Releyendo las reflexiones de un maestro sobre su propio maestro: Giuseppe Prestipino repiensa a Lukács

Por Antonino Infranca

A pocos meses del fallecimiento de Prestipino, un pequeño libro –Su Lukács. Frammenti di un discorsoetico-politico (Sobre Lukács. Fragmentos de un discurso ético-político) – llama nuestra atención sobre el análisis que el filósofo italiano dedicó a Lukács; ante todo, a un aspecto central del último Lukács: la ética. Como se sabe, Lukács, en sus últimos años de vida, aproximadamente durante sus últimos veinte años, se dedicó a la construcción de un verdadero sistema filosófico. Primero, la Estética, a la que debía seguir una Ética. Después de haber concluido la Estética –al menos, en la forma monumental en que la conocemos, de unas 1600 páginas, en vista de que la intención de Lukács era escribir un segundo volumen–, el filósofo húngaro se disponía a escribir una Ética, pero se dio cuenta de que debía definir, en primer lugar, el sujeto de esta ética y, por ende, comenzó a escribir la Ontología del ser social. Se encontraba recién terminada esta obra, junto con su versión más breve y ágil, los Prolegómenos a la ontología del ser social, cuando la muerte puso fin a la obra sistemática de Lukács. De la Ética permanecen algunos apuntes de los que es posible, con alguna dificultad, extraer algunos conceptos.

Prestipino, sin embargo, consiguió, sobre todo en los años finales del siglo pasado, rastrear algunos conceptos de naturaleza ético-política en Lukács; y La Porta, el editor del libro, logró sintetizar esta investigación en las páginas de este opúsculo; sobre todo, consiguió sintetizar la actitud de Lukács frente a la gran cuestión de la democracia: “La democracia es, para Lukács, ser con el otro, o ser entre los otros” (p. 12).Puede verse que lademocracia, categoría de la política, tiene un contenido ético, una apertura al Otro y una convivencia con los otros, de modo que el individuo es un ser-en-común con los otros; el individuo es, en el fondo, una comunidad de acciones recíprocas. Hay que tener presente que en alemán –la lengua en la que escribía Lukács– “comunidad” es Gemeinschaft, que significa también “acción recíproca”. Personalmente, siempre he leído la Ontología de Lukács como una teoría del individuum, es decir, de un ser no dividido entre una singularidad y una colectividad, entre un hombre y la comunidad en la que él vive. Encuentro, pues, en Prestipino una lectura muy similar a la mía, como es obvio tratándose marxistas como nosotros.

Este individuo, este ser social, es “una posibilidad aún no realizada” (p. 24); para emplear términos de Bloch –otro filósofo marxista muy caro a Prestipino–: es un todavía-no-ser. Lo que impide la realización de esta posibilidad es la alienación que domina al mundo contemporáneo –añado– en todos los sistemas de producción de la riqueza y en toda la sociedad existente, de modo que la alienación es hoy el verdadero elemento globalizador. Prestipino sostiene que “el concepto de alienación […] sustituye la noción de explotación” (p. 43); creo que la alienación es un instrumento más refinado para completar la acción de la explotación y, en este sentido, utilizo la concepción de “cosificación” que Lukács empleó en Historia y conciencia de clase, su primera obra maestra marxista. En la Ontología del ser social, la alienación retorna como un fenómeno extendido a la íntegra esfera del ser social, como dije más arriba; puede ser considerada un fenómeno global, el fenómeno característico de nuestra época. La característica epocal, que Prestipino revisa, es que la alienación es una forma de desarraigar al individuo del género humano para recluirlo en la propia particularidad, para hacer de él un átomo separado de la acción recíproca, de la comunidad con los otros. Hablo de desarraigo porque la reclusión en la particularidad es también una aniquilación de las relaciones con la tradición, con la historia, que forman la particularidad del ser social de todo ser humano. El individuo particular de hoy puede encontrar una nueva identidad en las relaciones naturales con los otros –como por ejemplo en el sexo, la etnia, la generación (cf. p. 45), que son formas de comunidad rudas y ancestrales–; relaciones naturalesque debe superar para tener una vida llena de sentido. La revuelta contra estas barreras naturales, es decir: el feminismo, el movimiento LGBT, el Black LivesMatter o la revolución blanca –que parece ser el movimiento de emancipación de los ancianos, de los que no se habla en un continente anciano como el europeo, pero es de actualidad en América Latina, un continente joven– son la manifestación actual de la lucha contra las “barreras naturales” a las que hacía referencia Prestipino.

Nos encontramos hoy en el umbral temporal de un cambio de época. La situación de alienación / explotación a la que está sometida genéricamente la humanidad no puede durar eternamente; ha nacido con la subsunción del trabajo al capital y con “el condicionamiento fundamental ejercido sobre la producción por parte de la racionalidad” (p. 24). La extrema racionalización vuelve imposible una vida humana en estas condiciones de alienación y explotación, que ha devenido también en explotación ambiental, con el riesgo del fin de la propia vida biológica del ser social. El marxismo puede presentarse como una nueva filosofía de la historia que indaga las posibilidades futuras –el todavía-no-ser de Bloch, en vista de que este pertenece a la genericidad del ser social (cf. p. 51)–. No deben construirse posibilidades futuras a partir de la nada, sino que hay que extraerlas del ser social, donde permanecen ocultas y oprimidas por la alienación. Son potentiae –en términos de Spinoza– que pueden pasar in actum a consecuencia de una acción de liberación de la verdadera y auténtica esencia humana. Pero, entiéndase bien, esta liberación es, en primer lugar, un acto de elección: en la naturaleza humana no es posible elegir por la propia particularidad, por el gesto perverso hacia el otro ser humano, sino que es posible elegir por el acto solidario, fraterno hacia el otro ser social, superando obviamente las barreras naturales a las que hacíamos referencia anteriormente. Es una elección por la vida del otro, como si se tratara de la propia. Es posible elegir la relación recíproca, la comunidad, y es esta la elección por el crecimiento del ser humano, por el crecimiento de la humanidad. Esta es la sustancia del discurso de Prestipino, que he profundizado, evidentemente, en dirección a una filosofía de la liberación, algo que no era de hecho ajeno al filósofo siciliano.

Prestipino no avala in toto las posiciones de Lukács, pero retoma algunas de las características acusaciones dirigidas a Lukács por sus críticos; ante todo, su incomprensión hacia la vanguardia. Lukács, no entendiendo las nuevas orientaciones de la ciencia contemporánea, “no comprende que la vanguardia artística y literaria perseguía quizás un ‘realismo’ más adecuado a los desarrollos experimentales de nuestro siglo en el saber en general y en el conocimiento científico en particular. Combate a los exponentes de las vanguardias porque, a su juicio, su ‘angustia en cuanto afecto dominante’, lejos de testimoniar, con instrumentos nuevos del conocimiento, el ‘caos’ reinante en la sociedad contemporánea, sería solo la ‘expresión emotiva’ de una ‘incapacidad para vislumbrar las leyes y la dirección de la evolución social’ subyacentes al presunto ‘caos’” (p. 59). El lector de las “páginas lukácsianas” sabe que el juicio de Lukács sobre al menos dos de los mayores exponentes de la vanguardia del siglo XX, Kafka y Brecht, no era tan negativo. En Brecht reconoce Lukács, en el discurso fúnebre dedicado al dramaturgo alemán,[1] reconoce el gran mérito de haber causado una crisis en la conciencia contemporánea y, por ende, aquel afecto dominante, aquella angustia, tuvo un efecto de estímulo hacia la liberación respecto de la alienación. En el caso de Kafka, en una carta privada al filósofo Konder, Lukács reconoce haberse equivocado en su propio juicio negativo.[2]

A mi juicio, Prestipino no se circunscribió al término “realismo”. Lukács entendía que el realismo de las vanguardias, aunque adecuado a la época en que vivieron los artistas, no consiguió sumergirse en profundidad en la indagación de lo típico de la época y de la sociedad capitalista, el blanco polémico común a la vanguardia y a Lukács. En la práctica, este objetaba a las vanguardias su falta de tipicidad, es decir: la inaptitud para representar los elementos típicos de la época de un modo que no sea superficial e inesencial. Pero Lukács reconocía, en un autor de la misma época como lo fue Thomas Mann, esta capacidad para sumergirse en profundidad en la representación de los temas de la época. Por ejemplo, en la novela DoktorFaustus, el escritor alemán trata temas vanguardistas, pero simultáneamente representa la alienación dominante en la sociedad alemana entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. En efecto, en Thomas Mann, como auténtico realista, lo real es la esencia típica, síntesis de singularidad y universalidad (cf. p. 75); no, por cierto, una singularidad que expresa sensiblemente una realidad solo individual, no reconocible para los otros.

La crítica a la incomprensión de las vanguardias antecede a una revisión de las típicas acusaciones de stalinismo dirigidas contra Lukács:

Me parece que el peculiar “infortunio” de Lukács se deriva del hecho de que solo él, entre los grandes de la cultura occidental, hizo elogios de Stalin y era, a la vez, un “inactual” pensador hegeliano-marxista […]; fue obsequioso con el stalinismo y, a la vez, tenaz adversario del “irracionalismo” […]; fue “stalinista” y, a la vez, antimodernista en el terreno estético-artístico […]; finalmente, ningún otro gran intelectual estuvo tan condicionado como él, en la vida y en el pensamiento, por la disciplina partidaria (p. 71).

Puede notarse que el tono de estos enunciados es irónico; Prestipino no parece convencido de que Lukács haya sido de hecho un stalinista efectivo, aunque cree que algunas de sus actitudes y tomas de posición teóricas no hayan estado suficientemente alejadas de las concepciones stalinistas. En suma, Prestipino reconoce que Lukács ha sido, para muchos críticos suyos, “un chivo expiatorio para las numerosas cabezas que había que cortar conjuntamente” (p. 72). Personalmente, no creo en el stalinismo de Lukács, aunque reconozco que ha sido en muchas ocasiones víctima del stalinismo: fue arrestado por la policía stalinista en julio de 1941 y liberado merced a la intervención del líder de la Tercera Internacional Dimitrov, tan solo a causa de relaciones personales; fue expulsado de la Universidad de Budapest en 1949 por sus posiciones no ortodoxas; fue deportado a Rumania, en cuanto miembro del gobierno revolucionario de Nagy, en 1957. Fue miembro durante pocos años del Partido Comunista Húngaro porque sus posiciones no eran ortodoxas; esto es, Lukács no era en absoluto fiel a las posiciones de dicho partido, sobre todo en las concepciones teóricas: si el stalinismo exaltaba el realismo socialista, Lukács exaltaba el realismo burgués; si el stalinismo sostenía que no había ninguna relación entre el pensamiento hegeliano y Marx, Lukács escribe un libro sobre el joven Hegel, en el que pone de relieve filológicamente las deudas de Marx con Hegel; si el stalinismo condenaba el idealismo, Lukács condenaba el irracionalismo. Son todas diferencias entre el stalinismo y el pensamiento lukácsiano. ¿Y las citas “laudatorias” de Stalin? En todos sus escritos autobiográficos, Lukács reconoció siempre que las citas eran el instrumento para evadir el control de la censura stalinista y publicar ensayos que no estaban en línea con las directivas del partido. Se trata de acrobacias intelectuales, pero los tiempos y lugares en que vivió Lukács no permitían una lucha abierta contra el régimen stalinista; Prestipino reconoce que el stalinismo no permitía mediaciones (cf. p. 69). Sin embargo, habría podido tener presentes estos hechos.

Permanece, no obstante, el reconocimiento, por parte de Prestipino, de su deuda con Lukács: “¡El comunismo es una decisión, es una voluntad racional que debe afirmarse sin certezas preliminares!” (p. 96). Prestipino y Lukács han permanecido como dos intelectuales orgánicos que hicieron esa elección; una elección que es ante todo ética. Alguien definió a Lukács como un “hombre bueno”; lo mismo puede decirse de Prestipino. Lukács se arriesgó a pagar muy caro esta elección; Prestipino, que vivió una generación después del filósofo húngaro, y en Italia, un país democrático, no pagó nada por su elección, pero al menos supo reconocer que Lukács era un punto de referencia teórica imprescindible para quienes quieran hacer esa elección.

 


· “Rileggendo le riflessioni di un maestro sul proprio maestro. Giuseppe Prestipinoripensa Lukács”. Trad. del italiano de Miguel Vedda.

··Antonino Infranca es filósofo, italiano. Doctor en Filosofía por la Academia Húngara de Ciencias y por la Univ. de Buenos Aires. Realizó investigaciones en el Archivo Lukács, de Budapest. En 1989, recibió el Premio Lukács. Es autor, entre otros libros, de Tecnécrates (1998; Herramienta, 2004), El otro occidente (2000; trad. al francés: 2004), Trabajo, individuo, historia. El concepto de trabajo en Lukács (Herramienta, 2005), Los filósofos y las mujeres (2006) y Apocalisse. L’inizio e la fine dellamodernità (2021). Coeditor de G. Lukács Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía (Herramienta, 2003), G. Lukács, Ontología del ser social: El trabajo (Herramienta, 2004) y G. Lukács, Táctica y Ética. Escritos políticos (1919-1929) (Herramienta, 2014) y de numerosas ediciones en italiano. Ha publicado numerosos artículos sobre Lukács, Bloch, Gramsci, Kerényi, Croce, Heidegger; ha traducido al italiano los ensayos de Dussel sobre Marx. Es miembro del Consejo Asesor de Herramienta.

[1] Cf. mi traducción al italiano en: https://filosofiainmovimento.it/elogio-funebre-a-bertolt-brecht-di-gyorgy-lukacs/

[2] Cf. mi traducción al italiano en:https://filosofiainmovimento.it/lettere-di-g-lukacs-a-due-filosofi-brasiliani/

Thomas Piketty y Karl Marx, dos visiones totalmente diferentes del capital

Por Eric Toussaint

En su libro El capital en el siglo XXI [1] Thomas Piketty [2] hace una precisa recopilación de datos y un trabajo útil con su análisis de la distribución desigual de la riqueza y la renta, pero es importante destacar que algunas de sus definiciones son confusas y cuestionables. Tomemos la definición de capital propuesta por Thomas Piketty: «En todas las civilizaciones el capital cumple dos grandes funciones económicas: sirve, por una parte, para alojarse (es decir, para producir “servicios de vivienda”, cuyo valor calculado a partir del arrendamiento de las habitaciones consiste en el bienestar de dormir y vivir bajo un techo en lugar de a la intemperie) y, por la otra, como factor de producción para elaborar otros bienes y servicios…»

Aquí nos sumerge Piketty en una historia fantasiosa de la humanidad en la que el capital ha estado presente desde el principio

Y continúa: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen referirse tanto a las herramientas (pedernal, etc.) como a los acondicionamientos agrícolas (cercas, irrigación, drenaje, etc.) y a los alojamientos rudimentarios (grutas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional, y a locales de vivienda siempre más elaborados”. Aquí nos vemos sumergidos por Piketty en una historia fantasiosa de la humanidad en la que el capital ha estado presente desde los orígenes y en la que las rentas de una cuenta de ahorros de un jubilado pobre se equiparan con los ingresos del capital.

El capital según Thomas Piketty

Esta gran confusión encuentra su extensión en el análisis presente en el corazón de su libro El capitalismo en el siglo XXI. Para Thomas Piketty, un apartamento de un valor de 80.000 € o un depósito de 2.000 € en una cuenta postal [3] constituyen un capital, de la misma forma que una fábrica o un edificio comercial de 125 millones de €. Evidentemente, en el día a día muchas personas de todo el mundo consideran que tienen un capital en forma de piso valorado en 80.000 €, al que se suma un seguro de vida de 10.000 € y tal vez 2.000 € en una cuenta postal. Por lo tanto, estarán totalmente de acuerdo con la definición dada por Piketty, los libros de texto de economía tradicional y su banquero. Pero se equivocan porque en la sociedad capitalista el capital es una relación social que permite a una minoría enriquecerse apropiándose del trabajo de otros (ver más abajo).

En la sociedad capitalista, el capital es una relación social que permite a una minoría enriquecerse apropiándose del trabajo de otros

Ahora bien, cuando Piketty habla de un impuesto progresivo sobre el capital, tiene en cuenta todos los patrimonios privados, ya sean 1.000 € en una cuenta bancaria o la fortuna de Lakshmi Mittal, Jeff Bezos, Bill Gates o Elon Musk.

La confusión continúa cuando se trata de rentas: la renta obtenida de alquilar un apartamento modesto o la que un jubilado gana de su cuenta en el banco son consideradas por Piketty como ingresos de capital al mismo título que los ingresos que extrae de Facebook su jefe Mark Zuckerberg.

Si pasamos a los salarios, Thomas Piketty considera que todos los ingresos declarados como salarios son salarios, ya sean los de un director general de un banco que percibe un «salario» de 3 millones de euros anuales (en este caso, esta suma es en realidad una renta del capital y no un salario propiamente dicho [4]) o los de un empleado bancario que percibe 30.000 € al año.

El capital según Karl Marx

Es conveniente cuestionar el significado que Piketty atribuye a palabras como «capital» y definir de otra manera qué se entiende por rentas del capital o rentas del trabajo. Piketty presenta el capital como algo que existe en todas las civilizaciones y que siempre tiene que existir. En esto, se inscribe en la continuidad de la economía política del siglo XVIII y principios del XIX, la que encontramos en un autor como Adam Smith en particular, antes de que Karl Marx arrojara luz sobre lo que es, realmente, el Capital (y el salario) y que desarrollara una crítica de la economía política de su tiempo.

Es conveniente cuestionar el significado atribuido por Piketty a palabras como «capital»

Karl Marx ironiza a propósito de los autores de su tiempo que vieron en las primeras herramientas de pedernal, el origen del capital o que simplemente lo vieron como capital. Esto es lo que escribe: “Probablemente por eso, mediante un proceso de “alta” lógica, el Coronel Torrens descubrió en la piedra del salvaje, el origen del capital. “En la primera piedra que lanza el salvaje al animal que persigue, en el primer palo que agarra para cortar la fruta que no puede alcanzar con la mano, vemos la apropiación de un artículo con el objetivo de adquirir otro, y descubrimos así el origen del capital. «(R. Torrens: Ensayo sobre la producción de riqueza, etc. p. 79.)». Marx añade sin rodeos y sin creer una palabra: «Con toda probabilidad, aquel primer palo [S/ocí], [stock en alemán], explica por qué en inglés stock es sinónimo de capital» [5].

Karl Marx en su obra El Capital afirma: “los medios de producción y de subsistencia, en cuanto propiedad del productor directo, no son capital. Sólo se convierten en capital cuando están sometidos a condiciones bajo las cuales sirven, a la vez, como medios de explotación y de sojuzgamiento del obrero” [6] . Karl Marx explica que un artesano que posee sus herramientas y trabaja para sí mismo no tiene capital y no recibe un salario. Durante los siglos que precedieron a la victoria de la clase capitalista sobre el antiguo orden, la abrumadora mayoría de las y los productores trabajaron por su cuenta, ya fuera en la ciudad o en el campo: los artesanos organizados en corporaciones o las familias campesinas constituían la mayor parte de las y los productores, poseían su herramienta de producción y en el campo la mayoría de las familias campesinas poseían tierras y, además, podían utilizar los bienes comunales para alimentar parcialmente al ganado o para recoger madera para hacer fuego.

Karl Marx explica que un artesano que posee sus herramientas y trabaja para sí mismo no tiene capital

Entre finales del siglo XV y finales del siglo XVIII en Europa Occidental, la clase capitalista en desarrollo tuvo que obtener el apoyo del Estado para despojar a esta masa de productores de sus herramientas y / o de sus tierras [7] Y para forzarles a aceptar ser asalariadas y asalariados para sobrevivir. La clase capitalista empobreció y desposeyó a las clases populares para obligarlas a aceptar la condición de asalariados y asalariadas. El proceso no se desarrolló de forma natural. Karl Marx analizó de manera detallada y rigurosa los métodos de la acumulación primitiva de capital. En el libro 1 de El Capital, pasa revista a todos los métodos utilizados para despojar a las y los productores de sus medios de producción y, por tanto, de sus medios de subsistencia. [8]

La clase capitalista ha empobrecido y desposeído a las clases populares para obligarlas a aceptar la condición de asalariadas y asalariados

Karl Marx extrae de un libro publicado por Edward Gibbon Wakefield (20 de marzo de 1796 – 16 de mayo de 1862) una anécdota que ilustra su planteamiento: “Mister Peel, nos dice en un tono lamentable, se llevó consigo de Inglaterra a Swan River, Nueva Holanda, provisiones y medios de producción por valor de cincuenta mil libras esterlinas. Mister Peel también tuvo la previsión de llevarse a trescientas personas de la clase trabajadora, hombres, mujeres y niños. Una vez en su destino, “el señor Peel se quedó sin un sirviente que le hiciera la cama o le sacara agua del río« [9]. [10] Karl Marx comenta con ironía: “¡El infortunado Peel que tenía todo planeado! Solo se había olvidado de exportar las relaciones de producción inglesas al río Swan». En efecto, en Australia, donde se encontraba Nueva Holanda, había una gran cantidad de tierra disponible y las y los trabajadores pudieron encontrar un terreno y establecerse por su cuenta. Karl Marx, a través del comentario sobre este fiasco del capitalista Peel, quiere mostrar que mientras las y los productores tengan acceso a los medios de subsistencia, en este caso a la tierra, no están obligados a aceptar ponerse al servicio de un capitalista [11].

Karl Marx concluye “cuando el trabajador puede acumular para sí mismo, y lo puede hacer mientras siga siendo el propietario de sus medios de producción, la acumulación y la producción capitalistas son imposibles. Les falta la clase asalariada, de la que no pueden prescindir. «(…)»La primera condición de la producción capitalista es que la propiedad de la tierra ya esté arrebatada de las manos de las masas».

Añade: “el modo capitalista de producción y acumulación, y por tanto la propiedad privada capitalista, presupone la aniquilación de la propiedad privada basada en el trabajo personal; su base es la expropiación del trabajador».

Karl Marx escribe: “La posesión de dinero, de subsistencia, de máquinas y de otros medios de producción no hace en absoluto a un hombre un capitalista, a menos que exista un cierto complemento, que es el asalariado, otro hombre, en una palabra, obligado a venderse voluntariamente».

La propiedad privada capitalista presupone la aniquilación de la propiedad privada basada en el trabajo personal; su base es la expropiación del trabajador

Precisemos también que Karl Marx, en la misma sección de El Capital dedicada a la Acumulación Primitiva, denunció con la mayor fuerza el exterminio o el sometimiento por la fuerza bruta de las poblaciones indígenas de América del Norte y otras regiones víctimas de la dominación colonial y la primitiva acumulación de capital: «El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria.” [12].

Las consecuencias de la definición de capital según Thomas Piketty

Volviendo al libro de Piketty, la definición que se da en él de capital introduce una completa confusión. Volvamos a su definición: «En todas las civilizaciones, el capital cumple dos funciones económicas importantes: por un lado para la vivienda (…), y por otro lado, como factor de producción para producir otros bienes y servicios. .». Entonces, para Piketty, el capital ha existido en todas las civilizaciones, se remonta a la prehistoria escribiendo: “Históricamente, las primeras formas de acumulación capitalista parecen referirse tanto a las herramientas (pedernal, etc.) como a los acondicionamientos agrícolas (cercas, irrigación, drenaje, etc.) y a los alojamientos rudimentarios (grutas, tiendas, cabañas, etc.), antes de pasar a formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional, y a locales de vivienda siempre más elaborados”. Para Piketty, una herramienta prehistórica de sílex, una cueva, una planta de ensamblaje de computadoras son capitales. De creer a Piketty, la acumulación «capitalísta»se remonta incluso a la recolección de varios pedernales tallados.

Según Piketty, «Históricamente, las primeras formas de acumulación de capital parecen involucrar tanto herramientas (pedernal, etc.) (…) como viviendas básicas (cuevas, tiendas de campaña, chozas, etc.)»

Esta descripción no permite en absoluto comprender la especificidad histórica del capital, su génesis, la forma en que se reproduce, en que se acumula, a qué clase pertenece, a qué relaciones sociales y a qué relaciones de propiedad corresponde. La lista de ejemplos de capitales que presenta Thomas Piketty parece un catálogo de Lidl o Carrefour, es en cierto modo un inventario al estilo Prévert, hay un poco de todo y no falta prácticamente nada de nada [13] .

Hablando de acumulación capitalista hoy, Piketty enfatiza casi exclusivamente el papel de la política sucesoria y tributaria favorable a las y los capitalistas, pero en realidad estos factores, que juegan un papel no despreciable en la transmisión y fortalecimiento del capital, no lo crean. Históricamente, para que el capital del capitalista iniciara un enorme proceso de acumulación, era necesario despojar por la fuerza a las y los productores de sus herramientas así como de sus medios de subsistencia y ha sido necesario explotar su fuerza de trabajo. La acumulación de capital que continúa hoy presupone la prosecución de la explotación de las y los trabajadores y de la Naturaleza. El capital no juega en absoluto un papel útil para la sociedad, por el contrario, la prosecución de su acumulación y su actividad es literalmente mortífera. Ignorando esto, Piketty puede escribir: “A partir del momento en que el capital juega un papel útil en el proceso de producción, es natural que tenga un rendimiento» [14].

La confusión que mantiene Piketty sin duda hay que ponerla en relación con sus convicciones: “No me interesa denunciar las desigualdades o el capitalismo como tal, (…) las desigualdades sociales no plantean un problema en sí mismas, por poco que estén justificadas, es decir en base a la utilidad común (…) ” [15] .

Mi crítica de las definiciones dadas por Thomas Piketty no quita el interés del cuadro monumental que pinta sobre la evolución de las desigualdades en términos de riqueza e ingresos durante los dos últimos siglos. Y, dejando a un lado los innegables desacuerdos fundamentales sobre la noción de capital, es importante buscar reunir, para lograr una reforma tributaria antineoliberal, una amplia gama de movimientos e individuos que van desde Thomas Piketty hasta movimientos de izquierda anticapitalista. Si además es posible unirse para exigir la cancelación de las deudas públicas en poder del Banco Central Europeo por importe de más de 2,5 billones de euros, hay que hacerlo. No me arrepiento de haber firmado conjuntamente en febrero de 2021 con Thomas Piketty un llamamiento a la cancelación de las deudas soberanas en poder del BCE. Como los otros miembros del CADTM que firmaron este texto, creo que debemos ir más allá, en particular imponiendo a las grandes fortunas y grandes empresas una importante Tasa Covid [16]. El CADTM considera que la cancelación de las deudas públicas debe ir acompañada de una serie de medidas anticapitalistas y no es seguro que Thomas Piketty las suscribiera.

Gracias a Anne-Sophie Bouvy, Christine Pagnoulle, Brigitte Ponet, Claude Quémar y Patrick Saurin por su relectura.

Traducido por Alberto Nadal

Para saber más:

«Que faire de ce que nous apprend Thomas Piketty sur Le Capital au XXIe siècle», publié le 19 janvier 2014, http://cadtm.org/Que-faire-de-ce-que-nous-apprend-Thomas-Piketty-sur-Le-capital-au-XXIe-siecle. Hay versión en español: ¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI? http://cadtm.org/Como-podemos-utilizar-lo-que

El artículo mencionado más arriba está publicado en una forma adaptada en varios capítulos a partir del 1 de marzo de 2021: « La concentration de la richesse en faveur du 1 % », http://www.cadtm.org/La-concentration-de-la-richesse-en-faveur-du-1

Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir? https://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al

[TRIBUNE] Annuler les dettes publiques détenues par la BCE pour reprendre en main notre destin, http://www.cadtm.org/TRIBUNE-Annuler-les-dettes-publiques-detenues-par-la-BCE-pour-reprendre-en-main. Está publicada en español por El País el 5 de febrero de 202. Publicado en https://www.almendron.com/tribuna/anular-la-deuda-publica-mantenida-por-el-bce-para-que-nuestro-destino-vuelva-a-estar-en-nuestras-manos/

El Capital en español, en su edición publicada por Siglo XXI editores, en los formatos pdf, doc, mobi-audiolibro (sin notas) se puede consultar en http://ecopol.sociales.uba.ar/el-capital/ que es la edición referida en todas las notas.

Para el Tomo I, los links son los siguientes (ndt):

Vol I http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol-1.pdf

Vol II http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol.-2.pdf

Vol III http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol.-31.pdf

Thomas Piketty, El capital del siglo XXI se puede consultar en http://tiemposmodernos.weebly.com/uploads/6/3/1/3/6313332/el_capital_en_el_siglo_xxi__thomas_piketty__%5Bpoderoso_conocimiento%5D.pdf ndt).

Nota Bene: Lamentablemente no he podido leer el libro de Alain Bihr et de Michel Husson, Thomas Piketty: une critique illusoire du capital, édité par Page 2 & Syllepse en 2020

Notas

[1] Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica, 2014. 663 pp.

[2] Thomas Pikketty El capital en el siglo XXI. p. 235

[3] Hay que señalar que, según Piketty, las sumas en Francia en cuentas de ahorro, cuentas de cheque, etc. solo representan alrededor del 5% del patrimonio (privado)!. p. 231

[4] Es muy cómodo para las y los capitalistas incluir en el cálculo de la masa salarial las muy altas rentas de las y los patrones de una empresa que, además, son completados con dividendos y stock-options.

[5] Fuente: nota a pie de página de Marx en El capital, Libro primero: pág 223. http://ecopol.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/202/2013/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol-1.pdf. Para las citas de Marx de este artículo, ver El Capital, en su edición publicada por Siglo XXI editores, en los formatos pdf, doc, mobi-audiolibro (sin notas) que se puede consultar en http://ecopol.sociales.uba.ar/el-capital/

[6] Karl Marx, El Capital, Libro libro 1, vol.3 Cap. XXV La teoría moderna de la colonización pág. 955-958.

[7] El acaparamiento de las tierras por los capitalistas comienza en Inglaterra a partir del siglo XV y es conocido con el nombre de “movimiento de los enclosures”, consistente en poner fin al derecho de uso colectivo de las tierras y de los comunes en beneficio de la propiedad privada de los ricos aristócratas y burgueses. Leer el Capítulo XXIV del libro 1 de El capital de Karl Marx. Pg 891. La llamada acumulación originaria.

[8] La parte del libro El Capital en la que Karl Marx pasa revista a las diferentes fuentes de la acumulación primitiva capitalista es el T I, Vol 3. Cap. XXIV, pag. 891. La llamada acumulación originaria.

[9] E. G. Wakefield: England and America, vol. Il, p. 33. Citado por Karl Marx

[10] Karl Marx, El Capital, T I, Vol 3, Cap. XXV, La Teoría Moderna de la Colonización p. 955 y sig.

[11] Hablando de la situación particular de América del Norte o de la Australia de comienzos del siglo XIX, Marx explica que la posibilidad para las y los colonos de origen europeo de acceder a la tierra o de establecerse por su cuenta permite que “Tal asalariado de hoy se vuelva mañana artesano o cultivador independiente”. En América del Norte, en Australia y en otras regiones de colonización europea, la situación se fue modificando progresivamente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, y la gran masa de las y los productores independientes, cuyos ancestros habían emigrado de Europa han sido a su vez desposeídos de sus medios de producción.

[12] Karl Marx, El Capital, Libro libro 1, Vol 3 Cap. XXIV La Llamada acumulación originaria pág 939.

[13] En el original en francés Eric Toussaint se refiere al poema de Jacques Prévert (publicado en 1946), http://francais.agonia.net/index.php/poetry/13984336/Inventaire, “Inventario” que se puede leer en español en http://laletratalvez.blogspot.com/2011/10/inventario-por-jacques-prevert.html ndt.

[14] Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, p 465.

[15] Idem p. 46..

[16https://www.cadtm.org/Por-una-tasa-Covid-19-en-Europa

Eric Toussaint, doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Capitulación entre adultos. Grecia 2015: Una alternativa era posible, El Viejo Topo, Barcelona, 2020; Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Ha sido miembro de la Comisión de Auditoria Integral del Crédito (CAIC) del Ecuador en 2007-2011.Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015.

Fuente: http://www.cadtm.org/Thomas-Piketty-y-Karl-Marx-dos-visiones-totalmente-diferentes-del-Capital

Las varias caras progresistas en campaña sucia contra el candidato indígena del Ecuador

Salvador Schavelzon (para Desinformémonos.org, columna Peripecias del Sur y Autonomías) 

Llama la atención la furia con que defensores de los gobiernos progresistas sudamericanos, desde distintos países, se dedicaron a criticar y difamar de forma tendenciosa a un candidato indígena a la presidencia del Ecuador. Yaku Pérez, de la etnia quechua-cañari, con larga trayectoria de defensa del agua contra la minería en su región, dirigente de la Confederación Indígena del Ecuador (CONAIE) y de la Confederación de la nacionalidad Kichwa (ECUARUNARI), obtuvo 1.800.000 votos (superando el 19%) que por pocos miles quedó desplazado al tercer lugar en un resultado que es hoy contestado en la justicia. 

Este episodio puede leerse como emblemático para entender los límites y dilemas de un progresismo políticamente debilitado que debe enfrentar los costos del tipo de política que implementó.

Las campañas en redes sociales contra Yaku Pérez entraron en juego mientras el escrutinio se definía y por varios días el candidato indígena permaneció en el segundo lugar. Al concluir el conteo de votos, el banquero Guillermo Lasso (CREO, Creando Oportunidades) alcanzó el segundo lugar, resultado más favorable para el candidato del correísmo, Andrés Arauz (UNES, Unión por la Esperanza), que en primera vuelta obtuvo el 32% de los votos. Yaku Pérez es abogado, hizo postgrados sobre gestión de cuencas hidrográficas, derecho ambiental, justicia indígena y derecho penal, y fue Prefecto de Azuay, renunciando para presentar la candidatura. También estuvo preso varias veces en conflictos de defensa del agua, secuestrado por una empresa minera china, y sufrió por represalia la expulsión de su compañera, de nacionalidad extranjera, también activista, después de una movilización durante el gobierno de Correa. 

Juan Carlos Monedero, del partido español Podemos y vínculos políticos con el progresismo, participó en las elecciones de Ecuador del 7 de febrero como observador electoral. En entrevista en TeleSur, al día siguiente de la elección, dio el tono de lo que se escucharía por varios días. Consideró la candidatura de Pérez un producto de laboratorio, financiado desde afuera. Habló de “candidato falso” y de “indígenas no reales”, mientras defendía a Arauz como candidato que le permitiría a Ecuador “volver a tener un lugar en el mundo”. La desconfianza sobre el carácter indígena de Yaku Pérez y su candidatura deriva de que para Monedero la adopción de un nombre indígena sólo podía tener el propósito de engañar, y que desde el desconocimiento del mundo indígena compara con la entrada en un convento. Para un injuriado Monedero tampoco la lucha anti minera es auténtica, y negó que Yaku Pérez tenga apoyo colectivo o proyecto de país.  

Monedero denunciaba en la televisión lo que sería una operación para evitar la elección de Andrés Arauz, consistente en reemplazar a Guillermo Lasso por Yaku Pérez en segundo turno, con más posibilidades electorales de vencer al candidato que reemplazó a Correa, condenado en causas de corrupción, y que tampoco pudo ser habilitado para disputar la vicepresidencia. Sería una operación que contaría con el apoyo de Estados Unidos y se había operado a través de los medios, presentando esa candidatura positivamente. Extraño este análisis venir de uno de los fundadores de Podemos, que surge como fenómeno en la política española justamente así, con amplio espacio en los grandes medios para un candidato que abría un espacio más allá de la vieja polaridad dominante.  

En pocos días analistas y actores políticos progresistas llevarían a cabo una operación contra la reputación de Yaku Pérez, sólo abandonada cuando el banquero Lasso se impuso sobre el indígena en el conteo de los votos, quedando atrás el riesgo de una difícil elección con Pérez. Otro español cercano a los gobiernos progresistas sudamericanos, Alfredo Serrano, del CELAG, afirmó “Podríamos decir que Yaku es un candidato no progresista que logró quedarse con parte del voto progresista e indigenista”, negaba también que los votos hayan sido para él. Escribió que podrían haber sido para cualquier otro líder indígena quitando mérito a la elección de Yaku Pérez, en un razonamiento que no se aplicaba para el candidato del correísmo. Por unos días de lo que se trataba era de deconstruir su candidatura sea para preparar una disputa en segundo turno o para impedir que se cuestione el resultado electoral. 

La alta votación para el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), brazo político fundado en 1995 de una hoy dividida CONAIE, se explica por la extensión de la presencia del movimiento indígena en las regiones amazónica y serrana del país, además de reflejar sin duda la fractura política dejada por el levantamiento de once días de bloqueos y protestas en octubre de 2019. Iniciadas contra un aumento de combustibles decretado por el presidente Lenin Moreno, y con papel determinante de la CONAIE, las protestas anunciaban la inquietud y descontento que se manifestó también con un millón de votos nulos y que no encontrará expresión el 11 de abril, cuando se enfrenten el banquero Guillermo Lasso y el candidato de Rafael Correa, que se encuentra exiliado en Bélgica. En el levantamiento de octubre la CONAIE había dejado claro que el rechazo al gobierno de Lenin Moreno, no significaría un acercamiento con Correa, que en su gobierno criminalizó cientos de líderes indígenas, y esa oposición que atraviesa la polaridad Correa-anti Correa se expresó en la elección de Yaku Pérez. 

El resultado electoral fue una derrota para el presidente Lenin Moreno, que después de romper políticamente con Correa, de quien fuera vicepresidente y candidato sucesor, terminó fuera de juego por la presión de las calles. Pero también fue una mala elección para el correísmo, que esperaba ganar en la primera vuelta, capitalizando el descrédito del actual gobierno. La derecha tradicional, en un frente encabezado por el banquero, también se debilitó, impactada por la mala gestión de la pandemia en Guayaquil. Para Pachakutik fue una victoria, que permite retomar la disputa anti neoliberal de octubre de 2019, además de avanzar en su agenda anti extractivista buscando dar lugar a otro modelo de desarrollo para el país.  

Alicia Castro, de trayectoria en el sindicalismo peronista renovador de los ‘90 y ex embajadora kirchnerista en Venezuela y el Reino Unido, se sumaba a la campaña de desprestigio contra Yaku Pérez desde twitter, y preguntaba: “Quién es el candidato @yakuperezg que quiere tumbar las elecciones en #Ecuador aliado a @Almagro_OEA2015 ; puede confundir a algunos desinformados como “ambientalista”, “indigenista” o “nueva izquierda” En cambio, es un farsante. Nada nuevo bajo el sol, desde la Malinche.”  

Cuestionar la autodefinición indígena es común como parte de las estrategias del despojo colonial de siempre. Es con el argumento de los “falsos indios” con lo que se avanza con la frontera agrícola sobre territorios indígenas en toda la región sudamericana, o se defienden obras de desarrollo que amenazan su agua y formas de vida. Aliado al poder del agronegocio y la megaminería, el correísmo sabe que encuentra en Yaku Pérez y la CONAIE un obstáculo para el modelo depredador en base al cual gobierna. Los ataques de la elección, denunciando operaciones que se demostraron infundadas, debe entonces entenderse como continuidad de la fuerte represión y hostigamiento contra las organizaciones indígenas y territorios que tuvo lugar durante el correísmo. 

No es nueva la persecución de los gobiernos progresistas sudamericanos a líderes indígenas y de luchas medioambientales en el continente, y tampoco que el progresismo se sienta más cómodo disputando elecciones con candidatos de derecha, iniciando campañas sucias contra posibles alternativas en la primera vuelta de una elección presidencial. Pero la posibilidad de que un candidato indígena dispute desde la izquierda contra el progresismo es una novedad en Ecuador y también para el resto de América Latina. La nueva izquierda parlamentaria y de búsqueda de espacio institucional en la región participó también en la campaña contra Yaku Pérez. Esta izquierda que reúne disidencias, “apoyos críticos’, nuevos líderes que disputan elecciones presidenciales en Chile y Perú, Suele mantenerse bajo el ala de influencia política del progresismo o izquierda que fue o permanece en el gobierno, fortaleciendo así su influencia política y la falta de renovación. Tímidas críticas a un modelo dependiente que inviabiliza la vida es hecha sólo detrás de las cortinas y contribuyendo a mostrar el modelo económico, los consensos del poder como única alternativa.  

La expectativa de Pachakutik por alcanzar el segundo lugar, unificó un movimiento indígena dividido, con liderazgos y visiones que se enfrentan internamente en líneas más clasistas, más abiertas a alianzas con sectores mestizos, de confrontación en las calles, o de liderazgos personales en disputa. En esta coyuntura, sin embargo, se dispusieron a movilizarse en defensa del voto, sin dejar de marcar diferencias. Frente a una derecha sin fuerza y un progresismo con apoyo corroído y sin poder plantear un debate sobre el modelo de desarrollo en toda la región, las diferentes tendencias del movimiento indígena y la izquierda crítica no desarrollista despliegan tendencias, contradicciones y convergencias que realmente importan como posible paso adelante en la política sudamericana. En estos debates algunas propuestas de Yaku Pérez son criticadas por Leónidas Iza, que tuvo papel protagónico en el levantamiento de octubre, y otros líderes. Es un debate necesario en el que el progresismo no entró, volcándose a una campaña marcada por la lógica electoral y de polarización con la derecha que no dejaría espacio para nada más.  

La candidatura de Yaku Pérez cuestionó con datos técnicos los resultados de la elección, pidiendo el conteo de 20.050 actas observadas (de un total de 39 mil). La Corte Electoral sólo aceptó revisar 31 actas, después reducidas a 28 y con las cuales se aumentó la votación de Pachakutik en 612 votos, constatando votos atribuidos equivocadamente en el conteo inicial a candidatos que quedaron más abajo del tercer lugar. En base a esa disparidad hubo movilizaciones y presentación de un recurso que no fue atendido en la Corte y tramita ahora en el Tribunal Electoral. Una reunión con Lasso cuando no estaba definido el escrutinio para pedir conjuntamente un recuento de votos en algunas provincias, y que terminó sin concretarse, encendió los alertas progresistas. Fue Lasso el que se alejó del pedido de recuento, cuando se consolidó su leve ventaja.  

Yaku Pérez denunció fraude para excluirlo del segundo turno, presentando indicios de irregularidades. El progresismo consideró esta denuncia como parte de otro fraude, esta vez contra el candidato Arauz, con riesgo de ruptura constitucional, deslegitimizando nuevamente al candidato Pérez, cuya presencia en el juego sería meramente como operación de la derecha y Estados Unidos para frenar al correísmo. La entrada en campo del progresismo de otros países, muestra un cierto cortocircuito entre líneas argumentales legalistas, militantes y de noticias falsas y autoritarismo estatal. De la prepotencia que criminalizó líderes o militariza un territorio indígena para imponer un proyecto de minería, como en el caso Shuar y de Sarayaku, pasamos al discurso victimizante que sensibiliza la opinión pública sudamericana con la denuncia del lawfare. 

Si siguiendo a las investigadoras de CLACSO Adoración Guamán y Soledad Stoessel entendemos el lawfare como “herramienta de uso extendido que combina la manipulación mediática de la opinión pública, la represión física y jurídica, el encarcelamiento y la criminalización del opositor político” vemos que esta es exactamente la situación que el movimiento indígena enfrentó con Correa en la defensa de sus territorios, y también Yaku Pérez en la campaña de difamación que negaba su carácter indígena y la legitimidad de su lucha y de la alta elección. Pero las investigadoras utilizan el concepto para señalar la persecución de Correa, e incluso sumándose a la ola de sospechas sobre Yaku Pérez, con otro argumento común en la desconstrucción mediática que sufrió el candidato de presentarlo aislado de un movimiento indígena que el progresismo imagina confluyendo con el correísmo. 

La campaña sucia negaba también el carácter ecologista y lo asociaba con la derecha y el imperialismo, acusándolo de ser canal para intervencionismo norteamericano. En los días posteriores a la elección, el progresismo militante se preparaba para denunciar un golpe, como lo hizo en Bolivia de 2019 y en Brasil de 2016. El progresismo latinoamericano vio entonces en Yaku Pérez un aliado de Luis Almagro, secretario general de la OEA que fue un factor de desequilibrio llevando a la renuncia de Evo Morales en 2019, después de que convocado por este, recomendó la repetición de las elecciones. La filósofa Luciana Cadahia, simpatizante del correísmo, denunciaba en posteo público de Facebook un pacto entre Yaku Pérez y el banquero Lasso que sería una “jugadita hegeliana” orquestada por Almagro (secretario General de la OEA), y con participación de la prensa, en que un acuerdo entre el “dizque” movimiento indígena y la oligarquía buscaría de forma sofisticada una derrota de Arauz, cerrando una alianza entre el segundo y el tercer puesto de la elección, sin los costos que Almagro habría tenido que pagar por su accionar en la crisis boliviana. 

Ante la fuerza de la elección de Yaku Pérez otro camino hubiera sido abrir un diálogo político sobre modelo de desarrollo y la agenda de octubre de 2019. A contramarcha de la campaña sucia, y mostrando hasta qué punto la puesta en duda del carácter de izquierda e indígena de Yaku Pérez es difamatoria, el propio  Andrés Aráuz destacaba en su twitter después de la elección: “Progresismo + Unidad Plurinacional + Socialdemocracia = 70% El 7 de febrero el pueblo ecuatoriano ya venció”, sumando los votos del correísmo con los de Yaku Pérez y también el cuarto ubicado, Xavier Hervas de Izquierda Democrática, lejos de negar el carácter antineoliberal de sus contrincantes, y más bien acercándose a ellos para buscar sus votantes y presentar como oposición principal la del banquero Lasso contra correísmo. Cabe dudar, sin embargo, hasta qué punto fuera de las elecciones los gestos antineoliberales y ecologistas pueden ser llevados adelante por el progresismo. 

Salta a la vista el juego ambiguo y de varias caras del progresismo que, sin embargo, deben considerarse como momentos de un mismo movimiento. Antes de la elección la preocupación del correísmo se enfocaba a una operación que involucró al fiscal general de Colombia, con supuestas pruebas encontradas en el celular de un guerrillero capturado del ELN involucrando su organización con financiamiento al correísmo. La repercusión en la prensa activó los mecanismos de un progresismo de línea institucionalista. El Grupo Puebla, que reúne ex presidentes, académicos y juristas (entre ellos Andrés Arauz y Rafael Correa) y participó como observador de las elecciones, denunciaba un ataque contra la democracia.  

Con firmas de Axel Kicillof, Guilherme Boulos, Daniel Jadué, Gustavo Petro, Pablo Iglesias y Verónika Mendoza, el Espacio Futuro que nuclea una generación más joven del mismo campo político progresista se pronunciaba contra cualquier modificación en la fecha de las elecciones, sumándose a la campaña que desconsideraba sin conocer las denuncias de irregularidades que el candidato indígena presentaba a la Corte y Tribunal Electoral del Ecuador. En un juego político que usa el Estado de Derecho como un argumento político cuando conviene, que además se proclama observador electoral en nombre de la democracia, no daba la menor importancia ante la presentación de indicios de irregularidades. Su papel político es el de usar cuadros de prestigio académico para poner en el aire la retórica del golpe con la que el progresismo se defiende de un modo justo, muchas veces, pero muy parcial y silenciador de prácticas semejantes operadas desde el propio espacio.  

Contra el movimiento indígena es otra la cara que aparece, llegando a la criminalización, ya no desde la argumentación jurídica democrática del Estado de Derecho sino desde la persecución policial, el acoso jurídico, para no hablar del propio avance sobre los territorios contra lo que Yaku Pérez y la CONAIE resistieron. La campaña contra Yaku Pérez, que debe relacionarse con sesiones de difamación pública en el programa televisivo presidencial de Correa contra el líder indígena y su compañera, Manuela Picq, también activista, se extendió en las redes sociales cuando asomó al segundo turno y el progresismo imaginó una nueva versión de una «nueva modalidad de golpe”. La susceptibilidad ya despertada por las operaciones de la derecha, que existen, movilizó una máquina mediática que rápidamente deja de diferenciar su institucionalismo con gestos prepotentes, de un proyecto de poder que, en nombre de lo popular, y fiel al estilo de la izquierda estatal autoritaria, es incapaz de lidiar con la diferencia. 

La Revolución Ciudadana de Correa carga con tensiones y ambivalencias que se expresan, como en el MAS de Bolivia y otros lugares, con las alianzas internacionales en que se sustentan. Frente a las denuncias de lawfare que acercan a Correa de Cristina Kirchner y la defensa legalista con que el PT respondió al juicio político de Dilma, desde Cuba, Nicaragua y Venezuela la acusación que se escuchó contra Yaku Pérez era la de colaboración con el imperialismo.  

Contra esta narrativa que presentó a Yaku Pérez como apoyador de golpes sudamericanos y posible pieza de un golpe contra Correa apoyado por Estados Unidos, puede citarse que el 12 de junio de 2019 Yaku Pérez se solidarizaba con Lula da Silva como representante de Coordinadora de la Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA, representante de 511 pueblos indígenas 9 países). En la vigilia frente a donde el ex presidente cumplía arresto decretado en el marco de la operación Lava Jato afirmó “Estoy aquí para solidarizarme con vos, Lula, estamos contigo y no descansaremos, estaremos en resistencia”. Sobre inversiones internacionales, Pérez se quejó de la actitud agresiva de China con el extractivismo y violación de derechos humanos, sobre Estados Unidos, sin embargo, dijo que “el halcón es halcón”, pero habló positivamente de algunas políticas de Biden. 

El alineamiento automático de progresistas sudamericanos contra un candidato indígena llama mucho la atención si vemos las posiciones que defiende el correísmo, no sólo en la cuestión socioambiental. Tres días antes de las elecciones, el cierre de campaña de Correa, desde el exilio, apostó a los votantes conservadores, criticando a Yaku Pérez por su posición favorable a la interrupción del embarazo hasta los tres o cuatro meses, refiriéndose a esta posición en términos de “aborto por hedonismo” y “porque me dediqué sin cuidado a una actividad frenética sexual y puedo quitarme el hijo sin ningún requisito”. Rafael Correa llegó a amenazar con presentar su renuncia en 2013 en caso de aprobación del aborto en la asamblea legislativa, y propuso que expulsaran del partido a las mujeres que apoyaron esta posición. Su conservadurismo excede la guerra declarada contra los indígenas por sus recursos naturales, y puede verse en el impulso del Plan Familia, cuya recomendación para educación sexual era “abstinencia y valores”. 

Un tuit de Yaku Pérez reflotado por Correa y otros cuando disputaba el segundo lugar daba cuenta de su posición anticorrupción, en noviembre de 2016, y decía: “La #Corrupción acabó al gob d Dilma y Cristina; ahora falta q caigan @MashiRafael y Maduro. Solo es cuestión d tiempo”. Se entiende que para quien hoy se ocupa de criticar el warfare contra Cristina Kirchner o del propio Correa, o quien vea la caída de Dilma y Evo como operaciones orquestadas desde Washington para imponer gobiernos de derecha, sea propicio a desconfiar de Pérez.  

Pero posiciones anticorrupción, por más liberales que parezcan, no son sólo banderas utilizadas por la derecha contra el progresismo, y se constata como casi obligatorio para cualquier izquierda nueva, como lo fue Podemos de España, que a pesar de los vínculos políticos dejó de defender gobiernos como el de Maduro y Ortega, o nuevas izquierdas en Chile y Perú, además del progresismo cuando llegaba al poder. Tampoco extraña la oposición a Dilma Rousseff, que aprobó leyes antiterroristas, criminalizó activistas, se alió a pastores conservadores, empresarios del agronegocio, bancos y la gran minería, incluso cediendo ministerios a estos sectores. Como la carretera por el TIPNIS, el petróleo del Yasuní, Dilma carga con el costo político de autorizar Belo Monte, represa faraónica y mal calculada, de impacto incalculable ya visible, que financió su campaña y es símbolo de la destrucción ambiental y etnocida de la Amazonia. En un video reciente, refiriéndose a las manifestaciones populares de las jornadas de junio de 2013 en Brasil, Dilma Rousseff se refiere a diálogos con Putin y Erdogán en que más que golpe o lawfare la interpretación del proceso político que llevó a su caída es el de guerra híbrida impulsada por la potencia norteamericana.    

Sólo desde el desconocimiento total de la dinámica de las organizaciones indígenas en las últimas décadas es posible caracterizar a ONGs como capaces de manipular a los pueblos y responsables por la movilización y rechazo a obras que de hecho dejan territorios con contaminación de cianuro o sin agua. Se puede hablar de campaña sucia contra Yaku Pérez porque sus ejecutores no desconocen la trayectoria de las organizaciones indígenas (de las que el progresismo fue aliado), así como el papel de Yaku Pérez y la CONAIE. El discurso sobre ONGs que influencian grupos indígenas para atacar la soberanía nacional es solamente una campaña para defender intereses económicos y políticos, favorables a la gran minería y explotación petrolera sin límites, y es exactamente el discurso de Bolsonaro y la derecha peruana o colombiana para avanzar sobre la selva.  

Por otra parte, tuits con poca repercusión de años atrás se hacen circular en una operación que tiene en vistas desarmar una candidatura, denunciando un golpe, pero en realidad mostrando preocupación por el riesgo de enfrentamiento en segunda vuelta con un candidato más competitivo que sabe poner el dedo en la yaga de los límites del progresismo y representa directamente la movilización social. Lo que queda no dicho es el debate político que está presente desde que el progresismo definió su perfil desarrollista y se enfrentó en toda la región a las organizaciones indígenas históricas. 

En la línea de desconstrucción de la candidatura de Pérez de línea más bolivariana, incluso de movimientos aliados al gobierno de China. El portal del MST de Brasil publicó un resumen de un artículo del periodista norteamericano Ben Norton con el título “El candidato ecosocialista de Ecuador: indígena y partidario de los golpes de Estado en América Latina”. Desde la Fundación Bonifacio, ligada a Aldo Rebelo (PCdoB), ex ministro de Lula y Dilma, se afirmaba que Yaku Perez era el caballo de troya de las potencias extranjeras. El artículo afirma que detrás de banderas identitarias, ambientalistas e indigenistas se defienden intereses extranjeros, a través del contacto con ONGs. Por el mismo camino iría Atilio Borón, en el portal cubadebate, afirmando que el discurso indígena y de izquierda del candidato indígena no pasa de un engaño y sirve intereses imperialistas.  

Desde Kawsachin News, un servicio de noticias en inglés de las federaciones de productores de coca del Chapare, Ollie Vargas acusaba a Yaku Perez de usar fake news para incitar crímenes contra migrantes venezolanos en Ecuador. El candidato indígena se había referido a denuncias de intervención de “hermanos venezolanos” en una conversación viralizada sin que podamos conocer el contexto en un micro vídeo que lo asocia al discurso sí anti venezolano y xenófobo de Lenin Moreno. El popular youtuber brasileño Jones Manoel  asoció a Yaku Pérez con el canciller bolsonarista de extrema derecha conservadora Ernesto Araújo y otras figuras de la política del Brasil. Por su posición adscripta a la reciente ola revisionista de Stalin, un texto de José Correa Leite relacionaría los ataques, calumnias y fake news que circularon sobre Yaku Pérez con las operaciones de «amalgama» del stalinismo en los ´50. El progresismo en el gobierno o luchando para volver moviliza todo tipo de recurso, en un amplio espectro político y de estilos discursivos.  

Esta línea de acusación que debe entenderse en el marco de la guerra comunicacional inflamada en que imperialismo, comunismo, nazismo son moneda corriente, se basó en la construcción tendenciosa de Ben Norton, que en su blog critica el postmodernismo y corrientes anarquistas ecologistas y primitivistas, presentando al candidato indígena como un golpista apoyado por los Estados Unidos. Una foto con el embajador norteamericano mientras cumplía agenda como prefecto de la provincia Azuay, los tuits sobre líderes sudamericanos desplazados y una curiosa combinación de argumentos sobre el partido Pachakutik y el movimiento indígena. Llama la atención que mientras por un lado se presenta a Yaku Pérez como líder aislado del resto del movimiento, del otro se presenta como prueba de su papel al servicio de los Estados Unidos los fondos que las fundaciones norteamericanas para ayuda al tercer mundo destinaron al movimiento indígena, sin ninguna especificación sobre estos fondos ni vinculación directa a Yaku Pérez.  

Una carta abierta criticando este artículo y otro de la revista Jacobin, con firmas de académicos e intelectuales como Isabelle Stengers, Arturo Escobar, Miriam Lang y Alberto Acosta (“Stop Racist and Misogynist Attacks on the Emergent Indigenous, Eco-Feminist Left in Latin America, and Address the Crisis in Today’s Ecuador”) tuvieron como resultado inmediato que la publicación norteamericana de izquierda Monthly Review levantara el texto de Ben Norton. El doble juego del progresismo trae cortocircuitos entre su aspecto institucionalista, democrático seguido en las candidaturas del progresismo de Brasil, Argentina, Bolivia y ahora Ecuador, que para sortear problemas con la justicia y el voto negativo optó en los últimos pleitos por figuras moderadas y liberales (Haddad, Fernández, Arce y Aráuz); y un progresismo bolivariano, leninista, nacionalista que emerge menos a la hora de gobernar y más en estas disputas de redes sociales. Ben Norton criticaba en uno de sus textos a Judith Butler, otra firmante de la carta contra los ataques a Yaku Pérez, en un artículo en que “denuncia” a la intelectual por donar cerca de mil dólares a la campaña de la actual vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, alguien que hoy está lejos de ser foco de crítica de los gobiernos progresistas.  

La carta con decenas de firmas de desagravio, acierta en buscar despejar las difamaciones contra Yaku Pérez y su compañera, poniendo la discusión en sus términos reales: el progresismo estatal desarrollista, que combina caras populista y liberal, buscando atacar a una izquierda anti extractivista, que expresa la posición indígena en los conflictos de los años correístas con el movimiento indígena, además de otras banderas progresistas de derechos de mujeres, plurinacionales y LGTB que el correísmo no supo representar o ha abandonado. Pero para Ben Norton en su artículo, las críticas ambientalistas contra el progresismo son piezas de marketing publicitario. Con reportes desde Venezuela y Nicaragua, además de Ecuador, el artículo presenta a Estados Unidos “desesperado” para evitar la “ola socialista” que recorrió América Latina en la primera década del siglo XXI, y encontró en Yaku Pérez una “herramienta perfecta”.  

En otra carta, se presenta al líder indígena como candidato que “combate la ofensiva del neoliberalismo al tiempo que rompe con los vicios caudillistas y la corrupción sistémica de la vieja izquierda autoritaria e impugna en nombre de la vida y de la tierra las graves limitaciones del modelo de desarrollo extractivista”. Esta carta denunciaba la campaña de difamación y vilipendio en redes sociales y fue firmada por Marina Silva, que sufrió una campaña sucia muy dura cuando se enfrentó contra Dilma Rousseff en las elecciones de 2010 y 2014, e intelectuales latinoamericanos que también fueron linchados mediáticamente por sus críticas a los gobiernos de Bolivia y Venezuela, como Rita Segato y Maristella Svampa. 

En uno de los tuits de Yaku Pérez citado por sus detractores compara la política de intervención sobre la CONAIE organizaciones indígenas de Correa y Evo Morales con Conamaq, Confederación de Ayllus y Marqas del Qullasuyo. En ambos casos se invadieron sedes, se intentó crear organizaciones paralelas a favor de proyectos de destrucción territorial, con cooptación o compra de líderes con beneficios estatales. En el tuit también se comparaba el Yasuní con el TIPNIS, en el primero Correa dio lugar a la explotación petrolera después de haber fracasado un proyecto en que pedía al mundo dinero para defender el parque nacional de la explotación que sería nociva, en la argumentación inicial de Rafael Correa. Fue en ese espíritu que en el artículo 71 de la Constitución aprobada en 2008 se introdujo la figura de Derechos de la Naturaleza y aunque se busque maquillar, la ruptura de Correa con esta agenda es innegable. 

El TIPNIS fue un punto de inflexión en Bolivia, en 2011, cuando el gobierno del MAS impulsó una campaña y operación política para la construcción de una carretera que atravesaría el mayor parque nacional y territorio indígena del país, con oposición de los pueblos indígenas y las centrales históricas que fueron brutalmente reprimidas. En febrero de 2021, como jefe de campaña para las elecciones regionales, Evo Morales ofreció continuar la construcción de la carretera a cambio del voto por su candidato en el departamento del Beni. En su tuit, Yaku Pérez comparaba a Correa con Evo Morales a partir de varios rasgos: “Ambos apostaron x reelección, autoritarismo, machismo, extractivismo y populistas”. Son posiciones coherentes con la postura del movimiento indígena en el continente, y no una postura de cara a elecciones. 

En una disputa parecida, García Linera encabezó desde do gobierno de Bolivia, la crítica al movimiento indígena y las ONG que acompañaron las luchas que llevaron el MAS al poder y en que él mismo había sido consejero. La argumentación que confluye con la de los militares y la derecha conservadora latinoamericana en que los indígenas juegan para intereses extranjeros, mezclaba de forma deshonesta fundaciones ligadas al poder político norteamericano con ONGs de apoyo militante y jurídico a indígenas. Como vemos en el gobierno de Bolsonaro, presentando indígenas a favor del agronegocio o creando centrales indígenas pro gobierno, como en Bolivia. Una de las acusaciones de Ben Norton contra Manuela Picq es justamente mencionar que denunció el ecocidio de los incendios forestales de 2019 en Bolvia. Según Norton, así ella contribuyó a preparar el terreno para el golpe. En realidad, contribuyó a denunciar que con decretos a favor de las quemas de bosques, conseguidos por el poder del agronegocio aliado al MAS, el gobierno incentivaba la desforestación del mismo modo como ocurrió en Brasil con movilización progresista.  

Por un lado, el Grupo Puebla, el Espacio Futuro y la Internacional Progresista con mandatarios y otros actores políticos que se ubican políticamente en la socialdemocracia o el progresismo, rechazan operaciones como la del fiscal colombiano, con susceptibilidad ante las disputas que se vivieron en la Corte Electoral, buscando impedir el recuento de votos. Por otro el ataque de destrucción de reputación, contra posiciones a las que cabría en realidad enmarcarlas en un debate político. linchamiento mediático y ataques personales como las que hizo el MAS con Gualberto Cusi, juez aymara más votado en la elección directa de 2011 para los altos tribunales y destituido por presión del gobierno; como Rafael Correa volvió cotidiano en la defensa de explotación extractiva, encuadrado movilizaciones con leyes antiterroristas, como Bachelet con los mapuches.  

Estas operaciones que son frecuentes en diferentes escalas no tienen forma de ser reparados o atenuados y son piezas imprescindibles de un tipo de construcción política que debería llamar la atención de sus apoyadores honestos. Contra la eterna paciencia de la “izquierda crítica”, uno se pregunta cuántos atropellos son necesarios para entender que es una línea política prioritaria la defensa del extractivismo aunque eso implique violar derechos y romper con pueblos indígenas. Al final, siempre prevalece el cálculo que entiende como estratégico mantener un apoyo popular con políticas estatales en detrimento del respeto al territorio indígenas. Es por esta lógica, también, que la elección del 7 de febrero preocupó al progresismo. Los ríos de dinero del petróleo para políticas públicas durante el correísmo, las campañas de marketing con mucho más recursos , no permitieron la victoria electoral por amplia mayoría que permitiría dar legitimidad a las políticas asociadas a este proyecto político. Es ahí que debe pensarse la fuerza de un levantamiento como el de octubre de 2019. 

Raúl Zibechi tiene razón cuando dice que “las insurrecciones populares no caben en las urnas”, observando como por más que el levantamiento de octubre haya sido un parteaguas en la historia reciente, expresando la resistencia de las comunidades rurales y ciudades medianas, Zibechi observa como las urnas no logran modificar la relación de fuerzas de un parlamento que mayoritariamente apoya el extractivismo y no pone en cuestión el modelo neoliberal. En su perfil de Facebook, Alejandra Santillana evalúa después de las elecciones que “Las calles y la construcción de tejido social organizado siguen siendo un camino determinante aún para lo que ocurra en el plano electoral. Imaginar un proyecto feminista popular Plurinacional y campesino sigue siendo un asunto pendiente que no se resolverá únicamente en el diálogo con el estado, nuestra entrada a este o en reformas institucionales”.  

Una vez despejado el tema del necesario rechazo a una campaña sucia es pertinente discutir junto al movimiento indígena de la CONAIE las diferencias sobre propuestas de Yaku Pérez que generaron oposición interna, y las distintas estrategias de confrontación y diálogo que también crearon divergencias durante el gobierno de Lenin Moreno. Las movilizaciones vividas en varios países latinoamericanos antes de la pandemia se encuentran latentes y abren un debate que no cabe en la polarización entre derecha y progresismo.  

La crítica al acoso judicial de los líderes progresistas, y el avance de la derecha en la región, no debe significar congelar las contradicciones y conflictos anti neoliberales, indígenas por territorio y de clase que marcarán el periodo que se abre, más allá de los límites del progresismo. La extrema derecha crece en la región, de hecho, porque los gobiernos progresistas se incorporaron a la clase política que las mayorías ven como elites del poder desconectadas. Izquierdas del orden, que además asumen el lugar autoritario estatal con eficacia, no pueden proponer otro modelo de desarrollo aunque en algún lugar entiendan la legitimidad de las luchas indígenas.   

Desde el apoyo al correísmo, Valeria Coronel reconoce que “Arauz tendría que ser mucho más enfático en que su proyecto es el de las movilizaciones de octubre, tendría que acercarse al movimiento indígena y romper las barreras que se establecieron en algún momento entre Correa y el movimiento indígena”. Eso no parece ser posible y en los distintos países hubo muchos esfuerzos desde el Estado para acercarse a los líderes indígenas. En el citado texto de Guamán y Stoessel se afirma que «el Ecuador que hoy se expresa en las urnas ha mostrado su voluntad de superar dicha polarización [Lasso/Correa]. Se devela así la urgencia de renovar las agendas públicas con un componente más progresista en el campo de los derechos (sexuales, reproductivos, asociativos, sindicales y participación ciudadana) y en la cuestión ecológica.”  Pero, ¿Es eso realmente posible desde el correísmo que persiguió y encarceló líderes indígenas, y busca alcanzar audiencia conservadora y religiosa hablando de aborto por hedonismo a pocos días de la elección?

En un panorama de la política latinoamericana actual, Claudio Katz separa progresistas moderados y radicales… lo primeros en el Brasil del PT y en los “progresismos tardíos” de México y Argentina actual, los radicales en Bolivia y Venezuela, aunque haya dudas con los sucesores de Chávez y Evo Morales. Katz llama a votar a Arauz, como única alternativa a la que el movimiento indígena debería plegarse, en la segunda vuelta. Admite que las declaraciones de Yaku Pérez en las elecciones de 2017, por las que afirmó  “prefiero un banquero a un dictador”, y que es leída como adscripción al neoliberalismo –desde la lógica bipolar- es consecuencia del “durísimo conflicto” con el gobierno empeñado em ampliar la extracción minera, y que incluyó 400 procesos judiciales contra dirigentes indígenas. Pero vuelve al regazo del progresismo, cuya cara radical o moderada parecen ser dos momentos de un mismo juego de retórica clásico en los nacionalismos del siglo XX cerrando filas siempre con la defensa del orden de un mismo proyecto de poder. Esta posición decanta de su caracterización del movimiento indígena en dos vertientes, una clasista, que podría confluir con el correísmo, y otra “etnicista”, de Yaku Pérez, de demandas corporativa, vínculos espurios con ONGs y sintonías con la ideología neoliberal. Katz sugiere también que la corriente etnicista podría llevar a Latinoamérica un desangre étnico-comunitario como el de los Balcanes, Medio Oriente o África, citando análisis en este sentido de José Antonio Figueroa. 

Junto al progresismo de la denuncia legalista y de la acusación de colaboración con el imperialismo, el progresismo “crítico” cierra filas con la esperanza imposible de acercamiento hacia aquellos actores que persigue y busca destruir mediáticamente. La solución de Katz y otros apunta a Bolivia, donde “los líderes del MAS introdujeron el Estado plurinacional, el respecto a las lenguas y costumbres de las comunidades y la orgullosa reivindicación de la tradición indigenista”. Para ellos es la incorporación de la agenda indígena para poder proseguir con la agenda del desarrollo. Desde el seguimiento de los procesos políticos sólo puede significar intervenir desde el Estado em el movimiento indígena para dividirlo y, quitando del camino elementos de resistencia y lucha contra el modelo extractivista, conceder reformas cosméticas mientras el modelo basado en negocios privados o del Estado en la explotación de recursos naturales se desarrolla con la fuerza y legitimidad hegemónica que hoy en América Latina el progresismo constata que ha perdido. 

Draghi al volante: el piloto automático está en reparación

por Gianni Giovannelli

Tras la caída de Giuseppe Conte, estallaron violentas luchas entre los distintos grupos parlamentarios que hicieron casi imposible la formación de un nuevo gobierno. Para restablecer el orden, el jefe de la banca, llegó con un palo y una zanahoria.

El 7 de marzo de 2013, al final de la reunión del consejo del BCE, durante la habitual rueda de prensa en la sala de la EuroTower, Mario Draghi comentó los resultados de las elecciones que se acababan de celebrar en Italia, sin una mayoría cierta. El 5 de agosto de 2011, a cuatro manos con su predecesor Trichet, el nuevo presidente había dirigido al primer ministro Silvio Berlusconi una carta secreta para imponer no solo cambios profundos a la legislación laboral italiana sino también la inclusión en la Constitución del principio de equilibrio del presupuesto, amenazando con la cancelación de la ayuda económica europea en caso de denegación. Como es bien sabido, todos los partidos se habían doblegado, aprobando en tiempo récord, casi por unanimidad y sin referendos confirmatorios, la norma que impedía cualquier inversión pública futura, en caso de que ello conllevara un aumento de pasivos.

EL PILOTO AUTOMÁTICO

Habiendo constatado así la fragilidad de la clase política italiana, Mario Draghi no dudó en afirmar, con voz tranquila pero con insolente certeza, que las elecciones sólo impresionan a los partidos y periodistas, no a los mercados; por tanto, se declaró seguro de que Italia continuaría el camino de las reformas trazadas por el BCE, independientemente de quién constituyera la estructura de gobierno. Decidir el camino del ejecutivo en formación, fuera el que fuera, era en realidad, a estas alturas, un piloto automático: no podía haber obstáculos ni desvíos. Hay que reconocer que la imagen del piloto automático representaba (representa) perfectamente la idea de lo que eran (son) las relaciones de poder y los equilibrios de poder; en cualquier caso, la sucesión de hechos le dio toda la razón.

De hecho, entre 2013 y 2018, las dos Cámaras desmantelaron toda la arquitectura de los derechos conquistados por los trabajadores, a costa de luchas muy duras, en el último siglo; el trabajo iniciado por la pareja Monti-Fornero (a petición del BCE dirigido por Draghi) continuó con Matteo Renzi. El paquete de Decretos Legislativos (la llamada Ley de Empleo) autorizados por una amplia mayoría parlamentaria contó con el pleno consentimiento del grupo actual dentro del componente de izquierda L&U, o el artículo 1 de Bersani / Speranza, e incluso el voto del ícono Mario Tronti. Solo la severa derrota del Partido Democrático en el referéndum constitucional (diciembre de 2016) determinó una ruptura del marco político, una crisis de alianzas exacerbada por el crecimiento simultáneo del consenso para el componente soberano (derecha: Meloni y Salvini). Pero el piloto automático (también en pleno funcionamiento en el curioso mosaico del gobierno de Gentiloni) siguió asegurando el mantenimiento de la ruta. En el quinquenio 2013-2018, Mario Draghi, salto a la cúspide del BCE, fue el verdadero artífice indiscutible de una formidable consolidación de las privatizaciones, especialmente en los sectores clave de telefonía, energía, banca y seguros; en poco tiempo, el sistema del país cambió radicalmente.

MARIO DRAGHI

Draghi nació en Roma en 1947, durante el IV gobierno de De Gasperi, y esto ya parece un signo del destino; para obtener los fondos para el Plan Marshall, los comunistas necesariamente se habían colocado en la oposición por primera vez, sin dejar de ser constructivos y comprometidos. Su padre, Carlo, se había unido al Banco de Italia en 1922, vinculándose con Donato Menichella, el hombre que dirigió el IRI entre 1936 y 1944 y luego el Banco de Italia en 1946, por recomendación de Luigi Einaudi. Después de terminar la escuela secundaria en los jesuitas romanos (el prestigioso Istituto Massimiliano Massimo) y graduarse en la Sapienza, Draghi, en 1971, fue admitido en el Instituto de Tecnología de Massachussets por recomendación (¡nada menos!) De Modigliani; en 1981, a los 34 años, ya era profesor titular en la Universidad de Florencia (cátedra de economía y política monetaria). Goria, ministro de Hacienda, lo nombró asesor en 1983 y este fue el primer paso en la política de este joven ambicioso y brillante, director ejecutivo del Banco Mundial entre 1984 y 1990. Por nada en el mundo tal hombre habría querido estar lejos de las salas de gobierno; ¡al contrario! Entre 1991 y 2001, como director general de Hacienda (e indiferente al cambio de ministros) fue el gran director de la primera gran privatización de empresas estatales. La revolucionaria legislación sobre intermediación financiera fue lanzada sobre la base de una ley delegada, mediante un decreto legislativo, n. 58/1998; por el nombre de la persona que escribió el texto se llama ley Draghi. Precisamente por la dilatada experiencia adquirida dentro del ministerio y dentro del palacio de la política fue llamado por Goldman Sachs, con una función apical, ocupándose en particular de las derivadas. Allí permaneció casi cuatro años, en los dos últimos años como miembro del Comité Ejecutivo. En el 2016 llegó Barroso, siempre desde la Unión Europea. Dado que fue Goldman Sachs quien llenó Grecia de productos derivados que provocaron el colapso de ese país, estallaron acaloradas controversias, con acusaciones de conflicto de intereses; pero el profesor Draghi dejó en claro, con calma y gracia, que él era un extraño en ese mal negocio, Grecia lo había hecho en 2011, antes de su llegada. Y aceptó, tras el llamado escándalo Bancopoli, la propuesta de Silvio Berlusconi, en diciembre de 2005, sustituyendo a Fazio en la cúpula del Banco de Italia. La inversión en Goldman Sachs se confió al fondo ciego Serena junto con el resto de los activos; y, por supuesto, podemos estar seguros de que Mario Draghi no ha sabido nada de él desde entonces, salvo una revisión periódica de los resúmenes enviados por los funcionarios del fideicomiso ciego. El resto es historia reciente: desde noviembre de 2011 hasta la expiración del mandato en 2019 permaneció en la cima del BCE, y luego se fue a Umbría. El único de la familia que se ocupa de los derivados es Giacomo, su hijo, primero en Morgan Stanley y ahora con Hedge LMR (antiguo operador de UBS). La noticia informa que durante muchos meses el banquero vive recluido en un pueblo de Umbría, Città della Pieve, con su esposa y un bracco húngaro (¿se llamará Orban?), dedicado al ocio y la lectura; por respeto no se menciona lo que come y cuánto bebe, pero lo presentan como un holgazán en reposo.

Draghi y Raiaw retoman, reelaborando y adecuándolas a la fase, algunas ideas de Joseph Schumpeter sobre la Creative Destruction modelo dinámico, ante un cambio objetivo en los métodos organizativos del proceso general de producción y beneficios. La gigantesca transformación originada por el impulso de las continuas innovaciones ha entrado en contacto con las consecuencias vinculadas a la pandemia; los juristas podrían traer el coronavirus nuevamente al evento, daño, causa y efecto al mismo tiempo, sin necesidad de más manifestaciones. Ciertamente hubo una sinergia que multiplicó geométricamente tanto las pérdidas como las ganancias, la riqueza y la pobreza. Casi haciendo referencia a nuestro Christian Marazzi el G30 parece evocar una especie de comunismo del capital para remediar, al menos de forma inmediata, las fisuras en el mecanismo actual, y asegurar la continuidad en este pasaje.

El flujo de mercancías intangibles impone un cambio de ritmo, aquí y ahora, al nuevo capitalismo; la pandemia ha demostrado que la hipótesis de un reemplazo gradual de la antigua estructura es ahora insuficiente. En 2011 la opción había sido utilizar la austeridad y un presupuesto equilibrado para desmantelar el tradicional sistema de bienestar popular obrero en todos los estados de la Unión Europea, hacer que los trabajadores estabilizados pagaran el costo de la crisis financiera, facilitar, imponiéndola, la introducción de una condición precaria generalizada porque es más adecuada a las necesidades del lucro. Por lo tanto, se emprendió el recorte de personal público, la privatización de la educación y la salud y la contención del gasto; el presupuesto equilibrado, invocado por estructuras estatales en permanente déficit institucional, constituyó una maniobra íntegramente política de ataque funcional al proceso de subsunción a realizar en la fase de transición. En 2020, tras la sucesión de grietas y crisis, el programa cambia; Hay un retorno al uso de la deuda para invertir, curar las rupturas, consolidar el cambio y mantener firme el nuevo equilibrio de poder logrado por el capital durante el conflicto social en curso.

De diferentes formas, en los últimos años se ha desarrollado una ruptura del marco político tradicional, una distribución de los consensos electorales tan variada que dificulta cualquier síntesis, incluso para los demasiado frecuentes cambios de sentidos en territorios regionalizados y casi atomizados. La autoritaria entrada en escena de movimientos nacionalistas, de componentes abiertamente reaccionarios y xenófobos, incluso de enfrentamientos violentos motivados con referencias a la religión, todo ello ha creado algunos obstáculos en el funcionamiento del piloto automático; en los estados individuales, la resolución de las dificultades requirió cierta cantidad de creatividad, diversificándose en España, Alemania, Francia, Inglaterra, Polonia, Italia (sin duda nos contamos entre las experiencias más imaginativas, como siempre somos un laboratorio). La pandemia ha agravado los problemas; no es de extrañar que en la sala de control no se hayan limitado a la estrategia de contención, sino que hayan decidido utilizarla. ¡Aprovechar la oportunidad! Especialmente después de haber aprobado el gasto, la inversión a corto plazo, la elección de un déficit.

LA CREATIVE DESTRUCTION. EL PROYECTO DEL GROUP OF THIRTY

Reelaborando a Schumpeter, el informe elaborado por Mario Draghi y presentado el 16 de diciembre de 2020 se basa en una verdadera destrucción creativa, capaz de entrar en la fase actual de crisis y transformación para construir un nuevo equilibrio, diferente, con los fondos asignados. En esta situación, las elecciones son de poca utilidad; por lo que la solución sería la misma independientemente del resultado. El pobre Tsipras ganó en ampliamente su referéndum, pero no le sirvió de nada; las condiciones no eran tratables, o las aceptaba o las arreglaba. Se rindió a Mario Draghi como un mal menor.

El proyecto de destrucción creativa no tiene la intención de preservar o restaurar el status quo anterior. Las reglas actuales son muy claras, como explicó el actual director de Hacienda Alessandro Rivera: los fondos van a quienes pueden presentar una facturación previa de al menos 50 millones, no están en estado de decocción objetiva, pretenden invertir al menos 100 millones en un momento preciso. La entrada de la parte pública juega un papel primordial, garantizando a los bancos, con el objetivo de protegerlos de los riesgos asociados a préstamos fallidos; por lo tanto (pero es diferente del antiguo IRI de Beneduce y Menichella) el Estado entra directamente en el juego para controlar el mecanismo general. Con el debido respeto a la nostalgia ligada a la manufactura, el proyecto Draghi (y el G30) no teme en absoluto el riesgo de un aumento del desempleo; por el contrario, se sugiere que no se desperdicien recursos en rescatar empresas que no parezcan capaces de asegurar su supervivencia al final de la pandemia. La destrucción es suya, sin ningún sentimiento de culpa y sin pensarlo dos veces. La idea fuerte radica en la creencia de que solo procediendo de esta manera surgirán nuevas oportunidades de acceso al trabajo e ingresos (Draghi es una persona educada, no lo llama acceso a la explotación). Este es un concepto claramente desarrollista que ve las nuevas tecnologías (digitalización) y la transformación ecológica (el tema ambiental) todo inclinado a las necesidades del nuevo capitalismo financiero y de TI. Dentro de este esquema, no solo se consuma el conflicto tradicional entre trabajadores y capital, sino que también prevé un enfrentamiento inevitable dentro de las estructuras empresariales.

EL GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL

La pandemia y la inadecuación de la clase política hacen necesario tener un servicio y el piloto automático se encuentra temporalmente en el taller para su mantenimiento. Mientras tanto, su inventor, Mario Draghi, se puso al volante para evitar accidentes de tráfico. Persona decidida pero a la vez prudente, aceptó el cargo sólo después de haber obtenido la adhesión de casi todo el espectro político, de derecha a izquierda, con la única oposición, naturalmente serena y constructiva, de la exfascista Giorgia Meloni, lo que garantiza así la dialéctica contradictoria y parlamentaria.

Después de Ciampi, Dini y Monti, el Banco de Italia se compromete a enviar a sus funcionarios al gobierno de unidad nacional. Esta vez nos hemos ahorrado las lágrimas comunistas que habían acompañado el voto de confianza de Dini, el ministro Speranza (también egresado de LUISS por cierto) se mantuvo en su cargo sin necesidad de una lágrima. Estamos mucho más allá de la mayoría de Ursula, la católica Victoria Ivashina (Pontificia Universidad Católica del Perú antes del Harward) tenía razón al creer que Mario Draghi habría llevado a cabo la misión, manteniendo unidas todas las fuerzas pendencieras de las dos cámaras. La justicia y el trabajo se caracterizan por nombramientos sustancialmente interlocutorios. Orlando fue ministro durante la Ley de Empleo, pero también promulgó las leyes penales sobre la contratación; Ciertamente Confindustria lo aprecia más que Catalfo, pero ni siquiera es un forcaiolo del todo. Cartabia es un poco católica intolerante (nunca se ha resignado a la introducción del aborto) pero no carece de sensibilidad social. La escuela y la investigación parecen proceder con cautela, probablemente sin sobresaltos, a juzgar por los elegidos. El ritmo del nuevo ejecutivo aparece claro mirando los nombramientos relacionados con el gasto: Colao, Franco, Giovannini, Garofoli, Cingolani son un equipo de tecnócratas cautelosos y probados, en plena sintonía con el informe G30 y con el estilo de Draghi. Los políticos, sean partidarios de la Lega, cincoestrellistas o democráticos, se adaptarán contentándose con un porcentaje, exactamente como si el piloto automático estuviera todavía en funcionamiento. Y periodistas como Fubini o Buccini evitarán con cuidado medirse en el espinoso tema de las empresas a financiar o derribar, limitándose, como siempre, a discutir sobre spread, del Mes, de nada, escribir cualquier cosa siempre y cuando se pague. El bracco húngaro puede caminar tranquilamente en el parque privado de Pieve della Città.

Traducción del italiano: Santiago De Arcos-Halyburton

Gianni Giovannelli: Abogado laboralista de Milán. También es el vicepresidente lombardo de la Asociación de abogados especializados en derecho laboral. Ha publicado las dos primeras partes de un trilogía sobre dinero e instituciones: Follow the money y Moonlighting.

Cartografías en devenir

Por Bifo

Me propongo escribir este libro desde que Félix Guattari murió, en 1992.

Pero el libro no terminaría nunca, porque el pensamiento rizomático es la cartografía de las regiones por venir, por lo tanto, las regiones en las cuales éste prolifera no dejan de desplegarse ante mis ojos, cada día que pasa, más rápidas que cualquier rayo-escritura.

El desarrollo de la red telemática, el agenciamiento biomaquínico, el Proyecto Genoma, la constitución de un paradigma bioinformacional son todas manifestaciones sucesivas de este devenir rizoma del mundo que Félix ha pre-cartografiado.

Entretanto el pensamiento de Félix Guattari y Gilles Deleuze ha ganado una vastísima atención, sobre todo en el ambiente Internet, allí donde se agencia y prolifera una forma de enunciación colectiva que se llama red.

Con la insurrección de Seattle, el 30 de noviembre de 1999, este agenciamiento ha mostrado ser una fuerza política planetaria. Agente colectivo de enunciación rizomática y proceso insurreccional son lo mismo.

Precisamente el agenciamiento de redes ha puesto en movimiento un proceso por el cual el pensamiento Deleuze-Guattari, y la bibliografía que éste alimenta, no deja de proliferar, superando cualquier posibilidad de mantenerse actualizado.

Sobre todo en el mundo anglo-americano salen continuamente nuevos libros y revistas sobre los temas que el pensamiento rizomático ha planteado a la atención filosófica, psicoanalítica, política y estética.

El campo del pensamiento filosófico y político, del psicoanálisis, pero también de la biotecnología y del ciberpensamiento están atravesados por los principales conceptos que la máquina neo-logística Deleuze Guattari ha construido.

En la trilogía que va de El Anti-Edipo a Mil mesetas y a ¿Qué es la filosofía? se condensa una aventura intelectual extraordinaria, que concluye probablemente la parábola del pensamiento del siglo veinte, y derrama sus energías más vivas en el pensamiento del siglo futuro.

No pretendo hacer un balance de la suerte actual del pensamiento Deleuze Guattari.

Quiero simplemente relatar mi historia, mi encuentro con aquel pensamiento y las perspectivas que veo derivar de él.

Mi encuentro con Félix Guattari sucedió en diferentes momentos. Cuando hacía el servicio militar en un cuartel de castigo del sur italiano, en 1974, había decidido hacerme el loco para ser enviado a casa.

Un amigo francés me había hablado de un psicoanalista que intentaba ver el mundo desde el punto de vista del esquizo más que desde el del psiquiatra, entonces compré un libro suyo, el único que por aquellos años estaba editado en Italia. El libro se llamaba Una tomba per Edipo[1].

Una noche de junio hice una pequeña escena de locura rehusándome a abandonar el turno de guardia y sosteniendo que allí permanecería hasta el extremo de mis fuerzas. Me ingresaron al hospital psiquiátrico de Nápoles y luego de diez días de observación el coronel médico me mandó a llamar.

Me preguntó: ¿qué es lo que no va?

Yo le dije: en verdad nada, va todo muy bien, sólo que cuando veo la patente de un automóvil los números quedan estampados en mi cerebro donde sufren toda suerte de recombinaciones, hasta que me viene dolor de cabeza.

El coronel médico (que se llamaba Moretti) me miró por un momento con interés, luego dijo que si había aprendido la lección, la había aprendido muy bien, y me mandó a casa con el diagnóstico de neurosis cenestopática (quién sabe por qué).

Desde entonces quedó impresa en mi mente enferma la idea de que Félix me salvó de la colimba. Ya saben, el alzamiento de la bandera a las seis y media y todas esas corridas adelante y atrás…

Luego leí El Anti-Edipo, en marzo de 1976. Aquella vez estaba en la cárcel, en una celda de san Giovanni in Monte (una cárcel bellísima que en el setecientos fue un convento y que hoy es la facultad de Historia de la Universidad de Bolonia). Por más bella que fuera la cárcel me deprimía, sobre todo porque me habían acusado de poner una bomba en una sede de la democracia cristiana, y yo no sabía nada de aquel asunto. Mi amigo Riccardo, que luego partió hacia destinos muy lejanos y que de tanto en tanto reaparece con una nueva mujer vietnamita o californiana, me envió a la celda una copia de El Anti-Edipo. Dentro estaba el mapa de las errancias existenciales y teóricas en las que nos estábamos perdiendo por aquellos años. Proliferar y perderse, éste era el sentido de la empresa colectiva que el movimiento intentaba en Italia.

En Bolonia con algunos amigos hacía A/traverso, una revista que había debutado con el título: Pequeño grupo en multiplicación. La idea del contagio, de la proliferación viral, estaba implícita en aquella fórmula presentada como modelo de organización (¿política? ¿post-política?, poco importa). Y la idea de que los procesos sociales y las transformaciones políticas y culturales son contagios, proliferaciones de virus que se difunden en el cuerpo de la sociedad produciéndole mutaciones, es una idea que proviene de la visión molecular de Félix. Uno de los puntos de contacto entre el pensamiento rizomático y la inspiración filosófica de William Burroughs, que ha hablado de la palabra como virus.

Me encontré con Félix personalmente recién en junio de 1977.

En aquel año en Bolonia tenía lugar una bizarra insurrección que se inspiraba más en el dadaísmo y en El Anti-Edipo que en los manuales de la política revolucionaria.

En un cierto momento para mí las cosas se habían puesto mal. Había hablado en alguna asamblea y había hecho imprimir volantes y periódicos. Iba a Roma con frecuencia donde me encontraba con otros autonomistas, así que un juez consideró tener todas las pruebas para acusarme de instigación al odio de clase y demás cosas.

Mientras el terror se había desatado en la ciudad. Un joven asesinado por un carabinero. Enfrentamientos de días enteros en el centro de la ciudad. Trescientos arrestos de estudiantes, jóvenes obreros e incluso amas de casa que por casualidad pasaban en medio de la batalla. Durante algunos días permanecí clandestino en la ciudad, durmiendo en casa de algún amigo, luego tomé el camino que llevaba al exterior. Naturalmente a París. En junio me decidí a telefonearle a Félix. No recuerdo el primer encuentro con él. Sólo se que enseguida fue lo que siempre ha sido.

Un amigo generoso, inocente y genial.

Al inicio de julio me arrestaron. El juez italiano que la tenía conmigo vino a París y convenció a la policía local de que yo era peligroso, y los de la escuadra antimafia me vinieron a buscar mientras iba de una amiga para el almuerzo.

Mierda, el depot de La Santé es un sitio fétido. Estábamos apiñados de a sesenta en un sótano, mientras afuera llovía a cántaros, y para mear era preciso hacerlo en un rincón atento a que nada ocurriese.

Permanecí dos días, luego me llevaron a Fresnes. Fresnes ya era entonces una cárcel high tech. En la celda estaba solo, las paredes eran todas de metal y en el patio se debía caminar en fila india. Añoraba la cárcel convento de Bolonia.

Pero aquello no duró más de una semana. Félix se había puesto en contacto con mis compañeros, había activado los canales de comunicación de la intelectualidad parisina y había creado, en pocas palabras, las condiciones para sacarme.

Los jueces debieron reconocer que la magistratura italiana había falsificado las cartas, y me concedieron permanecer en Francia. El día en que salí de la prisión de Fresnes Claudia vino a buscarme a bordo de un escarabajo Wolkswagen que guiaba Alain Guillerm, también estaba Danielle.

Ese mismo día me reencontré con Félix y juntos escribimos el texto de una declaración contra la represión en Italia y contra el compromiso histórico entre comunistas y democracia cristiana. La declaración obtuvo el apoyo de Michel Foucault y Gilles Deleuze, de Roland Barthes y de Julia Kristeva, de Philippe Sollers, de María Antonietta Macciocchi y de Jean Paul Sartre, entre tantos otros.

En Italia produjo un efecto fuertísimo, la intelectualidad italiana reaccionó expresando posiciones contrastantes. El disenso intelectual se manifestaba, por primera vez, como fenómeno internacional capaz de oponerse con la misma fuerza al capitalismo occidental, a la opresión soviética y al socialismo real.

La declaración abrió el camino hacia un congreso en contra de la represión que tuvo lugar en Bolonia, en septiembre de aquel año. El congreso de septiembre fue un evento muy importante. Llegaron decenas de miles de personas (algunos dicen que eran cientos, no las he podido contar). Se hicieron asambleas enormes, reuniones y representaciones teatrales en las calles, comicios móviles y conciertos. Fue una explosión de alegría y de rabia, pero en cierto sentido aquello marcó el fin de la historia de los movimientos en Italia abriendo la fase de la deriva terrorista y de la acción estatal de liquidación de las fuerzas sociales disidentes.

En aquellos días la gente llegó a Bolonia como esperando una palabra mágica capaz de abrir el camino hacia una nueva historia, una historia igualitaria y libertaria que estuviese a la altura de los tiempos venideros.

Era como si todos estuviesen allí para oír el rumor del tiempo que estaba llegando y para encontrar la fórmula mágica capaz de evitar el reflujo, la violencia, la catástrofe, el aislamiento y la derrota de toda solidaridad.

No logramos encontrar aquella palabra mágica.

Ciertamente habíamos errado en algo. Quizá también habíamos errado en aquella declaración de julio de 1977. Habíamos ubicado a la violencia estatal y a la represión en el centro, habíamos insistido en el derecho al disenso, mientras que probablemente deberíamos haber insistido mucho más en el carácter propositivo y creativo del movimiento.

De este modo no habríamos cambiado el curso de la historia que estaba preparando una contraofensiva capitalística furiosa a escala internacional, la contra-revolución tacheriana a escala global y el ataque a las formas de vida de la clase obrera. No habríamos cambiado la historia, pero quizás habríamos preparado la transformación de los rebeldes en experimentadores autónomos. En los años sucesivos me encontré con Félix sobre todo para discutir lo que se podía hacer para ayudar a los expatriados políticos que venían de Alemania o de Italia. Durante los años ochenta, los años de invierno[2], su empeño público principal estaba dirigido a denunciar la represión política y a defender lo conquistado por las luchas pasadas. Pero la creatividad filosófica de Félix Guattari, en los libros escritos junto a Deleuze y en aquellos que escribió solo, no sufrió en absoluto el contragolpe de la situación en la que nos encontramos cuando debimos defender algo de nuestro pasado, y la posibilidad misma de nuestra supervivencia.

La creatividad filosófica de Félix Guattari consigue delinear un panorama mucho más amplio del que nuestras fuerzas pueden hoy abrazar. En este sentido canta la canción de los tiempos que deben venir.

Félix murió en 1992.

La caída del bloque soviético, la proliferación de los conflictos étnico-religiosos y el devastador despliegue de la onda monetarista dibujan el horizonte de los años noventa. Luego de su muerte he seguido el desarrollo de la última década del siglo considerando al pensamiento rizomático como un mapa, procurando ver las huellas de lo real en continuidad con las líneas que el mapa contiene.

En continuidad no en analogía, porque el pensamiento rizomático no es un calco sino un ritmo, un funcionamiento, un estilo. Un mapa rítmico, si se puede decir así.

Este libro querría reconstruir el mapa rítmico del pensamiento Félix, y hacer resonar los acordes, los ritornelos y las disonancias de la rapsodia planetaria contemporánea a partir de aquel mapa.

[1] Se trata de Psychanalyse et transversalité (1972). Hay edición castellana. [N. d. T.]

[2] Guattari F., Les années d’hiver: 1980-1985, Bernard Barrault, Paris, 1985 [N. d. T.]

«El poder represivo no puede perdonarlos porque lo desafiaron abiertamente, aterrorizaron a la clase dominante»

por Vadim Vidal / periodista independiente y activista barrial.

Entrevista a Julio Cortes Morales, abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos

Se define a sí mismo como anarco-marxista; reivindicando las vertientes de pensamiento que abogaban por la abolición del Estado durante el siglo XIX. Es abogado experto en derechos humanos y sistema penal, defendió a Carlos Riveros y Felipe Guerra durante el llamado Caso Bombas, de hecho, uno de sus escritos fue considerado como prueba inculpatoria contra los anarquistas Mónica Caballero y Francisco Solar en España.

Desde distintas tribunas, ya sean columnas en El Desconcierto o en Radio Universidad de Chile, como en publicaciones en editoriales independientes, ha llamado la atención sobre los mecanismos que usa el Estado para reprimir el pensamiento y la acción política. Para él no hay dos lecturas: en Chile hay presos políticos. Y desde hace bastante.

VV: ¿Hay presos políticos en Chile?

JC: Yo creo que sí hay presos políticos en Chile, notoriamente a partir del estallido, y antes. El Código Penal de 1874 tiene todo un párrafo y títulos sobre los delitos contra la seguridad del Estado, y los delitos contra la seguridad del Estado son delitos políticos. Es una cuestión de doctrina penal antiquísima. El delito terrorista se supone que se le excluye de eso aunque, en un sentido sociopolítico, el terrorismo es político, salvo en el narcoterrorismo quizás, pero el terrorismo de inspiración política, claro, se discute eso, si está en el límite o no con el delito político, pero lo que no debiera generar discusión es que hay delitos políticos en el código penal.

VV: ¿Cuáles?

JC: Alzamientos, atentados a la autoridad, el mismo desorden público se puede entender que es una forma de delito político, pero, además, en numerosas ocasiones a lo largo del siglo XX se dictaron leyes de seguridad interior y exterior del Estado y eso se sistematizó finalmente. Es una historia bien curiosa, porque la criminalización política más abierta que había a mitad de siglo pasado fue la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, de Gonzalez Videla.

VV: La ley maldita

Claro, y bajo esa ley se procesó a un montón de personas, porque en toda esa inestabilidad que hubo, sobre todo en los años 50, se decretaron primero decretos leyes, que eran pseudo legislación, porque no las hacía el parlamento, pero después el parlamento y la corte suprema las validaron. Hay decretos leyes de esa época que se siguieron aplicando eternamente. El 52, Ibañez prometió derogar la Ley Maldita, pero no sólo no la derogó, sino que la siguió aplicando. Y en el año 57, el 2 de abril, en Santiago, Valparaíso y Concepción, hubo una especie de estallido social bien fuerte. Yo creo que es lo más parecido en Chile a lo que vivimos el 18 de octubre…

VV: También por alza del transporte público

JC: También por transporte público y también espontáneo. Y ahí, bueno, mucha gente terminó presa, hubo varios muertos, después hubo una amnistía el 58 y recién ahí Ibañez derogó la Ley Maldita, pero creó en su reemplazo la Ley de Seguridad del Estado, que es la que todavía se aplica, la que es, en mi opinión, un pilar de la defensa del orden social en Chile.

Pero no es la única herramienta, también está la Ley antiterrorista También es una forma de criminalización política: cuando los ladrones le ponen una bomba a un cajero para chorearse la plata, lo formalizan por robo en lugar no habitado, pero si lo hace un anarquista y no se roba la plata, sino que deja un panfleto criticando al capitalismo o al sistema bancario, ahí se considera un delito terrorista. Entonces creo que esa posibilidad de escoger formas más intensas de legislación, que hacen que un delito ya no se castigue como un delito común sino como un delito más grave. Es algo que, incluso en el Informe Valech se señala como un ejemplo de criminalización política.

VV: ¿El informe Valech hace una definición?

JC: Sí, dice que hay prisión política cuando hay motivación política en los agentes que encabezan la represión. En dictadura esos agentes eran la DINA y la CNI. El tema es que el Informe también dice que para criminalizar a alguien se ocupa, no la legislación ordinaria, sino una legislación especial que intensifica las penas. Por ejemplo, la Ley de Seguridad del Estado. El estándar está ahí clarísimo. Fue un informe que se hizo por encargo del gobierno, tiene un valor oficial y está ahí, y te dice: cuando no te reprimen de acuerdo a la legislación penal ordinaria, sino con esta legislación especial, hablamos de represión política y entonces tú eres preso político.

VV: ¿Hay gente pagando penas por la Ley de Seguridad?

JC: Casi nunca llegan a condenar bajo la figura de la Ley de Seguridad, lo que te hacen es formalizar. Yo creo que el caso más ejemplificador es el del profesor Roberto Campos, que estuvo dos meses preso por patear un torniquete. En derecho penal común eso es un delito de daños, y los daños no te dejan en prisión preventiva. En una situación normal, a esa persona lo hubieran formalizado, le hubieran dejado una cautelar. Pero como se invocó la Ley de Seguridad del Estado, que agrava figuras que ya están en la legislación penal común con penas mucho más bajas, lo dejaron en prisión preventiva, si no, no habría sido posible.

VV: Pero, si no hay nadie procesado o cumpliendo penas por Ley de Seguridad del Estado ¿la pena en sí es la prisión preventiva?

JC: Claro, ese es el problema de fondo. Y eso no es un problema sólo de la ley de Seguridad del Estado. Es un problema que se trató de remediar con la reforma procesal penal, pero que, finalmente, una serie de modificaciones que se han seguido haciendo y que se siguen haciendo, han implicado una verdadera contrarreforma. Entonces esta idea de que no hubiera presos sin condenas o que fueran muy minoritarios, en la práctica, pasa que en muchos casos la pena anticipada es la prisión preventiva y después de un tiempo la fiscalía va y negocia, y te ofrece salir en juicios abreviados. Entonces no se va a juicio oral o el juicio oral puede ser demorado dos años fácilmente (que es el máximo de plazo de investigación que da el código procesal penal). Si logras tener a alguien en prisión preventiva y que no le relajen la medida cautelar, puede estar perfectamente dos años en prisión preventiva.

VV: En el fondo, como estas penas son escasamente efectivas de condena, ¿es una herramienta que usa el poder político para castigar ideológicamente?

JC: Anticipadamente, claro. Invocando esas leyes, se garantiza casi prisión preventiva, con independencia de si después no logran condenarte en el juicio o te condenan por delitos comunes porque no se logra acreditar.

VV: ¿Y eso el ministro de interior lo sabe y lo aplica?

JC: Si, se sabe y se aplica. La ley de Seguridad el Estado se aplicó contra Alejandra Matus, por escribir el Libro negro de la justicia chilena, contra el paro de microbuseros, contra el paro de gendarmes, contra la revuelta de Aysén en 2012. Y en todos esos casos, finalmente no se llegó a condenar, pero Alejandra Matus tuvo que salir del país, otra gente estuvo en prisión preventiva…

Y VINO EL ESTALLIDO

Para Cortés, el término Ley de Seguridad está tan dentro de nuestro inconsciente, que su sola pronunciación por parte de la autoridad provoca efectos en la población. “A mucha gente se le olvida, pero el 18 de octubre la gente salió cuando Andrés Chadwick a las siete de la tarde dijo por la tele: ‘esto es delincuencia pura y dura, y vamos a aplicar la Ley de Seguridad del Estado, vamos a presentar querellas’ y ahí empezó la gente a salir a la calle y empezó el caceroleo y todo pasó de ser una protesta callejera fuerte a una rebelión popular. Yo creo que eso no se ha destacado lo suficiente, el efecto que tuvo el anunciar precisamente la aplicación de esta ley maldita”.

VV: Volviendo al inicio ¿por qué la resistencia a entender que hay presos políticos por parte de las autoridades y la elite política?

JC: Porque eso legitimaría la violencia popular del estallido, esa es mi impresión. Pienso que sería un mal precedente porque implicaría decir, bueno estamos reconociendo que el proceso constituyente en que estamos partió gracias a ustedes saltándose los torniquetes y la gente tomándose las calles y haciendo barricadas. Y eso es lo que no pueden aceptar, porque le estarían reconociendo al estallido el carácter de una especie de revolución política, yo creo que eso es lo que no se pueden permitir .

VV: ¿Hay espacio para un indulto general como el que se está presentando en el Senado?

JC: Yo creo que no lo hay. Es muy curioso y muy cobarde también, porque nadie podría negar que sin ese gran estallido no habría habido un proceso constituyente, y los mismos que ahora están candidateándose, están usufructuando del jugarse la vida o la libertad en la calle, como hicieron miles de personas, principalmente jóvenes de sectores empobrecidos de la población y que muchos de ellos se fueron presos.

Lo que dicen es que sentaría un mal precedente porque se trataría de actos graves Cuando uno lo analiza más individualmente, debe tenerse en cuenta por ejemplo que la mayoría de los presos más jóvenes de la revuelta no eran sujetos politizados antes de ella, no tenían antecedentes penales, pero se vieron en un contexto que en términos de psicología de masas incluso, los llevó a responder a una violencia estructural. Así lo veo, la violencia estructural, que no tiene responsables directos, como la pobreza, la marginación, la discriminación, y la violencia social que estalla desde abajo el 18 de octubre y que tiene bastantes componentes de irracionalidad también.

VV: Es complejo hablar de contextos en estos tiempos, es como “avalar la violencia”?

JC: Pero a lo que apuntaba como elemento de contexto es para entender en términos de reproche penal. El reproche penal es individual y en principio se considera la tipicidad, en qué delito se encuadra este comportamiento, en segundo lugar si es que había o no causales de justificación, es decir, clásicamente, en el caso del homicidio, si es que era en legítima defensa. Yo diría que en la mayoría de estos casos, con los antecedentes que he podido ver, me da la impresión de que son delitos que han cometido gente en una situación tan especial, que no indica lo que criminológicamente implica un compromiso delictual muy alto, sino que más bien haber actuado en una situación bastante especial. El 18, cerca de mi casa, vi que se armaba una barricada y un señor de edad salió con un sillón y dijo “esta bueno ya” y lo tiró al fuego. Estoy seguro de que ese señor nunca habia cometido ningun delito, pero si lo hubieran filmado habrían dicho aquí hay un delito, pero fue un delito a lo Fuenteovejuna, salían millones de personas, cortaron la calle, si lo miras con la lupa penal, dices: oh, aquí hay un desorden, aquí hay un daño, pero precisamente la razón de ser de las amnistías en el siglo pasado (que fueron más de 100), era entender que habían habido circunstancias extraordinarias donde mucha gente había realizado comportamientos que, quizás, eran reprochables penalmente, pero que era más importante finalmente recuperar la paz y la estabilidad social y perdonar ese tipo de comportamientos.

VV: Si no es un castigo político porque no es gente politizada es un castigo a qué, ¿a lo que significa la revuelta?

JC: Yo diría que el poder represivo no puede perdonarlos porque lo desafiaron abiertamente, aterrorizaron a la clase dominante durante un mes por lo menos y cuando empezaron a caer, se concentraron en ellos intensificando una lógica que ya tiene el sistema penal normal pero que en esto casos se incrementa, eso de “no sé si te voy a poder condenar, ni con qué delito, pero mientras tanto nadie te va a poder salvar de varios meses de prisión preventiva”, ese es el mensaje.

LOS PRESOS DE LA REVUELTA

Nadie sabe con exactitud cuántas personas permanecen detenidas por causas referidas a la revuelta social. Hasta antes de la tramitación de una ley de indulto general en el Senado, simplemente no existían datos o se daban vía Transparencia de modo parcial. En enero de 2021, la Fiscalía Nacional entregó a la Comisión de Derechos Humanos del Senado datos al 30 de noviembre del 2020. En ellos se hablaba de 175 las personas en prisión preventiva, con un promedio de edad de 29 años.

Para la Coordinadora por la Libertad de los Prisioneros Políticos 18 de Octubre, organización conformada por familiares, amigos y diversas organizaciones, esta información es parcial pues no hacen seguimiento de los casos, ni entregan reportes sobre el estado de cada detenido, ni en qué recinto se encuentran. Tania Riquelme, miembro de la Coordinadora, cuenta que ellos llevan un catastro que, a noviembre de 2020, contaba 258 detenidos, “pero siempre llegan carpetas nuevas, incluso ahora, más de un año después de iniciada la revuelta. Hay familias cuyos abogados les dicen que no politicen la causa porque puede ser perjudicial para sus familiares presos, pero luego de un tiempo se dan cuenta de que su situación sí es política”. Para la Coordinadora, el indulto que se tramita en el Senado (y que Sebastián Piñera ya anunció que vetará si se aprueba) es insuficiente, ya que sólo remite las penas de quienes ya fueron condenados, con la posibilidad de dejar ciertas tipificaciones de delitos fuera, y con ello a un número importante de procesados. Por eso abogan por una amnistía general y sin concesiones, ya que esta borra el delito, abarcando a quienes están hoy sin condena pero bajo procesamiento y dejando a los actuales procesados sin antecedentes.