambio están teniendo su recorrido, aunque no hayan cubierto las expectativas que se ponían ellos mismos. El momento de tensiones y rupturas que vivimos tiene mucho que ver con aquel movimiento. Incluso el resurgir de una ultraderecha que trata de organizarse es resultado de este tiempo de fracturas que va a seguir durando porque estamos ante una profunda crisis civilizatoria.

¿Tiene esperanza de ver un proceso colectivo eficaz que nos reajuste a los límites físicos del planeta?

He escogido el Frankenstein de Mary Shelley como mito de rabiosa actualidad para ver qué pesadillas genera el monstruo de la razón cuando se desvincula de la ética, de los afectos y de poner en el centro el bienestar de la gente. Para explicar que o se coloca el amor (no cursi-romántico sino como capacidad de hacerte cargo de los demás, de sentirte vulnerable y saberte necesitada de otras personas) como prioridad al organizar las relaciones sociales, o los sueños de la razón se pueden transformar en situaciones monstruosas destructoras del conjunto de la vida.

 

https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/7k/editions/7k_2019-01-27-06-00/hemeroteca_articles/si-alguien-protagoniza-hoy-una-revolucion-global-es-el-capital-yayo-herrero

Alejandra Pinto: «La anarquía es un suelo fecundo para las mujeres»

Entrevista a Alejandra Pinto, anarcofeminista chilena y coautora con Adriana Palomera, del libro «Mujeres y Prensa Anarquista en Chile [1897-1931]», editado por Ediciones Espíritu Libertario, de Santiago de Chile

¿Como surgió la idea y la motivación de escribir «Mujeres y prensa anarquista en Chile [1897-1931]»?

En realidad, fue poco lo escribimos nosotras, junto a Adriana Palomera. Lo que más hicimos fue transcribir los textos escritos por mujeres en prensa anarquista que encontramos en periódicos microfilmados en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile.

La motivación inicial fue como una especie de conjugación y encuentro entre lo que estaba haciendo Paloma para su tésis de magíster y mis propias ganas de indagar en los archivos. Ella tenía contratada a una amiga en común, Jacquelín Peña, que iba una o dos veces a la semana a revisar periódicos anarquistas de comienzos del siglo XX para extraer de allá la información sobre el anarquismo en la patagonia. Yo supe de su trabajo y me picó el bichito de buscar textos escritos por mujeres, luego Paloma le encargó lo mismo a Jacquelin, así es que como estábamos haciendo las dos lo mismo, decidimos unificar fuerzas y hacer una sola búsqueda. Luego Jacquelin se retiró y quedamos las dos.

¿Además de la Biblioteca Nacional de Santiago del Chile investigaron en otros archivos, por ejemplo, en los archivos personales de compañeros o agrupaciones anarquistas? ¿Fueron muchos años de investigación reuniendo material?

De hecho, los periódicos microfilmados eran todos anarquistas. Por eso los escogimos. Mi socia, Adriana Palomera es del área de la historia por lo que tuvo acceso a la bibliografía pertinente que nos permitió seleccionar los periódicos en los cuales buscar.

Sí había más material de otros escritores ácratas, algunos muy interesantes y con mucha vigencia. Nos demoramos como dos años en juntar el material y luego otros tantos en publicarlo. Llevamos años con este trabajo que fue absolutamente autogestionado y autofinanciado…

¿La presencia de las mujeres en la prensa anarquistas era común, voluminosa, o algo «solitaria» y esporádica?

Podríamos decir que es una presencia que oscila entre lo marginal y lo establecido como norma “correcta”. Encontramos cerca de 70 textos escritos por mujeres en una decena de periódicos en un lapso de tiempo que bordea la treintena. Es decir, si lo analizas en términos de cantidad no es mucho. Pero el anarquismo siempre ha estado “preocupado” por el tema de “la mujer”. También encontramos textos escritos por hombres que tocaban el tema de “la mujer”.

¿Las mujeres escribian sobre cualquier tema, o sobre algo más especifico del «universo» femenino?

La verdad es que las mujeres formaban parte, como tales, de un movimiento político más extenso que era el anarquismo o la lucha social. Ellas eran mujeres, ante todo, pero también eran instigadoras, luchadoras sociales. Su textos son, en su mayoría, arengas para que las mujeres despierten y se incorporen a la lucha social, pero desde una perspectiva femenina. Es en el cruce que se da entre lo femenino y la lucha social desde donde hablan.

Tenemos que pensar que en aquella época, albores del siglo XX, la denominada “cuestión social” en Chile estaba en pleno auge. Es decir las condiciones de vida y de trabajo de miles de chilenos y chilenas eran demasiado precarias. Por eso las mujeres se levantan y critican al capitalismo y nos hablan de cómo las mujeres deben participar y sumarse a la lucha social.

Existen también algunos textos que nos hablan de lo específico de la dominación de la mujer, del yugo del matrimonio, de lo poco libre que es. Estos textos podríamos decir que son más específicamente “feministas”, aunque para las libertarias el feminismo era algo burgués de lo que no se hacían cargo.

¿Algunas de las mujeres investigadas le conmovió en especial?

Me gustó mucho Valentina Franco que es una mujer que escribe desde la Pampa nortina, desde una oficina salitrera. Ella le escribe a una amiga que se va a casar, y en un tono, que yo diría que es muy lésbico, la alerta de todo lo que tendrá que sufrir por casarse y de todo lo que perderá.

Me gustó porque la encuentro avanzada, valiente, pensando en sus condiciones de vida y de encierro ya sean materiales como subjetivas.

¿Encontró alguna cosa curiosa al investigar el libro? ¿Una historia interesante?

Tal vez sea este el momento de mencionar, como cosa curiosa, ciertas dudas que expresan algunas “vacas sagradas” del estudio histórico aquí en Chile. Me han planteado las dudas de que estos textos hayan sido escritos por mujeres. Es decir, se parte de la base de que las mujeres eran incapaces de escribir estos textos, lo que implica, una vez más, un sexismo aberrante. Se duda de la autenticidad de la autoría de estos textos a partir de un prejuicio historiográfico que implica que muchos hombres tomaban pseudónimos de mujer por lo que es muy probable que muchos de nuestros textos no sean escritos por mujeres.

Nosotras encaramos ese prejuicio y aclaramos en la introducción que, aun cuando no hubieran sido escritos por mujeres, encarnan una subjetividad de lo “femenino”. Pero creemos, vehementemente, que estos textos son en su mayoría de mujeres, porque las mujeres siempre hemos estado en las luchas sociales. Hay que recordad la revolución francesa donde las mujeres eran sus principales agitadoras y que luego, al triunfo de la revolución, se les quitó la categoría de ciudadanas por el temor que les inspiraba a los hombres esta presencia femenina.

¿En la época investigada hubo alguna publicación que se haya destacado por haber sido hecha «sólo» por mujeres?

Aquí en Chile no encontramos nada de ese caríz. Pero sabemos que sí hubo periódicos de esa índole en Argentina. Puede que en Chile existieran periódicos hechos sólo por mujeres pero no eran necesariametne anarquistas.

¿En sus investigaciones, además de mujeres escritoras anarquistas, encontró mujeres dibujantes, ilustradoras de la prensa anarquista?

«Dibujantes»? No, no encontramos a nadie que fuera ilustradora. Por el momento, al menos, creo que no se nos había ni ocurrido.

¿Ustedes continuarán con esas investigaciones, abarcando otras décadas? ¿Algún otro libro en proyectos?

Mi socia tiene más visión proyectiva que yo, yo soy más “presentista”, por vivir el presente. Y ella ya está pensando en seguir con otras líneas de investigación que ya veremos si llegan a término.

¿Es posible observar muchas diferencias entre la mujer anarquista de aquella época y las del presente?

Yo diría que, si es que se pudiera hablar de un anarcofeminismo temprano, estamos, más o menos, en las mismas condiciones. Una especificidad femenina que puede llegar al deseo de una organización exclusiva de mujeres, como serán Mujeres Libres de España o posteriormente en los setenta los grupos tras la huella de Peggy Kornegger, cruzado con la “garra” libertaria o ácrata. Es decir la anarquía es un suelo fecundo para las mujeres, porque permite hablar de una dominación que afecta especialmente a las mujeres, pero no exclusivamente a ellas. Permite hablar de que la dominación tiene que ver con el patriarcado y con el capitalismo, en un mismo nivel. No como pensaban las marxistas que una vez solucionado el problema de la “clase” se terminaba el problema de la dominación.

Pienso que tal vez una diferencia importante es los pocos espacios que tenían las mujeres de esa época, en comparación a los espacios que tenemos ahora. Pero somos, básicamente, las mismas mujeres, con sensibilidades similares, con inquietudes similares, que antes y ahora estamos presente en las luchas sociales. Aunque haya cambiado algo el escenario.

No hice una investigación exhaustiva, pero tengo la sensación de que la presencia de las mujeres en la prensa anarquista actual, en muchos lugares no es muy diferente de la que ocupaban en tiempos pasados. O sea, ocupa un espacio limitado con respecto a los hombres; son los hombres los que escriben, dibujan… Por otro lado, también observo que en la prensa «anarquista verde», esa diferencia no es tan marcada, la participación de las mujeres es mucho más efectiva, ellas se expresan más… ¿Enfin, sabría explicar porqué sucede así?

Tengo la impresión de que en el “anarquismo” en general, se produce poco texto escrito, a no ser honrosas excepciones como son Hernún en Argentina, Tierra y Libertad, El Libertario, lo que publica la Fundación Anselmo Lorenzo, etc. Pero se repite el mismo cánon, la poca producción directa de mujeres.

En torno a este tema de las libertarias de inicios del siglo veinte, hay varias mujeres en países como Argentina o EE.UU. que han realizado trabajos de investigación en este ámbito.

Pienso que las mujeres escribimos menos, en general, porque, tal vez, estemos más en el mundo de la vida. Preocupadas del transcurrir diario, pienso y tal vez sea un prejuicio. Pero también noto que en el mundo feminista esto no es tan así, hay muchas mujeres escribiendo en el ámbito amplio del feminismo y, por otro lado, el anarcofeminismo está agarrando cada vez más vuelo, por lo menos aquí en Chile.

No sé a qué te refieres con “anarquismo verde”, ¿al ecológico? Si es así no tengo mucha información sobre ello.

Sí, yo me refiero a la ecología en una perspectiva radical, libertaria… Pero, cuéntenos un poco acerca de esos «vuelos» del anarcofeminismo en Chile. ¿Qué destacaría?

No conozco lo del anarquismo verde. Aquí en Chile, logramos, de forma incipiente, generar una especie de coordinación entre mujeres y grupos anarcofeministas. A partir de esta plataforma fuimos organizadas a la marcha del 8 de marzo donde el gobierno quería dar una imagen de que «las mujeres» habían llegado al poder. Nosotras convocamos a una «antimarcha» para desvelar que «la liberación de la mujer no tiene candidat@s», es decir, no es llegando al «poder» como nos liberamos hombres y mujeres.

Hicimos una especie de performance donde nos disfrazamos representando a cada uno de los poderes del Estado que encadenaban a una niña. Estuvo muy bueno. De ahí no nos hemos coordinado más pero las ganas están.

Una curiosidad. ¿El material histórico del movimiento anarquista chileno, periódicos, revistas, folhetos etc., están bien conservados?

El material microfilmado está en buenas condiciones y me parece que es bastante y, lo mejor o más importante, que el acceso a él es libre, es decir, no tienes que acreditar ser investigador como en otras bibliotecas dle mundo. Hay que aclarar, sin embargo, que este material que se encuentra microfilmado es de fines del siglo XIX y principios del XX, después no sé si se pueda encontrar más material de otras décadas, no soy experta en este tema.

Para finalizar, un mensaje a nuestros lectores, dirigido en especial a las mujeres anarquistas, libertarias, rebeldes, brujas…[risas] Gracias!

No sé, Moésio, el momento histórico que nos toca vivir es complejo, para hombres y mujeres. Estamos en la bisagra de un nuevo milenio y ya los roles del siglo pasado se notan como patrones cansados, pero, por otro lado es difícil inventar cosas nuevas. Creo que en eso estamos. Creo que en relación al tema de género [hombres/mujeres] estamos pasando por un momento de crísis y de renovación. Siento que van cayendo algunas opresiones, pero siempre desde una perspectiva individual.

Pienso en las altas cifras de la violencia en contra de las mujeres, en países como España, por ejemplo, y una se alarma con tanta muerte anual por la violencia de género. Pero creo que no podemos dejar de mirar al agresor, también, en este caso al hombre. Creo que “los hombres” también están pasando por una crísis donde tal vez este recurso de la violencia sea una forma de ahuyentar los fantasmas de la pérdida del poder.

Si pudiera enviar algún mensaje sería tanto para nuestras compañeras como para nuestros compañeros: a superar la dominación sexista, la dominación capitalista, la dominación en todo sentido, a superar el Poder.

Alejandra Pinto: mujerescreativas@yahoo.com
www.nodo50.org/mujerescreativas

Verónica Gago: “Enfrentamos una contraofensiva religiosa y económica”

Verónica Gago, doctora en Ciencias Sociales e integrante del colectivo Ni Una Menos, analiza el 2018 y lo que dejó: el avance de la lucha de las mujeres, la organización y reorganización del movimiento feminista, el debate por el aborto legal y la calle como lugar de encuentro. ¿Cómo sigue 2019?.

Sin dudas 2018 estuvo atravesado por la lucha de mujeres: el paro del 8 de marzo, los debates y la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, el 33 Encuentro Plurinacional de Mujeres y las diversas marchas en contra de la justicia patriarcal. Organización y reorganización de un movimiento que no deja de crecer.

Verónica Gago es doctora en Ciencias Sociales, investigadora e integrante del colectivo Ni Una Menos (NUM). En diciembre, editaron de manera autogestiva los manifiestos y documentos producidos durante todo 2018 y publicados en redes y medios de la Argentina.

En esta entrevista, analiza los aspectos positivos de la lucha feminista durante el  año que pasó, el aborto como bisagra de la ocupación de los espacios públicos y las asambleas, como método para la discusión política y el armado.

¿Qué análisis podes hacer sobre el año que pasó en relación al movimiento de mujeres?

Mirando en retrospectiva sentimos el vértigo de todo lo que pasó en un solo año. Iniciamos con las asambleas multitudinarias para el paro nacional. Que se triplicaron en relación a 2017. El paro y la movilización del 8 de marzo fueron enormes y vimos su fuerza tanto por lo que sentimos estando en la calle como el tipo de reacción que tuvo el Gobierno ante esa  masividad y radicalidad que yo insisto son dos características que vienen unidas en este movimiento y que le da una singularidad particular a los feminismos que estamos construyendo. Creo que el tipo de enhebrado, de trama, que se construyó en todo lo que fue la marea verde, en muy pocos meses, es otro de los puntos que hay que remarcar como ganancia.

¿Consideras que el debate por el aborto significó un punto de inflexión?

-El nivel de porosidad, de apertura, de profundización y de radicalidad que asumió la discusión sobre el aborto fue la capacidad de convertir la escena parlamentaria en un debate público por el que pasaron más de ochocientas voces. Los pañuelazos y las distintas discusiones atravesaron las familias, las casas. Fue un fenómeno federal y que vimos rápidamente convertirse en un fenómeno internacional. Pudimos ver la dimensión de la masividad, de la radicalidad y le agregaría la dimensión internacionalista de las iniciativas feministas. Creo que eso es una fuerza que hemos logrado acumular que la vemos ponerse en movimiento con distintos hechos y distintos episodios y es fundamental.

¿Cómo evalúas esa masividad del 8 de agosto? ¿Qué aportó?

-Creo que el 8A ha sido un momento de furia y de euforia. La euforia de lo que logramos movilizar, de lo que sentimos, de la energía desplegada de la manera en que logramos discutir las condiciones del aborto, conectarlas con las condiciones de precarización de vida, con la discusión clasista de quiénes son las que abortan en las condiciones más riesgosas. Cómo logramos desarmar esa idea y el lugar que se quiso imponer diciendo que era una demanda de la clase media, fueron batallas muy importantes. Lo que hizo el senado fue justamente abroquelarse en términos de poder político y de quienes se auto atribuyen la prerrogativa de la ley para decir hasta acá llegamos.

¿Crees que se trató de una derrota que no se aprobara la ley por el aborto legal, seguro y gratuito?

-El desprecio a esa movilización tan masiva y el cierre de lo que se supone es una institución democrática fue muy duro y brutal y creo que nos generó un nivel de decepción y frustración muy grande pero yo no logro leerlo como una derrota. Sí creo que nos dejó muy agotadas, con necesidad de pensarnos y de revaluar y sentimos inmediatamente la contraofensiva que se vino después a nivel de la militarización, de ataques a compañeras que iban a abortar, a nivel de empobrecimiento y financiarización de las economías domésticas que está siendo brutal y las contraofensivas religiosas, en lo que se podría decir una cruzada realmente contra el poder de las mujeres de decisión sobre su propio cuerpo y sobre los cuerpos gestantes.

¿Cómo fueron pensadas desde Ni Una Menos las movilizaciones luego del 8A?

-Un momento de elaboración muy importante fue en Trelew, en el Encuentro Plurinacional de Mujeres. Me parece que ha sido un primer lugar donde pudimos reponernos, repensar, y entender qué era lo que nos habían dicho en el Senado y también seguir imaginando y conspirando cómo continuar.

Las asambleas fueron y son un dispositivo fundamental del hacer política feminista. De todas maneras, es un desafío reinventarlas cada vez. No reutilizarlas, burocratizarlas, ni convertirlas en una escena vacía. Hay una apuesta muy fuerte porque entendemos que son los lugares de colaboración colectiva, en los que pensamos juntas y hacemos un diagnóstico feminista de lo que nos va sucediendo y del tipo de horizonte que nos queremos dar.

 

Fuente: Canal Abierto | www.canalabierto.com.ar